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+ TIEMPOS DE ORACIÓN, +TIEMPOS DE FAMILIA

SEGUNDA CHARLA

1. INTRODUCCIÓN

2. VIVIR NUESTRO DÍA A DÍA CON DIOS: UNA VIDA


DE ALIANZA

3. REQUISITOS:

a. Aprender a escuchar la voz de Dios


i. Voces del tiempo, del alma y del ser
ii. Importancia del silencio
iii. Actitud contemplativa o mariana
iv. Contemplar a Dios en todo: alegrías y
cruces

b. Aprender un sencillo trato con un Dios


personal
i. Mirar a Dios
ii. Dialogar con Dios
iii. Ofrecerle sacrificios : Eucaristía

1
SEGUNDA CHARLA

1. INTRODUCCIÓN:
Continuamos nuestro retiro, este momento en que paramos,
hacemos silencio para sumergirnos en el corazón de Dios y desde él
poder contemplar nuestra vida.
En la primera charla concluimos algo básico pero esencial para poder
avanzar en nuestra vida espiritual. Llegamos a la conclusión:
TENEMOS NECESIDAD DE DIOS y no sólo como algo más que nos
hace falta para vivir… no es algo más… ES ALGO ESENCIAL. Tanto es
así que nos damos cuenta, por algunas experiencias que ya hemos
tenido, que cuando nos hemos alejado de Dios, nuestra vida se hizo
vacía, perdió su sentido e incluso quizá sentimos que todo a nuestro
alrededor se volvía absurdo, superficial y sin brillo.

Sí, necesitamos a Dios, igual como necesitamos el aire para respirar o


el agua para hidratar nuestros tejidos… y aunque el mundo esté
dando la espalda a Dios y quiera desterrarlo de la sociedad en qué
vivimos, nosotros tanto más queremos buscar a Dios.

El Padre Kentenich decía:


“En el mundo actual se destierra a Dios de casi todos los
ambientes. Es como si en nuestros días, en todas partes, Dios
estuviese muerto. Sin embargo, a esa actitud de huir de Dios
nosotros tenemos que responderle con una actitud de
búsqueda de Dios. Y no sólo buscar a Dios sino hacerlo con
una búsqueda apasionada de Dios”1

Buscar a Dios de forma apasionada… ¿pero dónde buscar? ¿dónde


encontrar a Dios? Dios está en todas partes y sin embargo, a menudo
padecemos ceguera, no lo vemos, nos parece que Dios nos ha
abandonado, tanto sufrimiento en todas partes, tantas crueldades y
desastres que nos muestran los periódicos o la televisión… tanto
dolor…nos rebelamos ¿cómo es posible que Dios permita tales
hechos? Y espontáneamente también vienen a nuestra mente las
cosas incomprensibles que han acontecido en nuestra propia vida y
entonces nos sentimos solos, abandonados y nos preguntamos…
“Señor, ¿estás ahí?... contesta, no te veo, ¿dónde estás?”
Y sin embargo, creemos que Dios no nos ha dejado, que continua
gobernando el mundo y nuestra propia vida y que sólo si vivimos en
él podremos vencer todas las dificultades, también las dificultades
concretas de nuestra vida conyugal…
San Juan se hacía la misma reflexión y llega a la siguiente conclusión:
“Quien ha nacido de Dios, vence al mundo.” Y añade: “Lo que
ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe”.2
1
Lunes por la tarde. Tomo 21. pág. 192
2
1Jn 5,4

2
Quien ha nacido de Dios… por el bautismo nacemos de Dios, es decir
nos convertimos en hijos de Dios y miembros de Cristo… por tanto,
nosotros, bautizados somos capaces de vencer al mundo por la fe.
La fe es un don de Dios que he recibido desde el bautismo y entonces
yo como hijo de Dios y miembro de Cristo debo desarrollar los ojos
de la fe. ¿qué tipo de ojos son estos?
El P.Kentenich lo explicaba diciendo que tenemos tres posibilidades
de percibir la luz:

Existen los “ojos de mosca”. Son ojos relativamente grandes, pero


sólo ven lo que pueden palpar en su cercanía inmediata. Nos
referimos a lo que vemos con nuestros ojosdel cuerpo que sólo ven
los objetos exteriores pero no ven lo que hay detrás de las cosas.
Existen también otros tipos de ojos, los ojos de ángel o del
entendimiento. A través del entendimiento podemos ver las cosas y
captar además su esencia.
Finalmente, poseemos un tercer ojo: los ojos de la fe o los ojos de
Dios. Esto quiere decir que mediante la fe que se nos inculcó e
infundió en el santo bautismo, adaptamos “la manera de pensar” de
Dios. Penetramos más allá de la materia y de la esencia, con la fe
logramos penetrar en su misterio más profundo, en su verdadero
sentido.

El Padre Kentenich aplica todo esto a la vida matrimonial y dice:


“Apliquemos ahora estos pensamientos a nuestra relación
conyugal. Meditemos un momento… ¿qué imagen tenemos
uno del otro en nuestra calidad de esposos?
Si observamos esa imagen con ojos de animal, con ojos de
mosca, sólo veremos la belleza o la fuerza exteriores del otro.
Y quizá esto haya sido lo que en un principio nos atrajo
fuertemente el uno del otro.
Ahora bien, si ahondamos un poco más y pasamos a
contemplar las cualidades espirituales del otro, vale decir, de
mi esposa o esposo ¿con qué órganos los captaré? No con los
ojos (corporales), sino con los ojos del ángel, con mi
entendimiento. Y así observaré, por ejemplo, que mi mujer es
ingeniosa; o que mi esposo es muy hábil en la vida cotidiana:
o que el corazón de mi mujer manifiesta permanentemente su
bondad… ¿con qué percibiré esas cualidades? Con los ojos de
la razón.
¿Y qué me revelan los ojos de la fe? Fíjense que ellos todo lo
traspasan, y hacen así transparente al otro. ¿Qué descubro
con los ojos de la fe? Que mi cónyuge participa de la
naturaleza divina, que en mi cónyuge mora el Dios
Trino…Advertimos cuán importante es que nuestros ojos de fe
estén muy bien desarrollados… Si contemplamos a nuestro
cónyuge con los ojos puramente naturales, la visión que ellos

3
nos ofrezcan de él o ella tendrá encanto mientras se esté en
los años jóvenes, pero con el correr del tiempo dicho encanto
se desvanecerá. Sí, porque la belleza y la figura hermosa tarde
o temprano se desvanecen. Vale decir que la fuerza del
hombre acaba un día por disiparse. Por eso, si nosotros nos
contemplamos sólo con ojos materiales, la alta estima que nos
dispensemos no durará mucho”.

(Esto es lo que ocurre en muchas parejas de hoy, que sólo se fijan en


lo físico… y la belleza exterior con el tiempo desaparece)

El Padre continúa:
“Algo similar acontece con los ojos del entendimiento. Suele
ocurrir muchas veces que cuando se ha avanzado en años la
agudeza del entendimiento se debilita. (muchos lo
experimentamos, nos falla la memoria, estamos más lentos en
nuestros razonamientos…). Pero si nuestros ojos de fe están
bien provistos y acondicionados con las fuerzas necesarias,
entonces al contemplar al cónyuge, la mirada irá siempre más
allá de lo terrenal y contemplará la vida divina, al Dios Trino
que mora en él o ella”.3

Es cuando percibimos que nuestro amor conyugal, con el paso de los


años, en lugar de disminuir crece… exteriormente quizá estamos
llenos de arrugas y canas, nos hemos encogido de estatura… pero
interiormente nuestro amor ha madurado, se ha hecho más
pleno, más auténtico… Es una alegría encontrar matrimonios así: el
otro día visitó el Santuario un matrimonio que el próximo año
cumplen 50 años de casados y me dio mucha alegría lo que me decía
el marido… “el día más feliz de mi vida fue el día en que me casé con
mi esposa: y el resto de mi vida, ha sido vivir día a día en esa
felicidad”.

“Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe”

Por lo tanto, si nuestra fe fuera más sólida, más firme y más grande…
no sólo venceríamos todas las dificultades sino que además nuestra
vida adquiriría otro brillo, un nuevo resplandor. No en vano Jesús nos
lo advierte: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho
a este sicómoro: Arráncate y plántate en el mar y os habría
obedecido”. (Lc 17, 6).
Por eso en este retiro queremos convertirnos en astronautas… sí, sí
en astronautas capaces de emprender un vuelo espacial. La fe
ha de ser la nave que nos permita vencer la fuerza de la gravedad
terrestre y nuestro destino será adentrarnos en el corazón de Dios.
3
Lunes por la tarde. Tomo 21. pág. 23-24

4
No se trata de un vuelo sin retorno, no, no se trata de una evasión…
Después de nuestro vuelo queremos retornar a la tierra, volver a
poner los pies sobre ella pero ojalá nuestro espíritu permanezca
arraigado en el corazón de Dios. Veremos la vida, entonces, con otros
ojos, con los ojos que me permiten ver mucho más allá de las
apariencias, ir a lo profundo y descubrir el plan de Dios. Sigamos
pues con nuestro vuelo…

2. VIVIR NUESTRO DÍA A DÍA CON DIOS: UNA VIDA DE


ALIANZA

Se nos plantea un desafío importante: queremos vivir de la fe, ser


cristianos auténticos pero nos encontramos en un mundo que no nos
lo pone fácil porque Dios brilla por su ausencia.
Por eso, la pregunta que nos hacemos:
¿Cómo vivir con Dios, en medio de un mundo sin Dios?
Sin duda, Dios está, sigue estando en el mundo y actuando en él pero
nosotros vivimos de espaldas a él, no nos detenemos, no le
escuchamos, pensamos que Dios no existe… y sin embargo, es una
realidad tan palpable como que ahora estemos aquí en un retiro. A
Dios, como decíamos se le ve con los ojos de la fe y si tuviéramos
más fe en la Divina Providencia, si tuviéramos esa fe sencilla de niño
que se sabe conducido por su padre que le ama y quiere su bien, no
andaríamos tan estresados, tan angustiados por tantas cosas.
Creemos y queremos creer más en nuestro Dios como un Dios de
amor, que está en alianza con nosotros, que nos ama y conduce con
amor hasta en los detalles más mínimos de nuestra vida.
Creemos que Dios es un Dios vivo que está actuando, interviene en el
mundo y en nuestra vida concreta.
Sí, creemos pero quisiéramos creer más y saber vivir de acuerdo a
ello. ¿Nuestra vida no sería entonces muy distinta?
Vivir en alianza significa atarse y vincularse con todo el corazón al
Dios de la alianza, al Dios que nos ama y conduce en su Providencia
Divina, que nos muestra el camino y nos apoya para que no
desfallezcamos en nuestro peregrinar.
Vivir en alianza con él es buscar la voluntad del Dios vivo en todo
momento, es estar preguntándose constantemente qué quiere Dios
de mí, cuál es la voluntad del Padre.
Nosotros en Schönstatt nos aliamos con la Madre para que Ella nos
conduzca al Padre. María es el camino más rápido, fácil y seguro para
llegar al Padre porque Ella vivió a la perfección esa vida de alianza
con Dios, hizo siempre su voluntad, se entregó por entero a sus
deseos. Aquí en el Santuario la encontramos especialmente presente
como Madre y Educadora, Ella es la mejor Maestra para aprender
todas estas actitudes porque las vivió en plenitud.

⇒ ¿Sé aprovechar el Santuario como lugar de encuentro con


el Señor y la Madre de Dios?

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⇒ Si tengo Santuario-hogar… ¿cómo aprovecho el regalo de
tener a la Madre de Dios en casa?

REQUISITOS PARA VIVIR NUESTRO DÍA A DÍA CON DIOS:

a. Aprender a escuchar la voz de Dios: para escuchar a Dios,


para ver con los ojos de la fe, necesitamos “auscultar” a Dios,
escuchar sus voces…
¿Pero cómo nos habla Dios? El P. Kentenich nombra tres
“voces” de Dios: Dios nos habla a través de las voces del
tiempo, las voces del alma y las voces del ser.
i. Voces del tiempo: Dios nos habla a través de las
circunstancias de nuestra vida, a través de los
acontecimientos de nuestra historia personal y de la
historia del mundo. Él me habla a mí personalmente.
Pero ocurre que nosotros no escuchamos, estamos llenos
de ruidos exteriores (no hacemos silencio) e interiores
(del alma: aquello que nos intranquiliza y nos quita la
paz).
Jesús reprocha a los judíos que son capaces de explorar
el aspecto de la tierra y del cielo pero no son capaces de
interpretar los signos de los tiempos.4
¿no nos puede ocurrir a nosotros también lo mismo?
Somos capaces de muchas cosas pero algo como por ej.
el terremoto de Haití nos deja perplejos, no entendemos
nada, nos asusta y nos paraliza.
Y sin embargo, si pensamos un poco mejor no debería ser
así, si somos auténticos hijos del Padre deberíamos
aprender a comprender todo esto. O acaso no es verdad
que un auténtico hijo que ama a su padre y a su madre,
aunque esté en medio del bullicio de sus amiguitos,
cuando lo llame su padre o su madre, escuchará su voz,
mientras que los otros no lo escucharán. Así debería ser
con nosotros, si logramos una unión tal con Dios
entonces aprenderemos a ver todo desde la fe y con
los ojos de Dios, entonces lograremos armonizar
nuestra vida según los planes de Dios.
Pero… ¿por qué muchas veces mis planes no se adecuan a
los planes de Dios? Hay un dicho popular que lo describe
muy bien, seguro que lo hemos escuchado alguna vez: “El
hombre propone y Dios dispone”. El hombre tiene sus
planes. Pero también Dios por su parte tiene los suyos. El
hombre trata de realizar sus planes pero si éstos no están
de acuerdo con los planes de Dios, tales planes
fracasarán. El arte de nuestra vida es saber
4
Cf. Lc 12, 54-57

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armonizar mis planes con los planes divinos. ¿Y por
qué ocurre muy a menudo que nuestra planificación no se
adecua en absoluto con la planificación de Dios? La causa
y la diferencia más profunda consiste en que
nosotros sólo proveemos para la vida terrenal, para
la vida aquí en la tierra, en cambio Dios se orienta
hacia el más allá, hacia la vida eterna.
Cuando yo trazo mis planes suelo plantearme cómo hacer
para que me vaya bien a mi y a mis hijos aquí en la
tierra, claro está, cómo hacer para gozar del bienestar en
el plano económico… Mientras que Dios podríamos pensar
que se pregunta: ¿qué puedo y debo hacer para que
todos los hombres lleguen al cielo? Dios conduce mi vida,
y en esa conducción están previstas cruces y sufrimientos
como medios de purificación y de crecimiento para tallar
en mí la auténtica imagen de hijo, del santo. Por eso,
muchas veces aunque no entendamos el “por qué” de los
sucesos sabemos que siempre hay un “para qué” y este
para qué siempre nace y converge en el Amor. Ésta es
nuestra paz y nuestra seguridad.
Armonizar con los planes divinos…. Cuánto nos cuesta
cuando nos cambian los planes, cuando de repente en un
minuto todo lo planeado se va al traste.
Aquí recuerdo una anécdota sobre nuestro padre
fundador:
Cuentan que en una ocasión estaba con mucho trabajo y
avisó a su secretaria que iba a trabajar todo el día, que
por favor no le molestara nadie. En ese momento sonó el
teléfono y él mismo contestó. La secretaria escuchó que
hablaba con un sacerdote. Al terminar la conversación el
Padre le avisa que debe ir a celebrar una misa. La
secretaria lo miró con extrañeza y le dijo: “pero Padre no
tenía tanto trabajo que hacer”… a lo que el Padre replicó:
“Ahora ha hablado Dios”
Así era nuestro Padre, siempre atento y dispuesto a hacer
la voluntad de Dios…
Voces del alma: la Providencia nos habla a través de las
voces interiores que suscita nuestro propio corazón. Estas
“voces” corresponden a lo que comúnmente llamamos
‘inspiraciones o insinuaciones del Espíritu Santo’.
Interiormente percibimos estas voces del alma en
diversas formas: como una inquietud, como un anhelo,
definido o indefinido; como una especie de necesidad
interior; como una inclinación; como un impulso… Es lo
que brota desde dentro, a veces en forma casi instintiva,
incluso de modo subconsciente.
A nosotros como padres nos toca no sólo estar atentos a
las voces de nuestra alma sino también a las voces del

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alma de nuestros hijos. En sus anhelos e inquietudes
también podemos percibir la voz de Dios. Por ej. cuando
vemos que en nuestro hijo se ha despertado una
inquietud especial por lo espiritual o percibimos una
inclinación permanente por alcanzar una meta que a lo
mejor nosotros nunca hubiéramos imaginado… entonces
debemos actuar con mucho respeto y dejar o ayudar a
que esa voz vaya encontrando respuestas y no apagarlas,
ahogarlas o sofocarlas. El resultado obtenido será mucho
peor, sin frutos e incluso puede ser perjudicial para
nuestro hijo.
Voces del ser: finalmente estas voces nos ayudaran a
discernir si la interpretación de la voz de Dios, la “puerta
abierta” ante la cual nos encontramos corresponde
verdaderamente a una voluntad de Dios. Nos ayudan a
evitar interpretaciones antojadizas de las voces del
tiempo o de las circunstancias; nos ayudan a evitar
interpretaciones puramente subjetivas del querer de Dios,
sobre todo en lo que toca a las voces del alma. Las voces
del ser están en el orden objetivo y determinará toda la
moral, lo que está bien y lo que está mal y por tanto es
norma para nuestro actuar. Por eso, el PK citaba siempre
el axioma: “el orden de ser condiciona el orden de
actuar”.
Pongamos un ejemplo: En el tema de la sexualidad no es
casualidad que los mismos órganos sexuales que
transmiten la vida sean aquellos a través de los cuales un
hombre y una mujer consuman su mutua donación de
amor: ello expresa la clara voluntad de Dios de unir
ambas finalidades en un solo acto. Toda manipulación
indebida, destinada a disociarlas, es desobedecerle y por
tanto inmoral. Cuando uno atiende al orden de ser no hay
por donde perderse… las cosas están claras.

ii. Importancia del silencio:


De todo lo dicho se desprende la gran importancia que
tiene el hacer SILENCIO. En el silencio de mi alma, es
cuando puedo prestar atención a las múltiples voces de
Dios que voy encontrando constantemente en el camino
de mi vida. Si no me detengo y hago silencio, será
imposible percibir esas voces. Es lo que nos ocurre muy a
menudo en nuestra vida: está llena de ruidos, de
actividad… nos vemos envueltos en un espiral que nos
arrastra y no nos permite detenernos. Tenemos que ser
muy conscientes de esto. Si hemos venido a este retiro es
justamente porque anhelamos hacer SILENCIO y
encontrarnos con Dios. Ojalá lo podamos aprovechar
bien… yo siempre pienso que el mismo Jesús nos lo

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demostró con su ejemplo, cuántas veces dice en la
Sagrada Escritura… “y se retiró a orar”. Jesús cuando
quería encontrarse con su Padre, se retiraba al desierto a
orar, a dialogar con él. Nosotros también debemos seguir
su ejemplo y buscar, no sólo una vez al año en un retiro
como este el silencio, sino que cada día deberíamos tener
nuestro espacio de silencio. Por eso, sería bueno que en
este retiro nos revisásemos un poco:
⇒ ¿qué momentos de silencio tengo durante el
día? ¿los aprovecho para entrar en oración,
en diálogo con nuestro Padre?
⇒ ¿los aprovecho para revisar mi vida a la luz
de la fe y descubrir las voces de Dios?

Si me doy cuenta que en este punto me va muy mal


tengo que buscar algún remedio concreto. Es verdad que
lo tenemos difícil si tenemos niños pequeños, ellos a
cualquier hora nos requieren y a lo mejor es justo cuando
estaba tratando de rezar o también a veces es el
cansancio que nos juega malas pasadas y cuando nos
recogemos para rezar estamos tan cansados que nos
quedamos dormidos. Todo esto es verdad, debo ser
realista y reconocerlo pero no debe ser una excusa… al
contrario, debe ser una llamada para buscar cómo
remediarlo. A lo mejor debo conversarlo con mi cónyuge y
ver cómo nos podemos ayudar. Se trata de algo esencial
porque en el SILENCIO no sólo puedo escuchar las voces
de Dios sino también dialogar con él y eso es, REZAR, es
el ALIMENTO DE MI ALMA.

iii. Actitud contemplativa o mariana: con ello nos


referimos a la contemplación mística, sino a la capacidad
natural de detenerse a observar la realidad y la capacidad
de asombrarse y maravillarse de las cosas. Ser capaces
como María de entonar siempre el Magníficat y decir el “el
Señor ha hecho en mí maravillas” (Lc 1, 49)
Cuán a menudo pasamos de largo ante las cosas y las
personas sin maravillarnos y percibir lo que son y
esconden en su ser. Vemos casi únicamente lo exterior, y
a veces parcialmente. ¿somos a caso de esas personas
que no se asombrar por nada y que sólo se fijan en lo
negativo?

Aristóteles afirmaba que la filosofía comienza en la


admiración y la palabra inteligencia viene del latín intus
legere, que quiere decir, leer en lo interior. Por tanto, la
verdadera sabiduría del hombre no está en tener muchos

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conocimientos sino en captar las verdades que están
insertas en lo profundo del ser.

Es cierto, que la era de la tecnología no nos ayuda a


practicar esta actitud. Con la televisión, el ordenador o la
navegación por Internet acumulamos múltiples
sensaciones e informaciones pero no logramos asimilarlas
ni integrarlas. Y el ritmo de vida que llevamos nos impide
detenernos, admirarnos de los detalles pequeños,
postgustar las múltiples percepciones que llegan a
nuestra alma.

Y sin embargo, sabemos que no podemos dejar que la


corriente nos arrastre: debemos aprender a mirar de otra
forma. Aprender a detenernos ante la realidad que nos
rodea; a reparar en los detalles; a ir más allá de la
superficie; a contemplar en su conjunto y en su
significado lo que observamos.

Reflexiono:
⇒ ¿Poseo la capacidad de admirarme?
⇒ ¿Me detengo a contemplar lo que me rodea?

iv. Contemplar a Dios en todo: alegrías y cruces: ¡Cuán


poco nos cuesta ver a Dios cuando todo nos va bien, la
vida nos sonríe, los negocios nos resultan… los misterios
gloriosos de nuestra vida. Pero la vida también está llena
de sufrimientos, de cruces y dolores… y ahí la mirada de
fe se nos hace muy difícil y sin embargo, tenemos que
aprender a ver la mano bondadosa de Dios cuando se
esconde en guantes de hierro.
El P.Kentenich hablaba de que debemos aprender a ver el
sufrimiento como expresiones de cariño de Dios para con
nosotros. Él lo explicaba a través del ejemplo de Santa
Teresita: ella siendo niña enfermó gravemente, se creyó
que moriría pronto. Un día ella mira la estatua de la
Santísima Virgen que tenía al pie de su cama y ve que la
Virgen se mueve en su dirección y tenía una sonrisa
sumamente cariñosa, una sonrisa bellísima. Teresita la
mira y queda feliz. A partir de ese día comienza su
proceso de sanación. La sonrisa de la Virgen la sanó. A
partir de este acontecimiento, ella siempre relacionó la
sonrisa de la Virgen con la sonrisa de Dios. Sta. Teresita
abrazó a ese Padre del Cielo que le sonreía. Supo hacerlo
no sólo en las horas de alegría sino también, y
especialmente, en las horas en que él le deparaba cruz y

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dolor. Ella estaba convencida y cobijada en Dios Padre
como ese Padre que nos contempla con benevolencia y no
puede hacer otra cosa que amarnos inefablemente. Ella
vivía del pensamiento:
“Dios es Padre, Dios es bueno,
bueno es todo lo que Él hace”.
Entonces el Padre dice:
“Nosotros estamos en la misma situación, vivimos en un
valle de lágrimas, pero si nos acostumbramos a mirar el
rostro de Dios, veremos su rostro amoroso de Padre y
como somos sus hijos, respondemos con una sonrisa
aunque de los ojos todavía brotan lágrimas.”5
Seguramente vosotros habéis visto alguna vez a un niño
en esta situación: cuando le duele algo y llora y llora con
lágrimas que le corren por las mejillas y viene la mamá,
lo acaricia y le sonríe y le responde con una sonrisa
aunque todavía le corran las lágrimas. Esa es la sonrisa
en medio del llanto.
Es una combinación magistral cuando en medio del
sufrimiento somos capaces de alzar la cabeza y tratar de
mirar el rostro amoroso de Dios Padre, entonces uno
descubre la sonrisa divina.
Pero esto no se consigue de la noche a la mañana exige
preparación y educación, para que en el momento de la
prueba la naturaleza no me traicione. Si no nos
ejercitamos en descubrir a Dios en las pequeñeces
de la vida diaria no creamos que lo podamos
descubrir en los momentos difíciles y dolorosos de
nuestra vida.
Pongamos un ejemplo práctico: una gran desilusión
invade mi alma, esperaba algo de alguien, quizá mi
propio cónyuge y me doy cuenta que no me lo puede dar
y que debo amarlo con esta limitación o debilidad. ¿qué
hacer? Espontáneamente no me resulta fácil ver a Dios
detrás de esto que me cuesta tanto, por eso debo volver
sobre ello y reflexionar: sucedió esto y esto otro ¿qué me
habrá querido decir Dios con esto?
El P. Kentenich usa la expresión “debemos poner
peldaños al entendimiento y al corazón”. El entendimiento
debe iluminarse por la luz de la fe y el corazón debe
subir, abrazarse a Dios y besarle la mano.
Debo poner la escalera en cada acontecimiento, sea
pasado, presente o futuro. ¡¡Arrimar una escalera!! Es
decir, me imagino que detrás de cada acontecimiento
está Dios, él está allá arriba como sobre una torre y por
eso pongo la escalera y miro hacia arriba y me pregunto
¿qué quiere decirme Dios con esto? Pero no basta que
5
Conf. de la Hna. M.Petra en Chile-Abril 2003 pg.115

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lo analice con mi cabeza también debo elaborar cada
acontecimiento con el corazón porque si no lo hago, a la
larga no seré una persona interiormente libre. Y el único
que me puede hacer plenamente libre es Dios, sólo en
Dios podemos liberarnos de nosotros mismos, de
nuestros sentimientos, de tantas cosas que nos oprimen y
esclavizan.

Cuando el P. Kentenich estaba en Dachau acuñó una


expresión que le ayudó a soportar todas las atrocidades
del campo.
Él pensaba: Así como una madre no se olvida de su hijo y
está siempre dispuesta a prepararle los mejores
pañales, así debo yo estar siempre convencido de que,
venga lo que venga, un Padre Dios, que también es
madre para mí, me ha preparado los mejores pañales,
también si estos pañales tuviesen espinas y cardos.
Él dice: “Dios prepara siempre para mí “los mejores
pañales”... Estar sentado aquí abajo en el sótano, son los
mejores pañales. Si Dios ha previsto que también yo sea
maltratado así, entonces estos son los “mejores
pañales”... Si estoy convencido que todo lo que sucede
son para mí “los mejores pañales”, entonces puedo estar
siempre alegre y feliz.”

En definitiva, si nos acostumbramos a hacer este tipo de


meditaciones llegaremos a ser hombres y mujeres
providencialistas, es decir, poseeremos una nueva luz,
una nueva fuente de luz, veremos muchas cosas que
otros no ven, seremos capaces de “hacer transparente
todo lo creado”. Veré detrás de todo al Dios de la vida y
eso me dará paz y felicidad.

Seguimos un poco más con nuestro vuelo espacial:

b. Aprender un sencillo trato con un Dios personal:


queremos volver a la fuente, se trata de vivir mi vida con Dios
en un mundo que huye de Dios. Nosotros necesitamos a Dios,
no podemos vivir sin él, entonces debemos hacer como el
girasol que se orienta permanentemente hacia el sol. Nuestro
sol es Dios. Ya hemos aprendido a escuchar su voz, ahora
queremos repasar cómo es nuestro trato con él. No son cosas
nuevas pero volver a meditarlas nos pueden servir para
renovarnos y ojalá encontremos nuevas luces para seguir
creciendo en nuestra vida espiritual
El Padre Kentenich da una receta de tres puntos deducida de
observar cómo hace un hombre sencillo y honesto en su trato
con Dios. En primer lugar, mira con frecuencia a Dios a la

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luz de la fe; en segundo lugar, habla a menudo y
fervorosamente con Dios; y por último realiza por amor a
Dios muchos sacrificios. Todo esto corresponde a un solo
proceso vital pero para nuestra reflexión vamos a analizarlo por
separado.
i. Mirar con frecuencia a Dios: este punto lo acabamos de
desarrollar bastante. Se trata de descubrir a Dios en todo,
vale decir, hacer transparente todo lo creado: a la luz de
la fe podemos mirar a través del hombre como a través de
un cristal y vislumbrar en su corazón al Dios Trino.
ii. Hablar frecuentemente con Dios: nuestro diálogo con
Dios debe ser sencillo, como un niño con su Padre, debe ser
original y auténtico, cada uno con sus propias palabras.
También podemos desahogar nuestro enojo en la
conversación con Dios, manteniendo siempre una actitud de
respeto.
Condición esencial para un encuentro personal con Dios es
“darse tiempo” y tenemos que ser conscientes que en el
tipo de cultura actual, donde vivimos corriendo de un lado
para otro, ajetreados por múltiples actividades, el torbellino
nos conduce a priorizar otras cosas menos importantes y a
no dejarnos tiempo para la oración. Pero si tomamos
conciencia que depende de mi, de mis prioridades, el que
tenga tiempo o no, le daremos hueco a Dios. No podemos
dar recetas de cuán a menudo debemos dialogar con Dios,
hay gente que necesita más y otra menos… la medida es
variable lo importante es que mi oración sea una escuela
de amor, que la santa misa, el rosario o la oración de la
mañana se convierten en una escuela de amor a Dios. A
través de mi oración, de los tiempos de meditación diarios
debería acostumbrarme a rastrear los caminos del amor de
Dios en mi vida de manera que pueda exclamar siempre:
¡¡cuánto me amas, Dios mío!!

⇒ ¿Aumenta mi amor a Dios cuando rezo el rosario, voy a


misa… etc?

iii. Ofrecer sacrificios a Dios: el verdadero amor es aquel que


se prueba en el sacrificio. Nosotros lo sabemos muy bien
porque en el amor matrimonial lo vivimos diariamente. Sólo
cuando aprendemos a sacrificarnos por el otro es cuando
realmente le demostramos que le amamos y nuestro amor
va madurando en la medida que se alimenta del sacrificio. Si
el amor se enfría, las renuncias se hacen pesadas y, a veces,
imposibles de soportar. Por eso la prueba del amor es la
capacidad de renuncia por el tú.
En la vida espiritual ocurre lo mismo: el amor a Dios se
prueba en el amor al prójimo y también cuando soy capaz de

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renunciar a mí mismo, a mis intereses por Dios. En
Schoenstatt hablamos de contribuciones al capital de
gracias. Con ello, demostramos a Dios que le amamos
realmente, no sólo de palabra sino con obras. La Cuaresma
precisamente nos invita a esto a acrecentar nuestro amor a
Dios justamente creciendo en el espíritu de sacrificio y de
renuncia: el ayuno y la limosna tienen este sentido. Son
prácticas que si no se unen al amor, por amor a Dios, no
tienen sentido.
Por otro lado, el gran alimento espiritual y de nuestra fe es
la Eucaristía. Cuando participamos en la Cena del Señor se
reactualiza el misterio insondable del amor de Dios hecho
Hombre que se entrega nuevamente por nosotros en
sacrificio. En ella nos sumergimos nuevamente en su
amor, nos renovamos en él y somos enviados a
hacerlo presente en el mundo. Cada eucaristía es una
llamada a continuar aquí y ahora el amor redentor de Cristo.
A la eucaristía nunca debemos llegar con las manos vacías.
Traemos al altar nuestra vida y nuestra obra y la de las
personas que llevamos en el corazón y el pensamiento.
Traemos nuestros sufrimientos y cruces, nuestra esperanza
y nuestra pequeñez. Todo lo entregamos y ofrecemos en y
con el Señor en la misa. En el memorial de su muerte y
resurrección nuestra ofrenda se sumerge en la ofrenda de
Cristo, para elevarse en él al Padre. Y salimos de la misa
renovados y con el encargo de reeditar en la vida cotidiana
los misterios de gozo, dolor y gloria del Salvador. En la misa
nos cristificamos, nos hacemos más de Cristo para poder
irradiarlo en el mundo. Hoy queremos entregar todo lo vivido
y reflexionado en el retiro, ofrecerlo como don de amor y
pedir a Jesús que nos enseñe a amarle y a entregarnos cada
día más al Padre tal como él nos dio ejemplo en su vida.

Y termino, invitándoos a continuar como astronautas


volando hacia el corazón de Dios. Ojalá podamos seguir en
silencio, saboreando todas estas reflexiones para
permanecer atentos a lo que Dios está suscitando en nuestra
alma.
En la tarde haremos juntos un rato de oración que quiere ser
un profundo encuentro con Dios, nuestro Padre y
terminaremos nuestro vuelo espacial aterrizando a la “arena
de la vida”, llevándonos buenos propósitos para seguir
alimentando nuestra vida espiritual y continuar, en el día a
día, arraigados en el corazón de Dios.

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