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La relación mente-cuerpo a lo largo de la historia.

Hay una idea que ha tenido una gran influencia a lo largo de siglos en nuestra cultura: la de una división radical entre mente y cuerpo. Cuerpo y mente son dos cosas independientes. Dicha idea ha configurado nuestra manera de entender como se relacionan la mente, el cerebro y nuestra conducta tanto en la ciencias dedicadas a estos temas como en nuestra vida cotidiana.

Esta antigua idea oriental fue importada por Pitágoras y su secta (s. VI-V a.C.) a nuestra cultura occidental. Los pitagóricos creían en un alma inmortal que se reencarnaba en formas mejores o peores función de buen o mal comportamiento que se llevaba en cada reencarnación, esta alma era completamente diferente del cuerpo. Platón (ss. V-IV a.C.) continuo esta línea de separación entre el cuerpo y el alma, expresando metafóricamente que el cuerpo era la cárcel del alma y considerando que la persona buena es aquella que se guía en la vida siguiendo los dictados de la razón y sometiendo las pasiones del cuerpo. Posteriormente, San Pablo recogió la idea y la consagró como dogma del cristianismo. El cuerpo es la fuente de las pasiones, y las pasiones son

la fuente de las tentaciones que conducen al pecado.

En el siglo XVII con el avance de las ciencias, y en concreto de la medicina, se empezó a ver el cuerpo como una máquina orgánica, algunos científicos y pensadores, como Thomas Hobbes, en su obra De Corpore (1655), llegaron a plantear que las emociones y sentimientos eran consecuencia de procesos biológicos del cuerpo. Este planteamiento iba en contra del dogma cristiano de la separación cuerpo y alma, por lo que era considerado herético. Las obras de Thomas Hobbes fueron quemadas en actos públicos en numerosas ocasiones, incluso tras su muerte se celebró una quema en la universidad de Cambridge. Uno de los científicos importantes

de la época, Descartes (creador de la geometría analítica - fusionar la geometría y el álgebra para solucionar los problemas geométricos de intersección de curvas por medio de sistemas de ecuaciones-), intentó transitar un camino intermedio entre la ciencia y la fe, afirmando que el cuerpo humano podía ser estudiado como si fuera una máquina, mientras que la mente no. Desde la perspectiva cartesiana, la mente no era un producto del cuerpo, eran dos cosas diferentes, independientes la una de la otra. Esta idea fue aceptada por la Iglesia del época, porque permitía

a los científicos estudiar el cuerpo humano mediante causas mecánicos y a los teólogos quedarse

con la mente, el alma. Desde los planteamientos físicos de Descartes, todo movimiento en la naturaleza era producto de la transmisión de cantidad de movimiento (p=mv / choques) entre las cosas (la idea contrasta con la idea de su contemporáneo, Newton, quien consideraba la existencia de fuerzas a distancia para aplicar el movimiento, la gravedad), pero sin embargo los pensamientos, las emociones, los recuerdos… no tienen masa o velocidad. En otras palabras:

¿cómo es posible entonces que un puñetazo cause dolor o ingerir alcohol causar euforia (que lo material afecte a lo inmaterial)? ¿Cómo es posible que un sentimiento de tristeza o un recuerdo triste pueda desencadenar toda una serie de reacciones en mi cuerpo, como que mis conductos lagrimales secreten lágrimas? Este problema se le conoce como el fantasma dentro de la máquina, ¿cómo el alma inmaterial y el cuerpo material pueden interactuar? Descartes sostuvo que tal sincronización entre mente y cuerpo se producía en el cerebro, en la glándula pineal. A muchos científicos de la época no les convenció tal solución, entre ellos Pascal.

En el siglo XIX, el operario de ferrocarril Phineas Gage (1848) sufrió un accidente de trabajo y una barra de metal (1,1m long. y 3,2 cm ancho) traspasó su craneo dañando a su paso los lóbulos prefrontales. Esta lesión causó un cambio de personalidad y constituyó un argumento de peso a favor de la estrecha relación existente entre el cerebro y la mente. Una alteración de alguna parte del cerebro llevaba a cambios en la personalidad. La supuesta independencia cartesiana se vio comprometida.

Actualmente el dualismo platónico o cartesiano es prácticamente ignorado en neurociencia, psiquiatría y psicología. Sin embargo, fuera del ámbito académico de estas ciencias, aún perviven ciertos planteamientos que se fundamentan en una concepción del cuerpo y la mente como si fueran son entidades independientes. Algunos ejemplos:

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a) Cualquiera de nuestros hábitos o manías han sido codificados en un patrón neuronal mediante el establecimiento de diferentes sinapsis entre neuronas. Por lo tanto, no es posible cambiarlos con sólo desearlo o quererlo, uno no puede deshacer conexiones neuronales con sólo desearlo. Uno debe desarrollar un nuevo patrón neuronal por medio de la repetición. ¿Y la persona que deja de fumar de golpe? La persona que por voluntad deja de fumar, lo que logra es impedir que el patrón neuronal llegue al punto de activar la acción de fumar, pero el patrón está ahí, activándose cada vez que surge el deseo de fumar. A medida que la persona consigue impedir por fuerza de voluntad activar dicho patrón, consigue ir debilitando las sinapsis neuronales, hasta el punto de ¨borrar¨ dicho patrón por su desuso. Si establecemos una analogía entre nuestras neuronas y un campo, los hábitos son senderos creados a fuerza de recorrer el campo por el mismo sitio, si se deja de hacerlo las hierbas vuelven a crecer y cubren el sendero de nuevo. De este modo, las charlas motivadoras pueden servir para despertar el deseo de cambiar, pero el cambio sólo tendrá lugar a fuerza de repetir la acción que queremos desarrollar y dejar de hacer la acción que queremos evitar.

b) Muchos economistas de la tradición neoclásica parten del supuesto que nuestra conducta es voluntaria (elegimos nuestro comportamiento después de meditarlo) y está orientada por una mente racional, que sólo se preocupa de calcular ganancias y pérdidas. De acuerdo con este enfoque somos ordenadores andantes que podemos calcular las recompensas que nos ofrece cada curso de acción en cualquier momento dado y sopesarlas en función de la probabilidad de que se hagan reales. Detrás de cada decisión de comer sushi o pasta, trabajo en aeronáutica o en la banca, invertir en bolsa o bonos del tesoro, está el ronroneo de los cálculos de optimización de un gran ordenador. Para estos economistas cuando somos irracionales en nuestras decisiones se debe a la influencia de las emociones y sentimientos (siguiendo el planteamiento platónico). Sin embargo, desde la perspectiva de la llamada economía conductual Daniel Kahneman (premio nobel economía 2002) y Amos Tversky han criticado esta visión descarnada de la racionalidad humana, han insistido en la presencia e influencia de las emociones en la toma de decisiones. Estos autores sostienen a modo de lema: Pensamos con el cuerpo. Esta frase debemos entenderla en el siguiente sentido:

evolutivamente mente y cuerpo se desarrollaron conjuntamente para ayudarnos a sobrevivir en el medio, aprovechando las oportunidades de ganar, como en el caso de alimento, o a huir de una amenaza. Cuando estamos ante una oportunidad de ganar, como en el caso de alimento, territorio o en un mercado en alza, o ante una amenaza a nuestro bienestar, como puede ser un depredador o un mercado a la baja o un sondeo sorpresa de física y química, el cerebro desata una actividad eléctrica en nuestro músculos esqueléticos y órganos viscerales, con lo cual precipita en todo el cuerpo un torrente de hormonas que altera el metabolismo y la función cardiovascular a fin de producir una respuesta física. Estas señales somáticas y viscerales retroalimentan el cerebro (las hormonas segregadas por las glándulas suprarrenales llegan al cerebro al ser transportadas por la sangre) y acaban influyendo en nuestro pensamiento (la atención, la memoria, el humor) para que se pongan en sintonía con la tarea que tenemos entre manos. Un problema importante es que las respuestas que fueron útiles en nuestro pasado evolutivo pueden no serlo en la actualidad. Por ejemplo, el cóctel hormonal (adrenalina y cortisol) que nuestro cuerpo segrega cuando se detecta una amenaza pudo ser útil en el pasado para huir corriendo del peligro (elevar presión arterial, frecuencia cardiaca, mandar energía a los músculos, suspender la digestión y el almacenamiento de energía, vaciar los intestinos…); pero dicho cóctel puede no ser la mejor respuesta cuando la amenaza es un sondeo sorpresa de física y química, la mente alterada no es el estado adecuado para afrontar la resolución de problemas matemáticos. Contamos con respuestas innatas ante ciertas situaciones que actualmente no son útiles.

c) En esta breve historia de la ideas acerca de la relación entre mente y cuerpo es necesario mencionar a Aristóteles, quien aún siendo discípulo de Platón tuvo una visión muy diferente de la relación entre mente y cuerpo, tal vez por su formación como médico, que podemos sintetizar mediante su conocida analogía: ¨El alma es al cuerpo como la visión al cuerpo¨. La muerte del cuerpo trae la muerte de la mente, del mismo modo que la destrucción de los ojos trae la destrucción de la visión.

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