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De nuestra capacitación en Alfabetización a la

implementación

En la escuela, la psicopedagoga María Elena Corro hacía un año que trabajaba


en la alfabetización con un grupo de alumnos, pero no había sistematizado la
experiencia y arribado a alguna conclusión. Esto y la inquietud grupal de los docentes
más la incentivación de la Prof. Perelman dio como resultado, sin que nos diéramos
demasiado cuenta, que comenzara a surgir una pregunta: “¿es posible la alfabetización
de los alumnos, jóvenes y adultos, a su edad?”. Y con esta, otras similares: “¿se
plafonan?”. Y de no ser así, “¿para qué sirve insistir si no van a lograr leer y escribir
convencionalmente?”, etc.
Estas preguntas y muchas más nos las hemos ido contestando a lo largo de
estos dos años y, aunque hemos encontrado respuestas satisfactorias que nos mueven
hoy a quererlas compartir con todos Uds., no han cesado, pero sí han sufrido una
transformación. Son de otra índole, no se alinean dentro de la concepción convencional
de la lectura y la escritura como adquisición de un código que una vez adquirido podrá
luego ser aplicado para “entender los textos” o “para comunicarse”. Comenzamos a
preguntarnos: “¿cómo crear situaciones didácticas para que todos los jóvenes tengan
un mayor contacto con la cultura escrita?”, porque sabemos como docentes que está en
nuestras manos hacer valer su derecho a disfrutar y participar del mundo letrado al que
pertenecen. No son preguntas ni respuestas cerradas, siempre vuelven. Sólo que ahora
tenemos la convicción y la certeza de que estamos en el camino indicado, apoyados
por los cambios cualitativos y cuantitativos que hemos podido vivenciar en nuestros
alumnos en este tiempo.
De esta forma la Escuela se fue poblando progresivamente de situaciones de
escritura y lectura, así como de carteles, libros, propagandas, videos, etc. Esto pasó por
desligar la lectura y la escritura de la evaluación del conocimiento de las letras.
Leer también es participar de situaciones de lectura donde el docente u otros
alumnos leen e intercambian interpretaciones. Escribir también es participar de
situaciones donde el docente y otros alumnos producen escrituras. Al participar de la
producción de un texto, los alumnos están aprendiendo a escribir aunque no puedan
hacerlo por sí mismos.
Este nuevo enfoque de cómo entendemos los actos lectores y escritores
implica enseñar y acompañar a cada uno de los jóvenes (dentro de sus posibilidades),
en su proceso de adquisición de la escritura y de la lectura, sin ponerles desde nosotros
un límite en su aprendizaje.
Sabemos que la adquisición de la lengua escrita sólo se produce si hay contacto
con ella. En palabras de la Prof. Perelman, se aprende intensificando la relación con la
cultura escrita, creando situaciones didácticas continuas y diversas donde se lea y se
escriba con sentido, estableciendo una relación constante con las prácticas sociales de
lectura y escritura, e interviniendo para que los alumnos avancen en sus interpretaciones
y producciones.
El asunto, entonces consistió en que pensáramos situaciones donde se
desplegaran actos lectores y escritores, qué situaciones se les podía brindar a los
alumnos desde cada Taller para que pudieran crecer en su aprendizaje. Cómo hacíamos
para que toda la Escuela se convirtiera en letra viva para estos jóvenes. Esta era la única
forma de garantizar una continuidad y diversidad didáctica áulica e institucional.
Sólo podíamos (los docentes) aprender registrando situaciones en las que
estuvieran presentes la escritura y la lectura, para luego compartirlas y ponerlas a
consideración del grupo, junto con la Prof. Flora Perelman, para revisar nuestras
intervenciones junto a los alumnos. Por tal motivo, algunas situaciones las hemos
filmado, otras se han fotografiado y también se han escaneado producciones de los
alumnos. En ellas se observan clases, trabajos individuales con algún alumno, diversas
producciones escritas con diferentes propósitos o destinatarios, etc.