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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA - FACULTAD DE INGENIERÍA DEPARTAMENTO DE HIDRÁULICA

INTRODUCCIÓN AL CONCEPTO DE CAVITACIÓN

Raúl Antonio LOPARDO

INTRODUCCION

Cuando un líquido escurre en una región donde la presión es menor que su tensión de vapor se forman espontáneamente burbujas en su seno. Las burbujas de vapor son arrastradas por el líquido en movimiento hasta una zona donde la presión es más elevada. Allí las cavidades se hacen inestables y se condensan por un proceso mecánico-químico que da origen a una violenta implosión. Si las cavidades se forman en contacto con paredes sólidas, o en sus inmediatas proximidades, las implosiones generan esfuerzos muy elevados que pueden provocar la erosión de la superficie sólida.

Este fenómeno de rotura está sistemáticamente acompañado de ruidos y vibraciones. A principios de siglo ya se habían observado importantes daños erosivos de esta naturaleza en ciertas máquinas e instalaciones hidráulicas. El uso de turbinas en la propulsión de embarcaciones y el consiguiente incremento de la velocidad de las hélices motivó que los ingenieros navales detectaran pérdidas en la eficiencia y destrucción de materiales componentes de dichos elementos. Poco tiempo después, el progresivo aumento de la velocidad de rotación de bombas y turbinas hidráulicas determinó que el fenómeno de daños, ruidos y vibraciones antes descripto pasara a tener singular interés en el campo de las máquinas hidráulicas. Finalmente, con el diseño y construcción de obras hidráulicas de grandes dimensiones sometidas a altas velocidades y fuertes fluctuaciones de presión, el tema se ha expandido de modo considerable dentro del ámbito de la ingeniería hidráulica.

Desde una publicación de Lord Rayleigh, que en 1917 analizara las presiones creadas en un líquido por la desaparición de una cavidad esférica (1), hasta la profusa y a veces contradictoria bibliografía actualmente disponible sobre numerosos aspectos del tema, los avances científicos han sido notables. No obstante, hoy es imposible dar una explicación completa e inobjetable del mecanismo de erosión por cavitación, subsistiendo aún varias controversias sobre ciertos procesos fundamentales involucrados.

1- DEFINICION DE LA CAVITACION

La definición más general que se puede dar a la cavitación es "la formación de cavidades macroscópicas en el interior de un líquido a partir de núcleos gaseosos microscópicos" (2).

El contenido de la cavidad es vapor del propio líquido, gas o una mezcla de ambos componentes.

1.1- Los núcleos microscópicos

En las primeras investigaciones desarrolladas acerca del tema de cavitación se pensaba que este fenómeno correspondía a una rotura íntima del líquido, de modo que las cavidades resultaban de una especie de "desgarramiento" de la estructura líquida. El orden de magnitud de los valores de tensiones de tracción necesarias para provocar tal ruptura puede ser evaluado siguiendo un cálculo aproximado, que se describe a continuación.

La distancia media entre las moléculas de un líquido depende de la temperatura y la presión. Para el caso del agua en condiciones normales, esa distancia es del orden del Angstrom (1A = 0,1 micrón). Si esa distancia entre moléculas aumenta hasta un cierto valor crítico, se

produce la ruptura del líquido y se forma la cavidad. Según la teoría cinética de los gases, ese valor crítico debe ser del orden de dos veces la distancia normal, es decir que se necesita un apartamiento de 0,2 micrones.

Se puede entonces estimar el valor de la tensión de tracción correspondiente al límite de rotura, que debe equilibrar a la diferencia de presión entre las caras interna y externa de la superficie esférica de la cavidad, p = 2 σ/R (σ es la energía superficial unitaria y R el radio de la cavidad). Si se adopta para el agua a temperatura ambiente σ = 0,0075 N/m y R = 10 -10 m se alcanza una diferencia de presión del orden de las 10.000 atmósferas.

No caben dudas que el cálculo precedente es una aproximación grosera. Si se tienen en cuenta las fluctuaciones térmicas que pueden llevar a favorecer la creación de burbujas, el valor calculado puede descender hasta casi en diez veces, pero aún superaría las 1.000 atmósferas. Los valores experimentales han demostrado que el proceso de formación de cavidades tiene lugar para esfuerzos singularmente menores, debido a que existen "puntos débiles" en los líquidos, llamados gérmenes de cavitación (3). Esos gérmenes son los núcleos microscópicos gaseosos, sin cuya presencia el fenómeno sería prácticamente imposible, ya que se deberían aplicar al agua tensiones locales superiores a las mil atmósferas.

El agua, por más limpia y tratada que se desee, contiene siempre núcleos gaseosos microscópicos en su interior. Algunos están abrazados a partículas sólidas hidrófobas, arrastradas por el escurrimiento y otros están capturados en las desuniformidades de las paredes que conforman el contorno d el dominio líquido. Para que se produzca cavitación estos núcleos gaseosos microscópicos tienen que volverse inestables y crecer rápidamente, hasta alcanzar los tamaños visibles de cavidad en el líquido.

Dos procesos pueden contribuir al desarrollo de los núcleos: a) una lenta difusión de los gases disueltos en el líquido circundante hacia el interior del núcleo, fenómeno denominado desgasificación, y b) el pasaje espontáneo de una cierta cantidad de líquido al estado de vapor y su concentración en el núcleo, llamado fenómeno de vaporización. Si bien el segundo aspecto presenta el mayor interés para la ingeniería hidráulica, es necesario considerar la difusión gaseosa, pues puede tener influencia en el crecimiento inicial de los núcleos.

1.2- Cavitación y ebullición

Si bien la causa habitual de la cavitación es una reducción suficiente de la presión a la que se encuentra en líquido, existen otros medios físicos de alcanzar la formación de cavidades. El más conocido de ellos es la elevación de la temperatura más allá del punto de ebullición. Obviamente, el fenómeno de vaporización puede resultar de un aporte de calor a presión constante o de una disminución de presión a temperatura constante. El uso ha reservado el término ebullición para el primer caso y el término cavitación para el segundo.

En una dada instalación, puede resultar importante conocer cuál de esos dos fenómenos es susceptible de aparecer, pues los problemas causados por uno u otro son diferentes (erosión de contornos sólidos, ruidos y vibraciones en la cavitación, fusión de pared para la ebullición), y los remedios que pueden aplicarse para limitar esos efectos deben ser adaptados en consecuencia. En base a lo expuesto, es sencillo diferenciar la cavitación, en la que los fenómenos de carácter térmico son despreciables, de la ebullición, donde esos procesos tienen preponderancia respecto de los fenómenos dinámicos.

1.3 Tipos de cavitación

La reducción de presión en el seno de un líquido que genera el fenómeno de cavitación se produce principalmente por dos causas distintas. Cuando la disminución de presión es una consecuencia del escurrimiento, se denomina cavitación hidrodinámica. Cuando la disminución de presión es debida al pasaje de una onda acústica por el líquido, se ha dado en llamar cavitación acústica o ultrasonora, pues la frecuencia de onda necesaria pertenece a ese dominio.

Además de los dos tipos principales de cavitación mencionados, gradualmente se han ido desarrollando otras alternativas. Tal es el caso de la cavitación provocada por la focalización de un rayo láser, que recibe el nombre de cavitación óptica. Los fotones utilizados para crear la cavidad en un líquido forman una categoría especial de partículas. Sin embargo, existen otras partículas, como los protones y los neutrinos, que pueden provocar la ruptura de un líquido. Según Lauterborn (4), la cavitación puede ser provocada por dos mecanismos esencialmente distintos: a) la tensión del líquido (cavitación producida por disminución de presión), que incluye los casos hidrodinámico y acústico, y b) un aporte local de alta energía, como en los casos de la cavitación óptica y cavitación por partículas.

En conclusión, se denomina cavitación hidrodinámica a la formación de cavidades macroscópicas en el seno de un líquido a partir de núcleos gaseosos microscópicos, por efectos de una reducción de la presión en un punto del escurrimiento, capaz de alcanzar un valor crítico, para el que los núcleos se vuelvan inestables y crezcan espontáneamente.

2- UMBRAL DE CAVITACION

Para determinar el umbral de aparición de la cavitación es necesario conocer el valor de la presión crítica p c del líquido necesaria para la vaporización de los núcleos a la temperatura ambiente.

A efectos de comprender el fenómeno de aparición de la cavitación ("cavitation inception") puede resultar útil examinar las condiciones de equilibrio estático de un volumen esférico de gas rodeado por un líquido. A pesar de que la cavitación es un fenómeno esencialmente dinámico, los principios básicos de su aparición pueden ser obtenidos de un análisis estático (5).

En el interior de la burbuja está presente la presión parcial de vapor de líquido allí contenido, es decir su tensión de vapor p v y la presión parcial p g de otros gases que componen el núcleo microscópico, generalmente aire.

Debido a la existencia de la intercara curva entre fases líquida y gaseosa se manifiesta una diferencia de presiones Δp = 2σ/ R entre la cara interior cóncava y la cara exterior convexa. Fuera de la burbuja, el líquido se encuentra a la presión p l .

Siendo p i la presión interna en la burbuja y p l la presión externa a la misma, la aplicación de la expresión de Laplace implica:

p = p i - p e = 2σ/ R ,

y

siendo p i = p g + p v , resulta:

p v + p g - p l = 2σ/ R,

o sea finalmente:

p l = p v + p g - 2σ/ R .

[1]

Si se admite como hipótesis básica que la temperatura y masa del gas en el interior de la burbuja permanecen constantes cuando el campo externo de presiones se va reduciendo en magnitud (transformación isotérmica en ausencia de difusión gaseosa) la presión parcial de gas p g para una masa dada varía inversamente con el volumen de la burbuja, es decir que:

p g = C/R 3 ,

donde C es una constante proporcional al número de moléculas respecto del peso del gas. La ecuación [1] puede entonces expresarse del siguiente modo:

p l = p v + C/R 3 - (2σ/ R) ,

[2]

o bien, dividiendo por el peso específico del líquido,

(pl - pv)/ γ = C/ R 3 - 2σ/ R .

[3]

En la figura Nº 1 se presenta un gráfico que posee en ordenadas el primer miembro de la ecuación [3] y en abscisas el radio R de una burbuja esférica.

La familia de curvas nace de suponer diferentes valores de la constante C, manteniendo un valor único para la energía superficial, σ = 72 dina/cm (agua a 20 ºC).

Se ha demostrado que la rama izquierda de las curvas de la figura Nº 1 corresponde a una situación de equilibrio estable (incremento lento del radio de la burbuja con una disminución de la presión externa) y la rama derecha a una situación de equilibrio inestable (aumento incontrolado del radio sin disminución de la presión externa).

De ese modo, cuando un núcleo gaseoso microscópico es transportado por un escurrimiento a lo largo de zonas de presión decreciente va aumentando progresivamente su radio, como lo indica el tramo AO de la figura Nº 1.

Al llegarse al mínimo valor de (p l - p v ) de la curva respectiva (punto O de la figura), la presión en el líquido alcanza el valor de la presión crítica de cavitación p c a la que corresponde un radio R c crítico del núcleo, y crece bruscamente en la rama de equilibrio inestable. Ello implica haber transpuesto el umbral de cavitación.

Los valores mínimos de las curvas para distintas constantes C se han unido con línea de trazos en la figura Nº 1, determinando una curva de (p l - p v ) en función del radio crítico de las burbujas R c . El valor de la presión de líquido pl correspondiente al radio crítico es el mínimo posible, por lo que se denomina presión crítica p c .

La función que surge de la citada curva puede ser obtenida fácilmente imponiendo la condición de mínimo a la expresión [3], es decir derivando (p l - p v ) con respecto al radio e igualando a cero.

0,3

0,2

0,1

0

-0,1

-0,2

Pe - Pv

g

(1)
(1)
(2) (3) (4) (5) (1) C = 1,84 x 10 -11 kg m x 10
(2)
(3)
(4)
(5)
(1) C = 1,84 x 10 -11 kg m
x 10 -11
(2) C =
5
kg m
x 10 -10
(3) C =
1
kg m
x 10 -10
(4) C =
5
kg m
(5) C = 1,0037x10 -9 kg m
1x10 -4
1x10 - 3
s
= 0,00729 kg / m
g
= 1000 kg / m 3
1x10 -4 1x10 - 3 s = 0,00729 kg / m g = 1000 kg /

1x10 -5

Pe - Pv = - 4 s 3 g gRc
Pe - Pv
= - 4 s
3
g gRc

R [ m ]

Figura Nº 1: Curva de equilibrio de núcleos gaseosos

Luego:

d(p l - p v )/ dR = -(3 C/ R 4 ) + (2σ/ R 2 ) = 0 .

de donde surge el valor del radio crítico

R c = (3 C/ 2 σ) 1/2 .

[4]

Teniendo en cuenta la expresión [3], y reemplazando p l y R por sus valores críticos respectivos, se obtiene

p c - p v = (C/ R c 3 ) - (2 σ/ R c ) ,

[5]

y reemplazando el valor del radio crítico dado por la expresión [4], puede calcularse la presión crítica p c :

p c = p v - (4 σ/ 3 R c ) .

[6]

Como la energía superficial entre líquido y gas es siempre positiva y el radio por definición no puede ser negativo, de la ecuación [6] surge como conclusión evidente que la presión crítica p c inexorablemente tiene que ser menor que la tensión de vapor p v . Ello implica que para que exista cavitación, la presión en el interior de un líquido debe descender por debajo

de la tensión de vapor a la temperatura del proceso.

La tensión de vapor depende de la temperatura y el grado de pureza del líquido. A mayor pureza y menor temperatura se tendrán menores valores de p v . Para el agua a la temperatura ambiente el valor de la tensión de vapor expresado en altura de columna de agua está comprendido entre -9,3 m y -9,9 m. La existencia de este valor mínimo en la relación pl p v = f(R) explica el inicio de la cavitación, porque revela que si la presión del líquido alrededor del núcleo microscópico es reducida suficientemente como para alcanzar el valor crítico p v expresado en la fórmula [6), la burbuja que se forma continuará creciendo progresivamente sin reducción alguna de la presión exterior. Luego, la cavidad formada se hace inestable.

Es importante notar en la figura Nº 1 que la inestabilidad de los núcleos no puede ocurrir si la presión del líquido que los circunda no es reducida por debajo de la tensión de vapor. La diferencia entre presión crítica de cavitación y tensión de vapor del líquido depende (para un líquido y una temperatura dados) de la dimensión original del radio del núcleo.

De la relación [4] surge que el radio crítico R c de un núcleo microscópico que sólo contiene vapor del propio líquido, sin gases disueltos (p g = 0) es nulo, ya que R c = 0 para C = 0. Consecuentemente, de la ecuación [6] se deduce que la presión en el líquido debería ser infinitamente negativa para que el fenómeno de cavitación tuviese lugar.

Por supuesto, el razonamiento expuesto no es correcto, pues el análisis previo deja de ser válido a nivel molecular. Sin embargo, sirve como elemento complementario de ayuda para la comprensión de la necesidad de contar con núcleos gaseosos microscópicos para alcanzar el umbral de cavitación. En el análisis previo se ha supuesto que el crecimiento de las burbujas es debido exclusivamente a la vaporización del líquido. En el caso más general y más realista (2) en que el núcleo también recibe una lenta difusión gaseosa antes de llegar al estado crítico, su evolución sería del tipo de la marcada en la figura Nº 1 con el tramo AO'. La diferencia OO' depende de la importancia de la desgasificación y, por consiguiente, del tiempo de pasaje de los núcleos por la zona de baja presión.

Como se expresara previamente, la ecuación [6] demuestra que la presión crítica de iniciación de la cavitación es siempre inferior a la tensión de vapor del líquido. Lo expuesto sugiere que la hipótesis aceptada universalmente (p c = p v ) no es justificada.

A pesar de lo expuesto, en la figura Nº 1 puede observarse que la tensión de vapor es una muy buena aproximación de la presión crítica se el radio de los núcleos gaseosos microscópicos supera los 0,025 mm. Burbujas de estos tamaños existen probablemente en todos los cursos de agua naturales, por lo que desde un punto de vista práctico, la hipótesis de considerar a la tensión de vapor como presión crítica de cavitación es suficientemente adecuada para el caso de estructuras hidráulicas de escala normal.

3- DESARROLLO DE LA CAVITACION

3.1 - Cavitación por burbujas aisladas

De los conceptos expresados en el análisis anterior se desprende que la cavitación podrá usualmente estar presente en un escurrimiento líquido en correspondencia con los puntos de

mínima presión.

Cuando se trata de escurrimientos que contornean perfectamente los bordes sólidos y el umbral de cavitación aparece aguas arriba de la zona de separación, los núcleos gaseosos que atraviesan la región de presión inferior a la crítica crecen hasta alcanzar el estado de cavidades macroscópicas. Esta burbujas continúan siendo arrastradas por el flujo hacia regiones de mayor presión, donde se contraen nuevamente e implotan.

En un mecanismo de este tipo, la evolución de cada burbuja se encuentra limitada por el tiempo de pasaje, más o menos veloz, a través de la zona de baja presión. Cada burbuja guarda su individualidad a lo largo de todo el desarrollo del proceso, aunque el gran número de cavidades pueda dar el aspecto de una nube uniforme al tramo considerado.

La figura Nº 2 esquematiza la evolución de esas burbujas. Allí se ha superpuesto el diagrama aproximado de presiones (referidas a la energía cinética por unidad de volumen del flujo no perturbado), de modo de apreciar la zona de aparición de la cavitación, donde se alcanza la presión crítica p c , y la zona de erosión por cavitación, en una zona de aguas abajo donde ya la presión en el líquido es netamente superior.

donde ya la presión en el líquido es netamente superior. Figura Nº 2: Cavitación por burbujas

Figura Nº 2: Cavitación por burbujas aisladas

Así, si bien la cavitación nace en las zonas de presión inferior a la tensión de vapor del líquido, los daños que pueden apreciarse sobre la superficie sólida aparecerán aguas abajo, en regiones de presión más elevada.

3.2- Cavitación por cavidades semipermanentes

Cuando el escurrimiento se separa del contorno sólido aparecen torbellinos en cuyos núcleos puede tener origen otro tipo de cavitación hidrodinámica, siempre que la presión allí sea suficientemente baja. La cavidad que se forma va adquiriendo un tamaño cada vez mayor hasta tomar el aspecto de un bolsón gaseoso, cuya posición no varía con el tiempo. Dentro de estas características se pueden considerar dos casos, según que las líneas de corriente presenten o no

un punto de estancamiento en la frontera sólida del escurrimiento aguas abajo del bolsón. El primero de estos casos se esquematiza en la figura Nº 3.

primero de estos casos se esquematiza en la figura Nº 3. Figura Nº 3: Cavitación por

Figura Nº 3: Cavitación por cavidades semipermanentes con punto de estancamiento

Este tipo de cavidad sufre generalmente oscilaciones periódicas, correspondientes a una fase de llenado (con una contracorriente que la hace explotar) seguida de una nueva expansión. La turbulencia existente en las fronteras de la cavidad principal favorece el arrastre de pequeñas burbujas individuales hacia el punto de estancamiento A. La presión relativamente elevada que reina en ese punto provoca un colapso de la burbuja en la inmediata proximidad de la pared.

El segundo caso corresponde a un desplazamiento del punto A de estancamiento al interior del líquido, aguas abajo del obstáculo, como lo muestra la figura Nº 4.

aguas abajo del obstáculo, como lo muestra la figura Nº 4. Figura Nº 4: Supercavitación Mediante

Figura Nº 4: Supercavitación

Mediante un mecanismo similar al descripto previamente, las burbujas son arrastradas desde los bolsones gaseosos semipermanentes hacia aguas abajo y alcanzan el colapso en las inmediaciones del punto A', a una distancia demasiado grande de los bordes sólidos como para producir daños erosivos. Esta condición caracteriza a los escurrimientos supercavitantes.

3.3- Cavitación por pulsos de presión

En los escurrimientos de elevada macroturbulencia se producen severas fluctuaciones de presión, de gran amplitud y baja frecuencia. Este tipo de flujo es común en los disipadores de energía de obras hidráulicas.

Las fluctuaciones de presión pueden dar lugar a la aparición de valores instantáneos suficientemente bajos como para incrementar seriamente los riesgos de cavitación, al alcanzar los rangos de la tensión de vapor del agua.

Es interesante destacar que la cavitación por pulsos de presión puede tener lugar en zonas donde el valor medio temporal de la presión es bien superior a la tensión de vapor del líquido, e incluso ampliamente mayor a la presión atmosférica (6). La figura Nº 5 ilustra esquemáticamente un registro de presión que alcanza la cavitación intermitente.

de presión que alcanza la cavitación intermitente. Figura Nº 5: Cavitación por pulsos de presión De

Figura Nº 5: Cavitación por pulsos de presión

De la observación de la figura Nº 5 puede surgir la duda acerca del tiempo tp mínimo necesario para que efectivamente pueda producirse la cavitación (7). La posterior implosión de la cavidad formada será luego inevitable.

Sin embargo, en virtud de los valores experimentales presentados por Johnson (5) para el tiempo de aparición de cavidades (del orden de 0,01 segundo a 0,00001 segundo) y las bajas frecuencias que se presentan en los escurrimientos macroturbulentos, es de suponer que siempre que se alcance el valor con cierta mínima probabilidad, la cavitación será inevitable.

4- COEFICIENTE DE CAVITACION

La iniciación de cavitación en un escurrimiento de presión media temporal y velocidad de referencia V puede ser caracterizada mediante un cierto valor crítico K c del coeficiente adimensional definido como

K = 2 ( - p c )/ ρ V 2 ,

y denominado "índice de cavitación" o número de Leroux. Si se adopta la hipótesis p c = p v , universalmente aceptada a los fines prácticos, el índice de cavitación K resulta

K = 2 ( - p v )/ ρ V 2 .

[7]

En el caso de turbomáquinas hidráulicas se reemplazan habitualmente las variables "p" y "V" del escurrimiento por variables directamente ligadas a la instalación, de donde la expresión [7] se puede transformar en:

K = (p a -H a - p v )/ γ H ,

donde K recibe ahora el nombre de coeficiente o número de Thoma (2), p a es la presión absoluta sobre la superficie libre del líquido (de aspiración para las bombas y de descarga para las turbinas), H a es la altura geométrica de la máquina y H es la altura neta de la máquina.

En cualquiera de sus formas, el coeficiente K traduce la relación entre el exceso de presión que se opone a la aparición de cavitación y la depresión dinámica, que la favorece.

El índice de cavitación no indica por sí mismo la posibilidad o no de cavitación. Para ello, es necesario compararlo con un cierto valor crítico K c , obtenido de ensayos experimentales. Si K es menor que K c habrá cavitación incipiente, mientras que si K es mayor o igual que K c el escurrimiento estará exento de cavitación.

Resulta evidente que las distintas condiciones geométricas del contorno sólido pueden alterar severamente los órdenes de magnitud de los valores críticos K c , por lo que el problema principal reside en poder contar con valores experimentales que cubran una amplia gama de casos posibles. De la numerosa bibliografía existente en el tema, lamentablemente no siempre coincidente (8) (9) (10), se expondrán a continuación dos casos diferentes.

a) La cavitación en obstáculos aislados: se pueden encontrar valores de K c en función de la velocidad media del flujo en la vertical, para distintas geometrías y posiciones de obstáculos tales como escalones rectos, triángulos, cilindros, cubos, ranuras de diversas formas, etc. Los valores de K c resultan mayores (y por lo tanto más críticos) para obstáculos angulosos y protuberancias perpendiculares al escurrimiento. Por ejemplo, si una corriente se encuentra con un escalón de 7 mm de altura, proveniente de una junta o discontinuidad constructiva de una pared sólida, el índice crítico de cavitación resulta del orden de K c = 2. Si ese escalón abrupto se suaviza con una pendiente de 20:1 el coeficiente crítico resulta K c = 0,2 es decir que se reduce en diez veces, y con ello el riesgo de cavitación disminuye sensiblemente (figura Nº 6).

En dientes deflectores de disipación de energía ubicados en canales de alta velocidad, si se tienen aristas vivas se alcanza un valor crítico K c = 0,7, reduciéndose a K c = 0,15 con un redondeo conveniente de los bordes.

Figura Nº 6: Índices de cavitación crítica en discontinuidades b) La cavitación en superficies rugosas.

Figura Nº 6: Índices de cavitación crítica en discontinuidades

b) La cavitación en superficies rugosas. En este caso se trata de evaluar el inicio de la cavitación en superficies de hormigón que poseen rugosidades de tamaño y distribución aleatorios. Si se considera como velocidad de referencia el valor V k , a la altura de la rugosidad equivalente de la superficie (11), el índice de cavitación dado por la ecuación [7] resulta

K = 2 ( - p v )/ V k 2 .

Se puede admitir que en el caso de hormigones de baja rugosidad equivalente (k menor de 5mm) el coeficiente crítico de cavitación alcanza K c = 1,3 y para hormigones de alta rugosidad (5 mm < k < 10 mm) un valor K c = 1,6.

5- COLAPSO DE LAS BURBUJAS DE CAVITACION

El colapso final de una cavidad bajo el efecto de una presión exterior creciente se traduce en una convergencia de las paredes hacia el centro. Este movimiento rápido de contracción puede liberar una gran energía bajo la forma de ondas de choque o de energía cinética del líquido, dando origen a la "implosión" de la burbuja. Para que el fenómeno expuesto produzca un daño erosivo constatable sobre un material sólido es necesario que la implosión se produzca contra esa pared o en sus proximidades inmediatas.

Las observaciones fotográficas de burbujas de cavitación han permitido verificar algunos criterios teóricos sobre crecimiento de núcleos y colapso de cavidades. Esas fotografías (12) no dejan dudas acerca de la inestabilidad d el movimiento de contracción final de una cavidad en el interior de un líquido, camino a su desaparición (figura Nº 7). Las causas de esa inestabilidad

pueden ser las que a continuación se enumeran.

pueden ser las que a continuación se enumeran. Figura Nº 7: Colapso de cavidades. Fotografías de

Figura Nº 7: Colapso de cavidades. Fotografías de Ellis (12)

5.1- Inestabilidad de Taylor

G. I. Taylor investigó la inestabilidad del movimiento de dos fluidos de diferentes masas específicas separados por una intercara plana. De su análisis surgió que el movimiento de esa intercara se hace inestable cuando existe una aceleración del fluido menos pesado respecto del de mayor masa específica.

Posteriormente, Plesset reiteró el análisis paro teniendo en cuenta los posibles efectos que la energía superficial y la compresibilidad de los fluidos podrían tener sobre el fenómeno. Según sus resultados, toda perturbación del movimiento de contracción tiende a amplificarse con el transcurso del tiempo, y como consecuencia de ello la fase final de colapso de las burbujas aparece como particularmente inestable. De una manera general, Plesset demuestra que las cavidades pierden completamente sus formas esféricas al reducirse su radio a un orden del 10%

del radio inicial con que se inicia el colapso.

5.2- Inestabilidad de Helmholtz

Esta inestabilidad proviene de una diferencia de velocidades tangenciales de los fluidos que se encuentran a ambos lados de una intercara. En movimiento impermanente, la aceleración de una burbuja es diferente a la del líquido que la rodea, debido a la diferencia de las masas específicas. El líquido, más pesado, tiende a mayores aceleraciones que el gas y vapor integrantes de la cavidad, cuya menor masa específica provoca menos aceleración para idénticas acciones externas. Debido a lo expuesto, la burbuja puede aplanarse en la dirección perpendicular al escurrimiento y sus caras adquirir finalmente una forma cóncava y convexa, como es esquematiza en la figura Nº 8.

cóncava y convexa, como es esquematiza en la figura Nº 8. Figura Nº 8: Deformación de

Figura Nº 8: Deformación de una burbuja en escurrimiento impermanente

5.3- Influencia de los gradientes de presión

En un caso general, las burbujas de cavitación atraviesan zonas con gradientes de presión variables. La presión del líquido no puede entonces ser la misma sobre toda la superficie de la burbuja, generándose una deformación de la misma, tanto mayor cuanto más grande sea el tamaño de la burbuja y por lo tanto menor sea la influencia de la energía superficial que tiende a mantenerla esférica.

Según los estudios fotográficos de Ellis (12) parece razonable considerar que la asimetría del campo de presiones exteriores a la cavidad afecta en mayor medida el fenómeno de colapso de las burbujas que los aspectos de inestabilidad descriptos en los dos parágrafos previos.

5.4- Influencia de los contornos sólidos

Es evidente que la presencia de un borde sólido puede modificar sensiblemente las condiciones de escurrimiento alrededor de una burbuja. Según los conocimientos actuales, las burbujas ubicadas contra una pared implotan perdiendo rápidamente su forma esférica, dando lugar a la aparición de un chorro líquido (microjet) que golpea directamente una sección casi puntual de la pared, de modo que la tensión alcanza valores excepcionalmente elevados. Este efecto se presenta en la figura Nº 9.

La velocidad del choque de ese chorro de sección infinitesimal sobre la pared es muy elevada, y las sobrepresiones locales pueden alcanzar valores del orden de 10.000 Kgr/cm 2 . Las experiencias desarrolladas sobre este tema han demostrado que todas las burbujas ubicadas a más de 0,1 mm de la pared pueden producir sólo ligeras sobrepresiones locales, incapaces de ser responsables de daños en la estructura de los materiales sólidos componentes del borde. Por otra parte, la mayoría de las burbujas arrastradas por el escurrimiento se encuentran en general

bastante más alejadas de las paredes que esa distancia, por lo que se deduce que los fenómenos de erosión por cavitación se deben a una escasa cantidad de cavidades prácticamente pegadas o muy próximas a los bordes sólidos (2).

pegadas o muy próximas a los bordes sólidos (2). Figura Nº 9: Colapso de una burbuja

Figura Nº 9: Colapso de una burbuja contra un borde sólido

El tema que se trata en este capítulo se encuentra en el presente aún en etapa de estudio y experimentación. De un modo general, podría considerarse que el fenómeno de erosión por cavitación depende de numerosas variables.

Los siguientes factores son algunos que presentan decisiva influencia en el colapso de cavidades y rotura de materiales sólidos: (a) presión del líquido exterior a las burbujas, (b) energía superficial, (c) masa inicial de gas en el interior de los núcleos, (d) difusión de gas desde o hacia las burbujas, (e) tensión de vapor del líquido, (f) transferencia de calor a través de las paredes de las burbujas y (g) posición de la burbuja respecto del borde sólido.

6- EROSIÓN POR CAVITACIÓN

Las necesidades crecientes de energía han motivado la construcción de obras hidroeléctricas cada vez más altas y más solicitadas. A pesar del mejoramiento sensible de metodologías constructivas y de contarse con criterios de diseño basados en experiencias previas y sólidos conocimientos teóricos, parece inevitable que aparezcan cada vez más problemas en aspectos que con anterioridad eran de menor magnitud y reducido campo de interés para el proyectista de estructuras hidráulicas. Ese es el caso de los fenómenos de erosión por cavitación, reservado en el pasado a la ingeniería naval y a las máquinas hidráulicas, y hoy el "delincuente de moda" de las obras de alta velocidad.

Para tener una idea aproximada de la magnitud de los daños que pueden presentarse, bastaría mencionar el caso de la conocida presa Hoover, en los Estados Unidos, cuyo túnel de descarga de fondo de 16,5 m de diámetro sufrió por efectos de la cavitación una rotura de 48 metros de longitud por 10 metros de ancho y por 8 metros de profundidad. Otro caso similar se ha constatado en Méjico, donde el túnel N° 5 de la presa del Infiernillo sufrió el levantamiento del revestimiento de hormigón reforzado de 1 metro de espesor en 40 metros de longitud, socavándose la roca hasta una profundidad de 7 metros en todo el ancho del túnel, de 13 metros de diámetro.

Debido a la cavitación por pulsos de presión sufrieron tan severas erosiones los dientes de caída del aliviadero de la presa argentino uruguaya de Salto Grande, que debieron finalmente ser eliminados. Esos dientes que integraban el disipador de energía tenían una altura de más de tres metros y eran de hormigón fuertemente armado, con revestimiento de material epoxy.

En el caso de paredes o pisos de hormigón, la acción destructiva de la cavitación se hace sentir fundamentalmente sobre el constituyente de menor resistencia, que obviamente es el ligante. Así, la erosión en torno a las partículas de agregado grueso va incrementado las discontinuidades y rugosidad del contorno, haciendo cada vez más críticas las condiciones de cavitación y aumentando progresivamente los daños.

La experiencia en la operación de obras hidráulicas ha demostrado que hay tres razones fundamentales responsables de daños por cavitación:

a) La presencia de formas irregulares de la superficie, resultante de deficiencias en el encofrado, en la terminación o en el curado, exceso de rugosidad, armaduras salientes, pozos y fisuras no previstas.

b) La presencia de discontinuidades estructurales en zonas de alta velocidad o alta fluctuación de presiones (juntas de dilatación, ranuras, dientes, bloques, pilares, deflectores, recatas, escalones, contracciones y expansiones bruscas).

c) La colocación de materiales inadecuados en la ejecución de las superficies en contacto con el escurrimiento.

Frecuentemente, los daños por cavitación son consecuencia de la acción conjunta de dos o más factores previamente señalados. A fin de disminuir los riesgos y acotar el problema, varios investigadores han publicado valores experimentales del coeficiente de cavitación crítico, experimentalmente obtenidos para las irregularidades más comunes en obras hidráulicas.

La intensidad de la erosión por cavitación aumenta con la velocidad del escurrimiento y con las fluctuaciones de presión, por lo que presas de gran altura o zonas con elevada macroturbulencia serán naturalmente más riesgosas.

En los aliviaderos a superficie libre se admiten en general defectos de terminación de las superficies de hormigón del orden de los 3 mm, mientras que en túneles descargadores de fondo, donde el flujo es a presión, se consideran peligrosas irregularidades de altura inferior al milímetro.

7- PROTECCIÓN CONTRA LA CAVITACIÓN

Resulta redundante, pero no por ello menos cierto, expresar que la mejor protección contra la cavitación es un buen diseño de la arquitectura hidráulica de las obras, de modo de simplemente evitar su aparición. Sin embargo, existen condiciones de borde técnicas y

económicas que hacen de esta regla una expresión de deseos, sencillamente impracticable.

Las principales condiciones a tener en cuenta para eliminar o disminuir los riesgos de cavitación en estructuras hidráulicas son los siguientes.

a) Elaboración de especificaciones rigurosas para la calidad de materiales y acabado de las superficies de hormigón, de manera de asegurar que no existan irregularidades provenientes de defectos constructivos, capaces de concentrar daños por cavitación.

b) Utilización de materiales especialmente resistentes a la cavitación (blindajes de acero, hormigones especiales o revestimientos con polímeros) en las zonas críticas de la obra.

c) Aireación forzada de la vena líquida en toda su periferia de contacto con las superficies que se desea preservar de riesgos por cavitación.

La opción (a) es de difícil o imposible completo cumplimiento, en especial si se trata de estructuras de amplias dimensiones. Por otra parte, no existen suficientes garantías acerca de las posibles irregularidades que aparecen a posteriori de la recepción de la obra, como consecuencia de la acción de agentes o ataques químicos sobre el hormigón que provocan fisuras inevitables y de la acción de sedimentos transportados por el agua, que pueden provocar abrasión de ciertas superficies.

Con respecto al tipo (b) de soluciones, resulta evidente que un completo blindaje de acero inoxidable presenta una terminación inobjetable, de mucha mayor resistencia a la erosión por cavitación. Sin embargo dos aspectos bien diferentes conspiran contra esta alternativa: el elevado costo que presupone cubrir amplias superficies con tal blindaje y la posibilidad de que las vibraciones propias de la cavitación por pulsos de presión tiendan a arrancar partes de ese blindaje, dejando la superficie totalmente desprotegida ante erosiones por cavitación.

Los hormigones ligados con polímeros o resinas epoxy presentan aparentemente resistencias muy superiores a las del hormigón convencional, siendo especialmente recomendados en superficies sometidas a bajas temperaturas y pequeñas amplitudes térmicas. Los hormigones especiales con fibras de acero incorporadas presentan algo menor resistencia que los mencionados anteriormente, pero parecen más adecuados para superficies expuestas a amplitudes térmicas considerables. Algunos investigadores proponen una combinación de polímeros y fibras de acero en el hormigón para dotar al material de una mayor resistencia a la erosión por cavitación.

La protección (c) por aireación forzada del escurrimiento en las zonas críticas es la que según la experiencia actual presenta resultados más ventajosos en los aspectos técnico y económico, pudiendo considerarse como una de las más interesantes innovaciones relativamente recientes de la hidráulica aplicada al diseño de grandes obras (13).

La presencia de una cantidad apropiada de aire en agua en contacto con la superficie a proteger, evita absolutamente los daños de erosión por cavitación previsibles para esa condición de escurrimiento sin impedir que la presión del líquido alcance el valor crítico de cavitación. Es evidentemente la alternativa más segura y de menor costo disponible contra la cavitación hidrodinámica en estructuras de gran porte.

Es posible considerar que la introducción de un cierto volumen de aire en la corriente líquida torna suficientemente compresible el medio agua-aire conformado en las zonas de baja presión, otorgándole una determinada elasticidad, capaz de absorber las ondas de presión que tienen lugar durante el colapso de las cavidades. En tal sentido, se afirma que una concentración del 8% de aire en agua en las proximidades de la superficie sólida a proteger elimina totalmente los riesgos de erosión por cavitación.

bien el tema está en plena etapa de investigación, existen evidencias de que la

incorporación de aire también resulta un medio apropiado para luchar contra la erosión por cavitación por pulsos de presión, pues tiene un doble efecto benéfico, evitando los daños puntuales y disminuyendo sensiblemente las amplitudes de fluctuación de presiones (14).

Si

REFERENCIAS

BIBLIOGRÁFICAS

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(3)

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(11) ECHAVEZ ALDAPE, G.: "Cavitation en vertedores", Publicación N° 415, Instituto de Ingeniería, Universidad nacional Autónoma de México, México D.F., 1979. (12) ELLIS, A.T.: "Observations on cvavitation bubbles collapse", C.I.T. Report, Hydrodynamics Laboratory, december 1952.

(13) DE

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(14)

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editado por J. Cunge y P. Ackers, Proc. of

XXII Congress