You are on page 1of 5

Juego de ojos

Miguel Ángel Sánchez de Armas

Marzo, mes de la expropiación

3. La guerra de la prensa
La expropiación lanzó una onda expansiva que cimbró a los mercados
financieros, a los círculos diplomáticos y a los medios de comunicación de un
mundo que se aprestaba a la guerra. Naturalmente fue en la prensa de Estados
Unidos y de Gran Bretaña, los dos países afectados, en donde el hecho tuvo
mayores espacios. En las planas de grandes diarios metropolitanos y de los
regionales, y en las revisas informativas que comenzaban a circular (en 1938
Time estaba en su quince aniversario) se siguió puntual y abundantemente la
información del insólito espectáculo de una nación tercermundista enfrentada sin
vacilar y con éxito al poder de los consorcios petroleros. Con el tiempo, las
publicaciones periodísticas serían la artillería pesada de las ofensivas de
propaganda enderezadas contra el gobierno de Lázaro Cárdenas.
Mucha de la información que aparecía sobre la expropiación tenía su origen
en Nueva York, en Washington, en Chicago o en Los Ángeles, a partir de
declaraciones de políticos, diplomáticos y hombres de negocios extranjeros o con
datos proporcionados por la Standard Oil y demás empresas expropiadas. Otras
fuentes fueron las agencias cablegráficas que también transmitían desde México.
El periódico que cubrió el evento de manera más directa, consistente y sistemática
fue The New York Times a través de su corresponsal, Frank L. Kluckhohn, y sus
notas eran frecuentemente retomadas por otros medios. Hubo visitas de enviados
especiales, desde luego, entre ellos Anita Brenner, del New York Times Magazine;
Betty Kirk, del diario Christian Science Monitor, y Adamatios Theophilus
Polyzoides, de The Los Angeles Times. El 28 de marzo, diez días después de la
expropiación, The New York Times publicó una nota de seis párrafos dando
cuenta de la visita de 118 representantes de la California Press Association a

Juego de ojos 1
México y su recorrido de dos semanas por el país. La “nota” fue la declaración de
un ex gobernador de California que estuvo con la delegación, en el sentido de que
“el misterio de la expropiación es saber si México va a conseguir el dinero para
pagar por las propiedades tomadas”.
Otra cobertura que ocupó espacios y contribuyó a la desinformación sobre
la medida expropiatoria fue la de “interés humano” sobre la suerte de los
empleados extranjeros. Si bien no se registraron casos de violencia física en
contra de ellos o de sus familias durante la toma de las instalaciones en diversos
puntos del territorio, algunos incidentes se inflaron desproporcionadamente y
dieron la idea de una inminente persecución que evocaba a la que sufrieron los
extranjeros durante el alzamiento de los bóxers en China a principios de siglo. El
22 de marzo, el New York Times publicó una nota de primera plana, firmada por
Kluckhohn, con la cabeza “35 americanos huyen de la zona petrolera mexicana;
británicos en éxodo – Salen apresuradamente del Istmo de Tehuantepec luego de
amenazas de muerte a extranjeros – Se reporta la detención de un ciudadano –
Se dice que un ejecutivo de una subsidiaria de la Standard fue detenido por
trabajadores en Tampico”. En el cuerpo de la información se afirma que los
estadounidenses y británicos fueron objeto de amenazas, pero no se precisa
cuándo y cómo tales amenazas tuvieron lugar. El supuesto incidente fue
reproducido por otros diarios y se generó un ambiente de alarma por la seguridad
de aquellos ciudadanos. Pero en los informes de la Embajada norteamericana el
incidente apenas si se le menciona como una fricción pasajera, y los propios
involucrados poco después aclararon que nunca fueron objeto de amenazas y que
el supuesto “enfrentamiento” había sido en realidad una discusión acerca de los
tiempos y la forma en que algunas oficinas debían ser entregadas a los
representantes acreditados del sindicado. Ni el New York Times ni Kluckhohn
aclararon posteriormente la información.
Otro tema desplegado por los diarios que alentó la consternación entre los
públicos norteamericanos, fue el de las ventas de petróleo mexicano a las
potencias del eje después de la expropiación, pero sin aludir al boicot de las
petroleras que obligó al gobierno de Cárdenas a buscar urgentemente mercados

Juego de ojos 2
en Europa y Asia y desde luego sin hacer mención de que empresas
estadounidenses como la Standard Oil tenían años proveyendo de combustible a
Japón, a Alemania y a Italia. De esta manera se atizaba la sensación de que los
mexicanos habían gravitado hacia la esfera de influencia del fascismo y se
fortalecía el percibido antiyanquismo del gobierno de México.
Además de la falta de contexto histórico, las informaciones servidas por la
prensa estadounidense a sus auditorios frecuentemente tenían como fuente única
a las empresas expropiadas y no incorporaban la versión de los mexicanos. Por
ejemplo, casi invariablemente se reproduce la cifra de entre 400 y 450 millones de
dólares como valor de las instalaciones expropiadas que las propias empresas
dieron a conocer en el primer momento, pese a que desde 1935 el Departamento
de Comercio de Estados Unidos había situado el valor en 69 millones de dólares y
el gobierno de México en 64 millones:
Se destacaba el daño infligido a las empresas sin mencionar que muchas
concesiones habían sido obtenidas por medios ilegales o inmorales, y sin hacer
mención de las ganancias obtenidas durante los años de operación, el control
absoluto sobre los volúmenes de producción, la evasión fiscal y las condiciones de
los trabajadores, que si bien mejores que las de otros trabajadores, eran inferiores
a las de sus homólogos extranjeros.
Al reseñar las manifestaciones que siguieron al 18 de marzo, las
informaciones dan mayor importancia a incidentes como el abucheo de turistas
norteamericanos y las consignas antiyanquis –y sugieren un acarreo de
participantes- que al hecho evidente del amplio soporte popular que la medida
desató, algo que historiadores como Albert Michaels y el propio embajador
Josephus Daniels no pudieron menos que notar. “Una ola de entusiasmo
desbordante recorrió el país”, escribió Daniels. Y no escapó a su ojo de periodista
y diplomático profesional, que el entusiasmo popular fue compartido por los
mexicanos más allá del petróleo, convencidos que debían formar un sólido frente
único. Michels escribió que durante un breve interludio, “Cárdenas había logrado
la unidad por la que había luchado desde su elección”.

Juego de ojos 3
Otro tema que no fue incorporado con el valor informativo que sin duda
tenía, fue la reiterada promesa del gobierno cardenista de que las empresas
serían compensadas de manera justa y equitativa conforme a la ley mexicana, lo
que se tradujo en informaciones sesgadas que no daban a lector elementos claros
de juicio. Como dato interesante, los hábitos personales de austeridad, trabajo y
honradez del presidente Cárdenas sí encontraron espacio en muchas de las
informaciones, pero junto a la nota de sus simpatías “pro comunistas” o “pro
socialistas”. En un artículo de Frank Kluckhohn -el corresponsal del New York
Times que sería expulsado del país por lo sesgado y prejuiciado de sus
despachos- se alaba a Cárdenas por su alejamiento de las clases aristocráticas y
su cercanía con el pueblo y se le describe como “un hombre de buena voluntad”
quien sin embargo estaba empeñado en programas que estaban llevando al país
hacia un “Estado totalitario”.
Aunque la mayoría de los comentarios editoriales fueron desfavorables a
México, se registran excepciones. El 10 de abril Bertram D. Hulen en el New York
Times se congratuló de que las relaciones oficiales entre México y los Estados
Unidos hubiesen salido airosas de la tormenta ocasionada por la expropiación.
Adamatios Theophils Polyzoides, de The Los Angeles Times, viajó a México y
reportó que entre el pueblo privaba en realidad una fuerte corriente de simpatía
hacia Estados Unidos, que Japón y Alemania eran muy poco admiradas, que los
principales diarios coincidían en que México pagaría su deuda petrolera y que ésta
era un asunto doméstico y no internacional. Después de desmarcarse de la
corriente periodística que proclama que unas cuantas semanas son suficientes
para escribir un libro de análisis, Polyzoides informa que México está en paz
porque trabaja intensamente y que “las diversas fuerzas vitales desatadas por la
revolución están de alguna manera bajo control”. En el New York Times
Magazine, Anita Brenner elogió los programas sociales del presidente Cárdenas
que permitieron que muchos mexicanos “comprendieran por primera vez que eran
ciudadanos con derechos” y dieron a los campesinos la primera esperanza de una
vida segura y con comodidades. Bruce Rae, editor adjunto del New York Times,
entrevistó al presidente Cárdenas y recogió la invitación personal del Primer

Juego de ojos 4
Mandatario a las empresas para buscar en forma conjunta un arreglo. Randall
Pond escribió en la revista católica Commonweal que “cualquier norteamericano
que haya conocido aunque superficialmente los métodos de las empresas
petroleras en su propio país, bien puede imaginarse lo que una llamada ‘nación
atrasada’ debe sufrir cuando uno de los más poderosos monopolios
internacionales deja caer todo su peso para obtener el oro negro”. Y añade que los
pueblos que guardaron silencio durante mucho tiempo “ahora revelan cómo
hombres y mujeres fueron drogados, alcoholizados o asesinados para despojarlos
de sus terrenos petroleros”.
Hugh Morgan tiene un juicio implacable: “La prensa norteamericana
examinó a la presidencia de Lázaro Cárdenas a partir de sus propios prejuicios, y
sus informaciones raramente fueron nutridas por el entendimiento de la dinámica
de la sociedad mexicana o por el conocimiento de la historia de México. Los
periodistas, al no poder apartarse de su chauvinismo, dieron a sus notas un tono
hipócrita. Determinaron qué era verdadero desde el punto de vista de los valores
culturales, actitudes y creencias preconcebidas estadounidenses, de tal suerte que
al escribir sobre los acontecimientos que tuvieron lugar en el cardenismo
necesariamente se referían sólo a aquello que podía interesar a los lectores
estadounidenses”.

Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias


Sociales de la UPAEP Puebla.
17/3/10

Si desea recibir la columna en su correo, envíe un mensaje a: juegodeojos@gmail.com

Juego de ojos 5