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BIBLIOTECA DEL ESTUDIANTEUNIVERSITARIO

137

FERNANDOCURJELDEFOSSÉ

Director

[.

,

COORDINACI~NDE HUMANIDADES Programa Editorial

---

~~~

-

LA CONSTRUCCI~NDEL MODERNISMO

(ANTOLOC~A)

Introducción y rescate BELEMCLARKDE LARA ANA LAURAZAVALA D~AZ

UNIVERSIDADNACIONALAUT~NOMADE M~CO

México, 2011

Primera edición: 2002 Primera reimpresión de la primera edicián: 23 de abril de 201 1

L

DR 0 2011, Universidad Nacional Autónomade Mexico Ciudad Universirana,04510 México, D.E

COORDINACIÓN DE HUMANIDADES

PrograniaEditorial

Prohibida la reproducción total o

autorhsción escrita del tirular de los derechos patrimoniales.

parcial por cualquier medio sin

ISBN 978-968.36-8479-0

Imprwi, y hecho en México

De mdas las épocas literarias hispa- noamericanas la del rnoderniswo es la más comentada y la menos encendida

José Emilio Pncheco

Al revisar la copiosa hemerobibliografia sobre el maui.

miento modernista hispanoamericano, una de las cuestio- nes que sobresalen er La continua discusión acerca del sig-

nificado y los Limites de este término, que para la mayoria

de los estudiosos refiere no sólo a una escuela Literaria que

apareció en tierras americanas en el iiltimo tercio del siglo

XIX, sino también a una actitud, a un espíritu epocal,

con mayores alcances gcagr6ficos y temporales, en ,re-

lación intima con el amplio concepto de la modernidad;'

entendido como el conjunto de cambios vertiginosos que,

presentes desde el siglo Xviri, se consolidaron en la centuria

decirnonónica, gracias a los avances científicos y tecnoló-

gicos, a la reuolución industrial y a las transformaciones

1 Sobre esta cuestiijn. veanse. entre otros. los trabajos de Rtardo Gull6n, Dircccianci dcl modernilmo,p. 22; Ivdn A. Schulman. "Re. flexiones en torno a la defini~iij"del modernismo". en El mode~ nirmo, Lily Lirvak edirora. pp. 65.95; y Rafael Gutierrer Girardoc. El madernirmo. Stiptieiior hiri6ricor )i ci<lri<raier.

.

.

sociales que trajo el capitalismo; factores que repercutie. ron de ninnern directa en todos lor aspectos del quehacer humano.'

En In década de 1870, Hispanoamérica realizó sus

Primeros intentos por entrar a la modernidad, es decir, ini- panoamericana comenzó su renouación, la cual llegaría a

polirica y, gradualmente en los demir aspectos de la vida

En su Antologin de la poesia española e his-

panoamericana (1882-1931), Onís subrayó también que

y 1885 cuando la poesía his-

entera".'

fue entre lo? anos de 1882

ció sr incipieiitc proceso de industrialización, bisible sobre su apogeo hacia 1896 con la publicación de Prosas pro-

todo en L'L dmbito urbano, y con él la diuisión de trabajo productiva; proceso en el cual a estos países Les correspon- dió el papel de proveedores de materias primas y productos

agropectiarios. En México,

la entrada a la modernidad la

encontmiiios primero en el campo de lar ideas hacia 1867- 1868, ct<nndoCabino Barreda adaptó el positivismo com. tiano al iiie<liomexicano. En economía, aunque ya durante La República Restaurada (1867-1876) se habían dado los primeros intentos por propiciar el desarrollo del pais, en realidad, el proceso modernizador arrancó cn 1877 con el programa de Paz, Orden y Progreso de Porfirio Díaz, que se afirmó, de manera clara, durante el cuatrienio de Ma- nuel Gonzalez (1880.1884). En el campo de las Letras, las primeras manifestacianes "modernas" aparecieran entre 1875 y 1876 en la prosa de José Marti y Manuel Gutié. rrez Nájera. Con base en lo anterior, es posible señalar algunas li. neas generales sobre el movimiento literario modernista, que el cririco Federico de Onis caracterizó como "la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu que inicici haciri 1885 la disolución del siglo XlX y que se habia de iiianifestar cn el arte, la ciincia, la religión, la

' Cf.Mxei Calinescu. "La idea de la modernidad". en Cinco caras

ds lo mo<lernid<id.D. 50.

fanas, de Rubén Dario. Por su parte, Iván A. Schulman advirtió que dicha re- novación artistica se manifestó primero en la prosa, tanto en Los textos de José Marti como en los de Manuel Gu- tiirre7 Ndjera, quienes entre 1875 y 1882 experimenta-

ban ya

con diversas formas expresiuas: 'Nájera [conJ una

prosa de patente filiación francesa, reveladora de la pre- sencia del simbolismo, parnasianismo, impresionismo y expresionismo, y Marti [con] una erosa que incorporó estas mismas influenciar dentro de estructurar de raíz

hispánica".4

A pesar de estos juicios, todavía existen muchas fuen. tes que revisar para proporcionar una imagen mis acaba. da de la conformación del modernismo en el mundo his- pano. En el caso específico de Mixico, a mediados del siglo xx no sólo se comenzó a rescatar la obra de creación de algunos de Los escritores madernistar, sino también se emprendieron trabajos filológicos de recuperación de otro tipo de materialex, como Los articulan-ensayos sobre criti- ca literaria, que han permitida reco,istruir La gestación, la

1 Federico de Onis."lnrroducci6n" a Aniologin de la poerla esporir*

IB c hirpalianmericnna (1882-19311. p. XV.

4 l. A. Schulman. "Reflexiones en corno a la definici6n del mo- dernismo", en op. cir p. 69.

eu~lución? la decadencia de este movimiento estético; al igual que rzrs t>rincipalercaracteristicas, influencias y preo- cupaciones. En esta linea, In historiografia de la literatura mexica. na habia Iiecho referencia tangencialmente a la existencia de algunas olémmicas modernirtas; empero, era reducida el número de dociimentos que de ellas se habían repro- ducido en ediciones recientes, como en el caso de algunos textos de Manuel Gutiérrer Nájera, lusto Sierra, Amado Neruo, lore' luan Tablada o Victoriano Salado Áluarer, incluidos sobre todo enlos proyectos de sus obras comple; tas. Asimis~iio,de forma esporádica algunos investigado. res habían citado algunas de estas piezas. por ejemplo, en Los estudios preliminares de Héctor Valdés a Los índices y a la edición facsimilar de la Revista Moderna (1898- 1903J, o en los ensayos especificas Ruptura y continui-

dad. dc Ltiis Mario Schneider y La novela decadente en

Venezuela, de Jorge Oliuares. De ahi La idea de confor. mar el presente volumen donde quisimos integrar cro-

nológicamente la mayor cantidad posible de materiales, con el fin de docunientar la construcción del modernismo mexicano. Con base en esta inuestigación hemerográfica, hoy podemos, por un lado, corregir algunas aseveraciones como aquella de que entre diciembre de 1892 y enero de

1893 no hubo en realidad una polémica, sino sólo una

correspondencia amistosa entre los mismos decadentes; y,

por otro. corroborar que la "modernidad" en las letras surgió, se desarrolló, maduró y perdió vigencia entre 1876 y lq07, corno lo demuestran los siete debates aue renis. tramas: 1876, 1882, 1884. 1892.1893. 1896, 1897-

1898 y 1907.

EL DUQUEJOB SE EMANCIPA: 1876-1890

La primera polémica que presentamos data de 1876, cuando en su texto "El arte y el materiali~rno",~Manuel Gutiérrcr Nájera, el poctn-periodista, defendió el amor y el espiritu frente al escepticismo y materialismo imperan. ter en la época, principios proclamados por un escritor que firmaba con las iniciales P.1 [Pantaleón Touarl. Con ello, El Duque lob inició su largo camino, de casi 15 anos, en el anhelo por alcantar la modernidad literaria. En es- te ensayo, el escritor rc manifestó en contra de La "objeti. uidad" cientificista europea, abanderada tanta por "las desconsoladoras teorias del realismo" como por el 'hasque- ros0 y repugnante poritiuirmo". En aquel momento, el no. ucl poeta delineó, de manera general, algunos de los pre- rupuestos fundamentales de su poética y de su concepción de aquello que debía ser la literatura de la joven Amé- rica. En primera instancia, prapupnó por La Libertad abso- luta del arte en oposición a la servil imitación; de igual modo, propuso el respeto incondicional al Libre vuelo de la

Por su imporrancia. en el presente volumen. $610 recogimos e? ensayo "El arte y el materinlisiiio";no obsranre, debernos subrayar la- existencia de dos textos mis que dieran lugar a esta extensa pieza: el primero, con Ii firma PT que apareci6 can el titulo "La poesia sen- timental. Dedicada al señor don Manuel Gutiérrer Nijera". en El

24 de junio de 1876,donde se comentaron la

serie de colaboracioner que El Duque ]ob public6 en La lberio los dias 10. 11, 12,1'3 y 14 de mayo de 1876,acerca del libro Pdginai sueicu de Agapito Silva. El segundo. de Manuel Gutiérrer Najera. "La poesia sentimenral", publicado,en La lbario. ano X, niim. 2811 (29de junio de 1876). p. 3. como respuesta al arduilo del renot'P. T.(Vid.Manuel GutYrrer Najera, Obrar l. Criricn literario. Idear y re. mar lirsrorior. Literatura muiconu, pp. 4748 y 109.127.)

Monitor Republicano. el

imaginación, al idealismo y al sentimiento como elemen-

tos esenci<ilespara poder dar vida a la poesia, para evitar

que ésta se esclauizara a la materia, al cauce estrecho de

La realiduil.

En segando término, aunque no en menor grado, exaltó

la permanente búsqtreda de la belleza como ideal supre

mo, con lo cual se apartó de los presupuestos estéticos de los

escritores romáiiticor, quienes, sintiéndose los legitimas he

rederos de los cldsicos grecolatinos, insistieron en unir lo

bello a lo grotesco para alcanzar la representación de La

uerdarl, conio lo proptrso Victor Hugo en su "Prefacio" a

Cromwell.6 En este sentido, y a pesar de que la critica con.

sidem que el modernismo no tuvo un manifiesto, pensa-

mor que esta pieza de Gutiérrez Nájera puede considerarse

como una di. las tempranas proclamas de esta tendencia

estética. A estos dos principias arriba mencionados, EL Duque lob

sumó un tercero: ei del cruzamiento en iiteratura -apenas

esbozada en 1876-, qire se refiere a La recepción de obras de

otras tradiciones poéticas, las cuales, una vez asimiladas al

entorno rncxicano, no sólo enriquecerían la producción na.

cional, sino también coadyuvarían a conformar una lite-

ratura original, propia.

6 Al resiiecio consdltese la discuri6n donde lrin A. Schulman ve este texto de Guriérrez Njjera como una ontinuaci6n del movimien- to rorninrico. frenre al de Boyd G. Carter, quien lo conside16 coma iin manifiesto modernisra. l. A. Schulman. "lose Marti y Maniiel Gurierrer Nijerp; iniciadoresdel modernismo (1875. 1877)". en GCvieiir del modernirmo. Marti, Ndjcra, Silvo, Casal, pp. 21. 65; y B. G. Carter, "Gutiérrer Nijera y Marti oma iniciadores del modernirmu", eii Reviira Ibcroomrricana. vol. 54, núm. 28 (julio diciembre de 1962). pp. 295.310.

Años mas tarde, en una reunión el 4 de enero de 1882

junto con otros "pollos cnsquivanos", el moderno Gutiérrez

Nájera criticó el estilo "cansado" y 'Soso" de los "detesta.

bles articulos de Ccro", es decir, de Vicente Riva Palacio,

uno de los mas destacados representantes del movimiento

iitera~ionacianalirtn; esta propició que ei joven poeta en-

frentara, los dias 5 y 14 de enero de ese año, los ataques

del General, quien lo acusó de plagiario y se burló de su vi.

sible afrancesamienta, cuyos estragos se apreciaban no sólo

en sus textos, sino también en su actitud existencial:

jovencito

de cabeza picuda como lorpájaror orulejor, de andar grave. de nariz abultada, f~entevaluminorn y maneras estudiadar, que colaboro en tbrlor los periódicos, juaa todas lar obrar de autores grandes y chicos, dercribe rodar las tertuliar. le llama a la alta saciedad higli life, n rus criadas duquesas, n sur tenraciancr esas señoras. a rus cundernor mis libros, al oynmcl palisandro, a la ninnto astradn, a cada uno de rus nrticalor chef d'o'iivre?'

¡Qué!¿No han conocida ustedes. lectorer mios, a un

Meses después, tal pareceria que en el mismo tono de erta

controuersia, Gutiérrez Najera comenzó a publicar por en-

tregas Por donde se sube al cielo, novela que se desarroll-

entre París y un lugar imaginario, Aguas Claras, ubicado

por el narrador cerca de Rouen.R Considerada por la crítica

'Cero. "Cero", cn La Rcpúbliia. año iii. vol. 111, nbm. 11 (14 de enero de 1882). pp. 1-2;sobre los dimes y diretes enrre Vicente Riva &lacio y Manuel Gutiérrer Nijera, vid. Clementina Diar y de Ovando, Un cnismo de Los Ceros: Vicente Riva Palacio o Juan de Dias Pero, 153. Manuel Gurierrer Najera. Por donde re sube o1 ciclo,novela publi. cada enrre jiinio y octubre de 1882 en el peri6dico El Noticio3a. de la ciudad de Mexicu y recogida en Obrar XI del autor.

como la primera novela madernista, en esta obra encontra.

mos ya Las principales caracteristicas que en la actualidad se asocian a este movimiento: 1) el eclecticismo que consis- tió en revisar todas las tendencias estéticas del momento -romanticismo, naturalismo, parnasianismo; simbolismo, impresionismo-, y aceptar de ellas sólo aquellos compo- nentes que se consideraban bellos; 2) la renovación verbal que tuwi la intención, al decir de Ramón del ValIe.IRcián, de 'Tefinar Lar sensaciones y acrecentarlas en el número y

en

ma general por objetos y escenarios de culturas extranjeras

la intensidad";y 3) el cosmopolitismo representado de for.

y exóticas; 4) "la voluntad de idealismo" que surgió como consecuencia de la secularización de la vida cotidiana y de la influencia positivista, la cual Ileuó a los creadores a enarbolar los estandartes de la belleza. del constante cambio

y de La redención social, para suplir la ausencia de Dios; y 5) el intimismo por medio del que el poeta halló enla sole. dad y en La introspección el dmbito propicio para llevar al cabo su labor artistica.lO Bajo estos presupuestos, poco tiempo después, ~anuel Gutiérrez Ndjera se deslindó claramente de la generación y de Los discursos literarios hegemónicos que lo antecedieron; para ello, primero en 1884, en su ensayo "La Academia Mexicana'' dirigió sus baterias contra los escritores conser. vadores, a quienes acusó de "personas adictas al trono y al altar", "hombres temerosos de Dios y de la gramdtica",

RnmDn del Valle.lncldn. "Modernismo". en Ei madernisma. Uly

Liwnk editora. p. 18. 'e Sobre lns cnmcreristicns del modernismo en Manuel Gurierrer

Najera, "id., Releni Clah de

Lara. "lnrroduccidn"a Obras XI. 1. Por

donde re ridbc oi ricla 118821. pp. NI¡-CÍIX.

reunidos en "una corporación de literatos que cierra sus puertas a las nueuas ideas"." Mds adelante, el autor acusó a la Academia Mexicana de excluir de su recinto a los "uer. daderos corifeos del movimiento literario': es decir a los li. berales, aquellos patriotas que llevaban la iniciatiua, el en- tusiismo y el impulso a nuestras letras. Asi pues, en este primer acto de rebelión, equiparó, en cierto sentido, el auan. ce politico con el intelectual. depositando en la República de lar Letras su esperanza de edificar nuevas propuestas escriturales.

, A esta pieza respondió, en primera instancia, Victoriano Aeeros quien condenó con firmeza los argumentos del sefior Gutiérrez Ndjera; para el articulista, la Academia Mexicana era una de las instituciones mds importantes de la cultura nacional, en donde se rewnian algunos de los mejores escritores mexicanos inscritos en la vieja tradición cldsicu y española. De manera tajante, Agüeros negó los axiomas najerianos de que ser conservador era requisito indispensable para ingresar a la Academia, tampoco acep- que para ser académico se tenia la obligación de producir una obra anticuada, sin ninguna relación con la sociedad del momento; en suma, contradijo la idea de que para ser ! un buen escritor se debía pertenecer al bando liberal. Por su parte, Justo Sierra publicó otro articulo donde denotó la injusticia en que incurría El Duque Job al no reconocer los méritos de algunos académicos; en tono más

"La Academia Mexicana",texto

publicado en miro entregas. lar segundas can la firma

las dos primeras con In firma M. G. N

M. Gurierrer Ndjera, eii Li Libenad, aao VII. niims. 169. 172. 183 y 184 (29 de julio, 1, 14 y 15 de agosto de 1884); recogido en el pre

senre volumen.

mesurado, Sierra destacd la importancia de la labor de los miembros de la Academia en el cuidado de la lengua, pero, también, elogió las experimentaciones literarias de algunos autores liberales, como Guillermo Prieto. No obstante, la defensa que hizo de Los escritores Libe. rales, en 1885, El Duquelob aprovechó una discusión sobre las condiciones de La literatura mexicana, llevada al cabo en el Liceo Hidalgo, para awemeter contra los autores na. cionalistas encabezados por Ignacio Manuel Altamirano, quienes habían marcado las principales directrices literarias del país, sobre todo, una uet restaurada la República en 1867. Tras la derrota del lmperio de Maximiliano, recons. truir, integrar y educar a la nación se conuirtieron en las premisas centrales del nuevo orden; en esta ardua tarea los literatos, ya separados de la esfera gubernamental, ocu.

paran

un Lugar preeminente; ellos, con La espada transforma-

da en pluma, tuvieron la misiónde describir el paisaje, las

costumbres

Contra esta uisión un tanto estrecha, en la pieza "Lite. ratura propia y literatura nacional", Gutiérrez Ndjera plan. teó, por un Lado, que la literatura nacional era solamente una parte de la literatura mexicana; aquella que habia

surgido justo cuando México necesitaba "reuiuir, conseruar o enaltecer en los ánimos los sentimientos patrios". Y por otro, propuso la idea de una literatura propia que estada conformada por un grupo heterogéneo de literatos, cuyas obras estuuieran dotadas de una "poderosa indiuidualidad", de una originalidad producto del comercio intelectual entre los pueblos, ya que en los tiempos modernos cuando "el li. terato uiaja, el literato está en comunicación intima con las ciuilizaciones antiguas y con todo el mundo moderno"

e, incluso, el lenguaje "genuinamente" mexicanos,

-cruzamiento en literatura-, ya no debia pedirsele que se limitara a recrear los lugares de su patria y a cantar las hazafias de sus héroes, mucho menos en una época de paz en la que los espíritus se robustecían y podían ensayar nue- uas formas y contenidos de acuerdo con su propio tempe. ramento." Hasta donde hemos podido investigar. ningún polemista respondió a estas propuestas del Duque Job, tal uez, porque ese gran deseo de tener una literatura propid estaba por realizarse. Aun cuando ya lo habia esbozado con anterioridad, fue hasta 1890 cuando Manuel Gutiérrez Ndjera planteó ex- plícitamente su idea del "cruzamiento en literatura", bajo la sentencia de: "Conserve cada raza su carácter substan- cial; pero no se aísle de las otras ni las rechace, so pena de agotarse y morir. El libre cambio es bueno en el comercio in. telectual y tiene sobre el Libre cambio mercantil La ventaja de que podemos establecerlo hasta ton pueblos y naciones que no existen ya"." Esta concepción del "libre cambio ar- tístico" reafirmó el distanciamiento del Duque con la gene,

" Vid. El Duque Job, "Crónica del domingo", en EL Partido Libc

ral, t. 1, núm. 135 (2 de agosto de 1885), p. 1; recogido en el presente .:~, volumen con el titulo de "Literarun propia y literatura

" M. Gutierrer Nijeta, "Ripior acod&micor.de Valbuena", en EL Partido Libeml, 6 y 20 de julio de 1890 y en la Rrvirta Azul, t. 1, niim. 19 (9de septiembre de 1894). pp. 289.292; recogido con el titulo "El

pieza Gu.

ciuramienro en lireratura" en el piesentevolumen. En esta

tierrer Nijera sostuvo: "entiendo que esta decadencia de la poesia liri-

ca espanola, depende, por decirlo ad, de falta de cruramienro. La aversi6n a lo extranjeroy n todo el que no sea cristiano rancio. siem.

]No

pre ha sido malCfics paro España l quiero que imiten los poetas

eapanoles: pera si quiera que conozcan los modelos extranjeros; que adapten al cilrtiro estilos ajenos;que revivan viejas bellezas. siempre

jbenes: en resumen. que su paesia re vigorice por el cruzamiento".

-

ración pasada, pero también redondeó la poética najeriana, basada en una actitud emancipadora, moderna, en la cual

un pro-

ceso dc asimilación, transformar 10 ajeno en propio; con esto,

sin duda, preparó el terreno para los jóuenes de la siguien. te camada madernirta. Aunque pareciera que entre 1876 y 1890 Gutiérrez Ni-

el artista podia beber de todas las tradiciones y, tras

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bir, lo cierta es que hubo otras figuras que, a pesar de no participar en Las polémicas literarias, en la prdctica escritu.

luchó solo por implantar una renovada forma de escri-

raria defendieron la nueva sensibilidad y, junto a él y "aca-

so sin proponérselo" -como señala José Luis Martiner-,

.

contribuyeron a la "reuolución" literaria, tal es el caso de

Salvador Diaz Mirón (1853.1 9281, Manuel José Othón (1858-1906). Manuel Puga y Acal (1860.1930), Carlos

i Diaz Dufoo (1861-1941), Federico Gamboa (1864.1 939)

1. y Luis G. Urbina (1864-1934).'"

1 EL HASTIO DECADENTISTA Y LA ECPERANZA AZUL 1892.1896

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Alrededor de 1891 va apareciendo la siguiente generación, La de los "decadentes": José Juan Tablnda (1871.1945). Amado Neruo (1870.1 919), Ciro B. Ceballos (1873- 1938), Francisco M: de Olaguibel í1874.í924), Balbino Dáualos (1871-1923), Jesús Urueta (1867.1 9201, Bernar. do Couto Castillo (1880.1 901), José Peón del Valle (1866. 1924). que ademds de pugnar por los mismos cambios que

Cf. Jos& Luis ~artiner.La expresi6n nacional, p. 58.

'

años antes Gutiérrer Ndjera propuso (el idealismo del arte,

el rechazo rotundo a la mimesis, la búsqueda constante de La belleza, la renovación verbal, la transmisión de sensa.

ciones e impresiones

tio", las "conuulsiones angnstiadas", la duda existencia1 y religiosa de fin de siglo. A diferencia del individualismo de los poetas modernistas de la década anterior, encontramos que Los Llecndentes" tuvieron La resolución de conformarse

en una especie de cofradia, "para luchar e impulsar lo mis

fue un grupo que representó el "has

),

.

fuera dado: un principia artistico, un dog-

ma estético"; asimismo, asumieron que esta unión ia propi- ciaba no sólo la coincidencia de un canon artistico, sino también, de acuerdo con losé Juan Tablada, un "parentesco fisiológico", una "idoneidad psiquica" que únicamente com- partian ciertas "idiosincrasias nerviosas", ciertos "tempera. mentos hipereste~iados".'~ En el arranque de 1893, estos jóvenes planeaban editar una revista puramente Literaria que fuera portavoz de las tendencias estéticas "modernas"; su "próxima" aparición se dio a conocer por medio de dos noticias publicadas en el pe-

alto que [

les]

riódico El Pais los dias 7 y

con entusiasmo dicha iniciativa:

8 de enero; la primera celebraba

Con este titulo apnreccrá en esta ciudad muy próximamente una revirta quincenal, de indole exclurivnmente artirticn. Noratror que, en cuestiones literariar, somos pnrtidorior

incondicionales del arte moderno y que apoyamos lo que en

materia literaria signifique el acatamiento de uno evalucidn

'iJosé Juan Tablada, "Cuerri6n literaria. Decadenri~rno",en El País, r. 1. núm. 11 (15 de enero de 1893). p. 2; recosido en el pre

sente volumen.

justa y neccrnria, cncaminmor sinceinmentc la idea de la Revista Moderna que será el vehicula de las idear de nuer. [ros jdurnes literatos. Ya es tiempo de que un elemento influya como una ni<eva corriente de uidn o nuestra andmica literatura que aún errd en lar anterliluvinnnr etapas de cuando 'Rltamirana rabió". Bienvenida sea la Revista Moderna.16

La segunda setialaba que:

La pocria del reiíar Balbino Dávalos, titulada "P~eltrdio",no fue incluida en el resumen del número literario, insertado en el número de ayer, pues su autor debía leerla anoche en una reuvión intimo que varios Literatas celebraron con el fin de acordar lo conducente n la pr6xima publicación de la Revista Moderna. A eso brovectada bublicación ertd dedicada lo ex- quiritn poeria del reiíor Dáualar. Sur futuror ~dnctorertuvie- ron la primicia y hoy norotror nos complacemor en prender en nuestrnr columnar era flor, una de lar primeros que han bro. tndo en el invernndero decadentista."

.

.

l6 Sin firma. "Sucesos varios. Revista Moderna". en El Pok, t. 1. núm. 6 (7 de enero de 1893). p. 3.

" Sin firma. ''Sucesos varios. Nuestro número litersrio", en El Pnir, t. 1. núm. 7 (8 de enero de 1893), p. 3. En su "Estudio introduc. tario" n Ir Revista Moderw. HIctor Valdes no regiscra la existencia

lo que asever6: "'Preludio' [poema de Balbino

Dávalos]. fechado el 5 de enero de 1893. dos dias nnres de aparecer en el peri<jdico,junto con 'Misa negra', no tendria mas importancia que otras poenios de In epoca que eran muestras del 'decadentiamo' si no fuera porque esd dedicado a la Revista Moderno en un momen- to en que Tablndn aún no hablaba de ella públicamente: lo hard des- pues. el 15 de enero de ese afio" (p. XX). Al onrecer. enroncer, la idea

de estos "sueltor". por

de fi>ni;ir i>t, rr.i.ir<;i

f.ic antcriur r 11 piiblic>riijn del per.<jd~;oK,

!'dls. ciotiJc Iii5 I>.><rir iu.nhoraron. quzlr, pur f~haJc tina nielor op-

ci6n y en espera de que su proyecto editorial se hiciera realidad

-

XXIl

@ El 8 de enero, losé Juan Tablada, como jefe de la seccidn

I ! literaria del periódico capitalino El Pais, dio a la luz su

poema "Misa negra", que, por considerarse "decadente" y

$obre todo en contra tanto del pudor como de la moral, le

i -

cost6 el despido d e s u cargo.'a Empero. antes de que esto

sucediera se publicaron al~uunosarticulas en los cuales re

inició la discusión sobre el nuevo movimiento artistico (Lite-

. rario y pictórico), que iba tomando fuerza en toda Hispano

américa.'9 Dfas después, José Juan Tablada, dolido por la

l8 Cf. H. Valdés. "Estudio introducrorio". en ag. cit., pp. XVII-

XVIII.

IP El critico Jorge Olivares afirma que, en rérminor generales, la polemica sobre el modernismo lirerario se suscim y estuvo vigente, mas o menor. entre 1888 y 1907 en los centros urbanas mas impor-

tanres de la America hispana amf. J. Olivares. Ln novelo decadente en

kneruoln, p. 31). En cambio en España, re@

Zulera, esta discusi6n arrsnc6 mas tarde, hacia 1898 y pedid fuena

también en 1907 (cf. 1. Zulera. Ln polémica madernirta. El madernkmo de mor a mar, 18981907). En este contexto. consideramosque uno de

los puntos

cuesra que en 1900 realizo Enrique GDmez Carrillo en el Madrid C6mica; en ella formul6 las siguientes preguntas: 1"iQué es el mo- dernismo artuol en literatura v arte!; 2* iexiste hoy en Esiiaña una corriente intelectual y esterica nueva. comparablea las corrientes mo- :,

el estudiosa Ignacio

aIgidos de esta revisien de 1s "nueid" es@tica fue la en-

'

dernisras (simbolisras. prerrafaelitas, decadentistas. impresionistas) que en el transcuno de estos diez años han modificado el gusta y la moda en Inglaterra, Alemania. Belgica y Francia!; 3"jcuáles son los representantes del modernismo! iQuiénes ron sus enemigos mas

' terribles?; 4"la lengua espaaola ;ganar6 o peniera con las modifica- ciones que en ella introduce el modernismo!; 5"la nueva generaci6n ¿es superior o inferior a la generacidn de nuestras padres. los hom. bies que, como Pereda. son hoy ilustres ancianos! (E. Gómer Carri. Ilo. "El madeinismo". en Madrid Cómico, 19W, p. 157). En 1902, el periMico Gente Vicjo de Madrid lanzó una encuesta similar que no tuvo la misma acogida. Cinco aaor mas tarde, el mismo G6mer Ca. rrillo publico nuevamente una enqubie en el peri6dico EL Nuew

I

1

censura de que había sido objeto su poema, envió una carta

abierta a sus compatieros Jesús Urueta, Balbino Ddualos, Alberto Leduc, Francisco de Olaguíbel y losé Peón del Valle, cn la que se refirió a la creación de una revista mo

cierna

"exclusiuamente Literaria y artfstica, animada por la

filosofía y el sentimiento mdr auanzadas"; de un espíritu innovador que reiuindicaría los fueros del arte y defendería La dignidad del artista;'O proyecto que fructificó cinco anos más tarde, cuando el 1" de julio de 1898 apareció el primer número de la Revista Moderna. De igual manera, Tablada expuso su caracterización de la nueva escuela para lo cual distinguió entre un decaden- tisma exclusiuamente Literario y otro moral; el primero con. sistía en el "refinamiento de un espíritu que huye de los lu- gares comunes y erige dios de sus altares a un ideal estético que la multitud no percibe, pero que él distingue con una vi. dencia moral, con un poder para sentir lo s~prasensible";~'

Mercitrio de Parir. en esta acasi6n las incógnitas fueron: 1QC1ee usted que existe una nueva escuela literaria o una nueva tendencia inrelecrual y arrisrica?;2"que idea tiene usted de lo que se llama modernisnio!; 3"jcuáles son entre los modernistas los que usted

prefiere?;y. 4"qué piensa usted de la literatura joven.de la orien- tación niieva del gusto y del porvenir inmediato de nuesrras lecras? Esta encuesta ruvo mayor &o. la contestaran entre otros Emilia Pardo Bar*", Manuel Machada, Manuel Ugarre (vid. "Enqere sobre el modernis60". en El Nuevo Mmurio, núm. 3, mano de 1907, pp.

335-342), y dos mexicanos; Jesús E.

El Ntzrvo Mercurio, núm. 8. agosto de 1907. pp. 891.894; repioduci.

da en la Reuilrri Moderno da Mhiro, vol. vil. núm. 45, mayo de 1907,

pp.

131.132) y Amado Nervo ("El modernismo", en El Nuevo Mmu.

rio. núm. 7, julio de 1907, pp. 793.797). 'O Cf. H. Valdes. "Estudio introductorio". en op. cit., pp. XVII-

XVIII.

" loseJuanTablada, "Cuesti6nIlteraria. De&dentismo",en arr cir.

Valenruela ("El moderni~mo".en

de tal suerte que, esta nueva sensibilidad representaba de manera textual Las conwlsiones de La cambiante vida mo- derna. El segundo se manifestaba a travks de un profundo cansancio por la vida, producto del proceso de seculari- zación, ya mencionado; así como por el desarrollo de una sociedad que privilegiaba los bienes materiales en detri- mento de los espirituales; inclinaciones propiciadas por la implantación de las ideas positiuistas. En su misiua, Tablada se postuló como el profeta de la nueva tendencia artística en México, a la cual suscribió en el extenso dmbito del decridentismo; movimiento estético' que nació en Europa a mediadas del siglo XíX y que alcan? zó su apogeo en Francia hacia 1880, con La aparición de un conjunto de creadores autodenominados decadentes. Co mo lo demuestra-la interpretación de Tablada, desde que se aplicó el término decadente en el ámbito de la literatura es. tuvo cargado de connotacioiies ambiguas; para algunos, el concepto se refería a una literatura refinada, producto de un gran desarrollo cultural, así como una manifestación de rebelión contra los cambios traídos por La modernidad y las costumbres impuestas por la clase burguesa; para otros, .el calificativo remitia a una expresión artistica exótica, ar. 'L tificial e incomprensible, resultado de ciertas inteligencias enfermas, hipersensibles, en plena de~composición.'~ ia carta de Tablada suscitó diversas respuestas, entre las cuales se destaca en primer término la de Jess Urueta. quien manifestó su desacuerdo con la utilización del vocablo ;decadentista para denominar dicho movimiento literario.

"

Poe Carden. "Parnaarianism, Symboli~m,Decadentisrn and

Spanlrh Ameiican Modernism". en Hbpanio. niim. 43. 1960, pp.

445.451.

Ese nombre, a juicio de Urueta, indicaba un descenso en ia excala moral o literaria, según se aplicara, por Lo que, glosando al propio Tablada, el autor lo refutó: "según usted -dijo-, el decadentismo literario consiste en el refina. miento que huye de los lugares comunes"; jcómo entonces esto podria considerarse una expresión de la decadencia?; por el contrario, esa exquisita sensibilidad implicaba una elevacien de niuel. Fuertemente influido por Las ideas del critico Hippolyte Taine, para quien la literatura, como otras manifestaciones socioculturales, se hallaban determi. nadas por la rata, el medio ambiente y Las circunstancias, Urueta sostuvo que no existía una sola forma artística. pues. o, que no habia un temperamento único; de ahi que, mas bien se debería hablar de diversas representaciones discur- siuas emanadas de Las diferentes maneras de sentir. Así, por ejemplo, analizó los tres principales movimientos literarios a través de las que se revelaba el complejo espíritu moder. no: intimismo, naturalismo y decadentismo; cada uno de ellos con sus propios procedimientos e inclura coii un uoca. bulario particular. En suma, para el autor el decadentismo Literario era la "notacion literaria del decadentismo mt> ral", la cual tiaducia las "sensaciones indefinibles, enfer. mas" de todos aquellos "enfermos de civilización que se refugiaban en algún paraiso artificial"; con este fin recu. rria a los diccionarios viejos, visitaba las trastenas llenas de baratijas, era amiga de los pintores." De tal modo que, ante el mundo convulso de la modernidad, donde los ade- lantos tecnológicos y el gran desarrollo industrial hablan

" Jeriis Uruera. "Hostia. A JoreJuan Tabisda". en El Pnir, t. I,

núm. 18 (23 de enero de 1893), p. 1; recogido en el presente volumen.

dado lugar a diversas respuestas estéticas, el decadentismo había surgido '>porque a otros eqpiritu la ciencia sólo ha dejado amarguras y sombras". U~uetaculminó su misiva pidiéndole a Tablada que no insistiera en aprisionar los nuevas vuelos artisticos en una escuela estrecha, que sólo coartaría el estro literario, pues mientras mis libre se sintiera el creador para seguir los mandatos de su temperamento, mds genuina seria su producción; de esta manera, sin importar la tendencia, la obra que valiera la pena alcanzaría su trascendencia. Ahora bien, aunque negó el calificatiuo Llecadente" para el movimiento artistico. el articulirta coincidió con Tablada en defender un mismo p~incipio:el culto apasionado por el ideal del arte, por la belleza. Finalmente, U~uetaacusó a Tablada de haberse coi. tagiado de forma voluntaria del decadentismo, a través de su lectura de los escritores franceses en quienes habia en. contrado un eco '"su alma enferma". Esta idea implícita de que la escuela decadente no era una representación textual derivada del estado social ni espiritual del dmbito mexicano tuvo mejor recepción que los principios propues- tos por Tablada. En el mismo tenor, en otras publicaciones periódicas de ' la época aparecieron varios textos donde se criticó, en tono entre burlón y violento, a los apóstoles de la "nueua" ten- dencia estética. Casi todos escritos con algún seudónimO, estos juicios que uan desde el apoyo a la visión sugerida por Urueta, como es el caso de Pilades, quien aduirti6 que "las humanas letras seguian un proceso ascencional y co- mo las demás bellas artes continuaban persiguiendo la belleza", por Lo cual no podian partir de un ideal extraído

''de la basura o de un 1upanar";z' hasta Indolente, que con ironia se mofó de las "tonteras" del decadentismo, al que definía como un estilo donde bullía tanto 'él mal gusto en

extravagante y chi- re propuso decir";25

pasando por esfuerzos de caracterizar con mayor claridad los elementos distintivos del movimiento literario, como Lo intentó Alberto Leduc en su carta del 29 de enero. Para el cuentista, el decadentismo mds qire un conjunto de procedi- mientos, representaba una fisonomía especifica del espíritu, "un verdadero estado de absoluto e irremisible desaliento", que convertia el ricto creador en "una manera de aceptar la vida y nada más; su objeto único es avivar con frases la llaga íntima de su sensibilidad";'6 de ahi que enrilarse en sus filas significaba tambiin ser parie del desaliento uniuer- sal que imperaba en el orbe moderno y de las literaturas de otras latitudes, inspiradas en la misma crisis existencial. Con base en lo anterior, a los autores decadentes se les denostó en gran medida por su sectarismo literario, que se oponía de manera directa a Los discursos hegemónicos pro- clamados por la escuela nacionalista; asi como por el mie- do de la sociedad ante una propuesta escritura1 artificial y

cláusulus inintcligibks" como "La frase llona [que1 expresa y no expresa lo que

" Vid. Pilades, "Borrones. l. Decadentismo".en Diariodel Hognr, año Xli, núm. 116 (26 de enero de 1893). p. 1; recogido en el pre

Sente volumen.

Vtd. Indolente, "Un decadente. Su estilo". en El Dem&rdto, ano l. t. i, núm. 5 (7 de febrero de 1893), p. 3; recogido en el pre $enfe volumen.

"Decadentismo. 'A Los señores Jose Juan Ta.

blada. Jesús Uruera. Francisco de Olaguibel y Luis Vera"'. en El Pofs. t. 1, núm. 23 (29 de enero de 1893). p. 2; recogido en el pre senre voluinen.

l6 Alberro Leduc,

extranjerizante. alejada no sólo del proyecto ilustrado de educar al pueblo a través de las letras. objetivo fundamen. tal de los intelectuales decimonónicas, sino incluso apartada de la moral "sana" y "viril" del México porfiriano. En este contexto, se entienden las exaltadas reacciones de encono que Ieanbernat -autor desconocido- reconoció, en su artfcu. lo del 22 de febrero. al exponer que nunca se había desen. cadenado "mayor sana, ira más tremenda, contra una nueva forma del pensamiento, la prensa gobiernista, la de oposición, la religiosa, al unisono han injuriado, calumnia-

do, burlado a los decadentistas".2'

Independientemente de su postura, todos estas polemistar aceptaron que la estética decadente sumaba una variante, para algunos revitalizadora, para otros patológica, al medio cultural del país. Empero, en este primer combate aún esta- ba en duda si estas producciones decadentes trascenderían el escándalo e ingresarian a la historiografia de la literatu. ra mexicana. Cabe setialar que después de tres lustros de lucha perio- dística en defensa del modernismo, Manuel Gutiérrez Ná- jera, curiosamente, no participó en esta polémica de 1892- 1893 ni intercedió por Los jóvenes. Sin embargo,año y medio. mis tarde les ofrecióuna tribuna: aquella "reuista moderna" anunciada por Tablada en 1893, bien pudo ser la Revista Azul,a La que sus editores -Gutiérrez Ndjera y Carlos Diaz Dufoo- definieron como un proyecto editorial dedicado a una generación "sana, fresca, joven y valiente", cuyo pro-

" Jeanbernat, "Dec;identismo", en Diori~del H~gnr.ario XII. niim. 139 (22 de febrero de 1893). p. 1; recogido en el presente volumen.

-

XXM

grama se reducía a no tener ninguno, que sólo procuraría

ser innovadora e ~nclusiva,regida por La pasión hacia "lo bello" y por "su principe y sefior" el arte. En ella, el princi. pal objetivo sería, entonces, tanto galantear la frase como repujar el estilo, "convertir el metal sonoro de la lengua en

tréboles uibrantes y en sutiles hojas

lanceoladas";asimismo,

se evitaría la entrada a la Revista a exa "gentuza" que rdla

enlodaba las alfombras arbtocrdticas del arteJ8 Bajo estos

lineamientos, sus fundado~shiciemn una cordial invitación

a sus 'hmigos próceres", la nómina estuvo constituida por: Manuel Flores (1853.1 924), luan de Dios Peza (1852- 191O), Jesús E. Valenzuela (1856.191 l), lesS Urueta, Luis G. Urbina, Josi luan Tablada, Federico Camboa, Angel

de Campo 11868-1908, Rafael de Zayas (1848.19321, José

Bustillos (1866-1899)y Balbino Dá~alos.'~

EL DEBATE SOBRE UNA LITERATURA

PROPIA: 1896

En junio de 1896, todavía circulando La Revista Azul, se desató una nueva y severa critica contra el decadentismo

en La cual sc intentó tanto precisar de nuevo el término y

la manera de escribir de este grupo, como analizar la acep.

ración de esta propuesta en el gusto Literario del pueblo mrxicano.

E1 Duque Job,"A!pie de 1s escalera",en Revista Azul. t. l. núm.

1 (6 de mayo de 18941, pp. 1.2; recogido en el

presente volumen.

l9 Cf.

El Duque Job,"El bautismo de la RLviaa &u?', en Reuisto

Azul. t. 1, noni. 1 (6 de mayo de 1894). pp. 1-2; recogido en Obmr 1,

edici6n citada,pp. 537.539.

j Este debate giró principalmente alrededor de dos preocu. paciones: una, que cuestionaba si la literatura decadente era en realidad un producto de La sociedad mexicana o sim. ple copia de las corrientes estéticas europeas ya menciona- das; la otra, que se preguntaba si esas producciones literarias satisfacían las necesidades intelectuales de La "masa' y, por lo tanto, eran comprendidas y asimiladas por ella. Todo comenzó cuando un periódico de la Capital emitió una opinión reticente sobre la literatura moderna -pieza que atin no hemos podido Localizar-, a la que se calificaba de "tísica", inferma" e "inútil", entreotros motiuos, porque la generalidad de la población no la entendía. El 15 de ju. nio de 1896, Amado Nerw -que no participó en La polé. mica de 1893, porque no había llegado aún a la ciudad de México-, con el seudónimo de Rip.Rip, salió a la defen- sa de los jóvenes creadores, quienes escribian por y para el arte sin buscar ni la gloria ni una remuneración pecunia. ria, porque no creían en La primera y la segunda no se obte. nia en Méxicc por este medio. Dentro de este panorama, el poeta definió el movimiento literario moderno -modernis. ta o decadente, términos que para estos años comienzan a utilizarse de forma indistinta- como un conjunto de proce. ":

dimientos que "en uerso l

]busca

la nouedad, y ya que es

tan dificil hallarla en el pensamiento, debe buscarse en la combinación de la frase, en el primor del metro, en la sin- gularidad de la factura, en el colorido de La estrofa que des- pierta sensaciones ext~añas".'~El pueblo, afirmaba Neruo,

" Rip-Rip, "Fuegos fatuos. Nuestra literatura". en El Nacional, t. XViii, ano XViii. nsm. 287 (15 de junio de 1896), p. 1; recogido

en este volumen.

no era capar.de entender a Manuel Payno, a José Tomds de Cuéllar, a Guillerma Prieto, ni a Angel de Campo, literatos que habían pintado la realidad nacional en espera de que el vulgo no sólo se viera reflejado en sus páginas, sino que por medio de ellas se educara. Escribir, decía el autor, 'Como re escribía hace cincuenta anos, seria soporífero y necio".Jf Por su parte, ~urelioHortay José Monroy, opositores del decadentismo, juzgaron la actitud de Nerw y sus co fradesde "olímpica aristocracia", e intervinieron en el deba. re en defensa del gusto artistico del pueblo me~icano,el cual -afirmaron-, por instinto, sabia elegir lo bueno y lo bello de la literatura, es decir, era capaz de comprender a aque- llos que habian escrito para él e incluso aprendían y recita- ban a Los poetas desu agrado, "cosaque hoy -decia Horta-

no puede hacer coi.esos

versos decadentistas que parecen

escritos en casa de orates y que el pueblo, con su buen sen- tido, rechaza y ridiculiza, porque con efebos y glaucos y azulinas y demás palabrejas bombásticas, no puede expre- sar sus amores y sus quejas". El pueblo -confirmaba el ar. ticulisra- efectivamente no es el de hace'ueinte años, "ya sabe Leer y comprende lo que lee, por más que El Nacional lo crea embrutecido".'z Sin importar los alegatos de sus contrincantes, Nerw persistió en su idea de que la mayoría de los mexicanos no Leian ni entendían a sus escritores, por lo que Im 'Zecaden. tistas" habian aptado por crear para rus iguales, para los

" Iden,. " Aurelio Horca, '"Litentuiapara el pueblo", en U Pcrtida Libsol,

t. XX, nuni. 3273 (20 de junio de 1896). p. 1; "id. tambien; Doctor l? P. (Ch.). "A RipRip", en El Nacional. t. Xviii. año XViil. núm. 291 (19 de junio de 1896), p. 1; recogidm en este volumen.

aristócratas del arte; de igual manera, a nombre de su gru. Po, expresó la inquietud que había p~ovocadoen ellos la in- clinación de la sociedad porfiriana hacin los principios materialistas, que dio como resultado el aparente despla. zamiento del literato de los círculos del poder polirico, hacia espacios como el periodismo y la cdtedra, donde si bien su voz seguía siendo importante, ya no era fundacional. No obstante, debemos recordar que casi todos los escri- tores modernistas, de cierta manera, se adaptaron a las nuevas normas sociales de producción, ya fuera como di- plomáticos, diputados o empleados de algun ministerio $e Estado. De tal suerte que, la intención de estos artistas no fue promover el derrumbe del sistema politico, sino más bien defender a la literatura como una profesión, como un trabajo intelectual que le proporcionara al escritor un niuel de vida digno. En este sentido, Nervo sostuvo que, aunque el gobierno no estaba "obligado a prohijar a esa familia de desheredados que se Llaman poetas", si debia "ver Las mani. festaciones del arte y la literatura con buenos ojos, y dar al libro y a la obra artística las franquicias que les conceden en todos los gobiernos cultos".JJ Por último, con su texto "El decadentismo y el cartellan~";~ el poeta canceló esta controversia enumerando los beneficios que la "renovación verbal" modemista había traido al camte- llano y, al mismo tiempo, condenó a los verdaderos enemigos de la lengua, aquellos 'Yaalros" discípulos del decadentismo, imitadores rubendariacos, quienes "no son modernistas, no

"

Rip.Rip, "Fuegos fntuos. La última palabra". en El Nacional, t. XiX, 3R0 XiX, niim. 4 (4 de julio de 1896). p. 1; recogido en este volumen.

son decadentes, y cuanda decadentes se confiesan, siente uno deseos de decirles lo que el Padre del cuento a la penitente que se acusaba de ser hereje: -No hija mía; tú no eres here-

j

!.

je: eres tonta"." Aun cuando al parecer Neruo ganó la par. tida, todauia existia Laincógnita de si el decadentismo produciria buenos frutos para La literatura mexicana, ex decir, deuendria en una de las directrices dominantes del arte nacional.

LA VICTOIUA DEL MODERNISMO: 1891-1898

Entre los años de 1897 y 1898, el movimiento decadente, ahora ya plenamente definido como modernisra, consiguió trasladarse de los linderos hacia el centro de la República de las Letras; esto, en parte, gracias a que varios de los autores Ligados a él tomaron por asalto Las secciones cul. rurales de algunos periódicos del momento;'s además de que, pur esos años algunos editaron sus primeros libras, con la cual sris producciones tuvieron una mayor difusión, al grado de que en 1897, de acuerdo con un reportero del pe- riódico El Universal, cinco de los diez libros de creación

RipRip. "Fuegos fatuos. El decadentismo y el castellano", en El Nacional, c. XIX, año XIX, núm. 15 (17 de julio de 1896), p. 1; recogido en este volumen. " Sin duda. este proceso de difusi6n de la abra de algunos mo- dernistas comelirP desde 1893; sin embargo, a partir de 1896 fue mucho mayor sil presencia en las publicaciones periódicas, por ejem. plo: Alberto Leduc y Bernardo Gura Castillo colaboraron con asi- duidad en ins pfiginas de El Uniueiiol, y Clro B. Ceballor. Amado Nervo. José pinn Tablada y Ruben M. Campos en las de El Nacional, El Mundo y El Mundo Iiurrrado.

editados en la ciudad de México pertenecieron a autores del grupo.j6 Paralelo a este proceso, poco mas de un año des- pués de la polémica entre Neruo y Monroy, en diciembre de 1897, Victoriano Salado Alvarez publicó una carta dirigi- da a Francisco Modesto de Olaguibel, con motivo de La re- ciente aparición de su libro Oro y negro. En ella, el autor jalisciense acus6 a los decadentes de artificiosos e imita. dores. pues postulaban una estética proveniente de Francia. ajena por completo al medio mexicano; asi Le indicaba al poeta: "pertenece usted a la escuela que bajo el calificatiua de decadentista encierra en su seno a otra multitud de sec. tas y doctrinas brotadas de ese gran semillero de ideas que se llama Parir". Como años antes Urueta, Salado Áluarez utilizó los principios de Hippoiyte Taine, "~am,medio y cir. cunstancia': para afirmar que "la obra literaria no es juego de imaginación, capricho aislado de cabeza calenturienta, sino copia fiel de las costumbres que rodean al autor y signo de un estado de dnimo";" idea central de La critica antide. cadente de ese momento, que con el apoyo de la critica positivista de Taine y la pseudocientifica de Max Nordau

M Cf. Un Rebarrer, "Libros y autores. 1897". en Universal. t. xvfi 3Vpoca, núm. 1 (1 de enero de 1898). p. 3. De ello se da cuenta en los mismos periddicos donde se publicaron divemas resemas. veanse, entre atrar; Amado Neivo. "Clar*obrcmro de Ciro B. CeballosV,,en El Mundo, t. i. núm. 1 (3 de enero de 1897), p. 3; Bernardo Couro Carrillo, "Francisco M. de Olaguibel. Om r negro". en El Mundo. t I. núm. 19 (9 de mayo de 1897). p. 305; jose Juan Tablada, "Oro 7 ne 8.0, M. de Olaguibel". en El Mundo, t. 1. nilm. 20 (16 de enero de 1897), p. 325; y Leopoldo Lugones. 'Negro y aro, por Francisco de Olagutbel", en El Nocianolí3 de octubre de 1897). p. 2. " V. Salado Aivarer, "Los modernisras mexicanos. Om y nqro",

en El Mundo. t. 111. núm. gido en este volumen.

390 (29 de diciembre de 1897). p. 131; rece

y Pompeyo Gener, contaba con mejores herramientas para

desacreditar las obras de los literatos modernistas, ya que, en cierto sentido, estas teorías sistematizaron los juicios. antes

burlones e irónicos, pero sin fundamentos cientificor, de

los enemigos del decadentismo.

Neruo, una uer más portavoz del grupo decadente, con-

tradijo esta uirión determinista de la literatura al PTopOner

que ésta bien podía "eleuar la intelectualidad del medio",

mas nunca el medio crearía la literatura; de igual mane.

ra, argumentó que si las reflexiones de Salado tuvieran

ualor de verdad, en México el arte sería nulo, puesto que la

intelectualidad media de México no se encontraba ni siquie.

ra a la altura de Guillermo Prieto.38

Al calor de la discusión. Tablada se proclamó como el primer modcrnista, ya que, afirmaba, en el año de 90 ha-

bía sido el "único que en México había francamente adop-

tado el procedimiento modernista hoy tan en boga"; en el

mismo tenor, relató que desde entonces habia oído infinidad

de uituperios contra el movimiento literario que encaberaba.39

Cabe subrayar que ya para 1898, como se aprecia en el

la Vid. Amado Nervo, "Los modernistas mexicanos. Réplica", en Ei Mundo. t. IV, núm. 394 (2 de enero de 1898). p. 131; recogi- do en el presente volumen. P' Con esra afirmaciun Tablada deseonaci6 la herencia de Manuel Gutiérrer Nijera que ya. desde 1876. habia abogado par los mismos principios, y que en 1887 habla utilizado el término "modernismo" como sin6nimo de 'decadente" al hablar de la famosa actriz Sarah Bernhardr: ''aquella musa del modernismo, viciasamente divina l.,,I Jamas la paiiin moderna ha encontrado mejor interprete que ella. Es la pariOn que conoce la blanda somnolencia de la morfina. que busca

los 'paralser artifici~les'.que crea novelistas como Edgar Poe. poetas

como Baudelaire y blasfemos como Richepin. ¡Nuestra musa

rica es ella, la blonda Sarah de la voz de oro!" (El Duque Job, "Hu.

neurb

texto tabladiano, el término modernismo habia desplazado

al de decadentismo, que a partir de este momento sólo que-

dó como un calificativo peyorativa en la critica antideca-

dente. Sin embargo, ante el uso indistinto de los términos,

sobre todo por los detractores de la nueva escuela, Neruo

canceló la confusión y decretó la muerte oficial de dicho ma-

vimiento en México, al decir:

E! decadentismo ha muerto. Queda como una palabra anodi. na,en las labios de quienes jamdr !o entendieron, corno una pa. labra tan impenetrable cual !a antigua Kábala, como una palabra que fue simbalo de revolución, bandera de rebeldes

y espantajo de ingenios rectilineos y normales f

tirmo no fue una escuela, fue un grito: grito de rebelión del [den!, contra la lluvia mon6tma y desabrida de! i!oro romín. tico, contra la presidn uniforme y dererperante de los parnaria- nos f contra el anriert&ticoafán de un nnálirir noturnlirtn que re recre6 en !a sedicente bellern de lar llagas, e hiro de la noueln y del poema un baratillo de objetos y uirtualidader,

]el decaden.

],

Para concluir, Nerw definió al decadentismo como una

reacción contra otras tendencias artisticas anquilosadas, que impedian la euolución de este arte; as¡, el grito deca. '!

dente mds que una escrcela estética, sólo constituía un

eslabón en el progreso general de las letras nacionales. Una

moradas dominicales". en El Portido Liberal. t. VI, núm. 792, 23 de, octubre de 1887. pp. 1-2; recogido con el tirulo "La Bernhardt. la Patti y la Prwast". en Obrot VI. Crónicas y nrriculos rok lentm IV. 1885.1889, pp. 245.249; loc. cit., pp. 247-248.) Amado Nervo, "Los modernistas mexicanos. Replica a Victo

riano Salado Abarez", en El Mundo, t. IV. niim. 418 (30 de enero

de 1898). p. (41; recogido en este volumen.

-

'O

XXXVIl

uez consumada la rebelión, según el poeta, a los autores, for. talecidos por los ataques del pasado, los unía un solo ideal:

el del arte. En respuesta a lo anterior, Salado Áluarez intentó des- lindar, por oposición, el espíritu rector de este movimiento que tenía "un fondo psiquico de amargura, de desencanto, de hastio de la vida que no cuadran can el estado actunl de Los espíritus";" asimismo, sostenía que, por sus característi- cas, el decadentismo no podía ser considerado una retórica coma el romanticismo, ni un método de inuestigación como el realismo, ni un arte frío y aristocrático como el parnasia. nisma, piier más que una estética, encarnaba una visión del mundo poco recomendable, que ponía en riesgo la "sa- lud" de la sociedad porfiriana. A pesar de que Neruo quiso dar por terminada la con. trouersia, realmente fue Jesús E. Valenzuela quien con sus dos cartas de enero y marzo de 1898, no sólo resumi6 los alcances y La importancia de La auanzada modernista, sino que también cerró la discusión sobre el tema, al deno tar que si bien estos jóvenes autores habfan importado gran parte de los procedimientos estilísticos de las escue. las europeas y sobre todo fmncesas, tras un periodo de asimilación, favorecido por las condiciones socioculturales del país, todos esos elementos habian originado una lite- ratura propiamente mexicana. Esta extenra reulrión del autor le dio al modernismo su anhelada carta de natura-

" Victoriano Salado Alwrer, "Carta al renor don Amada Neruo", fechada el 10 de febrera de 1898; recogida en DImi coiecho. Estudiar de crltica. Guadalaiara IMéxicol. Imprenta de Ancira y Hermano, A. Ochoa, 1899, pp. 31-41; recopilada en el presente volumen.

Lización, su reconocimiento como una de las directrices principales de La literatura nacional." Dada por concluida la polémica, el 11 de junio de 1898 en sus "Notas de la semana" publicadas en El Na- cional, José Juan Tablada fue el heraldo de la «buena nueua": el nacimiento de "un periódico exclusiuamente Li- terario, que aparecerá en breve, y cuya redacción estará formada por artistas como Jesús Valenzuela, Julio Ruelas, Jesús Urueta, Balbino Dáualos, Ciro B. Ceballos, Bernar. do Couto, Rafael Delgado, Alberto Leduc, Francisco M. de Olaguibel y Rubén M. campo^".'^ En este contexto, el 1Ue julio de ese mismo aíio, para llenar el vacío que dejó La Revista Azul, vio la luz el primer número de la Revista Moderna, con el subtítulo de Literaria y Artistica, que cambió a partir del segundo periodo por el de Arte y Ciencia." Ln consumación de

Vid. Jesús E. Valeniuela. ''El modernismo mexicano". en El

,

Uniuerrai. t. XVI. 3s epoca, nbm. 20 (26 de enero de 1898). p. 3, y "Los modernisras mexicanos". en El Univeriol, t. XVi. 3' época, núm. 40 (4 de marro de 1898). p. 4; ambos recopilados en el pre sente volumen. '3 los& Juan Tablada. "Notas de la semana". en El Nocionol. t. XX., ano xx. núm. 281 (11 de junio de 1898). p. 1; recogido en el pre-l sente valumen. Cabe recordar que antes que saliera a la luz este primer número

auspiciado por JesUs E. Valenruelñ, la Revisto Moderna ejemplar anterior; como relati> el mismo autor: "Fue a

pan, donde yo vivia, un amigo mio que ya no lo es. diciéndome que Couco deseaba fundar un peri6dieo de teatro. ri ya le ayudaba, le contese que no. pero si Couto queria hacer un ~eri6dicaliterario. yo le ayudaria. Pocos dias despues estuvo a decirme que estaba Couto de acuerdo. Posteriormeiire, Ilegú el licencindo Davalos a verme y me sugiri6 que se llamara Revirro Mod~rno.Davalos recordaba La Lucho. peri6dico hebdomadario que ~ublicabaun renor de la Vega. joven

cant6 con un verme a Tlal-

esre ~royectotan largamente acariciado, les proporcionó

UNA NUEVA GENERACI~NDESPUNTA: 1907

a 10s autores modernistas el medio propicio para dar a

mavo de 1907, con el deseo de reuiuir la Revista Azul. 1 periodista Manuel Caballero publicó el prospecto de la segundaépoca de La reconocida reuista, cuyo Primer n*me- se edito el 7 de abril de ere aíio. En aquel documento, el en las filas modernistas se hallaban

significó el despunte del movimiento "moderno" corno tal "muchosy muy notables talentos"; empero también advirtió

en las letras nicxicanas; más bien, podemos hablar de di.

conocer sus trabajos dentro y fuera del territorio mexica. no; de este modo, su Revista se transformó en breve en una de las voceras más importantes de este movimiento estético. Ahora bien, la publicación de la Revista Mo

la existencia de una facción contra la cual dirigiría sus ara- declarando con esto La guerra frontal a 10s resabi~s de aquel movimiento de~adente,.'~virus que uoluíd turbio

todo 10 claro, incomprensible lo que era Llano Y falso

dadero.46 Para alcanzar su objetivo, Caballero publicada

materiales sanos y accesibles, "prefiriendo a toda costa 10

ferentes oleadas modernistas en el país. Gutiérrez Nájera cubrió la Primera de ellas, mientras que la segunda, La de

su aPo~eo,la dominó el grupo decadentista que, como he-

mas Podido apreciar, optó claramente por preferir el abela- rivo "modernista", más en consonancia con sus búsquedas estilisticas y existenciales.

10 ver.

en la Literatura

propia coma en la extranjera, lejos del "ansia malsana" de

anormales", de aquellos

que corriendo tras la originalidad caen en el vicio. Sin duda, el autor rescató ideas que Gutiérree Najera

los adictos a bs "goces exóticos y

que de

bello" pudiera encontrar tanto

m~ simparico Y en el que habian escrito si no recuerdo mal,

~~b~~d~

Y ksús Uruera. habl<ndose alli de I;i fundnci6n de In ReuirtoModer no. Cauto decia tener en el Banco Nacional el dinero necesario, de

ponirado para Ilevsr n cabo la empresa. Public6 Cauto el

Y no publico el dar. Nos echamos el amigo y yo a buscar a

todas las cantinas. pues era muy vicioso n pesar de no haber 10s veinte anos. ;Qué sucede ron el peri6dico! Nada. ;y qué piensa

usted? Nada. ;Estoy nutorirado pare hacer lo q~eme parerca!

contest". Y habiendo ido al dia siguiente a ver al impresorcarranra,

que vivin en el Calleion de Cincuenta y Siere, me dijo que éste no estaba rcsiielto a hacer el niimera dos, porque número uno que habia cirrulado, le debia Couca una parte rodavia. L~ pague la que se &bia Y corri6 de mi cuenta el peri6dico, y Revista ~~d~~~~

fue". (M<¡. lesos E. Valenzuela. "Mis recuerdos. XVIII. nad6 epoca. Con auroriraci~ndel fundador que sobrevive". en El Entrene- la Rei~iitoMailern<i. Urueta. el mejor orador de ~rnérica.M~~~~I io. B~,c,,,~~BIde ~~p~~rd~~i~~.~it~~~i~~aY Arte. nlim. 625 (21 de mar. Pugn y Acn! Y Juan de Dias Pera. El pintor Julio Ruelas. Mis ~pini* u> de 1907),pp. 1-2;recogido en este volumen.

Caballero."Prospecro". en Revista Azul. segunda

t. l. niim. 10 390 114 de

41 cj. ~~~~~l Cabsllero, "iGuerra al decadentismo! Resurrec. de la Reviste Azul. Dominical Literario. Fundado por los senores ~~~~~l Gutiérrez Najera y Carlos Diar Dufoo en 1894. Segunda

sin embargo,en su prospecto Caballero oluidá algunos Prin- ~ipiosnajerianos fundamentales, los cuales les druieron de

(1876) donde, como ya mencionamas, concibió el arte, a la manera de PLatón, coma lo bueno, lo bello Y lo verdadero.:

niimerouno

cauto

si, me

dejó plasmadas en su

ensayo "Ei arte Y el materialismo"

nes sobre el movimiento literario modernista". en Erctlsior,ano XXX,

enero de 19461. pp. 141.5,)

*a cj,

epoca. ano vi (marro de 1907). p. 2.

-

-

argumento a los futuros atenelstas para oponerse de manera

enfdtica a la aparición de la segunda ipoca de la Revista

Azul. En su momento, El Duque Job defendió con claridad

la total libertad creativa, es decir, rechazó la imitación de

los modelos clásicos y abrid la senda de la imaginación ili.

mirada; asimismo, durante toda su vida proclamó la bús.

queda de la originalidad, la incorporación de nuestra lite~

tura al dmbito universal, el eclecticismo, el cosmopolitismo

y la constante euolución. En cambio. Caballero proyectaba

establecer en su periódico una sección de modelos clásicos

que permitiera a los jóvenes su 'éstudio e imitación"; tam.

bien pensaba auspiciar algunos 'Concursos periódicos para

la producción de obras literarias", dentro de dichos cdnones

y, en nombre "de La eterna belleza y de la verdad divina", deseó la welta de '"los fueros de la poesia parnasiana"."

Contra este proyecto que mutilaba el pensamiento del Du.

que lob, se rebeló una nuew generación:

Nasatror, lar que firmamos al calce, mayoria de hecho y par derecho, y del niicleo de la juventud intelectual, y con toda

la energía de que romos capaces, protertamos públicamente con.

irreverencia y falsedad que en nombre del excelro

poeta Manuel Guti6rrez Ndjera, se esrd cometiendocon la publr cación de un papel que re titula Revista Azul L protestamos porque El Duque lob fue justamente el primer revolucionario en arte, entre nosotros, el quebrantadar del yugo preudacldrico, el fundador de un arte m& amplio; y el anciano reportem pretende hacer todo lo cantrorio, esto es, momificir nuestra literatura, lo que equivale a hacer ntragmdar la tarea de GutiPrrez Nájern.'B

tra la obra de

]

" Cf. Manuel Caballero "Prospecto". en op. cit

pp. 3-4.

Luis Casrillo Led6n. Rlicardol. G6mer Robelo. Alfonso Cra- vioto, Jlesúsl. Tlitol. Acevedo. Rafael L6per. Mliinuell. de la Parra,

Y. declarando que su credo no era el modernismo, escuela

estgtica que ya ubicaban en el pasado, se asumieron como en el amplio sentido de la palabra; es de-

cir, como 'Constantes euolucionadorer, enemigos del estanca.

miento, amantes de todo lo bello, viejo o nueuo, y en una

palabra. hijos de nuestra época y de nuestro ~iglo".'~

Finalmente, con el lema "iMamias a uuestros sepulcros!",

una nueva camada intelectual inauguraría la Lucha por

derruir el discurso hegemónico ahora modernista, en busca de

re&vadoras formas de expresión del espiritu nacional.

BELEM CLARKDE LARA Y ANA LAURAZAVALA D~A;

Ciudad Universitaria, octubre de 2001

]os6 Jloaquinl. Gambon, Alfonso Reyes. Emilio Valenruela, Nleme- :

siol. Garcia Naranjo. Jesús Villalpando. Max Enriquer (sic) Ure- sa. Rubh Valenti, Abel C. Salarar, Alfonso Teja Zabre. lore Poma? Roberto Acgüelles Bringas, Manuel Gamio, Gonzalo Argüelles Bringas, Francisco de la Torre, Alvaro Pruneda, lose de J. NUaer y Dominguer. Miguel A. Vel6rquer. Raúl A. Esteva. Carlos Gonlaler Pena, Gonzalo de la Parra. CrisOforo Iban-, Alvaro Gamboa Rical:

de, ]OS& Velasco. Salvador Escudero y lose M. Sierra. "Protesta de los modernistas", en El Entreacto. Biremanol de Erpectdcular. Litera. iura y Arte, núm. 631 (11 de abril de 1901). pp 2-3; recogido en este

-

XLllI

NORMAS EDITORIALES

El corpus

Este volumen esd constituido por 51 textos que re- constriiyen las polemicas que, durante el último tercio del siglo xix, muestran el nacimiento,, la evolución y los epigonos del movimiento modernista en México. Para la conformación de esta obra consultamos las si- guientes pi~blicacionesperiódicas: El Correo Germánico (1876); El Nacional (1881, 1892-1893, 1896 y 1898); La Libertad (1884, 1892-1893); El Tiempo (1884, 1898); EL Partido Liberal (1885, 1890,1892-1893. 18964898); El Diario del Hogar (1892-1893); El Monitor Republica- no (1892-1893); El Siglo XIX (1892-1893); El Combate (1893): La Patria (1893); EL País (1893); La Voz de Mé. xico (1893); El Universal (1893, 1897-1898); El Demó. crata (1893); La Revista Azul (1894.1896); El Mundo y su suplemento dominical El Mundo Ilustrado (1896- 1898); El Album de La Juventud (1898); Revista Moderna (1898-1903) y El Entreacto (1907).

Actualización ortográfica y técnica

Hemos actualizado la ortografia de cada texto: acentos en desuso. mayiisclilas obsoletas, guiones en palabras compuestas. Asimismo, conservamos las diferentes ma- neras como se citan los nombres de pila de los auto- res extranjeros y, cuando fue necesario, corregimos los apellidos de acuerdo con su idioma original.

En el aspecto técnico se han actualizado las referen- cias bibli~~rrificas:cursivas para libros y publicaciones ~eriódicas;comillas para cuentos, poemas o textos de una obra mayor o de una revista. Y, por supuesto, se modernizó la presentación editorial.

Notas a pie de página

En la nota numero uno de cada pieza, ofrecemos su ubi- cación hemerogrrifica o bibliográfica. Las breves notas que acompañan a los textos son básicamente informa- tivas; proporcionan datos minimos sobre personajfs, obras y algunas publicaciones periodicas de la época.

Nómina de autores

Debido a que en la mayoria de los casos se citan autores sólo por su nombre, su apellido, o su seudónimo, como unauxiliar, presentamos. cuando pudimos identificar- los, una nómina de autores con los nombres comple- , tos, acompañados de los años de nacimiento y muerte; ' de igual manera, cuando nos fue posible detectar cuál era el verdadero nombre detras de algún seudónimo hicimos el envio correspondiente.

-

EL ARTE Y EL MATERIALISMO'

1

Grande ha sido nuestra sorpresa al ver en El Monitor Republicano correspondiente al dia 24 del mes de junio, un elegano y bien escrito articulo de autor incógni- to, dedicado a nosotros, y en el que, después de mu- chos y desmesurados elogios que de nuestra humilde personalidad se hacen -elogios que evidentemente es- tamos muy lejos de merecer- se censuran también algunas de las ideas que sobre la poesia sentimental vertimos en nuestro ligero estudio acerca de las Pápi. nas sueltas de Agapito Silva. Y decimos que ha sido grande nuestra sorpresa, por- que jamás pudimos atrevernos a creer que nuestro po- bke y desalinado estudio, mereciese los honores de ser refutado por un literato como el inc6gnito critico del Monitor, que tanto saber e instruccian revela.

' Manuel Guriérrer

Nsijera, "El arte y el materialismo", en El

CarreaGermdnio. añol. nijms. 3,4, 8.11,12y 16(5.8,17.24~26

de agosto y 5 de repriembre de 1876);recogida en Manuel Gutierrer N5jera. Obmr l. Crrticd literario. Ideas y temas lircia~ioi.Litemrura me ricano. pp. 49-64;las referencias subsiguientes a esta edici6n las in- dicaremos con la clave OBRAS l.

-

El señor P.T. -que tales, son las iniciales que siiscri- ben el citado articule+ ha honrado en verdad nuestro humilde esti~dioal ocuparse de refutarlo, y le ha dado iin valor y una importancia que está muy lejos de tener, por lo cual le tributamos las mas expresivas y cariñosas gracias.' Permitanos también que en lo tocante a los elogios, pasemos ligeramente y como por encima de ardientes ascuas, pues son tales, y tanto de tal manera ha realza- do nuestros escasos merecimientos, si es que algunos tenemos; se ha manifestado tan galante y benevolo para con nosotros, que solo nos deja lugar a la gratitud y al reconocimiento. En este pitnto, nuestro apreciable adversario se ha servido de una lente de colosal aumento para conside- rar nuestros merecimientos, cubriendo a la vez con un espeso y tupido velo los errores y faltas que a cada paso cometimos, y que bien a las claras ponen de manifiesto a nuestra ignorancia. Y dicho esto, seanos permitido entrar desde luego en materia. Guiados por un principio altamente espiritual y noble, animados de un deseo patriótico. social y litera- rio, puesta la mira en elevados fines, alzamos nuestra Iiumilde y débil voz en defensa de la poesia sentimen- tal, tantas veces hollada, tantas veces combatida, pero

P.T, iniciales que el investigador Boyd G. Carrer atribuy6 a Pan.

rale6n Tovar (1828.1816). dramaturgo,

novelista, poeta,

politico y militar mexicano (cf. Manuel Guriencr Ndism. rxrudio y rt.

criror inéditor, pp. 42.43.

triunfante de las desconsoladoras teotias del realismo, y del asqueroso y repugnante positivismo. Pobre fue la defensa que de ella hicimos, porque pobres y mezquinas son nuestras fuerzas; no se culpe, pues, al sentimentalismo que defendemos, de los erro- res y faltas en que incurra su inh-ibil y novel man-

Antes, empero, de entrar a combatir punto por piin- to las positivistas ideas de nuestro ilustrado conten- diente acerca del espiritu, del amor y la mujer, séanos permitido detenernos breves momentos a considerar algiinas de las inconsecuencias en que incurre el auto; del articulo mencionado; inconsecuencias que, segiin nuestro entender bien a las claras manifiestan la poca firmeza de los principios positivistas. Dice el critico del Monitor que en vano ha buscado en nuestras ideas, engalanadas, según el, con vistoso ropaje, una sola que pueda convencerle, porque dimane de un raciocinio Iogico y preciso; y jcosa extraña! algo semejante nos ha sucedido a nosotros al leer el bien escrito articulo de nuestro escéptico adversario. Mas decimos: la critica que el señor P.T. hace de la poesia 5 sentimental, ha venido a confirmar más y más nuestras

Fundamos nosotros nuestro sistema de defensa de la poesia erótica, en los siguientes principios: Son los mayores bienes aquellos que en el orden espiritual se uerifi- can, y es el amor una pasión santa y sublime que regenera y engrandece al hombre.

denominando hipotesis

los principios antes asentados, viene a derrumbar todo

Y he aqui que el señor P.T

nuestro sistema con este raciocinio desconsolador: EL espiritu no existe, el amor es una quimera, la mujer no es digna del amor del hombre; luego La QoeSf~erótica, que can- ta excluriuamente al amor, tratando de encenderle en el es. bíritu, no tiene absolutamente razón de ser, y sólo puede considerarse como un vano entretenimiento, que ri deleita y encanta por breves instantes, como el humo se desvanece sin dejar huella alguna de su paso. Verdaderamente que si este raciocinio fuese cierto, destriiiria por completo nuestro sistema de defensa de la poesia sentimental. Pero Iie aqui que el esceptico escritor a quien com- batimos, tildando de hipotético a nuestro sistema, ha creido sin duda alguna, que podria fácilmente destr~iir- lo con simples negaciones. En vano hemos buscado una sola prueba, siquiera fuese errónea, de las negaciones de nuestro contendien- te; sólo hemos encontrado este raciocinio descarnado y seco: el espíritu no existe, el amor es una quimera, luego la poesía erótica es vana y perjudicial. Francamente, por más que sea para nosotros respe- tabilisima la opinión del señor P.T, fuera locura el ad- mitirla. cuando ni siquiera viene acompañada de uno de esos brillantes sofismas que tanto abundan en los autores positivistas. Admitamos por un momento que la existencia del espíritu y del amor son simples hipótesis. ¿Podrán ser destruidas por una negación! ¿Esta negación no será también una hipótesis, puesto que no viene acompaña- da de prueba alguna? Y si es asi, ¿qué ventaja saca al nuestro, el sistema del critico del Monitor!

En este punto, la clara inteligencia de nuestro adver- ario se ofuscó evidentemente; pues hasta con las más

onocidas y triviales reglas de la lógica puede probar-

e

la verdad de nuestro aserto. Semejante ofuscación es

n

verdad muy de extrañarse, en una persona de saber

Si nosotros siguiéramos el singular sistema de nues- ro adversario, esta polémica no tendría evidentemen- te razón de ser; pues a las negaciones contestariamos con afirmaciones, que deben tener el mismo valor de

Pero el señor P.T. nos ha herido en el fondo del ma; su atroz materialismo nos ha punzado como oja de agudo puñal, e imposible nos fuera callar cuan- o, sintiendo herida la fibra más delicada de nuestro orazón, bullen las palabras en nuestros labios, arden los pensamientos en nuestra mente. Desatendiendonos, pues, de que a nuestro critico era a quien tocaba probar que nuestros principios eran hipotéticos, vamos a defenderlos y a demostrar su cer- tidumbre, combatiendo al materialismo con toda la fuena de nuestro brazo, con todo el vigor de nuestro,

;Empresa es ésta, digna de más esforzado campeón! Antes, sin embargo, convendrá poner de manifiesto algunas otras inconsecuencias e inexactitudes en que el escritor a quien combatimos incurre; inexactitudes e in- consecuencias que ~ruebanhasta la evidencia, que nties- tro ilustrado adversario, por inas que el dolor y el desen- gaño hayan abatido su espiritu, por más que el sutil veneno de la duda haya penetrado en sus creencias,

-

iiserva un resto de sentimiento, triste despojo que al alma queda en el terrible naufragio de sus ilusiones y sus creencias. pero que aún puede acrecentarse y vivifi. carse si es iluminado por el sol resplandeciente de la fe. Pretendiendo probarnos que la poesia sentimental es fútil, vana e infructuosa, el critico del colega de Letrán ha venido a demostrarnos precisamente lo contrario. Hay que advertir que el señor P.T. ha confundido lastimosamente a la poesia sentimental con la poesia erótica. Nosotros creemos que es la poesia erótica muy digna de ser estudiada y cultivada; nosotros creemos, que lejos de ser fitil y vana, ha hecho muchos y muy elevados beneficios a la humanidad; pero en el articulo

a que nuestro ndversario se refiere, no sólo hemos de- fendido a la poesia erótica, sino a la poesia sentimental en todas sus manifestaciones. en todas sus formas. El señor P.T., ofuscado tal vez por sus positivistas ideas, ha creído que se denominaba únicamente poesia senti- mental a aquella que esti consagrada a cantar el amor,

y esta creencia es evidentemente errónea. La poesia sentimental abraza los cantos religiosos, las inspiraciones pattióticas, las cantigas amorosas, en suma, todo aquello que revela los sentimientos del poeta, ya sea por la mistica meditación, ya por el ar- dor guerrero, ya por el lánguido suspiro. Poeta sentimental era fray Luis de León, cuando en su hitmilde celda, a la debil luz de la lámpara expirante, escribia con mano trémula esos cantos sublimes, fiel trasunto de su alma profundamente religiosa, que su- mergida en éxtasis divino aspiraba ya el ambiente de los espacios celestiales: poeta sentimental era Tirteo. cuando

semejante al torrente impetuoso que de la cumbre de la montaña se desprende, prorrumpia en cintico arreba- tador, que con magnético poder impulsaba a los guerre- ros al combate; poeta sentimental era Petrarca, cuando exhalando lánguidos gemidos, con voz muy más dulce que el arrullo de la tórtola, entonaba melancólica trova a la memoria de su perdida Laura; y poeta sentimental era Lord Byron, aquel ángel caido, aquel ser extraño y misterioso, cuando revolcando las alas de su genio en el cieno de la tierra, sintiendo herido su corazón por el dardo punzante del dolor, envuelto por las sombras te- nebrosas de la duda, sin una sola creencia que le diese vigor y fortaleza, sin una luz de esperanza que le anima- se para proseguir su camino, sin una mano amante que sus ardientes lágrimas enjugase. dejaba escapar de su pecho, agitado por cien y cien borrascas, el canto fune- ral de la agonia. el lúgubre estertor del moribundo. Ya ve, pues, nuestro escéptico adversario que la poe- sia patriótica que tanto nos encarece, a la que con tanta predilección estima, esti también comprendida en la poesia sentimental, y por. lo tanto, en la defensa que de %, ésta hicimos. Nosotros, al elevar nuestra debil voz en defensa de la poesia sentimental, por mas que nuestro principal objeto fuese el demostrar la excelencia de la poesia eró- '' tica, hemos también comprendido en nuestra defensa a los cantos patrióticos; y es verdaderamente muy de ex- trañarse que no lo entendiera asi al leer nuestros articu- los el ilustrado critico del Monitor. Lo que nosotros queremos, lo que siempre hemos defendido, es que no se sujete al poeta a cantar sola-

-

suje-

ción, titinica y absurda, ahoga su genio y sofocando tal vez sus más sublimes inspiraciones, le arrebata ese principio eterno que es la vida del arte, ese principio

y sin el cual, como

máquina

neumatica, el hombre siente que su esptritu se empe-

una ave privada del ambiente por la

santo que es la atmósfera del poeta,

mente ciertos y determinados asuntos, porque esa

queñece, que sus fuerzas se debilitan, y muere, por últi- mo, en la abyección y en la barbarie.

Y ese principio que defendemos, es el santo, el subli-

me principio de la libertad, que semejante al Sol todo

lo vivifica y engrandece con

el resplandor de sus rayos;

de la libertad, sin la cual las naciones y los pueblos se convierten en rebaños de obedientes ovejas; sin la cual el hombre, perdido el más noble atributo de su espiri- 1 que es como el sello de la sagrada mano que 10 / ra, se empequeñece Y humilla Y se arrastra por el fango como reptil miserable; y sin la cual el arte, sin poder al- / zar sil vigoroso y atrevido vuelo, sujetas sus alas por la I férrea cadena de la esclavitud, anhelando en vano sacu- dir su yugo y lanzarse en pos de las regiones de la luz
!

I y de la vida, mancha la blancura nitida de sus alas con

crea-

: el cieno de la tierra, y contemplando solo los repugnan-

i tes cuadros que el mundo le presenta, cae en la

profun-

; da y tenebrosa sima del mas terrible materialismo.

Y si eso defendiamos, y si eso proclamábamos, jcómo

habiamos de pretender que los poetas solo cantasen el amor, qiie no consagrasen sus liras a la religión y a la pa-

tria, estableciendo asi otra especie de tiránica esclavitud!

sosteni.

do es que debe dejarse en entera libertad al poeta para

No, y mil veces no. Lo que nosotros hemos

-

ya amorosos, en la forma que su inspiracion le asi debió entenderlo el señor P.T. cuando en un de nuestros articulos dijimos, que

eta debe cantar si! fe y sus creencias,sus luchas y sus fas. sus amores y sus desengaños;que debe ser are- batador y sublime coino Quintana y Béranger si arde en su pecho el amor patrio; languido y tierno como Petrarcs

salvaje grito de dolor.

e todos los poetas fuesen eróticos, seria pre- tensien ridicula y absurda, contraria tambien a las ideas

retende, que los poetas religiosos y los poe.

no canten a la religión y al amor, sino que

o sus inspiraciones vengan a cantar a la , a la industria, es imponer un yugo

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absurdo; es pedir al enamorado que no ame, al ave que .:

no cante, sino que ruja, a la fuente que no murmure . sino que brame, y a la flor que exhala su perfume deli- cado, que arroje torrentes de encendida lava. iPtetensión verdaderamente inconcebible en una persona que ideas tan liberales revela como nuestro

Adviertase bien que la base de nuestra defensa era ~. la libertad del arte, y que solo al hablar de la utilidad aei sentiment~KGinos referimos a los beneficios que

-.

cumple en el orden del espiritu; asi, pues, el señor P.T. no ha atacado para nada el principio fundamental de nuestros articiilos, y solo viene a controvertir con sus escépticas ideas la utilidad del sentimentalismo. Lo que nosotros combatimos y combatiremos siem- -: 1, pre, es esa materialización del arte, ese asqueroso y repugnante positivismo que en mal hora pretende in- troducir en la poesia; ese cartabón ridiculo a que se pretende someter a todos los poetas, privandoles asi de la libertad; cartabón que excluye como inutiles o maleficos a todos los géneros sentimentales, y que sólo acepta .almal llamado género realista. Se pretende despojar a la poesia del idealismo y del sentimiento; se pretende arrebatar al arte todo aquello que de espiritual tiene, para sustituirlo con el realismo pagano. con el terrible materialismo; y los que tal quieren, no ven en su loco desvario que lo que ellos llaman reforma del arte, no es mis que su ruina y su muerte; que si sus teorias se realizasen, el arte perderia todo aqiiello que lo constituye, que es lo verdadero, lo bueno y lo bello, para convertirse en fétido estanque de corrompidas aguas. Y esta prostitución del arte, esta deificación de la materia es la que nosotros combatimos y seguiremos combatiendo en los articiilos siguientes.

.~~.~

,.

.

.

.

Queda dicho ya en nuestro anterior articulo, que la base o principal fundamento de nuestra defensa del

sentimentalismo consistia en la libertad del arte. Y como quiera que el señor P.T. no tocó para-nada este punto en la critica que se dignó hacer de nuestros articulas, no nos detendremos más en demostrar su certidumbre, reservándonos los argumentos que pu- diéramos aducir en su apoyo, para el caso, evidente- mente remoto, de que nuestro incógnito adversario no se halle de acuerdo con nuestros principios de libertad. Dicho esto, séanos permitido señalar la marcha o rumbo que nos proponemos seguir en esta polémica. ', Intentaremos demostrar al critico del Monitor: 1" qu'e el arte tiene por objeto la consecución de lo bello; 2" que lo bello no puede encontrarse en la materia,

'

1

sino con relación al espiritu; y 3"ue

inagotable fuente de belleza. Restimiendo: que siendo 1 objeto del arte la consecución de lo bello, y resi- iendo la belleza en el espiritu, debemos encontrada' or consecución en el amor; en ese sentimiento purisi- mo que pudieramos llamar el apoteosis del espiritu. Al tratar del amor, combatiremos las teorias escépticas que sobre este punto vierte el escrito del colega de Letrin. Notari desde luego el señor P.T., que hemos pasado :

por alto su negación de la existencia del espiritu; pero' como quiera que no encontramos en su articlllo un

el amor es una

solo argumento en pro de aquella negacbn, no tene- mos cosa alguna que refutar, y nos vemos precisados a decir con Victor Hugo: "a una negación sólo puede contestarse con una afirmación". Si el señor P.T. quie- re entablar sobre este asunto una polemica filosófica, plantee en buen orden sus argumentos, que dispuestos estamos a contestarlos.

/'-

-

--

Tócanos ahora dilucidar la cuestión referente al arte. Muchas y muy diversas definiciones del arte nos dan los sabios; mocho han discutido los filósofos sobre su verdadero carácter, e inmensos voli~menesse necesita- rian para abarcar todas las controversias, todas las cues- tiones que esta sola palabra ha suscitado. Los fibsofos que con más particularidad se han ocupado de la estéti-

ca, dicen que asi como la industria tiene por principio iDesgraciado el hombre que ha totalmente perdido

lo titil, el arte tiene por principio lo bello. Ahora bien:

el sentimiento de lo bello, que no experimenta en su

¿a qué llamamos útil?, ¿a qué llamamos bello? "Lo bello alma esa aspiración continua, esa atracción siempre

-dice admirablemente Platón- es el resplandor de lo

verdadero"; y san Agusdn añade: "el brillo de lo bue- en la Tierra fugaces reflejos, manifestaciones relativas;

no"; Rousseau decia que lo iinico verdaderamente be. pero que encontrara en todo su esplendor, en toda su

Ilo, fuera del Ser Supremo que existe por si mismo, es pndeza, cuando libre de las ligaduras de la materia,

vuele a esa región misteriosa donde lo verdadero, lo bueno y lo bello tienen sii revelación absoluta, su im- perecedero dominio!

aquello que no existe. El escéptico Goethe hacia consis- tir la belleza en la expresión; Hirt en aquello que llama- ba Lo caracterirtico.

decir, que lo bello es al artista como la perfección espi- ritual es al santo; el anlielado término, la suprema re- compensa, la idea sublime. ;Qué es lo bello! si no lo sentis en vuestro espiritu, no pretendáis que nosotros os demos su definición; lo bello no se

creciente hacia un ideal del que sólo puede encontrar

Para nosotros, lo bello es la representación de lo La belleza, tal romo nosotros podemos compren.

infinito en lo finito; la manifestación de lo extensivo en lo intensivo; el reflejo de lo absoluto; la revelación de Dios. Para nosotros el sentimiento de lo bello es inna- to en el hombre; es un destello de la naturaleza angéli- ca, un ideal sublime que Dios presenta al espíritu como el término de sus luchas, como la realización de sus aspiraciones, como el'bien supremo. Lo bello tiene que ser necesariamente ontológico: es lo absoluto, es Dios. Dios, que se revela en las sublimes creaciones del poe. ta, en las dulces melodías de la musica, en los lienzos que con magnifico pincel traza el artista, y en las gigan- tescas moles que levanta el genio creador del arquitecto. Valiendonos de una fórmula matemática, pudiéramos

derla, no es una idea, sino la imagen de una idea, y si como Prometeo arrebatara el fuego celeste, as¡ el artista ariebata un rayo de esa belleza infinita, que si en todo su esplendor se revelase, deslumbratia nuestros débiles i ajas, como deslumbra el resplandeciente disco del Sol al que tras noche larga y tenebrosa se atreve a contem- plarlo con mirada fija en toda la majestad de su esplen- dor grandioso. Hay también en la belleza determinados grados, que como escala misteriosa ascienden desde lo bello a lo sublime, desde -lo hermoso a lo grandioso, y cuyo últi. mo término sólo ha sido dado elevar a los hijos privi. legiados del arte, a esos genios asombrosos que como

fuegos fatiios Iian aparecido y deslumbrado con su bri- llo al hoiiibre, para desaparecer fugaces en las sombras de la miicrte, dejando, empero, tras si una prolongada y luminosa estela. que con inmortal resplandor corona sus olvidadas tumbas. Esta es la escala que se presenta a los ojos del artista, esta es la escala de que hablábamos en nuestros antetio- res articiilos, y de la cual deciamos que a medida que en ella se avanza, vase desprendiendo el alma de las ligadu- ras de la materia, aspirando el ambiente de los celestes espacios, purificados, en suma, como en aquella misti- ca ascensidn de que nos habla el Dante, el gran poeta de los siglos medios. Y natural y lógico es que asi sea, una vez admitido que la revelación absoluta de lo bello es la Divinidad; una vez admitido que la belleza, tal como puede encontrarse en la Tierra, tiene que ser esencialmente relativa, reflejo de la absoliita que es el Ser Suprenio. Decia nuestro critico que nos habiamos manifesta- do casi espiritas en la parte de nuestro articulo en que de esta espiritualización de la materia hablamos. Razón tiene nuestro incógnito adversario; somos espiritualis- tas en ese plinto, como en otros muchos, y por más que de preocupados y faniticos se nos tilde, por más que se consideren noestras ideas como fantasias de la imagi- nación calenturienta. creemos, y creeremos siempre que el amor, ora se dirija a la Divinidad, ora se mani- fieste en el orden humano, pero tan espiritual y puro como nosotros lo concebimos; de tal manera desliga- do de las cadenas de la materia, ese amor bendito y san- to para el que la unión sexual es tan sólo la revelación

en el orden fisico de los sentimientos del espiritu, el la- zo material de dos almas que se confunden y asimilan; ese amor que es el amor divino en toda su extensión como el último de lo bello relativo a lo bello absoluto; ese amor, decimos, es la escala misteriosa que Dios pre- senta al hombre para que ascienda de la Tierra al Cielo; ¡escala santa que el hombre en sil locura mancha y empaña con el halito venenoso de sus repugnantes pa- siones, sin comprender toda la pureza de su ministerio, toda la sublimidad de su belleza!

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Lo que del amor decianios en la conclusión de nuestro último artici~lo,es también aplicable al arte. Porque, ;que cosa es el arte sino una revelación del amor! iQué cosa es el arte sino la dirección de esa ac- tividad incesante de nuestro espiritu, hacia un ideal misterioso que llamamos belleza? He aqui por qué de- cimos que el arte purifica al hombre, Porque lo acerca a la belleza, que es Dios. Registrad si no la historia de. los artistas, y en ella vereis palpable esa progresion jamás interrumpida, esa escala misteriosa de que habla- mos; ahi vereis al artista qiie aún ligado estrechamen- te por la materia, concibe, empero, un pálido reflejo de lo bello; y