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Ciencia frente a Mito y Pseudociencia

Desde tiempos ancestrales los seres humanos han mostrado una extraordinaria curiosidad tanto por su entorno como por el más allá. Hablamos de fenómenos de la naturaleza como las tormentas, las estaciones y los cielos estrellados, o de temas relacionados con el más allá y con la influencia de este en sus vidas. Esta curiosidad se tradujo en la formulación de numerosas preguntas y en la necesidad de construir formas de conocimiento que permitiera responderlas. Las primeras respuestas se dieron en forma de creencias, mitos y leyendas que se fueron conformando a lo largo de los siglos, transmitiéndose entre generaciones de forma oral o escrita, y cuyo origen se pierde en el tiempo. En la actualidad algunas cosas no han cambiado, como es el hecho de que los seres humanos seguimos siendo muy curiosos. Sin embargo, una forma de conocimiento se ha ido imponiendo a lo largo de los últimos quinientos años como la forma de conocimiento más adecuada para entender la naturaleza, dar respuesta a muchas de las cuestiones que interesan a los seres humanos, y también, lograr importantes avances en las principales necesidades que van surgiendo en las sociedades modernas. Estamos hablando de la ciencia, de la ciencia en su significado más amplio, y en particular, de las ciencias naturales. Nos referimos a esa forma de conocimiento que tiene unas características bien definidas dadas por su estructura, por su método, el denominado método científico, y por la actitud critica que mantienen los científicos ante los conceptos, leyes y resultados que la propia ciencia genera. En nuestros días, los mitos, leyendas y creencias establecidos en la antigüedad son considerados como un tesoro cultural que, aunque han perdido la utilidad para la que fueron formulados, nos sirven para comprender algo mejor a aquellas sociedades y a los seres humanos que la componían, y enriquecer nuestras almas con los hermosos relatos que encierran. Pero en la actualidad, si bien nuestra sociedad considera que la ciencia es uno de los mayores logros alcanzados por la mente humana, muchas otras formas de conocimiento carentes de rigor y de dudosa credibilidad conviven y compiten con la ciencia. Nos referimos entre otras, a los mitos o leyendas modernas que establecen falsedades de contenido científico y a las pseudociencias. Así nos podemos encontrar con contundentes afirmaciones sin fundamento sobre los efectos que determinadas radiaciones tienen sobre el organismo. O con supuestas teorías que estudian y explican ciertos fenómenos relacionados con la existencia de espectros humanos (o fantasmas) y otros entes del más allá, o supuestas teorías que estudian la influencia de los astros en nuestro estado de ánimo y en la determinación del futuro que irremediablemente nos espera. Lo cierto es que aunque no se ha encontrado ninguna utilidad a estas formas de conocimiento, ya sea para la solución de nuestros problemas o el desarrollo de nuestras sociedades, estas tienen una rápida difusión a través de los medios de comunicación y entre la propia población así como una fácil y amplia aceptación. Sin embargo esta situación, que no consideramos apropiada en nuestros días, cambiaría a favor del conocimiento científico si los individuos fueran concientes de los avances que ha logrado el ser humano para entender mejor cómo deben ser las formas de conocimiento que nos acercan a una mejor comprensión de nuestro entorno, si conociese las características y virtudes del conocimiento científico, y finalmente, si conociese las características y los defectos de estas formas de conocimiento pseudocientíficas que no nos llevan a ninguna parte. Por tanto, la divulgación de cómo se estructura el conocimiento científico, de cuál es su método, de cuáles son sus virtudes, y de cuales son los defectos de otras formas de conocimiento, puede ser más útil que la mera transmisión del conocimiento científico contenido en muchas lecciones de física,

química o biología. Se trata de transmitir a la sociedad que el científico no es un sabio con un estereotipo bien diseñado en las películas, cuyas explicaciones son aburridas y categóricas, sino un individuo que busca explicaciones sistemáticas y críticas que se consideran fiables en la medida en que sean comprobables y no en la medida en que parezcan más o menos creíbles. No debemos olvidar como profesionales docentes y relacionados con la ciencia que la sociedad es la destinataria final de los logros alcanzados por la actividad científica a la vez que es la que hace posible esta actividad, lo que nos debe llevar a tomar conciencia de la importancia que tiene transmitir de forma eficaz todos los aspectos relacionados con la ciencia. Quizás, para reflexionar sobre estos aspectos sea interesante hacer algunas cuestiones como las que se plantean a continuación: ¿es consciente el publico medio, entre los que se encuentran nuestros alumnos, de la existencia de las distintas formas de conocimiento?, ¿distinguen entre astrofísica, astronomía y astrología?, ¿damos en el aula la importancia suficiente a los aspectos generales relacionados con la ciencia como son su objeto, estructura y método?, ¿valoran y valoramos en nuestro trabajo los esfuerzos dedicados a la divulgación científica?, ¿dedicamos el tiempo suficiente a tareas de divulgación, al menos en el entorno cercano en el que se desarrolla nuestra labor profesional?, ¿debemos dar mas importancia en nuestro trabajo diario a los aspectos relacionados con la divulgación del conocimiento científico?, ¿y a las bondades de la ciencia frente a otras formas de conocimiento?, ¿realizan los medios de comunicación estas labores de divulgación?,… Dejamos estas cuestiones sin respuesta y proponemos al lector que formule otras como procedimiento inicial para que cada uno encuentre el camino que considere mas apropiado para romper la brecha que existe entre ciencia y sociedad en la actualidad. Destinaremos el resto de estas líneas a recopilar algunas nociones básicas sobre lo que se entiende por creencia, mito, leyenda o por ciencia, y centramos nuestros esfuerzos en describir cuál es el objeto, estructura y método de la ciencia o cuáles son las principales características que permiten identificar una pseudociencia. Las creencias son ideas consideradas verdaderas por un grupo de individuos sin que se conozca demostración o justificación racional. En general contienen explicaciones para comprender ciertos fenómenos o ciertas normas que definen una moral, y establecen una seña de identidad para el grupo de individuos que la siguen. Los mitos son relatos imaginarios y fantásticos protagonizados generalmente por seres extraordinarios o sobrenaturales que tienen la misión de dar soporte narrativo a las principales creencias de una comunidad de individuos. En particular, dan respuesta a preguntas existenciales relacionadas con la creación, la vida o la muerte. Por otro lado, las leyendas también contienen relatos que pretenden dar soporte a ciertas creencias pero dichos relatos hacen referencia a hechos reales, generalmente de base histórica, adornados de elementos imaginativos. Cabe destacar que es denominador común de estas formas de conocimiento que los individuos que las siguen no presentan una especial preocupación por buscar una justificación racional sobre la información que contienen. En contraposición, nos encontramos con la ciencia, de la que destacamos cuál es su objeto, estructura y método. Recogiendo las opiniones de dos ilustres científicos, según Albert Einstein se tiene que el objeto de todas las ciencias es coordinar nuestras experiencias y aunarlas en un sistema lógico, o siguiendo a Niels Bohr La ciencia tiene por misión extender y ordenar el ámbito de nuestro conocimiento experimental. En definitiva, el objeto de la ciencia es crear estructuras conceptuales lo mas sencillas posibles y coherentes desde un punto de vista lógico que permitan comprender e interpretar los fenómenos observados en nuestra experiencia. La ciencia se compone de teorías cuya estructura está formada por un núcleo, en el que podemos encontrar

hipótesis así como conceptos y leyes tanto fundamentales como derivadas, y las aplicaciones. Estas últimas consisten en hacer representaciones o modelos de la realidad mediante el uso del núcleo de la teoría con el fin de entender y predecir el comportamiento del sistema objeto de estudio. Para ello, nos proporcionarán un conjunto de leyes particulares de dicho fenómeno que son contrastables con la experiencia. Podemos profundizar en algunos aspectos de los comentados si consideramos un caso particular de ciencia de la naturaleza, como por ejemplo, la física. Una definición clásica del objeto de la física es la dada por el profesor Don Julio Palacios en su discurso de recepción en La Real Academia de La Lengua en 1953, que la definió como Aquella rama del saber que estudia el mundo inanimado y sus fenómenos, buscando no sólo la simple descripción de o clasificación de los hechos, sino la interpretación de todos los fenómenos naturales. Su objetivo es descubrir y dar forma matemática a las leyes universales que relacionan entre sí las magnitudes que intervienen en los fenómenos naturales. Otra definición más actual, y quizás con mayor vigencia, es la dada por los profesores Marcelo Alonso y E.J. Finn para los que La Física es una ciencia cuyo objetivo es estudiar los componentes básicos de la materia así como sus interacciones mutuas. En función de estas interacciones el científico explica las propiedades de la materia en conjunto, así como los otros fenómenos que observamos en la naturaleza. También podemos ejemplificar algunos aspectos de la estructura de una teoría a través de la mecánica clásica, que como es sabido es aquella parte de la física que estudia todos los aspectos relacionados con el movimiento de los cuerpos. Podemos englobar dentro de los conceptos fundamentales de esta teoría, los de partícula, sistema de referencia, interacción, longitud, masa o tiempo. Entre las hipótesis podemos destacar que el espacio y el tiempo son absolutos o que se cumple el principio de superposición para las fuerzas. Entre los conceptos derivados podemos citar el de velocidad, aceleración, momento lineal o energía. Las leyes fundamentales están dadas por las leyes de newton, y de entre las derivadas, podríamos destacar la de conservación de la energía. Finalmente, podemos tener interés por hacer un modelo para describir y entender el movimiento del botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela, y en primera aproximación, considerar a dicho sistema como un péndulo simple y obtener leyes particulares que rigen su movimiento. Como es sabido, este sencillo modelo nos proporciona un comportamiento aproximado, por lo que el modelo debe ser mejorado si queremos afinar nuestra descripción. Volviendo a aspectos generales de la ciencia, es ampliamente aceptado que toda investigación científica surge por el interés de resolver un problema planteado y que aunque en dicha investigación el científico tiene una gran libertad de acción, existen ciertas características que son un denominador común a todo trabajo de investigación y que quedan recogidas bajo el nombre de método científico. Estas características son: la formulación de un problema, la formulación de hipótesis y leyes, el desarrollo de modelos, la obtención de predicciones contrastables y la contratación experimental. Hemos de destacar que esta forma de conocimiento tiene la virtud de establecer un mecanismo que pone a prueba los elementos de la teoría, fundamentalmente a través de la contratación experimental de las leyes particulares deducidas en los modelos. También cabe resaltar algunas de las razones que han hecho de la ciencia una rama tan fructífera del conocimiento. Por ejemplo la utilización de conceptos con los que formular leyes y plantear proposiciones de forma clara y sin ambigüedades (para lo que el lenguaje matemático ha sido un elemento esencial en el caso de la física), la utilización del método científico que sirve como amplificador de la capacidad cognitiva y reduce las distorsiones del razonamiento común, el gran numero de aportaciones que hacen los científicos sobre un mismo tema, o la gran difusión que se produce de las

ideas a través de trabajos de investigación que permiten que dichas ideas pasen filtros que hacen que el avance sea mas rápido y en el sentido adecuado. Finalmente, también es conveniente plantear aquí ciertos problemas o limitaciones que se han detectado en la ciencia como forma de conocimiento. Nos referimos a si es posible establecer la veracidad o falsedad de las leyes que forman el núcleo de una teoría, desde un punto de vista de la lógica. La respuesta a esta pregunta fue dada por Karl Popper y es ampliamente aceptada en la actualidad por la comunidad científica. Consiste en admitir que el método científico puede establecer la falsedad de una hipótesis o ley a través de la contratación experimental (fundamentalmente de proposiciones derivadas de ellas) pero no la veracidad. Es consecuencia del hecho de que desde un punto de vista de la lógica, de leyes falsas se pueden derivar proposiciones verdaderas y falsas mientras que de leyes verdaderas sólo se pueden obtener proposiciones verdaderas. La aceptación de esta limitación de la ciencia lleva al científico a la búsqueda de leyes fundamentales que en última instancia serán reconocidas y valoradas esencialmente por la capacidad que tengan para explicar nuestras experiencias así como por la de plantear nuevos problemas y retos científicos. Esta concepción de las leyes toma más fuerza si además admitimos los resultados obtenidos por Godel en relación a la coherencia e incompletitud de todo sistema de axiomas. Es decir, si se exige que de los axiomas no se deriven inconsistencias lógicas (coherencia) encontraremos proposiciones que no podrán ser derivadas de dicho conjunto de axiomas (incompletitud). Por ultimo hablaremos de la forma de conocimiento que en la actualidad puede resultar más dañina para la ciencia y para el avance de la sociedad: la pseudociencia. Como su propio nombre indica (pseudo-falso) se trata de una forma de conocimiento que pretende pasar por científica cuando en realidad no cumple los requisitos adecuados. Sin embargo utilizan una puesta en escena, unos conceptos (aunque cuyo significado es enmascarado y tergiversado) y una supuesta estructura que para muchos pasa como ciencia, y esto es lo que realmente la hace peligrosa. Determinar una línea de demarcación entre el conocimiento científico y el pseudocientífico ha sido objeto de numerosos estudios y sigue siendo un problema controvertido en la actualidad. Hay que decir que hay formas de conocimiento en desarrollo que se encuentran en un estadio en el que no cumplen algunos de los requisitos para considerarlas científicas, pero sus seguidores trabajan en la línea de resolver los correspondientes problemas. No nos referimos aquí a estos casos y añadiremos que muchas de estas formas de conocimiento son denominadas protociencias, sino a aquellas que son claramente pseudociencias porque incumplen requisitos científicos fundamentales y sus seguidores siguen proclamando el carácter científico sin hacer una defensa ante la comunidad científica ni realizar los cambios oportunos. Quizás los requisitos mas frecuentes que incumplen son la falta de claridad en los conceptos, la ausencia de resultados contrastables con la experiencia o la existencia de conceptos, hipótesis o leyes que quedan fuera del sistema de refutación, es decir, la existencia de dogmas. Si bien para las personas en general puede resultar complicado identificar a las pseudociencias a través del incumplimiento de los requisitos mencionados, existen otras características cuya presencia simultanea o de alguna de ellas nos pueden ayudar a identificarlas. Algunas de estas características son: proclaman su carácter científico ante el público general pero no ante la comunidad científica establecida, se niegan o son reacios a exponer sus ideas y resultados al escrutinio de las ciencias, proporcionan resultados que contradicen abiertamente otras observaciones o resultados experimentales conocidos y aceptados, utilizan ante el publico un lenguaje oscuro e invocan entes inmateriales o sobrenaturales, o para terminar, descalifican las críticas de sus argumentos por parte de las ciencias aduciendo a la existencia de conspiraciones.

Para terminar, recordar que la ciencia nos ha permitido un avance y desarrollo constante de nuestra sociedad a través del binomio ciencia y tecnología y que es fundamental transmitir a la sociedad los conocimientos científicos que la ciencia genera así como resaltar el alcance que estos tienen. Pero no es menos importante transmitir que la ciencia es la forma de conocimiento que ha dado y sigue dando, como ninguna otra forma de conocimiento ha hecho, respuestas satisfactorias a un gran número de cuestiones que interesan a los seres humanos o que nos ha ayudado a entender los fenómenos de la naturaleza y tener una imagen estructurada de la misma. Por tanto, la divulgación de cómo se estructura la ciencia y el conocimiento científico, cuál es su método, cuáles son sus virtudes, o cuáles son las características que ayudan a identificar otras formas de conocimiento a las que no se les reconoce beneficios como ocurre con las pseudociencias, es tan importante e incluso puede ser más útil para la sociedad que la mera transmisión del conocimiento científico.

Juan Miguel Gil de la Fe