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II

.

-i

tMiicación en nuesu-os países.

. Esperamos que teóricos e invtstigadorei, profesores y alum- nos convienan esta serie en un espacio de encuentro y discu- sión de contenidos verdaderzmente'transformadores para la en-

señanza y para la investigación; y que ella ofrezca, a todos aque-

en e l camp o de ,1a comunicación , l a posibilida d

de reroonder mejor a las necesidades sociales de un continente

• en el cual la comunicación es factor'decisr.-o en la búsqueda de una sociedad mis paríicipativ'a, libre y justa. El proyecto de pulíScaciones emprendido hoy por FELAFAC S

y ALAIC ha sido posible gracias al-.esfuerzo conjunto de un grupo de profesores e investigadores iatinoamericanos que duran- .te dos aüos han contribuid o a ñjar sus orientaciones generales. Queremos destacar la Lmponante ayuda que hemos recibido de la World Association for Christiaji Communicatio n (WACC), del Centre for Síud y o f Conunumcatio n and Cultur e (CSCC) de Londres, y de la Fundación Koniad Adenauer, asi como el in-

Editorial Gustavo Gü i que ha permitido que la idea

se convierta en una realidad. A todos ellos, nuestro reconoci- m.iento.

llo s

qu e actúa n

terés de la

PA7PJCL \\ Presidente Asociición Latinoinicricini ds Investigadores de la Comunicaccn

JOAQUI N SAÍNOÍEZ G. Pissidente Federación Laünoamericani d: Aiociaciones de raculuóet de Comunicicicn Sociai

Introducción

Díid í híce aJjrunos afios los estudios sobre comunicación en

.Amé.rica LatLia han incorporado, cada vez con mayor frecuencia c InTcréi. el ictni de h cultura popular.

un

de esa problemátic a está

los que se ha pensado la

cormmicsción. Pero, ¿3 que obedece e! interés de los investigado- res de U comunicación por las cultura s populares? ¿Y qu é recubre ex concepto, esto es, CTJÍ sentid o >• alcmc e íisn e ho y l o popular? ¿Deidc dónde ícóricmenie , y cómo , pensaj- la relación comuni-

cnción-culturas populares? Esas fveron lis tres interrogantes""

ceni.TJes que se planteó el Segundo ssrrdnario

comunicación de CLACSO, reunido en Buenos Aires del 12 al 16 de septiembre de 1933, y cuyas ponencias recoge este libro.

Eli

verdad

no jc

traía

únicimíP.-.e

ce

la

ampliación

d e

caxQpo Je cnudio j pues la introducció n

. rTpúnleindo jlrJno j de los ejes desde

de la comisión de

1. ¿Ft)r qué los invEstÍEdores

de !a comunicació n

se interesan por las culturas popuiareí?

!

i

La respuesta 3 esa pregunta exije que desbordemos et campo

estricto de h comunicación, yz que el Uiierés por lo popular en

ios últimos

afics no es sóio asunto de lo i i;7vesti=adores de comu-

nicación sino de ¡as ciencias socialíft en ger.eral y éfi, los organi.-- mos y organizaciones políticas.

En_su_ori°en hay causas socioeconómicas como ¡a expansión del mercado e ^mcorpoiació'n de nuevos'íeclOres popürares ai

consumó, asfcomo !a complejización de ios conflictos en y entre

el

renterTiiveles. Está per una pane la profunda "transformación de lo político, a la que apunta la prioridad que ¡as izquierdas latinoamericanas le dar. a ios procesos de democratización, prio- .ndad que al fin parece situarse en ei terreno de ias estrategias de Iransi'ormación social y no únjcant«nie «n el de las tácticas para llegar al poder.

Existpn tam.bjén factores poüticos a dife-

campo

vja_ciudad.

I

¥

. i.

•1

!

'Y-

- ;.Frír.te' á las propuestas que orientaro n el pensamiento y 1;

•••acción de las izquierdas hasta mediados ce los años setenta —organización e.xcluyente del proletariado, la política como j totalización, la denuncia de la trampa burguesa parlamentaria,

,

etc. - en los últimos años se va abijenco camino OL-O provecto ligado estechamente aJ retiescucrzmiento de lo DOo^^lai\ que expresa el nuevo contenido que-esa noción cobra: revaionzación de las articulaciones y .meaiaciones oe la sociedad civil, sentido social de los conflictos más allá de su formulación y sinietización políticas, reconocLmiento ce e.\periencias colectivas no encua- dradas en formas panidarias.

)

E n otr o plano , aunque conectad o a l o anterior , se hall a esa £.V2e££n£/£_GUe_nos viene de los países bajo los regímenes autori- tarios dei cono sur, y según la cual sus gentes, sin distinción de clases, encontraron en la cultura popular el m.odo di: superviven- cia de! sentido, u n modo de resistir y preser/ar la memoria fun- damental, el sentido de la vida y de la historia. Estrategias de desvío, interrupción, ocuitamiento, reutilización de los lenguajes o de resignii"icación de los objetos y los recuerdos, que materia- lizan una percepción nueva de ias relaciones entre cultura y política.

Ahí se halla el te.'cer tipo de causas que e.xplican el interés

3.*íjir.

a-;

por ró~pci"Dular:~irTe'valoriz3cTon

algunos esa valorizació n puede n o ser má s que una form a de evasión política, resultado de h incapacidad paxa asumir la

crisis de las instituciones y

pocos casos la imponancia adquirida por lo cultural huele a re- cambio puramente táctico: hacemos cultura mientras no pode- mos hacer política. Pe-'O algo nuevo emerge sin embargo en e! ret"iotamiento de la probiemátjca cuiturai, y que tiene que ver con la percepción de dimensiones inédita: de! conñicto social con ia formación ae nuevos objetos y_formas de rebeld<i, y con ulial-econceptuaJizacrórrdt la cultura que iegitima^'tantc teori-

CSITiTTtrpDrrncSiieüie. (a exisUnn'a 4v cTWe-itperiencia cultural:

lo popúFar no soTc como ooieto ce estudio cuiturai sino como

.Más alia de ias modas, de ia recu-

peracióií por si mercado y de los opcnunismos as toaa iaya, en

lo popular se halla ho y una d i ias

vetas claves del desbloqueo de los proyectos de transformación social en .América Latina.

Regresando, ahora sí. al campo de la investigación de comu- nicación encontramos que el inFeTes por las culturas populares tiene que'"ver7'érr"primer'lugar,"con"la incapacrdad del modelo dominanI^. esto es e! construido desde e! o3já"o'i¿Tn3~."ñrorm3- cionai, para dar cuenta de la comunicación en cuanto compor- tamiento colectivo y cotidiano. Si al modelo de los medios y los mensajes le faltó siempre un entramado coherente de conceptos

el espacio de la cultura y de

ge )o cuituraiTCierto que para

los panidos . Es innegable que en no

sujeto de-producción de cultura

.

:!3

nentes, el d^ünde operado por la teoría de la información de-3

demasiadas cosas fuera. Deja fuera e! sentido

de

c'ondjcrón"ei~üé~p.rÓQUcción y reproducción social dei sentido.

paréat.e^i.sja:

socia!

e.atr.e.

-político - -

los

procesos

de cornunic3CÍón_al_ppner

a. Deja ruera las reiaciBnerdí'foéftá y oe poaer qu¿ aJií actúan, y •

i.' '

las luchas por la hege.monía en el terreno de

lo j discursos que

compiten por la "articulación" deL sentido de una sociedad.

r-^T*ero.e n e! campo de los estudios

de comunicación lo popular

í no indica sólo lo que no cabe en el modelo domiO«Jn;e, ta.mbién re.mite a un nuevo modo de pensar la investigación m.isma. Hasta hace pocos a.1os ¡a investigación críiica.había sido incapaz de tematizar serii-T.ente la contradicción qué, vigoe de la amal- gama entre comu.'ucacionismo y denuncia . D f ui> lado , la comu - lucación era concebida como, un en sí, comprertsible desde sí misma (o dete.mtinada economicistamente desde un exterior con tal tufo platónico que resultaba siendo paradójicamente lo mismo). A esa comprensión se le añadía una componente de denuncia que, al no poder articularse a lo específico de la comu- nicación, pues esta recortaba su pertinencia por aislamiento, terminaba colgada de lo genérico; la recuperación por el sistema, la manipulación, etc. La reubicación de ios procesos de comuni- cación en el espacio de lo cuiturai hizo posible la ruptura con a! inm.inenris—.0 comunicacional, permitiendo perNiSria desde las mediaciones en que se constituyen- los procesos d « producción simbólica: instituciones, organizaciones, lenguajes, sujetos.

,

Ei redescubrimiento de lo popu.l3t_sej>aia-ahr_cj)mo_lo poli- tico atraviesa la uama misma de lo cultural sacando a flote ios confiictos—cui—afticuI^^»-cu^mrS~Parl^U•e, a dfrerencis de'la cultura cürta"y5ir1endenc¡a"i"pensarse como lacuHura. la popu-

.

lar no puede ser mencionada sin nombrar a '4tí aquella cu ; )a niega y frente a ia cual se afirma a travéTs díunaluch » desiauaíy con frecuencia ambigua. Por eso no sólo la tucura culta sino tambié^-l a nusiv> -es » dft \s que estamco habland o cuand o investigamos U comunicación- miradas desde la popular dejan ai descubierro su caríctei áe culturas de cjaíe. Pues b cultura popular nc puede dtfmiise tn ningún stniido hoy, nf tomo aquel- lia QUí producen, ni como ia que consumen o de la que se alimen - tan las clases populares, por fuera de los procesos de dominació n

y las contradicciones y los conflicios viliza.

que esa domanació n

mo-

Una últL—.a rezón, ha sido justamente en e l te.Teno de ias prácticas comunicativas donde 1^ modernización, en cuanto

proceso prete.-.dicarr.ente irreversible, ha revelado más claramente

su

en los áemccnticos . esa pluralidad de prácticas de comunicació n ' ' aún vizsntes jpt:; clases populares, que constiluyen la mayo-

laiacia.

.Ahí está, lo mismo bajo regímenes autoritarios que

'

ú±.

.

ría

mos a comprender y valorar. Se traía de practicas rradicionaJes, unas y de otras que se apropian de lo moderno. Las hay que viven aún de la cultura oral y que van desde el valor social de la palabra empeñada hasta la fuerza comunicativa ce: rumor y el chisme, y la capacidad de resistencia irónica, ce ccn.''rontación y buria de los ciiistes, y b lldelidad creativa de las diferentes modiüdade s de rciato popular dicho o cantado. Em.parentadas con esas, oero en una mediación más ancha y ccmpl-.-ja están esas otras modali- dades claves de comunicación popular que son las üesias, los motines, ias huelgas y las asociaciones de todo tipo desde las re- Ugiosas hasta las deportivas o

d i la población, y cuyo ssnddo

y

eficacia apenas conaenza-

2. ¿De qué estamos habland'^cuando hablamos de lo popular?

La formulación de la pregunta es de García Canclini, 3 quien

debemos la tematización e.xplícita y más lúcida de los paradig- mas con que en .América Latina se piensa lo popular. Desde la

derecha las concepciones claves son aú n la

- la del pueblo-raza y la identidad que viene de la tierra y la tra-

dición sustanciaiizadas, la 'del sentimiento nacional diluyendo las ciases y los conllicto s histórico s y materializándos e en esen- cias como la familia, la propiedad, el ejército, la iglesia- y la estatal-populisia que deposita en el Estado tanto los valores com o la razón de ser de la nación , ya que en él se funden los diversos intereses y de él emerge el orden que regula los con- flictos. En la izquierda lo popuiar es concebido desde un romar¡- ticismo aliado al voluntarismo revolucionario que ve en ei pueble ei sujeto de toda acción verdaderamente histórica, fuente de i :

fuerza perdida y modelo de toaz realización cuiturai; o desee un marxismo que apenas comienza a tomar en serio ias pro- puestas gramscianas sobre hegemonía y e¡ sentido de subai- lemida á de ias culturas oopuiares: pero ai que y s amenazan ia :

tendencias a sustanciaiizar la resistencia .íiue viene ce io popuia:

disolviendo la trama de los reconocimientos y ias complicidades en la vieja dicotomía con la que n-aáicionaimence era pensada la dominación, sólo que ahora en sentido inverso.

Pero los paradigmas no lo dicen todo. También lo popuiar nombra, o se asocia a conflictos y luchas, hechos y pistas que apenas comienzan a adquirir relieve social y forma. Así, la nueva configuración de la problemática del consumo en cuanto apropia-

ción desigual del capital cultural, y en cuanto espacio de produc-

cultura l inserta en las prácticas cotidianas. O la de la cultura

como instancia constitutiva de los actores sociales y en la que lo popular nombra, frente a los sustancialismos racistas o estatalis-

biológico-relúrica

tió n

12

.

^

."f

J-.-^Z-T'

' tis , el proceso y la'diversidad de relacio.nes de que están hecnos

los'sectores subalternos, y frente a los cukuraüstTios las dete.-mi- nacione s de clase que l o venebran .

En dos direcciones o pistas hoy lo popular designa una leno- vición profunda: en la reconceptualiración de lo indígena y en

 

'

b investigación ds lo urbano. Respecto a lo indígena, nos refe-

^Jj-

runos a b

a'piur;

con una concepción, aún predominante, que

i¿

: -

Yc en esas culturas lo más propio -l a piedra de toque de la iden-

fk

'•

lidjd -

V lo puro. Identidad y pureza

que ss ccnsenan

sólo a

t

•g'

cosía, primer lugar, de colocar la verdad de le Indígena en un

paud o

auTomáiica-

mente mancha, borta. y quita identidíd. Y en segundo lugir, a cotTa de mirar lo indígena siempre como lo contrario de lo

tom o

ncra

y la historia, de tal ma-

initicü,

que

lodu

fuera

de

b

cuanto

dominación

implique

cambio,

afiance,

moderno, desarrollado, esto es

como pre-realidad y nunca

J I ^ con ciiíicncb propia. ^-^••7tr:.--.v.-^'^ Cotno ináiic Mirko Laucr, en b rcconcepnjaiización de lo

imporunic aprehender su cafáctet de culturas como el de poseedoras d : una existencia positiva a

"i%3':i .;'ií'--r: 7 ¿í-ttm>iUr . Se dciconoc c l o primer o cuand o se rfmii e su auten -

^v^G'^i/Jii-'A''--"

-'

i^v~rrir «

••. iJcviwJ cultura l i un tiemp o mític o o se coloc a su identida d • en u.- j continuidad liisiórica inmuubie , lo que jhace imposible

.-.V- pcnu r en los cambios sufridos po r esa identido a y , má s aún , la

1'., V.',.

i:'i.-

. consradicioria realidad del hoy ; éste es e! .modo en que ias cul-

^:rcrl-^.'

turas indígenas sobreviven no comra sino conío pane de ¡a lógica capiiaiisia, integradas a su estructura productiva. Pero desconocer lo segundo sería justament e hacerle e| jueg o a esa lógica, caer en b trampa de atribuir!» b car)ac¡dad de aaotai

" b reaüdad d ; le actual, que es lo que hacemci

cuando ie ness-

mo: 2 lo indígena b dimensión de su aiirmacjón étnica su capa- cidjii de prooudir y desarroliarse como cuJtora. caoacicac que nc pued e ser reconociü a en ia reducció n -asrsea.es \ a inítancia"' - de lo cuhutíl a k> tconcjnJco o en poliíizaciÓR inmcdiattsta.

• Lo popuiar-urocnc apenas coraienía a pensarse. Ta* tenaz es el miio, que decir popular *ewc£a" casi sieíjjpre io rural, campesino , y con eii o Qos rasgos : natura l y simple . Que serí a exacíimenie lo perdido por la ciuaai. Luego lo popuiar es con- trario a lo urbano, que es lo ani:~ci=j y compieje. Hemos nece- sitado todo el coraje y b ironía á:. Carlos .Monsiyáis para hacer- nos visible b presencia y ¡os modos ce lo ooot»lar en el leiido de lo urbano, una trama a la que no hay acceso «vas que desde

h hisroris. Esa hisiorb , que en el i:aso de Méxic o arranca de los

^^,:^;;., .

.

^o s

veinie-treinta, en

los que

la

cui:t:ra

.oouiar

urbana

está

 

^ '

?'^'°'«í6n .

y teatro,

albur

canc¿ n y murailsmo oue

':¿?ri-'°

-legenoarias-

a

ias

ms^: las Trasmutó ,

a

la

vez "en

Sf^:^.

y convienen SUS rasios en arquetipoi.

I* ,

.

13

.^••^De lo£ treints a les cincuenta lo apuntado por Monnváis sobre

. los populismos culturales y ei papel icentiílcatorio jugado por e! cine —en ei que el pueblo-públic o descubre ante tod o ia posibi- lidad de experimentar con su vida'cotidiana- y ei papel media-

standes

;'rnÍgraciones, entre tradición oral y complejidad-novedad urbana, puede ser aplicado a ia mayoría de los países latinoamericanos.

acá lo importante está en ver en ¡o

• urbano-popular no sólo la homogeniiación de los consumos o -la transnacionaliiació n de los patrones culturale s efectuad a po r la televisión sino los modos en que las masas populares recician su incierta relación con el Estado, su distancia al desarrollo tec- nológico, la persistencia de elementos que vienen ce las cul- turas campesinas y del mantenimiento del aparato popular de transmisión del saber, la refuncionalización del machismo, la mélodram.atización de la vida y los usos de la religión. Porque "las clases subalternas -dic e Monsiváis- asumen una industria vulgar y la transforman en fatalismo, autocomplacencia y degra- dación, pero también en identidad regocijante y combativa".

_^dor de lá radio entre cam.po y ciudad a la hora de las

Dejo s

años

sesenta

para

•.•

3.

¿Desde dónde pensar la relación

comimicación<ulturas

populares?

La cuestión puede situarse, y se sitúa de hecho, en pianos tan

diferentes y discares, que cualquier intento de respuesta sería incapaz de tematizarlos todos. Eso sin tener en cuenta aquella posición que juzga sencillamente aberrante la relación, pues no habría marco conceptual capaz de abarcar el contenido

cami -

no estilianco dualismos a derecha e izquierda.! Prim.erc, ei que sobrevive tenazmente apoyado en oponcrjo_culrc-a1c ooouiar (0" á tC~m»asivo r'pór~do s ca,míño£: negándole a j c 'cequia : ¡a posibilidad misma de 'ser un esuacio de oroducción de cuitura - y esto io hace no sóic ia aristocracia de derechas sino ias iz- quierdas que tomando c; píe áe k ierre aquella afirmación de

.Marx según ia cual ias ideas áom.inantes son ias de ia ciase dom.i- nante, concluyen que pe r io :an:c ias ciases pcpuiarc: no piensar,- 0 concibiendo )c ^stJiiaki^no en oposición intrínseco-míufísica a lo hegemónico./Segundo\l otro dualismo que consiste en que para rescatar íoTroptiiár haya que maidecir io m.asivo, o vice- ; versa, para enjuiciar lo masivo se necesita mitiilcar lo popular conviniéndolo en el lugar en sí de la horizontalidad y ia recipro- ¡cidad, de la participación y el diálogo. Con lo que la hegemonía, .reconocida formalmente es negada en la práctica -analític a y

actua l

de ambo s

términos . Sin embargo la reiació n se

3bre

apolítica - al desconocer los "mestizajes", ias

•contradicciones de que

compiicidades y

lo popuiar, y que es precisa-

está

hecho

i'mente por donde conecta con lo masivo.

^^í:':p-r o '"¿'si "conexión " -qu e

f."';,- >ción entre comunicación y culturas populares- ejdge no sólo

' •. superar los dualismos sino dota-mos de un concepto ^de cultura

construye el hu'eso'cárb <l«tó reia^v>

•. Que haea

l.iTorrn"3ir"oue"~sc]o""püé"de aponarncs una hJsicriaJaJQ<;.incisos rulturaies eTcuanio anicuiadores c£l3S_jiácnc,asj;omu con los movin-.ientos sociajes. Unico modo no cukuraliíira de Lns-

cTibirfóTop'iirarén anáiisís cultura!. — -

posibie

penianTTñedbcuinJtist ó

Apenas se comienz a a escribir esa histori a —Le 6dff , EJ" .

Thotñ.pson, G!nzburg,.Muchembied,y en .-ijnérica Latina, Joi é Luis Romero, Carlos Mcnsináis, Fals Borda - que nos iaca óí{ progre- sismo ilustrado y el pesimismo culturali. de los de Francfort, y nos descubre io masivo gestándose conttadicpoiidmewte desee lo popular. Así eR\p«Z2mos a entender que unas iimponante " que seguir lamentándonos, al menos en América LariíVi, por lo que la cultura m.asiva efectúa de degrsdación sebre \ cultura culta, es pian:ea.-no5 lo que la masiva ha hecho / hac e con las

culturas popuiares. ¡Jür'tisi a •soia'pista'pára poder

mlKíürrorno~!o"popular recicia lo .masivo: desdólos usoc obreros en ei siglo .XIX del folletín y la caricatura hasta les uios aeria- les de! afiche o !a radio . Con lo que dese.mbocam.os « n el otr o ámbito fundamental de mediación, que es el de la cottturticación popular.

ct\-t<;nder los

Para enfrentar la confusión política y conceptual qu e "cubren " las palabras —aJteniativa, participativa , comunitaria , etc.— y ese dualismo consistente en oponer h comunicación popular, en

cuanto

masiva en cuanto rrndhá: y por lo tanto ¡"alsa, no nos <ju«da otro cammo oue hacer expiícitos ios referentes y los contextos de i í comunicación pcpuiir . HoS 'Teftrim.oS'' a la nis:on<x d& ¡tos modos áe comunicación que. come expresiones de.uaa i ^iHeñtldlaies

n o mediada ,

esto es, áirecic

y po r tant o verdadera ,

a la

Martí cuando escribía soore e\o mudo" c rsu'ia Frg!r(»jsc|y* Is "cükura ^ silencio". Y ai siíiewia de comumcacian acTuaj

ef> su LnjerciCa e n u n cr.Géo de. educció n qu e cwciuye . a. las

mayortas de h toma de decisione:, lo cual implica a n

nente secuestro de la palabra colectiva i la que se ie impide

hablar ¿e io que

su amo''. Perí> ios modos poDuiares de corntirucacic« remiten también a ias conrrcdicciones de esé"'sistema]aue]^gor ma ^ ñacicnil que ieS fccy, lo rasgan y Horadan tanto e;) la produc-_ ción como en e! consumo, introduciendo una pemoanente y múltiple fractura enu » discurso y sentido, entre imsjii^arjo y ex-

periencia, L—pidienáo así la homogenización absoluti del hacia socici.

perms-

interesa, y se le obüía

a hablar "ccr\a vo z ce

15

.•'Po r Ú'.'.LTIO, remitsn a la persistencia de unos modos de comu-

: nicació n otra en los que, po r una^parte, ^-^ n,-;-' vi<;in|» Is na.d» - sactivación acierto s niveles de'la memotia.i:QÍect!va, esto es la co'ñrncffCa e.xTsíéncia en nuestra sociedad de culturas dominadas,

: peroo£er3nie5.en_sus_muoiogia5 V" simboiozías de las lucnas y

• • sus rituaies ce resistencia; y-por . otra , a !á no SLme'.n'a~Trñre

To s-^aó d i 2 cs.£lsl-i m iío r-y\^£l^i ce p ^^^^

la h'egem'o'ñiV."

i E n esa concepció n de ia comunicació n popula r reencontra -

w/ mos la articulación ce las prácticas de.cómunicación con los mo-

•<j;;unientos sociales. Pocos espacios tan precisos para obse.-^.'ar el desafío que viene "de abajo" como el de la comunicación po- pular>.^ci¿ndonos patente la irradecuación que parees una con- cepción estrecha y unidimensional de lo político para asumir la complejidad de lo cultural, esto es la envergadura política de la producción y reproducción de lo simbólico. Y ayudándonos

a distinguir la dimensión, la trama política de la comunicación

¡os partidos, confusión que

nos llevó durante largo tiempo a desconocer ei sentido y el "lugar" de lo popular no en contraposición a sino en relación con los procesos-macro de lo social y con los de transnacionaii-

zación económica y cultura!. Pero lo que ahí está en juego no es

la políti-ca de comunicación sino la política cultural y la cultura

política de nuestros países. En los ténminos que plantean los últlno s trabajos de Oscar Landi: al diseñar una concepción de lo polític o en la que las clases, las instituciones y los panido s dejan de ser pensados como entes dotados de atributos esencia- les para pasar a ser espacios de constitución permanente de los sujetos políticos y ias identidades sociaje:, Y donde io cuiturai no se limita a reilejar io que pasa en otra pane ya que se define por su capacidad de convertirse en ¡a intersección dei orden simbólico, ios individuos y ias ciases scciajcs. ;

' de

las

políticas

de

los

Estados

o

Esta introducció n no pretende resumir o sintetizar ias ponen- cias presentadas, sino ofrece: una lectu n trans\'er3aJ de: deoate destacando las que a m i juicio fueron susjínea s de íue.Ta. De hecho ias ponencias no se ciñeron, en ningiin caso, a la respuesta particularizada de una de ias preguntas, y casi todas combinaro n

elemento s pertinente s a las tres . De aha que al agruparla s para

armar este libro

criterio metodológico: Propuestas

especi-

optemos por reunirías siguiendo, m.ás bien, un

generales, Dimensiones

ficas,

Experiencias

e

Investigaciones.

Claro que má s de una ponencia podría estar en dos sitios, puesto que tanto en las que relatan e.xperiencias com o en las que dan cuenta de investigaciones hay a veces reilexiones de tipo general o que atañen a lo que llamamos dimensiones específicas. Pero la agruoación en los items Indicados, arbitraria sin duda,

pretende únicamente ayudar al .lector y no caracií.ázar todos y

cada uno de los textos. En las Propuestas generales se recogen los liXTes que traza n lo que podemos llamar marco conceptúai o ¡eoría-macrc, pata pensar las relaciones entre com.unicación y culturas populares. P-ro ello es realizado desde ángulos y modos muy diversos, como el episiemolócico, el histórico o análisis d i las etapas, el sociológico, el "enciclopédico" y hasta el irónico. En Dimensiones especificas agrupamos tiabajoi que tema-

tizan zonas particulares de la relación: lo pcpularAirlsano, tópica

y

recepción, literatura-radio, el lugar del intieleaual en h cuestión

o

las micro-historias com o tram a cultura l y poh'tica.

En

Experiencias

se

agrupan

los textos que dan cuenta de

practicas de comunicación en las que trabaja ia memoria popular o las organizaciones que se dan los moi/imieniiis populares o los modos de expresión en el uso de medios. Por último , en Investigaciones agrupamos las ponencias que relatan procesos o resultados de investigaciones en las que se estudian las formas de presencia-ausencia ce lo papular en la televisión o la radio o en sus usos o se hace historia de l barrio como lugar en el que cuaja una etapa y visión clave de lo popular.

Jesús .MarJn Barbero.