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TRATADO DE DERECHO CONSTITUCIONAL, Tomo III - Alejandro

Silva Bascuñán

TOMO III

LA CONSTITUCION DE 1980: ANTECEDENTES Y GENESIS

(*) ALEJANDRO SILVA BASCUÑAN, profesor titular de derecho político y constitucional de la


Pontificia Universidad Católica de Chile.

Escrito en colaboración con MARIA PIA SILVA GALLINATO, abogada, profesora auxiliar de
derecho político y constitucional de la Pontificia Universidad Católica de Chile

INDICE DE ABREVIATURAS

RDJ: Revista de Derecho y Jurisprudencia

GJ: Revista Gaceta Jurídica

RDUC: Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica

RDUCV: Revista de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso

RDUCON: Revista de Derecho de la Universidad de Concepción

RUV: Revista de la Universidad de Valparaíso

RDPUCH: Revista de Derecho Público de la Universidad de Chile

UDP: Universidad Diego Portales

ANTECEDENTES

1. SINTESIS DE LA EVOLUCION INSTITUCIONAL ANTERIOR A 1925

1. Configuración del país. Chile era, desde su descubrimiento por los conquistadores
españoles (1536-1541) hasta la lucha emancipadora (1810-1818), porción del dominio
del Rey de España.

Esta región geográfica se comprendía en el sector reconocido a Su Majestad Católica,


según la distribución que, por medio de las bulas Intercoetera, de 3 y 4 de mayo de
1493, hizo el Papa Alejandro VI entre las coronas de Portugal y de España.

Rodeado como estaba de otras secciones también pertenecientes al dominio español,


los límites de Chile, como los deslindes de las demás que lo integraban, no revestían

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gran importancia y sufrieron diversas variaciones. Sin duda el trozo típico y básico de la
extensión geográfica de Chile fue entonces, por lo permanente y continuo, el territorio
estrechado por el Océano Pacífico y la Cordillera de los Andes, entre el desierto de
Atacama y el extremo Sur conocido. Hubo períodos en que el país transcordillerano de
Cuyo, más tarde provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, integró el Reino de Chile,
tal como sus títulos se extendieron siempre hasta la Patagonia y el Estrecho de
Magallanes. Las vicisitudes históricas posteriores a la Independencia precisaron su
soberanía sobre Arica, Tarapacá y Antofagasta, pero la excluyeron sobre la Patagonia.

2. Estructura institucional en el período hispánico. La categoría de dominio propio de la


Corona, reconocida a las regiones conquistadas que formaron la América Hispana, se
reflejaba en la forma cómo eran gobernadas desde la metrópoli.

Durante el imperio de los Reyes de la Casa de Austria, la monarquía española se ciñó al


pensamiento de San Isidoro, que explican y desarrollan los pensadores políticos de la
Contrarreforma. "Como el poder que detenta el príncipe arranca en último término de
Dios, ha de ejercerlo conforme a las leyes divinas y naturales por El dispuestas. Y como,
además, su título emana de manera inmediata de la comunidad, debe asimismo
cumplir las leyes positivas que se han dictado para su recto gobierno. El
quebrantamiento de cualesquiera de estas normas constituye violación del pacto por el
príncipe y da derecho a la comunidad a resistirle como a tirano" (Jaime Eyzaguirre,
Ideario y Ruta de la Emancipación Chilena, pág. 19).

Desde que se instalaron los Reyes Borbones se proyectó en la monarquía ibérica el


concepto que inspiró a Luis XIV y que Bossuet pretendió apoyar en la Santa Escritura,
según el cual el poder real derivaba directamente su título de la voluntad divina.

El absolutismo lo ejercían los reyes realizando por sí mismos o con la ayuda de cuerpos
consultivos o delegados las distintas atribuciones del poder público, incluyendo, por
cierto, las esenciales de legislar, ejecutar y juzgar.

Cuando su poderío omnímodo lo ejercía el rey de España sobre sus dominios de


América, se servía del Consejo de Indias, que, creado en 1511, adquirió su forma
definitiva en diversas etapas sesenta años más tarde. Por medio de este Consejo suyo
disponía entonces el rey en todo cuanto se vinculaba con las secciones de su imperio
existentes en estas Indias Occidentales. Dicho organismo intervenía en todo:
nombramientos de funcionarios; ejercicio del patronato regalista, en cuanto a las
jurisdicciones eclesiásticas con sede en estos países; fallo superior en "segunda
suplicación" de las causas resueltas por los tribunales asentados en América;
legislación común, comercial o de cualquiera índole, especialmente dispuesta para
estas regiones; conducción de la guerra y ordenación de la paz; tratamiento y
protección de los indios, etc. Las normas emanadas del Consejo de Indias llegaron a ser
tan numerosas que se reunieron en la "Recopilación de las leyes de los reinos de
Indias", promulgada en 1680 y que jamás logró ponerse al día más tarde.

También con universalidad de atribuciones, aunque, naturalmente, en indiscutida


subordinación, que, por la distancia, no resultaba muy eficaz, los virreyes actuaban a
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nombre de Su Majestad en el nuevo continente. Los más antiguos virreinatos fueron
los de Méjico o Nueva España y del Perú. Más tarde se crearon los de Nueva Granada y
de Buenos Aires.

En el gobierno de estas regiones tuvo importancia una institución de origen español,


pero que logró mayor desarrollo en estos países -la Real Audiencia-, organismo que no
sólo servía de tribunal superior, sino que actuaba como cuerpo consultivo y a veces,
también, subrogaba al mismo gobernante local.

Chile no fue asiento de virreinato, sino que de una división política inferior,
dependiente del virrey del Perú.

Aunque a este país lo llamaron entonces "Reino", fue una Capitanía General o
Gobernación, que se compuso de dos intendencias desde que, en 1786, se creó la de
Concepción y quedó el Gobernador como Intendente de Santiago.

Reunía también el más alto funcionario el título de Capitán General, como jefe del
ejército, siempre activo en nuestro país a causa de la permanente lucha con los
indígenas.

El Gobernador y Capitán General se llamó en Chile Presidente, además, porque lo era


de la Real Audiencia, creada en 1567 en Concepción y restablecida en Santiago en
1609. Su dirección efectiva pasó más tarde a su Regente, que la tuvo desde 1776. La
Real Audiencia -de que continuó siendo Presidente el Gobernador- desempeñaba en el
orden judicial la función de tribunal de segunda instancia, y estaba compuesta, además
del regente, por oidores. El orden de sucesión en el mando político en Chile fue
variable. Correspondió en un tiempo a quien era designado por el virrey y en otra
época al funcionario que tenía nombramiento directo de la Corona, luego, si no había
designado alguno, al oficial de mayor graduación, y después de él, por orden de
antigüedad, a los oidores.

Si la Real Audiencia era un tribunal ordinario de apelación para todas las causas civiles
y criminales, había tribunales especiales, como los de hacienda; los de minería; los de
comercio, que constituyeron simples agencias de los superiores peruanos, hasta que,
en 1795, se estableció en Santiago el Consulado; los militares, cuya más alta jerarquía
se confundía en el Gobernador y Capitán General; los eclesiásticos, etc.

El Gobernador, Capitán General y Presidente era ayudado por un funcionario de


especial importancia, su asesor letrado.

En las ciudades mayores existía un corregidor, cuya jurisdicción se extendía al territorio


circunvecino. Se llamaba éste Alcalde Mayor, porque presidía al respectivo cabildo, y
Justicia Mayor, porque era juez para fallar en primera instancia las causas criminales.

3. Los cabildos. Mucha importancia tuvieron en nuestros países los cabildos, que
correspondían a la tradición española vigorizada en la época de la monarquía
estamental del medioevo.
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Los cabildos reflejaban la vida de la comunidad como expresión de los comunes
intereses de los pobladores, en los diversos aspectos de la existencia colectiva:
económico, religioso, militar, etc.

Normalmente actuaban también como asambleas generales que se designaban


"cabildo abierto".

En España los cabildos de las ciudades permitían a sus poblaciones organizar su


defensa, principalmente con motivo de la larga lucha contra los musulmanes, y
obtenían del monarca distintas franquicias o exenciones expresadas en las Cartas
Forales, que les otorgaban a veces alto grado de autonomía. La institución había
disminuido apreciablemente su interés desde la época de Carlos V.

Resultó que esas bases de autonomía de las instituciones locales, cuando estaban ya
debilitadas, fueron traídas por los conquistadores, resueltos a reafirmarlas en estas
regiones. Al llegar a tierras de conquista lo primero que hacían los "Adelantados" era
establecer cabildos en las poblaciones que fundaban.

Los cabildos que trasplantaron los españoles encauzaron la vida local en Chile dentro
de una evolución confusa y de características y funciones variadas e imprecisas.
Existían en las principales ciudades y cuando correspondían a asientos de
corregimientos eran presididos por el corregidor.

La designación de los miembros de los cabildos, alcaldes y regidores, provenía ya del


rey, ya de su autogeneración, ya del remate de sus varas. La circunstancia de que a
ellos pudieran incorporarse no peninsulares influiría en la gestación de la
independencia, porque en su seno muchos criollos se habían preparado para el
ejercicio de tareas de interés público.

Las atribuciones de estas corporaciones, nunca bien señaladas, se ejercían en


numerosos e importantes aspectos: el orden, la comodidad y ornato de la existencia
ciudadana, la realización de las fiestas cívicas y religiosas, el abastecimiento de la
población, la administración de justicia, la construcción de calles, puentes, plazas,
edificios y obras públicas; la sanidad, defensa de epidemias, el mantenimiento de
hospitales; el control de calidades, pesos y medidas; la fijación de precios de
mercaderías y servicios; la vigilancia del ejercicio de las artesanías, etc.

"El núcleo central de los cabildos -dice el señor Encina- lo formaban los dos alcaldes,
encargados de administrar justicia en primera instancia, y los seis regidores, que les
asignaban las leyes. Existían, además, algunos funcionarios importantes. El procurador
de la ciudad era el representante de los pobladores ante la corporación; el mayordomo
correspondía al tesorero de hoy; el escribano redactaba las actas de las sesiones. El
alguacil mayor era el jefe de la cárcel y el ejecutor de los fallos y medidas coercitivas. El
cargo de Alférez Real era un simple recuerdo simbólico del mismo cargo durante la
guerra con los moros. En Chile sus funciones se limitaban a conducir el estandarte real
en la fiesta del Apóstol Santiago y en las demás ceremonias en que se paseaba la
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insignia. El fiel ejecutor vigilaba las tiendas y los gremios y velaba por el respeto de los
aranceles de precios. El alarife era una especie de director de obras públicas, cuyas
funciones se encauzaron, al comienzo, especialmente en el trazado de la planta de
Santiago y, después, en la repartición de las aguas. Los empleos de alguacil mayor, de
mayordomo y de alférez real llevaban anexos la calidad de regidor con voz y voto en el
cabildo" (Historia de Chile, t. II, pág. 269. Pueden también leerse, especialmente, t. II,
págs. 264-272; t. IV, págs. 5-40; t. V, págs. 406-416).

Los cabildos se inclinaban a representar en cualquier momento el sentir de sus


poblaciones y, por eso, cuando preocupaba a éstas algún problema colectivo, las
llamaban a cabildo abierto a discutirlo junto con sus integrantes, la mayoría de los
cuales pertenecían, como se dijo, a la clase de los criollos.

Se comprende así que a la menor vacilación gubernativa o ausencia de titular


producida por vacancia o por cualquier vicisitud colectiva, terremoto, peste, amenaza
de invasión, etc., los cabildos asumían el mando efectivo y disponían lo necesario para
la defensa o para la solución de la emergencia presentada, como ocurrió
ocasionalmente en Chile en el siglo XVI.

4. Características del gobierno colonial. Fundamentalmente regía en nuestros pueblos


la legislación española con las adaptaciones dispuestas por la Corona, la mayoría de las
veces a indicación del Consejo de Indias.

No siempre el absolutismo monárquico se sentía en forma oprimente en estas


regiones, ya que la dinastía contribuía a que los distintos órganos y autoridades por
medio de los cuales se ejercía la gobernación local, actuaran con relativa
independencia, en la imposibilidad en que se hallaban de consultar a cada instante y
con presteza los problemas a la metrópoli. Con frecuencia el lapso corrido entre la
presentación del caso y el arribo de la decisión real cambiaba las circunstancias a tal
punto que la orden del monarca llegaba cuando el asunto se había resuelto por sí
mismo o había debido decidirse sin conocerse el criterio del rey.

En España se recibían toda clase de informaciones que llegaban, al margen del


conducto jerárquico, directamente al rey o a las autoridades centrales de la monarquía.
Por medio de esa correspondencia todo pasaba en definitiva a conocimiento de los
consejos y del rey, quien se imponía así de la opinión que sus diversos servidores
tenían recíprocamente unos de otros: el gobernador del obispo o éste de aquél; los
oidores acerca del gobernador o éste de los miembros de la Real Audiencia; el sentir de
las poblaciones, manifestado en el cabildo, tocante al ejercicio del poder por las
autoridades de las diversas jurisdicciones, etc. Esta vigilancia y recelo mutuos
contribuían a crear vallas a los abusos de autoridad y a las prácticas despóticas. Los
juicios de residencia a que se sometían, en la misma sede de las funciones
desempeñadas, el supremo gobernante colonial y altos funcionarios al término de su
mandato, a fin de juzgar sus actos y responder por ellos, y por el cual quedaban
expuestos a las reacciones airadas de quienes fueran poco antes sus subordinados,
constituyó, asimismo, poderoso freno de tropelías y arbitrariedades. Los antecedentes
reunidos se enviaban para su fallo al Consejo de Indias.
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El servilismo de las autoridades locales a las ordenaciones del rey no fue fenómeno
corriente y, a la inversa, procedían más bien aquéllas con notable autonomía, a tal
punto que, proclamando siempre, en formas respetuosas y corteses, ansias de
sujetarse a los dictados emanados del gobierno de Madrid, frecuentemente dejaban de
cumplirlos, excusándose en la variación de las circunstancias de hecho que motivaron
el contenido de las instrucciones recibidas y mostrándose profundamente convencidos
de que éstas seguramente habrían sido diversas de estar el rey en conocimiento de
nuevos antecedentes u observaciones.

Así, pues, si siempre acusaban recibo con presteza y rendida obediencia formal a las
reales órdenes, a menudo daban a conocer conjuntamente las razones que movían a
no aplicarlas mientras no fueran ratificadas por el monarca, luego de imponerse de las
situaciones y argumentos que se le transmitían.

"En la legislación especial para Indias se advierte -según explica el profesor Jaime
Eyzaguirre- que las autoridades y los súbditos están gravemente obligados a cumplir las
leyes de la Corona, pero en determinados casos pueden no hacerlo sin salirse para ello
de la obediencia debida a la regia autoridad. Tal ocurre cuando las leyes contienen
vicios de obrepción o de subrepción, esto es, en el caso de haber sido dictadas por
ignorancia o falseamiento de los hechos, o cuando de su seguimiento se siguiere
escándalo conocido o daño irreparable. En todas estas circunstancias es lícito
suspender la aplicación de la ley y suplicar ante el Rey su enmienda. La conocida
fórmula: se acata pero no se cumple, que resume esta actitud, está lejos de haber
significado, como algunos lo creen, una burla a las órdenes reales, favorecida por la
distancia, y sí, en cambio, el ejercicio de un recurso que la misma legislación
consagraba para salvaguardia de los derechos de los súbditos y freno de la autoridad
empleada de los Reyes".

En la misma obra a que pertenece el párrafo recién transcrito -Ideario y Ruta de la


Emancipación Chilena- enumera y precisa el historiador Eyzaguirre las diversas
garantías que bajo los Austrias se reconocen a los indígenas: libertad personal en
régimen de protección; libertades de residencia, movimiento, trabajo y comercio;
derecho de propiedad; libertad de matrimonio; derecho a la adecuada administración
de justicia. Además, los pobladores de estos reinos de origen español gozaban de
derecho a una adecuada administración de justicia; libertad de correspondencia y
derecho de petición; el ya explicado derecho de enervar la ley injusta; el de participar,
con señaladas restricciones, en los beneficios, cargos administrativos y funciones
públicas; el de recurrir contra los abusos de autoridad; e incluso el derecho de
rebelión, que en varias ocasiones se ejercitó (ob. cit., págs. 31-35).

El afán de circunscribir el campo del regio mandato a los términos estrictos de lo


dispuesto en él, unido a veces al propósito más o menos decidido de liberarse de lo
ordenado en todo cuanto se consideraba ineficaz, perjudicial o injusto, contribuyó a
formar el hábito, que después influye en la idiosincrasia nacional, de respetar el
espíritu jurídico, atenerse a la letra de la ley y deducir en todo instante razones

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favorables o adversas para obedecer o escapar a lo mandado. Glosadores y exégetas
abundaban en una sociedad en que doctores y letrados ejercían poderoso influjo.

5.La reacción del pueblo aborigen y formación de la raza. La sociedad chilena, en los
siglos anteriores a la emancipación, presentaba rasgos que determinaron algunas de
sus características posteriores.

Cuando el puñado de europeos encabezados por Pedro de Valdivia comenzó a


instalarse en el centro de Chile, encontró una población indígena pacífica, que pronto
admitió la superioridad reconocida instintivamente en el invasor, de manera que, si
fueron siempre inmensos los obstáculos naturales que hubieron de vencerse por éste
-desiertos, alturas, distancias, corrientes, etc.-, se vieron ayudados los españoles por la
colaboración espontánea de las poblaciones autóctonas.

La raza indígena situada en el valle central parecía llegada aquí en época inmemorial,
tal vez de otros continentes, pero de la historia que se ha conocido acerca de los siglos
próximos al descubrimiento resultan evidentes las huellas de invasiones peruanas o
transcordilleranas.

Con diversas denominaciones, según las secciones locales: picunches, huilliches,


diaguitas, etc., la tierra que se llamó Chile estaba poblada por tribus más o menos
nómades y pastoriles, y, en proporción menor, por otras mejor asentadas en el cultivo
de la tierra. Los vestigios de superior civilización emanaban de la más reciente
dominación incaica.

Esas tranquilas castas aborígenes reconocieron, en las formas más concretas, el


predominio español, manifestándose en efecto abiertamente en la mezcla generosa de
la sangre autóctona con la del invasor, origen de una siempre creciente población
mestiza, uno de los rasgos básicos de la sociedad chilena, sobre la que el clima tendía a
acentuar el aporte blanco.

Todo caminó de manera relativamente fácil hasta que los conquistadores tuvieron que
enfrentarse con el pueblo mapuche, instalado en la región extendida entre el río Laja y
el Toltén, proveniente del lado argentino, desde donde había llegado en los siglos
precedentes. Los españoles lo denominaron pueblo araucano. Presentó esta raza
pugna indomable a la invasión blanca y manifestó cualidades notables para la lucha
bélica, tanto por la resistencia y valor, como por el poder de asimilación y de inventiva
con que discurría toda especie de recursos ofensivos y defensivos cuando combatía a la
minoría conquistadora. Pueblo poco apto a las tareas pacíficas, especialmente sin
condiciones para las agrícolas, supersticioso, inclinado al alcoholismo, entre los
mapuches la mujer desarrollaba incluso las tareas más pesadas, a fin de dejar al
hombre libre el campo de las libaciones y de la batalla.

La resistencia opuesta por el pueblo mapuche fue factor primordial en la formación del
carácter nacional. No porque pueda decirse que el pueblo chileno descienda del
mapuche, ya que, al contrario, de las poblaciones aborígenes ninguna resulta menos
progenitora de la chilena, desde que no se mezcló con el intruso y contra él luchó y
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murió, sino por motivos diferentes. La nobleza del español le impidió ocultar su
admiración por el valor araucano, y, como ejemplo, el famoso poema de don Alonso de
Ercilla y Zúñiga, "La Araucana", obra épica notable del siglo de oro castellano, canta las
proezas de la raza aborigen, como muchas otras producciones de menor mérito
literario la exaltaron, arraigando en el chileno la admiración al valor y al patriotismo,
pura herencia espiritual, no fisiológica, del pueblo mapuche.

La resistencia trisecular sostenida por la nación mapuche obligó a mantener en pie de


guerra tanto a la población española como a la que, con mayor o menor proporción de
sangre indígena, se sujetó a la dominación del blanco. Para satisfacer los permanentes
requerimientos bélicos se hizo indispensable que a esta región del imperio español
debieran llegar soldados seleccionados, aptos para el combate, y un número de
peninsulares proporcionalmente muy superior al que se enviaba a otras secciones, en
las cuales la superioridad europea no fue tan disputada. Se explica así que a la
formación del pueblo chileno se aporte un porcentaje más alto de sangre blanca que al
de todas las otras naciones hermanas, si se prescinde de dos de ellas, que recibieron,
ya independientes, copiosa y fresca emigración: Argentina y Uruguay.

En la inclinación del mestizaje a acentuar los rasgos de la raza blanca influyen las
condiciones físicas, puesto que, por gozar de un clima templado análogo al europeo,
afirman la vitalidad de éste y facilitan el desarrollo de sus características. Al factor
climático se atribuye también la desaparición de la raza negra, pura o mezclada,
aportada en esos siglos por esclavos traídos para asumir las labores más pesadas,
especialmente mineras.

Estos factores explican que, al producirse la gesta emancipadora, el millón de


habitantes en que se calculaba la población chilena estuviera formado por un número
reducido de elementos completamente blancos, por el predominio de un mestizaje
más o menos pronunciado, y por una porción menor de indígenas auténticos,
conservándose, sin embargo, homogénea la población autóctona solamente en la
parte ocupada por el pueblo mapuche.

6.La política española hacia el indígena. La legislación española, desde el gobierno de


los Reyes Católicos, o sea, desde la iniciación misma del descubrimiento y de la
conquista de estas tierras americanas, estuvo marcada por el sello de la defensa y
protección a los indígenas, que de modo tan elocuente se expresa en el testamento de
Isabel la Católica. Si en los soldados y aventureros que formaban las huestes
conquistadoras se mostraron vigorosas las pasiones de la carne, del lucro y del mando,
nunca dejaron de manifestarse también, dada la complejidad de la naturaleza humana,
vivos rasgos del ideal cristiano, de la fe enraizada en el pueblo español, que habían
recibido en sus propios hogares. Sedientos de riqueza, de placer y de gloria,
sucumbiendo a veces inmoderadamente a sus concupiscencias, no prescindieron ni
olvidaron del todo, sin embargo, las convicciones de su patria y de sus mayores, y, si
abusaron en los medios para enriquecerse y en la explotación de la raza aborigen,
actuaron a menudo, también, dando satisfacción al impulso de sus creencias, a la
vocación de España. Y precisamente en razón de que, por desgracia, tantas veces
predominaban las humanas flaquezas sobre los imperativos superiores, de manera
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constante monarcas y prelados les instaban a comportarse en forma consecuente con
la misión que habían recibido de su nación y de su fe.

El trato dado por el pueblo conquistador a las razas indígenas de las regiones añadidas
a su imperio fue objeto de repetidos y hondos análisis de parte de teólogos y
gobernantes, en los que se manifestaba la conciencia escrupulosa e intranquila ante las
exigencias, siempre actuantes y a menudo aparentemente contradictorias,
provenientes por una parte de la misión superior de difusión cultural y cristiana que,
no obstante sus debilidades, querían con sinceridad llenar y, por otra parte, de las
necesidades prácticas, dificultades inherentes a la acción civilizadora y resistencias
instintivas de los pueblos aborígenes no dispuestos a recibir de buen grado otra cultura
ni a entenderla.

7.Encomiendas, mercedes de tierra, mayorazgos, capellanías. Las manifestaciones de


esa inquietud de conciencia colectiva se mostraban en todas las partes y se hacían
sentir con decisión en Chile debido a que, precisamente, fue aquí donde los españoles
encontraron uno de los pueblos más valerosos que se defendieron de su predominio.

Para realizar la obra de conquista y de civilización se instituyeron las encomiendas, por


las cuales el rey durante una o dos vidas -aunque, a veces, en la práctica, se extendió a
otras más- confiaba a determinado español el cuidado de defender y adoctrinar a
cierto número de indios, a cambio de la obligación que el favorecido tomaba para con
el rey de luchar él mismo, con sus caballos y arreos, en resguardo de la región
encomendada.

En la encomienda se comprendían no sólo deberes de su beneficiario en favor de los


indígenas encomendados, sino que también ciertos derechos sobre ellos.

Pues bien, es la determinación de la naturaleza y alcance de los provechos que puede


obtener el encomendero de los indígenas que se le confían, el aspecto en que
claramente se refleja la política zigzagueante de la autoridad española, dependiente de
si domina uno u otro criterio, ya en el Consejo del Rey, ya en el juicio de las autoridades
locales. Las distintas tasas: de Santillán (1559), de Gamboa (1580), de Rivera (1603), de
Esquilache (1621), etc. importaron expresiones de la primacía de uno u otro criterio, el
de quienes, en el afán de ser consecuentes con el llamado superior de la monarquía y
de la fe, querían que prevalecieran la libertad y el respeto al indígena en el proceso
civilizador, y el de quienes sentían con fuerza que extremar el respeto a esa libertad
importaba poner en peligro la vida y desarrollo de la magna tarea de civilización y de
conquista. Así, en algunas de esas tasas, se autorizó el trabajo obligatorio de los indios;
en otras, se les sometió a turnos que permitían, hasta donde era posible, el
cumplimiento por el indígena de sus propias tareas; en otras, en fin, se redujo la
obligación de los aborígenes al pago de tributos en favor del encomendero. Los
gobernantes locales o fueron enérgicos cumplidores de la voluntad real o,
impresionados por las exigencias y las presiones colectivas, se dejaron dominar por el
punto de vista de los encomenderos, ante quienes en ocasiones debía, en efecto,
rendirse en resignada aceptación el monarca. La Iglesia se hallaba enérgicamente de
parte de la moderación y del respeto hacia el indígena. Fray Gil González de San Nicolás
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y el padre Luis de Valdivia fueron figuras de relieve en esta lucha en favor del indio
chileno.

Con el aumento del mestizaje y el predominio agrícola sobre el minero, a fines del
período colonial las encomiendas se hicieron innecesarias, y se suprimieron por don
Ambrosio O?Higgins en 1791.

Tocante a la trascendencia del régimen de encomiendas, es útil disipar dos errores.

Estas no constituyen, en efecto, el origen del sistema de propiedad territorial,


proveniente más bien de las mercedes de tierra otorgadas por la Corona, y de los
mayorazgos, capellanías y vinculaciones.

Investigaciones recientes han demostrado, por otra parte, que el inquilinato, que va a
caracterizar el trabajo agrícola en los siglos siguientes, no emana tampoco de las
encomiendas, sino que deriva de mestizos o españoles pobres que arrendaban trozos
de tierra en las grandes haciendas, ya desde el siglo XVII, o sea, aun antes de la
desaparición de las encomiendas, al paso que los antiguos encomendados parecían
haber incrementado la masa de los peones dispuestos a prestar sus servicios en una u
otra explotación agrícola. A tales conclusiones llega el profesor Mario Góngora en su
estudio sobre el Origen de los Inquilinos en Chile Central (Editorial Universitaria,
Santiago, 1960).

El mayorazgo era una institución que tenía por objeto mantener la continuidad del
prestigio del nombre y del patrimonio familiar mediante la unidad sucesoria en favor
del hijo varón mayor de la familia, quien recibía un conjunto de bienes vinculados, de
acuerdo con el orden de sucesión de la Corona de Castilla o del instituido por el
fundador. Las capellanías eran fundaciones particulares que permitían gozar de ciertos
bienes a cambio de la obligación de decir o de hacer decir misas.

Los mayorazgos generalmente tenían por objeto dar lustre a la nobleza de su titular, y
no fueron muchos, pero sí bastante poderosos, los que se conocieron en Chile. Se
mencionan alrededor de doce.

8.Causas de la emancipación: la leyenda negra. En 1810 estalló en Chile, como en


muchas otras secciones del imperio español, el movimiento separatista.

Numerosas y variadas fueron las causas que lo determinaron, y los autores discrepan
en cuanto a la trascendencia que debe darse a unas u otras, subrayando ya el valor de
alguna, desestimando otras, acentuando o disminuyendo el alcance de las que se
admiten.

Es indudable que las causas de la lucha por la emancipación fueron complejas, y es


difícil tanto hacer un catálogo de todas como precisar respecto de cada una el grado de
su contribución a la génesis y desarrollo de la tendencia separatista.

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Pero, como en todos los fenómenos colectivos, hay factores profundos que los
preparan y circunstancias accidentales que los desencadenan.

Sin embargo, en sus líneas básicas, se ha destruido lo que se llamó la "leyenda negra"
sobre España, en mucha parte injusta, porque provino de la hostilidad al poderío
español, natural en las potencias rivales, y de la pugna ideológica frente a lo que
España representaba desde el punto de vista de la fe. No puede negarse el hecho de
que la leyenda negra nació en Inglaterra -monarquía protestante y émula de Su
Majestad Católica-, y se extendió a través de la producción intelectual de los
enciclopedistas franceses.

Según esa leyenda, la gobernación de estos pueblos por el rey de España habría sido
fiel exponente a un mismo tiempo del más perfecto maquiavelismo, del despotismo
más absoluto, de la intolerancia más completa, del oscurantismo más retrógrado, de la
explotación más inicua.

Lo cierto es, entretanto, que España entregó su sangre, extendió su fe, enseñó su
lengua, difundió su cultura, en tarea gigantesca de varios siglos, durante los cuales la
magnitud de la empresa debilitó en definitiva su poderío nacional. Aunque sea efectivo
que en ciertas oportunidades recibió el rey de estos dominios suyos riquezas
importantes, y que, individualmente, muchos peninsulares caracterizaron su acción por
crueldades y abusos, tales alternativas, propias de toda tarea humana, no empañan
una gran misión histórica en que hubo acciones movidas por poderoso ideal y se dieron
muestras de auténticas virtudes.

En esa leyenda negra diversos aspectos han sido analizados de modo más justiciero en
tiempos posteriores a la Independencia, sobre todo en época reciente, lejanas ya las
pasiones despertadas en el combate que se libró para conquistarla; pero, con todo lo
que contenía de exageración y de injusticia, la leyenda fue indiscutiblemente uno de
los factores que influyeron realmente en el estallido del proceso emancipador.

Tuvo entonces fuerza, aunque después ha disminuido la importancia atribuida a este


factor en la apreciación imparcial, la crítica al monopolio comercial ejercido por la
metrópoli, que impedía a estos dominios intercambiar mercaderías con otras
potencias. La realidad era, en efecto, que a pesar de las terminantes disposiciones que
establecían tal monopolio, no existía éste en el hecho, porque la rivalidad mercantil de
las potencias que disputaban el mercado y la tolerancia de las autoridades locales,
permitían en la práctica variado, copioso y constante movimiento de mercaderías
inglesas, francesas y de otras procedencias.

Se ha incluido también en el contenido de la leyenda negra la perfidia imputada a


España de haber mantenido intencionalmente en la más completa ignorancia
intelectual y cultural a sus pueblos en este continente. Estudios serenos y objetivos
llegan a conclusión diversa. Si existían en Chile y otras regiones prohibiciones de
circulación de libros, permisos de publicación, etc., las había no menos en la propia
España, en épocas en que no parece verosímil la inferioridad intelectual de la Madre
Patria, si se piensa que en ella se comprende su Siglo de Oro, memorable porque dio
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obras que, como Don Quijote, se incorporaron al acervo mundial de todos los tiempos.
La obra cultural desarrollada en estas regiones fue ciertamente de gran valor. Baste
decir que imprenta hubo antes en México que en Madrid; que en tierras americanas se
crearon varias florecientes universidades sostenidas por la monarquía, además de las
que nacieron a la sombra de la Iglesia o de las órdenes y congregaciones religiosas,
especialmente de los jesuitas. Parroquias e institutos religiosos enseñaron las primeras
letras, y crearon y sostuvieron colegios secundarios. La vida intelectual era activa en las
distintas secciones de la América Hispana, aunque tuviera las expresiones reflejas y sin
originalidad de toda cultura en formación, sin olvidar valores individuales de relieve,
algunos nacidos en nuestro propio país, como los historiadores Ovalle, Rosales y
Vidaurre, el naturalista abate Molina o el teólogo padre Manuel Lacunza.

En España, el Rey y la Iglesia estaban ligados por vínculos consecuentes con la misión
que se reconocía a Su Majestad Católica y la gratitud del Pontificado por sus servicios.
Esos vínculos explicaban el ejercicio del patronato regalista o conjunto de
intervenciones aceptadas al rey en asuntos eclesiásticos, tales como designación de
obispos y otros. Derivaban también dichos vínculos de la convicción de los reyes de que
el vigor político tenía su mejor fundamento en la unidad religiosa, de manera que la
pérdida de ésta acarreaba la destrucción de un elemento básico del ordenamiento
español. La Inquisición nació precisamente del deseo del poder temporal de mantener
la unidad de fe y castigar a quienes trabajaran por deshacerla. Los castigos que impuso
la Inquisición fueron menos numerosos y menos crueles de los que la leyenda le
atribuyó. Y debe reconocerse, en justicia, que la Iglesia en todo momento mantuvo
incólume el principio de la libertad de la creencia en el fuero interno, de la
espontaneidad del acto de fe y sólo toleró la represión por el brazo secular de quienes
actuaron como agentes activos de la herejía o la incredulidad.

9.El movimiento ideológico. Recién producida la separación de España, numerosos


historiadores, inspirados todavía en el ateísmo romántico del liberalismo filosófico,
dieron relieve, como factor determinante del proceso emancipador, a la ideología
revolucionaria del enciclopedismo y al pensamiento político de Montesquieu,
Rousseau y sus demás expositores europeos en el siglo XVIII. Un mejor análisis de esta
influencia disminuye considerablemente su importancia. Eran escasísimas las
mentalidades adheridas a tales ideas en 1810, como para atribuirles causa decisiva del
proceso separatista. Quienes magnificaron este factor confundieron, evidentemente,
su repercusión en la génesis del movimiento emancipador, que en realidad fue
reducida, con la apreciable resonancia que iba a alcanzar luego en la expresión político-
constitucional de sus ensayos organizativos, especialmente en virtud de que ese ideario
se recibe en el seno mismo de la Madre Patria y se vierte en los documentos que se
dictan en ella.

10.Criollos y españoles. A la formación del clima colectivo que explica el fenómeno


separatista de 1810, concurrieron otros factores, además de los enunciados, al margen
de las circunstancias accidentales que lo desencadenaron, y entre ellos debe anotarse
la manifiesta antipatía que en el seno de la sociedad colonial se profesaban españoles y
criollos.

12
Dentro de los blancos puros, la mayoría eran criollos, es decir, hijos de españoles, pero
nacidos en este continente. Los criollos, cualquiera que fuera su procedencia
sanguínea, formaban un grupo homogéneo y claramente diferenciado de los españoles
o chapetones. Los primeros conquistadores fueron en Chile principalmente
extremeños, castellanos y andaluces; en menor proporción, catalanes, gallegos, etc. A
principios del siglo XVIII comenzó a llegar una proporción más importante de vascos y
navarros que, entendiéndose mejor con los castellanos, escalaron pronto las
principales posiciones colectivas, primero en el comercio y luego en las profesiones
liberales y en la agricultura. Se formó de este modo una aristocracia castellano-vasca
dominante en la capital, en tanto los blancos de cepa meridional o andaluza se
conservaban en las capas dirigentes de las provincias o pasaban a formar la clase
media chilena.

Pues bien, los criollos miraban con resistencia a los españoles, en razón de que los
chapetones, por llamado del rey o de la legislación que les favorecía, ocupaban los
cargos más importantes, se veían en el caso de mantenerse en una posición aislada y
aparentaban cierta superioridad en relación a los criollos. Estos, por su parte, lejos de
aceptar inferioridad alguna, la rechazaban con vigor, cerrando, hasta donde podían, el
paso a quienes calificaban como advenedizos, porque, según ellos, venían a invadir
posiciones colectivas que creían pertenecerles en fuerza de mayores merecimientos.
Estas rivalidades entre criollos y españoles pusieron tenso el ambiente y trascendieron
a la Madre Patria, desde donde se tomaron diversas medidas que no lograron
aplacarlas.

11.La expulsión de los jesuitas. Adquirió también bastante resonancia la expulsión de


los jesuitas (1767), medida resuelta con cautela y cumplida con notable precisión en los
tiempos de Carlos III, cuando dominaban en su turno la masonería y los ideales del
despotismo ilustrado. Los jesuitas supieron ser tanto eficientes educadores como
entusiastas propulsores de diversas formas del progreso colectivo, manteniendo
dilatadas y fecundas labores agrícolas en las que procuraban combinar el
mejoramiento intelectual y moral de los trabajadores del campo con la buena
explotación de las tierras laborales.

12.La coyuntura histórica de la emancipación. Las causas señaladas y muchas otras tal
vez no hubieran producido sino largos años más tarde la emancipación si las
circunstancias históricas no hubieran concurrido a apresurarla.

Los sucesos ocurridos en la metrópoli desencadenaron evidentemente el movimiento


liberador. Después de jugar con la ineptitud de los reyes Carlos IV y Fernando VII -padre
e hijo, a quienes engañó una y otra vez-, Napoleón I colocó en el trono de España a su
hermano José, intruso que el pueblo ibérico resistió con general y espontáneo vigor, no
previsto cabalmente por el subyugador de tantas naciones.

En las localidades que no caían aún ante el avance francés o lograban reconquistarse,
se organizaban juntas destinadas a asumir el gobierno provisional y a sostener la lucha
contra el invasor, las que, formadas de elementos representativos en sus pueblos,
comprendieron la urgencia de coordinar sus esfuerzos de resistencia.
13
Tal fue el origen de las Juntas Supremas que, instaladas sucesivamente en Sevilla, Cádiz
y otras ciudades españolas, tomaron a su cargo la organización de la lucha armada y la
dirección del país mientras el legítimo titular recuperaba su trono.

Las juntas se preocupaban de la suerte de los dominios del rey en este continente;
mandaban emisarios para explicar la cambiante situación, obtener auxilios y mantener
la fidelidad; invitaban a designar representantes ante los cuerpos políticos constituidos
en la metrópoli; e incluso llegaron a recomendar actuaciones análogas a las adoptadas
por ellas.

Sintiendo la orfandad en que quedaban, los pueblos de este continente seguían con
inquietud el suceder peninsular; nacía en su seno la preocupación por su propia suerte
y, expuestos como estaban a ser presa de la rivalidad de las potencias enemigas de
España, se mostraron pronto ansiosos de imitar a las juntas gobernantes de la
metrópoli en la índole de las medidas tomadas para conservar estas naciones bajo el
pabellón real.

No se ocultó a las hijas del rey que los gobernantes en la península no tenían título
alguno emanado del propio monarca, sometido al cautiverio de Napoleón, y que su
poder provenía tan sólo de la voluntad del pueblo español, resuelto a rechazar la
invasión extraña.

Los súbditos del rey residentes en estas regiones americanas juzgaron instintivamente
que la fidelidad les ligaba a la dinastía real y, si estaban llanos a respetar ésta, no se
sentían comprometidos a obedecer del mismo modo gobiernos provisionales
establecidos en la Península, desde que no expresaban el poder real, sino la voluntad
de una parte de sus dominios, la sección de España que no estaba aún bajo el mando
de Napoleón.

Si el pueblo español procedía con patriotismo al tomar las medidas encaminadas a


sacudir las regiones invadidas del yugo francés y a restituir el trono al rey despojado,
en forma semejante querían actuar sus leales vasallos en estas secciones americanas
de la monarquía. Ellos se sentían, en efecto, colocados en un pie de igualdad jurídica en
relación a la que se hallaban los súbditos residentes en la Península y, por eso, no se
creían obligados a obedecer a las juntas organizadas en España ni a cumplir las órdenes
de gobernantes provisionales sin título como si emanaran del mismo rey.

Lo que cabía como consecuencia de tales planteamientos era, entonces, organizarse en


cada una de estas porciones de la monarquía con idénticos propósitos de fidelidad y de
buen gobierno. Los gobernantes locales, designados otrora por el monarca y que no
disfrutaban en estas tierras del favor de sus pueblos, debían removerse para dar paso a
gobernantes que respetaran fielmente la voluntad popular.

Esta reacción espontánea de los sectores dirigentes en los pueblos de América se vio
fortalecida al comprobar que en la misma España el régimen provisional fundamentaba
su poderío en las nuevas ideas que, propagadas por la Revolución Francesa, sostenían
14
la soberanía popular, las libertades democráticas, la designación electoral de los
gobernantes, etc.

13.La independencia chilena. Cuando las informaciones relativas a los acontecimientos


europeos mostraron la gravedad de la situación y las dificultades que impedían su
pronto término, acentuando los peligros de intervenciones foráneas, surgieron
simultáneos en las distintas capitales, con semejantes incidencias, los movimientos que
lograron la deposición de los personeros peninsulares y el nombramiento de juntas
gubernativas con elementos criollos.

Tal ocurrió en Chile cuando se puso término a la gobernación del brigadier don
Francisco Antonio García Carrasco y, en cabildo abierto de 18 de septiembre de 1810,
se designó la primera Junta de Gobierno nacional.

En el acta de instalación de la Junta se reflejan con exactitud los móviles inspiradores.


"Siendo el principal objeto del Gobierno y del cuerpo de representantes de la Patria, el
orden, quietud y tranquilidad pública, perturbada notablemente en medio de la
incertidumbre acerca de las noticias de la Metrópoli..."; teniendo presente, entre otras
cosas, el manifiesto del Supremo Consejo de Regencia, en que advertía a las Américas
la instalación de la Junta de Cádiz que "podrá servir de modelo a los pueblos que
quieran elegirse un gobierno representativo digno de su confianza..."; oído el
Procurador General, quien expuso que: "a este pueblo asistían las mismas
prerrogativas y derechos que los de España para fijar un gobierno igual", don Mateo de
Toro y Zambrano, presidente de la reunión, "depositó toda su autoridad en el pueblo
para que acordase el gobierno más digno de su confianza y más a propósito a la
observancia de las leyes y conservación de estos dominios a su legítimo dueño y
desgraciado Monarca, el señor Don Fernando VII".

Resultó paradójico que los gobernantes peninsulares, luego de aplicar estas mismas
doctrinas y de incitar a los súbditos del rey residentes en tierras americanas a actuar
conforme a ellas, cuando se organizaron en nuestras regiones, a imitación y ejemplo de
la Península, las juntas inspiradas en análogos confesados y patrióticos propósitos,
resolvieron imponerse por la fuerza y así lo ordenaron a los representantes destacados
por el rey en estas secciones, mientras preparaban las tropas que vendrían a recuperar
sus dominios.

En Chile, la derrota de Rancagua (2 de octubre de 1814) puso término a la etapa


comenzada con la designación de la primera Junta Gubernativa y abrió el paréntesis de
la Reconquista española, que duró hasta el paso del Ejército Libertador y las derrotas
sufridas por las armas españolas en Chacabuco (12 de febrero de 1817) y en Maipú (5
de abril de 1818).

14.La Patria Vieja (1810-1814). La Patria Vieja (1810-1814) fue el lapso en que se
afirmó la voluntad de independencia, tanto por el uso incipiente que en él se practicó
del derecho del Reino de Chile a gobernarse por sí mismo, cuanto porque la resistencia,
ordenada desde España, afirmó la decisión, al comienzo bastante débil, de constituir
una nación independiente.
15
En esa época sufrió el país la lucha de criterios que separó a sus elementos dirigentes,
diversidad ampliamente manifestada en el seno del Primer Congreso a que se convocó
y que se reunió el 4 de julio de 1811. Discutieron en esta asamblea la porción de
quienes deseaban mantenerse en obediencia al gobierno peninsular; una mayoría que
pretendía continuar lealmente con el gobierno propio sólo hasta que se reintegrara el
monarca al ejercicio de sus prerrogativas; y una minoría, muy reducida aún, que se
mostraba vehemente por lograr la formación de una nueva y soberana colectividad. La
debilidad de los hábitos democráticos proporcionaba el ambiente para que surgieran
los caudillos y, en efecto, don José Miguel Carrera tomó, a pesar de su juventud, el
control del mando, buscó con energía el triunfo de la posición más exaltada, y provocó
oposiciones y enemistades entre los mismos elementos que pudieron acompañarlo en
la consecución de su ideal.

Los requerimientos de la defensa en la lucha bélica, que desencadenó el ejército


enviado por el virrey del Perú, no lograron apagar las disensiones, y el éxito de éste
resultó, en buena parte, de las debilidades de los caudillos patriotas, que les hicieron
perder el resultado de brillantes triunfos.

15.Reglamento de 1811. Durante la Patria Vieja se dictaron los primeros ensayos


constitucionales, que fueron pasos iniciales en el paulatino progreso de las ideas
políticas en el país.

El primero de esos documentos fue obra del Congreso de 1811. Explicaba en su


comienzo que estaba "el Congreso Representativo del Reino de Chile, convencido
íntimamente, no sólo de la necesidad de dividir los poderes, sino de la importancia de
fijar los límites de cada uno, sin confundir ni comprometer sus objetos". Sin embargo,
su contenido fue ejemplo de la mayor confusión concebible. Las relaciones exteriores
eran privativas del Congreso, tal como lo eran el mando de las tropas, la provisión de
los empleos militares superiores, los recursos sobre provisiones de la Autoridad
Ejecutiva, la remoción de empleados, etc.

No se consignaba norma alguna acerca de la organización de este Congreso que, "como


único depositario de la voluntad del reino, conocerá exclusivamente del cumplimiento
o infracción general de la ley". De la Autoridad Ejecutiva sólo se decía que se
compondría de tres miembros, entre los cuales se turnaría la presidencia por meses,
jurarían en el Congreso fidelidad a los grandes objetos que éste proclamaba y sostenía,
y "su duración es pendiente de la Constitución del caso; y no formada ésta en el
perentorio término de un año, expirará en él la comisión".

16.Reglamento de 1812. El Reglamento Constitucional Provisorio, de 26 de octubre de


1812, promulgado para encauzar el gobierno de don José Miguel Carrera, se elaboró
con intervención importante del cónsul norteamericano Robert Poinsett. Un
preámbulo precedía sus 27 artículos y explicaba las circunstancias en que "los pueblos
recurrieron a la facultad de regirse por sí o por sus representantes" con tanta urgencia,
que no podía su organización ser perfecta desde el principio, sino sometida a las reglas
que les dictase la virtud de los gobernantes.
16
En cuanto a principios generales, reconocía que "el pueblo hará su Constitución por
medio de sus representantes"; "la religión Católica, Apostólica -se afirma que la
supresión de Romana fue impuesta por Poinsett- es y será siempre la de Chile"; a
nombre de Fernando VII gobernará la Junta Superior Gubernativa; "si los gobernantes
-lo que no es de esperar- diesen un paso contra la voluntad general declarada en la
Constitución, volverá al instante el poder en manos del pueblo"; y "sólo se
suspenderán todas estas reglas en el caso de importar a la salud de la Patria
amenazada, pero jamás la responsabilidad del que las altere sin grave motivo" (arts. 1,
2, 3, 6 y 26).

En materia de garantías, eran, casi todos, preceptos relativos a la libertad personal;


libertad de imprenta; e igualdad de derechos en favor de todo habitante (arts. 15 a 24).

En cuanto a la organización institucional, reconocía a los "actuales gobernantes", y


disponía su reemplazo en caso de muerte o renuncia; procediéndose a elección
mediante suscripción. De los tres miembros de la Junta Superior Gubernativa, se
renovaba uno al fin de cada año, se turnaban en la presidencia por cuatrimestres y no
podían ser reelegidos hasta los tres años. El Senado -única cámara- se renovaba, entre
tanto, cada tres años en la misma forma que la Junta y se componía de siete individuos,
de los cuales representaban dos a cada una de las provincias de Concepción y
Coquimbo y tres a la de Santiago. Para el despacho de los negocios establecía dos
Secretarios.

Sin el dictamen del Senado no podía el Gobierno resolver en los grandes negocios, y el
texto, luego de definir qué se entendía por negocios graves, terminaba explicando que
"las facultades que no le están expresamente declaradas en esta Constitución quedan
reservadas al pueblo soberano". El Senado residenciaba a los vocales de la Junta y los
juzgaba en unión del Tribunal de Apelaciones. Los cabildos eran electivos y sus
individuos se nombraban anualmente por suscripción.

Vida efímera tuvo esta Constitución; "irrevocablemente derogada", en efecto, el 6 de


octubre de 1813.

17.Reglamento de 1814. Las alternativas bélicas mostraron la ineficacia de los


ejecutivos colegiados y subrayaron la ventaja de confiar el mando a una sola persona.
El 7 de marzo de 1814, con el título de Director Supremo, se hizo cargo del gobierno el
coronel don Francisco de la Lastra, quien designó de inmediato una comisión
constituyente, cuya obra se contiene en el texto promulgado por el mismo Director
Supremo, el 17 de ese mes.

Se explicaba en este tercer "Reglamento para el Gobierno Provisorio" que "las críticas
circunstancias del día obligaron a concentrar el Poder Ejecutivo en un individuo... con
las absolutas facultades que ha tenido la Junta de Gobierno de 18 de septiembre de
1810". La duración del Director se fijaba en 18 meses y, concluido ese término, la
Municipalidad, uniéndose al Senado, acordaría sobre su continuación o nueva elección
"por aquella autoridad en que se hallare concentrado el poder y representación del
17
pueblo"; lo subrogaba el Gobernador Intendente de provincia; concluido su gobierno
quedaría sujeto a residencia.

El Senado, al que debía consultar y con el cual tenía que acordar el Supremo Director
los tratados de paz, declaraciones de guerra, nuevos establecimientos de comercio y
pechos o contribuciones públicas generales, se componía de siete individuos
designados por el propio Director a propuesta en terna de la Junta de Corporaciones, y
se reemplazaban alternativamente cuatro y tres cada dos años.

18.Catecismo Político Cristiano. La Constitución de Egaña (1811) De la Patria Vieja


quedan otros documentos que, sin haber regido como constituciones, demuestran la
evolución político-institucional.

De esta naturaleza es el Catecismo Político Cristiano, que, redactado, según se creyó en


una época, por el doctor Juan Martínez de Rozas, más tarde atribuido al doctor
chuquisaqueño Jaime Zudañez, y cuya verdadera paternidad todavía se discute,
circulaba en la época de la reunión del Primer Congreso Nacional, y encerraba la más
clara y exacta exposición del pensamiento entonces dominante en el Derecho Público.

Además, en 1811, Juan Egaña redactó un proyecto constitucional, que llegó a


publicarse en 1813, y en el que vierte por primera vez sus complicadas elucubraciones
doctrinarias, mezclando las instituciones de las ciudades griegas con las de la república
romana, los dictados de la moral cristiana con la filosofía enciclopedista, y con cuyos
ingredientes diseñó la alambicada y compleja serie de autoridades, órganos y controles
que iban a ser igualmente después los rasgos de la Carta de 1823.

19.El manifiesto explicativo y la proclamación de la independencia (1818). Luego de la


batalla de Chacabuco, venciendo profunda y tenaz resistencia, principalmente
impulsado por San Martín, asumió el poder Bernardo O?Higgins.

El 12 de febrero de 1818 se declaró en documento solemne la independencia del país


y, firmado por el Director y por su ministro de Estado, Miguel Zañartu, dirigió aquél un
manifiesto a las naciones extranjeras para justificar la revolución y la declaración recién
formulada. El documento era en extremo violento contra España, como era difícil que
no lo fuera, dadas las circunstancias de la guerra en marcha y la formación de su autor.
Prescindiendo de los agravios a España, es útil conocer algunas de las afirmaciones del
muy extenso documento.

Para establecer el derecho de emanciparse, dice que "recibido de la Providencia el del


nacimiento, podemos llamar Nuestra Patria a este suelo en que vimos la primera luz y
hemos alcanzado la de la civilización del siglo". "...Todo el empeño de la tiranía jamás
ha podido combatir este derecho de naturaleza. En fuerza de él componemos una
asociación tan libre como la de los antiguos conquistadores". "...la institución de los
gobiernos no conoce otro origen que el de procurarse los hombres un apoyo a su
seguridad y a la propiedad de la asociación...". "Que conozcamos sus derechos por las
lecciones que nos ha dado la misma España, y no los dejemos afianzados en la sólida
Independencia, sería un crimen...".
18
Tratando luego de demostrar que estas premisas valían en el hecho como en el
derecho, recordaba las declaraciones emanadas de la misma España. "Es, en efecto, la
propia Junta de Sevilla que, al incitar el envío de diputados de estas regiones, declara
por primera vez parte integrante, igual en derecho al resto de la Monarquía y que no es
ya una colonia o factoría como las de las demás naciones". "No queremos pertenecer a
una nación nula, a quien para nada necesitamos y que, necesitando de nosotros, sólo
nos busca con la muerte".

El manifiesto de 12 de febrero de 1818 explicaba, pues, la proclamación de la


independencia, fechada el 1º de enero de ese año 1818; y era ésta breve y elocuente.
Refiriéndose a la guerra, expresaba que "este último desengaño les ha inspirado,
naturalmente, la resolución de separarse para siempre de la Monarquía española y
proclamar su independencia a la faz del mundo" y, por eso, no permitiendo las
circunstancias la convocatoria de un Congreso Nacional, en ejercicio del poder
extraordinario con que "nos han autorizado los pueblos", "hemos tenido a bien...
declarar solemnemente, a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a
la gran confederación del género humano, que el territorio continental de Chile y sus
islas adyacentes, forman, de hecho y por derecho, un Estado libre, independiente y
soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía de España y de
cualquiera otra dominación, con plena aptitud de adoptar la forma de gobierno que
más convenga a sus intereses".

20.Caracteres de la lucha de emancipación. La emancipación aparecía en estos textos


solemnes como consecuencia de la guerra, y sin la lucha armada quizás la separación
hubiera tardado largos años. Fue al principio combate fratricida entre sectores
dirigentes, originado en la discrepancia acerca de la apreciación de lo que correspondia
hacer frente a los sucesos de la metrópoli, más que expresión, al comienzo, de una
voluntad decidida de independencia, que brotara espontánea del vigor de una
personalidad colectiva suficientemente desarrollada y fuerte, como para sentirse capaz
de gobernarse por sí misma y al margen de todo vínculo con la Madre Patria. Así se
explica que dentro de las mismas familias se encontraran a veces líderes de uno u otro
bando; en el campo patriota había españoles nacidos en la Península, como del lado de
España estuvieron criollos decididos y heroicos; los ejércitos combatientes por el rey se
componían en su mayoría de criollos y la cantidad de soldados venidos especialmente
de España a la guerra no fue grande. Los personeros del sector dirigente de uno y otro
bando arrastraban a la lucha todos los elementos humanos y materiales sometidos a su
poder e influencia, mientras el común del pueblo seguía a uno u otro lado.

21.Constitución de 1818. El 18 de mayo de 1818 O?Higgins designó una comisión


redactora de un nuevo texto constitucional, y cuando, en agosto, la labor de ella
terminó, el Director la sometió a la aprobación popular, mediante suscripciones que se
abrieron en todas las parroquias. El resultado fue ampliamente favorable.

El título primero trataba en sendos capítulos de los derechos y de los deberes del
hombre en sociedad. Entre los derechos se detallaban los diversos aspectos de la

19
seguridad personal, del derecho de propiedad y de la libertad de opinión y se ratificaba
la declaración de los vientres libres de las esclavas.

Es interesante recordar que la libertad civil "consiste en hacer todo lo que no daña a la
religión, a la sociedad o a sus individuos" (art. 10), y que "todo individuo de la sociedad
tiene incontestable derecho a ser garantido en el goce de su tranquilidad y felicidad por
el Director Supremo y demás funcionarios públicos del Estado, quienes están
esencialmente obligados a aliviar la miseria de los desgraciados y proporcionarles a
todos los caminos de la prosperidad" (art. 13).

Entre los deberes del hombre social se consignaban la sumisión a la Constitución y a las
leyes; la obediencia a los funcionarios públicos; la obligación de contribuir a los gastos
del Estado, y de regirse por el principio moral: "no hagas a otro lo que no quieras que
hagan contigo". El afán moralizador llegaba hasta el punto de decir que "todo individuo
que se gloríe de verdadero patriota, debe llenar las obligaciones que tiene para con
Dios y los hombres, siendo virtuoso, honrado, benéfico, buen padre de familia, buen
hijo, buen amigo, buen soldado, obediente a la ley y funcionario fiel, desinteresado y
celoso".

Un título especial (II) establecía que "la religión Católica, Apostólica, Romana es la
única y exclusiva del Estado de Chile".

Aunque reconocía que pertenecía a la nación chilena reunida en sociedad, por un


derecho natural e inamisible, la soberanía o facultad para instalar su Gobierno y dictar
las leyes que lo han de regir, por medio de sus diputados reunidos en Congreso, no
pudiendo ello verificarse con la brevedad que se desearía, un Senado sustituiría, en vez
de leyes, reglamentos provisionales en la forma que más conviniera para los objetos
necesarios y urgentes. Los miembros del Senado, compuesto de cinco propietarios y
cinco suplentes, eran designados por el Director. La Constitución determinaba los
asuntos de competencia de esta Corporación y la manera de tramitar sus decisiones
(Tít. III).

El Poder Ejecutivo (Tít. IV) residía en el Director Supremo, cuya elección estaba ya
verificada y que en lo sucesivo debería hacerse por libre consentimiento de las
provincias. Se establecían tres Ministros o Secretarios de Estado. Se señalaban los
límites del Poder Ejecutivo; se contemplaban tres provincias: la capital, Concepción y
Coquimbo, dirigidas por un gobernador-intendente, elegido conforme al reglamento
que debía dictar el Senado.

Daba también normas sobre los Cabildos, dentro de la reglamentación del Poder
Ejecutivo.

La organización "de la autoridad judicial" era sumamente minuciosa (Tít. V),


estableciendo un Tribunal Supremo de cinco ministros designados por el Director y
después de propuesta en terna del mismo cuerpo, que tendría facultad para conocer
los recursos de segunda suplicación y otros extraordinarios; y una Cámara de
Apelaciones, con jurisdicción sobre todo el territorio, compuesta de cuatro individuos
20
-de los cuales se nombraba el regente-, designados en la misma forma indicada para el
Tribunal Supremo.

La Constitución de 1818 rigió durante la mayor parte de la administración de O?


Higgins, cuya dictadura no tuvo otro contrapeso que la resistencia que se asiló en el
Senado, ya que sus miembros, aunque designados por el Director Supremo, supieron
mantener alto grado de independencia frente a él, a menudo con indiscutible eficacia.

22.Gobierno de O?Higgins (1818-1823). A O?Higgins correspondió llevar a su fin el


proceso emancipador y lo hizo con energía y éxito. Contribuyó, bajo su empuje, la
nación chilena, que acababa de separarse de España, a la liberación de sus hermanas
americanas, sobre todo mediante la expedición libertadora al Perú (1820) y la
formación de la primera Escuadra Nacional.

La vocación democrática e igualitaria de O?Higgins se cristalizó tanto cuando resistió


decididamente las inclinaciones monárquicas de San Martín, como cuando suprimió en
el país los títulos nobiliarios.

Con la Iglesia surgieron dificultades que, en parte, provinieron del carácter del Director
y en parte, también, derivaban de la posición irreductiblemente pro realista del Obispo
de Santiago, Rodríguez Zorrilla, actitud que, a su turno, dio origen en O?Higgins a
reacciones decididamente abusivas y contrarias a los derechos permanentes de la
Iglesia.

23.Constitución de 1822. Las resistencias de la aristocracia y de la Iglesia, los atropellos


de la dictadura -principalmente la responsabilidad que se atribuyó a O?Higgins en el
fusilamiento de los hermanos Carrera y de Manuel Rodríguez- crearon para él una
situación difícil, que trató de dominar a través de la vigencia de una nueva
Constitución, obra de su Ministro José Antonio Rodríguez Aldea, aprobada por una
Convención Preparatoria, compuesta de representantes de las provincias, y
promulgada el 30 de octubre de 1822.

En el aspecto doctrinario, expresaba esta ley fundamental que la nación chilena es la


unión de todos los chilenos y en ella reside la soberanía; y que la religión del Estado es
la católica, apostólica y romana, con exclusión de cualquiera otra.

La organización institucional se sintetizaba en la afirmación de que "el gobierno de


Chile será siempre representativo, compuesto de tres poderes independientes:
Legislativo, Ejecutivo y Judicial" (art. 12).

El Poder Legislativo residía en un Congreso, compuesto de dos Cámaras, lo que ocurría


por primera vez en nuestra historia constitucional. La de Diputados, elegida en relación
a la población, en una forma indirecta, curiosa, por cuanto los electores se elegían por
sorteo, a razón de uno por cada mil almas. En receso del Congreso funcionaba la "Corte
de Representantes", compuesta de siete individuos elegidos por la Cámara de
Diputados y de los ex Directores que serían miembros vitalicios.

21
Es especialmente interesante la formación del Senado, que se integraba por los
miembros de la Corte de Representantes, los ex Directores, los Ministros de Estado, los
Obispos, un Ministro del Supremo Tribunal, tres jefes del Ejército, el Delegado
Directorial del departamento en que abra sus sesiones el Congreso, un Doctor de cada
Universidad, dos comerciantes y dos hacendados. Se trataba, pues, de un cuerpo
colegiado de tipo funcional.

El Poder Ejecutivo residía en el Director Supremo, "siempre electivo y jamás


hereditario; durará seis años, y podrá ser reelegido por una sola vez por cuatro años
más"; "se tendrá por primera elección la que ha hecho del actual Director la presente
legislatura de 1822".

Frente a las recién transcritas disposiciones, las normas resumidas y la minuciosa y


adecuada organización judicial perdieron su importancia, porque, significando aquéllas,
en efecto, la consolidación por diez años más del mando de O?Higgins, la Constitución
de 1822 se convirtió en un nuevo factor que lo hizo insoportable como gobernante
para la mayoría de la clase dirigente, siempre poderosa, aunque entonces reducidísima
en número. La vida política conservaba las características propias de contiendas
puramente de salón, proyectadas en los campos de influencia que los caudillos ponían
en movimiento.

Ello explica que, instado a dejar el gobierno en entrevista que con él celebraron
elementos representativos de la clase dirigente, abdicara O?Higgins el mando el 28 de
enero de 1823. En esta forma terminó el libertador de Chile su vida política, con tanto
desprendimiento como la había comenzado.

24.La época de la anarquía (1823-1830). Desde la abdicación de O?Higgins hasta la


batalla de Lircay (17 de abril de 1830) se conoció en Chile un período de anarquía
institucional y política.

Los jefes militares o civiles se desplazaban con vertiginosa rapidez, y se confiaba el


Poder Ejecutivo a Juntas de Gobierno, Directores Supremos, Presidentes y
Vicepresidentes de la República. La denominación de Presidente de la República la
llevó por primera vez Manuel Blanco Encalada, el 9 de julio de 1826.

Si caudillos militares asumieron a menudo el mando y encabezaron diversos motines


que pusieron término a los gobiernos precedentes, no puede calificarse este período
simplemente como de militarismo, porque los hombres de espada, que alternaron con
los jefes civiles, no estabilizaron influencia preponderante y sus principales líderes no
demostraron siempre apetito de poder, como no lo exhibieron, por ejemplo, Ramón
Freire o Francisco Antonio Pinto, al mismo tiempo hábil y culto abogado.

En medio del desorden de este lapso de la historia nacional, las vivas rivalidades de las
facciones acumularon, junto al desquiciamiento general que desataron, experiencia
valiosa para la vigorización posterior de la República, tal como la misma gravedad y
hondura del caos administrativo generó también la convicción colectiva de la necesidad
de poner disciplina en los servicios del Estado.
22
Un entusiasta sector ansiaba restablecer a O?Higgins y continuaba sosteniendo sus
puntos de vista en el campo político. Se constituyó, además, en torno de quienes
experimentaran en sus propios negocios las consecuencias lamentables de la
indisciplina administrativa, el partido de los Estanqueros, que se encarnó fielmente en
Diego Portales. En medio de las exageraciones que prevalecieron en este período,
algunos buscaban restaurar el orden sobre el cimiento de los valores tradicionales, y
como entre ellos se contaban auténticos representantes de la aristocracia, fueron
motejados de pelucones, alusión a las pelucas que todavía llevaban entonces, como
eco versallesco, mientras éstos, por su lado, calificaban de pipiolos (principiantes,
novatos, inexpertos) a los que se dejaban llevar de entusiasmos libertarios que
proclamaban demagógicos.

Sin embargo, no todo era negativo en estos años de anarquía, desde el punto de vista
de la formación de la nacionalidad, tanto porque, como se ha dicho, de la profundidad
del abismo en que cayó el país iba a nacer el impulso que explicaría su ordenamiento
posterior, cuanto porque en esa época se consumó la emancipación, cuando Freire
obtuvo la incorporación definitiva de la isla de Chiloé, que logró arrebatar a los
españoles (1826).

Los principales ensayos de organización en este tiempo de anarquía fueron la


Constitución de 1823, las leyes federales de 1826 y la Carta Fundamental de 1828.

25.Constitución de 1823. Luego de una Junta de Gobierno que sucedió a O?Higgins, se


hizo cargo del mando, como Director Supremo, el general Ramón Freire, quien convocó
a elecciones para un Congreso que presidió Juan Egaña y que aprobó sustancialmente
el texto organizativo propuesto por él.

La Constitución de 29 de diciembre de 1823, como el proyecto de 1811, obra también


del señor Egaña, exhibió la huella del vacilante pensamiento político de su autor. Se
observó, en efecto, una vez más, la confusión entre los órdenes político, moral y
religioso. La organización de los poderes, en extremo compleja, no precisaba una
división clara y razonable de las diversas funciones. Sin negar que, en ciertos aspectos,
la reglamentación reflejaba progresos que encaminaron a perfeccionamientos
posteriores, principalmente en lo relativo al Poder Judicial, en sus líneas básicas era de
una impracticabilidad manifiesta. Así se explica que, a pesar de las ilusiones que se
pusieron en su texto y de las detalladas explicaciones que difundió el propio señor
Egaña en su Examen Instructivo de la Constitución, se la declaró "insubsistente" en
enero de 1825.

Con sus 277 artículos, la de 1823 es la más extensa de las Constituciones que hayan
regido en Chile, la más minuciosa y, conjuntamente, una de las menos sistemáticas.

El Estado es uno e indivisible; la representación nacional es "solidariamente por toda la


República"; la soberanía reside esencialmente en la Nación y el ejercicio de ella en sus
representantes; la religión católica es la del Estado; con exclusión del culto y ejercicio
de cualquiera otra.
23
El Director Supremo electivo dura cuatro años y puede ser reelegido por las dos
terceras partes de los sufragios.

Tiene el Director Supremo la iniciativa exclusiva de todas las leyes, pero antes de pasar
los respectivos proyectos al Senado y en negocios graves, se consulta al Consejo de
Estado, compuesto de los ex Directores y de otros altos funcionarios y dignidades.

El "Senado Conservador y Legislador" se compone de nueve individuos elegidos por


seis años, reelegibles indefinidamente.

Si el Director insiste en los proyectos de ley que el Senado le devuelve, procede su


consulta a la Cámara Nacional, asamblea momentánea compuesta de consultores
nacionales.

En la base del poder político se establecen asambleas electorales, formadas por


determinado número de ciudadanos y conforme a un complicado sistema.

Las normas relativas al Poder Judicial son, como en la Constitución de 1822, precisas y
eficientes, y a ellas se sujetará la administración de este servicio hasta la dictación de la
ley de 1875.

26.El ensayo federalista. Ante la debilidad e ineficacia del gobierno central, las
resistencias que éste suscitaba desarrollaron el sentimiento de autonomía en las
provincias, antes manifestado con algún vigor sólo en Concepción, y se encauzó, por
obra de los ideólogos, según la vía de la transformación del Estado conforme al
federalismo.

La admiración provocada ante el éxito de los Estados Unidos de Norteamérica


-expresada ya en imitaciones fieles de su fórmula organizativa por varias naciones- tuvo
también en nuestro país eco en fervorosos apóstoles, entre los cuales, como su
máximo exponente, se cuenta José Miguel Infante, quien venía participando en
consejos de gobierno desde 1813 y fundó, más tarde, cuando comenzaba a
oscurecerse el horizonte para sus ideas, un periódico, "El Valdiviano Federal", dedicado
a difundirlas y que mantuvo, durante 17 años, hasta su muerte (1844).

Presidiendo el señor Infante un "Consejo Directorial", otro de los miembros de éste, el


Ministro del Interior Joaquín Campino, le presentó, el 30 de noviembre de 1824, un
proyecto de reglamento provisional para la administración de las provincias, que
recibió aplicación inmediata sólo en cuanto dividió el país en ocho de tales
circunscripciones. El proyecto creaba una asamblea de elección popular de carácter
legislativo en cada provincia, y los gobernadores de éstas los entregaba también a la
determinación del electorado.

El 4 de julio de 1826 se reunió un Congreso llamado a redactar una nueva Carta.


Mientras lo hacía, el 11 de ese mismo mes aprobaba un proyecto de ley que constituía
la República de Chile por el sistema federal, a cuya promulgación siguió la de varias
24
otras leyes, encaminadas a preparar la organización posterior en federalismo y que,
fundadas sustancialmente en las bases del proyecto de 1825, implantaban la elección
popular de gobernadores, municipalidades y hasta de los párrocos.

Cuando, entretanto, el Congreso, al preparar el proyecto de nueva Constitución, fiel en


sus líneas centrales a los modelos clásicos federales, llegó al problema central de
precisar el sistema del Estado, no adoptó decisión alguna, y en mayo de 1827
suspendió sus sesiones y decidió consultar al efecto directamente a las provincias. Las
respuestas de éstas tardaron en llegar o no llegaron, porque el rechazo al federalismo
se hizo tan decidido desde el receso del Congreso que ese mismo año tuvieron que
dejarse sin efecto los pasos que se habían dado hacia su instauración.

El ensayo federalista de 1825-1827 marcó el punto máximo de la teorización política, y


reveló la ilusión dominante en la mayoría de las mentalidades rectoras de la vida
política de esa época, acerca de los efectos mágicos de la norma positiva, a la que se
atribuía la virtud de hacer posible la implantación de determinada fórmula por la sola
circunstancia de su prestigio en la experiencia foránea, sin medir en absoluto la
carencia en el ambiente de las condiciones que hacían posible su éxito en otras
naciones.

El experimento federalista chileno coincidió con el abismo en que se hundió la vida


política, administrativa y económica del país, sumido en la situación catastrófica del
más completo caos.

27.Constitución de 1828. La Constitución de 8 de agosto de 1828 fue obra del Congreso


elegido en enero de ese año, y el proyecto estudiado por la comisión designada dentro
de su seno fue revisado por el literato español, de tendencia afrancesada, José Joaquín
de Mora.

Desde el punto de vista de la técnica política, es palpable el avance que revela este
texto si se le compara con los anteriores. Sobrio y preciso, mucho del
perfeccionamiento formal y sustantivo que encierra, pasó al de 1833, y, más tarde, al
de 1925 y al vigente.

"La Nación Chilena es la reunión política de todos los chilenos naturales y legales".
Libre de todo poder extranjero, en ella reside la soberanía. La religión nacional es la
católica "con exclusión del ejercicio público de cualquier otra". "La Nación Chilena
adopta para su gobierno la República representativa popular".

Breve es la reglamentación de los derechos individuales, que comienza expresando: "La


Nación asegura, como derechos imprescindibles e inviolables la libertad, la seguridad,
la propiedad, el derecho de petición, y la facultad de hacer públicas sus opiniones".

El Supremo Poder Ejecutivo lo ejerce el Presidente de la República elegido, junto con el


Vicepresidente llamado a subrogarlo, en votación indirecta, y por el término de cinco
años; no pudiendo ambos ser reelegidos sino mediando ese tiempo.

25
El Poder Legislativo reside en el Congreso Nacional, compuesto de dos Cámaras, la de
Diputados, elegidos por votación directa a base de la población, y la de Senadores,
elegidos por las Asambleas provinciales, a razón de dos por cada provincia, durando las
funciones de diputados dos años y cuatro las de senador. En receso del Congreso, una
Comisión Permanente, integrada por un senador por cada provincia, vela por la
observancia de la Constitución y las leyes y puede convocar al Congreso a sesiones
extraordinarias. Ambas Cámaras tienen en este texto iguales atribuciones.

El Poder Judicial se confía a la Corte Suprema, compuesta de cinco miembros, cuyas


atribuciones se determinan; de Cortes de Apelación, cuya organización se entrega a la
ley; de jueces de paz para conciliar los pleitos y de jueces letrados de primera instancia.

Las Asambleas Provinciales, elegidas directamente por el pueblo cada dos años,
disponen de atribuciones importantes, además de corresponderles la designación de
los miembros del Senado. El nombramiento de las Municipalidades también se hace
directamente por el pueblo y en el documento se fijan, asimismo, sus atribuciones.

Los aspectos favorables de la Constitución de 1828 no bastaron para fundar en ella un


orden político estable, seguramente por no haber llegado aún la evolución colectiva al
estado de madurez necesaria para imponerlo, pero, además, porque, en realidad, su
contenido no favoreció en forma adecuada el vigor de la disciplina cívica. No trazó, en
efecto, un Poder Ejecutivo suficientemente robusto y un Estado sólidamente unido, de
modo que sirvieran de contrapeso al desquiciamiento del mando y de antídoto al que
se mostró como veneno federalista por haberse infiltrado en un organismo todavía
demasiado débil para soportarlo. Por otro lado, al ordenar su art. 126 la abolición de
mayorazgos y vinculaciones, creó las resistencias de poderosos intereses.

La crisis de orden constitucional se produjo en torno a la determinación de la persona


del Vicepresidente de la República, cuya importancia derivaba de que el Presidente
recién elegido proyectaba alejarse del mando. Como del resultado de la elección
indirecta ningún candidato había obtenido la mayoría absoluta para la Vicepresidencia,
debía elegir su titular el Congreso. El resultado había sido, en efecto, de 100 votos para
Francisco Ruiz Tagle, 60 para Joaquín Prieto y 45 para Joaquín Vicuña. El Congreso
eligió, sin embargo, al último, fundado en que la Constitución no ordenaba
expresamente que la elección se hiciera por el Congreso sólo entre quienes habían
logrado las dos primeras mayorías relativas.

La disconformidad ante esta actuación del Congreso provocó la llamada revolución de


1829, última fase del período de anarquía política, cuyas diversas incidencias pueden
estimarse terminadas con el triunfo militar de los sectores opuestos al predominio
pipiolo, comandados en Lircay por el general José Joaquín Prieto (17 de abril). El
general victorioso fue elegido constitucionalmente Presidente de la República y
comenzó su período el 18 de septiembre de 1831.

28.Portales. Poco antes de Lircay (6 de abril de 1830), siendo Vicepresidente José


Tomás Ovalle, asumió la Secretaría de Interior y Relaciones Exteriores Diego Portales.

26
La estructura institucional chilena no se explica si no se conjugan los factores
profundos que determinan el ambiente nacional con el genio político de Diego
Portales, quien orientó todos esos factores, permitiendo la acción de los mejores
aportes tradicionales y encauzando la evolución del país de manera sólida y firme.

Nacido Portales en 1793 en una de las principales familias chilenas, después de


estudiar Derecho se dedicó al comercio, fundando un establecimiento cuyo giro
principal fue la explotación del estanco del tabaco. El curso del negocio lo llevó a residir
un tiempo en Lima y desde allí o en el mismo Chile palpó, en su propio patrimonio, el
daño colectivo provocado por la descomposición política y administrativa, y vislumbró,
con intuición superior, cuáles podrían ser los cimientos para la organización
republicana de su patria.

Ampliamente culto, aunque ajeno a erudición libresca, calando íntimamente las


características de la nacionalidad, percibió su mente, al margen de todo esquema
doctrinario, los rasgos del porvenir que ambicionaba para su país. Su concepción se
refleja aguzadamente en su obra política, pero, en mucha parte, también, se
manifiesta, con prescindencia de todo propósito de hacer exposición sistemática, en la
nutrida y sabrosa correspondencia familiar e íntima con sus amigos.

En una época en que pontificaban los teorizantes y oficiaban los fetichistas de la norma
positiva, Portales se mostró un realista sano y auténtico, cuando sostuvo que para
gobernar hay que contar con circunstancias, hombres y medios que tengan existencia
cierta, y no sirven las ilusiones y espejismos de quienes sueñan con construcciones
perfectas en el papel, pero que no pueden cristalizar y perdurar si son inadecuadas a
las modalidades ambientales.

Portales no temió aprovechar en el servicio del país los valores y energías de las fuerzas
sociales enraizadas en la tradición nacional, como, por ejemplo, las de la aristocracia
terrateniente, que no trató de eliminar, sino que pretendió encauzar al bien colectivo, o
del catolicismo, que supo apreciar como cimiento y pilar de sólido edificio colectivo,
aun cuando él personalmente no se mostrara como fervoroso creyente.

Este feliz realismo político fue el que, haciéndole comprender, a través de la reciente
experiencia y de las lecciones de otras naciones de América, la gravedad del peligro del
caudillismo militar, lo llevó, al día siguiente de Lircay, a eliminar del Ejército a todos los
jefes militares pipiolos, muchos de los cuales se habían cubierto de gloria en las luchas
por la Independencia, y más tarde lo movió a la creación de las guardias cívicas, con
cuyos batallones de voluntarios civiles pretendía mantener el orden y contrapesar la
influencia de la fuerza de línea.

Es también realismo laudable el que exhibió Portales en la conducción de las relaciones


exteriores del país, que adquirieron prestancia en su gestión, y lo condujeron a declarar
la guerra a la Confederación Perú-Boliviana, desde el momento en que, al calcular la
meta que Santa Cruz se proponía, percibió su transformación en amenaza cierta para la
subsistencia misma de su patria.

27
El concepto del Estado fue, en Portales, inseparable de la idea de un gobierno, como lo
dice en una de sus cartas, fuerte, impersonal y dentro de la ley.

Entendía cabalmente que, en verdad, no hay Estado si no se cuenta con un gobierno


impersonal, cuyo titular accidental se distinga de la función que desempeña.
Procuraba, por eso, mantenerse en la posición más subordinada y oculta que le era
posible, buscaba servir en el puesto de apariencia menos ostentosa que le era dable,
cuando no se alejaba completamente del mando oficial, como lo hacía desde el
instante en que no veía en peligro las instituciones. Así, nunca quiso desempeñar la
Presidencia de la República y su acción política se desarrolló a la sombra de la
administración del general José Joaquín Prieto. Trató de permanecer en los ministerios
el menor tiempo posible y era siempre sincero su deseo constante de abandonar las
funciones del Gabinete para gozar de la intimidad de una vida privada en algunos
aspectos nada ejemplar.

Sólo la comprensión auténticamente institucional del mundo político pondría término,


a su juicio, al caudillismo sufrido en todas las naciones sudamericanas y que Chile
también, aunque en menor grado, había debido soportar.

Era consecuente con la impersonalización del poder político la manera como Portales
entendía la ley, general en sus términos, inspirada en el bien colectivo, cumplida
literalmente en todo su contenido, hasta en sus últimas consecuencias, sin sujetar su
observancia a distingos de ninguna especie, quienquiera resultara afectado con su
peso.

29.Constitución de 1833. La Constitución de 1828 ordenaba, en su art. 133, que en el


año 1836 se convocara por el Congreso a una Gran Convención con el único y exclusivo
objeto de reformarla o adicionarla.

Ya desde febrero de 1831 se precisó el propósito de implantar reformas, cuando el


Cabildo de Santiago pidió que se declarara la nulidad del mencionado art. 133. Una ley,
de 1º de octubre de 1831, dispuso la convocatoria de la Gran Convención, que se
integraría con 16 diputados y 20 ciudadanos de reconocida probidad e ilustración. De
éstos únicamente seis no tenían también calidad de parlamentarios.

El texto discutido y aprobado en esa Convención se promulgó el 25 de mayo de 1833.


Había prevalecido el criterio de la mayoría de su comisión de estudio, obra
principalmente de Manuel José Gandarillas, sobre el voto particular de Mariano Egaña,
otro de sus integrantes, voto éste que permitía la reelección indefinida del Presidente
de la República, lo hacía irresponsable y lo facultaba para disolver el Congreso.

La Constitución de 1833 limita el territorio; reconoce el principio de la soberanía


nacional; califica al Gobierno como popular representativo y a la República una e
indivisible; proclama, en fin, como religión de esta República, la Católica, Apostólica y
Romana, con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra.

28
El Poder Legislativo reside en el Congreso Nacional, compuesto de dos Cámaras: la de
Diputados, formada de miembros elegidos por los departamentos en relación a la
población y renovables cada tres años; y la de Senadores, integrada por 20 ciudadanos
elegidos en votación indirecta por nueve años y reemplazados por terceras partes cada
tres años. En receso del Congreso funciona la Comisión Conservadora, compuesta de
siete senadores elegidos por el Senado con la misión principal de velar por la
observancia de la Constitución y de las leyes.

El Presidente de la República, elegido en votación indirecta por cinco años y reelegible


para el período siguiente, administra el Estado y es el Jefe Supremo de la Nación.

Las normas relativas a la "administración de justicia" son breves, y su precisión se


confía en sus diversos aspectos al legislador.

Para el gobierno y administración interior se divide el país en provincias,


departamentos, subdelegaciones y distritos, a cargo de agentes gubernativos; y de
municipalidades en las capitales de departamentos y demás poblaciones en que las
estableciera el Presidente de la República.

El Consejo de Estado, compuesto de los Ministros del Despacho y de algunos


funcionarios, se establece con las facultades de dar su dictamen al Presidente, cuando
lo consulta; presentarle los individuos entre quienes se nombra a los jueces;
proponerle ternas para las designaciones de arzobispos, obispos y dignidades
eclesiásticas; conocer en cuestiones de Patronato, contiendas de competencia,
formación de causa en materia criminal contra intendentes y gobernadores, disputas
sobre contratos y negociaciones celebrados por el Gobierno y sus agentes, moción de
destitución de los funcionarios. Propone, además, el Presidente a la deliberación del
Consejo de Estado los proyectos de ley que se dispone enviar al Congreso y los que las
Cámaras le pasan a su aprobación.

El Presidente no sólo puede nombrar y remover a su voluntad a los Ministros del


Despacho, y desempeñar otras importantes funciones, sino que está facultado para
declarar el estado de sitio, caso en el cual se suspende el imperio de la Constitución en
el territorio comprendido en la declaración; y puede, asimismo, recibir del Congreso
autorización para usar de facultades extraordinarias, debiendo siempre señalarse
expresamente las atribuciones que se le conceden y fijarse un tiempo determinado a
su duración.

En las labores legislativas participan con semejantes atribuciones ambas Cámaras. El


Congreso debe prestar cuatro autorizaciones periódicas que se refieren a la fijación,
cada año, de los gastos de la administración pública y a la autorización, cada 18 meses,
del cobro de las contribuciones; de las fuerzas de mar y tierra; y de la residencia de
cuerpos del Ejército en el lugar de las sesiones del Congreso y diez leguas a su
circunferencia.

El catálogo de las garantías es algo más completo que en 1828, pero continúa disperso
en varios capítulos de la Constitución. En lugar de la abolición de los mayorazgos, el art.
29
162 estableció tan sólo que "las vinculaciones de cualquiera clase que sean, tanto las
establecidas hasta aquí como las que en adelante se establecieren, no impiden la libre
enajenación de las propiedades sobre que descansan, asegurándose a los sucesores
llamados por la respectiva institución el valor de las que se enajenaren. Una ley
particular arreglará el modo de hacer efectiva esta disposición".

El mecanismo establecido para la modificación de sus normas es complejo y conduce a


calificar el texto de 1833 como una Constitución rígida, desde que se basa en la
actuación de dos Congresos ordinarios; al primero corresponde simplemente declarar
reformables determinados artículos, al segundo, acordar la manera como se alteran.

30.Su influencia en la consolidación republicana. El impulso restaurador de Portales


encontró cauce apropiado en la Constitución de 1833.

Como ésta autorizaba la reelección del Presidente de la República, así ocurrió con los
primeros cuatro mandatarios que gobernaron bajo su imperio, personalidades
indudablemente a la altura de la misión que recibieron. Militares los dos primeros
(Joaquín Prieto y Manuel Bulnes), civiles los otros dos (Manuel Montt y José Joaquín
Pérez), los cuatro disfrutaron del término definitivo del militarismo, extirpado por cerca
de un siglo (1830-1924) desde el día siguiente de Lircay.

Los medios eficaces de predominio, proporcionados por el estado de sitio y las


facultades extraordinarias, hicieron viables gobiernos sumamente fuertes dentro del
marco de la Carta Fundamental. La ley de facultades se dictó en términos amplísimos,
actuando todavía Portales, a fin de enfrentar la lucha con la Confederación Perú-
Boliviana. Bulnes no requirió de esos expedientes extraordinarios, pero el comienzo y
el fin del gobierno de Montt se apoyan en ellos, a tal punto que durante ese decenio
sus períodos de vigencia ocupan cerca de cinco años. La resistencia a Manuel Montt,
encabezada por el general José María de la Cruz, causó la revolución de 1851, y el afán
de impedir a toda costa la exaltación de Antonio Varas al solio presidencial provocó a
su turno la revolución de 1859, pero, como en ambas ocasiones se impuso la fuerza
gubernativa, una y otra redundaron en la consolidación de la continuidad republicana.

31.Los estadistas. El empuje organizador de Portales se sostuvo no sólo en el


Presidente Prieto y en la nueva Constitución, sino además con ayuda eficaz de algunas
personalidades de relieve, sin cuyo apoyo era difícil asegurar su éxito. No puede dejar
de mencionarse en ese sentido a Mariano Egaña, uno de los máximos inspiradores del
texto de 1833, fervoroso admirador de la política inglesa que él observó en el mismo
Londres, durante su larga gestión diplomática y financiera al servicio de Chile en la
época de la anarquía de su país. Egaña no sólo colaboró en el aspecto puramente
político, sino que, como sabio jurista, autor, entre otras, de las leyes que llevan su
nombre, ciudadano cultísimo, formador de las primeras bibliotecas nacionales.

Andrés Bello llegó a Chile contratado en Londres precisamente por intermedio del
señor Egaña. Venezolano, uno de los líderes, junto a Bolívar, de la independencia de su
patria, al servicio de ella había permanecido en Londres cerca de veinte años, durante
los cuales adquirió erudición pasmosa en todos los órdenes, que se unió a su talento
30
preclaro. Llegó el señor Bello en 1829, y hasta su muerte, en 1865, ejerció una de las
más vastas y hondas influencias que pueden concebirse, en casi todos los campos de la
actividad nacional. Comenzando sus servicios como Oficial Mayor del Ministerio de
Relaciones Exteriores, durante muchos años quedó prácticamente en sus manos la
Cancillería chilena, que ilustró con su saber, su buen criterio, su redacción sobria y
correcta, como cabía esperarla de quien se convirtió en una de las autoridades más
obedecidas en la lengua española; senador a lo largo de varios períodos -cuando no
había impedimento para que lo fueran los altos funcionarios públicos-; alma del
movimiento literario de 1842; autor de ese monumento de ciencia jurídica que es el
Código Civil Chileno, promulgado en 1855; primer Rector, desde que se organizara, en
1842, la Universidad de Chile, hasta su fallecimiento, la historia constitucional de Chile
no puede escribirse sin proclamarle como uno de los forjadores más determinantes de
la fisonomía política del país. El respeto a la ley, fundado en la justicia de su sustancia
normativa y en la exacta formulación de sus preceptos, es, entre otros, el aporte de
Bello, y también cabe atribuirle la admiración al pasado nacional, que enseña a
investigar y exponer.

Y junto a Egaña y Bello, otros acompañaron o continuaron la obra portaliana. Bulnes y


Montt; Rengifo y Vial; Tocornal, García Reyes y Antonio Varas son, entre otros, sólidos
pilares del edificio levantado.

32.El gobierno de los decenios (1831-1871). La ley interpretativa de La influencia sobre


el curso de la vida colectiva proyectada por el ejercicio del mando fue tan indiscutible,
que se produjo la sucesión en el desempeño de la Primera Magistratura prácticamente
por mera designación del antecesor. A ello contribuyó el sistema de sufragio,
censitario, limitado a corto número de ciudadanos. El electorado resultaba fácilmente
manejado por el aparato gubernamental, en razón de que la ley electoral entregaba a
las municipalidades la expedición de las boletas de calificación que debían exhibirse
para admitir el sufragio, y como las municipalidades eran organismos dependientes del
Ejecutivo, era posible a éste mantener siempre un número eficiente de boletas de
calificación como para hacer triunfar a los candidatos de su preferencia.

Por lo mismo que la acción gubernativa no tenía entonces contrapeso, casi no dejaba
lugar a la oposición política y todos los elementos representativos de la colectividad
nacional se sumaban al empuje organizador que venía de La Moneda.

Sin embargo, cuando se acercaba la mitad de la centuria se notó el ímpetu de las ideas
filosóficas y políticas que encarnaba la Revolución Francesa de 1848. Los Girondinos,
de Lamartine, se convirtió en literatura en boga y algunos jóvenes chilenos que residían
en aquella época en París, como Arcos y Bilbao, regresaron con esos fervores.

Los acontecimientos de 1851 y 1859 fueron eco de la ebullición de tal pensamiento


político.

Si a ese factor se une un proceso de descreimiento en la clase gobernante, se explica la


crisis que se manifestó en el incidente del sacristán, producido en 1857, en momentos
en que Manuel Montt representaba el ejercicio del patronato eclesiástico, considerado
31
como integrante de la soberanía nacional, e impermeable a la comprensión del fin
sobrenatural que guía a la Iglesia y que el arzobispo de Santiago, Rafael Valentín
Valdivieso, defendía con talento y vigor.

La resonancia de esa cuestión se reflejó decididamente en el curso de la política


nacional, no sólo porque dividió al partido gobernante, sino porque centró por varios
decenios la lucha cívica en torno a los problemas religiosos. En el último tiempo de la
administración de Manuel Montt se formó un ambiente político mucho más agitado,
en el que la oposición al gobernante se hizo decidida y activa.

Durante el último decenio presidencial (1861-1871) se recuperó la tranquilidad, en


mucha parte debido al ánimo contemporizador y a las relevantes condiciones del señor
José Joaquín Pérez. Dentro de este período se logró una transacción entre quienes
pretendían reformar el art. 5 de la Carta de 1833 y quienes resistían todo cambio,
mediante la ley interpretativa de 27 de julio de 1865, según la cual, no obstante la
prohibición del ejercicio público de cualquiera otra religión que no fuera la católica, se
permitía a quienes no profesaban ésta el culto que practicaran dentro del recinto de
edificios de propiedad particular y la fundación y sostenimiento de escuelas privadas
para la enseñanza de sus propios hijos en las doctrinas de sus religiones.

En esos cuarenta años (1831-1871) el avance económico, cultural y social fue enorme.
En este último aspecto, contribuyó a la paz y prosperidad colectivas la forma evolutiva
y justiciera como terminó el sistema de vinculaciones de las fincas a mayorazgos y
capellanías, mediante la dictación de las leyes de 1852 y 1857, que permitieron la
desvinculación o redención de las propiedades a través de la constitución de censos en
arcas fiscales, cuyas rentas se otorgaban a los titulares de los beneficios instituidos.

33.Reforma constitucional de 1871. Federico Errázuriz Zañartu asumió la Presidencia


de la República el 18 de septiembre de 1871, cuando acababa de promulgarse -el 8 de
agosto- la primera reforma de la Constitución de 1833, por la que se prohibía en
adelante la reelección en ese cargo para el período siguiente y se establecía que, para
poder ser reelegido por segunda o más veces, debería siempre mediar entre cada
elección el espacio de un período.

A la calma que prevaleció en los decenios sucedió el animado quinquenio del señor
Errázuriz. Llevado éste al éxito electoral por una coalición liberal-conservadora, no
mantuvo el apoyo a su Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Abdón
Cifuentes, en las resistencias que provocó el decreto de libertad de exámenes, y
cuando éste renunció se alejó también el Partido Conservador, eje de la combinación
triunfante.

Con este acontecimiento se colocaron las condiciones que dieron paso a la lucha
política en el plano religioso porque, aun cuando el señor Errázuriz se confesaba
católico decidido, al retirarse el Partido Conservador, que se reconocía defensor de las
libertades y derechos de la Iglesia, prevaleció en las esferas oficiales el criterio
laicizante que había cundido al propagarse el racionalismo positivista y ateo, tendencia
que dominaba en el siglo XIX en muchos países, incluso en los de tradición católica.
32
34.Reformas de 1873 y 1874. Durante la presidencia del señor Errázuriz (1871-1876) se
dictaron cuatro leyes de reforma constitucional que venían gestándose desde hacía
varios años, promulgadas una el 25 de septiembre de 1873, dos el 13 de agosto de
1874, y la cuarta el 24 de octubre también de este último año. Encaminadas estaban
todas esas reformas al perfeccionamiento de las instituciones, después de cuarenta
años de vigencia de la Carta de 1833, y perseguían fortalecer las libertades ciudadanas
frente a la autoridad, resguardar la independencia del Parlamento ante el Ejecutivo y
restringir moderadamente las atribuciones omnímodas que habían sido otorgadas al
Presidente en la época de la ordenación republicana.

En el sentido de robustecer la posición de los ciudadanos, deben citarse la


incorporación de los derechos de reunión, asociación y petición y la libertad de
enseñanza, no consignados en el texto de 1833; y la reducción del ámbito de las
atribuciones comprendidas en la declaración del estado de sitio, que en adelante
puede afectar exclusivamente la libertad personal y sólo en cuanto se conceden al
Presidente la facultad de trasladar las personas de un departamento a otro y la de
arrestarlas en sus propias casas y en lugares que no sean cárceles ni otros destinados a
la detención o prisión de reos comunes. Además, si, por razones cuya naturaleza define
el texto, el Congreso concede facultades especiales, por una duración que no podrá
exceder de un año, se pueden únicamente restringir la libertad personal y la de
imprenta y suspender o restringir el ejercicio de la libertad de reunión, pero se advierte
que fuera de esos casos, ninguna ley podrá dictarse para suspender o restringir las
libertades o derechos que asegura el art. 12. Se concluye así la atribución de otorgar
facultades extraordinarias amplísimas contemplada en 1833 (artículo 36, Nº 6).

Miraban a la organización institucional las normas que modificaban la base de


designación de los diputados, que se elegían en adelante uno por cada 20.000 almas, y
por una fracción que no bajara de 12.000 (antes de 10.000); y establecían diputados y
senadores suplentes. Los miembros del Senado se elegían desde entonces en votación
directa por provincias y, en vez de ser veinte por el país entero, correspondía a cada
provincia elegir un senador por cada tres diputados y por fracción de dos; duraban en
su cargo seis años, en lugar de nueve, y se renovaban parcialmente cada tres años. Se
alteraba, asimismo, la composición del Consejo de Estado, otorgando una
representación de tres miembros por cada Cámara, y privando de voto en él a los
Ministros del Despacho. Se modificaba también la composición de la Comisión
Conservadora, que pasaba a ser formada no sólo de siete senadores sino que, además,
de siete diputados, y a ella se entregaba, en representación del Congreso, la
supervigilancia que a éste pertenecía sobre todos los ramos de la administración
pública. Para el funcionamiento de las Cámaras, en lugar de la mayoría absoluta en
cada una de ellas exigida a falta de norma expresa, se requería, en adelante, para
entrar en sesión y continuar en ella, la concurrencia de la tercera parte de los
miembros del Senado y de la cuarta parte de los miembros de la Cámara de Diputados.

Se establecían en materia de inhabilidades parlamentarias algunas alteraciones de


menor trascendencia; y se disponía que el parlamentario que, desde el momento de su
elección, aceptara empleo retribuido, de nombramiento exclusivo del Presidente de la
33
República, cesaría en su representación, salvo en el caso de los Ministros del Despacho.
Se introducían también algunos cambios en la reglamentación del juicio político.

Esta síntesis de las reformas de 1873-1874 se completa al recordar que se implantó un


sistema de mayor liberalidad en el otorgamiento de la carta de nacionalización.

Como puede verse, si la serie de reformas realizadas tuvo gran significado, tendrían
especial trascendencia el establecimiento de incapacidad parlamentaria por la
designación en cargos de nombramiento del Presidente de la República, la precisión del
reducido ámbito del estado de sitio y la supresión de la facultad que tenía el Congreso
de otorgar facultades extraordinarias, sin otro límite que señalar las que se otorgaban y
su duración.

El perfeccionamiento institucional se completó durante el gobierno del señor Errázuriz,


con la dictación del Código Penal (1874), de la Ley de Organización y Atribuciones de
los Tribunales (1875), de la Ley de Imprenta, de 7 de julio de 1872 y de la Ley General
de Elecciones, de 12 de noviembre de 1874.

35.Gobierno de Aníbal Pinto. En el gobierno de Aníbal Pinto (1876-1881) influyeron su


talento y ecuanimidad y los graves acontecimientos internacionales que condujeron a
la guerra con Perú y Bolivia (1879-1884), sostenida al tiempo que se agudizaban
también los problemas limítrofes con Argentina. Durante esta época el país mostró
toda la potencialidad adquirida en medio siglo de disciplina institucional, enfrentando,
en efecto, la coalición de sus vecinos, sin menoscabo de la libertad de los ciudadanos y
de la continuidad jurídica, sin quiebra de su economía y finanzas, dentro de los
recursos normales del presupuesto fiscal, y uniendo el talento de sus políticos a la
acción de los jefes de sus fuerzas armadas y al heroísmo de soldados de carrera o
bisoños.

36.Gobierno de Domingo Santa María y la lucha religiosa. Con toda regularidad, no


obstante la guerra, el 18 de septiembre de 1881, Domingo Santa María asumió la
Presidencia (1881-1886), después de haber ayudado con eficacia y brillo a su antecesor
en el cargo. En dos frentes sobre todo se desarrolló este período presidencial: en el de
la favorable liquidación de la guerra del Pacífico, y en el de las luchas político-religiosas
que angustiaban a la familia chilena.

La causa ocasional de esta crisis es la vacancia en 1878 del Arzobispado de Santiago,


con el fallecimiento de Rafael Valentín Valdivieso, y la presentación por el gobierno de
Chile de un candidato para la sede metropolitana que no fue aceptado por la Santa
Sede.

Con tal motivo el país se dividió apasionadamente entre quienes en tal emergencia
sostenían la postura de la Iglesia, cuya jerarquía negaba la pretensión del poder civil de
imponer como pastor a un clérigo que no mereciera su beneplácito, y la tenacidad de
los gobernantes dispuestos a hacer nombrar a toda costa al postulante presentado.
Durante la gestión del señor Santa María, su Ministro del Interior, José Manuel
Balmaceda, ejecutaría la política de aquél.
34
En medio de este conflicto y en clima decididamente hostil a la Iglesia, se aprobaron las
llamadas leyes laicas, sobre cementerios, sobre matrimonio civil y sobre registro civil
(1883 y 1884).

En cuanto al problema de los cementerios, debe recordarse que siempre la Iglesia ha


considerado que es tarea suya dar cristiana sepultura a quienes mueren en su fe,
porque sus cuerpos de bautizados son sagrados, como templos que han sido del
Espíritu Santo, en espera de la resurrección inmortal. En consecuencia, los cristianos
tienen derecho a ser sepultados en lugar sagrado y carecen de él quienes, conforme a
las leyes eclesiásticas, no han muerto en la fe.

La cuestión inquietó desde la administración de Federico Errázuriz Zañartu, cuando se


había negado por las autoridades eclesiásticas de Concepción sepultura cristiana a
quien no era acreedor a ella, conforme a los cánones. Se dictó la ley de 2 de agosto de
1883, según la que, en los cementerios sujetos a la administración del Estado y de las
Municipalidades, no podía impedirse la inhumación de cadáveres de las personas que
hubieran adquirido sepulturas particulares o de familia, ni la inhumación de pobres de
solemnidad. Por la ley de Registro Civil, de 27 de julio de 1884, se impidió toda
sepultura sin la licencia del Oficial del Registro Civil de la circunscripción en que
ocurriera la defunción.

Más grave era la cuestión que, en lugar de resolverse, vino a agravarse con la ley de
Matrimonio Civil, de 16 de enero de 1884.

De acuerdo con el dogma católico, Jesucristo elevó el contrato natural de matrimonio


que celebran hombre y mujer a la dignidad de sacramento, o sea de vehículo de la
gracia sobrenatural que, merecida por el sacrificio de Cristo, permite al hombre,
haciéndose participante de la naturaleza divina, recibir su poderoso auxilio en el
cumplimiento de sus deberes temporales para poder lograr la felicidad eterna en Dios.

Pues bien, para los bautizados, su fe no les permite celebrar otro contrato de
matrimonio que aquel que es, al mismo tiempo, sacramento, o sea, el bendecido por el
sacerdote de la Iglesia en nombre de Cristo.

Tal como es indisoluble la unión de Cristo con su Iglesia, lo es la del hombre y de la


mujer en el matrimonio, forma insustituible de obtener el bien de los cónyuges, de la
prole y de la sociedad, que persigue el vínculo conyugal.

Se comprende así que las leyes patrias se remitieran a la legislación canónica en cuanto
se refería a la celebración del matrimonio, a los impedimentos dirimentes e
impedientes, dispensas, causales y procedimientos de anulación, separación, etc.

En 1844 se dictó una ley por la que se otorgó efecto civil a los matrimonios de los
disidentes, sin otra condición que someterlos a los impedimentos establecidos en la
legislación canónica, bastando, para contraerlos, la presencia del sacerdote y dos
testigos.
35
El Código Civil de 1855 entregó del todo a la Iglesia lo relativo a la celebración y validez
del matrimonio y reprodujo, en su art. 118, el contenido de la ley de 1844.

En esa forma quedaban satisfechos tanto los creyentes, que contraían de tal modo el
único matrimonio válido que les era posible celebrar, o sea, el sacramento bendecido
por la Iglesia y sujeto a sus normas, cuanto los que no profesaban el catolicismo, para
quienes el sacerdote actuaba simplemente como testigo calificado de la celebración
del contrato matrimonial. Para unos y otros los efectos civiles del contrato eran
idénticos.

Pues bien, en virtud de la ley de Matrimonio Civil, se estableció, con prescindencia de


la bendición canónica, una ceremonia a cargo de funcionarios del Estado,
especialmente realizada para otorgar efectos civiles al contrato matrimonial.

Esta ley dio origen a los más hondos problemas de conciencia y ha sido por muchos
decenios causa determinante de desorganización de la familia chilena.

Los problemas de conciencia provinieron, en efecto, de que para los bautizados, o sea,
para la inmensa mayoría de los contrayentes, no puede constituir matrimonio sino el
bendecido por el sacerdote en nombre de la Iglesia, y como tal debe producir en todos
sus aspectos las consecuencias inherentes al contrato natural. Quitar efectos civiles al
que, para los creyentes, es el único y verdadero matrimonio, significó atacar
gravísimamente la institución que, por derecho natural y divino, debía generarlos.
Contraer matrimonio exclusivamente por medio de la ceremonia civil no es, en verdad,
celebrarlo según la enseñanza cristiana, y ligarse sólo por la intervención del Oficial
Civil es, para el creyente, organizar la vida en concubinato que, no por ser verdadero
matrimonio según la ley civil, deja de ser grave pecado ante la conciencia de quienes
han de estar unidos por un sacramento.

Para estos últimos se planteó, pues, un dilema, que sólo podía resolverse contrayendo
simultáneamente los dos matrimonios y, para tal objeto, rindiendo entonces tributo a
una ley civil injusta que, por serlo, no merecía obediencia, pero que, sin embargo, la
Iglesia instruyó tolerar, a fin de contribuir a la paz colectiva.

Con frecuencia se imponía la celebración exclusiva del matrimonio civil, con atropello
de la conciencia del cónyuge creyente. A menudo, también, se engañaba al contrayente
religioso pero inculto, omitiendo la celebración de la ceremonia civil, para privarlo de
sus efectos propios en el orden patrimonial, en el de la filiación y, sobre todo, en el de
la indisolubilidad, ya que, sin contraerse el civil, el verdadero contrato-sacramento no
daba nacimiento ni al parentesco, ni a la sociedad conyugal, ni a la prohibición de
contraer posteriormente un matrimonio civilmente válido.

El desorden colectivo que se creó fue enorme: unos eran cónyuges según la ley Divina,
otros según la norma positiva humana; unos eran hijos legítimos ante Dios, otros lo
eran ante las leyes del Estado.

36
La ley de Registro Civil, promulgada en julio de 1884, completó el sistema, porque quitó
a la Iglesia el control que tenía, y que, según opiniones autorizadas, llevaba
eficientemente, de los nacimientos, enlaces y defunciones, como lógica consecuencia
de que le correspondiera la administración del bautismo, que da nacimiento en la
gracia a quienes lo han tenido según la naturaleza; la bendición del matrimonio
libremente contraído por los esposos; y la prestación, en la enfermedad, del auxilio de
la Extrema Unción y ante la muerte, de la sepultura cristiana. Se creó así un nuevo
servicio público que muchos juzgaban inútil. Sin embargo esta ley parecía resultado
inevitable tanto de la extendida incredulidad y diversidad religiosa como, sobre todo,
de la decisión impuesta en la cuestión matrimonial.

Pudo esta última resolverse de muchas otras maneras, como lo ha sido en numerosos
países, que se han enfrentado a situaciones análogas, reconociendo simplemente, por
ejemplo, los efectos civiles del matrimonio religioso y practicando respecto de éste la
inscripción competente en los Registros del Estado.

37.Modificación del mecanismo de reforma constitucional. Al Presidente Santa María


correspondió también promulgar la ley de 12 de enero de 1882, por la cual se cambió
el procedimiento establecido por la Constitución de 1833 para la reforma de sus
disposiciones, manteniéndose la intervención de dos Congresos, pero dando al primero
la atribución de acordar las modificaciones y entregando al segundo la ratificación de
las reformas ya aprobadas y publicadas.

38.Gobierno de Balmaceda: reformas constitucionales y legales. La sucesión regular en


el solio presidencial, desde 1831, se produce por séptima vez el 18 de septiembre de
1886, en favor de José Manuel Balmaceda, triunfante a base de una combinación de
liberales y nacionales, por la que habían votado también los conservadores, sobre José
Francisco Vergara, candidato proclamado por otra fracción liberal y por los radicales.

Antes de mencionar el aspecto político de esta administración, es útil recordar las


modificaciones constitucionales y las legales más importantes que en su activo período
se produjeron.

En el primer aspecto, el 9 de agosto de 1888 se promulgó la séptima ley de reforma a la


Carta de 1833, con los siguientes objetivos fundamentales:

a) Se dio término a la exigencia de capital o renta como antecedente del sufragio, y, por
lo tanto, a la ficción que se había creado por ley de 1873, que presumía de derecho que
tal condición la tenían los que sabían leer y escribir, limitando en adelante los
requisitos de la ciudadanía exclusivamente a los 21 años de edad, saber leer y escribir e
inscripción en el Registro Electoral.

b) Se estableció que los Registros Electorales fueran públicos y las inscripciones


continuas y permanentes.

37
c) Se modificó, nuevamente, la base de elección de los diputados, fijando un diputado
por 30.000 habitantes y fracción que no bajara de 15.000, en lugar de los 20.000 y
12.000 señalados, respectivamente, en 1874.

d) Se suprimió el art. 1º, dedicado a señalar los límites del territorio chileno, en razón
de los tropiezos a que había dado origen en la conducción de nuestras relaciones
internacionales.

e) Se suprimió el sistema de los diputados y senadores suplentes, también implantado


en 1874 y, en su lugar, se ordenó la práctica de nueva elección cuando la vacancia se
producía con anticipación de un año al término del respectivo período.

En materia de legislación, no puede olvidarse, desde el punto de vista institucional, la


nueva Ley de Municipalidades de 1887, que, sustituyendo a la de 1854 y reflejando la
intensa campaña sostenida por Manuel José Irarrázaval, les confirió mayor autonomía y
atribuciones. Además, en 1888 se dictó la ley que, organizando el Tribunal de Cuentas,
afirmó una tradición jurídica y condujo a precisar funciones que servirían de base más
tarde a la Contraloría General de la República.

39.Antecedentes de la revolución de 1891. El señor Balmaceda realizó un gobierno


activo y enérgico en los aspectos administrativos y económicos. La recién conquistada
riqueza salitrera creó prosperidad y holgura financieras, que, según sostuvo el
Presidente, debían aprovecharse para capitalizar a la Nación, realizando un vasto plan
de obras públicas, a fin de evitar que esos ingresos extraordinarios se consumieran en
las necesidades normales del Estado. Comprendió la conveniencia de diversificar la
economía chilena, dando impulso a la incipiente producción industrial del país. No
descuidó tampoco el aspecto educacional, fundando numerosas escuelas y
construyendo edificios para muchas de ellas.

En el aspecto social debe subrayarse la crisis de la clase dirigente, generada por el lucro
especulativo que se apoderó de muchos de sus sectores con motivo de las
sorprendentes riquezas mineras y salitreras que circulaban después de la guerra del
Pacífico. Este súbito enriquecimiento y la fiebre comercial consiguiente fueron
causantes de una transmutación de valores colectivos, a base del rápido movimiento
del dinero y de una pérdida de las virtudes tradicionales de austeridad, dominante en
la antigua clase aristocrática agraria.

En este ambiente creció, asimismo, la indisciplina en el campo político, y el sueño de


Balmaceda de unir a la familia liberal se tornó cada día más irrealizable, al mismo
tiempo que el fraccionamiento y desmenuzamiento políticos se agravaban.

El señor Balmaceda, en su juventud un político entusiasta del juego parlamentario, se


había formado para la tarea gubernativa a través de su larga gestión ministerial (1881-
1885). Al ascender a la Presidencia comprobó en todo su alcance los inconvenientes
que la falta de estabilidad política y el excesivo número de partidos presentaban en el
desarrollo de una tarea gubernativa que el señor Balmaceda deseaba emprender con

38
gran decisión y energía, porque se sentía llamado a dejar una profunda huella en la
historia nacional.

Salido del Seminario de Santiago, y por eso favorecido por muchos contactos en el
clero, consiguió resolver la crisis religiosa mediante la designación del gobernador
eclesiástico de Valparaíso, Mariano Casanova, como arzobispo de Santiago, en 1888,
pero no logró conquistar la adhesión conservadora, por tenérsele como fiel discípulo
del liberalismo y haber prohijado las leyes laicas de 1884.

El Partido Conservador lo miraba, además, con recelo por considerarlo enemigo de la


práctica de la libertad electoral, desde que, teniéndolo como su colaborador
inmediato, el Presidente Santa María ejerció la más descarada intervención
gubernativa en las elecciones, inclinación que continúa exhibiendo el propio señor
Balmaceda en el cargo presidencial. En las elecciones de marzo de 1886, de un total de
123 diputados, sólo 14 resultaron de tendencias contrarias al gobierno, entre los cuales
se contaban precisamente los conservadores.

La oposición fue creciendo con rapidez a medida que el señor Balmaceda se


proclamaba decidido a hacer prevalecer su voluntad, resistida por la mayoría de los
grupos políticos, y sin mostrarse, sin embargo, capaz por su parte de formar una
combinación homogénea al servicio de su ideal político.

Se llegó en este clima a un grado de inestabilidad ministerial que superó la de los


gobiernos precedentes, al tiempo que se extendió la creencia de que el Presidente
pretendía imponer como su sucesor a Enrique Salvador Sanfuentes.

Para acallar los rumores provocados en este sentido, organizó, el 30 de mayo de 1890,
un gabinete presidido por el propio señor Sanfuentes, censurado en las dos ramas del
Congreso antes de oírlo, cuyas mayorías acordaron, entre tanto, no despachar las leyes
de presupuesto y de autorización del cobro de las contribuciones mientras el
Presidente no designara un gabinete de la confianza de las Cámaras.

Solicitada la mediación del arzobispo Casanova, se organizó el Ministerio encabezado


por don Belisario Prats (7 de agosto), de poca duración y con cuya renuncia se agravó la
crisis política.

El Presidente, conociendo el ambiente del Congreso, no lo convocó a legislatura


extraordinaria, a pesar de pedírselo la Comisión Conservadora; llegó así el 1º de enero
de 1891, sin haberse dado la autorización legal correspondiente, y en esta fecha el
Presidente decretó la vigencia del presupuesto del año precedente. Como la oposición
tenía ya prevista la resistencia, estalló la revolución, que costó 10.000 vidas y que
terminó con el triunfo de las fuerzas opositoras, en las batallas de Concón y Placilla (21
y 28 de agosto), sobre el ejército leal a Balmaceda, y tuvo su epílogo en el suicidio de
éste en la Legación Argentina, a cuyo asilo se había acogido, el 18 de septiembre de
1891.

39
40.Síntesis del debate político-constitucional. En esos años se debatió ampliamente en
el país el problema jurídico-político de determinar si el texto de 1833 establecía un
sistema de predominio presidencial o el gobierno parlamentario.

Los partidarios de la primera tesis hacían caudal de las amplias atribuciones de que el
Presidente de la República disponía, y que conservaba en 1890, aun suavizadas por las
importantes reformas de 1874. Entre esas facultades se contaba la de nombrar y
remover a su voluntad los Ministros del despacho, sin que en parte alguna se reflejara,
según se decía, el propósito del constituyente de obligar al Primer Mandatario al
cambio de su gabinete en caso de que éste no contara con la mayoría en el Congreso.
Se había omitido, además, el recurso de la disolución de la Cámara, propio del
gobierno parlamentario y cuyo modelo inglés admiró, sin embargo, profundamente
Mariano Egaña, autor del proyecto rechazado y que incluía esta atribución del Jefe del
Estado.

Los defensores de los derechos del Congreso argumentaban, por su lado, basados en la
existencia de las autorizaciones legales periódicas del presupuesto de gastos, del cobro
de las contribuciones, de las fuerzas de mar y tierra y residencia de éstas en la ciudad
en que el Congreso funcionaba. Resultaba imposible gobernar sin el despacho de esas
leyes y, como su promulgación dependía de la voluntad del Parlamento, al negarse éste
a aprobarlas, el Presidente no tenía otra solución que someter su política a la voluntad
dominante en las Cámaras, llamando a desarrollarla a personas que, por contar con la
adhesión de la mayoría formada en éstas, obtuvieran el despacho de esos medios
irreemplazables de acción gubernativa. Estimaban, además, que bien categórica había
sido la reforma de 1874 para consagrar el gobierno parlamentario, cuando había
entregado a la Comisión Conservadora, en representación del Congreso, la
supervigilancia que a éste pertenecía sobre todos los ramos de la administración
pública, lo que significaba que no podía ésta desarrollarse sin contar con el apoyo de la
mayoría existente en el Parlamento.

41.La aplicación de la Carta de 1833 antes de 1891. En tan interesante debate


doctrinario se recordaban minuciosamente los antecedentes históricos vividos a lo
largo de la vigencia de la Constitución, en apoyo de una u otra tesis.

Durante el gobierno de los decenios (1831-1871) el predominio presidencial fue


incontrarrestable, y sólo se conoce una oposición importante en las Cámaras a fines del
segundo período de don Manuel Montt.

Sin embargo, cuando la república se consolidó y se fortaleció el espíritu liberal,


comenzó a ser frecuente en el Congreso una acción más ágil que pretendía imponerse
sobre a voluntad presidencial. El señor Pérez (1861-1871) sorteó los roces con su
talento político, pero a medida que el sufragio se extendió, los Presidentes de la
República, habituados a escoger a sus sucesores en el mando supremo y a manejar un
Parlamento dócil, se orientaron a hacer triunfar sus propósitos a través de las formas
más eficaces y exageradas de la intervención gubernativa en el proceso electoral,
encaminada a conquistar preponderancia abrumadora ya en el seno de las Cámaras, ya

40
en el Colegio de Electores encargado de determinar el gobernante por el período
siguiente.

Esta presión ejercida por la voluntad presidencial a base de la maquinaria


gubernamental, en una nación profundamente dividida en numerosas fracciones
políticas, provocó la Revolución de 1891, contra el Presidente Balmaceda, ante cuyo
empuje constructivo se presentó como intolerable el juego parlamentario, que en otras
épocas él mismo aprovechara.

Sin que se hubiera modificado una sola regla de la Constitución, la derrota, en la lucha
armada, de la tesis presidencial condujo en adelante a la interpretación de su texto en
sentido favorable al predominio de la mayoría que se formaba en las Cámaras.

42.La República Parlamentaria (1891-1924). Se designa en la Historia Constitucional de


Chile como República Parlamentaria el lapso que se extiende desde la derrota de
Balmaceda hasta la revolución militar que hace salir del país al Presidente don Arturo
Alessandri (1891-1924).

Gobernaron en este lapso Jorge Montt (1891-1896), Federico Errázuriz Echaurren


(1896-1901), Germán Riesco (1901-1906), Pedro Montt (1906-1910), don Ramón
Barros Luco (1910-1915), Juan Luis Sanfuentes (1915-1920) y Arturo Alessandri (1920-
1924). Deben observarse, sin embargo, el fallecimiento, en el ejercicio del mando, de
los señores Federico Errázuriz Echaurren y Pedro Montt, y los sucesos que marcaron,
con el señor Alessandri, el término del período.

43.Reformas constitucionales de 1891, 1892 y 1893. Al comienzo de este período se


promulgaron algunas reformas constitucionales acordadas ya antes de la guerra civil.

Son éstas:

a) La ley de 12 de diciembre de 1891, ratificando la reforma acordada en 1890,


sustituyó la facultad de la Comisión Conservadora de pedir al Presidente de la
República la convocación del Congreso a legislatura extraordinaria, cuya negación por
Balmaceda preparó la crisis revolucionaria, por la facultad de convocarlo ella misma,
cuando lo estimara conveniente o cuando la mayoría de las Cámaras lo pidiera por
escrito. Consagró también esta reforma la obligación del Presidente de la República de
someter el nombramiento de los ministros diplomáticos a la aprobación del Senado o,
en su receso, al de la Comisión Conservadora;

b) La ley de 7 de julio de 1892, que, ratificando la de 14 de diciembre de 1888,


contemplaba una nueva enunciación de las inhabilidades parlamentarias,
principalmente con el fin de extenderlas en relación a "las personas que tienen o
caucionan contratos con el Estado sobre obras públicas o sobre provisión de cualquiera
especie de artículos". Se declaraba, además, el cargo parlamentario gratuito, e
incompatible con todo empleo público retribuido, y con toda función o comisión de la
misma naturaleza, señalándose los casos en que no regía esta disposición; y se

41
establecía, en fin, la prohibición para los parlamentarios de celebrar o caucionar los
indicados contratos, durante el ejercicio de sus cargos; y

c) La ley de 26 de junio de 1893 suprimió el veto absoluto que autorizaba la


Constitución de 1833 y lo sustituyó por un simple veto suspensivo, que obligaba al
Presidente a promulgar las leyes si insistían, por los dos tercios de los miembros
presentes, ambas ramas.

44.Fisonomía de la República Parlamentaria. La República Parlamentaria tuvo algunas


características permanentes que la configuraron a lo largo de los 33 años que
comprendió.

El número de los partidos políticos y su indisciplina fueron apreciablemente mayores


que en el período precedente. El Partido Liberal, al que pertenecieron los hombres más
representativos del régimen y que proporcionó los líderes de todas las combinaciones
que se formaron, se ligó o se dividió una vez y otra, según el vaivén de los
acontecimientos políticos: a él pertenecían especialmente las familias favorecidas con
la riqueza minera o con las ganancias comerciales a lo largo del siglo, y se mostraba
como un conjunto de jefes con el valimiento de sus intereses y el arrastre de sus
influencias. El Partido Conservador contaba con los personeros más representativos de
la tradición aristocrática, con la clase media católica, y con elementos obreros que
quedaban bajo su órbita. El Partido Radical incrementó sus huestes con rapidez en la
clase media, porque se sirvió de la ayuda de las logias masónicas y aprovechó el fruto
de la siembra del positivismo racionalista en los establecimientos de la instrucción
oficial, bajo el control de sus prosélitos, en sus diversos grados. El Partido Demócrata
perdió impulso por la falta de altruismo en muchos de sus dirigentes. En la lucha
sindical y en la inquietud social se organizaron más tarde, en este período, los primeros
partidos obreros.

Este multipartidismo político, proyectado en el seno del Parlamento, no permitió


constituir ninguna combinación estable y sólida, que diera un respaldo duradero y
consistente a la obra gubernativa. Las agrupaciones políticas se desplazaban movedizas
y cambiantes según las influencias de las ambiciones de los caudillos, sin que el país
alcanzara a comprender las razones que gestaban los cambios, que adquirieron una
velocidad y superficialidad desconcertantes para la opinión pública. Se acostumbraba
denominar coaliciones a aquellas combinaciones políticas que tenían por centro el
Partido Conservador y alianzas a las que se convenían en torno del radicalismo,
distribuyéndose las diversas ramas de la familia liberal alternativamente en una u otra
de ellas.

Junto a la deficiencia de los partidos políticos se observaba la inestabilidad ministerial


cada vez más pronunciada. Los gabinetes se mantenían por cortísimos períodos, de
modo que dentro del quinquenio de la duración del cargo presidencial se subió de
menos de diez Ministerios a cerca de veinte.

No era raro que, si las condiciones del juego parlamentario no permitían la continuidad
de la gestión ministerial, los problemas retardaran en su solución o no tuvieran
42
ninguna, acumulándose unos sobre otros como inquietante amenaza para el porvenir
nacional. Eran tiempos en que se gobernaba con el criterio de Ramón Barros Luco, para
quien, según se contaba, no cabía inquietarse porque de los problemas que enfrentaba
el Estado, noventa y nueve se decidían solos y uno no tenía solución.

En este ambiente, el gobernante ideal era el que sabía sortear las presiones de los
grupos y las ambiciones de los caudillos y conservar, en medio de todas ellas, siquiera
la quietud del país y su desarrollo vegetativo. Los primeros seis Jefes de Estado del
período supieron llevar con dignidad y prestancia sus funciones y algunos de ellos,
como Pedro Montt, mostraron el vuelo de verdaderos estadistas. Durante el séptimo
período estalló la crisis, según veremos.

La dificultad del ordenamiento institucional dentro de la interpretación parlamentaria


posterior a 1891, provino tanto de la ya subrayada multiplicidad partidista, cuanto de la
carencia en el Jefe del Estado de la facultad de disolución de las Cámaras, que consagró
el predominio absorbente de éstas.

El personal parlamentario no subió su nivel en esta época, porque, si una de las


conquistas más valiosas del desenlace de la crisis de 1891 fue la libertad electoral, en
cuanto puso fin a las intervenciones gubernativas en el proceso eleccionario,
desgraciadamente se desarrolló luego la venalidad del sufragio, expediente al que
recurrieron las capas dirigentes para defenderse de la determinación de electores,
apreciablemente más numerosos, pero desprovistos aún en su inmensa mayoría de la
cultura suficiente como para decidir con verdadera libertad sus preferencias cívicas.

A la paz colectiva contribuyó en esta época la disminución del interés que provocaban
las cuestiones religiosas, coronado el proceso de laicización de las instituciones con las
vastas reformas legales del período de Santa María. No faltó sino la separación de la
Iglesia del Estado, problema que requería reforma de la Carta Fundamental y sobre el
cual existía discrepancia en el propio seno de los sectores anticlericales, porque
muchos de sus jefes, concordando con el juicio de Domingo Santa María, estimaban
que tal separación daría a la Iglesia una libertad de movimientos que podía llevarle a
recuperar la disminuida influencia colectiva del catolicismo.

45.Balance de ese período. Si las instituciones fundamentales no sufrieron cambio,


según se ha dicho, la legislación común tampoco los tuvo de mucho relieve.

Al día siguiente del triunfo civil, en el precio de éste estuvo la plena aceptación de los
propósitos de fortalecer la vida local abrigados por don Manuel José Irarrázaval y
cristalizados en la ley de la comuna autónoma de 1891, la cual entregó, en efecto,
amplísimas atribuciones a las municipalidades. Desgraciadamente, la legislación no fue
eficaz, en mucha parte porque no se proporcionaron conjuntamente los medios
económicos suficientes para ejercitarlas.

Debe también recordarse en este lapso la dictación de los Códigos de Procedimiento


Civil (1902) y de Procedimiento Penal (1906).

43
Las finanzas del Estado fueron brillantes en esta época, porque los derechos de
exportación de los minerales, especialmente del salitre, permitieron cubrir con exceso
las necesidades fiscales, y el país se acostumbró a vivir sin impuestos y a gastar
desaprensivamente en las necesidades ordinarias, lo que debió capitalizarse para
cimentar el desarrollo posterior.

En el orden económico y monetario, la conducción de los asuntos colectivos fue


también ciega. Se permitió la devaluación constante de la moneda, en provecho de los
deudores, pertenecientes a las clases adineradas, y con sacrificio tangible y
desproporcionado de los sectores asalariados desfavorecidos.

Numerosos factores contribuyeron a debilitar la organización social chilena. Las


familias tradicionales se sumían en hábitos disonantes con la austeridad y moderación
de costumbres prevalecientes en la época portaliana y en su seno muchos se dejaban
llevar por los atractivos del agio y de la especulación comercial y bursátil, al tiempo que
causaban y aprovechaban la corrupción administrativa.

En mucha parte gracias a la difusión, cada vez más acentuada, de una instrucción
puramente libresca e inadaptada a las exigencias de la vocación económica del país, se
incrementó la clase media, en amplia proporción incrédula, por provenir de los
establecimientos fiscales en que predominaban maestros escépticos o antirreligiosos.
No logró la clase media percibir aún la importancia de su posición, sino que vivió en el
afán de imitar a la clase dirigente, tendencia caracterizada en la formación del
"siútico", que va a ser eliminado sólo después de 1920.

En el pueblo se produjeron, entre tanto, las más apreciables modificaciones. No se


formaba ya la clase popular sólo a base del campesino o del artesano, o del albañil,
sino que del obrero de las grandes explotaciones mineras y fabriles. El mayor desarrollo
industrial dio origen al proletariado, que comenzaba a tomar conciencia de su clase en
virtud del más íntimo contacto en los campamentos mineros y en las ciudades, y sentía
ahora con fuerza, por las circunstancias en que vivía y como resultado de los lazos que
lo estrechaban, las condiciones adversas en que se desarrollaban los distintos aspectos
de su vida y las injusticias que tales circunstancias envolvían, al considerar sus
necesidades, el valor de su aporte en la tarea productiva y la holgura y el lujo en que se
exhibía una minoría acaudalada.

A fines del siglo XIX comenzaron a producirse los primeros conflictos obreros que serán
característicos de la primera mitad del siglo XX.

Las exageraciones y abusos adquirieron mayor resonancia cuando se observaban en las


grandes explotaciones mineras. En ellas la defensa del sector asalariado se hacía más
eficaz, por la gravedad de los intereses en juego que ponía en peligro y por su
incidencia en la vida económica general.

Sin embargo, la legislación no se enfrentó a los problemas económico-sociales con


decisión ni se les dieron soluciones adecuadas.

44
Los sectores dirigentes, considerando la mayoría de sus elementos más responsables,
vivieron no sólo el egoísmo de su clase, sino su creencia en que la aplicación
espontánea del concepto liberal de la economía habría de traer, tarde o temprano,
como simple corolario del mecanismo actuante de las leyes naturales, el arreglo
evolutivo y profundo de todas esas dificultades.

Sin embargo, la agudeza y vastedad de las cuestiones sociales, y la inquietud de justicia


que hacía vibrar también a personeros de las clases dirigentes, desgraciadamente en
minoría, produjeron un clima que se proyectó en todos los sectores colectivos.

Dentro de cada grupo político se manifestó la diversidad de criterios y surgieron líderes


que buscaban mantener el imperio del liberalismo económico o favorecer una
intervención legislativa que impusiera soluciones de justicia colectiva. Tal fue, dentro
del radicalismo, la pugna que se entabló entre el viejo liberal Enrique Mac-Iver y el
evolucionista social que era Valentín Letelier, o la que enfrentó en el conservantismo a
los fieles discípulos de Zorobabel Rodríguez, flor y nata de liberalismo económico
doctrinario, con quienes, como Juan Enrique Concha Subercaseaux, quisieron que el
orden social cristiano se proclamara no sólo en declamaciones líricas, sino que a través
de realizaciones concretas, mediante una legislación enérgica que, aun hiriendo
intereses, propendiera a una paz social efectiva.

La guerra de 1914-1918, en que Chile mantuvo, con prestancia que los beligerantes
reconocieron hidalgamente al final del conflicto, la más estricta neutralidad, tonificó la
situación económica, en razón del aumento considerable del consumo del salitre,
producto que tenía aplicaciones bélicas de señalada importancia.

Sin embargo, de esta misma circunstancia iba a nacer la más grande crisis económica
que ha existido en el país con resonancia en su organización social.

46.La elección de 1920. El término del conflicto no sólo hizo sufrir a Chile el menor
consumo de salitre, por haber disminuido las necesidades que lo provocaban, sino la
dolorosa sorpresa de que los alemanes habían sabido inventar el nitrato artificial y
crearon enormes plantas destinadas a producirlo tanto para las necesidades bélicas
como para objetivos pacíficos. Con ello, a Chile se le presentó la triste realidad de
haber perdido el monopolio de la producción mundial del ázoe y, al mismo tiempo, una
proporción notable de los mercados consumidores de su producto básico de
intercambio comercial.

Tal es la causa de la restricción, repentina y considerable, de la producción salitrera,


que siguió al término del primer conflicto mundial, y la consecuente cesantía de
muchos miles de familias, súbitamente privadas de sus medios de sustentación y
afligidas en la más deprimente depresión que podía darse.

El país no se mostró capaz de absorber de un día a otro este angustioso problema y


esto vino a agudizar en forma inquietante su paz social, ya antes débil e insegura.

45
La crisis salitrera coincidió con la preparación de la sucesión del Presidente Juan Luis
Sanfuentes (1915-1920), y entonces surgió como líder, en quien cifraban sus
esperanzas el proletariado y la clase media, Arturo Alessandri Palma, político que,
elegido diputado en 1897, Ministro de Industrias y Obras Públicas en 1898, se
mantenía ininterrumpidamente en el Parlamento, como uno de los más hábiles y
auténticos exponentes de la anarquía parlamentaria, desplazándose, según las
indicaciones de su propia intuición, del conservantismo de don Fernando Lazcano, al
Partido Liberal, y a las más íntimas vinculaciones con el radicalismo y la masonería.
Logró ser proclamado en Convención de las fuerzas que formaban la Alianza Liberal,
mientras la Unión Nacional escogía como su personero a Luis Barros Borgoño.

2. GENESIS DE LA CONSTITUCION DE 1925

47.Ideas de reforma institucional del señor Alessandri. Arturo Alessandri Palma llegó a
la Presidencia de la República como consecuencia del fallo por un Tribunal de Honor de
las reclamaciones hechas sobre el acto electoral, el cual reconoció haber sido
designados 177 electores de segundo grado partidarios suyos, contra 176 del señor
Barros Borgoño, y ese pronunciamiento condujo a su elección por el Congreso Pleno.

Las condiciones en que se había hecho su postulación exigían del nuevo Presidente una
actuación enérgica, encaminada a dar cumplimiento al programa de su candidatura y a
satisfacer las aspiraciones de reforma social despertadas en vastos sectores populares.

La oposición política se mostró, desde el comienzo, amplia y activa, especialmente


luego que en las elecciones de marzo de 1921 no logró formar mayoría en el Senado y
sólo dispuso de ella en la Cámara de Diputados.

Desde tal acontecimiento empezó a afirmarse en el Presidente el deseo de propulsar


cambios constitucionales encaminados a disminuir el poderío del Congreso, no
obstante las seguridades que dio como Presidente electo de mantener el régimen
parlamentario.

Si en el discurso-programa de 25 de abril de 1920 se había referido vagamente a la


necesidad de "afrontar resuelta y definitivamente la reforma constitucional que exigen
el desarrollo y crecimiento del país", en el Mensaje de 1º de junio de 1921 se quejó de
la inestabilidad ministerial, recomendó diferenciar las atribuciones de las Cámaras,
privando al Senado de su trascendencia política, y propició la facultad del Presidente
para disolver por una vez en su período la Cámara de Diputados; la elección directa del
Jefe del Estado y el cambio del sistema de subrogación presidencial; el establecimiento
del Tribunal Calificador de Elecciones; la separación de la Iglesia del Estado; la
descentralización administrativa; la progresión de los impuestos; la rebaja del quórum
de las Cámaras y reforma de sus reglamentos, a fin de consagrar en ellos la clausura del
debate por simple mayoría; la unificación de las leyes periódicas de contribuciones y de
presupuesto; y la supresión del Consejo de Estado y de la Comisión Conservadora.

En el Mensaje de 1922 reiteró estas ideas y prometió presentar dentro del período un
proyecto de reforma.
46
El señor Alessandri encargó la redacción de éste a don José Maza, diputado partidario
suyo, quien le entregó su tarea el 11 de diciembre de 1922 (La Constitución y la
Facultad, págs. 34-37).

En el Mensaje de 1923, explicando por tercera vez estos propósitos: "Insisto con
obstinada pertinacia -dice- en la necesidad de reformar la Constitución Política del
Estado". "Estas ideas, concentradas en mi espíritu, son las bases de un proyecto de
reforma constitucional sobre estos tópicos, que, conforme a reiteradas promesas,
tengo hace tiempo estudiado y redactado. Escogeré el momento que considere
oportuno para presentarlo, cuando la voluntad soberana de la nación, manifestada en
la forma prescrita por las leyes, me indique que haya posibilidad de que se le estudie y
se le despache".

48.Los pactos del 31 de enero de 1924. A fines de ese año, la agitación cívica llegó a un
punto álgido, porque el Congreso no despachó oportunamente el permiso
constitucional periódico necesario para que las tropas se mantuvieran en el lugar de
sus sesiones, y éstas debieron retirarse de la capital a Cartagena.

En dichas circunstancias se tramitó un pacto de armonía que se expresó en el Acta


suscrita el 31 de enero de 1924 por los presidentes de las Cámaras, de los partidos
políticos y personalidades que intervinieron en su tramitación.

Muchos de esos acuerdos se tradujeron en leyes: facilitaban el despacho de las


autorizaciones periódicas (Ley Nº 4.001); interpretaban la disposición constitucional
relativa al número de parlamentarios necesarios para que las Cámaras entraran en
sesión (Ley Nº 4.002); interpretaban, asimismo, la facultad de las Cámaras para
manifestar confianza o desconfianza a los Ministros o acusarlos (Ley Nº 4.003);
establecían un procedimiento rápido para lograr la aprobación de los determinados
proyectos de reforma constitucional, por los cuales se facultaba al Presidente de la
República para disolver la Cámara de Diputados una vez dentro de los cuatro primeros
años de su mandato, y de los dos primeros años del período de ésta; para establecer la
dieta; hacer compatibles las funciones parlamentarias con las de profesor de la
enseñanza superior; rebajar el quórum de funcionamiento de las Cámaras; y obligar a
la ratificación popular si era el parlamentario designado Ministro (Ley Nº 4.004); se
modificaba, en fin, el régimen electoral, principalmente para dificultar el cohecho (Ley
Nº 4.005). Además, los pactos incluyeron la modificación de los reglamentos de las
Cámaras, especialmente con el objeto de permitir en ellos la clausura del debate por
simple mayoría.

El Gabinete que se organizó para dar cumplimiento a los Pactos de Enero se desintegró
pronto, porque se atribuyó al Presidente el incumplimiento de las garantías de
prescindencia electoral en la jornada próxima, y así no alcanzó a modificarse el
reglamento del Senado ni a aprobarse las reformas constitucionales.

Las elecciones se efectuaron el 2 de marzo bajo un clima que una parte importante de
la opinión nacional consideró de manifiesta intervención oficial, de modo que la
47
mayoría lograda en ambas ramas legislativas por la combinación gobernante de la
Alianza Liberal apareció al vasto sector adverso como espuria.

La lucha tomó desde ese momento una violencia extrema, atrincherada especialmente
en el Senado.

La rotativa ministerial había llegado a su expresión más aguda en lo corrido de la


administración del señor Alessandri, durante cuyo mandato se desplazaron los
ministros con máxima frecuencia, como resultado de la multiplicidad e indisciplina de
los partidos políticos y de la fragilidad de las combinaciones formadas por ellos.

La agitación cívica contribuyó a aumentar el desquiciamiento administrativo,


manifestado, especialmente, en el retardo del despacho por el Congreso de las
autorizaciones periódicas, a tal extremo que el presupuesto anual se promulgaba cerca
del término de su respectivo período, y así, por ejemplo, el de 1923 vino a dictarse en
octubre de ese año. Esas demoras generaban el desorden en los servicios, la
paralización de las obras y, además, en los propios funcionarios, situaciones
extremadamente difíciles, provocadas por la falta de pago oportuno de sus
emolumentos y necesidad consiguiente de obtener dinero mediante la contratación de
préstamos usurarios o el empeño o la venta de bienes indispensables.

49.Revolución de Septiembre. La Cámara de Diputados aprobó el 13 de mayo de 1924


un proyecto, nacido del mensaje del Ejecutivo, por el cual, mientras se despachaba el
proyecto de reforma constitucional, se declaraba que la gratuidad del cargo
parlamentario -enfáticamente consagrada desde la reforma de 1892- no obstaba a
conceder a diputados y senadores, por medio de ley, asignaciones a título de
indemnización o de gastos de representación.

A la sesión del Senado de 2 de septiembre de 1924, que en segundo trámite aprobó en


general dicho proyecto, concurrió buen número de oficiales, y esa asistencia se repitió
al día siguiente, cuando se retiraron ellos sólo después de que el Ministro de Guerra
subió a las tribunas a solicitarlo, y para continuar deliberando en el Club Militar.

El 5 de septiembre una delegación de oficiales, en entrevista con el Presidente, le hizo


llegar sus exigencias. El señor Alessandri les reconoció: "que cada uno de los puntos
formaba parte de su programa prometido al país para su elección"; esa misma noche
juró un nuevo Ministerio, presidido por el Inspector General del Ejército, Luis
Altamirano; y entre el 8 y el 9 del mismo septiembre se despacharon por las Cámaras y
se promulgaron por el Presidente numerosas leyes exigidas en el pliego de posiciones
de la oficialidad: ley de presupuesto para 1924, contrato de trabajo, sindicatos,
conciliación y arbitraje, seguro obrero, planta del Ejército y aumento de los sueldos de
las fuerzas armadas, etc. El mismo día 9 el señor Alessandri renunció al mando y pidió
autorización constitucional para salir del país, pero las Cámaras, sin pronunciarse sobre
la renuncia, se limitaron a concederle el permiso para ausentarse por seis meses, lo
que hizo, en efecto, al día siguiente, desde su asilo en la Embajada de Estados Unidos.

48
50.Las Juntas de Gobierno. El 11 de septiembre se organizó una Junta de Gobierno
compuesta por el General Altamirano, en quien el señor Alessandri, por ser Ministro
del Interior, había delegado el mando dos días antes; por el Almirante Francisco Nef y
por el General Juan P. Bennett. La Junta decretó la disolución del Congreso Nacional
ese mismo día.

El 11 se dieron a conocer también manifiestos suscritos por la Junta Militar -obras del
mayor abogado Oscar Fenner-: "Nuestra finalidad -se decía al país- es convocar a una
libre Asamblea Constituyente, de la cual surja una Carta Fundamental que corresponda
a las aspiraciones nacionales"; y explicaba a las instituciones armadas que se proponía,
junto a otros fines: "hacer que vuelva a reinar el imperio de la Constitución,
reformando previamente nuestra Carta Fundamental".

La primera Junta de Gobierno alcanzó a anunciar algunas modificaciones y


procedimientos para aprobarlas. Los cambios se referían a elección conjunta del
Presidente de la República con la de senadores y diputados, facultad de disolución de
la Cámara política, y pérdida del cargo parlamentario en caso de nombramiento de
Ministro y sin perjuicio de la reelección popular. Las reformas se harían por el próximo
Congreso, que obraría como Constituyente, actuando en un solo cuerpo.

La Junta Militar, que había seguido por su parte activísima, fue movida a declararse
oficialmente disuelta el 13 de diciembre.

El 8 de enero de 1925 se proclamó candidato a la Presidencia de la República, en


Convención reunida en Santiago, al caudillo liberal Ladislao Errázuriz Lazcano, uno de
los personeros más hábiles y auténticos de la Unión Nacional, combinación política
opositora.

El Palacio de la Moneda fue ocupado el 23 de enero por fuerzas armadas y, prisioneros


los miembros de la Junta de Gobierno, hubieron de renunciar, organizándose una
nueva, integrada por los generales Pedro Pablo Dartnell y Emilio Ortiz Vega. El 27 pasó
a presidirla Emilio Bello Codecido y a integrarla el Almirante Carlos Ward, en lugar del
General Ortiz. El 29 ocupó la cartera de Guerra quien había sido cabeza de la asonada
militar, el coronel Carlos Ibáñez del Campo.

51.Regreso del señor Alessandri. El mismo 23 de enero, la nueva Junta de Gobierno y


los presidentes de los partidos políticos de la Alianza Liberal despacharon telegramas al
señor Alessandri, en esos días en Venecia, por los que le pedían el regreso al país a fin
de dar término al período constitucional y realizar el manifiesto del 11 de septiembre,
cuyas condiciones daban como apoyadas por instituciones militares, partidos políticos
y opinión nacional.

En un telegrama de aceptación, el señor Alessandri pidió la vuelta de las instituciones


armadas a sus funciones propias, para dar paso a un gobierno civil, que procedería de
inmediato a organizar una Asamblea Constituyente, a fin de realizar las reformas que el
país exigía.

49
La llegada triunfal del señor Alessandri se produjo el 20 de marzo y el 4 de abril tuvo
lugar una reunión de 139 personalidades convocadas por él para tratar de la
organización de la Asamblea Constituyente. En esta oportunidad explicó a su auditorio
la dificultad de convocar de inmediato la Asamblea, con el objeto de permitir que la
jornada se hiciera con los nuevos registros electorales, y manifestó su opinión de que la
Constituyente se formara en unas dos terceras partes por elección popular y en el resto
por representantes de las fuerzas vivas de la nación.

52.Nombramiento de la Comisión Consultiva. Se divide en dos Subcomisiones Por


decreto Nº 1422, de 7 de abril de 1925, se designó una Comisión consultiva de 53
personas "encargada de informar al Gobierno sobre todo lo relativo a los
procedimientos a que debe ceñirse la organización y funcionamiento de la Asamblea
Constituyente y a la cual se someterán también en consulta las materias que el
Gobierno estime conveniente".

En etapas posteriores la Comisión fue integrada por mayor número de miembros,


puesto que se designaron otros tres por decreto 1784, de 22 de abril, y 51 nuevos por
decreto 3543, de 17 de julio, con lo cual llegó a ser de 107.

Los primitivamente nombrados se reunieron en pleno el 16 de abril y acordaron


entonces, a indicación de los señores Agustín Edwards y Eliodoro Yáñez, trabajar en dos
subcomisiones: una dedicada a preparar el proyecto de reforma y la otra a considerar
la manera en que serían aprobados los cambios que se aconsejaran.

53.Subcomisión de Reformas: su labor. La Subcomisión de Reformas Constitucionales


realizó activísima labor en treinta y tres nutridas y extensas sesiones, desarrolladas
bajo la presidencia del mismo señor Alessandri, en todo instante secundado, en forma
dinámica y eficaz, por el Ministro de Justicia José Maza Fernández, actuando de
secretario Edecio Torreblanca, salvo en dos reuniones en que se desempeñó como tal
el secretario particular del Presidente, su hijo Fernando. La hábil intervención del señor
Torreblanca permitió disponer de actas muy completas en que se transcriben fielmente
los debates y que se publicaron el mismo año 1925 (Imprenta Universitaria, 753 págs.).

Dicha subcomisión se integró, sin especial nombramiento, por unos quince de los
miembros designados para integrar la Comisión y se destacaron especialmente las
repetidas y sustanciosas intervenciones de las personalidades ya nombradas y, además,
de los señores Domingo Amunátegui Solar, Luis Barros Borgoño, Ramón Briones Luco,
Guillermo Edwards Matte, Pedro Nicolás Montenegro, Enrique Oyarzún, Romualdo
Silva Cortés, Carlos Vicuña Fuentes, Francisco Vidal Garcés y Eliodoro Yáñez.

José Maza, al cumplirse 25 años de la vigencia de la nueva Carta, cuenta que: "El
Presidente Alessandri, a su regreso, me confirmó en el cargo de Ministro y me
encomendó la preocupación preferente de estudiar las reformas...". "Como la
redacción de un nuevo proyecto habría demandado mucho tiempo -agrega-,
convinimos con el Presidente en que yo trabajaría en las mañanas en la llamada ?Sala
del Consejo?, que quedaba contigua a sus dependencias particulares y diariamente, al
salir para su despacho, le impondría de los artículos que correspondía tratar ese día en
50
la sesión de la Subcomisión, para que fueran previamente revisados y aprobados por
él. En este trabajo me secundó el actual secretario de la Honorable Cámara de
Diputados, Pablo Rivas Serrano. Así fue como todas las mañanas, según recordará el
señor Rivas, después que el Presidente dictaba la correspondencia más urgente, en sus
dependencias particulares, a su secretario privado, Vital Guzmán, o a su taquígrafo,
Luis Espinoza, pasaba a la Sala del Consejo y decía casi siempre esta frase
sacramental: ?A ver, Ministro, enséñeme la lección para esta tarde?. No siempre nos
dejaban tranquilos aprender la lección y, en muchas oportunidades, era yo quien
redactaba las proposiciones, con el conocimiento profundo que tenía del pensamiento
íntimo del Presidente de la República, y siempre, no recuerdo ninguna excepción, esta
interpretación fue exacta" (La Constitución y la Facultad, p. 48).

En la sesión 24, de 23 de junio, se dio término a un primer proyecto, que se llamó "la
prueba azul", por el color de las tapas del folleto en que lo publicó la Imprenta de La
Nación.

Sobre esa base continuó desarrollándose el trabajo en las sesiones 25 a 30, efectuados
los días 6, 7, 8, 9, 10 y 13 de julio.

Consecuencia de la revisión de ese primer texto, practicada en las seis sesiones recién
indicadas, salió de la misma imprenta "la prueba amarilla".

Esta fue distribuida a los miembros de la Comisión que se reunió en pleno por segunda
y por tercera vez y postrera vez, los días 22 y 23 de julio, fecha esta última en que se
acordó devolverla a la misma Subcomisión, para que resolviera sobre las indicaciones
presentadas y redactara el proyecto definitivo, que se sometería a la consulta de un
plebiscito nacional (Actas, págs. 469-470).

La Subcomisión se reunió para dar cumplimiento a esta tarea final los días 30 de julio y
1º y 3 de agosto (sesiones 31, 32 y 33).

54.Subcomisión de Organización de la Asamblea Constituyente. Mario Bernaschina,


guiado por las versiones de prensa de la época y los relatos de los miembros de ella,
tratando de reconstituir la actividad de la segunda Comisión o "Comisión de
organización y funcionamiento de la Asamblea Nacional Constituyente", dice: "La
sesión constitutiva de esta Subcomisión se verificó el 20 de abril... A la primera reunión
concurrieron todos sus miembros, pero los trabajos no tuvieron importancia porque no
llegó a conclusión concreta alguna. Se discutió si la Constituyente sería elegida sobre
una base gremial o por elección popular... En la segunda reunión (23 de abril) se siguió
discutiendo el mismo punto. La tercera y última sesión de esta Subcomisión se realizó
el 1º de mayo de 1925, con muy escasa asistencia, razón que movió al señor Alessandri
a no convocarla posteriormente" (ob. cit., t. 2, págs. 24-25).

55.Gestación del plebiscito. En manifiesto dirigido al país el 28 de mayo, el señor


Alessandri explicó por qué no convocó a sesiones al Parlamento disuelto, medida que,
según él, dadas las circunstancias que recordaba, habría sido un acto revolucionario;
dio cuenta de la actividad con que se preparaban los cambios y de que en la
51
Subcomisión que estudiaba la forma en que se expresaría la voluntad nacional, se
había producido discrepancia de criterio, puesto que unos se mostraban partidarios de
que se realizara una Asamblea Constituyente de elección popular, otros de base
gremial y los últimos un plebiscito, "suprema y última expresión de la democracia, por
cuanto... estiman que en un acto tan trascendental... hay conveniencia en que la
soberanía popular no delegue sus facultades, sino que las ejercite directamente
mediante el voto también directo" (Actas, p. 663). Aseguró que en cualquiera forma en
que llegara a manifestarse, la voluntad nacional sería consultada, y que, para eso, la
primera finalidad había sido la dictación de una ley electoral que había producido ya la
inscripción más amplia y libre que jamás se verificara en la República (Actas, págs. 664-
665).

En las primeras reuniones de la Subcomisión de Reformas había dominado, debido al


entusiasmo del Presidente Alessandri, la idea de abandonar el gobierno parlamentario
y, sobre ese fundamento, continuó el debate y la redacción de los proyectos.

Accediendo a invitación del Centro de Derecho, dio el señor Alessandri en el Salón de


Honor de la Universidad de Chile, el 3 de julio de 1925, cuando se conocía ya la primera
prueba del proyecto de la Subcomisión de Reformas, una conferencia en que hizo la
síntesis de la historia constitucional del país: procuró demostrar que el texto de 1833
no había establecido el parlamentarismo, hasta que se impuso como resultado de la
Revolución de 1891, oportunidad en que, a su juicio, no se supo reglamentar la
victoria; criticó vivamente los defectos del gobierno que se desarrolló desde dicho
acontecimiento; después de exponer y comentar el juego de las instituciones francesas
e inglesas, y citando a Montesquieu, se inclinó a defender la separación absoluta de los
poderes como único remedio; y terminó explicando las modificaciones fundamentales
que se proponían como resultado de las labores de la Subcomisión de Reformas (texto,
en Actas, p. 683).

En esos días se pudo conocer que sectores dominantes en diversos partidos políticos,
especialmente radicales, conservadores, socialistas, comunistas y grupos liberales, eran
adversos al sistema que se buscaba establecer. Radicales y conservadores,
especialmente, se inclinaban a fórmulas encaminadas tan sólo a reglamentar y
disciplinar el sistema constitucional, para impedir en el futuro los excesos del
parlamentarismo.

El Presidente, entusiasmado con el proyecto de reforma, quería hacerlo triunfar en


consulta directa al electorado, y no a través de debates en una Asamblea
Constituyente.

EL 20 de julio, el Inspector General del Ejército, Mariano Navarrete, reunió a los


generales y comandantes de la guarnición y, en tal oportunidad, éstos, como escribe el
general Sáez (Recuerdos de un Soldado, t. II, p. 13), "en términos más o menos
tranquilos, más o menos violentos, manifestaron que la oficialidad consideraba que
debía ser aprobado el proyecto de la Subcomisión".

52
El 22 de julio tuvo lugar, como se dijo, la segunda sesión plenaria de la Gran Comisión
Consultiva, que no se reunía desde abril, considerablemente ampliada pocos días
antes. En ese acto se explicaron las indicaciones de radicales y conservadores, y los
voceros de esos partidos (señores Bustos, Vidal Garcés, Salas, Edwards, etc.), y otros
oradores formularon diversas críticas al proyecto.

Al día siguiente se reunió de nuevo la Gran Comisión. Comenzó condoliéndose en ella


el señor Alessandri de que quienes habían aceptado precedentemente la transacción
que importaba la obra de la Subcomisión volvieran a discutirla, y la sostuvo una vez
más extensamente y con gran vigor (Actas, págs. 436-453).

De inmediato el político conservador Francisco Vidal Garcés puntualizó que el proyecto


había sido aprobado con su voto en contra (Actas, p. 453).

El general Mariano Navarrete escribió más tarde haber comprendido por las palabras
del señor Alessandri "que aquello estaba perdido, es decir, que no se arribaría a ningún
acuerdo concreto respecto del proyecto... Me acordé inmediatamente de la reunión
del día 20 y del compromiso que había contraído con aquellos jefes" y, por intermedio
del mayor Fenner, pidió al señor Alessandri que le concediera la palabra después del
señor Vidal (Donoso, t. I, p. 427; Sáez, Recuerdos, t. II, p. 15).

Admitió el señor Navarrete en su intervención que no estaba capacitado técnicamente


para opinar, pero añadió que no se necesitaba ser un gran constitucionalista para
declarar que los resultados del sistema parlamentario habían sido desastrosos para el
país. Los dirigentes de los partidos debían aprovechar las lecciones recibidas desde el 5
de septiembre, porque, de otro modo, "se tendrán a corto plazo que hacer, bajo la
presión de la fuerza, las reformas que, en representación del pueblo, ha reclamado en
forma tan significativa el elemento joven del Ejército" (Actas, p. 455).

Esa advertencia no era, según el general Navarrete, una amenaza, ni estaba autorizado
a hacerla. El Ejército se hallaba entregado a sus labores propias. No podía hacer
pronósticos para el caso de que las esperanzas de la juventud fueran defraudadas. El
Ejército no se mezclaría en la política "pero tampoco mirará con indiferencia que se
haga tabla rasa de sus ideales de depuración nacional, es decir, de que se olviden las
finalidades de las revoluciones del 5 de septiembre y del 23 de enero, para volver a la
orgía política que dio vida a estos movimientos" (Actas, íd.).

Después de prolongado discurso de corte doctrinario de Guillermo Edwards Matte,


intervino el doctor Julio Bustos, quien dijo, entre otras cosas, refiriéndose al
documento del 11 de septiembre: "Pues bien, uno de los puntos tiene una
interpretación clara y precisa. La idea de la convocación a una libre Asamblea
Constituyente, que en él se consulta, significa que los pueblos deben darse las normas
jurídicas y de derecho público que emanan de la conciencia de los ciudadanos. Por eso
estamos reunidos en este momento" (Actas, p. 462).

Al oír estas palabras, el señor Alessandri manifestó que se retiraba a dictar el decreto
de convocatoria de la Asamblea Constituyente y, en términos airados, abandonó la
53
sala, sin dejar siquiera que pudiera explicarse el señor Bustos. Accediendo, un rato más
tarde, al deseo de los miembros que se lo fueron a pedir, regresó a la sesión y, después
de escuchar a los señores Barros Borgoño, Fernando Vial, Enrique Barbosa, Guillermo
Subercaseaux y Rafael Silva Lastra, se dio por aprobado el proyecto en general,
poniéndose de pie la casi totalidad de los asistentes -según dice el Acta- y acordaron
pasar las indicaciones formuladas a la Subcomisión, para que resolviera y redactara el
proyecto definitivo. (Actas, p. 469).

El 28 de julio dirigió el señor Alessandri un nuevo manifiesto al país, en el que resumía


el contenido de su mensaje precedente de 28 de mayo, defendía la actuación del
general Navarrete, con quien concordó, dice, en estimar que, en verdad, la revolución
continuaba hasta el restablecimiento de la normalidad constitucional y, aludiendo a las
incidencias de la sesión de 23 de julio, agregaba que, mientras el Vicepresidente de la
Junta Central del Partido Radical, doctor Bustos, hablaba, "creí entenderle que, a
nombre de su partido, me pedía la Asamblea Constituyente para la dictación de la
Constitución. No sé si entendí mal". Afirmaba que llegó dispuesto a convocarla, pero se
encontró con que no había electorado y era difícil, en esas condiciones, que alcanzara a
terminar sus labores la Constituyente antes del 23 de diciembre, día de expiración de
su mandato presidencial. Como "no hacemos siempre lo que deseamos sino lo que
podemos", modificó, pues, su anterior decisión en concordancia con la mayoría de los
dirigentes de los partidos que hablaron con él, de modo que, como temió el doctor
Bustos pudiera estar de acuerdo con otros partidos, para que cada cual asumiera su
responsabilidad, suspendió la sesión. Terminó explayándose en las ideas centrales del
proyecto aprobado en la Comisión.

56.La consulta plebiscitaria. Coincidiendo con el término de las labores de la


Subcomisión de Reformas, que, como se ha dicho, celebró sus sesiones finales 31, 32 y
33, los días 30 de julio y 1º y 3 de agosto, para pronunciarse sobre las indicaciones
presentadas a las sesiones plenarias, se dictaron los Decretos Leyes Nos 461 y 462, de
31 de julio y 3 de agosto, respectivamente; por el primero se convocó a plebiscito para
el 30 de agosto de 1925 y se determinó la forma de emisión de los votos y, por el
segundo, se especificó el procedimiento del acto electoral y realización de los
escrutinios.

La consulta popular se practicaba, según decía el Decreto Nº 461, en atención a "que,


en homenaje y respeto de la voluntad nacional, y habiéndose manifestado opiniones
divergentes en orden al régimen y forma de Gobierno, el Presidente de la República
considera su deber someter esta divergencia al fallo autorizado que dicte la voluntad
solemnemente expresada de la mayoría de sus conciudadanos".

Por la cédula de color rojo votarían quienes concordaran con el proyecto "cuya
aprobación pide el Presidente de la República". Era la obra de la Comisión que mandó a
editarse en la Imprenta Universo.

La cédula de color azul envolvía el propósito de "mantener el régimen parlamentario


con la facultad de la Cámara de Diputados para censurar y derribar gabinetes y aplazar
el despacho y vigencia de las leyes de Presupuesto y recursos del Estado". "El voto
54
disidente también fue redactado por mí -dice José Maza- y sometido a la aprobación de
los representantes de los partidos políticos, quienes encontraron que interpretaba
fielmente sus ideas, y así lo hicieron constar en sendas actas, que, originales, conservo
en mi poder" (La Constitución y la Facultad, ob. cit., p. 53). Esta fórmula se publicó
también en el referido folleto.

La cédula blanca importaría el rechazo de una y otra fórmula.

El informe de la comisión escrutadora, integrada por los secretarios de las Cámaras y el


Subsecretario de Interior, dejó testimonio del siguiente resultado de la consulta de 30
de agosto:

Cédula roja (proyecto de la Comisión) 127.483

Cédula azul (régimen parlamentario) 5.448

Cédula blanca (rechazo) 1.490

Total de votantes 134.421

Abstenciones 161.833

Total de inscritos 296.259

La abstención fue acordada por los partidos Radical, Conservador y Liberal Unido; el
voto de la cédula roja por los partidos Democrático y Liberal Democrático o
Balmacedista, al cual pertenecían muchos de los defensores de la reforma; y por la
cédula azul decidieron sufragar los comunistas.

Como puede verse, poco más del 43% de los inscritos se pronunciaron en favor de la
reforma, es decir, no logró apoyo de la mayoría de los electores.

57.Promulgación y vigencia de la Constitución. El decreto promulgatorio de la nueva


Carta se suscribió el 18 de septiembre de 1925 en el Salón de Honor de La Moneda,
después de un discurso del Presidente Alessandri, y fue leído por el señor Maza en
presencia del Cuerpo Diplomático y personalidades asistentes al solemne acto. "La
Constitución se firmó en dos ejemplares igualmente auténticos que se guardan uno en
la Presidencia de la República, otro en el Senado. Para conmemorar el acontecimiento
se acuñaron monedas de oro y plata" (Maza, ob. cit., p. 54).

La suscripción del documento fue saludada con salvas de artillería, y fue promulgado
en Santiago por bandos actuando el notario don Manuel Gaete Fagalde con
acompañamiento de tropas, y de modo análogo en las capitales de provincia y
departamento.

55
De acuerdo con lo ordenado en la décima disposición transitoria, "la presente Reforma
Constitucional empezará a regir treinta días después de su publicación en el Diario
Oficial".

El día previsto, 18 de octubre de 1925, el Vicepresidente de la República, Luis Barros


Borgoño, en otro acto solemne celebrado, asimismo, en La Moneda, y luego de
inspirado discurso, declaró en vigencia la Constitución.

58.Perfeccionamiento formal. Si se compara la Constitución de 1925 con su antecesora


se observan diferencias importantes, tanto en el aspecto formal como en la sustancia
de sus disposiciones.

Desde el punto de vista formal, se nota:

a) Mejor redacción. Fue una preocupación permanente a lo largo del debate y, aunque
todos contribuyeron al resultado, debe hacerse notar la labor de José Maza, quien
recibió el encargo de hacer una revisión general, tanto antes de imprimirse la primera
prueba, en que, según dice, tuvo la colaboración de los señores Domingo Amunátegui y
Carlos Estévez, como al dar término sus labores la Subcomisión redactora y antes de la
impresión del proyecto definitivo (ob. cit., p. 49). En sus últimas tres reuniones dicha
Comisión aprobó numerosas modificaciones de estilo que propusieron los profesores
señores Luis Galdames, Carlos Fernández Peña y Maximiliano Salas Marchant. El reflejo
de los comentarios de Jorge Hunneus y de las enseñanzas de Carlos Estévez -autor,
además, de varias indicaciones aceptadas, aunque no formó parte de la Comisión-, es
evidente.

Las repeticiones son escasas. Todavía quedan algunas, como entre el Nº 2 del art. 43 y
el art. 67 y entre el inciso 2º del Nº 9 del art. 10 y el Nº 1 del art. 44.

Impropiedades escasamente pueden citarse: "reflexiblemente" por "reflexivamente"


(art. 8º, Nº 2); "efectos públicos" donde debió decir "efectos personales" (art. 10, Nº
13); "luego" en lugar de "antes" (art. 77). Es lástima que se induzca a confusión
llamando sesiones extraordinarias a la legislatura extraordinaria, en ciertos casos (arts.
57 y 72, Nº 3).

b) Mejor clasificación y ordenación de materias. El contenido de los capítulos finales,


que tratan "de las garantías de seguridad y propiedad" y de "disposiciones generales",
se incorpora, junto al del que se llamaba "Derecho Público de Chile", en un solo
capítulo, que lleva el título más exacto de "Garantías Constitucionales". Las reglas
relativas al juicio político se unen y evitan así repeticiones. El cambio de epígrafe "de la
administración de justicia" por "Poder Judicial" subraya la importancia que se otorga a
éste, y la separación, en sendos capítulos, de las normas sobre gobierno y
administración interior permite distinguir más exactamente los órganos de uno y otra.
Bajo el rubro "de los chilenos" se consideraban dos materias que ahora se diferencian
exactamente: "nacionalidad y ciudadanía".

56
c) Más perfecta sistematización conceptual. Esta característica se muestra
especialmente notable en cuanto deslinda esferas de competencia que antes no
estaban debidamente diseñadas, como, por ejemplo, las atribuciones comunes y las
exclusivas de las Cámaras, las del Congreso, las materias de ley, funciones del Congreso
Pleno, facultades especiales del Presidente de la República, etc. (arts. 39, 42, 43, 44,
72).

Una reforma que busque el perfeccionamiento del texto debería distinguir mejor, por
ejemplo, las causales de inhabilidad, incompatibilidad, incapacidad parlamentarias y de
cesación en el cargo de diputado o senador, especialmente respecto de las funciones
alcanzadas en los diversos casos, a fin de dar a las instituciones indicadas más perfecta
armonía y resolver los problemas que, por falta de esta cualidad, se han originado.

59.Modificaciones sustanciales. La explicación en detalle de las diferencias sustanciales


de uno y otro documento se realizó en la primera edición de esta obra, al comentar
separadamente cada una de las normas de la Carta de 1925.

Una revisión sintética tiene que subrayar, por lo menos, los siguientes rasgos
esenciales:

A. Relaciones de la Iglesia y del Estado. Termina el reconocimiento oficial de la Iglesia


Católica como religión del Estado y el conjunto de derechos de intervención del
Gobierno en los asuntos eclesiásticos constitutivos del patronato regalista que Chile se
atribuyó sin la aceptación de la Santa Sede. Se consagra la libertad de cultos, y la
separación del poder temporal y del eclesiástico se efectúa en tales condiciones y
garantías que aseguran para ambos una amigable convivencia (art. 10, Nº 2).

B. Garantías constitucionales. Se proclama la función social del ejercicio del derecho de


propiedad, el ideal del constituyente de asegurar a todos los habitantes un mínimo de
bienestar adecuado a la satisfacción de sus necesidades personales y de su familia, y se
señalan, con tal objeto, algunos deberes del Estado, como la protección al trabajo, a la
industria, a las obras de previsión social, a la habitación sana, a las condiciones
económicas de la vida, a la salud pública y el bienestar higiénico del país (art. 10, Nos
10 y 14).

C. Organización institucional. El Congreso Nacional sigue bicameral: la Cámara de


Diputados continúa eligiéndose por los departamentos en proporción de la población,
pero, en cuanto al Senado, en vez de representar a las provincias y fijarse su
composición de acuerdo con el número de diputados, pasa a representar a las nueve
agrupaciones provinciales en que se divide el país y a razón de cinco por cada una de
ellas (arts. 24, 37 y 40).

La duración del mandato de los diputados se extiende de tres a cuatro años, y el de los
senadores de seis a ocho años, pero el Senado se renueva como antes, por
parcialidades, ahora en cuatro años. La edad de elegibilidad de los senadores es de 35
años en lugar de 36 (arts. 38, 41, 27).

57
Se priva a las Cámaras de los poderes que tenían de otorgar el desafuero y de calificar
las elecciones de sus miembros (arts. 33, 34 y 26, inc. 1º).

Las atribuciones son fundamentalmente análogas en lo legislativo para ambas ramas,


pero fuera de ese orden tienen algunas facultades exclusivas, o sea, diferentes en una y
otra (arts. 39 y 42).

El Presidente de la República deja de ser elegido en votación de segundo grado y se


designa directamente por todos los ciudadanos; su período es de seis años en lugar de
cinco y no puede ser reelegido para el período siguiente (arts. 63 y 62).

Respecto del Poder Judicial, se determinan los órganos superiores de su jerarquía y se


les confían diversas atribuciones, especialmente a la Corte Suprema. Se entrega la
designación de los altos magistrados al Presidente de la República, previo el envío de
listas o propuestas por los mismos tribunales, sistema mixto que substituye al anterior
en que intervenía un órgano de mayoría política como era el Consejo de Estado. Se
contempla el establecimiento de Tribunales Administrativos para resolver las
reclamaciones que se interpongan contra las disposiciones arbitrarias de las
autoridades (art. 87).

D. División política y administrativa. Se conservan las divisiones políticas de provincias,


departamentos, subdelegaciones y distritos, y el nombre de sus agentes: intendente,
gobernador, subdelegado e inspector; pero, en el orden administrativo, se consagra,
además de la provincia, la comuna, que equivale a la subdelegación. Asesora al
Intendente en la administración la Asamblea Provincial, formada por representantes de
las municipalidades. A cargo de una o varias comunas se halla la Municipalidad,
compuesta de regidores elegidos por votación directa. Se manifiesta el ideal del
constituyente de que se proceda a la descentralización del régimen administrativo
interior (art. 107).

E. Sistema de relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. El Presidente no sólo


puede nombrar y remover a voluntad los Ministros de Estado (art. 72, Nº 5), sino que
se establece explícitamente que los acuerdos que adopte la Cámara de Diputados en
fiscalización de los actos del Gobierno no comprometen la responsabilidad política de
dichos funcionarios (art. 39, Nº 2).

La separación de los órganos representativos de ambos poderes se consagra al


determinarse que los Ministros de Estado no pueden ser elegidos parlamentarios (art.
28, Nº 1), y que, salvo en estado de guerra, si los parlamentarios aceptan ser Ministros,
pierden el cargo de elección popular (art. 30, inc. 2º).

Se conceden amplísimas atribuciones colegisladoras al Presidente de la República, que


no sólo le otorgan la sanción y promulgación de las leyes y el derecho de veto, sino que
la más amplia y, en ciertas materias, exclusiva iniciativa de la legislación; facultad de
urgir el despacho de las leyes; posibilidad de intervenir en su discusión mediante la
participación de sus Ministros; y facultad de convocar al Congreso a legislatura

58
extraordinaria y de prorrogarle su legislatura ordinaria (arts. 72 Nº 1, 53, 45, 44 Nos 4 y
12; 46, 78, 72 Nº 3, y 57).

Paralelamente, se han restringido las facultades de los parlamentarios de comenzar


diversas leyes; se obliga a las Cámaras a tratar únicamente de los asuntos legislativos
que indique el Presidente de la República, cuando él las convoca a legislatura
extraordinaria; se suprimen tres de las cuatro autorizaciones periódicas que debían
otorgar y se disminuye apreciablemente el alcance de la autonomía del Congreso
respecto de la única autorización que se mantiene, que es la ley anual de presupuestos
(art. 44 Nº 4).

F. Nuevas autoridades constitucionales. Las Asambleas Provinciales y los Tribunales


Administrativos, ya mencionados, no fueron, en el hecho, consagrados por el legislador.

Se estableció el Tribunal Calificador de Elecciones, encargado de intervenir en las que


tienen por objeto designar al Presidente de la República, a los diputados y a los
senadores (arts. 26 inc. 2º, 63 inc. 2º, 79), y la Contraloría General de la República, que
vino a incorporarse a la Carta Fundamental sólo mediante la reforma de 1943 (art. 21
inc. 2º).

G. Organos suprimidos.

1. El Consejo de Estado, que, compuesto primitivamente de los Ministros de Estado y


de altos funcionarios, se integra, desde 1874, en vez de los Ministros, por
representantes de las Cámaras.

Con la supresión, en 1925, de este cuerpo, desaparece la intervención que tenía en el


ejercicio del patronato y en los nombramientos judiciales, y se confían al Senado las
facultades de dar su dictamen al Presidente de la República cuando lo consultare, y de
desaforar en causa criminal a intendentes y gobernadores (art. 42 Nos 3 y 7). Su
intervención en el fallo de las contiendas de competencia entre las autoridades
políticas o administrativas y los tribunales de justicia, se divide entre el Senado y la
Corte Suprema (arts. 42 Nº 4 y 86 inc. 3º).

Tenía, además, ciertas funciones que no se entregaron determinadamente a otras


autoridades constitucionales: así, las de resolver las disputas que se suscitaren sobre
contratos o negociaciones celebradas por el Gobierno Supremo y sus agentes, que
podrían entregarse a los Tribunales Administrativos; moción para la destitución de los
Ministros del Despacho, Intendentes, Gobernadores y otros empleados delincuentes,
ineptos o negligentes (art. 72 Nº 8); informe sobre el presupuesto anual y demás
proyectos de ley que el Presidente pasara al Congreso y sobre los que las Cámaras
pasaren a la aprobación del Presidente; y su acuerdo para la declaración del estado de
asamblea.

2. La Comisión Conservadora, formada por siete senadores y, desde 1874, también por
siete diputados, ejercía, en receso del Congreso y en su representación, "la
supervigilancia que a éste pertenece, sobre todos los ramos de la administración
59
pública", y le correspondía, en consecuencia, principalmente velar por la observancia
de la Constitución y de las leyes, y prestar la protección a las garantías individuales.
Podía pedir al Presidente que convocara extraordinariamente al Congreso, y desde
1891, convocarlo ella misma, "cuando lo estimare conveniente o cuando la mayoría de
ambas Cámaras lo soliciten por escrito".

El aumento del período de la legislatura ordinaria y la facultad del Presidente del


Senado de convocar al Congreso a legislatura extraordinaria a petición escrita de la
mayoría de los miembros de una u otra rama (arts. 56 y 57), hizo innecesaria la
existencia de este organismo.

H. Supremacía constitucional. Se entrega a la Corte Suprema la facultad de declarar en


los casos particulares de que conozca o le fueren sometidos en recurso interpuesto en
juicio que se siguiere ante otro tribunal, inaplicable, para ese caso, cualquier precepto
legal contrario a la Constitución (art. 86).

I. Reforma constitucional. Se reemplaza el sistema de 1833, modificado en 1882, que


obligaba a intervenir a dos Congresos ordinarios, aunque de distinto modo antes o
después de ese año, por otro menos complejo que sujeta, en principio, a las normas de
una ley ordinaria los proyectos de reforma constitucional, exigiendo un quórum más
alto de aprobación y la reunión del Congreso Pleno sesenta días más tarde,
simplemente para votarlo sin mayor debate. Además, el Presidente quedó facultado
para proponer modificaciones y correcciones a las reformas acordadas por el Congreso
Pleno y, desechadas éstas, incluso para consultar a la nación (arts. 108 y 110).

3. CARACTERISTICAS Y FUENTES DE LA CONSTITUCION DE 1925

60.Es una nueva Constitución. Precisar si debe entenderse la Carta de 1925 como una
reforma de la anterior, o como nueva Constitución, no pudo ser problema -a pesar de
que, en el decreto promulgatorio, se declara que la voluntad soberana de la nación "ha
acordado reformar la Constitución Política promulgada el 25 de mayo de 1833"- si se
tiene presente que, para modificarla, no se respetaron en absoluto las normas
contenidas en ésta para tal objeto y que habían sido ya alteradas en 1882.

No actuó, pues, en esta reforma el Poder Constituyente Derivado o Constituido


contemplado en la Carta de 1833, sino que la voluntad nacional se vino a expresar en
Poder Constituyente Originario, a través de la consulta plebiscitaria.

La relación entre ambos documentos es puramente intelectual, por la semejanza de


mucha parte de su contenido normativo, pero no existe entre ellos continuidad
jurídica, ya que la solución de ésta se produjo no sólo con motivo de los
acontecimientos que alteraron la normalidad institucional en septiembre de 1924, sino
desde que se prefirió el camino de preparar una nueva Carta, por una Comisión sin más
título que su nombramiento gubernativo, y se sometió su obra a la consulta del
electorado, en lugar de tramitar los cambios cumpliendo las formalidades del proceso
establecido en la Carta entonces vigente.

60
La filiación intelectual es, al contrario, indiscutible. No se trata, en efecto, de una
recopilación de reglas totalmente novedosas ni en su forma ni en su fondo, porque en
1925 se transcribió sustancial y aun literalmente gran número de las normas
contenidas en la Constitución precedente y, por otra parte, la mayoría de las
alteraciones reflejaba la evolución producida y los resultados de experiencias vividas
con intensidad por el país, defectos observados y sufridos, críticas y comentarios
fundados, aspiraciones hondamente sentidas, en fin.

61.Caracteres de la Carta de 1925. Clasificando la Constitución de 1925 según las


categorías que en doctrina se distinguen, pueden atribuírsele los caracteres que
siguen:

Se trata de una Constitución escrita, contenida en un solo texto. Este único documento
podía ser objeto de modificaciones según las reglas que él mismo señalaba, pero, como
expresa el art. 110, "Una vez promulgado el proyecto, sus disposiciones formarán parte
de la Constitución y se tendrán por incorporadas en ella".

Considerando la división de las Constituciones en rígidas, flexibles, y semirrígidas o


semiflexibles, la chilena de 1925 ni era decididamente rígida ni ampliamente flexible.
Es mucho menos rígida que la Constitución de 1833, aun después del cambio que, en
este punto, se le introdujo en 1882, porque en una y otra época requería su reforma la
intervención de dos Congresos ordinarios sucesivos, en un proceso que podía demorar
varios años. Los trámites son ahora más sencillos y, si hay amplia mayoría en ambas
ramas del Parlamento y acuerdo del Presidente de la República, las modificaciones
pueden aprobarse en escaso tiempo, ya que no existe otra diferencia, en la duración
del proceso, respecto de la ley común, que la espera de sesenta días entre la
aprobación del proyecto por las Cámaras y la reunión del Congreso Pleno.

En cuanto a la calificación de sumaria o desarrollada, cabe distinguir según el aspecto


de que se trata. En general, es breve o sumaria, tanto porque sus normas no son muy
numerosas (110 artículos), como porque constantemente fija bases esenciales, y
entrega al legislador la tarea de detallar los preceptos dentro de los fundamentos que
sienta. No obstante, en ciertas materias resulta todavía en exceso minuciosa, como,
por ejemplo, al establecer los sistemas de nacionalidad, las diversas prohibiciones
parlamentarias o la forma de los nombramientos judiciales, materia que en otras
Constituciones se confían también a la decisión del legislador.

Siguiendo la tradición predominante en el constitucionalismo moderno, nuestro


supremo ordenamiento positivo comprendió en 1925 tanto lo institucional u orgánico
como lo relacional o dogmático. No sólo consigna, en efecto, los relativo al
establecimiento, organización y competencia de las distintas autoridades u órganos,
sino las bases de la idea de derecho que inspira y persigue el constituyente,
consignadas principalmente en los capítulos sobre "Estado, Gobierno y Soberanía" y
sobre las "Garantías Constitucionales". En cuanto al contenido preceptivo, la Carta de
1925 está inspirada en los principios del constitucionalismo clásico. Tiene escasa
originalidad en el trazado de las instituciones e imprecisión en el régimen político. Su
ideal de derecho no corresponde íntegramente, sin embargo, al del liberalismo político,
61
porque subraya en algunas oportunidades la necesidad de que el Estado vele
activamente por el progreso del orden social, con preocupación por el bienestar de
todos, y comprende que en su seno no hay sólo individuos, sino que familias,
asociaciones, iglesias, etc.

4. APLICACION DE LA CONSTITUCION DE 1925 (1925-1973)

62.Distintas etapas. Desde el 18 de octubre de 1925 hasta el 10 de marzo de 1981 rigió


en Chile la Constitución Política aprobada en el plebiscito de 30 de agosto de aquel
año. Su texto, al término de su vigencia, era apreciablemente diverso del que se
promulgara el 18 de septiembre de 1925. Había sido, en efecto, modificado diez veces,
con toda regularidad según sus normas, y también alterado de diversos modos por el
gobierno castrense.

Sintetizaremos la evolución experimentada en nuestra institucionalidad básica a lo


largo de la aplicación de la Carta de 1925 antes de resumir la que sufre en virtud de la
intervención militar de 1973-1990. Tal recuento es, a nuestro juicio, indispensable de
anotar antes del estudio del contenido preceptivo de la Constitución de 1980 y de su
aplicación hasta hoy.

63.Presidencia de Emiliano Figueroa. Sujetándose a las reglas transitorias de la


Constitución de 1925, tuvieron lugar, el 24 de octubre y el 22 de noviembre de ese
mismo año, respectivamente, las elecciones para Presidente de la República y para las
Cámaras legislativas, triunfando en aquéllas Emiliano Figueroa Larraín, quien se
desempeñara ya como Vicepresidente, en 1910, con ocasión del sucesivo fallecimiento
de Pedro Montt y de su Ministro del Interior, Elías Fernández Albano. La victoria del
señor Figueroa fue holgada; de 302.142 inscritos, y concurriendo a las urnas 260.865
ciudadanos, 186.187 sufragaron por él, en tanto 74.091 lo hicieron por el doctor José
Santos Salas. Al Congreso llegaron, entre tanto, 9 senadores y 28 diputados
conservadores, 11 senadores y 30 diputados liberales, 3 senadores y nueve diputados
de la Unión Social Republicana, 6 senadores y 15 diputados del Partido Liberal
Democrático, 12 senadores y 41 diputados del Partido Radical y 4 senadores y 9
diputados del Partido Demócrata.

El señor Figueroa incluyó en su primer gabinete, confiándole la cartera de Guerra, al


coronel Carlos Ibáñez del Campo, el más vigoroso impulsor de la revolución militar del
año precedente. Los conflictos surgieron entre dicho militar y el Ministro del Interior,
Manuel Rivas Vicuña, y ellos provocaron la renuncia de éste y la designación en su
reemplazo del propio señor Ibáñez.

El rechazo, por el presidente de la Corte Suprema, Javier Angel Figueroa Larraín


-hermano del Jefe del Estado-, de un decreto de declaración de vacancia de cuatro
Ministros de la Corte Suprema, llevó al Presidente de la República a alejarse del cargo,
renunciando a él con la aceptación del Congreso, y al señor Ibáñez a asumir la
Vicepresidencia. Este decidió luego la destitución de Javier Angel Figueroa y nombró
después cinco Ministros del Tribunal Supremo.

62
Actuando como Vicepresidente, el coronel Ibáñez convocó a elecciones presidenciales,
que tuvieron lugar el 22 de mayo de 1927; en ellas recibió 228.572 sufragios de un
total de 302.212 inscritos. El 21 de junio de 1927 asumió Ibáñez como titular la Jefatura
de Estado, y habría de ejercerla hasta el 23 de julio de 1931.

64.Primera administración de Carlos Ibáñez. La primera administración del señor


Ibáñez, que hubo de enfrentarse al Parlamento elegido en 1925, no puede, a nuestro
juicio, llegar a calificarse como una expresión de "La tiranía en Chile", según lo
sostuviera la apasionada pluma de Carlos Vicuña Fuentes en obra que lleva ese título
(Editorial Aconcagua, Santiago, s/a, 454 págs.). Aunque revestida su actuación de
formalidades constitucionales, su desempeño merece indiscutiblemente definirse por
lo menos como autoritarismo personalista. Su período no puede, en efecto, juzgarse,
no obstante esa apariencia, como época en que se viviera realmente el sistema
consagrado en la Ley Fundamental, pues hubo falta de efectivo imperio de las
libertades públicas, especialmente de las referidas a la seguridad personal y a la
difusión del pensamiento político; atropellos a la independencia del Poder Judicial y a
los privilegios parlamentarios; aprobación de leyes amplísimas de delegación,
sucesivamente obtenidas bajo la presión de tal clima ciudadano; omisión de la elección
popular de diputados y senadores, etc.

Esta última anormalidad se gestó con motivo de que, al acercarse la fecha en que
correspondía la renovación parlamentaria de 1930, el Presidente favoreció el consenso
de las directivas políticas para hacer aplicable, en todas las circunscripciones
electorales del país, la norma excepcional, contemplada en la ley respectiva, según la
cual se hacía innecesario el acto electoral en aquella circunscripción en que
oportunamente sólo se presentara, para optar a los cargos parlamentarios
correspondientes, un número de candidatos igual al de puestos por llenar. Tal es lo que
se ha conocido como el "Congreso Termal", en atención a que el nombre de los
candidatos se determinó en conversaciones mantenidas entre los partidos y el
Presidente en las Termas de Chillán. Así renovadas las Cámaras, el señor Ibáñez obtuvo
de ellas una ley delegatoria tan amplia (Nº 4.945) que le permitiera dictar "todas las
disposiciones legales de carácter administrativo y económico que exigiera la buena
marcha del Estado".

Lo dicho basta para poner de relieve que el marco institucional oficialmente en pie no
importa en el fondo un gobierno según la Carta, sino atenido al capricho o, por lo
menos, al personalismo del jefe castrense encumbrado por su audacia política al solio
presidencial.

Junto a fundadas críticas suscitadas por los excesos que se observaban en el ejercicio
del poder, se ha tendido también a reconocer, a la inversa, por otra parte, en esta
primera gestión del señor Ibáñez (1927-1931), importantes logros, como por ejemplo:
acertadas medidas de organización administrativa; creación de la Contraloría General
de la República, del Cuerpo de Carabineros de Chile, de la Caja de Crédito Minero, del
Instituto de Crédito Industrial, etc.; ejecución de numerosas e importantes obras
públicas; búsqueda de solución al problema de la entonces nuestra principal industria
minera mediante la formación de la Compañía de Salitre de Chile, COSACH; y reforma
63
educacional, principalmente a través del establecimiento de la Dirección General de
Educación Secundaria y de la dictación del Estatuto Universitario de 1931.

El esfuerzo más trascendental y valioso, cuyo resultado se vincula con justicia al


Presidente Ibáñez y a su Ministro de Relaciones Exteriores Conrado Ríos Gallardo, fue,
sin duda, la celebración y ratificación del Tratado con el Perú de 1929, que definió el
problema Tacna-Arica, dejando a ésta en la soberanía de Chile y a aquélla en la del
Perú.

El grado de apoyo ciudadano a la gestión del señor Ibáñez disminuyó ostensiblemente


como consecuencia de la crisis económica mundial que estallara en Estados Unidos en
1929, y cuyas repercusiones se hicieron sentir fuertemente en nuestro país, sobre todo
en razón de la necesidad de pagar la cuantiosa deuda contraída para financiar las
inversiones en obras públicas y otros progresos que se introdujeron en el período. La
crisis fue tan profunda que causó la decisión del Primer Mandatario de reconocerse
impedido para ejercer su cargo, circunstancia que, unida a la de no existir en funciones
ningún Ministro de Estado, llevó a asumir, en calidad de Vicepresidente, a Pedro Opaso
Letelier, que encabezaba el Senado, quien designó Ministro del Interior a Juan Esteban
Montero Rodríguez; éste a su vez, al día siguiente, "por estimarlo conveniente a los
intereses públicos", transmitió el mando al señor Montero.

65.Presidencia de Juan Esteban Montero. Juan Esteban Montero llamó a elección


presidencial después de que el Congreso declarara que el señor Ibáñez había
abandonado el territorio nacional antes de obtener permiso para hacerlo.

Es pertinente recordar que, ausente ya del país, el ex Presidente fue acusado de abuso
de poder, por delito previsto en las normas constitucionales, al ausentarse sin la
autorización exigida, presentándose la acusación por la Cámara de Diputados ante el
Senado, corporación que lo declaró culpable, por 32 votos contra 1, el 26 de octubre
de 1931.

Al surgir como vigorosa expresión de la opinión nacional, se impuso la candidatura del


propio Vicepresidente, señor Montero, quien se alejó transitoriamente de su función
con el fin de no estar en su ejercicio durante el proceso electoral, y pasó entonces a
actuar como tal su Ministro del Interior, Manuel Trucco Franzani. La victoria del señor
Montero fue indiscutible; el 4 de octubre, participando 285.810 ciudadanos de un total
de 388.959 habilitados para votar, 182.177 se pronunciaron en su favor y 99.075 lo
hicieron por el ex Presidente Arturo Alessandri Palma.

66.La República Socialista. Las graves dificultades económicas y financieras, la acción


proselitista de partidarios de los ex gobernantes Alessandri e Ibáñez y la agitación
impulsada por grupos militares ansiosos de recuperar el poder, convergieron pronto a
fortalecer la oposición al señor Montero, a preparar el ambiente que condujo a
derrocar al gobernante legítimo y a abrir, el 4 de junio de 1932, el período de anarquía
institucional que causó la solución de continuidad en la observancia de la Constitución
de 1925, tan dudosa y frágilmente mantenida, por otra parte, hasta la citada fecha. Se
sucedieron, dentro de tan breve y lamentable lapso, diversas Juntas de Gobierno,
64
compuestas de militares y civiles, y se proclamó la "República Socialista", que pasó a
presidir Carlos Dávila Espinoza.

Terminó esta interrupción del proceso constitucional cuando, el 2 de octubre de 1932,


el general Bartolomé Blanche resolvió dar paso a la restauración de la normalidad
institucional, delegando el mando en el Presidente de la Corte Suprema de Justicia,
Abraham Oyanedel Urrutia. Fue éste quien convocó a elecciones generales,
presidencial y parlamentarias, el 30 de octubre de 1932, que permitieron exaltar a la
Jefatura del Estado a Arturo Alessandri Palma. Desde el 24 de diciembre de 1932, en
que éste asumió la Presidencia de la República, la sucesión en la Primera Magistratura
de siete gobernantes se efectuó en perfecta normalidad institucional hasta que asumió
Salvador Allende Gossens, el 3 de noviembre de 1970.

67.Fisonomía de los Presidentes (1932-1973). Es razonable sostener, por lo dicho, que


la Constitución de 1925 comenzó su plena vigencia sólo desde el 24 de diciembre de
1932. Dentro de los cuatro decenios que transcurrieron desde tal fecha hasta el 11 de
septiembre de 1973, es fácil diferenciar etapas con características diversas: el segundo
gobierno del señor Arturo Alessandri Palma (1932-1938), las administraciones radicales
de los Presidentes Aguirre, Ríos y González (1938-1952); el personalismo de los señores
Carlos Ibáñez (1952-1958) y Jorge Alessandri (1958-1964), y, en fin, los liderazgos
ideológicos de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y de Salvador Allende (1970-1973).

No es raro que en un sistema gubernativo de supremacía presidencial, las etapas que


jalonan su suceder se vean fuertemente marcadas por la particular personalidad de
cada uno de los Jefes de Estado, tanto más si se considera que quienes ocuparon ese
alto cargo entre nosotros muestran perfiles aguzados e inconfundibles.

Un caudillo militar, orgulloso primero de mostrarse como tal y luego, sin olvidarse de su
índole, decidido a dominar sus tendencias autocráticas profundas, para probarse
capaz, un cuarto de siglo más tarde, de resistir la tentación de asestar un nuevo golpe
al sistema democrático; cinco políticos que hicieron su carrera cívica como tales y no la
negaron, abogados todos ellos; un ingeniero que, no obstante haber vivido también
intensamente el ajetreo ciudadano y desempeñarse como diputado, senador y
Ministro de Estado sostiene, sin embargo, con convencida elocuencia, no ser político ni
abrigar ambición de mando; un médico, en fin, que no ejerció su profesión, aunque se
había preocupado por los asuntos de salud pública, y que unió a su notoria ambición
política el propósito de llevar a Chile al marxismo a través del sufragio popular,
ocuparon la dirección del país durante el período de plena vigencia de la Carta de
1925.

68.Segunda administración de Arturo Alessandri. El escrutinio de las elecciones del 30


de octubre de 1932, presididas, como dijimos, por el señor Oyanedel, arrojó el
siguiente resultado:

Arturo Alessandri Palma 187.914 (54,64%)

Marmaduque Grove 60.856 (17,69%)


65
Héctor Rodríguez de la Sotta 47.207 (13,72%)

Enrique Zañartu Prieto 42.885 (12,47%)

Elías Lafferte Gaviño 4.128 (1,20%)

Nulos y blancos 902 (0,28%)

Total votantes 343.892

No votaron 85.880

Total inscritos 429.772

En la elección general parlamentaria de ese mismo día, los ciudadanos aparecieron


divididos en numerosas corrientes, recibiendo el mayor apoyo el Partido Radical
(18,2%), que alcanzó 34 diputados; el Conservador (16,99%), que obtuvo el mismo
número; y el Liberal, que, sumando sus cuatro denominaciones, consiguió 37 (18,6%).

Arturo Alessandri Palma fue el primer Jefe de Estado que, bajo el imperio de la Carta
de 1925, cumplió íntegramente su período. Inició ésta su segunda administración con
gran fervor patriótico y deseoso de demostrar la solidez del edificio institucional que él
mismo diseñara.

El señor Alessandri desarrolló una vigorosa actividad administrativa, traducida en la


estabilidad de los integrantes de su Gabinete, principalmente expresada a través de la
continuidad en la Cancillería de Miguel Cruchaga Tocornal, en la dirección financiera
confiada seguidamente por más de cuatro años a Gustavo Ross Santa María, y en la
Defensa Nacional entregada a Emilio Bello Codecido, quien se mantuvo
ininterrumpidamente en esa cartera a lo largo de todo el período.

Durante el quinquenio del señor Alessandri repercutieron profundamente en la política


chilena los factores derivados de la lucha entre los imperialismos internacionales,
cuando, por una parte, se extendía el fascismo en Italia y Hitler se hacía omnipotente
en Alemania, y, por otra, Stalin fomentaba la difusión del sovietismo y estimulaba,
como instrumento para introducirlo, la formación de "frentes populares", estrategia
que alcanzó particular repercusión en Francia.

La agitación proveniente de las causas citadas, que se proyectaba especialmente en los


sectores juveniles, explica que el Presidente recurriera reiteradamente a la declaración
de estado de sitio y al requerimiento y aplicación de la ley especial de restricción de las
libertades públicas, permitida desde 1874 por la Carta Política (art. 44 Nº 13). Como
consecuencia del clima social, se generó la iniciativa y aprobación de la Ley Nº 6.026,
de 1936, sobre Seguridad Interior del Estado, que configuró varias formas delictivas
vinculadas a actitudes de conmoción interna.

66
En su afán de fortalecer la resistencia civil, no puede extrañar que el señor Alessandri
mirara con simpatía la organización disciplinada de ciudadanos, creada
espontáneamente durante la llamada República Socialista, como reacción al
predominio militar, con el nombre de "Milicia Republicana", a la que llegó incluso a
proporcionar algún armamento del Estado. Las resistencias que, como es lógico,
provocara en el seno de las Fuerzas Armadas la existencia de tal cuerpo, llevó al
Presidente a recomendar y obtener su disolución, que ocurrió dentro de su mismo
período.

Entre las reformas aprobadas a lo largo de la gestión en análisis, se impone anotar la


dictación de la Ley Nº 5.357, de 15 de enero de 1934, que otorgó el sufragio a la mujer
en las elecciones municipales; la solución del problema salitrero, mediante la Ley Nº
5.334, también de ese año, que creó la Corporación de Ventas de Salitre y Yodo de
Chile (COVENSA), a la que se confió el monopolio estatal de la comercialización del
producto; y el establecimiento del régimen de Medicina Preventiva por la Ley Nº 6.174,
de 9 de febrero de 1938.

En las elecciones de 1937, que reflejaron un pluralismo partidista menos pronunciado,


el Partido Conservador, con el 21,3% de los votos, eligió 35 diputados; el Liberal, con el
20,8%, resultado de la unidad recién lograda de sus diversas corrientes, hizo triunfar el
mismo número de representantes en la Cámara; el Radical, que alcanzó el 18,7% del
electorado, consiguió 29 diputados, y, en fin, el Partido Socialista, con el 11,2% de los
votos, logró 19.

El señor Alessandri recibió el apoyo de radicales, conservadores y liberales,


colectividades que se reorganizaron y recuperaron parcialmente la influencia perdida
por la ineficacia exhibida al enfrentarse al caudillismo militar. La proliferación aún
excesiva de partidos políticos y los extremos del periodismo sensacionalista
manifestaban, por una parte, la amplitud de la libertad ciudadana de que
efectivamente se gozaba, pero exhibían, por otra, la debilidad e indisciplina
ciudadanas.

El panorama cívico cambió profundamente desde que se retiraron del Gabinete los
Ministros radicales, en el otoño de 1937, cuando la colectividad a que pertenecía el
Presidente decidió integrar el Frente Popular junto a socialistas y comunistas, al tiempo
que resonaban vivamente en Chile las agitaciones que conmovían al mundo.

Comprendiendo la opinión pública que el Primer Mandatario se inclinaba a favorecer,


para su sucesión en el mando, a Gustavo Ross Santa María, surgieron serias resistencias
en algunos sectores, e incluso al interior de la tienda conservadora, dentro de la que
actuaba un grupo juvenil con el nombre de Falange; éste expresó enérgicamente su
desacuerdo con la postulación del señor Ross y se separó del partido que lo cobijaba
desde que éste se pronunció oficialmente por la candidatura del Ministro de Hacienda.
Contamos la historia de este conflicto en: Una experiencia social cristiana, Editorial del
Pacífico, 1949.

67
Al final del período la lucha política adquirió inusitada violencia. El Partido Socialista se
había unificado desde 1933. Había surgido el Movimiento Nacional Socialista, liderado
por Jorge González von Marées. En 1938 se levantó nuevamente la candidatura
presidencial del general Carlos Ibáñez del Campo, sostenida por una combinación
denominada "Alianza Popular", en la que participaban nacionalsocialistas, ibañistas e
independientes.

El 5 de septiembre de 1938 el país observaba atónito el sacrificio de sesenta y un


jóvenes nacionalsocialistas, quienes, al ocupar la casa central de la Universidad de Chile
y ya rendidos, fueron conducidos al edificio de la Caja de Seguro Obrero, Moneda
esquina de Morandé, y luego ultimados sin piedad. La forma de condenación
expresada por el Presidente Alessandri de un complot que comprometía el destino de
su gestión presidencial y arriesgaba la pérdida del Estado de Derecho -al ser traducida
en palabras imprudentes ("fusílenlos a todos"), propias de su carácter vivo-, llevó a los
jefes de Carabineros, que perdieron el control de la situación, a esa innecesaria e
inconcebible inmolación, ante la cual el Jefe de Estado asumió la plena responsabilidad.

La tragedia del 5 de septiembre provocó el retiro de la candidatura presidencial del


general Ibáñez y el fortalecimiento de la postulación del abanderado del Frente
Popular, señor Pedro Aguirre Cerda.

Las elecciones se celebraron el 25 de octubre de 1938 y el siguiente fue el recuento de


los votos:

Pedro Aguirre Cerda 222.720 (50,26%)

Gustavo Ross Santa María 218.609 (49,33%)

Carlos Ibáñez del Campo 112 (0,02%)

Nulos y blancos 2.447 (0,39%)

Total votantes 443.898

No votaron 59.973

Total de inscritos 503.871

69.Presidencia de Pedro Aguirre Cerda. La estrechez del triunfo del señor Aguirre Cerda
explica que los partidarios de Gustavo Ross se vieran tentados a impugnar su resultado,
pero, en definitiva, en parte como efecto del contenido de documentos emanados de
las jefaturas del Ejército y Carabineros, que se adelantaron a admitir el triunfo de su
oponente, retiró el señor Ross la reclamación que había alcanzado a presentar ante el
Tribunal Calificador de Elecciones.

Con la exaltación al solio presidencial de Pedro Aguirre Cerda, inspirado bajo el lema de
"Gobernar es educar", el que trató de concretar en su administración, comenzó un
68
período de catorce años en el que el eje del combate cívico se centró en el Partido
Radical, al cual pertenecían no sólo el señor Aguirre, sino que sus dos sucesores. En la
gestión gubernativa se puso constantemente a prueba la disciplina de dicha tienda
política, y su falta de solidez repercutió de modo importante en el desempeño de sus
tres intérpretes.

La tarea que se abría al señor Aguirre Cerda era ardua. Obligado a entenderse con
Cámaras hostiles, se veía apoyado por una combinación heterogénea, dentro de la
cual, no obstante las vivas rivalidades surgidas entre socialistas y comunistas, el Partido
Radical no conformaba tampoco por su lado un sostén sólido y compacto en auxilio del
Presidente, en razón de sus disensiones internas, que dificultaban enormemente la
eficacia de las directivas del Primer Mandatario. Mantuvo éste, sin embargo, la vigencia
de las garantías ciudadanas, sin que debiera siquiera recurrir a los resortes de
emergencia constitucional de restricción a las libertades públicas, logrando, por otra
parte, evitar los desbordes y persecuciones que se temían.

Al inicio de la administración del señor Aguirre Cerda, el 23 de enero de 1939, un


fuerte terremoto, cuyo eje fue la ciudad de Chillán, afectó gravemente una vasta área
de la región central del país. Tan infausto acontecimiento, que sólo en dicha ciudad
causó la pérdida de más de quince mil vidas, explica la aprobación, no obstante la
fuerte resistencia expresada en las Cámaras, de la Ley Nº 6.334, de 29 de abril de 1939,
que creó tanto la "Corporación de Reconstrucción y Auxilio", para proveer al alivio de
las consecuencias de dicha catástrofe, como "la Corporación de Fomento a la
Producción" (CORFO), para los objetivos de su denominación. La CORFO impulsaría la
formación de varias instituciones de carácter estatal (Empresa Nacional de Electricidad,
ENDESA; Industria Azucarera Nacional, IANSA; Compañía de Acero del Pacífico, CAP;
Empresa Nacional del Petróleo, ENAP; Empresa Nacional de Minería, ENAMI, etc.), y se
convertiría en el poderoso instrumento que llevaría adelante la política de desarrollo
industrial, a base del proteccionismo y de la sustitución de las importaciones, que
habría de caracterizar un largo período de nuestra dirección económica.

Todavía en la primera etapa de su mandato, en agosto de 1939, correspondió al señor


Aguirre Cerda dominar una subversión militar, encabezada por el jefe de la Segunda
División del Ejército, general Ariosto Herrera Ramírez, tentativa de revuelta que fue
conocida por el nombre de su líder, "el Ariostazo".

El interés manifestado por el Gobierno de incorporar la región Antártica a la soberanía


nacional, llevó al Presidente a confiar al Ministerio de Relaciones Exteriores el manejo
político de la región polar, mediante decretos Nº 1.723, de 2 de noviembre de 1940, y
Nº 1.747, de 6 de noviembre de ese año, que delimitaron el territorio antártico chileno.

El fortalecimiento de la vocación democrática y el restablecimiento de mejores lazos


entre civiles y militares condujeron a la dictación de la Ley Nº 6.825, de 11 de febrero
de 1941, llamada Ley Olavarría -por el apellido del Ministro del Interior que la
promulgara-, que confió a las Fuerzas Armadas la responsabilidad del orden y la
tranquilidad en las elecciones ciudadanas.

69
Continuaba el pluralismo de las fuerzas políticas y ellas llevaron a la Cámara de
Diputados, en las elecciones de marzo de 1941, a 88 parlamentarios inclinados a
apoyar al Gobierno y 59 a la oposición. Entre los primeros se contaban 43 radicales, 18
socialistas, 3 falangistas y 16 comunistas, y entre los segundos, 32 conservadores y 21
liberales. En el Senado, al renovarse los cargos en las circunscripciones pares, se
llenaron con 5 conservadores, 3 liberales, 1 agrario, 2 socialistas, 6 radicales y 3
progresistas (comunistas).

Los temores de ciertos sectores eclesiásticos sobre una posible persecución a la Iglesia
Católica se disiparon en la medida en que a la buena intención del Presidente se unía la
ecuánime orientación emanada del Arzobispo de Santiago -más adelante primer
cardenal chileno- José María Caro Rodríguez, quien se hacía notar por su comprensión
del problema social y demostraba una sincera estimación a la persona del Presidente.

Falleció el señor Aguirre Cerda antes de terminar su quinquenio, el 23 de noviembre de


1941. Desde el 10 de ese mes se había hecho cargo del Gobierno, en razón de la
enfermedad del Presidente, el político radical doctor Jerónimo Méndez Arancibia,
quien, ocurrida la muerte, llamó a elección de Presidente para el 10 de febrero de
1942; en ella se registró el siguiente resultado:

Juan Antonio Ríos Morales 260.034 (55,47%)

Carlos Ibáñez del Campo 204.635 (43,86%)

Nulos y blancos 1.838 (0,40%)

Total de votantes 466.507

No votaron 114.979

Total inscritos 581.486

70.Presidencia de Juan Antonio Ríos. Juan Antonio Ríos conquistó, en holgada mayoría
ciudadana, el cargo largamente ambicionado, obteniendo para su postulación el apoyo
no sólo del Partido Radical y de sectores que con éste formaran el Frente Popular, sino
de la Falange Nacional y de diversos elementos independientes. Habiéndose
encontrado con frecuencia a lo largo de su carrera en una postura difícil ante su propio
partido, el señor Ríos había sido ibañista y connotado por la energía de su combate al
comunismo. Durante su desempeño mostró descontento por la débil adhesión de su
partido a su obra de gobernante y se apoyó con terquedad en amigos personales. Las
circunstancias internacionales derivadas de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
explican que el Partido Comunista no le hiciera gran oposición.

Las elecciones parlamentarias de marzo de 1945 llevaron al Congreso a 13 senadores y


a 74 diputados simpatizantes con el Gobierno y a 12 senadores y a 73 diputados de
oposición. Entre los partidos de Gobierno, el Radical obtuvo 7 senadores y 39
diputados (20% de los votos); el Comunista, 3 senadores y 15 diputados (10,25% de los
70
votos), y el Socialista, 2 senadores y 6 diputados (7,18% de los votos); en la oposición el
Partido Conservador alcanzó 5 senadores y 36 diputados (23,62%), y el Liberal, 6
senadores y 31 diputados (17,91%).

Las repercusiones políticas y económicas del conflicto bélico condujeron a la dictación


de la Ley Nº 7.200, de 21 de julio de 1942, entre cuyas normas se contempló el
otorgamiento al Presidente de diversas facultades para restringir algunas libertades
públicas, previa declaración de "Zonas de Emergencia" en determinadas partes del
territorio nacional, especie de estado excepcional cuya constitucionalidad se discutió
por no estar considerada explícitamente en la Carta Fundamental.

El señor Ríos, asesorado por su Ministro de Justicia Oscar Gajardo Villarroel, impulsó
vigorosamente la reforma constitucional contemplada en la Ley Nº 7.727, de 23 de
noviembre de 1943, que fortaleció sustancialmente el control del Jefe del Estado sobre
el manejo financiero y económico del país.

Mantuvo el Presidente, con el acuerdo del Senado, la neutralidad de Chile ante la


conflagración mundial, hasta que se vio en la necesidad de romper relaciones
diplomáticas con Alemania, Italia y Japón, por decreto de 20 de enero de 1943, y a
solicitar más adelante autorización para declarar el estado de guerra al último país, que
se otorgó mediante la Ley Nº 8.109, de 13 de abril de 1945, formulándose dicha
declaración por decreto de ese mismo día.

Chile formó parte de los Estados que dieron nacimiento a la Organización de las
Naciones Unidas por el Pacto de San Francisco, ciudad californiana en la que se
suscribió el 26 de junio de 1945.

El esfuerzo tan señalado que hiciera el Presidente Aguirre Cerda para impulsar el
otorgamiento a Gabriela Mistral del Premio Nobel de Literatura, vino a tener éxito bajo
la administración Ríos (en 1945).

El Presidente Ríos falleció antes de terminar su período, el 27 de julio de 1946, y


Alfredo Duhalde Vásquez, su Ministro del Interior, que pasó a ser Vicepresidente,
convocó a elección para el 4 de septiembre de ese año. El recuento de los votos fue el
siguiente:

Gabriel González Videla 192.207 (40,10%)

Eduardo Cruz Coke Lassabe 142.441 (29,71%)

Fernando Alessandri Rodríguez 131.023 (27,33%)

Bernardo Ibáñez Aguila 12.114 (2,52%)

Nulos y blancos 1.525 (0,44%)

Total de votantes 479.310


71
No votaron 151.947

Total de inscritos 631.257

71.Presidencia de Gabriel González Videla. Si el señor Ríos había aprovechado para


llegar al poder la adhesión del Partido Comunista, al cual siempre combatiera, su
sucesor se había confesado, entre tanto, muy cercano a dicha tendencia a lo largo de
su ruta de ascenso cívico, aun después de haber visto actuar a esa colectividad en
Francia como representante diplomático chileno durante el predominio del Frente
Popular en el país galo. Parecía así lógico el apoyo oficial que el Partido Comunista le
prestara con eficacia para acceder al poder. Luego de tres serias postulaciones en el
Congreso Pleno, por haber quedado ayuno de suficiente votación popular, González
Videla fue reconocido como Presidente. En su primer Gabinete, siendo consecuente,
incluyó tres Ministros comunistas -en las carteras de Trabajo, Agricultura y Tierras y
Colonización-, que se mantuvieron en funciones desde el 3 de noviembre de 1946 al 16
de abril de 1947. Durante el resto de su administración, se movió el Presidente con
agilidad, llamando a acompañarlo en sus diversos gabinetes prácticamente a todos los
partidos o facciones de partido, salvo a los comunistas, de los que pasa a convertirse en
decidido y enérgico adversario.

La indisciplina cívica llevó al Presidente a hacer uso reiterado de sus facultades


constitucionales de declarar el estado de sitio o de requerir la dictación de la ley
periódica de restricción de ciertas libertades prevista en la Carta.

Es oportuno anotar que, principalmente impulsado por diputados radicales, se cursó


en este período la tramitación de un amplio proyecto de reforma constitucional,
dirigido preferentemente a procurar el equilibrio entre los poderes, el cual despachado
en la Cámara de Diputados, vino a quedar sepultado en el Senado (Tratado, edición
anterior, Tomo I, Nº 396, pág. 506).

La fuerza con que el señor González se enfrentó a los sectores marxistas,


atribuyéndoles el origen de los desórdenes populares, se concretó particularmente al
propiciar y conseguir, con asentimiento del Partido Radical, la aprobación de la llamada
Ley de Defensa Permanente de la Democracia, Nº 8.987, de 3 de diciembre de 1948,
que modificó la Ley Nº 6.026, de 1937. Se veía ya muy lejana la época en que dominara
el Frente Popular, porque ahora, oficialmente, de nuevo, los liberales y conservadores
habían pasado a integrar el Gabinete.

Entre las disposiciones de la Ley Nº 8.987 figuraba la prohibición de inscribirse en los


Registros Electorales y Municipales a las personas que pertenecieran a las asociaciones,
entidades, partidos, facciones o movimientos a que ella se refería; y la cancelación, que
ordenaba, de las inscripciones en tales registros de los ciudadanos miembros del
Partido Comunista de Chile y de las asociaciones, entidades, partidos, facciones o
movimientos referidos.

72
Las normas legales mencionadas despertaron enérgica resistencia no sólo en los
sectores que disentían del criterio político inspirador de ellas, sino también entre
quienes lo aceptaban, pero reconocían al mismo tiempo que tales normas pugnaban
con la Ley Fundamental, la cual, incluso a juicio de una comisión de juristas designada
por el propio Partido Conservador, debía ser previamente modificada, a fin de hacer
posible incorporar otros motivos que los indicados en la letra vigente de la Constitución
para adquirir, suspender o privar de la ciudadanía. Así, pues, dentro de la tienda
conservadora, aun estando de acuerdo en llegar a la meta propuesta, rechazaron en
este punto sustancial la ley, por estimar que requería previa reforma constitucional,
entre los miembros de la referida comisión, los señores Carlos Estévez, Rafael Moreno,
Víctor Delpiano y Marcos Silva Bascuñán, al paso que, además, por aspectos
doctrinarios sustanciales, la rebatieron los senadores Horacio Walker y Eduardo Cruz
Coke, sin contar, por supuesto, en fin, con la vigorosa impugnación que provino de las
colectividades partidistas entonces en la oposición, principalmente del diputado
falangista Radomiro Tomic Romero.

En las elecciones parlamentarias de marzo de 1949 el Partido Radical llevó a la Cámara


34 diputados, el Conservador 31, el Liberal 33 y el Agrario Laborista 14.

En el sexenio de González Videla se desarrolló un importante esfuerzo destinado a


mejorar el estatuto jurídico de la mujer, traducido, entre otras iniciativas, en la
promulgación de la Ley Nº 9.292, de 8 de enero de 1949, que le dio plenitud de
derechos políticos. Símbolo de tal tendencia fue la designación de la señora Adriana
Olguín de Baltra, distinguida abogada, como Ministro de Justicia, el 29 de julio de 1952,
primera mujer que en nuestro país llegara a integrar el Gabinete.

El 4 de septiembre de 1952 se efectuó la elección general presidencial, distribuyéndose


los votos de la siguiente forma:

Carlos Ibáñez del Campo 444.439 (46,64%)

Arturo Matte Larraín 265.357 (27,72%)

Pedro Enrique Alfonso 190.360 (19,88%)

Salvador Allende 51.975 (5,43%)

Nulos y blancos 2.971 (0,33%)

Total votantes 955.102

No votaron 149.927

Total inscritos 1.105.029

72.Segunda administración de Carlos Ibáñez. Si esta vez el general Ibáñez no consiguió


su título directamente de las urnas, en un electorado dividido en cuatro bloques de
73
magnitud equiparable, logró una impresionante delantera respecto de los demás
postulantes. Sus adherentes provenían de variados grupos, coordinados fugazmente
por las exigencias de la misma campaña, pero incapaces de dar sustento sólido al
ejercicio del mando. El ibañismo nunca fue un partido político, sino más bien un
movimiento de opinión inorgánico, constituido, en grado apreciable, por elementos
independientes, ello sin desconocer la firme adhesión que obtuvo también del Partido
Agrario Laborista.

Las Cámaras, formadas en su mayoría por parlamentarios afiliados a las colectividades


mejor organizadas adversas al Presidente, le concedieron, sin embargo, en febrero de
1953, una ley de delegación que le otorgaba durante un año facultades bastante
amplias (Ley Nº 11.151).

La renovación del Parlamento, en marzo de ese mismo año, efectuada bajo el lema "Un
Congreso para Ibáñez", registró el crecimiento de las fuerzas que lo respaldaban, pero
no alcanzaron éstas a conformar una combinación compacta y disciplinada. La notable
división que expresó esta consulta electoral, en la que se manifestaba la máxima
dispersión partidista, llevó a la Cámara de Diputados, por una parte, a 16
conservadores tradicionalistas junto a 2 socialcristianos y a 23 liberales; por otra, al
Partido Radical con 19, a la Falange con 3, al Partido Socialista Popular con 19, al
Agrario Laborista con 26 y a otros 25 provenientes de numerosos grupos ibañistas. Si a
esa circunstancia se agrega una discontinuidad y variación asombrosa del equipo
gobernante, principalmente en el propio gabinete ministerial -cuyos personeros se
desplazaban con vertiginosa rapidez, sin más norte aparente que el capricho del Primer
Mandatario, complacido con la exaltación y luego fácilmente resignado a la
desaparición de figuras, muchas de ellas de segundo orden-, se explica el clima de
desorientación e incertidumbre que reinaba en el ambiente nacional. El señor Ibáñez
reflejaba en el mando la fidelidad o el cambio de sus afectos personales hacia parientes
o amigos. Los partidos políticos más antiguos o mejor disciplinados se mantenían
constantemente alejados del Presidente y no contó así éste en ningún momento de su
sexenio con la adhesión oficial de los Partidos Radical, Liberal, Conservador o
Falangista.

En su Mensaje del 21 de mayo de 1954, el Presidente hizo notar la conveniencia de


proceder a una amplia reforma de la Ley Fundamental; encargó a su Ministro de
Justicia la formación de una comisión de juristas destinada a concretarla, la cual llegó a
terminar sus labores; resumió en el Mensaje de 1955 los cambios que propiciaba; en
definitiva, sin embargo, no envió el proyecto pertinente al Congreso. Nos remitimos
para mayores detalles de esta iniciativa a la primera edición, en 1963, de este Tratado
(Tomo I, Nº 396, pág. 506).

En las filas del Ejército y de la Aviación de produjeron movimientos conspirativos con


pretextos de ayudar al Presidente, organizándose al efecto la asociación conocida como
la "Línea Recta". La Corte Marcial, en sentencia de 18 de abril de 1956, dictada en el
proceso seguido en contra del general Ramón Salinas y otros, estableciendo el hecho
de la formación de tal movimiento, con finalidades políticas, sociales y económicas
-integrado por oficiales de dichas ramas castrenses-, declaró que la mera existencia de
74
tal agrupación importaba la infracción de diversos deberes militares (ver Tomo III del
Tratado, Nº 370, págs. 346-347).

La intensidad de la oposición hecha al Presidente Ibáñez se expresó de modo elocuente


en la apasionada acusación que, aduciendo numerosas causales, se presentó a la
Cámara de Diputados; ella fue rechazada el 6 de diciembre de 1956 por 30 votos a
favor, 48 en contra y 37 abstenciones.

En las elecciones parlamentarias de marzo de 1957 triunfaron, entre los 143 elegidos,
10 diputados del Partido Agrario Laborista, 20 del Conservador Unido, 3 del
Conservador, 17 de la Falange, 30 del Liberal, 36 del Radical, 5 del Democrático y 7 del
Nacional.

Una característica de la etapa final de la administración Ibáñez fue la constante


desvalorización monetaria. Tratando de ordenar las finanzas, se contrató a los técnicos
norteamericanos que realizaron la Misión Klein-Sacks. Las medidas adoptadas por
insinuación de dichos especialistas generaron un fuerte movimiento popular adverso,
que culminó en cruentos desórdenes el 2 de abril de 1957, de los que fue importante
protagonista la Central Unica de Trabajadores (CUT), liderada por Clotario Blest,
organización que había sido creada en 1953. Con motivo del clima de violencia
reinante, el Gobierno acudió a la ayuda del Ejército, hubo de decretar el estado de sitio
y consiguió del Congreso el otorgamiento de la ley de facultades especiales. La unión
de la Falange Nacional con el Partido Conservador Socialcristiano dio origen, poco
después de la revuelta del 2 de abril, a la formación del Partido Demócrata Cristiano.

Al final de su mandato, la estructuración de un bloque parlamentario favorable al


Gobierno permitió la derogación de la Ley de Defensa de la Democracia y su sustitución
por la Ley Nº 12.927, de 6 de agosto de 1958 -exenta de los reparos formulados a
aquélla-, e importantes reformas en el régimen de inscripción electoral y en el de
elecciones (Ley Nº 12.889, de 31 de mayo de 1958), imponiéndose en ésta la cédula
única oficial, que reemplazó la confeccionada por los mismos partidos o candidatos,
modalidad que se prestaba a graves irregularidades.

Debe anotarse que durante la segunda administración de Ibáñez se gestaron dos


reformas constitucionales dispuestas, respectivamente, por la Ley Nº 12.548, de 23 de
septiembre de 1957, que dio base constitucional al tratado con España sobre doble
nacionalidad, y por la Ley Nº 13.296, que llegó a promulgarse el 2 de marzo de 1959,
firmada ya por Jorge Alessandri, referida a la duración del plazo de los regidores.

El recuento de la elección presidencial del 4 de septiembre de 1958 fue el siguiente:

Jorge Alessandri 389.909 (31,18%)

Salvador Allende 356.493 (28,51%)

Eduardo Frei 255.769 (20,45%)

75
Luis Bossay 192.077 (15,36%)

Antonio Zamorano 41.304 (3,30%)

Nulos y Blancos 14.798 (1,20%)

Total votantes 1.250.350

No votaron 247.552

Total inscritos 1.497.902

73.Presidencia de Jorge Alessandri. La campaña presidencial de 1958 se desarrolló


manteniéndose la polarización cuadripartita que ya se hizo notar, aunque en ella se
registró la disminución pronunciada de la fuerza del radicalismo. Se explica así que el
Congreso Pleno confiriera el bastón del mando a quien conquistara apenas el 31% de
los votos válidos.

Apoyado oficialmente en las urnas por los Partidos Liberal y Conservador, Jorge
Alessandri Rodríguez -hijo del ex Presidente Arturo Alessandri Palma- reiteró en todo
momento su falta de afición y de ambición políticas, y subrayó la independencia de
todos los partidos con que actuaba. Formó, no obstante, su equipo ministerial con
personeros de las colectividades partidistas que le exaltaron al mando, con prestigiosos
técnicos e independientes, y, más adelante, desde 1961, con dirigentes del Partido
Radical.

Gobernó el señor Alessandri Rodríguez sin recurrir a declaraciones de estado de sitio ni


a impetrar la concesión de la ley de facultades especiales, ello aun cuando le
correspondió resolver situaciones difíciles, como las consecuencias del fuerte
terremoto ocurrido en mayo de 1960, que afectó gravemente a una amplia región del
país, particularmente a Valdivia. Su buen entendimiento con el Parlamento le permitió
ser favorecido al comienzo de su período con el otorgamiento de una ley de facultades
extraordinarias, que le proporcionó amplias atribuciones respecto de numerosas
materias administrativas (Ley Nº 13.305, de 6 de abril de 1959). Aplicando este
sustancioso cuerpo autorizante, se dictó, entre muchos otros, el D.F.L. Nº 2, todavía
vigente, que dio facilidades a la construcción de viviendas económicas.

Contribuyó a los avances progresistas de su gestión la forma en que se llevaron las


relaciones entre el Presidente y el Partido Comunista, el cual, siguiendo su estrategia,
no consideró necesario enfrentarse directamente al Primer Mandatario.

El señor Alessandri, no obstante su preferente preocupación por el manejo interno del


país, se vio impelido a pronunciarse sobre importantes cuestiones internacionales que
inquietaban al continente. La revolución cubana, de fines de 1958, provocó la V
Reunión de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), inaugurada en
Chile el 12 de agosto de 1959, en la que el Jefe del Estado afirmó la solidaridad del país
76
ante los problemas por ella creados, pero no favoreció el rompimiento de las relaciones
diplomáticas con aquel país. En dicha reunión, a la que concurrió como Canciller
Germán Vergara Donoso, se adoptaron acuerdos sobre defensa de la democracia,
concepto éste último que se definió en esa oportunidad de modo explícito.

El Presidente de Estados Unidos de Norteamérica, John Kennedy, impulsó la "Alianza


para el Progreso", a partir de la Carta de Punta del Este, de agosto de 1961, inspirada
en la idea central de que el crecimiento económico, la igualdad social, la estabilidad
política y la democracia constitucional debían ser, simultáneamente, promovidos en
Latinoamérica. Sólo sobre tales bases se fortalecería, según la Alianza, la postura de
Estados Unidos en su combate a la Unión Soviética, en aquella época cumbre de la
"guerra fría" entre ambos imperialismos. Alessandri impulsó varias reformas, entre
ellas la agraria, acogiendo en parte el espíritu de la Alianza para el Progreso (Reforma
constitucional, Ley Nº 15.295, de 1963).

Las elecciones parlamentarias de 1961 llevaron al Partido Demócrata Cristiano a


conquistar 23 diputados, al Conservador 17, al Radical 39, al Comunista 16, al Liberal
28, al Democrático Nacional 12 y al Socialista 12. Los 147 cargos se distribuyeron entre
7 colectividades, lo que exhibió una clara tendencia a la concentración de las fuerzas
políticas.

La administración del señor Alessandri se vio absorbida por la inquietud en el manejo


económico. Las alteraciones del cambio internacional, mantenido invariable durante
tres años y que sufriera luego caída súbita y espectacular, quebrantó la política de
estabilidad de precios que él estimaba esencial en su gestión, y a la que contribuyera
una disciplina notable de los sectores asalariados, cuyas remuneraciones quedaron
legalmente bloqueadas tras ese objetivo. Mientras en los cuatro primeros años del
sexenio logró mantener la inflación en cifras inferiores al 10%, en el último ésta registró
el 38,5%. Los efectos de la desvalorización monetaria crearon un ambiente de
descontento que afectó el prestigio del Presidente.

74.Tentativas de reformas constitucionales. En los mensajes anuales del Presidente al


Parlamento, enviados en cumplimiento de su obligación constitucional, fue poniendo
de manifiesto aquél la necesidad de reformar el sistema gubernativo y de acoger, para
ello, los cambios constitucionales que insinuaba. La proposición fue traducida en
iniciativa formal mediante mensaje dirigido al Congreso el 7 de julio de 1964, iniciativa
cuya aprobación no impulsó, sin embargo, explicando al efecto: "No tendré el honor de
ser yo quien dé a Chile la reforma constitucional que se requiere como elemento
fundamental para acelerar su progreso y satisfacer las legítimas aspiraciones de los
más humildes, pero me quedará la inmensa satisfacción de haber formado una sólida e
irresistible conciencia nacional sobre esa necesidad, en forma que muchos que hasta
hace poco rasgaban sus vestiduras en presencia de mis declaraciones, ante el peso de
esa opinión, empezaron a hablar tímidamente al principio, para hacerlo hoy día sobre
algunos aspectos de ella en forma abierta, dejando de mano los duros ataques de que
me hicieron víctima".

77
El Presidente, a través de su Ministro de Justicia, Enrique Ortúzar Escobar, procuró
difundir los aspectos fundamentales de la reforma propuesta, exponiéndola en
seminario dirigido por el profesor de Derecho Constitucional Jorge Guzmán Dinator o
en conversaciones televisivas (Nueva sociedad. Vieja Constitución, Orbe, 1964, 260
págs.). La amplitud de los cambios sugeridos explica que incidieran en numerosos
preceptos de la Carta.

En diversas e importantes materias, la sustancia de las recomendaciones del Presidente


coincidía con proposiciones que habría de hacer suyas, a su turno, el Presidente Frei al
comienzo de su mandato, y que se acogerían después en la Constitución de 1980.
Puede decirse que los cambios pedidos buscaban limitar el derecho a huelga y dar paso
al arbitraje de tribunales especiales para la solución de los conflictos del trabajo;
introducir en la Carta el principio de la irretroactividad de la ley; alterar las normas
sobre incompatibilidades, incapacidades e inhabilidades parlamentarias, para afirmar
la separación en el ejercicio de tal función de las actividades de la administración
pública y del sector económico privado; restringir el alcance de la inviolabilidad
parlamentaria; introducir el cuociente nacional como base de la integración de la
Cámara de Diputados; incorporar al Senado a 30 miembros elegidos por votación
directa en colegio único, a los ex Presidentes de la República y a otros 14 miembros
que contaran con determinadas calidades; incrementar las materias reservadas a la
iniciativa legislativa exclusiva del Presidente de la República; posibilitar la dictación de
leyes de delegación; autorizar al Presidente de la República para convocar a plebiscito
frente a discrepancias con las Cámaras en asuntos legislativos; perfeccionar las reglas
relativas a las legislaturas; permitir al Presidente la disolución del Congreso Nacional
una vez dentro del período; extender la facultad de la Corte Suprema relacionada con
la inconstitucionalidad legal, tanto en razón de la forma de su generación como de su
contenido, requerible a petición de cualquier ciudadano y en términos que, al
pronunciarse la inconstitucionalidad del precepto cuestionado, produjera la
declaración efectos generales desde la publicación de la sentencia; elevar el quórum
para la aprobación de reformas constitucionales que se refirieran al régimen
democrático representativo o a las garantías constitucionales.

75.La elección presidencial de 1964. La proximidad de la jornada electoral, en la que


correspondía reemplazar al señor Alessandri, centró la preocupación ciudadana en la
selección de los postulantes a recoger su sucesión. Salvador Allende no ocultó su deseo
de participar una vez más en la competencia. Parecía claro que el Partido Demócrata
Cristiano insistiría en presentar, por segunda vez, a Eduardo Frei Montalva. Como
consecuencia de la ya observada división tripartita que demostraba entonces la
opinión nacional, y del temor con que la derecha liberal-conservadora y la mayoría del
radicalismo observaban una eventual victoria del socialismo marxista, se explican las
vacilaciones observadas en ambos sectores en cuanto a presentarse juntos o divididos
en la cercana contienda. El Partido Radical decidió llevar como postulante al senador
Julio Durán Neumann.

Gran trascendencia revistió la pérdida sufrida por el pretendiente a la diputación por


Curicó, apoyado por las tiendas derechistas, en la elección complementaria realizada
en marzo de ese año, jornada en la que triunfó el socialista Oscar Naranjo Urrutia. Tal
78
acontecimiento, al que se llamó "el Naranjazo", por el apellido del ganador, generó en
los indicados sectores la convicción de que resultaba ineludible unirse con el Partido
Radical para evitar el triunfo del abanderado de inspiración marxista. Se explica así que
Eduardo Frei conquistara el apoyo tanto de los sectores de la derecha como del
radicalismo y de otras fuerzas independientes.

La contienda electoral arrojó el siguiente resultado:

Eduardo Frei 1.409.012 (55,67%)

Salvador Allende 977.902 (38,64%)

Julio Durán 125.233 (4,95%)

Blancos y nulos 16.550

Total votantes 2.530.697

Total inscritos 2.915.121

76.Proyecto de reforma constitucional de 1964. Eduardo Frei Montalva accedió a la


Primera Magistratura sustentando un programa de gobierno que, bajo el lema de
"Revolución en Libertad", incorporaba un vasto plan de reformas políticas, económicas
y sociales explicado por él con tanta elocuencia y sostenido con tal vigor que lo llevaron
a confesar que no cambiaría ni una sola letra de él a cambio de un millón de votos.

Demostrando su ánimo de instar, con la mayor consecuencia y energía, por los cambios
propiciados, y como prueba del grado de estudio y preparación en que se encontraban
ya las iniciativas impulsadas, envió al Congreso, en el mismo mes en que asumió su
cargo, un vasto proyecto de reformas a la Carta de 1925, que recogía en su articulado
aspiraciones ya reiteradamente expresadas por diversos sectores, contempladas
muchas de ellas en el proyecto de su antecesor, pero que se extendían a diversas otras
materias.

Hallándose pendiente el indicado proyecto de reforma constitucional, cuando cursaba


éste su primer trámite en la Cámara de Diputados, tuvo lugar, en marzo de 1965, la
renovación general parlamentaria. En ella el 42,3% de los sufragantes prefirió a los
candidatos comprometidos con el programa presidencial, llevando así a 82 de ellos a la
Cámara de Diputados, compuesta entonces por 147 miembros, y 13 al Senado. Por su
parte, los socialistas obtuvieron 15 diputados, los comunistas 18, los radicales 20, los
liberales 6, los conservadores 3 y el Padena 3. La holgada mayoría favorable al señor
Frei obtenida en la Cámara de Diputados no se logró en la Alta Cámara, aun agregando
los senadores democratacristianos que continuaban en el desempeño de sus cargos. En
la consulta de 1965 llegaron al Senado 11 democratacristianos, 3 radicales, 2
comunistas, 3 socialistas y 1 demócrata nacional.

79
No pudo sorprender que el firme éxito electoral y la nueva integración de la Cámara de
Diputados llevaran a ésta a concordar, en sus aspectos sustanciales, con la reforma de
la Carta de 1925 propuesta por el Ejecutivo. No estimamos necesario sintetizar aquí la
sustancia de los cambios aceptados, que coinciden en amplia proporción con aquellos
que en definitiva serán acogidos en la Ley Nº 17.284, que vendrá a aprobarse al
término de su administración, muchos de ellos reiterados, por lo demás, en la Carta de
1980.

Cursando ya su segundo trámite, fue objeto el mencionado proyecto de reforma


constitucional de detenido y prolongado examen en la Comisión de Constitución,
Legislación y Justicia del Senado, iniciado el 19 de octubre de 1965. Previéndose una
dilatada tramitación y tomando en cuenta el apremio del Ejecutivo por modificar
pronto el estatuto constitucional referido al derecho de propiedad, a fin de hacer
posible la implantación de la profunda Reforma Agraria, propulsada también por el
Presidente, se produjo acuerdo para que esta proposición específica, incluida en el
proyecto en trámite, se concretara en una moción separada, que hicieron suya algunos
senadores. Desglosada así dicha materia, su texto fue aprobado en general y luego en
particular en la Alta Corporación y pasado en seguida para su segundo trámite a la
Cámara de Diputados. El despacho de esa particular moción se vino a completar en su
quinto trámite constitucional. La ratificación por el Congreso Pleno se efectuó el 16 de
octubre de 1966, por 137 votos en favor y 11 en contra, posibilitándose de tal modo la
promulgación de la Ley Nº 16.615, de 20 de enero de 1967, sobre cuya base se pudo
dictar el denso cuerpo normativo que contuvo la Ley Nº 16.640, de 28 de julio de 1967.
Se explica, por todo lo dicho, que, entre tanto, el amplio proyecto de cambios
institucionales que el Presidente Frei ambicionaba imponer desde el primer día
quedara suspendido en su tramitación en el Senado.

Para imponerse en detalle del proceso de gestación de la reforma practicada mediante


la Ley Nº 16.615 y disponer de un buen análisis de su preceptiva, puede recurrirse al
estudio del profesor de Derecho Constitucional Enrique Evans de la Cuadra, quien,
como Subsecretario de Justicia, intervino activamente en su formación. Su ensayo lleva
el título Estatuto Constitucional del Derecho de Propiedad en Chile, Editorial Jurídica de
Chile, 1967, 439 págs.

77.Dificultades políticas. Las resistencias que generara, primero, la gestación, y luego la


aplicación de la Ley de la Reforma Agraria, acrecentada por la debilidad del apoyo del
Presidente en el Senado, explican los poderosos obstáculos que hubo de enfrentar para
seguir adelante tras la concreción de su programa. Exhibición del apasionado combate
cívico fueron, por ejemplo, la negativa del Senado a dar permiso al Jefe del Estado para
concurrir a reunirse en Washington con el Presidente de los Estados Unidos, y el
rechazo, también por esa Corporación, de Pedro Jesús Rodríguez González para ocupar
la Embajada de Chile en Lima, sin otro motivo real que haber sido el postulante, como
Ministro de Justicia, el principal gestor de dicha reforma.

La oposición política proveniente de los partidos de inspiración marxista tendió a


sobrepasar los límites del ordenamiento jurídico y de la práctica democrática, para
convertirse en motor de la agitación social inspiradora y sostén de grupos armados,
80
entre los cuales se contaba el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR),
responsable de actos de índole abiertamente terrorista.

Desde el interior del partido del Presidente se levantaron fuertes críticas en orden a
que éste no impulsaba con suficiente energía y la necesaria rapidez el programa por él
anunciado. Tales reparos alcanzaron tan amplio eco dentro de la propia colectividad del
Presidente que sus más leales intérpretes consiguieron integrar la mayoría de su mesa
directiva. Se provocó entonces en el seno de la Democracia Cristiana una viva polémica
en torno a la procedencia de configurar y sintetizar su ideario describiéndolo como una
"vía no capitalista para el desarrollo", concepto cuyo sentido y proyecciones se
debatían vivamente. Más adelante, como al interior de los organismos superiores de la
Democracia Cristiana prevaleciera una postura cercana a la del Jefe del Estado, sectores
minoritarios de esa colectividad conformaron, primero, el Movimiento de Acción
Popular Unitaria (MAPU) y, más adelante, durante el gobierno de Salvador Allende, la
Izquierda Cristiana (IC).

Contribuyó a la agitación cívica experimentada en el último período de la


administración Frei la inquietud universitaria, proyección del movimiento juvenil que
tuvo su expresión máxima en mayo de 1968 en Francia y que desconcertó al propio
Presidente De Gaulle. Parecía una reacción provocada por la crisis generada en las
naciones más avanzadas de la civilización occidental y que, entre muchas causas, pudo
deberse a la contradicción que se hacía notar, por una parte, entre las satisfacciones de
carácter material -manifestadas en la tendencia a un consumismo ilimitado e
irracional- y, por otra, en el debilitamiento de la fuerza de los valores superiores, que
habían contribuido a caracterizar esa civilización. Reflejo de este fenómeno fue la
desorientación juvenil y la carencia de definiciones concretas y constructivas
encaminadas a disipar ese profundo desánimo e intranquilidad. Se coincidía
sustancialmente en que la generación que tenía la responsabilidad no estaba
preparando el futuro de una manera que contuviera una promesa de poner término a
ese vacío. El fenómeno se extendió por diversas naciones europeas y por Estados
Unidos. Llegó al país en condiciones que coincidían, de modo muy definido, en la
necesidad de una profunda reforma universitaria, que recayera tanto en el contenido
de la enseñanza como, sobre todo, en los métodos que se empleaban y, de modo
particularmente decidido, en la participación de todos los estamentos en la gestión.
Sería largo registrar las diversas incidencias que en una y otra universidad por esta
causa se produjeron o hacer un balance de las consecuencias que se generaron.
Anotemos, no obstante, por la trascendencia y continuidad de sus efectos, el
movimiento gremial que luchó en el seno de la Universidad Católica, bajo el dinamismo
de Jaime Guzmán, y el encauzamiento del proceso por Fernando Castillo Velasco,
elegido como nuevo rector por la comunidad universitaria.

El debilitamiento del fervor ciudadano por la Democracia Cristiana se tradujo al recoger


ésta sólo el 35,63% de los votos en las elecciones municipales de abril de 1967 y el
29,68% en la renovación parlamentaria de 1969. Con motivo de esta última consulta
popular, la colectividad política gobernante, al quedar con sólo 55 diputados, perdió la
mayoría absoluta de que antes dispusiera en la Cámara y tampoco la alcanzó en el
Senado, a cuyo seno se incorporaron 13 representantes, que se unieron a los 10 de la
81
misma filiación con que ya contaba. En esa renovación parlamentaria, entre tanto, el
Partido Socialista mantuvo 15 diputados, el Comunista subió a 22, el Radical obtuvo 24
y el Partido Nacional -proveniente de la fusión, el 11 de marzo de 1966, de los partidos
Liberal y Conservador- logró 34.

78.La obra del gobierno de Frei Montalva. El rasgo más definido de la conducción
política ejercida por el Presidente Frei se halla, a nuestro juicio -sin olvidar la energía
con la que se jugó tras la reforma agraria-, en la multitud de iniciativas por las cuales
pretendía hacer viva y efectiva la participación de los diversos sectores de la
comunidad nacional en la solución de sus problemas. Es así cómo se consiguió durante
su gestión un indiscutible enriquecimiento de la vitalidad social, favorecido por la
aprobación de reformas legales que habrían de servir de instrumento, con diversos
grados de eficacia, hacia tal objetivo. Es del caso mencionar específicamente en tal
sentido las numerosas leyes que crearon diversos colegios profesionales; la Ley Nº
16.625, de 29 de abril de 1967, sobre sindicación campesina, y la Nº 16.880, de 7 de
agosto de 1968, llamada de "Promoción Popular". Esta última distinguía dos tipos de
organizaciones: las de carácter territorial y las de tipo funcional, siendo "las primeras,
las juntas de vecinos, expresión de solidaridad y organización del pueblo en el ámbito
territorial, y las comunitarias, como centros de madres, de padres y apoderados,
culturales y artísticas, organizaciones juveniles, deportivas, grupos corales,
cooperativas y otras que tuvieran carácter similar, que representen y promuevan
valores específicos de la comunidad vecinal". La política habitacional generó un amplio
aumento de las construcciones, apoyada en cuerpos normativos que las promovieron y
facilitaron, en especial mediante el establecimiento del Ministerio de la Vivienda y
Urbanismo, por la Ley Nº 16.391, de 16 de diciembre de 1965, y la creación de la Caja
Central de las Asociaciones de Ahorro y Préstamo, por la Ley Nº 16.807, de 20 de julio
de 1968. En materia educacional, su orientación y extensión en todos los niveles se
verán influidas por el impulso del Presidente.

Dada la importancia que para el país revestía el mejoramiento de la industria cuprífera


-y que el Presidente situaba entre los objetivos básicos de su programa-, procuró el
entendimiento con las grandes compañías extranjeras productoras del mineral, y así
impulsó y consiguió la aprobación de las leyes Nº 16.425, de 25 de enero de 1966, y Nº
16.624, de 15 de mayo de 1967, sobre "chilenización del cobre". Con esta iniciativa el
Estado chileno adquirió gradualmente el 51% de las empresas de la Gran Minería del
Cobre, se aumentó su producción, se comenzó a refinar el metal en el país, se
incorporó la industria chilena a la comercialización internacional y se mejoró la
situación de los trabajadores del sector.

En cuanto a la gestión económica del Presidente, los aspectos decididamente


favorables se registraron en los primeros tres años de su mandato, en los que se logró
una clara tendencia al control de la inflación, crecimiento de la ocupación, incremento
del comercio exterior, mayor producción de bienes de consumo, progresos en las obras
públicas, especialmente de aquellas referidas a la infraestructura del país, etc. La
agitación social que se experimentó en el segundo trienio de su mandato provocó, por
desgracia, un debilitamiento de los avances impulsados.

82
79.La reforma de la Ley Nº 17.284. A medida que se acercaba el término de su sexenio,
el Presidente Frei orientó sus esfuerzos a introducir una reforma constitucional que,
aun cuando no comprendiera todas las materias a las que se refiriera su proyecto de
1964 -que sufriera las vicisitudes ya narradas-, se concretara por lo menos en aquellos
puntos a cuyo respecto no se habían observado fuertes resistencias de parte de la
opinión nacional, en muchos de los cuales se constataban incluso parciales
coincidencias sustantivas con los que, por su lado, propiciara, según dijimos, el
Presidente Jorge Alessandri durante su desempeño.

Fue así como, el 17 de enero de 1969, hizo llegar el Presidente Frei Montalva a la
Cámara un nuevo proyecto, y pidió su urgencia el 20 de marzo. El texto fue aprobado
en general el 9 de abril, por 77 votos contra 25, y en particular el 16 de ese mismo mes.
Pasó a segundo trámite al Senado el 29 de julio, en circunstancias que había entrado a
desempeñar el Ministerio de Justicia Gustavo Lagos Matus.

Comprendiendo la conveniencia de agilizar el proyecto, a fin de que llegara a


despacharse por la Alta Cámara en la legislatura ordinaria en curso, se acogió la
declaración de simple urgencia para su tramitación, y es así como se logró su
aprobación en general el 4 de septiembre, por 25 votos contra 23. El 10 de ese mes se
aprobó, en particular, aceptándose los aspectos sustanciales de la iniciativa y
rechazándose, de aquellos propuestos por el Gobierno, tan sólo el establecimiento de
un Consejo Económico y Social, la creación de un sistema de leyes normativas y la
posibilidad de delegación de facultades legislativas en materias previsionales del sector
privado.

Al pasar a su tercer trámite en la Cámara de Diputados, y encontrándose ya comenzada


la legislatura extraordinaria siguiente, se decidió, de acuerdo con una disposición
reglamentaria, que el proyecto, por tratarse de un asunto tramitado como de simple
urgencia, no pasara nuevamente al estudio de comisión. De tal manera se posibilitó la
aprobación definitiva en tercer trámite sin modificaciones, y así, corrido el plazo
constitucional, se confirmó por el Congreso Pleno el 29 de diciembre de 1969,
circunstancia que llevó a la promulgación de la Ley Nº 17.284, de 23 de enero de 1970.

Satisfecho el Presidente con el éxito alcanzado, inspiró él mismo la publicación de un


libro en el cual algunos profesores estudiamos los principales cambios introducidos por
la reforma, comentarios que son precedidos por exposiciones redactadas por el propio
Jefe del Estado y por su Ministro de Justicia (La reforma constitucional de 1970,
Eduardo Frei, Gustavo Lagos, Sergio Molina, Enrique Evans, Alejandro Silva y Francisco
Cumplido, Editorial Jurídica, 1970, 300 págs.). El análisis de las reformas fue también
objeto de un particular trabajo del profesor Guillermo Piedrabuena Richard, asesor
jurídico del Ministerio de Justicia durante su tramitación (La reforma constitucional.
Historia de la Ley Nº 17.284, sus principales alcances y posición de los partidos
políticos, Ediciones Encina, 1970, 265 págs.).

80.La campaña presidencial de 1970. Los días finales del período del Presidente Frei se
caracterizaron por una intensa actividad política y por la preocupación que se observó
en el ambiente nacional en torno a la preparación de la próxima contienda cívica,
83
destinada a escoger quién habría de sucederle en la Primera Magistratura. Las
expresiones del sentir colectivo exhibían una pronunciada división en tres sectores de
equiparable fuerza que podía explicar la proclamación de igual número de postulantes.
Se levantaron así las candidaturas de Jorge Alessandri Rodríguez por el Partido
Nacional, de Radomiro Tomic Romero por la Democracia Cristiana y de Salvador
Allende Gossens por la Unidad Popular, integrada ésta, entre otras organizaciones de
inspiración marxista, por el Partido Socialista, al cual siempre había pertenecido el
postulante y del que fuera abanderado también en las dos contiendas precedentes.

Los temores de que al alcanzar sólo la primera mayoría relativa de los votos válidos se
generara en los partidarios del señor Allende una presión colectiva dirigida a forzar su
inmediato reconocimiento como triunfante, explican que surgiera en diversos sectores
el reconocimiento de la necesidad de una pronta modificación de la Ley Fundamental
encaminada a introducir, para tal hipótesis, la obligación de convocar a una segunda
elección. Esta idea fue enfáticamente desechada por los partidarios del señor
Alessandri, quien se manifestó dispuesto por su lado a admitir, para tal evento, que
ocupara el solio presidencial quien llegara a ser favorecido tan sólo con un voto de
mayoría respecto del postulante que le siguiera en el favor ciudadano.

La votación recogida el 4 de septiembre de 1970 arrojó el siguiente recuento:

Salvador Allende 1.070.334 (36,22%)

Jorge Alessandri 1.031.159 (34,89%)

Radomiro Tomic 821.801 (27,81%)

Nulos y blancos 31.505 (1,08%)

Total 2.954.799

81.La proclamación de Salvador Allende. Desde que se conoció la votación que diera la
primera mayoría relativa al señor Allende, se hizo presente (como se temía) entre los
dirigentes de la Unidad Popular la exigencia del reconocimiento sin más trámite de su
victoria, sosteniendo que ésta no podía menos de ratificarse en el Congreso Pleno, e
invocando al efecto los precedentes que se habrían configurado al decidir, en tal
sentido, en oportunidades anteriores semejantes. El señor Alessandri anunció en esos
días su ánimo de renunciar a la Primera Magistratura si el Congreso Pleno lo
proclamaba, para que, como consecuencia de su dimisión, procediera una nueva
contienda presidencial, en la que sus partidarios se pronunciarían por la candidatura
del señor Frei. De tal manera se daría paso a un nuevo período presidencial del señor
Frei, autorizado por la Carta, ya que su texto prohibía la reelección tan sólo para el
período inmediatamente siguiente.

Tales antecedentes se unieron a la inquietud colectiva reflejada en vivas polémicas


acerca de cuál debería ser, en la coyuntura presentada, la posición que correspondía a
las Fuerzas Armadas. El Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider
84
Fariña, había declarado que, en evento de esa especie, a ellas sólo competía respetar lo
que el Congreso decidiera. Encontrándose el país en ambiente dominado por tal
preocupación, se vio conmovido por el secuestro del general Schneider, en cuya
tentativa se causó su muerte, hecho del que más adelante fueron sindicados como
autores, y por ello condenados, algunos ex oficiales del Ejército y jóvenes de
ultraderecha.

Los acontecimientos relatados abrieron un difícil problema al Partido Demócrata


Cristiano, puesto que, si sus parlamentarios no concurrían con sus votos en favor del
señor Allende en el Congreso Pleno, no podía conseguir éste el Mando Supremo y con
ello podría estallar la agitación popular con que se amenazaba. Prevaleció, en
definitiva, en el seno del máximo organismo directivo de esa tienda, luego de
prolongada reflexión y por escaso margen, el criterio favorable a proporcionar su
votación parlamentaria al señor Allende, siempre que éste, por su parte, se
comprometiera -introduciéndose al efecto las modificaciones pertinentes a la Carta
Política- a aprobar un Estatuto de Garantías Constitucionales, que asegurara la
intención del nuevo gobernante de respetar el régimen institucional. Los
razonamientos que condujeron a la Democracia Cristiana a tomar tal decisión fueron
resumidos por ella en comunicación que envió al candidato.

"El Partido Demócrata Cristiano reafirma -dice ese texto- que si el señor Allende otorga
de un modo real y eficaz las garantías necesarias que tenemos el deber de solicitarle en
algunas materias vitales, puede esperar una decisión favorable". Enuncia luego el
documento los aspectos que estima fundamentales, como eran la mantención del
pluralismo político, el reconocimiento de la existencia y libertades de los partidos, el
derecho de éstos y de las universidades a mantener medios de comunicación, la amplia
libertad de prensa y de expresión, la plena vigencia del Estado de Derecho, la
independencia de los poderes públicos fundamentales, la necesidad de que "las
Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros sigan siendo una garantía de nuestra
convivencia democrática", la prescindencia de toda orientación ideológica oficial de la
educación y respeto de la autonomía de las universidades y, en fin, la existencia libre
de organizaciones sindicales y sociales.

Después de una respuesta del postulante, que la Democracia Cristiana no consideró


satisfactoria, aceptó en definitiva el señor Allende las exigencias de esa colectividad y
dio su consentimiento a la formación de una comisión conjunta, integrada por
representantes suyos y por otros de la Democracia Cristiana. Esta preparó el texto de la
reforma que con facilidad se aprobó en ambas ramas del Parlamento y que, ratificada
en el Congreso Pleno, se convirtiera en la Ley Nº 17.398, publicada el 9 de enero de
1971 y conocida como "Estatuto de Garantías". Es de advertir que, al debatirse el
proyecto de reforma en el Senado, el propio señor Allende, que integraba la Alta
Corporación, reiteró en forma solemne el compromiso que contraía.

82.Presidencia de Salvador Allende. Ascendió Allende al Mando Supremo suscribiendo


el programa de la Unidad Popular, que él trataba de definir como un "Socialismo a la
Chilena", a través del cual se buscaba conducir al país hacia su implantación dentro del

85
respeto a la institucionalidad democrática, y cuyas bases y características explicara más
adelante el mismo Presidente en mensajes enviados al Parlamento.

Una de las preocupaciones iniciales del Primer Mandatario fue proponer la reforma
constitucional sobre el Régimen de la Propiedad Minera y sobre la nacionalización de la
Gran Minería del Cobre. Lo hizo en el Mensaje del 23 de diciembre de 1970, en el que
se hacía eco de los reparos que merecía la política de chilenización de la industria
cuprífera llevada a cabo por el Presidente Frei. La tramitación de esta nueva iniciativa
de reforma constitucional resultó expedita. Fue aprobada en general en el Senado los
días 19 y 20 de enero de 1971, y en particular, el día 10 de febrero; tales decisiones se
acordaron, respectivamente, en la Cámara de Diputados, el 11 de marzo y el 7 de abril;
el tercer trámite se practicó en el Senado los días 20 y 21 de abril; el cuarto en la
Cámara, el 6 de mayo, y el último en la Alta Corporación el 12 del mismo mes, siendo
ratificado en el Congreso Pleno el 11 de julio de 1971 por la unanimidad de 148 votos.
El proyecto de reforma se convirtió en la Ley Nº 17.450, publicada el 16 de julio de
1971.

Muy pronto la opinión pública se informó de que en los sectores políticos llamados a
dar cimiento sólido a la gestión presidencial surgían vivas discrepancias al calificar la
conducción ejercida por el Primer Mandatario, críticas que revestían acento más
profundo y violento en el interior del mismo Partido Socialista, en el que predominaba
sin contrapeso el liderazgo de su secretario general, senador Carlos Altamirano Orrego.

La política social, encaminada a hacer más intensa y drástica la aplicación de la Ley de


Reforma Agraria y a fortalecer las reivindicaciones de empleados y obreros, agudizando
los conflictos de éstos con los empresarios industriales, provocó no sólo las naturales
reacciones adversas de los voceros de intereses afectados, sino que el aumento de la
oposición política y, además -en razón de los procedimientos usados-, graves pugnas
del Presidente con los poderes públicos fundamentales.

Se explica así que, con motivo de la dictación de decretos supremos que disponían
intervenciones inmediatas de la autoridad en numerosas industrias, al no tomar razón
de ellos la Contraloría General de la República -por formular ésta fuertes reparos desde
el punto de vista constitucional-, se recurriera constantemente al resorte de los
"decretos de insistencia" para proseguir, sirviéndose de tal recurso, actuaciones que
podían juzgarse con razón inadmisibles dentro del ordenamiento jurídico vigente y en
verdad meros "resquicios legales".

El enfrentamiento del Presidente con el Poder Judicial se hizo agudo con motivo de
que, con frecuencia, las resoluciones de la magistratura no se ejecutaban, al no
proporcionar la autoridad administrativa dependiente del Poder Ejecutivo la fuerza
pública necesaria para imponer su forzado cumplimiento. Fueron elocuentes las
reacciones de la Corte Suprema, tribunal que, en polémica directa con el Jefe del
Estado, le representara reiteradamente la gravedad de tales actuaciones. Cabe señalar,
como particularmente significativos al respecto, el oficio de 12 de junio de 1973 del
Presidente de la República al de la Corte Suprema, y la respuesta de éste a aquél por
oficio de 25 de junio siguiente, la cual fue devuelta por el Jefe del Estado. Pueden
86
encontrarse estos documentos, por ejemplo, en la Revista de Derecho y Jurisprudencia,
Tomo LXX, septiembre-octubre de 1973, Nº 7-8, con el título de "Antecedentes
Histórico-Jurídicos relacionados con el cambio de Gobierno en Chile".

83.El proyecto de reforma constitucional sobre las áreas de la economía. Para apoyar el
fundamento jurídico en que descansarían los cambios que el Presidente pretendía
introducir en el orden económico y social, propuso e impulsó una reforma
constitucional destinada a fijar distintas áreas de la economía, estableciendo al efecto
en el texto un estatuto diferente según se tratara de bienes que recayeran,
respectivamente, en la esfera privada, en la estatal o en la mixta. El proyecto de
reforma que perseguía tal objetivo fue aprobado en sus aspectos sustanciales en
ambas ramas y en su oportunidad confirmado por el Congreso Pleno. Con motivo de
las observaciones hechas por el Presidente al proyecto ya ratificado, el Senado se
pronunció sobre ellas en una forma que, a juicio de aquél, no sólo resultaba contraria a
su parecer sobre la sustancia de lo aprobado, sino que en pugna con los preceptos
constitucionales del procedimiento de reforma. Basado en su particular punto de vista,
el Jefe del Estado se resistió a promulgar el proyecto ratificado por el Congreso Pleno,
no obstante que la Contraloría le manifestara la obligación que tenía de disponerlo. No
concordando el Presidente con el criterio del organismo contralor, recurrió al Tribunal
Constitucional, el cual, disintiendo del parecer del Ministro Adolfo Veloso Figueroa, por
sentencia de 30 de mayo de 1973, rol Nº 15, reconoció su propia incompetencia para
pronunciarse sobre el caso. Sostuvo el Tribunal que la Ley Fundamental no le permitía
pronunciarse, porque ésta sólo le otorgaba facultad para resolver una cuestión de
inconstitucionalidad surgida en la tramitación de las leyes y no sobre un problema de
esa naturaleza que se presentara con motivo de la tramitación de una reforma
constitucional. Más adelante exponemos el punto de técnica jurídica envuelto en la
discrepancia.

84.El clima de la oposición. Muchos aspectos conflictivos de su gestión, unidos a las


desinteligencias del Presidente con los otros poderes públicos fundamentales,
concurrieron a exacerbar la oposición ciudadana, en momentos en que la colectividad
nacional se veía afligida por las alzas constantes del precio de los productos básicos. La
pronunciada elevación del costo de vida, generada por una aguda inflación monetaria,
y la escasez consiguiente de los artículos alimenticios y de los combustibles, llevó a
imponer su racionamiento y a la formación de largas colas para adquirirlos. La
actuación discutible de las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAP), atribuida a los
abusos, ciertos o supuestos, de sus funcionarios, suscitó asimismo fuerte resistencia. La
presentación por el Ejecutivo de algunos proyectos de ley sirvió de base también a
críticas apasionadas, como las que se dirigieron en contra de la iniciativa de establecer
la Escuela Nacional Unificada (ENU) o la que propiciaba la formación de tribunales
vecinales. Tampoco puede omitirse anotar las reacciones surgidas a causa de la
actuación del oficioso Grupo de Amigos Personales del Presidente (GAP).

Se explica, por otra parte, que, por esas y muchas otras circunstancias, apareciera la
oposición política recibiendo en esos días creciente apoyo, sin duda muy superior al de
que disfrutara al comienzo del mandato presidencial. La Democracia Cristiana, que se
manifestara al principio dispuesta a actuar siempre como imparcial observadora,
87
prometiendo conducirse con moderación y pronunciarse tan sólo según el contenido
mismo de las medidas que se fueran adoptando, y que aun negara a adherirse a las
acusaciones constitucionales en contra de los Ministros de Estado propuestas por los
partidos opositores, se distancia del Gobierno después del asesinato del ex Ministro del
Interior del Presidente Frei, Edmundo Pérez Zujovic, ocurrido en junio de 1971, y
cambia categóricamente su postura al unirse al Partido Nacional y formar con éste la
Confederación Democrática (CODE).

En ese clima colectivo tuvo lugar la renovación parlamentaria de marzo de 1973,


conformándose el Congreso del siguiente modo: Partido Radical, 7 diputados y 5
senadores; Partido Nacional, 34 diputados y 8 senadores; Partido Socialista, 28
diputados y 8 senadores; Partido Comunista, 25 diputados y 9 senadores; Democracia
Cristiana, 50 diputados y 19 senadores; otros partidos, 8 diputados y 1 senador.

Al darse a conocer el resultado de la jornada electoral, el Presidente Allende se sintió,


por una parte, contando siempre con el apoyo de una mayoría parlamentaria, aunque
no tan amplia como él la esperaba, y autorizado por eso para continuar, procediendo
con mayor cautela, el proceso de marcha hacia el socialismo, pero forzado a tomar en
cuenta, por otra, que en vastos sectores de la oposición cundía el desánimo al
constatar ésta la dificultad de conseguir una pronta rectificación en la dirección del
Estado. Manifestación del ánimo que predominaba en la oposición era, por ejemplo, el
desconocimiento en círculos de extrema derecha de la pureza misma del acto electoral,
el que era atribuido en grado determinante a la intervención gubernativa y en especial
a maniobras oportunamente efectuadas en el proceso de inscripción ciudadana.
Expresión, asimismo, del ambiente en que la oposición se movía en esos días fueron los
incidentes que reflejaban el deseo de algunos sectores de obtener la intervención de
las Fuerzas Armadas y su desacuerdo con el parecer del Comandante en Jefe del
Ejército, general Carlos Prats González, firmemente adverso a tal intervención y a quien
se consideraba, por otro lado, muy comprometido con la postura del Presidente y, en
todo caso, enérgicamente inclinado a mantenerse leal al gobierno legítimo.

Es oportuno anotar que personeros de las diversas ramas castrenses habían integrado
ya, asumiendo varias carteras ministeriales, los gabinetes el 6 de abril y 2 de noviembre
de 1972, y los días 31 de enero, 9, 18 y 28 de agosto de 1973.

85.Diálogo Allende-Democracia Cristiana. Presentándose el panorama político recién


descrito, se dio a conocer la intención del Presidente de dialogar con la Democracia
Cristiana. Fundado en tal espíritu, el Arzobispo de Santiago, Cardenal Raúl Silva
Henríquez, invitó al Primer Mandatario a conversar en su casa con el jefe de dicho
partido, senador Patricio Aylwin Azócar. Sobre esas bases, y sostenido por la directiva
de su colectividad, el señor Aylwin dio a entender su disposición a tal diálogo,
explicando los motivos que para ello le animaban en la sesión del Senado del 11 de
junio de 1973.

Dos reuniones se celebraron, en efecto, el 30 de julio de 1973 en la casa del Cardenal,


sin otra consecuencia que la proposición del señor Allende de constituir comisiones
especiales entre el Gobierno y la Democracia Cristiana, encargadas de estudiar los
88
medios apropiados para llegar a consenso en los puntos en desacuerdo y generar las
proposiciones que, acogidas, se someterían a la aprobación de uno y otra. El señor
Aylwin -consultada su colectividad- contestó por escrito a tal proposición, exponiendo
los motivos por los que, a su juicio, no resultaba viable acogerla, en razón de la misma
gravedad y apremio de la situación y de existir ya consenso mayoritario en el país, en lo
fundamental, en cuanto a la solución que debía darse a las cuestiones en discrepancia.
Insistió por ello el señor Aylwin en su punto de vista en orden a que el Presidente
Allende "afianzaría su autoridad constitucional y preservaría la institucionalidad de la
República si constituyera un ministerio con participación institucional de las Fuerzas
Armadas, con poderes suficientes, en mandos supremos y medios, para asegurar el
efectivo cumplimiento de las decisiones de Vuestra Excelencia, dentro del marco de la
Constitución y las leyes, aplicadas a todos por parejo". El señor Allende envió, el 1º de
agosto, una nueva carta al senador Aylwin, proponiéndole esta vez tramitar "una
Reforma Constitucional que declare un régimen de excepción, en cuanto a que no se
requerirá insistencia para entenderse aprobado el proyecto de áreas de la economía y
tenencia de tierras y la promulgación conjunta de todos los proyectos en discusión"; y
expresando también que con tal reforma quedaría "abierto el camino para abordar los
problemas económicos, sociales y políticos que hoy están amenazando la paz interna y
la unidad nacional frente a presiones extranjeras".

86.El acuerdo de la Cámara de Diputados. La Cámara de Diputados adoptó, el 22 de


agosto, un acuerdo de trascendental importancia. Reconoció el documento en sus
considerandos "que es un hecho que el actual Gobierno de la República, desde sus
inicios, se ha ido empeñando en conquistar el poder total..." (5º) y "que para lograr ese
fin el Gobierno no ha incurrido en violaciones aisladas de la Constitución y las leyes,
sino que ha hecho de ellas un sistema permanente de conducta, llegando a los
extremos de desconocer y atropellar sistemáticamente las atribuciones de los demás
poderes del Estado, violando habitualmente las garantías que la Constitución asegura a
todos los habitantes de la República, y permitiendo y amparando la creación de
poderes paralelos ilegítimos..." (6º). Continúa el acuerdo de la Cámara precisando sus
afirmaciones en relación particularmente al Congreso Nacional, al Poder Judicial, a la
Contraloría, a las garantías y derechos fundamentales, a los grupos sediciosos y a los
cuerpos armados (considerandos 7º a 12º). Luego afirma en los considerandos 13º y
14º:

"13º Que al constituirse el actual Ministerio con participación de alto miembros de las
Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Carabineros, el Excmo. señor Presidente de la
República lo denominó "de seguridad nacional" y le señaló como tareas fundamentales
las de "imponer el orden político", e "imponer el orden económico", lo que sólo es
concebible sobre la base del pleno restablecimiento y vigencia de las normas
constitucionales y legales que configuran el orden institucional de la República".

"14º Que las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros son y deben ser, por su
propia naturaleza, garantía para todos lo chilenos y no sólo para un sector de la Nación
o para una combinación política. Por consiguiente, su presencia en el Gobierno no
puede prestarse para que cubran con su aval determinada política partidista y
minoritaria, sino que debe encaminarse a restablecer las condiciones de pleno imperio
89
de la Constitución y las leyes y de convivencia democrática indispensable para
garantizar a Chile su estabilidad institucional, paz civil, seguridad y desarrollo".

El acuerdo de la Cámara así fundamentado llegó a las siguientes conclusiones:

"PRIMERO. Representar a S.E. el Presidente de la República y a los señores Ministros de


Estado, miembros de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Carabineros, el grave
quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República que entrañan los
hechos y circunstancias referidos en los considerandos Nos 5 a 12 precedentes".

"SEGUNDO. Representarles, asimismo, que, en razón de sus funciones, del juramento


de fidelidad a la Constitución y a las leyes que han prestado y, en el caso de dichos
señores Ministros, de la naturaleza de las instituciones de las cuales son altos
miembros y cuyo nombre se ha invocado para incorporarlos al Ministerio, les
corresponde poner inmediato término a todas las situaciones de hecho referidas, que
infringen la Constitución y las leyes, con el fin de encauzar la acción gubernativa por las
vías del Derecho y asegurar el orden constitucional de nuestra patria y las bases
esenciales de convivencia democrática entre los chilenos".

"TERCERO. Declarar que, si así se hiciere, la presencia de dichos señores Ministros en el


Gobierno importaría un valioso servicio a la República. En caso contrario,
comprometerían gravemente el carácter nacional y profesional de las Fuerzas Armadas
y del Cuerpo de Carabineros, con abierta infracción a lo dispuesto en el artículo 22 de
la Constitución Política y con grave deterioro a su prestigio institucional".

"CUARTO. Transmitir este acuerdo a S.E. el Presidente de la República y a los señores


Ministros de Hacienda, Defensa Nacional, Obras Públicas y Transportes y Tierras y
Colonización".

87.Los últimos días de la presidencia de Allende. El Presidente Allende, en manifiesto


de 24 de agosto, respondió extensamente al acuerdo de la Cámara de Diputados y en
él sostuvo, entre muchas afirmaciones, que el único camino que debió seguir era la
acusación constitucional y que "pedir a las Fuerzas Armadas y Carabineros que lleven a
cabo funciones de gobierno al margen de la autoridad y dirección política del
Presidente de la República es promover el golpe de Estado".

Tres días después, el 29 de agosto, el Consejo General del Colegio de Abogados, que
había representado de diversos modos y reiteradamente las graves irregularidades que
observara en el estricto cumplimiento del ordenamiento jurídico, después de hacer una
síntesis de sus apreciaciones, sostuvo que las circunstancias producidas "crean
impedimentos que dificultan el desempeño del Presidente de la República en los
términos, con las prerrogativas y con la dignidad que la Constitución Política del Estado
le confiere al cargo" y que "sólo el Congreso se encuentra en condiciones de resolver si
dichos impedimentos revisten el carácter que exige la norma del Nº 4 del art. 43 de la
Carta Fundamental". Se explica con tales antecedentes que, ya producida la crisis
constitucional, en extenso documento, dicho Colegio, junto con lamentarlo, explicara
los motivos que lo generaron ("Quiebre del Estado de Derecho durante el régimen
90
marxista de Salvador Allende y adhesión del Colegio de Abogados al nuevo Gobierno
de Chile", octubre de 1973, Imprenta y Litografía Roma, 60 págs. y "El Colegio de
Abogados y el nuevo Gobierno de Chile", en RDJ, tomo LXX, 1ª parte, pág. 282).

Con fecha 4 de septiembre, el Consejo Nacional de la Democracia Cristiana,


refiriéndose al acuerdo de la Cámara de Diputados de 22 de agosto, anunció que la
acusación constitucional a los ministros responsables de las infracciones representadas
por la Cámara debería interponerse a comienzos de la semana siguiente, y que la Mesa
Directiva quedaba facultada para designar una comisión de diputados y juristas que la
redactaran. Más tarde, el 9 de ese mismo mes, se dio a conocer la decisión de los
presidentes provinciales del partido de propiciar la renuncia de sus parlamentarios
para que, junto con la dimisión de los congresales de los demás partidos y de la del
propio Presidente de la República, se hiciera posible al pueblo chileno elegir un nuevo
Presidente y un nuevo Congreso, en un proceso democrático cuya corrección debería
garantizarse por las Fuerzas Armadas (documentos recopilados por El Mercurio de 2 de
marzo de 1986).

Reiteradas afirmaciones de personeros muy cercanos al Presidente Allende han


afirmado que el 11 de septiembre de 1973 el Jefe del Estado se aprestaba justamente a
anunciar, por los diversos medios de comunicación social, su decisión de convocar al
país a un plebiscito, a fin de que se pronunciara éste acerca de la discrepancia jurídica
surgida en relación al proyecto de reforma constitucional sobre la fijación de las
distintas áreas de la economía.

88.Problemas en la aplicación de la Carta de 1925. Conviene, a nuestro juicio, incluir en


esta síntesis de la evolución institucional del país una apreciación tocante a lo que
significó la Constitución de 1925 y a si debe o no atribuirse fundamentalmente a sus
defectos y limitaciones la causa determinante del quiebre de la institucionalidad
sufrido el 11 de septiembre de 1973.

Un juicio acerca del tema recién propuesto requiere advertir previamente que, según
creemos, no ha de tomarse como base para plantearlo tan sólo la sustancia normativa
que contemplaba el texto inicial de 1925, ya que éste experimentó las diversas
reformas que quedaron anotadas.

89.Omisiones del legislador. Es del caso tener en cuenta, desde luego, que el legislador
no cumplió en asuntos relevantes los encargos que le hiciera el constituyente.

Si en 1925 se vivía, en efecto, en un Estado fuertemente unitario, pero que propendía a


la descentralización funcional y territorial, el gobierno central, por su lado, desarrolló y
aun exageró desde entonces su gravitación, tanto por el incremento de las funciones
estatales generado por la gestión económica como por no dictarse la ley que
estableciera las Asambleas Provinciales previstas en la Carta, provocando con ello la
desfiguración del régimen territorial, que debió quedar únicamente conformado por
los municipios, con el debilitamiento consiguiente de la autonomía provincial que tal
omisión habría de generar. Se faltó, así, en forma abierta también a la voluntad de la
Carta de que las leyes procedieran a la descentralización del régimen administrativo
91
interior (arts. 94 y 107). Por otra parte, la defensa del particular afectado ante las
demasías de la Administración se vio dificultada al no cumplirse tampoco con la misión
dada al legislador de organizar los tribunales administrativos (art. 87). La reparación de
la arbitrariedad judicial, prevista, asimismo, por la Ley Fundamental, se hizo imposible
al no dictarse la legislación que se requería para hacer efectiva la obligación del Estado
de indemnizar a la persona absuelta o sobreseída en el proceso penal (art. 20).

Las omisiones del legislador recién citadas revistieron especial gravedad si se tiene
presente que el modelo norteamericano del gobierno presidencial se proyectó para el
federalismo, en el que los estados o regiones integrantes gozan de amplia autonomía,
en tanto que, en un Estado unitario, el conjunto de atribuciones del Jefe del Estado
tiende a adquirir tal potencialidad e intensidad que se tornan excesivas. Más grave
resulta, en relación a los gobernados, el incumplimiento del citado art. 87, si se piensa
que, frente a las poderosas facultades del Poder Central, carecen los particulares de la
protección que les proporciona un sistema de jurisdicción contenciosa administrativa,
que los tribunales ordinarios, en general, no se atrevieron a asumir por la carencia de
un llamado explícito del legislador.

90.Perfeccionamientos interpretativos. La Constitución de 1925 no puede ser juzgada,


según dijimos, con sólo tomar en cuenta su letra inicial, si se tiene presente también
que a lo largo de su aplicación -principalmente en los períodos en que con mayor
fidelidad se respetó el ideal democrático- fueron imponiéndose precedentes, en vista
de la redacción defectuosa de determinados preceptos, que contribuyeron a esclarecer
varias de sus ambigüedades, salvándose algunas de sus carencias y afirmando su
inspiración. Veamos algunos ejemplos que abonan nuestra afirmación, que revisten
significación especial si se considera que, a la inversa, la institucionalidad jurídica se
mostró, por desgracia, incapaz de superar del modo elevado y pacífico demostrado en
las situaciones que recordaremos el conflicto interpretativo que más adelante se
produce sobre la aprobación de la ley destinada a diferenciar áreas en la economía.

91.Delegación de facultades. Mencionemos, en primer término, por su trascendencia,


que, en tanto la más sólida interpretación de la letra de la Carta y de los antecedentes
generados en el pasado institucional, debieron conducir al rechazo de la promulgación
de toda ley que permitiera al Jefe del Estado disponer por decreto en materia
legislativa, fueron no obstante imponiéndose amplias leyes delegatorias. En la primera
edición de este Tratado revisamos con amplitud tal cuestión (Tomo III, Nos 153 a 157,
págs. 154 a 165). Nos parece importante sintetizar aquí, sin embargo, los aspectos
básicos del problema que fuera motivo de tantas polémicas a lo largo de nuestra vida
republicana.

El texto primitivo de la Constitución de 1833 señalaba, como facultad exclusiva del


Congreso, autorizar al Presidente el otorgamiento de atribuciones extraordinarias
"debiendo señalarse expresamente las facultades que se le conceden, y fijar un tiempo
determinado a la duración de esta ley" (art. 36 Nº 6), en tanto que, declarado algún
punto del país en estado de sitio, se suspendía el imperio de la Constitución en el
territorio comprendido en la declaración (art. 161). Tales preceptos posibilitaron no
sólo la restricción de libertades permitida por la declaración del estado de sitio, sino la
92
promulgación de tan amplísimas leyes de delegación como la de 1837 -origen de las
llamadas Leyes Marianas-, que habilitaba al Presidente "para usar de todo el poder que
en su prudencia hallara necesario para conducir el Estado". La reforma de 1874 quitó,
por una parte, al estado de sitio la vastedad de efectos que la letra primitiva le
señalaba, limitándolo a determinadas restricciones de la libertad personal, y
contempló, por otra, la posibilidad de dictar leyes excepcionales, de duración
transitoria, que en graves casos permitieran restringir la libertad personal y la de
imprenta y suspender o restringir el derecho de reunión. "Fuera de los casos previstos
en este inciso -agregó dicha reforma- ninguna ley podrá dictarse para suspender o
restringir las libertades o derechos" asegurados en el art. 12 de la Carta.

La Constitución de 1925 reprodujo en términos muy semejantes el marco que en 1874


precisara tanto el ámbito del estado de sitio como el de la ley de facultades especiales
(arts. 72 Nº 17 y 44 Nº 13). Tan categórica ratificación de ambos aspectos se hizo tras el
rechazo con que se recibió, al debatirse dicha Carta, la proposición del Presidente
Arturo Alessandri Palma de que se incorporara, entre las materias de ley, la
autorización al Congreso para delegar en el Presidente sus facultades legislativas.

Ya en vigor la Constitución de 1925, el Presidente Ibáñez obtuvo, no obstante,


amplísimas leyes de delegación, que se las concedió tanto el Congreso elegido en 1926
-con el cual hubo de entenderse al comienzo de su primer período y que le despachó
autorizaciones tan vastas como las contenidas en las leyes Nos 4.113 y 4.156- como el
llamado Congreso Termal, del que obtuvo en 1931 la Ley Nº 4.945, tal vez la más
exagerada de todas las autorizaciones que se dieron bajo el imperio de aquella Carta.

Arturo Alessandri Palma, que conocía mejor que nadie la prohibición constitucional, no
recurrió, entre tanto, en momento alguno a impetrar el otorgamiento de facultades
extraordinarias durante su segunda administración (1932-1938). No ocurrió lo mismo
en los períodos presidenciales que le siguieron, y así, al señor Ríos se le dieron las
facultades contempladas en las leyes Nos 7.200, de 1942, y 7.747, de 1943; al señor
González Videla, las de la Ley Nº 8.837, de 1947; al señor Ibáñez, durante su segunda
administración (1952-1958), las de la Ley Nº 11.151, de 1953, y, en fin, al señor
Alessandri Rodríguez, la no menos amplia contemplada en la Ley Nº 13.305, de 1959.

En síntesis, si en las diversas oportunidades se reproducían vigorosamente sólidos


argumentos para recordar que el constituyente no autorizaba esta forma de legislación,
llegado el momento de la votación del proyecto respectivo, la mayoría parlamentaria
accedía, una y otra vez, al requerimiento de los Jefes del Estado, llegando a
conformarse así una costumbre contraria a la Constitución, en relación a la cual, en la
práctica, resultaba imposible oponerse. Sólo en 1970, en virtud de la reforma dispuesta
por la Ley Nº 17.284, vino a darse base constitucional a las leyes de delegación.

92.Los estados de emergencia. El debate sobre si la Constitución de 1925 permitía o no


dar paso a establecer otros estados excepcionales de restricción de las garantías
ciudadanas, además de aquellos previstos directamente en la propia Carta, fue
cuestión que surgió con motivo de la dictación de la Ley Nº 7.200, de 1942, cuyo art. 23
concedía al Presidente la facultad de declarar "zonas de emergencia" en casos de
93
"peligro de ataque exterior o de invasión o de actos de sabotaje en contra de la
seguridad nacional". Fundándose en la declaración pertinente, podían adoptarse no
sólo las medidas de restricción contempladas para los casos de estado de sitio o las
comprendidas según la ley de facultades especiales (arts. 44 Nº 13 y 72 Nº 17), sino
dictarse además medidas encaminadas a mantener el secreto sobre obras y noticias de
carácter militar o movimiento de barcos.

A la institución de tales zonas de emergencia se le dio carácter permanente al


incorporarse los arts. 33 a 36 a la Ley Nº 12.927, de Seguridad Interior del Estado
(1958), preceptos que autorizaron la declaración de lo que se llamó "estados de
emergencia". La introducción de esta especie de tipo de restricción de las garantías
ciudadanas no pareció a muchos comentaristas que cabía en la letra de la Carta, la que,
como recordamos, al reglamentar la ley de "facultades especiales" -conocida entonces
de modo inapropiado como de "facultades extraordinarias"- precisó categóricamente,
como ya se dijo, que, fuera de ella, "ninguna otra ley podía dictarse para suspender o
restringir las libertades o derechos" que la Constitución asegura.

Desarrollamos ampliamente este tema en la primera edición de este Tratado y a ella


remitimos ahora a quien requiera mayores antecedentes (Tomo II, Nos 388 a 390, págs.
369 a 374).

93.Término del estado de sitio decretado por el Presidente. Desde el inicio de la


aplicación regular de la Constitución de 1925, o sea, según dijimos, durante la segunda
gestión del Presidente Alessandri Palma, surgieron dudas en orden a la interpretación
que correspondía dar al inciso 2º del art. 17, que disponía: "En caso de conmoción
interior, la declaración de hallarse uno o varios puntos en estado de sitio, corresponde
al Congreso; pero, si éste no se hallare reunido, puede el Presidente hacerlo por un
determinado tiempo. Si a la reunión del Congreso no hubiere expirado el término
señalado, la declaración que ha hecho el Presidente se entenderá como una
proposición de ley".

Como en 1936 se decretara un estado de sitio cuyo plazo de vigencia no estaba aún
vencido al reunirse el Congreso, y ya éste en funciones continuaran, sin embargo,
ordenándose relegaciones en uso de tal decreto, se acusó al Ministro del Interior Luis
Salas Romo. La acusación fue rechazada, precisándose -por la Comisión de Legislación y
Justicia de la Cámara de Diputados y en seguida por el pleno de ésta- que la
declaración del estado de sitio debía entenderse siempre vigente no obstante estar ya
reunido el Congreso y mientras durara el plazo por el cual se había decretado. Poco
después, la Cámara representó al Ejecutivo su parecer de que, en esa situación, se
producía la automática suspensión del estado de sitio decretado por el Presidente, por
la mera circunstancia de que el Congreso se reuniera. Esta doctrina tuvo suerte variable
en la jurisprudencia, aunque prevaleció, por sentencias de la Corte Suprema, la
interpretación favorable a estimar que, en tal hipótesis, continuaba el estado de sitio
decretado por el Presidente mientras regía el plazo todavía en curso a reunirse el
Congreso y hasta su vencimiento. Quedó así abierto el debate.

94
Entre tanto, durante la segunda administración de Carlos Ibáñez ocurrió que,
transcurriendo los últimos días de la legislatura ordinaria de 1954, dictó el ejecutivo los
decretos de 20 y 21 de septiembre, que declararon en estado de sitio a casi todo el
territorio nacional, fundados en el temor de una tramitación dilatoria de la ley de
facultades especiales que el Primer Mandatario había solicitado. Al darse cuenta de
dichos decretos en la legislatura extraordinaria siguiente se suscitaron nuevamente
dudas sobre cuál debía ser la recta interpretación que correspondía dar al precepto
constitucional. Para aclararlas se pidió informe a la Comisión de Constitución,
Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados. Como en el Senado se propusiera y
aprobara por su lado la designación de una comisión mixta especial para estudiar la
misma materia y esta medida fuera también apoyada en la Cámara de Diputados, se
emitió un informe de la comisión mixta así formada el 23 de noviembre de 1954. Este
dictamen fue aprobado al día siguiente por ambas Cámaras, las que luego rechazaron
el estado de sitio decretado por el Presidente. Tal actuación de las Cámaras fue
estimada inválida por el Ministro del Interior Arturo Olavarría Bravo, en razón de no
haberse pronunciado ellas sobre la ley delegatoria que, según él, correspondía dictar.
Así, pues, el Gobierno siguió considerando que el estado de sitio que él decretara
continuaba vigente, a pesar del acuerdo de las Cámaras que categóricamente habían
rechazado su declaración. Esta reacción del Ejecutivo dio origen a una acusación
constitucional que se interpuso ante la Cámara en contra del mencionado Ministro de
Estado, enviada al archivo sólo cuando el Gobierno estuvo dispuesto a respetar la
decisión del Congreso. El Presidente Ibáñez, no obstante, simulando obediencia firmó
un decreto que ponía término, pero sólo desde la fecha de él, a su declaración de
estado de sitio, sin reconocer que éste estaba ya caducado por la decisión del
Congreso. El Contralor General de la República representó la inconstitucionalidad de
los términos del decreto presidencial y lo devolvió al Ejecutivo. El vivo episodio, que
inquietó a la ciudadanía, terminó con la renuncia del Ministro señor Olavarría y con el
reconocimiento por el Gobierno de que la cesación del estado de sitio se había
producido de inmediato desde el acuerdo del Congreso.

Las consecuencias de este conflicto se recogieron en el art. 37 de la Ley Nº 12.927,


sobre Seguridad Interior del Estado, precepto que acogió la mayoría de las
conclusiones a las que, en detenido estudio y con diversas discrepancias, había llegado
la comisión mixta anteriormente mencionada.

Los acontecimientos narrados representaron una crisis política de inusitada gravedad,


que pudo llevar a la ruptura de la institucionalidad misma si no hubiera predominado la
recta intención y el patriotismo de todos los actores.

La Constitución de 1980 recoge en su texto la enseñanza que arrojó la incidencia


recordada (art. 40 Nº 2).

Habíamos narrado minuciosamente los diversos aspectos de esta polémica en la


primera edición de este Tratado (Tomo II, Nos 361 a 373, págs. 345 a 359).

94.Convocatorias a legislatura extraordinaria. El uso de la facultad concedida por la


Carta a la mayoría en ejercicio de una u otra Cámara de convocar a legislatura
95
extraordinaria -que en tal caso abría la posibilidad de tratar de todos los asuntos de
incumbencia del Congreso- fue causa también de una grave desinteligencia entre el
Ejecutivo y las Cámaras.

Jorge Alessandri Rodríguez propició y obtuvo la promulgación de una ley que


aumentaba en un 15% las remuneraciones del sector público y, en el curso de la
tramitación simultánea de otro proyecto análogo aplicable al sector privado, las
directivas políticas que sustentaban su gobierno decidieron apoyar un aumento de un
25%. En tal circunstancia, el Presidente resolvió retirar su proyecto de la legislatura
extraordinaria e hizo un llamado a los empresarios a que se adelantaran a dar
voluntariamente el alza del 15%. Después de larga gestión política, el Presidente
consiguió que su proyecto se aprobara en la Cámara del modo como él lo deseaba,
pero en el Senado se impuso el aumento del 25%. Al pasar la iniciativa en tercer
trámite a la Cámara de Diputados, el Ejecutivo volvió a retirar el negocio de la
convocatoria. En tales circunstancias, la mayoría del Senado requirió, por su parte, al
presidente de la Alta Cámara la convocatoria a la legislatura extraordinaria por el
Congreso. El Presidente del Senado, Hugo Zepeda Barrios, resolvió no dar curso a la
convocatoria pedida por su corporación, en razón de encontrarse convocada ya a
legislatura por el Presidente de la República. La mayoría de la Alta Cámara estimó,
entre tanto, que con esa actitud el señor Zepeda infringía la Constitución, por lo cual
éste presentó la renuncia a su cargo. Pendiente la decisión del Senado tocante a la
admisión o rechazo de la dimisión de su presidente, los comités de los partidos que
representaban la mayoría de la Cámara de Diputados manifestaron al Primer
Mandatario que estaban dispuestos a aprobar el proyecto en la forma que se había
presentado en el primer trámite, o sea, como él lo deseaba. Con tal fundamento, el
señor Alessandri envió el proyecto por tercera vez. En definitiva, en sesión de 15 de
enero de 1963, fue desechada la renuncia del señor Zepeda, el proyecto cursó sus
últimos trámites y se convirtió en ley de la República en los términos que el Presidente
propiciara.

Efecto de tan agitada incidencia fue la formación de una comisión mixta de senadores y
diputados, llamada a informar sobre si podían coexistir o eran excluyentes la
convocatoria por el Presidente de la República y la autoconvocatoria del Congreso; si
en la legislatura extraordinaria el Ejecutivo podía tratar de otros asuntos o si éstos
debían ser materia de nuevas convocatorias; si un proyecto que figuraba ya en la
convocatoria podía el Ejecutivo retirarlo por su sola y exclusiva voluntad; y si el Jefe del
Estado, también por su exclusiva decisión y aún pendiente la tramitación de los
proyectos, podía clausurar la legislatura extraordinaria que él mismo había convocado.

En la primera edición de esta obra nos referimos extensamente a este conflicto


interpretativo, que incidía en el art. 57 de la Constitución de 1925 (Tomo I, Nos 398 a
404, págs. 508 a 520).

La Constitución de 1980 recoge la lección emanada de este debate, en su art. 52.

95.La crisis interpretativa de 1954. Habiéndose incorporado a la Constitución de 1925


la modificación dispuesta por la Ley Nº 17.284, que comprendió el establecimiento del
96
Tribunal Constitucional, surgió la duda de si un Ministro -en el caso fue el de Interior
señor José Tohá González-, estando suspendido en su cargo por haberse acogido en la
Cámara de Diputados acusación deducida en su contra, podía ser designado en otra
cartera y permanecer en ella.

Presentada la cuestión al Tribunal Constitucional, por el número de senadores


requerido, para que esa jurisdicción declarara que el señor Tohá no había podido ser
designado como nuevo Ministro, dicho Tribunal no dio lugar al requerimiento,
sosteniendo fundamentalmente que "no existe disposición expresa que consagre la
inhabilidad" (fallo de 10 de febrero de 1972, rol Nº 30). Dicha sentencia fue acordada
en contra del parecer de su integrante Ministro de la Corte Suprema Rafael Retamal
López, quien, en extenso voto de minoría, estimó que debía darse lugar a tal
requerimiento. En relación con el fundamento 26 del fallo, el señor Retamal dejó en
claro que, a su juicio, la suspensión producida por el acuerdo de la Cámara acarreaba
no sólo la imposibilidad de continuar desempeñando el cargo en relación al cual se
dedujera, sino que le impedía, mientras duraba tal suspensión, acceder a funciones
similares, como eran las de Ministro de Estado en otra cartera.

El tema deberá ser replanteado cuando se analicen las consecuencias de la suspensión


dispuesta por la Cámara en la Constitución en vigencia (art. 48 Nº 2, inciso final).

96.Reformas de la Ley Nº 7.727. La primera de las reformas introducidas a la Carta de


1925 se gestó durante el gobierno del Presidente Juan Antonio Ríos, fue reclamada
vigorosamente por su Ministro de Justicia Oscar Gajardo Villarroel y acogida por la Ley
Nº 7.727, de 23 de noviembre de 1943.

La reforma persiguió tres objetivos básicos:

a) Disminuir el ámbito de la libertad de iniciativa legislativa confiada a los


parlamentarios y entregar a la exclusividad del Presidente de la República las
proposiciones de ley en materias de alteración de la división política o administrativa,
creación de nuevos servicios públicos o empleos rentados y concesión o aumento de
sueldos y gratificaciones al personal de la Administración Pública, de las empresas
fiscales y de las instituciones semifiscales (art. 45).

De tal modo se incorporó a la preceptiva de la Carta una idea desechada en 1925


(Actas, págs. 226, 351, 411). Hubo en amplios sectores de la ciudadanía tendencia a
atribuir el desorden administrativo y económico principalmente a la aprobación de
iniciativas de ley provenientes de los congresales, que, según sus críticos, se inspiraban
en afanes demagógicos de conquista del electorado y reflejaban su despreocupación
por la suerte de los negocios del Estado y de sus finanzas.

b) Dar jerarquía constitucional a la Contraloría General de la República, organismo que


tenía desde mucho antes existencia puramente legal, y señalar sus principales
atribuciones, y, entre éstas, el control de juridicidad del ejercicio de la potestad
reglamentaria (art. 21).

97
c) Extirpar la extendida corruptela de permitir al Presidente de la República el giro de
gastos no amparados por autorización legal, ordenados mediante el abuso de los
decretos de insistencia, sustituyéndolo por la facultad que se le otorgó de que, en
determinadas situaciones y cumpliendo ciertos requisitos, pudiera decretar pagos no
autorizados por la ley, para los efectos también señalados, y hasta por el 2% del
presupuesto de gastos aprobados (art. 72 Nº 10). Se originaron así los llamados
"decretos de emergencia económica", que habrán de conservarse en el texto de 1980.

Estos perfeccionamientos institucionales se confirmaron en la Carta de 1980 (arts. 32


Nos 22, 62, 87 y 89).

97.Reformas de la Ley Nº 12.548. Por segunda vez se modificó la Carta al promulgarse


la Ley Nº 12.548, de 30 de septiembre de 1957. Se inspiró ésta en el propósito de
facilitar la adquisición de la carta de nacionalización, sin renuncia de la nacionalidad
precedente, por los nacidos en España que cumplieran las condiciones que el texto
precisaba (arts. 5º Nº 3 y 6º Nº 1). Se introdujo, además, un recurso especial de
reclamación, sometido al conocimiento y fallo de la Corte Suprema como jurado, en
contra de la cancelación de la carta de nacionalización y se prohibió decretar ésta
respecto de las personas que estuvieran ejerciendo cargos de elección popular (art. 6º
Nº 2). Se estableció, en fin, que no se perdía la nacionalidad chilena en los casos en
que, a virtud de disposiciones legales o constitucionales de otros países, los chilenos
residentes en ellos debieran adoptar la nacionalidad del país en que residían como
condición de su permanencia (art. 6º, inciso final).

Los cambios enunciados se ratificaron con algunas variaciones en 1980 (arts. 10 a 12).

98.Reformas de la Ley Nº 13.296. La tercera alteración de la Ley Fundamental,


dispuesta como la anterior durante el segundo período de Ibáñez, se acogió en la Ley
Nº 13.296, de 2 de marzo de 1959. Su objetivo fue extender de tres a cuatro años la
duración del mandato de los regidores (art. 102) e imponer así la alternancia, cada dos
años, de la elección de regidores, por una parte, y de la elección general de diputados y
senadores, por la otra (10ª norma transitoria).

99.Reformas de la Ley Nº 15.295. La cuarta reforma se contempló en la Ley Nº 15.295,


de 8 de octubre de 1963. Fue propuesta por Jorge Alessandri a fin de llevar a ejecución
la Ley Nº 15.020, de 27 de noviembre de 1962, que declaraba de utilidad pública, y por
lo tanto expropiables, los predios que se necesitaran para realizar la Reforma Agraria,
encaminada al cumplimiento del deber del Estado de propender a la conveniente
división de la propiedad. Tal modificación se imponía en atención a que el art. 10 Nº 10
de la Constitución obligaba al pago de justa indemnización al expropiado, el cual debía
ser íntegro y previo, como lo había confirmado la jurisprudencia. Ahora bien, la elevada
cuantía del valor económico que podían tener los predios expropiables y la falta en el
Estado de recursos suficientes para pagar el justo precio antes de hacer efectivo el
desposeimiento, provocaban la imposibilidad real de efectuar la expropiación
autorizada por el legislador. En virtud de la reforma constitucional se permitió al juez
autorizar la toma de posesión material del bien expropiado, después de dictada la
sentencia de primera instancia, cuando se tratara de expropiaciones para obras
98
públicas de urgente realización o de predios rústicos, siempre que sólo se hubiere
reclamado por parte del expropiado del monto de la indemnización y se diera
previamente al dueño el total o la parte de ella definida por el nuevo precepto. La
reforma configuraba, en fin, una situación especial en cuanto a la expropiación de
predios rústicos abandonados o manifiestamente mal explotados.

100.Reformas de la Ley Nº 16.615. El propósito de la quinta reforma, contemplada en


la Ley Nº 16.615, de 20 de enero de 1967, fue, a su vez, hacer posible la ejecución del
plan del Presidente Frei tendiente a efectuar una reforma agraria mucho más extensa e
intensa que la dispuesta con anterioridad por la citada Ley Nº 15.020.

Los aspectos fundamentales recayeron en las siguientes finalidades:

a) Asegurar el derecho de propiedad en sus diversas especies.

b) Encargar a la ley la determinación del modo de adquirir la propiedad, de usar, gozar


y disponer de ella y las limitaciones y obligaciones que permitan asegurar su función
social y hacerla accesible a todos, determinando qué es lo que comprende la función
social del dominio.

c) Permitir a la ley establecer la reserva al Estado del dominio exclusivo de recursos


naturales, bienes de producción u otros que declare de importancia preeminente para
la vida social, cultural o económica del país.

d) Precisar las bases de la determinación y pago de la indemnización al expropiado,


entre las cuales se comprendió una norma especial aplicable a la expropiación de
predios rústicos.

e) Confiar a la ley la facultad de reservar al dominio nacional el uso público de todas las
aguas existentes en el territorio nacional y la de expropiar, para incorporarlas a dicho
dominio, las que fueran de propiedad particular.

f) Declarar que la pequeña propiedad rústica habitada por su dueño no podría ser
expropiada sin previo pago de indemnización.

Oportunamente, al estudiar el Nº 24 del art. 19 de la actual Constitución, se analizará


hasta qué punto la nueva norma recoge o altera el régimen de dominio que fuera
definido por la Ley Nº 16.615.

101.Reformas de la Ley Nº 16.672. Por sexta vez, y esto por segunda ocasión dentro de
la presidencia del señor Frei Montalva, se modificó la Carta de 1925 por Ley Nº 16.672,
de 2 de octubre de 1967, a fin de elevar a diez las circunscripciones senatoriales (art.
40), incluyendo, al efecto, las normas transitorias pertinentes para hacer efectivo ese
cambio.

99
102.Reformas de la Ley Nº 17.284. La séptima reforma se introdujo asimismo durante
el período de Frei Montalva, a través de la Ley Nº 17.284, de 23 de enero de 1970. Las
materias de mayor relevancia a las cuales se extiende son, en síntesis, las siguientes:

a) Conceder derecho a voto a los mayores de 18 años y a los analfabetos (arts. 7º y 27).

b) Facilitar la salida del Presidente de la República y de los Ministros de Estado fuera


del territorio nacional (arts. 39, 43 y 67).

c) Permitir al Presidente dictar decretos con fuerza de ley, previa delegación de


facultades por el legislador, y establecer el marco de la respectiva autorización y la
forma de control de los cuerpos normativos que se dictaren (art. 44 Nº 15).

d) Entregar a la exclusividad del Presidente de la República la iniciativa legal en materia


económica y social (art. 45).

e) Reglamentar, en orden al proceso de formación de la ley, la calificación de las


urgencias (art. 46), disponer que las adiciones o correcciones y las observaciones a un
proyecto sólo se admitan si dicen relación con sus ideas matrices o fundamentales
(arts. 48 y 53), posibilitar la creación de comisiones mixtas de diputados y senadores
para facilitar el acuerdo de las Cámaras en la formación de la ley (art. 51) y fijar plazos
para su promulgación y publicación (art. 55).

f) Crear un Tribunal Constitucional compuesto de cinco ministros reelegibles, tres de


ellos designados por el Presidente de la República con acuerdo del Senado y dos por la
Corte Suprema de entre sus miembros (art. 78 a). Las atribuciones del Tribunal
comprendieron resolver las cuestiones sobre constitucionalidad en la tramitación de
los proyectos de ley y de los tratados; la constitucionalidad de los decretos con fuerza
de ley y la de la convocatoria a plebiscito; resolver sobre las inhabilidades
constitucionales y legales de los Ministros de Estado; pronunciarse sobre los reclamos
en caso de que el Presidente no promulgue una ley cuando deba hacerlo o promulgue
un texto diverso del aprobado y, en fin, decidir las cuestiones de competencia que
determine la ley (art. 78 b). Contra las resoluciones del Tribunal Constitucional no
procedería recurso alguno; las disposiciones que el Tribunal declarara
inconstitucionales no podrían convertirse en ley; y, resuelto que un precepto era
constitucional, la Corte no podía declararlo inaplicable por el mismo vicio materia de la
sentencia (art. 78 c).

g) Permitir al Presidente, en materia de reforma constitucional, consultar a los


ciudadanos en plebiscito, tanto cuando un proyecto presentado por él fuera rechazado
por el Congreso como cuando éste hubiere rechazado total o parcialmente las
observaciones formuladas por el Presidente de la República (arts. 108 y 109).

Al estudiar la preceptiva de la Carta de 1980 se podrá aquilatar el alcance de la


influencia que ella recibió de parte de la reforma más amplia que logró introducir a la
Constitución precedente el Presidente Eduardo Frei Montalva.

100
103.Reformas de la Ley Nº 17.398 (Estatuto de Garantías). La octava reforma se
implantó por la Ley Nº 17.398, de 9 de enero de 1971, llamada, según se dijo, "Estatuto
de Garantías", convertido éste en condición para la entrega de la Presidencia por el
Congreso Pleno a Salvador Allende, quien hubo de promulgarla. Todos sus preceptos
son de trascendental naturaleza sustantiva y sólo cabe aquí anotar los aspectos más
fundamentales:

a) La Constitución asegura a todos los ciudadanos el ejercicio libre de los derechos


políticos, dentro del sistema democrático y republicano y, a su vez, todos los chilenos
pueden agruparse en partidos políticos, a los que se les reconoce la calidad de
personas jurídicas de derecho público y cuyos objetivos son concurrir de manera
democrática a determinar la política nacional. A los partidos se les reconocen,
consecuentemente, diversas libertades y se les asegura el acceso a los distintos medios
de difusión (art. 9º).

b) La libertad de opinión se extiende a la televisión; se establece que "no podrá ser


constitutivo de delito o abuso sustentar o difundir cualquier idea política". Se da
jerarquía constitucional al derecho de rectificación y se establecen varias normas
encaminadas a fortalecer esa libertad (art. 10 Nº 3).

c) La educación es una función primordial del Estado, que se cumple a través de un


sistema nacional, del cual forman parte las instituciones oficiales de la enseñanza y las
privadas que colaboren en su realización, ajustándose a los planes y programas
establecidos por las autoridades educacionales; la educación que se imparta a través
del sistema nacional será democrática y pluralista y no tendrá orientación partidaria
oficial; se da rango constitucional a la Superintendencia de Educación y se consagran
las bases del estatuto de las universidades (art. 10 Nº 7).

d) La libertad de trabajo y su protección. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la


libre elección de éste, a una remuneración suficiente que asegure a ella y a su familia
un bienestar acorde con la dignidad humana y a una justa participación en los
beneficios que de su actividad provengan. Se asegura el derecho sindical y el de huelga
(art. 10 Nº 14).

e) El derecho a la seguridad social. El Estado adoptará todas las medidas que tiendan a
la satisfacción de los derechos sociales, económicos y culturales necesarios para el libre
desenvolvimiento de la personalidad y de la dignidad humanas, para la protección
integral de la colectividad y para propender a una equitativa distribución de la renta
nacional (art. 10 Nº 16).

f) El derecho a participar activamente en la vida social, cultural, cívica, política y


económica con el objeto de lograr el pleno desarrollo de la persona humana y su
incorporación efectiva a la comunidad nacional. El Estado debe remover los obstáculos
que limiten, en el hecho, la libertad de las personas y grupos.

g) La fuerza pública está constituida única y exclusivamente por las Fuerzas Armadas y
el Cuerpo de Carabineros, instituciones profesionales, jerarquizadas, disciplinadas,
101
obedientes y no deliberantes. Sólo en virtud de una ley podrá fijarse la dotación de
estas instituciones. La incorporación de tales dotaciones a las Fuerzas Armadas y a
Carabineros sólo podrá hacerse a través de sus propias instituciones especializadas,
salvo la del personal que deba cumplir funciones exclusivamente civiles (art. 22).

Los preceptos de esta reforma constitucional serán tomados en cuenta, sin duda,
aunque en varios aspectos apartándose de sus contenidos, en las labores de la
Comisión Ortúzar y en algún grado repercutirán en el contenido de la Constitución de
1980.

104.Reformas de la Ley Nº 17.420. La novena reforma, concretada en la Ley Nº 17.420,


de 31 de marzo de 1971, tuvo por finalidad darles derecho, en la elección de regidores,
a los extranjeros mayores de dieciocho años que hubieren residido por más de cinco en
el país.

105.Reformas de la Ley Nº 17.450. La décima y última reforma incorporada a la Carta


de 1925 -tercera promulgada por el Presidente Allende-, que se realizó mediante la Ley
Nº 17.450, de 16 de julio de 1971, tuvo como objetivos sustanciales:

a) Permitir que, cuando el interés de la comunidad nacional así lo exigiere, la ley pueda
no sólo reservar al Estado el dominio exclusivo de recursos naturales, bienes de
producción u otros que declare de importancia preeminente para la vida económica,
social o cultural del país -como lo había dispuesto la Ley Nº 16.615-, sino también la
posibilidad de nacionalizar tales bienes (art. 10 Nº 10, inciso 3º).

b) Modificar el régimen de la propiedad minera, haciendo descansar ésta en


concesiones que garanticen al beneficiario derechos a la concesión y no directamente a
la riqueza minera (art. 10 Nº 10, en los incisos que continúan al 3º).

c) Consagrar reglas especiales para cuando se trate de la nacionalización de actividades


o empresas mineras que la ley califique como "Gran Minería" (art. 10 Nº 10, después
de los incisos 5º y 7º).

d) Pronunciarse sobre los llamados "contratos leyes" en los siguientes términos: "En los
casos en que el Estado o sus organismos hayan celebrado o celebren con la debida
autorización o aprobación de la ley, contratos o convenciones de cualquiera clase en
que se comprometan a mantener en favor de particulares determinados regímenes
legales de excepción o tratamientos administrativos especiales, éstos podrán ser
modificados o extinguidos por la ley cuando lo exija el interés nacional". "En casos
calificados, cuando se produzca como consecuencia de la aplicación del inciso anterior,
un perjuicio directo, actual y efectivo, la ley podrá disponer una compensación a los
afectados" (incisos finales agregados al art. 10 Nº 10).

e) Mediante una norma transitoria se nacionalizan y se declaran, por tanto,


incorporadas al pleno y exclusivo dominio de la Nación, las empresas que constituyen
la Gran Minería del Cobre, las cuales se definen, precisándose la forma de dar la
adecuada indemnización en relación a ellas (17ª regla transitoria).
102
106.Plena aplicación de la Carta de 1925. Resulta adecuado y pertinente, después de
esta revisión del curso de la institucionalidad chilena ajustado a la Constitución de
1925, formular algunas observaciones vinculadas, por una parte, a los avances
experimentados por la sociedad nacional que pudieran atribuirse a méritos de su
preceptiva o, por lo menos, no perturbados por ésta, y, por otra, a las deficiencias
exhibidas por el régimen gubernativo trazado por ella, por cuya causa pudiera
explicarse en algún grado la generación de la crisis institucional de 1973.

Las reflexiones que persigan los objetivos señalados no podrán desconocer la influencia
de factores cuya ponderación escapa a la especialidad del constitucionalista, por
adentrarse más bien en la profundidad misma de la comunidad nacional, en su raíz
histórica y sociológica.

Nuestro punto de vista ha de respetar además las exigencias de objetividad e


imparcialidad inherentes a toda apreciación de carácter científico, virtudes que
resultan, por cierto, de más difícil observancia en un campo como el de la ciencia
política, condicionado tal vez más que cualquier otro a la relatividad que rodea todo lo
humano ajeno al dogma revelado.

Pues bien, aun observando tales precauciones, es del caso admitir, ante todo, que no
es razonable atribuir virtudes o defectos a la Constitución de 1925 en relación al
período anormal que transcurriera desde su promulgación hasta el advenimiento, el 24
de diciembre de 1932, de la segunda administración de Arturo Alessandri Palma. Es el
señor Alessandri el tercer Jefe de Estado elegido según esa Ley Fundamental y llega al
solio presidencial junto con la segunda jornada electoral de renovación parlamentaria
-si se descuenta el Congreso Termal- que tiene lugar bajo el imperio de dicha Carta y
con ánimo de respetar fielmente un documento que en tan alto grado proviniera de su
propia acción.

107.Valores del régimen practicado. Fueron cuarenta años (1932-1973) en los que se
sucedieron con perfecta regularidad ocho Presidentes de la República -dos de los
cuales fallecieron en el desempeño del mando- y ocurrieron también, con esa misma
normalidad, once renovaciones generales parlamentarias y doce elecciones
municipales.

A lo largo de la aplicación de la Constitución de 1925 la población chilena subió de


4.084.000 a 9.860.611 habitantes y el cuerpo electoral creció, por su lado, de 302.142 a
4.510.060 inscritos, o sea, se elevó dicho cuerpo de 7,3% a 45,7% de los habitantes,
incremento, como se ve, muy superior al aumento de la población. El notable
crecimiento del electorado ha de atribuirse no sólo al factor demográfico y a la difusión
de la cultura, sino a la concesión del sufragio femenino, por las reformas legales de
1934 y 1948, y al llamado a la ciudadanía de los mayores de dieciocho años y de los
analfabetos, que vino a disponerse en los últimos días de vigencia de la Carta, por la
Ley Nº 17.284, de 23 de enero de 1970.

103
La pureza de las consultas electorales se fue afirmando al mitigarse paulatinamente la
influencia de la intervención gubernativa en su preparación y ejecución mediante el
perfeccionamiento constante del régimen electoral; al resguardarse por las Fuerzas
Armadas la tranquilidad en la realización del propio acto electoral, como consecuencia
de la aplicación de la llamada Ley Olavarría, Nº 6.825, de 1941, y al eliminarse del todo
la práctica del cohecho, como resultado del progreso de la conciencia cívica y de la
implantación de la cédula única oficial por Ley Nº 9.292 (1958). La seriedad de los
procedimientos observados en las jornadas cívicas se robusteció también por la
actuación del Tribunal Calificador de Elecciones, que conquistó la confianza de la
colectividad nacional. Este organismo recogió en su jurisprudencia el avance surgido
como reacción frente a la dolorosa experiencia proveniente de los abusos que otrora
mancharon las jornadas populares. Respecto de este organismo jurisdiccional, cabe
recordar, sin embargo, la crisis producida en 1961, a la que se puso término mediante
el rechazo por la Cámara de Diputados de la acusación que se entablara en contra de
los Ministros de la Corte Suprema, integrantes del Tribunal Calificador, señores Osvaldo
Illanes Benítez y Miguel González Castillo; los antecedentes de esta crisis quedaron
expuestos ampliamente en la primera edición de este Tratado (Tomo II, Nº 188, págs.
192 a 194). Las enseñanzas recogidas de ese conflicto serán tomadas en cuenta al
comentar los actuales artículos de la Carta.

La continuada aplicación del sistema de votación de representación proporcional,


configurado de acuerdo con la fijación de la cifra repartidora según la fórmula creada
por Víctor D?Hondt, registró el multipartidismo propio de la cultura nacional, aunque
fue afirmándose la tendencia a convertirse en un pluripartidismo cada vez menos
acentuado, ya que, espontáneamente, en las últimas consultas anteriores a 1973, gran
parte del electorado se distribuyó en cinco grandes colectividades.

No vacilamos en anotar también entre los aspectos positivos que se observan y se


afirman a lo largo del período 1932-1973 los siguientes:

- La preservación y vigor no sólo de las libertades públicas que se proyectan


directamente en el campo político, sino que de todas las demás libertades, derechos,
garantías y recursos contemplados por la Carta que fueron manifestándose y
concretándose a través de una copiosa legislación, que dio paso a una estructura social
mucho más rica y a instituciones destinadas a buscar e imponer soluciones de justicia
social. Incluso los críticos más severos del sistema político reconocieron a Chile, en el
país y en el extranjero, como una de las naciones del continente que más había
avanzado hacia una democracia efectiva y auténtica. Tal reconocimiento provenía
también de quienes, extremando sus posiciones, admitían, por lo menos, que
constituía una democracia que decían formal, la cual les permitía, sin riesgos, formular
juicios exagerados y disponer de todos los medios de proyección sobre la opinión
nacional para que acogiera sus puntos de vista.

- La existencia de buenas relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica, subsecuentes a


la separación amistosamente convenida por ambos poderes y constatada en el propio
texto constitucional, contribuyó a un sólida colaboración mutua y efectiva tolerancia en
materia religiosa. La pretensión de unificar en una sola tienda política a quienes
104
deseaban hacer valer las conclusiones derivadas de sus creencias en el campo cívico
perdió su fuerza con la formación de la Falange Nacional (1938). Desgajada ésta del
Partido Conservador -que abogaba, entre tanto, por tal unificación dificultando la
libertad cívica de los católicos-, afirmó la existencia de expresiones políticas variadas
entre quienes profesaban los mismos ideales religiosos y dio origen, más adelante, al
Partido Demócrata Cristiano (1957).

- La seriedad del funcionamiento del Congreso Nacional con regularidad y disciplina,


pocas veces alterada en más de un siglo y medio de existencia independiente, dio
fundamento sólido a su prestigio institucional y procuró ser intérprete del sentir
nacional y tribuna en que se debatieran, generalmente con elevación y a menudo con
inflamada elocuencia, los grandes problemas colectivos, de lo cual era muestra
convincente el interés con que se seguían los debates, difundidos en su versión íntegra
por los diarios más leídos.

- La independencia con que cumplió sus tareas el Poder Judicial, no obstante las
escasas remuneraciones de los magistrados virtuosos y austeros. Estas deficiencias
dieron lugar a quejas constantes de no ser destinados medios suficientes para financiar
su adecuado funcionamiento; se explica así el estallido de una huelga de estos
servidores en el período de Eduardo Frei, a la que se dio pronto término. Será el
Colegio de Abogados, nacido al tiempo de gestarse la Constitución de 1925 -cuyo
prestigio se reconoce a lo largo del período, sirviendo de modelo cuando la ley fue
estableciendo cuerpos análogos en relación a otras profesiones-, el organismo en el
cual se registra viva preocupación por el robustecimiento de los valores confiados a la
magistratura, al velar por el correcto desempeño de la abogacía, al intervenir de
diversos modos en la propia generación de la judicatura y en la calificación de los
jueces, y, en fin, al dar a conocer de modo constante su parecer sobre las labores
cumplidas por los jueces.

- Es indiscutible la dignidad con que se condujeron las relaciones internacionales,


propugnando el robustecimiento de los fundamentos en que se afirman la paz y la
mejor convivencia de los pueblos. Contribuyó Chile a la formación de la Organización
de las Naciones Unidas y fue integrante, al tiempo que colaborador decidido, de los
diversos organismos creados o sostenidos por esa asociación universal de Estados. La
prestancia y entusiasmo con que se desempeñó nuestro país en el escenario
internacional condujeron a conquistarle una influencia mucho mayor que la que podía
naturalmente esperarse de un Estado pequeño situado en el extremo del hemisferio.
Los vínculos de Chile con las naciones vecinas, a pesar de los permanentes motivos de
inquietud que provocaban, se desarrollaron de modo que no estalló ningún conflicto
bélico. Fue, por lo demás, puramente formal la declaración de guerra al Japón,
consecuente con el rompimiento de relaciones diplomáticas con las potencias del Eje
durante la segunda conflagración mundial. En relación a nuestra posición antártica, la
política de nuestro país fue oportuna, previsora, acertada y fecunda.

- Las Fuerzas Armadas ejecutaban con fidelidad y patriotismo sus deberes. Su


preparación profesional no sólo les conquistó respeto y admiración en el campo
105
interno, sino que explica su ascendencia e influencia en los ambientes castrenses de los
demás países del continente. Los contactos de los jefes militares con los poderes
públicos nacionales, en cumplimiento de la misión que les confiaba la Ley
Fundamental, se llevaban en un clima de respeto y de comprensión. Las incidencias
que se produjeron en este campo revistieron felizmente un carácter puramente
episódico y adquirieron trascendencia sólo al final de la época que comentamos.

- La labor desarrollada por la Contraloría General de la República, institución que


adquirió relevancia en el período, fue valiosa en la satisfacción del encargo que se le
dio en resguardo de la juridicidad del ejercicio de la potestad reglamentaria. La función
encomendada a la Contraloría mitigó, en parte, la carencia -causada por la falta de la
legislación pertinente deseada por la Carta, que ya hemos representado- de un sistema
de contencioso administrativo y de jurisdicción especial para resolver esta especie de
controversias. Lo anterior debe admitirse sin perjuicio de reconocer que el decreto de
insistencia no impedía que en el hecho llegaran a despacharse actos administrativos
violatorios de los preceptos de la Ley Fundamental. La actitud vacilante de la
magistratura judicial, al declararse con frecuencia impedida, a falta de ley expresa, de
pronunciarse sobre los conflictos suscitados entre los administrados y los órganos
públicos, fue, indiscutiblemente, un factor de debilidad en nuestro ordenamiento
jurídico.

108.Reforma de las áreas de la economía. Revistió poderosa influencia en la


provocación de la crisis que condujo al 11 de septiembre de 1973 la circunstancia de
quedar sin resolverse un grave conflicto interpretativo referente a preceptos de la
Constitución incorporados a ella en 1970, por la Ley Nº 17.284.

Los senadores Juan Hamilton y Renán Fuentealba presentaron un proyecto de reforma


de la Carta, que corrió con facilidad todos sus trámites hasta aprobarse por el Congreso
Pleno el 19 de febrero de 1972.

Las modificaciones que tal iniciativa pretendía introducir buscaban poner fin a los
conflictos que suscitaban los métodos empleados por el Presidente Salvador Allende
para conducir al país hacia la realización de sus objetivos de reformas económico-
sociales.

"El Presidente de la República -explicaba al efecto la exposición de motivos de la


mencionada proposición parlamentaria- ha prometido reiteradamente ajustar la acción
de su Gobierno al principio de la legalidad e impulsar los cambios que el Gobierno
quiere llevar a cabo introduciendo las modificaciones que sean necesarias a la legalidad
vigente dentro de las normas establecidas."

"No obstante esta seguridad -agregaba la moción de los senadores nombrados-, el


Gobierno del señor Allende ha estado realizando un proceso destinado a traspasar al
dominio del Estado diferentes industrias y actividades económicas, a través de
procedimientos de dudosa legalidad o contemplados en la ley para fines distintos a los
de su actual aplicación, o el empleo de recursos destinados a la creación de nuevas

106
fuentes de trabajo, mediante "expropiaciones", "requisiciones", "intervenciones" o
"compras de acciones o derechos".

Los cambios propuestos, aprobados, según se dijo, por las Cámaras y ratificados en el
Congreso Pleno, perseguían, en síntesis, distinguir en la economía tres áreas,
designadas, respectivamente, como social, mixta y privada; reservar al Estado
numerosas actividades económicas; establecer como obligatorio el derecho de los
trabajadores a participar, del modo que la ley determinara, en la administración de las
empresas de las distintas áreas; incluir, en fin, entre las materias de ley, la autorización
de transferencia de empresas del área privada a la social o a la mixta o, a la inversa,
entre ellas. Mediante normas transitorias se definían las circunstancias que
posibilitaban las expropiaciones que se dispusieran a base del Decreto Ley Nº 520, de
1932, o las requisiciones o intervenciones de un establecimiento industrial o comercial
o de explotación agrícola, debiendo practicarse éstas mediante decreto supremo
fundado y dentro de los plazos que la ley estableciera; se precisaba que ninguna ley
vigente a la fecha en que habría de regir el nuevo texto podría interpretarse ni aplicarse
en el sentido de que autorizaba al Estado u organismo dependiente a estatificar o
incorporar a las áreas social y mixta empresa productoras de bienes y servicios; y se
disponía, por último, a la letra: "Decláranse nulos y sin valor alguno los actos o
convenios ejecutados o celebrados por el Estado, los organismos o entidades que lo
integran, que están bajo su control o que de él dependen, a contar del 14 de octubre
de 1971, para adquirir acciones o derechos de o en personas jurídicas de derecho
privado con el fin de nacionalizar o estatificar empresas productoras de bienes o
servicios, que no hubieran sido expresamente autorizadas por ley dictada en
conformidad a lo prescrito en el Nº 16 del art. 44 de la Constitución Política del
Estado".

En cuanto se comunicó al Presidente la ratificación de la reforma, el 21 de febrero de


1972, en lugar de disponerse éste a promulgarla, advirtió públicamente que formularía
observaciones a ella a través de vetos supresivos o sustitutivos, frente a los cuales, en
caso de ser ellos rechazados, las Cámaras quedaban obligadas, a su juicio, a insistir por
los dos tercios de sus miembros si pretendían mantener las normas precedentemente
aprobadas, y previno finalmente que, si el Congreso desconocía su parecer, recurriría al
Tribunal Constitucional en demanda de la correcta interpretación.

Los parlamentarios que en el Senado y en la Cámara habían concurrido con sus votos a
la aprobación del proyecto de reforma, al tiempo que explicaron, el 2 de marzo, en
extensa declaración pública, la razón y alcance del proyecto, puntualizaron el error de
la interpretación que hacía el Presidente de las normas constitucionales. A esta
declaración prestó su pleno apoyo, el 17 de ese mes, el ex Ministro de Justicia Gustavo
Lagos Matus, representando el papel que le había correspondido en la generación de
los preceptos que procedía aplicar. Contradijeron, entre tanto, por su lado, la
declaración referida los presidentes de los partidos políticos de la coalición entonces
gobernante.

Por oficio de 6 de abril, el señor Allende hizo llegar, en efecto, a las Cámaras las
observaciones que había anunciado, no siendo acogidas todas ellas en ambas ramas.
107
Luego de rechazarse algunas de las observaciones, las Cámaras no votaron, como el
Jefe del Estado lo pedía, si insistían o no en los textos que con anterioridad habían
aprobado, requisito que sin duda se contemplaba explícitamente en cuanto a la
tramitación de los proyectos de ley ordinarios.

Tal como lo anunciara, el Jefe del Estado planteó el fondo de la controversia al Tribunal
Constitucional, sosteniendo la facultad de éste para resolverla por revestir el proyecto,
en su opinión, el carácter de ley para los efectos de la competencia del órgano
jurisdiccional. El Tribunal Constitucional acogió, por mayoría, el 30 de mayo, la
excepción de incompetencia absoluta que se le había formulado conjuntamente por la
Cámara de Diputados y por el Senado. El extenso fallo contuvo consideraciones
particulares favorables a su decisión de parte de Enrique Silva Cimma y también una
extensa prevención de Jacobo Schaulsohn, cuya postura fue que en el Tribunal habría
debido dilucidarse, como previa, la cuestión de si correspondía que declarara la
improcedencia actual del requerimiento y su consiguiente inadmisibilidad. Consideró,
en efecto, el señor Schaulsohn que el Tribunal estaba impedido de pronunciarse sobre
la competencia, por cuanto, si lo hacía en ese momento, podrían provocarse
consecuencias en relación a los pronunciamientos que habrían de competer al propio
Tribunal cuando correspondiera con motivo del plebiscito que se decretara. La
sentencia se dictó, en fin, en contra del parecer del Ministro Adolfo Veloso Figueroa,
quien estuvo por el rechazo de la incompetencia y por resolver, en consecuencia, el
fondo de la cuestión promovida.

Rechazadas por las Cámaras las observaciones anunciadas por el Presidente, en


conocimiento éste de la sentencia del Tribunal Constitucional y vencido ya el plazo para
recurrir a plebiscito, dictó un decreto promulgatorio de la reforma, en cuyo texto se
omitían deliberadamente las normas por él estimadas como irregularmente
despachadas. Tal decreto no fue cursado por la Contraloría, repartición a la cual, por lo
demás, se advirtió que no podía hacerlo, en oficio conjunto, por el presidente del
Senado, Eduardo Frei Montalva, y por el de la Cámara de Diputados, Luis Pareto.

Se dijo que el mismo 11 de septiembre de 1973 se aprestaba el Presidente para


anunciar el llamado a un plebiscito destinado a buscar resolver la discrepancia que en
esta materia se había generado entre el Parlamento y él.

109.La interpretación constitucional del Presidente Allende. Nos correspondió, como


reacción análoga a la que tuvieron muchos otros profesores, expresar públicamente
una opinión adversa a la interpretación que defendía el Jefe del Estado.

Es procedente reflexionar hoy, lejos de los acontecimientos, desde el prisma de la


técnica constitucional, acerca de si puede o no atribuirse el origen de la polémica
suscitada a la oscuridad o deficiencia de la preceptiva entonces en vigor. Se impone,
para ello, presentar el fondo de la discrepancia.

La Constitución de 1925 establecía:

108
Art. 108: "La reforma a las disposiciones constitucionales se someterá a las
tramitaciones de un proyecto de ley, salvo las excepciones que a continuación se
indican:

"El proyecto de reforma necesitará para ser aprobado en cada Cámara, el voto
conforme de la mayoría de los Diputados o Senadores en actual ejercicio".

Después de contemplar la intervención del Congreso Pleno en términos análogos a los


reproducidos en la actual Ley Fundamental, el texto primitivo de la Carta de 1925
disponía:

"El proyecto sólo podrá ser observado por el Presidente de la República, para proponer
modificaciones o correcciones a las reformas acordadas por el Congreso Pleno".

"Si las modificaciones que el Presidente de la República propusiera fueren aprobadas


por ambas Cámaras, se devolverá el proyecto al Presidente para su promulgación".

"Si las dos Cámaras desecharen todas o algunas de las observaciones del Presidente de
la República e insistieren por los dos tercios de sus miembros presentes en la totalidad
o parte del proyecto aprobado por ellas, se devolverá al Presidente para su
promulgación, o para que, si éste lo estima conveniente, consulte a la Nación, dentro
del término de treinta días, los puntos en desacuerdo, por medio de un plebiscito. El
proyecto que se apruebe en el plebiscito se promulgará como reforma constitucional".

Ahora bien, la reforma constitucional que dispuso la Ley Nº 17.284, de 1970, introdujo
dos cambios que resulta necesario registrar para entender la divergencia interpretativa:
uno, tocante al procedimiento mismo de reforma; el otro, a las facultades otorgadas al
Tribunal Constitucional establecido por esa misma ley.

Ha de considerarse, en efecto, en primer término, que la Ley Nº 17.284 concedió a


dicha jurisdicción la facultad de "resolver las cuestiones sobre constitucionalidad que
se susciten durante la tramitación de los proyectos de ley y de los tratados sometidos a
la tramitación del Congreso", no precisando, pues, si tal atribución se extendía también
a los proyectos de reforma de la Carta.

Ha de recordarse, en segundo término, la agregación, en el art. 108, luego de


confirmarse la función del Congreso Pleno, de los siguientes incisos:

"El proyecto aprobado por el Congreso Pleno no podrá ser rechazado totalmente por el
Presidente de la República, quien sólo podrá proponer modificaciones o correcciones,
o reiterar ideas contenidas en el mensaje o en indicaciones válidamente formuladas
por el propio Presidente de la República".

"Si las observaciones que formulare el Presidente de la República en conformidad al


inciso anterior fueren aprobadas por la mayoría que establece el inciso segundo (o sea,
la mayoría de los senadores o diputados en ejercicio), se devolverá el proyecto al
Presidente para su promulgación".
109
Y procede tener presente, en fin, el total reemplazo del art. 109 por el siguiente, cuyos
cuatro primeros incisos dispusieron:

"El Presidente de la República podrá consultar a los ciudadanos, mediante un


plebiscito, cuando un proyecto de reforma constitucional presentado por él sea
rechazado totalmente por el Congreso, en cualquier estado de su tramitación. Igual
convocatoria podrá efectuar cuando el Congreso haya rechazado total o parcialmente
las observaciones que hubiere formulado, sea que el proyecto haya sido iniciado por
mensaje o moción".

"Sin embargo, esta facultad no podrá ejercerla respecto de reformas constitucionales


que tengan por objeto modificar las normas sobre plebiscito prescritas en este
artículo".

"La convocatoria a plebiscito deberá efectuarse dentro de los treinta días siguientes a
aquel en que una de las Cámaras o el Congreso Pleno deseche el proyecto de reforma o
en el que el Congreso rechace las observaciones y se ordenará mediante decreto
supremo que fijará la fecha de la consulta plebiscitaria, la que no podrá tener lugar
antes de treinta días ni después de sesenta contados desde la publicación de ese
decreto. Transcurrido este plazo sin que se efectúe el plebiscito, se promulgará el
proyecto que hubiere aprobado el Congreso".

"El decreto de convocatoria contendrá, según corresponda, el proyecto del Presidente


de la República rechazado por una de las Cámaras o por el Congreso Pleno, o las
cuestiones en desacuerdo que aquel someta a la decisión de la ciudadanía. En este
último caso, cada una de las cuestiones en desacuerdo deberá ser votada
separadamente en la consulta popular".

La postura del Presidente se fundaba sustancialmente en que, como permanecía


vigente el inciso 1º del art. 108, según el cual la reforma se sometería "a las
tramitaciones de un proyecto de ley, salvas las excepciones que a continuación se
indican" y entre estas excepciones no se mencionaba expresamente el requisito de la
insistencia, ésta se mantenía respecto de la reforma constitucional.

Presentaba, en el plano lógico, a nuestro juicio, un peso muy superior la interpretación


adversa a la propugnada por el señor Allende, porque si la voluntad del constituyente
hubiera sido mantener el mecanismo de la insistencia en tal hipótesis, hubiera debido
disponerlo explícitamente, puesto que requería incorporar numerosos preceptos que
esclarecieran lo que ocurriría en las diversas alternativas que en ese caso tendrían
inevitablemente que surgir.

Resultaba claramente incongruente que, después de aprobados por las dos Cámaras
preceptos de un proyecto de reforma, concurriendo la mayoría de los parlamentarios
en ejercicio de una y otra, y de rechazadas las observaciones formuladas por el
Presidente en relación al texto ratificado en el Congreso Pleno, vinieran a exigirse tan
sólo los dos tercios de los presentes, número que eventualmente podía ser inferior a la
110
mayoría en ejercicio, para entender que sólo así llegaba a prevalecer la voluntad del
Parlamento.

Creemos que al Presidente Allende no se había abierto otra alternativa que recurrir
oportunamente a la consulta plebiscitaria. La decisión que adoptó, de promulgar
parcialmente el texto ratificado por el Congreso Pleno, no tenía asidero constitucional,
y fue justificada por ello la negativa de la Contraloría a cursar el decreto promulgatorio.

En las circunstancias creadas, el señor Allende tuvo el propósito de recurrir, frente al


rechazo del Contralor, a la dictación de un decreto de insistencia para promulgar
parcialmente el proyecto de reforma.

Como el problema quedara así indefinidamente sin resolver, publicamos en El


Mercurio, el 24 de julio de 1973, un artículo en que pusimos de manifiesto cómo, a
nuestro juicio, el resorte del decreto de insistencia, establecido en ejercicio de la
potestad reglamentaria, no podía usarse cuando correspondía el cumplimiento del
deber propio del Poder Ejecutivo de promulgar normas jurídicas constitucionales o
legales, ambas de jerarquía superior a dicha potestad.

110.La competencia del Tribunal Constitucional. Es del caso expresar ahora nuestro
parecer tocante a la declaración de incompetencia acogida por el Tribunal
Constitucional, fundada en que la reforma de la Ley Nº 17.284 no concedía a éste de
modo explícito atribución para conocer de cuestiones de constitucionalidad de los
proyectos de modificación de la Ley Fundamental.

No podía, en verdad, sostenerse que, implícitamente, no obstante, se le otorgaba tal


facultad, por la sola circunstancia de que según el inciso 1º del art. 108 la reforma de
las disposiciones constitucionales se sometería a las tramitaciones de un proyecto de
ley, salvas las excepciones precisadas.

Los proyectos de reforma, tan sólo por vía de esa asimilación procesal, no podían
entenderse sustancialmente como proyectos de ley, por cuanto se contemplaban en un
Capítulo -el X de la Carta- diferente del IV, relativo al Congreso Nacional, en que
figuraba el párrafo sobre la formación de las leyes. Debía, entre tanto, observarse que
mientras el Congreso Nacional en el proceso de la legislación actuaba como
colegislador, en el de modificación de la Carta integraba, entre tanto, junto con el
Presidente de la República y eventualmente con el cuerpo electoral, el Poder
Constituyente Instituido o Derivado, estructurado por el Poder Constituyente Original.
Las atribuciones confiadas al Tribunal Constitucional debían entenderse así limitadas a
aquellas que explícita, categórica e indiscutiblemente se le otorgaban.

Cierto es que la Constitución de 1980 ha venido a conceder también al Tribunal


Constitucional la facultad de resolver "las cuestiones de constitucionalidad que se
susciten durante la tramitación de los proyectos de... reforma constitucional", ello, sin
duda, como consecuencia de la controversia en análisis, y llevando de tal modo al
Tribunal Constitucional a convertirse en cierta forma en integrante del Poder
Constituyente. Tal solución está llamada, por una parte, a resolver conflictos de
111
poderes, como el que surgió en relación al proyecto sobre áreas de la economía, pero
este cambio no deja de hacer posible, por otra parte, el surgimiento de problemas
jurídicos complejos sobre el ámbito y alcance de la nueva facultad, que habrán de
analizarse oportunamente en nuestro Tratado.

111.Naturaleza del conflicto. Sintetizados los aspectos básicos de la controversia que


surgiera entre el Presidente Allende y el Congreso, referida a la tentativa de reforma
constitucional sobre las áreas de la economía, es del caso dilucidar, en fin, si revistió un
carácter estrictamente jurídico o, más bien, fue de índole política.

En tanto el Presidente estimó tal conflicto como básicamente jurídico y, por ello, en
lugar de recurrir al plebiscito, quiso apoyarse en el parecer del Tribunal Constitucional,
pensamos, por nuestra parte, que fue una expresión más de la pugna que no podía
menos de estallar entre el Jefe del Estado y la mayoría parlamentaria, en la medida en
que aquél quería hacer prevalecer a toda costa su criterio sobre el del Congreso y
sobre la mayoría del electorado, al cual, en el fondo, no quiso acudir, temeroso, con
razón, de no ser tampoco apoyado por él.

112.La proclamación por el Congreso Pleno. Indiscutiblemente la cuestión


constitucional que también contribuyó a preparar la crisis política fue la vinculada a la
facultad concedida al Congreso Pleno en caso de que ningún candidato a la Presidencia
de la República alcanzara la mayoría absoluta de los sufragios válidos.

El Partido Demócrata Cristiano, en ejercicio de esa facultad, dio sus votos en el


Congreso Pleno a Salvador Allende. De tal modo se pronunció en una alternativa cuyo
riesgo calculara, y que procuró, hasta donde estaba a su alcance, evitar a través de la
aprobación simultánea del llamado Estatuto de Garantías.

Tal riesgo era perfectamente previsible y su producción no puede atribuirse, a nuestro


parecer, a la Constitución de 1925, sino a todos los sectores de la comunidad nacional.

En la primera edición de este Tratado advertimos que lo que en definitiva sucedió


podría ocurrir.

Después de citar las situaciones presentadas en las elecciones en que recibieron la


Primera Magistratura los señores Gabriel González Videla, Carlos Ibáñez del Campo y
Jorge Alessandri Rodríguez, añadíamos:

"Estimamos que tales precedentes no pueden llegar a coartar en el futuro la libertad


del Congreso Pleno para determinarse en otras ocasiones en una forma distinta,
porque, mientras no se derogue el texto constitucional, que es de profunda lógica
democrática, debe éste aplicarse fielmente, y guardar, por lo tanto, el Congreso en
forma efectiva la facultad que le está confiada por la Constitución para resolver, en
cada caso, cuál es la exigencia del bien común, que puede no siempre coincidir con la
elección del ciudadano que ha logrado la más alta mayoría, si por la dispersión de
votos o por el rechazo de las demás fuerzas políticas representa una porción
decididamente minoritaria del país. Está, por lo demás, advertida la Nación entera que,
112
si se muestra incapaz de decidir el electorado, es el Congreso el órgano que deberá
hacerlo en lugar suyo. La Constitución da confianza al Congreso, ¿no podrá dársela la
ciudadanía que lo ha elegido”

"Después de la jornada electoral del 4 de septiembre de 1958, el Ministro de Defensa,


general don Luis Vidal Vargas, pidió la tranquilidad para ?cuando corresponda al
Congreso Pleno ratificar la soberana resolución del pueblo de Chile, expresada en el
resultado de las urnas?. Esos términos fueron, a nuestro juicio, con razón considerados
como impropios, ya que, en el caso, al Congreso competía no sólo ratificar sino que
elegir, como dice la Carta Fundamental, por lo menos realmente escoger, porque no se
produjo resolución del pueblo".

"Consideramos que no puede prolongarse la situación ambigua que proviene de


mantener, por una parte, en vigencia un precepto categórico de la Ley Fundamental
que exige más de la mitad de los sufragios válidamente emitidos para que se entienda
realizada la elección por el pueblo, y sostener, por otra, que en fuerza de lo resultados
de las jornadas de 1946, 1952 y 1958, se ha creado un precedente que obliga al
Congreso Pleno a proclamar al candidato que logra en las urnas mayor número de
sufragios".

"La lucha de 1964 y siguientes no debe darse con ese equívoco, sino que previo
reconocimiento del vigor del precepto constitucional o la oportuna modificación
explícita de la regla en el sentido, por ejemplo, de reconocer el triunfo de quien alcance
más alta votación" (Tratado, Tomo III, Nº 238, págs. 231 a 238). En términos semejantes
nos referíamos en el Tomo II Nº 70, pág. 68.

Eso escribíamos a fines de 1963.

Eduardo Frei Montalva fue favorecido con holgada mayoría absoluta en el cuerpo
electoral, de modo que el Congreso Pleno no tuvo dificultad alguna en conferirle el
título de mando.

Entre tanto, la situación que se creó en 1970 se presentó muy compleja.

Salvador Allende pretendía, en efecto, una transformación profunda del régimen


económico-social del país que sólo podía impulsar obteniendo previamente una
autorización indiscutible de parte de la mayoría ciudadana, la cual no quedaba
políticamente asegurada con la sola decisión del Congreso Pleno. El cuerpo electoral,
renovando las Cámaras en marzo de 1973, siguió negando en ellas mayoría al
Presidente, haciendo así inevitable la pugna del Jefe del Estado con la mayoría del país.

La Constitución de 1980, al introducir la segunda vuelta, impide que se genere


nuevamente una cuestión tan conflictiva. El problema, según lo dicho, no puede
imputarse a la letra de la Carta de 1925, porque ésta se limitaba a recoger, con toda
lógica, uno de los rasgos típicos de la democracia estrictamente representativa y del
concepto de la soberanía nacional, y ello lo decidía en una época en que la sociedad
gobernada en nuestro país, y en muchos otros, no mostraba todavía el empuje, mucho
113
después manifiesto, de hacerse presente directamente en la dirección de la vida
política, producto de una evolución que se fue generando por la extensión del sufragio,
el fortalecimiento de las libertades públicas, el aumento de la cultura y la presión
ejercida sobre el Estado para dar pronta y eficaz solución a los problemas colectivos.

No es, pues, el constituyente de 1925 el responsable de la crisis que se produjo, sino


nuestro sistema político. No debió en éste mantenerse vigente un precepto
constitucional si habían cambiado a tal punto las convicciones cívicas que
predominaban en la opinión nacional; la apreciación de que se había transformado en
precedente una interpretación que debió considerarse inadmisible, porque reconocerla
significaba quebrantar profundamente la razón y el espíritu de la Carta de 1925.

113.La responsabilidad del sistema político. Innumerables circunstancias ajenas a la


sustancia preceptiva de una Constitución Política determinan en uno u otro grado el
éxito o el fracaso de la construcción que establece; eso no pudo menos de aplicarse a
la de 1925.

La precisión de los variados factores de influencia no derivados de la misma Ley


Fundamental se vincula, desde luego, sin duda, a la orientación que fue prevaleciendo
en los distintos períodos de su real aplicación: el de los veinte años que corren durante
la segunda gestión Alessandri Palma y los gobiernos radicales (1932-1952); el del
personalismo de los señores Ibáñez y Alessandri Rodríguez (1952-1964), y el de los
Presidentes ideólogos Frei Montalva y Allende (1964-1973).

Si el régimen gubernativo, con todas sus deficiencias, presentaba valores consistentes,


la impotencia que demostró como instrumento eficaz para avanzar al
perfeccionamiento democrático se debió a las debilidades del régimen político, en el
que operan factores imposibles de ser manejados simplemente por la estructura del
poder. Excedería el marco de las observaciones que en este punto deseamos formular
-más propias de la materia reservada a la ciencia política- incorporar aquí un análisis de
fondo del régimen político chileno en el lapso a que nos referimos (1932-1973).
Anotemos, por lo menos, algunos rasgos.

A medida que la estrategia y las tácticas de los imperialismos internacionales fueron


impulsando, a través de su proyección en el combate político nacional, las pretensiones
del Frente Popular, inspirado desde el exterior, y las del Partido Comunista chileno,
servilmente sometido a la directiva foránea y generalmente secundado por las varias
corrientes socialistas, la función de gobernar a los chilenos se fue convirtiendo en una
tarea muy compleja si la mayoría deseaba mantenerse dentro de los caracteres de una
democracia auténtica. Tales sectores se servían, infortunadamente en efecto, de las
facilidades proporcionadas en un gobierno libre para debilitar el sistema institucional.
Perseguían dichos sectores construir la sociedad misma sobre bases sustancialmente
incompatibles con las que informaran la secular tradición chilena del liberalismo
político, conformada según las características de la cultura occidental moderna, y cuyas
normales expresiones se proclamaban incapaces de configurar e imponer soluciones
de justicia colectiva.

114
Por otra parte, el fortalecimiento de la estructura social, traducido en la formación de
infinidad de cuerpos intermedios tras sus particulares intereses y objetivos -con
creciente vigor de líderes y de medios a su servicio-, puso en juego cada vez más
poderosas y contundentes formas de presión sobre el aparato estatal, carentes de
cauces aptos para procesar sus requerimientos. Tal fenómeno se observaba al tiempo
que, paralelamente, se notaba el debilitamiento del espíritu público y del civismo,
evidenciado en la débil estructura, limitado ascendiente e indisciplina de los partidos
políticos. Aparecían éstos impotentes para articular debidamente las peticiones de los
diversos sectores y conseguir que hicieran valer sus legítimos intereses sólo en cuanto
fueran compatibles con las exigencias superiores del bien colectivo. Se explica así que
los intereses afectados, al apremiar medidas que les favorecieran, se enfrentaran a los
departamentos ministeriales y que en los gabinetes, y no en el Parlamento, se
generaran los compromisos que habrían de traducirse en proyectos, luego
transformados en copiosa legislación sectorial.

En un ambiente social que exhibía las características anotadas se imponía la necesidad


de una dirección de la comunidad nacional apta para concebir, planificar y hacer primar
una adecuada y sostenida concepción de bien común. A la realización de éste,
infortunadamente, no contribuían tampoco de modo satisfactorio y eficiente los
órganos fundamentales del poder público. Los Jefes de Estado, que querían ser
consecuentes con los programas expuestos a la ciudadanía y acogidos por las
corrientes de opinión que, apoyándolos, los exaltaran al solio presidencial, se sentían
sin el respaldo indispensable en las Cámaras, por el pluralismo e indisciplina de los
partidos y por la inestabilidad y falta de concordancia en la actuación de las
combinaciones formadas por ellos. Ni el radicalismo dio sustento sólido a los señores
Aguirre Cerda, Ríos y González Videla, ni la Democracia Cristiana a Frei Montalva, ni el
socialismo a Allende. Ello explica el surgimiento de las posturas independentistas de los
Presidentes Carlos Ibáñez y Jorge Alessandri, sin fe en las colectividades partidistas y
sin inclinación a favorecer su estructura y fortalecimiento.

El recurso a la acusación de los Ministros de Estado ante las Cámaras, si pocas veces
llegó a la destitución de ellos, representó casi siempre para la clase política una
perniciosa distracción de su deber primordial de promover decisiones acertadas para la
solución de los problemas nacionales.

Los factores mencionados y, por cierto, muchos otros que podrían registrarse y
ponderarse en un ensayo destinado específicamente a definirlos y aquilatarlos, fueron
acumulándose para crear un clima en que parecía dominar la convicción de la debilidad
de la democracia, que algunos tachaban de puramente formal, en la que, siguiendo el
lenguaje de David Easton, los inputs proyectados sobre el sistema político no
resultaban acertadamente satisfechos, en calidad e intensidad, a través de los outputs
concretados en las soluciones favorablemente procesadas, que se consideraban, no
obstante, insuficientes o incompletas.

La exacerbación de la contienda política, agudizada por las disputas ideologizantes y


por el confesado propósito de sectores socialistas de forzar el recorrido de una senda
en la cual la mayoría no quiso caminar -por lo menos con la celeridad querida por sus
115
proponentes- hizo que en los últimos tres años del período en análisis primara el
ambiente de violencia, inseguridad y anarquía que hizo crisis el 11 de septiembre de
1973.

No puede, a nuestro parecer, atribuirse a deficiencias del texto de 1925 lo que éste no
pudo prever, por derivar directamente de causas que se generaron más adelante en el
devenir de la sociedad política, como fueron las ya recordadas.

En síntesis, una Carta Orgánica de corte liberal estrictamente representativa fue


mantenida intocada en aspectos que requerían cambios. Ellos eran necesarios para
adaptarla a una democracia que había sufrido una profunda transformación. Requería,
por ello, adecuar la preceptiva a fin de que correspondiera a un gobierno
auténticamente popular, en que los acentos de social y participativo se imponían como
consecuencia del ejercicio efectivo de las libertades públicas, de la notable ampliación
del sufragio, del enriquecimiento estructural y del progreso de su cultura.

5. LA INTERVENCION MILITAR (1973-1990).

I. GENESIS DE LA CONSTITUCION DE 1980.

EL PERIODO TRANSITORIO

114.La Constitución permanente y la transitoria. Puede estimarse lógico que la


exposición del ordenamiento constitucional de un determinado país se haga
considerando la aplicación del texto de la Ley Fundamental que lo haya regido desde el
comienzo mismo de su puesta en vigencia, en nuestro caso, desde el 11 de marzo de
1981.

Tan indiscutible indicación no resulta, sin embargo, adecuada respecto del Chile vivido
bajo la actual Constitución.

Durante los primeros nueve años de aplicación de la Carta de 1980 tuvieron vigor sólo
algunos de sus preceptos permanentes, pero, en verdad, estos últimos, unidos a las
numerosas reglas transitorias que ella también contuvo, configuraron un sistema
propio diferente que representa por sí una unidad jurídica e institucional imposible de
confundir y de identificar con la construcción definitiva que quiso imponer el
constituyente para que tuviera vida una vez corrido el término de transitoriedad.

El período constitucional transitorio fue, en efecto, ideado por las Fuerzas Armadas
para llevarlo adelante bajo la responsabilidad exclusiva de ellas, ya que el documento
que se hizo aceptar por el electorado se limitó a ratificar la dirección castrense -de tal
modo que dicha etapa formara parte de la intervención militar-; incluso los preceptos
de carácter permanente que en ese lapso hubieron de tomarse en cuenta se
cumplieron como supuesto inherente a la misión patriótica que ellas decidieron
realizar.

116
Las observaciones anteriores explican que entre los antecedentes que contribuyeron a
definir el actual régimen constitucional se comprendan aquellos que se produjeron ya
en vigencia la actual Carta, pero aún durante la intervención militar. La Carta de 1980
se gestó bajo la dirección castrense y se cumplió parcialmente dentro de ella conforme
a las reglas transitorias y parte de las permanentes. Quedó comprendida también en el
curso del régimen militar la generación de la primera reforma de la Constitución,
aprobada según el procedimiento establecido, también con carácter transitorio, para su
modificación.

115.El 11 de septiembre de 1973. El martes 11 de septiembre de 1973 el país se vio


sorprendido con el anuncio, a través de un bando, de la asunción al poder público de
una Junta de Gobierno compuesta por el general Augusto Pinochet Ugarte,
Comandante en Jefe del Ejército; por el vicealmirante José Toribio Merino Castro,
Comandante en Jefe de la Armada; por el General del Aire Gustavo Leigh Guzmán,
Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, y por César Mendoza Durán, General Director
de Carabineros.

Como el Presidente Salvador Allende Gossens resistiera la entrega del mando, la Junta
dispuso el bombardeo aéreo del Palacio de la Moneda, sede del Gobierno. En el curso
del ataque y dentro del mismo recinto, el Jefe del Estado puso término a su vida.

El Decreto Ley Nº 1, fechado el mismo 11 de septiembre, suscrito, como todos los que
habrían de seguirle, por los cuatro integrantes de la Junta, expresa en sus
considerandos iniciales que "la Fuerza Pública representa la organización que el Estado
se ha dado para el resguardo de su integridad física y moral", y que "su misión suprema
es la de asegurar... la supervivencia de dichas realidades y valores".

Consecuentemente -según agrega el documento en su parte decisoria- los jefes de las


fuerzas se constituyen en Junta de Gobierno y asumen el mando supremo "con el
patriótico compromiso de restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad
quebrantadas, conscientes de que ésta es la única forma de ser fieles a las tradiciones
nacionales, al legado de los padres de la Patria y a la historia de Chile, y de permitir que
la evolución y el progreso del país se encaucen vigorosamente por el camino en que la
dinámica de los tiempos actuales exigen a Chile en el concierto de la comunidad
internacional de que forma parte" (Nº 1), y designan al general Pinochet como su
Presidente (Nº 2).

Siempre en ese mismo día 11, la Junta explica, a través del Bando Nº 5, las causas del
pronunciamiento castrense, y concluye que "por las razones someramente expuestas,
las Fuerzas Armadas han asumido el deber moral que la Patria les impone de destituir
al Gobierno que, aunque inicialmente legítimo, ha caído en la ilegitimidad flagrante,
asumiendo el Poder por el solo lapso en que las circunstancias lo exijan, apoyado en la
evidencia del sentir de la gran mayoría del país, lo cual de por sí, ante Dios y ante la
Historia, hace justo su actuar y, por ende, las resoluciones, normas e instrucciones que
se dicten para la consecución de la tarea de bien común y de alto interés patriótico que
se propone cumplir" (Nº 13).

117
116.Etapas de la intervención militar. Del modo expuesto, comenzó en nuestro país la
intervención militar que habría de prolongarse formalmente hasta el 11 de marzo de
1990.

El estudio, en los aspectos básicos más definitorios, de la evolución institucional que se


experimenta durante el régimen castrense aconseja distinguir, dentro de él, tres
etapas: la primera abarca desde el pronunciamiento hasta la puesta en vigencia de la
Constitución de 1980; la segunda corre desde tal fecha, 11 de marzo de 1981, hasta el
plebiscito del 5 de octubre de 1988; y la tercera se extiende desde este último evento
hasta el 11 de marzo de 1990, día en que entraron en ejercicio el Presidente Aylwin y
los parlamentarios elegidos en la jornada del 14 de diciembre de 1989.

I. PRIMERA ETAPA (11 DE SEPTIEMBRE DE 1973 A 10 DE MARZO DE 1981)

A. EL MARCO INSTITUCIONAL

117.D.L. Nos 1, 27, 119 y 130. El Acta Constitutiva de la Junta de Gobierno, que se
estampa en el citado D.L. Nº 1, no derogó ni suspendió la Constitución de 1925 y, al
contrario, declaró que la Junta "respetará la Constitución y las leyes de la República, en
la medida en que la actual situación del país lo permitan (sic) para el mejor
cumplimiento de los postulados que ella se propone" (art. 3º).

Dos días después, el Bando Nº 29, de 13 de septiembre, dispuso: "Clausúrese el


Congreso Nacional y declárese (sic) vacantes los cargos de los parlamentarios que
actualmente invisten tal calidad". Por el D.L. Nº 27, de 24 del mismo mes, se disolvió
formalmente el Congreso Nacional.

Por Decreto Ley Nº 119, de 10 de noviembre de 1973, se declaró también disuelto el


Tribunal Constitucional.

Mediante D.L. Nº 130, de 19 de noviembre de 1973, se declaró la caducidad de todos


los registros electorales y se ordenó a la Dirección del Registro Electoral la inutilización
de dichos registros en la forma que ella determinara.

118.D.L. Nº 128. El D.L. Nº 128, de 16 de noviembre de 1973, tiene, entre tanto, como
razón, según manifiesta, "la necesidad de aclarar el sentido y alcance" del D.L. Nº 1 "en
cuanto expresa que la Junta de Gobierno ha asumido el Mando Supremo de la Nación"
y que "la asunción del Mando Supremo de la Nación supone el ejercicio de todas las
atribuciones de las personas y órganos que componen los Poderes Ejecutivo y
Legislativo y, en consecuencia, el Poder Constituyente que a ellos corresponde".

Este segundo trascendental cuerpo normativo deja testimonio, en efecto, de que "la
Junta de Gobierno ha asumido desde el 11 de septiembre de 1973 el ejercicio de los
Poderes Constituyente, Legislativo y Ejecutivo" (art. 1º); reafirma que "el ordenamiento
jurídico contenido en la Constitución y en las leyes de la República continúa vigente
mientras no sea o haya sido modificado" (art. 2º); dispone que el Poder Constituyente
y el Poder Legislativo de la Junta se ejercerán "mediante decretos leyes con la firma de
118
todos sus miembros, y cuando éstos lo estimen conveniente, con la de el o los
Ministros respectivos" (art. 3º inciso 1º), y puntualiza, en fin, que "las disposiciones de
los decretos leyes que modifiquen la Constitución Política del Estado, formarán parte
de su texto y se entenderán por incorporados en ella" (art. 3º inciso 2º).

Es pertinente recordar que el proyecto de este decreto ley fue sometido al examen de
la Comisión Ortúzar, a la que más adelante nos referiremos. Con tal motivo surgió en
ésta un importante debate que tiene lugar en la sesión Nº 14, de 8 de noviembre de
1973. En dicha oportunidad el integrante de esa Comisión que es autor de esta obra
sostuvo, en síntesis, que habiendo asumido todo el poder público la Junta como un
solo órgano, no cabía hacer la distinción entre Poder Constituyente y Poderes
Constituidos, ya que ello es propio del sistema de las constituciones escritas y en
atención a que se había generado, prácticamente y mientras no se restableciera el
constitucionalismo democrático, "un proceso de desconstitucionalización de las
normas constitucionales, las cuales han pasado a tener vigencia en el mismo grado que
las leyes ordinarias" (pág. 8). Sobre tal base, rechacé la referencia que se haría, no
obstante, al Poder Constituyente en el D.L. Nº 128.

119.Ejercicio del Poder Constituyente y del Poder Legislativo. Así, pues, los Poderes
Constituyente y Legislativo quedaron en manos de la Junta de Gobierno y el ejercicio
de ambos sometido a igual modalidad formal.

Se explica, por lo dicho, que si por excepción algunos decretos leyes disponen en sus
textos la modificación expresa de determinados preceptos de la Constitución de 1925
-como ocurre respecto de los arts. 85 (D.L. Nº 170, de 6 de diciembre de 1973) y 6 (D.L.
Nº 175, de 10 de diciembre de 1973)-, muchos otros envuelven sin puntualizarlo
expresamente contenidos sustantivos que de modo implícito completan, se apartan o
pugnan con las disposiciones entonces vigentes de dicha Carta.

119.Ejercicio del Poder Constituyente y del Poder Legislativo. El 11 de marzo de 1974


se da con gran solemnidad conocimiento público de la "Declaración de Principios del
Gobierno de Chile", documento que expone su pensamiento político-social, inspirador
de su filosofía jurídica e institucional.

121.D.L. Nº 527. El D.L. Nº 527, de 26 de junio de 1974, al fijar el Estatuto de la Junta,


reitera sustancialmente las disposiciones ya consagradas en los mencionados decretos
leyes Nos 1 y 128, en cuanto, adoptando decisiones por la unanimidad de sus
miembros, ejercerá los Poderes Constituyente, Legislativo y Ejecutivo.

122.D.L. Nº 788. La circunstancia de que, según lo ya explicado, sujetándose a idéntico


procedimiento pudieran ejercerse tanto el Poder Constituyente como el Legislativo,
generó el problema de precisar cuándo los preceptos ya promulgados alteraban la Ley
Fundamental y debían, por lo tanto, entenderse de superior rango normativo en
relación a los que, según su contenido, recaían en materias propias de ley.

Se explica por lo expuesto la dictación del D.L. Nº 788, de 4 de diciembre de 1974.


Declara éste, en efecto, que los decretos leyes dictados hasta esa fecha, "en cuanto
119
sean contrarios o se opongan, o sean distintos a algún precepto de la Constitución
Política del Estado, han tenido y tienen la calidad de normas modificatorias, ya sean de
carácter expreso o tácito, parcial o total del correspondiente precepto de dicha
Constitución" (art. 1º). Dispone luego que el alcance del D.L. Nº 128 -conforme al cual
las disposiciones de los decretos leyes que modificaran la Constitución Política
formarían parte de su texto y se tendrían por incorporadas a ella- había sido referirse
tan sólo a las modificaciones de carácter expreso (art. 2º). Establece, en fin, que los
decretos leyes que se dictaran en el futuro y que pudieran ser contrarios, opuestos o
distintos, en forma expresa o tácita, total o parcial a alguna norma de la Constitución,
tendrían el efecto de modificarla en lo pertinente sólo si de manera explícita se
señalaba en cada uno que la Junta de Gobierno lo dictaba en el ejercicio de la potestad
constituyente que le correspondía (art. 3º).

123.Actas Constitucionales. Desde el 9 de enero de 1976 se inició la promulgación de


"Actas Constitucionales", que vienen a ser simples decretos leyes que versan sobre
materias calificadas por la Junta de tal superior jerarquía. Ellas se dictan sin perjuicio de
que continúan promulgándose, sin darles esa denominación, decretos leyes en que
también se invoca la potestad constituyente.

124.Acta Constitucional Nº 1. El Acta Nº 1 (D.L. Nº 1.319, de 9 de enero de 1976) crea


el Consejo de Estado "como cuerpo supremo consultivo en asuntos de Gobierno y
administración civil" (art. 1º) y señala su organización y los asuntos en que el
Presidente de la República podría solicitar su opinión. El régimen de este organismo se
completó por D.L. Nº 1.458, de 1º de junio de 1976, que determinó las normas básicas
de su funcionamiento, y por el reglamento publicado en el Diario Oficial de 30 de
agosto de 1976. Se instaló el 14 de junio de ese año. El proyecto de formación de este
organismo originado en la Junta había sido sometido a examen en la Comisión Ortúzar
y su análisis se efectuó en la sesión 165, de 11 de noviembre precedente.

La materia más importante entregada particularmente a la revisión del Consejo de


Estado, como se dirá más adelante, fue, sin duda, el examen del proyecto de nueva
Carta Política. Ya vigente ésta, será llamado también a intervenir en la preparación de
algunas leyes orgánicas constitucionales.

El Consejo de Estado se integraría, en primer término, por los ex Presidentes de la


República. En tal calidad, se incorporaron a él los señores Jorge Alessandri Rodríguez,
que fue designado su presidente -pasando la presidencia, con motivo de su renuncia, a
Miguel Schweitzer Speisky, el 17 de mayo de 1981-, y Gabriel González Videla. Eduardo
Frei Montalva rehusó participar en él, explicando sus motivos a través de una
declaración leída a la prensa el 2 de enero de 1976.

Serían llamados a integrar, asimismo, el Consejo de Estado, por decisión del Presidente
de la República y en razón de los títulos que se indican: a) Un ex presidente de la Corte
Suprema: Enrique Urrutia Manzano; b) Un ex Contralor General de la República: Héctor
Humeres Magnan; c) Un ex Comandante en Jefe del Ejército: general Oscar Izurieta
Molina; d) Un ex Comandante en Jefe de la Armada: Ramón Barros González, luego
Jacobo Neumann; e) Un ex Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea: Renato García
120
Vergara, más adelante Carlos Guerraty Villalobos; f) Un ex General Director de
Carabineros: Vicente Huerta Celis; g) Un ex Ministro de Estado: Juan de Dios Carmona
Peralta; h) Un ex diplomático con categoría de embajador: Hernán Figueroa Anguita; i)
Un ex Rector de las universidades del Estado o de alguna de las reconocidas por éste:
Juvenal Hernández Jaque y después William Thayer Arteaga; j) Un profesor o ex
profesor de la Facultad de Ciencias Jurídicas de cualquiera de las universidades
indicadas: Enrique Ortúzar Escobar, que lo había sido de la Universidad Católica de
Chile, reemplazado luego por Avelino León Hurtado; k) Un profesor o ex profesor de la
Facultad de Ciencias Económicas: Carlos Cáceres Contreras; l) Una persona
representativa de las actividades profesionales colegiadas: Julio Philippi Izquierdo,
después Adriana Olguín de Baltra; ll) Una persona representativa de la actividad
empresarial: Pedro Ibáñez Ojeda; m) Un representante de la actividad laboral:
Guillermo Medina Gálvez; n) Un representante femenino: Mercedes Ezquerra Brizuela
y ñ) Otro de la juventud: Juan Antonio Coloma.

125.Actas Constitucionales Nos 2, 3 y 4. Las Actas Constitucionales Nos 2, 3 y 4 -en las


que se aprovechó en buen parte el trabajo de la Comisión de Estudios de la Nueva
Constitución o Comisión Ortúzar- se promulgaron todas el 11 de septiembre de 1976,
como decretos leyes Nos 1.551, 1.552 y 1.553; se titularon, respectivamente: "Bases
Esenciales de la Institucionalidad Chilena", "De los Derechos y Deberes
Constitucionales" y "Regímenes de Emergencia".

Es oportuno anotar que, invocando siempre el Poder Constituyente, el Acta Nº 2 fue


modificada por el D.L. Nº 1.873 (de 23 de agosto de 1977); el Acta Nº 3 lo fue por los
decretos leyes Nos 1.689 (de 11 de marzo de 1977), 1.697 (de 12 de marzo de 1977),
1.873, ya mencionado, 2.603 (de 23 de abril de 1979), 2.755 (de 5 de julio de 1979) y
3.444 (de 4 de julio de 1980); y, en fin, el Acta Nº 4 sufrió cambios mediante el Decreto
Ley Nº 1.684, de 31 de enero de 1977, y también por el ya citado D.L. Nº 1.689.

126.Modificaciones directas a la Constitución de 1925. Ha de tenerse presente, por


otra parte, que con referencia explícita a la Constitución de 1925, además de las
modificaciones expresas que quedaron citadas, pueden anotarse las siguientes:

a) El art. 10 del Acta Constitucional Nº 2 derogó todo el Capítulo I y sus arts. 1º, 2º, 3º y
4º.

b) El Acta Constitucional Nº 3 derogó los arts. 10 al 20 inclusives, con excepción de los


incisos 2º y 3º del Nº 2 del citado art. 10, sin perjuicio de mantenerse en vigor,
mientras no se dictara el estatuto referente a la propiedad minera, los incisos 4º, 5º y
6º del Nº 10 del art. 10; la disposición decimoséptima transitoria, que se relaciona con
la Gran Minería del Cobre y las empresas consideradas como tal; y, mientras no se
dictara un estatuto que regulara la libertad de enseñanza, el art. 10 Nº 7, en cuanto
fuera compatible con las normas que indica.

c) El Acta Constitucional Nº 4 derogó el Nº 12 del art. 44 y el Nº 17 del art. 72.

121
127.Diferentes formas de ejercicio del poder constituyente. Sintetizando la forma en
que la Junta de Gobierno ejerció el Poder Constituyente con anterioridad a la entrada
en vigencia de la Constitución de 1980, puede afirmarse que ello vino a resultar por
cuatro vías:

a) Mediante los decretos leyes que explícitamente modificaron determinadas normas


de la Carta de 1925.

b) Los decretos leyes promulgados con anterioridad al Nº 788, en cuanto fueran


contrarios o se opusieran, o fueran distintos a algún precepto de la Constitución.

c) Las cuatro actas constitucionales ya mencionadas.

d) Los decretos leyes que con posterioridad al D.L. Nº 788 se fundaron en la potestad
constituyente de la Junta manifestándolo de manera expresa en su texto.

B. LOS PODERES PúBLICOS FUNDAMENTALES

128.Titulares y facultades del Poder Ejecutivo. Según el acta constitutiva de la Junta,


D.L. Nº 1, los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y el General Director de
Carabineros "se constituyen en Junta de Gobierno", "asumen el Mando Supremo de la
Nación" y "designan al General de Ejército don Augusto Pinochet Ugarte como
Presidente de la Junta".

El D.L. Nº 9, de 12 de septiembre, dispuso que los decretos supremos podrían llevar la


sola firma del Presidente de la Junta, precedida de la mención de hacerlo a su nombre,
y además la firma del Ministro del ramo.

El ya citado D.L. Nº 128 precisaba, por su parte, que el Poder Ejecutivo era ejercido
mediante decretos supremos y resoluciones, de acuerdo con el D.L. Nº 9, de 12 de
septiembre de 1973.

El D.L. Nº 527, del que ya dimos también información, reiteró que la Junta había
asumido no sólo los Poderes Constituyente y Legislativo, sino que además el Ejecutivo
(art. 1º), declarando más adelante que este último era ejercido "por el Presidente de la
Junta de Gobierno, quien es el Jefe Supremo de la Nación" (art. 7º inciso 1º). Al
Presidente de la Junta confiaba ese cuerpo normativo la administración y gobierno del
Estado, en términos análogos a los que consagraba el art. 60 de la Constitución de
1925 (art. 9º) y señalaba sus especiales atribuciones (art. 10). El mismo texto estableció
un orden de precedencia de los integrantes de la Junta, y de subrogación y reemplazo
de ellos (art. 15), que fue sustituido por el D.L. Nº 1.429, de 19 de abril de 1976. En el
hecho, el almirante Merino hubo de subrogar al general Pinochet en las oportunidades
en que éste se alejó del país con motivo de viajes a Brasil (12 de marzo de 1974), a
España (22 de noviembre de 1975), a Uruguay (21 de abril de 1975) y a Washington (5
de septiembre de 1977).

122
En virtud del artículo único del D.L. Nº 806, de 17 de diciembre de 1974, modificándose
el art 7º del D.L. Nº 527, se dispuso que el Presidente de la Junta tendría "el título de
Presidente de la República de Chile".

Vinculándose sustancialmente con el Poder Ejecutivo, hay que tener presente que, en
virtud del D.L. Nº 98, de 26 de octubre de 1973, se declararon en reorganización todos
los servicios de la Administración Pública, organismos e instituciones que detalla.

129.Consulta Nacional de 1978. Se produjo una discrepancia en el seno de la Junta de


Gobierno, por la diversidad de criterio entre los generales Pinochet y Leigh. Las
desinteligencias entre ambos se agudizaron cuando, en contra de la opinión de este
último, se decidió la Junta a convocar a una consulta ciudadana por la que se expresara
una reacción nacional ante la condenación del Gobierno chileno, emanada, una vez
más -lo será continuadamente hasta 1987- de la Asamblea General de las Naciones
Unidas: por 96 votos, 14 en contra y 25 abstenciones, el 17 de diciembre de 1977, en
razón de no respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales.

La negativa del Contralor General de la República, Héctor Humeres, a la toma de razón


del decreto de convocatoria a dicha consulta -ordenada por Decreto Nº 1.308 de
Interior, de 27 de diciembre de 1977- provocó la jubilación de dicho funcionario y su
reemplazo, al día siguiente, por Sergio Fernández Fernández. La fundamentación
jurídica del decreto sólo invoca en su apoyo los ya citados Decretos Leyes Nos 1, 128,
527 y 806, que de modo alguno contemplaban la facultad de recurrir en tal evento al
parecer ciudadano.

La población mayor de dieciocho años -chilenos o extranjeros- debería pronunciarse,


en forma afirmativa o negativa, sobre la única proposición siguiente:

"Frente a la agresión internacional declarada en contra del Gobierno de nuestra Patria,


respaldo al Presidente Pinochet en su defensa de la dignidad de Chile, y reafirmo la
legitimidad del Gobierno de la República para encabezar soberanamente el proceso de
institucionalización del país".

La votación se practicaba simplemente entregando el ciudadano su cédula de identidad


en cualquiera de las mesas receptoras designadas por los alcaldes y en los lugares
también señalados por éstos.

El acto se desarrolló el 5 de enero de 1978 y el resultado dado a conocer fue de


4.012.023 (75%) por el SI, de 1.092.226 (20,41%) por el NO y de 244.923 (4,59%) nulos
y blancos.

130.Remoción del general Leigh. La circunstancia de que el general Leigh concediera,


en abril de 1978, una entrevista al diario italiano Il Corriere della Sera, en la que
formulaba un pensamiento político discordante, en aspectos sustanciales, con el que
parecía sostener la Junta, dio lugar a la pública expresión de solidaridad con el general
Pinochet, tanto de parte de los demás integrantes de ella como de los Ministros de
Estado.
123
Al no acceder el general Leigh a la insinuación que se le hiciera de renunciar a su cargo,
la Junta, invocando las facultades contenidas en el D.L. Nº 527 declaró: "que el general
Leigh se encontraba absolutamente inhabilitado para continuar ejerciendo sus
funciones", por lo cual procedía que ella designara a su reemplazante. Tal medida se
dispuso por Decreto Nº 624, de 24 de julio de 1978. Del documento no tomó razón la
Contraloría, sino que tan sólo se registró en ésta "en el entendido de que dicho acto
constituye jurídicamente un decreto ley y no un decreto supremo". Así lo resolvió el
nuevo Contralor, Osvaldo Iturriaga, nombrado por haber pasado el antecesor
Fernández al Ministerio del Interior (Oficio Nº 41.627, de 24 de julio de 1978).

El alejamiento del señor Leigh de la Junta condujo a su sustitución en ella por el


general Fernando Matthei Aubel, quien asumió la Comandancia en Jefe de la Fuerza
Aérea; se desempeñaba éste entonces como Ministro de Salud y fue uno de los tres
jefes del grado superior que no se hicieron solidarios con el general Leigh, ya que los
otros renunciaron en señal de adhesión a éste.

131.Los poderes Constituyente y Legislativo. Los poderes Constituyente y Legislativo


asumidos por la Junta se ejercerían por ella, según ya se dijo, conforme al art. 3º del
D.L. Nº 128, "mediante decretos leyes con la firma de todos sus miembros y cuando
éstos lo estimen conveniente, con la de él o los ministros respectivos".

El D.L. Nº 527 puntualiza luego que "la decisión de legislar compete exclusivamente a la
Junta de Gobierno" y que a ella corresponde igualmente la iniciativa exclusiva en los
asuntos de esa índole que señala, según una enumeración que corresponde
prácticamente a la de los que con tal calidad pertenecían al Presidente de la República
en la Carta de 1925 (art. 5º).

Asimismo, conforme al citado D.L. Nº 527, otro cuerpo complementario de igual


naturaleza establecería los órganos de trabajo de la Junta, los procedimientos de que
se valdría para ejercer sus potestades constituyente y legislativa y los mecanismos que
le permitirían requerir la colaboración de la comunidad -a través de sus organizaciones
técnicas y representativas- para la elaboración de los decretos leyes.

El cuerpo normativo así anunciado vino a promulgarse como D.L. Nº 991, el 3 de enero
de 1976, y fue reglamentado por Decreto Supremo Nº 220, del Ministerio del Interior,
de 21 de abril de 1976.

El procedimiento se ajustó, en síntesis, a los siguientes puntos:

a) Se creaban tres Comisiones Legislativas. "según la especialidad o áreas jurídicas que


comprendan las materias sometidas a su conocimiento", y además una Comisión
Legislativa Especial de Defensa Nacional (art. 2º). Cada una de dichas comisiones era
presidida respectivamente por uno de los cuatro integrantes de la Junta (art. 3º, inciso
1º) y compuesta por "profesionales, técnicos o expertos altamente calificados y un
Secretario con carácter de Ministro de Fe" (art. 3º inciso 2º).

124
b) Las funciones de las Comisiones eran: "asesorar a los Miembros de la Junta de
Gobierno, con carácter consultivo", "estudiar los asuntos que sean entregados a su
examen y formular proposiciones concretas en relación al texto de los proyectos de
decreto ley para que sean resueltas por los Miembros de la Junta" (art. 5º).

c) Se creaba la Secretaría de Legislación, encabezada por un Oficial de cada uno de los


Servicios de Justicia de las Fuerzas Armadas (art. 7º). Este cargo lo desempeñó
continuadamente y con mucha eficiencia un abogado asimilado a la Marina, Mario
Duvauchelle.

d) Tanto a los miembros de la Junta como al Presidente de la República se les reconocía


iniciativa legislativa (arts. 13, 14 y 15).

e) La iniciativa formulada se remitía a la Secretaría de Legislación, la que evacuaba un


informe, destinado a analizarla desde un punto de vista formal y sustantivo, dictamen
que se remitía, junto con el proyecto, a la Comisión Legislativa respectiva (art. 18).

f) Los proyectos podían ser objeto de indicaciones por parte del Presidente de la
República o de los miembros de la Junta (art. 16).

g) Las Comisiones Legislativas, una vez estudiado un determinado proyecto, debían


enviarlo, para su consideración, a los integrantes de la Junta, quienes tomaban
conocimiento de él en audiencias periódicas, en las que actuaba como Relator algún
miembro de la respectiva Comisión (art. 24).

h) Los proyectos de decretos leyes aprobados por la Junta eran promulgados por el
Presidente de la República, debiendo luego remitirlos a la Secretaría de Legislación, la
cual los enviaba a la Contraloría y al Diario Oficial para su publicación (art. 28).

i) Se facultaba a las Comisiones Legislativas para requerir antecedentes, asesorías o


colaboración a los distintos organismos del Estado y a los entes privados que estimasen
conveniente a fin de que participaran en la elaboración de los decretos leyes, como
órganos consultivos (art. 20). El D.L. Nº 1.514, de 6 de septiembre de 1976, reglamentó
la aplicación de esta norma.

132.Poder Judicial. El Acta Constitutiva de la Junta de Gobierno (D.L. Nº 1, de 11 de


septiembre de 1973) declara que ella, "en el ejercicio de su misión, garantizará la plena
eficacia del Poder Judicial" (art. 3º).

El Presidente de la Corte Suprema, Enrique Urrutia Manzano, entregó al día siguiente


una declaración pública en la que, en conocimiento del propósito del nuevo Gobierno
de respetar y hacer cumplir las decisiones del Poder Judicial sin examen administrativo
previo de su legalidad, manifestaba "su más íntima complacencia en nombre de la
Administración de Justicia de Chile". El día 13 de septiembre, el pleno de la Corte
Suprema acordó ratificar la declaración de su presidente y disponer que los tribunales
continuaran cumpliendo sus labores "ante la certeza de que la Autoridad
125
Administrativa respectiva les prestará la garantía necesaria en el desempeño normal de
sus funciones". El día 25 de septiembre, en fin, la Junta de Gobierno se trasladó a la
Corte Suprema y el presidente de ésta explicó que lo hacía para testimoniar el respeto
que sentía por el Poder Judicial, "símbolo del derecho y de la justicia chilena", haciendo
presente que el respaldo moral que la Corte prestaba "nos ha dado nuevos bríos para
proseguir en la inmensa y patriótica labor de recuperación nacional...". El señor
Urrutia, por su lado, agradeció en elocuentes términos el gesto de la Junta.

De modo consecuente, el D.L. Nº 128 expresaba: "el Poder Judicial ejercerá sus
funciones en la forma y con la independencia y facultades que señale la Constitución
Política del Estado" (art. 1º inciso 2º).

El D.L. Nº 527 reiteró que "el Poder Judicial está constituido y ejerce sus funciones en la
forma y con la independencia y facultades que señalen la Constitución Política del
Estado y las leyes de la República" (art. 3º).

133.Contraloría General de la República. El D.L. Nº 38, de 2 de octubre de 1973,


modificó la Ley Nº 10.336, orgánica de la Contraloría General de la República,
principalmente para dar un nuevo texto a su art. 16, en el que se indicaban cuáles eran
los órganos públicos sometidos a su fiscalización.

Resulta pertinente mencionar que la citada ley orgánica de la Contraloría, en el inciso


4º de su art. 10, después de precisar los casos en que procede el trámite de la toma de
razón, agregó: "no obstante, el Contralor General podrá eximir a uno o más Ministerios
o Servicios del trámite de la toma de razón de los decretos supremos o resoluciones
que concedan licencia, feriados y permisos con goce de sueldo, o que se refieran a
otras materias que no considere esenciales".

Pues bien, el Contralor, mediante resolución Nº 1.100, publicada en el Diario Oficial de


10 de noviembre de 1973, sustituyendo la resolución 522, de 15 de octubre de 1970,
que determinaba las materias no exentas de toma de razón, precisó que estarían fuera
de ese trámite "las materias relativas a atribuciones generales" que no se encontraran
expresamente mencionadas en la enunciación que el precepto contiene, de modo que
tan sólo las que allí se citan serían "consideradas esenciales para este efecto" (art. 4º).

En virtud de la alteración así dispuesta, quedaron fuera de la toma de razón decisiones


del poder administrativo tan importantes como todas aquellas vinculadas a las
restricciones del goce y ejercicio de las libertades públicas.

Por otra parte, el D.L. Nº 1.141, de 14 de agosto de 1975, estableció, en su artículo


único, que el Presidente de la República podía "disponer por decreto supremo o por
oficio que los organismos contralores ejercieran sus facultades respecto de las
instituciones fiscales, semifiscales o autónomas, sobre las empresas de Estado y, en
general, sobre los organismos, entidades o sociedades a que se refiere el D.L. Nº 38,
cualquiera que sea su naturaleza jurídica, que por disposiciones legales preexistentes o
que se dicten en el futuro no estén ordinariamente afectas a dicha fiscalización".

126
Hemos anotado ya cómo el señor Humeres, que desempeñaba la Contraloría al advenir
el régimen militar, fue reemplazado por Sergio Fernández y a éste sucedió el
funcionario de carrera de la misma repartición Osvaldo Iturriaga, quien continuó
sirviendo el cargo después del 11 de marzo de 1990.

134.Gobierno y administración interior del Estado. El D.L. Nº 25, de 24 de septiembre


de 1973, ordenó el cese en sus funciones de todos los alcaldes y regidores de las
municipalidades del país. Desde esa misma fecha todos los nuevos alcaldes fueron
designados por el Presidente de la República como funcionarios de su confianza.

Desde un comienzo, el Gobierno militar se preocupó de iniciar un proceso de


regionalización del país. Destacada participación en ese objetivo cupo a la Comisión
Nacional de Reforma Administrativa (CONARA), creada por el D.L. Nº 212, de 26 de
diciembre de 1973. El estudio de CONARA sirvió luego de base al análisis que sobre la
materia habría de hacer la Comisión Ortúzar.

El proceso de regionalización del país se manifestó en la dictación de dos cuerpos


normativos: el D.L. Nº 573, de 12 de julio de 1974, sobre "Estatuto del Gobierno y
Administración Interior del Estado", y el D.L. Nº 575, de 13 de ese mismo mes y año,
que para realizarlo "Establece la Regionalización del País". Ellos fueron completados
por los Decretos Leyes Nos 1.230, 1.317 y 2.339.

Según el primero de dichos textos, "el territorio de la República se dividió en regiones y


las regiones en provincias. La administración local quedó constituida por las comunas o
agrupaciones de comunas" (inciso 1º del art. 1º), sin perjuicio de que "podrá la ley
definir y fijar áreas metropolitanas, y establecer para ello regímenes especiales" (inciso
2º del art. 1º y art. 21). "La ley, al determinar las regiones, deberá propender a que
cada una de ellas constituya una unidad territorial debidamente organizada que
contemple todos los aspectos propios de una política de desarrollo económico,
cultural, social y de seguridad nacional" (art. 3º). La región es encabezada por el
intendente, agente natural e inmediato del Poder Ejecutivo, que permanece mientras
cuente con la confianza del Jefe del Estado (art. 4º). Se estableció un Consejo Regional
de Desarrollo (art. 7º). La autoridad superior de la provincia era el gobernador,
subordinado al intendente, nombrado oyendo a éste, por el Poder Ejecutivo y de
confianza, asimismo, del Jefe del Estado (art. 11). La autoridad superior de la comuna
era el alcalde, designado y de confianza exclusiva del Jefe Supremo de la Nación (art.
14). En cada municipalidad habría un Consejo de Desarrollo Comunal (art. 17). El
proceso de regionalización del país podía realizarse gradualmente (art. 1º transitorio).

El D.L. Nº 575 definió las doce regiones en que se dividiría el territorio de la República,
y un área metropolitana, y fijó las atribuciones propias del intendente y las de los
Consejos Regionales. Conforme al art. 14, "los Ministerios se desconcentrarán
territorialmente mediante Secretarías Regionales Ministeriales, pero no existirán
respecto de los Ministerios del Interior, Defensa Nacional, Relaciones Exteriores y
demás que determine el Poder Ejecutivo".

127
El D.L. Nº 1.289, de 14 de enero de 1976, que fue la ley orgánica de municipios y
administración comunal, entregó al Presidente de la República la designación de los
alcaldes, oyendo previamente al intendente regional (art. 10).

Para contar con un cuadro completo del ordenamiento jurídico en esta materia
pueden, en fin, citarse también los D.L. Nos 1.230, 1.317 y 2.339.

135.Régimen de las libertades públicas. Desde la vigencia del D.L. Nº 3, de 11 de


septiembre de 1973, que lo dispuso por primera vez, hasta el 10 de marzo de 1978, en
que dejó de renovarse, rigió ininterrumpidamente el estado de sitio, y desde la
promulgación del D.L. Nº 4, en ese mismo período y hasta el comienzo de vigencia de la
Constitución de 1980, se mantuvo también el país en estado de emergencia.

La preceptiva general reguladora de los diversos estados de excepción se contempló


posteriormente en el D.L. Nº 640, de 10 de septiembre de 1974, y, más adelante, en el
Acta Constitucional Nº 4, de 13 de septiembre de 1976.

Cabe recordar que en tanto el estado de sitio requería la aceptación de la Junta de


Gobierno, la declaración de los estados de emergencia no la requería, y conforme a
ellos, por las diversas disposiciones que alteraban sus facultades y por las que luego se
mencionarán, podían hacerse efectivas en contra de los ciudadanos una gran variedad
de medidas restrictivas de sus libertades públicas fundamentales. Del carácter recién
indicado son, entre otros, los siguientes textos:

a) El D.L. Nº 81, de 6 de noviembre de 1973, que "fija, por razones de seguridad del
Estado, sanciones para las personas que desobedezcan el llamamiento público que
indica el Gobierno"; sanciona con extrañamiento, presidio y cancelación del pasaporte
de quienes estuvieren en el extranjero a las personas que no se presentaren ante las
autoridades militares; autoriza para que, por decreto fundado de los Ministros del
Interior y de Defensa, se dispusiera la expulsión del territorio nacional de chilenos o
extranjeros, y prohíbe y castiga a quienes reingresen al país sin permiso previo del
Ministerio del Interior.

b) El D.L. Nº 228, de 3 de enero de 1974, que "fija normas para la aplicación del artículo
72, Nº 17, inciso 3º, de la Constitución Política del Estado" (facultades del estado de
sitio).

c) El D.L. Nº 684, de 1974, sobre expulsiones y reingreso al país.

d) El D.L. Nº 1.009, de 8 de mayo de 1975, que "sistematiza normas sobre protección


jurídica de los derechos procesales de los detenidos por delitos contra la seguridad
nacional por los organismos que indica" y modifica preceptos del D.L. Nº 640.

e) El D.L. Nº 1.094, de 1975, que establece normas sobre permanencia de extranjeros


en el país.

f) El D.L. Nº 1.281, de diciembre de 1975, que restringe la libertad de expresión.


128
g) El D.L. Nº 1.684, que, modificando el art. 14 del Acta Constitucional Nº 4, estableció
la improcedencia del recurso de protección en las situaciones de emergencia, sean las
contempladas en el Acta Nº 4 o en otras normas constitucionales o legales.

h) El D.L. Nº 1.877, de 13 de agosto de 1977, que amplía las atribuciones de los jefes
militares en las zonas de emergencia y concede la facultad al Presidente de la República
de arrestar hasta por cinco días a las personas en su domicilio o en los lugares que no
sean cárceles.

i) El D.L. Nº 3.168, de 6 de febrero de 1980, autoriza para disponer, mediante decreto


del Ministro del Interior expedido por orden del Presidente, la permanencia obligada
en determinado punto del territorio nacional por no más de tres meses y dispone que
la facultad del D.L. Nº 1.877 se ejerciera asimismo por decreto del Ministro del Interior.

j) El D.L. Nº 3.451, de julio de 1980, que modificó el D.L. Nº 1.877.

El órgano de poder cuyo desempeño provocó las más fuertes críticas fue
indiscutiblemente la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile (DINA), establecida
según D.L. Nº 521, de 14 de junio de 1974, para concentrar en una sola repartición,
dependiente directamente de la Junta, los servicios que con tal finalidad integraban las
diversas ramas de las Fuerzas Armadas. A la DINA se le asignó la misión de "reunir toda
la información a nivel nacional proveniente de los diferentes campos de acción, con el
propósito de producir la inteligencia que se requiera para la formulación de políticas y
planificación". A este organismo se le atribuyeron excesos y abusos manifestados de
modo especial en la desaparición de numerosas personas detenidas por sus
funcionarios. Las reacciones generadas por la actuación de la DINA llevaron a privarle
de la facultad de mantener sus propios lugares de detención y más adelante a
disolverla mediante D.L. Nº 1.876, de 13 de agosto de 1977, dando paso a la Central
Nacional de Informaciones (CNI), constituida mediante D.L. Nº 1.878, de ese mismo
día. Esta nueva organización fue creada como consecuencia de las acusaciones que se
formulaban a la DINA de haber participado en el asesinato del ex canciller Orlando
Letelier y de su secretaria norteamericana Ronnie Moffit, crimen ocurrido en pleno
corazón de Washington el 21 de septiembre de 1976.

136.Reacciones eclesiásticas. Las inquietudes surgidas por la situación de las personas


detenidas condujeron a que, integrada por representantes de diversas confesiones
religiosas, se constituyera un "Comité Ecuménico de Cooperación para la Paz en Chile"
(Comité Pro Paz), cuyas actividades generaron vivas discrepancias.

El general Pinochet se dirigió al Cardenal Raúl Silva Henríquez, Arzobispo de Santiago,


manifestándole su preocupación porque, con motivo de la actuación de tal organismo,
se había levantado una campaña destinada a "producir la equivocada impresión de que
existirían diferencias entre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y el Gobierno de
Chile" (oficio de 6 de agosto de 1978).

129
Como reacción a la nota del general Pinochet, fue creada, dependiente del
Arzobispado de Santiago, la Vicaría de la Solidaridad, que habría de desempeñarse
activamente en la defensa de los derechos humanos durante el resto de la intervención
militar y cuya creación sería imitada en varias otras diócesis.

137.Restricciones al derecho de asociación. El estudio del régimen que se impuso a lo


largo del período en examen en materia de libertades públicas, debe considerar: que
mediante D.L. Nº 50, de 2 de octubre de 1973, se designaron rectores delegados en
todas las universidades del país; que el D.L. Nº 77, de 8 de octubre de 1973, declaró
asociaciones ilícitas a los partidos que menciona y a todas aquellas entidades que
sustentaran la doctrina marxista, y también disueltas dichas colectividades,
cancelándoles su personalidad jurídica, al tiempo que pasaron sus bienes a dominio
fiscal; que el D.L. Nº 78, de 17 de octubre de 1973, declaró en receso a los partidos no
comprendidos en el D.L. Nº 77; y, en fin, que el D.L. Nº 1.697, de 1977, declaró
disueltos a todos los partidos políticos.

Es importante anotar igualmente que las juntas de vecinos, centros de madres, demás
organizaciones comunitarias y funcionales, colegios profesionales y de técnicos,
cooperativas, corporaciones y fundaciones -prácticamente la gran mayoría de los
cuerpos intermedios de la colectividad nacional- se vieron afectados por el D.L. Nº 349,
de 13 de marzo de 1974, que prorrogó el período de sus directivas, dispuso que las
vacantes se llenaran por los gobernadores y que las reuniones se celebraran según las
normas que impartiera el Ministerio del Interior. Mediante D.L. Nº 2.346, de 20 de
octubre de 1978, se declararon ilícitas y se disolvieron varias organizaciones sindicales.

Muchos cuerpos legales afectaron más adelante de modo particular a los colegios
profesionales (D.L. Nº 971, de 1975; Nº 2.306, de 1978; Nº 2.516 y 2.962, de 1979).
Con carácter general se atribuyó a dichos colegios la calidad de asociaciones gremiales,
mediante el D.L. Nº 3.621, de 7 de febrero de 1981, y pasaron, en consecuencia, a
regirse por las disposiciones del D.L. Nº 2.757, de 1979, relativo a dicha clase de
asociaciones.

138.Ley de amnistía de 1978. Contribuye a describir el marco en que se movió el


régimen militar en el período que precedió a la aplicación de la Carta de 1980, anotar
que en virtud del D.L. Nº 2.191, de 19 de abril de 1978, se concedió amnistía a todas las
personas que hubieran incurrido en hechos delictuosos, durante la vigencia del estado
de sitio, en el período comprendido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de
marzo de 1978, siempre que no se encontraren sometidas a proceso o condenadas
(art. 1º). La amnistía se extendió también a las personas condenadas por tribunales
militares con posterioridad al 11 de septiembre de 1973 (art. 2º). El cuerpo normativo
contuvo una lista de delitos carentes de connotación política cuyos responsables no
quedaban incluidos en el beneficio (art. 3º) y dispuso que no se favorecían con su
aplicación las personas responsables en los hechos investigados en el proceso rol 192-
78 del Juzgado Militar de Santiago (art. 4º), norma que se refería al proceso seguido en
contra de funcionarios de la DINA por falsificación de los pasaportes que habrían
servido para que se trasladaran a Estados Unidos quienes habrían intervenido en el
asesinato de Orlando Letelier.
130
C. HACIA UNA NUEVA CONSTITUCIÓN POLÍTICA

139.Formación de la Comisión Ortúzar. Paralelamente a su labor dirigida a la


conducción del país, la Junta de Gobierno se preocupó de la preparación de un nuevo
estatuto constitucional.

El 24 de septiembre de 1973, a insinuación del Ministro de Justicia Gonzalo Prieto


Gándara, comenzó a reunirse con tal objeto una comisión, compuesta inicialmente por
los señores Enrique Ortúzar Escobar, Sergio Diez Urzúa, Jaime Guzmán Errázuriz y Jorge
Ovalle Quiroz, eligiéndose por ellos, en esa misma fecha, como presidente al señor
Ortúzar.

En sesión de 9 de octubre siguiente se incorporaron a la comisión los señores Enrique


Evans de la Cuadra, Gustavo Lorca Rojas y el autor de esta obra.

Se dio formalidad a la constitución de la comisión por decreto supremo del Ministerio


de Justicia, Nº 1.064, de 25 de octubre de ese mismo año, y fue llamada, según su
letra, "para que estudie, elabore y proponga un anteproyecto de una nueva
Constitución Política del Estado y sus leyes complementarias".

Como cuerpo colegiado se la conoce con el nombre de "Comisión Ortúzar", atendiendo


al apellido de su presidente, y de modo oficial fue mencionada al comienzo como
"Comisión Constituyente" y, desde su sesión Nº 246, de 21 de septiembre de 1976, se
la denominó como "Comisión de Estudios de la nueva Constitución Política del Estado".

La Junta, por oficio del Ministro Secretario General de Gobierno Pedro Ewing Hodar, de
21 de diciembre de 1974, dispuso incorporar a la Comisión a la señora Alicia Romo
Román.

Las ocho personas señaladas actuaron continuadamente hasta que se alejaron los
comisionados Evans y Silva, los días 16 y 17 de marzo de 1977, respectivamente. Este
último dio como razón de su renuncia la promulgación del D.L. Nº 1.697, de 12 de
marzo de 1977, que dispuso la disolución de los partidos políticos no afectados por el
D.L. Nº 77 de 1973. Es relevante también anotar aquí que Pedro Jesús Rodríguez, que
presidía la Subcomisión sobre Derecho de Propiedad, renunció también por su lado el
16 de marzo de 1977. Jorge Ovalle Quiroz se retiró, asimismo, dejándose constancia de
su renuncia en la sesión de 24 de mayo de 1977, dimisión que le había sido solicitada
verbalmente por la Ministro de Justicia, Mónica Madariaga, según ésta declaró a la
prensa (El Mercurio, 19 y 20 de mayo de 1977).

Ocurridas las circunstancias recién anotadas, la labor de la Comisión entró a una


segunda etapa de trabajo cuando a ella se incorporaron, el 9 de junio de 1977 -en
sesión a la que concurrieron el Presidente Pinochet y la Ministro de Justicia Mónica
Madariaga-, la señora Luz Bulnes Aldunate y los señores Raúl Bertelsen Repetto y Juan
de Dios Carmona Peralta.

131
140.Su labor. Desde su iniciación hasta el término de sus labores, la Comisión Ortúzar
celebró 417 sesiones, entre las que se cuentan algunas a las que se dio carácter
reservado. La actuación de sus integrantes iniciales se extendió hasta la sesión Nº 295,
en tanto que el trabajo efectuado por quienes participaron de su segunda
conformación se realizó a lo largo de las que siguieron y hasta la última, el 5 de octubre
de 1978.

Es útil advertir que la compaginación es particular respecto del acta de cada una de las
245 primeras reuniones; desde la sesión Nº 246 se inicia, entre tanto, una foliación
continuada que llega hasta al página 3681.

La labor cumplida en el lapso en que intervinieron los comisionados primitivamente


llamados recayó en los preceptos que forman los Títulos I, II y III de la nueva
Constitución, sobre "Bases de la Institucionalidad", "Nacionalidad y Ciudadanía" y
Derechos y Deberes Constitucionales".

Actuó como Secretario de la Comisión quien lo había sido antes del Senado, Rafael
Eyzaguirre Echeverría, y como Prosecretario también otro antiguo funcionario de esa
Corporación, Rafael Larraín Cruz, a cuyo cargo quedó prácticamente en plenitud el
desempeño de esa labor.

La circunstancia de haber colaborado numerosos ex funcionarios de una u otra Cámara


contribuyó a la más eficiente y correcta redacción de las actas, recogidas en once
gruesos volúmenes. En éstos se observa mayor amplitud en cuanto a las deliberaciones
que se desarrollaron durante la primera integración, las cuales ocupan hasta la mitad
del Tomo Noveno, si se las compara con los debates producidos en el tiempo de su
segunda conformación.

141.Aportes recibidos por ella. A las sesiones no sólo concurrieron los integrantes de la
Comisión, sino que, al iniciarse el estudio de las principales materias, se escuchó
además, llamados por ella, a profesores universitarios, destacados profesionales,
dirigentes gremiales, técnicos y altos funcionarios del Estado.

Si bien se mantuvo la Comisión dentro de su objetivo esencial de preparar un


anteproyecto de nueva Constitución, se la consultó además, sin embargo, según
anotaremos, respecto de algunos de los proyectos de ley iniciados por la Junta.

La Comisión entró de ordinario a conocer directamente de inmediato en pleno las


respectivas materias, sin contar con informes previos ajenos a ella, no obstante recibió
también el aporte del trabajo de varias subcomisiones, por ella designadas en la sesión
5ª, de 4 de octubre de 1973. Llegaron las subcomisiones a la formulación de
dictámenes importantes y sustanciosos sobre las siguientes materias: Descentralización
Administrativa y Regional (informe elaborado en conjunto con Odeplan, anexo de la
sesión 23, de 14 de marzo de 1974); Inscripciones Electorales y Ley de Elecciones
(informe acompañado a la sesión 65, de 26 de agosto de 1974, pág. 16); Medios de
Comunicación Social (informe distribuido en la sesión 88, de 19 de noviembre de

132
1974); Derecho de Propiedad (anexo de la sesión 148, de 26 de octubre de 1975, pág.
21), y Poder Judicial (anexo de la sesión 251, de 19 de octubre de 1976).

142.Diferentes etapas de su trabajo en su primera integración. Una primera etapa de


las labores efectuadas por la Comisión Ortúzar se concretó en la redacción de un texto
llamado a fijar las orientaciones básicas del anteproyecto de Ley Fundamental. Con tal
propósito se desarrollaron los debates registrados en las actas de las reuniones 9ª a
18ª, celebradas entre el 23 de octubre y el 22 de noviembre de 1973. Tal es el origen
del documento denominado "Metas u objetivos fundamentales en que deberá
inspirarse la nueva Constitución Política del Estado", aprobado por la Junta de
Gobierno el 26 de noviembre de 1973 y dado a conocer por ella en solemne acto
público.

Con el fin de abrir camino a la aceptación de la idea de la promulgación de una nueva


Carta, la Junta de Gobierno envió a varios de los comisionados, y entre ellos al autor, a
explicar la sustancia de lo sostenido en el documento "Metas u Objetivos" a las
autoridades públicas y medios judiciales y universitarios de diversos países de Europa.
Mereció el texto varias opiniones favorables y, entre ellas, la muy fundada del
distinguido tratadista francés Georges Burdeau, incorporada al acta de la sesión 21, de
7 de marzo de 1974.

La Comisión se dedicó, en una segunda etapa, a estudiar un proyecto de reforma


constitucional sobre "Gobierno Interior y Régimen de Administración Interior", que le
hizo llegar la Junta de Gobierno y a cuyo análisis dedicó las sesiones 25ª, de 25 de
marzo de 1974, y 28ª a 32ª, de 2, 4, 9, 11 y 16 de abril de 1974, respectivamente. Sobre
tal base se dispusieron los ya citados decretos leyes Nos 573 y 575.

Conformando, puede decirse, una tercera etapa, la Comisión inició la discusión


particular de la preceptiva del proyecto de nueva Carta, en la sesión 37ª, de 2 de mayo
de 1974, y de ella se ocupa hasta la 54ª, de 16 de junio de 1976. En las citadas
reuniones se aprueban las disposiciones que habrán de conformar el Capítulo I del
anteproyecto, sobre las "Bases de la Institucionalidad". En la sesión 56ª, de 23 de julio
de 1974, comienza el debate del Capítulo II, sobre "Nacionalidad y Ciudadanía". La
sesión 83ª, de 31 de octubre de 1974, abre la deliberación general del Capítulo III "De
los Derechos y Deberes Constitucionales", destinándose a su discusión particular desde
la sesión 87ª, de 14 de noviembre de 1974, a la 243ª, de 11 de agosto de 1976.

143.Anuncio de las Actas Constitucionales. En medio del debate sobre los "Derechos y
deberes constitucionales", el general Pinochet, el 11 de septiembre de 1975, dirigió al
país un discurso llamado a repercutir en la labor de la Comisión.

En lo pertinente al tema de este trabajo, el Presidente expresó:

"La Honorable Junta de Gobierno ha acordado dictar, en el ejercicio de su potestad


constituyente, y antes de fines del primer semestre del año próximo, tres Actas
Constitucionales: la primera, referente a las "Bases fundamentales de la nueva
institucionalidad"; la segunda, sobre "Nacionalidad y ciudadanía"; y la tercera, sobre
133
"Derechos y garantías constitucionales" y "Regímenes de emergencia". En ellos (sic) se
recogerá así los valiosos trabajos que ha estado desarrollando la comisión de juristas
encargada de preparar un anteproyecto de nueva Constitución Política del Estado".

"Más adelante, y siempre con el aporte de dicha Comisión, se dará forma a las Actas
Constitucionales, al Estatuto Jurídico de la Junta de Gobierno, a las normas
constitucionales sobre el Poder Judicial, y al Decreto-Ley sobre Regionalización, con los
perfeccionamientos que la propia Junta de Gobierno pueda acordar introducirles en su
oportunidad".

"Concluida esta fase, Chile tendrá en este conjunto de Actas Constitucionales un


Cuerpo Constitucional único y cierto, lo cual exigirá absorber muchas disposiciones de
ese rango que hoy se encuentran dispersas, a la vez que permitirá tener por
definitivamente derogada la Constitución de 1925".

"La experiencia que esta institucionalidad provisoria, pero completa y clara, vaya
arrojando con el tiempo, permitirá evaluar y diseñar sin apremios las que pudieran ser
nuestras estructuras institucionales definitivas, especialmente en lo que dice relación
con la generación y estructura de los órganos o Poderes del Estado. De este modo será
posible ir adecuando la nueva institucionalidad a la cambiante realidad nacional, en
lugar de tratar de encasillar a ésta en moldes teóricos que seguramente resultarían
precipitados o ineficaces" (El Mercurio de 12 de septiembre de 1975).

144.Contenido de ellas. El anuncio presidencial motivó un intenso debate en el seno de


la Comisión Ortúzar, recogido en su sesión 153, de 23 de septiembre de 1975, al
tiempo que suscitó también numerosos comentarios de prensa que se centraron en
torno a la conveniencia de la dictación de las Actas Constitucionales.

Se explica que, en el afán de seguir adelante en su propósito, según testimonia el acta


de la sesión 227, de 30 de junio de 1976, el general Pinochet tuviera una entrevista con
los comisionados Ortúzar y Guzmán, en la que les solicitara que la Comisión
suspendiera el debate sobre las libertades constitucionales y entrara a preparar las
Actas Constitucionales que serían anunciadas solemnemente el próximo 11 de
septiembre. Tal es el motivo de que -no obstante la reiterada resistencia del autor de
esta obra, integrante entonces de la Comisión, a que se distrajera de la finalidad del
trabajo para que había sido convocada- en la citada reunión 227ª se designara una
Subcomisión encargada de proponer una redacción para tales Actas aprovechando al
efecto los textos ya aprobados. Tal Subcomisión quedó formada por los señores
Guzmán, Ovalle y Ortúzar. En definitiva la Comisión se pronunció sobre los proyectos,
que se transformarían en las Actas Constitucionales Nos 2, 3 y 4, en la sesión 244ª, de
12 de agosto de 1976. Las tres Actas se vinieron a promulgar, como ya dijimos, el 11 de
septiembre de 1976, y se publicaron dos días después.

En la sesión 246ª, de 21 de septiembre de 1976, ya promulgados esos documentos,


hice notar "la inspiración sustancialmente diversa en aspectos trascendentales... entre
las Actas y las normas propuestas por la Comisión... y la conveniencia de dar a conocer
al país en forma íntegra el articulado que refleja el trabajo realizado por la Comisión"
134
(pág. 4); puntualizando, respecto de los cambios acogidos en las Actas, que los
componentes de la Comisión que no integraron la Subcomisión que las redactara no se
encontraban intelectualmente ligados con la sustancia de ellas (pág. 8). Luego, en la
sesión 248ª, con motivo de una declaración pública propuesta por el señor Ortúzar,
obtuvimos que se precisara que el aprovechamiento de la labor de la Comisión por las
Actas se había efectuado "sin perjuicio de las necesarias adaptaciones que el Gobierno
ha estimado necesario introducirle para adaptarlo a la actual realidad" (pág. 65).

Distraída la Comisión con esta sorpresiva tarea extraordinaria, vuelve a sus debates
sobre las garantías constitucionales, a las cuales se aboca nuevamente desde la citada
sesión 248ª, de 28 de septiembre de 1976, originándose una cuarta etapa de su
trabajo.

145.Discurso de ChacarillasCon motivo de la conmemoración del combate de La


Concepción, se convocó, el 9 de julio de 1977, a una reunión multitudinaria en el Cerro
Chacarillas, ubicado en el sector oriente de la capital, por el Frente Juvenil de Unidad
Nacional, acto que fue aprovechado por el general Pinochet para anunciar la
realización de un proceso gradual de tres etapas, que él llamara de "recuperación", de
"transición" y de "normalidad" o consolidación.

En la primera de las etapas precisadas en el discurso -la cual según el general Pinochet
se estaba ya entonces cumpliendo- el poder político era asumido íntegramente por las
Fuerzas Armadas, y a ella debía ponérsele término antes del 31 de diciembre de 1980,
de modo que durante "el período que falta... será necesario completar la dictación de
Actas Constitucionales, en todas aquellas materias de rango constitucional aún no
consideradas por ellas... De esta manera quedará definitivamente derogada la
Constitución de 1925...". En la etapa de "transición" que habría de seguir, los atributos
del poder político, "en sus aspectos más contingentes serán compartidos con la
civilidad, la cual habrá de pasar así de la colaboración a la participación". Por último, en
la etapa final de "normalidad", dicho poder debería ser ejercido directamente por la
civilidad, reservándose constitucionalmente a las Fuerzas Armadas el rol de garantes de
la institucionalidad.

146.Ultima etapa de la labor de la Comisión Ortúzar. Cumpliendo el anuncio de


Chacarillas, el general Pinochet envió a la Comisión Ortúzar, el 10 de noviembre de
1977 -cuando ella funcionaba en su segunda forma de integración- un oficio para
transmitir a ésta, en su calidad de Presidente de la República, "algunas orientaciones
fundamentales para guiar vuestro trabajo, dentro de la libertad que el Gobierno
siempre ha respetado para vuestros debates y análisis" (documento incorporado a las
sesiones 327ª y 328ª, celebradas en 15 y 16 de noviembre de 1977). El documento
pedía ajustarse, en la redacción de las Actas que faltaban, en su línea matriz, al
Mensaje Presidencial del 11 de septiembre de ese mismo año y entraba luego a
referirse específicamente a numerosos temas, entre los cuales la creación del Poder de
Seguridad, la proscripción de la difusión y acción de las doctrinas, grupos y personas de
inspiración totalitaria, el sistema de elección de Presidente de la República, la
preservación de la autonomía de los cuerpos intermedios, etc.

135
Respondiendo la Comisión al oficio del Presidente, se comprometió ésta a guiarse por
sus planteamientos en la elaboración del anteproyecto de nueva Carta y de las Actas
Constitucionales que aún faltaba por dictar.

Ajustándose fielmente al requerimiento del Presidente, siguieron trabajando los


comisionados -en la que podría considerarse como una quinta etapa de su labor- desde
la sesión 329ª, de 22 de noviembre de 1977, hasta que dieron término a sus debates.

Comprendiendo los objetivos señalados por el Presidente de la República, en


comunicación de 16 de agosto de 1978, la Comisión Ortúzar le hizo llegar "a partir de
los lineamientos básicos" del oficio de 10 de noviembre anterior, sus "Proposiciones e
ideas precisas relativas al futuro texto constitucional".

Despachado ese Primer Informe, desde la sesión 410ª, de 30 de agosto de 1978, entró
la Comisión a revisar y preparar el articulado que concretaba las ideas contenidas en
aquel dictamen, tarea que se prolongó hasta la reunión final.

Mediante oficio Nº 792, de 18 de octubre de 1978, la Comisión envió al Presidente de


la República el texto completo del articulado del anteproyecto de nueva Constitución,
que se dio a conocer a la prensa al día siguiente.

147.El proyecto del Consejo de Estado. Evacuado el informe de la Comisión Ortúzar, y


haciendo efectivos sus anuncios, el general Pinochet, con fecha 31 de octubre de 1978,
solicitó al Consejo de Estado, presidido por el ex Presidente de la República Jorge
Alessandri, su parecer sobre el anteproyecto emanado de ella.

Apoyándose en el art. 41 del Reglamento, que establecía reserva en relación a las


consultas que le formulare el Presidente de la República y a los debates que pidiere
como incluso al sigilo que debían observar los consejeros, funcionarios y personas que
comparecieran ante él, mantuvo el Consejo de Estado reservadas, y no dio a la
publicidad, las actas de sus reuniones, cuyos originales manuscritos se encuentran
actualmente en el Congreso Nacional. Aunque no han sido hasta aquí impresas, se
hallan ahora a disposición del público.

El Consejo de Estado, al comenzar el cumplimiento de la misión que se le confiara, hizo


un llamado público para que se le presentaran sugerencias y, en efecto, dentro del
plazo, como lo reconoció más adelante el informe del organismo, "se recibieron
alrededor de ciento cincuenta indicaciones, muchas de ellas contenidas en estudios
completos, referidos a la integridad del anteproyecto, y todas concebidas con la
seriedad que el Consejo esperaba".

La circunstancia de que los señores Enrique Ortúzar y Juan de Dios Carmona, ex


integrantes de la Comisión Ortúzar, pasaran también a formar parte del Consejo de
Estado, contribuyó a que se observara que en el curso de los debates ellos se inclinaran
a explicar las razones que habían inspirado las proposiciones de aquella Comisión y a
reiterar la mayoría de las veces su aprobación.

136
El Consejo de Estado celebró 57 sesiones plenarias, reuniones de comisiones y
entrevistas con diversas personas, antes de emitir su dictamen, fechado el 1º de julio
de 1980, entregado al Presidente el 8 de ese mismo mes y dado a conocer por los
medios de comunicación al día siguiente.

Al informe se anexa una versión comparada de los textos de la Comisión y del Consejo,
se incluyen notas en que aparecen las reservas u opiniones particulares de algunos de
sus integrantes, el sentir disidente de Hernán Figueroa Anguita respecto de
determinadas normas y el informe especial de los señores Carlos Cáceres y Pedro
Ibáñez. Este último consiste en una amplia exposición que sintetiza el pensamiento
político e institucional de sus autores y formula una severa crítica al sufragio universal,
en cuanto única fuente de la organización de los poderes fundamentales, y al exceso de
la influencia adquirida por los partidos políticos. El voto disidente del señor Figueroa es
de reducida extensión y recae en discrepancias relativas principalmente al pluralismo
político.

El dictamen del Consejo comprende la proposición de diversas disposiciones de


carácter transitorio, y entre ellas las relativas al establecimiento de un período de cinco
años, en el que se prorrogaría tanto la función del Presidente Pinochet como la de la
Junta de Gobierno, período en cuyo curso no se efectuarían elecciones de
parlamentarios, pero en el que la función legislativa correspondería a diputados
designados por la misma Junta y a senadores nombrados por el Presidente de la
República.

148.Su revisión por la Junta. A fin de realizar el análisis del proyecto despachado por el
Consejo de Estado, la Junta de Gobierno nombró a un grupo de trabajo compuesto por
el Ministro del Interior Sergio Fernández Fernández; la Ministro de Justicia Mónica
Madariaga Gutiérrez; el Auditor General del Ejército Fernando Lyon Salcedo; el Auditor
de la Armada Aldo Montagna; el Auditor de la Fuerza Aérea Enrique Montero Marx; el
Auditor de Carabineros Harry Grünwald y el Secretario General de Legislación de la
Junta capitán de navío Mario Duvauchelle R.

No se dieron a publicidad los nombres de quienes junto a los citados fueron además
consultados por la Junta y sólo se deslizaron algunas informaciones extraoficiales que
aludían sin precisión a determinadas personas que de un modo u otro habían
participado en las deliberaciones y en la decisión final.

Si se da crédito a los periodistas Ascanio Cavallo Castro, Manuel Salazar Salvo y Oscar
Sepúlveda Pacheco, determinado grupo venía estudiando la materia desde el 26 de
junio de 1978, por disponer del texto desde esa fecha, en razón de habérselo
proporcionado informalmente, de modo anticipado, el presidente del Consejo de
Estado. (La historia oculta del régimen militar. Chile 1973-1988, de los señores Ascanio
Cavallo Castro, Manuel Salazar Salvo y Oscar Sepúlveda Pacheco, págs. 314 y 315).

Puede observarse, a pesar de lo recién anotado, que oficialmente la labor interna de


revisión del proyecto por la Junta de Gobierno se practicó en el lapso de un mes. De tal

137
forma se decidieron más de cincuenta alteraciones, muchas de ellas importantes, al
texto que el Consejo de Estado recomendó.

En discurso de 10 de agosto de 1980, el general Pinochet informó al país que la Junta


había aprobado la nueva Constitución y que la sometería a plebiscito. Declaró entonces
de modo enfático que el hipotético rechazo del proyecto en el plebiscito "significaría el
retorno a la situación jurídica y política existente en el país al 10 de septiembre de
1973".

149.Renuncia de Jorge Alessandri al Consejo de Estado. El presidente del Consejo de


Estado, Jorge Alessandri, luego de recibir a los representantes del Gobierno que le
dieron a conocer el texto que se sometería a plebiscito, entregó al secretario de dicho
organismo una carta dirigida al Presidente Pinochet, que contenía la renuncia a su
cargo. Tal documento sólo podría ser entregado a su destinatario al día siguiente a la
celebración del plebiscito si éste resultaba favorable a la consulta, en tanto que
decidiría en su oportunidad lo que correspondiera si tal resultado era adverso. El texto
de la renuncia no ha sido dado a conocer, pero ella fue aceptada por Decreto Supremo
Nº 170, del Ministerio de Justicia, publicado el 5 de febrero de 1981. Según la obra
citada de los señores Cavallo, Salazar y Sepúlveda: "La carta decía, en síntesis, que aun
agradeciendo la confianza que se había depositado en él para el estudio de la nueva
Constitución, no podía dejar de señalar su discrepancia con ciertos preceptos que
alteraban el espíritu fundamental de su proposición. Reprochaba la velocidad y la
reserva con que se hicieron los cambios a su proyecto, y la falta de oportunidades para
defenderlo. Advertía que en tales circunstancias su presencia en el Consejo no tendría
justificación en lo sucesivo, y entregaba su renuncia indeclinable" (ob. cit., pág. 322).
En nada contradicen lo recién transcrito otras obras como Crónica de un rescate, de
Rafael Valdivieso Ariztía, pág. 219; Génesis de las Constituciones de 1925 y 1980, de
Carlos Andrade Geywitz, pág. 134; Génesis y vigencia de los textos constitucionales
chilenos, págs. 102 y 103, y Alessandri. Su pensamiento constitucional, págs. 139 a 141,
ambas obras de Sergio Carrasco Delgado.

150.Régimen de la convocatoria a plebiscito. El 11 de agosto de 1980 se publicó el D.L.


Nº 3.464, fechado el 8, por el cual "la Junta de Gobierno, en ejercicio del Poder
Constituyente, ha acordado aprobar como nueva Constitución Política de la República,
sujeta a ratificación por plebiscito", la que se transcribe en ese cuerpo normativo.

Los incisos 2º y 3º del artículo final del D.L. Nº 3.464 establecen:

"Un decreto ley determinará la oportunidad en la cual se efectuará el señalado


plebiscito, así como las normas a que él se sujetará, debiendo establecer las reglas que
aseguren el sufragio personal, igualitario y secreto y, para los nacionales, obligatorio".

"La norma contenida en el inciso anterior entrará en vigencia desde la fecha de


publicidad del presente texto constitucional".

Al día siguiente, por D.L. Nº 3.465, la Junta, ejerciendo también el Poder Constituyente,
convocó a plebiscito para el 11 de septiembre siguiente, "destinado a pronunciarse
138
sobre la nueva Constitución Política de la República, incluidas sus disposiciones
transitorias" (art. 1º).

Se llamaba a votar "obligatoriamente" en el plebiscito (art. 3º) a "todos los chilenos


mayores de 18 años de edad, incluso los analfabetos y no videntes, y podrán votar los
extranjeros mayores de esa edad que tengan residencia legal en Chile" (art. 2º).

La votación se haría entregando el carnet de identidad a la mesa receptora (art. 15). La


cédula sería confeccionada por el Ministerio del Interior y encabezada con la leyenda
"Plebiscito Nacional. Nueva Constitución Política de la República de Chile", y en ella se
contendrían las expresiones SI y NO, debiendo el votante marcar una de ellas (art. 5º).
Las cédulas que aparecieren en blanco, sin la señal que hubiere podido hacer el
votante, serían escrutadas en favor de la preferencia "SI" (art. 20).

Los alcaldes señalarían los recintos de votación (art. 7º) y el número de mesas
receptoras, no pudiendo exceder de trescientos la cantidad de votantes por cada una
de ellas (art. 9º). Cada mesa receptora estaría constituida por un presidente designado
por el alcalde y dos vocales escogidos de entre las personas que voluntariamente se
inscribieran con este especial objeto en la municipalidad (art. 10).

El escrutinio se haría ese mismo día en cada mesa (art. 20). Se levantarían dos actas,
una sería enviada por el jefe del local al gobernador provincial, y la otra, por el mismo
funcionario al alcalde (art. 25). El alcalde debía practicar un escrutinio comunal,
utilizando para ello los ejemplares de actas que le hubiesen sido enviados, y el
resultado del escrutinio remitirse, por la vía más expedita posible, al gobernador
provincial (art. 26).

Dos días después de la votación se reuniría el Colegio Escrutador Regional, compuesto


por el intendente, el ministro más antiguo de la Corte de Apelaciones y el Conservador
de Bienes Raíces (art. 27).

Diez días después de realizada la votación se reuniría, en fin, el Colegio Escrutador


Nacional, integrado por el Contralor General de la República, un ministro de la Corte de
Apelaciones de Santiago, designado por la Corte Suprema, y el secretario de ésta (art.
28), el cual practicaría el escrutinio general tomando como base las actas enviadas a los
respectivos Colegios Escrutadores Regionales por los alcaldes del país (art. 29).

151.El debate ciudadano. En el lapso que transcurrió desde la convocatoria al plebiscito


hasta su realización, aun cuando seguía rigiendo el estado de emergencia y el debate
se veía limitado por las restricciones vigentes a las libertades públicas, se dieron a
conocer por los medios masivos de comunicación reacciones no sólo favorables, sino
también adversas al proyecto sometido a la aprobación del electorado. Estas últimas
ponían de relieve las particulares circunstancias de anormalidad en que se realizaba el
acto cívico y formulaban los reparos que merecía su contenido desde el punto de vista
de la doctrina democrática, principalmente los que generaban las características que
definían el largo período transitorio que contemplaba.

139
Una de las primeras reacciones y más trascendentales críticas fue la consignada en la
declaración dada a conocer, el 24 de agosto de 1980, por la Conferencia Episcopal de
Chile. Se invocó por ésta, para formularla, la autoridad que le reconocían numerosos
documentos eclesiásticos y, en especial, la Constitución Apostólica sobre la Iglesia en el
Mundo Actual (Gaudium et Spes). De esta última deduce el Episcopado que "es de
justicia que pueda la Iglesia dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al
orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la
salvación de las almas, utilizando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al
Evangelio y al bien de todos, según la diversidad de los tiempos y de las situaciones".
Luego de precisar los requisitos que, en abstracto, debería reunir un acto plebiscitario,
la declaración episcopal añadía: "Existen en este momento algunas circunstancias que
no son compatibles con las anteriores condiciones, como son la falta de claridad en las
alternativas planteadas, la necesidad de responder con un solo SI o un solo NO a varias
preguntas diferentes; el escaso tiempo y posibilidad de usar los medios de
comunicación de carácter nacional -que son patrimonio de todos los chilenos-, el
temor de algunos, y la falta de seguridad en los procedimientos que regulan los
escrutinios".

Por otra parte, un buen número de ciudadanos envió el 21 de agosto a los integrantes
de la Junta de Gobierno una presentación, publicada en los diarios del 24, en la que se
les pedía posibilitar un proceso de decisión que impusiera previamente un sistema
electoral válido, se asegurara a la alternativa de rechazo la publicidad en los medios de
comunicación y se posibilitara la reunión de los ciudadanos, sin permiso previo, en
locales cerrados o abiertos.

Los diarios del 24 de agosto insertaron un documento emanado de profesores de la


Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Chile llamando a la respuesta
positiva en la consulta plebiscitaria. Menos difusión tuvo en la prensa, entre tanto, la
reacción inmediata de trece profesores de esa misma Facultad, en que considerábamos
como improcedente invocar la calidad de tales para pedir determinado
pronunciamiento en una cuestión por su naturaleza discutible, entregada precisamente
al juicio de todos los ciudadanos y ajena, por lo tanto, a la particular misión de los
profesores de derecho.

Mayor resonancia, aunque sólo se permitió su difusión radial a través de dos emisoras,
alcanzó el acto, celebrado con asistencia de numeroso público, en el Teatro Caupolicán,
el 27 de agosto, en que intervinieron Manuel Sanhueza, presidente del llamado "Grupo
de los 24" -sobre cuya existencia y objetivos nos explayaremos más adelante-, el
profesor Jorge Millas y el ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva.

Puso éste último de relieve las razones que, a su juicio, invalidaban un plebiscito que
presentaba una disyuntiva errónea y contenía un proyecto antihistórico. El señor Frei
dio a conocer, por su parte, las bases de una alternativa que él estimaba valedera y que
consistía en un llamado a la formación inmediata de un gobierno de transición cívico-
militar, que convocara a una asamblea constituyente.

140
Al pronunciamiento de la Conferencia Episcopal y del ex Presidente Frei hizo eco,
inmediato y vigoroso, el mencionado Grupo de los 24, en un análisis denso y preciso.

El 9 de septiembre, el ex integrante de la Junta de Gobierno Gustavo Leigh Guzmán se


unió a las críticas hechas al proyecto, poniendo de relieve la desmesurada extensión
del período transitorio propuesto en él, la falta de alternativas que a la determinación
ciudadana presentaba la convocatoria, los graves errores del procedimiento electoral
impuesto para la consulta y, en fin, la prolongación de por lo menos ocho años más de
la gestión del general Pinochet.

152.Resultado del plebiscito. El 15 de octubre el Colegio Escrutador Nacional dio a


conocer el siguiente resultado del plebiscito:

VOTACION // VARONES // MUJERES //TOTAL GENERAL

Nacional //Cantidad - % // Cantidad - % // Cantidad - %

SI //1.878.995 - 61,02 // 2.242.072 - 70,23 // 4.121.067 - 65,71

En blanco //45.543 - 1,48 // 38.269 - 1,20 // 83.812 - 1,33

Total SI //1.924.538 - 62,50 // 2.280.341 - 71,43 // 4.204.879 - 67,04

Total NO //1.072.264 - 34,82 // 821.156 - 25,72 // 1.893.420 - 30,19

Nulos // 82.674 - 2,68 // 90.895 - 2,85 // 173.569 - 2,77

TOTALES // 3.079.476 - 100,00 // 3.192.392 - 100,00 // 6.271.868 - 100,00

153.Dudas sobre la corrección del proceso plebiscitario. Ya efectuado el plebiscito -el 3


de octubre-, un grupo de ciudadanos, pertenecientes a diversas corrientes opositoras,
presentó un reclamo al Colegio Escrutador Nacional establecido en el D.L. Nº 3.464. Se
llamó la atención por los reclamantes a las particulares condiciones en que la consulta
ciudadana se había efectuado; a las irregularidades y anomalías que en su desarrollo se
habían podido detectar, especialmente en orden a la falta de seriedad en la
constitución de las mesas receptoras -por no haber cumplido fielmente los requisitos a
que debía someterse su designación-, al carácter no indeleble de la tinta usada para
estampar la huella digital, a la falta de respeto del límite de trescientos votantes por
mesa, y a la manifiestas disconformidades observadas en la realización de los
escrutinios. La presentación mencionaba, en fin, un conjunto de antecedentes
constitutivos, a su juicio, de graves presunciones de abultamiento en el resultado de la
votación.

El Gobierno, expresándose a través de la División de Comunicación Social, el 4 de


octubre, reafirmó "la legitimidad y validez del acto plebiscitario" desarrollado "dentro
de la más absoluta normalidad", por lo que "la reclamación presentada carece de todo
fundamento, tanto legal como moral; se basa en meras apreciaciones y no contiene
141
hecho concreto alguno que configure una infracción a las normas legales" (El Mercurio,
5 de octubre).

El Colegio Escrutador Nacional -integrado por Osvaldo Iturriaga Ruiz, como Contralor;
por Arnoldo Dreyse Jolland, Ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, y por
René Pica Urrutia, Secretario de la Corte Suprema- se pronunció, en sesión de 14 de
octubre, sobre la presentación relatada. Manifestó su discrepancia con ésta, en cuanto
atribuía al Colegio el carácter de único organismo ante el cual se podía concurrir,
sosteniendo, al contrario, que el art. 29 del D.L. Nº 3.465 sólo le encargaba practicar "el
escrutinio general de la República" y "que en dicho precepto ni en ningún otro del
ordenamiento jurídico a que él pertenece, se confieren atribuciones para emitir
pronunciamientos sobre reclamaciones de tipo político electoral, como la que ha sido
propuesta, la que, desde luego, tendría que someterse a las formalidades y sujetarse a
la tramitación que indicara la ley, eventualidades imposibles por inexistencia de esas
precisas regulaciones" (considerando 6º).

Sin perjuicio de sentar tales apreciaciones, el Colegio Escrutador Nacional dejó luego
testimonio de algunas constancias relativas a los diversos puntos del reclamo. Estimó,
en síntesis, que no era causa de ilegalidad haber designado integrantes de las mesas a
personas domiciliadas en otras comunas. Sostuvo que no se habían demostrado
irregularidades en el funcionamiento de las mesas; que no le constaban las calidades
de la tinta empleada; que la circunstancia de que hubieran podido ser más de
trescientos los votantes en cada una de las mesas constituía "un asunto meramente
formal... que no altera la voluntad claramente manifestada en el respectivo sufragio y
no se contempla como causal de ilegalidad el exceso de votos por mesa"; que
correspondía rechazar el reparo de no haberse mantenido al público alejado del lugar
de escrutación; que no se había acreditado que votos nulos se hubieren escrutado
como en blanco y luego contabilizado como SI y que, de haber sido efectivo el hecho,
ello "no altera mayormente el resultado del plebiscito, toda vez que los votos en blanco
alcanzan en total... al 1,33% de la votación"; que respecto a que se hubieran contado
en favor del SI preferencias por el NO, "no pasa de ser una simple afirmación hecha con
ligereza y sin que se señale concretamente cómo y dónde se produjo tal hecho"; y, en
fin, que no extraña al Colegio "que el número de electores hubiera aumentado,
teniendo presente que ahora se podía votar en cualquier parte de país y en el lugar de
votación más cercano al electorado... y debe considerarse, además, la trascendencia
del pronunciamiento solicitado a la ciudadanía y sus antecedentes históricos".

154.La reacción de la Democracia Cristiana. Cumple anotar que entre los días 10 y 16
de octubre surgió una viva polémica pública, sostenida por Andrés Zaldívar, presidente
del Partido Demócrata Cristiano, debida a que el canal de televisión de la Universidad
Católica de Chile no había difundido el acto realizado en el Teatro Caupolicán, al haber
exigido una alta suma de dinero para permitirlo. En dicha polémica intervinieron el
rector de dicha Universidad y el presidente de la Conferencia Episcopal.

Procede anotar también que habiendo salido del país en esos días el señor Zaldívar,
con el fin de concurrir a una reunión de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana,
se le impidió luego su regreso a pretexto de que hiciera una declaración al diario
142
mexicano Uno más Uno. En una comunicación oficial, de 25 de octubre, el Gobierno
explicó que el motivo de la prohibición no se sostenía exclusivamente en la entrevista
periodística, sino que en la sustancia de muchas afirmaciones hechas por el señor
Zaldívar en diversas oportunidades y medios de publicidad, inspiradas en su propósito
de "desconocer la nueva Carta Fundamental aprobada por la abrumadora mayoría del
país y a impugnar el gobierno de las Fuerzas Armadas y de Orden legítimamente
constituido".

155.Promulgación y vigencia de la Constitución. El decreto promulgatorio de la nueva


Constitución, fechado el 21 de octubre de 1980, se publicó en el Diario Oficial del 24 de
ese mes, con Nº 1.150 del Ministerio del Interior. Teniendo presente lo dispuesto por
los decretos leyes Nos 1 y 128, de 1973; 527, de 1974; 3.464 y 3.465, de 1980, y luego
de los considerandos que más adelante habrán de transcribirse, tiene por aprobada la
nueva Constitución, fija su texto oficial y ordena tomar razón, comunicar, registrar y
publicar el documento.

En relación a la promulgación y vigencia de la Constitución de 1980, debe tenerse


presente lo que dispone el primer inciso del artículo final de sus normas permanentes.

"La presente Constitución entrará en vigencia seis meses después de ser aprobada
mediante plebiscito, con excepción de las disposiciones transitorias novena y
vigesimotercera que tendrán vigor desde la fecha de esa aprobación. Su texto oficial
será el que consta en este decreto ley".

La Constitución de 1980 rige, pues, desde el 11 de marzo de 1981.

II. SEGUNDA ETAPA (11 DE MARZO DE 1981 AL 5 DE OCTUBRE DE 1988)

A. EL PERÍODO CONSTITUCIONAL TRANSITORIO

156.Establecimiento del período transitorio. La Comisión Ortúzar, en el Nº 97 de su


Informe de 16 de agosto de 1978, después de recordar las formulaciones hechas por el
Presidente Pinochet en el discurso de Chacarillas y en el de 5 de abril de dicho año,
referidas a la necesidad "de una etapa de funcionamiento paulatino de las nuevas
instituciones dentro de un clima que permita que se formen nuevos y sanos hábitos
cívicos", expresa:

"Comprendemos que el período de transición debe guardar cierta correspondencia y


armonía con la institucionalidad definitiva..."

"Por esta razón, y porque la determinación y características de este período


corresponden a una decisión de carácter político, estimamos que es previo que V.E.
tome conocimiento de este informe, a fin de que pueda señalar los lineamientos
básicos que, a juicio del Supremo Gobierno, deben presidir la etapa de transición".

143
El pensamiento de la Comisión fue diferente al del Consejo de Estado, organismo que,
como se dijo, incluyó en su dictamen la recomendación de un período transitorio sobre
las bases que quedaron ya resumidas (ver Nº 147).

El proyecto aprobado por la Junta y ratificado del modo dicho por el plebiscito, fija una
época transitoria mucho más prolongada y compleja que la recomendada por el
Consejo de Estado.

157.Su duración. La Constitución en su norma decimotercera transitoria fijó, en efecto,


un período de esa especie que se extendería desde que entrara en vigencia la Carta
-según su artículo final, desde el 11 de marzo de 1981- hasta el término del mandato
de ocho años concedido nominativamente por ella al Presidente de la República
general Augusto Pinochet Ugarte, es decir, hasta el 11 de marzo de 1989. Cabe
relacionar lo dispuesto con el art. 25 de las reglas permanentes de la propia
Constitución y con su disposición decimocuarta transitoria, regla ésta que, en virtud de
su inciso 1º, dispone que durante dicho lapso continuará como Presidente de la
República el general Pinochet.

Ahora bien, el régimen a que se ajustaría el período transitorio así descrito resulta
configurado por el conjunto de preceptos contenidos en las reglas decimocuarta a
vigesimaséptima transitorias y además en las que, conforme a ellas, deberían
establecerse posteriormente.

158.Estatuto del Presidente de la República. En atención a que el general Pinochet


ejerció efectiva y directamente la Jefatura del Estado durante los ocho años por los que
le fue confiada tal función, no correspondió dar aplicación a la norma 16ª transitoria,
que señalaba la forma de subrogación en casos de impedimentos temporales del
Presidente de la República, ni tampoco la regla siguiente de esa índole, que preveía
diversas soluciones para el caso de vacancia, ni, en fin, la vigésima, cuyo inciso 1º se
ponía en la hipótesis de que surgieran dudas acerca de si la imposibilidad que privara al
Presidente del ejercicio de sus funciones era de tal naturaleza que debía disponerse su
reemplazo.

Al señalar las facultades del Presidente de la República, la regla decimoquinta le


confiaba las atribuciones y obligaciones establecidas en los preceptos permanentes de
la Carta, con las modificaciones y salvedades que indicaba, permitiéndole, por una
parte, decretar por sí mismo los estados de emergencia y catástrofe y designar y
remover libremente a los alcaldes y, por otra, imponiéndole el acuerdo de la Junta de
Gobierno en relación a los nombramientos u otras determinaciones relativas a los
Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, a la designación del Contralor, a la
declaración de guerra, a la implantación de los estados de asamblea y de sitio, a la
admisión de acciones en contra de los Ministros de Estado por responsabilidades
civiles y a la ausencia del Presidente por más de treinta días o en los últimos noventa
de su mandato.

144
159.Estatuto de la Junta de Gobierno. La Junta de Gobierno permanecería conformada
durante el período en estudio por los Comandantes en Jefe del Ejército, de la Armada y
de la Fuerza Aérea y por el General Director de Carabineros (14ª regla transitoria).

En cuanto a los titulares de los cuatro cargos castrenses, procede anotar que se
mantuvo en el del Ejército el general Pinochet, el almirante Merino en el de la Armada
y en la jefatura de la Fuerza Aérea el general Matthei, en tanto que, al renunciar el
general César Mendoza, el 2 de agosto de 1985, como General Director de Carabineros,
pasó a ocupar tal función el general Rodolfo Stange y éste reemplazó por ello a aquél
en la Junta.

El inciso 2º de la regla 8ª transitoria extendía la norma vigésima de ese carácter a la


inamovilidad de los jefes castrenses, por lo que no se aplicaba la de 4 años fijada en el
art. 93 de la Carta, sino que regía para ellos 4 años después del término del mandato
del general Pinochet, o sea, 8 años con posterioridad al 11 de marzo de 1989, es decir,
hasta el 11 de marzo de 1997 o, como ocurrió en la realidad, por aplicación de la regla
29ª transitoria, hasta el 11 de marzo de 1998.

Disponía, por su parte, la regla 20ª transitoria que en caso de duda acerca de si la
imposibilidad del Presidente de ejercer sus funciones era de tal naturaleza que debía
hacerse su reemplazo, correspondería resolverla a los miembros titulares de la Junta.
En tanto que si tal situación se producía respecto de cualquier otro miembro de la
Junta, correspondía resolverla a los demás titulares de ella.

Antes del 11 de marzo de 1981, día del comienzo de la vigencia de la Constitución de


1980, como el Comandante en Jefe del Ejército se desempeñaba simultáneamente
como Presidente de la República e integrante de la Junta de Gobierno y ésta debía
tomar sus decisiones por la unanimidad de sus miembros, resultaba que el Presidente
era al mismo tiempo Jefe del Estado y miembro del órgano colegiado. La solución a tal
anomalía se dio al disponer la regla 14ª transitoria: "Sin embargo, atendido que el
Comandante en Jefe del Ejército... es Presidente de la República, no integrará la Junta
de Gobierno y lo hará, en su lugar, como miembro titular, el Oficial General de Armas
del Ejército que le siga en antigüedad. Con todo, el Presidente de la República podrá
reemplazar a dicho integrante en cualquier momento, por otro Oficial General de
Armas de su Institución siguiendo el orden de antigüedad". Aplicando la disposición, el
Ejército estuvo representado en la Junta sucesivamente por el general César Benavides,
por el general Julio Canessa, por el general Humberto Gordon y, por último, por el
teniente general Santiago Sinclair.

Regularon también las reglas transitorias el orden de precedencia de los integrantes de


la Junta y el de la presidencia en ella, y, asimismo, la forma de la subrogación en caso
de impedimento temporal de sus integrantes (incisos 2º, 3º y 4º de la disposición
decimoctava).

Procede destacar, finalmente, que, conforme a la segunda oración contenida en el


inciso 2º del art. 14 transitorio, la Junta "se regirá por las normas que regulen su

145
funcionamiento interno y tendrá las atribuciones que se señalan en las disposiciones
transitorias correspondientes".

En orden al funcionamiento interno, la norma anunciada se concretó en la Ley Nº


17.983, de 28 de marzo de 1981. Respecto de las atribuciones de que la Junta gozó
durante el período transitorio, no puede olvidarse la regla decimoctava, que enuncia
las atribuciones exclusivas de ese cuerpo colectivo que debían ejercerse por la
unanimidad de sus miembros.

160.Poder Constituyente. La Junta de Gobierno ejercería, por la unanimidad de sus


componentes, como atribución exclusiva, el Poder Constituyente, sujeto siempre a
aprobación plebiscitaria, que se llevaría a efecto conforme a las reglas que señalara la
ley, con la firma de todos sus miembros y del Presidente de la República en señal de
promulgación (transitorias 18ª inciso 1º letra A, 19ª inc. 2º y 21ª letra a) inc. 2º).

Tan sólo en una ocasión llegó a reformarse la Carta en el período transitorio; ello habría
de ocurrir, como veremos, mediante el plebiscito de 30 de julio de 1989.

161.El Poder Legislativo de la Junta. La Junta de Gobierno, por la unanimidad de sus


miembros, contó, entre sus atribuciones, las de "ejercer el Poder Legislativo" (letra B
de la regla 18ª transitoria) y de "dictar las leyes interpretativas de la Constitución que
fueren necesarias" (letra C del mismo precepto). Cada uno de los miembros de la Junta
disponía, por su parte, de iniciativa de ley en aquellas materias que
constitucionalmente no correspondieran a la exclusividad del Presidente de la
República (19ª transitoria, inciso primero). Las leyes debían llevar las firmas de los
miembros de la Junta y del Presidente (regla 19ª transitoria, inciso segundo).

162.Proceso de formación de las leyes. La ya citada Ley Nº 17.983, de 28 de marzo de


1981 -considerando su Reglamento sobre tramitación de las leyes, emitido por la Junta
de Gobierno y publicado el 11 de abril de 1981-, consagró como sus órganos de trabajo
las Comisiones Legislativas, la Secretaría de Legislación y la Secretaría de la Junta de
Gobierno (art. 4º).

En lo sustancial, fue muy semejante el procedimiento de formación legislativa aplicado


por el régimen militar antes de la nueva Carta y el que rigiera en el tiempo transitorio,
de acuerdo con la ley y reglamento recién indicados.

Si se comparan, en efecto, ambas reglamentaciones pueden formularse las precisiones


siguientes:

- En lugar de tres Comisiones Legislativas existen cuatro, formadas cada una hasta por
dieciséis miembros, señalándose su respectiva competencia y confiándose la primera a
la Armada, la segunda a la Fuerza Aérea, la tercera a Carabineros y la cuarta al Ejército
(arts. 7 a 13).

146
- Se define como función de la Secretaría de Legislación "el análisis de la juridicidad de
fondo y de forma de los proyectos de ley", sin que pudiera pronunciarse acerca del
mérito de ellos (art. 14).

- Las iniciativas debían ser propuestas a la Junta a través de la Secretaría de Legislación


(art. 23).

- La Secretaría debía presentar a las Comisiones Legislativas un informe que analizara el


proyecto desde el punto de vista de su juridicidad de fondo, sugerencias para su
perfeccionamiento formal, análisis de las normas que alteraran la legislación vigente o
de las que resultaren afectadas (art. 24).

- Iniciado el estudio del proyecto, los presidentes de las Comisiones, a través de la


Secretaría de Legislación, informarían a los otros miembros de la Junta acerca de las
observaciones que mereciera el proyecto (art. 27).

- En determinados casos, los proyectos eran analizados e informados por Comisiones


Conjuntas, conformadas por igual número de representantes de cada una de las
Comisiones Legislativas (art. 28).

- La Comisión Legislativa pertinente debía elevar a la Junta, a través de la Secretaría de


Legislación, el informe respectivo (art. 30).

- La Junta, en pleno, tomaría conocimiento de los proyectos de ley y se pronunciaría


sobre ellos (art. 31), actuando como relator un miembro de la comisión informante
(art. 32).

- El Presidente de la República o un miembro de la Junta podían atribuir a un proyecto


el carácter de secreto o reservado y entonces se sometía a una tramitación especial
(art. 34).

- Previa certificación de autenticidad del Secretario de Legislación, el proyecto


aprobado era remitido al Presidente de la República, quien podía presentar
observaciones dentro de treinta días y la Junta se pronunciaría sobre ellas también
dentro de un lapso análogo (art. 35).

- Las leyes debían ser aprobadas por la Junta y por el Presidente de la República, a
quien correspondía promulgarlas. Una vez aprobadas las leyes, la Junta les daba
enumeración y luego eran enviadas a la Contraloría para su registro (art. 36).

- Cuando lo solicitare el Presidente de la República o un miembro de la Junta y lo


exigiera el interés superior del Estado, la Junta podía acordar un procedimiento
extraordinario que omitiera uno o más de los trámites señalados y, en tal caso, el
proyecto debía despacharse en un plazo no superior a quince días (art. 37).

- La Junta tendría un período de receso del 15 de enero al 15 de marzo, sin perjuicio de


la convocatoria extraordinaria efectuada por el Presidente o por ella misma (art. 39).
147
163.Poder Judicial. Las reglas transitorias no privaron de aplicación a las normas
permanentes de la Carta referidas al Poder Judicial, y únicamente dispuso, en el inciso
2º de la regla 8ª de aquel carácter, que "las normas relativas a la edad establecidas en
el inciso 2º del art. 77 no regirán respecto de los magistrados de los tribunales
superiores de justicia en servicio a la fecha de vigencia de esta Constitución".

164.Consejo de Estado. "Hasta que el Senado entre en funciones -ordenó la regla 26ª
transitoria- continuará funcionando el Consejo de Estado".

Ese organismo desarrolló escasísima actividad durante este período. Veremos que en la
práctica se aprovechó también al Consejo en la preparación de las leyes orgánicas
constitucionales de carácter político.

165.Tribunal Constitucional. Los preceptos relativos al Tribunal Constitucional debieron


regir simultáneamente con el comienzo de vigencia de la Ley Fundamental, cuyas
reglas 4ª, 9ª, 21ª y 22ª transitorias tuvieron por objeto facilitar la instalación y el
funcionamiento del Tribunal y adaptar sus facultades a las circunstancias propias del
período.

La ley orgánica relativa al Tribunal Constitucional lleva el Nº 17.997 y se publicó el 19


de mayo de 1981.

El Tribunal Constitucional dictó durante el período dos autoacordados. Ambos son de


12 de enero de 1982 y publicados en el Diario Oficial de 15 de enero de 1982, uno
sobre remuneraciones y el otro sobre funcionamiento del Tribunal.

166.Contraloría General de la República. Al Presidente de la República cupo designar al


Contralor General de la República con acuerdo de la Junta (disposición 15ª transitoria
letra B Nº 2). Continuó ejerciendo ese cargo por el nuevo nombramiento Osvaldo
Iturriaga.

167.Consejo de Seguridad Nacional. En el período de transición el Consejo de


Seguridad Nacional quedó presidido por el Jefe del Estado e integrado por los
miembros de la Junta, por el presidente de la Corte Suprema y por el presidente del
Consejo de Estado (25ª regla transitoria).

El "Reglamento de Organización y Funcionamiento del Consejo de Seguridad Nacional",


previsto en el art. 96 inciso final de la Constitución, vino a dictarse el 10 de mayo de
1988 y a publicarse el 11 de ese mismo mes, muestra de su escasa actuación, que
podía calcularse, dada su composición.

168.Gobierno y administración interior del Estado. Las normas permanentes de la


Constitución comprendidas en su Capítulo XIII, que lleva el título de "Gobierno y
Administración Interior del Estado", debieron aplicarse de inmediato al ponerse ella en
vigencia, por no encontrarse incluidas entre las excepciones indicadas en la regla
vigesimaprimera transitoria. No obstante, cabe anotar que, de acuerdo con el Nº 2 de
148
la letra A de la regla decimoquinta transitoria, quedó como atribución del Presidente
de la República designar y remover libremente a los alcaldes de todo el país, sin
perjuicio de que pudiera disponerse la plena o gradual aplicación de su forma de
designación que señalaba, en su texto primitivo, el art. 108 de las reglas permanentes.

Ahora bien, para dar cumplimiento a lo establecido en los arts. 101 inciso 2º y 107
inciso 3º de la Carta, se dictaron durante este período las leyes orgánicas
constitucionales Nº 18.605, sobre los Consejos Regionales de Desarrollo, de 6 de abril
de 1987, y Nº 18.695, sobre Municipalidades, de 31 de marzo de 1988.

169.Restricciones a los derechos constitucionales. El Presidente pudo decretar, por sí


mismo, los estados de emergencia y catástrofe, pero requería el acuerdo de la Junta
para declarar la guerra y decretar los estados de asamblea y de sitio (letras A Nº 1 y B
Nos 3 y 4 de la regla 15ª transitoria y letras E y F de la regla decimoctava transitoria).

Por otra parte, la disposición vigésima cuarta transitoria, cuya aplicación habría de
suscitar tantas consecuencias internas y repercusión internacional, dispuso:

"Sin perjuicio de lo establecido en los artículos 39 y siguientes sobre estados de


excepción que contempla esta Constitución, si durante el período a que se refiere la
disposición decimotercera transitoria se produjeren actos de violencia destinados a
alterar el orden público o hubiere peligro de perturbación de la paz interior, el
Presidente de la República así lo declarará y tendrá, por seis meses renovables, las
siguientes facultades:

a) Arrestar a personas hasta por el plazo de cinco días, en sus propias casas o lugares
que no sean cárceles. Si se produjeren actos terroristas de graves consecuencias, dicho
plazo podrá extenderlo hasta por quince días más;

b) Restringir el derecho de reunión y la libertad de información, esta última sólo en


cuanto a la fundación, edición o circulación de nuevas publicaciones;

c) Prohibir el ingreso al territorio nacional o expulsar de él a los que propaguen las


doctrinas a que alude el art. 8º de la Constitución, a los que estén sindicados o tengan
reputación de ser activistas de tales doctrinas y a los que realicen actos contrarios a los
intereses de Chile o constituyan un peligro para la paz interior;

d) Disponer la permanencia obligada de determinadas personas en una localidad


urbana del territorio nacional hasta por un plazo no superior a tres meses.

Las facultades contempladas en esta disposición las ejercerá el Presidente de la


República, mediante decreto supremo firmado por el Ministro del Interior, bajo la
fórmula "Por orden del Presidente de la República". Las medidas que se adopten en
virtud de esta disposición no serán susceptibles de recurso alguno, salvo el de
reconsideración ante la autoridad que las dispuso".

149
En el tiempo en análisis se recurrió reiteradamente a la imposición de diversos estados
de excepción contemplados en las normas permanentes, incluso pudiendo aplicar,
como se permite, simultáneamente varios de ellos, lo que ocurrió.

Fue particularmente continuada la aplicación de los estados de emergencia, en tanto


que en relación a los estados de sitio, ellos se decretaron en los momentos de mayor
agitación política.

La vigencia de estos diversos estados excepcionales se ajustó a la reglamentación dada


con anterioridad a la nueva Carta, hasta que, de acuerdo con su art. 41 Nº 9, se
promulgó la ley orgánica constitucional pertinente, Nº 18.415, publicada en el Diario
Oficial de 14 de junio de 1985.

170.Interpretación de la regla 24ª transitoria. La causa que con mayor gravedad e


intensidad repercutió en el ejercicio de las libertades públicas fue el uso constante
hecho por el Gobierno de la ya transcrita regla 24ª transitoria, a la que se recurrió
prorrogándose continuadamente su aplicación de seis en seis meses, plazo por el cual
podía concederse según el texto. Conforme a las facultades que dicha regla concedía,
podían continuar haciéndose efectivas, en lo sustancial, las amplias privaciones y
restricciones a las libertades ciudadanas autorizadas por la densa y copiosa normativa,
precedentemente citada (Nº 135), vigente al ponerse en aplicación la nueva Carta.

Los términos tan discrecionales en que se permitía recurrir a la declaración de los


diversos estados excepcionales y se justificaba el ejercicio de las facultades otorgadas
al Jefe del Estado por la disposición 24ª transitoria, explican que su empleo diera lugar
a las más fuertes críticas.

Como las medidas se ordenaban con sólo mencionar la norma constitucional


pertinente, sin especificar concretamente los hechos o motivos que fundaban su
dictación, su empleo llegó a juzgarse como la expresión más exagerada de la
omnipotencia del poder político.

Particularmente la prohibición de ingreso al territorio nacional o la expulsión de él,


vinculada a la propagación de doctrinas como las que aludía el art. 8º de la
Constitución -que concentraba a su vez otro de los más graves reparos a la Carta-,
permiten, asimismo, comprender el vigor con que se atacó el uso de la discutida norma
24ª transitoria.

Escudándose en la letra constitucional, se sostuvo que las medidas podían afectar a


determinadas personas con sólo atribuirles reputación de ser activistas de las doctrinas
prohibidas o constituir un peligro para la paz interior, sin que se exigiera mención de
los hechos en que se fundarían tales suposiciones.

No habría debido ser necesario, como muchas veces se hizo, recurrir simultáneamente
además al estado de sitio, cuando la norma 24ª transitoria autorizaba, por sí sola, para
restringir, en aspectos gravísimos, sin embargo, la libertad personal. Parece que cuando
se adoptó tal determinación se buscó precisamente suspender o restringir también por
150
su medio la libertad de información y de opinión, en atención a que la regla 24ª
transitoria permitía únicamente restringir la libertad de información sólo en cuanto "a
la fundación, edición y circulación de nuevas publicaciones".

La norma en virtud de la cual no eran susceptibles de recurso alguno, salvo el de


reconsideración, las medidas que se adoptaran en uso de las atribuciones
comprendidas en la regla 24ª transitoria, fue objeto de un amplio debate entre quienes
entendían que su texto declaraba inadmisible incluso la interposición de los recursos
establecidos en las normas permanentes de la Constitución -en especial los de amparo
y protección-, y aquellos que, a la inversa, procuraban reducir su alcance,
interpretándola como que prescribía que tan sólo en la esfera de la Administración no
podía interponerse otro recurso que el de reposición ante la autoridad que la
dispusiera, o sea, que la regla 24ª no perturbaba la vigencia simultánea de las
facultades permanentes y propias del Poder Judicial de pronunciarse, dentro de la
jurisdicción ordinaria que le compete, con ocasión de todas las acciones o recursos que
en el mismo período pudieran impetrarse dentro del ordenamiento jurídico.

En esta materia, la jurisprudencia fue zigzagueante y sólo algunos magistrados


reaccionaron firmemente en contra de la interpretación según la cual los tribunales
quedaban impedidos de conocer los recursos judiciales en contra de esas medidas.

Los profesores de Derecho Constitucional se inclinaron mayoritariamente en este


mismo sentido.

B. HACIA LA CONSULTA PLEBISCITARIA

171.Fases de la preparación de la consulta electoral. Comprendió el Gobierno Militar


que su misión en el período transitorio era doble: tanto ejercer la dirección del Estado
como preparar la organización de la ciudadanía hasta que ésta quedara en condiciones
de pronunciarse en el plebiscito previsto en la vigesima séptima regla transitoria, o sea,
hasta cuando tuviera el cuerpo electoral la oportunidad de aceptar o desechar el
nombre de la persona que propusieran las Fuerzas Armadas como Presidente de la
República para el período 1989-1997.

La adecuada previsión de las condiciones en que se produciría tal acontecimiento hacía


necesaria tanto la oportuna promulgación de las leyes que organizaran el cuerpo
electoral, como la creación de un ambiente colectivo que permitiera a la sociedad
política, a través del ejercicio de las libertades ciudadanas -sobre todo las de carácter
político-, llegar a intervenir en el proceso y dar sentido a la consulta cívica.

A medida que se acercaba el momento en que debía llamarse al electorado, se hizo


naturalmente más activa la realización de las tareas indicadas, transcurriendo los
primeros años de la vigencia de la Carta sin que se observara mayor preocupación de
prepararlas.

1) LAS LEYES ORGANICAS CONSTITUCIONALES

151
172.Nombramiento de comisión especial. Por decreto supremo Nº 362, del Ministerio
del Interior, de marzo de 1983, se designó una "Comisión Asesora para el estudio de las
Leyes Orgánicas Constitucionales", que quedó presidida por Sergio Fernández
Fernández e integrada por Luz Bulnes Aldunate, Raúl Bertelsen Repetto, Francisco
Bulnes Sanfuentes, Gustavo Cuevas Farren, Jaime Guzmán Errázuriz y Hermógenes
Pérez de Arce.

El 1º de septiembre siguiente el Presidente de la República resolvió incorporar la


expresada Comisión al Consejo de Estado, a fin de que ambos cuerpos realizaran en
conjunto el estudio de las leyes orgánicas constitucionales de carácter político:
Partidos, Sistema Electoral, Tribunal Calificador de Elecciones, Congreso Nacional. La
Comisión en referencia se integró, en efecto, al Consejo de Estado en la sesión Nº 144
de éste, el 6 de septiembre de 1983.

173.Calificación de la consulta. Se suscitó debate acerca de las condiciones en que


debería realizarse la ratificación o rechazo ciudadano del nombre que propondrían
como Primer Mandatario para 1989-1997, según la regla 27ª transitoria, los
Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas. Tal asunto revestía primordial
importancia, sobre todo para quienes consideraban, recordando el pronunciamiento
pedido en 1978, que no podía consultarse de nuevo a la ciudadanía sin establecerse
con anterioridad un adecuado proceso de calificación del acto electoral.

La decimoprimera disposición transitoria disponía:

"El art. 84 de la Constitución, relativo al Tribunal Calificador de Elecciones, comenzará a


regir en la fecha que corresponda de acuerdo con la ley respectiva, con ocasión de la
primera elección de senadores y diputados, y sus miembros deberán estar designados
con treinta días de anticipación a esa fecha".

De la letra de la norma resultaba que el plebiscito de ratificación o rechazo podría


efectuarse antes de que se encontrara en funciones el Tribunal Calificador de
Elecciones establecido por las normas permanentes de la Carta. Como la consulta
procedía antes de la primera elección de diputados y senadores, ella podía realizarse, a
su vez, con anterioridad a la instalación y funcionamiento del Tribunal Calificador de
Elecciones, que no aparecía así llamado a controlarla.

A base de la recién recordada regla transitoria, el proyecto de ley orgánica


constitucional sobre el Tribunal Calificador de Elecciones, sometido por el Ejecutivo al
examen del Tribunal Constitucional, propuso que se estableciera, por una parte: "El
artículo 84 de la Constitución Política y la presente ley entrarán en vigencia sesenta
días antes de la fecha en que deba realizarse la convocatoria a la primera elección de
senadores y diputados" (artículo final) y, por otra: "Para los efectos de la primera
designación de los miembros del Tribunal Calificador de Elecciones, el pleno
extraordinario a que se refiere el artículo 2º de esta ley (el de la Corte Suprema para
designar a sus integrantes), deberá realizarse con treinta días de anticipación, a lo
menos, a la fecha en que debe realizarse la convocatoria a la primera elección de
senadores y diputados" (art. 1º transitorio).
152
Pues bien, en su sentencia de 24 de septiembre de 1985 (Rol Nº 33), el Tribunal
Constitucional, pronunciándose sobre el proyecto enviado por el Ejecutivo que
contenía las proposiciones transcritas, en fallo redactado por Eugenio Valenzuela
Somarriva, recogiendo la opinión de mayoría, luego de reconocer la claridad de la letra
de los preceptos constitucionales, sostuvo que no podía, sin embargo, admitirse su
interpretación literal si se quería respetar el contexto de la Carta. El Tribunal llegó a tal
conclusión tomando en cuenta especialmente su art. 18 permanente, que impone la
existencia del "sistema electoral público", la ratificación plebiscitaria exigida según la
regla vigesimaséptima transitoria y, en fin, el contenido de las reglas transitorias
decimoctava letra A y vigésima primera letra d), conforme a las cuales las reformas
constitucionales que se realizaren durante el período transitorio sólo tendrían eficacia
si eran aprobadas por plebiscito.

Fundándose, en síntesis, en tal argumentación, el Tribunal declaró


inconstitucionalmente los dos textos propuestos y, por ello, fueron eliminados en el
cuerpo que vendría a ser la Ley Nº 18.460, de 15 de noviembre de 1985.

Se impone subrayar que, consecuentemente, el mismo día en que se publicara la ley


orgánica constitucional sobre partidos políticos -23 de marzo de 1987- se dio a conocer
también la Ley Nº 18.604, mediante la cual, eliminados los preceptos rechazados, se
agregó a la ley sobre el Tribunal Calificador de Elecciones el siguiente precepto final:

"El artículo 84 de la Constitución Política entrará en vigencia con la publicación de la ley


orgánica constitucional de los partidos políticos, debiendo el Tribunal Calificador de
Elecciones constituirse dentro de décimo día. No obstante, para los efectos de la
calificación de la primera elección de senadores y diputados, el art. 84 de la
Constitución Política entrará en vigencia, en lo pertinente, sesenta días antes de la
fecha en que debe realizarse su convocatoria".

En síntesis, desde el día 23 de marzo de 1987 -fecha de publicación simultánea de las


leyes Nos 18.603 y 18.604- se puso, pues, en vigencia el art. 84 del texto permanente
de la Constitución y se entró a organizar, por lo tanto, el Tribunal Calificador de
Elecciones.

En las condiciones expuestas, el Tribunal Calificador de Elecciones pudo así hacer


efectivas sus atribuciones en relación al plebiscito de ratificación previsto en el art. 27
transitorio, en circunstancia que la letra de la Carta había parecido posibilitar, según se
dijo, la consulta plebiscitaria sin tener organizado sistema alguno de su calificación.

174.Ley orgánica de Inscripciones Electorales. En materia de inscripciones electorales y


de organización y funcionamiento del servicio electoral -parte sustancial, sin duda, del
sistema electoral público contemplado en el art. 18 de la Carta-, se promulgó la ley
orgánica constitucional Nº 18.556 el 1º de octubre de 1986. Su art. 1º transitorio
dispuso: "Las Juntas Inscriptoras se instalarán dentro del plazo de cinco meses contado
desde la publicación de esta ley, en la fecha que señalare el Director del Servicio
Electoral por resolución que se publicará en el Diario Oficial".
153
Ese nuevo cuerpo normativo permitió que el 25 de febrero de 1987 pudieran abrirse
los registros electorales.

175.Gestación de la ley de partidos políticos. Según la norma décima transitoria de la


Carta, mientras no entrara en vigencia la ley orgánica de partidos políticos, "estará
prohibido ejecutar o promover toda actividad, acción o gestión de índole político-
partidista, ya sea por personas naturales o jurídicas, organizaciones, entidades o
agrupaciones de personas. Quienes infrinjan esta prohibición incurrirán en las
sanciones previstas en la ley".

Pues bien, la gestación del cuerpo normativo sobre el régimen de los partidos políticos
fue objeto de una prolongada y compleja tramitación que se extendió a lo largo de más
de tres años.

La Comisión encargada de redactar las leyes orgánicas constitucionales, de cuya


formación ya dimos cuenta, designó una Subcomisión de su seno, integrada por los
profesores Luz Bulnes y Raúl Bertelsen, para que redactara un anteproyecto de ley
sobre la materia, que fue dado a conocer el 14 de noviembre de 1983.

Luego, en sesión conjunta del Consejo de Estado y de la Comisión Asesora, se designó


una "Comisión Informante" -presidida por Francisco Bulnes Sanfuentes e integrada por
Luz Bulnes, Gustavo Cuevas, Jaime Guzmán y Raúl Bertelsen-, la cual evacuó un "Primer
Informe", dado a publicidad el 30 de enero de 1984.

Se fijó por el Consejo de Estado un plazo de 45 días para que el público diera a conocer
las observaciones que le mereciera dicho Primer Informe y se recibieron al efecto
alrededor de 200 indicaciones de la ciudadanía. Con ocasión de haber citado la
Comisión al autor de esta obra, éste hizo llegar el proyecto alternativo redactado por el
Grupo de los 24, a que pertenecía, el cual fue considerado como una indicación más.

La Comisión Informante, el 5 de abril, emitió un "Segundo Informe", que tomó en


cuenta las observaciones recibidas. Este anteproyecto fue a su vez revisado por el
Consejo de Estado y por la Comisión Asesora y, finalmente, entregado al Presidente
Pinochet el 24 de abril de 1984, quien lo dio a publicidad.

El 12 de junio de 1984 el Ejecutivo envió el proyecto a la Junta de Gobierno.

Las deliberaciones que se desarrollaron a lo largo de la tramitación oficial del proyecto


de ley así generado se produjeron cumpliéndose, en el seno de las Comisiones
Legislativas de la Junta y en la Junta misma, diversas etapas, en atención a que
surgieron diferencias de criterio entre la Junta y el Jefe de Estado, lo que motivó la
prolongada suspensión que sufrió en el hecho la gestación del cuerpo legal.

En noviembre de 1986 el entonces Ministro del Interior, Ricardo García Rodríguez,


sometió el proyecto al parecer de las distintas Facultades de Derecho del país y, una
vez recibidos los informes respectivos, formuló las últimas indicaciones que presentó el
154
Ejecutivo a la Junta, cursadas las cuales fue remitido el proyecto al Tribunal
Constitucional, el que se pronunció a su respecto en sentencia de 24 de febrero de
1987 (Rol Nº 43).

La ley orgánica constitucional de partidos políticos tiene el Nº 18.603 y fue publicada el


23 de marzo de 1987.

Una exposición más minuciosa del origen de la citada ley puede encontrarse en la obra
de Ana María García Barzelatto (Ley Orgánica Constitucional de Partidos Políticos,
Editorial Jurídica de Chile, 1988, 281 págs.).

176.Inscripción de los partidos. Surgieron vivos debates de parte de las distintas


corrientes ciudadanas tocante a la procedencia o inconveniencia de incorporarse ellas
al sistema de la Ley Nº 18.603 y a la transformación de los diversos grupos en
organizaciones políticas formales. Estas controversias revistieron especial importancia
dentro del Partido Comunista y de la Democracia Cristiana.

Los sectores inclinados al pensamiento político de derecha, por su lado, vacilaban


principalmente entre seguir el criterio del líder Jaime Guzmán, empapado en el
gremialismo y por ello con resistencias al partidismo, o el de quienes se mostraban más
influidos por la tradición partidista nacional. Entre éstos dominaban quienes preferían
la restauración del liberalismo político anterior a 1973, en tanto que otros privilegiaban
consolidar y continuar las características de la dirección ejercida por el gobierno militar.

Una primera iniciativa encaminada a reunir las fuerzas de todas las tendencias
existentes en los sectores gobiernistas se manifestó en la formación de la Unión
Nacional, que luego se dividió, como consecuencia de tales discrepancias; de dicha
división nació, por una parte, la Unión Demócrata Independiente (UDI), encabezada
por Jaime Guzmán, y, por otra, Renovación Nacional, que iba a encontrar sus líderes
principales en Sergio Onofre Jarpa y Andrés Allamand.

Se inscribieron, en definitiva, las siguientes colectividades que habrían de participar en


las elecciones de 1989: Partido por la Democracia (PPD), Democracia Cristiana, Partido
Radical, Partido Radical Socialdemocracia, Socialdemocracia, Partido Humanista,
Partido Los Verdes, Partido Socialista, PAC, Izquierda Cristiana, Padena, PAIS, Unión
Demócrata Independiente, Renovación Nacional, Avanzada Nacional, Democracia
Radical, Partido del Sur, Partido Liberal, Socialista de Chile y Partido Nacional.

177.Ley orgánica de Votaciones Populares y Escrutinios. El 6 de mayo de 1988 se dictó


la Ley Nº 18.700, sobre Votaciones Populares y Escrutinios.

El fallo del Tribunal Constitucional que se pronunció sobre el proyecto respectivo es del
5 de abril de 1988 (Rol Nº 53), y en él se tomaron en cuenta las presentaciones hechas
a su respecto por seis profesores de Derecho Público y por el Partido Humanista.

178.Ley orgánica del Congreso Nacional. La ley orgánica constitucional sobre Congreso
Nacional tiene el Nº 18.918 y se publicó el 5 de febrero de 1990, o sea, con más de un
155
mes de posterioridad a las primeras elecciones parlamentarias y presidencial de 14 de
diciembre de 1989 y con poco más de un mes de anterioridad a la conclusión del
período transitorio. La sentencia del Tribunal Constitucional recaída en esa proposición
de ley es del 18 de enero de ese mismo año (Rol Nº 91).

179.Leyes de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Completaron, puede decirse, el


cuadro de las disposiciones que conducían a la vigencia de las leyes complementarias
de la Constitución, definitorias de la organización fundamental de la sociedad política,
la publicación, el 27 de febrero de 1990, de la Ley Nº 18.948, orgánica de las Fuerzas
Armadas (sentencia del Tribunal Constitucional del 15 de febrero, rol 98), y el 7 de
marzo de ese año, de la Ley Nº 18.961, relativa a Carabineros de Chile (sentencia del 21
de febrero, rol 103). Ambos cuerpos normativos, como puede observarse, fueron
dictados con escasos días de anterioridad al comienzo de la nueva etapa institucional,
que se iniciaba el 11 de ese mismo mes.

2) HACIA LA RESTAURACION DEMOCRATICA: EL PLEBISCITO DE 5 DE OCTUBRE DE 1988

180.Dos tareas ineludibles. Observamos ya que en el período constitucional transitorio


no sólo se imponía completar el ordenamiento jurídico mediante la dictación de las
normas que permitieran conducir a la implantación del régimen político permanente
diseñado en la Carta, sino que se hacía asimismo indispensable favorecer todo lo que
en la vida de la sociedad política contribuyera a prepararla para dicha implantación.

181.Grupo de los 24. Al tratar de describir los grandes rasgos de la evolución del
proceso cívico que se orienta a la búsqueda del restablecimiento efectivo de la
democracia política, debiera comenzarse, a nuestro juicio, por anotar como una de sus
expresiones iniciales -que habrá de repercutir, sin duda de modo relevante, en los
acontecimientos posteriores- la organización del que se llamara "Grupo de Estudios
Constitucionales" o "Grupo de los 24", en atención al número de quienes suscribieron
el manifiesto de convocatoria.

Los firmantes de tal documento, entre quienes se contó el autor de esta obra, fueron,
mencionándolos según el orden alfabético: René Abeliuk M., Patricio Aylwin A.,
Edgardo Boeninger K., Fernando Castillo V., Jaime Castillo V., Héctor Correa L., Gonzalo
Figueroa Y., Juan Agustín Figueroa Y., Ignacio González G., Luis Izquierdo, Eduardo Jara
M., Eduardo Long A., Joaquín Luco V., Luis Fernando Luengo E., Alberto Naudón, Hugo
Pereira A., Raúl Rettig G., Pedro J. Rodríguez, Manuel Sanhueza C., Víctor Santa Cruz,
Ramón Silva U., Julio Subercaseaux B., y Sergio Villalobos.

Desde el 21 de julio de 1978 los nombrados -y muchas otras personas que se fueron
incorporando- conformaron la reunión de un conjunto de políticos que se habían
destacado por su fe en el gobierno del pueblo actuando en las tiendas partidistas de
una u otra orientación, y de profesores de derecho público que compartían esa misma
convicción, congregados semanalmente con entera regularidad -y aun después del 11
de marzo de 1990- con el ánimo de examinar y debatir "las ideas básicas que
contribuyan a producir el acuerdo democrático que ha de ser el fundamento de la

156
futura institucionalidad" (Las propuestas democráticas del Grupo de los 24,
Corporación Grupo de Estudios Constitucionales, pág. 6).

La circunstancia de que entre sus componentes se contaran en el Grupo de los 24


personas que había pertenecido a distintas ideologías y sostenido posiciones políticas
diferentes, de un extremo a otro de la opinión nacional, contribuyó a que, en la
elevada y serena expresión de los distintos puntos de vista, se fueran revelando
coincidencias y configurándose comunes anhelos, que les llevaron a definir
conclusiones de consenso, brotadas espontáneamente, sin recurrir a votaciones
formales.

Fue en el seno del Grupo de los 24 en el que se pudieron manifestar, aun con
anterioridad al plebiscito de 1980, las aspiraciones cívicas de intérpretes de las más
opuestas culturas ciudadanas y donde, desde luego, se formularon las críticas más
vigorosas tanto al proyecto sometido a la consulta plebiscitaria como a las
circunstancias en que ésta tenía lugar.

Promulgado ya el nuevo texto, el Grupo de los 24 dio a conocer, a su vez, en un


detenido análisis, los reparos que, según sus integrantes, merecía la nueva Carta a la
luz, para ellos, de las irrenunciables exigencias de un gobierno efectivamente
democrático. Gracias a sus labores posteriores, llegó el Grupo a proponer proyectos
precisos y articulados sobre materias tan importantes como organización y
funcionamiento del Poder Judicial; bases constitucionales del orden económico; puntos
fundamentales de una reforma constitucional; proyectos de estatuto de los partidos
políticos, del Consejo Económico y Social, de la regionalización del país, del poder
político local, de la ciudadanía e inscripciones electorales; y configuración de un
sistema de gobierno semipresidencial, etc.

Por relevante que pueda estimarse el aporte del Grupo de los 24, ha de reconocerse
que, simultáneamente, otras numerosas organizaciones realizaban estudios del
pasado, de la realidad y del porvenir chilenos, desde distintos puntos de vista, que
fueron concurriendo a la formación de los consensos que se observarán más adelante.
Sería muy interesante recordar en detalles cuáles fueron las organizaciones a que nos
referimos. Ello requeriría un trabajo especial que seguramente habrá de efectuarse.
Mencionemos siquiera ILADES, CED, FLACSO, ICHEH, Academia de Humanismo
Cristiano, CIEPLAN, CISEC, CESOC, etc.

182.Las primeras reacciones opositoras. Satisfacción se reveló al interior del Gobierno


militar, a pesar de las críticas que suscitaron las condiciones en que se realizó el
plebiscito, por el resultado de éste y por las circunstancias económicas favorables
observadas en los primeros años de la vigencia de la Carta. Esos motivos y el recurso a
la acumulación de variadas restricciones a la práctica de las libertades ciudadanas,
contribuyeron a que la oposición se encontrara en condiciones muy difíciles para
manifestar sus desacuerdos.

El fallecimiento, ocurrido el 22 de enero de 1982, del ex Presidente Eduardo Frei


Montalva, que podía decirse el líder de la oposición, representó un acontecimiento
157
que, si pudo pensarse como un nuevo factor de debilidad de ésta, dio ocasión a que
ella se manifestara, quizás por primera vez con elocuente vigor, a través de las
manifestaciones multitudinarias que tal evento provocó.

El ambiente colectivo se alteró agudamente cuando el país experimentara el fracaso


del manejo del cambio monetario, mantenido artificialmente estable, y cuando, al
comienzo de 1983 se decretara la medida de intervención sobre algunos bancos, todo
lo cual causó el estallido de una gran crisis económica traducida en la desvalorización
monetaria, que provocó a su vez una fuerte y súbita alza del costo de la vida.

Tal crisis generó una profunda inquietud social, de la que se hicieron intérpretes, en
primer término, por su fuerza colectiva y mayores posibilidades de presión, los
dirigentes gremiales del cobre, quienes convocaron con éxito a una primera "protesta"
de carácter nacional.

A esa manifestación se fueron sucediendo mensualmente varias otras, durante las


cuales se exteriorizaron gestos de solidaridad de los gremios y de las diversas
corrientes opositoras. Dichas "protestas", aun cuando se convocaron y pretendían
realizarse en términos pacíficos, en el hecho provocaron daños, tanto personales como
materiales.

En tales circunstancias comenzaron a reflejarse, cada vez con mayor elocuencia y


energía, las reacciones de la civilidad que pretendía ser encauzada por los partidos
políticos, siempre jurídicamente en receso, pero que contaban con el apoyo de
ciudadanos que procuraban mantener o crear tales organizaciones a pesar de las
restricciones impuestas a su existencia y actividad y al ejercicio de las libertades
públicas, y no obstante la carencia o escasez de medios de comunicación social
apropiados.

183.Manifiesto Democrático. El primer documento que con mayor amplitud buscó


despertar y dar sentido a una política opositora, encaminada a la recuperación de un
gobierno libre, fue, sin duda, el que tomó el nombre de "Manifiesto Democrático",
suscrito el 15 de marzo de 1983 por los señores Hugo Zepeda, Julio Subercaseaux, Luis
Bossay, Duberildo Jaque, Gabriel Valdés, Patricio Aylwin, Enrique Silva Cimma, Ramón
Silva Ulloa, Hernán Vodanovic y Julio Estuardo. Frente a la crisis económica y social que
denunciaba, llamaba a un consenso entre trabajadores y empresarios, a la formación
un nuevo espíritu de solidaridad nacional y a reconocer que "sólo la democracia es
capaz de garantizar el campo adecuado para el cumplimiento de las labores
profesionales de las Fuerzas Armadas y su contribución al desarrollo". Terminaba
pidiendo "encarar el futuro sin odios ni revanchismos".

184.Alianza Democrática. Siempre en 1983, el 6 de agosto, con ocasión de una cena


efectuada en el Círculo Español, Gabriel Valdés, entonces presidente de la Democracia
Cristiana, dio a conocer en extenso discurso la creación -por las corrientes políticas
designadas como Derecha Democrática Republicana, Socialdemocracia, Radical,
Socialista y Demócrata Cristiana- de una "Alianza Democrática", movimiento que
formulaba tres propuestas, por las que perseguía, respectivamente, la búsqueda de un
158
acuerdo nacional sobre una Constitución Política que surgiera de un plebiscito que
diera paso a la creación de una Asamblea Constituyente; la petición al general Pinochet
de resignar el mando de la Nación, y la formación de un gobierno provisional de
transición. Esas mismas propuestas son las que se concretan el 22 de agosto, en
instrumento firmado por los mencionados suscriptores del "Manifiesto Democrático"
de 15 de marzo.

185.Llamado a Sergio Onofre Jarpa. El 10 de agosto, o sea, cuatro días después del
discurso de Gabriel Valdés, asumió como Ministro del Interior Sergio Onofre Jarpa.
Había presidido éste, antes del 11 de septiembre de 1973, la colectividad política de la
derecha llamada Partido Nacional, en la que se concertaron antiguos sectores liberales
y conservadores, y ejercido, después del pronunciamiento, las embajadas de Chile en
Colombia y en Argentina. Encontrándose el señor Jarpa en Buenos Aires, fue llamado
sorpresivamente por el general Pinochet a la jefatura del Gabinete, dándole como
misión contribuir a la pacificación política. Coincidió la asunción de las funciones
ministeriales por el señor Jarpa con momentos en que estaba llamada la ciudadanía a
una cuarta jornada de "protesta", que tuvo lugar cabalmente el 11 de agosto, con gran
violencia e impresionante exhibición del aparato militar.

186.Diálogo Gobierno-oposición. Ajustándose a su plan, y a insinuación del propio


Ministro Jarpa, se realizó un esfuerzo de acercamiento del Gobierno a la oposición, que
aparecía celebrado por el Arzobispo de Santiago, más adelante Cardenal, Juan
Francisco Fresno Larraín, quien sucediera a Monseñor Silva Henríquez al haber llegado
éste a los 75 años.

Las dos primeras reuniones en que procuró concretarse tal iniciativa se realizaron en la
misma residencia del Arzobispo, los días 25 de agosto y 5 de septiembre, en tanto la
tercera se efectuó el 29 de septiembre en la casa de los Hermanos Maristas, situada en
calle Sótero Sanz. En esta tercera oportunidad se contó con la presencia -atribuyéndose
la calidad de asesor del Ministro- del ex senador Francisco Bulnes Sanfuentes, aun
cuando en el curso de la conversación reivindicara luego este actuar también en
representación de la derecha democrática. En esta misma ocasión Gabriel Valdés
sintetizó en cinco puntos las peticiones del movimiento político que encabezaba:
plebiscito para formar una asamblea constituyente; creación de una comisión paritaria
con el Gobierno para la redacción de las leyes políticas; cambios profundos en el orden
político; plan económico de emergencia, y término de la campaña injuriosa sufrida por
la oposición.

Este último encuentro llevó al fracaso de la tentativa de entendimiento surgida del


Ministro.

Tal fracaso se reveló claramente, en efecto, cuando el 2 de octubre el general Pinochet


improvisara en Paredones un discurso adverso a los políticos, reafirmando que la
Constitución no se alteraría y que los políticos podían "seguir conversando no más",
con lo que la Alianza Democrática dio por terminado el diálogo con el Gobierno.

159
187.Formación del MDP. Todavía en 1983, en septiembre, se dio a conocer la creación
del Movimiento Democrático Popular (MDP), formado por la conjunción de las fuerzas
de izquierda vinculadas a la Unidad Popular.

La formación de ese nuevo conglomerado coincidió con la del Comando Nacional de


Trabajadores.

La creación del MDP pugnaba, sin duda, con el ordenamiento jurídico vigente, y no
pudo extrañar por ello que el Tribunal Constitucional, por sentencia de 31 de enero de
1984 (Rol Nº 21), declarara su inconstitucionalidad (fundándose en los arts. 8º, 82 Nº 7
e inciso 13º de la Constitución), debido a que, según el fallo, por sus fines y por la
actividad de sus adherentes, dicho movimiento -junto al Partido Comunista de Chile, el
Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Partido Socialista de Chile- se había
dedicado a difundir la doctrina marxista leninista, comprendida entre aquellas cuya
propagación prohibía y sancionaba el discutido art. 8º.

188.Consecuencias del fracaso de la gestión Jarpa. Como consecuencia de la malograda


gestión Jarpa, continuó el resto de 1983 y durante 1984, con renovado vigor, la
agitación popular, por una parte, y la represión gubernativa, por otra, y ello explica que
el 6 de noviembre de 1984 se produjera la declaración de estado de sitio, el cual se
mantuvo hasta el 16 de junio del año siguiente.

Preocupada de la gravedad que revestía la agitación social, el 17 de diciembre la


Alianza Democrática pidió un diálogo directo con los Comandantes en Jefe de las
Fuerzas Armadas; éstos se mantuvieron en silencio.

El 11 de febrero de 1985 asumió como Ministro del Interior Ricardo García Rodríguez.

La renuncia, el 2 de agosto, del general César Mendoza a la Dirección General de


Carabineros y, en consecuencia, a la propia integración de la Junta de Gobierno, se
presentó en forma que aparecía como simple repercusión de que el Ministro de la
Corte de Apelaciones de Santiago José Cánovas Robles dictara orden de arraigo en
contra de doce carabineros por hallarse implicados en el secuestro y degollamiento de
tres militantes comunistas: los señores Manuel Guerrero Ceballos, José Manuel Parada
Maluenda y Santiago Nattino Allende.

189.Seminario del ICHEH. Fue llamado a alcanzar gran resonancia el seminario


convocado por el Instituto Chileno de Estudios Humanísticos (ICHEH) sobre el tema
"Sistema jurídico-político constitucional para Chile", realizado los días 27 y 28 de julio
de 1984, en el que participaron, entre otros, desde el socialista Carlos Briones a los
políticos de derecha como Francisco Bulnes y Sergio Diez.

La exposición que entonces hizo, por su parte, el líder democratacristiano Patricio


Aylwin Azócar resultó particularmente trascendente, porque en ella sostuvo, entre
otras afirmaciones, que: "En lugar de engolfarnos en el debate inacabable de si la
Constitución es legítima o ilegítima, en el que nadie convence a otro, ni nadie está
dispuesto a ceder un ápice, preguntémonos de qué manera podemos llegar, sin
160
sacrificio de la dignidad ni del amor propio de unos y otros, a un texto constitucional
que sea aceptable para oficialistas y disidentes. Se entra así en un terreno más fácil, en
que son mucho mayores las posibilidades de diálogo racional, de recíproca persuasión
y convencimiento y, en consecuencia, de llegar a acuerdos". Más adelante el señor
Aylwin, después de no considerar viable el llamado a una Asamblea Constituyente,
enunció las reformas que a su juicio convendría introducir a la Carta de 1980 y se
manifestó convencido de que las Fuerzas Armadas no se negarían a aceptar las
reformas que "amplios sectores de la civilidad propusieran como necesarias para
normalizar la vida nacional" (Una salida político-constitucional para Chile, págs. 148 y
149).

190.Acuerdo Nacional. Reinando este clima político, surgió en el Cardenal Arzobispo de


Santiago Monseñor Fresno el propósito de contribuir a la pacificación nacional,
apoyándose en la buena inclinación observada en el Ministro del Interior señor Ricardo
García. A mediados de 1985, el Cardenal Fresno buscó concretar, al efecto, un llamado
a la reconciliación nacional apoyándose en la buena voluntad de personas
independientes o de algunos empresarios, como eran los señores Fernando Léniz,
Sergio Molina y José Zabala.

De los contactos sostenidos por esas personas con dirigentes políticos de las distintas
corrientes, incluso de sectores simpatizantes con el Gobierno militar, surgió la reunión,
en Calera de Tango, el 22 de julio, de la cual derivó la formulación de un "Acuerdo
Nacional para la Transición a la Plena Democracia", suscrito el 25 siguiente por los
señores René Abeliuk, Andrés Allamand, Sergio Aguiló, Carlos Briones, Patricio Aylwin,
Francisco Bulnes, Pedro Correa, Armando Jaramillo, Luis Maira, Fernando Maturana,
Luis Fernando Luengo, Sergio Navarrete, Darío Pavez, Patricio Phillips, Mario Sharpe,
Enrique Silva Cimma, Ramón Silva Ulloa, Gabriel Valdés, Gastón Ureta y Hugo Zepeda.

El "Acuerdo Nacional" sintetizaba los consensos que se constataban recaídos en las


reformas constitucionales que convenía adoptar y en las bases que conformarían el
futuro orden económico y social. Enunciaba también las medidas concretas inmediatas
que deberían adoptarse en orden al término de la vigencia de los estados de
excepción, a la formación de los registros electorales, a la derogación de las normas
que impedían el funcionamiento de los partidos a fin de dar término al receso político,
a la aprobación de la ley electoral y a la realización, en fin, de un plebiscito con las
debidas garantías.

El "Acuerdo Nacional" fue recibido con escepticismo por los sectores de extrema
izquierda, y así el MDP propuso a la Alianza Democrática un plan de movilización social
y la celebración de un pacto de gobernabilidad que permitiera encauzar el futuro
nacional.

El "Acuerdo Nacional" creó, a la inversa, discrepancias en el seno de la Junta; por


inclinarse a favorecerlo, se produjo la destitución del teniente general Benavides, a
fines de 1985, en tanto que el general Pinochet expresó su enfático y enérgico rechazo.
Al comenzar 1986 el almirante Merino planteó, a la inversa, por su lado, la posibilidad
de estudiar una reforma a la Constitución.
161
191.Asamblea de la Civilidad y atentado del 7 de septiembre de 1986. En el primer
semestre de 1986 el general Pinochet reveló, en forma cada vez más evidente, su
propósito de llegar a ser propuesto por las Fuerzas Armadas para la ratificación de su
nombre en el plebiscito previsto según las normas transitorias de la Carta; ello llevó a
la oposición a impulsar nuevas movilizaciones sociales contrarias al régimen.

Se creó en esa época la que se llamó "Asamblea de la Civilidad", integrada por


diferentes organizaciones sociales y que aparecía encabezada por el doctor Juan Luis
González. Reunida ésta en la localidad de Padre Hurtado, el 26 de abril de 1986,
elaboró un documento denominada "Demanda de Chile", que se entregó al Gobierno,
al cual se le señalaba un plazo límite para la respuesta, bajo la advertencia de que si
esta no se lograba, se acordaría un paro nacional. El Gobierno no respondió a este
apercibimiento, y la Asamblea de la Civilidad, consecuentemente, llamó al paro que se
anunciara para los días 2 y 3 de julio. El paro se realizó efectivamente en medio de una
capital ocupada por tropas militares, y durante su desarrollo dos jóvenes fueron
quemados por una patrulla militar, pereciendo uno de ellos.

El 11 de julio el general Pinochet declaró: "nadie puede desconocer el derecho del


Gobierno a proyectarse más allá de 1989".

El 7 de septiembre de 1986, un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, en el


curso de una emboscada tramada en el Cajón del Maipo, intentó asesinar al general
Pinochet. En el atentado murieron varios miembros de su escolta. Al día siguiente se
decreto estado de sitio en todo el país, se arrestó a varios dirigentes de la oposición y
se prohibió la circulación de numerosas publicaciones adversas al Gobierno. Ese mismo
día, el 8 de septiembre, los partidos Demócrata Cristiano, Democrático Nacional,
Humanista, MAPU, Socialista de Chile, Socialista Histórico, Nacional, Radical,
Republicano, Liberal, Social Demócrata, USOPO y Socialista de Chile (Mandujano)
suscribieron un documento denominado "Bases de sustentación del régimen
democrático", el cual sustancialmente constituía una profundización del Acuerdo
Nacional.

192.Ministerio de Sergio Fernández, Comité de Elecciones Libres y Concertación de


Partidos por la Democracia. Siendo consecuente con su apasionado afán de ganar el
plebiscito, el general Pinochet, el 7 de julio de 1987, designó un nuevo gabinete
encabezado, como Ministro del Interior, por Sergio Fernández Fernández, el político a
quien se atribuía en parte el éxito de la ratificación de la Ley Fundamental.

En 1987 la oposición creó un "Comité por las Elecciones Libres". Algunos dirigentes
políticos de derecha, específicamente de Renovación Nacional, insistieron en la
necesidad de abandonar el mecanismo del plebiscito y de llamar directamente a una
elección presidencial.

El 2 de febrero de 1988, trece colectividades opositoras al Gobierno, entre las cuales se


incluían aquellas que habían suscrito los manifiestos anteriores, acordaron llamar a
votar NO en el plebiscito previsto en las normas transitorias de la Carta y a establecer
162
"las condiciones mínimas suficientes de limpieza que eviten descalificarlo", al tiempo
que ponían de relieve las favorables consecuencias que derivarían del triunfo del NO.
Tal fue el origen de la que se conoce como "Concertación de Partidos por la
Democracia" (El Mercurio, 3 de febrero).

193.Nominación del general Pinochet. El 12 de julio de 1988 se reunieron los


Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y el General Director de Carabineros con
el fin de establecer las formalidades y fijar las medidas de publicidad necesarias para
dar cumplimiento al mandato del inciso 1º de la disposición 27ª transitoria, o sea, para
practicar la selección del nombre que sería propuesto por el régimen militar para su
aprobación o rechazo por la ciudadanía. La comunidad nacional conocería con siete
días de anticipación la fecha y el lugar donde se reunirían los jefes militares para tal
objeto.

El 26 de julio los partidos políticos opositores denunciaron a las Fuerzas Armadas que
"a medida que se ha acercado la fecha de plebiscito y que el general Pinochet ha
comenzado a actuar de facto como el candidato que los supremos mandos militares
deberían designar, un grupo significativo de oficiales, casi todos del Ejército, ha
comenzado a realizar abiertamente una ostensible actividad electoral en favor del SI".
Sobre tal fundamento, los partidos declararon que no resultaba aceptable que las
fuerzas militares "a las que corresponde supervigilar este proceso sean, a la vez, juez y
parte dentro de él y que utilicen su poder político y militar para presionar e inducir a
los chilenos a votar en favor del candidato que proclame la Junta de Comandantes en
Jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden. Repugna a la conciencia civilizada y a los
principios fundamentales del derecho el que una misma persona o entidad fuera a la
vez "garante" y "parte activa" dentro de un mismo proceso político" (La Epoca, 31 de
julio de 1988).

El 30 de agosto, sujetándose al procedimiento anunciado, los Comandantes en Jefe


acordaron: "Propónese al país, sujeto a la ratificación de la ciudadanía, al Capitán
General don Augusto Pinochet Ugarte, para ocupar el cargo de Presidente de la
República en el período presidencial siguiente al que está rigiendo". En la misma
reunión el general Pinochet aceptó expresamente su nominación. El candidato
propuesto, en un discurso de veinticinco minutos, se refirió a la razón y alcances de la
decisión adoptada.

Al día siguiente de conocerse la nominación, dieciséis partidos políticos: Democracia


Cristiana, Socialista, MAPU-OC, MAPU, Partido Socialista Histórico, Los Verdes,
Izquierda Cristiana, Socialista Mandujano, PADENA, Socialista de Núñez, Radical Social
Demócrata, Humanista, Radical, USOPO, Socialdemocracia y Liberal -en un documento
enunciado con el título de "Principios básicos de la institucionalidad democrática"-
expresaron: "El triunfo del NO en el plebiscito será el punto de partida de un proceso
que permitirá reconstruir en Chile un verdadero régimen democrático", cuyas
características esenciales puntualizaron. En el documento se remitieron al de 2 de
febrero y al "Compromiso económico y social" de 10 de mayo (La Epoca, 1º de
septiembre de 1988).

163
194.Su rechazo por el plebiscito. El plebiscito fue en definitiva convocado para el día 5
de octubre de 1988, encontrándose ya inscritos 7.435.913 ciudadanos.

El acto se efectuó el día de la convocatoria, votando 7.251.943 de ciudadanos, o sea, el


97,3% de los inscritos, y su resultado fue que 3.119.110 personas se pronunciaron por
el SI (43%), 3.967.576 lo hicieron por el NO (54,7); hubo 70.660 (0,9%) sufragios en
blanco y 94.594 (1,3%) nulos.

III. TERCERA ETAPA (5 DE OCTUBRE DE 1988 AL 11 DE MARZO DE 1990)

A. LAS CONSECUENCIAS DEL TRIUNFO DEL NO: LA REFORMA CONSTITUCIONAL DE


1989

195.Consenso político sobre las reformas constitucionales. Desechada por la


ciudadanía la designación del general Pinochet como Presidente de la República, y
encaminado por ello el país a que, de acuerdo con la regla vigesimanovena transitoria,
debiera llamarse al cuerpo electoral a otorgar título al nuevo Jefe del Estado y a
escoger simultáneamente a los representantes de origen electivo del Parlamento, se
fortificó en los sectores de la oposición, unidos tras la bandera del NO, la convicción de
que el medio más eficaz de superar el debate que continuaba centrado en la
legitimidad o ilegitimidad de la Ley Fundamental era preparar una consulta ciudadana
libre, en que se modificara adecuadamente la Constitución conforme a su propio
mecanismo de reforma. Tan sólo de tal manera se contribuiría efectivamente a la
pacificación nacional, porque disminuiría, sin duda, la intensidad y pasión de la
polémica que giraba en torno a los fuertes reparos que continuaban formulándose a la
validez de la Carta. Al introducirse en ella por voluntad popular cambios importantes,
inspirados en ese objetivo, se orientaría la comunidad nacional al reconocimiento de
título democrático indiscutible a los integrantes de los nuevos poderes públicos
fundamentales, por derivar sus mandatos de una contienda cívica libre dispuesta
conforme a una Ley Fundamental que conquistaba por tal vía indiscutible prestigio.

Haciéndose efectivos dichos propósitos, el 14 de octubre de 1988 se dio a conocer por


la Concertación de Partidos por la Democracia una solemne declaración en la que
sostenía que "una transición consensual a la democracia" requería los cambios
constitucionales y legales que el texto recomendaba y que recaían, fundamentalmente,
en los preceptos relativos a la reforma de la Carta, a la forma de elección del Congreso,
a la garantía de un efectivo pluralismo político, a la más adecuada integración del
Consejo de Seguridad Nacional e índole de sus facultades, y a las condiciones de
inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas.

El general Pinochet, al recibir el documento, expresó que "cualquier proposición que,


bien inspirada, tenga por objeto perfeccionar el orden institucional" merecería la
atención del Gobierno, al tiempo que rechazó todo intento de desnaturalizar, debilitar
o desconocer la Constitución aprobada en el plebiscito de 1980.

El 21 de noviembre de 1988 se celebró la reunión constitutiva de la Comisión de


Reformas Constitucionales de la Concertación, que presentó dos días después un
164
informe que denominó "Proposición para una reforma mínima a la Constitución de
1980". Los principales puntos buscaban facilitar el procedimiento de reforma de la
Carta; introducir el sistema de representación proporcional en las elecciones; dar a
todos los miembros tanto del Senado como de la Cámara de Diputados origen
emanado directamente del electorado; modificar el discutido art. 8º; integrar con el
Presidente de la Cámara de Diputados el Consejo de Seguridad Nacional, modificando
sus atribuciones, y, en fin, atemperar la inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las
Fuerzas Armadas.

Haciendo eco a tales proposiciones, Renovación Nacional dio a conocer, el 2 de


diciembre, un proyecto de reforma bajo el nombre de "Proposiciones para una reforma
de la Constitución de 1980", en el que reiteraba el contenido de muchas de esas
mismas materias e incorporaba otras, como supresión de la incompatibilidad de la
militancia partidista con la dirección gremial; precisión de los efectos de la vacancia del
cargo del Jefe del Estado; eliminación de la facultad del Presidente de disolver la
Cámara de Diputados; introducción de restricciones en cuanto a la amplitud del
régimen de los estados excepcionales; forma de composición de ambas Cámaras y
fortalecimiento de la fiscalización entregada a la Cámara de Diputados.

El 17 de diciembre se hicieron públicas las "Seis propuestas de reforma de la


Constitución planteadas por la Concertación"; ellas pusieron de relieve la amplitud de
la concordancia que se iba produciendo entre ese conglomerado y Renovación
Nacional. Tales propuestas recayeron en el proceso de reforma de la Carta, en la forma
de composición de las Cámaras, en el conflictivo art. 8º, en el Consejo de Seguridad
Nacional, en el alcance de la inamovilidad de los jefes militares y en la incompatibilidad
entre la dirigencia gremial y la militancia política.

Los antecedentes expuestos explican que, al amparo de la coincidencia que se iba


afirmando, se reunieran personeros de la Democracia Cristiana y de Renovación
Nacional, los que, confesando sus diferencias, convinieron en "explorar caminos para
llegar a un consenso político en torno a las reformas constitucionales entre los partidos
democráticos que han manifestado una disposición positiva a esta búsqueda", y para
esos efectos concordaron en la conveniencia de proponer la formación de un grupo
técnico-académico que buscara las posibilidades de formalizar las bases de un amplio
consenso nacional (21 de diciembre).

Como consecuencia de la invitación hecha por el Ministro del Interior señor Carlos
Cáceres a los dirigentes de la Concertación a entrevistarse con él, con motivo del
rechazo por éste de la presencia en la delegación de la persona de Luis Maira, la
Concertación le envió, después de protestar por tal reparo, una carta que contenía el
texto de las reformas que por ella se planteaban.

La Unión Demócrata Independiente (UDI), por su parte, comunicó públicamente a la


ciudadanía sus propias proposiciones. Ellas giraban en torno a la eliminación de la
incompatibilidad gremial y política, a la facultad de disolver la Cámara, al tiempo de
duración de los estados excepcionales, a dividir en dos siete de las circunscripciones
senatoriales, a recomendar diversos cambios en materia de inhabilidades, a formas de
165
cesación en el cargo e inviolabilidad parlamentaria, y a exigir la intervención de dos
Congresos sucesivos para la reforma de determinados Capítulos de la Ley Fundamental
(12 de enero).

En este estado del proceso, la Concertación hizo efectivo su propósito de designar


algunos especialistas que pudieran formar un grupo de trabajo con personeros
equivalentes de Renovación Nacional.

196.Anuncio del general Pinochet. Con motivo de cumplirse ocho años de vigencia de
la Constitución, el general Pinochet, después de recordar su origen y poner de relieve
sus méritos, añadió que "lo anterior no obsta a que, como toda obra humana
elaborada en un momento histórico determinado, pueda ser perfeccionada en algunos
aspectos, pero sin que se atente en contra de los principios y valores trascendentales
que la inspiraron". "Así, debo hoy informar a la opinión pública -agregó- que he
instruido al señor Ministro del Interior para que, previo conocimiento de las opiniones
en torno a esta materia de los diversos partidos políticos y sectores independientes
democráticos del país, me informe sobre la conveniencia de introducir algunas
modificaciones a la Constitución Política". Señaló, en fin, los puntos específicos que a
juicio del Gobierno podrían eventualmente analizarse, incluyendo entre ellos las
modificaciones al art. 8º y al mecanismo de reforma, eliminación de la facultad de
disolver la Cámara de Diputados, supresión de la facultad de expulsar del territorio o
prohibir el ingreso, integrar el Consejo de Seguridad Nacional con el Contralor General
de la República y reducción del período presidencial.

Consecuente con el anuncio del general Pinochet, el Ministro del Interior conformó el
20 de marzo un grupo asesor técnico de abogados que le asesoraran en la redacción de
las reformas aceptables. En los últimos días del mismo mes se reunieron los
nombrados con los miembros de las comisiones creadas por Renovación Nacional, la
Concertación y la UDI.

197.Informe Concertación-Renovación Nacional. Tanto la Concertación como


Renovación Nacional aprobaron el informe que elaborara la Comisión Técnica formada
por ambas corrientes (30 de marzo y 22 de abril, respectivamente). El informe,
publicado el 5 de abril, luego de poner de manifiesto su inspiración, concretó su
proposición en los siguientes temas, que es del caso mencionar en atención a que iban
a ser el origen más directo de las reformas que se someterían a plebiscito:

- Robustecimiento de las garantías constitucionales y vigencia de los derechos humanos


(Nº 3).

- Diversa formulación del art. 8º (Nº 4).

- Derogación de la inhabilidad de los dirigentes gremiales para ser miembros de


partidos políticos (Nº 5).

- Duración de cuatro años del próximo gobierno (Nº 6).

166
- Eliminación de la facultad del Presidente de disolver la Cámara de Diputados (Nº 7).

- Elevación de 120 a 150 del número de los diputados, y a 50 el de los senadores;


generación democrática del Senado; establecimiento de un sistema electoral
proporcional corregido (Nº 8).

- Incorporación del Presidente de la Cámara de Diputados y del Contralor General de la


República al Consejo de Seguridad Nacional, señalando que la atribución de ese
organismo no es "representar" sino "expresar opinión", y limitación del período de
inamovilidad de los Comandantes en Jefe (Nº 9).

- Fijación en tres quintos de los diputados y senadores en ejercicio el quórum


requerido para las reformas constitucionales; dar paso al recurso al plebiscito si el
Presidente rechaza la reforma aprobada por el Congreso; establecer la mayoría de los
diputados y senadores en ejercicio como quórum de aprobación de las leyes
interpretativas, orgánicas constitucionales y de quórum calificado (Nº 10).

198.Nueva gestión entre el Gobierno y dirigencias políticas. El 6 de abril de 1989, con


motivo del juramento de nuevos Ministros de Estado, admitía el general Pinochet que
el país estaba pasando por "la etapa más crucial de su itinerario constitucional hacia la
democracia plena, estable y participativa", y, refiriéndose a una eventual reforma
constitucional, sostuvo que ésta debía "tener por objeto, exclusivamente, perfeccionar
sus disposiciones sin alterar un ápice su espíritu, puesto que constituye un todo
indivisible"; y que las Fuerzas Armadas "no pueden dejar de representar
legítimamente, en virtud de su atribución exclusiva de garantizar el orden institucional
de la República, la extrema gravedad que una situación como la que se está
configurando puede significar para los intereses permanentes y superiores de la
Nación".

Como reacción a tal planteamiento del Jefe del Gobierno militar, la Democracia
Cristiana consideró que encerraba "la amenaza implícita que las Fuerzas Armadas
podían desconocer la voluntad del pueblo... hecho de la máxima gravedad", puesto
que "quien intente impedir, entorpecer o desconocer la voluntad soberana del pueblo
comete el delito de sedición".

Patricio Aylwin, como vocero de la Concertación, sostuvo una entrevista con el Ministro
de Interior señor Cáceres, de la cual dio cuenta a la Concertación; ésta manifestó su
profunda preocupación frente al contenido negativo de tales conversaciones en puntos
fundamentales, reiterando la sustancia de la declaración de 14 de octubre de 1988.

El Ministro Cáceres hizo una exposición a la Junta de Gobierno sobre el contenido de


las reformas en trámite, y entregó un borrador que detallaba las modificaciones que en
relación a ellas propondría a los partidos políticos (21 de abril).

En tales circunstancias, el público se informó de que el Presidente, sirviéndose de


palabras elogiosas para Cáceres, le había expresado que las gestiones afectaban la
institucionalidad, por lo cual el Ministro lo había dejado en libertad en relación a su
167
cargo, renuncia que suscribió todo el Gabinete (26 de abril). Con posterioridad a una
reunión del Presidente con la Junta de Gobierno, el Ministro Cáceres fue, no obstante,
confirmado en sus funciones por aquél.

Carlos Cáceres dio a conocer, el 28 de abril, las bases de la reforma constitucional que
propugnaba el Gobierno y respecto de las cuales esperaba una comprensión de la
ciudadanía, en 23 puntos, que abarcaban gran parte de las materias que se habían
venido tomando en consideración y agregaban algunas nuevas. Se recomendaba
establecer, en una norma transitoria, que la primera vez el Presidente de la República
duraría cuatro años y podía ser reelegido.

Las proposiciones del Gobierno se hicieron llegar a Patricio Aylwin, como cabeza de la
Concertación. Fueron favorablemente acogidas por la Comisión de Renovación
Nacional.

Entre tanto, el 2 de mayo, la Comisión Técnica de la Concertación, a través de su


personero Francisco Cumplido, hizo notar especialmente la omisión en la propuesta de
normas sobre la elección de los parlamentarios, la insuficiencia de los cambios
recomendados en materia del procedimiento de reforma constitucional, sobre el art.
8º, y discrepancias respecto del estatuto de los parlamentarios. "En conclusión,
entonces -terminó diciendo-, no nos cabe duda de que el proyecto del Presidente
Pinochet rechaza el acuerdo Renovación-Concertación de construir para el futuro una
democracia consensual o consociativa que conduzca a un proceso de transición
pacífico, ordenado y moderado" (revista Hoy, del 8 al 14 de mayo de 1989).

El mismo 2 de mayo, la Concertación, por su lado, "lamenta no poder dar su consenso


a este proyecto porque, lejos de satisfacer el anhelo nacional de avanzar hacia la
democracia, contiene normas que, en lo esencial, importan un grave retroceso sobre el
actual texto constitucional".

La Comisión Política de Renovación Nacional expresó, a la inversa, que "existían


elementos alentadores".

El Gobierno dio respuesta oficial, por nota de 3 de mayo, y en ella manifestó que, ante
la "negativa y consecuente falta de consenso, no cabe promover reforma alguna".
Sustancialmente en el mismo sentido se expresó el Gobierno en declaración leída el 4
de mayo después de una reunión de la Junta.

199.Ultima etapa de la gestación del acuerdo. Definida con este nuevo rechazo otra
etapa del proceso y en afán de continuarlo, la Concertación y Renovación Nacional
requirieron a la Comisión Técnica conjunta que examinara los puntos en desacuerdo en
relación al proyecto del Gobierno (4 de mayo), decisión de inmediato confirmada
también directamente por todos los partidos de la Concertación.

La UDI, por su lado, consideró, a través de su personero Jaime Guzmán, que las
reformas propuestas por el Gobierno representaban "un conjunto suficientemente
enjundioso e importante" que explicaba requerir en torno a él la realización de un
168
plebiscito. Más adelante, en declaración oficial de 6 de mayo, resumió la esencia de la
discrepancia haciéndola recaer en el mecanismo de reforma de la Carta y en la
supresión de los senadores designados.

Se dieron a conocer, en definitiva, las proposiciones de la Comisión Técnico-


Constitucional de Renovación Nacional (10 de mayo) y luego las de la UDI (13 de
mayo).

El 16 de mayo se reunieron el Ministro Cáceres y el señor Aylwin para analizar los


puntos de discordancia; el Ministro prometió estudiarlos y ofreció hacerle llegar con
posterioridad un memorándum privado para darle a conocer su reacción.

El Segundo Informe de la Comisión Técnica Renovación Nacional-Concertación fue


dado a conocer el 18 de mayo, y se refirió especialmente al mecanismo de las reformas
constitucionales.

Patricio Aylwin explicó a la Concertación que las diferencias se centraban en la


mantención de los senadores designados, en la resistencia a adoptar determinadas
reformas de la Carta y en los elevados quórum impuestos para modificar ciertos
capítulos de ésta.

Después de numerosos contactos privados entre los distintos actores, finalmente, el 31


de mayo, el Presidente Pinochet dirigió un mensaje a la Nación en el que anunció el
consenso concretado entre el Gobierno y la oposición en orden a proponer los puntos
encaminados a perfeccionar la Constitución Política.

La Concertación, por medio de su presidente, declaró el 1º de junio que "al dar


aquiescencia a las reformas propuestas por el Gobierno hacía una contribución
generosa a la construcción del consenso que anhela la inmensa mayoría de los
chilenos".

En reunión de 8 de junio, la Junta de Gobierno, sesionando en Comisión Conjunta,


aprobó el texto del proyecto y recordó que conforme a lo establecido en la
vigésimaprimera disposición transitoria, en su inciso 1º letra d), el proyecto no tendría
que ser sometido al control del Tribunal Constitucional. La omisión de tal trámite se
explicaba porque la reforma que se preparaba debía simplemente someterse a
plebiscito, por mandato directo de esa norma, de modo que no cabía aplicar a la
gestación de esa consulta popular un requisito como es el informe del Tribunal
Constitucional, contemplado en el texto permanente de la Carta para los proyectos de
reforma constitucional que se tramitaran ya en el Congreso que habría de elegirse.

200.Convocatoria a plebiscito. En virtud del decreto del Ministerio del Interior Nº 939,
de 15 de junio de 189, se convocó a plebiscito para el día 30 de julio de ese año.

Corresponde advertir que el decreto de convocatoria se ajustó a la Ley Nº 18.808,


promulgada ese mismo día, mediante la cual se modificó el art. 3º transitorio de la Ley
Nº 18.700, orgánica constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios, en el
169
sentido de que la fecha del plebiscito no podría tener lugar "antes de sesenta ni
después de noventa días" por "antes de treinta ni después de sesenta días" contados
desde la publicación del decreto de la convocatoria.

Con esa alteración de la ley electoral se pudo apresurar la fecha de la convocatoria al


cuerpo electoral en la que debería aceptar o rechazar las reformas que habían de
introducirse en la Ley Fundamental.

201.Su resultado. El plebiscito se desarrolló con entera regularidad en la fecha


señalada, encontrándose entonces inscritos en los registros electorales 7.556.613
ciudadanos.

El resultado de la votación fue el siguiente: 6.069.449 (85,7%) aprobaron el proyecto,


581.605 (8,21%) lo rechazaron, hubo 106.741 (1,51%) votos en blanco y 324.283
(4,58%) nulos.

Los cambios introducidos por el plebiscito se incorporaron a la Constitución de 1980


mediante la promulgación de la ley Nº 18.825, publicada el 17 de agosto de 1989.

La gestación del texto confiado en definitiva a la aprobación plebiscitaria ha sido


minuciosamente expuesta por el profesor Carlos Andrade Geywitz, quien participara
activamente en las deliberaciones de la Comisión Técnica de la Concertación (Reforma
de la Constitución Política de la República de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 1991, 339
págs.).

202. Contenido sustancial de las reformas. Sin perjuicio de que será analizado en la
oportunidad que corresponda cada uno de los cambios constitucionales formalizados
en la Ley Nº 18.825, la relevancia de la reforma -que representa el precio aceptado por
el gobierno militar para favorecer la marcha hacia la democracia sobre la base de un
estatuto constitucional de indiscutible admisión ciudadana- se pone de manifiesto al
considerar que las 54 modificaciones sometidas al sufragio del 30 de julio de 1989
pueden agruparse en los siguientes objetivos básicos:

a) Las reformas Nos 49, 50, 51 y 52 recaen en los arts. 116 inc. 2º, 117 inc. 4º y 5º y
118, y modifican el mecanismo de reforma de la Constitución.

b) Afirman el pluralismo político las que tienen los números que se indican y que
inciden en las disposiciones de la Carta que entre paréntesis se mencionan: Nos 2 (art.
8º), 3 (art. 9º), 4 (art. 16 Nº 3), 7 (art. 19 Nº 15 inc. 5º), 8 (art. 19 Nº 15 inc. 2º), 32 (art.
57 inc. 5º), 34 (art. 57 inc. 7º), 40 (art. 82 Nº 7), 41 (art. 82 Nº 8), 42 (art. 82 inc. 2º).

c) Robustecen las libertades constitucionales y morigeran los estados de excepción las


que llevan los Nos 1 (art. 5º inc. 2º), 5 (art. 19 Nº 2 inc. 3º), 6 (art. 19 Nº 12 inc. 6º), 10
(art. 19 Nº 26 inc. 2º), 17 (art. 38 inc. 2º), 18 (art. 39), 19 (art. 41, inc. 2º), 20 (art. 41 Nº
3), 21 (art. 41 Nº 4), 22 (art. 41 Nº 7), 39 (art. 79 inc. 1º).

170
d) Fortalecen el principio democrático y participativo las reformas Nos 9 (art. 19 Nº 19
inc. 3º), 11 (art. 23 inc. 1º), 14, 16 y 23 (arts. 31, 32 Nº 5 y 43 inc. 2º), 24 (art. 44), 27
(art. 46), 25 y 54 (arts. 45 y 2ª transitoria), 28 (arts. 45 y 47), 30 (art. 49 inciso final), 33
y 37 (arts. 57 inc. 6º y 66 inc. 1º), 48 (art. 107) y 53 (vigesimanovena disposición
transitoria).

B. LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES Y PARLAMENTARIAS DE 1989

203.Candidaturas a la Presidencia. Para realizar las elecciones presidenciales y


parlamentarias, que debían desarrollarse de acuerdo a lo dispuesto por la regla
vigesimanovena transitoria, se señaló el día 14 de diciembre de 1989.

Hubo largas negociaciones en el seno de la Concertación de Partidos por la Democracia


para llegar a la formulación de un programa común de gobierno, a la selección de un
candidato único a la Presidencia y a una lista de postulantes al Parlamento. Se
presentaron como precandidatos a la Jefatura del Estado de parte de la Concertación
Eugenio Velasco, Enrique Silva Cimma, Alejandro Hales y Patricio Aylwin.

Fuera de la Concertación, y siempre dentro de los sectores opuestos al Gobierno,


postulaban también otros dos candidatos: Carlos Martínez Sotomayor y Fernando
Monckeberg.

El 16 de julio de 1989 la Concertación proclamó en acto solemne que tuvo lugar en el


Teatro Caupolicán, como su candidato para Presidente, a Patricio Aylwin Azócar. En tal
oportunidad intervinieron Eugenio Velasco, Ricardo Lagos, Alejandro Hales, Germán
Riesco, Josefina Rosetti, haciéndose presente, por medio de una carta, Clodomiro
Almeyda y, desde Parral, Manuel Bustos, dirigente sindical relegado por el Gobierno.
Ese mismo día la Concertación dio a conocer su programa de gobierno en documento
titulado "Bases programáticas".

En los sectores opuestos a la Concertación se levantaron, entre tanto, las candidaturas


de Hernán Büchi -ex Ministro de Hacienda del gobierno militar y a quien se atribuía una
actuación muy exitosa en el manejo de la gestión financiera y económica-, que contaba
con el apoyo de Renovación Nacional y de la UDI, agrupados en el llamado Pacto Unión
por el Progreso, y de Francisco Javier Errázuriz Talavera, empresario que recibió el
apoyo de varios pequeños partidos como la Democracia Radical, Partido Nacional y
Partido Socialista de Chile. Los mencionados señores Martínez y Monckeberg no
perseveraron en sus pretensiones.

La ciudadanía siguió con gran interés el debate televisivo transmitido por el Canal 13
entre Patricio Aylwin y Hernán Büchi con intervención de periodistas.

204.Resultado de las elecciones. El Tribunal Calificador entregó el resultado final de la


elección presidencial de 14 de diciembre de 1989. De un cuerpo electoral de 7.557.537
inscritos, votaron 7.156.916, o sea, el 94,7%, recibiéndose un total de votos válidos que
llegó a 6.978.083. Del sufragio total, 3.346.514 fueron varones y 3.631.569, mujeres.
Patricio Aylwin obtuvo 3.849.584 votos, o sea, el 55,17% del cuerpo electoral; Hernán
171
Büchi 2.051.674, equivalente al 29,40%, y Francisco Javier Errázuriz 1.076.825,
correspondiente al 15,43%.

En las elecciones parlamentarias el resultado fue, respecto del Senado, de 22 cargos


para los candidatos de la Concertación y 17 para los del Pacto Unión por el Progreso. La
representación en el Senado quedó compuesta así: Partido Socialista-Almeyda 1;
Partido Radical-Socialdemocracia 1; Socialdemocracia 1; Partido Radical 2; Partido por
la Democracia 4; Partido Demócrata Cristiano 13; Renovación Nacional 6; Unión
Demócrata Independiente 2; Independientes 8.

En cuanto a las elecciones de diputados, la representación por partidos quedó


conformada así: Democracia Cristiana 38; Partido Radical 5; Partido Humanista 1;
Partido por la Democracia 17; Independiente (DC) 1; Partido Socialista-Almeyda 6;
Izquierda Cristiana 2; Socialdemocracia 1; PAC 1; Renovación Nacional 29; Unión
Demócrata Independiente 11; Independientes (Pacto Unión por el Progreso) 8.

205.La asunción de los nuevos gobernantes. La vida política entre las elecciones
presidenciales y parlamentarias y la asunción de sus nuevas funciones por los elegidos
se desarrolló en plena normalidad.

La transmisión del mando tuvo lugar en el nuevo edificio del Congreso Nacional,
construido en la ciudad de Valparaíso, con gran solemnidad y asistencia de numerosos
mandatarios extranjeros y delegaciones especiales de gran número de países que
quisieron hacerse presentes.

Encabezó la ceremonia, en su calidad de presidente del Senado recién elegido, Gabriel


Valdés Subercaseaux, quien entregó las insignias del mando a su correligionario
Patricio Aylwin.

El Presidente saliente, general Augusto Pinochet, continuaría exclusivamente en su


calidad de Comandante en Jefe del Ejército, cargo cuya inamovilidad quedó asegurada
hasta el 10 de marzo de 1998, según ya dijimos, y sin perjuicio de su facultad de
incorporarse al Senado en caso de alejarse de la función militar, todo ello de acuerdo
con los arts. 45 inc. 3º letra a), 93 y regla 8ª transitoria inc. 2º.

IV. FISONOMIA JURIDICA DE LA INTERVENCION MILITAR

206.Análisis doctrinario. El proceso que se vivió en Chile desde el 11 de septiembre de


1973 en su marcha hacia la restauración del constitucionalismo democrático se
desarrolló en las diversas etapas que han sido ya diferenciadas y que se fueron
constatando en los documentos oficiales emitidos por la autoridad militar y, a su
término, en aquellos que tradujeron el acuerdo producido entre ella y los personeros
de la comunidad nacional que buscaban restaurar el gobierno libre.

Al comienzo de la dirección castrense se reconoció la subsistencia, en principio, de la


Constitución de 1925, por lo menos en la medida en que no pugnara con los propósitos
de la Junta Militar, y tal planteamiento armonizaba con la intención de restablecer la
172
institucionalidad quebrantada, que prometiera en términos elocuentes al hacerse
cargo del mando.

Tal posición se explicaba dando por lógico el ánimo de corresponder al sentir de


amplios sectores de la colectividad nacional, que se sintieron en verdad interpretados
en la decisión de las Fuerzas Armadas de asumir el mando, en el entendido de que ellas
querían ser simultáneamente servidores de la voluntad nacional, que comprendía
mantenerse fieles al ideal democrático como presupuesto ineludible de la convivencia
de los chilenos. Concordaba también tal predicamento con la necesidad en que se
encontraba la Junta Militar de tranquilizar a la opinión pública internacional, no sólo
respecto del cumplimiento de las obligaciones de Chile en la esfera financiera, sino
principalmente en relación a los compromisos adquiridos ante la comunidad mundial
en orden al respeto de los derechos humanos, sin cuya efectiva observancia podía
crearse una situación muy delicada al gobierno militar. La presión del mundo
internacional por infinidad de motivos podía temerse, en efecto, mucho más enérgica y
eficaz que aquella que se presentara en otros tiempos de la historia de nuestro
continente, como, por ejemplo, en la época de los movimientos militares chilenos de
1924 y 1932.

El Poder Constituyente, que desde los primeros momentos se atribuyó la Junta de


Comandantes en Jefe, pudo entenderse como el Instituido o Derivado, compatible con
el mantenimiento nominal de su titularidad en el pueblo; se habría dado paso así en tal
supuesto a una especie de dictadura comisarial, dentro de la terminología de Carl
Schmitt, bien conocida por lo demás en los fenómenos políticos repetidamente
observados en nuestro continente de constantes pronunciamientos militares,
anormalidad circunstancial que habría de prolongarse hasta la restitución a la sociedad
gobernada de su plena soberanía.

La ambigüedad en que se mantuvo el régimen militar, más bien intencionadamente,


por lo dicho en cuanto a la definición de su real inspiración en materia constitucional,
explica las características de las diversas etapas que fue cumpliendo. Tal ambigüedad
pudo advertirse ya en el debate que fue recogido en la Comisión Ortúzar al someterse
al examen de ésta el texto del que llegó a ser el D.L. Nº 128, de cuyo contenido
discrepamos (sesión 14, de 8 de noviembre de 1973). Rechazamos entonces
vigorosamente que en tal texto la Junta se atribuyera el Poder Constituyente, como lo
hizo, según lo recuerda en una prolija investigación Renato Cristi Becker, traducida en
un estudio presentado a las XXIV Jornadas de Derecho Público, celebradas bajo el
auspicio de la Universidad Católica de Chile: "La noción del Poder Constituyente de Carl
Schmitt y la génesis de la Constitución de 1980" (Revista Chilena de Derecho, tomo I,
vol. 20, Nos 2 y 3, págs. 229-250).

Las diferentes etapas del proceso a que nos referimos fueron poniendo de relieve que
a medida que con creciente vigor se afirmaba la dictadura castrense y su voluntad de
permanecer indefinidamente en la dirección del país, se iba proclamando a su vez con
firmeza y hondura la naturaleza fundacional y revolucionaria de su verdadera
inspiración, es decir, la modalidad y sustancia de una dictadura indiscutiblemente
soberana, según la recordada clasificación de Schmitt, la invocación a la titularidad y
173
depósito de un poder constituyente inicial u originario. Es éste el que se va definiendo
paulatinamente a través de los textos que contienen los D.L. Nos 1, 128, 527, 788, de
aquellos especiales que disponen modificaciones específicas a algunos preceptos de la
Carta de 1925 y, en fin, de todos los que se dictan haciendo valer explícitamente tan
superior potestad.

Con la promulgación de las Actas Constitucionales, que siguieron al discurso de


Chacarillas, se alteró ostensiblemente la pretensión inicial, traducida en el encargo a la
Comisión Ortúzar de llegar a la formulación de un solo documento que diera
satisfacción al afán de imponer en definitiva una nueva ordenación fundamental a la
República. Fue desde entonces sustituida por la voluntad de ir entregando, en
continuados aportes, la sustancia preceptiva de la materia constitucional a través de la
promulgación de las llamadas Actas, de las cuales se iría sirviendo hasta llegar, en
sucesivas determinaciones, al establecimiento de una ordenación completa. Para
concretar esa nueva orientación se propuso aprovechar -ya lo dijimos, con nuestra
decidida oposición- los trabajos cumplidos en el seno de la Comisión Ortúzar.

Reestructurada la Comisión Ortúzar, se observó otro cambio trascendental, desde que


el general Pinochet le requirió que completara su proposición de un texto de nueva
Carta, tarea que ésta realizó y que, sometida al informe del Consejo de Estado, llevó al
documento que acondicionó la Junta y sometió a plebiscito.

El régimen autoritario perseveró con los rasgos de tan sólida aparente voluntad de
permanecer en la dirección política, que el entonces decano de la Facultad de Derecho
de la Universidad Católica, Sergio Gaete, y numerosos profesores de ella, llamado ya el
plebiscito para pronunciarse sobre la nueva Carta, llegaron a sostener, en una
declaración sobre cuya procedencia y contenido por cierto públicamente disentimos,
que cualquiera que fuera el resultado del plebiscito, ello no pugnaba con que el Poder
Constituyente originario o inicial se mantuviera siempre en manos del gobierno militar.
Nos parece del todo coincidente nuestro pensamiento con el del citado investigador
señor Cristi, quien termina en su estudio expresando: "Si la Constitución de 1980,
vigente en la actualidad, tiene legitimidad democrática, ésta no puede fundarse en el
plebiscito de 1980. Ciñéndome a las categorías de pensamiento desarrolladas por Carl
Schmitt, en este ensayo sólo intento demostrar que la génesis de la Constitución de
1980, sellada por el plebiscito de ese año, corresponde al nacimiento de una
Constitución otorgada (octroyada), como lo fue, por ejemplo la Charte de Luis XVIII del
4 de junio de 1814. Esto determina que la legitimidad de la Constitución chilena del 80,
por lo menos hasta 1988, no esté fundada en el poder constituyente del pueblo, sino
en el poder monocrático de la Junta Militar. Una Constitución es legítima, según
Schmitt, "cuando la fuerza y autoridad del Poder Constituyente, en cuya decisión
descansa, es reconocida"... En 1988 la autoridad y el poder de Pinochet y la Junta
Militar son decisivamente cuestionados por la vía plebiscitaria. Es posible argumentar
que la Constitución se legitima democráticamente en Chile a partir de 1988, o
posiblemente en 1990, con la entrada en funciones del Congreso Nacional. Pero esto
requiere ser determinado con mayor precisión y escapa a los límites de este trabajo"
(págs. 248-249).

174
Si en el hecho la Junta de Gobierno, o más bien específicamente el general Pinochet,
pudo tener la satisfacción de procesar las tres etapas diseñadas por él para la
conducción del país a la instauración de una nueva ordenación constitucional, es
mérito indiscutible del cuerpo electoral, en expresión auténtica de la voluntad de la
gran mayoría de los chilenos de convivir en la vigencia del principio democrático, haber
transformado la imposición de un texto en una nueva estructura constitucional
firmemente ratificada por la ciudadanía. En virtud de esa profunda alteración, el punto
de vista del decano Gaete quedó así sin fundamento alguno. La nueva institucionalidad
derivó, en efecto, de unir al polémico plebiscito del 11 de septiembre de 1980 tres
indiscutidas intervenciones del pueblo chileno: el rechazo del nombre propuesto para
Presidente el 5 de octubre de 1988, la reforma constitucional plebiscitada el 30 de julio
de 1989 y la elección de Presidente de la República y de Parlamento el 14 de diciembre
de 1989.

Lo que pudo calificarse primero como una Constitución otorgada, más adelante como
una Carta pactada, hoy debe calificarse como una Ley Fundamental que, sin perjuicio
de las críticas favorables o adversas que merezca su texto, se ha hecho democrática en
virtud de las tres aprobaciones populares recién recordadas, por ser íntegramente
modificable y haber sido, en fin, objeto ya de varias reformas de acuerdo con su propio
texto.

6. CARACTERISTICAS, INTERPRETACION Y FUENTES DE LA CONSTITUCION DE 1980

207.Rasgos definitorios de la Constitución de 1980. Trataremos de fijar algunas de las


características más relevantes de la Constitución de 1980, aun a riesgo de adelantar
apreciaciones que se fundamentarán con más detenimiento cuando corresponda más
adelante.

Creemos que pueden considerarse como los rasgos más definitorios los siguientes:

A) Se trata, indiscutiblemente, de una Constitución nueva, en razón de que no consiste


en una simple modificación de la anterior, generada del modo que ya quedó expuesto.
Por el proceso de su gestación, se comprende, en efecto, que a diferencia de la Carta
de 1925, cuyo preámbulo expresara haberse "acordado reformar la Constitución
Política promulgada el 25 de mayo de 1833", y de la de 1833, que pretendiera también
"reformar o adicionar" la de 8 de agosto de 1828, "quedando sin efecto todas las
disposiciones allí contenidas", al promulgarse la de 1980 se hicieron presentes tan sólo
las circunstancias que condujeron a su aprobación. Habría sido, por lo demás, ilógico el
constituyente de 1980 enunciando una referencia a la Carta de 1925, en vista de su
reiterado propósito, manifestado solemnemente, después de abandonar su postura
inicial, de instaurar una nueva institucionalidad como aporte y culminación de la
intervención militar. Si a la luz del derecho no cabe duda, según lo expuesto, de que la
Constitución de 1980 es una nueva Ley Fundamental, puede admitirse, entre tanto,
que desde un punto de vista intelectual no representa -y ello puede ser su mérito- una
obra del todo original, puesto que innumerables preceptos son reproducción literal de
mandatos que figuraban en el texto primitivo de 1925 o en sus reformas posteriores -la
de 1970 y la del Estatuto de Garantías fueron muy valiosas- y que, por otra parte, la
175
sustancia dispositiva de numerosas normas articulan acertadamente el fruto de las
lecciones derivadas de la experiencia de nuestra propia evolución institucional.

Ha de tenerse en cuenta que hasta la fecha, sin contar los cambios hechos por el
plebiscito de 1989, sujetándose a los procedimientos de reforma prescritos en la
misma Constitución, ésta ha sido ya modificada, como libre expresión de la voluntad
del Poder Constituyente Instituido o Derivado introducido con carácter permanente en
ella, y ya de origen plenamente democrático, por las siguientes leyes:

1) Nº 19.055, de 1 de abril de 1991, modificatoria de los arts. 9, 19 Nº 7 letra e), 60 Nº


16, y que agrega la disposición trigesimaprimera transitoria, preceptos todos que se
refieren a los delitos terroristas.

2) Nº 19.097, de 12 de noviembre de 1991, que introduce cambios en el Capítulo XIII,


sobre "Gobierno y Administración Interior del Estado", en lo pertinente al Gobierno y
Administración Regional y Provincial y a la Administración Comunal (arts. 100 a 115).

3) Nº 19.295, de 4 de marzo de 1994, que, alterando el art. 25, reduce la duración del
mandato presidencial a seis años.

B) La Constitución de 1980, como las anteriores, se desarrolla en un solo cuerpo


normativo, que contiene actualmente 119 artículos de normas permanentes,
distribuidas en 14 capítulos, una disposición final sin enumeración, y 34 reglas
transitorias; y reitera que las modificaciones que se le practiquen se introduzcan en el
único texto, al preceptuar en el inciso final del art. 119 que "una vez promulgado el
proyecto y desde la fecha de su vigencia, sus disposiciones formarán parte de la
Constitución y se tendrán por incorporadas a ésta".

Es oportuno anotar aquí la situación especial que contempla la norma tercera


transitoria al consagrar la sobrevivencia parcial de la Constitución de 1925, que se
produce al disponer que "la gran minería del cobre y las empresas consideradas como
tal, nacionalizadas en virtud de lo prescrito en la disposición 17ª transitoria de la
Constitución Política de 1925, continuarán rigiéndose por las normas constitucionales
vigentes a la fecha de la promulgación de esta Constitución".

C) La extensión de su preceptiva y el análisis de su articulado conducen a calificar la


Carta de 1980 más bien como una Constitución breve, en cuanto expresa la intención
de que sea preservado tal rasgo si se tiene presente la remisión copiosa a leyes
orgánicas constitucionales para complementar y detallar su contenido dispositivo. Si se
compara la actual Ley Fundamental con la de otros países, puede observarse que, en
parte en razón de nuestras propias tradiciones institucionales y debido también al afán
de subrayar la intencionalidad que anima al constituyente tocante a determinadas
materias, la preceptiva de nuestra Carta aparece excesivamente minuciosa. Tal es la
apreciación que merece a nuestro juicio cuando se observan los detalles con que se
reglamentan, por ejemplo, la libertad personal, el derecho de propiedad, el estatuto de
los parlamentarios, la ley anual de presupuestos, la organización de la magistratura
judicial y la conformación del gobierno y administración interior del Estado.
176
D) La Carta de 1980 ratifica el propósito de la colectividad nacional de mantenerse en y
robustecer el constitucionalismo característico de la democracia moderna, y que ha
informado continuadamente el ordenamiento jurídico chileno, sin más excepción,
puede decirse, que la producida durante el proceso de intervención militar, constatada
por el D.L. Nº 788, de 1974, puesto que éste reconoció, en efecto, jerarquía
constitucional a cualquier precepto de los decretos leyes precedentes que hubieran
sido contrarios, se opusieren o fueran distintos a los de la Constitución de 1925.

E) El principio consecuente de la supremacía de la Carta Orgánica, característico del


fenómeno constitucionalista, se reafirma por el texto de 1980, al determinar que sus
preceptos obligan tanto a los titulares o integrantes de los órganos del Estado, como a
toda institución, persona o grupo (arts. 6 y 7), y al mantener y robustecer las funciones
confiadas con tal finalidad al Tribunal Constitucional (arts. 81 y sgtes.), a la Corte
Suprema (art. 80) y a la Contraloría General de la República (art. 87 y sgtes.). La
reafirmación del constitucionalismo, y sin contradecirlo, se expresa ahora, no obstante,
reconociendo el vigor de normas jurídicas aun de mayor jerarquía que las contenidas y
aseguradas en su misma letra, al limitar la soberanía por "los derechos esenciales que
emanan de la naturaleza de la persona humana" (art. 5). Sustancialmente el mismo
propósito puede reconocerse en la posibilidad de que los poderes constituidos,
conforme a las reglas pertinentes, den sentido a los mandatos del constituyente
mediante la promulgación de leyes interpretativas, categoría de preceptos que figura
por primera vez en el texto constitucional (arts. 63 y 82 Nº 1). Problema relevante en la
interpretación y observancia de la Carta será definir la exacta significación y alcance de
la norma según la cual las Fuerzas Armadas "garantizan el orden institucional de la
República" y Carabineros se integra con ellas "en la misión de garantizar el orden
institucional de la República" (art. 90 incisos 2º y 3º). En su oportunidad corresponderá
considerar, asimismo, el complejo debate acerca de la exacta posición en que quedan
los derechos asegurados en los tratados internacionales a que se refiere el inciso 2º del
art. 5º, introducido en el plebiscito de 1989.

F) El análisis de la sustancia preceptiva de la Ley Fundamental pone de relieve que


contempla no sólo lo que es inherente a lo calificable como de carácter orgánico o
institucional -cuya completa omisión es, por cierto, inconcebible en toda manifestación
del constitucionalismo-, sino que también sus fundamentos dogmáticos y relacionales,
los cuales se enuncian tanto al dedicar un capítulo particular a las "Bases de la
Institucionalidad" como al extender y profundizar la formulación de los derechos,
libertades e igualdades y de sus garantías, continuando así la tendencia recogida ya en
la letra primitiva de 1925 y vigorizada en alto grado a través de la reforma que se
practicara mediante el llamado Estatuto de Garantías (Ley Nº 17.398, de 1971).

G) La reflexión que se haga sobre la sustancia de numerosos preceptos y sus


respectivos alcances lleva a calificar a muchos de ellos como no puramente ordenativos
y pragmáticos, sino que de índole realmente programática, no sólo en virtud de que las
pertinentes precisiones quedan confiadas a las leyes orgánicas constitucionales, sino
atendiendo a que, por su redacción, importan encargos hechos por el constituyente a
los poderes constituidos, a fin de que éstos tiendan en su actuación a llenar
177
aspiraciones o lograr metas que el constituyente se limita a indicar. A fin de facilitar que
los poderes constituidos en sus determinaciones concretas propendan a la realización
de los ideales buscados por el constituyente, éste, en innumerables preceptos, va
indicando, al efecto, los valores que deben informar sus decisiones, por estimarlos
vinculados a la respectiva materia y a la finalidad perseguida por las normas
pertinentes.

H) La Carta de 1980 está informada de una filosofía jurídica notablemente diversa de la


que inspirara la democracia clásica liberal moderna, puesto que se revela influida
claramente, a la inversa, por la interpretación acogida en el pensamiento de la doctrina
social-cristiana, en el que pueden definirse orientaciones que no se identifican ni con el
estatismo socializante ni con el liberalismo absoluto, y dentro del cual adquiere
vigorosa vigencia el principio de la subsidiariedad del Estado. El capítulo inicial, bajo el
epígrafe "Bases de la Institucionalidad", define y sintetiza la inspiración doctrinaria de
la Carta.

I) En cuanto a la precisión del tipo o clase de Constitución, desde el punto de vista del
procedimiento dispuesto en ella para su reforma, puede estimarse como bastante
rígida, aun tomando en cuenta la importancia del cambio del mecanismo inicial
introducido como resultado del plebiscito de 1989, la Ley Nº 18.825. La tramitación a
que debe sujetarse comprende, en efecto, la exigencia de altos quórum de aprobación
de los miembros en ejercicio de una y otra cámara, variables según la naturaleza y
sustancia de los preceptos que se modifican; la ratificación posterior por el Congreso
Pleno, ya contemplada en 1925; la eventual intervención del Tribunal Constitucional,
de presentarse ante él cuestiones de tal índole durante la tramitación del proceso de
reforma; y, en fin, el posible recurso a la consulta plebiscitaria en las hipótesis que se
prevén (arts. 116, 117, 82 Nº 2 y 119).

208.Comparación con la de 1925. La comparación de la Carta de 1925 con la de 1980


pone de manifiesto diferencias que contribuyen a distanciar el nuevo texto del antiguo;
anotemos algunas de ellas:

A) Si la Carta de 1980 se extiende en catorce capítulos, y el final referido a su propia


vigencia, y la de 1925 se componía de diez, ello se explica por incorporarse ahora los
que reglamentan el Tribunal Constitucional (VII), la Contraloría General de la República
(IX), las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad Pública (X), y los que se refieren al
Consejo de Seguridad Nacional (XI) y al Banco Central (XII). A ello se agrega que se han
unificado, en el capítulo XIII, tanto lo relativo al Gobierno como a la Administración
Interior del Estado, que la Carta precedente trataba separadamente. Se impone
adelantarse a aplaudir el enriquecimiento que ha recibido el capítulo inicial, que ahora
no versa sólo sobre "Estado, Gobierno y Soberanía", sino que, bajo la denominación de
"Bases de la Institucionalidad", importa una verdadera síntesis de la raíz ordenativa y
de sus inspiraciones fundamentales. Es, asimismo, interesante anotar que se ha
llamado "Gobierno" al capítulo que trata del Presidente de la República, de los
Ministros de Estado, de las bases de la administración y de los estados de excepción
constitucional, y que se lo ha colocado con anterioridad al que versa sobre el Congreso
Nacional.
178
B) Desde un punto de vista dogmático y relacional, se observa no sólo el ya anotado
enriquecimiento sustantivo que aporta el Capítulo I, sino que -comparándolo con el
texto primitivo de 1925, y prescindiendo por lo tanto de los cambios que le introdujo la
Ley Nº 17.398, de tan breve y agitada aplicación- se han incorporado nuevos principios,
como el derecho a la vida y a la integridad física y síquica de la persona (art. 19 Nº 1); la
igual protección de la ley en el ejercicio de sus derechos (art. 19 Nº 3); el respeto y
protección a la vida privada y pública y a la honra de la persona y de su familia (art. 19
Nº 4); el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación (art. 19 Nº 8); el
derecho a la protección de la salud (art. 19 Nº 9); el derecho a la educación (art. 19 Nº
10); la libertad de informar (art. 19 Nº 12); la libertad de trabajo y su protección (art.
19 Nº 16); el derecho a la seguridad social (art. 19 Nº 18); el derecho a sindicarse (art.
19 Nº 19); el derecho a desarrollar cualquiera actividad económica (art. 19 Nº 21); la
no discriminación arbitraria en el trato que deben dar el Estado y sus organismos en
materia económica (art. 19 Nº 22); la libertad para adquirir el dominio de toda clase de
bienes (art. 19 Nº 23); la seguridad de que los preceptos legales que por mandato de la
Constitución regulen o complementen las garantías que ésta establece o que las limiten
en los casos en que ella lo autoriza, no podrán afectar los derechos en su esencia, ni
imponer condiciones, tributos o requisitos que impidan su libre ejercicio (art. 19 Nº
26); la ampliación de la esfera del recurso de amparo (art. 21) y el establecimiento del
recurso de protección (art. 20). El motivo del cambio del epígrafe del Capítulo III, antes
denominado "Garantías Constitucionales", por el "De los derechos y deberes
constitucionales", se explica por consagrar a estos últimos un artículo especial (art. 22).

C) Se han creado o elevado a jerarquía constitucional nuevos órganos, como el Banco


Central (art. 97), el Consejo de Seguridad Nacional (art. 95) y los tribunales electorales
regionales (art. 85), y se ha dado tal rango, sobre todo vinculadas al Poder Judicial, a
reglas que se hallaban colocadas en la legislación común (art. 73).

D) En relación a los vínculos funcionales entre el Presidente de la República y el


Congreso, resulta patente el fortalecimiento de aquél y el debilitamiento de éste, al
ampliar la esfera de la iniciativa legislativa exclusiva del Jefe del Estado (art. 62 incisos
3º y 4º); al extender el campo de la potestad reglamentaria (art. 32 Nº 8); al eliminar el
consentimiento del Senado para las designaciones de diplomáticos y militares; al
entregar al Primer Mandatario, de modo casi íntegramente excluyente, la declaración
de los distintos estados de excepción constitucional (art. 40). Mientras tanto, en
relación con el Congreso Nacional, es notable, consecuentemente, la disminución de su
importancia en la función legislativa; la privación a las Cámaras de la facultad de
adoptar decisiones relacionadas con la observancia del estatuto de la función
parlamentaria, confiadas ahora al Tribunal Constitucional; la disminución de la
importancia de la fiscalización de la Cámara (arts. 48 Nº 1 y 49 inc. final) y la restricción
del campo de la inviolabilidad de los miembros del Congreso (art. 58).

E) El propósito reiterado de procurar distinguir entre la esfera de la actividad privada y


social de la que corresponde a la pública y política, se observa al afirmar la
independencia de los cuerpos intermedios (art. 1º inciso 3º) y al condenar a éstos
cuando realizan actividades ajenas a sus fines específicos (art. 23), tal como, por su
179
lado, al sancionar a los partidos políticos si se exceden de sus funciones propias (art. 19
Nº 15 inciso 5), y al establecer asimismo numerosas causales de cesación en el cargo
parlamentario (art. 57).

F) La importancia que se atribuye a la seguridad nacional, como valor repetidamente


afirmado cuando enuncia aquellos a que la Carta atribuye especial relevancia
inspirativa, se reflejan al proclamar a las Fuerzas Armadas como esenciales para la
seguridad nacional (art. 90), al crear el Consejo de Seguridad Nacional (art. 95) y al
mencionar ésta en numerosos preceptos.

G) En cuanto al propósito del constituyente de perfeccionar la institucionalidad


jurídica, no pueden olvidarse la definición de las bases del Estado de Derecho y del
funcionamiento de sus órganos; la precisión de una jerarquía en la que se incluyen
nuevas categorías, como las leyes interpretativas, orgánicas constitucionales y de
quórum calificado; la afirmación de los recursos que buscan el respeto de dicha
jerarquía.

H) Aun cuando el propósito que se expresó en el seno de la Comisión Ortúzar de llegar


a precisar de modo directo y sistemático en la misma Ley Fundamental las
características de un Orden Público Económico no se concretó directamente. Sin
embargo, a través de preceptos que quedaron diseminados a lo largo del
ordenamiento, se llega a configurar en verdad un sistema que procura satisfacer ese
afán, abierto con amplitud a las soluciones concretas y que resulta de la conjunción de
las diversas reglas que habremos de tomar en cuenta cuando corresponda más
adelante en esta obra.

I) La voluntad del constituyente de impulsar a la colectividad nacional a una


regionalización profunda y realmente efectiva, enunciada ya en la letra primitiva de la
Constitución de 1980, se hace presente en forma aún más categórica por medio de la
reforma que se aprueba por la Ley Nº 19.097.

209.Medios de interpretación constitucional. El recurso a la consideración de la letra de


los preceptos de la Carta, aun tomando en cuenta el contexto de su ordenación, en
busca de una interpretación sistemática de la voluntad expresada en ella, no resulta
siempre suficiente para esclarecer todos los problemas constitucionales; para la
solución de ellos habrá de recurrirse frecuentemente a la invocación de muchas otras
fuentes ya inmediatas, ya mediatas o indirectas, y se impone, por lo tanto, anotar
aquellas que revisten tal carácter y precisar su naturaleza y alcance.

210.Historia fidedigna. En cuanto a la "historia fidedigna del establecimiento" de las


reglas constitucionales -fuente mencionada explícitamente en el art. 19 del Código Civil
respecto de la interpretación de las leyes y sin olvidar las características especiales de
la hermenéutica de la Carta- debemos recordar que en su oportunidad nos referimos
ya a la publicación, en número limitado, de las actas de las sesiones celebradas por la
Comisión Ortúzar; a la reserva con que se mantuvieron, respetando sus estatutos, las
actas manuscritas de las reuniones del Consejo de Estado, y a la carencia de toda
información de la autoría y alcance de los cambios que en la fase final introdujo la
180
Junta de Gobierno. Son los recién mencionados los orígenes más directos de la
preceptiva. En cuanto a la utilización de los debates cursados en la Comisión Ortúzar,
no puede prescindirse de tomar en cuenta el cambio de su integración. Si la
confirmación por sus nuevos integrantes de la conclusión a que llegaron los primeros
hace a éstos responsables de los preceptos ratificados, es del caso admitir que los
antiguos son del todo ajenos a las deliberaciones y decisiones de las que no
participaron, con mayor razón si los acuerdos posteriores aparecen claramente en
pugna con el criterio que dieron a conocer en el período de su intervención. No cabe
tampoco olvidar que en doctrina y en la práctica interpretativa surge a menudo la
cuestión de si debe entenderse como voluntad del constituyente aquella que manifestó
a la vista de los antecedentes de que dispuso y de la coyuntura existente al tiempo que
la formuló, o debe preferirse más bien la que cabe suponer habría de ser la suya al
tiempo de aplicación de la norma, en situación diferente o con informaciones de que
careció al expresarla.

211.Tratados internacionales sobre derechos humanos. Es asunto complejo, cuya


debida dilucidación habrá de tratarse más adelante, la determinación de la postura en
que cabe situar, dentro de la jerarquía normativa, tanto a los convenios internacionales
en general, como muy particularmente, en virtud de lo que dispone el inciso 2º del art.
5º incorporado por la Ley Nº 18.825, a aquellos tratados que, ratificados por Chile y en
vigencia, estén vinculados a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza
humana.

212.Leyes interpretativas. Si durante la aplicación de la Constitución de 1925, y aun


cuando no estaban contempladas en su texto las leyes interpretativas, en el hecho se
dictaron, según lo expusimos en la primera edición de esta obra (Tomo II, Nº 66, pág.
65), la Carta de 1980 prevé explícitamente, entre tanto, en sus arts. 63 inc. 1º y 82 Nº
1, la promulgación de leyes de tal naturaleza. Es así como se han dictado las siguientes
bajo el imperio de la actual Carta, promulgadas ya con anterioridad, ya con
posterioridad al 11 de marzo de 1990:

- Ley Nº 18.152, de 2 de agosto de 1982, referida al art. 19 Nº 24, que recae en el


derecho de propiedad en materia de reajustabilidad del sistema de pensiones.

- Ley Nº 18.799, de 26 de mayo de 1989, que, al modificar la Ley Nº 18.700, orgánica


constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios, interpreta las disposiciones
vigesimaprimera y vigesimanovena transitorias de la Constitución para su observancia
en la primera elección parlamentaria efectuada bajo su imperio.

- Ley Nº 19.174, de 12 de noviembre de 1992, que interpreta el inciso segundo de la


disposición trigesimatercera transitoria, en cuanto a la fecha en que se celebrarían las
elecciones de los miembros de los consejos regionales establecidos por la ley de
reforma de la Carta Nº 19.097.

213.Leyes orgánicas constitucionales. Puede afirmarse que, indudablemente, de


acuerdo con la propia Constitución, la segunda fuente, aunque indirecta, de
interpretación de ella descansa en su complementación por las leyes orgánicas
181
constitucionales (arts. 63 inc. 2º y 82 Nº 1) que han de dictarse en cumplimiento de lo
dispuesto y dentro de los marcos fijados por la propia Ley Fundamental.

Debe tenerse presente que en virtud de la disposición 5ª transitoria, quedan vigentes


las leyes que lo estaban al momento de ponerse en vigor la nueva Constitución sobre
materias que según ésta han de revestir tal carácter, mientras no se dicten las que
deben promulgarse conforme a ella.

Se han publicado ya las siguientes, mediante las cuales se cumplen los preceptos de la
Carta que respecto de cada una se van indicando, omitiendo anotar aquí las diversas
alteraciones que han sufrido muchos cuerpos normativos iniciales, que habrán de
actualizarse y considerarse al ser ellos analizados:

- Art. 18: Leyes Nº 18.556, de 1º de octubre de 1986, sobre Inscripciones Electorales y


Servicio Electoral; Nº 18.700, de 6 de mayo de 1988, sobre Votaciones Populares y
Escrutinios; y Nº 18.583, de 13 de septiembre de 1986, que fija la planta del Servicio
Electoral.

- Art. 19 Nº 11 inciso 5º: Ley Nº 18.962, de 10 de marzo de 1990, sobre Enseñanza.

- Art. 19 Nº 15 inciso 5º: Ley Nº 18.603, de 23 de marzo de 1987, sobre Partidos


Políticos.

- Art. 19 Nº 24 inciso 7º: Ley Nº 18.097, de 21 de enero de 1982, sobre Concesiones


Mineras.

- Art. 38 inciso 1º: Ley Nº 18.575, de 5 de diciembre de 1986, sobre Bases Generales de
la Administración del Estado.

- Art. 41 Nº 9: Ley Nº 18.415, de 14 de junio de 1985, sobre Estados de Excepción.

- Art. 48 Nº 2 inciso 2º, 71 inciso 2º y 117 inciso final: Ley Nº 18.918, de 5 de febrero de
1990, sobre el Congreso Nacional.

- Art. 74: Código Orgánico de Tribunales.

- Art. 81 inciso final: Ley Nº 17.997, de 19 de mayo de 1981, sobre Tribunal


Constitucional.

- Art. 84 inciso final: Ley Nº 18.460, de 15 de noviembre de 1985, sobre Tribunal


Calificador de Elecciones.

- Art. 88 inciso final y norma 5ª transitoria: Ley Nº 10.336, de 29 de mayo de 1952 y


cuyo texto refundido fue fijado y publicado el 10 de julio de 1964, sobre Organización y
Atribuciones de la Contraloría General de la República.

182
- Art. 94 inciso 1º: Ley Nº 18.948, de 27 de febrero de 1990, sobre las Fuerzas Armadas
y Nº 18.961, de 7 de marzo de 1990, sobre Carabineros de Chile.

- Art. 97: Ley Nº 18.840, de 10 de octubre de 1989, sobre el Banco Central.

- Arts. 101 y 105: Ley Nº 19.175, de 11 de noviembre de 1992, sobre Gobierno y


Administración Regional.

- Art. 107: Ley Nº 18.695, de 31 de marzo de 1988 y cuyo texto refundido se publicó el
16 de junio de 1992, sobre Municipalidades.

214.Leyes de quórum calificado. La Constitución de 1980 ha creado una categoría


especial de ley, cuya dictación procede cuando corresponde cumplir determinados
encargos conferidos explícitamente al legislador por precepto de la misma Carta y cuya
única particularidad consiste en que requieren la aprobación de la mayoría absoluta de
los diputados y senadores en ejercicio (art. 63). Son las llamadas leyes de quórum
calificado.

Son tales leyes, en relación a los preceptos constitucionales que se mencionan y a la


citada disposición 5ª transitoria que les es también aplicable:

- Art. 9º, 16 Nº 2 y 17 Nº 3: Ley Nº 18.314, de 17 de mayo de 1984, que determina las


conductas terroristas y fija su penalidad.

- Art. 11 Nº 3: Código Penal, arts. 106 a 120.

- Art. 19 Nº 1 inciso 3º: Ley Nº 18.314, Código Penal, Código de Justicia Militar.

- Art. 19 Nº 12 inciso 1º: Ley Nº 16.643, de 4 de septiembre de 1967, sobre Abusos de


Publicidad.

- Art. 19 Nº 12 inciso 6º: Ley Nº 18.838, de 30 de septiembre de 1989, que crea el


Consejo Nacional de Televisión.

- Art. 19 Nº 18: Leyes Nº 18.469, de 23 de noviembre de 1985, y Nº 18.933, de 9 de


marzo de 1990, que regulan el ejercicio del derecho a la seguridad social.

- Art. 19 Nº 21: Ley Nº 18.965, de 10 de marzo de 1990, que impone al Estado la


obligación que indica, y Ley Nº 18.971, de la misma fecha, que establece un recurso
especial por infracción de la norma constitucional (recurso de amparo económico).

- Art. 19 Nº 23 inciso 2º: Ley que establezca limitaciones o requisitos para la


adquisición del dominio de algunos bienes cuando lo exija el interés nacional.

- Art. 60 Nº 7: Ley que autorice la contratación de empréstitos cuyo vencimiento


exceda el respectivo período presidencial.

183
- Art. 92: Ley Nº 17.798, de 6 de diciembre de 1987, sobre Control de Armas.

215.Leyes comunes complementarias. En diversos preceptos la Constitución llama al


legislador a dictar normas encaminadas a concretar más detalladamente una materia o
institución contemplada en la Carta y por ello vinculada con la institucionalidad básica
o que se relaciona estrechamente con el estatuto de los derechos y libertades
reconocidos a los ciudadanos, casos todos en que las materias pertinentes no se han
confiado ni a una ley orgánica ni a una de quórum calificado.Así, por ejemplo, de tal
especie son, relacionadas con los preceptos de la Carta que se indican, los cuerpos
normativos:

- Art. 19: Ley Nº 19.047, de 14 de febrero de 1991, que modifica diversas leyes a fin de
garantizar en mejor forma los derechos de las personas.

- Art. 19 Nº 1: Ley Nº 18.826, de 15 de septiembre de 1989, que reemplazó al art. 119


del Código Sanitario, prohibiendo toda especie de abortos.

- Art. 19 Nº 7: D.L. Nº 1.094, de 1975, que establece normas sobre extranjeros en el


país; Ley Nº 19.303, de 13 de abril de 1994, sobre obligaciones de ciertas entidades en
materia de seguridad de las personas; Código de Procedimiento Penal, Código Penal.

- Art. 19 Nº 8: Ley Nº 19.300, de 9 de marzo de 1994, sobre Bases del Medio Ambiente.

- Art. 19 Nº 9: Ley Nº 18.933, de 9 de marzo de 1990, que crea la Superintendencia de


Instituciones de Salud Previsional y dicta normas para el otorgamiento de prestaciones
por las Isapres.

- Art. 19 Nº 12: Ley Nº 18.168, de 2 de octubre de 1982, General de


Telecomunicaciones; Ley Nº 19.132, de 8 de abril de 1991, que crea la empresa del
Estado "Televisión Nacional de Chile"; Ley Nº 19.315, de 25 de julio de 1994, sobre
Radio Nacional de Chile.

- Art. 19 Nº 12 inciso final: D.L. Nº 679, de 10 de octubre de 1974, que crea el Consejo
de Calificación Cinematográfica.

- Art. 19 Nº 15: Código Civil; Ley Nº 18.893, de 30 de diciembre de 1989, sobre


organizaciones comunitarias, territoriales y funcionales; Ley Nº 19.296, de 14 de marzo
de 1994, sobre Asociaciones de Funcionarios de la Administración del Estado.

- Art. 19 Nº 16: Ley Nº 19.069, de 30 de julio de 1991, sobre negociación colectiva.

- Art. 19 Nº 19: Ley Nº 19.049, de 19 de febrero de 1991, sobre Centrales Sindicales;


Ley Nº 19.069, de 30 de julio de 1991, sobre organizaciones sindicales.

- Art. 19 Nº 24 inciso 3º: D.L. Nº 2.186, de 9 de junio de 1978, Ley Orgánica de


Procedimiento de Expropiaciones.
184
- Art. 19 Nº 25: Ley Nº 17.336, de 2 de octubre de 1970, sobre propiedad intelectual;
Decreto Nº 2 de Economía, de 8 de marzo de 1982, sobre reglamento de marcas
comerciales; Ley Nº 18.935, de 24 de febrero de 1990, sobre Propiedad Industrial; Ley
Nº 19.039, de 25 de enero de 1991, sobre normas aplicables a los privilegios
industriales y protección de los derechos de propiedad industrial.

-Arts. 32 Nº 16 y 60 Nº 16: Ley Nº 18.050, de 6 de noviembre de 1981, sobre normas


generales para la concesión de indultos.

- Art. 33 inc. 3º: Ley Nº 19.212, de 30 de abril de 1993, crea la Dirección de Seguridad
Pública e Informaciones.

- Art. 35: Ley Nº 16.436, de 24 de febrero de 1966, sobre autorización de firmas de


decretos y resoluciones.

- Art. 38: Ley Nº 18.834, de 23 de septiembre de 1989, Estatuto Administrativo; Ley Nº


19.280, de 16 de diciembre de 1993, sobre plantas del personal de las municipalidades.

- Arts. 60 Nº 13 y 32 Nº 19: Ley Nº 18.953, de 9 de marzo de 1990, sobre Movilización,


y Ley Nº 19.067, de 1º de julio de 1991, normas sobre entrada de tropas extranjeras en
el territorio de la República y salida de tropas nacionales del mismo.

- Art. 63 inc. 3º: D.L. Nº 1.263, de 28 de noviembre de 1975, Ley Orgánica de la


Administración Financiera del Estado.

- Art. 85: Ley Nº 18.593, de 9 de enero de 1987, sobre tribunales electorales regionales.

- Disposición 1ª transitoria: Ley Nº 18.248, de 4 de octubre de 1983, que aprobó el


Código de Minería.

- Disposición 3ª transitoria: D.L. Nº 1.350, de 1976, que crea la Corporación Nacional


del Cobre de Chile.

216.Decreto con fuerza de ley. Deben recordarse, junto a las diversas especies de leyes
formales ya consideradas, los decretos con fuerza de ley dictados para regir asuntos de
materia legislativa, previa autorización por el legislador, tipo de legislación permitida ya
por la reforma de 1970 y que es ahora posible por estar reglamentada directamente en
los arts. 61 y 50 Nº 1 inc. 3º, en relación con los arts. 82 Nº 3, 82 inc. 7º, y 88 inc. 3º.

Es del caso advertir que, según la tradición siempre observada, cuando se dicta una ley
de autorización a los cuerpos que en virtud de ella se promulgan se les da una
enumeración particular, y así se los llama, por ejemplo, D.F.L. Nº 2.

217.Decretos leyes. Los decretos leyes dictados sobre materias de tal naturaleza en los
diversos períodos de anormalidad institucional sufridos en nuestra vida política no
están, por cierto, previstos en la Carta, pero su valor jurídico no ha podido ser
185
desconocido, por imponerse en razón de las circunstancias mismas en que fueron
promulgados. Gran parte de ellos han sido derogados o modificados en tiempos de
plena vigencia democrática.

218.Publicación de las leyes. Las leyes se publican en el Diario Oficial desde el 1º de


marzo de 1877 todos los días hábiles, y su edición lleva número correlativo desde su
fundación. La enumeración de las leyes resulta suspendida en los períodos de
anormalidad institucional, en los que se promulgan decretos leyes. La enumeración
correlativa de las leyes según su orden numérico estuvo a cargo del Consejo de Estado
y, desde 1927, de la Contraloría General de la República (Ley Nº 10.336). En relación a
los decretos leyes o, cuando procede, a los decretos con fuerza de ley, la Contraloría
dispone volúmenes especiales separados. Es del caso anotar que al 11 de septiembre
de 1973 la enumeración llegaba hasta el Nº 17.982, de manera que con posterioridad a
la vigencia de la Constitución de 1980 correspondió publicarse la Ley 17.983. Conviene
tener presente que las ediciones de la Contraloría, que se realizan con intervalo más o
menos prolongado en relación a la fecha misma de publicación de las respectivas leyes,
se completan con notas que contienen referencias pertinentes a otras leyes y a las
normas de reglamentos y decretos que se vinculan a los cuerpos normativos que se
insertan.

219.Tratados internacionales. Debe incluirse entre las fuentes a los tratados


internacionales, los cuales pueden contener normas jurídicas de variada naturaleza y
jerarquía, deben someterse a la aprobación del Congreso, ratificarse y más adelante
promulgarse y publicarse una vez canjeadas las ratificaciones o depositadas éstas
respecto de los tratados multilaterales. Si en cuanto a todos los tratados
internacionales se deberá analizar oportunamente su situación en la jerarquía
normativa, merecerá una reflexión muy particular la ubicación de aquellos que se
relacionan con los derechos esenciales que deriven de la naturaleza humana,
contemplados en los tratados ratificados por Chile y que se encuentren vigentes, en
atención a la reforma constitucional de 1989 (arts. 32 Nº 17, 50 Nº 1, 5 inc. 2º, 82 Nº 2
e incisos 4, 5 y 6).

220.Reglamentos de las Cámaras. Los reglamentos de las Cámaras deben acordarse


dentro del marco fijado por las disposiciones de la misma Carta y por el que contempla
la ley orgánica constitucional sobre el Congreso Nacional, prevista en sus arts. 48 Nº 2
inc. 2º, 71 inc. 2º y 117 inciso final, la cual, según se mencionó, fue promulgada con Nº
18.918. A los reglamentos de las Cámaras se refiere, por lo demás, directamente la
letra de la misma Carta en el art. 53 inciso 2º. El reglamento de la Cámara de Diputados
fue aprobado en sesiones de 10 y 12 de mayo de 1994, para comenzar a regir desde la
publicación en el Diario Oficial de 20 de mayo de una resolución que aprobó su texto
oficial de 16 del mismo mes. El Senado aprobó su reglamento en enero de 1993 y éste
fue publicado el 20 de abril de 1993. En los reglamentos se contienen reglas
minuciosas para el mejor cumplimiento de preceptos de la Constitución, como, por
ejemplo, tocantes a clausura de los debates (art. 53), derecho de intervención en éstos
de los inistros de Estado (art. 37), votación de las observaciones formuladas por el
Presidente de la República (art. 70); o para completar materias no consideradas
directamente en la Carta Fundamental, como la composición y duración de las mesas
186
directivas de las Cámaras, sistemas de estudio y discusión de los proyectos de ley
(comisiones permanentes, discusión general y particular, etc.), intervención de los
partidos políticos en su marcha interna, a través de los comités; o, en fin, para fijar el
sentido y alcance de algunos preceptos, como de la facultad del Presidente de la
República de pedir urgencia en la tramitación de los proyectos de ley (art. 71), a cuyo
respecto se ha atribuido a las asambleas el derecho de graduar el apremio dentro del
plazo máximo constitucional.

221.Reglamento del Consejo de Seguridad Nacional. Merecerá particular análisis en su


oportunidad la determinación de la exacta colocación en que ha de situarse, dentro de
la jerarquía normativa, el Reglamento de su Organización y Funcionamiento dictado
por el Consejo de Seguridad Nacional (publicado en el Diario Oficial de 11 de mayo de
1988), para dar cumplimiento a lo que preceptúa el inciso final del art. 96 de la Carta.

222.Autos acordados de la Corte Suprema. Entre las funciones confiadas por la


Constitución a la Corte Suprema se cuenta la superintendencia directiva, correccional y
económica sobre todos los tribunales de la nación (art. 79). Pues bien, en el ejercicio
de su superintendencia económica, la Corte Suprema debe dictar aquellas normas
generales que sirvan para la mejor realización de las tareas que le corresponden, lo que
efectúa mediante los llamados autos acordados. Cuando éstos persiguen precisamente
como objetivo proveer a la mejor realización de una función que la Carta ha confiado
directamente al Poder Judicial, sin haber sido reglamentada por el legislador, se
convierten indiscutiblemente en una fuente de lo constitucional. Tal es, por ejemplo, la
trascendencia que revisten los autos acordados que se refieren a la tramitación de la
acción indemnizatoria prevista en la letra i) del Nº 7 del art. 19, de 11 de agosto de
1983; al recurso de protección -consagrado en el art. 20-, de 27 de junio de 1992; al
recurso de amparo, de 19 de diciembre de 1932, y al recurso de inaplicabilidad de las
leyes inconstitucionales, de 22 de marzo de 1932.

223.Potestad reglamentaria. "Los reglamentos, decretos e instrucciones del Presidente


de la República, en principio, se limitan a dar cumplimiento a la Constitución y a las
leyes, y no correspondería considerarlos como fuentes inmediatas de Derecho
Constitucional", afirmábamos en la primera edición de esta obra (t. II, pág. 67). Tal
afirmación debe ser revisada en atención a que la potestad reglamentaria del
Presidente se extiende ahora también, por la Constitución de 1980, a "todas aquellas
materias que no sean propias del dominio legal" (art. 32 Nº 8). De tal modo, dicha
potestad deriva directamente de la Carta cuando se apoya para decidir, fundándola en
ella, en cualquier materia que pueda entenderse comprendida en la potestad
reglamentaria ampliada, o sea, más allá de la simple ejecución de las leyes, en lo que
cabe considerar como el poder gubernamental, configurado directamente por la Carta
al disponer ésta que la autoridad del Presidente "se extiende a todo cuanto tiene por
objeto la conservación del orden público en el interior y la seguridad externa de la
República, de acuerdo con la Constitución y las leyes" (art. 24).

Por otra parte, en algunas de sus disposiciones la Constitución indica la necesidad de


dar normas que se relacionen con el ejercicio de derechos consagrados en ella y cuya
dictación no confía explícitamente al legislador. Tal ocurre cuando establece que "las
187
confesiones religiosas podrán erigir y conservar templos y sus dependencias bajo las
condiciones de seguridad e higiene fijadas por las leyes y ordenanzas" (art. 19 Nº 6
inciso 2º), o que "las reuniones en las plazas, calles y demás lugares de uso público se
regirán por las disposiciones generales de policía" (art. 19 Nº 14 inciso 2º). Durante la
vigencia de la Carta de 1925, los ejemplos eran más numerosos, puesto que lo mismo
ocurría en cuanto al otorgamiento de indultos particulares (art. 72 Nº 12), respecto de
los cuales el nuevo texto impone la necesidad de que el legislador fije las normas
generales en relación a las cuales debe ejercerse la facultad presidencial para
otorgarlos (art. 32 Nº 16), o en cuanto a la concesión de personalidades jurídicas, que
ha dejado de ser facultad especial del Presidente de la República (art. 72 Nº 11 de la
Constitución de 1925).

224.Jurisprudencia. La jurisprudencia de los tribunales nacionales al resolver las


controversias sometidas a su decisión se transforma en fuente constitucional indirecta,
en cuanto el derecho que se aplica en el fallo envuelve interpretación de alguno de los
preceptos de la Carta. Cierto es que, según nuestro sistema de jurisprudencia, el
contenido de una sentencia tiene valor jurídico directo exclusivamente inter partis, en
relación con el caso que se decide en ella (art. 3º del Código Civil), pero emana de los
fallos una doctrina cuya autoridad depende del nivel jerárquico y del prestigio de los
jueces que los dictan, de modo que quienes resuelven posteriormente una situación
análoga no están forzados a definirla en idéntico sentido, no obstante el innegable
valor doctrinal que con frecuencia emana de las sentencias precedentes, no sólo para
magistrados judiciales de categoría inferior, sino a veces para los de rango igual o
superior.

En el análisis del problema de la jerarquía de las normas jurídicas alcanzan particular


importancia las decisiones que adoptan aquellos tribunales cuya jurisdicción
comprende cabalmente el pronunciamiento sobre asuntos de constitucionalidad.

Debemos citar al respecto, en una situación muy relevante, en primer término, al


Tribunal Constitucional, cuya jurisdicción recae en diversos aspectos y con efectos
también muy diferentes, que se considerarán particularmente al tratar sobre este
órgano. No puede olvidarse que están colocadas en la esfera de su competencia
facultades que debe ejercer ya en forma preventiva, ya represiva, ya obligatorias, ya
facultativas, vinculadas a normas jurídicas de diversa jerarquía. Se ha publicado el texto
de los fallos pronunciados por el Tribunal Constitucional desde el 4 de mayo de 1981 al
24 de septiembre de 1985 (Roles 1 a 33) y desde el 23 de diciembre de 1985 al 23 de
junio de 1992 (Roles 35 a 150), ambos difundidos por la Editorial Jurídica de Chile. Los
textos se hallan asimismo insertos en la Revista de Derecho y Jurisprudencia, 2ª parte,
sección IV. Las 66 resoluciones dictadas por el Tribunal Constitucional en el período
1981-1989 son la materia que se analiza en un Repertorio de su jurisprudencia, dado a
conocer por el sello de la Editorial Jurídica de Chile, obra de Eugenio Valenzuela
Somarriva, uno de sus miembros que redactó varias de sus decisiones más
trascendentales. Se ha dado a la publicidad también un minucioso análisis de la
Jurisprudencia del Tribunal Constitucional, con ese título, por el profesor Patricio
Zapata Larraín (Imprenta VIS, 1994, 286 págs. ). En cuanto al Tribunal Constitucional
que contemplaba la reforma de la Carta de 1925 dispuesta en 1970 por la Ley Nº
188
17.284, alcanzó a expedir 17 sentencias, que se insertaron tanto en el Diario Oficial
como en la Revista de Derecho y Jurisprudencia; fueron publicados asimismo por la
Editorial Jurídica de Chile en dos volúmenes.

Hay otros órganos de raíz constitucional cuyas determinaciones, en los asuntos que les
han sido expresamente encomendados por la Carta, alcanzan indiscutible valor jurídico
como fuentes del derecho constitucional. Así ocurre, en las respectivas materias de su
competencia, con el Senado (art. 49 Nos 1, 2, 3, 4 y 8), el Tribunal Calificador de
Elecciones y los tribunales electorales regionales (arts. 84 y 85), la Contraloría General
de la República (art. 87), el Consejo de Seguridad Nacional (art. 96 letra b), el Banco
Central (art. 97), los consejos regionales (art. 102) y los consejos comunales (art. 108).

Sin duda las decisiones judiciales de asuntos contradictorios de mayor trascendencia,


como fuente de derecho constitucional, son las que pronuncia la Corte Suprema en
ejercicio de su facultad de declarar inaplicables, para los casos que resuelva, los
preceptos legales que pugnen con la Carta Fundamental (art. 80).

Los fallos de los tribunales de jurisdicción ordinaria cuando se pronuncian sobre


materias de carácter constitucional son, asimismo, de particular relevancia: el reclamo
de desconocimiento o privación de la nacionalidad (art. 12), la acción de indemnización
por error (art. 19 Nº 7 letra i), el recurso de protección (art. 20), el de amparo (art. 21),
el desafuero parlamentario (art. 58 incisos 2º a 4º) y las contiendas de competencia
(art. 79 inc. 2º).

Para quien desee conocer el texto íntegro de las sentencias, procede recordar que
respecto de las que expide, en sus diversos grados, la jurisdicción ordinaria, existió,
desde 1841, la Gaceta de los Tribunales, y que la Revista de Derecho y Jurisprudencia,
que se viene editando desde 1903, luego órgano del Colegio de Abogados, constituye
también, conjuntamente, desde 1951, en que desapareció la Gaceta, la publicación
oficial del Poder Judicial. En la actualidad está a cargo de la Editorial Jurídica de Chile.
La Revista de Derecho y Jurisprudencia publicó durante mucho tiempo cinco números
por año, en la actualidad sólo tres, y variadísimos índices. Se compone la citada revista
de dos partes: la primera, inserta estudios jurídicos; la segunda, transcribe fielmente
las sentencias, precediéndolas por una síntesis de la doctrina que se desprende de sus
"considerandos" y decisiones. El índice, en su aspecto más valioso, se estructura a base
de las palabras claves que preceden a la transcripción de cada fallo y que representa la
formulación del resumen doctrinario. Durante largos años, la segunda parte tuvo, a su
vez, dos secciones: la primera, para transcribir los fallos de la Corte Suprema, y la
segunda, las sentencias de las Cortes de Apelaciones. Con posterioridad se han venido
agregando otras cuatro secciones, destinadas, respectivamente, a Derecho del Trabajo
(3ª), a la Justicia Criminal (4ª), al Derecho Público (5ª) y la última (6ª), en la que se
incluyen las sentencias del Tribunal Constitucional y las pertinentes a los órganos
jurisdiccionales creados por la ley antimonopolios (D.L. Nº 211, de 1973).

Desde 1976 se edita mensualmente la Gaceta Jurídica. Bajo el sello de la Editorial Cono
Sur y la dirección del profesor de Derecho Constitucional Mario Verdugo Marinkovic, es
órgano oficial de la Asociación Nacional de Magistrados del Poder Judicial de Chile.
189
Cuenta también de una parte doctrinaria y otra de transcripción de sentencias de la
Corte Suprema y de las Cortes de Apelaciones.

Presta, asimismo, valiosos servicios la consulta de Fallos del Mes, publicación que, con
presteza y proximidad a su dictación, selecciona y transcribe el texto de los fallos.

225.Dictámenes de órganos públicos. No debe confundirse la jurisprudencia con los


dictámenes o informes de los órganos que ejercen función consultiva por mandato
constitucional.

En esta categoría corresponde colocar, en primer término, al Senado, corporación entre


cuyas atribuciones cuenta la de dar su dictamen al Presidente de la República en los
casos en que éste lo solicite (art. 49 Nº 10). Son también de este carácter los informes
que emita el Tribunal Constitucional sobre la inhabilidad que afecte al Presidente
electo o sobre la renuncia del Presidente en ejercicio (arts. 49 Nº 7 y 82 Nº 9); los
oficios en que el Contralor General de la República, en lugar de tomar razón,
representa los decretos, reglamentos o resoluciones o cuando se pronuncia sobre los
proyectos de decretos con fuerza de ley, los rechaza por ser contrarios a la Constitución
o decide, a través de una resolución, acerca de un asunto que incide en materias
constitucionales (art. 13 de la Ley Orgánica de la Contraloría y arts. 61 inciso 5º y 88 de
la Carta); los dictámenes del Consejo de Seguridad Nacional por los que pueda llegar a
hacer presente a los órganos que la Carta indica su opinión con motivo de algún hecho,
acto o materia que a su juicio atente gravemente en contra de las bases de la
institucionalidad o pueda comprometer la seguridad nacional o vinculados a
movimientos de tropas (arts. 96 letras b) y c) y 60 Nº 13); los dictámenes que el
Presidente de la República o los Ministros soliciten al Consejo de Defensa del Estado
sobre determinadas materias jurídicas (art. 1 Nº 7 del D.L. Nº 2.573, de 1979,
modificado por la Ley Nº 19.202, de 4 de febrero de 1993); los informes del Ministerio
Público, al cual los tribunales pueden recurrir en los casos que estimen conveniente o
en los cuales la expresión de su parecer es obligatoria, como, por ejemplo, en los
recursos de amparo, de inaplicabilidad, etc.

226.Costumbres, prácticas y usos. Las costumbres y prácticas políticas, tratándose de


un sistema de constitucionalismo escrito, no están llamadas, en teoría, a tener forzosa
acogida en la práctica constitucional o deberían servir tan sólo para precisar el sentido
de los preceptos en términos que no contengan contradicción formal con su letra,
como ocurrió en cuanto al hábito que se introdujo en orden a que el Jefe del Estado
expusiera el estado político y administrativo de la Nación ante el Congreso Pleno al
comienzo de la legislatura ordinaria, el cual fue recogido en la Carta de 1925 y
restablecido en la práctica, sin el apoyo de la letra de la Carta de 1980, desde 1990.

Una costumbre observada en uso de una facultad discrecional concedida por la


Constitución, ejercida siempre en determinado sentido dentro de la alternativa que se
contemplare en ella, no debería alterar, a nuestro juicio -como lo hicimos presente en
la primera edición de este Tratado-, el contenido normativo de determinados
preceptos. No se debería, en efecto, sostener que en tal hipótesis se configuraría un
precedente capaz de alterar su sentido y alcance sustancial. Así habría ocurrido según
190
algunos -a nuestro juicio erróneamente, según ya recordamos- por la circunstancia de
haberse proclamado Presidente de la República en tres oportunidades seguidas a
quienes fueran favorecidos tan sólo con la primera mayoría de los sufragios
válidamente emitidos por el cuerpo electoral.

Es evidente, entre tanto, el valor jurídico que cabe atribuir a prácticas orientadas a
esclarecer reglas de sentido dudoso en razón de la oscuridad o ambigüedad de las
expresiones usadas por la Ley Fundamental. Ello sucedió en varios casos durante la
vigencia de la Carta de 1925, los que fueron resueltos a través de interpretaciones
acogidas mediante preceptos de leyes complementarias o de informes de comisiones
parlamentarias aprobados luego en pleno por la respectiva Cámara, haciendo
prevalecer en esa forma conclusiones que han sido incorporadas en la actual
Constitución, como, por ejemplo, respecto del estado de sitio decretado por el
Presidente en receso del Congreso (art. 72, 17 inc. 2º de la Carta de 1925) o en cuanto
a la superposición de convocatoria a legislatura extraordinaria dispuesta por el
Presidente de la República y por el Presidente del Senado (art. 57 de la Constitución de
1925).

Hay prolongadas inobservancias de hecho que conducen a dejar en desuso mandatos


constitucionales, como sucedió respecto del que imponía al Congreso pronunciamiento
sobre la cuenta gubernativa anual de inversión de los gastos públicos (art. 43 Nº 1 de la
Constitución de 1925), facultad que las Cámaras no ejercieron y que ha venido a
desaparecer en la Constitución de 1980.

El uso inmoderado de ciertas atribuciones constitucionales puede contribuir a


distorsionar apreciablemente la ordenación fundamental, como sucede, verbigracia, si
la petición de urgencia de los proyectos es formulada con tanta frecuencia por el
Presidente que la facultad colegisladora del Congreso se ve por ello restringida más allá
de lo que el constituyente ha querido limitarla.

Más difícil se hace admitir el valor jurídico de prácticas que sean sin duda contrarias, en
forma o implícita, al texto constitucional, como las que se produjeron durante la
vigencia de la Carta de 1925, en virtud del reiterado despacho de leyes que delegaban
en el Presidente la facultad de dictar normas en asuntos legislativos. A ellas se recurrió
con tal insistencia que condujo a darles cabida directa mediante la reforma dispuesta
por la Ley Nº 17.284, como lo contempla también el actual texto (art. 61).

La influencia de los hábitos políticos ha sido tan profunda en nuestro país que, sin
contradicción formal con la Carta de 1833 y sin modificar norma alguna de ésta, con
posterioridad a la revolución de 1891 se afirmó la interpretación de que aquella Carta
consagraba un régimen de gobierno parlamentario, que venía resultando tan sólo de la
evolución de la vida política nacional, y que encontraba asidero en la letra de algunos
de sus preceptos, concordantes con la preeminencia que cabía reconocer a la voluntad
del Congreso.

191
En la formación de las prácticas institucionales tienen señalada importancia los
acuerdos y resoluciones de los poderes públicos -origen de las que el derecho inglés
llama "convenciones de la Constitución"-, en especial las determinaciones del Jefe del
Estado y de las Cámaras, preparadas de ordinario en éstas por las conclusiones de los
informes de sus comisiones, siendo la mayoría de los más trascendentales aquellos
emanados de la Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento de una u
otra corporación.

227.Comentarios de las Cartas de 1833, 1925 y 1980. Reconozcamos finalmente, como


fuente de interpretación constitucional, el aporte que puede provenir de comentarios
hechos por profesores o estudiosos de nuestras Cartas de 1833, 1925 y de la actual.

a) Constitución de 1833

La mención de los tratadistas nacionales ha de iniciarse con José Victorino Lastarria,


quien comenzó su enseñanza en 1837. Se imprimieron en 1848 sus Elementos de
Derecho Constitucional Teórico, Positivo y Práctico, y en 1856, La Constitución Política
de la República de Chile Comentada. Ambas obras se publicaron más tarde en un solo
volumen (Gante, 1855, 510 págs.).

Manuel Carrasco Albano (1834-1873) comenzó a escribir a los veintiún años su


Constitución Política de la República de Chile, que comenta artículo por artículo,
presentada en Memoria de Licenciado, que obtiene el premio de la Universidad de
Chile; la segunda edición se publicó después de su fallecimiento (Imprenta de la
Librería de El Mercurio, 1874, 200 págs.).

Jorge Huneeus Zegers -profesor de Derecho Constitucional desde 1861, diputado por
varios períodos, incluso presidente de la Cámara, senador, Ministro de Estado, Rector
de la Universidad de Chile-, después de una larga preparación en la enseñanza y en la
política, publicó su obra La Constitución ante el Congreso, o sea, un comentario
positivo de la Constitución chilena, cuya primera edición, en dos tomos, es de 1879, y
la segunda, luego de fallecido su autor en mayo de 1889, impresa en 1891, y en tercer
tomo sus Estudios de Derecho Constitucional Comparado, escrito poco antes de morir.
El trabajo del señor Huneeus, comparado con todos los demás que se hicieron durante
la vigencia de la Carta de 1833, brilla por su indiscutible superioridad. Es el resultado
de su gran talento, profunda ilustración y vastísima experiencia. Nadie podía exponer
mejor la práctica constitucional que quien influyera con su prestigio docente en el
debate del pleno y de las comisiones parlamentarias y en las determinaciones de las
ramas legislativas durante treinta años. El criterio de su juicio se revela siempre sólido e
ilustra sus opiniones con maestría en los antecedentes doctrinarios y con insuperable
dominio de los temas, aduciendo ejemplos de la práctica nacional.

En la crisis de 1891 tuvieron resonancia las explicaciones del profesor Julio Bañados
Espinoza, quien, en 1888, había publicado su Gobierno Parlamentario. El mejor ensayo
sobre la indicada crisis es, a nuestro juicio, el de Ricardo Salas Edwards: Balmaceda y el
parlamentarismo en Chile.

192
Debe citarse, como exposición prolija que llega hasta 1833, en su primer y único
volumen publicado, la Historia de Chile: la evolución constitucional, de Luis Galdames.

En la solución del conflicto religioso tuvo influencia el trabajo -requerido por el


Arzobispado- del profesor de la Universidad Católica Roberto Peragallo Silva,
inolvidable para quienes fuimos sus alumnos, Iglesia y Estado (1923).

Varias generaciones se sirvieron de un texto claro, metódico y didáctico preparado por


el prestigioso profesor del ramo de la Universidad de Chile Alcibíades Roldán:
Elementos de Derecho Constitucional de Chile, 1917.

b) Constitución de 1925

En cuanto a la Carta de 1925, su primer comentario analítico deriva del profesor


universitario José Guillermo Guerra. Había integrado la Subcomisión Redactora de
dicha Carta e intervenido directamente en sus debates a través de numerosos artículos
de prensa (La Nación), recopilados después con el título de Temas Constitucionales
(1928). Su trabajo de mayor importancia es La Constitución de 1925, en que refleja el
aporte nacido de su docencia en las cátedras de Filosofía del Derecho y de Derecho
Constitucional en la universidad estatal. Se trata de una defensa entusiasta que un
liberal escéptico hace de su texto, artículo por artículo, con apasionados juicios
adversos al parlamentarismo criollo terminado en 1924, y muy favorable a la eficacia
del Poder Ejecutivo.

Diversos catedráticos, con el fin de auxiliar a sus alumnos, publicaron textos dedicados
a servirlos. Carlos Estévez Gazmuri, de larga actuación profesional, enseñó la
asignatura durante cincuenta años -treinta en la Universidad de Chile y los últimos
veinte en la Universidad Católica- y en 1949 dio a conocer sus Elementos de Derecho
Constitucional.

Gabriel Amunátegui Jordán, que profesó también largamente la asignatura en el


principal establecimiento oficial, dejó no sólo su Manual, sino que diversos estudios,
todos publicados por la Editorial Jurídica de Chile: Regímenes Políticos, Partidos
Políticos y Principios generales de Derecho Constitucional. En memoria y homenaje al
señor Amunátegui, la facultad en que enseñó publicó un hermoso volumen que
contiene numerosos estudios sobre esta asignatura.

Rafael Raveau se sirvió de sus enseñanzas en la Universidad Católica de Valparaíso para


preparar su Tratado Elemental de Derecho Constitucional Chileno y Comparado.

No publicaron obras didácticas, pero dieron a conocer numerosos ensayos sobre


aspectos parciales que provenían de su enseñanza: Jorge Guzmán Dinator -que llegó a
ser el profesor más antiguo del ramo- y José María Cifuentes, hijo de don Abdón -a
quien sucedió y que había sido el primer profesor del ramo en la Universidad Católica
de Chile-, en cuya cátedra se inició el autor de esta obra y cuyas clases reflejaban la
oratoria tribunicia.

193
Tuvieron mucha difusión y relieve los trabajos de Mario Bernaschina González, quien
editó tres veces su Manual de Derecho Constitucional.

En la época final de la vigencia de la Carta de 1925 la literatura pertinente se hizo


mucho más abundante, y así no pueden menos de citarse a Enrique Evans de la Cuadra
-que profesara la asignatura con gran talento y continuidad en la Universidad Católica
de Chile, ex Subsecretario de Justicia, participante destacado en la gestación de
diversas reformas constitucionales-, autor de los siguientes estudios publicados por la
Editorial Jurídica de Chile: Estatuto Constitucional del Derecho de Propiedad en Chile
(1967), Relación de la Constitución Política de la República de Chile (1970) y Chile,
hacia una Constitución contemporánea (1973). Carlos Andrade Geywitz asimismo
proyecta la dilatada experiencia adquirida como funcionario del Parlamento en su
valiosa obra Elementos de Derecho Constitucional Chileno (1971).

La primera edición de este Tratado se dio a conocer en 1963 y para su consulta


conviene tener presente que el Tomo I fue redactado después de los Tomos II y III, y
ello explica, en parte, el contenido de aquél.

c) Constitución de 1980

Es útil dar cuenta, en fin, de las obras de carácter general que hasta ahora se han
publicado comentando la preceptiva de la Constitución de 1980, y cuyo mérito habrá
de ser ponderado una vez que pueda apreciarse el valor de la contribución que
realicen:

- José Luis Cea Egaña, Tratado de la Constitución de 1980. Características generales.


Garantías Constitucionales (1988).

- Enrique Evans de la Cuadra, Los Derechos Constitucionales (1986).

- Hernán Molina Guaita, Derecho Constitucional (1994).

- Emilio Pfeffer Urquiaga, Manual de Derecho Constitucional (1990).

- Jorge Mario Quinzio Figueiredo, Tratado de Derecho Constitucional (1993).

- Germán Urzúa Valenzuela, Manual de Derecho Constitucional (1991).

- Mario Verdugo Marinkovic, Emilio Pfeffer y Humberto Nogueira Alcalá, Derecho


Constitucional (1994).

Numerosos trabajos de los profesores citados y de otros catedráticos, de carácter


monográfico, que hemos consultado con gran provecho, se precisan en la bibliografía
de este tomo.

Para terminar creemos justo reconocer el valioso aporte que a la literatura jurídica en
materia constitucional han proporcionado las Jornadas de Derecho Público, en cuyo
194
patrocinio se han turnado las Facultades de Derecho de cinco universidades: las de
Chile, Católica de Chile, de Concepción, de Valparaíso y Católica de Valparaíso. Los
trabajos han sido cuidadosa e íntegramente insertos en las revistas de sus respectivas
Escuelas de Derecho, gracias al dinamismo de sus directores y siendo justo nombrar
entre éstos a Eduardo Soto Kloss (Universidad de Chile), José Luis Cea Egaña
(Universidad Católica de Chile), Mario Cerda Medina (Universidad de Concepción),
Lautaro Ríos (Universidad de Valparaíso) y Alejandro Guzmán Brito (Universidad
Católica de Valparaíso).

TEXTO DE LA CONSTITUCION DE 1980

DECRETO SUPREMO Nº 1.150, DE 1980

MINISTERIO DEL INTERIOR

PUBLICADO EN EL DIARIO OFICIAL DE 24 DE OCTUBRE DE 1980

Santiago, 21 de octubre de 1980.- Hoy se decretó lo que sigue:

Núm. 1.150.- Visto: lo dispuesto por los decretos leyes Nos 1 y 128, de 1973; 527, de
1974; 3.464 y 3.465, de 1980; y

Considerando:

Que la H. Junta de Gobierno aprobó una nueva Constitución Política de la República de


Chile, sometiendo su texto a ratificación plebiscitaria;

Que para tal efecto la H. Junta de Gobierno convocó a la Nación toda a plebiscito para
el día 11 de septiembre de 1980;

Que la voluntad soberana nacional mayoritariamente manifestada en un acto libre,


secreto e informado, se pronunció aprobando la Carta Fundamental que le fuera
propuesta;

Que el Colegio Escrutador Nacional ha remitido el Acta del escrutinio general de la


República que contiene el resultado oficial y definitivo del plebiscito y en que consta la
aprobación mayoritaria del pueblo de Chile al nuevo texto Constitucional;

Con el mérito de estos antecedentes e invocando el nombre de Dios Todopoderoso

DECRETO:

Téngase por aprobada la Constitución Política de la República de Chile cuyo texto oficial
es el siguiente:

CONSTITUCION POLITICA DE LA REPUBLICA DE CHILE

195
CAPÍTULO I

BASES DE LA INSTITUCIONALIDAD

Artículo 1º. Los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

La familia es el núcleo fundamental de la sociedad.

El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza
y estructura la sociedad y les garantiza la adecuada autonomía para cumplir sus propios
fines específicos.

El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien


común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a
todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización
espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta
Constitución establece.

Es deber del Estado resguardar la seguridad nacional, dar protección a la población y a


la familia, propender al fortalecimiento de ésta, promover la integración armónica de
todos los sectores de la Nación y asegurar el derecho de las personas a participar con
igualdad de oportunidades en la vida nacional.

Art. 2º. Son emblemas nacionales la bandera nacional, el escudo de armas de la


República y el himno nacional.

Art. 3º. El Estado de Chile es unitario, su territorio se divide en regiones. Su


administración será funcional y territorialmente descentralizada, o desconcentrada en
su caso, en conformidad con la ley.

Art. 4º. Chile es una república democrática.

Art. 5º. La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el


pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades
que esta Constitución establece. Ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede
atribuirse su ejercicio.

El ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el respeto a los derechos


esenciales que emanan de la naturaleza humana. Es deber de los órganos del Estado
respetar y promover tales derechos, garantizados por esta Constitución, así como por
los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes.

Art. 6º. Los órganos del Estado deben someter su acción a la Constitución y a las
normas dictadas conforme a ella.

Los preceptos de esta Constitución obligan tanto a los titulares o integrantes de dichos
órganos como a toda persona, institución o grupo.
196
La infracción de esta norma generará las responsabilidades y sanciones que determine
la ley.

Art. 7º. Los órganos del Estado actúan válidamente previa investidura regular de sus
integrantes, dentro de su competencia y en la forma que prescriba la ley.

Ninguna magistratura, ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse, ni aun


a pretexto de circunstancias extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que
expresamente se les hayan conferido en virtud de la Constitución o las leyes.

Todo acto en contravención a este artículo es nulo y originará las responsabilidades y


sanciones que la ley señale.

Art. 8º. Derogado.

Art. 9º. El terrorismo, en cualquiera de sus formas, es por esencial contrario a los
derechos humanos.

Una ley de quórum calificado determinará las conductas terroristas y su penalidad. Los
responsables de estos delitos quedarán inhabilitados por el plazo de quince años para
ejercer funciones o cargos públicos, sean o no de elección popular, o de rector o
director de establecimiento de educación, o para ejercer en ellos funciones de
enseñanza; para explotar un medio de comunicación social o ser director o
administrador del mismo, o para desempeñar en él funciones relacionadas con la
emisión o difusión de opiniones o informaciones; ni podrán ser dirigentes de
organizaciones políticas o relacionadas con la educación o de carácter vecinal,
profesional, empresarial, sindical, estudiantil o gremial en general, durante dicho plazo.
Lo anterior se entiende sin perjuicio de otras inhabilidades o de las que por mayor
tiempo establezca la ley.

Los delitos a que se refiere el inciso anterior serán considerados siempre comunes y no
políticos para todos los efectos legales y no procederá respecto de ellos el indulto
particular, salvo para conmutar la pena de muerte por la de presidio perpetuo.

CAPÍTULO II

NACIONALIDAD Y CIUDADANIA

Art. 10. Son chilenos:

1º Los nacidos en el territorio de Chile, con excepción de los hijos de extranjeros que se
encuentren en Chile en servicio de su Gobierno, y de los hijos de extranjeros
transeúntes, todos los que, sin embargo, podrán optar por la nacionalidad chilena;

197
2º Los hijos de padre o madre chilenos nacidos en territorio extranjero, hallándose
cualquiera de éstos en actual servicio de la República, quienes se considerarán para
todos los efectos como nacidos en el territorio nacional;

3º Los hijos de padre o madre chilenos, nacidos en territorio extranjero, por el solo
hecho de avencindarse por más de un año en Chile;

4º Los extranjeros que obtuvieren carta de nacionalización en conformidad a la ley,


renunciando expresamente a su nacionalidad anterior. No se exigirá esta renuncia a los
nacidos en país extranjero que, en virtud de un tratado internacional, conceda este
mismo beneficio a los chilenos.

Los nacionalizados en conformidad a este número tendrán opción a cargos públicos de


elección popular sólo después de cinco años de estar en posesión de sus cartas de
nacionalización, y

5º Los que obtuvieren especial gracia de nacionalización por ley.

La ley reglamentará los procedimientos de opción por la nacionalidad chilena; de


otorgamiento, negativa y cancelación de las cartas de nacionalización, y la formación
de un registro de todos estos actos.

Art. 11. La nacionalidad chilena se pierde:

1º Por nacionalización en país extranjero, salvo en el caso de aquellos chilenos


comprendidos en los números 1º, 2º y 3º del artículo anterior que hubieren obtenido
otra nacionalidad sin renunciar a su nacionalidad chilena y de acuerdo con lo
establecido en el Nº 4º del mismo artículo.

La causal de pérdida de la nacionalidad chilena señalada precedentemente no regirá


respecto de los chilenos que, en virtud de disposiciones constitucionales, legales o
administrativas del Estado en cuyo territorio residan, adopten la nacionalidad
extranjera como condición de permanencia en él o de igualdad jurídica en el ejercicio
de los derechos civiles con los nacionales del respectivo país;

2º Por decreto supremo, en caso de prestación de servicios durante una guerra exterior
a enemigos de Chile o de sus aliados;

3º Por sentencia judicial condenatoria por delitos contra la dignidad de la patria o los
intereses esenciales y permanentes del Estado, así considerados por ley aprobada con
quórum calificado. En estos procesos, los hechos se apreciarán siempre en conciencia;

4º Por cancelación de la carta de nacionalización, y

5º Por ley que revoque la nacionalización concedida por gracia.

198
Los que hubieren perdido la nacionalización chilena por cualquiera de las causales
establecidas en este artículo, sólo podrán ser rehabilitados por ley.

Art. 12. La persona afectada por acto o resolución de autoridad administrativa que la
prive de su nacionalidad chilena o se la desconozca, podrá recurrir, por sí o por
cualquiera a su nombre, dentro del plazo de treinta días, ante la Corte Suprema, la que
conocerá como jurado y en tribunal pleno. La interposición del recurso suspenderá los
efectos del acto o resolución recurridos.

Art. 13. Son ciudadanos los chilenos que hayan cumplido dieciocho años de edad y que
no hayan sido condenados a pena aflictiva.

La calidad de ciudadano otorga los derechos de sufragio, de optar a cargos de elección


popular y los demás que la Constitución o la ley confieran.

Art. 14. Los extranjeros avecindados en Chile por más de cinco años, y que cumplan
con los requisitos señalados en el inciso primero del artículo 13, podrán ejercer el
derecho de sufragio en los casos y formas que determina la ley.

Art. 15. En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario y secreto.
Para los ciudadanos será, además, obligatorio.

Sólo podrá convocarse a votación popular para las elecciones y plebiscitos


expresamente previstos en esta Constitución.

Art. 16. El derecho de sufragio se suspende:

1º Por interdicción en caso de demencia;

2º Por hallarse la persona procesada por delito que merezca pena aflictiva o por delito
que la ley califique como conducta terrorista, y

3º Por haber sido sancionado por el Tribunal Constitucional en conformidad al inciso


séptimo del número 15º del artículo 19 de esta Constitución. Los que por esta causa se
hallaren privados del ejercicio del derecho de sufragio lo recuperarán al término de
cinco años, contado desde la declaración del Tribunal. Esta suspensión no producirá
otro efecto legal, sin perjuicio de lo dispuesto en el inciso séptimo del número 15º del
artículo 19.

Art. 17. La calidad de ciudadano se pierde:

1º Por pérdida de la nacionalidad chilena;

2º Por condena a pena aflictiva, y

3º Por condena por delitos que la ley califique como conducta terrorista.

199
Los que hubieren perdido la ciudadanía por la causal señalada en el número 2º podrán
solicitar su rehabilitación al Senado, una vez extinguida su responsabilidad penal. Los
que hubieren perdido la ciudadanía por la causal prevista en el número 3º sólo podrán
ser rehabilitados en virtud de una ley de quórum calificado, una vez cumplida la
condena.

Art. 18. Habrá un sistema electoral público. Una ley orgánica constitucional
determinará su organización y funcionamiento, regulará la forma en que se realizarán
los procesos electorales y plebiscitarios, en todo lo no previsto por esta Constitución, y
garantizará siempre la plena igualdad entre los independientes y los miembros de
partidos políticos tanto en la presentación de candidaturas como en su participación en
los señalados procesos.

El resguardo del orden público durante los actos electorales y plebiscitarios


corresponderá a las Fuerzas Armadas y Carabineros del modo que indique la ley.

CAPÍTULO III

DE LOS DERECHOS Y DEBERES CONSTITUCIONALES

Art. 19. La Constitución asegura a todas las personas:

1º El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona.

La ley protege la vida del que está por nacer.

La pena de muerte sólo podrá establecerse por delito contemplado en ley aprobada
con quórum calificado.

Se prohíbe la aplicación de todo apremio ilegítimo;

2º La igualdad ante la ley. En Chile no hay persona ni grupo privilegiados. En Chile no


hay esclavos y el que pise su territorio queda libre.

Ni la ley ni autoridad alguna podrán establecer diferencias arbitrarias;

3º La igual protección de la ley en el ejercicio de sus derechos.

Toda persona tiene derecho a defensa jurídica en la forma que la ley señale y ninguna
autoridad o individuo podrá impedir, restringir o perturbar la debida intervención del
letrado si hubiere sido requerida. Tratándose de los integrantes de las Fuerzas Armadas
y de Orden y Seguridad Pública, este derecho se regirá, en lo concerniente a lo
administrativo y disciplinario, por las normas pertinentes de sus respectivos estatutos.

La ley arbitrará los medios para otorgar asesoramiento y defensa jurídica a quienes no
puedan procurárselos por sí mismos.

200
Nadie puede ser juzgado por comisiones especiales, sino por el tribunal que le señale la
ley y que se halle establecido con anterioridad por ésta.

Toda sentencia de un órgano que ejerza jurisdicción debe fundarse en un proceso


previo legalmente tramitado. Corresponderá al legislador establecer siempre las
garantías de un racional y justo procedimiento.

La ley no podrá presumir de derecho la responsabilidad penal.

Ningún delito se castigará con otra pena que la que señale una ley promulgada con
anterioridad a su perpetración, a menos que una nueva ley favorezca al afectado.

Ninguna ley podrá establecer penas sin que la conducta que se sanciona esté
expresamente descrita en ella;

4º El respeto y protección a la vida privada y pública y a la honra de la persona y de su


familia.

La infracción de este precepto, cometida a través de un medio de comunicación social,


y que consistiere en la imputación de un hecho o acto falso, o que cause
injustificadamente daño o descrédito a una persona o a su familia, será constitutiva de
delito y tendrá la sanción que determine la ley. Con todo, el medio de comunicación
social podrá excepcionarse probando ante el tribunal correspondiente la verdad de la
imputación, a menos que ella constituya por sí misma el delito de injuria a particulares.
Además, los propietarios, editores, directores y administradores del medio de
comunicación social respectivo serán solidariamente responsables de las
indemnizaciones que procedan;

5º La inviolabilidad del hogar y de toda forma de comunicación privada. El hogar sólo


puede allanarse y las comunicaciones y documentos privados interceptarse, abrirse o
registrarse en los casos y formas determinados por la ley;

6º La libertad de conciencia, la manifestación de todas las creencias y el ejercicio libre


de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden
público.

Las confesiones religiosas podrán erigir y conservar templos y sus dependencias bajo
las condiciones de seguridad e higiene fijadas por las leyes y ordenanzas.

Las iglesias, las confesiones e instituciones religiosas de cualquier culto tendrán los
derechos que otorgan y reconocen, con respecto a los bienes, las leyes actualmente en
vigor. Los templos y sus dependencias, destinados exclusivamente al servicio de un
culto, estarán exentos de toda clase de contribuciones;

7º El derecho a la libertad personal y a la seguridad individual.

En consecuencia:
201
a) Toda persona tiene derecho de residir y permanecer en cualquier lugar de la
República, trasladarse de uno a otro y entrar y salir de su territorio, a condición de que
se guarden las normas establecidas en la ley y salvo siempre el perjuicio de terceros;

b) Nadie puede ser privado de su libertad personal ni ésta restringida sino en los casos
y en a forma determinados por la Constitución y las leyes.

c) Nadie puede ser arrestado o detenido sino por orden de funcionario público
expresamente facultado por la ley y después de que dicha orden le sean intimada en
forma legal. Sin embargo, podrá ser detenido el que fuere sorprendido en delito
flagrante, con el solo objeto de ser puesto a disposición del juez competente dentro de
las veinticuatro horas siguientes:

Si la autoridad hiciere arrestar o detener a alguna persona, deberá, dentro de las


cuarenta y ocho horas siguientes, dar aviso al juez competente, poniendo a su
disposición al afectado. El juez podrá, por resolución fundada, ampliar este plazo hasta
por cinco días, y hasta por diez días, en el caso que se investigaren hechos calificados
por la ley como conductas terroristas;

d) Nadie puede ser arrestado o detenido, sujeto a prisión preventiva o preso, sino en su
casa o en lugares públicos destinados a este objeto.

Los encargados de las prisiones no pueden recibir en ellas a nadie en calidad de


arrestado o detenido, procesado o preso, sin dejar constancia de la orden
correspondiente, emanada de autoridad que tenga facultad legal, en un registro que
será público.

Ninguna incomunicación puede impedir que el funcionario encargado de la casa de


detención visite al arrestado o detenido, procesado o preso, que se encuentre en ella.
Este funcionario está obligado, siempre que el arrestado o detenido lo requiera, a
transmitir al juez competente la copia de la orden de detención, o a reclamar para que
se le dé dicha copia, o a dar él mismo un certificado de hallarse detenido aquel
individuo, si al tiempo de su detención se hubiere omitido este requisito;

e) La libertad provisional procederá a menos que la detención o la prisión preventiva


sea considerada por el juez como necesaria para las investigaciones del sumario o para
la seguridad del ofendido o de la sociedad. La ley establecerá los requisitos y
modalidades para obtenerla.

La resolución que otorgue la libertad provisional a los procesados por los delitos a que
se refiere el artículo 9º, deberá siempre elevarse en consulta. Esta y la apelación de la
resolución que se pronuncie sobre la excarcelación serán conocidas por el Tribunal
superior que corresponda integrado exclusivamente por miembros titulares. La
resolución que apruebe u otorgue la libertad requerirá ser acordada por unanimidad.
Mientras dure la libertad provisional el reo quedará siempre sometido a las medidas de
vigilancia de la autoridad que la ley contemple;
202
f) En las causas criminales no se podrá obligar al inculpado a que declare bajo
juramento sobre hecho propio; tampoco podrán ser obligados a declarar en contra de
éste sus ascendientes, descendientes, cónyuge y demás personas que, según los casos
y circunstancias, señale la ley;

g) No podrá imponerse la pena de confiscación de bienes, sin perjuicio del comiso en


los casos establecidos por las leyes; pero dicha pena será procedente respecto de las
asociaciones ilícitas;

h) No podrá aplicarse como sanción la pérdida de los derechos previsionales, e

i) Una vez dictado sobreseimiento definitivo o sentencia absolutoria, el que hubiere


sido sometido a proceso o condenado en cualquier instancia por resolución que la
Corte Suprema declare injustificadamente errónea o arbitraria, tendrá derecho a ser
indemnizado por el Estado de los perjuicios patrimoniales y morales que haya sufrido.
La indemnización será determinada judicialmente en procedimiento breve y sumario y
en él la prueba se apreciará en conciencia;

8º El derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Es deber del Estado


velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza.

La ley podrá establecer restricciones específicas al ejercicio de determinados derechos


o libertades para proteger el medio ambiente;

9º El derecho a la protección de la salud.

El Estado protege el libre e igualitario acceso a las acciones de promoción, protección y


recuperación de la salud y de la rehabilitación del individuo.

Le corresponderá, asimismo, la coordinación y control de las acciones relacionadas con


la salud.

Es deber preferente del Estado garantizar la ejecución de las acciones de salud, sea que
se presten a través de instituciones públicas o privadas, en la forma y condiciones que
determine la ley, la que podrá establecer cotizaciones obligatorias.

Cada persona tendrá el derecho a elegir el sistema de salud al que desee acogerse, sea
éste estatal o privado;

10º El derecho a la educación.

La educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas
de su vida.

Los padres tienen el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos.


Corresponderá al Estado otorgar especial protección al ejercicio de este derecho.
203
La educación básica es obligatoria, debiendo el Estado financiar un sistema gratuito con
tal objeto, destinado a asegurar el acceso a ella de toda la población.

Corresponderá al Estado, asimismo, fomentar el desarrollo de la educación en todos


sus niveles; estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística y la
protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación.

Es deber de la comunidad contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la educación;

11º La libertad de enseñanza incluye el derecho de abrir, organizar y mantener


establecimientos educacionales.

La libertad de enseñanza no tiene otras limitaciones que las impuestas por la moral, las
buenas costumbres, el orden público y la seguridad nacional.

La enseñanza reconocida oficialmente no podrá orientarse a propagar tendencia


político-partidista alguna.

Los padres tienen el derecho de escoger el establecimiento de enseñanza para sus


hijos.

Una ley orgánica constitucional establecerá los requisitos mínimos que deberán
exigirse en cada uno de los niveles de la enseñanza básica y media y señalará las
normas objetivas, de general aplicación, que permitan al Estado velar por su
cumplimiento. Dicha ley, del mismo modo, establecerá los requisitos para el
reconocimiento oficial de los establecimientos educacionales de todo nivel;

12º La libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa, en cualquier


forma y por cualquier medio, sin perjuicio de responder de los delitos y abusos que se
cometan en el ejercicio de estas libertades, en conformidad a la ley, la que deberá ser
de quórum calificado.

La ley en ningún caso podrá establecer monopolio estatal sobre los medios de
comunicación social.

Toda persona natural o jurídica ofendida o injustamente aludida por algún medio de
comunicación social, tiene derecho a que su declaración o rectificación sea
gratuitamente difundida, en las condiciones que la ley determine, por el medio de
comunicación social en que esa información hubiera sido emitida.

Toda persona natural o jurídica tiene el derecho de fundar, editar y mantener diarios,
revistas y periódicos, en las condiciones que señale la ley.

El Estado, aquellas universidades y demás personas o entidades que la ley determine,


podrán establecer, operar y mantener estaciones de televisión.

204
Habrá un Consejo Nacional de Televisión, autónomo y con personalidad jurídica,
encargado de velar por el correcto funcionamiento de este medio de comunicación.
Una ley de quórum calificado señalará la organización y demás funciones y
atribuciones del referido Consejo.

La ley establecerá un sistema de censura para la exhibición y publicidad de la


producción cinematográfica;

13º El derecho a reunirse pacíficamente sin permiso previo y sin armas.

Las reuniones en las plazas, calles y demás lugares de uso público, se regirán por las
disposiciones generales de policía;

14º El derecho de presentar peticiones a la autoridad, sobre cualquier asunto de


interés público o privado, sin otra limitación que la de proceder en términos
respetuosos y convenientes;

15º El derecho de asociarse sin permiso previo.

Para gozar de personalidad jurídica, las asociaciones deberán constituirse en


conformidad a la ley.

Nadie puede ser obligado a pertenecer a una asociación.

Prohíbense las asociaciones contrarias a la moral, al orden público y a la seguridad del


Estado.

Los partidos políticos no podrán intervenir en actividades ajenas a las que les son
propias ni tener privilegio alguno o monopolio de la participación ciudadana; la nómina
de sus militantes se registrará en el servicio electoral del Estado, el que guardará
reserva de la misma, la cual será accesible a los militantes del respectivo partido; su
contabilidad deberá ser pública; las fuentes de su financiamiento no podrán provenir
de dineros, bienes, donaciones, aportes ni créditos de origen extranjero; sus estatutos
deberán contemplar las normas que aseguren una efectiva democracia interna. Una ley
orgánica constitucional regulará las demás materias que les conciernan y las sanciones
que se aplicarán por el incumplimiento de sus preceptos, dentro de las cuales podrá
considerar su disolución. Las asociaciones, movimientos, organizaciones o grupos de
personas que persigan o realicen actividades propias de los partidos políticos sin
ajustarse a las normas anteriores son ilícitos y serán sancionados de acuerdo a la
referida ley orgánica constitucional;

La Constitución Política garantiza el pluralismo político. Son inconstitucionales los


partidos, movimientos u otras formas de organización cuyos objetivos, actos o
conductas no respeten los principios básicos del régimen democrático y constitucional,
procuren el establecimiento de un sistema totalitario, como asimismo aquellos que
hagan uso de la violencia, la propugnen o inciten a ella como método de acción
política. Corresponderá al Tribunal Constitucional declarar esta inconstitucionalidad.
205
Sin perjuicio de las demás sanciones establecidas en la Constitución o en la ley, las
personas que hubieren tenido participación en los hechos que motiven la declaración
de inconstitucionalidad a que se refiere el inciso precedente, no podrán participar en la
formación de otros partidos políticos, movimientos u otras formas de organización
política, ni optar a cargos públicos de elección popular ni desempeñar los cargos que se
mencionan en los números 1) a 6) del artículo 54, por el término de cinco años,
contado desde la resolución del Tribunal. Si a esa fecha las personas referidas
estuvieren en posesión de las funciones o cargos indicados, los perderán de pleno
derecho.

Las personas sancionadas en virtud de este precepto no podrán ser objeto de


rehabilitación durante el plazo señalado en el inciso anterior. La duración de las
inhabilidades contempladas en dicho inciso se elevará al doble en caso de reincidencia;

16º La libertad de trabajo y su protección.

Toda persona tiene derecho a la libre contratación y a la libre elección del trabajo con
una justa retribución.

Se prohíbe cualquiera discriminación que no se base en la capacidad o idoneidad


personal, sin perjuicio de que la ley pueda exigir la nacionalidad chilena o límites de
edad para determinados casos.

Ninguna clase de trabajo puede ser prohibida, salvo que se oponga a la moral, a la
seguridad o a la salubridad públicas, o que lo exija el interés nacional y una ley lo
declare así. Ninguna ley o disposición de autoridad pública podrá exigir la afiliación a
organización o entidad alguna como requisito para desarrollar una determinada
actividad o trabajo, ni la desafiliación para mantenerse en éstos. La ley determinará las
profesiones que requieren grado o título universitario y las condiciones que deben
cumplirse para ejercerlas.

La negociación colectiva con la empresa en que laboren es un derecho de los


trabajadores, salvo los casos en que la ley expresamente no permita negociar. La ley
establecerá las modalidades de la negociación colectiva y los procedimientos
adecuados para lograr en ella una solución justa y pacífica. La ley señalará los casos en
que la negociación colectiva deba someterse a arbitraje obligatorio, el que
corresponderá a tribunales especiales de expertos cuya organización y atribuciones se
establecerán en ella.

No podrán declararse en huelga los funcionarios del Estado ni de las municipalidades.


Tampoco podrán hacerlo las personas que trabajen en corporaciones o empresas,
cualquiera que sea su naturaleza, finalidad o función, que atiendan servicios de utilidad
pública o cuya paralización cause grave daño a la salud, a la economía del país, al
abastecimiento de la población o a la seguridad nacional. La ley establecerá los

206
procedimientos para determinar las corporaciones o empresas cuyos trabajadores
estarán sometidos a la prohibición que establece este inciso;

17º La admisión a todas las funciones y empleos públicos, sin otros requisitos que los
que impongan la Constitución y las leyes;

18º El derecho a la seguridad social.

Las leyes que regulen el ejercicio de este derecho serán de quórum calificado.

La acción del Estado estará dirigida a garantizar el acceso de todos los habitantes al
goce de prestaciones básicas uniformes, sea que se otorguen a través de instituciones
públicas o privadas. La ley podrá establecer cotizaciones obligatorias.

El Estado supervigilará el adecuado ejercicio del derecho a la seguridad social;

19º El derecho de sindicarse en los casos y forma que señale la ley. La afiliación sindical
será siempre voluntaria.

Las organizaciones sindicales gozarán de personalidad jurídica por el solo hecho de


registrar sus estatutos y actas constitutivas en la forma y condiciones que determine la
ley.

La ley contemplará los mecanismos que aseguren la autonomía de estas


organizaciones. Las organizaciones sindicales no podrán intervenir en actividades
político-partidistas;

20º La igual repartición de los tributos en proporción a las rentas o en la progresión o


forma que fije la ley, y la igual repartición de las demás cargas públicas.

En ningún caso la ley podrá establecer tributos manifiestamente desproporcionados o


injustos.

Los tributos que se recauden, cualquiera que sea su naturaleza, ingresarán al


patrimonio de la Nación y no podrán estar afectos a un destino determinado.

Sin embargo, la ley podrá autorizar que determinados tributos puedan estar afectados
a fines propios de la defensa nacional. Asimismo, podrá autorizar que los que gravan
actividades o bienes que tengan una clara identificación regional o local puedan ser
aplicados, dentro de los marcos que la misma ley señale, por las autoridades regionales
o comunales para el financiamiento de obras de desarrollo.

21º El derecho a desarrollar cualquiera actividad económica que no sea contraria a la


moral, al orden público o a la seguridad nacional, respetando las normas legales que la
regulen.

207
El Estado y sus organismos podrán desarrollar actividades empresariales o participar en
ellas sólo si una ley de quórum calificado los autoriza. En tal caso, esas actividades
estarán sometidas a la legislación común aplicable a los particulares, sin perjuicio de las
excepciones que por motivos justificados establezca la ley, la que deberá ser, asimismo,
de quórum calificado;

22º La no discriminación arbitraria en el trato que deben dar el Estado y sus


organismos en materia económica.

Sólo en virtud de una ley, y siempre que no signifique tal discriminación, se podrán
autorizar determinados beneficios directos o indirectos en favor de algún sector,
actividad o zona geográfica, o establecer gravámenes especiales que afecten a uno u
otras. En el caso de las franquicias o beneficios indirectos, la estimación del costo de
éstos deberá incluirse anualmente en la Ley de Presupuestos;

23º La libertad para adquirir el dominio de toda clase de bienes, excepto aquellos que
la naturaleza ha hecho comunes a todos los hombres o que deban pertenecer a la
Nación toda y la ley lo declare así. Lo anterior es sin perjuicio de lo prescrito en otros
preceptos de esta Constitución.

Una ley de quórum calificado y cuando así lo exija el interés nacional puede establecer
limitaciones o requisitos para la adquisición del dominio de algunos bienes;

24º El derecho de propiedad en sus diversas especies sobre toda clase de bienes
corporales o incorporales.

Sólo la ley puede establecer el modo de adquirir la propiedad, de usar, gozar y disponer
de ella y las limitaciones y obligaciones que deriven de su función social. Esta
comprende cuanto exijan los intereses generales de la Nación, la seguridad nacional, la
utilidad y la salubridad públicas y la conservación del patrimonio ambiental.

Nadie puede, en caso alguno, ser privado de su propiedad, del bien sobre que recae o
de alguno de los atributos o facultades esenciales del dominio, sino en virtud de ley
general o especial que autorice la expropiación por causa de utilidad pública o de
interés nacional, calificada por el legislador. El expropiado podrá reclamar de la
legalidad del acto expropiatorio ante los tribunales ordinarios y tendrá siempre
derecho a indemnización por el daño patrimonial efectivamente causado, la que se
fijará de común acuerdo o en sentencia dictada conforme a derecho por dichos
tribunales.

A falta de acuerdo, la indemnización deberá ser pagada en dinero efectivo al contado.

La toma de posesión material del bien expropiado tendrá lugar previo pago del total de
la indemnización, la que, a falta de acuerdo, será determinada provisionalmente por
peritos en la forma que señale la ley. En caso de reclamo acerca de la procedencia de la
expropiación, el juez podrá, con el mérito de los antecedentes que se invoquen,
decretar la suspensión de la toma de posesión.
208
El Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las
minas, comprendiéndose en éstas las covaderas, las arenas metalíferas, los salares, los
depósitos de carbón e hidrocarburos y las demás sustancias fósiles, con excepción de
las arcillas superficiales, no obstante la propiedad de las personas naturales o jurídicas
sobre los terrenos en cuyas entrañas estuvieren situadas. Los predios superficiales
estarán sujetos a las obligaciones y limitaciones que la ley señale para facilitar la
exploración, la explotación y el beneficio de dichas minas.

Corresponde a la ley determinar qué sustancias de aquellas a que se refiere el inciso


precedente, exceptuados los hidrocarburos líquidos o gaseosos, pueden ser objeto de
concesiones de exploración o de explotación. Dichas concesiones se constituirán
siempre por resolución judicial y tendrán la duración, conferirán los derechos e
impondrán las obligaciones que la ley exprese, la que tendrá el carácter de orgánica
constitucional. La concesión minera obliga al dueño a desarrollar la actividad necesaria
para satisfacer el interés público que justifica su otorgamiento. Su régimen de amparo
será establecido por dicha ley, tenderá directa o indirectamente a obtener el
cumplimiento de esa obligación y contemplará causales de caducidad para el caso de
incumplimiento o de simple extinción del dominio sobre la concesión. En todo caso
dichas causales y sus efectos deben estar establecidos al momento de otorgarse la
concesión.

Será de competencia exclusiva de los tribunales ordinarios de justicia declarar la


extinción de tales concesiones. Las controversias que se produzcan respecto de la
caducidad o extinción del dominio sobre la concesión serán resueltas por ellos; y en
caso de caducidad, el afectado podrá requerir de la justicia la declaración de
subsistencia de su derecho.

El dominio del titular sobre su concesión minera está protegido por la garantía
constitucional de que trata este número.

La exploración, la explotación o el beneficio de los yacimientos que contengan


sustancias no susceptibles de concesión, podrán ejecutarse directamente por el Estado
o por sus empresas, o por medio de concesiones administrativas o de contratos
especiales de operación, con los requisitos y bajo las condiciones que el Presidente de
la República fije, para cada caso, por decreto supremo. Esta norma se aplicará también
a los yacimientos de cualquier especie existentes en las aguas marítimas sometidas a la
jurisdicción nacional y a los situados, en todo o en parte, en zonas que, conforme a la
ley, se determinen como de importancia para la seguridad nacional. El Presidente de la
República podrá poner término, en cualquier tiempo, sin expresión de causa y con la
indemnización que corresponda, a las concesiones administrativas o a los contratos de
operación relativos a explotaciones ubicadas en zonas declaradas de importancia para
la seguridad nacional.

Los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constituidos en


conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos;

209
25º El derecho del autor sobre sus creaciones intelectuales y artísticas de cualquier
especie, por el tiempo que señale la ley y que no será inferior al de la vida del titular.

El derecho de autor comprende la propiedad de las obras y otros derechos, como la


paternidad, la edición y la integridad de la obra, todo ello en conformidad a la ley.

Se garantiza, también, la propiedad industrial sobre las patentes de invención, marcas


comerciales, modelos, procesos tecnológicos u otras creaciones análogas, por el
tiempo que establezca la ley.

Será aplicable a la propiedad de las creaciones intelectuales y artísticas y a la propiedad


industrial lo prescrito en los incisos segundo, tercero, cuarto y quinto del número
anterior, y

26º La seguridad de que los preceptos legales que por mandato de la Constitución
regulen o complementen las garantías que ésta establece o que las limiten en los casos
en que ella lo autoriza, no podrán afectar los derechos en su esencia, ni imponer
condiciones, tributos o requisitos que impidan su libre ejercicio.

Art. 20. El que por causa de actos u omisiones arbitrarios o ilegales sufra privación,
perturbación o amenaza en el legítimo ejercicio de los derechos y garantías
establecidos en el artículo 19, números 1º, 2º, 3º inciso cuarto, 4º, 5º, 6º, 9º inciso
final, 11º, 12º, 13º, 15º, 16º en lo relativo a la libertad de trabajo y al derecho a su libre
elección y libre contratación, y a lo establecido en el inciso cuarto, 19º, 21º, 22º, 23º,
24º y 25º podrá incurrir por sí o por cualquiera a su nombre, a la Corte de Apelaciones
respectiva, la que adoptará de inmediato las providencias que juzgue necesarias para
restablecer el imperio del derecho y asegurar la debida protección del afectado, sin
perjuicio de los demás derechos que pueda hacer valer ante la autoridad o los
tribunales correspondientes.

Procederá, también, el recurso de protección en el caso del Nº 8º del artículo 19,


cuando el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación sea afectado
por un acto arbitrario e ilegal imputable a una autoridad o persona determinada.

Art. 21. Todo individuo que se hallare arrestado, detenido o preso con infracción de lo
dispuesto en la Constitución o en las leyes, podrá ocurrir por sí, o por cualquiera a su
nombre, a la magistratura que señale la ley, a fin de que ésta ordene se guarden las
formalidades legales y adopte de inmediato las providencias que juzgue necesarias
para restablecer el imperio del derecho y asegurar la debida protección del afectado.

Esa magistratura podrá ordenar que el individuo sea traído a su presencia y su decreto
será precisamente obedecido por todos los encargados de las cárceles o lugares de
detención. Instruida de los antecedentes, decretará su libertad inmediata o hará que se
reparen los defectos legales o pondrá al individuo a disposición del juez competente,
procediendo en todo breve y sumariamente, y corrigiendo por sí esos defectos o dando
cuenta a quien corresponda para que los corrija.

210
El mismo recurso, y en igual forma, podrá ser deducido en favor de toda persona que
ilegalmente sufra cualquiera otra privación, perturbación o amenaza en su derecho a la
libertad personal y seguridad individual. La respectiva magistratura dictará en tal caso
las medidas indicadas en los incisos anteriores que estime conducentes para
restablecer el imperio del derecho y asegurar la debida protección del afectado.

Art. 22. Todo habitante de la República debe respeto a Chile y a sus emblemas
nacionales.

Los chilenos tienen el deber fundamental de honrar a la patria, de defender su


soberanía y de contribuir a preservar la seguridad nacional y los valores esenciales de
la tradición chilena.

El servicio militar y demás cargas personales que imponga la ley son obligatorios en los
términos y formas que ésta determine.

Los chilenos en estado de cargar armas deberán hallarse inscritos en los Registros
Militares, si no están legalmente exceptuados.

Art. 23. Los grupos intermedios de la comunidad y sus dirigentes que hagan mal uso de
la autonomía que la Constitución les reconoce, interviniendo indebidamente en
actividades ajenas a sus fines específicos, serán sancionados en conformidad a la ley.
Son incompatibles los cargos directivos superiores de las organizaciones gremiales con
los cargos directivos superiores, nacionales y regionales, de los partidos políticos.

La ley establecerá las sanciones que corresponda aplicar a los dirigentes gremiales que
intervengan en actividades político-partidistas y a los dirigentes de los partidos
políticos que interfieran en el funcionamiento de las organizaciones gremiales y demás
grupos intermedios que la propia ley señale.

CAPÍTULO IV

GOBIERNO

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

Art. 24. El gobierno y la administración del Estado corresponden al Presidente de la


República, quien es el Jefe del Estado.

Su autoridad se extiende a todo cuanto tiene por objeto la conservación del orden
público en el interior y la seguridad externa de la República, de acuerdo con la
Constitución y las leyes.

El Presidente de la República, a lo menos una vez al año, dará cuenta al país del estado
administrativo y político de la Nación.

211
Art. 25. Para ser elegido Presidente de la República se requiere haber nacido en el
territorio de Chile, tener cumplidos cuarenta años de edad y poseer las demás
calidades necesarias para ser ciudadano con derecho a sufragio.

El Presidente de la República durará en el ejercicio de sus funciones por el término de


seis años, y no podrá ser reelegido para el período siguiente.

El Presidente de la República no podrá salir del territorio nacional por más de treinta
días ni en los últimos noventa días de su período, sin acuerdo del Senado.

En todo caso, el Presidente de la República comunicará con la debida anticipación al


Senado su decisión de ausentarse del territorio y los motivos que la justifican.

Art. 26. El Presidente será elegido en votación directa y por mayoría absoluta de los
sufragios válidamente emitidos. La elección se realizará, en la forma que determine la
ley, noventa días antes de aquel en que deba cesar en el cargo el que esté en
funciones.

Si a la elección de Presidente se presentaren más de dos candidatos y ninguno de ellos


obtuviere más de la mitad de los sufragios válidamente emitidos, se procederá a una
nueva elección que se verificará, en la forma que determine la ley, quince días después
de que el Tribunal Calificador, dentro del plazo señalado en el artículo siguiente, haga la
correspondiente declaración. Esta elección se circunscribirá a los dos candidatos que
hubieren obtenido las más altas mayorías relativas.

Para los efectos de lo dispuesto en los dos incisos precedentes, los votos en blanco y
los nulos se considerarán como no emitidos.

Art. 27. El proceso de calificación de la elección presidencial deberá quedar concluido


dentro de los cuarenta días siguientes a la primera elección o de los veinticinco días
siguientes a la segunda.

El Tribunal Calificador de Elecciones comunicará de inmediato al Presidente del Senado


la proclamación de Presidente electo que haya efectuado.

El Congreso Pleno, reunido en sesión pública noventa días después de la primera o


única elección y con los miembros que asistan, tomará conocimiento de la resolución
en virtud de la cual el Tribunal Calificador proclama al Presidente electo.

En este mismo acto, el Presidente electo prestará ante el Presidente del Senado,
juramento o promesa de desempeñar fielmente el cargo de Presidente de la República,
conservar la independencia de la Nación, guardar y hacer guardar la Constitución y las
leyes, y de inmediato asumirá sus funciones.

Art. 28. Si el Presidente electo se hallare impedido para tomar posesión del cargo,
asumirá, mientras tanto, con el título de Vicepresidente de la República, el Presidente

212
del Senado; a falta de éste, el Presidente de la Corte Suprema, y a falta de éste, el
Presidente de la Cámara de Diputados.

Con todo, si el impedimento del Presidente electo fuere absoluto o debiere durar
indefinidamente, el Vicepresidente, en los diez días siguientes al acuerdo del Senado
adoptado en conformidad al artículo 49 Nº 7º, expedirá las órdenes convenientes para
que se proceda, dentro del plazo de sesenta días, a nueva elección en la forma prevista
por la Constitución y la Ley de Elecciones. El Presidente de la República así elegido
asumirá sus funciones en la oportunidad que señale esa ley, y durará en el ejercicio de
ellas hasta el día en que le habría correspondido cesar en el cargo al electo que no
pudo asumir y cuyo impedimento hubiere motivado la nueva elección.

Art. 29. Si por impedimento temporal, sea por enfermedad, ausencia del territorio u
otro grave motivo, el Presidente de la República no pudiere ejercer su cargo, le
subrogará, con el título de Vicepresidente de la República, el Ministro titular a quien
corresponda de acuerdo con el orden de precedencia legal. A falta de éste, la
subrogación corresponderá al Ministro titular que siga en ese orden de precedencia y, a
falta de todos ellos, le subrogarán sucesivamente el Presidente del Senado, el
Presidente de la Corte Suprema y el Presidente de la Cámara de Diputados.

En caso de vacancia del cargo de Presidente de la República, se producirá la


subrogación como en las situaciones del inciso anterior, y se procederá a elegir sucesor
en conformidad a las reglas de los incisos siguientes.

Si la vacancia se produjere faltando menos de dos años para la próxima elección


general de parlamentarios, el Presidente será elegido por el Congreso Pleno por la
mayoría absoluta de los senadores y diputados en ejercicio y durará en el cargo hasta
noventa días después de esa elección general. Conjuntamente, se efectuará una nueva
elección presidencial por el período señalado en el inciso segundo del artículo 25. La
elección por el Congreso será hecha dentro de los diez días siguientes a la fecha de la
vacancia y el elegido asumirá su cargo dentro de los treinta días siguientes.

Si la vacancia se produjere faltando dos años o más para la próxima elección general de
parlamentarios, el Vicepresidente, dentro de los diez primeros días de su mandato,
convocará a los ciudadanos a elección presidencial para el nonagésimo día después de
la convocatoria. El Presidente que resulte elegido asumirá su cargo el décimo día
después de su proclamación y durará en él hasta noventa días después de la segunda
elección general de parlamentarios que se verifique durante su mandato, la que se
hará en conjunto con la nueva elección presidencial.

El Presidente elegido conforme a alguno de los incisos precedentes no podrá postular


como candidato a la elección presidencial siguiente.

Art. 30. El Presidente cesará en su cargo el mismo día en que se complete su período y
le sucederá el recientemente elegido.

213
Art. 31. El Presidente designado por el Congreso Pleno o, en su caso, el Vicepresidente
de la República tendrá todas las atribuciones que esta Constitución confiere al
Presidente de la República.

Art. 32. Son atribuciones especiales del Presidente de la República:

1º Concurrir a la formación de las leyes con arreglo a la Constitución, sancionarlas y


promulgarlas;

2º Convocar al Congreso a legislatura extraordinaria y clausurarla;

3º Dictar, previa delegación de facultades del Congreso, decretos con fuerza de ley
sobre las materias que señala la Constitución;

4º Convocar a plebiscito en los casos del artículo 117;

5º Derogado.

6º Designar, en conformidad al artículo 45 de esta Constitución, a los integrantes del


Senado que se indican en dicho precepto;

7º Declarar los estados de excepción constitucional en los casos y formas que se


señalan en esta Constitución;

8º Ejercer la potestad reglamentaria en todas aquellas materias que no sean propias


del dominio legal, sin perjuicio de la facultad de dictar los demás reglamentos, decretos
e instrucciones que crea convenientes para la ejecución de las leyes;

9º Nombrar y remover a su voluntad a los ministros de Estado, subsecretarios,


intendentes y gobernadores;

10º Designar a los embajadores y ministros diplomáticos, y a los representantes ante


organismos internacionales. Tanto estos funcionarios como los señalados en el Nº 9º
precedente, serán de la confianza exclusiva del Presidente de la República y se
mantendrán en sus puestos mientras cuenten con ella;

11º Nombrar al Contralor General de la República con acuerdo del Senado;

12º Nombrar y remover a los funcionarios que la ley denomina como de su exclusiva
confianza y proveer los demás empleos civiles en conformidad a la ley. La remoción de
los demás funcionarios se hará de acuerdo a las disposiciones que ésta determina;

13º Conceder jubilaciones, retiros, montepíos y pensiones de gracia, con arreglo a las
leyes;

14º Nombrar a los magistrados de los tribunales superiores de justicia y a los jueces
letrados, a proposición de la Corte Suprema y de las Cortes de Apelaciones,
214
respectivamente, y al miembro del Tribunal Constitucional que le corresponde
designar, todo ello conforme a lo prescrito en esta Constitución;

15º Velar por la conducta ministerial de los jueces y demás empleados del Poder
Judicial y requerir, con tal objeto, a la Corte Suprema para que, si procede, declare su
mal comportamiento, o al ministerio público, para que reclame medidas disciplinarias
del tribunal competente, o para que, si hubiere mérito bastante, entable la
correspondiente acusación;

16º Otorgar indultos particulares en los casos y formas que determina la ley. El indulto
será improcedente en tanto no se haya dictado sentencia ejecutoriada en el respectivo
proceso. Los funcionarios acusados por la Cámara de Diputados y condenados por el
Senado, sólo pueden ser indultados por el Congreso;

17º Conducir las relaciones políticas con las potencias extranjeras y organismos
internacionales, y llevar a cabo las negociaciones; concluir, firmar y ratificar los tratados
que estime convenientes para los intereses del país, los que deberán ser sometidos a la
aprobación del Congreso conforme a lo prescrito en el artículo 50, Nº 1º. Las
discusiones y deliberaciones sobre estos objetos serán secretos si el Presidente de la
República así lo exigiere;

18º Designar y remover a los Comandantes en Jefe del Ejército, de la Armada, de la


Fuerza Aérea y al General Director de Carabineros en conformidad al artículo 93, y
disponer los nombramientos, ascensos y retiros de los Oficiales de las Fuerzas Armadas
y de Carabineros en la forma que señala el artículo 94;

19º Disponer de las fuerzas de aire, mar y tierra, organizarlas y distribuirlas de acuerdo
con las necesidades de la seguridad nacional;

20º Asumir, en caso de guerra, la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas;

21º Declarar la guerra, previa autorización por ley, debiendo dejar constancia de haber
oído al Consejo de Seguridad Nacional, y

22º Cuidar de la recaudación de las rentas públicas y decretar su inversión con arreglo
a la Ley. El Presidente de la República, con la firma de todos los Ministros de Estado,
podrá decretar pagos no autorizados por ley, para atender necesidades impostergables
derivadas de calamidades públicas, de agresión exterior, de conmoción interna, de
grave daño o peligro para la seguridad nacional o del agotamiento de los recursos
destinados a mantener servicios que no puedan paralizarse sin serio perjuicio para el
país. El total de los giros que se hagan con estos objetos no podrá exceder anualmente
del dos por ciento (2%) del monto de los gastos que autorice la Ley de Presupuesto. Se
podrá contratar empleados con cargo a esta misma ley, pero sin que el ítem respectivo
pueda ser incrementado ni disminuido mediante traspasos. Los Ministros de Estado o
funcionarios que autoricen o den curso a gastos que contravengan lo dispuesto en este
número serán responsables solidaria y personalmente de su reintegro, y culpables del
delito de malversación de caudales públicos.
215
MINISTROS DE ESTADO

Art. 33. Los Ministros de Estado son los colaboradores directos e inmediatos del
Presidente de la República en el gobierno y administración del Estado.

La ley determinará el número y organización de los Ministerios, como también el orden


de precedencia de los Ministros titulares.

El Presidente de la República podrá encomendar a uno o más Ministros la coordinación


de la labor que corresponde a los Secretarios de Estado y las relaciones del Gobierno
con el Congreso Nacional.

Art. 34. Para ser nombrado Ministro se requiere ser chileno, tener cumplido veintiún
años de edad y reunir los requisitos generales para el ingreso a la Administración
Pública.

En los casos de ausencia, impedimento o renuncia de un Ministro, o cuando por otra


causa se produzca la vacancia del cargo, será reemplazado en la forma que establezca
la ley.

Art. 35. Los reglamentos y decretos del Presidente de la República deberán firmarse
por el Ministro respectivo y no serán obedecidos sin este esencial requisito.

Los decretos e instrucciones podrán expedirse con la sola firma del Ministro respectivo,
por orden del Presidente de la República, en conformidad a las normas que al efecto
establezca la ley.

Art. 36. Los Ministros serán responsables individualmente de los actos que firmaren y
solidariamente de los que suscribieren o acordaren con los otros Ministros.

Art. 37. Los Ministros podrán, cuando lo estimaren conveniente, asistir a las sesiones
de la Cámara de Diputados o del Senado, y tomar parte en sus debates, con preferencia
para hacer uso de la palabra, pero sin derecho a voto. Durante la votación podrán, sin
embargo, rectificar los conceptos emitidos por cualquier diputado o senador al
fundamentar su voto.

BASES GENERALES DE LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO

Art. 38. Una ley orgánica constitucional determinará la organización básica de la


Administración Pública, garantizará la carrera funcionaria y los principios de carácter
técnico y profesional en que deba fundarse, y asegurará tanto la igualdad de
oportunidades de ingreso a ella como la capacitación y el perfeccionamiento de sus
integrantes.

Cualquier persona que sea lesionada en sus derechos por la Administración del Estado,
de sus organismos o de las municipalidades, podrá reclamar ante los tribunales que
216
determine la ley, sin perjuicio de la responsabilidad que pudiere afectar al funcionario
que hubiere causado el daño.

ESTADOS DE EXCEPCIÓN CONSTITUCIONAL

Art. 39. El ejercicio de los derechos y garantías que la Constitución asegura a todas las
personas sólo puede ser afectado en las siguientes situaciones de excepción: guerra
externa o interna, conmoción interior, emergencia y calamidad pública.

Art. 40. 1º En situación de guerra externa, el Presidente de la República, con acuerdo


del Consejo de Seguridad Nacional, podrá declarar todo o parte del territorio nacional
en estado de asamblea.

2º En caso de guerra interna o conmoción interior, el Presidente de la República podrá,


con acuerdo del Congreso, declarar todo o parte del territorio nacional en estado de
sitio.

El Congreso, dentro del plazo de diez días, contados desde la fecha en que el
Presidente de la República someta la declaración de estado de sitio a su consideración,
deberá pronunciarse aceptando o rechazando la proposición, sin que pueda
introducirle modificaciones. Si el Congreso no se pronunciare dentro de dicho plazo, se
entenderá que aprueba la proposición.

Sin embargo, el Presidente de la República, previo acuerdo del Consejo de Seguridad


Nacional, podrá aplicar el estado de sitio de inmediato, mientras el Congreso se
pronuncia sobre la declaración.

Cada rama del Congreso deberá emitir su pronunciamiento, por la mayoría de los
miembros presentes, sobre la declaración de estado de sitio propuesta por el
Presidente de la República. Podrá el Congreso, en cualquier tiempo y por la mayoría
absoluta de los miembros en ejercicio de cada Cámara, dejar sin efecto el estado de
sitio que hubiere aprobado.

La declaración de estado de sitio sólo podrá hacerse hasta por un plazo máximo de
noventa días, pero el Presidente de la República podrá solicitar su prórroga, la que se
tramitará en conformidad a las normas precedentes.

3º El Presidente de la República, con acuerdo del Consejo de Seguridad Nacional, podrá


declarar todo o parte del territorio nacional en estado de emergencia, en casos graves
de alteración del orden público, daño o peligro para la seguridad nacional, sea por
causa de origen interno o externo.

Dicho estado no podrá exceder de noventa días, pudiendo declararse nuevamente si se


mantienen las circunstancias.

217
4º En caso de calamidad pública, el Presidente de la República, con acuerdo del
Consejo de Seguridad Nacional, podrá declarar la zona afectada o cualquiera otra que
lo requiera como consecuencia de la calamidad producida, en estado de catástrofe.

5º El Presidente de la República podrá decretar simultáneamente dos o más estados de


excepción si concurren las causas que permiten su declaración.

6º El Presidente de la República podrá, en cualquier tiempo, poner término a dichos


estados.

Art. 41. 1º Por la declaración de estado de asamblea el Presidente de la República


queda facultado para suspender o restringir la libertad personal, el derecho de
reunión, la libertad de información y de opinión y la libertad de trabajo. Podrá,
también, restringir el ejercicio del derecho de asociación y de sindicación, imponer
censura a la correspondencia y a las comunicaciones, disponer requisiciones de bienes
y establecer limitaciones al ejercicio del derecho de propiedad.

2º Por la declaración de estado de sitio, el Presidente de la República podrá trasladar a


las personas de un punto a otro del territorio nacional, arrestarlas en sus propias casas
o en lugares que no sean cárceles ni en otros que estén destinados a la detención o
prisión de reos comunes. Podrá, además, suspender o restringir el ejercicio del derecho
de reunión y restringir el ejercicio de las libertades de locomoción, de información y de
opinión.

La medida de traslado deberá cumplirse en localidades urbanas que reúnan las


condiciones que la ley determine.

3º Los tribunales de justicia no podrán, en caso alguno, entrar a calificar los


fundamentos ni las circunstancias de hecho invocadas por la autoridad para adoptar las
medidas en el ejercicio de las facultades excepcionales que le confiere esta
Constitución. La interposición y tramitación de los recursos de amparo y de protección
que conozcan los tribunales no suspenderán los efectos de las medidas decretadas, sin
perjuicio de lo que resuelvan en definitiva respecto de tales recursos.

4º Por la declaración de estado de emergencia, se podrá restringir el ejercicio de la


libertad de locomoción y del derecho de reunión.

5º Por la declaración del estado de catástrofe el Presidente de la República podrá


restringir la circulación de las personas y el transporte de mercaderías, y las libertades
de trabajo, de información y de opinión, y de reunión. Podrá, asimismo, disponer
requisiciones de bienes y establecer limitaciones al ejercicio del derecho de propiedad,
y adoptar todas las medidas extraordinarias de carácter administrativo que estime
necesarias.

6º Declarado el estado de emergencia o de catástrofe, las zonas respectivas quedarán


bajo la dependencia inmediata del jefe de la Defensa Nacional que el Gobierno
designe, quien asumirá el mando con las atribuciones y deberes que la ley señale.
218
El Presidente de la República estará obligado a informar al Congreso de las medidas
adoptadas en virtud de los estados de emergencia y de catástrofe.

7º Las medidas que se adopten durante los estados de excepción no podrán


prolongarse más allá de la vigencia de dichos estados.

En ningún caso las medidas de restricción y privación de la libertad podrán adoptarse


en contra de los parlamentarios, de los jueces, de los miembros del Tribunal
Constitucional, del Contralor General de la República y de los miembros del Tribunal
Calificador de Elecciones.

8º Las requisiciones que se practiquen darán lugar a indemnizaciones en conformidad a


la ley. También darán derecho a indemnización las limitaciones que se impongan al
derecho de propiedad cuando importen privación de alguno de los atributos o
facultades esenciales del dominio, y con ello se cause daño.

9º Una ley orgánica constitucional podrá regular los estados de excepción y facultar al
Presidente de la República para ejercer por sí o por otras autoridades las atribuciones
señaladas precedentemente, sin perjuicio de lo establecido en los estados de
emergencia y de catástrofe.

CAPÍTULO V

CONGRESO NACIONAL

Art. 42. El Congreso Nacional se compone de dos ramas: la Cámara de Diputados y el


Senado. Ambas concurren a la formación de las leyes en conformidad a esta
Constitución y tienen las demás atribuciones que ella establece.

COMPOSICIÓN Y GENERACIÓN DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS Y DEL SENADO

Art. 43. La Cámara de Diputados está integrada por 120 miembros elegidos en votación
directa por los distritos electorales que establezca la ley orgánica constitucional
respectiva.

La Cámara de Diputados se renovará en su totalidad cada cuatro años.

Art. 44. Para ser elegido diputado se requiere ser ciudadano con derecho a sufragio,
tener cumplidos veintiún años de edad, haber cursado la Enseñanza Media o
equivalente, y tener residencia en la región a que pertenezca el distrito electoral
correspondiente durante un plazo no inferior a dos años, contado hacia atrás desde el
día de la elección.

Art. 45. El Senado se compone de miembros elegidos en votación directa por


circunscripciones senatoriales, en consideración a las trece regiones del país. Cada
región constituirá una circunscripción, excepto seis de ellas que serán divididas, cada
219
una, en dos circunscripciones por la ley orgánica constitucional respectiva. A cada
circunscripción corresponde elegir dos senadores.

Los senadores elegidos por votación directa durarán ocho años en su cargo y se
renovarán alternadamente cada cuatro años, correspondiendo hacerlo en un período a
los representantes de las regiones de número impar y en el siguiente a los de las
regiones de número par y la Región Metropolitana.

El Senado estará integrado también por:

a) Los ex Presidentes de la República que hayan desempeñado el cargo durante seis


años en forma continua, salvo que hubiese tenido lugar lo previsto en el inciso tercero
del número 1º del artículo 49 de esta Constitución. Estos senadores lo serán por
derecho propio y con carácter vitalicio, sin perjuicio de que les sean aplicables las
incompatibilidades, incapacidades y causales de cesación en el cargo contempladas en
los artículos 55, 56 y 57 de esta Constitución;

b) Dos ex Ministros de la Corte Suprema, elegidos por ésta en votaciones sucesivas,


que hayan desempeñado el cargo a lo menos por dos años continuos;

c) Un ex Contralor General de la República, que haya desempeñado el cargo a lo menos


por dos años continuos, elegido también por la Corte Suprema;

d) Un ex Comandante en Jefe del Ejército, uno de la Armada, otro de la Fuerza Aérea, y


un ex General Director de Carabineros que hayan desempeñado el cargo a lo menos
por dos años, elegidos por el Consejo de Seguridad Nacional;

e) Un ex rector de universidad estatal o reconocida por el Estado, que haya


desempeñado el cargo por un período no inferior a dos años continuos, designado por
el Presidente de la República, y

f) Un ex Ministro de Estado, que haya ejercido el cargo por más de dos años continuos,
en períodos presidenciales anteriores a aquel en el cual se realiza el nombramiento,
designado también por el Presidente de la República.

Los senadores a que se refieren las letras b), c), d), e) y f) de este artículo durarán en
sus cargos ocho años. Si sólo existieren tres o menos personas que reúnan las calidades
y requisitos exigidos por las letras b) a f) de este artículo, la designación
correspondiente podrá recaer en ciudadanos que hayan desempeñado otras funciones
relevantes en los organismos, instituciones o servicios mencionados en cada una de las
citadas letras.

La designación de estos senadores se efectuará cada ocho años dentro de los quince
días siguientes a la elección de senadores que corresponda.

No podrán ser designados senadores quienes hubieren sido destituidos por el Senado
conforme al artículo 49 de esta Constitución.
220
Art. 46. Para ser elegido senador se requiere ser ciudadano con derecho a sufragio, dos
años de residencia en la respectiva región contados hacia atrás desde el día de la
elección, haber cursado la Enseñanza Media o equivalente y tener cumplidos 40 años
de edad el día de la elección.

Art. 47. Se entenderá que los diputados y senadores tienen, por el solo ministerio de la
ley, su residencia en la región correspondiente, mientras se encuentren en ejercicio de
su cargo.

Las elecciones de diputados y de los senadores que corresponda elegir por votación
directa se efectuarán conjuntamente. Los parlamentarios podrán ser reelegidos en sus
cargos.

Las vacantes de diputados y las de senadores elegidos por votación directa, que se
produzcan en cualquier tiempo, se proveerán con el ciudadano que, habiendo
integrado la lista electoral del parlamentario que cesó en el cargo, habría resultado
elegido si a esa lista hubiere correspondido otro cargo. En caso de no ser aplicable la
regla anterior y faltar más de dos años para el término del período del que hubiere
cesado en el cargo, la vacante será proveída por la Cámara que corresponda, por
mayoría absoluta de sus miembros en ejercicio, de entre los incluidos en una terna
propuesta por el partido a que perteneciere quien hubiere motivado la vacante.

El nuevo diputado o senador durará en sus funciones el término que le faltaba al que
originó la vacante. Los parlamentarios elegidos como independientes que mantuvieren
tal calidad a la fecha de producirse la vacante, no serán reemplazados, a menos que
hubieren postulado integrando listas en conjunto con un partido político. En este
último caso, se aplicará lo dispuesto en el inciso anterior.

En ningún caso procederán elecciones complementarias.

ATRIBUCIONES EXCLUSIVAS DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS

Art. 48. Son atribuciones exclusivas de la Cámara de Diputados:

1) Fiscalizar los actos del Gobierno. Para ejercer esta atribución la Cámara puede, con
el voto de la mayoría de los diputados presentes, adoptar acuerdos o sugerir
observaciones que se transmitirán por escrito al Presidente de la República, debiendo
el Gobierno dar respuesta, por medio del Ministro de Estado que corresponda, dentro
de treinta días. En ningún caso, dichos acuerdos u observaciones afectarán la
responsabilidad política de los Ministros, y la obligación del Gobierno se entenderá
cumplida por el solo hecho de entregar su respuesta.

Cualquier diputado podrá solicitar determinados antecedentes al Gobierno siempre


que su proposición cuente con el voto favorable de un tercio de los miembros
presentes de la Cámara, y

221
2) Declarar si han o no lugar las acusaciones que no menos de diez ni más de veinte de
sus miembros formulen en contra de las siguientes personas:

a) Del Presidente de la República, por actos de su administración que hayan


comprometido gravemente el honor o la seguridad de la Nación, o infringido
abiertamente la Constitución o las leyes. Esta acusación podrá interponerse mientras el
Presidente esté en funciones y en los seis meses siguientes a su expiración en el cargo.
Durante este último tiempo no podrá ausentarse de la República sin acuerdo de la
Cámara;

b) De los Ministros de Estado, por haber comprometido gravemente el honor o la


seguridad de la Nación, por infringir la Constitución o las leyes o haber dejado éstas sin
ejecución, y por los delitos de traición, concusión, malversación de fondos públicos y
soborno;

c) De los magistrados de los tribunales superiores de justicia y del Contralor General de


la República, por notable abandono de sus deberes;

d) De los generales o almirantes de las instituciones pertenecientes a las Fuerzas de la


Defensa Nacional, por haber comprometido gravemente el honor o la seguridad de la
Nación, y

e) De los intendentes y gobernadores, por infracción de la Constitución y por los delitos


de traición, sedición, malversación de fondos públicos y concusión.

La acusación se tramitará en conformidad a la ley orgánica constitucional relativa al


Congreso.

Las acusaciones referidas en las letras b), c), d) y e) podrán interponerse mientras el
afectado esté en funciones o en los tres meses siguientes a la expiración en su cargo.
Interpuesta la acusación, el afectado no podrá ausentarse del país sin permiso de la
Cámara y no podrá hacerlo en caso alguno si la acusación ya estuviere aprobada por
ella.

Para declarar que ha lugar la acusación en contra del Presidente de la República se


necesitará el voto de la mayoría de los diputados en ejercicio.

En los demás casos se requerirá el de la mayoría de los diputados presentes y el


acusado quedará suspendido en sus funciones desde el momento en que la Cámara
declare que ha lugar la acusación. La suspensión cesará si el Senado desestimare la
acusación o si no se pronunciare dentro de los treinta días siguientes.

ATRIBUCIONES EXCLUSIVAS DEL SENADO

Art. 49. Son atribuciones exclusivas del Senado:

222
1) Conocer de las acusaciones que la Cámara de Diputados entable con arreglo al
artículo anterior.

El Senado resolverá como jurado y se limitará a declarar si el acusado es o no culpable


del delito, infracción o abuso de poder que se le imputa.

La declaración de culpabilidad deberá ser pronunciada por los dos tercios de los
senadores en ejercicio cuando se trate de una acusación en contra del Presidente de la
República, y por la mayoría de los senadores en ejercicio en los demás casos.

Por la declaración de culpabilidad queda el acusado destituido de su cargo, y no podrá


desempeñar ninguna función pública, sea o no de elección popular, por el término de
cinco años.

El funcionario declarado culpable será juzgado de acuerdo a las leyes por el tribunal
competente, tanto para la aplicación de la pena señalada al delito, si lo hubiere, cuanto
para hacer efectiva la responsabilidad civil por los daños y perjuicios causados al Estado
o a particulares.

2) Decidir si ha o no lugar la admisión de las acciones judiciales que cualquier persona


pretenda iniciar en contra de algún Ministro de Estado, con motivo de los perjuicios
que pueda haber sufrido injustamente por acto de éste en el desempeño de su cargo;

3) Conocer de las contiendas de competencia que se susciten entre las autoridades


políticas o administrativas y los tribunales superiores de justicia;

4) Otorgar la rehabilitación de la ciudadanía en el caso del artículo 17, número 2º, de


esta Constitución;

5) Prestar o negar su consentimiento a los actos del Presidente de la República, en los


casos en que la Constitución o la ley lo requieran.

Si el Senado no se pronunciare dentro de treinta días después de pedida la urgencia


por el Presidente de la República, se tendrá por otorgado su asentimiento;

6) Otorgar su acuerdo para que el Presidente de la República pueda ausentarse del país
por más de treinta días o en los últimos noventa días de su período;

7) Declarar la inhabilidad del Presidente de la República o del Presidente electo cuando


un impedimento físico o mental lo inhabilite para el ejercicio de sus funciones; y
declarar asimismo, cuando el Presidente de la República haga dimisión de su cargo, si
los motivos que la originan son o no fundados y, en consecuencia, admitirla o
desecharla. En ambos casos deberá oír previamente al Tribunal Constitucional;

8) Aprobar, por la mayoría de sus miembros en ejercicio, la declaración del Tribunal


Constitucional a que se refiere la segunda parte del Nº 8º del artículo 82, y

223
9) Derogado.

10) Dar su dictamen al Presidente de la República en los casos en que éste lo solicite.

El Senado, sus comisiones y sus demás órganos, incluidos los comités parlamentarios si
los hubiere, no podrán fiscalizar los actos del gobierno ni de las entidades que de él
dependan, ni adoptar acuerdos que impliquen fiscalización.

ATRIBUCIONES EXCLUSIVAS DEL CONGRESO

Art. 50. Son atribuciones exclusivas del Congreso:

1) Aprobar o desechar los tratados internacionales que le presentare el Presidente de


la República antes de su ratificación. La aprobación de un tratado se someterá a los
trámites de una ley.

Las medidas que el Presidente de la República adopte o los acuerdos que celebre para
el cumplimiento de un tratado en vigor no requerirán nueva aprobación del Congreso,
a menos que se trate de materias propias de ley.

En el mismo acuerdo aprobatorio de un tratado, podrá el Congreso autorizar al


Presidente de la República a fin de que, durante la vigencia de aquél, dicte las
disposiciones con fuerza de ley que estime necesarias para su cabal cumplimiento,
siendo en tal caso aplicable lo dispuesto en los incisos segundo y siguientes del artículo
61, y

2) Pronunciarse respecto del estado de sitio, de acuerdo al número 2º del artículo 40


de esta Constitución.

FUNCIONAMIENTO DEL CONGRESO

Art. 51. El Congreso abrirá sus sesiones ordinarias el día 21 de mayo de cada año, y las
cerrará el 18 de septiembre.

Art. 52. El Congreso podrá ser convocado por el Presidente de la República a legislatura
extraordinaria dentro de los diez últimos días de una legislatura ordinaria o durante el
receso parlamentario.

Si no estuviere convocado por el Presidente de la República, el Congreso podrá


autoconvocarse a legislatura extraordinaria a través del Presidente del Senado y a
solicitud escrita de la mayoría de los miembros en ejercicio de cada una de sus ramas.
La autoconvocatoria del Congreso sólo procederá durante el receso parlamentario y
siempre que no hubiera sido convocado por el Presidente de la República.

Convocado por el Presidente de la República, el Congreso sólo podrá ocuparse de los


asuntos legislativos o de los tratados internacionales que aquél incluyere en la

224
convocatoria, sin perjuicio del despacho de la Ley de Presupuestos y de la facultad de
ambas Cámaras para ejercer sus atribuciones exclusivas.

Convocado por el Presidente del Senado podrá ocuparse de cualquier materia de su


incumbencia.

El Congreso se entenderá siempre convocado de pleno derecho para conocer de la


declaración de estado de sitio.

Art. 53. La Cámara de Diputados y el Senado no podrán entrar en sesión ni adoptar


acuerdos sin la concurrencia de la tercera parte de sus miembros en ejercicio.

Cada una de las Cámaras establecerá en su propio reglamento la clausura del debate
por simple mayoría.

NORMAS COMUNES PARA LOS DIPUTADOS Y SENADORES

Art. 54. No pueden ser candidatos a diputados ni a senadores:

1) Los Ministros de Estado;

2) Los intendentes, los gobernadores, los alcaldes, los miembros de los consejos
regionales y los concejales;

3) Los miembros del Consejo del Banco Central;

4) Los magistrados de los tribunales superiores de justicia, los jueces de letras y los
funcionarios que ejerzan el ministerio público;

5) Los miembros del Tribunal Constitucional, del Tribunal Calificador de Elecciones y de


los tribunales electorales regionales;

6) El Contralor General de la República;

7) Las personas que desempeñan un cargo directivo de naturaleza gremial o vecinal, y

8) Las personas naturales y los gerentes o administradores de personas jurídicas que


celebren o caucionen contratos con el Estado.

Las inhabilidades establecidas en este artículo serán aplicables a quienes hubieren


tenido las calidades o cargos antes mencionados dentro del año inmediatamente
anterior a la elección; excepto respecto de las personas mencionadas en los números
7) y 8), las que no deberán reunir esas condiciones al momento de inscribir su
candidatura. Si no fueren elegidos en una elección no podrán volver al mismo cargo ni
ser designados para cargos análogos a los que desempeñaron hasta un año después
del acto electoral.

225
Art. 55. Los cargos de diputados y senadores son incompatibles entre sí y con todo
empleo o comisión retribuidos con fondos del Fisco, de las municipalidades, de las
entidades fiscales autónomas, semifiscales o de las empresas del Estado o en las que el
Fisco tenga intervención por aportes de capital, y con toda otra función o natural o
jurídica, o por medio de una sociedad de personas de la que forme parte.

Cesará en su cargo el diputado o senador que ejercite cualquier influencia ante las
autoridades administrativas o judiciales en favor o representación del empleador o de
los trabajadores en negociaciones o conflictos laborales, sean del sector público o
privado, o que intervengan en ellos ante cualquiera de las partes. Igual sanción se
aplicará al parlamentario que actúe o intervenga en actividades estudiantiles,
cualquiera que sea la rama de la enseñanza, con el objeto de atentar contra su normal
desenvolvimiento.

Sin perjuicio de lo dispuesto en el inciso séptimo del número 15º del artículo 19,
cesará, asimismo, en sus funciones el diputado o senador que de palabra o por escrito
incite a la alteración del orden público o propicie el cambio del orden jurídico
institucional por medios distintos de los que establece esta Constitución, o que
comprometa gravemente la seguridad o el honor de la Nación.

Quien perdiere el cargo de diputado o senador por cualquiera de las causales


señaladas precedentemente no podrá optar a ninguna función o empleo público, sea o
no de elección popular, por el término de dos años, salvo los casos del inciso séptimo
del número 15º del artículo 19, en los cuales se aplicarán las sanciones allí
contempladas.

Cesará, asimismo, en sus funciones el diputado o senador que, durante su ejercicio,


pierda algún requisito general de elegibilidad o incurra en alguna de las causales de
inhabilidad a que se refiere el artículo 54, sin perjuicio de la excepción contemplada en
el inciso segundo del artículo 56 respecto de los Ministros de Estado.

Art. 58. Los diputados y senadores sólo son inviolables por las opiniones que
manifiesten y los votos que emitan en el desempeño de sus cargos, en sesiones de sala
o de comisión.

Ningún diputado o senador, desde el día de su elección o designación, o desde el de su


incorporación, según el caso, puede ser procesado o privado de su libertad, salvo el
caso de delito flagrante, si el Tribunal de Alzada de la jurisdicción respectiva, en pleno,
no autoriza previamente la acusación declarando haber lugar a formación de causa. De
esta resolución podrá apelarse para ante la Corte Suprema.

En caso de ser arrestado algún diputado o senador por delito flagrante, será puesto
inmediatamente a disposición del Tribunal de Alzada respectivo, con la información
sumaria correspondiente. El Tribunal procederá, entonces, conforme a lo dispuesto en
el inciso anterior.

226
Desde el momento en que se declare, por resolución firme, haber lugar a formación de
causa, queda el diputado o senador acusado suspendido de su cargo y sujeto al juez
competente.

Art. 59. Los diputados y senadores percibirán como única renta una dieta equivalente a
la remuneración de un Ministro de Estado incluidas todas las asignaciones que a éstos
correspondan.

MATERIAS DE LEY

Art. 60. Sólo son materias de ley:

1) Las que en virtud de la Constitución deben ser objeto de leyes orgánicas


constitucionales;

2) Las que la Constitución exija que sean reguladas por una ley;

3) Las que son objeto de codificación, sea civil, comercial, procesal, penal u otra;

4) Las materias básicas relativas al régimen jurídico laboral, sindical, previsional y de


seguridad social;

5) Las que regulen honores públicos a los grandes servidores;

6) Las que modifiquen la forma o características de los emblemas nacionales;

7) Las que autoricen al Estado, a sus organismos y a las municipalidades, para contratar
empréstitos, los que deberán estar destinados a financiar proyectos específicos. La ley
deberá indicar las fuentes de recursos con cargo a los cuales deba hacerse el servicio
de la deuda. Sin embargo, se requerirá de una ley de quórum calificado para autorizar
la contratación de aquellos empréstitos cuyo vencimiento exceda del término de
duración del respectivo período presidencial.

Lo dispuesto en este número no se aplicará al Banco Central;

8) Las que autoricen la celebración de cualquier clase de operaciones que puedan


comprometer en forma directa o indirecta el crédito o la responsabilidad financiera del
Estado, sus organismos y de las municipalidades.

Esta disposición no se aplicará al Banco Central;

9) Las que fijen las normas con arreglo a las cuales las empresas del Estado y aquellas
en que éste tenga participación puedan contratar empréstitos, los que en ningún caso
podrán efectuarse con el Estado, sus organismos o empresas;

10) Las que fijen las normas sobre enajenación de bienes del Estado o de las
municipalidades y sobre su arrendamiento o concesión;
227
11) Las que establezcan o modifiquen la división política y administrativa del país;

12) Las que señalen el valor, tipo y denominación de las monedas y el sistema de pesos
y medidas;

13) Las que fijen las fuerzas de aire, mar y tierra que han de mantenerse en pie en
tiempo de paz o de guerra, y las normas para permitir la entrada de tropas extranjeras
en el territorio de la República, como, asimismo, la salida de tropas nacionales fuera de
él;

14) Las demás que la Constitución señale como leyes de iniciativa exclusiva del
Presidente de la República;

15) Las que autoricen la declaración de guerra, a propuesta del Presidente de la


República;

16) Las que concedan indultos generales y amnistías y las que fijen las normas
generales con arreglo a las cuales debe ejercerse la facultad del Presidente de la
República para conceder indultos particulares y pensiones de gracia;

Las leyes que concedan indultos generales y amnistías requerirán siempre de quórum
calificado. No obstante, este quórum será de las dos terceras partes de los diputados y
senadores en ejercicio cuando se trata de delitos contemplados en el artículo 9º;

17) Las que señalen la ciudad en que debe residir el Presidente de la República,
celebrar sus sesiones el Congreso Nacional y funcionar la Corte Suprema y el Tribunal
Constitucional;

18) Las que fijen las bases de los procedimientos que rigen los actos de la
administración pública;

19) Las que regulen el funcionamiento de loterías, hipódromos y apuestas en general, y

20) Toda otra norma de carácter general y obligatoria que estatuya las bases esenciales
de un ordenamiento jurídico.

Art. 61. El Presidente de la República podrá solicitar autorización al Congreso Nacional


para dictar disposiciones con fuerza de ley durante un plazo no superior a un año sobre
materias que correspondan al dominio de la ley.

Esta autorización no podrá extenderse a la nacionalidad, la ciudadanía, las elecciones ni


al plebiscito, como tampoco a materias comprendidas en las garantías constitucionales
o que deban ser objeto de leyes orgánicas constitucionales o de quórum calificado.

228
La autorización no podrá comprender facultades que afecten a la organización,
atribuciones y régimen de los funcionarios del Poder Judicial, del Congreso Nacional,
del Tribunal Constitucional ni de la Contraloría General de la República.

La ley que otorgue la referida autorización señalará las materias precisas sobre las que
recaerá la delegación y podrá establecer o determinar las limitaciones, restricciones y
formalidades que se estimen convenientes.

A la Contraloría General de la República corresponderá tomar razón de estos decretos


con fuerza de ley, debiendo rechazarlos cuando ellos excedan o contravengan la
autorización referida.

Los decretos con fuerza de ley estarán sometidos en cuanto a su publicación, vigencia y
efectos, a las mismas normas que rigen para la ley.

FORMACIÓN DE LA LEY

Art. 62. Las leyes pueden tener origen en la Cámara de Diputados o en el Senado, por
mensaje que dirija el Presidente de la República o por moción de cualquiera de sus
miembros. Las mociones no pueden ser firmadas por más de diez diputados ni por más
de cinco senadores.

Las leyes sobre tributos de cualquiera naturaleza que sean, sobre los presupuestos de
la administración pública y sobre reclutamiento, sólo pueden tener origen en la Cámara
de Diputados. Las leyes sobre amnistía y sobre indultos generales sólo pueden tener
origen en el Senado.

Corresponderá al Presidente de la República la iniciativa exclusiva de los proyectos de


ley que tengan relación con la alteración de la división política o administrativa del país,
o con la administración financiera o presupuestaria del Estado, incluyendo las
modificaciones de la Ley de Presupuestos, y con las materias señaladas en los números
10 y 13 del artículo 60.

Corresponderá, asimismo, al Presidente de la República la iniciativa exclusiva para:

1º Imponer, suprimir, reducir o condonar tributos de cualquier clase o naturaleza,


establecer exenciones o modificar las existentes, y determinar su forma,
proporcionalidad o progresión;

2º Crear nuevos servicios públicos o empleos rentados, sean fiscales, semifiscales,


autónomos, de las empresas del Estado o municipales; suprimirlos y determinar sus
funciones o atribuciones;

3º Contratar empréstitos o celebrar cualquiera otra clase de operaciones que puedan


comprometer el crédito o la responsabilidad financiera del Estado, de las entidades
semifiscales, autónomas, de los gobiernos regionales o de las municipalidades, y
condonar, reducir o modificar obligaciones, intereses u otras cargas financieras de
229
cualquier naturaleza establecidas en favor del Fisco o de los organismos o entidades
referidos;

4º Fijar, modificar, conceder o aumentar remuneraciones, jubilaciones, pensiones,


montepíos, rentas y cualquiera otra clase de emolumentos, préstamos o beneficios al
personal en servicio o en retiro y a los beneficiarios de montepío, en su caso, de la
administración pública y demás organismos y entidades anteriormente señalados,
como asimismo fijar las remuneraciones mínimas de los trabajadores del sector
privado, aumentar obligatoriamente sus remuneraciones y demás beneficios
económicos o alterar las bases que sirvan para determinarlos; todo ello sin perjuicio de
lo dispuesto en los números siguientes;

5º Establecer las modalidades y procedimientos de la negociación colectiva y


determinar los casos en que no se podrá negociar, y

6º Establecer o modificar las normas sobre seguridad social o que incidan en ella, tanto
del sector público como del sector privado.

El Congreso Nacional sólo podrá aceptar, disminuir o rechazar los servicios, empleos,
emolumentos, préstamos, beneficios, gastos y demás iniciativas sobre la materia que
proponga el Presidente de la República.

Art. 63. Las normas legales que interpreten preceptos constitucionales necesitarán,
para su aprobación, modificación o derogación, de las tres quintas partes de los
diputados y senadores en ejercicio.

Las normas legales a las cuales la Constitución confiere el carácter de ley orgánica
constitucional requerirán, para su aprobación, modificación o derogación, de las cuatro
séptimas partes de los diputados y senadores en ejercicio.

Las normas legales de quórum calificado se establecerán, modificarán o derogarán por


la mayoría absoluta de los diputados y senadores en ejercicio.

Las demás normas legales requerirán la mayoría de los miembros presentes de cada
Cámara, o las mayorías que sean aplicables conforme a los artículos 65 y siguientes.

Art. 64. El proyecto de Ley de Presupuestos deberá ser presentado por el Presidente de
la República al Congreso Nacional, a lo menos con tres meses de anterioridad a la fecha
en que debe empezar a regir; y si el Congreso no lo despachare dentro de los sesenta
días contados desde su presentación, regirá el proyecto presentado por el Presidente
de la República.

El Congreso Nacional no podrá aumentar ni disminuir la estimación de los ingresos;


sólo podrá reducir los gastos contenidos en el proyecto de Ley de Presupuestos, salvo
los que estén establecidos por ley permanente.

230
La estimación del rendimiento de los recursos que consulta la Ley de Presupuestos y de
los nuevos que establezca cualquiera otra iniciativa de ley, corresponderá
exclusivamente al Presidente, previo informe de los organismos técnicos respectivos.

No podrá el Congreso aprobar ningún nuevo gasto con cargo a los fondos de la Nación
sin que se indiquen, al mismo tiempo, las fuentes de recursos necesarios para atender
dicho gasto.

Si la fuente de recursos otorgada por el Congreso fuere insuficiente para financiar


cualquier nuevo gasto que se apruebe, el Presidente de la República, al promulgar la
ley, previo informe favorable del servicio o institución a través del cual se recaude el
nuevo ingreso, refrendado por la Contraloría General de la República, deberá reducir
proporcionalmente todos los gastos, cualquiera que sea su naturaleza.

Art. 65. El proyecto que fuere desechado en general en la Cámara de su origen no


podrá renovarse sino después de un año. Sin embargo, el Presidente de la República,
en caso de un proyecto de su iniciativa, podrá solicitar que el mensaje pase a la otra
Cámara y, si ésta lo aprueba en general por los dos tercios de sus miembros presentes,
volverá a la de su origen y sólo se considerará desechado si esta Cámara lo rechaza con
el voto de los dos tercios de sus miembros presentes.

Art. 66. Todo proyecto puede ser objeto de adiciones o correcciones en los trámites
que corresponda, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado; pero en ningún
caso se admitirán las que no tengan relación directa con las ideas matrices o
fundamentales del proyecto.

Aprobado un proyecto en la Cámara de su origen, pasará inmediatamente a la otra


para su discusión.

Art. 67. El proyecto que fuere desechado en su totalidad por la Cámara Revisora será
considerado por una comisión mixta de igual número de diputados y senadores, la que
propondrá la forma y modo de resolver las dificultades. El proyecto de la comisión
mixta volverá a la Cámara de origen y, para ser aprobado tanto en ésta como en la
revisora, se requerirá de la mayoría de los miembros presentes en cada una de ellas. Si
la comisión mixta no llegare a acuerdo, o si la Cámara de origen rechazare el proyecto
de esa comisión, el Presidente de la República podrá pedir que esa Cámara se
pronuncie sobre si insiste por los dos tercios de sus miembros presentes en el proyecto
que aprobó en el primer trámite. Acordada la insistencia, el proyecto pasará por
segunda vez a la Cámara que lo desechó, y sólo se entenderá que ésta lo reprueba si
concurren para ello las dos terceras partes de sus miembros presentes.

Art. 68. El proyecto que fuere adicionado o enmendado por la Cámara revisora volverá
a la de su origen, y en ésta se entenderán aprobadas las adiciones y enmiendas con el
voto de la mayoría de los miembros presentes.

Si las adiciones o enmiendas fueren reprobadas, se formará una comisión mixta y se


procederá en la misma forma indicada en el artículo anterior. En caso de que en la
231
comisión mixta no se produzca acuerdo para resolver las divergencias entre ambas
Cámaras, o si alguna de las Cámaras rechazare la proposición de la comisión mixta, el
Presidente de la República podrá solicitar a la Cámara de origen que considere
nuevamente el proyecto aprobado en segundo trámite por la revisora. Si la Cámara de
origen rechazare las adiciones o modificaciones por los dos tercios de sus miembros
presentes, no habrá ley en esa parte o en su totalidad; pero, si hubiere mayoría para el
rechazo, menor a los dos tercios, el proyecto pasará a la Cámara revisora, y se
entenderá aprobado con el voto conforme de las dos terceras partes de los miembros
presentes de esta última.

Art. 69. Aprobado un proyecto por ambas Cámaras, será remitido al Presidente de la
República, quien, si también lo aprueba, dispondrá su promulgación como ley.

Art. 70. Si el Presidente de la República desaprueba el proyecto, lo devolverá a la


Cámara de su origen con las observaciones convenientes, dentro del término de treinta
días.

En ningún caso se admitirán las observaciones que no tengan relación directa con las
ideas matrices o fundamentales del proyecto, a menos que hubieran sido consideradas
en el mensaje respectivo.

Si las dos Cámaras aprobaren las observaciones, el proyecto tendrá fuerza de ley y se
devolverá al Presidente para su promulgación.

Si las dos Cámaras desecharen todas o algunas de las observaciones e insistieren por
los dos tercios de sus miembros presentes en la totalidad o parte del proyecto
aprobado por ellas, se devolverá al Presidente para su promulgación.

Art. 71. El Presidente de la República podrá hacer presente la urgencia en el despacho


de un proyecto, en uno o en todos sus trámites, y en tal caso, la Cámara respectiva
deberá pronunciarse dentro del plazo máximo de treinta días.

La calificación de la urgencia corresponderá hacerla al Presidente de la República de


acuerdo a la ley orgánica constitucional relativa al Congreso, la que establecerá
también todo lo relacionado con la tramitación interna de la ley.

Art. 72. Si el Presidente de la República no devolviere el proyecto dentro de treinta


días, contados desde la fecha de su remisión, se entenderá que lo aprueba y se
promulgará como ley. Si el Congreso cerrare sus sesiones antes de cumplirse los treinta
días en que ha de verificarse la devolución, el Presidente lo hará dentro de los diez
primeros días de la legislatura ordinaria o extraordinaria siguiente.

La promulgación deberá hacerse siempre dentro del plazo de diez días, contados desde
que ella sea procedente.

La publicación se hará dentro de los cinco días hábiles siguientes a la fecha en que
quede totalmente tramitado el decreto promulgatorio.
232
CAPÍTULO VI

PODER JUDICIAL

Art. 73. La facultad de conocer de las causas civiles y criminales, de resolverlas y de


hacer ejecutar lo juzgado, pertenece exclusivamente a los tribunales establecidos por
la ley. Ni el Presidente de la República ni el Congreso pueden, en caso alguno, ejercer
funciones judiciales, avocarse causas pendientes, revisar los fundamentos o contenido
de sus resoluciones o hacer revivir procesos fenecidos.

Reclamada su intervención en forma legal y en negocios de su competencia, no podrán


excusarse de ejercer su autoridad, ni aun por falta de ley que resuelva la contienda o
asunto sometidos a su decisión.

Para hacer ejecutar sus resoluciones y practicar o hacer practicar los actos de
instrucción que decreten, los tribunales ordinarios de justicia y los especiales que
integran el Poder Judicial, podrán impartir órdenes directas a la fuerza pública o ejercer
los medios de acción conducentes de que dispusieren. Los demás tribunales lo harán
en la forma que la ley determine.

La autoridad requerida deberá cumplir sin más trámite el mandato judicial y no podrá
calificar su fundamento u oportunidad, ni la justicia o legalidad de la resolución que se
trata de ejecutar.

Art. 74. Una ley orgánica constitucional determinará la organización y atribuciones de


los tribunales que fueren necesarios para la pronta y cumplida administración de
justicia en todo el territorio de la República. La misma ley señalará las calidades que
respectivamente deban tener los jueces y el número de años que deban haber ejercido
la profesión de abogado las personas que fueren nombradas ministros de Corte o
jueces letrados.

La ley orgánica constitucional relativa a la organización y atribuciones de los tribunales


sólo podrá ser modificada oyendo previamente a la Corte Suprema.

Art. 75. En cuanto al nombramiento de los jueces, la ley se ajustará a los siguientes
preceptos generales.

Los ministros y fiscales de la Corte Suprema serán nombrados por el Presidente de la


República, eligiéndolos de una nómina de cinco personas que, en cada caso, propondrá
la misma Corte. El ministro más antiguo de Corte de Apelaciones que figure en lista de
méritos ocupará un lugar en la nómina señalada. Los otros cuatro lugares se llenarán
en atención a los merecimientos de los candidatos, pudiendo figurar personas extrañas
a la administración de justicia.

Los ministros y fiscales de las Cortes de Apelaciones serán designados por el Presidente
de la República, a propuesta en terna de la Corte Suprema.
233
Los jueces letrados serán designados por el Presidente de la República, a propuesta en
terna de la Corte de Apelaciones de la jurisdicción respectiva.

El juez letrado en lo civil criminal más antiguo de asiento de Corte o el juez letrado civil
o criminal más antiguo del cargo inmediatamente inferior al que se trata de proveer y
que figure en lista de méritos y exprese su interés en el cargo, ocupará un lugar en la
terna correspondiente. Los otros dos lugares se llenarán en atención al mérito de los
candidatos.

Sin embargo, cuando se trata del nombramiento de ministros de Corte suplentes, la


designación podrá hacerse por la Corte Suprema y, en el caso de los jueces, por la
Corte de Apelaciones respectiva. Estas designaciones no podrán durar más de treinta
días y no serán prorrogables. En caso de que los tribunales superiores mencionados no
hagan uso de esta facultad o de que haya vencido el plazo de la suplencia, se procederá
a proveer las vacantes en la forma ordinaria señalada precedentemente.

Art. 76. Los jueces son personalmente responsables por los delitos de cohecho, falta de
observancia en materia sustancial de las leyes que reglan el procedimiento, denegación
y torcida administración de justicia y, en general, de toda prevaricación en que incurran
en el desempeño de sus funciones.

Tratándose de los miembros de la Corte Suprema, la ley determinará los casos y el


modo de hacer efectiva esta responsabilidad.

Art. 77. Los jueces permanecerán en sus cargos durante su buen comportamiento;
pero los inferiores desempeñarán su respectiva judicatura por el tiempo que
determinen las leyes.

No obstante lo anterior, los jueces cesarán en sus funciones al cumplir los 75 años de
edad; o por renuncia o incapacidad legal sobreviniente o en caso de ser depuestos de
sus destinos, por causa legalmente sentenciada. La norma relativa a la edad no regirá
respecto al Presidente de la Corte Suprema, quien continuará en su cargo hasta el
término de su período.

En todo caso, la Corte Suprema por requerimiento del Presidente de la República, a


solicitud de parte interesada, o de oficio, podrá declarar que los jueces no han tenido
buen comportamiento y, previo informe del inculpado y de la Corte de Apelaciones
respectiva, en su caso, acordar su remoción por la mayoría del total de sus
componentes. Estos acuerdos se comunicarán al Presidente de la República para su
cumplimiento.

El Presidente de la República, a propuesta o con acuerdo de la Corte Suprema, podrá


autorizar permutas u ordenar el traslado de los jueces o demás funcionarios y
empleados del Poder Judicial a otro cargo de igual categoría.

234
Art. 78. Los magistrados de los tribunales superiores de justicia, los fiscales y los jueces
letrados que integran el Poder Judicial, no podrán ser aprehendidos sin orden del
tribunal competente, salvo el caso de crimen o simple delito flagrante y sólo para
ponerlos inmediatamente a disposición del tribunal que debe conocer del asunto en
conformidad a la ley.

Art. 79. La Corte Suprema tiene la superintendencia directiva, correccional y económica


de todos los tribunales de la nación. Se exceptúan de esta norma el Tribunal
Constitucional, el Tribunal Calificador de Elecciones, los tribunales electorales
regionales y los tribunales militares de tiempo de guerra.

Conocerá, además, de las contiendas de competencia que se susciten entre las


autoridades políticas o administrativas y los tribunales de justicia, que no correspondan
al Senado.

Art. 80. La Corte Suprema, de oficio o a petición de parte, en las materias de que
conozca, o que le fueren sometidas en recurso interpuesto en cualquier gestión que se
siga ante otro tribunal, podrá declarar inaplicable para esos casos particulares todo
precepto legal contrario a la Constitución. Este recurso podrá deducirse en cualquier
estado de la gestión, pudiendo ordenar la Corte la suspensión del procedimiento.

CAPÍTULO VII

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Art. 81. Habrá un Tribunal Constitucional integrado por siete miembros, designados en
la siguiente forma:

a) Tres ministros de la Corte Suprema, elegidos por ésta, por mayoría absoluta, en
votaciones sucesivas y secretas;

b) Un abogado designado por el Presidente de la República;

c) Dos abogados elegidos por el Consejo de Seguridad Nacional;

d) Un abogado elegido por el Senado, por mayoría absoluta de los senadores en


ejercicio.

Las personas referidas en las letras b), c) y d) deberán tener a lo menos quince años de
título, haberse destacado en la actividad profesional, universitaria o pública, no podrán
tener impedimento alguno que las inhabilite para desempeñar el cargo de juez, estarán
sometidas a las normas de los artículos 55 y 56, y sus cargos serán incompatibles con el
de diputado o senador, así como también con la calidad de ministro del Tribunal
Calificador de Elecciones. Además, en los casos de las letras b) y d), deberán ser
personas que sean o hayan sido abogados integrantes de la Corte Suprema por tres
años consecutivos, a lo menos.

235
Los miembros del Tribunal durarán ocho años en sus cargos, se renovarán por
parcialidades cada cuatro años y serán inamovibles.

Les serán aplicables las disposiciones de los artículos 77, inciso segundo, en lo relativo
a edad y el artículo 78.

Las personas a que se refiere la letra a) cesarán también en sus cargos si dejaren de ser
ministros de la Corte Suprema por cualquier causa.

En caso de que un miembro del Tribunal Constitucional cese en su cargo, se procederá


a su reemplazo por quien corresponda de acuerdo con el inciso primero de este
artículo y por el tiempo que falte al reemplazado para completar su período.

El quórum para sesionar será de cinco miembros. El Tribunal adoptará sus acuerdos por
simple mayoría y fallará con arreglo a derecho.

Una ley orgánica constitucional determinará la planta, remuneraciones y estatuto del


personal del Tribunal Constitucional, así como su organización y funcionamiento.

Art. 82. Son atribuciones del Tribunal Constitucional:

1º Ejercer el control de la constitucionalidad de las leyes orgánicas constitucionales


antes de su promulgación y de las leyes que interpreten algún precepto de la
Constitución;

2º Resolver las cuestiones sobre constitucionalidad que se susciten durante la


tramitación de los proyectos de ley o de reforma constitucional y de los tratados
sometidos a la aprobación del Congreso;

3º Resolver las cuestiones que se susciten sobre la constitucionalidad de un decreto


con fuerza de ley;

4º Resolver las cuestiones que se susciten sobre constitucionalidad con relación a la


convocatoria a un plebiscito, sin perjuicio de las atribuciones que correspondan al
Tribunal Calificador de Elecciones;

5º Resolver los reclamos en caso de que el Presidente de la República no promulgue


una ley cuando deba hacerlo, promulgue un texto diverso del que constitucionalmente
corresponda o dicte un decreto inconstitucional;

6º Resolver sobre la constitucionalidad de un decreto o resolución del Presidente de la


República que la Contraloría haya representado por estimarlo inconstitucional, cuando
sea requerido por el Presidente en conformidad al artículo 88;

7º Declarar la inconstitucionalidad de las organizaciones y de los movimientos o


partidos políticos, como asimismo la responsabilidad de las personas que hubieren
tenido participación en los hechos que motivaron la declaración de
236
inconstitucionalidad, en conformidad a lo dispuesto en los incisos sexto, séptimo y
octavo del número 15º del artículo 19 de esta Constitución. Sin embargo, si la persona
afectada fuere el Presidente de la República o el Presidente electo, la referida
declaración requerirá, además, el acuerdo del Senado adoptado por la mayoría de sus
miembros en ejercicio:

8º Derogado.

9º Informar al Senado en los casos a que se refiere el artículo 49 Nº 7 de esta


Constitución;

10º Resolver sobre las inhabilidades constitucionales o legales que afecten a una
persona para ser designada Ministro de Estado, permanecer en dicho cargo o
desempeñar simultáneamente otras funciones;

11º Pronunciarse sobre las inhabilidades, incompatibilidades y causales de cesación en


el cargo de los parlamentarios, y

12º Resolver sobre la constitucionalidad de los decretos supremos dictados en el


ejercicio de la potestad reglamentaria del Presidente de la República, cuando ellos se
refieran a materias que pudieren estar reservadas a la ley por mandato del artículo 60.

El Tribunal Constitucional podrá apreciar en conciencia los hechos cuando conozca de


las atribuciones indicadas en los números 7º, 9º y 10º, como, asimismo, cuando
conozca de las causales de cesación en el cargo de parlamentario.

En el caso del número 1º, la Cámara de origen enviará al Tribunal Constitucional el


proyecto respectivo dentro de los cinco días siguientes a aquel en que quede
totalmente tramitado por el Congreso.

En el caso del número 2º, el Tribunal sólo podrá conocer de la materia a requerimiento
del Presidente de la República, de cualquiera de las Cámaras o de una cuarta parte de
sus miembros en ejercicio, siempre que sea formulado antes de la promulgación de la
ley.

El Tribunal deberá resolver dentro del plazo de diez días contado desde que reciba el
requerimiento, a menos que decida prorrogarlo hasta por otros diez días por motivos
graves y calificados.

El requerimiento no suspenderá la tramitación del proyecto; pero la parte impugnada


de éste no podrá ser promulgada hasta la expiración del plazo referido, salvo que se
trate del proyecto de Ley de Presupuestos o del proyecto relativo a la declaración de
guerra propuesta por el Presidente de la República.

En el caso del número 3º, la cuestión podrá ser planteada por el Presidente de la
República dentro del plazo de diez días cuando la Contraloría rechace por
237
inconstitucional un decreto con fuerza de Ley. También podrá ser promovida por
cualquiera de las Cámaras o por una cuarta parte de sus miembros en ejercicio en caso
de que la Contraloría hubiere tomado razón de un decreto con fuerza de ley que se
impugne de inconstitucional. Este requerimiento deberá efectuarse dentro del plazo de
treinta días, contado desde la publicación del respectivo decreto con fuerza de ley.

En el caso del número 4º, la cuestión podrá promoverse a requerimiento del Senado o
de la Cámara de Diputados, dentro de diez días contados desde la fecha de publicación
del decreto que fije el día de la consulta plebiscitaria.

El Tribunal establecerá en su resolución el texto definitivo de la consulta plebiscitaria,


cuando ésta fuere procedente.

Si al tiempo de dictarse la sentencia faltaren menos de treinta días para la realización


del plebiscito, el Tribunal fijará en ella una nueva fecha comprendida entre los treinta y
los sesenta días siguientes al fallo.

En los casos del número 5º, la cuestión podrá promoverse por cualquiera de las
Cámaras o por una cuarta parte de sus miembros en ejercicio, dentro de los treinta días
siguientes a la publicación o notificación del texto impugnado o dentro de los sesenta
días siguientes a la fecha en que el Presidente de la República debió efectuar la
promulgación de la ley. Si el Tribunal acogiere el reclamo promulgará en su fallo la ley
que no lo haya sido o rectificará la promulgación incorrecta.

En el caso del número 9º, el Tribunal sólo podrá conocer de la materia a requerimiento
de la Cámara de Diputados o de la cuarta parte de sus miembros en ejercicio.

Habrá acción pública para requerir al Tribunal respecto de las atribuciones que se le
confieren por los números 7º y 10º de este artículo.

Sin embargo, si en el caso del número 7º la persona afectada fuere el Presidente de la


República o el Presidente electo, el requerimiento deberá formularse por la Cámara de
Diputados o por la cuarta parte de sus miembros en ejercicio.

En el caso del número 11º, el Tribunal sólo podrá conocer de la materia a


requerimiento del Presidente de la República o de no menos de diez parlamentarios en
ejercicio.

En el caso del número 12º, el Tribunal sólo podrá conocer de la materia a


requerimiento de cualquiera de las Cámaras, efectuado dentro de los treinta días
siguientes a la publicación o notificación del texto impugnado.

Art. 83. Contra las resoluciones del Tribunal Constitucional no procederá recurso
alguno, sin perjuicio de que puede el mismo Tribunal, conforme a la ley, rectificar los
errores de hecho en que hubiere incurrido.

238
Las disposiciones que el Tribunal declare inconstitucionales no podrán convertirse en
ley en el proyecto o decreto con fuerza de ley de que se trate. En los casos de los
números 5º y 12º del artículo 82, el decreto supremo impugnado quedará sin efecto de
pleno derecho, con el solo mérito de la sentencia del Tribunal que acoja el reclamo.

Resuelto por el Tribunal que un precepto legal determinado es constitucional, la Corte


Suprema no podrá declararlo inaplicable por el mismo vicio que fue materia de la
sentencia.

CAPÍTULO VIII

JUSTICIA ELECTORAL

Art. 84. Un tribunal especial, que se denominará Tribunal Calificador de Elecciones,


conocerá el escrutinio general y de la calificación de las elecciones de Presidente de la
República, de diputados y senadores; resolverá las reclamaciones a que dieren lugar y
proclamará a los que resulten elegidos. Dicho Tribunal conocerá, asimismo, de los
plebiscitos, y tendrá las demás atribuciones que determine la ley.

Estará constituido por cinco miembros designados en la siguiente forma:

a) Tres ministros o ex ministros de la Corte Suprema, elegidos por ésta en votaciones


sucesivas y secretas, por la mayoría absoluta de sus miembros;

b) Un abogado elegido por la Corte Suprema en la forma señalada precedentemente y


que reúna los requisitos que señala el inciso segundo del artículo 81;

c) Un ex presidente del Senado o de la Cámara de Diputados que haya ejercido el cargo


por un lapso no inferior a tres años, el que será elegido por sorteo.

Las designaciones a que se refieren las letras b) y c) no podrán recaer en personas que
sean parlamentario, candidato a cargos de elección popular, ministro de Estado, ni
dirigente de partido político.

Los miembros de este Tribunal durarán cuatro años en sus funciones y les serán
aplicables las disposiciones de los artículos 55 y 56 de esta Constitución.

El Tribunal Calificador procederá como jurado en la apreciación de los hechos y


sentenciará con arreglo a derecho.

Una ley orgánica constitucional regulará la organización y funcionamiento del Tribunal


Calificador.

Art. 85. Habrá tribunales electorales regionales encargados de conocer el escrutinio


general y la calificación de las elecciones que la ley les encomiende, así como de
resolver las reclamaciones a que dieren lugar y de proclamar a los candidatos electos.
Sus resoluciones serán apelables para ante el Tribunal Calificador de Elecciones en la
239
forma que determine la ley. Asimismo, les corresponderá conocer de la calificación de
las elecciones de carácter gremial y de las que tengan lugar en aquellos grupos
intermedios que la ley señale.

Estos tribunales estarán constituidos por un ministro de la Corte de Apelaciones


respectiva, elegido por ésta, y por dos miembros designados por el Tribunal Calificador
de Elecciones de entre personas que hayan ejercido la profesión de abogado o
desempeñado la función de ministro o abogado integrante de Corte de Apelaciones
por un plazo no inferior a tres años.

Los miembros de estos tribunales durarán cuatro años en sus funciones y tendrán las
inhabilidades e incompatibilidades que determine la ley.

Estos tribunales procederán como jurado en la apreciación de los hechos y


sentenciarán con arreglo a derecho.

La ley determinará las demás atribuciones de estos tribunales y regulará su


organización y funcionamiento.

Art. 86. Anualmente, se destinarán en la Ley de Presupuestos de la Nación los fondos


necesarios para la organización y funcionamiento de estos tribunales, cuyas plantas,
remuneraciones y estatuto del personal serán establecidos por ley.

CAPÍTULO IX

CONTRALORIA GENERAL DE LA REPUBLICA

Art. 87. Un organismo autónomo con el nombre de Contraloría General de la República


ejercerá el control de la legalidad de los actos de la Administración, fiscalizará el
ingreso y la inversión de los fondos del Fisco, de las municipalidades y de los demás
organismos y servicios que determinen las leyes; examinará y juzgará las cuentas de las
personas que tengan a su cargo bienes de esas entidades; llevará la contabilidad
general de la Nación, y desempeñará las demás funciones que le encomiende la ley
orgánica constitucional respectiva.

El Contralor General de la República será designado por el Presidente de la República


con acuerdo del Senado adoptado por la mayoría de sus miembros en ejercicio, será
inamovible en su cargo y cesará en él al cumplir 75 años de edad.

Art. 88. En el ejercicio de la función de control de legalidad, el Contralor General


tomará razón de los decretos y resoluciones que, en conformidad a la ley, deben
tramitarse por la Contraloría o representará la ilegalidad de que puedan adolecer; pero
deberá darles curso cuando, a pesar de su representación, el Presidente de la
República insista con la firma de todos sus Ministros, caso en el cual deberá enviar
copia de los respectivos decretos a la Cámara de Diputados. En ningún caso dará curso
a los decretos de gastos que excedan el límite señalado en la Constitución y remitirá
copia íntegra de los antecedentes a la misma Cámara.
240
Corresponderá, asimismo, al Contralor General de la República tomar razón de los
decretos con fuerza de ley, debiendo representarlos cuando ellos excedan o
contravengan la ley delegatoria o sean contrarios a la Constitución.

Si la representación tuviere lugar con respecto a un decreto con fuerza de ley, a un


decreto promulgatorio de una ley o de una reforma constitucional por apartarse del
texto aprobado, o a un decreto o resolución por ser contrario a la Constitución, el
Presidente de la República no tendrá la facultad de insistir, y en caso de no
conformarse con la representación de la Contraloría deberá remitir los antecedentes al
Tribunal Constitucional dentro del plazo de diez días, a fin de que éste resuelva la
controversia.

En lo demás, la organización, el funcionamiento y las atribuciones de la Contraloría


General de la República serán materia de una ley orgánica constitucional.

Art. 89. Las Tesorerías del Estado no podrán efectuar ningún pago sino en virtud de un
decreto o resolución expedido por autoridad competente, en que se exprese la ley o la
parte del presupuesto que autorice aquel gasto. Los pagos se efectuarán considerando,
además, el orden cronológico establecido en ella y previa refrendación presupuestaria
del documento que ordene el pago.

CAPÍTULO X

FUERZAS ARMADAS, DE ORDEN Y SEGURIDAD PUBLICA

Art. 90. Las Fuerzas dependientes del Ministerio encargado de la Defensa Nacional
están constituidas única y exclusivamente por las Fuerzas Armadas y por las Fuerzas de
Orden y Seguridad Pública.

Las Fuerzas Armadas están integradas sólo por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea,
existen para la defensa de la patria, son esenciales para la seguridad nacional y
garantizan el orden institucional de la República.

Las Fuerzas de Orden y Seguridad Pública están integradas sólo por Carabineros e
Investigaciones, constituyen la fuerza pública y existen para dar eficacia al derecho,
garantizar el orden público y la seguridad pública interior, en la forma que lo
determinen sus respectivas leyes orgánicas. Carabineros se integrará, además, con las
Fuerzas Armadas en la misión de garantizar el orden institucional de la República.

Las Fuerzas Armadas y Carabineros, como cuerpos armados, son esencialmente


obedientes y no deliberantes. Las fuerzas dependientes del Ministerio encargado de la
Defensa Nacional son además profesionales, jerarquizadas y disciplinadas.

Art. 91. La incorporación a las plantas y dotaciones de las Fuerzas Armadas y de


Carabineros sólo podrá hacerse a través de sus propias Escuelas, con excepción de los
escalafones profesionales y de empleados civiles que determine la ley.
241
Art. 92. Ninguna persona, grupo u organización podrá poseer o tener armas u otros
elementos similares que señale una ley aprobada con quórum calificado, sin
autorización otorgada en conformidad a ésta.

El Ministerio encargado de la Defensa Nacional o un organismo de su dependencia


ejercerá la supervigilancia y control de las armas en la forma que determine la ley.

Art. 93. Los Comandantes en Jefe del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea, y el
General Director de Carabineros serán designados por el Presidente de la República de
entre los cinco oficiales generales de mayor antigüedad, que reúnan las calidades que
los respectivos estatutos institucionales exijan para tales cargos; durarán cuatro años
en sus funciones, no podrán ser nombrados para un nuevo período y gozarán de
inamovilidad en su cargo.

En casos calificados, el Presidente de la República con acuerdo del Consejo de


Seguridad Nacional, podrá llamar a retiro a los Comandantes en Jefe del Ejército, de la
Armada, de la Fuerza Aérea o al General Director de Carabineros, en su caso.

Art. 94. Los nombramientos, ascensos y retiros de los oficiales de las Fuerzas Armadas
y Carabineros, se efectuarán por decreto supremo, en conformidad a la ley orgánica
constitucional correspondiente, la que determinará las normas básicas respectivas, así
como las normas básicas referidas a la carrera profesional, incorporación a sus plantas,
previsión, antigüedad, mando, sucesión de mando y presupuesto de las Fuerzas
Armadas y Carabineros.

El ingreso, los nombramientos, ascensos y retiros en Investigaciones se efectuarán en


conformidad a su ley orgánica.

CAPÍTULO XI

CONSEJO DE SEGURIDAD NACIONAL

Art. 95. Habrá un Consejo de Seguridad Nacional, presidido por el Presidente de la


República e integrado por los presidentes del Senado y de la Corte Suprema, por los
Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, por el General Director de Carabineros y
por el Contralor General de la República.

Participarán también como miembros del Consejo, con derecho a voz, los ministros
encargados del gobierno interior, de las relaciones exteriores, de la defensa nacional y
de la economía y finanzas del país. Actuará como Secretario el Jefe del Estado Mayor
de la Defensa Nacional.

El Consejo de Seguridad Nacional podrá ser convocado por el Presidente de la


República o a solicitud de dos de sus miembros y requerirá como quórum para sesionar
el de la mayoría absoluta de sus integrantes. Para los efectos de la convocatoria al
Consejo y del quórum para sesionar sólo se considerará a sus integrantes con derecho
242
a voto. Los acuerdos se adoptarán por la mayoría absoluta de los miembros en ejercicio
con derecho a voto.

Art. 96. Serán funciones del Consejo de Seguridad Nacional:

a) Asesorar al Presidente de la República en cualquier materia vinculada a la seguridad


nacional en que éste lo solicite;

b) Hacer presente, al Presidente de la República, al Congreso Nacional o al Tribunal


Constitucional, su opinión frente a algún hecho, acto o materia que, a su juicio, atente
gravemente en contra de las bases de la institucionalidad o pueda comprometer la
seguridad nacional;

c) Informar, previamente, respecto de las materias a que se refiere el número 13 del


artículo 60;

d) Recabar de las autoridades y funcionarios de la administración todos los


antecedentes relacionados con la seguridad exterior e interior del Estado. En tal caso,
el requerido estará obligado a proporcionarlos y su negativa será sancionada en la
forma que establezca la ley, y

e) Ejercer las demás atribuciones que esta Constitución le encomienda.

Los acuerdos u opiniones a que se refiere la letra b) serán públicos o reservados, según
lo determine para cada caso particular el Consejo.

Un reglamento dictado por el propio Consejo establecerá las demás disposiciones


concernientes a su organización y funcionamiento.

CAPÍTULO XII

BANCO CENTRAL

Art. 97. Existirá un organismo autónomo, con patrimonio propio, de carácter técnico,
denominado Banco Central, cuya composición, organización, funciones y atribuciones
determinará una ley orgánica constitucional.

Art. 98. El Banco Central sólo podrá efectuar operaciones con instituciones financieras,
sean públicas o privadas. De manera alguna podrá otorgar a ellas su garantía, ni
adquirir documentos emitidos por el Estado, sus organismos o empresas.

Ningún gasto público o préstamo podrá financiarse con créditos directos o indirectos
del Banco Central.

Con todo, en caso de guerra exterior o de peligro de ella, que calificará el Consejo de
Seguridad Nacional, el Banco Central podrá obtener, otorgar o financiar créditos al
Estado y entidades públicas o privadas.
243
El Banco Central no podrá adoptar ningún acuerdo que signifique de una manera
directa o indirecta establecer normas o requisitos diferentes o discriminatorios en
relación a personas, instituciones o entidades que realicen operaciones de la misma
naturaleza.

CAPíTULO XIII

GOBIERNO Y ADMINISTRACION INTERIOR DEL ESTADO

Art. 99. Para el gobierno y administración interior del Estado, el territorio de la


República se divide en regiones y éstas en provincias. Para los efectos de la
administración local, las provincias se dividirán en comunas.

La modificación de los límites de las regiones y la creación, modificación y supresión de


las provincias y comunas, serán materia de ley de quórum calificado, como asimismo,
la fijación de las capitales de las regiones y provincias; todo ello a proposición del
Presidente de la Repúblicas.

GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN REGIONAL

Art. 100. El gobierno de cada región reside en un intendente que será de la exclusiva
confianza del Presidente de la República. El intendente ejercerá sus funciones con
arreglo a las leyes y a las órdenes e instrucciones del Presidente, de quien es su
representante natural e inmediato en el territorio de su jurisdicción.

La administración superior de cada región radicará en un gobierno regional que tendrá


por objeto el desarrollo social, cultural y económico de la región.

El gobierno regional estará constituido por el intendente y el consejo regional. Para el


ejercicio de sus funciones, el gobierno regional gozará de personalidad jurídica de
derecho público y tendrá patrimonio propio.

Art. 101. El intendente presidirá el consejo regional y le corresponderá la coordinación,


supervigilancia o fiscalización de los servicios públicos creados por ley para el
cumplimiento de las funciones administrativas que operen en la región.

La ley determinará la forma en que el intendente ejercerá estas facultades, las demás
atribuciones que le correspondan y los organismos que colaborarán en el
cumplimiento de sus funciones.

Art. 102. El consejo regional será un órgano de carácter normativo, resolutivo y


fiscalizador, dentro del ámbito propio de competencia del gobierno regional, encargado
de hacer efectiva la participación de la ciudadanía regional y ejercer las atribuciones
que la ley orgánica constitucional respectiva le encomiende, la que regulará además su
integración y organización.

244
Corresponderá desde luego al consejo regional aprobar los planes de desarrollo de la
región y el proyecto de presupuesto del gobierno regional, ajustados a la política
nacional de desarrollo y al presupuesto de la Nación. Asimismo, resolverá la inversión
de los recursos consultados para la región en el fondo nacional de desarrollo regional,
sobre la base de la propuesta que formule el intendente.

Art. 103. La ley deberá determinar las formas en que se descentralizará la


administración del Estado, así como la transferencia de competencias a los gobiernos
regionales.

Sin perjuicio de lo anterior, también establecerá con las excepciones que procedan, la
desconcentración regional de los ministerios y de los servicios públicos. Asimismo,
regulará los procedimientos que aseguren la debida coordinación entre los órganos de
la administración del Estado para facilitar el ejercicio de las facultades de las
autoridades regionales.

Art. 104. Para el gobierno y administración interior del Estado a que se refiere el
presente capítulo se observará como principio básico la búsqueda de un desarrollo
territorial armónico y equitativo. Las leyes que se dicten al efecto deberán velar por el
cumplimiento y aplicación de dicho principio, incorporando asimismo criterios de
solidaridad entre las regiones, como al interior de ellas, en lo referente a la distribución
de los recursos públicos.

Sin perjuicio de los recursos que para su funcionamiento se asignen a los gobiernos
regionales en la Ley de Presupuestos de la Nación y de aquellos que provengan de lo
dispuesto en el Nº 20 del artículo 19, dicha ley contemplará una proporción del total de
los gastos de inversión pública que determine, con la denominación de fondo nacional
de desarrollo regional.

La Ley de Presupuestos de la Nación contemplará, asimismo, gastos correspondientes a


inversiones sectoriales de asignación regional cuya distribución entre regiones
responderá a criterios de equidad y eficiencia, tomando en consideración los
programas nacionales de inversión correspondientes. La asignación de tales gastos al
interior de cada región corresponderá al gobierno regional.

A iniciativa de los gobiernos regionales o de uno o más ministerios, podrán celebrarse


convenios anuales o plurianuales de programación de inversión pública en la respectiva
región o en el conjunto de regiones que convengan en asociarse con tal propósito.

La ley podrá autorizar a los gobiernos regionales y a las empresas públicas para
asociarse con personas naturales o jurídicas a fin de propiciar actividades e iniciativas
sin fines de lucro que contribuyan al desarrollo regional. Las entidades que al efecto se
constituyan se regularán por las normas comunes aplicables a los particulares.

Lo dispuesto en el inciso anterior se entenderá sin perjuicio de lo establecido en el


número 21º de artículo 19.
245
GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN PROVINCIAL

Art. 105. En cada provincia existirá una gobernación que será un órgano
territorialmente desconcentrado del intendente. Estará a cargo de un gobernador,
quien será nombrado y removido libremente por el Presidente de la República.

Corresponde al gobernador ejercer, de acuerdo a las instrucciones del intendente, la


supervigilancia de los servicios públicos existentes en la provincia. La ley determinará
las atribuciones que podrá delegarle el intendente y las demás que le corresponden.

En cada provincia existirá un consejo económico y social provincial de carácter


consultivo. La ley orgánica constitucional respectiva determinará su composición,
forma de designación de sus integrantes, atribuciones y funcionamiento.

Art. 106. Los gobernadores, en los casos y forma que determine la ley, podrán designar
delegados para el ejercicio de sus facultades en una o más localidades.

ADMINISTRACIÓN COMUNAL

Art. 107. La administración local de cada comuna o agrupación de comunas que


determine la ley reside en una municipalidad, la que estará constituida por el alcalde,
que es su máxima autoridad, y por el concejo. La ley orgánica establecerá un consejo
económico y social comunal de carácter consultivo.

Las municipalidades son corporaciones autónomas de derecho público, con


personalidad jurídica y patrimonio propio, cuya finalidad es satisfacer las necesidades
de la comunidad local y asegurar su participación en el progreso económico, social y
cultural de la comuna.

Una ley orgánica constitucional determinará las funciones y atribuciones de las


municipalidades. Dicha ley señalará, además, las materias de administración municipal
que el alcalde, con acuerdo del concejo o a requerimiento de la proporción de
ciudadanos que establezca la ley, someterá a plebiscito, así como las oportunidades,
forma de la convocatoria y efectos.

Las municipalidades podrán asociarse entre ellas para el cumplimiento de sus fines
propios. Asimismo, podrán constituir corporaciones o fundaciones de derecho privado
sin fines de lucro destinadas a la promoción y difusión del arte y la cultura. La
participación municipal en ellas se regirá por la ley orgánica constitucional respectiva.

Las municipalidades podrán establecer en el ámbito de las comunas o agrupación de


comunas, de conformidad con la ley orgánica constitucional respectiva, territorios
denominados unidades vecinales, con el objeto de propender a un desarrollo
equilibrado y a una adecuada canalización de la participación ciudadana.

246
Los municipios y los demás servicios públicos existentes en la respectiva comuna
deberán coordinar su acción en conformidad a la ley.

Art. 108. En cada municipalidad habrá un concejo integrado por concejales elegidos
por sufragio universal en conformidad a la ley orgánica constitucional de
municipalidades. Durarán cuatro años en sus cargos y podrán ser reelegidos. La misma
ley determinará el número de concejales y la forma de elegir al alcalde.

El concejo será un órgano encargado de hacer efectiva la participación de la comunidad


local, ejercerá funciones normativas, resolutivas y fiscalizadoras y otras atribuciones
que se le encomienden, en la forma que determine la ley orgánica constitucional
respectiva.

La ley orgánica de municipalidades determinará las normas sobre organización y


funcionamiento del concejo y las materias en que la consulta del alcalde al concejo
será obligatoria y aquellas en que necesariamente se requerirá el acuerdo de éste. En
todo caso, será necesario dicho acuerdo para la aprobación del plan comunal de
desarrollo, del presupuesto municipal y de los proyectos de inversión respectivos.

Art. 109. Los alcaldes, en los casos y formas que determine la ley orgánica
constitucional respectiva, podrán designar delegados para el ejercicio de sus facultades
en una o más localidades.

Art. 110. Derogado.

Art. 111. Las municipalidades gozarán de autonomía para la administración de sus


finanzas. La Ley de Presupuestos de la Nación podrá asignarles recursos para atender
sus gastos, sin perjuicio de los ingresos que directamente se les confieran por la ley o
se les otorguen por los gobiernos regionales respectivos. Una ley orgánica
constitucional contemplará un mecanismo de redistribución solidaria de los ingresos
propios entre las municipalidades del país con la denominación de fondo común
municipal. Las normas de distribución de este fondo serán materia de ley.

DISPOSICIONES GENERALES

Art. 112. La Ley establecerá fórmulas de coordinación para la administración de todos o


algunos de los municipios, con respecto a los problemas que les sean comunes, así
como entre los municipios y los demás servicios públicos.

Art. 113. Para ser designado intendente o gobernador y para ser elegido miembro del
consejo regional o concejal, se requerirá ser ciudadano con derecho a sufragio, tener
los demás requisitos de idoneidad que la ley señale y residir en la región a lo menos en
los últimos dos años anteriores a su designación o elección.

Los cargos de intendente, gobernador, miembro del consejo regional y concejal serán
incompatibles entre sí.

247
Ningún tribunal procederá criminalmente contra un intendente o gobernador sin que
la Corte de Apelaciones respectiva haya declarado que ha lugar la formación de causa.

Art. 114. Las leyes orgánicas constituciones respectivas establecerán las causales de
cesación en los cargos de alcaldes, de miembro del consejo regional y de concejal.

Art. 115. La ley determinará la forma de resolver las cuestiones de competencia que
pudieren suscitarse entre las autoridades nacionales, regionales, provinciales y
comunales.

Asimismo, establecerá el modo de dirimir las discrepancias que se produzcan entre el


intendente y el consejo regional, así como entre el alcalde y el concejo.

CAPÍTULO XIV

REFORMA DE LA CONSTITUCION

Art. 116. Los proyectos de reforma de la Constitución podrán ser iniciados por mensaje
del Presidente de la República o por moción de cualquiera de los miembros del
Congreso Nacional, con las limitaciones señaladas en el inciso primero del artículo 62.

El proyecto de reforma necesitará para ser aprobado en cada Cámara el voto conforme
de las tres quintas partes de los diputados y senadores en ejercicio. Si la reforma
recayere sobre los capítulos I, III, VII, X, XI o XIV, necesitará, en cada Cámara, la
aprobación de las dos terceras partes de los diputados y senadores en ejercicio.

Será aplicable a los proyectos de reforma constitucional el sistema de urgencias.

Art. 117. Las dos Cámaras, reunidas en Congreso Pleno y en sesión pública, con
asistencia de la mayoría del total de sus miembros, sesenta días después de aprobado
un proyecto en la forma señalada en el artículo anterior, tomarán conocimiento de él y
procederán a votarlo sin debate.

Si en el día señalado no se reuniere la mayoría del total de los miembros del Congreso,
la sesión se verificará al siguiente con los diputados y senadores que asistan.

El proyecto que apruebe la mayoría del Congreso Pleno pasará al Presidente de la


República.

Si el Presidente de la República rechazare totalmente un proyecto de reforma


aprobado por el Congreso y éste insistiere en su totalidad por las dos terceras partes de
los miembros en ejercicio de cada Cámara, el Presidente deberá promulgar dicho
proyecto, a menos que consulte a la ciudadanía mediante plebiscito.

Si el Presidente observare parcialmente un proyecto de reforma aprobado por el


Congreso, las observaciones se entenderán aprobadas con el voto conforme de las tres
quintas o dos terceras partes de los miembros en el ejercicio de cada Cámara, según
248
corresponda de acuerdo con el artículo anterior y se devolverá al Presidente para su
promulgación.

En caso de que las Cámaras no aprueben todas o algunas de las observaciones del
Presidente, no habrá reforma constitucional sobre los puntos en discrepancia, a menos
que ambas Cámaras insistieren por los dos tercios de sus miembros en ejercicio en la
parte del proyecto aprobado por ellas. En este último caso, se devolverá al Presidente
la parte del proyecto que haya sido objeto de insistencia para su promulgación, salvo
que éste consulte a la ciudadanía para que se pronuncie mediante un plebiscito,
respecto de las cuestiones en desacuerdo.

La ley orgánica constitucional relativa al Congreso regulará en lo demás lo concerniente


a los vetos de los proyectos de reforma y a su tramitación en el Congreso.

Art. 118. Derogado.

Art. 119. La convocatoria a plebiscito deberá efectuarse dentro de los treinta días
siguientes a aquel en que ambas Cámaras insistan en el proyecto aprobado por ellas, y
se ordenará mediante decreto supremo que fijará la fecha de la votación plebiscitaria,
la que no podrá tener lugar antes de treinta días ni después de sesenta, contado desde
la publicación de dicho decreto. Transcurrido este plazo sin que el Presidente convoque
a plebiscito, se promulgará el proyecto que hubiere aprobado el Congreso.

El decreto de convocatoria contendrá, según corresponda, el proyecto aprobado por el


Congreso Pleno y vetado totalmente por el Presidente de la República, o las cuestiones
del proyecto en las cuales el Congreso haya insistido. En este último caso, cada una de
las cuestiones en desacuerdo deberá ser votada separadamente en el plebiscito.

El Tribunal Calificador comunicará al Presidente de la República el resultado del


plebiscito, y especificará el texto del proyecto aprobado por la ciudadanía, el que
deberá ser promulgado como reforma constitucional dentro de los cinco días siguientes
a dicha comunicación.

Una vez promulgado el proyecto y desde la fecha de su vigencia, sus disposiciones


formarán parte de la Constitución y se tendrán por incorporadas a ésta.

Artículo final. La presente Constitución entrará en vigencia seis meses después de ser
aprobada mediante plebiscito, con excepción de las disposiciones transitorias novena y
vigesimatercera que tendrán vigor desde la fecha de esa aprobación. Su texto oficial
será el que consta en este decreto ley.

Un decreto ley determinará la oportunidad en la cual se efectuará el señalado


plebiscito, así como las normas a que él se sujetará, debiendo establecer las reglas que
aseguren el sufragio personal, igualitario y secreto y, para los nacionales, obligatorio.

La norma contenida en el inciso anterior entrará en vigencia desde la fecha de


publicación del presente texto constitucional.
249
DISPOSICIONES TRANSITORIAS

Primera. Mientras se dictan las disposiciones que den cumplimiento a lo prescrito en el


inciso tercero del número 1º del artículo 19 de esta Constitución, continuarán rigiendo
los preceptos legales actualmente en vigor.

Segunda. Mientras se dicta el nuevo Código de Minería, que deberá regular, entre otras
materias, la forma, condiciones y efectos de las concesiones mineras a que se refieren
los incisos séptimo al décimo del número 24º del artículo 19 de esta Constitución
Política, los titulares de derechos mineros seguirán regidos por la legislación que
estuviere en vigor al momento en que entre en vigencia esta Constitución, en calidad
de concesionarios.

Los derechos mineros a que se refiere el inciso anterior subsistirán bajo el imperio del
nuevo Código, pero en cuanto a sus goces y cargas y en lo tocante a su extinción,
prevalecerán las disposiciones de dicho nuevo Código de Minería. Este nuevo Código
deberá otorgar plazo a los concesionarios para cumplir los nuevos requisitos que se
establezcan para merecer amparo legal.

En el lapso que medie entre el momento en que se ponga en vigencia esta Constitución
y aquél en que entre en vigor el nuevo Código de Minería, la constitución de derechos
mineros con el carácter de concesión señalado en los incisos séptimo al décimo del
número 24º del artículo 19 de esta Constitución, continuará regida por la legislación
actual, al igual que las concesiones mismas que se otorguen.

Tercera. La gran minería del cobre y las empresas consideradas como tal,
nacionalizadas en virtud de lo prescrito en la disposición 17ª transitoria de la
Constitución Política de 1925, continuarán rigiéndose por las normas constitucionales
vigentes a la fecha de promulgación de esta Constitución.

Cuarta. La primera vez que se constituya el Tribunal Constitucional, los Ministros de la


Corte Suprema a que se refiere la letra a) del artículo 81, que hayan sido elegidos en la
segunda y tercera votación, y el abogado designado por el Presidente de la República a
que se refiere la letra b) de dicho artículo, durarán cuatro años en sus cargos y los
restantes, ocho años.

Quinta. Se entenderá que las leyes actualmente en vigor sobre materias que conforme
a esta Constitución deben ser objeto de leyes orgánicas constitucionales o aprobadas
con quórum calificado, cumplen estos requisitos y seguirán aplicándose en lo que no
sean contrarias a la Constitución, mientras no se dicten los correspondientes cuerpos
legales.

Sexta. No obstante lo dispuesto en el número 8º del artículo 32, mantendrán su


vigencia los preceptos legales que a la fecha de promulgación de esta Constitución
hubieren reglado materias no comprendidas en el artículo 60, mientras ellas no sean
expresamente derogadas por ley.
250
Séptima. Sin perjuicio de lo dispuesto en el inciso tercero del número 20º del artículo
19, mantendrán su vigencia las disposiciones legales que hayan establecido tributos de
afectación a un destino determinado, mientras no sean expresamente derogadas.

Octava. Las normas relativas a la edad establecidas en el inciso segundo del artículo 77
no regirá respecto de los magistrados de los tribunales superiores de justicia en
servicio a la fecha de vigencia de esta Constitución.

Durante el período a que se refiere la disposición decimotercera transitoria la


inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y del General
Director de Carabineros se regirá por la disposición transitoria vigésima y no les será
aplicable la limitación del plazo contemplado en el artículo 93 de esta Constitución, el
que se contará a partir de cuatro años del término del señalado período presidencial.

Novena. Los miembros del Tribunal Constitucional a que se refiere el artículo 81,
deberán ser designados con diez días de anticipación, a lo menos, a la fecha en que
comience el primer período presidencial. Para este solo efecto, el Consejo de Seguridad
Nacional se constituirá con treinta días de anterioridad a la fecha en que comience a
regir esta Constitución.

Décima. En tanto no entre en vigencia la ley orgánica constitucional relativa a los


partidos políticos a que se refiere el Nº 15 del artículo 19, estará prohibido ejecutar o
promover toda actividad, acción o gestión de índole político-partidista, ya sea por
personas naturales o jurídicas, organizaciones, entidades o agrupaciones de personas.
Quienes infrinjan esta prohibición incurrirán en las sanciones previstas en la ley.

Decimoprimera. El artículo 84 de la Constitución relativo al Tribunal Calificador de


Elecciones, comenzará a regir en la fecha que corresponda de acuerdo con la ley
respectiva, con ocasión de la primera elección de senadores y diputados, y sus
miembros deberán estar designados con treinta días de anticipación a esa fecha.

Decimosegunda. Mientras no proceda constituir el Tribunal Calificador de Elecciones, la


designación de los miembros de los tribunales electorales regionales cuyo
nombramiento le corresponde, será hecho por la Corte de Apelaciones respectiva.

Decimotercera. El período presidencial que comenzará a regir a contar de la vigencia de


esta Constitución, durará el tiempo que establece el artículo 25.

Durante este período serán aplicables todos los preceptos de la Constitución, con las
modificaciones y salvedades que se indican en las disposiciones transitorias siguientes:

Decimocuarta. Durante el período indicado en la disposición anterior, continuará como


Presidente de la República el actual Presidente, General de Ejército don Augusto
Pinochet Ugarte, quien durará en el cargo hasta el término de dicho período.

251
Asimismo, la Junta de Gobierno permanecerá integrada por los Comandantes en Jefe
del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea, y por el General Director de
Carabineros. Se regirá por las normas que regulen su funcionamiento interno y tendrá
las atribuciones que se señalan en las disposiciones transitorias correspondientes.

Sin embargo, atendido que el Comandante en Jefe del Ejército, de acuerdo con el inciso
primero de esta disposición es Presidente de la República, no integrará la Junta de
Gobierno y lo hará, en su lugar, como miembro titular, el Oficial General de Armas del
Ejército que le siga en antigüedad. Con todo, el Presidente de la República podrá
reemplazar a dicho integrante en cualquier momento, por otro oficial General de
Armas de su Institución siguiendo el orden de antigüedad.

Decimoquinta. El Presidente de la República tendrá las atribuciones y obligaciones que


establecen los preceptos de esta Constitución, con las siguientes modificaciones y
salvedades:

A. Podrá:

1) Decretar por sí mismo los estados de emergencia y de catástrofe, en su caso, y

2) Designar y remover libremente a los alcaldes de todo el país, sin perjuicio de que
pueda disponer la plena o gradual aplicación de lo previsto en el artículo 108.

B. Requerirá el acuerdo de la Junta para:

1) Designar a los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y al General Director de


Carabineros cuando sea necesario reemplazarlos, por muerte, renuncia o cualquier
clase de imposibilidad absoluta;

2) Designar al Contralor General de la República;

3) Declarar la guerra;

4) Decretar los estados de asamblea y de sitio;

5) Decidir si ha o no lugar a la admisión de las acusaciones que cualquier individuo


particular presentare contra los Ministros de Estado con motivo de los perjuicios que
pueda haber sufrido injustamente por algún acto cometido por éstos en el ejercicio de
sus funciones, y

6) Ausentarse del país por más de treinta días o en los últimos noventa días de su
período.

Decimosexta. En caso de que por impedimento temporal, ya sea por enfermedad,


ausencia del territorio nacional u otro grave motivo, el Presidente de la República no
pudiere ejercer su cargo, le subrogará con el título de Vicepresidente de la República, el

252
miembro titular de la Junta de Gobierno, según el orden de precedencia que
corresponda.

Decimoséptima. En caso de muerte, renuncia o cualquier clase de imposibilidad


absoluta del Presidente de la República, el sucesor, por el período que le falte, será
designado por la unanimidad de la Junta de Gobierno, la que deberá reunirse de
inmediato. Mientras no se produzca la designación, asumirá como Vicepresidente de la
República el miembro titular de la Junta de Gobierno, según el orden de precedencia
que corresponda.

Si transcurridas cuarenta y ocho horas de reunida la Junta de Gobierno no hubiere


unanimidad para elegir Presidente de la República, la elección la efectuará el Consejo
de Seguridad Nacional, por la mayoría absoluta de sus miembros, integrándose a él,
para este efecto, el Contralor General de la República.

Si fuere designado Presidente de la República un Oficial General de Armas o de Orden y


Seguridad, éste de pleno derecho y por el período presidencial que reste, asumirá la
calidad de Comandante en Jefe Institucional o de General Director de Carabineros, en
su caso, si tuviere los requisitos para serlo. En este caso, el Oficial General de Armas o
de Orden y Seguridad que le siga en antigüedad, en la respectiva Institución, pasará a
integrar la Junta de Gobierno como miembro titular, aplicándose la parte final del
inciso tercero de la disposición decimocuarta transitoria en cuanto a su Institución.

Decimoctava. Durante el período a que se refiere la disposición decimotercera


transitoria, la Junta de Gobierno ejercerá, por la unanimidad de sus miembros, las
siguientes atribuciones exclusivas:

A. Ejercer el Poder Constituyente sujeto siempre a aprobación plebiscitaria, la que se


llevará a efecto conforme a las reglas que señale la ley;

B. Ejercer el Poder Legislativo;

C. Dictar las leyes interpretativas de la Constitución que fueren necesarias;

D. Aprobar o desechar los tratados internacionales, antes de la ratificación


presidencial;

E. Prestar su acuerdo al Presidente de la República en los casos contemplados en la


letra B de la disposición decimoquinta transitoria;

F. Prestar su acuerdo al Presidente de la República, para decretar los estados de


asamblea y de sitio, en su caso;

G. Permitir la entrada de tropas extranjeras en el territorio de la República, como


asimismo, autorizar la salida de tropas nacionales fuera de él;

253
H. Conocer de las contiendas de competencia que se susciten entre las autoridades
políticas o administrativas y los tribunales superiores de justicia;

I. Otorgar la rehabilitación de la ciudadanía, en los casos a que alude el artículo 17


número 2º de esta Constitución;

J. Declarar en el caso de que el Presidente de la República o los Comandantes en Jefe


de las Fuerzas Armadas y el General Director de Carabineros hicieren dimisión de su
cargo, si los motivos que la originan son o no fundados y, en consecuencia, admitirla o
desecharla, y

K. Las demás que le otorgan otras disposiciones transitorias de esta Constitución.

El orden de precedencia de los integrantes de la Junta de Gobierno es el que se indica a


continuación:

1. El Comandante en Jefe del Ejército;

2. El Comandante en Jefe de la Armada;

3. El Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, y

4. El General Director de Carabineros.

Se alterará el orden de precedencia antes establecido, en las situaciones señaladas en


el inciso tercero de la disposición decimocuarta transitoria y en el inciso final de la
disposición decimoséptima transitoria, y, en tales casos, el integrante de la Junta de
Gobierno a que aluden dichas disposiciones ocupará, como titular, el cuarto orden de
precedencia.

Presidirá la Junta de Gobierno el miembro titular de ella que tenga el primer lugar de
precedencia de acuerdo a los dos incisos anteriores.

En el caso previsto en la letra B, número 1), de la disposición decimoquinta transitoria,


el o los nuevos miembros que se incorporen a la Junta de Gobierno conservarán el
orden de precedencia señalado en el inciso segundo.

Cuando uno de los miembros titulares de la Junta de Gobierno esté impedido


temporalmente para ejercer su cargo, lo subrogará el Oficial General de Armas o de
Orden y Seguridad más antiguo, a quien le corresponda de acuerdo a las normas sobre
sucesión de mando en la respectiva Institución, integrándose a la Junta en el último
lugar de precedencia. Si los subrogantes fueren más de uno, se integrarán a la Junta en
el orden de precedencia señalado en el inciso segundo.

Decimonovena. Los miembros de la Junta de Gobierno tendrán iniciativa de ley en


todas aquellas materias que constitucionalmente no sean de iniciativa exclusiva del
Presidente de la República.
254
La Junta de Gobierno ejercerá mediante leyes las Potestades Constituyente y
Legislativa. Estas leyes llevarán las firmas de los miembros de la Junta de Gobierno y
del Presidente de la República en señal de promulgación.

Una ley complementaria establecerá los órganos de trabajo y los procedimientos de


que se valdrá la Junta de Gobierno, para ejercer las aludidas Potestades Constituyente
y Legislativa. Estas normas complementarias establecerán, además, los mecanismos
que permitan a la Junta de Gobierno requerir la colaboración de la comunidad para la
elaboración de las leyes.

Vigésima. En caso de duda acerca de si la imposibilidad que priva al Presidente de la


República del ejercicio de sus funciones es de tal naturaleza que deba hacerse su
reemplazo, corresponderá a los miembros titulares de la Junta de Gobierno resolver la
duda planteada.

Si la duda se refiere a la imposibilidad que priva a un miembro de la Junta de Gobierno


del ejercicio de sus funciones y es de igual naturaleza que la referida en el inciso
anterior, corresponderá a los demás miembros titulares de la Junta de Gobierno
resolver la cuestión planteada.

Vigesimaprimera. Durante el período a que se refiere la decimotercera disposición


transitoria y hasta que entre en funciones el Senado y la Cámara de Diputados, no
serán aplicables los siguientes preceptos de esta Constitución:

a) Los artículos 26 al 31 inclusive, los número 2º, 4º, 5º, 6º y la segunda parte del
número 16º del artículo 32; el artículo 37; y el artículo 41, número 7º, en su referencia
a los parlamentarios;

b) El Capítulo V sobre el Congreso Nacional con excepción de: el número 1º del artículo
50, los artículos 60, 61, los incisos terceros a quinto del artículo 62, y el artículo 64, los
que tendrán plena vigencia. Las referencias que estos preceptos y el número 3º del
artículo 32, el inciso segundo del número 6º del artículo 41, y los artículos 73 y 88
hacen al Congreso Nacional o a alguna de sus ramas, se entenderán hechas a la Junta
de Gobierno.

Asimismo, la elección a que se refiere la letra d) del artículo 81, corresponderá hacerla
a la Junta de Gobierno;

c) En el artículo 82: los números 4º, 9º y 11º de su inciso primero, el inciso segundo en
su referencia al número 9º, y los incisos octavo, noveno, décimo, decimosegundo,
decimocuarto y decimoquinto. Tampoco regirá la referencia que el número 2º hace a la
reforma constitucional, ni la segunda parte del número 8º del inciso primero del mismo
artículo en lo atinente al Presidente de la República, como tampoco las referencias que
hacen a dicho número, en lo concerniente a la materia, los incisos segundo y
decimotercero;

255
d) El Capítulo XIV, relativo a la reforma de la Constitución.

La Constitución sólo podrá ser modificada por la Junta de Gobierno en el ejercicio del
Poder Constituyente. Sin embargo, para que las modificaciones tengan eficacia deberán
ser aprobadas por plebiscito, el cual deberá ser convocado por el Presidente de la
República, y

e) Cualquier otro precepto que sea contrario a las disposiciones que rigen el período
presidencial a que se refiere la disposición decimotercera transitoria.

Vigesimasegunda. Para los efectos de lo prescrito en el inciso tercero del artículo 82 de


la Constitución, la Junta de Gobierno deberá remitir al Tribunal Constitucional el
proyecto a que dicho precepto se refiere, antes de su promulgación por el Presidente
de la República.

Sin perjuicio de la facultad que se confiere al Presidente de la República en los incisos


cuarto y séptimo del artículo 82, corresponderá también a la Junta de Gobierno en
pleno formular el requerimiento a que aluden esas normas.

En el caso de los incisos decimoprimero y decimosexto del artículo señalado en el


inciso anterior, corresponderá, asimismo, a la Junta de Gobierno en pleno formular el
requerimiento respectivo.

Vigesimatercera. Si entre la fecha de aprobación mediante plebiscito de la presente


Constitución y la de su vigencia, el Presidente de la República a que se refiere la
disposición decimocuarta transitoria quedare, por cualquier causa, impedido
absolutamente de asumir sus funciones, la Junta de Gobierno, por la unanimidad de
sus miembros designará a la persona que asumirá el cargo de Presidente de la
República para el período a que se refiere la disposición decimotercera transitoria.

Para este efecto, la Junta de Gobierno se integrará por los Comandantes en Jefe de la
Armada, de la Fuerza Aérea, por el General Director de Carabineros y, como miembro
titular, por el Oficial General de Armas más antiguo del Ejército.

Si constituida la Junta de Gobierno en la forma indicada en el inciso precedente, no


hubiere, dentro de las cuarenta y ocho horas de reunida, unanimidad para elegir
Presidente de la República, se integrarán a ella, para este solo efecto, el Presidente de
la Corte Suprema, el Contralor General de la República y el Presidente del Consejo de
Estado y, así constituida, designará, por la mayoría absoluta de sus miembros, al
Presidente de la República y a éste se entenderá referida la disposición decimocuarta
transitoria, en su