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JOSEPH RASSAM INTRODUCCION A LA FILOSOFIA DE SANTO TOMAS DE AQUINO EDICIONES RIALP, S. A. MADRID ‘Titulos originales: Thomas dAquin; La métaphysique de Saint Thomas; Saint Thomas. L'étre et Vesprit. © 1969, 1968, 1971 by JoserH Rassaw. Presses Universitaires de France, Paris. (© 1980 de 1a versién espaiiola, realizada por JULIAN UrsistoNoo, para todos los paises de habla castellana, ty EDICIONES RIALP, S. A—Preciados, 34—MADRID-13. ISBN: $421-2021.9 Depésito legal: M. 9.472.—1980 Impreso en Espafia Printed in Spain Thoovsrmias Grivieas Esvaia, SL, » Cadence Zona, 48 ~ Maonun29 PRESENTACION La coleccién «Les précis de lenseignement supérieur», una de las colecciones de manuales de grado superior més presti- giosas de Francia, editada por «Presses Universitaires de Fran- cen, incluyd en sus series tres trabajos de Joseph Rassam, profesor en Toulouse y uno de los mejores conocedores fran- ceses de Santo Tomds de Aquino. La primera de esas obras, Uevaba por titulo Saint Thomas. L’étre et l'esprit, y consistia en una amplia seleccion de textos tomistas, agrupados en torno @ los apartados fundamentales de la metafisica, de la antropo- logia y de la ética; su primera edicion es de 1964, siendo ree- ditada, ampliada y completada en 1971. La segunda obra era una breve sintesis de los principios y doctrinas capitales de la filosofia tomista: su titulo es La’ Métaphysique de Saint Thomas, y su afio de edicidn el de 1968. La tercera y tiltima obra aparecié al aio siguiente, 1969, en la serie «Philoso- phes», y es una presentacidn breve y sintética de Tomds de Aquino como filésofo; su titulo es, sencillamente, Thomas d’Aquin. Esas tres obras que Ediciones Rialp se honra en presentar reunidas en un sélo volumen, constituyen una magnifica intro- duccion al pensamiento filosdfico de Santo Tomds. En la presente edicién, dichas obras se recogen no segtin el orden cronolégico en que fueron publicadas, sino segin un orden —7— PRESENTACION INDICE sistemdtico: viene, pues, ante todo, la breve presentacién de Santo Tomds de Aquino como fildsofo, luego la exposicién sintética de la metafisica tomista, finalmente la seleccién de textos. Los tres textos se recogen integros, tal y como aparecen en las ediciones francesas: aunque ello suponga alguna re- peticién, ha parecido preferible, ya que no sdlo se respeta asi 1a obra de Rassam, sino que se contribuye a la mejor compren- sién de las ideas. Una tinica supresién se ha realizado: como apéndice a su Thomas d’Aquin, Rassam incluia una seleccién de textos que, en buena parte, coincidia con la recogida en Léetre et Vesprit; al publicar juntas ambas obras ha parecido que podia prescindirse de la primera de esas selecciones. Pags. PRESENTACION a. oc ce et wos ne a 7 ABREVIATURAS... oe te . 2B PRIMERA PARTE SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO 1. La vipa - even AT 2. La Futosorta ae . 2 1. La fey la razin os B TL. La teologia y la filosotia . 2 TIL. El ser, primer conocido . B TV. El acto puro 5 V. El existir humano .. 34 BLA OBRA ee on cee en ‘SEGUNDA ARTE LA METAFISICA DE SANTO TOMAS DE AQUINO 1. LA REALIDAD cONCRETA es u 2. Bi acto PURO ” 3. BL EXIsTiR HUMANO eee eee eee ee 13S INDICE ‘THRCERA PARTE, EL SER ¥ EL ESPIRITU (Textos escogides de Santo Tomas de Aquino) ADVERTENCIA PREVEA Obras citadas y abreviaturas utilizadas . Instruments de trabajo y criterio para la Seleccida de textos. 1, OxroLocta Seccién primera: La realidad concreta ... I, El objeto primero del intelecto El ser, primer conocido Las significaciones del ente IL. La estructura del ente El ente y In esencia ... .. El ser (esse) y la substancia La esencia y Ia substancia La materia'y la forma ... El acto y la potencia ... La esencia y'el acto de ser MII. El acto de ser, acto de los actos IV. El mat . Es un noser en cuanto privacién de un bien EI mal presupone el bien Seccién segunda: El acto puro I. La esencia de Dios IL. La presencia de Dios MII. El conocimiento natural de Dios jos no es el primer conocido Critica del argumento ontolégico Las cinco vias El conocimiento de Dios por la razén La analogia Seccién tercera: Naturaleza y gracia .. .. I. El orden de la naturaleza y el orden de Ja gracia En el universo en general . En Ja criatura racional ML. La razin y ta fe. El deseo natural de ver a Dios El conocimiento natural y Ia fe Los limites de la razén natural —10— 167 167 170 m m 1m 1m 13 15 15 16 cad 19 182 INDICE IIL, Teologia natural y teologia revelada .. Funcién de Ja teologia revelada Ta teologia revelada y las otras ciencias IV. Ciencias y sabiduria 2. Axrnorovoctt Seccién primera: El hombre, animal. racionat 1. La jerarquia de los seres II. La especificidad del hombre ... «1... Superioridad del hombre sobre el. animal Espiritualidad e inmortalidad del alma humana IL. El conocimiento humano Sensacién ¢ intelecto Funcién del cuerpo y de las imég miento Intelecto agente @ inteiecto posible’. IV. La objetividad de nuestro conocimiento E] entendimiento aleanza lo real Nuestro intelecto slo se conoce por ‘su acto El ser y la verdad Bese Seccién segunda: La voluntad y su fin I. La voluntad y el intelecto .. Lo verdadero y Io bueno La voluntad, apetito racional Las relaciones entre la voluntad y él intelecto Tl, La libertad oe El acto humano ... .. : El acto libre, acto’ de ia razén El acto libre’ y la necesidad del fin ‘ditimo La libertad espiritual .. ... TI. El fin ltimo o la felicidad vltima del hombre Lo que no es: la felicidad no puede encontrarse nl en Jos placeres ‘ni en los Ronores nnj en Ia gloria cni en las riquezas nnj en el poder .. “ni en un bien corporal... ‘ni, propiamente hablando, en un bien dei alma. inl en al estudio de las ciencias especulativas ini en los actos de las virtudes morales .. Lo QUE C8 oe eevee on Como se aicanza’ —u— 3 INDICE Mora Seccién primera: Nociones generales Seccién segunda: Problemas particulares I. El bien y el mal EI bien moral, caso particular del bien en general El bien del hombre: ‘conformarse a la razén Ta conciencia es acto... ... II. Las pasiones 1a naturaleza de las pasiones EI apetito concupiscible y el apetito irascbie El bien y el mal moral en las pasiones .. III, Las virtudes, principios internos de la accién moral. La naturaleza de Ja virtud Las’ virtudes intelectuales y las virtudes morales as virtudes teologales Pecado, vicio y malicia ” IV. Las leyes, principios externos de la accién moral Ley eterna y ley natural... Necesidad de las leyes humanas I. Consideraciones politicas Funcién y limites de las leyes humanas Derecho natural y derecho positivo wo. El derecho, de propiedad wwe ww « La guerra justa’ Ta concordia y ia paz TI. La justicia Definicién y objeto ... : Justicia distributiva y justicia conmutativa IIL. La caridad La caridad, amistad con Dios Caridad bien ordenada Caridad y amor al préjimo .. Caridad y amor a los enemigos IV. Cuestiones complementarias EL j To bello APENDICES Aurorés crrapos Léxtoo toststa 312 34 34 316 321 325 ABREVIATURAS Scriptum super libros Sententiarum Petri Lombardi (In Sent.). In librum Boetii de Hebdomadibus expositio (In Boet. de Hebd). In librum Boetii de Trinitate expositio (In Boet. de Trin.) Quaestiones disputatae de Veritate (De Veritate). Quaestiones disputatae de Potentia (De Potentia). Quaestiones disputatae de Anima (De Anima). Quaestiones disputatae de Malo (De Malo). In Aristotelis tibrum de Anima commentarium (In de Anima). In librum beati Dionysii de Divinis Nominibus commentaria (In de Div. Nomin.. In VIII libros Physicorum Aristotelis commentaria (In Physic.). In Metaphysicam Aristotelis commentaria (In Metaph.). Quaestiones quodtibetales (Quod) Summa theologica (S. Th.). Summa contra gentiles (C. G.). In librum de Causis commentarium (In de Causis). In Epistolam ad Romanos expositio (In Epist. ad Rom.). —Bb— PRIMERA PARTE SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO CAPITULO PRIMERO LA VIDA Una biografia suele, ante todo, destinarse a situar al au- tor en medio de su tiempo, entre sus contempordneos, y a clarificar las circunstancias y las influencias que contribuye- ron a la elaboracién de su pensamiento. Por otra parte, toda filosofia se caracteriza por una intuicién central que represen- ta la aportacién personal del autor y constituye el sentido fundamental de su doctrina. Para captar esa intuicién es ne- cesario, después de describir la situacién histérica y los suce- sos exteriores importantes, alcanzar de algiim modo ese punto donde se realiza el acuerdo entre el rasgo personal mas intimo del autor y el tema central que organiza toda su doctrina. Ahora bien, durante mucho tiempo se ha considerado el tomismo «como una obra de marqueteria que Hlevaria yuxta- puestas, faciles de reconocer y muy distintas unas de otras, una multitud de piezas entresacadas de todas las filosofias del paganismo helénico, del cristianismo patristico, del isla- mismo y del judafsmo»’. M. Forest ha dejado bien claro lo injusto de esta opinién: «El tomismo es una tnica filosofia, porque las diversas tesis que reine proceden de una misma inspiracién, porque la doctrina constituye un sistema, y por- que, por encima de ese mismo sistema y del pesado aparato de ‘Dune, Le systéme du monde, t. TV, pag. 568. 7 ‘su sas, 2 SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO las tesis escolésticas, le es posible al historiador encontrar la intuicién que inspiré el pensamiento de Santo Toms» Del siglo xr al x1 el problema que apasioné al Medievo, orientando toda la reflexién filoséfica, fue el problema de los universales, suscitado a propésito de un texto de Porfirio. El pensamiento se hallaba atin dominado por las doctrinas patris- ticas, especialmente la de San Agustin, muy influido a su vez por las doctrinas platonicas y neoplaténicas. Pero, desde el el siglo xr, las obras de Arist6teles, del que hasta entonces slo se conocia el Organon, empezaron a difundirse por medio de Jos arabes, instalados atin en Espafia en el reino de Granada. El aristotelismo fue conocido primero a través de los comen- tarios de Averroes, en los que pronto se vio una amenaza para el acuerdo entre la reflexi6n y la fe cristiana. Desde 1210 las obras de Aristételes fueron prohibidas en la ensefianza; pero se imponia una medida més positiva porque, como sefala M. Forest, «las riquezas doctrinales nuevas corrian peligro de ser utilizadas contra el pensamiento cristiano, si no eran antes asimiladas por él»’, Asi, en el afio 1231, el Papa Gregorio IX, aunque seguia prohibiendo el comentario de las obras de Aris- tételes, confié a los maestros de la Universidad de Paris una reforma general de los estudios. En este removido mundo de ideas se sitiéa la vocacién teolégica y filoséfica del que, un dia, Iegarfa a ser el Doctor Comin de la Iglesia. ‘Santo Tomés nacié en 1225 en el castillo de Rocca Secca, localidad situada a 125 kilémetros de Roma. Su padre, conde de la pequefia ciudad de Aquino, patria de Juvenal, estaba emparentado con Federico Barbarroja, a la sazén en lucha contra el papado. El 1230 se concluye la paz entre el Papa y el emperador. Y como prenda de paz, pero también con la secreta esperanza de que llegue a ser abad, el pequefio Tomés, apenas de cinco afios, es ofrecido por sus padres como oblato en la abadia benedictina de Montecasino, préxima al castillo familiar y considerada como Ja fortaleza del partido de los papas. Tomds permanece alli hasta los catorce afios. ‘La Tucha se reanuda en 1239 entre el Papa y el emperador. Este expulsa a los monjes de Montecasino. Toms vuelve a casa de sus padres antes de ir a la Universidad de Népoles, fun- * La structure métaphysique du concret selon saint Thomas a'Aquin, pag. 306. * Saint Thomas, ed. Mellottée, pég. 6. — 18 — LA VIDA dada por Federico II. En ese momento ya estaba en relacién con Ja orden nueva fundada por Santo Domingo. En 1244 es recibido como novicio entre los Hermanos Predicadores y, por consiguiente, renuncia a la abadia de Montecasino, des- baratando asi los proyectos de su familia. Sus padres no se rebelan contra su vocacién religiosa, sino contra su ingreso en la nueva orden de los Mendicantes. Por eso cuando el Maestro general de la orden, Juan el Teuténico, conduce al joven novicio a Parts, sus propios hermanos, por orden de su madre, le detienen en el camino y le llevan escoltado al casti- lo de San Juan. Mas de un afio permaneceré alli bajo estrecha vigilancia, y sera sometido a todo tipo de presiones para for- zarle a dejar Ja orden de Santo Domingo. Liberado en 1245, gracias a la complicidad de sus hermanas, es enviado a la Universidad de Paris junto al maestro Alberto el Grande, quien acomete la reforma de los estudios teoldgicos. De 1248 a 1252 reside en Colonia, siempre bajo la direccién de Alberto el Grande, para organizar un studium generale, es decir, un centro de estudios teolégicos. De regreso a Paris en 1252, en el célebre convento de San- tiago, es sucesivamente bachiller bfblico y bachiller «senten- ciario», es decir, encargado de comentar el Libro de las Sen- tencias de Pedro Lombardo. Asi, apenas cumplidos los 27 aos, empieza a ensefiar en la Universidad de Paris. Su primera obra, In IV libros Sententiarum, data de esa época. Pero la Universidad esta en efervescencia. Los maestros seculares nit gan a los religiosos el derecho de ensefiar. Guillermo de Saint- Amour, canénigo de Beauvais, dirige la campafia contra los regulares, y publica en 1255 un panfleto, De novissimorum temporum periculis, en el que ataca directamente Ja ensefianza de Santo Tomés. Este responde en 1257 con el Contra impug- nantes Dei cultum et religionern. En 1256 obtiene la licencia de Teologia y, a instancias de su fiel protector, el Papa Alejandro IV, ensefia en adelante como maestro. Su obra va tomando forma, De 1256 a 1258 es- cribe el De ente et essentia, el De Veritate, el comentario In Boetium de Trinitate, y comienza la obra apologética Summa contra gentiles, que terminara hacia 1260. Llamado a Italia en 1259 por el Papa Alejandro IV, se con- vierte en el tedlogo de Ja curia pontificia. Ensefia en Auagui, Orvieto, Viterbo y en el convento de Santa Sabina, en Roma. En 1263 acude a Londres para asistir al capitulo general de —19— SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO su orden, Es el momento en que R. Bacon, el «Doctor admira- bles, redacta sus tres Opus. Para Santo Tomés es el periodo més fecundo, De 1259 a 1268 redacta su Expositio super IV Evangelia, 1a Catena aurea, obra realizada a instancia de los papas y compuesta por textos patristicos destinados a comen- far el Nuevo Testamento con vistas a la discusién con los griegos, las Quaestiones disputatae: de Potentia et de Malo, ai comentario al libro de Dionisio De divinis nominibus, y el oficio del Santo Sacramento’ Es entonces cuando escribe tam- bién la mayor parte de sus comentarios a Aristételes, sobre la traduccion directa del griego del dominico Guillermo de Moerbeke: In VIII libros Physicorum, In IV libros de Anima, In XII libros Metaphysicorum, In X libros Ethicorum. Tame bign acaba la I Pars de la Summa theologica. Llamado de nuevo a Paris en 1269, encuentra la Universt dad dividida por las luchas doctrinales. Habra de combatir en dos frentes: por un lado, contra Sigerio de Brabante y el ave- rrofsmo latino, que niega la individualidad del alma humana y profesa que el universo procede de Dios por necesidad; pot Stro lado, contra los franciscanos, agustinos conservadores, enemigos de toda novedad y, por consiguiente, del aristotelis mo} Entonces compone, al mismo tiempo que las Quaestiones disputatae, el De Spiritualibus creaturis, el De Anima, las Quaes- tiones quodlibetales, el De Unitate intellectus contra Averrois- tas y el De Aeternitate mundi contra murmurantes. Santo To- més afirma la unidad de la forma sustancial y rechaza la demos- tracién filosofica del comienzo del mundo. Estas tesis logran escapar a la condenacién fulminada en 1270 contra Sigerio y el ayerroismo por él obispo de Paris, Esteban Tempier.| En me- dio de esta agitacién de los espiritus, Santo Tomas contintia comentando las obras de Aristételes: In Perihermeneiam, In Posteriores analyticorum, In IV_primos libros de Coelo et mundo, y el escrito neoplaténico Liber de causis. En esta mis- mua época escribe el Compendium theologiae, comenta los Evan- gelios de San Mateo y San Juan, y compone la FIT y la TEI de la Summa theologica. En 1272, en vista de que Paris segufa agitado por los ave- rroistas, el Papa Gregorio X lama a Santo Tomés a Italia para confiarle la ensefianza de la teologia en la Universidad de Napoles, ya célebre y préspera gracias al rey de Jas Dos Sicilias, Carlos de Anjou, hermano de San Luis. Es en esta época cuando Santo Tomas escribe sus tltimas obras: In II — 20 — LA VIDA libros de generatione et corruptione, In Epistolam ad Roma- nos y la IIT Pars de la Summa theologica, inacabada, que sera ‘completada por su discipulo y amigo Reginaldo de Piperno. ~ _ Invitado por Gregorio X, deja Napoles para asistir al Con- cilio de Lyén. Sorprendido por la enfermedad en medio del viaje, se detiene en el monasterio cisterciense de Fossa Nova, donde muere el 7 de marzo de 1274, a los 49 afios. Su obra no tardaré en verse atacada, Desde 1277, el tomis- mo es condenado a la vez por el obispo de Paris, Esteban Tem- pier, y el primado de Inglaterra, Roberto Kildwarby. Su doc trina tropieza con Ja hostilidad de los franciscanos de Oxford y de algunos dominicos, Sin embargo, Roma sostendré siem- pre a Santo Tomés. Gracias a los papas, la obra del «Doctor Angélico» Iegara a ser la del Doctor Comin de la Iglesia. El Papa Juan XXII, que cierra el proceso de canonizacién de Santo Toméds el 18 de julio de 1323, habia dicho: «Todos los articulos que ha escrito son milagros.» Por eso, en estos tiem- pos del concilio abierto por Juan XXIII, son dignas de recor- darse las palabras de Chesterton: «La Suma ya no arde, sino que ilumina>’, Los restos de Santo Tomés, depositados en la Universidad de Toulouse en 1369, fueron transportados, durante la Revo- Ice, de Ja iglesia de los Jacobinos a la basilica de Saint- ernin. Valéry, que era enemigo de biografias, decfa: «Por muchos detalles que acumuléis sobre la vida de Racine, nunca conse- guiréis hacer sus versos.» Y es verdad que un relato cronol6- ico de los acontecimientos, incluso completado con referen- cias bibliogréficas, nos puede proporcionar a lo sumo una srealidad segunda, que nunca seré capaz de revelarnos ese secreto parentesco que une a un autor con su obra y pu darnos la clave del acuerdo entre la personalidad intima “a autor y la intencién directriz de su obra. «Cuando se examina una vida humana —hace notar J. Guit- ton— uno no puede menos de asombrarse al observar la seme- janza que guarda consigo misma a través de sus diversas fa- ses»? La obra de un autor es también, de algtin modo, una fase de su vida. Por eso existe una afinidad particular entre * Saint Thomas dAquin, pag. 235. * Lexistence temporelle, pag. 172 —a— SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO Ja identidad espiritual de un autor y la intuicién que inspira toda su doctrina. Una biografia analitica debe descubrir la clave de esa afinidad. No se trata, sin embargo, de explicar la obra por el autor, sobre todo cuando nos encontramos en presencia de una obra filoséfica. Reducir una filosofia a la expresin de un cardcter o de una subjetividad es equivalente ‘a negarle todo valor. No obstante, aunque un sistema filosd- fico debe juzgarse segtin el valor de los argumentos por los que se justifica, independientemente de Ja historia personal que lleva al autor a sostener tal o cual tesis, es indiscutible que la filosoffa ms impersonal que pueda existir ser4 siempre obra de una persona. Santo Tomés mismo ensefia que no es el pensamiento el que piensa, sino un hombre por medio de su pensamiento. La actividad. intelectual de la que procede tun sistema filosofico no es més que un aspecto de la actividad propia y total de una persona concreta. «En el fondo del pen- samiento més desinteresado —escribe el P. de Finance— habi- ta alguien que reivindica como propio su ejercicion*. Esta presencia del autor en el trasfondo de su obra es lo que una biograffa analitica ha de poner de relieve, sin inten: tar por ello reducir el sentido de la obra a la historia personal del autor. En una palabra, se trata de descubrir ese valor comin del que la obra y la personalidad del autor son mani- festaciones conjuntas, en el sentido en que M. Ruyer escribe: + De ahi su segundo acceso de célera, esta vez contra un adver- sario que quiere escudarse en su autoridad precisamente para presentar una tesis opuesta a la suya, Firmemente apoyado en el principio de no contradiccién, v confiando tanto en el po- der de la raz6n como en la autoridad de la fe, Santo Tomés esta completamente seguro de que la verdad nunca puede ser més que una, Ninguna verdad cierta para la razén puede ser contraria a la fe, y ninguna verdad de fe puede atentar contra una verdad natural. La verdad.es una, y dos los caminos para alcanzarla. Sin embargo, la fe supera a la raz6n, Porque ésta, siendo libre en el campo de la investigacién, en funcién de sus mismos principios no puede pretender Ja infalibilidad; en cambio, la Iglesia, por su fidelidad al depésito de la fe, es infalible en su explicacién doctrinal. En este punto, Sigerio de Brabante se declara de acuerdo con Santo Tomés al sostener, bajo pretexto de que la Iglesia, infalible en el orden teolégico, puede errar en el orden cientifico, la existencia de dos verda- des, una de ellas sobrenatural y la otra natural, que contradice a la primera. De este modo, la fe es algo insensato para la razén natural, y lo que es insensato para la razén natural es, a su vez, verdadero para la fe. Ante esta tesis, eque la inmensa mayoria de nuestros actuales lectores de periédico reconoce- rian como idéntica a la de Santo Tomas»*, el Santo reac- ciona con la misma vehemencia que contra el espiritu del mal. Su indignacién es atin mas viva porque su amor al silencio le hace preferir la verdad en todo su rigor —aunque le separe del que yerra— a un pretendido didlogo basado en la confusién menial. Como buen amante del silencio, a Santo Tomas no le gus- taba lamar Ja atencién en piiblico, por lo que en la vida social se caracterizaba por una actitud de prudente reserva. San Juan de la Cruz hace observar que en un alma preocupada por aparecer y por hablar queda poco sitio para Dios. El lugar que ocupaba Dios en el alma de Santo Tomés, lo sabemos por * Gilson. * Chesterton, LA VIDA la cuestién que planteaba ain siendo novicio en Montecasi- no. «Tengo para mi —escribird més tarde, al comienzo de la Summa contra gentiles— que el deber més importante de mi vida es hablar de El en todo lo que pienso y digo.» Es éste el sentido en el que Santo Toms era taciturno, porque la taciturnitas no es la insociabilidad, sino la disposicién del alma en la que Dios ocupa siempre el primer lugar. Esta taci- turnidad se manifesté un dia ruidosamente ante el rey de Fran- cia. Invitado a Ja corte por San Luis, Tomés acudié siguiendo el consejo de sus superiores. Alli le encontramos, sentado a la mesa real, escuchando, sin tomar parte activa, Ia conversa- cién que probablemente gira en torno a los temas politicos. El Santo ha sabido siempre mantenerse al margen en este tipo de controversia. Igual que Descartes, desaprueba «esos carac- teres turbulentos e inquietos que, no habiendo sido Ilamados ni por nacimiento ni por fortune a las tareas piblicas de bierno, andan siempre agitados planeando en su imaginacién novedades y reformas> , Poco a poco se va desinteresando de Ja conversacién que bulle a su alrededor, a medida que las discusiones van llegando a posturas cada vez més tajantes y cémodas: los buenos y los justos estdn agrupados en el mis- mo bando, y todos los demés son villanos y lobos malignos. Es posible que los juicios sumarios que se estuvieran haciendo inspirasen de algin modo su meditacién. El hecho es que de repente la mesa real tembl6 de un pufietazo formidable, y en medio del estupor general se oyé a Santo Tomas que murmu- aba: «Se acabé con los maniqueos.» Esta involuntaria intem- perancia contribuye a ilustrar el poder de concentracién y de silencio del que Santo Tomés era capaz. Una titima anéedota para los que puedan extrafiarse de que este amigo del silencio haya legado a escribir una extensa obra, mds de cien vohimenes de respetable tamafio, sin contar los folletos y los optisculos. Se cuenta, como algo fidedigno, que unas semanas antes de su muerte, mientras celebraba la Santa Misa, le sucedié algo que nunca se ha sabido, pero que decidié a Santo Tomds a interrumpir su trabajo. A su amigo Reginaldo, que le animaba a continuar, le respondié: «Ya no puedo escribir més. He visto cosas que, en comparacién con ellas, todo lo que he escrito me parece paja.» A pesar de las apariencias, esta renuncia con Ia’ que Santo \ Discurso det Método, IL parte. 35 SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO Tomés pone término a su obra no esta en contradiccién con su intenciGn primera, Este silencio final no significa realmente una ruptura, porque est4 en continuidad con el silencio inicial, fundamental, que impregna lo més hondo de la doctrina to- mista. En efecto, si hubiera que condensar en una frase Ja in- tencién de la filosofia de Santo Toms, habria que decir que el objeto de su metafisica es recoger en el pensamiento Jo que las cosas dicen por el simple hecho de que son. Asi, el silencio, ese acto interior en que el espiritu se recoge para captar cl sentido de las cosas, es el lugar propio donde el pensamiento de Santo Tomds alcanza su més pleno sentido. ¥ aunque el silencio de ese renunciamiento final del Santo parece la expresién de una experiencia mistica, como dejan entrever las circunstancias, no est en contradiccién con el silencio inicial que anima su experiencia metafisica. En efecto, aunque la experiencia metafisica no es una preparacién para la experiencia mistica, sino que son entre si independientes, no deja de existir entre cllas una semejanza real. La analogla que estas dos experiencias implican proviene de la idéntica actitud de alma que ambas, cada una en su género, manifies- tan. Esta actitud se caracteriza por la atencién prestada a una solicitacién, y por la espera confiada en el seno de una pose- sién. De nuevo es el silencio, ese lugar donde el alma escucha, el que realiza el acuerdo intimo entre la disposicién requerida para la contemplacién metafisica, y la posicién del alma, ele vada por gracia especial a la contemplacién infusa. aileneie of pie da mH Cole dt \b oP terinar uu srtriter — 26 — CAPITULO II LA FILOSOFIA Una primera cuestién que se puede plantear es si Santo ‘Tomés es fildsofo o tedlogo. Seria fécil dar respuesta sustitu- yendo la disyuntiva por la copulativa. Pero no seria suficiente decir que Santo Tomés es a la vez tedlogo y filésofo, El tomis- mo no es una simple yuxtaposicién de la filosoffa y de la teo- logia. Su originalidad consiste en el equilibrio interior que ogra entre la supremacfa de la teologia y la autonomia de la Filosofia. Al final del resumen que da de la doctrina tomista, M. P. Vignaux concluye: «Santo Tomés fue un pensador que, habiendo fundado la posibilidad de una filosofia pura, elige, sin embargo, ser un tedlogo»', Es cierto que por eleccién y por vocacién Santo Tomés es un tedlogo, pero aunque es ver- dad que «el conjunto del pensamiento tiene forma de teolo- gia», slo una lectura superficial permite afirmar, como lo hace M. Vignaux, que las cuestiones filos6ficas esparcidas a Jo largo de su obra no son més que «simples fragmentos»*. En efecto, seria imposible, sin equivocarse acerca del sen- tido y el alcance de su obra, disociar en Santo Tomas Ia voca- cién teolégica y la exigencia filosdfica. Es cierto que la inde- Ta pensée au Moyen Age, pag. 125. * Tid, pag. 121. —a— SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO pendencia de Jos érdenes es claramente afirmada desde el ‘comienzo de la Summa teoldgica: la reflexién filoséfica, obra de la raz6n, se distingue esencialmente, in genere, de la teologia, directamente sometida a la fe’. Pero lo propio del tomismo consiste en establecer entre los dos campos una serie de rela- ciones tales que la filosofia sirve tanto més a la teologia cuan- to es mds rigurosamente filosdfica, y la teologfa revela tanto mas el cardcter sobrenatural de la fe cuanto més respeto de- muestra por Ia luz natural de la razén. La FEY LA RAZON Hacia 1270, en el curso de una controversia en que los fensores de «la sola fe» habian preguntado si la especulaci teoldgica no ponfa en peligro la simplicidad evangélica, Santo Tomas respondi6: «Si los problemas de la fe los resolvemos por la sola via de autoridad, poseeremos sin duda la verdad, pero en una cabeza vacia»*, a fe es obediencia y confianza en la Palabra de Dios; pero no es un impulso ciego de la sensibilidad y menos atm un sacrificium intellectus. Por la adhesin total que reclama de un ser dotado de razén y de voluntad, la fe misma suscita la investigacién teolégica. «Fides quaerens intellectum», esta ex- presion de San Anselmo define la misién de la teologia: la fe que busca el entendimiento. Y como esta busqueda se realiza a partir del asentimiento dado a la palabra de Dios, la espe- culacién teolégica respeta y custodia la trascendencia y la gratuidad de la fe. El teélogo no intenta probar por la razén las verdades a las que se adhiere por la fe. Esta adhesin per- derfa todo valor si descansara en una prueba racional. «La fe —escribe Santo Tomas— no implica una busqueda racional para demostrar lo que ya se cree>*, El tedlogo recurre a la raz6n natural no para probar un articulo de fe, por ejemplo, la creacién temporal del mundo o el misterio de un Dios en tres personas, sino para explicar el contenido de esos artfculos y captar el orden de los argumentos por los que se pasa de uuno a otro. «El papel de la razén humana en la ensefianza de TS. Th a tea 1 wl 2. * Quodl., IV, a. 16. + 8.Th,'22,q.2, a1, ad 1 — 28 — LA FILOSOFIA la doctrina sagrada no es probar las verdades de la fe, ya que entonces la fe perderia todo su mérito, sino explicar el conte- nido de dicha enseiianza» *, Pero la revelacién contiene no s6lo verdades sobrenaturales que la razén no puede encontrar ni demostrar, sino también un cierto mimero de verdades que conciernen a Dios y son directamente accesibles a la luz natural de la razén. Estas ver- dades, cuya adquisicin y demostracién no exceden el poder de la razén humana, convenia que fueran reveladas porque, buscadas por la razén, sin la ayuda de la fe, s6lo Ilegarian a ser muy pocas, logradas a costa de prolongados esfuerzos, y mezcladas con numerosos errores*, El conjunto de estas ver- dades constituye lo que se lama revelable. La revelacién de estas verdades accesibles a la razén, aunque no aporta un conocimiento superior al de la razén, resulta précticamente necesaria, porque la fe en estas verdades asegura el equilibrio interior sin el que la naturaleza humana se veria incapaz. de usar de la razén correctamente. Asi, lejos de alienar la razén, Ja fe le ayuda a encontrar su integridad natural. «La fe es a la razén —dice Santo Tomés— lo que la gracia es a la natura- leza: no la destruye, sino que la perfecciona» *. A la inversa, también Ja razén es de algin modo indispen- ble a la fe. «La fe —sigue diciendo Santo Tomés— presupone el conocimiento natural, como la gracia presupone la natura- Jeza, y la perfeccién lo perfectible» ¢. Asi, aunque la razén sdlo se perfecciona con la ayuda de la gracia y a la luz de la fe, existe un conocimiento natural de Dios, que es como el pream- bulo de la fe. La posibilidad de conocer algunas verdades con- cernientes a Dios es realmente inherente a la naturaleza de la razén humana. Ademés, la misma revelacién, a la que la fe st4 condicionada, es ei descubrimiento de la verdad divina formulada en un lenguaje humano y terrestre; «Mi fe —escribe el P. Chenu— no es un transporte mfstico al margen de mi condicién humana, sino una comunién a mi nivel psicoldgico, realizada con palabras humanas habilitadas, segin sus propias leyes, para enunciar a Dios en mis formulaciones terrestres» *. Los términos, humanos y terrestres, que sirven para transmitir * Im Boet. de Trin. * S.Th, 1.q.1,a.1,y C. Gy I, cc. 3,4, 5. * De Veritate, q. 14,'a. 9, ad 8; a. 10,24 9. © $.Th,1,q.2,a.2,ad 1. * Saint Thomas’ d'Aquin et ta théologie, pig. 35. —29— SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO Jas verdades sobrenaturales contenidas en la revelacién divina, deben conservar un minimo de inteligibilidad para la razén humana, ya que de otro modo el lenguaje de la fe se conver- tirfa en un enigma indescifrable. No hay conocimiento sobre- natural sin evidencia natural. La fe es una gracia de Dios, pero también un acto del hombre. El mismo conocimiento de Dios por la fe sigue siendo un acto humano, y hasta la revelacion de Dios es conocida por analogfa con lo creado. Para que nuestra fe en Dios, gratuita en cuanto don sobrenatural, no ‘sea un acto ciego y meramente irracional, es preciso que la palabra Dios tenga algdn sentido para la raz6n. La fe no puede Harse en un ser privado de razén, como no puede haber cono- cimiento sobrenatural si no existe un conocimiento natural. La necesidad de la inclusién del conocimiento natural en el conocimiento sobrenatural no significa la necesidad de una prioridad temporal del conocimiento filoséfico de Dios res pecto al acto de fe. No es preciso ser fil6sofo para tener fe. Una pobre mujer inculta, si es verdaderamente buena, puede alcanzar por la fe un conocimiento més profundo que un cul- tivado filésofo con sus conceptos sutiles y complejos*. Sin ;bargo, el conocimiento de fe presupone y preexige la validez del conocimiento natural de Dios no sélo para dar un minimo de sentido inteligible a la Palabra de Dios, sino también por- que sélo hay un tinico Dios, que es aleanzado por la razén y por la fe. Por la fe se conocen muchas més cosas sobre Dios, ¥ de un modo superior y con més seguridad que por Ia raz6n * Pero aunque el primer motor no sea Yavé, Yavé si que es el primer motor. No hay un Dios para la fe y otro para la raz6n; fin embargo, la afirmacién de Dios por la fe difiere de Ia afirmacién de Dios por la raz6n. Dios, objeto adecuado de Ia fe, trasciende el objeto propio de la razén, pero uno y el mis- mo Dios es el objeto real —obiectum ut res— de la fe y de Ia raz6n. ‘Pero una misma cosa puede ser a la vez objeto de cien- cia y objeto de fe? En principio —responde Santo Tomas— es imposible saber y creer una misma cosa bajo el mismo aspec- to®, Lo que es objeto de fe no es objeto de ciencia, porque lo que es crefdo no es visto, pero lo que es sabido es visto‘. 1” Gir, Monde moderne et sens de Diew, pgs. 4041. + §. Th, 22, 4. 2, a. 3, ad 3. + De Veritaie, 4. 14, a. 9, ad 6. + S.Th, 22,4105. —30— LA FILOSOFIA ¢Hay que deducir que la existencia de Dios, por ejemplo, deja de ser objeto de fe cuando es demostrada por una prueba ra- cional, o bien que es objeto de fe cuando es imposible aducir una prueba racional para demostrarla? Santo Tomas observa que, acerca de un mismo objeto puede haber fe y ciencia al mismo tiempo y en el mismo individuo, pero bajo. aspectos diferentes*. Asi, una misma realidad es estudiada por cien- cias diferentes bajo sus diferentes aspectos: el astrénomo y el fisico egan a la misma conclusion, la redondez de la Tic 17a, por caminos diversos, uno de ellos matematico, el otro experimental, Nada impide que algunas realidades divinas sean también cognoscibles al mismo tiempo bajo aspectos dife- rentes por la luz natural de la razén y por la luz de la reve- lacién sobrenatural *, Para la fe, Dios es «esa verdad primera cuya plena visién colma de dicha a los bienaventurados» *, Para Ja raz6n, Dios es la causa primera del universo. Pero ninguna prueba racional de la existencia de Dios, por muy convincente que fuera, dispensaria nunca de creer en Aquel de quien el hom- bre puede fiarse mas que de su propia razén, porque chay mas certeza en lo que el hombre conoce al escuchar la Palabra de Dios, que no puede engafiarse, que en lo que conoce por su propia raz6n, que est sujeta a error» *. En otras palabras, la fe fundada en Ia autoridad de la re- velacién divina es irreductible y superior a la raz6n. Lo que es de fe hay que creerlo, no por la raz6n, sino por la autori- dad divina *, No obstante, humanamente, la fe no es exterior ni contraria a la razén, porque requiere el asentimiento del inte- ecto: «La fe implica la adhesién de la inteligencia a lo que se cree». Més atin, es necesario que el conocimiento sobrenatu- ral implique, como fundamento de su posibilidad, el conoci- miento natural de Ja razén. Se puede tener fe sin tener cono- cimiento natural de esta implicacién. Pero esta implicacién es tan necesaria, que los puntos exigidos previamente por la fe, sin ser articulos de fe, puesto que la razén puede demostrar- los, deben ser aceptados como de fe por el creyente que sea incapaz de alcanzar su prueba racional’. Aunque habla bajo . Th, 22, q, 1, a. 5, ad 2, 3,4. poonnag SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO Ja guia de la fe, la razén no aliena su naturaleza: «El triunfo de la fe es conservar a la raz6n la eficacia propia de sus le- yes» *. En correspondencia, la autoridad de la fe no es dismi- nuida por el apoyo que encuentra en la luz natural de la razén. El mérito del tomismo consiste precisamente en mantener esta armonfa: la fe y la raz6n se distinguen sin separarse, es- tan unidas sin confundirse. Ni la fe est subordinada a la raz6n, ni Ia raz6n a la fe, y sin embargo viven la una de la otra en pleno acuerdo y armonia, enriqueciéndosc mutuamente con la ayuda que se prestan. El tomismo se caracteriza por la confianza indestructible en el acuerdo existente entre la ver- dad cientifica obtenida por la razén y la verdad de fe recibida por la revelacién. Il, La TeoLocfa ¥ LA FILOSoFiA Estas observaciones permiten comprender las relaciones que mantienen la filosofia y la teologfa dentro del tomismo. La especulacién teolégica depende directamente de la fe, la reflexibn filos6fica es esencialmente obra de la razén. Por eso, cuando ambos saberes versan sobre las mismas realidades, no se puede decir que tengan propiamente el mismo objeto. Asi como la geometria no estudia en una linea las mismas pro- piedades que la fisica, de un modo semejante el filésofo con- sidera las criaturas en si mismas, mientras el teélogo las estu- dia en su relacién con Dios. De ello resulta una diferencia de puntos de vista: el filésofo se apoya en las causas segundas, el tedlogo parte de la Causa primera. Esto implica un cam- bio de rumbo en el pensamiento: mientras que la. reflexi6n filosofica pasa de la observacién de las criaturas a la afirma- cién de Dios, la teologia parte de su conocimiento de Dios para Iuego examinar las criaturas en su referencia a El. En este sentido, la teologia es mas perfecta que la filosofia, a causa de su mayor semejanza con la ciencia divina, puesto que Dios se conoce primero a si mismo, y en ‘si mismo con- templa todo lo demas *. La teologfa, que depende de la luz sobrenatural de Ia fe, no recibe sus’ principios de la filosofia, sino directamente © Curxu, Saint Thomas d'Aquin et la théologie, pag. 46. * 66,14. —2— LA FILOSOFIA de Dios, gracias a la revelacién. No recurre a las disciplinas filoséficas como si dependiera de ellas, sino que, por el con- trario, las utiliza «como inferiores y a su servicio», para conseguir mediante ellas una mayor claridad de expresién. Sin embargo, el recurso del tedlogo a la filosofia no es algo sobre- afiadido y superfluo, sino necesario e indispensable, no en razén de la insuficiencia de la teologia en si misma conside- rada, sino «en raz6n de la deficiencia del intelecto humano, «propter debilitatem intellectus nostri»*. Estamos hechos de tal forma que nuestro intelecto debe partir de los conoci- mientos obtenidos por la luz natural de la razén para elevarse hacia conocimientos que superan la razén y constituyen el objeto de la teologia*. Esta, aunque directamente no depende de la filosofia ni de su fuente ‘, debe acudir también al estudio de las criaturas para esclarecer la verdad y, sobre todo, para climinar el error. Es decir, a la teologia «le es también nece- sario el estudio de las criaturas» *, Los errores relativos a las criaturas alejan de la verdad de la fe, porque ofuscan el ver- dadero conocimiento de Dios. Seria un error juzgar que lo que se piensa de las criaturas no tiene ninguna importancia para la fe, con tal de que se mantenga una idea justa acerca de Dios. Una falsa concepcién de las criaturas aparta al espi- ritu humano de Dios, hacia el cual se babfa encaminado por la fe‘. El rigor de la especulacién teolégica presupone la rec- titud de la mirada filosdfica. No puede haber sana teologia sin filosofia verdadera. En si misma, quoad se, como ciencia de lo divino, la teo- logia es primera, y como tal le corresponde demostrar los principios de otras ciencias, Pero respecto a nosotros, quoad nos, es ultima, porque presupone las pruebas que las otras ciencias le proporcionan. No hay aqui circulo vicioso. Lo mis- mo que el metafisico no pretende probar lo que aprende del fisico por los principios que é1 mismo le ha proporcionado, sino por otros evidentes en si mismos, asi también el tedlogo no prueba lo que aprende del filésofo por los principios que 4l mismo le ha ensefiado. No es contradictorio que una ciencia * S. Thy 1g. 1, a 5, ad 2 1S. Th, tq. 1, a. 5, ad 1 +S. Th, 1a 1, a 5, ad 2 + Toidem. * 6,13 * Tbidem. —33— sero ras, 3 SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO presuponga las pruebas ofrecidas por otra, de la que ella misma demuestra los principios. Asi, la reflexién filoséfica representa la comprensién previa necesaria para la especula- cién teolégica, porque «por la naturaleza de las cosas visibles el intelecto humano se eleva hasta un cierto conocimiento de las realidades invisibless *. «Ninguna teologia —observa el P. Bouillard— podria tener sentido coherente, si no dispusiera previamente de uma reflexién filosofica que analice las con- diciones formales de todo sentido concreto> *, Para el teédlogo es tanto més indispensable apoyarse en las ciencias filoséficas, cuanto que la teologfa tiene, como ciencia, tuna imperfeccién esencial. Los articulos de la fe, que son los principios de la teologia, desbordan la capacidad de la razén humana, que no puede demostrarlos ni comprenderlos de modo adecuado. La teologia no es la ciencia de los articulos de la fe, sino de las conclusiones que resultan de esos articu- los recibidos y poseidos por la fe*. Pero esta fe, que es supe- rior a la simple opinién por la firmeza de la adhesin que la caracteriza, es inferior a Ja ciencia por la ausencia de vision * Para el creyente, las verdades de la fe son incluso més ciertas que los primeros principios de la razén‘. Sin embargo, en cuanto conocimiento, la fe es imperfecta: «Pertenece a la naturaleza de la fe el ser imperfecta como conocimientos *, puesto que le falta la evidencia. Una ciencia implica evidencia y certeza. Fundada en la fe, cuya certeza es absoluta, pero cuya evidencia es deficiente, la teologia no es en sentido estric- to una ciencia. No es tarea que corresponda a Ja filosofia la de procurar a la teologia una evidencia de su objeto que la convirtiera en ciencia perfecta también para nosotros. La visién beatifica sélo se da en los bienaventurados. La filosofia constituye sim- plemente el predmbulo necesario para la inteligibilidad de las verdades reveladas, Atribuir este papel a la filosofia no significa erigir el pensamiento humano en juez. de la Palabra de Dios. Porque no se trata de una prioridad légica de la razén sobre la fe, ni tampoco de una anterioridad de hecho de la +S, Thy 1, a. 84, a. 7. * Karl Barth, t. U1, pég. 60. * De Veritate, q. 14, a. 3, ad 3. + 8. Th, 12,4. 67,03. * In I Sent, pro. * 8. Th, 12, 467,03. — MR LA FILOSOFIA reflexion filoséfica respecto al acto de fe, sino de una inclu- sién necesaria del conocimiento natural en el sobrenatural, en virtud del principio de que «las cosas conocidas son recibidas por el sujeto cognoscente segtin su propio mado de conocer» * ‘Asi queda precisado el papel de la filosofia en la doctrina tomista. Recorriendo la obra de Santo Tomds a la manera de un turista presuroso que quiere visitar todo el pais que ha ele- gido para sus vacaciones de verano, las tesis filoséficas y las demostraciones racionales apareceran como observaciones dis- ppersas que ocasionalmente vienen a sostener con su claridad natural las verdades sobrenaturales de la fe. Es indiscutible, como muy bien ha subrayado M. Gilson, que «si queremos encontrar en la compleja personalidad de Santo Tomas un doc- tor de la verdad filoséfica, lo tendremos que descubrir en el interior del tedlogo»*, Pero M. Gilson reconoce también que «existe una filosofia tomista original y distinta de las otras»*. Llega a decir, incluso, que esta filosofia «es un conjunto de verdades rigurosamente demostrables que, en cuanto tales, dependen directamente de la razén»*, Por eso, aunque a los argumentos filoséficos se recurre a través de toda la obra del Santo, seg las necesidades de una arquitectura teoldgica, no son piezas del todo dispersas y puramente ocasionales, sino que presentan una coherencia, es decir, un orden y una afi- nidad que de algén modo implican la existencia de un nicleo ordenador. Hay una filosofia tomista, tan metédica en su elaboracién como deliberada en su concepci6n. Si es temerario querer presentar la filosofia tomista tal como Santo Toméds la hubiera expuesto de haberse decidido a ser sélo un filésofo, en cambio no es traicionar la verdad del tomismo intentar descubrir, siguiendo de cerca a M. Forest, ala estructura metafisica de lo concreto segin Santo Tomas de Aquino», Este trabajo no consistiré sélo en establecer «un inventario més 0 menos completo de las nociones filoséficas presentes en la obra de Santo Tomas de Aquino» ‘. Se trata de demostrar que existe una metafisica tomista cuyas cone- xiones teolégicas en nada alteran su riguroso valor en el plano filos6fico. En efecto, de ningiin modo es «arrancar Ia filosofia » $. Th, 22,4.1,a.2. + Le thomisme, pag. 13. * Ibid, pag. 15. «Ibid, pag. 38. * Le thomisme, pag. 14. —35— SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO tomista de sus conexiones teolégicase * el reconocer, con M. Gil- son, que la filosofia y la teologia representan en Santo Tomés «dos dominios auténomos, distintos, formalmente separa- dos»*, Por otra parte, tampoco intentamos afirmar que Santo Tomas «quiso construir su filosofia con fines puramente filo- s6ficos»*; «todo el secreto del tomismo se puede resumir en el empefio, leno de honestidad intelectual, por reconstruir la filosofia hasta tal punto que su acuerdo, de hecho, con Ia teo- logia aparezca como consecuencis aria de las exigencias deTa raz6n y no como resultado accidental de un simple de- ‘seo de concifiaciéns *., Después de esto, no se entiende bien cémo puede decir M. Gilson que «seria mas natural exponer la filosoffa de Santo Tomas segiin el orden de su teologia»* y no segin el orden filos6fico. El propio Santo Tomés admite Ia posibilidad de tuna filosoffa pura, y pone cuidado en distinguir entre argu- mentacién filos6fica y especulacién teoldgica. «El tedlogo con- sidera las criaturas segin su relacién con el primer principio del que proceden y con el ultimo fin al que se hallan ordena- das, es decir, Dios. El fildsofo considera las criaturas en fun- cién de su propia naturaleza para examinar su causalidad y receptividad> *. Por otra parte, ninguna de las dificultades particulares sus- citadas por M, Gilson, contra el proyecto de exponer la filo- sofia tomista segin el orden que el propio Santo Tomis asig- na a la investigacién filoséfica, resulta decisiva e insuperable. La dificultad radical de que siguiendo el orden filoséfico se acabaria sin remedio triturando los textos y dislocando el pen- samiento de Santo Toms, ', y que al decir de Santo Tomés el orden filoséfico Le thomisme, pig. 16. Le thomisme, pag. 35. Le thomisme, pag. 16. Le thomisme, pag. 39. Le thomisme, pag. 16, In II Sent, prol, y C. G, I, & Le thomisme, pag. 26. Le thomisme, pig. 15. — 36 — LA FILOSOFIA parte de las criaturas para legar hasta Dios, la infidelidad al pensamiento de Santo Tomas consistirfa en presentar su filo- sofia segin el orden teoldgico, porque para ello habria que empezar por donde la filosofia acaba, y acabar por donde em- pieza. En cuanto al peligro que habria, siguiendo el orden filoséfico, de «construir una filosofia, a base de elementos tomados del tomismo, que no habla de Dios en todo lo que dice», es un peligro irreal. No es necesario nombrar cons- tantemente a Dios para hablar de Fl en todo lo que se dice. Precisamente lo admirable de Ja filosofia tomista desde el punto de vista filosdfico es que, sin pronunciar su nombre a cada paso, habla de Dios en todo momento, por Ta sencilla razén de que habla naturalmente de las cosas naturales. En definitiva, no es de temer que, adoptando el orden Filoséfico para expresar la metafisica tomista, nos veamos forzados a presentar «una filosofia ad mentem sancti Thomae, como po- drfamos presentar una philosophia ad mentem Cartesii» *. Pri- ‘mero, porque se puede pensar, con Jacques Maritain, que, con- forme al esquema «de Jas grandes filosofias racionalistas que parten de Dios como si salieran de la boca del Altisimo», «nin- guna metafisica procede de un modo més teolégico que la de Descaries>™ ¥ luego, sobre todo, porque Ta exigencia filosd- fica de seguir el orden natural de la raz6n Ieva a Santo To- més a reconocer como evidencia primera el res sunt, es decir, precisamente lo que Descartes empieza por rechazar, aunque sea provisionalmente, a fin de asentar el cogito como la pri- mera evidencia y el modelo de toda certeza. Nada hay tan opuesto al método metafisico de Santo Tomas como este re- torno reflexivo propio de la actitud cartesiana. Asi, donde el teélogo afirma segin la Escritura: «En el principio era el Verbo», el fildsofo reconoce por la razén na- tural que lo primero que llega a la inteligencia es el ser‘: «Pri- ‘Le thomisme, pig. 26, nim. 3. > Iota. > Science et sagesse, pégs. 180-181. « En castellano, la palabra «ser, empleada como verbo, significa acto de ser» (esse, actus essendi); pero con mayor frecuencia se utiliza para significar ente (ens), es decir, el sujeto subsistente compuesto de acto de ser (esse) y potencia de ser o esencia (essentia). Asi se empleara habitualmente en estas piginas para traducir <étres, que tiene también en francés ambos significados, Cuando resulte ventajoso, ia sustituiremos por «enter para expresar LoscFin SANTO TOMAS DE AQUINO, FILOSOFO ‘mo in intellectu cadit ens» *. ¥ no son los argumentos 0 motivos teologicos los que Ievan a Santo Tomés a afirmar que el ser (ente) es el primer conocido. «El ser (ens) —dice— es lo pri- mero que capta el entendimiento, porque una cosa es cognos- cible en cuanto es en acto» *. le en cuanto es en acto: TIT, EL SER, PRIMER CONOCIDO La afirmacién de que el ser (ente) es el primer conocido contiene toda la metafisica de Santo Tomds. Sin embargo, para comprender bien su sentido y St , hay que con- Siderarla, no como un simple enunciado légico, sino como expresion de un acto, Es un enunciado que sélo alcanza su pleno sentido en funcién del acto que expresa. La interioridad de este acto al enunciado que lo expresa es perfectamente pa- ralela al silencio que anima desde dentro el pensamiento meta- fisico de Santo Tomés. Separar su pensamiento de ese silencio seria vaciarlo de su substancia. No se puede comprender nada de la metafisica de Santo Tomés, ee constte ‘afirmacién del ser, por encima de'Ta expresién verbal, comio im acto de Teconocimiento, es decir, a la vez como retornd & un primer conocido _y como agradecimiento por un beneficio RHE Ta aiimaciin del ser, que domina Te nctabisiea to- mista €, ante todo, un acto de fidelidad del espiritu al acto primero que anima a toda realidad, tanto al espiritu como a las cosas y funda, por ello mismo, la relacién del espiritu fa las cosas. El pensamiento metafisico de Santo Tomés no pretende reducir la estructura de lo concreto ala de nuestro Jen eS decir, a la de nuestro pensamiento abstracto. Su GEtorcs recoger en el pensamiento lo que las cosas mismas dicen por el hecho de ser. La metafisica tomista evita radi- calmente ese gran pecado del espiritu: reducir el ser a un mo- mento 0 a un elemento del discurso mental su sentido substantivo, y por «acto de ser» (también por sexistirs, «acto Ge existir,