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FO LIS O FIA H.(éctor) A.(lvarez) MURENA
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Los números en rojo y entre corchetes corresponden a la paginación de la edición impresa

© MONTE AVILA EDITORES, C. A. Caracas / Venezuela

1976

Portada / Juan Fresán Impreso en Venezuela por Editorial Arte

Colección Continentes

Por la transcripción del texto: Antonio Tudela Sancho

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M AMÁ nasció otogenaria. Sí: otogenaria. Porque

quísolo ¡ansí y ya! ¡Vaya genio de la otogesimidade! Que heredara del su padre, por capricho de nobilesa también a los ochenta nascido.

Memoraba la vieja ante nosotros los sus hijitos el parto que la parira y el recuerdo sonreíbale, la popila teñíale de húmeda vanidad. Pues diz que cuando ella salióse del estó- gamo o pancsa de la su madre ésta quedóse tres semanas en los pisos desenflada y desmarrida y sin bullir, chata coal cinco de queso o pasa de uva que pie pisara pfff pfff pfff. ¿Y cómo menos cuanto que habíase deshecho de tamaño feto de uno ochenta de estatura y setenta kilos de peso que du- rante meses habíala estirado hasta la mananimida del doble? Ansí la partorienta tardaba en rejuntarse con su antigua identidade. Endemientre que el padre, el mi aboelo, a la risa que te reirás, satisfecho por el efeto que su semilla condal

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operaba en la consorte tendida que era mojier de pueblo.

Ahorrábase de tal suerte la mi alumbrada madre engüe- rros tales como el crescimiento, la niñera, el chopete y tiro- cinios otros de varia índole. Pero no créase que todo fue para ella hojaldre y festevidades, no. Que vino al mundo vestida, vino, de puro edocada y decente. Mas ¿no se le [8] osidó allá en aqueles aguas el camafeo de bronce en que todavía non atesoraba la imagen de cualcún de sus maridos? Si ya a la hora de dar el primer vagido hubo de ponerse a polirlo con

Y, como era garande, tenía que limpiarse por sí

mesma los pañales: ella se los cagaba y ella se los lavaba. ¡Fijaos si no es esforcsado en una recién nascida!

Estonce ese mesmo día el su padre, en viéndola tan bien plantada y porque la hambre lo arroinaba, mandóla de sopetón a que le comprase cualquequier charcutería. Y por las calles mamín buscó y buscó, aunque no sabía casi un pepino de nada. Encontró a la postre la tienda y mucho rogaba y pedía, mas el carniscero negósele y hasta echóla a la calle a empellones. Hubo de volverse con las manos sólo de lácrimas llenas. Y el su padre tomultuosamente interro- gábala, que por qué no habíale traído las morcillas, que por qué no habíanle fiado, que por qué non afanara. Cuando oyóla hablar para esplicarse, toda la su aristocracia truenó en un:

gamucsas

¡Mal ray que parióte, rapaza endiablada!

Frase que mamucha por largo no le perdonaría, ella nos contaba. Pero que tenía la su esplicación en el nóbile aboelo,

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sin contar la hambre chasqueada: el idioma que mamá tra- jese en el equipo natal no era el csulú, ni el albaniés ni el chucrute ni el seneicse ni mucho menos el chin, sino ¡el ganglio! ¡El ganglio! Fabla que non aveníase con nienguna de las avenids de iste mundo. Et allí estábase la póbere con su metro ochenta latiendo, estallando, fricando en la vana espresividade de los gang y anglí y kanglt y glanglénguc, locas caballerías con las que disparábase hacia los quovadis más negros. ¡Imaginaos al mi aboelo y estonce padre!

¡Sí! ¡Kikirikí, nena!

díxole, pronto para la respoesta.

[9] Y por delicadeza indescriminada csampóla de morros en la castilla. ¿Sabéis en cuánto tiempo se emparejó con ese idioma hespánico para ella desconoscido? En dos semanas: al mes sonaba como refranero vivo. Al año, disio- nario de utoridades. Tal era todo en la mi mamá que tuve:

Irrefrenabiles, tomultuosas foer-

zas, agitan, comprimen, estrujan mi glándola cordial. ¡Veo a la mi madre! Debo describírosla tal como se me presenta en la eternidat de su aparencia perecedera.

¡genial! ¡Mama

mamá

!

,

Hela aquí.

Notad el longuísimo cogote descarnado, invidia para una gallina en agonía. Los aún brillosos ojos marillentos derra- mándose en su estrabismo sobre universos siempre desa- parecidos. Admirad la dinamismo de su bustos, del tronco lancsado con fermesa hacia lante, paralelo al piso, en ángolo reto impecábile, gracias a una fortunosa artrosis congénita. Ansí avancsa primero la cabesa, gentil premicia en la que se

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encasqueta hasta las cejas un coqueto sombrerito de paja negra, endemientre que dos considerables orejones con aire de hojas moertas cuelgan su enima a los costados. Y oíd la música: el silbido leve aunque poncsante que, junto con una tenue rocío de saliva, acompaña cada soblime palabra que entona la su boca de peje. Considerad la pícara femineidad con que el chal constelado de caspa se abre para mostrar en el cogote el lunar borra de vino que una mata de pelos rialza. ¡Y la gracia de los muevemientos! Ese baile que es la vida mesma, ese andar renqueante, a saltitos, nascido de la rotu- ra del hoeso fémor, capacs de encender las más flegmáticas pasiones

¡Mamá!

Consígnoos al puncto que, sin desnaturalizer su mesme- dad mesma de otogenaria, mamá pluguíase en la variasión. [10] Ora íbase hasta la cima de los ochenta y cincos y las mejillas, el mentón, incloída la dentedura postisa innata, temblábanle en forma esquesita cual durasnos pasados a los que bastaría poca mirada foerte para que convirtiéranse en podre líquida. Ora abajábase hasta la sima de sus básicos ochenta y en el lunar del cogote crescíale más y más la pelambrera, la caspa renovada nevábale en poiéticos rauda-

les, los orejones diríase cantábanle al tornarse traslócidos

como pasas de pera

Hermosura, manético garbo, páganse en tasa al destino malo. Súpolo mamín, que muy al prencipio probó tragedia de las pasiones que levantaba.

¡Ah devina! ¡Ah sedutora!

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Contescióle ansí que un mancebo del entorno prendóse de ella, no por genérica gerontofilia folminante, sino, por vero amor de quilate sin ganga, amor por ella con el su metro ochenta, la su artrosis, el su lunar y hasta el su sombrerito de paja, combustión de mil trescientos grados centígrados por esa creatura única, sin duda que caba. Pero mamoche no tenía los hornos para aqueles bollos. Érase que haría sólo unos trece o catorce años desque paseábase por los valles deste mundo y veía aún inconveniencia en entregarse al traqueteo sientimental. Cuantimás que mamá, para proteger y disimular la fiacura nóbile del roncar a pata suelta de los sus progenitores, sobvenía a las necesidades de la casa mediante la atividad para la que, merced a la artrosis, parecía haber llegado foncionalemente mejor dotada, o sea lavando y planchando las ropas de un barrio entero. Y el chaval su apasionado ¿qué érase que era? ¡Érase que era basurero! Mogre sacábala la una y traíbala el otro. De modo que medid el quebranto que daríale a mamán cuando veíalo compa- rescer todo mogriento en medio de la albura de sus lienzos,

bragas y calsoncillos

higiene soltábale él cualcún de sus requiebros:

Y sobre el [11] quebranto de la

¡Dam bolilla, momiecita, o revient!

Replicábale ella con ciertos airados ternos en ganglio:

¡Klangt, klangt, klangt!

Y maguer sonáse mamá igualita a tranvía elétrico que viénese encima, el mogriento insistía con su fabla pasional:

¡Mi casa será el museo que necesitás, apolilladit de

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foego!

¡Y quién lo paraba! Vedáronle el paso trancando la cancel y por los fondos proponíase él con su llameante palabrada. Gimió estonce la madre de la mi madre que de esa suerte la pudicicia de la su hija percodiríasele, gemía. Y espulsó el mi aboelo al chaval a patadas, que así la hija no trabajábale, rugiba, aunque érase más por celo, que él como a la distraída gozábase los días noblados en sobarle con rijo el trasero. Mas ¿quién paraba al chaval? ¡Desde lo hondo del tacho de inmondicias, coal la Venus que surgiese de las aguas, comparescióse depués en contrabando este galán sincero! Y allí fue el escopetaso del padre y conde. Y allí la gran escapada por milagro ilesa del basurero.

Oyéronlo más pronto noctes enteras desde la calle cantare su maldichada pasión con acompañamento del dulce estrumento músico llamado quitarra. Pero oyéndolo des- oyéronlo, minoráronle el corazón. Hasta que hubieron de volver a verlo.

Descuelgóse una tarde el homme de los techos. Madre al columbrarlo sospendió el trabajo, tornóse piedra en ángolo reto. ¿Qué se pasaba? El mogriento traíba la color de la cara muy quebrada. ¡Hasta locía limpísimo! Miraba de fijo a mamín, mas habíasele consomido el juicio, embolismado la [12] sesera, desque farfullando non atinaba a encarnar palabra sana. Con facha astral y fiera desenfundó una birillante cochilla y, coal si la arma inyetárale loca templanza, dióse a hablar. Al colegir los desinios del galán la cara cubriósele a mamota de mador frío, el coerpo tucto echósele

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a rilar, maguer lo estival del día aquele. Le entregaría el su corazón, musitábale el basorero, para que ansí en sangre y tebieza y tremor comprobáse que era suyo lo que no había querido acetar. Y desnudábase la torso y en el pecto cavábase impertérrito un entrat. Ante tanta ferocia madre no sabía si desmayarse o reacionare. Endemientre la sangre manaba y manab y, apartando una costella, el homme ya

casi teniba su corazón en la man

ese mósculo con fatalidade y echóse a cridar espan- tabilement hasta que acudieron los sus progenitores. Al mesm tiempo el mancebo rodaba por los soelos, con el cor aún puesto, que las sabias costellas impedíanle se lo sacar.

No acabábase lí esta hestoria de neras y rojas tintas. Con hierros y pócimas, con cirojanos y barberos, cosido y salvo del coerpo fue el noblado chaval. Mas la nobe de la mente ¿quién se la espiantaba? Conque en tornando del salutífero, el basorero descolgóse garaganta abajo medio litro de sublimado corrosivo. A tal nienguno haríale ya nada. Y como el ácido heríalo a lo vivo y morfábale cada vez sol una poquita muy chiquitica de organésimo, trascurrió sus últims quinces días de vacasciones de tumba profiriendo exemplars alaridos, que en la casa contiga hincáronse coal espinas de una corona en la doliente cabesa de mamucha.

Pero mameta no ansiaba

Habéis visto pues la estrella aciaga que subióse sobre el oriente mesmo del amor de la mi matre. Timóla y mistificóla hasta tal punto con su luz traidora que, fablada por tant desdicha, mamín decidióse a tapar bajo el manto de la re- [13]legión sus atrativos peligrosos y alversos. Y no hubo tu

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tía que el conde esgrimiese, asemblado con la condesa, que que regaláranle el escudo de la familia, que que que entregaríanla al joez de menores, que que que que tuviese piedade dellos, que que que que que mesmo trabajarían un poquitín: ni chis ni mis. Allá marchóse con su dansarino paso tic toc tic toc tic toc.

Acogiéronl con alborocso las monjitas, que en tiempos de ateísmo andaban cortas de vocaciones júvenes. Observáronle con otra mira el ángolo reto de la artrosis, con lo que desde los maitines estábase pelando papas, ciebollas, gallins, cabesas de monjetas peloslargas, nabos, plumeros, barras de ferro pelara si poníanselas ante, narrábanos mami. Cualcunas de las hermanitas eran unas carantoñas capacses con su sola fealdade de provocar la descompostura de la tripa. Otras, jóvenes saltabarrancos que non dejaban de aspar y cotorrear. Mas, aunque una vez que balaban una ronda en el hoerto del claustro casi la enderecsan, lo coal valiba quebrarla, mamín sentíase felis, pues no había dellas intención malina.

Una cosica sola pertorbábala con su cosquilleare. Tra- tábase de una diferencia en el conceto relegioso. Mamín quería la comunione y la abadesa medíbala de arribabajo con la mirada y declarábale que a ella conveníale de orgencia la estremaunción. Érase la superior mojier de mósculo y boso

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abigotado, naris rapás, ojo de nero foego, enjuta de cintura y manánima de ispaldas, cuya fabIa de común sintetisábase en cuatro golpes de la contera del su bastón contra las soelos. Mas no íbale a la saga madre en empeño [14] timperamental. Modo que estuviéronse largo en los conque quiero comulgare y mirá que te escomulgo y a mí me dan la hostia y sométete a la estrema que buena falta te hace. Mamán por último acatósele a la superior, que ella sere nuevicia. Esa noche, cuando todo rumor húbose dormido borrach de soeño, la superior ordenóle a matre que tendiérase en la catrera, con lo que mami quedábase con las patas un poco parriba, los carcañares volando. Entonces asperjólla con varias salvas de latinasjos, ontóla con los santos óleos, masajéandola de coerpo enter, coal si tratárase de medecina para el rumatism, y era para la alma. Intimóla loego a que cerrase los ojos en respeto por lo que veniba y, endemientre arresciaban y desboradábanse los latines, mamán sintió cosa dur, más pronto identificada con el tallat mang del bastón de la abadesa, cosa dur que en la entrepierna trabajábale las partes de lí. El sacramento aquele dijérase poseía mil dedos buens, que rancábanle de la tripa delicia erránea y sotil. Mas acrescíace aquele mar poderosa, loquecíasce la agua quieta, adentrábase y dentrábase el elemento en el ser de mamán, hasta que sintióse morir de misticismo y, en tanto esalaba quedos aollidos, y felecitábase de fenecer ansí en la relegión, rindiósele el ánimo unos istantes. Agora perdió la vergi- neidad, nadie en form más pía.

Vuéltole la ánimo, vio a la luz de los ojos de la abadesa,

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que folgían en lo escuro ugual a bombilas de quinientas bojías, vio que ésta hallábase cabe la catrera compele- tamente en pelota, eceto el bastón que empuñaba, e inquie- tóse que no resultara aquello hórrido rito pagano. Demandóle estonce a su superior poroqué descaesciérasele antán el ánimo y poroqué resultábase ella tan desperendida de prendas. Encamándose junto a mamín, acalmóla la abadesa, revelóle que lo que sufriese fuera la pequeña moerte [15] que para moerte grande y buena preparaba. Añadió que metí- base en el leto a causa de que también ella sentíase preci- sada de una poca de estremaunción. Ansí ordenóle a mamu- cha que impartiérasela con la mano. Y al prencipio guiaba la esperta a la nuevicia. Mas al fin la mónaca echóse a plorar y convulsíase por la fe sacudida.

Narrábanos madre que como la felicidad no cabe en cuenta ni número no sabía cuánto tiemp pasárase en aquele claustro. Cascuna cumplía con los sus laboros especiales, dansaban más luego y siempre cantaban en coro canciones sacradas. Qui zás si protegíbala a mamín un poquitico la superior por eso de las estremaunciones a que ella habíasele acatado. Pero éranse noctes especiales con fiestas de guardar en que la abadesa convocaba a cualcunas otras hermanitas y con fervor unas a otras impartíanse las estre- mas. Y a éstas empero luego no mesquinábales cualquequier bastonaso. Qui zás qué sería. El caso es que mamín gosóse meses y años de inmacuIada esistencia relegiosa.

Repentinamente, sin embargo, como con estrumpido de rayo y trueno, otra luz hísose en mamoche, que no la de las

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bombillas de quinientas bojías de la abadesa. Reclamábala el mundo en porción de gloria que le pertenecía. Y malgrado la mónaca abadesa que cridaba, mamán salióse abante con su maletín y el tranco largo de la alegría: trocotroc triquitric trocotroc.

Los condales y de pro genitores a dormir otras siestas, las indespertables, habíanse endemientre marchado. Virtióles mami la agua tibia y salobre de la filiación y, contemplando los suelos en derredor, conosció que estaba sola.

La necesitat mirábala ceñuda, la orfandad empujábala

patrás y palante, el desconcierto mordíale el lobanillo de [16]

la oreja esquierda: se curar debía. Agora, mementaba mamá,

conchabóse de criada de calesquier servicio en una casona millonariamente empingorotada. Y allí la esplotación, que ella no notara en su candor de nóbile precapitalista. Que súbame y que bájeme, que límpieme y que enróñeme, que tróteme y que galópeme, que cuésame y que cósame. Érase el día entero, desde la alba hasta la medianoche, de la sevicia del servicio doble y pleno. Estábase mami sorbiendo su pitansa del suelo de las cocinas, que el personal no gastaba plato ni utensillo otro, cuando clamábala la ama, que vestíase toda con laminillas de oro, para que fuese a rascarle la cola a la

víbora pitón, el su animal doméstico preferido. Abajábase madre las bragas para echarse una meada en el lógobre

escusado, cuando sin escusa ni meada debía correr a ayudar

a la señora a limpiar al su señor, que se abría con una

llavecica por la espalda y estaba vacío, salvo las basuras que

la señora le poniba adentro.

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Descabalada por el trajín, decíanos mami, ocultábasele mesmo la inteleción del trauma que padecía. Hasta que requebrósele el ayudante de cocina, sagal más negro que la pes, que oficiaba en los feriados de bombero voluntario, acaso por la afinidad ínea de su pellejo arrebatado. y requeríala y zureábale y golpeábale a la puerta de la noche, con toda la calor de homme de cocina e incendio. Mamán, que de sus monstruaciones concluía que la solitud san- grábale asas por la entrepierna, mamán a quien la olor de la catinga gostábale un poquitín en las narinas, mamán, libre de prejuicios sociales, raciales o relegiosos, abrióle al fin al trémulo tizón la puerta no sólo de su desván. ¡Y cómo entra- ra, más tierno que la estremaunción y más piafante que vein- te caballerías!, sonreíbase mamu. Idolatráronse con tanto desenfreno que cuando enredábanse en el nudo aman-[17] cial a los dormidos habitantes de la casa, incluyendo a la víbora pitón, sin que lo alvirtieran enrisábanseles todos los pelos. Ansí el servicio cobrióle también la noche, pero de borracha dulsura.

Popular de orígenes y cuantimás morocho de la color, el cocinerete tenía aguda la mirada de la alcantarilla y soblevábase por la trata que los adinerados daban a mami, estonce la su pasión. Bufaba el fogoso bombero volontario y descaragaba golpes contra el suelo y escupía por las ventanas de la indinación. Narró mama que ella procuraba calmarlo dándole capirotasos en la verga y en los compa- ñones, pero que no avalaba el arteficio desque su galán soliviantábase más con ello. Sumad que una noche, fuere

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porque el contubernio descarajóse al estremo, fuere porque el material hallábase carcomido, una noche al maestro tizón mami partiósele en cuatro partes. Repuesto el orden non sin cualquequier batahola, que el nero la anatomía no sabíasela mucho, reclamó que aquello era por la brutesa con que sarandeábansela los poderosos, que así su mojier no estaba en condiciones de morder ni el choclo hervido y que patatí que patatá. Allí afirmóse en alejar a madre de tal casa y manumitióla de la servitud.

Alquiló el moreno una chabola, condújola a mami a los

altares y latíales el cuer al unísono con música de relós celestial. Industrioso tizón por las calles, si vendía peje las más de las veces pútrido, no escatimaba la dinámica interior

y a fuerza de entrar y salir dejóla a la vieja preñada del

primogénito de mis hermanos. Deshecho que se hubo la cinta de la barriga de mi madre, humedecido el bautismo y mordido

el confite del casal perfeto y frutecido, mamán notó en el su

consorte fenómeno muy feo. A cada que que ella parlábale,

caíbanle al homme de lo interno unos [18] grises pedasicos.

E interrogábalo y el negro lo más campante replicábale que

sentíase muy bien, tanto de la alma como de las carnes, maguer lo algo escuro de éstas. Mas prolungábase el fenómeno y mami, golpeándolo, oíalo en más y más hueco. ¡Hasta que dióse contra la cuenta esata de la razón! ¡Y qué golpe sofriera la mamá mía! Palidescía al contárnoslo, sin mengua de los años pasados. Pues descobriera entonce que ella, ella mesma, la hija del conde, ¡era una embalasamadora de hommes! A las mientes vínosele cual dardo aciago el

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recuerdo de la su ama y del su hueco marido. ¡Y ella con el mesmo poder aleve! Como con ternesa y sonrisilla y carisia y arrullo, mas inesorables, parloteando y tirando y golpeteando y retorsiendo, iban las mojieres dejando a los hommes en el adentro vacíos y luego, igualitos a los que fueran, ¡marchaban por el mundo embalasamados y peremidos! En el cogollo de aquel calofriante secreto que descobriera con- solábala a madre saber que casi toda mojier, aunque non fable dello, hácelo, que no era sola ella. Pero alvertíanos a nosotros los sus hijitos con harto empeño que mirarámos a los hommes por separado y también en las juntas dellos, como en partidas de balompié, celeberaciones patrias y quilombos, para que los descobriéramos embalasamados y autómatas. Peor cridábanos empero sobre el cuidado que, ya mayorcitos, debíamos poner al acercamos a hembra cualque- quier por este risco grande. Cridaba tanto estonce que casi se enderecsaba.

Que mojier como ella estraño seríase que encontrá- ramos, preveníbanos. Pues nostante consolárase ella de no ser sola en el defeto, no consolábase de socavar al su amado catinga. Meditó endemientre el homme perdía y perdía sus pedasicos. Y finó la cosa en que lo echó de casa. Deses- perábase y arrabiábase el négoro diciendo que dónde metía agora la [19] manguera. Pero mamá cerróle la juntura, aunque más que a él doIíaIe, y rempujábaIe la puerta contra el morro, porque más que a sí mesma amábalo. Largos días ploró el retinto de cuclillas en el umbral, mientras mamu en ángolo reto imitábaIo tras la puerta. Y a la fin resinóse el

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homme y sólo cadacuando apropincuábase para tocar un poco la cabecita de su hijito. Hasta que esfumóse el negro en la negra noche hermana del mundo.

Espasmosa y cavalcante salióle a mamoche la vida pasional. Pues si el garbo de la artrosis y la viejez, el ojo infinito, asegurábanle donceles de toda calaña y formato, que caiban folminados como moscas a los sus pies, aquel fator de embaIasamadora forcsábala a recursarlos no bien veía que no aguantaban en lo dentro dellos el su invisible boril. Con lo que todo matrimonio limitábase a pocos polvos, que si acaso la preñez del feto y sanseacabó que te polverisas por el polvo poco y a los suelos te madrugas. Sofríase abastante con las tales bruscas entradas y partidas y adioses, decíanos la mamá. No durase casi nenguno más que el catinga. Y el solo que durara fuese por vengancsa de madre. Aunque non fablara claro dello, barrunto que tratárase del mío padre, que non lo conoscí nuenca, pues este castigado era descobridor como yo. Pues fijaos que una noche este homme inquieto esploróle la asentadera y, descobierto que hubo el conduto que hay por la bajura, apersonóse él y rompióle el gollete, que no se lo habían hecho. Confidábanos mami que non era que non arregostárase con el introito aquele, pero acom- pañábase con la dolor y el conflito de la voluntade. Que ¿qué creíbase que no llamara antes de entrar, que no preguntara la temperatura local de la derechohabiente? Procrastinólo, memoraba meme con sonrisa torbia de picaradía, procras- tinólo al temerario endemientre percudíase adentro [20] de manera grande. Si él quebrábale el culo, más que el culo

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quebrábale ella, que lo que hacíale era agujero de la perso- nalidad. E non relevólo hasta que no perdiera la metad de la persona.

Crescíamos entanto los hermanastritos, que por junto éramos siete, una hembra y seis másculos. Deficoltades ahorrábansenos pocas, entredellas la mala hambre. Pues mamina con arrastrar la bola del feto, que veníale grande y, por el ángolo, rodábale una poca por los pisos, con arrastrar la bola, digo, con parir más luego y con atetar después al neonato, estábase quasisiempre cual feriado no laborable. Marido no abondaba, desque ella no reteníalos y en veces que habíalo más valiere que no lo hubiese, pues hasta de la poquedumbre hacíanse los tales maridos tragantona, sin nada jamás traer. Cómo éramos muy pequeñitos non podíamos laborar, bien que cuando arribóles la edad varios de mis hermanitos fogáronse, cual sus padres desvane- ciéronse en los aires. Mendigábamos talora cualcún pan por las calles. Y mamán dirigía sus peticiones a los gobiernantes del estado. Iba a golpear a la poerta del gobiernante de turno para que la pensionasen por mérito esforcsado. ¿Non era ella de alcurnia de pro? ¿Non tuviere marido senador, que era aquele que sólo comparescíase a la hora de la sena? ¿Non había donado a la patria oro, una cápsula dentaria que al pronto sustituyérase por otra de aciero inosidable? ¿Non era

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una donadora de sangre que arrejontando sus monstrua- ciones, que no despilfarrándolas cual otras, había complido siete hijitos para el estado y los gobiernantes? ¿Non tornaba a ofreser su propia sangre en las personas de [21] los tales hijitos, que estaba más que dispuesta a osequiar por sepa- rado o por junto a calesquier istitusión que los quisiere para lo que le viniere en gana? Pensionáranla, cridaba, que en ella el mérito de harto regoldaba. Pero sin el ésito bueno atermi- naron tales peticiones, más bien con el malo, pues comón- mente exturbábanla, o sea, como dice mingo revulgo, echá- banla a patadas.

Donde madre brilló cual el rey astro en medio cielo fue en la nuestra edocación. Mirad si os digo de emproviso que para evitar cada sospecha de pérfida descreminación, para grabar de golpe en nuestras almas niñas la humildad, la fraternidad coral, el humanitaresimo y vertudes otras, púso- nos a todos los sus hijitos el mesmo nombre de Dagoberto. Pásmaseos el aliento, ¿verdad? Y estáis ante un simple de- talle

Frente a esos inormes interrogantes que levántanse en el piélago de la vida edocativa cuemo barbáricas olas para hacer sosobrar en la confusión barcas de padres y madres e incloído de aboelos y tíos, mamán tomaba siempre al toro por las astas y devolvíbalo ordeñado igual que abólica vaca rumiante.

Preguntadme, por ilostración, qué hizó con ese enima del seso, el candente y bruIante ojeto que los padres quieren no tocar y tíranselo de las manos una y otra vez hasta lo

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cuItar bajo la catrera, con lo que los hijitos no saben dende- luego qué se hacer con sus órganos y pianos, pitos y ujeros, que cualcunos creen hasta la tomba que sirven para plantar patatas solamente. Pues mami, saltando por sobre cualcún engañador oufemismo, mefiándose de la dubdosa embajada de calesquier fabla o palabra o sémbolo, ¡abocónos dire- tamente a la ación! ¡Ación con ella, que sabíase bien la prática y el muevemiento aqueles! Generosa y cúemo no, [22] la vieja dióle a la calistenia con cada uno de nosotros, maguer rechináranle las articolaciones de su descangallado esqueletro y calambrárasele la mosculatura. Ansí, entre chillidos de dulse sorpresa nuestra y modulados aullidos de gastadora esperimentada que era ella, tuvo las premisias de todos nosotros. Mesmo la de Dagoberta, que estremescíase cual epilética mientras mamá trabajábale la hymen con el mango de un plumero. ¿Apreciáis lo sano para la alma y el coerpo que era esto? Desfogarse del misterioso fuego del seso con la propia madre era garantía de limpieza y terneza. Aprender con creatura tan prócsima todos los muevemientos y posciciones que alargan el almíbar aquele era eludir el ridícolo y la verguencsa que luego suelen sofrirse. Nada del risco de la maladía del estraño. Nada de mancanzas y errores después. Nada de inorancia. Nada de pavura.

Al correr de esta relasión podré sin dubda daros nuevas ilostraciones de la genialidad edocativa de mi mamita que- rida. Mas pásome a otro item agora, y sigo.

Y es que cuando desfondábase hasta los ochenta y cinco años másimos, desposcición que sobrecaíbale cada

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vez con mayor frecuencia y non ya a voluntade, cuando tal, digo, sentía demasiado cerca della el vientecico de la escura garlopa de la moerte y echábase a berrear y lacrimear, manifestando que la vida habíale sido avara y cridaba:

¡Dagoberto!

Con lo que todos los polluelos al istante estábamos en su torno. Y ella quejándose de que, con su nobileza hacia los hommes, la vida habíale sido tacaña y avara y clamaba:

¡Dagoberto!

Tal vez sin alvertir, por el velo de la lácrima, que está- bamos allí, insistía resongando que la vida cortárale el pla- [23]cer al melésimo, que marchábase descomplasida. Y estonce recaíbase en la nostalja de la su joventude de mo- naca y buscaba que le arrimásemos un bastón a las partes de la estrema, cual hacíalo la abadesa de las quinientas bo- jías. ¿Cómo negarnos nosotros los sus hijitos a dar algo a una mamota que todo nos había lo dado? Al laboro po- níamos.

Laboro que era luengo. Pues causa que fuera que con la viejez mami no logoraba la consentración de las mientes necesaria para llevar el ato a su jacarandoso cúlmine de calorfrío, causa que fuera que por perita y esperta en tal ación sesual la vieja prolungábala hartamente para compensarse del relajo del senso antán no gosado, el caso que érase era que cada uno de sus polvos duraba horas y mesmo días. Que convolsionábase al pronto cual si el bastón causárale cosiquillas, que maullaba cual cata parida, que

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lansaba espumarajos por las bocas endemientre desma- rríbansele los ojos, pero venirse de aquellos picachos y montañas no se venía. Y cuán celosa de non dejáranos pa- rar, que se le cortaban las leches, amenazaba. Por ello tomá- bamos por turno con la bomba o bastón de bate y frega hasta que los brazos caíbansenos mortidos.

Contescíónos que varios de nosotros querimos praticar la ación con la nuestra madre, tanto por habitudine, que ella habíanos desvirigado, como por ustión en la propia verga y por ver si logorábamos que se viniese más pronto. Pero estonce a mamán aquele naturalidade repunábale, provo- cábale grande cólera y a puntaspiés limpios rechazónos a todos, que ella estaba empeñada en el bastón que recor- dábale a la abadesa de la su joventude.

Peoróse la situación desque mami diose a recordar al mi por mí sopuesto padre y al ujero que él rajárale en el culo de sentar, con lo que ya mesmo desvivióse para que con [24] otro palo le catáramos por ver si todaviba estaba. Ello con inormes recomendasciones de que no abandonásemos el laboro en la puerta de Ocidente. Y ansi caesció que hubimos de establecer otro turno semultáneo en la puerta de Oriente, que era el culo que el mi padre abriera. Pero como la semultaneidad en los muevemientos de los dos equipos no era fácil de logorar, allá soliba andar la vieja por los aires en bisarra ginasia en la que navegaba tan pronto con el Ocidente como proa, tan pronto con el Oriente en el mesmo lugar. Y ella por cualquequier razón cridaba en forma nota- bile.

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Aquele ginasia en doble turno dejábanos mortidos no sólo de las estremidades sino del coerpo entero, que la nos- talja de mamín por los polvos no espolvoreados y la joventu- de mostrábase incesante. Y los mis hermanastritos encloída Dagoberta, que también laboraba de bastonera, encomen- saron a mirarme fijo. Mirábanme porque dende la puericia más chequitita revelárame yo como espiecialista en mecáni- cos arteficios. Echéme estonce a cavilar y más loego fabriqué un pequeño motore, que valióme el silensioso aplaoso de los mis hermanastritos. Y hétenos aquí que sin que la vieja mama supéctelo nos damos a utelisarlo en sostitución de uno de los equipos. Ved que descansamos una poca tirados por los suelos. Y mamín como si qué en su luenguísima y espu- marajosa bósqueda del polvo o ato a dos puntas. Pues el motore tiene tres velocidades, cada una más rápida, más, y al pronto retira el bastón que moeve y hace con él un pase o lambetazo sobre el ujero en cuestión y al pronto produce un sepillito que clávase en las carnes colindantes con placer- dolor y al pronto desaparesce hasta el mango en el ujiero y ya muévese calmo, ya encabrítase de velocidade coal eroplano, un verdadero macaco bana-[25]nero. Y regalá- monos los tornantes libres con la nuestra fiaca en una mar de tranquilidade sólo cruzado por los silbidos, ronroneos y latri- dos del espásimo sesual de madre. Cuando de emproviso encomiensan a penetrar en nuestras orejas roídos insólitos, ternos y aullidos que manan de la boca de mamán. ¡Y esto non es por el ato! ¡Qué vemos! Una lengua de foego que sale del bastón y va a brular donde lavoraba poco ha dulsemente, en la cajita de adelante, en la cajeta de mamá. Siéntese el

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olor a chamosquina endemientre la vieja se retorce. Apa- ramos el motore con grande velocidade

Maguer el daño no fuese más que cualcuna ampolla y la depilasión al foego de la pelosidade que, como sabéis, bor- dea la cajeta y todo órgano sesual, pelosidade por más que en el caso de mami teniba la color blanca sucia e non deco- raba bien, maguer el mío arteficio hubiérase descomponido tras que ella provocáralo con un chorro de meada de la pis, debida quién dice si a la esitasión, maguer todos estos des- cargos el motore no pudo volver a ser utelisado dende que ella conoscíbalo y poníase muy fula de sólo lo ver.

Cobróme mami a mí cierta ojericsa, pues edentificaba me como autor del arteficio, pero en su materna dulsura no me repremía más que clavándome a fondo en nalgas, brasos o nuca, cuando tomábame por sorpresa, el luengo gancho con que asojetábase el sombrerito. ¡Bondadosa mamucha! Mas mis hermanitos aseguían mirándome e me miraban. Mi- rábaIos yo a mi turno sin descobrir qué se pasaba. E ellos miraban me de fijo. Estrujábame yo la sesera por trovar má- gica o arte cualcún que aliviándolos en el lavoro aliviara me de aquele mirar. Hasta que hízoseme un foego o chispa en el mate del serebro y descobrí sin cuento [26] la verdade simpele y vera: a la madre nuestra debíamos le clausurar uno de los dos condutos con que ocupaba nos. Comonicado que hube tal trova magistral a mis hermanastritos, encomensó la puna de las opiniones dispares. Que uno era partidario de le tapar tal ujiero, que otro teníbale más simpatía o cariño al otro. E argomentábase que si oturábamos el culo qui zas si

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no tuviese agora que peer o mesmo cagar por la boca, con lo pastoso o rocoso que saliba aquele. E si cegáramos le la cajeta, temíamos que a caso pudiera afogarse con las aguas de la pis, que hay que premirar la prática de tales arqui- teturas en un ser querido. Postreramente descidióse tapo- narle la cajeta por considerar no sólo que ofreciba menos risco desviar las aguas de la pis que los trenes de la caca, sino encloído que esa era la cajita más rijosa de las dos, la que más laburo a nos daba.

Póngome estonce a la labor de combinare una cimiento que prienda y tape abastanza sin adolorar ni mellar mesmo la cajeta de la nuestra madre. Y porobo las sostancias más esóticas, dende la aserrín hasta la terra romana, pasando por la cola de carpenter. Pero la mescla más dina para la ci- miento resolta una combinasción de cera y plombo, que debe servirse calente para que lo duro del plombo se desimule bajo la maleabiledad de la cera e non hurte o joda las carnes. Atendemos agora a que la vieja nuestra madre se hunda cualcuna vez en el sopore. ¡Atención! Ahí está roncando sentada en ángolo lievemente agude. Dagoberto el mayor y Dagoberta vanse cabe ella e esparráncale una poca las estremidades inferiores, cosa que no la torba en el sopore por la grande habitudine de hacello. Apártanse todos, conteniendo la hálito en la aspetación. Yo aspeto todaviba. Sostengo con las manos una luenga pértiga en cuya estre- midade está el tapón de la cimiento con la forma uguale [27]

uguale a la cajeta, humeando

lentitude el tapón

¡Atención! Hago avanzar con

Y ya, agora lo enchufo en la nera boca.

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Sospresivamente en una adormida, mami da un salto y soelta un berrido. ¡Qué raro! Muévome yo presto y rempujo de nuevo, que la ocasión no es para perdella. Cójola en los aires, enchúfole el tapón de cimiento y otra vez aúlla mamucha y sepárase de la parte, que no la quiere non y dase con la nuca contra la rasocielo. E colásase agora, que le da el colaso, y desplómbase a terra egual que plombo.

Reconosco que de la mía parte hubo un errore de cál- colo. Cacolé más pronto el rose y la percucsión y el tajo, las heridas que joden del plombo, pero non calcolé la calor, que quema. Ansí soflamósele a mami la parte en forma de concha, púsosele diz que verde con la quemadura.

Enchinchóse de veredade y buscaba nos matar. Tardó en nos perdonar. Sopra todo a mí. Tirábame grandes cochi- llos de cocina que clavábanse en las paredes junto a la mía cabesa. Colgaba ollas de la agua calente para me quemar cuando entrara. Espolvoreábame la catrera con veleno para ratas e cocarachas. E yo lo sofriba por aquele errore. Tardó mucho en nos perdonar.

Pero perdonó nos a la fin y último. E non creáis a las linguas que por ahí dijeron que nosotros los sus hijitos fuimos los responsabiles de la su moerte, que la rempujamos moral o materialmente al más allá, que la finamos o que de cual- quequier manera ella hubiera se moerto para no sofrirnos. La veredade es que mamán morió de una petrada en plena fronte. Una petrada que descaragóle por caso un infante cuando ella saliba a comprarse un ramo de rabanitos a los que era afeta con mucho. Cualcuna otra cosa que se [28]

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mormore es malecdiscensia. Y de la malecdiscensia ¿vale la pena ocoparse? La nuestra genial mamucha non lo hubiera hecho.

Yo en cuanto a mí mesmo, malgrado la felisidade de la vida en familla, dende el prencipio comperendí lo penoso de sere homme humano. Pues vedréis que el mundo está lleno de ujieros donde podéis os caer. Non me rifiero a la cajita de maman, que aquele es el ujiero de donde diz que vine pro- calamando el llanto. Hablo del nero ujiero del mundo, lleno de ujierazos, al que venimos del ujiero de la matre. De ujiero en ujiero tombamos hasta la tomba, que es final y parla por todo. Que nada te sostiene y cada qué fállate. ¿Non era ujiero de duro fondo el que recebíame cascuna noche cuando el último de los Dagobertos apenetraba a rempujones en el leto haciendo retemblar a los Dagobertos intermedios, que no paraba hasta que yo caíbame de facha contra los suelos? ¿Non era ujiero espantábile el ujiero del guaterclosé o toaleta o telita en el que mis hermanitos punaban por hacerme desa- parescer porque parescíales más cómodo que el guaterclosé me chupara que dejarme que me quejiera por daños que ellos inferiéranme? Sí a aquele marrón ujiero del guaterclosé recordarélo toda la vida

Estas espieriencias esperituales van os caragando el coerpo y la alma de adolores y moretones, que a la postre te

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los hacen sentir como que los tienes, que los tenías y no lo sabibas, el coerpo y la alma, digo. Caes te con el tal coerpo y la tal alma en el ujiero de la flesión en re, vamos, de la refle- sión, y daste allí esquesitos porrasos.

[29] Figuraos que hubimos patrastro, creo que el padre de Dagoberta, quien comentábanos que la vida non viene ga- ratis y usábamos para que acompliéramos con servir. Érase homme volominoso y prepotente, mas vencíbalo sopra todo la angurria de las oiconomías que acababa en ferenético amarretismo. Pensad que si dejaba acrescerse la bigotes usaba una sola mitade diciendo que abastaba. E lo mesmo con la pelosidade de la cabesa, que la llevaba rapada al medio. Preocopábalo oiconomisar ienergías, cuantimás que era cartero de llevar la posta de puesto en puesto y corriba demasiado por las estradas de la ciudad. Estonce en la nuestra casa el homme no se mueviba ni que lo encendiaran, que se le fogaba la vitamina de la vida, decía. Y mamán se lo desimulaba, que tenía un débile por el su cartero. Pero maguer el patrastro aquele non hiciere niengún muevemiento afuera, el coerpo muevíasele por dentro. E Dagoberto el segundo encaragábase de recoger con las manos juntas lo que abajábase por el ujiero de las partes de atrás de sentar, endemientre que los otros hermanitos recogíamos las aguas de la pis, que el homme era grande meador, y corriendo llevábamos todo al guaterclosé, sin gastarse utensillo ni cosa cualquequier.

Coidábase prencipalmente el cartero de los pies de la base, pues piesábaselos en eceso en el su oficio. Y en la

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preocopación por aquele finistierra del su coerpo usábame a mí en más para por la nocte se los calientar. Metíbame ansí bajo liensos y fresadas hasta le cobrire los pes con el mi coerpito. Enforescíase el cartero hasta fosforescer en lo es- curo si por cualcuna razón yo no me pelegaba bien a las sus patas. E golpeábame con una tranca, con la que dormía cabe sí, para que me le amoledase. E golpeábame [30] de toda manera siempre al prencipio, para que me pusiera más flesibile, decía.

Afogábame allá abajo, parte por la falta de airia, parte por la olor bestial de los pes del cartero. Que como no baniá- base nuenca y como laboraba mucho las partes de piesar, los pieses olíbanle ya a quieso rocafuerte, ya a güergüen- suela, una quiesería compeleta. E afogábame también de pa- vura que el cartero non fuera a peerse, que se peía con pedo fuerte y agrio y agigantado, capaz de quemar cualquequier narise e garaganta.

Con los trancasos y los velenos aqueles poníbaseme la color verde y amarella e apocábame del coerpo y descae- cíaseme la alma: notaba con dolore que esestía. Agora refle- sionaba sopla la tal esestensia que sentía. Que yo non la había hecho y que antán non sintiérala. ¿E qué sería la tal esestensia que tanto muerdíbame e escocíame e dolíbame? Concloí que tatarábase de un intruso, que non era yo, si habíanmelo enteregado. E queriba que desesestiera en mí e marchárase e dejárame solo como al prencipio cuando non esestía. Que tal desestido non agarrárame el cartero para ca- lientarle las sus patas con la olor a pruevolone. E ansí amo-

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nestaba al intruso con severidade, maguer el respeto: "Ved, usía, que es más dino que os vayáis antes que echen os. Que con la voestra esestensia estáis jodiéndome la mi vida, que es una sola". E: "Que non es justo lo que me hacéis, cuando que yo nada non os hice". E: "¡Por los santos infiere- nos, no me reconcomáis más, usía del carajo, e idos al vues- tro origine!" Entimábalo a la fine: "Si en seis horas de huso no os rajáis, comporobaréis que os ultimo hasta la moerte últi- ma". Mas el intruso tal que había entroducido la su eses- tensia en la mi vida o era asaz crudele o pelotudo supremo era. Desque no hacía cualcún caso de [31] mis sóplicas ni lácrimas ni entimasiones ni menasas. E cuando disponíbame a soplisiarlo de cabo a rabo, previsto del luengo calavo y del martello con que hincaríaselo en el cuer, cuando ya apoyaba las espaldas del coerpo del intruso esestente contra un muro para que retrosceder non podiese, caíme en la cuenta de que de tal soerte finaríame mesmo yo, la mi vida, que era con mucho inoscente de aquele esestensia parasetaria que tortorábame

Maguer non obedesciese a las mis órdines, la eses- tensia intrusa continaba a me joder fermosamente, desque hacíame sobresalir sopra el retondo mundo, con lo que al allí que era yo acudiban diríase todos cuantos colpes e violien- cias e dolores que por las arias volasen. E era yo muy corio- so de vere si escapábemele. E dorante varias jornadas sos- pendíle la parla e tratamento, por si logoraba mistificarlo sin que sopiese dónde estiba. Estonce, en llegando la jornada que yo me sabiba e él inoraba por compeleto, aspeté a que

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los síntomas por junto indicásenme que el intruso esestente hallárase destraído e más bien llevado a calquequier otra parte. Y en el menuto esato en que ello acómplese sálgome yo coal rayo partido con ventaja en la toromenta e córrome e córrome a me esconder en un cuartucho escuro donde me encerro.

Estoyme allí cascunas horas quietecico e sin respirare, con todos los cinco sensos atentos por saber si heme des- hecho de la esestensia maledita. E en aquele tranquilidade todo aquiétase e la mi vida paresce renascer en lo que era antes del intruso. E piénsome para mí en lo hondo de mí para que no se oiga roído niengún que me delate, que por caso heme libertado del rufián que espolotábame e seviciábame, pues non otra cosa poede ser aquele delisia estrema en que en la nada de siensasiones me deluyo. E estoyme tan [32]

ben que empiezo a descabesare un soeñito

provisamente hiéreme la luz, abrómame, féndeme la cabesa inorme colpe y, antes de evanescerme, descobro que de la esestensia intrusa non heme libertado.

Coéntamme más luego la otra fas de la hestoria. Que llegara a la casa una poca de embotido, una salamine, e que mamán e el patrastro quieren se lo engollir, que no da para mucho. E agora compolótanse con Dagoberto segundo por la complecidade que hay con él. E va el segundo e a garrotasos doerme a los sus hermanitos para que no sofran la hambre e no piensen en acalmarla con la salamine, e doérmeme a mí, que habíame visto me escuender. ltem más que non impo- rotábame con nada la salamine. Item más que tampoco ente-

Coando em-

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resábame la seguida de que, habiendo colpido e adormido a todos los sus hermanos, Dagoberto segundo fue a la su vez llamado a soeños por el patrastro para que con mamán sam- páranse solos la salamine. E item que la mía batalla non era de materia crasa, mas de metafíseca contra la maudita eses- tensia a la que non consiguiere borlare.

Malgrado los faracasos continaba yo a meditare sopra cómo soprare el mi drama e salir dele. E medita que te medi- ta hétete aquí que discobro que cualcuna cosa puede hacer- se por el lado de la colore. Que por el momento nada non consigo de deshacerme de la carnosidade de la encar- nasción de la esestensia sélo. Mas si apocara la colore de la carnosidade, resultaría a ojos vistas menos visibile, la eses- tensia dismenuería una poca e con ello la dolore del colpe de esestir.

Agora un crepúscolo doyme por todo el coerpo encloída la cabesa una mano de tentura nera de las de pintar. E estoy- me otra vez quietecico e sin bollir esperando la efeto de la colore. Mis hermanitos, que han vegilado la operas-[33]ción, osérvanme con mefianza, si siempre nos mefiamos entre nos ante la inorancia de la fin del otro. E arrójanme cualcuna pie- tra por vere qué hago. E yo sigo inmóvile, que la mi proeba es con el patrastro cartero e non con ellos.

E caída que es la nocte surge de la escuridade el pa- trastro. E trémame una poca el cuer en el coerpito por la aspetación grande ante la efeto de la colore. Pero al pren- cipio la efeto non resolta tan grande como la aspetación. Pues maguer lo nero de la nocte e lo nero de la mi piel el car-

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tero non hesita e apropíncuase con su oiconómica cachaza habitoal, osérvame una nada distraída de vereme mudado, cógeme más luego por la pelleja de la nuca e arrástarame a la su cama.

Propíname con la tranca la tunda flesibilisante e sepól- tame en la quiesería de los sus pes, endemientre yo, vítima de un ataque de la asma, por causa de la olor, repremo los quiejidos, porque aspeto todaviba la efeto de la colore. El cartero paresce muy niervoso esa nocte e arremuévese con las patas e patéame e yo pégomele más a las patas para que non me patee. E de súbito descóbrese e crida que aquele tentura de merde atápame las porosidades del coerpo e rebájame la calor del mesmo coerpo hasta lo enútile. E con derroche non visto de ienergías alevántase e cógeme de los pelos de la cabesa e trascíname a las rastras hasta la pileta del patio. E dase a laváreme con las aguas e una cepilla. E con que ansí la tentura non sáleme, enforéscese más el car- tero e bosca la agua de ras e una cepilla de alámbere e dame ras ras ras e yo crido ¡cas! ¡cas! ¡cas!, puesoque la cepilla destrósame la piele e la agua de ras brúlame hasta el carallo las feridas. Mas el patrastro contina con sus ras ras ras, sin importáresele de mis quiejidos. Sólo párase cuando ha sacádome casi toda la tentura, junto con casi toda la piele. [34] E ansí sangarando e desangarándome méteme en el leto sobre los sus pieses y dice que agora sí lo calento ben con mi sangare tibiecita. Que tale fue la efeto de la colore.

Veníbase endemientre el tiempo de la fine del cartero, por causa de la carcoma enteriore, que aunque él no sabí-

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balo, padecíbalo uguale. E quiejábase de que la casa nuestra non asentábale, que era grande el gasto que hiciere de po- nere a Dagoberta en las tiripas de mamoche. E una nocte non volvió para nunca. E grande aliveo fue para mi probe- lema de la esestensia la salida deste homme.

Mas contesció que con la fine del cartero recriminóse la hambre en la casa e suscediéronse entre los de nuestra fa- milla escenas espaventables con sangare derramada, que más loego consinaré. E agora andaba por el nuestro barrio e casa un valete o homme de cámara de otro homme muy adineroso que moraba en un palace cercano. E aquele valete boscaba para el su señor un niño que le laborase como el secreter de los mandados que le mandase. E en oservando la mi tamaño e aspeto e mirando la mi dientedura, endicóle a mamán que conveníbale en prencipio a lo desiderado. E la salario ofrescido era en veredade más espeléndida que mesiquina. E tentóse enseguida madre, empolsada por el coro de los mis hermanitos, que todos veíanme ya coal canastra de vitoallas. E acetóse el trato.

Acoentoos la relasión de todo esto para que vedráis la manitude del probelema con que tortorábame aquele eses- tensia intrusa de la merde.

[35] Sobo a la jornada siguiente las escalinas del pa- lace. De cámera en cámera, acadaquele más sontuosa, soy

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llevado ante el señor de la casa que conchabóme. Es señor pequeñito, pergaminoso de la piele, sorridente en enima, que gasta dos anellos en cascún dedo e uno cologando en el lobanillo de cada oreca. Pregóntame el mi nombre e des- cóbroselo al presto. Agora pásame una mano cariciosa por la cabesa e comonícame que vamos a laborare. E ordíname por primero me sacare los pantalones e mesmo las bragas. Yo vascilo una poca, que cóal será el laboro que pide tale. Mas el señor empasiéntase en su asiento e como aún mírolo, díceme que sí, que debo mostrare a la aria fresca el mi culo de sentar. E hágolo, no sin vergoenza, no siendo dado a mostrare mis partes a estrañeros.

Cátame con su mano anellada las carnes de aquele ba- jura, por determinar la cualidade entrínseca, díceme, para el laboro: si es coriosa o tímeda la parte, si es endiscreta o en- feremicsa. Produce loego de un rincón una sillica muy baja e ordíname me sentar. E yo pásmome demandándome si a ese homme firío le ha dado la calore del deliro. Puesoque la silli- ca en que bosca que me asiente tiene por asiento mil calavos que lucen harto afilados. E pergóntame el señor si non le obedeciere e hacelo con voz de toromenta que me asosta. E agora asiéntome témidamente, asosteniéndome con las ma- nos en los soelos, que quedo con las rodillas muy altas, uguale que cuando voy a cacare la caca. Mas el señor aciércaseme e písame mucho las manos hasta que las saco e por la pesantor del coerpo de la esestensia calávanseme los calavos e crido e crido. Tranquelamente pergóntame el homme si sofro e crídole que sí. E aírase dello e crídame que

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non abastante, que non ve correr la sangare. Con lo que burutalmente apóyame las sus manos en la cabesa e [36] hóndeme sobre los calavos, que los siento ya estonce raju- ñándome el estógamo.

Tale dolore, tale dolore dame ienergías folles e salto liberándome del homme e de los calavos. Plorando rem- próchole que conchabóme como el su secreter de los man- dados que me mandase e que aquele que hacíame era pura crudelidade. Agora el homme mírame con sospresa e díceme que yo estaba en cualcún errore sopra el conceto de labo- rare. Retrúcole al punto que laborare laboraría, mas que non era aquele. Díceme muy firíamente que soy buruto e volgare. Que la mayoría de las gentes podientes pretestan hacer labo- rar para hacer sofrir. Que él era homme sincero e artéstico, que hacía sofrire direta, puramente, e que dispresaba todo subuproduto del sofrimiento. Agora podía irme si era tan turpe. Que él no pagaríame la salario garatis.

E comanda al su valete e espilícale el suscedido e díce-

le que devoélvame a la mi casa o familia o coerno que fuese de donde me había salido.

E el valete, que era alcagüete perfeto, llévame a la mi

casa e racóntale a mamán que ya no les sirivo. E mis herma- nitos rechíflanme en coro e putéanme algo, que vengo vacuo de las vitallas que premetíanse. E mesmo madre moéstrase con una poca abastante grande de desesión, con lo que per- góntale al valete qué se pasó. El valete levanta la napia dán- dose las arias siñoriles como si fuera el propio su siñor. E ensístese mami. E el otro que dícele que el su amo es hom-

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me muy rafenado, endemientre que yo vengo con harta turpi- cia y ganga para serIe su secreter. Allí indínome hasta decir cómo fui seviciado e cómo el siñor declaróme que sólo bos- caba me tortorare. Estonce el valete ripete la folisofía del su amo. Y coando aspeto que mami y los mis hermanitos horro- ríscense e calamen de dolor por me, oigo que ensóltan-[37] me en forma varia e que mamán reflesióname que si se sofre con el laboro uguale que se sofre sólo sofriendo, quién diz que non sea mejor sofrire diretamente a cambio de la salario contra la hambre. ¡Que mis oídos oíbanlo! Mas resinéme. Y ansí porometí retornare al laboro aquele, que la mi mamá teniba más espieriensia.

Y espieriensia más debía tener mami, pero no con aque-

le siñore. Que era homme riquésimo e el peor capricioso que hubiere para ver. Vala como ejemplo que si la su mojier des- pertaba con la gana de que se la montase, él alquilaba e mesmo comperaba macho galán para que la montara a tenor suyo. Puesoque él teniba el denero para elodire tales siri- vicios. Y si enferemábase e ricetábale el barbero melesina amara o tajo o puncsión feos, comandaba a cualcún siriviente para que por él la tragase o sofriese. O en veces en que ha- bía que godere cualcún espetácolo que teniba delante, gosta-

ba mejor que se lo racontasen para no gastare demasiado las popilas de los sus ojos.

A mí mesmo, como el su secreter, empleábame en labo-

ros variados. Ora traíba una mesilla muy enteca e montada sobre roedillas. Y yo agachábame e él con una agoja dele- gada calavábame la lingua a la mesilla. Agora por sospresa

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daba de puntaspiés a la mesilla, para que tirárame de la lin- gua, decía, que yo era reserevado en demasía. O hacíame tragar al prencipio carminativos varios de aquellos que aomentan la peer e metíame en el ojiero del culo la boquilla de un trombone, su estrumento músico priferido, e estro- jándome la estógamo e manejando los pistones del estru- mento, tocaba las melodías románticas que gostaba. Enve- ces hacía que cualcún siriviente asotárame todo el coerpo con una tralla e él entetereníbase en echarme la sale en las feridas, aseverando que iban me asare. Loego podiba me de- jare unas [38] horas en una tonele llena de alcol, para desin- fetarme, mas yo saliba ubrio e moerto. Aquele que entere- sábale era el mi sofrimiento estremo e que cridara de vere- dade. E las pocas de las veces que semulé más dolore que el que sentiba, el pereverso descobriólo al punto. Una de las tales veces encerróme en una cámara pelada eceto una coerda que cologaba de una rueldana del tecto e sóbita- mente entra una jauría de masitines hambrientes e corro a me trepar de la coerda e coando crédome a salvo, mientras los masitines rugen con las fauces abertas, abaja el mi amo la coerda, que la maneja desde foera con la rueldana, e yo vuelta a trepar e ansí hasta que los perros desgárranme un pe. Talotra vece produjo la sillica aquele de los calavos de la primera vece, que si vosotros no recordáis yo ben recoerdo, e hóndeme la cara contra los calavos. Y yo me resesto, que la cara non es culo. E la bestia del homme puna con mucha foerza por allí me enterrar, que bosca calavarme las popilas de los ojos, si me paga la salario y soy suyo. Mas por fortuna agoantó la nariza garande que tengo y agoantaron mis

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pobrecitos pómelos.

Andaba ansí por el mundo con el coerpo de la eses- tensia todo tajeado e pinchado e henchado e amoretonado. La mía familia, cierto es, felesitábame por el sirivicio que les acomplía con aquele salario para las vitallas. Mas la alma de la pótrida esestensia revoelcábaseme en lo enterior e me prodocía disespero grande. ¿Era aquele para siempre la mi destinación? Pergontábamelo con pavura e locura. Hasta que jornada llegó en que con mis hermanitos, sabidores del mi probelema e de los efetos feos que sopra mí teniba, desci- demos hacer un intento finale. E sobimos a la sotera del tecto e cógenme eles por una mano e dejo yo caer el coerpo de la esestensia al vacuo de la calle, que queda bajo. E [39] atiran eles con foria hacia lo arriba e atiro yo con fatalidade hacia lo abajo, por ver si me desperendo de aquele esestensia. E cridamos todos nos en forma espantábile, como hacen los endios bravos coando van cavalcando en cavalo de moerte, por si logoramos espantar a la esestensia e que se raje de mí la mala e perra. Mas con mucho atirar nada consiguemos, salvo qui zas fraturar el oeso de la mi moñeca, que la eses- tensia no se me desperende. E fue allí en la sotera del tecto, aquele jornada, cuando comperendí que a la esestensia non sacaríamela de encima en toda la vida e sientí ansí por aquele esestensia e por la mi vida una pena garande.

Contesció también que el siñor mi amo de la salario can- sóse de me. E dijo que ya non quería vereme más. ¡Imagi- naos los mis sientimentos chocando como tranguais locos! Que por un lado aliveárame de los soplicios, pero por la otra

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quedárame sin el soeldo para la manducación de los míos de

mi familla. E esto preocopábame de colpe. Roguéle estonce

al amo para que non me despediese e caláveme e tortóreme, se lo soplico, siñor. Mas ele sin mesmo me mirar decalara que yo tornéme harto blaseado e habitoado, que no sofro e ansí non le entereso. Agora de rodillas e catándome las ca- ranes del mi coerpo señálole aquí esta célola va me dolere, siñor, se lo juro, e estotra celolita tambén, e caláveme el fé- gado e los reñones, por caridade, siñor. Pero ele non oyó me e, lostrándose los anellos contra la bata, apeló al valete, que echóme a la estrada a puntaspiés.

Sabiba ben yo qué se pasaría en la nuestra casa al arrebajarse a nada la salario que trajera. E agora de lo que se pasó, de aqueles escenas espantábiles, con la sangare

que [40] corría, de las que porometí os contar, desdígome e mirad que non os coento, puesoque son harto terribiles e non quero ofenderos ni que credáis que esagiero en esta rela- sión. Que básteos con saber que en aquele guerra entestina y cevil por la patata ausente Dagoberta perdió una perna, que

se la cortaron sus hermanitos de muy chiquitica para que non

podiese correr en la competensia. Ella tomóselo ben ben e gastaba por lo comune carrito de roedas, que era un carro de madere de fructas del que ufanábase porque decíbalo más foncional cuantique podía grabar nele lemas, motos e

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incrisiones que no podían sus hermanitos en las pernas comones. E Dagoberto el tercero peredió de la mesma forma la oreca esquerda e yatábase de sere el único pirat auten- tique de la familla. E en más calquequier número de episo- deos del mesmo tipo.

Non que mamán, desde el su ángolo de la reta pers- petiva, non se curase de eses ensidentes conaturales de la vida. Si aporovechábalos para edocarnos sigún su habitud. E descíbamos que aqueles chocs de unos con otres prove- niban de la nuestra carencsia de origenalidade para elígere el ben. Que sois convensionales, descíbanos, e caeis en el lo- gar comón e dais os contra la cabesa de todos. Aguergaba que la custión consiste non en vere el pan donde todos ven la pan, mas en vere el pan allí donde el resto vede la petra. Ansí. Pero non connosco apelación más sublime, calara e viribante a la emagenasión creactiva. Malgrado que Dago- berto el menor, que non saliese birilante en demasía, que- bróse una véspera toda la dientedura coando seguiendo en forma muy sirivil las endecasiones metapfóricas de mamán, ostinóse en masticare una petra como si foese la pan.

Coidaba siempere mamu de trocar en ben todo aquele que a los sus hijitos tocárales en mal. E está el esemple de [41] Dagoberta, que se estaba en la vida con una pata de menos. Agora delibera mami con uno de los patrastros, que non ricoerdo quién era, si a caso non puso hoevo del su hoevo. E viendo que la niña non cammina, boscan enseñalle a volare, por la elevasión, que una cosa sostitoye a la otra, díscense. Madre preocópase una poca e disce al patrastro:

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Pero no es un pacarito

Los pacaritos son pacaritos

repilícale el patrastro.

Estonce ordinan a Dagoberta que soba se a un árbore que hay en el patio e comándanle que haga allí el su nido. Todos contempelamos aquel mano istante en que la nuestra hermanita convierteráse en pácaro. Mas Dagoberta, que era de empasensia garande, crida:

¡No jodáis, que el nido lo hago más loego! ¡Volare

quero!

¡Pero si todaviba no sabimos cómo se vola!

¡Volare quero!

Con lo que mamán encomienza a agitare los brasos. E el patrastro sojiétala, que le manifesta que ansí sólo logorará sodare en la asila. E Dagoberta:

¡Volare quero!

Agora matre agítase:

¡Párase! ¡Párase!

E disce a aquele patrastro que si Dagoberta va a volare, ella quere que métase el su taraje de bodas nusiales, el que osare con el bombiero. Que ella es mojier e bosca vere el efeto que causa dende lejos. Mas el patrastro négaselo pue- soque puede afetar los muevemientos. E mami comperén- delo. E Dagoberta en el árbore:

[42]

¡Volare quero!

crida.

42

Estonce el patrastro ordina:

¡Tírase, nena! Se vola, vola. ¿Qué otra purueba hay? ¡Tírase!

Dagoberta priepárase. Mami, el patrastro e nosotros dá- mosle estímolo cridando en coro:

¡Volá, boluda! ¡Volá, boluda!

Dagoberta láncsase a las arias con toda su foerza, me- neando la patica viuda. E dase al punto contra las verdosas del patio, que non vola, mas descoyóntase una poca la co- yontura de la cadera.

vola.

Ben

disce el patrastro

. Esto demostra que non

E mecor hubiera fabiricado el nido comenta mamán.

E agora lo sabiban, para empedir cosa mala en lo foturo.

Ansí boscábase siempere el ben. Ben. Mas yo, conven- cido como estiba de que nuenca jamás desaseríame de la esestensia, ¿dónde encontrare el ben para la mi vida?

Entreguéme a tantas reflesiones que cansáronme las mosculaturas. Mas miré tambén el en torno de mí. ¿E qué podería hacer para protegere aquele esestensia que me ha- bían dado en costodia, aquele esestensia blandita e sensibile como una rosita? E miraba. E ansí descobrí la máquina. Ten- driba yo sete o ocho años estonce. E de todo lo que rodeá- bame almiré la máquina coal si foese una almirante. La má- quina es foerte, oiconómica e diríase inmortale. Párase coan-

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do lo ve bueno e moévese coando le paresce mellor. Dasle un colpe e mile colpes e ves que non crida, [43] puesoque

non sofre como homme. Es dina, sin sere orgollosa, si sirive al que se lo demandare. La su parla es regolar e non plena de altisbajos coal la del homme. Cuantimás que de la alma es cosa de la que se pasa, con lo que esquiva líos ciento. E

si peerpeése una poca, cacare, eso no.

¿Non era aquele un ideale? Para esa esestensia chiqui- tica, desdichada e tremorosa que habíanme cofiado ¿no se- ría aliveo maquinarse en estremo? ¡Cuála tranquilidade si po- diese evitar los folles muevemientos con que boscaba fuir de la dolore y el danno e en cambio limitallos a un rimo regolar! ¡Qué pasensia soprimer el dolore! ¡Qué poder llegar a sere autómona, la mona de sí mesma, en logar de depender de calquequier monería ajena! La esestensia, en coanto más máquina foese, menos esestensia sería, devenería cada vez más perfeta. ¡Ah, aquele ideale!

Si la maquinalisación de la esestensia porometíame conjorare e soperare ese mundo vicsiose y buruto que hasta estonce sojosgábala, yo dediquéme por intero a maqui- nalisarla. Ricogía coanto ojeto mecanique que puediere ser útile, alamberes, válvolas, torinillos, bacterías, maderes e más. Ansí con el correre del temp que corre logoré maqui- nalisare abastante la propia esestensia que habían dado me.

E lo pirimero fue el respiro, que manejaballo con una pistón e

marchaba bajo la mi órdine, bien que tove con ella al pren- cipio una espieriensia non agradábile coando bosqué apara- lla de nocte e casi moero afogado. Pero qué mervilla estonce

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comere, si conetaba a la fontana de ienergía el despositivo especial para el uso tal que era e masticaba regolarmente, maguer non hobiese la vitalla de la comida. Sopra todo resol- taba manífica la maquinalisación en la locha contra los ujie- ros del ujiero del mundo, encomensando por el ujiero del guaterclosé, al que antán tanto [44] temiba que me taragase. Non que non lo timesi agora, mas vencíbalo. Que cualcuna vez que dentrábame al banio de la toaleta por primo desno- dábame el mi coerpo compeletamente, medida de securidat estrema, por si a más cayérame e toviese que nadare e me pertorbase la impedimenta de las vestidoras. Más pronto acomodaba sobre el guaterclosé el aparello de securidat que non me caigo y estonce atrepábame a elle para inaogorar la operasción de cacare. Que non credáis que hobiese dejado al caso o fortuna naturale la tal operasción e dirigíbala en su floir desde lo endentro con un carburetor, non fuera que dié- rasele por no aparar e cacando cacando llenase el banio de la toaleta e la merda non sólo afogase me sinon tambén copriese el mundo e matase a los hommes todos de la huma- nidade e a los bichos encloídos los pacarillos, que yo me perocopaba.

Non quero afirimar que alcansé el ideale, non digoos que mudé ese esestensia en máquina perfeta. Cualque- coando fallábame e trahisábame un mecanésimo e agora hacíbalo estallare e caíbame en la despresión moerta. Mas por junto e desimulando aqueles faracasos casi non todas las funsiones del vivere de la esestensia estaban maquina- lisadas. E hobo momentos en que sientíme talmente pode-

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roso que sólo por caritade peredoné a la sucia ciodad e al nero mundo y non los hice volare lascerados y mortidos por las arias con uno de mis tantos arteficios. Mas hablábale a la esestensia que me habían dado e decíbale si ves, pobrecica, que agora no tremas tanto e vas muy dina como máquina, si ves que cada vez esestes menos, e, malgrado la discipelina rude de la maquinalisación, parlábale luengamente con terne- za por sabella muy sofrida en lo que padesciera e decíbale si ves, chequetita, que yo te quero e te aceto, [45] cualcuno que te ama como si foeses ele, que no estás sola entre la solitud de los solos.

Imaginad que los mis hermanitos borlábanse con grand fiesta de me. E por veces destroíbanme cualcún apareil que yo perecisaba. Perdonábalos en su inoransia totale por la carencsia de sofrimiento coal el que padeciere la esestensia mea. Que ansí non dominarían el mundo con el cervel, a lo que sólo la dolore acosa te. E porobábanme su endigencia e paubertad en ocasciones como coando forcsado foe geniar e fabiricar los arteficios para acalmar los ardores de las cajitas de la noestra madre.

Matre oservaba con el rabillo de la popila la mi maqui- nalisación e al vere el foncsionamento cuasi perfeto de la mi esestensia sorreíbase una poca coal si dejérase que mellor era non menear aquele.

E agora caturé yo una pietra. Vegiléla, estodié las sus habitudes, las sus defensas, los sus medios de ataq. Costroí desposetivo fortísimo e de grande entelecgensia para fere- narla e manoatarla inelotablemente. Ansí hícela prisioniera e

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sojetéla a un rincone del patio. Era pietra grise, solenne, caragada de una mágica que era mía, e que resoltábame harto importante como catura la pietra, pero non parlábale e vegilábala orgolloso de ensiñorarla e dispoesto a montárele goardia toda la vida.

E con esto aparesce matre e pergóntame qué se su- cede. Coéntole sin desimulo de la foerza de mi trionfo e que la costodiaré siempere.

¿E poroqué?

demándame.

E puesoque está prisioniera, puesoque caturé la.

me en la endeferensia a patio, homme o yardín. Ves [46] que es un sere etereno. E ese sólo vos te aviejas costodiándola, que ele pasa.

, ves que doer-

Ves que ele non lo sabe

dice mami

Mas yo catoré la, madre me puesoque la aperesé.

de niengún catorato te ha, que has pavura de adejarla.

te nuenca querido me has.

E nuenca te querí coando vos foiste siempre para me aquele que la pietra agora es para te.

Marchóse estonce con los gentiles crojidos de las sus articolasiones. Dejóme con el enima que non comperendía. E miraba al enima e parlábale mucho e sacodíbalo por vere si

poroque

Pietra non es de niengún, mesmo delle mesma. Pietra

, la pietra es de

quiejíme

Sí que tengo pavura

ocorriósceme decire

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caíba delle la llavecica para abrirlo e non e yo non compe- rendía. Mas desentereséme de la pietra, que había peridido su mágica, e dile un puntaspiés e quitéle la costodia, que se foera al carallo con su eterenidade maudita. E en cualcuna cosa edocáranme agora, puesoque cualcuna cosa había peredido en el disengaño. Malgrado non entendiere el enima, el enima amasábame en la transforomación. Que ansí trans- corría la mía puericia tan solitarea como paniuelo por el su doeño estaraviado y por los demás piesado.

Dagoberto el Mayore iba nos a la cabesa en cosas mul- tas, si habiba nascido en prencipio del hoevo del nero, que fuera marido por primo de mamán. La carátere teníala una poca demasiado vivase e gostaba borlarse e rídere, que descía que en non rídere tórnase el homme bestia animale [47] e cochina. Contescía ansí que siendo nocte levábase del leto e meábase con las sus aguas sopra cualcún de sus hermanitos. Agora desperetaba a mami e comonicábale que el hermanito aquele habíase desbordado de la pis. Mamu corriba con la rebenca que tenía e porobábale unos foertes laticatos al sopuesto culpábile, para que gobiernara lo esfintere. E coando el innocente abriba los ojos rotondos de la sospresa e coando baramaba, Dagoberto el Mayore gosá- baselo un intero mundo. Que confidábame que non era por male que hascíalo, decíbame annos depués, que la placere

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con su cosiquilla e la risa gostábanle, mas tatarábase de do- mare el delicto en potensia que escondíase en los niños che- quitos. ¿Cosa imporotaba que non hobiese meádose? ¿Non

lo había hecho antán? E agora hiciéralo en calquequier mo-

mento. Con lo que estaba justo e ben en calquequier mo- mento con la rebenca darle.

Informareos por más que Dagoberto el Mayore era olvi- dadicso hasta lo postrero. Caescíbale de salir a la estrada compeletamente nudo. Estonce pasábansele cosas feas, puesoque la pele de este Dagoberto, por el su patre, era metiza, mas non metiza como de metizo calquequier, sinon

originale, balanca de la sientura para arriba e nera de la sientura para abajo. Con vello ansí las gentes en la estrada pasmábanse abastante e cualcún hacíale el redícolo e enfo- rescíase Dagoberto el Mayore en la memoria del su patre e trabábase en doelo singolar, que era muy mosculoso y bravío. Pero en veces trovábase con los hepócritas de la naturaleza humana que non quieren ver pelota e más colo- rida de nero. Destos hepócritas arrejontábanse multos, que siempere jóntanse multos destos, casi todos, e perseguíbanlo

a petradas e aollidos, boscando lapidallo, con lo que alle-

gábanse a la nuestra casa a distorbar. Pero suce-[48]díase mesmo que Dagoberto el Mayore olvidábase la poropia ima- gen en el espejo en que había se contemplido. E coando al- canzábamosela en el patio o en el leto en que qui zas yaciba, refutábala, que non se recordaba de sí, hasta que alvertía por el tato que en veredá andaba falto de imagen e otra dis- ponibile non había por los soelos. E todo esto, reputo yo,

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nascíase e acrescíase del dispreso e soperioridade que Dagoberto el Mayore espierimentaba hacia el génere hu- mano de los hommes. Que teniba estrebillo o canzón que cantaba con la boca diciendo cóale tedio cáosame el homme medio, cóale tedio dame en el medio el buruto homme medio. Agora este dispreso debiba desmadrársele por lo garande e hacer presa de la poropia personalidade dele e refutársela tambén, que eso pasaba.

Escusaréis esta parla, que es estrutiva, sopra el mi hermanito Mayore, mas ocorre que la mi destinación cone- tóse abastante con la dele. E item de paso, que ya sigo.

Arríbale ansí al Mayore de los Dagobertos la hora del laboro, que todo madora el temp. Consígueselo la nuestra matre, quien calama a los gobiernantes con el su marido senador, la su porogenie y las sus donacciones al estado del paíse. E díscenle al cabo de la fine que mándeles el su hijo Mayore, si es mosculoso e bravío, a una oficena del partido de los gobiernantes. Tarátase del partido de los que con- servan, aqueles conservatores, ya sabéis, que agarran la co- sa póblica para que non se escape e perdalla el póblico. E éstos agárranla tan ben que hace annos multos que non lár- ganla e el póblico ve poca muy poca de la cosa póblica, que non la perda.

Allégase Dagoberto el Mayore a la poerta de aquele oficena, da el su nome, que llévanselo en bandejita, e desque espera un día e una nocte interos sientándose e parándose [49] hácenlo entrare a una cámera con las paderes todas decoradas con cráneos de esqueletro de homme, muy artés-

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tico, e que allí conservan lo que se conserva. Adelántase un homme mastodonte que manda e téndele una mano e coan- do el Mayore bosca esterecharla lánsale una trompis salvaje al rostro de la cara. El mi hermanito esquívala e forioso tírale tambén una tomparada, mas sente que los soelos fáltanle endemientre cae e cae hasta hondirse en un soctano escuro y peleno de agua helada. Sácanlo de allí dos sicarios con cabesas como fructos arrancados al patíbolo un secundo antes de la fine. E condúcenlo otara vez ante el mastodonte. Que ride, ride el mastodonte al vere al mi hermanito mocado e enocado. Mas loego palméalo catándole la mosculatura e díscele que aquele que quere laborare para los conser- vatores debe por primo saber conservare la poropia vita. Pero está ben, añade que está ben, que esquivóse el primer colpe. Espilícale que gobiernare para que non se perda la cosa póblica es laboro uuuuuuuú feroce uuuuuuuú, díscele soste- néndose la cabesa para que non se le caiga. Poroque multos son los inamigos de la cosa póblica que queren metéllesela en el bolisillo. Agora moéstrale la imago de un homme al que fáltanle las narizas, que vese ben e calaro que non es con- servatore si aperdió la poropia naso por sere garande des- pilfarreador e es destrutore malo. E dale el mastodonte al mi hermano el endereso del destrutore, pra que non se perda e vaya dereso a la logar do mora. E recoméndase que como pirimer laboro estodie ben a aquele homme. Que ya enca- ragaránle más e la salario a la fine e non se fable dello si es patiriota del partito de los conservatores.

Agora Dagoberto el Mayore apuéstase cerca de la casa

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do mora el destrutore e osérvalo con atención, mas non [50] logora descifrarlo en su estodio, que sólo ve que el homme es harto niervoso en su camina que te camina e fuma un ta- bac tras otro chupándolo con el ujiero de las narinas e espol- sándolo por la boca coal loca locomotore. Ansí coando el homme sale, el mi hermanito, preocopado por su laboro, có- rrelo e chístalo e párlalo:

¡Eh, siñor! díscele . ¡Eh, siñor!

Vuéltase el homme con el tabac calavado en las narisas e espresione de pocas pulgas.

¡Eh, siñor!

argoméntase Dagoberto

. ¿Dónde la su

letera, siñor?

¿Cóala letera del carail disce? tore con la pulga.

amóscase el destru-

La letera para lo estodiare que debo.

¿Qué estodiare, infetúpido? ¿Qué estodiare?

humea el tabac a ciento con ochenta per hora.

E ya

Estodiare a osté, que si non lo leo non lo sé, siñor.

¿Qui manda te estodiare me, merdail? destrutore.

Mi labor para el partito conservator, siñor, que es oficiale.

sepa que soy opositer, contra el conservator, y siempere opo- siter!

. ¡Si

abrávase el

¡Conservator!

brama la destrutora locomotore

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E crida de cólera e avánzase apuñado hacia Dagoberto el Mayore menazándole:

¡Fuer de qui que occido te! ¡Fuer de qui, grand merd!

Esfúmase el mi hermano ante la entimación fea del des- trutore, mas ostínase en su labor y vegílalo marcharse, para ir a colpear a las poertas de la casa do mora con la su fa-[51] milla. E áprele la poerta una mojier con dos chequitos e todos muy en pelotas de vestidos. Es sere de seno abondante e abastante bello en generale, que sorride con la garande natu- ralitat que da la pura naturaleza. E disce:

¿Qué queras, homme?

Mas Dagoberto non responde por la sangare que arre- chúchasele una poca. Agora la mojier impérale soave:

¡Que pases dallí!

Con esto atíralo a lo endentro. Pergóntale si es opositer que bosca al su marito, mas Dagoberto el Mayore escusa se que estodia al opositer sin lo sere. E que lo estodie ben, que el opositer quédase sin nada de niengún, díscele la mojier. E por ello estánse mesmo sin vesteduras. Mas acaríscialo en el miembro del brazo la dona e ride una poquetina e demanda:

¿Te polla tenes?

¿Qué nombras polla, mojier?

averígoase Dago-

berto.

La dona non risponde con palabra, mas con rápido mue- vemiento de mano hacia la baragueta del mi hermanito. E

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cualcuna cosa cogería allí, si mi hermanito no retroscediese sosprendido. Ride la mojier e díscele si non le moestra la polla que apolla los hoevos. Négase Dagoberto muy torbado, que pensa que ansí non estodía al opositer. Nostante la dona oprímese en el insisto:

Moéstrala

non

me,

mas

al

dise, señalando a los sus hijos.

pobrecico

chequetito

Al mi hermano en su sientimento aquele argomento tra- pásale el cuer. Y deja que la dona despriéndale la baragueta.

E

la polla que voela salta como acereo resorte pa foera.

 

¡Si en más es nera de garande e dura!

meravíllase

la

mojier.

[52] E cualcuno quere se la porobare a su modo e ma-

niera, que la mojier sóbasela, que un chequito lámbele un

Hasta

que la dona ferenetísase espolsando patrás a los sus hijos e díscele:

hoevo, que el otro apillíscale el cumbre de la mástil

 

Peréstamela una poca

¿Poroqué?

Puesoque tengo nada e tenería.

Ehhh

alongábase Dagoberto timendo que el ato

anoblárale el estodio del opositer. Pero la mojier crida:

¡Peneéntrame, per caritat!

Aquele crido confonde Dagoberto, que disce:

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¿Queres te peneentre?

E compeletamente esclarecido por la confosión al punto éntrale el pene que ella pene nombrare. Brincó la mojier, que si faltárale todo non fogositat y flesibilidade. E baló la dancsa de los siete velos, maguer non tenellos, e la del estógamo y tambén la getana. Arribados que foeran a la fine, la dona non quérese desperender e apertaba las gambas con mucho dando altos cridos:

¡Al latrone! ¡Al latrone!

¿Qué latro te, cajetona? goberto el Mayore.

pergonta estiupidifato Da-

La polla que disme

desvergoensase ella.

Agora producse de dónde non sábese dónde una tijieras de acortar e quere acortare al mi hermanito del su pene que sóbrale para foera. Mas Dagoberto el Mayore colpéala de ferente en el rostro de la cara, desfásese della e márchase indinado porometiendo se vengar.

[53] Preséntase al su jefe mastiodente de los conser- vatores e díscele que aquele desnarigado es un destrutore malo buuuuuu!, mas que non pudo lo estodiare, que el hom- me non tene létera. Qué létera ni létera, inquínase el mastio- dente, si se enteresa sólo sabere cuáles son los sus mue- vemientos. Eh!, que el muevemiento del homme es muy rapid, díscele Dagoberto, e más conosce él de los mueve- mientos de la hembra del desnarigueta, si de muevemientos se tarata

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Interrómpelo el mastiodente. Espilícale con una pergon- ta cuále sea la folisofía e prática del gobiernante conservator. Que ¿qué bosca el conservator que quere conservare para el público la cosa pública e que non la distruya el otro que es? Agora para que non la distruya el destrutore hácese firime destroire al destrutore, que mult debe destroire qui quere conservare y coidare. Ansí precísase sabere do se está el destrutore para lo destroir. Ese de muevemiento abasta, e más que muevemiento es paramiento, puesoque destroiráslo coando apárese en lo quieto.

Estonce el mastiodente apre una vetrina y estrae della una torta mult priciosa con la meringue sopra. Dagoberto el Mayore pergonta si sere la torta para manyar e alarga la mano e quere se la comer. Mas apáralo el su chef mastio- dente e levantando la meringe, que es sólo tapa, moéstral un mecanésimo de bomba para restallare foerte. E enterégasela al mi hermano, preveniéndole que coide ben que el opositer sea dentro la su morada antes de regalalle el caramel. E ordínale:

¡March, march, march!

Marchóse sí Dagoberto el Mayore hecho unas pascoas floridas del Nuestro Siñor puesoque habríase de cobrar la vengancsa de aquele mojier que queríbalo capare. Vegiló la morada do endentro estiba el destrutore. Vio que afumaba [54] el su tabac por la nariza con fumo de trescientos cincoenta kilometres por hora. E vio tambén a la mojier en la naturalitat de su pelle, que arrascábase una teta abastante lejos del marido opositer, creyendo Dagoberto ser llegado el

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momento del don que debía dare. Colpea a la poerta e com- paresce la mojier, mas al vello devene pálida de moerte. E con voz partida díscele:

¡Fuer, que el mío homme es agora mult brauío!

Dagoberto sorrídele e alóngale la torta susorrando:

Ten caramel de agradezco.

Refólgenle a la mojier los oillos coando contempla aque- le masapán e abalánsase e con ele entre los bracsos dispa- resce en la su morada. Dagoberto mi hermanito corre a aspe- tar a distancia prudential, que el relós del mecanésimo soena de mediodía pasado, ay. E non acaba de se refujar tras un paret coando uno horrífico ay restaller ratratrabumratratrabum desgarra ay las arias terriblement seguido de otros restallers ay minores trabum bumtratratra bum tra.

Fuma agora la morada entera, que ya non es. Y Dago- berto, endemientre compurueba con sientemento de iustice que el destrutore e la su mojier castratora furon destroídos, recoge la perna soelta de uno de los niñitos y tambén el tabac del opositer y llévalos al su chef como siñal de misión acomplida.

Poronto los papeles escruídos que llaman piriódecos descían que ya se veía calaro lo que los opositers hacían a la cosa pública que era del público en distrución, y que viviera sólo el partido conservator, viva, viva, para que el destrutore no vencsa.

Ansí Dagoberto el Mayore ganáuase una salario labo-

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rando para los conservatores en la conservación de la cosa [55] pública que non hay que soltare para que non se perda. Y enveces apoñaleaba a un opositer en estremo hidepú, talo- tra envelenaba las aguas de un pueblo de enteros opositers o arrancaba los oillos a cualcún destrutore que le marcaban. Mas tambén yo hobe de laborare para el mastidente conser- vator en chef, que mami lo quiso e levantaba mult la cabeza prarriba en el desespero hasta que se lo otorogaron.

Malgrado sere en la edat de la dolescentia, era yo reduicido en el contienente y el chef vióme en las ienergías físicas de destino otro que el de Dagoberto el Mayore. Con lo que converetíme en el inauguro de una nueva foerza del partido conservator: los espetorantes. Considerando non apto me para el empeleo de calquequier arma, foese cochillo, ba- lepsta, lancsa, rivolver o mitrallosa, en más de enútil para la torompada del brazo, el mastidente adiestróme en el uso de la escopida, que era ricorso antigo e poroqué malrazón oblia- do e abandonado, dijo.

Non pens, non credáis, ni timáis, endilgaroos un tractat sopra las difierentes escrementes que escreta el coerpo del homme. Mas vedréis que, comparada con la merda, la pis, la mucos de la nariza, la cera de la oreca o el peto del culo, la escopida es mult supierior. La merda es lerda en estremo y por su natorale va pra abaco, la pis, ben, la adiriges do que-

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res, pero puede te faltar, para non parlare de la mucos y la cera, que crían se escasas como en soeños. En coanto al peto, vero es que en la mi esestensia trové magistros peto- rreadores de primera calitat, capaces de dar [56] un concert longuísimo con piesas de todos los estils, coal si la su per- sona non foese más que un inorme e puro peto que a volun- tade dilatábase por las arias. Pero, maguer la gracsia, ¿qué sea el peto si non sólo roído? Puesoque la olor por jediente que risolte non la comandas e disípase al poronto. Ende- mientre que la espetorasión de la escopida colpea allí do queres y en el instante que queres. ¿Non es la más antiga manifestación civile del hornme? Pero si es ato de protest, maguer cualcún háyala usado tambén como isturumento de aprobasión y agradeciment, que cosa cualquequier poedes aspetar del homme impulume. E como arma de protest es la más secreta, poroque la portas e niengún te la suspecta hasta que no la padesce, que la saliva de la boca non falta te. Aprétaste con la mosculatura del rostro, coal hace el conejo, las glándolas saliviales del endentro e pensas en un suco- lento manyare que non manyarás e allénasete el ujiero de la boca con pura saliva. E goárdasla pelena aspetando tu oietif. Considera que la saliva es mero condutore, que descara- garás sin engredientes coando la protest sea leve. E poedes graduar la intensitat de tu arma asegún queras. Que la mes- clas por primo con cualcuna flegma que atraes del tu estó- gamo e dasle con ello densitat mayore. Loego si boscas pro- test foerte sórbeste la mucos de la nariza e bátesla ben con la saliva ya realzada por las flegmas, que la mucos da cual- cuna soliditat. Pero si el protest lo pensas como punisión e

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castigo, debes sere catarroso del boronquio del pecto. Agora atoses y rrancas dallí del boronquio varios pedacsos de catarro, que traen lentejuelas verdes e garabancillos grises e amarellos, e mesclas e tenes en el ujiero de la boca una vera minestra para disparar.

[57] Atenta la tu atencion, nostante, a cómo disparas el esputo, si el mastiodente enseñóme, con su poropia saliva y sopra mi poropio rostro de la cara, un intero arte de la espe- torasión. Que delibras el esputo de una sola emisión, coal colpe de pistola, que lo lancsas de lejos o de cierca, contino como el chorro de una fontana, cerrando abastante el ujiero del labio, que lo entregas con la boca pelenament aberta, igoal que si alansaras desde el estógamo, e mesmo alan- sando una poca con la arcada. E poedes apuntare el gargajo a los oillos, foera de que será birillante si acertas a dalle en la justa boca e que se lo trague y con su saliva se lo coma. Pe- ro tambén está el esputo repetido, el de costado, el que ensucia los pes y mults más. Ya vedréis, que el chef conser- vator, malgrado el su volumen, saltaba en torno me egual que pacaro de presa o perro masitín de caza, copriendo me de gargajos, que ya estaba ben que diérame en los oillos con su minestra escura y pegaascosa como el cimento e difícile de sacar, si non que coando acertábame en la boca non me gostaba el gosto a ajos, cibollas o la merd de que se alimen- tara que trasmetíbame con el su gargajo. Mas descían que resolté discipul sobresalente y dino de su magister.

Compeletos que fueron mis estodios e la prática ginás- tica requerida, marchéme agora a la estrada a boscar al opo-

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siter que el chef siñalábame. E portaba yo en el pecto una cartel discente "poeblo", con lo que entendíbase que era una representación simbólico de la poeblación. Trové al opositer coando salía de la peliquería, interamente alostrado e con una flora en cada oreca, que era homme harto relambido e coidado de sí. Aparélo con gesto gentil de la mano, puesoque parlar non podía. Como aqueste opositer era devorado por la vanitat, detívose sorridente e ya alun-[58]gábame una es- tampa de propagand con la su imago, coando alcancélo con una primera escupida en el oillo esquerdo y con una secunda en la camisa e cravata. Eran acatarrosas. E el homme dís- ceme:

 

¿Qué faz, rapaz?

¡Escopo te, malefastor, que el poeblo non soporta te

plus!

rispóndole.

E contino descaragándole una seguidilla de pesados gargajos, pues preparárame ben para el debute. El homme soclama:

¡Bast, rapaz! ¡Bast!

Hay garande copia de genctes en aquele estrada bajo el birilante sol e apáranse con más para almirar la mi punctería. E fijaos la meravilla que es el poeblo reunido que, en oyén- dome cridar e en véndome escopir, láncsanse tudos a ayu- darme. E que si aqueste escope al opositer, aquele jeta le una pietra. E más que arráncanle las vesteduras, con lo que agora, al verlo pelado, queren lo descoartisar, endemientre el homme en pelota e ferido logra se foire. Pero ya está

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alvertido aqueste opositer del relambe, que el poeblo non sopórtalo e díscenlo los piriódecos. E se contina con la su atividade, trovaráse con el hermano mayore, que ele non es de escopire

Ansí Dagoberto el Mayore ed yo formáuamos una equip mult eficaz para la prática del gobierno de los gobiernantes conservatores. Ganáuamos nuestra salario y secure que el chef mastiodiente teníbanos en ben del conceto. Mas todo non dura nuenca.

A me ocorrébame que con la tancta marea de saliva que prodoccía debía desagotarme de temp en temp, vera maladía profiesional. E talavez non hacíalo en los soelos. Mas [59] con el mi espéritu jovenil fIaf fIaf fIaf diuertívame en espe- torare a cualcún pasante que gostárame por pura sporte o para punir una atitude citadina viceosa, sia un chequetito insolente, sia una mojier horríbile, sia un vieco papasmoscas. E calquequier destos resinábase con espresión de moerto pánico, endemientre que altres saltaban coal lacte heruida e corríbanme boscando casticar me, mas llevábales ió la des- tancia del pirimero, e tudo aquele resoltaba pro me, al ire e venire de las jornadas, entremés y jácara asez ridente.

Y reparad que acontesce agora. Que adentrándome yo una giornada verso la oficena del mastiodente apropíncuase a me uno veco renco, para más con facha de mono mandrile, que calávame el ojo sin pertenencia ni recato. Estonce espu- to yo al soelo con la lentitut dispresante de quen disce: "¡Apá- rate do estás e retro cede!" Con lo que el veco, sin dejar de guardarme de la mirada, comenza a gemir con la boca se-

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rrada y la foria del débile et aleve e gime e gime, arredu- ciendo et ennereciendo se ugual que bomba de bum bum bum, hasta que espolota:

¡Vedrás, osté! ¡Vedrás fare me con osté per tornar!

Desfilase con aquestes paroles hacia la poerta del chef a velocidat de ratón viudo y allí esfómase, que se hace fumo. Pero no tardo en audire voces garandes que reclaman me por el mi propio nome de Dagoberto padentro del chef. Estoyme allí al pronto e ricebe me el mastiodente balanco de la rostro e bermellas las popilas e con los puños de la piña pra arriba, mas sin martelar, quen crida me:

¡Cacosté! ¡Cacosté! ¡Cacosté de bost de caval mort!

Agora cógeme por la estremidade de los brazos, lévame en las arias et estrella me con multas estrellas de colore [60] contra lo mur. Mas recoge me un de sus verudugos que era

allí, alza me e jeta me a los soelos, a los pes del chef. El chef leva me et láncsame talavez de cara hacia la paret. E cógeme el verudugo e jétame el chef, e leva me el chef e

abaja me el verudugo

¿Non ves que el seiñor aqueste sia nóbile e en más et

de entelegentia e por sobre todo fermoso?

mastiodente con ontuosidade del tono que moérdeme los niervios.

Vedo, mirando verso do señálame, vedo, sí, que parla me del veco mandrile maudite, que aséntase en las sombres. Repondo, qué otro:

dísceme el

hasta que soy molido e apáranse.

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Eh, sí, eh.

¿E osté escopes sopra noblesse e entelegentia, esco- pes sopra fermosura?

¡Yo non escopera siñor! calamé.

Agora mentiba, recordando cuán bel gargaj espotárale en pelena facies dos semanas pasadas, con que corrílo pra espetoralle de novo por el gasto que diera me el pirimero. Nostante el mastiodente sabiba ben puesoque que detá- llame:

¡Escopes, sí, clandrún! ¡Una, dos voltas e córreslo con ferocia a homme delicat pro repeter!

Et yo:

¡Estonce pasélo por opositer disfarazado, maestre!

¡Opositer señala chef! ¡Opositer comand yo!

Con tels paroles volvióse al su verudugo e díscele:

¡Machúc! ¡Machúc!

[61] Ego creuía que quel Machúc foese el apelativo del verudugo, puesoque, en oiéndolo sonare, a aqueste, homme espubantábile que iba nudo et con el cranio afeictado, pará- ronsele non sólo las orecas dos, mas tambén la verga, que púsosele de tres palmos e hizo me pensare lo cariñado que estiba con el su nome que caosábale tale efeto. Desen- gañárame al puncto. Machúc non era nómine niengún. Non que non. Machúc era órdine al verudugo de que machucara me. E ved que machucóme. Machucó me con los punios et

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con los pes. E pateábame e dábame con la hoeso de la cabecsa contra la paret del mur. Si hasta con la su verga, que semellaba de ferro, casticó me volteándome la rostro a dolore. Corríua la mi sangare mezclida con las mis lácrimas e quejíme e gañíme por la mi matre que non estaba. Et el verudugo respondíuame con una puntapés en el blandico estógamo, que hacía me dueblar en tres. Con lo que loego

enderecsábame

gozo sentado en la su silla. Et estaba el verudugo apa- lastándome contra el soeIo con los pes, coal si fuera alfom-

bra de piesar, cuando de improvisto paralícsase el seviciador

e lansa varias alaridos e convolsiónase que diríaselo ferido

inestremis. Mas non es ferida, cuandoque el homme eiacula en las arias mueviendo mult el culo. E la lacte blanca et guru- mosa brota a chorro quente de la su verga maculando las mis viestiduras con su olore a la lavandina que non limpea. Agora inter rómpese el casticar e los tres merds, el veco, el mi chef y el verudugo reónense en congreso para bisbisear que non óyase. Al pronto pártense dallí et vien el verudugo e leván- tame una poca de la prostración. Con los sus dedos de plom- bo ábereme las párpados, que llevo aserrados por la confo- sión del castico, et estonce veo. Veo ferente me al veco

oseruán-[62]dome con eironía mala e poronto non lo veo, que ¡escópeme, ele, por primo en un oillo et por secundo en

el altr, con lo que póneme ceco del gargaj! Non salíuame to-

davía del estipor de sere ataquet con las mis mesmas armas,

coando las tenazas del verudugo áberenme las mandíboles et presto siento la boca de tragare pelena de una ácidua menestra que el veco vomítame interminabilemente dentro

Endemientre el veco maledit arreíase del

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Depués arrojóme el verudugo a la estrada et dijeran me que como lesón para la mi labore fuctura abastaba. Mas la foria que poseióme impedíbame andare alesonado.

Empero comparat aquesto con lo que contescióle a Dagoberto mi hermano el Mayore. Que tambén ele resen- tíuase soperado en ienergías et eficientia. E añadid el su es- péritu despresativo de superior en más de jodón. Agora an- daba por la villa et las campañas ya acompliendo las labores que ordinábale el partit de los gobiernantes, ya godéndose el temp pro se. E coando godébaselo valía vello, discébame, en tuda su leticia con sus artifacts de espolotar bum bum e sus velenos yiiii yiii e mitrallosa pim pim pam pum e poñales jrash jrash metiendo vita et muevemiento allí do pasara.

Ansí una jornada que pasea se por un district elegant de la cidad descobre una mojier mult caragada de perifollos mile et con valorosas gemas et facha estucada al mácsimo, mas de gordura de grasa tale que las aposaderas seméllanle un baúle. Danle al mi hermano las risotadas ante esta mama racho y aquele día portaba una escopetón de miniciones. Brótale dello la gana de hacer que la mojier bale un bal calquequier. E desque brótale apirieta el gactillo de la escopetón et burumbum que allá va. La perdigonada hón- dese en la aposadera esquerda, que hay li donde [63] hon- dírese, e la mojier álzase en las arias con tudos los sus peta- tes e humanidade, coal levada por legión de ángelos, et ento- nando cridos de vitoria. Maguer lo una poca descompuesto del bal, góstale al mi hermano tant que pra no perdello apirieta en más el gactillo y ayoda a la balarina con otra salva

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de perdigonas en la aposadera reta, burumpumpum, et nuevos pasos de bal e nuevos hinos vitorientes. Maldíscelo la mojier en viéndolo y miéntale a la nuestra mater llamándolo hidepú. Et hállase tirada en los soelos. Dagoberto el Mayore arrebátase e téntase de punir la su despertenencia de paro- les con una perdigonada en la pancsa. Mas loego reputa non sere el caso de ruinar la su fest. E marcha se siflando una marcha del partit de los gobiernantes.

Coento terminado non foese iste. Que pasada al menos una luna concítalo el chef a la su oficena para planar una labor ben initeresant, hácele argoir. Dagoberto ocorre a la oficena sin suspecto cualcún. Et al vere que endentro cuadrá- banse coatro verudugos de aparensa peligrosa aun non time nihil. Por sobrecoenta el mastiodente hácele un bref discurs, dorándole lo satis que fecho dele et la su labore estaba se. Et Dagoberto interrógalo qué plánase agora.

Primo vamos osté decor díscele el mastiodente.

¿Pro qué decor?

pergonta Dagoberto sin suspect et

mesmo con alegresa et coquet.

Pro última hazaña partit osté hiciste.

Estonce avanzan se los coatro verudugos e aprenden a Dagoberto por cascuna estremidade, man et pes, et el mi frater requetórcese cridando ¡coac!, ¡coac! ¡coac! Nostant los verudugos domínanlo y téndenlo en la piso, átanlo mult tirant con cordeles a coatro columnes, una para cascún [64] man et pes. Coal cruxyfijo, boquiabajo, Dagoberto volve la rostro al mastiodente demandando:

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¿Quisíst? ¿Quisíst, chef?

¿Quisíst? parla el chef . Dije osté. Decor pro haza- ña. Decor por mojier aperdigonest en cul. Maguer sia fém- mina viceroy partit conservator, maguer menasce nos perder post pro hazaña osté hiciste, nos agora osté decor.

Dagoberto, al oyir iste, acállase et fríase de helo por dentro, conosciendo se descoberto. Dimprevist sente que un verudugo pónele la pes sobra la su nuca et, al debaterse, con naturale reaction, alevanta las nalgas del culo. Rapidmente compurueba que arráncanle pantalones y bragas et enfores- ce se cridando ¡coac! ¡coac! ¡coac!, que non quere que le ha- gan cosa de hommes en la su bajura. Oiense empero mur- murios de istupor al vere la pele nera que el mi fratel tiene de la sientura en baco. Mas al poronto sente Dagoberto que rempújanle en el conduto un object estranio, que, por la fredor, non es humano. Et ride el chef con ridere que parte las petras, discendo:

¡Foeras nero para el decor, pichifáz del cacán!

A istu apártanse dele presto los coatro verudugos y el mastiodente, que los oie y ve, corren lecos a ponerse contra las paretes. Et déjanlo solus, maguer lo coale sente Dago- berto un sisedo, que calquequier hácele shhhhhh shhhhh Mas ¿quén que ele non columbra? ¿Si será un altr homme de pito frido que ténelo introito en el su conduto? Shhhhhh, que el sisedo non para. ¿Et endícale que calle se? Proeba Dagoberto a se peer pro espulsárelo. Nihil: sólo el roído shhhhh que contina. Y el object pito non sia, que no mueve

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se para hacelle cosas de homme. Shhhhhh

Interrógase ansí Dagoberto coando ratratrastrastrá algo [65] espelota con estridore foera o endentro de ele et más non interroga se.

La su conciencia al despertare trovó al mi frater jetado en el arroyo de la estrada con el cul estropiseado. Habíbanle introito en el conduto un cuet de pólvera. Et fortunoso dele que la espolotación non rompióle la múscolos del lugar llama- do ano do hallábase, puesoque estonce vuelcaríase tudo pra foera. Mas el feuego brulóle la pele compeletamente de las nalgas et mesme sancochóslas y andaba mult temp quejién- dose et sin podere se sentar en parte nienguna.

Laborames aún para el mastiodente y el su partit con- servatore, que niengún manducas gratis, descíanos mater. Pero como cuascún de nos dos érase irirritado por el su cas- tigo recebido et como talvez por hereditat del aboelo materno teníuamos la caráter superbia et indipendente, non credáis que mizquinábamos la antica ocorrencia, el gargaj libire, la poñalada divertente. Et ansí coando comparescíamos cabe el chef, non las teníbamos toctas con nos, asegún disce el volgar. Et una jornada en que aqueste mandó nos llamare con certes melindres estranios, formamos congreso y deci- dims dicer que éramos absentes foera de la comarca et paíse et que más non laborams pro partit, sin queja contra ele, et puncto et item.

Que qué será.

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Dagoberto el Mayore determínase mas loego a travallar con se como patrono. Agora inter rómpese la noestra cone- sión puesoque el labor select pro el mi fretel non aveníbase a la sensibilitat et folisofía, que non tenía todaviva ista última mas regoldábase ya en me con foertes erutos. Que ele [66] reacordóse de su contato con la mojier del opositer sin na- rizas et con tabac et de la succeso habido en ocasione tale por el su pollo de sopra los hoevos. Et decside se a se espolotar por los sus serviceos sensuales. Agora marcha se por las estradas con el nostr hermán más chequetito, Dago- berto el Minore. Et iste va cridando:

¡A polla bel! ¡O pollito fermo!

Ouvrense poertas et ventanos y Dagoberto el chequetito sosorra a las enteresadas damas e mojieres e casqui vanas que tarátase de polla de homme la polla que oférecese. Cual- cunas esquívanse el diseo con la vergoensa indinada. Una dale al chequetito con un bacín en la cráneo. Y la de más pra allá calama apelando al gendarme. Mas aquesta codísease con la opferta et pede vere el tarifario. Puesoque tudo non es equal. Si queres ocservare la polla, non sia regalo, pues la mirada del ollo guasta el su objet. Si tocare, la cosa es altr, pues inter viene el tato. Chopare una poca con la lingua, vale al minuto como introito comune. Agora si boscas que mi freter entrodosce la su polla en el ojiero te ¿cómo quéreslo? Por primo, ¿cuántas polgadas, que hay demasía en ello et regolámoslo con anellos de cauchú? ¿Diséaslo comune, decúbito sopra el lecto et sin disvagación? ¿O peretendes lo

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rafinado, por enxemplo, parada en una escalina, prática que afatica mult el roñón del mi frer? Declara la tu etat, que isto cambia tocto, desque viella esquerosa non compra a mesmo preso que descreta fermosura. Et si sere vérgine, considera que el arrempuje es fiero, et canta la tu condición.

Concloídas las necotiationes, Dagobertín aprestaba la penis de Dagobertón, colpíbala para que desperetase y apa- rara se, lobricábala ben, colocábale los anellos caso neceser, y enguidábala verso el logare desirado. Agora el chequetito [67] hacía sonar las palmas et comenzaba el servicio sen- sual, mas non tan facilis como potrás creder. Aquesta siñora, satis que fecha foera, decalara nulo de nulius el serviseo pro causa non correra la isperma. E non quer pagare. Isperma non vendas, díscele el Mayore, sólo serviseo. Et ármase mulcta ola de batahola pra coger las piastras. Ista rapaza de diez más dos anios, que alquiláralo pra que desbrozásele el matorral, bosca agora le pagare con confitures de chopar. ¡Ved que en viendo vedrás lo que vedes! E como la arte non va ben cum juventutis, al Mayore una e más veces en la jor- nada ésta y aquele perras desvergüenzadas arrecaléntanle el motore e convolsiónanlo hasta que eiacula e pérdese la lacte o isperma el demón sabe dónde. Estonces el mi frater sente neceser manyar multo hoevo pra el hoevo de enbajo et con- tesce que una carniscera viuda alquílalo por una omeleta francés. Mas aquesta borguesa de teta relaxada, que encara el aspeto social del ato con asez formalitat et espera al mi frater nuda, con servilleta atada al coello, y en catro patas sopra la mesa del comedor, ahorrorízase en viendo la color

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nera de la verga del Dagoberto et diz que tale non es cevil e buen edocado, pero diabolic, et agítase e bóscase tapar la jontura con la servi lleta, maguer no ben recébela non quere la soltar e jura sere rica como la chocolat e dásmela tocta. Et la de masdallá, dinerosa, bella e prava, que discute trias horas que le arrebajen por la color de la penis o móntasme a nuevo garatis. Et aquels ambients, aquel odor a merd en los duermitorios, las sábenas más neras que la bajura de Dagobertón, eses labirintos escuros por do asomábanse diuertidos los nietos de la vejecilla que aloquecíase olfa- teándole et lambiéndole las bolas, aquels cuisins putrifatas de coucrachs como la de la blonda que quiso que ende- mientre el Mayore hacíasela el Minore [68] prestárale el pi- rulín pro chopete e non negas te a cliente de comprar. E aquesta matrona que contrata el serviseo del mi frer, mas en entrando cauciónalo que es pra devante della ruémpale el cul al su marit, homme con barba et voz de pito, que monstra plus leticia coando métenla se que coando sacan se la, et la su mojier quere sol isperma del mi fretel para beber en calice de cristal e que non la toquen en el rafinamento. Et la divor- ciat que acaríñase con Dagoberto et iura lo comprare intero

tasándolo en veint piastras más coatro cequíes

hermán memórase ya cum nostalgia del mastiodente y su labor para el partit gobiernante. Que laborare pro se arroinalo en el cenctro de la nervadura del su sere. Cuantimás que con el guasto del hoevo de enbajo debe gastar tucto aquelo que gana en hoevo para manyar pra el susodicto hoevo de enbajo. E mamín e nos los sus fretels mirábamos lo non ben desde la hambre, que sólo el pequenín mamaba cualcuna

Agora el mi

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lacte del seno que aprestábanle mojieres coriosas.

Estonce Dagoberto el Mayore abandonó la espolotación

de se mesmo.

Que el mi frer teníua tomado altr temple de ánima mirante a la espolotación del próximo et demás. Diréis que sere asez volgar la election hecha por el mi hermán de dedicárese al commerce et mercancía. Mas si sopieres que praticábase de nocte e sólo coando en locus et locales non había niengún de nadie, cuantimenos el doeño, agora com- prienderes la grand originalitat de espéritu de Dagoberto el Mayore.

Ansí inauguróse un piríodo con el que poronto vedréis la

mi conesión. Nostant fue piríodo de inorme plenitut como non

hauíbamos visto. Que si habiba de tucto: embotidos pra yantar, enseticidas pra occidere la polga y el coucrach, [69] capelinas de pailla pra mingere endentro, artifatos de cuisina, chapines de varia color et forma, quiesos, esperinas et más que non sé de ricoerdo. Maguer persentábase talavez cual- cún problem, por enxemplo, non habere más que jabón e toronillos de ferro e nos pergontábamos cómo se faz la omeleta de jabón e toronillos, tatarábase siempre de ostá- colos que la emagenasión superpasaba.

E agora la mi mater díscele a Dagoberto el Mayore:

Fazlo ser que se vea en tu camp.

Et segnefica con tels parols que endiéstreme en el su oficeo. Al oilla, un altr de mis frers, credo foere el secundo,

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avancsa cridándose que quer ser ele discépulo del Mayore, mas mamán repúnalo de un tarancazo, que la órdine ordínala ella, disce.

Isa nocte en la estrada umbra el mi fratel Mayore informa me que boscaremos porobarme el talent en una orelogería que ele teniba estodiada pra rancarle el usofruto. Dísceme que en el su oficeo, que va sere el mío, garrar con la garra quel que queres es objectif, pero, coal jamone empa- redado, está envoelto entre las paderes de altrs dúos pro- blems más, que son entrare e salire de do hállase quel que queres. Platicando arribamos a la orologería, que moéstrase escura, mas con las vetrinas reluxientes pro causa del oro et las gems. Dagoberto señala me en las poertas unos oillos de bronza e me sosorra que es artifato de al arm harto com- pelicado. Loego engántase la estremidade de las manos, estras alamberes, una cirio de vela, plumas varias, un frasquet con licore rosado et más et pónese a sobare los oillos de bronza, carésalos coal amante, frótalos, mastór- balos, ráscalos, escópelos con cariño, párlales, dásle a bebere una cocktail de licore et cera hasta que ibrios hacen clic tic puc e la poerta óuvrese [70] en el soeño del silencio. Entramos nos sobre la punta del pes. Et vide en una armario de vítreo unas gems verdes en un bracelt. ¡Cómo brilaban! Si hasta aparecía que guiñasen llamando me. Maravilléme et olvidé do estiba y qué hacía la. Puesoque non pensaba en garrar las gems pro me et fuire, mas el chequetito tiriste que habíua en me quería juegar con las petras verdes et catallas con la boca et colpeallas inter se. Ansí hondíme en el mi

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rapto. Et repentina inopina tum tum tumque elomínase tucto con lux de sole de mediodía et comenza a sonare uno hórrido boccinator o timbere o sirena de ulular. Voelvo me boscando al mi fratel e comproébolo desparecido. ¡Et cerró me hacien- do foncionare la al arm que delata! Al punto agito me da qui pra la como un rat disperado por foire, coando discopro en el altr estremo del locale a un homme pancsón, fiero e pelitieso, que debe sere el orologero. Coárctamese el cuer, sáleseme cuasi, mastígolo con la dentedura, atrágolo, que no te fuyas sin me, preciosura sin preso. Mas non tengo temp pra sobare los mecanésimos de la al arm como el mi frer. E non sé salire. E ¿qué fer, por el mi Deos? Que el homme orelogero, en oyendo la al arm, cogió la su arm et avancsa verso me con la rivólvera nera en la mano. Agora atiésome coal lancsa de gentilhomme et jétome a moerte ratrafrapaprás contra la vetrina de enfoera, con los puños palante proctejendo la cráneos, et ruémpola tritrapatrumtrás e cáigome en la vedera de la estra. Mas quién se apara, si yo ya corro, corro, corro, malgrado la sangare de las feridas de los vítreos en cara et manos, corro con la luenga lingua foera.

Endemientre corro coal rocín loco de galop la foria carcome me el estógamo y el pecto. ¡La conduta del mi fratel! ¡Trahirme a moerte con tant vile bajura! E non saliba del mi asombra generale. Con lo que llego me a la noestra casa [71] e trovo los a toctos, encloyendo al Mayore y a la mi mater, asentados en el patio et envoelctos en arias priocopades. E bastalles vere me pra que ridan de leticia et aplaodan me. E que yo non entendo. Mas precepito me contr el Mayore.

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¿Qui fesist, rotón? ¡Sas podías me morir, repot de la

mer!

crídole.

Va petit

Va petit

cálmase ele.

Ego procuro lo punir con los mis puños. Pero ele rídese e péese una poca con la diversión. Dísceme estonce que boscó me inseñare ben el su oficeo. ¿E cómo sapere si lo sapía se non faciendo me praticáralo? Agora sápese que soy entrado en el oficeo, puesoque salí de la orelogería.

La foria empero non abandona me e quiéjome siempere de lo que han me hecho. Et négome al oficeo del mi frate, que guastáranme la enctosiasmo de entrada o, pra sere más exato, de salida. Non vale parol o entimasión de la mi mami, pues paréme e de lí non moevo me.

El Mayore continó la su carrera. Híszolo con brilo et talent puesoque los piriódecos ocopáronse dele. Non nomi- nábanlo con su nom, mas las enderesiones dictas de los locus de commerce visitados hacían nos seguire la su carrera de meteor. ¡Sotil hermán mío, preocopábalo que el su nom non foese póblico pro goder del rafinado placer de la fam nonómina! El succeso, por disgrasa, ubriagólo, tornó lo más temerer que lo que foera. Una jornada, ouvrendo el piriódeco, vemos un grand foto dele: enfavorescido non era mult, el pobere, mas agora comprendimos que el plaser habíasele finido.

La familla sentiba que una era habíua concloído tambén pra ella.

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Sorrayólo la nuestra mater al reonirnos en el patio para nos imparter altr de sus enseños cardinals. Los diece anios [72] de cárcere que el fratel mayore habíuase ganado, dixo nos, debían nos hacer considerer el problem de la poscisión.

cridó de combat, gest brauío, verten-

do mult caspas al soel.

¡La poscisión!

¿La poscisión? indegábamos nos otros.

¡La poscisión, enfants! Boscas el ben. Ben. Tróvaslo, veslo, mas ¿veslo de do?

Dixo nos que resoltaba mult calaro por la su caráter que el Mayore era en esencea un homme de ación de hacer. Mas ¿cosa hiciera con la su vertut? Transforomóse en uno Robin Gut. Ben. Emper non riflesionó sopra la poscisión. Puesoque ¿poroqué jetarse, ceco, sopra la pirimera forma del ben que ofrescíasele? ¿Non habese comperendid que el su destino manifest era la políteca de condocire? ¿Non habese des- copert que habíua nele fibira hasta para priesidante de la respóblica? ¡Un priesidante de la respóblica! Tale perdérase por non considerare la poscisión. ¡Gay, gay, que non repe- térase en la familla! Quiejóse aun una poca, ruedáronle las lácrimas por el rostro de la cara. Compósose más loego et, pra sintectizar, dixo nos que la poscisión esiyía tenere en coenta do se estaba et do queríbase arribar en la bósqueda del ben. Concloyó haciendo suenar una poca los hoesos del su esquelectro y disciendo que, xustamente, si conside- rábamos la poscisión en que trovábamos nos era priferibile que pusiéramos nos liger liger a travallar si non quieríamos

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que la hambre nos mordera el cul. Tioría e prática, lición com- peleta: ansí era la mi mater.

Agora sois más entelegencts que cato marino viudo, lo sé, et ya habéis descoperto quels eran mis ideals, quels mis [73] planos después del discorso de mi mamucha sopra la poscisión. Emper tolerat que coente os las detalles.

Non finira mamán de parlar coando asiérranse me una poca los oillos et vide una máquina semueviente de las que apelan móvilesauts et otoros autosmuéviles, ya sabéis. ¡Una autosmuéviles! ¡Tancta delisea! Abastaba ya la mi antiga vocación por los artifatos que defendéranme contra el malo y piar ujiero del mundo. Mas agora añadíuase que con la carroaje vendrían me non sol protición que mesmo lojuria et ascensus, volotositat et poter, a me, el poberecito enam- parado. Aquels jornadas a las que impolsó me el conseil de la mi mater estaban trellenas de ensueñaciones con la autosmuéviles. Que si vidébame ya como si vuelara por las arias, pacarito, redento, ariaplano más que autosmuéviles. Et taras los viajes por las nubes, aposábame tambén en la terras y rulaba sopra ele mult vaporoso. Et comparescíase en el camín una siñorita vergine mult bella et descíame el grande amore que cataba pro me et déjasme sobire a la tu autosmuéviles. Estonce presentan se tres o cuatros e hasta cincos otoras siñoritas, cascuna más fermosa que les altrs,

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para declarar que yo ruémpoles el cuer. Plora una con lácri- mas azules en el mi honore, desagárrase otra las viestiduras, mésase la demásdallá la cabellera de los pelos, tocto pro me mostrar las sus pasiones. Con lo que hago las sobire al carroaje endemientre toco una valse con el boccinator. El mi carroaje es amarelo, sen capotaje et mima la foroma de una cisna. La turba multa apláodeme mult et los gentedearms saludan me rispetosamente. El millardario opferéceme una bolseta de diamants polidos si le dirigo el su necotium de la moneda. Más allama me el minístero para que adminísterele el su ministero. Et yo que veo al priesidante de la [74] respóblica que achístame desde el su palaz pra que sostitoya lo

Sento estonce en el mi ensoeño una sensación es- tranna, que es de carrote que colpea me la cráneos de dis- trución. Es la mi mater, casi enderecsada por el ferenesí. Crida que hace jornadas que doermo con los oillos apertos et non obedizco. Levanta la carrote de novo menazando. E ved agora qué contesce. Pra non sofrir altr colpo salgo me co- rrendo hacia la estrada, al salire doy con violentia contra una mojier que porta una paquet con hoevos no de homme sinon de galina, los hoevos van a rompérese en la trajes de un homme que vene en dirición opoesta e amánchanlo con mácula garande, potea el homme discendo hidepú, mas altr homme que pasa crédese insoltado e descáragale una trompada bestiale en la cara del rostro, non sin que al retros ceder empoje a una mónaca bizca, la coale pisa la cola de un cane que va con un siñor a bastón y el cane, en la

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confosione, olvídase de latrar e maúlla de dolore en el minut en que yo paso correndo junto ele et el siñor crede me pisárale el su cane y brama de cólera ferida et homme et cane lánzanse aperseguéndome con latritos e rogidos y yo corro plus con medo e corro y dueblo una esquina et apercibo un nero portale aperto et métome presto que te cobras e disparescas et endentro moévome en lo escuro hasta que trovo una escalina e abajo sin vere a un sotanillo et lí quedo me quietecico y tremante.

Agoárdome un temps que sepase la toromenta del homme y el su cane. Et atendo concentrado al roído de la estrada, sentendo me en aliveo del salvo a cascún secundo que pasaba.

[75] Mas al secundo seguente sento ben distinto, que sento en la gañote del coello un atraganto, maguer no del endentro, sino de foera, de mano que li cogido me ha.

Rempujáronme parriba por la escalina e, al sobire, con el oillo ya habitoado a la escuritat o medialux del logare, des- copro ferente a me a un homme vestido con una trajes micá- nico mult sucio, mas sere homme de ugual anchura que altu- ra, a moda de bola, que con más carecía de la frente de la cabecsa, puesoque la pelos del cabello arrancábale dire- tamente de las cejas que no tenía. E oséruame con tran- quilitat. E disce con vox soave:

¿Boscas qui, fils?

Agora, con el ánimo animado e voelto a me por la su atitude, decidí confidármele:

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Travail, siñor boeno. De grand pur, travail. Sí, siñor

boeno.

Que non méntole, puesoque, a más de rifogio, persigo un laboro pra acalmare a mamán. El homme cátame lentment con el mirare, ugual que si tocárame con las manos la mós- culo de tocto el coerpo. Dísceme a la fine que lo aspere. Et de poronto da un salt, jétase al soelo e pone se a ruedar, aléjase rodando coal pelota.

Estoy me li al aspero. E miro do estoy. ¡E válanme los dioses! ¡Ah distino! ¡Oh providenza! ¡Que do estoy! ¡Estoy en una garaja! Paraís terrenale pro me, soeño mudado en realitat, inmediatament depués del mi soeño. Estoy en una garaja, que non confondáis con gargaja, la hembra del garga- jo, sino en el logare do goárdanse et mímanse los carroajes. Haylos qui de tocta suerte e variada colore. Que el cameón alifante que bufa et espumarajea, que la taxis faticado et mult colpido, que la carroza de luxo, rica como un tisú et ansí dis- ciendo.

[76] Mirare qui entorno es un altr ensoeño del cuale ráncame la voelta de la bola ruedante, osia el homme supra- dicto. Endícame que siga lo et dentramos en una oficena con paderes de vítreo et mader. Hay pocos moebles, una escre- banía, varias sellas de asentar. Mas non ocópanlas. Et en los soelos, mult destendido, hay un luengo homme que yergue una poca la cabecsa apueyado en un codo. Vestido de nero, cara de dolora corónico, gasta longs mustaches amarelos et foma con buequilla un cigar de papier. Oséruame, voelve la

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cabecsa verso la escrebanía et sospira. De nuevo oséruame, de noevo sospira. Sosorra más loego:

¿Quers labor te?

Sí, su señoría.

Faz anellos con el fumo en las arias. Et interroga:

¿Quí?

Sí, sí, dotore.

¿Con las maquins?

Sí, dotore de siñoría.

Sospiró foertemente por la mi risposta. E contina per- gontándome sopra las mis habilitats, maguer con vox cada que más baja et debo me gachar pra oíllo. Confésole non saper mult, mas decalárole el mi amor et calientura por los artifatos. Diríase que séntese ferido. Et estálo et yo non lo sé, divino non sere. Quí zas qué hobiérale dicto con lo que sope depués. Halláuame ansí en inorancia ferente al siñor de Rocapuf, cabalier asez aristocratic. Tocóle en heritancia la garaja, pero desde enfante terno aborresce de tocto artifato. Considera que lo artifecho corruempe el cuer del homme. Et su protesto delicat consiste en non usare nada mecanic. Et agora aséntase en los soelos coal nóbile sauvage. Mas ved que los temps son mult corrotos et el siñor de Ro-[77]capuf meravíllase hasta las lácrimas con la grand perdition del homme et descide se a praticare mesmo una selection de fonciones dentro de lo natorale del su coerpo. Et descarta et condenas bracsos et pernas, incloído mans et pes, por eceso

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de mecanicitat neles. Item que non camina plus et non garra con las mans de garrar. Cúpome me sere uno de quels que cascún jornada traslatábanlo en una palanquina de la garaja al su palace de viver et visaversa. Que sobíamoslo garrán- dolo uno por la cabecsas et el altr por los pes et ele estábase loego dorante el periplo tombado lánguuidamente afomando el cigar. En llegando dispositábamos lo en la alfuembra del su palace y ele deregíase rastrándose sopra codos et rue- dillas a las sus aposientos. Sofría mult aqueste homme nóbile et ben pro causa de la su lucha grande contra el artifato.

Sin embargo, quel premier jornada yo sabíalo non. Et ele non indinóse, mas en detarminado moment agitó soave- ment una man en las arias endicándome que me marchase endemientr volvía la rostro hacia la escrebanía. E malgrado el dolore que caosele con los mis hinos al artifato, el siñor de Rocapuf dió me el labor de no necesitat. Dísjomelo la bola ruedante, que enterpretaba la sinificación de los gests de su maestre, e que, corioso o non corioso, apelábase maese Rodaplum e non supe nunca de jamás si el siñor de Rocapuf tomáralo por el su ruedar no artifato o si el ruedar venérale depués por amore ni si el su nome era de memesis prenatale o poroque la natur copea a la art.

Mas laboraba en la garaja ¡et quale leticia dello! Había dantes un garzón de nome Truc, uno de esos neritos de oillo chino orientale, el coale, ante cascún travail que encara- gábanos Rodaplum, inseñaba me con las conocencias que coñecía. Ya a lavare la autosmuéviles, ya a revisare le el [78] sototren de abajo dende la trinchera do refugírame el premier

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día, ya a inyetare la esensea del petrol. Truc era beno et maldichado puesoque laboraba pra un vello malino que ha- bíualo comperado a su familla por dos chuletas e media e llevábalo e traíbalo con una catena de ferro atada al gañot. Et emper la su maldicha Truc talavez balaba con me de leticia, tomados de las mans, entorno a una autosmuéviles.

Non obliábame yo del mi soeño de conquister lo mundo con una autosmuéviles. Que mi grand felicitat sorgía de sere entre tales maquins e hacíaseme que andare entre eles acercaba la realitad del soeño. Agora procoraba aperender tucto de eses maquins pra que con el sapere foesen como míes. Enseñábame Truc et tambén Trac, homme altísemo, de mans ugual a palas, pálido de blanco e pelos de la cabec- sa colore verde, que descía sere las canas que sacárale la vida, maguer lo cuale compadescíase y entenerecíase con Truc et con me.

Sope ansí por primo las marcas e coalitats de cascuna autosmuéviles. Que si el chervolete, que el notefides, que la forda, que el pojote, que la rolaroy, que el craucrau, que la ninirit et más. Et coñecí aquele que voela como el ariaplanos et quel que colpea ugual que la tank de arm de matare, el mult elegant mas asez flébil, el para andare por la pastos del camp en esporte, el utiliter, que es enútil en la campaña poroque choca contra las petras e abastante poca útil en la villa o cibdad por causa de la agolomeración, e el fastideoso, que non sabes con qué pagallo ni do metello et non lo usas poroque gastanlo tucto el temps la tu mojier e los tus fillos e la soéguera e el coñato.

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E agora voluíme grand technic et mult espert en toctas las partes que se asemblan en una autosmuéviles. Que anderésame las bielas, que están una poca ibrias, mas esta [79] bálvola descarajinósete et moévesete la embraga, que non emparéntase con bragas ni braguetas, o refriósete la termostato del radiadore, e mira las tus cobiertas guastadas que patinarás a moerte, conque limpéame de paso la para- arias et brisas, vegílame el fereno y dasme una mano de aceito por la carrozaría

El mío sapere de los autosmuéviles tornóse magisteral en quel garaja. Dotore en autosmuéviles apelaban me Truc et Trac et mesmo Rodaplum considerábame con orogullo. ¡Si hasta coñecía yo las animalas que poeblan la autosmuéviles, non solo los cavalos de rigore, sinon tambén la tigre, el cangoro, la tuertuga et mas que la habitan e caresábalos coal domator e dábales de manyer en la mi man!

Certo es que ubriagábame asez aquele condiction soperior de sere non ya máquina yo mesmo, como cuando neñito, sinon agora amo et patrón de las maquins. Maguer dello el cerébero seguía foncsionándome pra organizar cual- cún metod de hacerme de una autosmuéviles mía de mí. Comperar non comperaría, non podiendo, mas debía birlar. Et diréis vos otros que nihil más facilis que procorarse una autosmuéviles que laborando en una garaja. Et cogitélo mes-

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mo yo en un premier moment. Pueso que había Ií tantas carros, ¿poroqué non tomare una pro me? En más que era un comendadore mult ostencioso, que atendíase en aquele garaja, el coale guardaba duas autosmuéviles a causa de que gostaba manellarlos al mesmo temps, sobido con un pe al estiribo de uno e con el altr pe al del otro e condociendo con una man cada volanta, a moda de yunta de cavals de circo. E [80] salía de la garaja dando grands alarits. E en tanto luxo, pergontábame a me mesmo, ¿poroqué non toma- re uno pro me, sopra tucto el verede, que me hinotipzaba?

su

acomplimiento estábase el nóbile maestre Rocapuf. El hom- me tenía cada día la trajes más nero por el grand trionf del artifato. E veíualo rastrarse por la su oficena agitado por mult impaz. Parlaba con la su escrebanía e non sospiraba ya, sinon que cridaba:

Mas ved que tremedio mi diseo

et razón

e

el

¡Gay! ¡Gay! ¡Gay!

E tambén cuando taransportábamos lo en la palanquina quiejábase con mesticia que adolíame el cuer. Con lo que descíbale:

Non sofr, maestre beno.

Emper ele:

¡Gay, gay, gay!

Agora ¿con qué mans aporopiarme de una carroza de su propia garaja, con qué ánimo desmostrarle que mesmo yo socombía a la sedosión del artifat, cómo ferirlo de nueva

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ferida? Creminal foese. Et non. Non de non. Cuantimás que si rapinase la autosmuéviles verede del comendadore, tocta la garaja descopriríalo e poca foera mía. Ansí veis non sere tan facilis como credéis.

Nemigo de la fratura, non calcolaba proveer me autos- muéviles ganzóa mediante e rompendo cierraduras o cierra- blandas de carros en la estrada. Estonce ¿qué quedaba me? Riflesonando e riflesonando, cadí en la iúneca soluctión posi- bile: el mi objetif debía sere una tasis.

Como parecióme neceser, acomencé por lo etudio de la pesicoloyía del homme volgare que cabalga la tasis de punc- to. E vedréis que son asez rudos e volgares. Erutos, apela- [81]ríalos yo en generale, que no sabes de do saltan ni de do vienen ni a do van et son roidosos, viles et pestilientos. Si queres los tomare, jétanse te encima como pra te occidere. Una vez endentro parte coal cohet suicid et si dijérasle que llévete nord pórtate sude e si uest, marcha est, puesoque pra elle siempere es la hora de la bisteca et el su caval voelve al redile. Talavez viaja con la su familla o la su erótica e debes soportallos. Mas nunca de jamás para de potear et lanzare maledictiones contra tocto quel que atravésale se et en más escope fuer et endentro, manella con el ded miñique, lee el piriódeco, atrona la su radios et quere te rubar.

Lo etudio tale mult non pude lo proluengar puesoque costaba en demás et los soldos de mi salario menguábanse con gran quieja de mami. Dígole yo asperes et vedrás, mas ella non quere et qui sabe nunca. De cascún modo, como la piastra vuelaba por causa de los reloxes de las taxis, tuve

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que me decider a la action.

Consideraba que los mis coñeciments tanto de la ma- chin como de la pesicoloyía del tasesmeter securaban abas- tantes posibilitats de trionf. Estonce eligo una nocte escura, póngome el paletó et salgo a las estradas con decisione más firime no. Miro et calcolo apaseándome lentment et sopeso el aspeto de las machins que trascorren et la aparensa et volumen del tasismeter, poroque con quén te metes. A la fine reputo apropiada una más ben veca pero velox, con tasis- meter pelisrrojo et de aria cansina. Apárola, sobo, doyle un enderezo et, ¡tate que te tate!, el homme rempuja el acce- lerátor, lancsa un crido de combat et tansfóromase en bestia espaventabile. Tremo yo una poca, una sudare freda báñame el front de la cabecsa, poroque aqueste homme non es lo calcolado. Et vamos de galop fol, endemientre ele lanc-[82]sa sus alaredos ¡auuuuj auuuuuúj! et yo colpídome contra la tectos.

Non sento me mult entimedante, que más timeo yo a ele et isto mérmame la auctoritad. Agora la cavalcad prosegue et tambén los alaredos et casi occide a muchos que arríscanse al su paso. ¿Qué facer? Procuro asojetarme para dominar al minus la mi vox con la que debo le parlar. Estonce apárase la tasis et llegada es la hora de que yo atúe.

Et hacendo un grand esforz dígole que entregue me la autosmuéviles. Mas la vox que sáleme de la graganta seme- lla el piar de un pacarillo, mult tremante et en más que non es de audir. El homme, aún esitado por la carrera, non áudeme, en efeto. E vóelvese verso me con los oillos jetando foego et

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crida orribilment:

¡Racatatraj! ¡Racatatraj!

Agora ego, confésolo, cágome cuasi en los pantalons por el medo e bosco disparar. E abro la poerta. E sálgome a la estrada. Nostant, el tasismeter, rapid coal centella, sáltase sopra me, perquísame las bolsillas, ráncame toctas las piastras que tengo, dásme una puntapés en la boca del estógamo que láncsame dueblado al arroyo et márchase.

Calquequer lesón aperéndese semper. Había yo atuado inarme et descobrí que faltaba me la arm de protejo. Agora medité e dísjeme que sere neceser pro me una arm pistol. ¿Et cómo procorar un pistol? Meditélo endemientre laboraba en la garaja, endemientre condociba a meser Rocapuf en la palanquina et tambén en el mi lecto de casa. Pergontéles indemás a Trac e Truc si poseían la arm e negáronlo, que sere mult espensiva de gasto.

Malgrado la deficoltad elominóse me una jornada la bojía del cerebero de la cabecsa et comperendí que el pistol [83] es artifact et que haría lo yo, champión é dotor de artifacts. Laboré en mi casa en las horas de non laborar et corté madera de carpenter, polí, ujerié, travallé con lima et martello. E púsele endentro un artifesio de cauchú, el coale, al presare el catillo, haciba clic clic clic, como si foese rivolver vero. Dello descidíme a porobar el efeto en mi herman Dago- berta, que apaseábase por el patio en su carro de madere de fructas. Ansí presentómele de emprovisto et púnctole a la rostros con mi pistol e hágole clic clic clic. ¿E qué credéis que

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faz ella? Que rídese. Rídese et pergóntame si voluíme altr vez niñín.

Volvíme al labor, no sine certa deception, et, tras una profond meditatio, discopro por primo que el mi pistol tiene unas arias mult cándidas por colpa del color natur de la madere. Agora díle una tenctura nera que tornólo más nero que la bajura del mi fretel mayore. E penso que el clic clic clic del artifesio de cauchú sona ligerment enfantile de niño, con lo que retócolo e arróncolo pra que sone croc croc croc. En más escolpí en mader un ave aquila chequita, maguer de aspeto mult ferox, díle la tenctura nera et clavéla en la es- tremidade del caños de mi pistol. ¿Quí non temérame con aqueste arm?, descíame. E niengún respondíua. Sol mamán endinábase una poca credendo vere que yo jogaba coal enfant. Mas entromí descíale aspera e verás conquisto uni- verso mundo con aqueste pistol de enfant.

Calamitas de calamitatis, tocaba me aún aperender más. E non protejóme la pistol. Que foera de cualcuna hesita- sión, item que sobíame a una tasis et más loego descidía que haríalo no el intento, por habere mulcta luz o por sere el tasismeter dubdoso de resestensia, item que en el medio del ato asostárame más el condutor me que yo a ele, con lo que disparábame correndo, foera de isto, la nocte en que credí [84] que la mi empresa consomábase en trionf, por reputare al tasismeter joven, débole, distracto et manso, en el instant en que menázolo et púnctole con el pistol en la cráneos, él voélvese como pra audire, mas en volvéndose volve tambén el bracso derech et con ele sostene una barra de fer et

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dásme con ella duos colpes en la cabecsa y la narice et tírame a la estrada sangarando.

Aquele nocte malventurada perdí el pistol y gané metus, un altr metus, por la mi rostros, que, como sabes, la rostros es delicat et cualcún podía me lo ferir puesoque ferídomelo habían. Pensa requetepensa con lo dolor en las narizas, a más de la cráneos abuellado, pensa en la garaja et pensa en la mi casa entremedio del bollicio que hacen mis fretels y calquequer terno en ganglio lancsado por mi mater, que non habíase obliado del tucto su lang natal.

Ansí una altr nocte endemientre pensaba en la cama sin dormire, azótame el metus por la delicateza de la rostros, séntolo en la fantasía de la immagination ya ferido et, maguer non calcolándolo de intento, tápome de protejo la rostros con los lienzos. Agora la lux hízose en me. ¡Una másquera! Una másquera era el eureka mejor para mi poroblem.

La másquera debía sere de fer pra proteyer ben la rostros y la cabecsa tucta. Proveíme ansí de una vasija de fer de baldear aqua o vino, si queres. Et laboré mult en ella. Perforéle por premier los ujieros pra los oillos et la boca et de respiro. Más loego con el martello dile de colpos hasta que la supraficie tornóse mult erregular et toromentosa. Pintéla con tenctura nera. Coloquéle en la cumbre una estrella de fer tambén nera, mas girante. Et con tencturas otoras, vermella, amarella, blanc, gícele unos oillos que lancsaban [85] chis- pas, boca que escopía foego et tucto en fin prestábale una aparenza asez terribile de fera ferina mala. Et aquesta vez cuando cobríme con la másquera et apresenté me non sólo

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Dagoberta púsose a tremare y míngere de la pavura en su silla de mader, sinon que tambén mami cayóse al soelo de culo causa la susto. Conque ya veis.

¡Aha la mi másquera! Confeso que por unas jornadas de días creíme que ya nada non me era neceser más foera della. Que es que con la másquera sientíame otoro. Malgrado non la gastara nunca en la garaja del buen meser Rocapuf, mesmo lí, en la garaja, movíame líbire, coal si foese invisibile, por el solo recoerdo de su amparo. Preocopaba me pen- diendo del instant de tornare a casa para tratarme con ella de largo. Et calábamela et remuevíase tucta la mi enfancia sofrente, puesoque el vieco dolore esfomábase que se vuelaba. CIar que érase que bajo la másquera yo disparecía. E disparcido liberábame de la esestensia vile et aleve que tortorábame e con la que recordáis forxado conciliéme. Y en más, oh miráculo soave, líbire que era de la esestensia, contrábame de vuelta con el antigo sere anterior de mí mesmo. Ansí desesestido pero siente, contempelábame en el especo et con vere la mi aria folminante sentíuame inorme, osoluto, un Deus.

A la postre emper solevéme del embeleso et comencé laborar un nuevo pistol, que fabiriqué facilis por la anterior espieriensa. Persentóseme un últim dificilis consistente en el trasporto de la másquera, puesoque non podía andare por las estradas con ella calada o colgando de la man, que foera atirare la atención sopra me. Mas isto non hubo ostáculo garande poroque mamán tenía de la mojier su madre mulctas cajas para sombrer et escogí una aporopiada et mesmo con

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manija de garrar.

[86] Fue llegado estonce el instant noevo de la ación. Y depués del labor en la garaja, por las noctes, salíuame a las estradas con mi caja y mi pistol et paseábame lentament, con los oillos ben apertos.

Trascorreron ansí varias noctes, que non descidía me, puesoque, rimembrando mis temps de buen escopidor, boscaba la punctería del trionf sin más.

Veo de imprevisto navegando circa me una tasis relativa de aparensa, mas de motore de respiro mult sano et con- dócelo un tasismeter veco e magro, una poca duermido en los años. Aparo lo y, asigún mi habitud, doyle un indereso de lugar soledoso y escuro. Ranca el veco la marcha e marcha cansinamente, como si lo hiciese duermiendo. Con sotileza de muevemientos apro yo la caja de sombrer, saco la más- quera et ansí mesmo el pistol de la bolsilla. E marchamos.

En llegando al indereso sopra dicto, cálome la mi más- quera et alzo el pistol.

Apárase la tasis. Pasa un instant.

Vóltase el veco tasismeter verso me pra me comonicar la expensa. Et yo crídole con ferocía:

¡Uuuuuuuuuuuuuuu!

Terroriza se el veco al verme, que non sabe quén soy e convertíme a páransele los cabellos del pelo de la cabecsa e salta en su asento. Mas loego apre su poerta e sale fuyendo que te fuyas.

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¡El trionf! ¡Conquistárame la mi autosmuéviles del uni- verso mundo!

Sálgome rapid de la parte postrer e séntome en la silla del concdutore. Rapid. Rapid.

Agora esforcso me por partire, que giro llaves et pulso botones et pedals. ¡Et nulus de nada!

[87] Yo, el magister de autosmuéviles, el dotore en bálvola et embraga, el grand technich, el mult espert en ca- rrozaria et termostasto et tucto, ¡habíame obliado de aperen- der a condocir!

Ansí abrióse la poerta et prendióme la man dura de un gentdarm. E colocóme en las miñecas el vínculo de la cate- na.

Non caes jamás de nunca en mans de gentdarms. E mira ben torno te. Rinoncia a autosmuéviles cuantos hay, a honors, a mojieres, diner, rinoncia al intero mundo sensoal, capital e universal, con tale de caere non entre gentdarms.

Que te coento.

Metéronme en una bolsa de potatos e colpíronme como pra hacer puree. Et cuasi logorábanlo. Fuyíame yo de los mis sensos et tornábame disparecido, mas al poronto un su- premo puntaspés o patada de la perna dispertábame e voelta

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a sofrire. Tucto en selencio garande et sólo resuenaban los puntaspés.

Adepués sacáronme de la bolsa e cáigome al soelo dismayado. Pero jétanme los burutos una baldes de agua calente et párome dando cridos. Agora veo que soy en un cuarto con una bojía de lux mult chequita et rodean me tres gentdarms, endemientre más dallá oseruáme un altr, con muendadentes en la boca de comer, que reputo el comiserio deles.

Quel del muendadentes aporopíncuase me lentment e calavándome una poca el su palito en un pómelo de mi cara disce que apra la boca. Obedisco, coal caval en feria. E más pronto dasme un puñitazo que reventame dos dentes, endemientre diz:

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¡Sans violens!

Que te coento que non te coento. Puesoque a partir dallí nerecióse tant la cosa que, por la mi mamita, creí que en queles circunstantias dejaba ya la vida con esestensia e tucto, uguale que másqueras cadentes. Colpear non es solo de nada. Rancábanme la pelos del cráneo de la cabecsa, machocábanme los pes con un martelo e rancáronme dos unias de las mans. El comiserio agitábase torno me plorando et soplicando que non le haga isto, non, de dejárame tortorar. ¿E mi qué faz? Si fecíanme perguntas que yo non sé e voelta a seviciar. Hasta que posiéronme un alambere con la corrente electric que cómo corría e fízome ballar la valse del dispero e moero. Con que cuascuna vez que dismayábame

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jetábanme la baldes de agua calente.

Coando sacáronme dallí con los pes palante, había firmado una dizqueclaración asigún la cuale declaraba e vale que confeso que en mi mult nero pasado había trucidado e moerto a dos personas e una veca zarparratrosa, efisiándola con gofio, había ruebado un edifixio de teres pisos, escuen- diéndolo en mi casa, e mil fachorías más, que porobábanse et confesaba pronto, sí, sí.

Agora meten me so el fuero juzgo, que yo non veo puesoque les acusats de crímines son en el fuero con los oillos vendados e muerdaza en la boca de parlar. Mas se entiende cridar a un homme de vox dura et truenosa, que disce cuentando cosas terribiles de fachorías e talavez crida sin parols, crido puro, colpea moeblos e soeIos en la su endinación. Et coando finira con cascún caso de acusat, da un colpe de martello e brama que pide para el crímine tants o tants anios de cárcere et vínculos de cadenas de ferro. Con lo que llégame el caso de mí con mi nombre et tucto. EI homme [89] crida una hora durant. Et yo tremo y espa- véntome por la su vox et lo hórrido de lo que hice que non hice. Plora el homme cuando narra que cuenta la morte de la veca e faz ¡bua bua bua! et inter rómpese coando disce que la veca a la fine con el gofio hacía sólo ac ac ac. Soena en esto el martello et cuasi dismayo me al oíllo decire que será ben que pro me pida e me den vente e cincos anios de ferro, que más loego verá se si risesto et valgo et que a ele non le importa nihil de me et mis contornos e que te frías en el inferno calente.

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Mult et grand fue la mi pena en la espera que desespera de la frase et sententia del juex, que ataría con los vínculos de ferro mi poberecita vida.

Mas ved que el Deus apiádase una poca e ben del ánima bena. Que coando arrejóntannos en garande copia de fucturos penados para reciber la punición, paréscese el juex tararareando una valse et tucto de balanco vestit. Disce nos que somos inormement malvats, asigún le contó el pacarit del fixcal del crímine, et que la suciedad de los hommes de ben debía amortirnos de fin. Pero que ele isa jornada es mult de apur, puesoque como important grand debe asister a una carrera de pulgas de insecto. Agora aquele día ele disce tener teres centos vente et duos anios et medio de punición de cárcere a repartir. El métese entre las filas de los penados dicendo, te, diez anios, te, quinces, no, aspera, diez con ochos, que non me gosta la tu narizas, et te, veintes et cincos, por enano, que te jodas más y no escurras coerpo et ansí. Coando llega me, que era el último de los finales, oh Deus de Deus, discopre que non quédanle más que tere anios y sete menses et dásmelos et vase et yo libero me de más de veintes anios, aleluia, aleluia, aleluia.

[90] El cárcere yo no sabía coando cantara el aleluia, que debes coñecer ise coño et que el temps lí non esiste, puesoque de entrada tarágaste la intera eternitad del inferno.

Meteron nos en unas célolas de camion celolar et sacaron nos a puntaspés coando ya éramos en el endentro de un lóbregue ideficio con muros de muralla tucto en petras neras. Agora cridan nos daquí pra la, que desvístanse,

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vístanse, corran, apárense, corps por terra, arriba e que sal- tas como la rana e traillazo va e traillazo vene. Tucto obrado por gentdarms que aparescen ubrios e traen el latico en una man y la rivolver en la altr. Et un penado atardóse una poca en obedescer et el gentdarm cridóle más e loego alzó la rivolver e hízole pum pum disparándole un tiro en la rostros de la cara, que se la borró et cayó el homme mortido. Yelóse nos la sangare en las venas, que no sabíbamos lo que seguía. Pos un altr gentdarm precipitóse sopra el mortido con un puñalito et cortóle el cuero capelludo de pelos de la cabecsa et guardóselo en la bolsilla.

Diéronnos más loego una tira de arpillera para atapar- nos las vergoenzas et foéronnos dividendo y metendo nos en poertas varias. Me tocóme un pavillón mult grand, iscuro, sin finestras, con lo que sólo se veía por un flébil resplendor que bajaba de la tectos. Y allí endentro, ¡oh Siñor!

El pavillón érase lleno de requeterrelleno, que había hasta teres capas de seres una sopra la altr, compoesta de vecos, hommes comuns, neñitos, perros canes et grandes rotones que saltaban sopra las genctes. E dijéranme depués que tuctos aqueles eran criminals, esestoant los rotones, más tambén los perros canes.

Lo premier que asaltóme con la sospresa del prencipio fue el garande olor a merd que colpióme las narizas et diré [91] que hasta tucta la cara. Aquele olor era peor de feo que el que se tragaba en la cama del cartero de postas que fue marido de mi mamán e comparado con isto. Hube de comporobar casi al puncto que tale hedore de olor provenía

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del fact de que lí non eran excusados ni excusas e que en los soelos había siempre una palma de merd e otros subu- produtos de toctas las creaturas que moraban y de las épocas que quisiéredes.

Que caíme entre tales creacturas con el puntaspés que aplicó me el gentdarm para que me entrara al mi nuevo domicelio. E agora vedréis que rastrándose y piesándose e andando los unos sopras los altrs aquele masa de hommes, vecos, chequitos, canes perros e rotones hállanse constant- ment en muevemiento circolar retondo. Et aquel non se detén día ni nocte, en partis poroque ansí lo comandan los gent- darms, en partis poroque cascún de nos maldichados bosca non sabe qué en altr part lejos non do está. Dormes et caes a lo bajo, flotando en merd et pásante sopra te, maguer non lo sentas por la garande fatica. E mesmo duermido non estás quieto poroque el río de merd fluye al empuje de los pes de los apenados que caminan, caminan, caminan, caminan

¡Y cuando habitoéme a la escuritat et principié a distin- guer las creaturas que rodeaban me! Las mesjillas y las narizas neras poroque la sangare non circolaba, los más con un oillo, man, braczo o perna perdidos, las bocas de manyar chorreando la pus, esdentados, et mesmo los neñitos e ca- nes perros padescían de estes males et altrs, que diré pústolas et bubas. Y calesquer deles camina tremando de febre et la su piele quema, con garande alegría de los gentdarms, ya sabréis poroqué.

[92] Indemás ruébanse tucto, asigún comprobélo al entrar, puesoque en el mesmo instant rancáronme la tira de

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arpillera que habíanme dado para me tapare el vergoenz. Ansí depués narraré cómo a uno de los apenados ruebáronle un testícolo de huevo, cómo a la mañán siguente discobrió al latro que jogaba con él a la bolita et cómo taragóselo por vere si volvía a la bolsa de la pelota.

Emper la novedat foe que en el premier día o nocte o tiniebra intermedia ruempiéronme el cul.

¡Ajajay!, diredes.

Ben. Yo no sabía nada de estes arts coando taras- pasóme la cosa dura. Y al muevemiento del camín palante sumóse el muevemiento del camín patrás. Agora ¿conocéis cuála fue la novedat más nuevedosa? Que aquele gostóme de sabor et sencsación. Gostóme mult. Confésolo plenament, que inorábalo. Quien iniciome, credo, foe un veco calente por la mi joventud et terneza de carnes, mas non lo vide et sólo oí su vox que hacía oj oj oj, maguer en el pene tenía ento- siasmo. Sólo rempróchole que habíaume preso por la nuca et coando acabóse en mí jetóme de un colpe al soelos, que sabes qué es.

Iste inicio malo fue non. Puesoque instruyó me sopra la fesiología del placer másculo, que, como se vede, es tambén abastanza hembra. E non reputéis viceosa prática tale por el cul. Conque lí en el cárcere non cabe mojier y estonce arréglastela con el ujiero de hombere en la necesitat de la ocasión. Que yo non vergoncéme de isto, mas al contrer dióme un espásimo de delicsia a lo luengo de toctas las tiripas hasta la garaganta y el serebro, con lo que eiaculé la

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isperma ah ah aha aaac. Et credo que isa mesma nocte taráspaseme el cul de un chequito rubio, que muevíase coal odalisca de sietes cielos.

[93] ¿Has escandal de isto que coento te? ¿Pretendes qué en la vida torbia del apenado et rempróchasle el su único regosuyo et esparsimiente en medio de tant dolore? Si en más tale prática es progresista poroque promueve con el muevimento un uso nuevo del cul, que soele sere haragán y asez regalado. Et argomento que es ampliazón de la huma- nitat del homme, que sale cantando por otoras bocas. Y es sociabilitat comune et repartida poroque defícil de nunca que copuIes dos veces dos con la mesma creactura, con lo que estréchanse los lazos entre tuctos, encloyendo los perros canes, que son mult coriosos en su reIasón sensual del sexo con el homme.

No abrumaré os con harta menucia sopra la mía vida en el cárcere de apenado. Que si te coento es poroque con vida salí. Mas fácilis es decírolo hoy de iste día, aunqueque éralo non antán de estonce.

De improuiso un matín entráronse al pavillón dos gentdarms mult ibrios et jodidos. Portaban la rivolver en la man de agarrare, que es la destra. En viéndolos, los ape- nados con esperienza retros cedían empavorecidos. E nos los noevos non sabíamos nada no. Restábamos lí do está-

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bamos. Aquels gentdarms parescían coriosos de mirar a cascuno de nos, que no sabíuamos. Fin que apárase uno delles ferente a un apenado de los nevos e disparándole la rivólver rivoélvele los sesos, con lo que cae el homme a los soelos. Pásanlo con los pes piesándolo, coal si foese alfómbera, et boscan entodavía. Agora, ya, es el altr gent- darm quien espolota su rivólver et traviésale un ojo a un neñito, que tápase la rostros cridando ¡iiiiiií! et despluémase. Sin más vanse los gentdarms silbando a duos un tang del tipo valse.

[94] Renudóse el muevemiento circolar rotondo. E las mis pernas cuasi sostenían me non por la horrenda pavura. Que vomité lo que no tenía en el estógamo. Mas los viejos de espieriencia aprendieron estonce a nos los nevos la cuenta y razón de la atitude de los gentdarms. Era por premier que occidendo ansí, descíame un veco al coal faltábanle los duos bracsos, matando ansí por matare, boscaban nos signifiquer que no avalíamos nada de nul, que las nos vidas eran del cero por debajo, que si querían lo els hacíanlas desparecer como si nunca hobiesen parescido.

Endemientre chapaléabamos sopra la merda del girar rotondo, el vieco sans bracsos encoriosóme a que mirase en la ferente de los altrs apenados varios por si viese cualcuna cosa. Et vide por primero en él y depués en otoros que llevaban un números en la ferente de la cabecsa. Uns mos- trábanlo grabado a foego, coal gástalo ganado de amo ele- gant. Altres en un paper o pergamina perendido con alfirer en la pele. Et los más pobres pintado a la betún. Intriguéme et

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perguntéle al vieco:

¿Quí sere iste números, maestro beno?

Números de apartenencia.

¿Apartanancia?

Apartenencia a gentdarm.

E agora el viejos ilustróme el puncto dos de la razón de

occidere. Que si tenes números en la ferente ecsistes e vales

e respétante la vida poroque perteneces a un gentdarm. E

sólo mataráte el gentdarm tu amo si le repunas con demasía non valiéndole. El gentdarm coltívate como un camp para cosechar los tu pelos de la cabecsa, pecto, sobacos, entre- pernas y do lo hobiere. Siendo lo único que puede se le sacar

al apenado, foera del dolore, que non pesa. Loego [95] mér-

calos estramuros del cárcere para hacer almohadons et altres

óperas de art. Por isto mult apenados hacen se grabar a foego el números para non duda que cabe.

Puesoque sin números mortido eres

concloyó el

vieco.

E púsose a ruemperle el cul a un can perro blanco y chequito.

Sinembarg yo quedéme sofiriendo mult del medo e pro- simidade de moerte. Et coando al siguiente entrer un gent- darm corrí y postréme davante él cridando:

¡Ay, siñor, que

quer sere de

¡Quer sere de vos, siñor, siñor!

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vos

et non de nadie!

Los oillos soltábanme multas lácrimas de veredade. Em- pero el gentdarm miróme con indiferencsia et más ben airado et rempujóme patrás con los pes. Creí arribada la hora del mi finecimiento. Estonce el gentdarm rogió que levantara me et diome un laticaso en el lombo de los roñones que me puso firme. Oseruóme al detalle, catóme el pelo de la cabecsa arrancándome un puñado que miró a la translús. Et tornóse voelta de espalda endemientre yo tremaba. Nonostant a la fine dióme una números 666 et descíame que me lo daba por provisional, que inoraba si yo le serviría et enteresaría y, de no, moerte de mortido.

¿Sabéis una sospresa de plorar et rídere que un día en el cárcere saltóseme encima coal una tigra? ¡Que oigo cridare el mi nom! Calcolat la sospresa que cogióme, poroque niengún apenado presta su nom, siendo ello cosa mal que cualcún sépalo. E tornó a resuenar:

¡Dagobert!

[96] Et yo agítome con un grand calorfrío boscando hacia los cuatros punctos cardenales et intermedios de los que hay. Et de repentina crido tambén me:

¡Dagobert! ¡Dagobert!

E non credáis que habíaseme fuyido la cabecsa hacia el seso de la locura. Non. Que érase que había visto al mi fratel Dagoberto el Mayore. ¡Coincedensia de las coincedensias de la caritate! ¡Trovare lí un membro de la mi familla! Locía birilante, tucto rapado la cráneos coal bola de billar et la su grand risa de la boca. Mas éramos mult, mult lejos un del altr.

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Aspábamos los bracsos en mensaje et cambiamos a cridos cualcún notiz de las nos vidas.

Non duró, causa del inesorabile girar rotondo. Ficímonos un último salut de afogado et hondímonos en la mar de nuestro dolore. Nuenca de más vilo de voelta. ¡Dagoberto el Mayore! ¿Habrémonos cualcuna vez rozado los coerpos en la nocte? ¿Haberemos mesmo copulado con placere inno- cente de non saber? ¿Haberá moerto en la escuritat centrale de aquele cárcere, destroído por las sevicias et hamberes? ¡Dagoberto el Mayore!

El mi gentdarm amo, con una gran cicatriza en la cara, non era homme de mult malo, que esquilaba me rigolarmente hasta con la coriosidad del cuidado. Otros lastimaban duro a sus apenados en la esquila.

Mas el régime caíanos bestiale. Puesoque sabéis et conocéis que la pelos crece en mult de más cuando eres faticado, débile, enféremo, con la calentura de la febre o mortido, maguer en este último caso non repónese. Agora el gentdarm chef del régime, a quen nuenca vi, era, asegún las consejas, homme de inteligencsia super cincos. Et había combinado que se nos diese de yantar una jornada sí et [97] otoras duas non non. Ansí ganábase para su bolsilla el precso de nuestra manducatoria. Mas aquel que le importaba sopra tucto era la debilitat que traíanos la inanición y la pelos plus que para benifacio de todos los gentdarms traía en nos la debilitat.

Toleraban nos en las duas jornadas sin yantar que

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manyáramos la merd. E lo fecíamos regalados, puesoque, tú sabes, la merd encerra el proteín y el proteín es la vida mesma. ¿E has de refutar la vida por el fact de que tenga un poco de sapore a merd? Los más manyábamos nuestra propia merd, que es familiare e adapta. E cuando cualcuno distraíase e cacábase libermente, o sea sin se lo apercibir ¡el camp de agramante que armábase entre los más prósimos para dispotarse la chuleta del proteín ajeno! Pero estes ienergeias del proteín íbanse nos por altr debilitat que el gentdarm tambén permitía para el su benifacio. Cognoscido es que la debilitat de la inanición inrita la sensoalidade de los sensos del sexo. Et ansí el proteín marchábase nos por la isperma con que copulábamos inter nos o con perros canes e mesmo rotones, que tenen la su luxuria. Copulábamos fasta que non salíanos más isperma, sinon sangare. Que tal es la triste vuelta del mondo rotondo.

Hablé os de chuletas. En veritat, la merd o merda del secundos día era pura merd o merda, sans niengún proteín. Agora los apenados tornábanse estranos. Cualcunos ululaban uuuuuuuuu uuuuuuuuuuh, altrs tremaban o alter- caban inter se a colpos. Mas poronto contemplo a un joven de pelos color vinagra pálido, isto es amarelos, et oillos colorados por el desespero, quen con un ferro serrochándose cortábase la verga poropia, ripeto, la poropia verga.

Mirándome aloquecido, disce:

[98] ¿Querés para qué ista moerte en la moerte?

Et, mesmo decto, arroja la verga fresca e sangarante a

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la rostros de un gentdarm.

Fue punido malamente, puesoque los gentdarms veían

male aquestas motilaciones que riducían la carne sin añadire la pelos. Sinembarg, el aloquecimiento non paraba non, et de desespero et vindicta contra eles mesmos, ya que no podían contra el poder. Aquele córtase la pele de las pernas et sácasela coal una calza. El altr soprímese las orecas o la nariza o mányase veintes calavos. El de plus allá cósese con

un fil de fer los oillos o la boca cimiento!

Llovían el desespero y la punición sopra el inesorabile muevemiento circolar rotondo.

Nonostant, en este asunto de la chuleta prodominaban los sensatos, que sabréis.

Un crepúscolo, non sé si del matín o de la nocte, que en el cárcere sere uguale, vide una lux de repentina. Oseruando con atención, descobrí a un homme agachado junto a una débile fogarata de papier, que qui zas cómo habíala incen- diado. E sopra la fogarata sosteniba con la man una vasija en la que algo se cuecía. Agora el homme sangaraba bastante mult de las duas pernas et ricogía la sanguere con la man libire et chopábala con la boca. Acercándome, oserué con más preciso ¡et vide que lo que cuecíase en quele escudilla eran dos fetas de las pernas del homme en su poropia sangare! ¡E loego púsose a manyarlas!

Era prática comune. Et espilicaba que la mayoría de los apenados estoviesen llenos de cicatrizas, ujiers e mutilos.

¡Oh locura del aloque-

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¡Manyábanse poco a poco a sí mesmos, los desdichados! E había quen gostaba comerse hervido a la pucheros, un otro [99] firito, el de más allá a la rosbifa inglesa, o sea crudo del natural como salía y non faltaba quien acsábase un bracso intero e goardábalo e roíalo durante semans coal mata hambre firío.

Procoraba yo me proteger, que, en saliendo del cárcere, ¡los dioses lo quisieran!, saliese con el mi coerpito intero. E non comía de me, malgrado la fame. Mas comprobad cómo una pasión trae a la otra con su imán maledito. Tempo fecía que un jovenciyo habíaseme arrejontado. Era bonito nostant el sofrire, sensoal de las carnes et de mult servicio. Rejontóseme poroque habíase de me namorado. ¡Si hasta confióme el su nom!: Bincamén. Et yo correspondíale y es que dábame en el cuer la su tenereza et calentura des- validas. Boscábamos no nos separar, en la nocte escura atábamonos por la cogote con una alambra para no peredernos no. ¡Bincamén! Esforescíase con fosforencia de fiera ferina si cualcún estraniero quería lo tocar, que sólo yo esclosivo debía montarlo. Ploraba en más dúos días si yo envolvíame con otoro, ¡eh! Et insistía en darme no sólo la su comida sino tambén la su merd. Caresábame, lavaba me et coidábame con la su lingua de chupar, que chopar sabía. ¡Bincamén! Era la mi mojier et gostábame.

¡Pero mira patrás que el Diabolón espera te devante!

Ocorre que Bincamén había se inficionado a manyare la su carne. Oferescíamela. Yo rechazábala forioso. Rempro- chábale el su hábito menazándolo que quedaríase hórrido et

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sans coerp et, causa isto, sans me. Mas ele insiste:

¡Dag! ¡Dag! ¡Manya me!

¡Que non de requetenón! rispóndole.

Espilícole que de non yantar su razón de comida pra me la dar vénele la fame de sí et que non sigas. Pero Bincamén [100] érase poseído por la folía del amor, ploraba, negá- baseme para ofrecérseme al puncto sin freno et depués negareseme

Fin de las fines una jornada habíase Bincamén recor- tado un lindo filete de su nalgas, que era terna, et ya non podía yo se lo rechazare. Encomenzaba a sorberlo e masti- carlo con placere del gusto, cuando sento un traillazo que derrumba me sopra terra.

Non repongo me de me et ya audio un ¡pum! ¡pam! ¡pum! de disparas de rivolver terés. Y veo. ¡Cadere a Bincamén ferido de mort! Que a penas rivoélvese con pena en el soelo et aquiétase de nunca jamases.

Terebrante, urente, quemante foego del desespero tres- pásame el cuer. Et salto coal serpente cascabele. Veo al mi gentdarm con el latico en una man y la rivolver fumante en la altr. Sáltome sopra ele, mas derríbame de un traillazo. Et salto en la ira del dolore et derríbame. Et salto et derriba me. Fasta que perdo la conoscencia de la ecsistensa.

Pos de que, que quen sepa cuánto tempo depués no hay, despértome en una situasón coriosa. El mondo estaba al inverso. Lo arriba en lo debajo y lo debajo en lo arriba. ¡El

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cielo en el soelo y el soelo en el cielo!

Creíme por primero que a la terra le había dado por andare en moto, o sea la terremotos, que es como cualcún llama al muevemiento burusco de la terra. Mas endepués comperendí. La terremotos habíame dado a mí, que no a la terra. Y tucto nudo hallábame colgado de los pes, cabez pabajo.

Érase castigo para los mult ribeldes. Y el mi gentdarm apilicáramelo. Descían las linguas de los apenados que tara- tábase de astucia viva de los gentdarms, puesoque en aquel [101] sitoasón la sangare acodía de preferensa e gusto a la cabecsa et ansí la pelos crece más presto.

Astocia sería, mas cómodo para la comoditat del apenado éralo non. Que las primeras jornadas infalábase et ruempíase me la cabecsa et salíanse me los oillos de las orbictas et debía recogérelos cuasi en la soelos et duer- míanmese pernas e bracsos, de modo que cuando el gentdarm dábame los laticatos cuotidianos sofría como si foesen de fuigo, convulsiéndome et faciendo ¡ec! ¡ec!

Nonostant tucto en la vida tiene su qué. Et aperendes. A los terés días sin manducare languidescía me de alta fam, reputando que dejarían ya me finar, cuando despértame un laticato et vedo al gentdarm con una escodilla de manyare en la man. Credo con leticia inorme que apropincuarámela a la boca de la cabecsa. Mas non. Non. ¡Non!

pes!

¡Eh!

crido

. ¿Qué faz, malbaratán? ¡Que me ruem-

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El gentdarm non repilica et continúa la su labore. A poñetazo e ponción está metiendo me la comida en el corps. Pero no por la boca de manyar, ¡sino por la boca del cul! Maguer el mío cul sea ben rompido por las iesperencias que narreéos supra, angora isto duel et parte. ¡Eh! ¡Eh, mal- baratán! ¡Eh! El gentdarm non pertorba se et depués arrem- puja tucto padentro con una bastón rotonda et enchófame por más una tapones de cork, fin que non regüelde. Et vase.

Pasaron días sin demasiada cuenta de hasta una sema- na. El gentdarm poroseguía enllenándome el cul, arrem- pujando con la bastón et remachando con el cork. La ham- bere sentíala menos, sí es. Per pergontábame coando reven- taríame [102] facendo ¡frashparabaspaspash! et cobriendo el cárcere de merd a cosa altr que atorábame endentr.

Sinembarg, non fue. Una nocte, repentina, inopinada, siento cualcosa estranea, una espásimo, en el estógamo por

primo, mas loego en la garaganta y

que Natur faz mesme con el cul! ¡Póngome a cagare por la

¡Oh! ¡Oh! ¡Oh miráculos

boca de comer de la cabecsa! Merd abondante et copiosa, haberé cacado una hora pendiente con aliveo mult.

Endepués regolaricéme de regolar. Cada día alimentá- banme por el cul de cacar et cacaba por la boca de yantar. Metasbolism restaurat, natoraleza in órdine. Interrogábame si al cul nasceríanle dentes, mas non. En coanto a istraniar el sapore de la comida, taratándose de la comida del cárcere, preferibilis era perdello, si el de la merd risoltábame a me cada día más concetuoso.

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Non tucto son róseas y casmines en la regolarizasón de la regolaritat. El mi cul había estodiado el tragar padentro et no regoldar. Estonce el gentdarm excusábame el rempuje con la bastón rotonda y el cork de tapones. Et una maniana o tardes, poroque notábase cierta lux, endemientre acunábame en talas aluscinaciones benas sobre la mi mamán et mis fratels, sento que ráscanme fiero en la boca del cul que antán non foese boca.

Ritorsciéndome levanto un poco la cabecsa pra obse- ruar. Et veo un rotón del tipo rata gorda que se paresce a un cato boscando la su casa en el mi cul. ¡Deus de Dioses! Agito me et crido. Poroque si la mi antigoa boca de tormentas hállase desportillada, tuctavía el rotón rata féndeme et trózame las esfincteras. ¡Más y suma qué será coando adéntrese en lo terno del intestín con su colmillo et garra en la oscuritat! ¡Que el rotón vivo no es comida de manyar sin dentes! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Procoro me sacodir. Mas in vano que sigue el [103] rotón en lo suyo et ya la sangare córreme por la rostros. Crido. ¡Secorro! ¡Al secorro! Fasta que compa- resce el mi gentdarm. ¿Y qué hace? Ride et ride al vere la mi sitoasón. Nonostant a la fin levanta la rivolver puncta et ¡pum! Con una balaza entre las mis pernas ujerea de mort al rotón. Loego tiralo de la col, sácamelo del cul et arrójalo al suel.

Harto deber de mí pónese memorar un altr creatura de aquels temps. Érase una coucrach. Una coucrach del génere mojier, credo, por la su pasión compadecida. ¡Aquel cou- crach! Acercáuase en las noctes fasta me. Por primo corría me por la cara con velocitat jovenile que transparentaba la

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leticia del riencontro con el amant de su cuer. En veces tocábame concierts músicos forotando las sus cuatro alas. Como coucrach era blond et coqueta et meneábase mult ben, maguer la su pérdida de una patita perdida en la guerra del cárcere. De ardor quemaba, en sotileza. Veníase prósima a la mi boca del beso, comenzaba inritándome sensoalmente con las sus antenas. En loego besábame con la su boca et calentábase ele mesma et pertábase contra los mis labios et tornábase pra aquí et pra allá coal odalisca loca. ¿Enyacolaba mi amant coucrach? Isto no lo sé. Pero a me por vez ereccionábaseme la penis, et non de gratuito. Mas ¿cómo faz con la diferente natur? La mi coucrach emper non disgostábase et regalaba cuascuna de las mis noctes. Dán- dome cosquellas en las orecas, que me facían rider. Care- sándome el frente de la frente y los oillos con sus alas y patitas. Esperábala yo tuctas las notes con ansiedade de amant ligado. ¡Et ele jamás faltó a la cita! Mesm dejábame sopra los míos labios la su merd, por si querer degostarla. Puesoque mi novia no podía sapere que el su novio manyaba por el cul. Nonostant, ¡cuánto consuelo de aquel coucrach para mi cuer soledoso! ¡Aquel coucrach!

[104] Un día el gentdarm descolgóme, que asigún su coenta et razón hauíase complido el castigo. Ritorné al girar rotondo non sin perplejidades certas. ¿Cómo manducare? ¿Cómo cacare? Al princip metía el cul en la escodilla e yan- taba, sí. Sin embarg, duas horas depués fecíaseme un nudo en el estógamo e tornaba la comida por el cul. Loego man- yaba por la boca de la cabecsa y a la poca vomitábala. Poro-

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bé en comere doblado en duas o tendido en el soelos, tant por la boca como por el cul. Era mult defícil. Porofin resta- blecióse la regolaritat de manyar por la boca et cacare por el cul, que Natur es flesíbile de boena.

Et giraba tranquil en el girar rotondo.

Salí me por forotuna a coerp inter del cárcere. Que de la ánima tuctavía ben non sauíba. Érase que poseyíuame la habitudine del girare rotondo. Et fijas te que si marchas en cércolo non arribas semper más que a la prencipios.

Taradándome quí zas si un semana, alleguéme emper a la mi casa de mi mamán. ¡Qué emoción de la lácrima! Salta- ba por las arias la mi viejita, que non había mutado se, si queres encluso una poca más rejovenecida. Et besaba me et caresaba al su hijo apenado et calama por los Dagoberts circondantes vinieran a honrar al su fretel.

Sinembarg sólo parescieron Dagoberta en su cacón con roedas, protegida la cráneos con una escopidera decorat, et Dagobert credo foese el número terés, maguer éste cual- quequé polillado de la pata diestras, que rastreaba por la soelos.

Para me dar cualcún estímolo prepararon una cóctel de mate vieco y grappas de la uva. Mas endemientre lo degus- [105]tábamos, descobriendo que yo no abandonaba el girare

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rotondo, las rostros pusiéronseles de preocupo harto, por si se me había ruinado la cordura de la cabecsa. Espiliquéles la habitudine como pasajera. Emper non podía me parar. Et isto a maman non le gostó de nada.

Poronto hube de descubrir la vera radix del preocupo.

Los Dagoberts que quedaron eran estropiados que non podían fuyir. Les altrs andáranse más rápid que el tueno y la relámpagos. Et les estropiats non podían laborar. Et de non laboras, de non manducas. Estonce paréscome yo. Parés- come yo coal la grand estel del espero, refolgente ugual que antán, ugual que inorme choleta o bifteca. Mas ¿qué faz con iste maledicto del girare rotondo? ¡Adiós estel de tucto espe- ro! ¿Quén quere contratare o pagare a iste cabal de calesita sans calesita?

Non sé si parangonáranme a cabal. Mas si lo hicieron, profecía alta ficieron.

Y mirábanme, sin fablar.

Y yo seguía día y nocte en mi girar rotondo. Y mirábalos.

Fasta que conmoví me. Y llamélos. ¡Sí, mamín! ¡Sí, fre- tels! Dagobert es malino. Mult malino. Dagobert debe laburar. Dagobert debe dejar el girare rotondo. Dagobert debe pesca- re la choleta. ¡Sí, mamín! ¡Sí, fretels!

Para riducir el temp de riadatación, consejéles que ata- ran me a la higuera del ficus que crescía en el nostre patio. Non terminara de dicirlo que encontrábame ya más ligado con corda que niño invuelto que quere se sublevar. Sinem-

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barg, habitudine non domínalas de fácilis, maguer yo hablá- rale: ¡habitudine, habitudine, quiétate per caritat!; ¡habitudine, que non sere me et no me conculques ansí!

[106] Yo muevíame constant en el mi post. Agitaba per- nas et bracsos et tambén la cabecsa. Y enveces cridaba:

¡uuuuuuuuuuuuúh!, coal si estoviera afetado por el male de san victo. Estonce ¿qué credes que faz la mi familla de amore? Venen me oseruar pra se diverter ugual que si yo foese un de isas pilícolas de cintas que dante de rídere et plorar. De añadido recalámanme:

¡Un poc más, Dagobert, un poc plus!

Emper inoraban en nocte pelena de escura. Puesoque el mi muevemiento perpectuo tornaba mórbida la foerza con que garrábase en el soelo la higuera del ficus. Y un tardecer ranquéla de sus radiches et púseme a girare con el árbore intero en el detrás.

Suprasaltáronse los míos poroque no sólo non habían domado al girar rotondo sino que en más perdieran la higuera y el ficus que manyaban con grand leticia y gradecimiento.

Mi girar rotondo era ora una poc más tranquil, dejábame cavilar et cavilé que talavez atándome al mi lecto de ferro vinceríamos. Et ansí fue. En un semana el mi poberecito coerp aquietóse en el olvido de los ricordos del cárcere.

Et torné a refolgir como el espero de una inorme bisteca.

Boscando labor ocorría me pasar ferente a una garajes. Mi veca ilusión de dominare el mundo con una autosmuéviles

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hacíame batir el cuer, que pompaba pum, pum, pum. Mas sentía de seguido como si pusiérame ya de nuevo con el girar rotondo bajo la sombra del cárcere. Et corría allí para me sostraer a la tentapción. Decisión tomé de que risoltaría mejores que me convirtiera a mí mesmo en mi poropia autosmuéviles que tratare de me hacer con una autos- muéviles máquina.

[107] Tale contesció. Que mi labor era mayormente corrir coal una autosmuéviles. Si lo miras desde el puncto del oillo de mis parentes, se diría coal un caval. Y desde el mío coal rotón o perro can. Maguer era ugual, corribas tucta la jornada sin parare.

Lavoraba en una de isas compagníes dictas tilingráficas, et non sé si el su nom viene de que con un apareil que faz tilín tilín atráente las parols de una altr part. Una vez que garran las parols péganlas que te pego supra un papier pra que no se escapen. Et más loego véndenselas pegadas a cualcún que las quere.

Allí entraba la mi labor, que era mensajero de los que corren. Era mensanjero junto con otra turba de cincuentas o sesentas más, que andaban día e nocte por la cibdad. Tara- tábase de una moltitude de jóvenes et non te fides, tant male entrazados et de rostros patibolarios al maxim que por un tris non credíuame de nuevo en el cárcere.

Tuctos aquels que non estábamos foera, nos mante- níamos en un patios mogriento, boromeando, litisgando, es- potando y quí zas si cualcún mastorbándose, que no hay

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ilécito en ise patios.

Cascuno coidaba supra tucto su medios de locus- moxión, o sea quel que mueve te coal loco, digas biscicletos, motorciclutas, monopatín et mesmo la escopa de barrere, sopra la cuale cavalcas. Yo apartenecía a la tropa de los pedimototores, los que muevíamos nos con los pes, que non sostitoía la mayestad aristocrat del autosmuéviles que non tenía por niengún merd de ises sostitutos.

El capatase era homme de mirar torbio, corps de alambere et man de pietra más grand que la su cabecsa. Estábase en un dispacho con ventanica al fond del patios. De [108] poronto hacía sonar su timbere tururúm tirirín tururúm. Et lí armáuase la grand. Puesoque tuctos corríamos pra sere el premier et garrar el tilingrama. Estonce masacrábamonos. Emper de los multos tilingramas et papeletas que recogías en la jornada dependía la paga del tu servís. Et ansí era exijo que te sacrificieses, mesmo con risc de grave ferida o mort.

Si coges el tilingrama, vaste rápid et boscas la diresón esata del que lo quere, et coidado de non te equivocar, que mult gent codisea el tilingrama maguer non sere pra ele et non comperenda nulíus de lo que disce. Agora si acertas enterégaslo et das siñal de mult fatiga con el repiro facendo fssss fssss fssss endemientre miras fixo a los oillos de la person que lo recoge. Cualcún cérrate la puertas en las narizas. Pero los más alárgante semper algo, que sea una poca calderilla, un chapín roto, una mensana pútrida o un bacín ujeriado. Et tú guárdastelo en tu bolsilla et llévastelo pra casa, que tucto serve. Emper si vas a oficsena de pior-

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dodistas non te afatigues siquier en dar siñal de fatica. Poroque los piordodistas son los que dante lo pior et dante crímenes et inmondesia et ansí corruémpente para que pagues por la porpaganda. Y de isos non esperar poropina, mas coidarte de que non sáquente lo que tenes.

Non diré te que los mis pes eran como los del cartier que foera marito de mi mamán, que aquel taratábase de homme vieil et percodido. Emper los míos semellaban dos bistecas martelladas et una poca bastant abombadas, si reputas por la colore mora que veíaseles. Y tuctas las noctes de ritorno en mi casa yo me los miraba.

Me los miraba compadescido por eles et por mí.

Y mirábamelos durante luengas horas.

[109] Y eles parescía que miraban me tambén.

Y

yo mirábalos.

Y

semellaba que eles querían me parlar.

Y

yo perdía me de mí mirándolos.

Y eles desesperábanse coal ilocuensia muda.

si

mueviéranse en su

Y

yo sentíame ya sere no yo sino los pes.

Y

de poronto

¡Deus!

De poronto oí, vi et comperendí. ¡El secret! El secret del homme tucto. Dico te que si en la notr familla Dagoberto el

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mayore birilaba coal prototip del homme de ación, estonce descobrí que yo sere el poeta. ¿El poeta? Poeta et folísofo, el verdader mago de la tribu. Poroque fui a lo hondos. Nonsé si ricordé la leción que antán mamucha diéranos supra la poscición. Non sé. Talavez tuctas isas noctes contemplando me los pes hobiérame perguntado, sin saberlo, coála era la poscición del homme en la terra. Talavez pergontéme poro- qué nicesita el homme dos pernas. ¿Poroqué dos pes (con el dolore de uno me abastaba) para se sostener sopra la terra? Aquel nocte, sinembarg, non veneron a me perguntas. Vene- ron rispostes. Una luenga fila de rispostes lominosas que ruempíanse sin parare en mi endentro. ¡El secret! Multiple- citat: imperfesión. Duas pernas: el homme sostene se asez imperfetamente sopra la terra. Pensa, mas los sus dos pes delatan la su natur de fera animale que pensa ferinamente. ¡El secret! ¡Unitat! El homme, de bípedos, debe ser monó- pedos. ¡Simpile et, si permetes, genial descobriment! Coando el homme sere homme perfeto, sere monópedos, non pen- sará crímine et [110] male et dolore, mas pensará pax et amore et leticia generales.

¡Aquels días! ¡Ah, qué días aquels!

Agora lancé me a la prática y a la prédicas.

Con la mi noeva, grácile, áirea march monópedas enca- miné me hacia la centros del mogriento patios de la com- pagnie tilingráfica et, facendo boccina con la man destr, cridé hacia los mis colegas en el art de correre:

¡Venid, fretels! ¡Acodid a oíre la lingua de la buen

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noeva!

En princip los mis colegos prorrompieron en caracajodas et roidos de isos que faz con la boca maguer semellan de altr part. Mas yo sabiba que taratábase de iespresón de ento- siasm, puesoque la mi march habíalos sospendido el ánimo una poca.

Et dixe:

¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¿Qué vida del carail viudo es ista que llevas? ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¿Qué ecsestencia de la merd morta vives? ¡Sopra dos pes et sopra duas pernas! Et espiliquéles. Mas inspirábame. ¿Pra qué queres mesme duos bracsos? Jornada que sepas garrare ben, notarás mejor garrar con un solo bracso. Agora las guerras ruempen a tonar tururún tururún tururún poroque el homme hállase partido en duos. Et íste es de la destr et ístotr de la esquerd et litíganse con mult sangare. Mas si soprimes un bracso non queda estonce ni destr ni esquerd non. Non queda encluso centro. Et la guerra non puede plus sere.

¡Eh, fretels! ¡Ánimo con la ánima!

Dexíales que abastaba con remontare una poca contra la mala corrente de la habitud. ¿Non ves? Cambeas el mun- [111]do. En un par de desgeneraciones los neñitos nascerían con una sola perna y un solo bracso.

Dexíales ¿qué digo? ¿Tan sól los bracsos et las pernas? Non de non. Tambén oillos et orecas deberán pliegarse a la rivolutión. Parlábales estonce del cíclop. El cíclop sere un ideale calomniet por la invidia et la impuisiensia de non poter.

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¿De dó vene la mervellosa foerza del cíclop? ¡De habere un solo oillo! ¿Et qué paresce te un homme con un solo oillo garande, bello, peleno de franquicia en medios del rostros? ¿Et qué paresce te homme con una sola oreca, ben rotonda, atarás, en la nuca de la cabecsa, si compares con los dos feos colgajes atuales. ¡La rivolution del rinascer perfetos!

¡Ánimo con la ánima, fretels!

¿Qué parescía les?

Si jozgas por la algarabida et auuúllidos et proietiles lanczados contra me como risposta, del homme fucturo los míos colegos mult non habían comperendido non. Sinem- barg, consideres que taratábase de garzones asez jóvenes et cuasi sin celebro de pensare. Agora precisábase sere sopra tucto patiens et insistent.

Yo continé jornada tarás jornada con la prédicas. Mults de mis colegos encomensaron a interesarse, dudas fuer. Puesoque plaudíbanme et comandábanme que praticase et platicase supra la mi poscisión. Maguer non sere eles malins, cuasi semper contescía que cualcuna cásquera patinosa de fructa hacía que mis demonstraciones finieran en foroma asaz acidenctada para me. Mas non desalentaua me.

Endimás la mi folisofía disinteresada flaquecía mi servís útile et, naturalment, la mi soldada. Que non poedes riformar de noevo al homme et tambén rellenarte la bol-[112]silla. Non poedes poroque con tu march folisófica non compites con tus colegos que láncsanse coal feras de cuatros patas ante el premier tilingrama. Nonostant, la mi mamucha cuascuna noc-

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te con oportunas bifetazos ricordaba me la imporotancia que el argent denar tene entre los hommes.

Ansí, inter acidenctes pidegógicos durant el día et bofita- zos por la nocte, trascorría la mi vida. Memoraba haber tra- vaillat para el partit conservater. Memoraba perseguer con crudelicia al opositer. ¡Oh homme cego et extraviat! ¡Agora entendía el sofro et corage del opositer! Puesoque coal rivolutioner yo era opositer. ¡Opositer contra tucto lo que hue- líase pútrido en el homme y en el mundo! Opositer cuasi contra tudo. Isto daba me foerzas pra continare.

Parlábale a mis colegos del mundo nuev del que seríamos pricorsores. ¡Nos, húmiles mensanjeros! Et la hommanitat recordaría nos. Et facería nos estatoas para nos desmortizar por la eternitat de semper. Et maguer rogase en mi endentro que la hommanitat fuctura posiese mult caritat en la estatoas de alguns de mis colegos, eles saltaban et borlábanse de aligría et jetábanme panes duros, cualcuna pietra, oevos et mesme imitaban la mi fuctura estatoa monópedas. Yo dexábalos se diverter, poroque sabes que con boroma encomienza lo serios.

Cert, el mi camín fácilis non era. Que en mult ocasions, coando adelantaba me con mis artésticos saltits pra entregar el tilingrama al clente, mirábanme coal infermo o insoltában me o cerraban buruscament la poerta procorando me joder. Poroque no entendían. Y una vez un buruto fízome ruedar por las escalinas con un empellón.

Temps pasando, lambiendo et gastando los pirijuicios,

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mis colegos habían percebido el aspeto estétaco de la mi [113] poscisión, la dieferensa entre la pesad, grosier march bípedas, plop plap plop plap, y el grácile áireo displazamento monópedos, plup plup plup plup. Puesoque en los moments de acalma en el labor, coando el capatase hacía sonar su tímbire, eles acodían marchando sopra un sol pes.

Iste trionf, iste princip chiquetito de trionf, servió nonos- tant pra aumenter la ocjerixa con que el capatase distenguía me en su oillo maudit et maldet. Oseruábame coal si se sentiese perro cane a puncto de latrare. Oseruábame fijo a dilinqüente. Oseruábame coidadoso a sobversore. ¿Et de qué foroma altr había de me oseruar? Pos yo sere revo- lutioner. Quel que plus inritábalo era la militans pacífica que cascún día contayaba a uno más de los mensanjeros. Verde la faz tornada, con su man de pietra daba puñitazos contra las paretes.

¿Haberá vislombrado el plus profondo? ¿El su corps de alámbere de tilíngrafo haberá sentido que sorgía un órdine noevo, un órdine nel que ni maquíns ni goibiernos ni casas pra dormire ni nulíus se constroiría como fino ahora? Un órdine que finiría con los amos atuales. En debajo su con- tieniente póbere et esqueroso ¿era el capatase un espión astut del conservatisme intemacionel?

Poroque una mañana uguale a les altrs puso me de pes, los dúos, en la estrada, aligando que yo sere asez lerdo y basta que doyte un colpo con mi man de petra. ¡Hidepú! ¿Queres pensar de flor a la carriera march? ¡Hidepú!

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Sans mutarme en la rostros, bibí el copa de cicutas, com diz que fizo el mi magister folísofo Plato, ansí apelado por manyare mult. Isto es, enlargué la man únic que mi folisofía permetía me usare et tomé la noctificación de despido y adiós que non te congeles mas que te aplaste un terén.

[114] A mamán plúgole non mult aquest desenlazo. Et ya miraba cómo de noevo me enlazar fin que aportase a la poerta o poerto de notr casa el argent denar pra yantar. Emper altres fueran las mis idees. Puesoque un temps durant pensaba dedicare tudo el mi temps al discépolo unic que quedaba me, el mi predileto.

Ráscatras.

Ráscatras érase un garzón que viuía propincuo a la mi casa. Garzón mult non sere, si miras que cercábase a los cuarentas añios. Mas el esprit, jovenile. Medíua dúos metres de alt et uno y un medios de anch. De la parol difícilis et gotorale, las gents timébanlo et foyíanle. Nonostant, yo había logorado tocare la su ánima de cordero et caresábasela. Atendíua la mi prédicas con concentrasón tale que el saliv corríbale rapidment por las comesuras de los labeos de la boca de manyare. Taratábase de un petit difeto de control, que yo rimediaba yendo prouisto de quelqs respasadores.

Coando consiguía intendere una poca, la cara ilomi- nábasele de color roxo coal bojía de postríbolo de putas, et enveces dexía:

Gr

Grrr

Grrrrrrrrrr

125

Era fanátic Ráscatras. Et en ello gostaba me.

Dico te que era fanátic puesoque animat de fe esesional encorría en certes aventurs pericolose. Por exempl, tarataba de prescinder non ya de una sola perna sinon de las sus dúas. Maguer nel su pecat agoantares la penitensa era Ráscatras insistent. Ricordo la su mirada de adolorido estu- pidifato cascuna vez en que al levare la secundas perna tombaba sans plus al soelos. Et costó me dúos menses lo convincer de que aplazara el su soeño para el fuctur.

[115] Mas consínolo et quede dello testículomonio ante escribano, corte et fuero juxgo que Ráscatras fue el premier en praticare el monoauricolarismos. Parat supra una petra defícil en el esquín de notr cuadra, parat en una sola perna, una man tapándole una oreca, fízome sinter que eran pró- jimos los temps en que cuntos lancsaríamos nos al mundo pra difender la notr buen noeva et evangilio.

¿Quí soñas que poronto iste garzón, iste descípolo pre- dileto, iste mesm homme, habería de me procorar sensa- sones mult diferents?

Un matín veolo avanzare hacia me en la volgare march bípedas, mas presa devorada de grand agitasón. ¡Ráscatras! ¿Sere te el mesm? Pergontéle ¿qué pas te? Rispondió, si risponder era:

¡Grrrrrrr

!

Emper isto calaro non foese pro me. Sodaba a copia el homme et la su color era roxo inferno. Ripetíle la pergonta.

126

Agora non guruñó. Mas encomenzó a colpeare la soelos con un pes. Et airábase cada vez plus.

Non lo supe estonce, sinon depués. Per quel que pirjo- dicó et perdió a Ráscatras fue el su afán de íso que llaman coltura que non te cueces ni aperendes nihil. Lo supe de- pués. Ráscatras corsaba por nuevenas vez la escuel del tercer elemental. Et aplazáronlo que te retrasas. Isto dispa- ciéntólo. Agora atiburyó el faracaso a la prática de mi pré- dicas, isto es a la poscisión et, más concret, a me.

Isto non lo supe estonce.

Estonce supe sól que una inorme man cerrada avan- zaba hacia mi oillo recto. Et facía contato con ele. Contato foerte et de dolore.

[116] Tartábase de una agresón. ¿Qué dubda cabe te, santo cielos que non me porteges? Et quede dello proeba fixa.

Et en íse instan en que xogábase tudo ¿deberías yo rinonciar a mis princips et folisofía et metere me a pugnare coal villano? Parat mult moralment sopra una pernas, limité me a me tapare un sól oillo de protesión. La man de la bes- tias parescía namorada de mi altr oillo, puesoque no ben separaba se dele vuelvía a se jontar. Hasta el polvo machuco que te remachuco. ¡Ay de la corropsión de los mijores!

Yo conté los colpos riecebidos endemientre manteníame en pes. Mas los que aplicárame en terra non los conté non poroque era desvanecido del vano de la cabecsa.

127

Grand leticia deuería haber sientido al dispertar, cual- cuns días depués. Puesoque dijiéronme que hauíanme tro- vado con un pes y una perna encuellidos, rispetuoso fervente de la poscisión.

Mas altrs disgrasas muerdíanme cuemo pra non probare leticia nienguna. Érase que duelíame el oillo colpido et tucta la cabecsa, ugual que un calavo calavado en el cuer.

Halláuame en la salons de un hopistal. Tendido en un lecto duro. Y veía otoros veintes o veintescincos lectos plus, tuctos con gents disgrasadas coal yo, hommes, mojieres et non sé qué. Et en cascún lectos acomuedábanse dúas et fasta terés gents.

Agora dispertéme et quiejíbame:

¡Juy, juy, juy! ¡Juy, juy, juy!

[117] Vide estonce al pes de mi lecto a un homme vestit con la piyamas de alamares de seta roxa y en la cabecsa un sombrer de galer de gala nero et mult altos. Aquest homme, cuascuna vez que yo quiejíame, redíbase a grands caraca- jadas, garrándose la barriga del ventre con las dúas mans. Procoré me callar y el homme dejóse de rider. Emper poronto de noevo:

¡Juy, juy, juy! ¡Juy, juy, juy! fice.

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Et galerit que moérese de risa. Al rato aborrióse de mis quiejidos et foese a oseruar a altrs disgrasados. Sope depués que ist galerit sere el siñor de Cutuc, homme pleino de argent que íbase a los hopistales pra rídere et godere del malfeliz. Que regozaba de boen salut et que tocábase la cabecsa con su galer de gala pra que sepas que es homme ric et soperior a la canailla del disgrasado.

Disgrasados pra oseruar no son de falta. Lí ves a un joven que convolsiónase coal víperas piesadas por un pes. Cerca de iste, en una lectos, una mojier con un bracsos ensanguerentado deja caer la sangare en la boca de otora mojier costada jonto a ele, la coale, con un ventre de cuatros meters de diámestro, sól puede muever las pernas et da puntapés en la cabecsa a un homme cuasi mortido, que hállase de través. Y está el pustoloso que ráscase, el renco y el astralgésico. En otro lecto un veco de bárberas blanca tene una hipos que seis veces pro minut lo faz saltare, régido como un mader de leña, terés meters por las arias. Et ves tambén al ido de las mientes de la veritat que se pasea forioso entre los lectos, agitando los bracsos y gritando su discorso de finis terra.

El mi dolore, con non irse, crescía de plus en plus. Y yo asperaba que acodiese cualcún, sere medíc et mesme ve- [118]terinér, que algo resoltaría que non isto terribilis que socedíame. Entra ansí a las horas un veco que rastra una carrita et apélolo:

¡Eh, siñor! De caritat ¿das cura? ¡Eh, grand dotor!

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Emper el veco non risponde. Segue su camín. Et veo con mi sól oillo que riparte yantar a los disgrasados. Coando llega cabe me tira un platón de latón sopra la mi meseta de nocte et voelca en él un líquid nero. Yo no poedo me movere et ansí non poedo yantare. Conque nutro me del mi dolore que ya es garande.

Sinembarg minuts depués noto junto me a un homme en una sella de roedas que dísceme:

Comas ¡o de mort!, rapaz.

Et sere tan rapaz ugual que yo. Et enlargábame a la boca una coucharat del líquid nero que dejare el veco y que tene alcunas hojas de vegetal de planta. Oséruolo et luce adolescéntulo con pelo vivo et mirare de franquicia. Des- cíame que notara que yo era nuevato lí et agora sofres mult los premiers días. Pergontóme el mi male. Contéle. Et coándo mediscina, quise saber. Consejóme pacientia, pueso- qué el medíc atardábase lí. Mas continaba dándome de man- yer et tomábame un man con cura o posábamela sopra el front de la cabecsa pro que dolore fuye.

Tiriel apelábase el adolescéntulo. Fuertalecido por el manyer oseruélo mijor et vi que faltábale la perna recta. Estonce inquiríle por el su dolore. Et narró me una estoria tan tiriste.

Tiriel sere de salut perfeta. Emper faracasóle la istrella del destín istrellado. Poroque la buen salut date fame. Et ele nasciera órfano sans un vintén de denar de argent. Et resistes. Risistió Teriel. Mas ¿fasta coándo podues resister

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[119] sans patres, sans labur, sans vintén? Agora entróse en el hopistal do teniba un medíc plus o minus amico. Et el hopistal es duro de acero que cortas. Das, sácante o foera rapid que te vayas lejos. Das non sól dolore, puesoqué non véndse et el denero uníc vale, que non ecsiste ni garatis. ¡Póbere Tiriel, el mi mijor compañón de aquels temps! Que el su medíc amíc oferescióle un trato, proyeto et plano. Operaste de a poca. Hoy daste un dido del pes. La doming les altrs didos. Depués la restos del pes. Ansí asicuras el manyer. Et el hopistal non quiéjase non. Poroque semper sere cualcún que compora un dido, un pes, quí zas si pra usarlo, quí zas si pra facer un coadro coadrato. Ben, ben. Et tiras. Con una poca minus de membro. E ¿pra qué queres membro tant si es puro guasto? ¡Opérate et vive!

¡Póbere Tiriel!

Ocorrió por últim que parescíose el medíc. Érase homme que miraua de costad, ugual que caval asustat. Et miróme non mult ben. Con unas tejeras de podare corotó la mi bendas, facta de mi camís, et oseruó e oseruó el mi machúc. Agora yo:

Dotore, isto que tengo ¿qué es de sere?

pergonté.

Puso una caras de ripunancia et dixo:

¿Qué sabere yo del asc?

Oseruóme más de céreca, indinóse de malín et díjome:

¿Quers que te ouvra? ¿Quers que te ouvra inter de la cabecsa al pes pro sabere qué tenes si algo?

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¡Non, dotore! ¡Non, por la su mamán quirida que Deus la tenga en la su santa goloria!

Cambeó una poca el talant. Pergontóme:

me

destro.

[120] Non, dotore manífico respondíle pensando que sól de mi patrismonio restábanme las mis bragas, que el rest foere útile pra bendas.

bracso

¿Tens

denar?

Y

pertaba

foerte

un

Soltóme al puncto el bracso. Et dixo:

Pra ese basur deuerías tomare la indición del penis- quilín. Mas si non has denar, será la indición de acua, que quí non pagamos te.

Nonostant el quilín, yo la penis ditestábala algo desde la epoc del cárcere. Ansí bienvení el acua. El medíc miráuame con severitat de no sé qué.

debes bibire mult acua, que

non costa. ¡Acua sere lo mijor del mondo! Pro vere si te

limpeas la merd de ise infeto.

Indemás prononció

Et marchóse. Et dejó me.

Dejóme con el mi dolore, la saber nula y el metus forte en la colonna de las vértebras que te caes y ya te desfaces.

Vedréis que la indición del acua te la apilicaba una infermera coriosa de descoidada. Érase mojier fina del pes hasta la talla, mas en loego sanchábase coal araña de tetas garandísimas. E gostábale parloteare semper, gesticolando

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pra qui et pra lla. Sere simpatic et presada mult poroque portaba tuctos los decires et chísimes del hopistal. Agora como infermera infermaba te.

Parescíase con el apareil de la indición de acua en la man et sorridébame. Con lo cuale yo desnodábame en la partes de la nalga de enbajo. Mas en isto pasaba un tale et la infermera apelábalo:

¡Eh, Mig! ¿Sas que la Loci, la potilla, rotón parió?

Et sacodíanse ambos a caracajadas. Endemientre la infermera, sin mirare, continaba bajando la man con la punc- [121]ta de la aguca hacia me. Emper, de non vere, punctaba ya hacia la mi ruedilla. Et yo deuíame movere prestísimo pra darle nalga. Mas en isto pasaba una cuale et la man deteníase et la infermera apelábala:

¡Eh, Glor! ¿Socuérdaste del Ris, quel de la póstula?

Pueso vomit de tuctos colors et quere ser grand pictore.

¡Eh, non!

¡Eh, sí!

Et la man bajaba ora rapid pra enclavar la puncta en mi oillo. Et yo muevíame con ferenesí proponiéndole el cul. Saluábame las más, que era coal jogare a la baleros. Nonostant, ¡coantas metiérame el acua en pernas, bracsos, cogotes et altrs! E marchábase sorridendo me. Yo consue- lábame pensando que en junto era una buen gimnásica pra el mi mósculo.

Cuant al acua de biber, proporsonábamela Tiriel, quien

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estonce había peredido en más el bracos esquerdo. Era verano mult calente, que gravaba sopra mi calentura. Tiriel poníame panios ferescos en la front, cuentábame coentos de su saber y versábame el acua.

Con los días sin mejoro que no, pasaba el medíc y agitando los bracsos de foerte como para que yo despare- ciese de su vista, cridaba:

¡Acua plus! ¡Acua plus!

Tiriel encomenzó estonce a darme el acua con un embud que yo pertaba inter los dents. Damasjuanas y da- masluisas de acua traguéme. Et la pancia o berriga del mon- dongo hinchióseme coal si estoviere preñado con enfante. ¡Mas coando el míngere cogíame en el lecto! ¡Fontana de parc [122] érase el chorro! E los amalados procorábanse para-aguas et super-meables et insoltaban me mult. Yo retur- cábales que sere acua limpidísima, que baniáranse una poca por anio, ¡que!

Inter tantus en la salons imperaba semper el pande- monium, como llámanle al pane del démonos. Que litigá- banse por una cásquera de potato. Que venían unos neñitos de visit et sobíanse al veco de bárberas blancas que saltaba por las arias causa el hipos et divertíanse saltando sopra ele. Et ansí.

Cert jornada notéme que Tiriel érase desparecit. Poro- que non sere cabe me con el embud. Et gradescí la interroc- ción del acua, que nil facíame me, eceto hincháreme et mín- gere. Mas sombrescióse me de garandes sómberas des

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tristisia el ánimo por la falta de Tiriel. Siendo Tiriel el mi es- cudo de lacte terna en ise mundo de estonce, que sere el de siempre.

Mas quédate solo de la lacte terna et vedrás que logare vacuo ocópalo el malmo o el pantocho. Et mediado el matín asiéntaseme junto el siñore Ugur et dísceme plein de solemnitat que sere el señor Ugur, lo coal dicto hauíamelo ya dúas centas veces. Ben, ben. Meser Ugur destenguíase por la su melanjolía, que encontrábaslo plorando por los rincons, sans que sopiérase a qué. Et vestíuase por lo singolar con una longuísima venda, que pertábale tucto el corpus, salvo la cabecsa et las partes de guardare. Emper aquest matín Meser Ugur persentóse de visaje tranquil, sans la venda et sól con una tehallas de baño, que colgábale desde los hóm- beros. Aséntase el cul en la sella junto a mi lecto. Et perma- nesce lí, mult erguit, los oillos poestos en el infinit. Isto distrá- eme del latido de hoevo putrid que [123] sento en el mi cráneos. Et pásase una rato. Ultimament disce:

Yo sere Miser Ugur.

Et voelta a contempelare el infinit, que non se le acaba.

Encóñome yo una poca con tale pelutosidad de inde- viduo íste que repilícole:

 

Sopiéralo miles vesces et importa me el grand carail.

Consideró me con coriositat. Et dixo, reto:

No, que non sopiérale. Poroqué yo Ugur, Miser, non

sere.

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Agora super rompióme las bols con la su folía de locura et descedí cerrare los oillos et non le contester. Mas confon- dido era si crediba lo desalientar. Púsose a cridare "¡Eh, Messer! ¡Eh, Messer!", et a colpire la suelos con la sella proclamando que lo tendiese. Aberí los oillos y yo cridé:

¡Fuer, fuer! ¡Me sere mult malat!

Al oíre me carcajeose Ugur, escopiéndome algo. Et con- tinó con la su parla. Que ele había sofert mult. Que tuctos intorno se enferemábanse et ele non de non de nuenca. Et agora ele non sere. Poroque ¿non sere la vida humana infer- mitat? Estonce ele non sere humano ni vivo. Et quers vivir et ves a les altrs vivendo en medios de infermidats y dolors espantévoles, ¡et te non infermas, non sofres, non vives! ¿Qué más vile et teremendo? Emper terminóse, dixo con sorrisa de orgueil, terminóse. Et aprendo la tehallas de baño con que copríase móstrame el ventre. Et en el ventre veíase una pavorosa llaga colore roxa et nero et amarelo, del tamanio de una palmas, que ploraba la pus. Tapóla al poronto et díxome que agora sí era enféremo et vivo.

[124] Messer Ugur locía content con la su infermitat. Mas la estoria non concluiba lí. Messer Ugur gastaba una mojier de esposado, la siñora Ugura. Et Ugura compartía el lectos de Ugur en el hopistal. Emper Ugur sere agora enfé- remo grave: el medíc dijéraselo que corría risco de un infarct al cuer et non poedes dormir con la tu esposada mojier calientándote los roñones. Messer Ugur había oseruado. Yo, Dagobert, sere el amalado uníc que en la salons duermía sol

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en un lecto. Et yo, Dagobert, nonostant el oillo tapado, non sere gran que de amalado. Super tucto, si cuemparábaseme con el Messer Ugur, ¡que ele sere reye et monarca del ama- lado! Estonce, tómese cuento y razone de que, item, en lo sobsiguiente la siñora Ugura duermiría en el mi lecto, et de que, item, si yo aperemiábame por cuascún service de la dicta siñora, que usare et ficiera tranquil, que el mecanésimo se conserva marchando: Puncto.

Enútile foese argoíre con iste descabalado de las caba- les. Que discotíle et cridréle mis argoments. Mas mejor cállaste y dejas. Et poronto arriba la siñora mojier Ugura. Que comparesce con la su camisa de nocte colore salomone, por la colore del peje. Yo duermito en la dolore et atárdome en vérela. Ugura pórtase delicat et resta lí sans parol. Discóprola como mojier mult alta, de pernas grands et fermosas, cobierta de longuísimos pelos amarelo roxo, rostros fírime maguer una poca rugado. Et mult cevil et témida, que quédase do está et requiéreme pardón con la su espresione. Me non sapere qué hacer inter la su captivancia et el mi sofrire.

Agora dióse el moment de los comerciants de ambulo, que ser cualquequier. Et dentraron en la salons. Los uns a caval, altrs en motorcicletas o muonopatín o a puro pes. [125] Véndente lo que queres. Si la hielosdieras, si chopetín, si joego de moebles, si medecinas, si rivólvera pro matar, si ataúd de sepolcro, si parfums de oler, si malasdrogas et ansí. Vocean los sus produtos, métentelos en las narizas. Uno a cabal boscaba vendéreme un gallín de duas cabecsas, la coale, dicía, portaba mult soerte. Et el cabal interteníase

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colpiendo supra mi lectos con la pata. Socede estonce que, coando nego me al gallín, el homme a cabal da una voelta burúsca et cuasi entropella a la Ugura, la coale, empa- vorecida, métese en el lectos.

Estaba se mult queta en su logare. Emper yo sentía su corps, que sere ferésco et soave et verginale. Olvidóseme ansí de súcbito el sofrire, poroque en la cabecsa entrá- ronseme altrs pasiones de padecer pasivo et ativo, que rempujaban patrás al sofrire. Agora comencé a caresarla. Ugura teníase al princip régida. Loego sospiraba en hondura porofunda. Et ubrió las pernas. Et con los oillos cerrats susorró me:

¡Me la faz! ¡Que non me la faz!

Et isto dicto, muéntaseme encima, boscando la mástile, que poronto la encoentras. Temps mult facía que non gos- taba de mojier et credo que jamás de nunca gosté de cavalcada plus duls de armonía, coriositat et ferocía intensa. Hallábamonos en plein cavalcada coando a veo a Messer Ugur parat cabe el lectos con su tehallas oseruándonos. Rostros de lemón et dice:

Ben. Pro me sofrire. Pro me enferemare plus. Ben.

Mas nos non inter rómpere la cavalcada et fasta diría que Ugura mesmo non anoticióse de la priesensa del su marit esposado. Con lo que llegamos al término de la fine [126] entre sospiros y luengos espásimos de felicitat. Et duermí- monos con bracsos et pernas interlazados.

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Mueríanse mults en el hopistal. Cualquequier sin que notáraslo, eceto si al matín truempezabas con ele en la soelos. Mas una nocte un mueribundo gastóse un teremendo galarido que despertónos a tuctos. Y depués. Depués el silentium de la mortis. ¡El silentium de la mortis! ¿De do veniba? Ugura et me abracsámonos en la timore del fin de la avellana del cervel. ¿De do veniba? ¿Del moerto, de la su disparicson? Emper érase moerto. Y el silentium sorgía de tuctos los costats, creaturas vivas, moebles, lectos, palan- ganas, escopideras, farascos, mesmo de Ugura et me. Et arremolinábase et rogía et metíase inter las pernas et colpiba contra la tectos et altrs amalados tombaban de los sus lectos rempujados por tanta foerza. ¡El silentium de la mortis!

Tornó Tiriel sans el bracso reto y sans pernas, que aquesta vez habían le coborado plus por la su permanensa en el hopistal, puesoque tucto carecíase. Y estab en la su sella de rosdas un poco vergonzat. Emper la bontat del ben de la buena de Ugura abastó para coidare los dúos, que dábanos de manyer, a me el acua et la cavalcada et mesm cualcuna carecia en el pito a Tiriel.

Llegó me nonostant el grand dolore de la pudritudine del oil et el medíc descídese a me operar entre maledictiones supra la natur fesiologica human en general et la mía en particolare.

Ansí portan me a la salona de querurgía en una came- llos, non de animale, senon de roedas. Et allí pro non revol- cárame et sofrire plus fijáronme con coerdas al camellos. Y con una maza diéronme una colpes en la cabecsa, como

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[127] nestesia, puesoque un póbere no poede habere altr nestesia.

Desperetéme sans el oil. Sofría. Et non quejíme. Si pensar poedes, pensaba que sere iusto pérdere el oil, con- siderant el ideal de la poscisión de conquester la unitat, que érase tornándose cíclope de un sol oil.

Ugura, la grand, la mañífica, corábame et consolábame. Tambén ocopábase de Tiriel.

Et Tiriel desparecióse.

Et yo curéme.

Et coando salí del hopistal, depués de habere besado a Ugura con el grand amore de la infelicitatis del gradecimient que sabe de la felicitatis que da el grand amor de la cura, descobrí en un florer la cabecsa de Tiriel, que sere lo unic que restaba de ele. Guiñó me un oil, aun vivente. Et besélo. Et fuíme.

Com yo vus habéis racontado la mía dulcísima mater murió se pro causa de una petra que lanzóle un garzón malino coando ella saliba a comperar su nutricio. Et la mi mansión ex halláuase vacua. Marchéme.

Conchabéme en un comerz, non diré dino del abastece- re. Mas el travail permitió me quilquilare un apartamient que

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apartábame del vulgo mundo. Los ans esperitualizaron la mi folisofía que conocéis, de la poscición. Non daré os mult de- tails, puesoque el temps semper falta pra tuctos. Mencionaré nonostant que el amor fízole tocare las cimas de las cimas. Travail costóme remontáreme supra la realitat. Poroque la mojier dama de la que había me [128] namorado, cascuna vez que me la dirigía con el parol descíame:

¡Sal, tuertín!

Et con un sorrís dejaba me planctato en la vía. ¿Quí no hobiera se desalentat? Mas sed sotiles. El deminutivo de irse minuto entrodocía una matiz del cariñ del eros que sere cieco non reconocérelo non. Un día permitió me que acompañárela unas cuadras y sentamos nos en un banc de la plaz. Intento caresarle un man e, dándome medid del su pasionamiento, apilícame un colpe que lánzame a terras. Desde terras soplí- cole que llame me al telefón que hay en el mi apartamient. Non sere iusto que yo pasárame las jornadas interas en la poerta de calles. Puco que non sabiba quién era elle ni de do veniba ni do iba. ¡El grand mister de la mojier! Como rispost métese un caramel intra los dents et, oseruándome con mirada languid, ruémpelo en pedaz. ¡El sopragrand mister! ¡El enima! Agora de estonce descídome a revelárele mi personalitat, la mi folisofía enters. Et termino mi discors, luengo, mult satisfacto poroque saliera retondo. En más el mi uditorio habíase aumentado con una altr person, un guerdián de la plaz, que toqueteábase una poco con la mi amat.

Verla non vila plus. Entuición de elle que descobrió lo defícile, lo imposibile que sere viver con un hómbere de

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epceción. Pasé a estare los días enters colgat del telefón aspectant. Apelabánme et tuctos eran errónios. Del espero al desespero se pasa en poco. Et una jornada en que soena la telefón et ferenético atendo y sere más equivocat, deje cadere la mi cabeza sopra el bracso et ploré, siñors et dams. Et si sere tragic el plorar de un toerto con las lácrimas aboltándose en un sol oil que mesme me apenéme por sentíreme plorar.

[129] ¡Foerza de la mi folisofía! Resalí del dolore pureficado coal la ave que apélanla fenise si saca acua del foego. Defaraudóme el telefón. Et perguntéme poroque defa- raudóme. ¡Poroque atendíua! ¿Sere iso lo uníc posibile? Vams, vams. ¿Et la poscisión? ¿Qué te faz de la tu folisofía? ¡Qué volgaritat lanzárete en mans de la machine! Ricoerda quel que acontesció te con la autosmuéviles. Apilícale al telefón lo que aperendiste. Ponlo al tu servis. ¡Non aténdre, non aténdere! Et acodirán a te. Acodirán de ruedillas et te parlerás sans aténdere. ¡Ah, siñors et dams! ¡Quel triumf! Apeláronme del travail para soplicarme que retornase, para duosplicarme et tiriplicarme el soeldo del salario. Llamá- ronme. ¡Et llamó la mía amat! Sans aténdere parlábamos, con gran terneza, del noestro amore, del pajarit canar que yo hauíale regalat et tant altrs cosas que fan el amore del amore del amore.

Pasaban los días uno tarás oltr cuemo las golondrins que se van vuelando en el autoño coando

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ESTE LIBRO SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EL DIA 6 DE JULIO DE MIL NOVECIENTOS SETEN- TA Y SEIS EN LAS PRENSAS VENEZOLANAS DE EDITORIAL ARTE, EN LA CIUDAD DE CARACAS