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LAS SERIES DE FOURIER

Y

EL DESARROLLO DEL AN ALISIS EN EL SIGLO XIX

´

Fernando Bombal Universidad Complutense de Madrid

Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

Las series trigonom´etricas surgieron en la Matem´atica en el siglo XVIII, en relaci´on con el estudio de las peque˜nas oscilaciones de medios el´asticos, pero como veremos, su influencia fue decisiva en el desarrollo del An´alisis a lo largo del siglo XIX. Es realmente sorprendente la omnipresencia del tema en multitud de situaciones, de tal modo que puede rastrearse su presencia como motivador de gran parte de los desarrollos m´as importantes acaecidos en este siglo, desde la evoluci´on de la noci´on misma de funci´on hasta el comienzo de la topolog´ıa o los n´umeros transfinitos, pasando por el desarrollo de las distintas nociones de integraci´on. De ello trataremos en esta charla.

1.- El Problema de la Cuerda Vibrante.

A partir del desarrollo del C´alculo en el siglo XVII, ´este se hab´ıa convertido en la

principal herramienta para estudiar y modelizar la Naturaleza. La idea b´asica era repre- sentar la evoluci´on de un fen´omeno natural por medio de una ecuaci´on diferencial que relacionaba las distintas magnitudes relevantes en el fen´omeno. Esta ecuaci´on se obten´ıa a partir de un an´alisis del fen´omeno a nivel infinitesimal, utilizando un reducido n´umero de leyes naturales que se hab´ıan ido descubriendo. Los fen´omenos que pod´ıan describirse en t´erminos de una sola variable ven´ıan as´ı regidos por ecuaciones diferenciales ordinarias, que relacionaban la funci´on inc´ognita con sus derivadas. Por ejemplo, la posici´on y(t) (en funci´on del tiempo) de un punto material de masa m que se desplaza a lo largo de una recta atra´ıdo por un centro atractivo O por una fuerza proporcional a la distancia al

centro, satisface la ecuaci´on diferencial

cuya soluci´on general es

d 2 y

m

dt 2

= ky

(k constante > 0),

y(t) = C 1 sen ωt + C 2 cos ωt,

ω =

k

m .

A lo largo del siglo XVII y la primera mitad del XVIII se hab´ıan desarrollado consi-

derablemente los m´etodos de resoluci´on de este tipo de ecuaciones. Sin embargo, cuando en el fen´omeno estudiado depend´ıa de dos o m´as variables significativas, su modelizaci´on ven´ıa dada por una ecuaci´on en derivadas parciales, mucho m´as dif´ıcil de tratar. Uno de

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los primeros fen´omenos estudiados fue el siguiente: Consideremos una cuerda tensa con

los extremos fijos en los puntos x = 0 y x = del eje Ox. Si desplazamos ligeramente la

cuerda de su posici´on de equilibrio y la soltamos, oscilar´a un plano. Se trata de encontrar

la posici´on u = u(x, t) que ocupar´a el punto de abscisa x en el instante t. En el caso de

un s´olo punto material, se trata del problema anteriormente ya citado de la oscilaci´on de

una masa atra´ıda por un centro atractivo.

Este problema fue abordado por Johann Bernouilli en 1727, considerando primero

la oscilaci´on de n masas iguales situadas equidistantes. Para el desplazamiento y k de la

k-´esima masa, Bernouilli hab´ıa obtenido la ecuaci´on en diferencias finitas

d 2 y k

dt 2

= a 2 (y k+1 2y k + y k1 ),

donde a depende de la tensi´on de la cuerda, de la masa total y de la distancia entre las

masas puntuales. Bernouilli resolvi´o esta ecuaci´on y consider´o el caso de la cuerda continua

haciendo tender n a infinito formalmente. De esta manera, obtuvo que, en cada instante

t, la cuerda toma una forma sinusoidal, soluci´on de la ecuaci´on

del tiempo). Este resultado ya hab´ıa sido obtenido en 1715 por J. Taylor.

= ky (con k funci´on

d 2 y

dx 2

En 1747, Jean le Rond D’Alembert, el famoso enciclopedista, se interes´o por el

problema. A trav´es de un an´alisis infinitesimal y las leyes f´ısicas pertinentes, D’Alambert

obtuvo la ecuaci´on diferencial que rige el fen´omeno, a saber:

2 u ∂t

2

=

a 2 2 u ∂x 2 ,

(1.1)

donde a es una constante que depende de las caracter´ısticas f´ısicas de la cuerda y que, por

simplicidad, supondremos en lo que sigue igual a 1. A continuaci´on, tras unas ingeniosas

manipulaciones formales, consigui´o obtener la integral general de la ecuaci´on (1.1) en la

forma

u(x, t) = Ψ(t + x) Ψ(t x)

siendo Ψ una funci´on arbitraria. En un art´ıculo inmediatamente posterior (ambos

aparecieron en 1749), D’Alembert obtiene la soluci´on del problema de la cuerda vibrante

en t´erminos de la posici´on inicial u(x, 0) := f (x) de la cuerda y su velocidad inicial

(x, 0) := g(x). A continuaci´on D’Alembert establece que las funciones f y g no pueden

∂u

∂t

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ser arbitrarias, sino que deben satisfacer ciertas condiciones. Esencialmente, D’Alembert

sostiene que, debido al m´etodo de resoluci´on, las funciones “admisibles” como valores ini-

ciales deber´ıan ser, por un lado, peri´odicas de periodo 2 , y por otro, suficientemente

“lisas”, debiendo verificar la ley de continuidad y una condici´on geom´etrica que equivale,

en t´erminos modernos, a ser dos veces diferenciables (sin “picos”).

Un a˜no despu´es, en 1750, el gran Leonard Euler presenta el primero de los 15

trabajos que dedic´o a este problema, iniciando as´ı un debate que dur´o cerca de 50 a˜nos

y en el que intervinieron la mayor´ıa de los grandes matem´aticos de la ´epoca. La soluci´on

de Euler no difiere t´ecnicamente de la de D’Alembert, aunque s´ı el m´etodo de deducci´on.

Partiendo de la posici´on inicial u(x, 0) := f (x) de la cuerda, obtiene geom´etricamente la

soluci´on en la forma

u(x, t) :=

1

2 f(t + x) + 2 f(t x).

1

Para Euler, esta ecuaci´on funcional describe totalmente el fen´omeno f´ısico y, por tanto, no

supone restricci´on alguna para f . Por tanto, puesto que podemos elegir arbitrariamente

la forma inicial de la cuerda (y Euler pone concretamente el ejemplo de una poligonal),

f puede ser totalmente arbitraria, e.d. “regular y contenida en una cierta ecuaci´on, o

irregular y mec´anica.”

El problema subyacente en esta pol´emica estriba, en primer lugar, en la noci´on misma

de funci´on, que Euler y D’Alembert utilizaban con el mismo nombre, pero con significados

distintos. En general, la idea de funci´on no hab´ıa sido definida con claridad. Para los

matem´aticos del XVIII la noci´on m´as aceptada es la adoptada por el propio Euler en el

Cap´ıtulo I de su famoso Introductio in Analysin Infinitorum, publicado en 1748:

Una funci´on de una cantidad variable es cualquier expresi´on anal´ıtica for-

mada con la cantidad variable y con n´umeros o cantidades constantes.

Una funci´on est´a sujeta a la ley de continuidad si puede expresarse en todo su dominio

por una s´ola expresi´on anal´ıtica, siendo en otro caso discontinua. De modo que, para Euler,

funciones como

son discontinuas.

|x| := x, x,

si

si

x 0 x < 0

Un poco m´as adelante, Euler explicita la idea que ten´ıan todos los matem´aticos de que

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cualquier funci´on admisible en matem´aticas pod´ıa expresarse como una serie de potencias con exponentes naturales, salvo en un n´umero finito de puntos a lo m´as. A lo largo de la obra, Euler fundamenta esta convicci´on obteniendo los desarrollos en serie de una gran cantidad de funciones.

La culminaci´on y sistematizaci´on de esta noci´on de funci´on se encuentra sin duda en la monograf´ıa Th´eorie des fonctions analytiques, publicado en 1797 por J. L. Lagrange como libro de texto para sus alumnos de la Ecole Polytechnique, fundada pocos a˜nos antes

para formar a las nuevas generaciones de t´ecnicos y cient´ıficos que debieran llevar a Francia a la cabeza del desarrollo cient´ıfico e industrial despu´es de la Revoluci´on. En este libro que, como orgullosamente declara su autor, presenta la teor´ıa de funciones y el c´alculo diferencial ‘ ‘liberados de toda consideraci´on acerca de infinitesimales, cantidades evanescentes, l´ımites

Lagrange define de hecho una funci´on por su desarrollo en serie de potencias

o fluxiones

(aunque intenta dar una demostraci´on de la posibilidad de tal desarrollo), y las derivadas sucesivas como los correspondientes coeficientes en el desarrollo en serie de la funci´on.

,

Es esta noci´on de funci´on la que adopta y defiende D’Alembert en el debate sobre la cuerda vibrante, junto con la postura m´as ortodoxa sobre la utilizaci´on rigurosa de las leyes del c´alculo.

Euler, por su parte, motivado por la naturaleza f´ısica del problema, defend´ıa que la soluci´on obtenida era v´alida para cualquier funci´on “arbitraria” (mec´anica en su notaci´on, para indicar una funci´on cuya gr´afica est´a “trazada al azar”). Este problema, junto con otros de naturaleza geom´etrica, hicieron a Euler considerar su primera definici´on de funci´on como demasiado restrictivo. As´ı, en su Institutiones Calculi Differentialis da una nueva definici´on que, en sentido literal, no estar´ıa demasiado lejos de la concepci´on moderna de funci´on:

cambian, lo

hacen tambi´en las primeras, se dice que las primeras cantidades son funciones

de las ultimas.”´

“Si unas cantidades dependen de otras, de modo que si las ultimas´

No obstante, la idea actual de funci´on como correspondencia arbitraria era sencilla- mente extra˜na a Euler (y, en general, al pensamiento de la ´epoca). Simplemente, Euler quer´ıa se˜nalar que pod´ıan ser objeto de estudio en Matem´aticas funciones m´as generales

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que las obtenidas por medio de una expresi´on anal´ıtica concreta. Realmente, las funciones

admitidas por Euler como posici´on inicial de la cuerda ser´ıan lo que en lenguaje moderno

llamar´ıamos “funciones continuas, de clase C 1 a trozos”. De hecho, las confrontaciones m´as

intensas entre Euler y D’Alembert se refer´ıan a la posibilidad de considerar como funciones

v´alidas a las que tuvieran “picos” (como las poligonales a trozos), e.d., con derivada dis-

continua en algunos puntos. Euler admit´ıa las objeciones de D’Alembert desde el punto de

vista del rigor, pero defend´ıa la necesidad de encontrar nuevos instrumentos matem´aticos

para extender las leyes del c´alculo conocido a situaciones m´as generales, justificados en todo

caso por la evidencia f´ısica del problema. Es de destacar la postura pionera de Euler en el

problema de las “soluciones generalizadas” de una ecuaci´on diferencial. Se trata, como en

el caso de la cuerda vibrante, de conciliar la evidencia emp´ırica de que muchos problemas

que se modelizan a trav´es de ecuaciones diferenciales, tienen soluciones reales no regulares

desde el punto de vista matem´atico. Ya hemos se˜nalado una de las posibilidades, adop-

tada por Euler: modificar el modelo matem´atico por otro que no exija restricciones tan

severas a las soluciones. Tambi´en Euler dio los primeros pasos en el m´etodo de las “solu-

ciones d´ebiles”: Se trata de aproximar una funci´on “mec´anica” arbitraria f por funciones

regulares, obtener la soluci´on “cl´asica” (a lo D’Alembert) de (1.1) para estas funciones y

representar la soluci´on original como l´ımite (en alg´un sentido) de estas soluciones cl´asicas.

Uno de los intervinientes en el largo debate sobre la cuerda vibrante fue Daniel

Bernouilli, amigo de Euler y perteneciente a la conocida familia de matem´aticos de origen

suizo. Daniel Bernouilli era esencialmente lo que hoy llamar´ıamos un f´ısico matem´atico.

Por ello, los razonamientos f´ısicos primaban para ´el sobre los argumentos matem´aticos.

En consecuencia, retomando los argumentos de su padre Johann, propuso en 1753 que

la posici´on general de la cuerda debiera obtenerse por superposici´on (e.d., combinaci´on

lineal, eventualmente infinita) de las vibraciones elementales sinusoidales que su padre

hab´ıa encontrado como soluci´on. M´as precisamente, propuso como soluci´on

u(x, t) = α(t) sen πx + β(t) sen 2πx + γ(t) sen 3πx + · · ·

(1.2)

En particular, la posici´on inicial u(x, 0) := f (x) debiera poder expresarse como una serie

trigonom´etrica. Por supuesto, Bernouilli no dio ninguna indicaci´on sobre c´omo calcular

los “coeficientes” α, β, γ,

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La soluci´on de Bernouilli fue rechazada por Euler por no ser lo suficientemente general. Aunque reconoci´o la importancia de las observaciones de Bernouilli en el aspecto f´ısico del problema, consideraba matem´aticamente inaceptable que cualquier funci´on arbitraria pudiera representarse por medio de una suma trigonom´etrica. Para Euler,

todas las curvas contenidas en esta ecuaci´on [se refiere a (1.2)] incluso cuando aumentamos el n´umero de t´erminos hacia infinito, tienen ciertas carac- ter´ısticas que las distinguen de otras curvas.

Entre esas caracter´ısticas, Euler hace hincapi´e en la periodicidad. Un error tan evi- dente (es obvio que lo relevante para el problema es lo que sucede en el intervalo [0, ]), pone claramente de manifiesto la dificultad en asimilar la idea moderna de “dominio” de una funci´on, incluso por un hombre como Euler, protagonista de la transici´on entre la antigua teor´ıa de funciones y la nueva. Para Euler, como para todos sus contempor´aneos, una funci´on se asocia siempre con la totalidad del dominio en el que “existe”. Otra de las objeciones de Euler hac´ıa referencia a la determinaci´on de los coeficientes α, β, γ, etc., tarea que le parec´ıa “sin duda muy dif´ıcil, por no decir imposible.”.

D’Alembert, por una vez, coincidi´o con Euler para rechazar la soluci´on de Bernouilli. Incluso fue m´as lejos, afirmando que ni siquiera cualquier funci´on peri´odica podr´ıa repre- sentarse por una serie trigonom´etrica.

En el fondo, como se˜nal´o H. Lebesgue en 1906, las objeciones de Euler y D’Alembert ten´ıan un significado muy profundo. En efecto, si consideramos la posici´on inicial de la cuerda como una poligonal, resulta que una serie trigonom´etrica (que es una expresi´on anal´ıtica) representar´ıa una funci´on lineal en un subintervalo de [0, ] y otra funci´on li- neal distinta en otro subintervalo; e.d., dos expresiones anal´ıticas deber´ıan ser iguales en un intervalo y desiguales en otro, lo que parec´ıa imposible. (¡N´otese que para series de potencias, esto es claramente imposible!).

2.- La teor´ıa de la transmisi´on del calor y la resoluci´on de E.D.P.

La invenci´on de la m´aquina de vapor, base de la Revoluci´on Industrial, despert´o el inter´es por el desarrollo de una teor´ıa matem´atica de la conductividad del calor, m´as tarde concretada en la termodin´amica. Varios matem´aticos y f´ısicos, como Laplace, Lavoisier,

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Biot, et. realizaron investigaciones en este campo. En el a˜no 1811 el Institut de France

convoc´o un concurso cuyo objeto eral “proporcionar una teor´ıa matem´atica de las leyes de

propagaci´on del calor y comparar esta teor´ıa con experimentos.” El ganador del premio

fue el acad´emico Jean B.Fourier. De familia modesta (era hijo de un sastre de Auxerre),

Fourier estudi´o en la Escuela militar de su ciudad natal, de donde lleg´o a ser Profesor. Se

adhiri´o a las ideas de la Revoluci´on y particip´o activamente en la pol´ıtica. Tras participar

como estudiante en la creaci´on de la Ecole Normale en 1794, pas´o a ser Profesor de la misma

y posteriormente de la Ecole Polytechnique. En 1798 particip´o, junto con Monge y muchos

otros cient´ıficos, en la expedici´on de Napole´on a Egipto, y se convirti´o en un admirador y

experto de la cultura egipcia. Regres´o a Francia en 1801 y al a˜no siguiente fue designado

Prefecto del Departamento de Is`ere. En 1815, se traslad´o a Paris, dedic´andose desde

entonces casi exclusivamente a su actividad cient´ıfica. En 1817 fue designado miembro de

la reci´en refundada Academia de Ciencias, de la que se convirti´o en Secretario Perpetuo

en 1822.

Fourier, hombre comprometido con los problemas de su ´epoca, conceb´ıa las

matem´aticas, y especialmente el an´alisis infinitesimal, como el instrumento fundamen-

tal para comprender la Naturaleza, dome˜narla y adaptarla a las necesidades del Hombre.

como dice claramente en el Discours Pr´eliminaire,

Las causas primeras las desconocemos, pero est´an sujetas a leyes simples y

constantes que pueden ser descubiertas por medio de la observaci´on. Este el

es objeto de la Filosof´ıa Natural

Pero, una vez realizadas una serie de observaciones emp´ıricas, es necesario obtener

un modelo del fen´omeno en t´erminos matem´aticos, y m´as precisamente, por medio de

´

“ Este es el camino que hay que seguir para avanzar nuestro

conocimiento sobre la Naturaleza”. Vemos, pues, que Fourier es el paradigma de lo que hoy

llamar´ıamos un “matem´atico aplicado” (como lo eran la mayor´ıa de sus contempor´aneos).

La motivaci´on para desarrollar teor´ıas matem´aticas “abstractas” (a las que, como veremos,

Fourier contribuy´o en gran medida) debe ser siempre la obtenci´on de nuevas herramien-

tas que permitan resolver los problemas planteados por la observaci´on de la Naturaleza.

ecuaciones diferenciales.

Tambi´en hay que destacar en Fourier su concepci´on de la Ciencia como elemento esencial

del progreso de la Sociedad civil. En contrapartida, el rigor en el razonamiento no es lo

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m´as importante.

Con estas premisas, no es de extra˜nar que Fourier se interesara por la teor´ıa de la

transmisi´on del calor. De hecho, hab´ıa presentado una extensa Memoria al Instituto en

1807 que no fue publicada. En el informe del Jurado sobre la concesi´on del premio convo-

cado por el Instituto, se lee

“Este trabajo contiene las ecuaciones diferenciales correctas que gobiernan

la transmisi´on del calor, tanto en el interior de los cuerpos como en su su-

perficie, y la novedad del tema junto con su importancia, ha motivado la

Sin embargo, la forma como el autor obtiene sus

y el an´alisis de su soluci´on deja algo que desear tanto en lo

concesi´on del premio

ecuaciones

concerniente a la generalidad [de la soluci´on] como al rigor.”

Probablemente estas objeciones fueron la raz´on por la que el trabajo ganador no fuera

publicado inmediatamente (como era costumbre), y tuviera que esperar hasta 1824 para

su aparici´on, cuando ya Fourier era Secretario Perpetuo de la Academia.

Las ecuaciones obtenidas por Fourier son:

k

2 u ∂x 2

= ∂u

∂t

;

k 2 u ∂x 2

+

2 u = ∂u

∂y 2

∂t

;

k 2 u ∂x 2

+ 2 u + 2 u = ∂u

∂y 2

∂z 2

∂t ,

seg´un se trate de una barra, un recinto plano o un cuerpo s´olido, donde u = u(x, t) es

la temperatura en el instante t del cuerpo, en el punto de coordenadas x. Por supuesto,

las soluciones buscadas deben verificar ciertas condiciones de contorno. A la resoluci´on

de distintos casos particulares (barras, cilindros, esferas, etc.) dedic´o Fourier una serie de

art´ıculos que culminaron en su renombrada Th´eorie analytique de la chaleur, publicada en

1822. En esta obra, Fourier, a trav´es de un gran n´umero de ejemplos, desarrolla una serie

de ideas y de t´ecnicas que iban a ser el modelo a seguir en las investigaciones posteriores

sobre las Ecuaciones en Derivadas Parciales. Probablemente, nada mejor que reproducir

uno de los ejemplos de Fourier para acercarnos al esp´ıritu de la obra: Consideremos el

problema de la determinaci´on de la temperatura estacionaria en el interior de una placa

infinita de forma rectangular, cuyos bordes se mantienen a temperatura prefijada (p.e., 0

grados en los lados (infinitos) superiores y a distancia infinita, y 1 grado en el borde finito).

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En este caso, u = 0 y se trata de encontrar la soluci´on de la ecuaci´on diferencial

∂t

2 u + 2 u

∂x 2

∂y 2

:= ∆u = 0

(2.1)

en el dominio x > 0,

y = π , y = π

π

2

<

y

<

π , que sea igual a 1 para x = 0 y se anule para

2

2

2

, y para x tendiendo a .

Para resolver este problema, Fourier utiliza su m´etodo favorito de separaci´on de varia-

bles (ya empleado por D’Alembert y Bernouilli con anterioridad): Tratemos de encontrar

soluciones de la forma u(x, y) = v(x)w(y). Sustituyendo en la ecuaci´on (2.1), resulta que

ha de cumplirse

v (x)

v(x)

=

w (y)

w(y) .

Como el primer miembro depende s´olo de x y el segundo de y, s´olo pueden ser iguales si

ambos son una constante λ. Obtenemos as´ı dos ecuaciones diferenciales ordinarias, f´aciles

de resolver. Pero Fourier es m´as directo y, simplemente, dice

tomar v(x) = e mx y w(y) = cos ny.” Sustituyendo en (2.1), se obtiene m 2 = n 2 (= λ). De

la condici´on (iii), resulta m < 0, y de la (ii) que n = (2k 1) (k N) y m = n. As´ı

vemos que podemos

pues, las funciones

u k (x, y) = e (2k1)x cos(2k 1)y (k N),

satisfacen todas las condiciones, salvo la (i). Retomando el “principio de superposici´on”,

Fourier trata entonces de buscar una soluci´on como “superposici´on” de las anteriores, es

decir, de la forma

u(x, y) =

n=0

a n u n (x, y),

para unos coeficientes (a n ) adecuados. Para determinar estos coeficientes, Fourier utiliza

la condici´on (i), obteniendo

1 =

n=1

a n cos(2n 1)y,

para

π

2

< y < π

2 .

A continuaci´on, emplea formalmente el m´etodo habitual de eliminaci´on de par´ametros,

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derivando la serie t´ermino a t´ermino y haciendo y = 0, lo que le conduce a las ecuaciones

1

0

0

=

=

=

n=1

n=1

n=1

.

.

.

a n .

(2n

1) 2 a n .

(2n 1) 4 a n .

(2.2)

esto es, un sistema de infinitas ecuaciones lineales con infinitas inc´ognitas. Para resolverlo

Fourier propone truncar el sistema, considerando s´olo las n primeras ecuaciones con n

inc´ognitas, que resuelve, obteniendo las soluciones a

ciendo tender n a infinito, obtiene el “verdadero valor” a k = lim n a

resultando

. Finalmente, ha-

, para cada k,

(n)

1

(n)

2

,

.

.

.

(n)

n

, a

, a

(n)

k

a k = 4

π

(1) k1

2k 1 .

Obviamente, se pueden poner serias objeciones al proceder de Fourier: Deriva t´ermino a

t´ermino una serie, cuando sabemos que, en general, este proceso no es correcto; Tampoco

el m´etodo empleado para resolver (2.2) es ortodoxo, (de hecho, cuando se sustituyen los

valores calculados para a k en el sistema (2.2), las series resultantes son divergentes, a partir

de la segunda), etc. El mismo Fourier no parece estar muy convencido de la correcci´on

del m´etodo empleado, pues a˜nade: “Como estos resultados parecen desviarse de las con-

secuencias ordinarias del c´alculo, es necesario examinarlos con cuidado e interpretarlos

en su verdadero sentido”. Y prueba directamente que la suma de la serie obtenida para

x = 0 es constante e igual a 1 en el intervalo se˜nalado (primera vez que aparece expl´ı

citamente el concepto de campo de convergencia de una serie). Finalmente, afirma que la

serie obtenida para u es soluci´on del problema de contorno propuesto.

M´as adelante, Fourier insiste de nuevo en que

“Debe ser uno muy cuidadoso con los c´alculos realizados con estas series

El

punto esencial es identificar los l´ımites entre los que el desarrollo es v´alido

Como estos l´ımites no son los mismos para todas las ecuaciones, pueden

obtenerse resultados err´oneos al combinar series diferentes ”

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Hay que decir que la postura de Fourier sobre la noci´on de convergencia de una serie funcional es muy novedosa para la ´epoca, ya que a lo largo del siglo XVIII, los matem´aticos hab´ı an utilizado las series sin ninguna restricci´on, operando con ellas como si fueran sumas finitas. Fourier no dispon´ı a de criterios para asegurar la convergencia, por lo que, con gran habilidad, haciendo uso de su conocimiento de resultados previos en sumaci´on de series num´ericas, tuvo en cada caso que calcular la suma de los m primeros t´erminos de cada serie directamente. El avance sustancial en este campo iba a venir de manos de Cauchy, quien iba a desarrollar una serie de criterios generales de convergencia, basados en el llamado “criterio de Cauchy” (enunciado poco antes, en 1817, por B. Bolzano en un importante, pero muy poco conocido trabajo, publicado en las Actas de la Real Sociedad Cient´ı fica de Bohemia.)

Volviendo al problema que nos ocupa, notemos que si se consideran otras condiciones de contorno, aparecen soluciones particulares formadas por una combinaci´on de senos y cosenos. Por otro lado, como cualquier funci´on arbitraria f podr´ıa ser, en un caso real,

la temperatura en el segmento π

(recordemos el argumento de Euler en el

debate sobre la cuerda vibrante), resulta, de la existencia de soluci´on del problema f´ısico,

que necesariamente toda funci´on arbitraria en un intervalo puede desarrollarse en serie de senos y cosenos del tipo (suponiendo por comodidad que el intervalo es el [π, π]):

2

<

y

<

π

2

f(x) =

n=0

(a n cos nx + b n sen nx).

(2.3)

Fourier hace menci´on expresa de la validez del desarrollo para toda funci´on arbitraria 1 , aunque a la vista de los m´ultiples ejemplos que aparecen en la Th´eorie analytique de la chaleur, parece claro que Fourier est´a pensando en lo que hoy llamar´ıamos funciones continuas a trozos, con a lo m´as una cantidad finita de puntos de discontinuidad de salto.

Una vez establecida la existencia del desarrollo (¡por el imperativo categ´orico de la evidencia f´ısica!), Fourier siente la necesidad de justificar matem´aticamente esta afirmaci´on, aunque identifica la demostraci´on de la existencia del desarrollo con la determinaci´on de

1 En palabras de Fourier: No suponemos que estas ordenadas [ f(x)] est´en sujetas a una ley com´un a todas ellas; se suceden unas a otras de una manera arbitraria, y cada una de ellas viene dada como si fuera una cantidad aislada

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los coeficientes a n , b n que aparecen en el mismo. Su primer m´etodo consiste en considerar

separadamente el caso de funciones impares (en cuyo desarrollo aparecen s´olo senos) y

funciones pares (que desarrolla en serie de cosenos). En cada caso, considera la expresi´on

(2.3) y desarrolla f en serie de potencias (impares en el primer caso; pares en el segundo)

y hace lo mismo con el segundo miembro, utilizando los conocidos desarrollos en serie de

las funciones seno y coseno. Tras identificar coeficientes y un an´alisis largo y complicado,

obtiene la expresi´on de los coeficientes en forma de integrales definidas (cuya notaci´on

actual, por cierto, se debe al mismo Fourier).

El segundo m´etodo es mucho m´as sencillo y directo, y est´a basado en las relaciones

de ortogonalidad de las funciones trigonom´etricas:

π

π

sen nx cos mx dx = 0,

(n, m = 0, 1, 2,

.)

π sen nx sen mx dx =

π

π

π

π cos 2 nx dx =

π

π

π

cos nx cos mx dx = 0

(n

= m),

sen 2 nx dx = π

(n

= 0).

Si ahora multiplicamos ambos miembros de (2.3) sucesivamente por sen nx y cos mx e

integramos entre π y π ambas expresiones, admitiendo la validez de la integraci´on t´ermino

a t´ermino de la serie, resulta inmediatamente

a n =

π

π

1

π

f (x) cos nx dx

,

b n =

π

π

1

π

f (x) sen nx dx

(2.4),

que son los llamados coeficientes de Fourier de f .

La integraci´on t´ermino a t´ermino de una serie no repugnaba en absoluto las exigencias

de rigor de la ´epoca, y s´olamente fue puesto en cuesti´on este hecho mucho m´as tarde.

Sin embargo, debido a la arbitrariedad de f , Fourier se siente obligado a justificar la

existencia de las integrales en (2.4). Durante el siglo XVIII, debido al gran desarrollo del

c´alculo, la integraci´on se consideraba simplemente la operaci´on inversa de la derivaci´on,

obteni´endose la integral definida por medio de la “regla de Barrow”. Pero la existencia de

una primitiva para una “funci´on arbitraria”, sin una expresi´on anal´ıtica definida, era un

problema no trivial. Por ello, Fourier justifica la existencia de las integrales retomando la

idea original de ´area del correspondiente recinto de ordenadas, cuya existencia nadie pon´ıa

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

en cuesti´on (aunque el c´alculo efectivo pudiera ser dif´ıcil). Aparece as´ı por primera vez

b f (x) dx como un ´area, cuando f es una

funci´on “arbitraria”.

claramente planteado el problema de definir

a

Fourier hace tambi´en una menci´on a la soluci´on del problema de la cuerda vibrante

dada por Daniel Bernouilli, se˜nalando que su error hab´ıa consistido en no poder demostrar

concretamente c´omo pod´ıan calcularse los coeficientes de la serie.

3.- Las series trigonom´etricas y la teor´ıa de la Integral.

La afirmaci´on de Fourier de la posibilidad de desarrollar en serie trigonom´etrica

cualquier funci´on arbitraria fue r´apidamente aceptada por la mayor´ıa de sus contem-

por´aneos, aunque no as´ı su pretendida demostraci´on. Los analistas m´as prestigiosos de

la ´epoca, como Poisson, Cauchy, etc. dieron demostraciones alternativas, todas ellas

incorrectas. El primero en obtener una demostraci´on correcta, aunque imponiendo condi-

ciones restrictivas sobre f , fue P. L. Dirichlet, en un art´ıculo publicado en el Journal

de Crelle en 1829. Tras criticar la demostraci´on de Cauchy, Dirichlet hace la primera

aportaci´on importante al problema, expresando la suma de los n primeros t´erminos de la

serie de Fourier de una funci´on f en [π, π] como

S n (f )(x) =

n

k=0

(a k cos kx + b k sen kx) =

π

π

1

π

1

f(t) sen(n + 2 (t x)) 2sen 2 (t x)

1

dt

A partir de aqu´ı, ´este ha sido el punto de partida del estudio de la convergencia de una

serie de Fourier que, por tanto, resulta equivalente al estudio de la existencia del l´ımite

cuando n tiende a de integrales del tipo:

I n = h

0

sennx

senx

f (x) dx.

(Integrales de Dirichlet). Tras un proceso largo y absolutamente riguroso, Dirichlet logra

probar que si f satisface las hip´otesis:

I) f es continua en [π, π], salvo a lo m´as en un n´umero finito de puntos, en los que

posee l´ımites laterales.

II) f posee un n´umero finito de m´aximos y m´ınimos en el intervalo,

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

entonces la serie de Fourier de f converge a la mitad del “salto”

en cada punto (en particular, converge a f (x) en cada punto de continuidad).

2 1 (f (x + 0) + f (x 0))

Las funciones consideradas por Dirichlet cubr´ıan el campo de las que habitualmente

se consideraban en la Matem´atica de la ´epoca. No obstante, Dirichlet comenta que

“Falta considerar el caso donde no se cumplen las condiciones impuestas.”

Respecto a la hip´otesis (I), el problema fundamental era dar sentido a la integral

definida de una funci´on con infinitas discontinuidades. Cauchy hab´ıa demostrado la exis-

tencia de la integral de una funci´on acotada con un n´umero finito de discontinuidades,

defini´endola como el l´ımite de las ´areas de los rect´angulos inscritos en la gr´afica de la

funci´on, cuya base son subintervalos de particiones cada vez m´as finas del intervalo to-

tal. Dirichlet cre´ıa que, efectivamente, se pod´ıa obtener una noci´on de integral con las

propiedades habituales para funciones mucho m´as generales, aunque

“Claramente se siente la necesidad de imponer alguna restricci´on, pues, por

ejemplo, la funci´on que es igual a una constante c cuando x es racional y

a una constante d

= c cuando x es irracional no puede tener una integral

definida.”

´

Esta es otra de las contribuciones importantes del art´ıculo de Dirichlet, pues es el

primer ejemplo constatado de la noci´on moderna de funci´on como correspondencia arbi-

traria entre dos conjuntos de n´umeros, sin necesidad de venir dada por una expresi´on

anal´ıtica. Esta idea aparece a´un m´as claramente en la definici´on de funci´on continua que

aparece en la versi´on ampliada del trabajo de Dirichlet publicada en 1837 en Repertorium

der Physik, una revista dirigida por el mismo Dirichlet:

“Si a cada x de un intervalo corresponde un unico´ y finito, de manera que

cuando x recorre continuamente el intervalo, y = f (x) tambi´en cambia grad-

ualmente, se dice que y es una funci´on continua de x. No es necesario

que y depende de x con la misma ley en todo el intervalo

tampoco es preciso que la dependencia sea expresable por medio

de operaciones matem´aticas

ni

En cuanto a la hip´otesis (II), Dirichlet pensaba que pod´ıa suprimirse, al menos en el

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

caso de funciones continuas.

El trabajo de Dirichlet prob´o de manera inequ´ıvoca lo que ya N. Abel hab´ıa mostrado con un contraejemplo: que las series de Fourier pod´ıan representar funciones discontinuas y, por tanto, la inexactitud del teorema de Cauchy sobre la continuidad de la suma de una serie de funciones continuas. La b´usqueda de condiciones para que se verificara este resultado deseable condujo al descubrimiento de la noci´on de convergencia uniforme (de- sarrollada, entre otros, por el mismo Dirichlet en su Seminario de Berlin).

La extensi´on del marco de validez de su teorema fue propuesto como Tesis doctoral por Dirichlet a uno de sus mejores disc´ıpulos, R. Lipschitz, quien consigui´o extender la noci´on de integral para funciones acotadas con posiblemente infinitos puntos de discontinuidad, pero siempre que este conjunto tuviera un n´umero finito de puntos de acumulaci´on o puntos l´ımite. El trabajo de Lipschitz en este sentido, pese a sus limitaciones, es interesante porque sustenta la idea, ya apuntada por Dirichlet, de que la integrabilidad de una funci´on est´a relacionada con el tama˜no del conjunto de sus puntos de discontinuidad. El dilucidar la noci´on correcta de tama˜no iba a ser un punto fundamental de las investigaciones sobre el tema en los 50 a˜nos siguientes.

Buscando condiciones alternativas a la (II), Lipschitz introdujo la condici´on que lleva su nombre y comenz´o el estudio de las funciones lipschitzianas.

El mejor de los disc´ıpulos de Dirichlet fue sin duda Bernhard Riemann, uno de los grandes genios matem´aticos de todos los tiempos. Su temprano inter´es por las series trigonom´etricas probablemente fue debido a su relaci´on con Dirichlet, a cuyos Seminarios asisti´o en Berlin desde 1849. Pronto Dirichlet mostr´o un inter´es especial por el joven Riemann quien, a su vez, consideraba a Dirichlet el matem´atico m´as grande de su ´epoca.

Tras presentar su Tesis en Gottinga en 1851, eligi´o para su trabajo de Habilitation- sschrift en 1854 el estudio de la representaci´on de funciones en serie trigonom´etrica. Tras discutir la contribuci´on de Dirichlet, Riemann hace notar que parece razonable suponer

funciones que no cubre el an´alisis de Dirichlet, no ocurren en la naturaleza.” No

obstante, como hab´ıa mantenido Dirichlet, pensaba que merec´ıa la pena considerar el caso de funciones m´as generales, que parec´ıan tener cada vez m´as importancia en los dominios de la Matem´atica pura.

que

las

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

Riemann comienza con la cuesti´on planteada por Dirichlet: ¿Cu´ando una funci´on es integrable?. Riemann interpreta la noci´on de integrabilidad en un sentido pr´oximo al de

Cauchy, pero en lugar de restringirse a las funciones continuas, considera la totalidad de las funciones acotadas integrables, es decir, aquellas para las que existe el l´ımite de las

sumas

S P (f, ξ) =

n

i=1

f(ξ i )δ i ,

donde P = {a = x o < x 1 <

y δ i = x i x i1 (n´otese que, a diferencia de Cauchy, Riemann considera tambi´en sumas

en las que f se eval´ua en un punto arbitrario ξ i [x i1 , x i ]). Pero Riemann no se limita

a dar la definici´on y comprobar la validez de las propiedades usuales para la nueva in-

tegral. Inmediatamente da condiciones necesarias y suficientes para que una funci´on sea integrable, lo que le permite establecer grandes clases de funciones que son integrables (las continuas y las mon´otonas, entre ellas). Tambi´en da ejemplos de funciones integrables con infinitos puntos de discontinuidad (que, adem´as, forman un conjunto denso en un in- tervalo). En suma, establece una teor´ıa potente y vers´atil que aplica con extraordinario aprovechamiento a muchos problemas del An´alisis. En particular, obtiene resultados pro- fundos en la teor´ıa de series trigonom´etricas (¡no necesariamente de Fourier!; es el primer matem´atico que realiza esta distinci´on) y, en fin, establece m´etodos en este campo que mar- car´an la pauta en las investigaciones posteriores. Sin embargo, su trabajo no fue conocido

hasta 10 a˜nos despu´es de su muerte, cuando R. Dedekind lo incluy´o en los Abhandlungen der K¨oniglichen Gesellschaft der Wissenschaften zu G¨ottingen.

x n = b} es una partici´on del intervalo [a, b], ξ i [x i1 , x i ]

La definici´on de integral de Riemann es la m´as general que puede obtenerse basada en

el m´etodo de Cauchy de aproximaci´on por sumas asociadas a particiones del intervalo de

integraci´on (que, en ultimo´ t´ermino, se remonta a Arqu´ımedes y al m´etodo de exhausci´on empleado por los griegos para el c´alculo de ´areas de figuras no poligonales). Una genera- lizaci´on posterior parec´ıa impensable. La consideraci´on de la clase de todas las funciones

integrables parece obvia desde nuestra perspectiva, pero supuso en su tiempo un cambio radical en la idea de funci´on (al desligar esta noci´on de cualquier consideraci´on sobre la naturaleza y propiedades concretas de la misma), y en la propia visi´on de las matem´aticas. La siguiente opini´on de P. Du Bois-Reymond (1883) fue generalmente compartida por los matem´aticos del siglo XIX: “Riemann ha logrado extender el concepto de integral a sus

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

posibilidades m´as extremas”. Durante mucho tiempo, las funciones integrables Riemann

constituyeron el universo de funciones razonables m´as amplio concebible, y las condiciones

de integrabilidad de Riemann, las m´as d´ebiles que se pod´ıan imponer a una funci´on.

4.- Las series trigonom´etricas y el inicio de la Topolog´ıa y la Aritm´etica Trans-

finita.

La clarificaci´on de la noci´on de convergencia de series y sucesiones funcionales, iniciada

por el contraejemplo de Abel y continuada por los trabajos de Dirichlet, puso tambi´en de

manifiesto que no era posible, en general, intercambiar los signos e (como afirmaba

otro de los teoremas de Cauchy en el Cours d’Analyse). Que la convergencia uniforme

era una condici´on suficiente para ello, fue probado por Karl Weierstrass. Estas inves-

tigaciones pon´ıan en cuesti´on, como se˜nal´o E. Heine en 1870, el resultado (t´acitamente

asumido desde la “demostraci´on” de Fourier) de que una funci´on f acotada en el intervalo

[π, π] pod´ıa representarse a lo m´as de una s´ola manera por una serie trigonom´etrica de

la forma

1

2 a 0 +

n=1

(a n cos nx + b n sen nx) .

(4.1)

De hecho, como hab´ıa se˜nalado Riemann, existen funciones representadas por series

trigonom´etricas cuyos coeficientes no son necesariamente los dados por las f´ormulas de

Fourier.

El problema -se lamentaba Heine- es que la importancia que se hab´ıa dado hasta

entonces a la representaci´on de una funci´on por medio de una serie trigonom´etrica, resid´ıa

en gran parte en la unicidad del desarrollo, es decir, en la certeza de que se obten´ıa el

mismo desarrollo, cualquiera que fuera el m´etodo empleado. Ciertamente, una serie de

Fourier que represente una funci´on discontinua, no puede converger uniformemente, pero

incluso

no “

sabemos con certeza si es posible representar una funci´on continua

dada por una serie trigonom´etrica uniformemente convergente.”

(Un poco m´as tarde, en 1876, P. Du Bois Reymond dar´ıa el primer ejemplo de una

funci´on continua cuya serie de Fourier no converge a la funci´on en alg´un punto.)

Por tanto, Heine consideraba que, adem´as de la posibilidad de la representaci´on (4.1),

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

era tambi´en crucial el problema de la unicidad de la misma. Restando dos posibles repre-

sentaciones, el problema se reduc´ıa a ver si de

1

2 a o +

n=1

(a n cos nx + b n sen nx) = 0,

(4.2)

se deduc´ıa necesariamente que a n = b n = 0, n.

usando t´ecnicas desarrolladas por Riemann, prob´o que la respuesta era afirmativa si la

convergencia de la serie (4.2) es uniforme en general, salvo en un conjunto finito P , e.d.,

si la convergencia es uniforme en cualquier subintervalo cerrado que no contenga puntos

de P .

En el trabajo citado de 1870, Heine,

Heine llam´o la atenci´on sobre este tema a su joven colega Georg Cantor. En una

serie de art´ıculos publicados entre 1870 y 1871, Cantor consigui´o eliminar la hip´otesis

de convergencia uniforme, mostrando que la respuesta era afirmativa si simplemente se

supon´ıa que se verificaba (4.2) salvo a lo m´as para los puntos de un conjunto finito P. Poco

despu´es, se plante´o la cuesti´on para el caso de ser P un conjunto infinito. Obviamente,

el resultado no es cierto para cualquier conjunto P, por lo que era preciso determinar la

naturaleza del posible conjunto excepcional P, de modo que a´un se verificara el teorema de

unicidad. Este fue el inicio del inter´es de Cantor por los conjuntos infinitos de n´umeros.

Para estudiar la estructura de estos conjuntos, Cantor comienza, en su famoso art´ıculo

de 1872, dando una construcci´on rigurosa del cuerpo de los n´umeros reales por medio

de las sucesiones de Cauchy de n´umeros racionales (poco antes, J. W. R. Dedekind

hab´ıa presentado su construcci´on por el m´etodo de las “cortaduras”), demostrando sus

propiedades fundamentales, incluyendo la completitud. Con esta s´olida base, aborda el

estudio riguroso de los conjuntos arbitrarios de n´umeros reales. Para ello, Cantor introduce

los conceptos de punto l´ımite y de conjunto derivado de un conjunto, estableciendo sin

demostraci´on lo que se conoce como Teorema de Bolzano-Weierstrass: “Todo conjunto

infinito [acotado] de n´umeros, posee al menos un punto l´ımite”. Finalmente, consigue dar

una respuesta afirmativa al problema de la unicidad cuando la serie (4.2) converge salvo

a lo m´as en los puntos de un “conjunto de Primera Especie” P , es decir, tal que P (n =

para alg´un n (donde P := {puntos l´ımites

deP }, P = (P ) , etc.)

Para entonces, el inter´es de Cantor se centraba m´as en los preliminares del problema

que en el teorema de unicidad que hab´ıa demostrado. En particular, se sinti´o fascinado

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

por el problema de la clasificaci´on de las distintas clases de conjuntos infinitos y la cuesti´on del continuo. En 1873, en una carta a Dedekind, Cantor plantea la pregunta de si N y R pueden ponerse en correspondencia biyectiva. La imposibilidad de tal biyecci´on, cuya prueba encuentra en 1874, es el primero de una serie de importantes resultados sobre la topolog´ıa de la recta real que Cantor obtiene en la siguiente d´ecada.

Por otro lado, el m´etodo seguido para la construcci´on de los conjuntos derivados sucesivos, sugiere a Cantor la posibilidad de extenderlo m´as all´a de un n´umero finito de pasos. En un trabajo de 1880, introduce las nociones de uni´on e intersecci´on arbitraria de subconjuntos y, si P no es de primera especie, define P ( = n=1 P (n , y posteriormente la cadena:

P (+1 = P (

P (2 = P ( ( , .

P ( 2 =

n=1 P (n

En general, esto le permite a Cantor definir P (γ para cada “s´ımbolo infinito” de la forma

γ = n k k + n k1 k1 + ··· n 1 + n o ,

dando as´ı comienzo al estudio de la aritm´etica transfinita.

5.- Otros resultados sobre Series Trigonom´etricas.

Como hemos dicho en la Secci´on anterior, P.Du Bois Reymond dio el primer ejemplo, en 1876, de una funci´on continua cuya serie de Fourier diverge en al menos un punto. En el mismo trabajo prob´o, sin embargo, el resultado m´as fuerte hasta entonces conocido sobre la unicidad. En concreto, si f es una funci´on acotada e integrable Riemann sobre [π, π] (¡la hip´otesis m´as d´ebil entonces concebible!) que admite una representaci´on en serie trigonom´etrica en todo punto del intervalo, necesariamente la serie es la de Fourier de la funci´on. Este resultado fue uno de los grandes logros de la teor´ıa de la integral de Riemann, y le dio el espaldarazo definitivo.

El mismo resultado, para f acotada e integrable Lebesgue fue demostrado por Lebesgue en 1906, con una demostraci´on mucho m´as corta y elegante. Este hecho supuso tambi´en un importante apoyo para la nueva teor´ıa de integraci´on que hab´ıa constru´ıdo Lebesgue en su Tesis. En el mismo orden de ideas, de la Valle`e Poussin extendi´o en 1913 el resultado anterior, suprimiendo la hip´otesis de acotaci´on de la funci´on.

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

Los resultados anteriores son finos, pues se conoc´ıan ejemplos de series trigonom´etricas convergentes en todo punto que no eran la serie de Fourier de ninguna funci´on integrable. Uno de tales ejemplos es:

f(x) =

n=2

sen nx

log n

.

En cuanto a resultados negativos sobre la unicidad, el m´as sorprendente se debe a Men- choff, quien en 1916 construy´o un ejemplo de una serie trigonom´etrica no id´enticamente nula que converge a 0 en casi todo punto.

Durante mucho tiempo el problema abierto m´as importante en este campo fue resolver la conjetura de si la serie de Fourier de una funci´on continua converge en casi todo punto. Los resultados negativos en este tema se fueron acumulando. As´ı, utilizando el llamado principio de condensaci´on de singularidades Steinhaus prob´o en 1913 que exist´ıa una funci´on continua cuya serie de Fourier diverg´ıa en un conjunto infinito, no numerable y denso de [π, π]. En 1926, A. Kolmogoroff encontr´o una funci´on integrable cuya serie de Fourier diverge en todo punto de [π, π]. Por otro lado, Pol y Bohr consiguieron probar en 1933 que si f es continua y peri´odica sobre [π, π], existe un homeomorfismo θ : [π, π] [π, π] de modo que la serie de Fourier de f θ converge uniformemente. Finalmente, culminando una larga serie de esfuerzos, en 1966 Carleson y Hunt lograron demostrar que si f L p (p > 1), e.d., es de potencia p-´esima integrable Lebesgue, entonces su serie de Fourier converge (a f ) en casi todo punto. Este sorprendente resultado reivindica finalmente la afirmaci´on original de Fourier, pues sus “funciones arbitrarias” (funciones continuas a trozos) pertenecen obviamente a L 2 .

En otro orden de cosas, el estudio de las series trigonom´etricas motiv´o tambi´en la posibilidad de interpretar la palabra “representar” de manera diferente a la convergencia puntual, abriendo as´ı el camino a la teor´ıa de espacios funcionales y otras nociones de “proximidad”. Una primera aproximaci´on en esa direcci´on fue la aparici´on de nuevas nociones de convergencia de sucesiones. Una de las primeras fue la convergencia C´esaro, introducida en 1890: Una sucesi´on (a n ) se dice que converge a en el sentido de C´esaro si la sucesi´on de medias aritm´eticas ( a 1 +a 2 +···a n ) converge a en sentido ordinario. Por supuesto, toda sucesi´on convergente es tambi´en convergente en sentido de C´esaro (y con el mismo l´ımite). Pero existen sucesiones no convergentes, como la ((1) n ), que tienen

n

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

l´ımite en el sentido de C´esaro (0 en este caso). Pues bien, el matem´atico h´ungaro Leopold

Fej´er demostr´o que la serie de Fourier de una funci´on integrable Riemann converge en el

sentido de C´esaro a f (x) en todo punto de continuidad x de f y, si f es continua, lo hace

uniformemente en todo el intervalo [π, π]. Por supuesto, Lebesgue extendi´o el resultado

de Fej´er para funciones integrables Lebesgue. Se obtuvieron resultados an´alogos para otras

nociones generalizadas de convergencia (convergencia Abel, etc.)

Abandonando el marco de la convergencia puntual, la aparici´on de la teor´ıa de la

integral de Lebesgue permiti´o extender y completar una serie de resultados que se hab´ıan

ido obteniendo a lo largo del ultimo´ tercio del siglo XIX, expres´andolos en t´erminos de

convergencia en distintos espacios funcionales. As´ı, F. Riesz y E. Fischer, independien-

temente, y como consecuencia de sus trabajos sobre el espacio L 2 de funciones de cuadrado

integrable, consiguen probar que si f L 2 ([π, π]), la serie de Fourier de f converge a f

en la topolog´ıa del espacio L 2 , es decir

n S n f f 2 :=

lim

1

n→∞

lim

π |S n f(x) f(x)| 2 dx 2 = 0.

π

(convergencia en media cuadr´atica, seg´un la notaci´on cl´asica). A partir de aqu´ı, los resul-

tados se fueron encadenando, prob´andose la convergencia en L p (p > 1), la convergencia

distribucional, etc.

A la largo de este r´apido recorrido hist´orico sobre la teor´ıa de series trigonom´etricas,

hemos puesto de manifiesto las conexiones e interrelaciones con muchos otros temas impor-

tantes del an´alisis, la topolog´ıa o la teor´ıa de conjuntos, as´ı como su papel en la aparici´on

y desarrollo de nuevas ideas y teor´ıas que despu´es han crecido pujantemente por s´ı mis-

mas. Este era nuestro objetivo, declarado al comienzo de la charla, que esperamos haber

cumplido.

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Las Series de Fourier.

Fernando Bombal

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BIBLIOGRAF IA SUCINTA

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