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Título: LA CONFIGURACION DE LAS MASCULINIDADES A PARTIR DEL IMPACTO DEL ALCOHOLISMO

Autora: Peky Rubín de Celis

Tema en el que se inserta: Temas Libres

Objetivos:

Reconocer las relaciones entre las masculinidades y las características de los hombres alcohólicos en recuperación para establecer los impactos .

Método-metodologías:

Se desarrolló una propuesta de trabajo consistente en 8 sesiones con 38 hombres alcohólicos en proceso de recuperación, del Albergue La Colmena de

la ciudad de Tarija, con una edad promedio de 43 años, el 71% tuvo o tiene pareja y el 79% tienen hijas e hijos, la mayoría migrantes del interior del departamento y del país. El tiempo de permanencia mínimo entre los participantes es de 5 meses. Se trabajó en tres momentos del proceso:

Primer Momento

A. Relevamiento y estado de situación de los participantes

B. Aplicación individual de la prueba Características del liderazgo

C. Conclusión grupal sobre Ser líder en la propia vida

Segundo Momento

A. Mandatos y roles masculinos

B. La fragilidad en la masculinidad (el poder masculino en lo público y la

impotencia personal en lo privado)

C. Riesgos: hacia otras personas y hacia sí mismos.

Tercer Momento

A. Identificación de los conflictos.

B. Identificación de las soluciones La búsqueda de alternativas

C. Análisis de las experiencias vividas a través de una historia.

Cada sesión buscó plantear situaciones cotidianas en las que se expresa la

masculinidad de los hombres en torno a las características propias de los

alcohólicos en recuperación, para la reflexión y aporte al proceso de reconstrucción de su autopercepción. Resultados Los resultados obtenidos a través de las 8 sesiones de encuentro desarrolladas en dos grupos de trabajo son las siguientes:

1º Momento.- Sobre las características del liderazgo consideran; “El líder

debería ser: Amigable y sociable, escuchar y comprender a los demás, y cumplir con lo que se compromete, dando mayores oportunidades a los demás” Estas características que eligieron de manera grupal difieren de las elegidas de manera personal en un principio, aunque es poca la diferencia cualitativa de las opciones, se pone en claro que el trabajo personal difiere del grupal, asumiendo que el trabajo en grupo genera otros puntos de vista no contemplados de manera personal, admitiendo que se enriquece con otras opiniones, no se registró ninguna discusión con tintes de imposición sobre las opciones elegidas de manera grupal. Dentro del paquete de opciones se hace referencia tanto a las cualidades humanas como a las cualidades técnicas, eligiendo en su mayoría las cualidades humanas como son la capacidad de relacionarse desde la amistad y

la capacidad de empatía, además del compromiso y la coherencia personales,

rescatan la capacidad técnica de circular el poder a través de abrir espacios y oportunidades para todos los miembros del grupo. Estas cualidades son las que piensan deberían tener también al interior de sus familias.

Consideran que en muchos aspectos de su vida depositaron su poder en manos de su padre, o del alcohol. 2º Momento.- Mandatos y roles masculinos y su repercusión en las relaciones. En base a las premisas de asimilación y oposición se trabajó en pequeños grupos las siguientes frases incompletas: Me parezco a y Soy diferente de Los resultados fueron:

Me parezco a: nadie, nada, a mí, a un solitario, a un bebedor, a una culebra, a un objeto (máquina, mesa, silla), a una semilla, a un líder, a un famoso.

A mi padre, a mi hermano, a mi abuelo, a mi mamá.

Soy diferente de: nadie, un ser humano, la persona que pensaba ser, otras personas, los objetos (máquinas, robots, muñecos), los animales, las mujeres, superman.

Mi padre, mis hermanos, mis amigos, un artista, un profesor, un doctor.

En pequeños grupos se trabajó sobre frases disparadoras relacionadas con

aspectos del Machismo Hegemónico como la heterosexualidad compulsiva, la homofobia, el sexismo y la misoginia, incluida la valoración de la paternidad a través de frases:

“El hombre que tiene más mujeres es más hombre” “El verdadero hombre

es aquel que es responsable con su familia y los respeta porque los ama. No

aquel que punza como animal que puede estar con varias mujeres. Es un sinvergüenza, mujeriego, irresponsable, falso de moral, un hipócrita.” “Lo peor es ser maricón” “Eso es mucha basura, hacen quedar mal a los hombres, todos los rechazan, mal visto por los demás al andar con él, tienen su propio mundo de los que son como ellos y sus propias leyes. Maricones son los que rechazan a las mujeres, cuando a los hombres los vuelven maricones, se es maricón cuando nace con hormonas femeninas.

También se dice que son maricones cuando uno tiene miedo de enfrentar la

verdad, cuando se maltrata a una mujer, cuando apuesta y no quiere pagar y al

no pelear con otro hombre.”

“Tenía que ser mujer” “No discriminar no comparar con el hombre.

Le echamos la culpa por su debilidad, la mujer también es una madre, no darle

solo la carga a la mujer. Menospreciamos a otros (u otras) porque nos creemos superiores, nos comparamos en todo lo que hacemos, tenemos ideas machistas.” “Ella se lo merece” A veces echamos la culpa a las mujeres de nuestras desgracias y uno es el que decide, a veces las dejamos solas con las cosas y al final ella es la pareja.” “Los hijos son una carga” “Los hijos no son una carga son una responsabilidad mía. Los hijos son una alegría y tristeza, rabia y etc., sin los hijos en un hogar no hay alegría, hay monotonía. Los hijos más allá van a ser puntales de nosotros siempre y cuando nosotros sepamos valorar a los hijos en sus responsabilidades y sus necesidades. Los hijos son una carga y también una felicidad, también una ayuda. Yo era una carga para mi padre.” 3º Momento.- Se desarrolló el tema de la identificación del conflicto, actores, recursos personales para enfrentarlos, el objetivo y las alternativas de solución.

Ante los conflictos ellos indican reaccionar con tristeza, de mal humor, no saben qué hacer, echan la culpa al otro, piensan que tienen la razón, por lo que pelean, toman o escapan. Plantean como posibles formas de solucionar los conflictos con la calma y la fuerza de la voluntad, el diálogo, la decisión, pensando las respuestas, tratan de practicarlo pero sienten que las personas de su familia no les entienden por lo que buscan apoyo para ellas. En base a situaciones hipotéticas se identificó que los conflictos pueden ser en base a una mala interpretación para lo cual plantean necesario buscar un diálogo con los implicados y buscar acuerdos. Reconocen que en algunas ocasiones es necesaria la presencia de un tercero para resolver el conflicto. En un conflicto de intereses, consideran importante la participación de una tercera persona fuera del conflicto para generar el diálogo y responder a los intereses de ambas partes, para que todos estén “conformes” En un conflicto de valores o creencias, indican la importancia del respeto a las personas, porque cuando uno hace un daño, ese daño vuelve, tomar en cuenta un “valor humano” por encima de la diversión que muchos amigos buscan. Después de leer una historia de vida consideran que una persona alcohólica deposita su poder en el alcohol y en la relación violenta de su padre, identifican como problema central su impotencia y temor, el maltrato y sufrimiento en su familia y el avance de su violencia interna, expresada después a su propia familia. Consideran actores del problema a su padre, madre y hermanos y a la bebida. Indican que el personaje no cuenta con los recursos económicos ni personales necesarios para enfrentar estos problemas, tampoco tiene información social y legal, falta de poder y capacidad de resolver sus problemas, algunos consideran que sí tiene recursos personales, quería ser útil pero faltó una persona que lo ayude. Identifican como alternativa elegida la evasión, el uso de la violencia, el alcohol y Alcohólicos Anónimos. Consideran que cuando se enfrenta sólo el problema no se puede vencer, hay que pedir ayuda.

Conclusiones.-

El alcoholismo, y otras adicciones predominantes en los hombres se consideran cultural y socialmente como algo “propio” por ello se induce e incluso se festeja su consumo, porque además, se contempla como un símbolo

de libertad masculina. Esto aunado a los atributos de la masculinidad de agresividad, y la proclividad a resolver los problemas por medio de la violencia

aprendida, los lleva a adoptar prácticas de riesgo. Por ello el alcoholismo se sostiene, al igual que la masculinidad, en lo individual y cotidiano y en la institucionalidad de la sociedad y la cultura. Pese a la fuerte carga cultural en ellos, se identifican procesos incipientes de resignificación de lo masculino y se asoman sensibilidades no experimentadas, que van surgiendo en la experiencia de la recuperación, pero que muchas veces no son entendidas ni aceptadas por otros hombres y por algunas mujeres. El objetivo terapéutico del tratamiento de la dependencia del alcohol es promover un cambio de conducta en el sujeto que le permita afrontar de una forma diferente las situaciones en las que beber alcohol se ha convertido en su

respuesta

Así pues, a lo que nos enfrentamos es a un problema de conducta, a un hábito que se ha convertido en la respuesta predominante del sujeto ante determinadas situaciones de su vida y de la que ha perdido buena parte de su capacidad de control voluntario. ( Ruiz, 2001). En este cometido resulta fundamental establecer desde la construcción de las masculinidades, las relaciones que se entrecruzan en esta conducta aprendida, basada en una serie de concepciones, mandatos y mitos que configuran el ser de los hombres en general y alcohólicos y particular. En nuestra sociedad, prevalece el mito de que los problemas de alcohol son de alguna manera una señal de debilidad moral. Como resultado, se puede pensar que el buscar ayuda significa el admitir algún tipo de defecto vergonzoso. La realidad es, sin embargo, que “el alcoholismo es una enfermedad que muestra una señal de debilidad tan fuerte como la que produce el asma o la diabetes” (Ruiz, 2001). Algo que se debe considerar es que, cuando se decide cambiar la conducta de bebida, no consiste únicamente en dejar de beber, sino que el cambio deberá integrar otros aspectos de relevancia para el progreso en el cambio, es decir, se debe mejorar en las relaciones familiares, personales, sociales, laborales, etc., si la insatisfacción en estos aspectos, se intentaba resolver con el consumo de alcohol, es evidente que debemos reaprender a desenvolvernos en estos ámbitos con el fin de que no sean los que vuelvan a despertar los

predominante.

deseos de bebida, por lo que resulta urgente tomar conciencia de un cambio más global que será lo que permita mantener la abstinencia. Y es justamente en este proceso de resignificación en el que la construcción de las masculinidades y la identidad masculina juega un rol importante en la tarea de crear nuevas relaciones a partir de su cuestionamiento. La conducta de beber alcohol se ha convertido en una conducta adictiva, en parte por el propio efecto químico del alcohol en el cerebro, pero también en muy buena medida porque ha sido una conducta reforzada muy fuertemente y con mucha consistencia durante mucho tiempo a partir del poder, de los roles y mandatos masculinos y de la violencia como método de resolución de los conflictos especialmente. El poder como símbolo de lo masculino. Uno de los aspectos que hacen al ser masculino es la cuestión del liderazgo y las características deseables en él, inevitablemente se esta hablando del poder, un poder que es delegado a una persona con la cual se identifica, por lo que es, o por lo que quisiera ser, pero cuando el poder se delega, además de otros procesos, se acepta implícitamente la “incapacidad de” por uno u otro motivo, esta delegación del poder si bien puede ser la base de la representación política, es también una forma de castrar las posibilidades propias, comenzando por una aceptación real o no, del no poder hacerlo, terminando en la resignación y hasta comodidad de “como no puedo hacerlo que lo hagan otros”. El recuperar el control de las propias capacidades e identificarse con líderes que prioricen las relaciones humanas a las capacidades técnicas, hablan de un grupo de hombres que buscan poner su capacidad en cualidades tan humanas como la escucha, la empatía y la participación al recuperar la noción de que cada persona es líder en su propia vida, comenzando a diseñar una nueva forma de ejercer el poder o la “capacidad de” dentro de sus relaciones. Esta noción de poder que se reconstruye en el proceso de recuperación del hombre alcohólico y se lo entiende “más que como un atributo, una posición a la que se accede” (Rivera, 2002), se va configurando en base a la teoría del poder planteada por Foucault, que lo caracteriza como no represivo, se ejerce más que se posee y pasa por las fuerzas de relación (citado por Deleuze, 1987), es un poder que se encuentra constantemente en construcción y

desafía el lugar desde donde se posicionan dentro de esas relaciones de poder. Pero si entendemos que “como un mecanismo de sostenimiento del poder esta la violencia; mecanismo de sujeción y subordinación del más fuerte sobre el considerado débil o inferior” (Tellería, 2006), no podemos dejar de lado esta fundamental característica del género masculino que la sociedad patriarcal legitima y también impone en forma de condiciones y presiones psicosociales y culturales, ya que en palabras de Rivero Chávez, “bajo el supuesto que los hombres tienen mayores recursos físicos y emocionales (por eso los hombres no lloran), se conduce a que los hombres adopten conductas violentas hacia ellos mismos que suelen expresarse en la dependencia al alcohol o el consumo de drogas” (citado por Tellería, 2006) Entonces ese poder que puede ser devastador en forma de violencia, hacia afuera o hacia sí mismo, en los alcohólicos en recuperación toma otro rumbo en base a la necesidad de hacer circular el poder, más como capacidad que como subordinación, de compartir decisiones, de dejar de depositarlo en personas o drogas que sólo lo incapacitan más y de apropiarse de su propia capacidad como poder y no como forma de dominación, comprendiendo que son esta clase de relaciones las que lo liberan de la adicción. Los mandatos y roles. En la construcción de lo masculino, su identidad se construye bajo dos premisas centrales: en oposición a la identidad femenina, y por asimilación o identificación con los similares, en este sentido se consideran opuestos no tanto a lo femenino, sino a la persona que les fue arrebatada por el alcohol, insisten en diferenciarse de lo que quisieron ser y de lo que terminaron siendo, denigrando su persona a tales extremos que ahora lo reconocen, por lo que la reconstrucción de la identidad que buscan forjar se convierte en un puntal de su recuperación. Mientras que la asimilación o identificación con similares curiosamente es muy parecida a la lista de oposición, es decir, son parecidas las cosas, personas y situaciones de las que se diferencian, y a las que se parecen, lo mismo con los referentes de la familia, y aquí surge una situación diferente en los alcohólicos en recuperación de los hombres no alcohólicos, en estos últimos operan de manera más visible los roles y mandatos de género convencionales, mientras

que en los primeros toman otros tintes, ya que su subsistencia depende de la reconstrucción de esa identidad que los hizo ser más proclives al alcohol. De todas formas este intento de reconfiguración de identidades masculinas se encuentra muy permeabilizada por las características de la masculinidad hegemónica ya que se vislumbra cierta ambivalencia frente a las mujeres, si bien se la comienza a percibir como sujeta, con sus propias capacidades, a la cual se le impuso una carga enorme, todavía se distingue en su discurso “los problemas comenzaron porque a ella no le gustaba que yo tome”, es decir todavía se la culpabiliza de la conducta alcohólica aprendida y desarrollada mucho antes de formar pareja y familia, en varios casos, además se la reconoce fundamentalmente como madre de sus hijos e hijas, es decir se las reduce al rol materno. Según Kaufman “la adquisición de la masculinidad hegemónica, es decir la superioridad del hombre con respecto a la mujer, es un proceso a través del cual los varones llegan a suprimir toda una gama de emociones, necesidades y posibilidades, tales como el placer de cuidar a otros, la receptividad, la empatía y la compasión (citado por Tellería, 2009). La relación con sus hijos e hijas es lo que más culpa les genera, al entender su situación y la que generaron al interior de sus familias descubren una infancia personal muy difícil, marcada por la violencia y el alcohol, que terminan replicando en sus hijos e hijas, son realistas al percibirlos como una responsabilidad, pero también en una esperanza, una razón de mantenerse en la abstinencia. El valor por lo perdido o por lo destruido como es la familia, se recuperó al no tenerla y encontrarse sólo, sólo hasta ahora reconocen que la relación con su pareja y con sus hijos e hijas se encuentra teñida de sus relaciones dentro de su familia de origen, familias en las que el alcohol y los roles de género rígidos crearon las condiciones adecuadas para generar la enfermedad y unas relaciones de poder avaladas por el machismo, pero al avanzar la enfermedad estos soportes van cayendo, ya que el dejar de tomar alcohol, acompañado de conductas promiscuas o violentas, para ser una persona alcohólica, que se encuentra derrotado por su cuerpo y por sus emociones, lo traslada al grupo de hombres vulnerables, grupo al que otros hombres ejercen su control y

dominación, y al que el grupo de mujeres ha perdido el respeto, esto debido a

la pérdida de su status de macho hegemónico.

Sin duda uno de los pilares fuertes de la masculinidad hegemónica es la

homofobia, los alcohólicos en recuperación del Albergue rechazan frontalmente

a los homosexuales y los consideran como un grupo aislado con sus propios

códigos, presentan mucho interés en el tema, pero tratan de evadirlo, sí hacen amplia referencia a las conductas que como hombres deberían manifestar, pero no lo hacen, recibiendo el denominativo de “maricones” como el miedo, el faltar a su palabra de honor, el escapar de una pelea entre hombres o el maltratar a una mujer (más por la diferencia de fuerzas, que por el respeto como persona), en este sentido la condición masculina de superioridad es fuertemente predominante, se vincula su rol con la fuerza y cuando no la ejercen se castiga esta conducta poniéndolos en una situación de duda de su hombría. Sobre sus relaciones con las mujeres, con los niños y niñas y con los homosexuales si bien los reconocen como otros, su valoración se encuentra llena de prejuicios y miedos desafiando los pilares más fuertes a ser deconstruidos que son el respeto a los otros y otras, pese a las diferencias a partir del reconocimiento del poder. La resolución de conflictos Los conflictos revelan nuestra posición frente al mundo, y las reacciones en general son de impotencia o frustración que genera agresión frente al problema

y frente a las personas a las que se asocia, generalmente se reacciona y no se responde, es decir se adoptan acciones más viscerales que razonables, por lo que se evita, se enfrenta o se camufla. El trabajar en la resolución de conflictos implica el enfrentar la ira, que sirve muchas veces de justificativo para violentar personas y cosas, pero enfrentar los conflictos desde el manejo de la ira resulta fundamental en el caso de los alcohólicos en recuperación: “Si íbamos a vivir teníamos que estar libres de la ira. El descontento y la agitación mental no eran para nosotros. Pueden ser un dudoso lujo para personas normales, pero para los alcohólicos estas cosas son veneno” (Alcohólicos Anónimos, Libro Grande, 2008).

Y es que la ira trae el resentimiento y la culpa, mecanismos que se activan al

momento de reconocer y aceptar lo que pueden o no cambiar en sus vidas, uno

de los recursos que más trabajan los alcohólicos en recuperación es el arrepentimiento, que es concebido más como una fuerza, que como una debilidad, para lo cual el proceso personal de reconocimiento de los daños causados, de tomar la propia responsabilidad, de expresar sus sentimientos y emociones adquiere una connotación de valentía, además de ser indispensables para al arduo proceso de recuperación.

En base a una historia de vida creada a partir de las experiencias comunes de los participantes se evidencia que poseen un manejo adecuado de la reflexión

y análisis de un conflicto, mínimamente se confunden problemas de raíz con

los colaterales, deduciendo que los principales conflictos se presentan a partir

de las vivencias y situaciones personales que repercuten en sus relaciones

más cercanas, se reconocen parte del problema, pero no son todo el problema

y aquí comienzan a cuestionar los roles y mandatos que la sociedad y la

cultura, a través de sus familias, la escuela, las costumbres les otorgan para generar perversamente la relación: más hombre – alcohol – violencia – alcoholismo - menos hombre. El ser consciente no de la ausencia, sino de la falta de recursos personales es otra puerta que se abre como posibilidad de resignificarse como género, se descubren faltos, impotentes, confundidos, su autosuficiencia y capacidad de autocuidado han fallado, por lo que se ha “menoscabado su calidad de vida, por la dificultad de pedir ayuda médica y por no preocuparse de su salud” (Navarro, 2008). Se encuentran en una situación en la que la reestructuración de las relaciones consigo mismos, con los otros y con el medio se convierte en vital y necesaria, ya que de ello depende su subsistencia. Si el tomar alcohol los hacía más hombres, y el ser alcohólicos los hace menos hombres, al replantear sus relaciones vuelven a adquirir un espacio dentro de la sociedad, pero desde otro lugar, configuran su identidad masculina desde la circulación del poder, sólo así entienden que pueden escuchar al otro u otra y expresar su mundo interno, aprenden a no juzgar, sino aceptar las personas y situaciones como son, diferenciando lo que pueden y no pueden cambiar y a hacerse cargo de sus propias limitaciones a través de la disciplina que propone Alcohólicos Anónimos. Descubren que ya no son propietarios de las personas de su familia, que ellos y ellas se encuentran más allá de sí mismos, que pueden vivir sin él, pero que a él le cuesta más vivir sin ellos, y es que la

enfermedad nos plantea vivir o morir y es ante esta situación crítica que sólo el cambio, el replanteo, la reflexión, la sensibilización y la autocrítica pueden ir generando otra concepción del ser hombre, éste es el inicio de la caída del primer eje que sostiene el armazón del patriarcado, que es lo individual y cotidiano, para ello el grupo de apoyo o ayuda mutua que propone Alcohólicos Anónimos es fundamental, “es el don de sustituir el alcohol por las personas” (Brandes, 2002). Pero esto tiene su costo en una sociedad eminentemente patriarcal y machista como la nuestra y el enfrentarse con el otro eje sostenedor de este sistema, que se encuentra en la sociedad, expresado en sus instituciones fundamentales, en su historia y en su proyecto expreso, se vuelve en un enorme desafío, por un lado porque todavía quedan materias pendientes sobretodo en su relación de respeto y relación con lo diferente, de equidad en las relaciones de género desde un reconocimiento real de las mujeres, estas relaciones son fuertemente reforzadas cuando se tienen que enfrentar con ambientes laborales, sociales, de recreación, medios de comunicación y todo lo que desde la cultura va en contra de esta diferente forma de relación que van forjando los alcohólicos en rehabilitación, dando lugar muchas veces a la recaída, al no poder enfrentar estos dos ejes tan poderosos. Este cometido tan transgresor como el de recrear una expresión diferente del ser hombre, trae consecuencias que pone en dos situaciones a los hombres que han decidido dejar de beber, por un lado se aprecia la aparición de indicios de una nueva forma de relacionarse, con características nunca imaginadas por los miembros de la familia especialmente, sin duda ya no es la misma persona la que pasa por la pesadilla del alcoholismo y decide salir de él, se afecta su sensibilidad, su autoconocimiento, su espiritualidad y por ende sus relaciones, pero por otro lado resultan incomprensibles, no sólo por el desconocimiento, en muchos casos de la problemática del alcoholismo, sino por exigir en ellos las características que les consideran propias como hombres, sin pensar que fueron ellas las que les llevaron a tal situación. Este es el panorama en el que se mueven los alcohólicos en recuperación, tarea difícil y pendiente en la agenda de los hombres y de la sociedad en su conjunto, estos intentos nos ayudan a perfilar las acciones que ineludiblemente debemos realizar en la prevención del alcoholismo con los hombres más

jóvenes, potenciales alcohólicos en una sociedad tolerante con el alcohol, e indiscutiblemente deben ser considerados en los programas de rehabilitación para aportar en el inicio de una configuración diferente de las nuevas masculinidades que ayuden a la formación de hombres sanos y libres.

BIBLIOGRAFÍA

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Exploraciones

cualitativas

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