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DERECHOS REALES e INTELECTUALES

Departamento de Derecho - U.N.S.

FORMICA, Guillermo H. c/ DE LEON, Letizia N.

Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala G (30/04/1985)

Sumarios del fallo:

En el conflicto entre quien se ve despojado contra su voluntad y quien recibió el poder hecho sobre la cosa por entregas sucesivas que arrancan del despojante, el ordenamiento prefiere al primero.

No obstante la supresión en el texto del art. 2768 del Cód. Civil de la mención que contiene el art. 2280 del Código francés de 1804 no permite concluir que el comprador de buena fe de una cosa robada o perdida, que la adquiere no en un establecimiento de venta pública en la que haya estado en venta con otras o en casa de venta de objetos semejantes, aunque sí "a un individuo que acostumbraba vender cosas semejantes" (art. 3214), por más que no tuviese casa de venta abierta al público, y que no sea "persona sospechosa que no acostumbraba a vender" ese tipo de cosas (art. 2771), no está, en principio, excluido de la protección excepcional de la norma citada en primer término.

El art. 2° del decreto-ley 6582/58 (ADLA, XXXIII-B, 1991), contempla la situación de quien por haber inscripto de buena fe el dominio a su nombre puede repeler cualquier acción de reivindicación, y ello porque la inscripción en esas condiciones le confiere la propiedad, y al ser propietario también puede reivindicar. Ahora bien, esa norma rige cuando no se trata de un automotor hurtado o robado, que es el caso de autos, supuesto en el cual la inscripción de buena fe "no vale título" y necesita ser completada por el transcurso de tres años desde la fecha en que se hizo (usucapión especial del art. 4°).

Como no basta que el tercero sea poseedor de buena fe, ni que haya adquirido la cosa mueble a título oneroso, sino que es necesario sumar ese nuevo requisito del "error invencible", resulta necesario indagar en cada caso concreto las circunstancias en que el tercero celebró con su transmitente el acto en cuya virtud la cosa le fue entregada. Cuando esta cosa es un automotor, ya antes de la vigencia del decreto-ley 6582/58 (ADLA, XXXIII-B, 1991), que lo ubicó en la categoría de "muebles registrables" y cuando su transmisión por actos entre vivos se regía por las normas generales sobre cosas muebles, se había resuelto que es exigible al adquirente una investigación sobre la situación jurídica del objeto que, era de fácil o inmediata verificación, y quien adquiría un automotor patentado a nombre de otro que no era quien se lo vendía no actuaba con la diligencia debida si no hacia esas averiguaciones, máxime si se dedicaba habitualmente a ese tipo de operaciones.

Si bien el actor no sabía que el automóvil que compró era un coche robado, no es admisible que no haya obtenido un certificado de dominio entre la fecha en la que afirma haber pagado la seña y la fecha del recibo extendido por su vendedor que le hubiese puesto sobre aviso que la persona que figuraba como trasmitente a sus vendedor, no era el titular inscripto, y si pesaban o no afectaciones de cualquier índole, debiéndose además tener en cuenta, igualmente, que por la condición de abogado del actor no podía ignorar el régimen legal aplicable, además de la experiencia por haberse dedicado a la compra de autos chocados. Todo ello debió advertirle que si compraba recibiendo la documentación que después le fue secuestrada, sin previsiones, y sólo reservaba un veinticinco por ciento del precio para cuando se le entregara el título y poder registrar la transferencia, corría el riesgo de quedarse sin la cosa y sin la parte del precio pagada.

La regla es que en materia de reivindicación de una cosa robada -lo mismo sería si fuese perdida- el reivindicante no debe al poseedor de buena fe los rubros del art. 2768 del Cód. Civil ; las excepciones, que son no sólo las de ese precepto sino también las de otros concordantes, no es que deban aprehenderse con criterio restrictivo como enunciaba la vieja regla hermenéutica, sino que no pueden extenderse por analogía a situaciones no previstas en esa ni en ninguna otra norma.

El fundamento de la regla general del art. 2768 del Cód. Civil es evidente: el reivindicante no tiene vínculo obligacional con el tercer poseedor de buena fe, ni ha incurrido frente a él en responsabilidad alguna ; si se lo obligase a pagar el precio que el tercero ha desembolsado para adquirir la cosa, la preferencia que la ley le acuerda quedaría desvirtuada, porque para él equivaldría a perder la cosa misma. A su turno, el fundamento de las excepciones a esa regla se encuentran en la imposibilidad práctica en que se halla el comprador, en las distintas situaciones previstas como tales, de averiguar el título o causa jurídica de la posesión de quien le vende la cosa mueble, posesión que como regla equivale a título (art. 2412), salvo que fuese robada o perdida, y en igual imposibilidad de indagar si el transmitente o uno de sus antecesores la hubo por robo. Es lo que en doctrina se domina "error invencible".

Fallo in extendo:

2ª Instancia.- Buenos Aires, abril 30 de 1985.

¿Es justa la sentencia apelada?

El doctor Greco dijo:

I. Letizia N. de León adquirió por intermedio de una agencia, un automóvil usado Dodge 1500 a

Francisco Ventrice. En posesión del rodado y antes de haberlo inscripto a su nombre, le fue robado por Juan F. Viarnes quien, después de un accidente ocurrido mientras conducía, lo vendió al comerciante de autos chocados José N. Iuvaro, quien a su vez lo vendió a Guillermo H. Formica. Instruida causa penal por el robo de Viarnes, el automotor fue secuestrado en poder de Fornica y, en el mismo proceso, restituido a De León. Accionó Formica contra De León por reivindicación de la cosa que comprara a Iuvaro, diciéndose adquirente de buena fe; en subsidio por cobro del precio desembolsado y arreglos efectuados, que -afirma- han beneficiado a la demandada. La sentencia de primera instancia rechaza ambas pretensiones; contra ella se alza el actor quien expresa agravios a fs. 418/422, lo que son contestados a fs. 430/431 con un pedido de deserción del recurso.

II. El escrito con el que se mantiene la apelación cumple, en la medida que se puntualizará, el requisito

de crítica concreta y razonada de algunas partes del fallo adverso al recurrente. Sin perjuicio de las consideraciones sobre su mérito, con el criterio amplio que invariablemente sigue la sala para apreciar los extremos del art. 265 del Cód. Procesal, entiendo que debe desestimarse el pedido de deserción.

Para ubicar inicialmente la cuestión debatida, advierto que no se trata del supuesto que ordinariamente suele ser materia de los juicios por reivindicación, esto es del propietario que ha perdido la posesión y persigue la cosa en poder de quien la detente. Aquí ninguno de quienes son partes en este proceso ha llegado a tener el dominio del automotor disputado, desde que por el carácter constitutivo de la inscripción en el régimen actual (art. 1º, dec. -ley 6582/58, ratificado por la ley 14.467) este derecho real continúa en cabeza de Francisco Ventrice, titular inscripto que desoyó su citación como tercero y sólo declaró en carácter de testigo. Por tanto, como Ventrice no puede ser condenado -tampoco las partes lo pretenden- lo que aquí se resuelva no incidirá en el dominio de quien lo conserva, quedando a salvo las acciones a que se crea con derecho la parte que resulte triunfadora si desea llegar a convertirse en titular (doctrina, art. 96, Cód. Procesal). No es, tampoco, en este proceso donde debe analizarse la medida en que la sentencia puede afectar al tercero como consecuencia de su citación (norma mencionada, en correlación con el art. 163, inc. 6°, Cód. citado).

Emplazado así el tema a decidir, la solución es inequívoca. Formica no puede reivindicar porque no es dueño, ni nunca lo fue. El sentenciante rechaza la pretensión de reivindicación citando el art. 2° del dec.-ley 6582/58, a la vez que califica a la demandada como poseedora legítima en los términos del art. 2355 del Cód. Civil, sin aclarar si se refiere al precepto originario o al agregado introducido por la ley 17.711. El apelante admite que, al tiempo de serle sustraído el automóvil, Letizia N. De León era "poseedora legítima", porque poseía "con permiso del verdadero titular del dominio quien le habría vendido el automotor del caso

sin completar la transferencia"; no obstante, no se sabe si al insistir en los elementos que, según sostiene, lo ubicarían en carácter de adquirente de buena fe y determinarían que la demandada hubiese perdido la posesión "que había pasado al suscripto" persigue la revocatoria de la sentencia en cuanto a la pretensión principal -reivindicación- o a la subsidiaria -cobro de las sumas indicadas en la demanda-.

Tanta confusión de conceptos requiere nuevas aclaraciones. El art. 2° del dec.-ley 6582/58 contempla la situación inversa a la que aquí se invoca: la de quien por haber inscripto de buena fe el dominio a su nombre puede repeler cualquier acción de reivindicación. Pero el principio fundante es el mismo: puede repeler porque la inscripción en esas condiciones le confiere la propiedad, y al ser propietario también puede reivindicar. Ahora bien, esa norma rige cuando no se trata de un automotor hurtado o robado, que es el caso de autos, supuesto en el cual la inscripción de buena fe "no vale título" y necesita ser completada por el transcurso de tres años desde la fecha en que se hizo (usucapión especial del art. 4°). Como quiera que sea, toda vez que el apelante no rebate el requisito de inscripción para reivindicar en que se apoya el fallo, el recurso en cuanto a la pretensión principal carece de andamiento.

Si, con mucha buena voluntad, se estima que la contienda versa sobre el mejor derecho a poseer, la

conclusión no varía. Fuera de discusión que la demandada De León adquirió el móvil a Ventrice por intermedio de la agencia que le entregó la unidad con la documentación respectiva (declaraciones contestes de Alberto Faustino Díaz, cotitular de la Agencia de Automotores Center cuando ésta entregó el automotor de Ventrice a la demandada, de Francisco Ventrice y de Jorge L. Otranto, gestor encargado del trámite de la inscripción y ulterior baja por robo, ratificadas con la documentación de fs. 338, 346/349 informada a fs. 350; informe de fs. 352 y poder otorgado por Ventrice con asentimiento de su cónyuge el 23 de enero de 1979 para que la actora ejerciese sus derechos contra la Compañía Cosecha de Seguros Limitada emergentes de la póliza cuando se produjo el robo; los que se complementan con el informe de fs. 316 y sus agregados), el hecho ocurrido el 29 de noviembre de 1978 por el que Juan F. Viarnes fue condenado a 6 años de prisión por robo agravado por el uso de armas en concurso real con estafa por haber vendido con posterioridad el automóvil robado a José N. Iuvaro haciéndose pasar por el dueño (sentencia de fs. 304/311 de la causa penal venida a la vista, confirmada a fs. 328/330 que sólo redujo a la indicada la pena de mayor extensión impuesta en primera instancia) si bien produjo la desposesión material en forma ilegítima, no extinguió su derecho a la posesión. Va de suyo que si Viarnes no tenía derecho a poseer por la índole del hecho por el que accedió a la cosa, su ulterior traspaso a Iuvaro y la entrega hecha por éste a Formica tampoco extinguieron el derecho de poseer que ostentaba De León, ya que no es dudoso que en el conflicto entre quien se ve despojado contra su voluntad y quien recibió el poder de hecho sobre la cosa por entregas sucesivas que arrancan del despojante, el ordenamiento prefiere al primero (sabio principio fundante de la regla del art. 2412, que exceptúa -entre otras- las cosas robadas, reiterado en la reforma de 1969 al acordar acciones posesorias al poseedor de cosas muebles "salvo contra el sucesor particular poseedor de buena fe de cosas que no sean robadas o perdidas" -art. 2488, introducidas por la ley 17.711, con la modificación de

la ley de reforma a la reforma 17.940-; concordante con otras normas relativas a reivindicación que después

se analizarán -arts. 2765, 2766, 2768, 2769, 2771, 3914-).

Esta conclusión exime de profundizar, en el caso, los alcances del agregado al art. 2355 que llevaron al

a quo a calificar de legítima la posesión de la demandada, punto sobre el cual el apelante concuerda. La invocada buena fe del actor será tratada en el siguiente considerando.

III. Dos razones da el decisorio para el rechazamiento de la pretensión de cobro: la exigencia de inscripción impuesta en el art. 3° del dec.-ley 6582/58, y que el actor no se encuentra en las situaciones de excepción previstas en el art. 2768 del Cód. Civil.

Sobre la primera no hay, técnicamente, agravio, porque el apelante se limita a afirmar que la inscripción es "una exigencia fuera de lugar y sin base normativa alguna" con lo que parece ignorar la norma referida. Acto que el precepto prevé el supuesto de reivindicación del propietario a quien, por habérsele sustraído el automotor no perdió el dominio del mismo, contra quien lo inscribió a su nombre habiéndolo adquirido de buena fe. Aquí no acciona el propietario -que sigue siendo Ventrice- tampoco lo hace De León, poseedora en el momento del robo, quien no tuvo necesidad de ejercitar acción civil para recuperar la posesión porque obtuvo la entrega en el proceso penal, primero como depositaria (fs. 152 de la causa penal) y posteriormente en forma definitiva, sin perjuicio del mejor derecho que pudieran esgrimir terceros ante los tribunales competentes (fallo de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, fs. 310 vta., punto II). Como se ha visto, el conflicto sobre el mejor derecho a la posesión se ha resuelto a favor de la demandada.

En cuanto a la segunda, asiste razón en parte al apelante en lo que hace a la situación de hecho y valoración de la prueba efectuada por el a quo, aunque -lo anticipo- esto no altera el resultado final por lo que habré de propiciar la confirmatoria de la desestimación de la pretensión de cobro. En efecto, a diferencia del juez que entendió no probado que el actor hubiese adquirido el automóvil en un negocio de

venta de automotores y que lo hubiese reparado a su costa antes de serle secuestrado por orden judicial, considero que estos extremos de hecho han sido suficientemente acreditados. Es verdad que el recibo que habría extendido Iuvaro a Formica no aparece en autos ni en el juicio venido a la vista; sin embargo la declaración de Iuvaro (fs. 54 del expediente penal) que detalla tanto su compra a Viarnes como la ulterior venta a Fornica se encuentra corroborada con el recibo de fs. 98 de la causa penal -venta de Viarnes a Iuvaro-, con el acta de secuestro en la que se mencionan un recibo de seña del 2 de enero de 1979 y otro "de venta" del 8 de ese mes ambos otorgados por Iuvaro, y con la copia fotográfica tomada por la instrucción en la que se aprecia en primer plano ese instrumento del 8 de enero de 1979 en el que Formica aparece pagando por el Dodge 1500 chocado $ 4.000.000 de la moneda de entonces, certificándose por la autoridad policial que corresponde al contenido del sobre de fs. 97. Lo que ocurrió es que el contenido de ese sobre fue desglosado y entregado al letrado de Letizia N. De León como consecuencia de la entrega

definitiva del rodado dispuesta por la Cámara de ese fuero (fs. 379 y diligencia de fs. 380 de esas actuaciones). De las declaraciones contestes de Iuvaro y Formica en sede penal resulta que sólo pagó $ 3.000.000 reservando el saldo para cuando se le entregase "el título y los 08". A su vez, de esos elementos, declaraciones del inspector Julio Díaz e inspección ocular de fs. 50, en las que el nombrado oficial comprobó que Iuvaro tiene instalado un taller de mecánica ligera y compraventa de vehículos siniestrados y examinó la documentación de la que surgía un movimiento de compras y ventas de más de 100 vehículos durante el año 1978, se infiere con toda verosimilitud la compra de Formica a Iuvaro, en el taller de este último. También puede tenerse por cierto, a los efectos de este juicio, que el actor hizo reparar el vehículo chocado (factura de fs. 32 del expediente penal e informe de fs. 250 vta. del presente) por más que el perito ingeniero mecánico no haya podido determinar, por el tiempo transcurrido hasta la realización de la pericia,

si las reparaciones, cuya existencia comprobó, se habían hecho en febrero o marzo de 1979.

Concuerdo con la integración sistemática del derecho vigente que, con la brillantez que lo caracteriza, ha formulado el doctor Alterini al votar en primer término en el caso resuelto por la sala C en autos "Rosenbaum c. Scarpati", Rev. LA LEY, t. 1983-B, ps. 542/548, que contara con la importante adhesión el maestro Alberto D. Molinario al anotar ese fallo ("Solución dada por la doctrina judicial a un problema de hermenéutica de nuestro Código Civil", tomo cit., ps. 537/550), en cuanto vincula el art. 2768 del Cód. Civil con los arts. 3214, 2771 y concs. del cuerpo legal citado. Por mi parte, nunca he creído que sea buen método hermenéutico aislar un precepto para inteligir su alcance, ni rastrear sus antecedentes o "fuentes" de la norma para precisar su contenido -camino este último tan transitado por los exégetas-. La fuerza de convicción de los argumentos de ambos civilistas para fundar la así llamada tesis amplia, me persuade que no obstante la supresión en el texto del art. 2768 de la mención que contiene el art. 2280 del Cód. francés de 1804 respecto del "marchand vendant des choses pareilles", que explican Aubry y Rau en el lugar citado por el codificador en la nota respectiva ("Cours", t. II, ps. 95 y sigtes., en esp. punto 2°, ps. 97/100, 3ª ed. tenida a la vista por Vélez Sársfield, París, 1863), no permite concluir que el comprador de buena fe de una cosa robada o perdida, que la adquiere no en un establecimiento de venta pública en la que haya estado en venta con otros (aclaración de Segovia, "El Código Civil de la República Argentina. Con su aplicación - textual- y crítica bajo la forma de notas", t. II, p. 184, nota 44 al art. que en su numeración lleva el ním. 2270, Pablo E. Coni editor, Buenos Aires, 1881) o en casa de venta de objetos semejantes, aunque si "a un individuo que acostumbraba vender cosas semejantes" (art. 3214) por más que no tuviese casa de venta abierta al público, y que no sea "persona sospechosa que no acostumbraba a vender" ese tipo de cosas (art. 2771) no está, en principio, excluido de la protección excepcional de la norma citada en primer término.

Hasta aquí, Formica parece estar alcanzado por esta protección, aunque no haya probado que Iuvaro tenga agencia de venta de automotores (no surge este extremo de la inspección practicada en sede penal, ni del membrete de los recibos que en copias fotográficas adveradas notorialmente el aquí actor acompañó

a fs. 33/36 de esa causa, ni de la tarjeta de fs. 32 entregada a la instrucción al, efectuarse el secuestro, ni

de la copia fotográfica de fs. 102; tampoco ha rendido en autos otra prueba, ver resolución de fs. 248 del presente), como lo declararon algunos fallos cuyo criterio restrictivo no comparto (sala B de esta Cámara, Rev. LA LEY, t. 84, p. 39 y J. A., 1956-IV, p. 316, caso en que había un garaje en el que no existía lugar de exhibición; sala A, Rev. LA LEY, t. 115, p. 465 y J. A., 1964-III, p. 391, en el que se dijo que la casa de venta al público no consiste en papeles impresos con sellos de goma).

Sin embargo, pienso que la regla es que en materia de reivindicación de una cosa robada -lo mismo sería si fuese perdida- el reivindicante no debe al poseedor de buena fe los rubros del art. 2768; las excepciones, que son no sólo las de ese precepto sino también las de otros concordantes, no es que deban aprehenderse con criterio restrictivo como enunciaba la vieja regla hermenéutica, sino que no pueden extenderse por analogía a situaciones no previstas en esa ni en ninguna otra norma (Sobre el particular, Salvador Fornieles, "Interpretación de las excepciones", en "Cuestiones de derecho civil", t. I, ps. 33/45, Buenos Aires, 1944, Ed. Revista de Jurisprudencia Argentina, S. A.) El fundamento de la regla general del art. 2768 del Cód. Civil es evidente: el reivindicante no tiene vínculo obligacional con el tercer poseedor de

buena fe, ni ha incurrido frente a él en responsabilidad alguna; si se lo obligase a pagar el precio que el tercero ha desembolsado para adquirir la cosa, la preferencia que la ley le acuerda quedaría desvirtuada,

porque para él equivaldría a perder la cosa misma. (Salvat, "Tratado

por Manuel J. Argañarás, t. III, núm. 2135, p. 743). A su turno, el fundamento de las excepciones a esa regla se encuentra en la imposibilidad práctica en que se halla el comprador, en las distintas situaciones previstas

como tales, de averiguar el título o causa jurídica de la posesión de quien le vende la cosa mueble, posesión que como regla equivale a título (art. 2412) salvo que fuese robada o perdida, y en igual imposibilidad de indagar si el transmitente o uno de sus antecesores la hubo por robo. Es lo que en doctrina se denomina "error invencible" (Lafaille, "Tratado de los derechos reales", t. III, núm. 2069, ps. 431/2; Alterini, su voto en la causa citada).

Como no basta que el tercero sea poseedor de buena fe, ni que haya adquirido la cosa mueble a título oneroso, sino que es necesario sumar ese nuevo requisito del "error invencible", estimo que es necesario indagar en cada caso concreto las circunstancias en que el tercero celebró con su transmitente el acto en cuya virtud la cosa le fue entregada. Cuando esta cosa es un automotor, ya antes de la vigencia del dec.-ley 6582/58 que lo ubicó en la categoría de "muebles registrables" y cuando su transmisión por actos entre vivos se regía por las normas generales sobre cosas muebles, se había resuelto que es exigible al adquirente una investigación sobre la situación jurídica del objeto que, por estar entonces sometido a matriculación municipal era de fácil e inmediata verificación (Cámara Nac. de Apelaciones en lo Comercial, J. A., 1968-I, p. 281 -Rev. LA LEY, t. 128, p. 331-), y que quien adquiría un automotor patentado a nombre de otro que no era quien se lo vendía no actuaba con la diligencia debida si no hacía esas averiguaciones, máxime si se dedicaba habitualmente a ese tipo de operaciones (sala C de esta Cámara, Rev. LA LEY, t. 81, p. 245). Concedido que Formica no sabía, al adquirir el Dodge chocado a Iuvaro, que era un coche robado (en ese sentido y no en el técnico aprecio su alegación de buena fe), no es admisible que no haya obtenido un certificado de dominio entre el 2 de enero de 1979 -fecha en la que afirma haber pagado la seña- y el 8 de ese mes -fecha del recibo extendido por Iuvaro- que le hubiese puesto sobre aviso que Viarnes, quien figuraba como transmitente a Iuvaro según recibo del 26 de diciembre de 1978 exhibido por éste, no era el titular inscripto, y si pesaban o no afectaciones de cualquier índole. Tengo en cuenta, igualmente, que por la condición de abogado del actor no podía ignorar el régimen legal aplicable, y que la experiencia que confiesa en sus agravios por haberse dedicado "desde años" a la compra de autos chocados -mientras era estudiante, dice a fs. 420 y vta., pero la extendió a época posterior ya que se recibió en noviembre de 1974 y otras compras al mismo Iuvaro las hizo en 1978 y 1979 (recibos de fs. 33/36 de la causa penal)- debió advertirle que si compraba recibiendo la documentación que después le fue secuestrada, sin otras previsiones, y sólo reservaba un 25 % del precio para cuando se le entregara el título y poder registrar la transferencia, corría el riesgo de quedarse sin la cosa y sin la parte del precio pagada (sala A, caso cit., Rev. LA LEY, t. 115, p. 465).

derechos reales", 4ª ed. actualizada

En cuanto a lo erogado para arreglar el auto, reconocido como está que al serle robado a De León estaba en perfectas condiciones, que los daños reparados fueron causados mientras estaba en poder de Viarnes, y que la demandada lo recibió al ser nombrada depositaria en situación idéntica a la que tenía cuando padeció el delito, no es a ella a quien puede reclamar su reintegro. Quedan a salvo las acciones contra el ladrón o, en su caso, contra Iuvaro.

IV. Las costas han sido bien impuestas al vencido, por no existir mérito para el apartamiento del principio

objetivo (art. 68, Cód. Procesal). Se equivoca el apelante al decir que fue víctima de un delito; del robo del

automotor fue víctima la aquí, demandada, al igual que del otro hecho por el que se dictó el sobreseimiento parcial y definitivo a fs. 238/241; de la estafa por la que se condenó a Viarnes en concurso real con el robo, resultó víctima José N. Iuvaro. Se lo dijo el Juez de Instrucción al denegar su pedido de ser tenido como parte querellante y parece no querer entenderlo. Igual ligereza revela su apelación en cuanto al monto de regulaciones que no se han practicado. Las costas de esta instancia también deben imponerse al vencido.

V. Por lo expuesto, voto por la afirmativa y propongo confirmar la sentencia en cuanto rechaza la

demanda en todas sus partes, con costas de ambas instancias al actor.

Los doctores Montes de Oca y Burnichón votaron en el mismo sentido por razones análogas a las expresadas en su voto por el doctor Greco.

Por lo que resulta de la votación de que instruye el Acuerdo que antecede, se confirma la sentencia de fs. 401/404 en todo cuanto decide. Costas de la alzada a cargo del actor. - Roberto E. Greco. - Leopoldo Montes de Oca. - Ricardo L. Burnichón. (Sec.: Alejandro Olazábal).