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THEODOR KOCH-GRÜNBERG Primer volumen Notas marginales del Dr. Otto Zerries UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
THEODOR KOCH-GRÜNBERG Primer volumen Notas marginales del Dr. Otto Zerries UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

THEODOR KOCH-GRÜNBERG

Primer volumen

Notas marginales del Dr. Otto Zerries

THEODOR KOCH-GRÜNBERG Primer volumen Notas marginales del Dr. Otto Zerries UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Título original: Zwei Jahre unter den Indianem Reisen in Nordwest- Brasilien (1903-1905) Traducción Primer volumen: Adolf Watzke y Rosario Camacho Koppel Traducción Segundo volumen: María Mercedes Ortiz Rodríguez y Luis Carlos Francisco Castillo Serrano

980.411

K76d

Koch-Grünberg, Theodor, 1872-1924

Dos años entre los indios: viajes por el noroeste brasileño, 1903-1905 1

Theodor Koch-Grünberg; tr. AdolfWatzke

Santafé de Bogotá: Editorial Universidad Nacional, .1995. 2 v. : il. l. Indios del Amazonas- Vida social y costumbres 2. Indios

de Colombia - Vida social y costumbres

Vida social y costumbres 4. Amazonas (Valle) (Brasil)-

[et al.].--

3. Indios de Brasil-

Descripciones y viajes 5. Amazonas (Valle) (Colombia)- Descripciones y viajes. l. Tít. BEM- Catalogación- U. N.

© 1909 E. Wasmuth Berlín - Alemania

© 1967 Akademische Druck - ti. Verlagsanstalt Graz - Austria

© 1995 Editorial Universidad Nacional Apartado Aéreo 14490- Tel.: 368 12 87- Fax: 221 95 68 Bogotá, Colombia

© Archivo fotográfico familia Koch-Grünberg

© Archivo fotográfico Museo Estatal de Etnología de Munich

ISBN: 958-17-0143-5 (Primer volumen) ISBN: 958-17-0141-9 (Obra completa) Primera edición: abril, 1995

Diseño de carátula: Alejandro Rojas Preparación editorial: Editorial Universidad Nacional

DOS AÑOS ENTRE LOS INDIOS

VIAJES POR EL NOROESTE BRASILEÑO

1903/1905

THEODOR KOCH-GRÜNBERG

Primer volumen

Ilustraciones y fotograbados según tomas originales del autor

eun editorial universidad nacional

AGRADECIMIENTOS

Distintas personas e instituciones hicieron posible la traducción y la publicación por primera vez en español de esta obra tan valiosa para el conocimiento de los pueblos amazónicos, a saber:

Instituto Colombiano de Cultura Instituto Colombiano de Antropología Fundación para las Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República Dorothee Ninck Gerardo Reichel-Dolmatoff Guillermo Páramo Camilo Domínguez Roberto Pineda Jon Landaburu Santiago Mutis Durán Fernando Gómez Agudelo Álvaro Soto HolguÍI l Manfred Bohm Rodolf Süssmann Werner Pfeiffer Jürgen Panten Rafael Arteaga Franc;ois Correa. Francisco Ortiz

PRESENTACIÓN

1

INTRODUCCIÓN

CONTENIDO

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9

11

THEODOR KOCH-GRÜNBERG: SU VIDA Y SU OBRA ~

.

19

PREFACIO

35

CAPÍTULO 1

PARÁ YMANÁOS

39

CAPÍTUL02

VIAJE EN BARCO POR EL RíO NEGRO HASTA TRINDADE

.

47

CAPÍTUL03.

EN BOTES DE REMOS POR LOS RÁPIDOS DEL RÍO NEGRO HASTA SÁO FELIPPE

.

59

CAPÍTUL04

AGUAS' ARRIBA POR EL RÍO I<;ÁNA HASTA TUNUHY

CAPÍTULOS

HACIA LAS TRIBUS HUHÚTENI Y SIUSÍ EN EL RÍO AlARY

CAPÍTUL06

ESTADÍA EN CURURÚ-CUÁRA

CAPÍTULO?

DANZAS EN ÁTIARU Y LOS ÚLTIMOS DÍAS EN CURURÚ-CUÁRA .

CAPÍTULO 8

.69

83

93

113

CASERÍA Y ARMAS DE CAZA EN EL Río AIARY

123

CAPÍTUL09

LOS KÁUA DEL ALTO AIARY Y SUS DANZAS DE MÁSCARAS .

133

CAPÍTUI.:O 1O

POR TIERRA HASTA EL CAIARY-UAUPÉS Y DE REGRESO AL AIARY

167

CAPÍTULO 11

ENFERMEDAD, MUERTE, ENTIERRO Y BODA ENTRE LOS SIUSÍ

179

CAPÍTULO 12

REGRESO A SAO FELIPPE.

209

CAPÍTULO 13

ASCENSO A LA SIERRA DE CURICURIARY, VIAJE POR EL RÍO CURICURIARY Y EXPEDICIÓN POR nERRA HASTA EL CAIARY-UAUPÉS

 

221

CAPÍTULO 14

 

CON LOS TUKÁNO EN EL RÍO nQUIÉ

 

(

l.

Aguas arriba por el Tiquié hasta el lago Urubú

 

247

2.

Hasta la Cachoeira Pacy

 

265

3.

En el Igarapé-Cabary

 

.

.

285

CAPÍTULO 15

 

CON LOS TUYÚKA Y LOS BARÁ

 

313

CAPÍTULO 16

 

ESTADÍA EN LA CACHOEIRA PARYY REGRESO A SÁO FELIPPE

341

ÍNDICE DE FOTOS

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355

PRESENTACIÓN

La obra Dos años entre los indios. Viajes por el noroeste del Brasil (1903-1905) fue

publicada originalmente en dos volúmenes por E. Wasmuth en Berlín en 1909. En 1921 se publicó una versión abreviada en un solo volumen con destino a un am- plio público. En 1967 la Akademische Druck-u. Verlagsanstalt en Graz (Austria) publicó la segunda edición de la obra original, en una vers~ón ampliada y con

notas marginales en inglés, para la colección Klassiker der Ethnographie Südame- rikas (Clásicos de la Etnografía en Suramérica), sobre la cual se trabajó la presente versión en español.

Dorothee Ninck, nieta de Theodor Koch-Grünberg, residente en Basilea, fa-

cilitó gentilmente a la Editorial de la Universidad Nacional las copias de las foto- grafías originales. Traducir los Dos años significó viajar con la imagina~ión a la inmensidad de la selva. El autor involucra a propósito al lector en su obra, lo hace partícipe de sus dos años de viaje por este sorprendente universo. Con él cruzarnos cachoei- ras, remontamos ríos, visitamos a los indígenas en sus chozas o en sus malokas y nos adentramos en la complejidad de sus culturas y de sus lenguas. , Tapados por la selva umbrosa navegamos por ríos de palabras, una fluida y ágil narración en alemán, encontrando a cada paso palabras en lingoa geral, por- tugués y las distintas lenguas indígenas. Enlazar una palabra con la otra en esa c'adena de acontecimientos, conocimientos, ideas, sentimientos y emociones. Koch-Grünberg no deja nada por fuera del papel: encontramos allí la totalidad de una experiencia' tanto investigativa como personal, en la cual las relaciones con los indigenas ocupan un lugar importante. A la vez que viajamos por la selva y las culturas que allí habitaban y habitan todavía, lo hacemos por la personalidad de Koch-Grünberg y por el ambiente intelectual de su país y de su época. Las introducciones de Otto Zerries y de Gerardo Reichel-Dolmatoff analizan suficientemente los méritos de la obra de Koch-Grünberg; vale la pena sin embar- go destacar dos puntos más. La obra del investigador alemán no llegó a su cul- minación, ya que su prematura muerte le impidió cristalizar de manera definitiva algunos planteamientos, producto de sus largos años de trabajo en el Amazonas. Quedan esbozados en sus artículos y libros ideas sobre la historia del poblamiento del noroeste amazónico, las migraciones y las relaciones entre los grupos quepo- drían ser asumidas como fructíferas líneas d.e investigación en el presente y en el futuro. Hay que destacar además la importancia que reviste la obra para los indí- genas actuales, ya que muchos de los grupos que Koch-Grünberg visitó y conoció existen todavía hoy en día. Los Dos años constituyen un valiosísimo testimonio, tanto visual como escrito de su historia y de su cultura. Puede ser de gran utilidad para programas de etnoeducación y para la problemática de los derechos territo- riales de algunos de los pueblos amazónicos.

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Theodor Koch-Grünberg

Dado su interés histórico, todos los términos en lingoa geral, portugués y len- guas indígenas que aparecen a través de la obra, conservan la transcripción pre- sentada por Koch-Grünberg. No ~tante, el uso de las mayúsculas está sujeto a las normas de la gramática del castellano. Las notas de pie de página señaladas con [K.] corresponden a traducciones del original. En los demás casos pertenecen al traductor.

María ·Mercedes Ortíz

INTRODUCCIÓN

KOCH-GRÜNBERG EN COLOMBIA

Al comienzo de los años veinte, yo leía ya una versión popular del libro que el lector tiene en sus manos. Era un grueso volumen con muchas fotografías y di- bujos, escrito "para la juventud", en un delicioso estilo narrativo. En él hablaba un científico, un Herr Professor, con gusto y simpatía por los indios del Amazo- nas, describiendo su modo de vida, sus ritos y creencias, la fauna y flora de un mundo fascinante, embrujador para niños europeos, de antaño y de siempre. Lo que yo no sabía entonces era que se trataba de Colombia. El autor de la obra tampoco lo sabía, pues según el título del libro se trataba de los indios del no- roeste del Brasil. Lo sucedido era lo siguiente: Theodor Koch-Grünberg, su autor, en 1903 había subido por el alto Río Uaupés, territorio entonces muy poco cono-:- cido y con fronteras mal definidas. El 30 de octubre había llegado a un gran lago, hoy llamado Lago del Espejo, y por aquellos lados ese etnól9go encontró una roca con un letrero en español y algunas "barracas" o campamentos caucheros, prime- ras señales de una presencia colombiana en estas inmef1sas-selvas. ¿Qué hacía Koch-Grünberg allá? ¿Dónde estaba y por qué? Colombia siempre ha ejercido una gran atracción sobre cierta clase de estu- diosos europeos. Tal vez sea la extraordinaria diversidad geográfica y, por consi- guiente, biológica y cultural, que atraen al científico, al humanista, al intelectual; es difícil definirlo. Tal vez es precisamente lo contrario o sea la extraordinaria combinación y articulación que existe entre Andes y Amazonas, Pacífico y Caribe, razas y culturas. De todos modos Colombia siempre ha sido un Dorado, no en el burdo sentido de riquezas materiales sino en el de estímulos intelectuales y espi- rituales, factores ambos que actúan poderosamente sobre mentalidades y sensibi- lidades europeas. Fue así como la Nueva Granada vio al Barón Nicolás Joseph de Jacquin, a José Celestino Mutis, al Barón Alexander von Humboldt. Fue aquí donde se ges- taron ideas que posteriormente debían encontrar su expresión en obras de gran síntesis, y entre estos hombres y sus seguidores se sentaron las bases de las cien- cias naturales en este país. Y también así fue como se abrieron las puertas a aque- llos viajeros europeos del siglo diecinueve, de aquella gran época para las ciencias naturales, la geografía, la geología. Eran botánicos, como Isaac Holton, geógrafos como Agostino Codazzi y Elisée Reclus, exploradores como Jules Cre\'aux, el con- de Joseph de Brettes y tantos otros. Ellos no eran hombres que se hubieran con- tentado con visitar apenas algunas ciudades, a Cartagena de Indias, Santa Fe de Bogotá, tal vez Popayán; eran ante todo exploradores, eruditos pero entusiastas, que anhelaban conocer tierras lejanas, la fauna y la flora, los campesinos, los in- dios. Eran personas que habían leído las obras de Cuvier y Linné, de Darwin y

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Theodor Koch-Grünberg

Huxley, de Lyell y Haeckel, y sentían aquella tremenda y liberadora ebullición de nuevas ideas científicas, políticas y estéticas de mitad del siglo diecinueve. Fue a través de sus libros y ponencias que Europa se enteró de las culturas indígenas, prehistóricas y contemporáneas de la actual Colombia. Los viajeros eu- ropeos no tenían los mismos prejuicios y resentimientos frente a los indios como los sen:tían los criollos, y para muchos de ellos conocer a estos indios era tan im- portante como conocer la flora o la fauna. William Prescott había publicado su monumental obra sobre los aborígenes de México y del Perú, pero poco o nada se sabía entonces de los indios que habitaban las tierras que yacían entre estas dos grandes civilizaciones indígenas y entonces surgió el interés en la Nueva Gra- nada y tierras de Centro América. Aunque en la segunda mitad del siglo pasado todavía no había etnólogos, en el sentido académico moderno de la palabra, los viajeros europeos profesaban un vivo interés por las culturas aborígenes, como lo atestiguan los capítulos que ellos les dedicaron en sus relatos de viaje. La puerta de entrada al país era entonces, ante todo, el Río Magdalena. Hay que leer las interesantísimas descripciones de esos largos viajes fluviales, por ej~mplo, de Jules Crevaux o de la ictióloga princesa Theresa.de Baviera. Algunas de estas publicaciones han sido traducidas al español (Gosselmann, Saffray, d'Es- pagnat, Lemoyne, para mencionar sólo unas). Pero había otra entrada a Colombia 'y, sea dicho aquí, una entrada a la parte geográficamente más extensa y en muchos aspectos más interesante del país -la entrada por el Amazonas-. Por el puerto de Belém do Pará fue por donde entraron muchos científicos o simples viajeros quienes luego viajaron río arriba por el Ama- zonas, hasta llegar a tierras colombianas, al Putumayo, Caquetá y al Uaupés. Ya en 1817 se había formado una expedición científica al Brasil, constituida por el naturalista austríaco Johann Natterer, acompañado por los alemanes Johann Baptist von Spix, zoólogo, y Carl Friedrich von Martius, botánico. La expedición fue auspiciada por el gobierno de Austria con ocasión del cortejo enviado con la archiduquesa Leopoldina, novia del futuro emperador del Brasil, Dom Pedro I; duró tres años la expedición, en el curso de los cuales Martius subió por casi todo el Río Caquetá, publicando luego sus muy valiosas observaciones sobre los indios tikuna, tukano y sus vecinos. En 1851, Alfred Russel Wallace, habiendo también entradopor Belém, subió por el Río Uaupés hasta Mitú (entonces llamado Mucu- ra) y nos dejó, aparte de sus descripciones etnográficas, algunos emocionados pá- rrafos sobre la calidad humana y estética de los indios tukano. Richard Spruce, otro naturalista inglés, recorrió la misma zona y a él se debe la primera identifi- cación y descripción del yajé (Banisteriopsis caapi). Comenzando en 1881, el conde italiano Ermanno StradelH se empeñó en sus estudios de mitología y lingüística aborigen en el Uaupés, seguido poco después por el francés Henri Coudreau. Mientras tanto Jean Chaffanjon estuvo entre los indios del. Orinoco colombiano y eruditos brasileros recorrieron el Río Negro y el Uaupés. En Europa se publicaba, se hacían mapas, se presentaban ponencias y se discutía sobre el Amazonas, el Uaupés y los llanos de Colombia, sobre su flora y su fauna, y sobre sus indios. Se acumulaba una documentación biológica, etnográfica y lingüística totalmente nueva de la cual los colombianos no se enteraban, sea porque no sabían de su existencia, sea porque poquísimos leían inglés, francés, alemán o italiano, o por-

Dos años entre los indios

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que simplemente no les interesaba. Como ocurre aún hoy en día, el tema de los indios parece haber sido el de menos interés. Con este trasfondo hay que ver la persona y la obra de Theodor Koch-Grün- berg, el etnólogo alemán quien pasó dos años con los indios del Daupés, y escribió voluminosamente sobre ellos. ¿Quién era Koch-Grünberg? Destinos e ideas .1 ve- ces se van entrelazando. Mirando hacia atrás, se observan nexos insospechados y súbitamente se concatenan eventos aislados en configuraciones significativas. Koch-Grünberg tenía apenas la edad de nueve años cuando tuvo su primer con- tacto, aunque remoto, con Colombia. Mencioné ya a Jules Crevaux, explorador francés, quien había subido el Río Magdalena y cruzado la Cordillera Orier~al al sur del Sumapaz, para buscar las cabeceras del Río Guaviare. Él bajó luego aquel río hasta el Orinoco, hazaña que aún hoy en día sería difícil de repetir. En su segunda expedición a Suramérica, Crevaux fue asesinado por los indios toba del Gran Chaco. Esta noticia hizo gran impacto en el niño Koch-Grünberg, quien ha- bía seguido con apasionado interés el curso de la expedición, ampliamente difun- dida en periódicos y revistas europeas, porque en el Viejo Mundo ellos eran los héroes de aquella época: los exploradores, geógrafos, arqueólogos, etnólogos y no por último los misioneros, quienes iban a la vanguardia de lo que un siglo más tarde se iba~llamar progreso, desarrollo, colonización, industrialización, en fin, "civilización". Europa estaba pendiente de noticias de Asia, África, de losPolos y, desde luego, de las Américas y de sus indios. · Para Koch-Grünberg vinieron luego los años de estudio en las universidades de Giessen y de Tübingen. Como muchos otros de su época, Koch-Grünberg llegó alá etnología a través de sus estudios de humanidades. La transición de la filo- logía clásica a la etnología y lingüística suramericana se efectuó en 1'ª-89, al esta- blecer él contacto con el Dr. Herrmann Meyer, de Leipzig, quien lo invitó a tomar parte en la segunda expedición al Río Xingú, en Brasil. La primera expedición a esa región había sido efectuada por el ya afamado etnólogo Karl von den Steinen, de manera que para Koch-Grünberg las responsabilidades que conllevaba la se- gunda expedición eran un gran honor y reconocimiento. Basándose en estas pri- meras experiencias del trópico brasileño y entre los indios selváticos, Koch-Grünberg escribió su disertación doctoral: Acerca del animismo entre los indios suramericanos. La tesis llamó la atención de Adolph Bastian, en aquel tiempo ya reconocido como el gran maestro de la etnología alemana. Bastian invitó a trabajar a Koch-Grünberg a Berlín, en su gran Museum für Volkerkunde (Museo de Etno- logía). Qué suerte para el jcNen Koch-Grünberg la de encontrarse allí con los más destacados colegas de aquella época: Eduard Seler, el mexicanista, Karl von den Steinen, quien había estudiado las tribus de Brasil central, y Paul Ehrenreich, quien, poco después, publicaría su obra clásica sobre mitología de los indios. Su- cedió que Bastian conocía ya Colombia y sus intereses arqueológicos lo habían llevado en este país a la Cordillera Central donde, de paso por Medellín, el pre- sidente Rufino Cuervo le había regalado una importante colección de objetos pre- históricos para el museo de Berlín. Es. de suponerse que Colombia y sus culturas indígenas hayan sido para el personal de aquel museo un frecuente tema de con- versaciones dentro de este grupo de estudiosos del trópico americano.

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Theodor Koch-Grünberg

Adolf Bastian, originalmente médico, intelectualmente antidarwinista y crea- dor del concepto muy controvertido de las llamadas "ideas elementales de la hu- manidad" (Elemental gedanken), era entonces para muchos el fundador de la etnografía, es 'decir, del estudio descriptivo de sociedades individuales, con énfa- sis en lo que llamamos cultura material y tecnología. Posiblemente Bastian fue quien despertó en Koch-Grünberg un vivo interés en la cultura material de los pueblos indígenas. A comienzos de 1903, en misión de Bastian, Koch-Grünberg inició su viaje a la región del Río Negro, Uaupés y Caquetá, donde iba a pasar dos años. Tenía 31 años. Encabezó su diario de viaje con un proverbio alemán:

"Was Mut geginnt- gut gelingt", lo que se traduce aproximadamente como: ''Lo que se inicia con coraje, bien se logra';·. En Belém do Pará, ciudad que siguió y sigue con toda la fascinación que ejerció sobre tantos viajeros europeos como Wa- llace, Spruce, Bates y otros, Koch-Grünberg tuvo la suerte de encontrar allí el Mu- seo Goeldi, fundado apenas dos años antes por un residente suizo, el Dr. Emil August Goeldi, quien había reunido colecciones etnográficas, arqueológicas y bio- lógicas, que en aquellos años ya representaban una revelación para un europeo. Un mes más tarde, Koch-Grünberg inició el ascenso del Río Negro y de allí al Uaupés. Los resultados básicos de esta expedición se resumen en el presente libro. Digo básicos porque este volumen es más que todo una etnografía extensiva no una monografía intensiva de U1l. solo grupo aborigen. En esto Koéh-Grünberg si- guió el ejemplo de muchos científicos del siglo pasado, quienes sabían escribir cautivadores libros de viaje, publicando al mismo tiempo sus estudios científicos, sobrios y detallados en las actas y revistas de sus universidades y academias. Es- crito en forma de un diario de viaje, este autor supo combinar aquí todo el des- lumbramiento del europeo ante el abrumador trópico, con la descripción científica precisa y coh un gran sentido humano frente a los indios. Para él cada mariposa, cada pez o flor o fenómeno atmosférico ofrecían un gozo estético y al mismo tiem- po un objeto de estudio; cada encuentro con los indios era un encuentro, un reen- cuentro humano, una identificación asombrosa que lo hacía ver su propia cultura en una luz nueva, inquietante. En su libro, al hablar de los indios no habla de abstracciones sino de individuos, no se dedica al estudio de colectividades, estruc- turas o modelos sino a la descripción de situaciones reales, de objetos y sus sig- nificados, de emociones y su expresión. Koch-Grünberg era un científico emotivo. Qué tan diferente este alemán de aquel otro, admirable pero tan remoto, como lo era Alexander von Humboldt. Es sorprendente la gama de intereses y la calidad de las observaciones con- tenidas en el presente libro. Se destacan algunos aspectos: la cultura material, el ritual, el arte, la lingüística. Vemos aquí una combinación entre los intereses del museólogo-esteta, el humanista-filósofo y el filólogo decimonono. Alrededor de estos intereses focales el lector encontrará. una multitud de datos etnográficos, zoológicos y botánicos, geográficos y ecológicos. Pero por eso no deja de ser un libro coherente, basado en una apreciación coherente de lo que es (o era, entonces) el mundo de los indios. Los dos años que Koch-Grünberg pasó en el territorio del Uaupés, princi- palmente entre los tukano, dieron origen a una larga serie de estudios, fundamen-

Dos ai1os entre los indios

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tales y novedosos para la antropología, y de su época. Tratándose de grandes temas, y no necesariamente de prioridad~s, tendríamos las excelentes descripcio- nes de la cultura material y tecnología. Ellas forman un inventario como no lo hay para ningún otro grupo indígena colombiano. Desde luego, no se trata sólo de los meros objetos, sino que los describe dentro de su contexto, en su uso diario. Tenernos luego descripciones de ritos de iniciación y ritos fúnebres, de bailes con máscaras y del uso de plantas psicotrópicas. En el campo de la lingüística, al en- contrarse él enfrentado al Babel de lenguas de esa región, fue el primero en estu- diar idiomas hasta entonces desconocidos, clasificándolos por familias y trazando su distribución geográfica. Sea dicho que estos estudios lingüísticos contienen gran cantidad de datos etnográficos, expresiones idiomáticas, textos, aun peque- ños dibujos, que forman una fuente de información que los antropólogos actuales no utilizan, tal vez por no sospechar su existencia en un contexto lexical y sintác- tico. Fuera de los tukano, a los cuales Koch-Grünberg dedica la mayor parte del presente libro, debemos a él importantes estudios sobre otras tribus colombianas, todas de la región Guainía-Uaupés-Caquetá, como lo son los makú, hianákoto- umáua, uitoto y miraña. Hasta aquí me he referido a un terreno tradicional etnográfico-lingüístico. Pero en el Uaupés colombiano, hace noventa años, Koch-Grünberg supo encontrar

y formalizar temas que hicieron de él un precursor en dimensiones de gran ac-

tualidad en el mundo moderno. Por un lado, él fue el primero en escribir varios trabajos específicamente sobre el terna de la mujer india y su papel como esposa, madre, consejera y participante activa en la vida de la comunidad tribal. Por otro lado, Koch-Grünberg se dio cuenta de que los hombres ''primitivos" de estas sel- vas tenían un potencial de expresión estética que Europa aún no había compren- dido ni apreciado. Las diversas formas de ornamentación que los indios tukano expresaban en la decoración de sus artefactos y de sus mismos cuerpos, habían llamado la atención de Koch-Grünberg, quien vio en ellas una creación artística importante. Su libro Anfiinge der Kunst im Urwald, título que se puede traducir corno: Los comienzos del arte en la selva primigenia, es un documento único en lo que se refiere al arte aborigen colombiano. Es significativo que se haya publi- cado ya en 1906, es decir que fuese el primer libro que Koch-Grünberg escribió después de su estadía en el Uaupés. También es significativo lo que su autor dice en el breve prólogo, escrito en noviembre de 1905, al poco tiempo de haber re- gresado a Europa, y donde expresa su posición de antropólogo y humanista. Al terminar de hablar de los dibujos que los tukano hicieron en sus cuadernos, él dice: "Estaré satisf~cho si estas láminas por lo menos tengan éxito en introducir también otros círculos al mundo espiritual de estos 'salvajes' tan mal conocidos

y demostrar que aquellos así llamados 'salvajes' no son sernihumanos sino hom- bres pensantes, agudamente pensantes". A partir de 1906 apareció publicación tras publicación, la gran mayoría sobre la etnología y lingüística de los indios del Uaupés y Caquetá. En 1909 salió la primera edición de su obra en dos volúmenes, cuya primera edición española es la presente.

Durante su expedición al Uaupés, Koch-Grünberg se había dado cuenta de que hacia el Oriente yacía una inmensa zona etnológica y lingüísticamente casi desconocida. Así, entre 1911 y 1913, en misión del Instituto Baessler, del Museum

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Theodor Koch-Grünberg

für Volkerkunde, Koch-Grünberg recorrió parte de Venezuela y Guyana Inglesa. Sus cuatro volúmenes: Del Roraima al Orinoco, traducidos hace poco al español, en Venezuela, siguen siendo una obra clásica de la etr:1.0logía y lingüística suramericana. En 1913 Koch-Grünberg fue profesor de Etnología en la Universidad de Friburgo y, en 1915, director científico de la sección de Suramérica del Linden-Museum, de Stuttgart, así como docente en la Universidad de Heidelberg. Participó en la Primera Guerra Mundial y durante los años de postguerra, en un país vencido y upa Europa devastada, su cargo en el Museo no podía sa- tisfacerlo intelectual ni emotivamente. Cuando, en 1924, el geógrafo Hamilton Ri- ce, de la Universidad de Harvard, invitó a Koch-Grünberg a formar parte de una gran expedición norteamericana para explorar la zona de las cabeceras del Orino- ca y Río Negro, él aceptó. Hamilton Rice había visitado el Vaupés colombiano en años anteriores (1907-1908) y explorado la región entre el alto Río Vaupés y el Río Guaviare, de manera que los dos científicos se conocían. Pasó Koch-Grünberg nuevamente por Belém do Pará, aquella puerta liminal, subió el Amazonas, en- contrándose con Hamilton Rice y su grupo en Manaos. A fines de agosto de 1924 subieron juntos el Río Negro y luego su afluente, el Río Blanco. Seis semanas más tarde Koch-Grünberg había muerto de malaria, en Vista Alegre. Tenía 52 años. Recientemente el Estado do Amazonas le hizo un solemne entierro en Manaos. El interés de Koch-Grünberg en las máscaras de los indios cubeo del Vaupés y de su significado, no era el de un etnógrafo y museólogo tradicional sino refle- jaba el planteamiento, entonces novedoso, por no decir revolucionario, que había hecho el naciente Expresionismo y que consistía en apreciar los valores artísticos de las tallas y esculturas de los pueblos llamados "primitivos". El objeto exótico que hasta entonces había sido visto apenas como un producto de una técnica ele- mental, o que a lo mejor era una mera curiosidad expuesta en una vitrina fuera de todo su contexto cultural abstracto, comenzó a ser elevado al nivel de arte, es decir, de una expresión estética de validez universal. ¿Tenían los "salvajes" un tal sentido estético o eran los europeos los que simplemente proyectaban su estética sobre lo que no era sino el producto de una combinación bastante fortuita de volúmenes, texturas, colores y patrones decorativos? Estas y otras preguntas afi- nes habían dividido al público y a los cognoscenti en dos grandes campos: los Ex- presionistas, que comenzaron a reconocer la fuerza creativa artística de los aborígenes, en este caso, de África y Oceanía, y los filisteos, que se negaban ro- tundamente a hablar de arte, en estos casos. Koch-Grünberg no era filisteo ni mu- seólogo materialista que hubiera visto en máscaras y otros objetos sólo un aspecto material, utilitario, de la cultura. Él sabía que obedecían a ideas abstractas y que estas ideas no eran sólo moldes tradicionales sino que también daban libertad de expresión a la creatividad individual. A veces el artesano pasó a ser artista y Koch- Grünberg poseía la inteligencia, la educación y la sensibilidad para reconocer que había arte en las orillas del Cuduyarí y en las selvas del Pirá-Paraná. Los estudios sobre las expresiones artísticas de los indios del Vaupés cons- tituyen una de las grandes contribuciones que Koch-Grünberg ha hecho a la an- tropología colombiana y a la etnología del arte en general. A ello se añaden sus recopilaciones de mitos y cuentos, otra forma de arte, que luego publicó, tanto en

Dos años entre los indios

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una forma estrictamente científica, como también en forma popular, haciéndolas así asequibles a un amplio círculo de lectores. Al releer hoy en día los libros y artículos de Koch-Grünberg, sean sus estu- dios sobre la cultura material, los rituales que pudo observar o los textos que logró transcribir en sus idiomas originales, lo que impresiona es haber conservado su validez científica. La agudeza de sus observaciones, la claridad de su estilo y las descripciones tan exactas de objetos y condiciones de la vida diaria llevan la ine- quívoca marca de la autenticidad, de una inteligencia disciplinada y de un profundo sentido humanístico y humano. En Koch-Grünberg no hay nada de teorías rebus- cadas o de modelos prefabricados, sino sólidos datos y sólidas interpretaciones. En sus escritos sobre el arte y la literatura oral de los indios del Uaupés, se observa en Koch-Grünberg a veces un leve· toque puritano, el cual, visto desde una perspectiva moderna no parece haberle permitido reconocer ciertos aspectos fundamentales. de las culturas indígenas, como lo son la sexualidad y el uso de substancias psicotrópicas. El primer aspecto en ese entonces caía dentro de un concepto global de "culto de la fertilidad" y quedó diluido, sin tenerse en cuenta las articulaciones entre sexo como hecho biológico constante y sexualidad como su ~anifestación altamente variable. En lo que se refiere al segundo aspecto, Koch-Grünberg sí había observ~do el uso de alucinógenos y otros narcóticos, pero aparentemente sin darse cuenta de su importancia en las expresiones artísticas y otras dimensiones de su cultura. Era un elocuente amigo y defensor de los indios pero no creo que se hubiera hecho fbogado de la vociferante victimología, ni del romanticismo pseudo-ecoló- gico de los tiempos actuales. Por eso mismo, el impacto que hizo y sigue haciendo su obra, es más verídico, más permanente. De vez en cuando hay en Koch-Grtm:- berg una nota de melancolía. Es la suerte de los indios lo que lo preocupa pro- fundamente, la crueldad de la llamada civilización, la indiferencia de los gobiernos y del mundo en general, ante la tragedia final que vio acercarse. Al hablar de los indios del Río Branco dice en alguna parte: "Bien de aquellos que murieron a su justo tiempo". Suena cdnocida la frase; ¿no fue Nietzsche quien

aconsejó: "Stirb zur rechten Zeit"?

En el Brasil y en Venezuela la obra de Koch-Grünberg es ampliamente co- nocida y apreciada porque en estos países existe una sólida etnografía, una viva conciencia de la creatividad artística del indio tribal y un serio interés en su tra- dición oral. Da pena decirlo, pero ese no es el caso en Colombia; sea quizás por el descuido en aprender idiomas extranjeros, sea por el poco interés que los an- tropólogos han tenido en el estudio minucioso de sociedades tribales individuales, la etnografía y etnología colombianas en gran parte están escritas por europeos o norteamericanos. Que la Universidad Nacional haya emprendido la publicación del presente libro, honra no splo la obra y memoria de Theodor Koch-Grünberg, sino honra la Universidad ante el mundo.

Gerardo Reichel-Dolmatoff

Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales Bogotá, junio de 1992

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Theodor Koch-Grünberg, hijo de un pastor protestante, nació el 9 de abril de 1872 en la localidad de Grünberg (alto Hesse), nombre que más tarde agregó al suyo propio. Se dedicó inicialmente al estudio de la filología clásica en las universidades de Giessen y Tübingen. Después de presentar el examen estatal en 1896, trabajó como profesor en varios establecimientos educativos de Hesse. Con el tiempo, se fue dedicando cada vez más al estudio de los pueblos autóctonos de Suramérica y pronto tuvo la oportunidad de conocerlos de cerca. En el año de 1899 se vinculó a la segunda expedición al Xingú, bajo la dirección de Hermann Meyer, la cual tenía como objetivo subir por el Río de la Plata y el Paraguay hasta llegar a las cabeceras del Xingú, uno de los mayores afluentes meridionales· del Amazonas. Siguiendo sus inclinaciones lingüísticas, que había empezado a desarrollar en sus estudios iniciales de filología y que nunca aban- donó, realizó valiosas anotaciones en este campo. Con base en ellas pudo elaborar su trabajo, cuando, a su regreso en el año de 1900, se dedicó definitivamente a la etnografía, en especial a los estudios americanos. En el año de 1902, con su trabajo "Die Guaikuru-Gruppe" (El grupo Guaikurú), aportó la solución a un debatido pro- blema sobre el agrupamiento de pueblos en el Gran Chaco, y obtuvo así su doc- torado en la Universidad de Würzburg. Adólf Bastian, el maestro de la etnología alemana, lo llamó a trabajar en el Museo Etnográfico de Berlín, y por encargo de éste realizó, en 1903, su primera expedición desde la región del noroeste brasileño hasta Colombia, todavía inex- plorada entre el alto Río Negro y el Yapurá. Regresó de este viaje en 1905 con resultados muy valiosos. Su expedición significó para la ciencia· geográfica un gran aporte, por ser la primera vez que se atravesaba esta región y por el recono- cimiento de su situación hidrográfica. Pero el punto principal de la investigación lo constituyó, naturalmente, su inventario etnográfico y lingüístico. Koch-Grün- berg logró por primera vez la clasificación de los grupos de esta región, descono· cidos en parte hasta entonces y el inventario de su cultura material y espiritual. Presentó los resultados etnográficos de su investigación en una obra en dos vo- lúmenes titulada Zwei Jahre unter den Indianern (Dos años entre los indios), Berlín 1909-1910~ de la cual apareció una edición popular en un solo volumen en 1921. La profunda mirada del autor sobre la cultura de los nativos del noroeste brasi- leño fue posible en gran parte gracias a sus estudios lingüísticos. Koch-Grünberg trajo de su viaje un vasto material que abarcaba más de cuarenta lenguas, la mitad de ellas desconocidas. Este se elaboró en una serie de artículos para revistas es- pecializadas (ver Koch-Grünberg 1906 a, b; 1908, 1911, 1915/16), mientras que el segundo volumen del viaje sólo contiene algunas listas comparativas de palabras en las distintas lenguas. En los años de 1906 a 1911 apareció el álbum Indianertypen

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Theodor Koch-Grünberg

aus dem Amazonasgebiet (Tipos indígenas de la región amazónica) con sus propias fotos, con un total de 141 láminas. Los dibujos indígenas recogidos durante el viaje también se publicaron, por separado, así como los petroglifos encontrados (ver Koch-Grünberg 1906 e, 1907). Apenas habían sido presentados los resultados de esta expedición al mundo científico, cuando Koch-Grünberg inició otro viaje hacia Suramérica; se dirigió es- ta vez a la región brasilero-venezolana situada entre la gran montaña de piedras areniscas, Roraima, y el alto Orinoco, inexplorada en su gran m,ayoría. Permaneció allí de 1911 a 1913 por encargo y con el apoyo del Archivo Baessler en Berlín. Remontó primero en bote el Río Branco y después llegó con cargadores hasta el pie de Roraima, la «roca rosada», donde el amable pueblo de los taulipang. De regreso al Río Branco buscó desde allí nuevos caminos hacia el Orinoco, lo que logró con indecibles esfuerzos desde el alto Uraricuera y Ventuari. Este paso sig- nificó en su tiempo una hazaña de primer orden en el campo de la geografía. Obtuvo también una información etnográfica extraordinariamente rica. Koch- Grünberg logró plasmar de una manera tan completa la vida espiritual de los indígenas del grupo caribe de los taulipang, que sus trabajos sobre estegrupo se cuentan todavía hoy en día entre las grandes monografías que poseemos sobre los pueblos aborígenes de Suramérica. La descripción del viaje, la recopilación de mitos y leyendas, y las observaciones etnográficas aparecieron en tres volúmenes a los cuales añadió un atlas de tipos humanos. Al igual que en su primera expe- dición de 1903-1905, Koch-Grünberg trató de impulsar las investigaciones antro- pológicas. Un volumen dedicado a lingüística, que contenía material proveniente de 23 grupos, sólo fue publicado después de su muerte por Ferdinand Hester- mann en el año de 1928. Koch-Grünberg recibió a lo largo de su vida numerosos honores y distincio- nes. En el año de 1913 fue nombrado profesor de etnología en la Universidad de Freiburg, en donde se ha,bía preparado para la asignatura de etnografía en 1909. En el año de 1915 se le encargó la dirección del Museo Linden de Stuttgart, la cual ejerció hasta 1924, año en el cual se le presentó la oportunidad de volver a viajar, ya que el geógrafo norteamericano Hamilton Rice lo invitó a participar en una gran expedición que quería realizar a la región del nacimiento del Orinoco. En Vista Alegre, un lugar sin importancia del medio Río Branco, famoso,. a pesar de su nombre, por sus fiebres, falleció el8 de octubre de 1924 a causa de un fuerte ataque de malaria. La muerte lo alcanzó antes de llegar a la región de la investi- gación. Así llegó a su final la vida de un investigador a quien ·la etnografía de los, pueblos sura:rnericanos debe muchos y decisivos aportes. Muerte prematura, que hay que lamentar. profundamente, ya que Koch-Grünberg no fue solamente uno de los más exitosos investigadores de los indígenas brasileños sino un hombre cuya humanidad parece haber sido la clave de sus logros. Causa asombro su ma- ravillosa capacidad para haber logrado penetrar tan profundamente en la vida espiritual y en el alma de los nativos, convencido de la igualdad de todos los seres humanos y lejos de todo etnocentrismo europeo.

Dos años entre los indios

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FUENTES UTILIZADAS

GUSINDE, MARTIN. 1925

"Th. Koch-Grünberg und .sein Lebenswerk". (Theodor Koch-Grünberg y la obra de su vida), Anthropos, vol. XX, Modling en Viena.

RIVET, PAUL. 1925

"Theodor Koch-Grünberg", Journal de la Société des Américanistes, París, n.s.t. Xvn.

II

Si nos acercamos en detalle a la obra que tenemos delante, encontramos que el peso de las investigaciones de Koch-Grünberg recae en el registro det~llado de las múltiples danzas con máscaras y su íntima relación con las creencias en los demonios, así como en la vida económica y en la cultura material de -los grupos que visitó. El primer volumen se ocupa en lo fundamental de los grupos Aruak de la región de los ríos I<;ána y Aiacy (Siusí y Káua, Karútana, Katapolítan~ y Huhúteni), a los que se llegaba desde Sao Felippe, permanente punto de parhda de las distintas expediciones de Koch-Grünberg al alto Río Negro. En el Río Ti- quié, un afluente del Caiacy-Uaupés, llegó donde los propios tukáno y donde otros grupos pertenecientes a la familia lingüística tukáno, como los desána, tu- yúka y bará. El núcleo del _segundo vo~u~en lo consti~ye el nuevo viaj~de Koch- Grünberg al Caiary-Uaupes y al Cudmary con el estudiO del grupo tukano de los kobéua. Pudo además establecer contacto con representantes del grupo Aruak de los tar~ána, el grupo Caribe de los hianákota-umáua o umáua-carijona y los pri- mitivo~ makú, lingüísticamente independientes, que deambulaban entre el alto Caiacy-Uaupés, el Querary y el Papury (ver Koch-Grünberg ~906.a, :?08). El cuar:

to y último viaje desde Sao Felippe lo condujo de nuevo al Río !1qme y desde all~ a la cuenca del Yapurá, en particular a su afluente el Apapons donde encontro varios grupos tukáno. Koch-Grünberg se encontró en el_bajo Apaporis con va~ios indígenas uitóto y miranya, oportuni~~d que aprovecho para llevar a ~~bo exito- sos estudios lingüísticos (ver Koch-Grunberg 1906 b; 1910); no establec10 contacto con los temidos guariua-tapuyo de la orilla izquierda del Yapurá, de los que so- lamente oyó hablar. La región investigada por Koch-Grünberg abarca en lo esencial un área cul- tural cuyos límites fueron definidos así por Métraux (1946, págs. 142-144): el Río Negro al occidente, el Guaviare al norte, los Andes al oriente, y el Caquetá (=Ya- purá) al sur y ocupada por grupos Tukáno, Aruak y Caribe. Métraux considera poco apropiada la designación de noroeste del Brasil para esta área, ya que gran parte de ella corresponde políticamente a Colombia; etno- gráficamente hablando la frontera carece de significación. Métraux .habla del no:

roeste y agrega el Amazonas, lo cual origina de nuevo malentendidos pues alh quedan incluidos los grupos uitóto y miranya que él mismo (op. cit. pá~. 144) quiere diferenciar de sus vecinos del norte. En el Handbook of South Amencan In- dians (vol. 2, 1948), Goldman le da al área de la que estamos hablando el n~m?_:e de 'Uaupés-Caquetá-Region' (op. cit. Mapa 5, págs. 763/64) y una circunscnpc10n más específica en la cual se sitúan a los grupos tukáno en el área central, a ~os aruak en el noroeste y a los caribe (carijona) en la periferia occidental Yse deJan

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Theodor Koch-Grünberg

de lado a los grupos uitóto-miranya. El grupo primitivo de los makú ha sido ex- cluido de allí y tratado en otro contexto (ver Métraux 1948); sin embargo, ya que aparecen como sustrato en una gran parte del Uaupés-Caquetá-Areal y como han participado en la formación de grupos aruak y tukáno, quiero incluirlos en el su- mario que viene a continuación. En él voy a referirme a grandes rasgos a las in- vestigaciones etnográficas y lingüísticas en esta área, posteriores a las expediciones de Koch-Grünberg y a evaluar lós resultados que difieren o comple- mentan los de nuestro autor (ver la bibliografía seleccionada adjunta; una bibli- ografía completa se encuentra en T. O'Leary 1963: C 8, pág. 34; Q 10, pág. 310/11; Q 19 y Q 27, pág. 319 y sig., 325 y sig.)

TRABAJOS COMPLEMENTARIOS DE KOCH-GRÜNBERG AL VIAJE POR EL NOROESTE DEL BR~SIL 1 1903/05

1906 a "Die Makú", AnthrpPOS, Bd I.

i906 b

"Les Indiens Ouitotos. Etude linguístique", Journal de la Société des Américanistes, n.s. Paris, t. ill/2.

1906 e

Anfiinge der Kunst im Urwald, Berlín.

1906-1911

Indianertypen aus dem Amazonasgebiet, Berlin.

1907

Südamerikanische Felszeichnungen, Berlin.

1908

Die Hianákoto-Umaua", Anthropos, Bd m, MOdling bei Wien.

1910

"Die Miránya (Río Yapurá, Amazonas)", Zeitschr.f Ethnol. Bd. XLII. Berlín.

1911

"Aruak-Sprachen NordwestbrasÜiens und der angrenzenden Gebiete", Anthropos, Bd. XXXXL

1913/1916

"Die Betoya-Sprachen Nordwestbrasiliens und der angrenzenden Gebiete", Anthropos, Bd. vm, IX, X/XI, Wien.

1921

Zwei Jahre unter den Indianern Nordwestbrasiliens, Stuttgart.

1922

Die Volkergruppierung z,wischen Río-Bronco, Orinoco, Río Negro und Yapurá, Festschrift Eduard Se- ler, Stuttgart.

III

Poco después de Koch-Grünberg, el geógrafo norteamericano Hamilton Rice, en cuya expedición de 1924 nuestro investigador encontraría la muerte, recorrió en 1907 y 1908 la región entre los ríos Guaviare y Yapurá, y en particular de nuevo·

l. Todas las obras citadas se encuentran en la biblioteca del Iberoamerikanisches Institut

(Instituto Iberoamericano) y en la biblioteca del Museum für Volkerkunde (Museo Etnológico) en

Berlín. (N. del T.)

Dos años entre los indios

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la región del Caiary-Uaupés (H. Rice 1910), viaje en el cual colaboró de manera decidida el autor alemán. Sin embargo, Thomas Whiffen, un oficial de la armada inglesa, fue el sucesor más importante de Koch-Grünberg, aun en vida de éste, en lo que a la etnografía del noroccidente amazónico se refiere. Whiffen recorrió en los años de 1908 y 1909 la región situada entre los ríos I<;a (= Putumayo) yApa- poris, incluyendo el Yapurá (ver Whiffen 1915). No obstante, su trabajo de campo coincide poco con el de Koch-Grünberg, ya que su información etnográfica aporta, en lo fundamental, al conocimiento de los witoto (= uitóto), boro (= miranya) y karahone (= karijona). Ya que Koch-Grünberg se refirió tangencialmente a los grupos .uitóto y mi- ranya, quiero dejar de lado las ulteriores investigaciones sobre los mismos. A los carijona solo les dedicó alguna atención Juan Friede (1940), quien mantuvo con- tacto personal con ellos entre 1945 y 1946. La carencia de investigaciones detalla- das sobre este grupo caribe, altamente interesante desde el punto de vista histórico-cultura1, constituye uno de los problemas irresolutos de la etnografía su- ramericana, a la espera desde la época de Koch-Grünberg. El misionero holandés P. Kok trabajó entre indígenas tukáno y makú de la región del Río Papury en los años posteriores a la segunda guerra mundial; dan fe de ello sus ·anotaciones etnográficas y el intento de una gramática de' la lengua tukána (ver Kok 1921/22; 1925). Kok en compañía de Paul Rivet y C. Tastevin (1925) publicó una nueva contribución al estudio de la lengua makú; este último aportó al material de Kok sobre los makú del Papuri el de los makú del Jurubaxy. Tastevin (1923) supone la existencia de un parentesco lingüístico entre estos últi- mos makú con los guariua-tapuyo de Koch-Grünberg, a quienes él también de- nomina "makú-guariba". Realizó sus tres viajes a la región del Yapurá entre 1920

y 1922.

A. Brandao de Amorim, un contemporáneo de Koch-Grünberg, aunque de más edad, recogió una gran cantidad de mitos en los ríos Negro y Branco, la ma- yoría de los-cuales carecen de información exacta sobre su procedencia y que· fue- ron publicados solamente después de su muerte (1926) (ver Amorim 1928). Algunos de ellos podrían provenir de los grupos tariána (aruak) y uanána (tukáno oriental), sobre los cuales se adjunta una pequeña descripción. G. Antze (1922) destinó la mayoría de la~piezas de una colección brasilera de la primera mitad del siglo XIX, de los tukáno de la región del Río Negro, al Museo de Hamburgo aunque no logró clasificarlas con exactitud. Un trabajo museográfico· propio (Ze- rries 1960) se ocupó, entre otros (l. c. págs. 76-100), de objetos de la colección del noroeste amazónico del Museo Etnográfico de Munich, que pertenecen a la anti- gua colección de Spix y Martius de los años de 1819/20, allegado de Koch-Grün- berg de 1903/5 y finalmente a colecciones del último tiempo, que muestran en parte· una asombrosa continuidad cultural. El más exitoso investigador de los indígenas suramericanos después de Koch-Grünberg, C. Nimuendaju (-Unkel), de origen alemán, recorrió en parte los pasos de su ilustre predecesor, al realizar en el año de 1927, por encargo del Ser- vicio Brasilero de Protección de los·Indios una expedición a la misma región (ver Nimuendaju 1929, págs. 95 y siguientes y un detallado informe póstumo: Ni- muendaju 1950). Nimuendaju partió de nuevo de Sao Felippe en el Río Negro

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Theodor Koch-Grünberg

para navegar el I<;ána, el Aiary y finalmente el Uaupés. Complementó en puntos importantes los resultados de sus antecesores y pudo constatar transformaciones

importantes en la situación de los grupos de la región, en las dos décadas trans- curridas. Nimuendaju se percató de que la población del I<;ána, que había dismi- nuido en un tercio desde la visita de Koch-Grünberg, constaba de un solo grupo, dividido en por lo menos 16 clanes exogámicos de la misma lengua a quienes los civilizados llamaban "baniua". Un clan de kobewa (= kobéua) del Querary había emigrado al alto Aiary, hasta entonces deshabitado. Nimuendaju asistió entre los wanana del Río Uaupés a una fiesta de máscaras, relacionada con el culto a los muertos. Al contrario de lo observado por Koch-Grünberg, los uanána eran el único grupo de la región -con la excepción de los grupos kobeua del lado co-

lombiano- que elaboraba todavía máscaras. En ·el bajo I<;ána, la lengua tukána

había desplazado totalmente al tariána, una lengua aruak. Obtuvo en su viaje ade- más catorce listas del vocabulario de distintos grupos baniwa del I<;ána, entre ellos

los caua y los siu<;i-tapuyo, los karútana, kadaupuritana (= katapolítani) y hoho- dene (= huhúteni; ver Nimuendaju 1932, págs. 590-618). Después del viaje de reconocimiento de Curt Nimuendaju en 1927, se pre- senta una gran pausa en la investigación de la región del Uaupés-Caquetá, du- rante la cual no se pueden reseñar trabajos de importancia, con la excepción de los viajes del oficial b~asileño F. Rondón de 1931/33, orientados más hacia la geo- grafía (ver Rondón 1945). Solamente hasta septiembre de 1939 llegó a la región un etnólogo profesio- nal, el norteamericano Irving Goldman, quien permaneció allí hasta junio de 1940, dedicando especial atención .a los cubeo (= kobéua) del río Cuduiary, después de haber explorado los poblados cubeo a lo largo del Río Uaupés. Su aporte al co- nocimiento de esta región es el más signifiCativo desde la época de Koch-Grün- berg y merece ser examinado con atención, máxime cuando el mismo Goldman compara sus resultados con los de Koch-Grünberg y asume una postura crítica frente a su obra. Goldman ofrece un avance de los resultados de su investigación en el ya mencionado artículo del Handbook of Southamerican Indíans (Goldman 1948); ht monografía completa sobre los cubeo apareció en el año de 1963. Sin embargo, vamos~ referimos a ambos trabajos en conjunto. Goldman subraya su independencia co~ respecto a los trabajos de Koch-Grünberg sobre el Uaupés, ya que no los conocía cuando realizó su investigación entre los cubeo. Para su satis- facción, la mayoría de sus investigaciones coinciden con las de Koch-Grünberg en casi todos los detalles. Con respecto a la estructura social y las pautas ceremonia- les, Goldman constata carencias de información en el trabajo de Koch-Grünberg, ya que éste pone en duda la existencia de clanes entre los tukáno (ver Goldman 1948, pág. 769) y en este sentido sus propios trabajos constituyen un avance. No obstante, tuvo que apelar con frecuencia a las investigaciones del autor alemán para suplir sus lagunas con respecto a los cubeo, ya que él estudió solamente el clan cubeo de los bahukiwa (= bahuna en Koch-Grünberg) y por lo tanto sus in- vestigaciones se limitan a un ámbito local, mientras que Koch-Grünberg nos ofre- ce una visión panorámica de la región del Uaupés-Caquetá. En la elaboración de su artículo del Handbook, Goldman tuvo que remitirse continuamente a nuestro autor para poder describir a los restantes grupos tukáno del área, así como a los

Dos años entre los indios

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aruak y a los caribe. Cometió allí la equivocación ~(l. c., pág. 771, fig. 9) de repro- ducir la muesca de una flecha envenenada, dibujada y descrita por Koch-Grün- berg, como su punta. Por lo demás en este artículo no se habla sobre los guariua, ya que se les incluye entre los cazadores-recolectores de la región del Río Negro que Métraux (1948) trata por separado en el mismo volumen del Handbook. El mencionado avance de Goldman en sentido sociológico consiste en el des- cubrimiento de una organización clanil patrilineal entre los cubeo -que ya había llamado la atención de Nimuendaju- en contraposición a las suposiciones ante- riores que hablaban de una gran familia bilateral con tendencia patrilocal como el núcleo del orden social de este grupo. El clan patrilineal de los cubeo es en lo esencial un grupo local, que vive por lo general en una maloka; los clanes mayo- res, en varias. Según Goldman, los distintos clanes cubeo se distribuyen a su vez en tres fratrias exogámicas sin nombre, que habitan determinados territorios, de D)anera que los matrimonios se deben realizar a grandes distancias. Los tres te- rritorios corresponden de manera bastante exacta a las cuencas de los ríos Cu- duiacy, Uaupés y Querary. La unidad de la fratria s~ sostiene por los lazos de parentesco y ceremoniales. Cada clan de los cubeo honra a sus prop~os y particulares antepasados que se denominan en su conjunto como beküpwanwa (la gente anciana). Este culto a los antepasados -que supuestamente Koch-Grünberg no reconoció como tal bajo la cobertura del llamado "Yurupari"- constituye según Goldman el núcleo de la religión de los cubeo y no encuentra equivalencia alguna en todo el noroccidente amazónico. (Goldman 1963, págs. 191 y 92). Los antepasados soñ al mismo tien:tpo los espíritus protectores del dan, se les convoca en cada reunión del mismo y se les representa por lo general con grandes trompetas cuya vista está prohibida a las mujeres. Los hombres y los muchachos que buscan valor y fuerza se bañan todas las mañanas al oír el sonido de las trompetas de los antepasados. Durante los mitos de iniciación los muchachos son azotados para que alcancen la grandeza, de sus antepasados, los cuales se hacen presentes allí bajo la forma de grandes trompetas. Los antepasados aparecen también bajo esta forma en los ritos de ini- ciación de los muchachos, durante los cuales son azotados para que alcancen la grandeza de éstos. En el ritual de duelo oyne de los cubeo que, al igual que la iniciación en la liga de los hombres, constituye un asunto de la fratria, otro tipo de trompetas, consistentes en una corteza de cinco metros de largo enrollada en espiral, juega un papel de gran importancia (Goldman 1963, págs. 228 y 29). Rep- resenta a la mujer antepasada del dan junto con su esposo y tiene forma de ge- melos. Ambos antepasados aparecen bajo la forma de este instrumento para . mitigar la pena de los enlutados, dicen los cubeo. Goldman se refiere también en detalle (l. c., págs. 221 ss.) a las variadas dan- zas con máscaras utilizadas con ocasión de muertes y a los 31 prototipos de las mismas que compara cuidadosamente con las 50 máscaras reunidas por Koch- Grünberg en toda la región del Uaupés (1. c., págs. 250/52), para un total de 62 representaciones. El que Goldman vea en las danzas con máscaras de los cubeo un ritual dramático para confrontar el hecho de la muerte y no un acto mágico para alejar a los malos espíritus, como opinaba Koch-Grünberg, corresponde al avance de las teorías etnológicas en las últimas décadas. Goldman cree haber ob-

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Theodor Koch-Grünberg

servado realmente un jefe del clan hehenewa realizar el ritual endocaníbal de be- ber en chicha el polvo de los huesos de los muertos, que le había sido relatado a Koch-Grünberg por un jefe de este mismo clan (1910, pág. 152), pero que él per- sonalmente nunca vio. Este ritual está relacionado con el "oyne". Finalmente reviste gran importancia la anotación de Goldman (l. c., págs. 223/24) respecto al hecho de que los cubeo realizan el ritual de duelo un año después del fallecimiento, durante la época de sazón de la pupunha cuyos frutos desempeñan un cierto papel en esa ceremonia. Los waika, habitantes de la región limítrofe entre Brasil y Venezuela, al oeste del Río Negro, que pertenecen al mis- mo horizonte cultural de los makú de la región del Uaupés-Caquetá combinan también un ritual de duelo endocaníbal con la fiesta de la cosecha del fruto de esta palma.

f 1S años de 1946 y 47 la mayoría de las observaciones corresponden al m1s10. , '.alesiano Antonio Giacone, cuya obra de 1949 no he podido consultar. Según Balú11s (1945, págs. 270/71) la obra trata distintos aspectos de la vida social y religiosa de los tucano de la región del Uaupés, con algunas observaciones sobre los makú de los ríos Tiquié y Papury. En 1955 Giacone publicó, por aparte, una pequeña gramática y un diccionario de la lengua makú; mientras que un estudio lingüístico similar sobre el tukáno aparece en la tercera parte de su obra principal, en la segunda parte de la misma encontramos, entre otros, mitos tukáno con tra- ducción al portugués. El trabajo lingüístico más reciente de Giacone (1962) se ocu- pa de la lengua aruak de los tariána. La obra del hermano de orden de Giacone, A. Brüzzi Alves da Silva (1962), alcanza un mayor volumen que la del primero. Brüzzi realizó entre 1947 y 1957, desde el mismo centro de investigación de Iauareté, una serie de viajes de inves- tigación a la región del Uaupés, y tuvo en cuenta para una interpretación de la misma los testimonios de otros misioneros salesianos instalados allí desde 1916. Su obra etnográfica está acompañada de una fonoteca etnolingüística y musical de grupos del Uaupés-l<;ána y Cauaburi con un total de 25 lenguas, como se ex- plica en publicación adjunta (Brüzzi 1961). Los informes del zoólogo brasilero José Carvalho sobre su viaje al Río Negro en 1949 no ofrecen nada nuevo desde el punto de vista etnológico. Por el éontra- rio, las expediciones del etnólogo Eduardo Galvao del Museo Goeldi (Pará) en los años de 1951 y 1954/55 a la misma región, con el fin de estudiar los procesos de aculturación, revisten gran importancia (ver Galvao 1955, 1959, 1964). Galvao se remite continuamente a la obra de Koch-Grünberg, la cual considera como el fun- damento y el punto de partida de su propio trabajo. El biólogo Ettore Biocca de la Universidad de Roma realizó, desde marzo hasta junio de 1944, investigaciones en los ríos Uaupés, Papurí y Tiquié. Después de Koch-Grünberg, quien realizó las primeras observaciones de antropología físi- ca en esta región, le debemos a Biocca el piimer estudio considerable sobre ~a antropometría de los tukáno, tariána y makú (Biocca-Willems 1947). Varios artí- culos suyos en revistas especializadas se ocupan de la determinación de los gru- pos sanguíneos, el origen y propagación de la enfermedad de la piel denominada purupuru, causada· por espiroquetas, Y. las huellas digitales de estos grupos. En el campo de la etnología son de importancia las observaciones de Biocca sobre la

Dos años entre los indios

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preparación del curare entre los makú del Río Tiquié (Biocca 1954, págs. 210 y ss.)

y la investigación sobre las plantas utilizadas para tal fin, además de sus aportes

al conocimiento del así llamado culto de jurupari de los tukáno del Río Tiquié (ver Schaden 1946). Un compendio de los resultados de este viaje se encuentra en un trabajo reciente de Biocca (1963, págs. 171-195), enriquecido con información sobre la organización social, el mesianismo y el complejo de Jurupari de los indí- genas del Río Negro; pudo obtener ésta con la ayuda del misionero salesiano Ca- simiro Beksta durante su estadía de 1963 en el curso' medio del Río Negro y en su afluente el Río Inixi. A este informe preliminar le sucedió, en forma de libro,

una documentación considerable sobre sus dos viajes a la región del Uaupés y el

l<;ana (1944, 1963). En este libro combinó de manera acertada sus propias obser- vaciones con las de los misioneros salesianos allí asentados, recurriendo además

a fuentes más antiguas, en particular las de su afamado compatriota y antecesor

de Koch-Grünberg, E. Stradelli (ver Biocca 1965). Así como Biocca realizó una exitosa investigación botánica sobre el curare de los makú, el biólogo norteamericano R. E. Schultes (1954) se ocupó en el terreno

de la identificación de las plantas que algunos grupos del área utilizan en la ela- boración del polvo narcótico paricá, el cual se inhala y llegó así a importantes resultados a los que se refieren Wassén y Holmstedt (1963) en su importante di- sertación sobre el tema. Schultes recorrió por más de 10 años la región amazónica de Colombia; vivió en 1952, entre los aruak-yucuna del Miriti-Parana, un afluente del Caquetá, una fiesta de cosecha de la palma pupunha con danzas y máscaras. Su relato, que lo encontramos en Patiño (1958, págs. 158, 191), enriquece nuestros conocimientos sobre este fenómeno que fue observado por Koch-Grünberg con frecuencia. Wanda Hankes (1964, págs. 42, 55/6) se refiere también a una fiesta del mismo tipo entre los datuana del alto Apaporis, parientes cercanos de los ya- huna, de la familia tukano oriental. Durante su estadía en el poblado de Cuyubim en octubre y noviembre de 1950, la ya fallecida investigadora pudo recoger, ade- más de las canciones sobre animales que se cantan en estas fiestas, algún material lingüístico sobre los datuana y los yupuá que allí habitan (t c., págs. 40-60). Du- rante su viaje al Yapurá conoció también el makuna, una lengua tukana y el hasta entonces desconocido cuna y estableció comparaciones entre ellos (l. c., págs. 67- 90). La publicación de los mitos recopilados pqr Hanke entre los datuana, así co- mo las menciones a su cultura espiritual, se hará por aparte. H. Schultz (1959; 1962)-del Museo Paulista le dedica especial atención a la descripción de una fiesta de cosecha de la pupunha en su informe sobre su es5adía de dos semanas entre los makú-guariba del Paraná Boá-Boá en el Yapurá medio. Queda así demostrada la existencia de este complejo originario del área, no sola- mente entre los grupos tukano y aruak sino también entre la capa más primitiva de los makú. Schultz liga su trabajo con el de Tastevin de 1922; el vocabulario recopilado por él comprueba definitivamente la pertenencia de los guariua a los demás grupos makú. Los suizos Mario y Michel Terribilini (1961) pasaron tres semanas en una maloka situada a los 0° 30' de latitud norte y 69° 5' de longitud oeste, pero tuvieron que interrumpir su investigación a causa de la actitud hostil de los makú.

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Theodor Koch-Grünberg

Aunque la mayoría de las investigaciones aquí mencionadas han partido de

suelo brasilero, no han faltado las iniciativas del lado colombiano. En los años 40

y 50 el médico alem·án L. Petersen-Piesbergen, radicado en Colombia, realizó va-

rias expediciones a la parte colombiana de la región del Uaupés-Caquetá, en don- de recopiló una gran cantidad de materiales etnográficos y lingüísticos, que desafortunadamente no han podido ser analizados a causa de su muerte prema- tura. Se conserva sin embargo la esperanza de una revisión profesional de su obra

y de una publicación póstuma de la misma. En los años de 1953 y 54 el estudioso colombiano Marcos Fulop recogió un número considerable de mitos entre los tukáno del Río Paca, un afluente del Río Papuri, de los cuales publicó una parte sin comentario alguno (Fulop 1954, 1956). Existe la posibilidad de que el autor presente un valioso análisis de los textos al sacar a la luz pública la totalidad de su obra. Fulop (1955) se ocupó también del sistema de parentesco de los tukáno y concluye que los clanes patrilineales poseen el carácter de castas, lo que se evidencia en las denominaciones que se dan entre sí. A mediados de 1955, el colombiano Rodrigues Lamus (1958) visitó la misma región e investigó la arquitectura de los tukáno en el poblado de Guadalajara en el Río Paca. El brasilero Ypiranga Monteiro, radicado en Manáos, nos da una des- cripción detallada (1960) de la iniciación de los muchachos entre los tukáno asen- tados en la desembocadura del Uaupés en el Río Negro, que ya había observado personalmente tiempo atrás (1934?). El rito se denomina «cariama» que signi- fica 'ver el mimbáua'. Mimbáua significa 'animal doméstico' y se refiere a los instrumentos de viento que reciben nombres de animales. Estos instrumentos, que las mujeres no deben ver, se muestran a los muchachos en el clímax de la cere- monia. No menciona la existencia de un culto a los antepasados como entre los cubeo, sin embargo este rito de la pubertad pertenece al complejo del Yurupari, el cual encontró Koch-Grünberg varias veces entre los grupos de la región Uaupés- Caquetá. El investigador alemán y actual director del Instituto Anthropos W. Saake S. V. D. se ocupó también del mismo fenómeno religioso (1958a, b; 1961). Saake visitó entre 1955 y 1957 a los baniwas (aruak) d~ río I<;ána, situados en la periferia nororiental del área, quienes no habían vuelto a ser investigados desde Koch- Grünberg y Nimuendaju. En el importante material recopilado por Saake se reco- nocen dos ciclos culturales y míticos que se relacionan, por un lado, con la recolección de frutos silvestres y,\por el otro, con el cultivo de la yuca bra~a y que permiten probablemente extraer conclusiones históricas y culturales. Se ocupa también (1964) de las formas de educación y de la iniciación de un shamán entre los baniwas. De los comentarios sobre todas las investigaciones posteriores a Koch-Grün- berg acerca de la región del Uaupés-Caquetá se ve claramente que si bien la in- vestigación etnográfica y lingüística ha avanzado en algunos aspectos, la obra de Koch-Grünberg continúa siendo la más amplia y constituye el soporte fundamen- tal de nuestros conocimientos sobre esta región 2 .

2. No hay que olvidar que Otto Zerrie~esc~ibióesta introducción para la reedidón de 1967 de

Dos años entre los indios y que por lo tanto no pudo tener en cuenta las investigaciones sobre la

región del Uaupés-Caquetá de la década de los 70, 80 e inicios de los 90. (N. del T.)

·Dos años entre los indi~s

29

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Dr. Otto Zerries

Mwlich

A mi esposa

PREFACIO

A comienzos del año de 1903, la dirección del Museo Real de Etnología de Berlín

me encargó emprender un viaje de exploración a la región amazónica. Escogí el límíte noroccidental del Brasil, allá donde colinda· Brasil con Colombia y Vene- zuela; todas estas regiones ofrecían problemáticas importantes e interesantes des-

de el punto de vista geográfico y etnográfico.

Emprendí mi· viaje en el mes de abril del mismo año. Recorrí el alto Río Negro y sus afluentes l<;ána, Caiacy-Uaupés y Curicuriary y regresé por el Apa- poris y el Yapurá al Río Amazonas, desde donde emprendí el viaje de regreso a

la patria, adonde llegué hacia fines de junio de 1905.

Los resultados de mi viaje de dos años se pueden resumir así: se atravesó una inmensa región antes poco conocida y en parte totalmente desconocida; se pudo verificar en varios lugares el curso de los diferentes ríos y la estrecha corre- lación entre las cuencas del Orinoco, Guaviare, Río Negro y Yapurá, respectiva- mente, lo cual permitió sacar conclusiones exactas acerca de las migraciones de los grupos indígenas. Un abundante material lingüístico, que comprende más de 40 lenguas y dialectos, permitió rectificar en muchos puntos la. agrupación de las tribus. Más de mil fotografías, que revelé en el mismo lugar, son fiel reflejo de la fascinante naturaleza con su belleza y su horror; de la forma de vida durante la expedición y los tipos de los diferentes grupos indígenas, sus labores domésticas

y agrícolas, sus juegos y sus bailes.

Mi gran colección de objetos etnográficos se encuentra actualmente en el

Museo Real de Etnología de Berlín 1 . Al Museo Goeldi, en Pará, le cedí una pe- queña colección. Debo agradecer la clasificación de las mariposas, las plantas y pruebas petrográficas traídas por mí al conocido especialista en lepidópteros, se- ñor H. Fruhstorfer, a mi buen amigo, el señor doctor Robert Pilger del Museo BotánicoReal de Berlín y a los señores profesoresDr. Von Wolff-Danzig y Dr. R. Cramer del Instituto Real de Mineralogía y Petrografía de Berlín.

Mi interés primordial en este viaje no fue el de un coleccionista. Mi propósito

principal, durante prolongadas permanencias con las diferentes tribus y en los distintos pueblos, fue el de experimentar, junto con los indios, su forma de vida

y así formarme una idea de su visión del mundo, puesto que en una travesía rápida por la región explorada las impresiones que obtiene el viajero son con fre-

cuencia vagas e incorrectas. Hasta la fecha he publicado los siguientes trabajos sobre mis observaciones:

Anfiinge der Kunst im Urwald (Los comienzos del arte en la selva), Ernst Was- muth, Berlín, 1905.

36

Theodor Koch-Grünberg

Indianertypen aus dem Amazonasgebiet (Tipos indígenas de la cuenca amazó-

nica), con láminas, por entregas 1, II y III, Ernst Wasmuth, Berlín, 1906, 1907, 1908. Südamerikanische Felszeichnungen (Petroglifos suramericanos), Ernst Was- muth, Berlín, 1907. Además se han publicado en revistas especializadas trabajos lingüísticos y artículos cortos:

"Die Makú" (Los makú), Anthropos, vol. I, 1906. "Les Indiens Ouitotos" (Los indios uitotos), fournal de la Société des América-

nistes de París, vol. III, 1906.

"Die Hianákoto-Umáua" (Los hianákoto-umáua), Anthropos, vol. III, 1908. "Die Indianersti:imme am oberen Río Negro und Yapurá und ihre sprachli- che Zugehorigkeit" (Los grupos indígenas en el alto Río Negro y Yapurá y su filiación lingüística), Zeitsrhrift für Ethnologie (Revista de Etnología) 38, Jahrgang,

1906.

"Reisen am oberen Rio Negro und Yapurá in den Jahren 1903- 1905" (Viajes por el alto Río Negro y Yapurá en los años 1903-1905), Zeitschrift der Gesellschaft für Erdkunde zu Berlín (Revista de la Sociedad Geográfica de Berlín), 1906. "Die Maskentanze der Indianer des oberen Río Negro und Yapurá" (Las danzas con máscaras de los indios del alto Río Negro y Yapurá), Archiv für An- thropologie (Archivo de Antropología), vol. IV, 1906. "Kreuz und quer durch Nordwestbrasilien" (A través del noroeste brasile- ño), Globus, vols. 89 y 90, 1906. "Der Fischfang bei den Indianern Nordwestbrasiliens" (La pesca entre los indios del noroeste brasileño), Globus, vol. 93, 1908. "Jagd und Waffen bei den Indianern Nordwestbrasiliens" (Cacería y armas de los indígenas del noroeste del Brasil), Globus, vol. 93, 1908. "Das J íaus bei den Indianern Nordwestbrasiliens" (La casa de los indios del noroeste d1 '1 Brasil), Archiv für Anthropologie (Archivo de Antropología), vol. VI,

1908.

"Frauenarbeit bei den Indianern Nordwestbrasiliens" (Trabajo femenino en- tre los indios del noroeste brasileño). A. La elaboración de la mandioca. B. La

alfarería. Mitteilungen der Antropologischen Gesellsachaft in Wien (Comunicaciones

de la Sociedad Antropológica de Viena), vol. VIII, 1908. En este libro he presentado los resultados científicos en el marco de una descripción popular de viajes para que el lector, con la ayuda de las fotografías, pueda obtener una visión propia sobre la vida de los indios y compartir mis ex- periencias en el transcurso del viaje. Es frecuente que el lego se sienta inclinado a mirar con desprecio a estos "salvajes" porque andan desnudos y tienen o~rocolor de piel, especialmente cuan- do los "conocimientos etnográficos" se limitan a la dudosa literatura de los «cuen- tos indios» que se han devorado en los años juveniles. Espero poder contribuir con mis narraciones a borrar estos prejuicios y a hacer más accesibles estos pueblos primitivos ignorados a un círculo mayor de personas con el fin de lograr una apreciación más justa. Aun cuando yo no era novato en el suelo americano (ya había participado en 1899 en la segunda expe- dición del Xingú con el Dr. Herrmann Meyer-Leipzig), el éxito de mi viaje hubiera

Dos años entre los indios

37

sido muy dudoso de no haber sido por la amplia y abnegada colaboración de incontables amigos cuyo número es interminable. Para cubrir los gastos del viaje, el Comité Etnológico de Auxilios de Berlín puso a mi disposición una pequeña suma. Mis compatriotas en Manáos me aco- gieron como a un viejo amigo y velaron siempre por mis intereses durante mi ausencia. Los brasileños tampoco ahorraron esfuerzos por hacerme sentir su pro- funda amistad. No importaba el lugar a donde llegara, ya fuera al palacio del gobernador o a las chozas cubiertas de paja de los colonos; o si llegaba en traje de etiqueta o, después de muchos días de vida nómada, en harapos de vagabun- do, siempre se me brindó la amable ayuda y la ilimitada hospitalidad que son unas de las más bellas características de los brasileños. Ante todo, debo dar mi agradecimiento a los verdaderos amos del país, es decir, a los indios. Muy apartado de toda colonia europea y únicamente en com- pañía de mi criado, me desplacé con mucha seguridad entre esta gente desnuda. Entré a los pueblos sin armas, aun cuando sus moradores jamás habían visto a un blanco. Nunca se me pasó por la mente que ellos me pudieran enfrentar agre- sivamente y mi confianza no se vio defraudada. Su afecto y fidelidad me prote- gieron de muchos peligros y me dieron fuerza en los momentos de aflicción que son inevitables en este tipo de viajes. Sólo en muy pocas oportunidades nuestras relaciones seenturbiaron transitoriamente. A pesar de que a veces tenía que opo- ner mi firme voluntad a su inconstancia infantil y a su innata negligencia, en poco tiempo nos hacíamos nuevamente buenos amigos. Inicialmente, el indio libre siempre manifiesta desconfianza frente al hombre bhmco, y no sin razón, puesto que en muchos casos entra en. contacto con aven- tureros y gente de mala clase, provenientes de todo el mundo, es decir la escoria de la humanidad. Así sucedió en la época de los primeros conquistadores, y des- graciadamente aún hoy en día acontece así en muchas regiones de Suramérica. Pero si después de una convivencia larga, el indio se da cuenta de que el blanco lo quiere, su desconfianza se desvanece rápidamente y se pone de mani- fiesto su verdadera naturaleza amable. Entonces se presenta como realmente es:

una inofensiva criatura de la naturaleza cuando está en condiciones normales, y que generalmente retribuye la bondad del blanco con su absoluta confianza. Es por esto que el viajero libre de prejuicios, que no considera al indio como un objeto experimental para sus estudios, sino que desde el comienzo lo trata como a un ser humano, encuentra en él a un hombre con marcada individualidad. Jamás se debe olvidar que, no obstante los diferentes grados de civilización, todos los seres humanos están inspirados por un solo espíritu, aun si, bajo la in- fluencia de la cultura moderna, es a veces difícil penetrar el candoroso razona- miento de estos hombres de la naturaleza.

Los seres humanos son criaturas de todos los tiempos y latitudes, no importa si viven bajo los arbustos de abedules o bajo las palmeras.

F. W. Weber: "Trece tilos" Nikolaussee, en mayo de 1908

Dr. THEODOR KOCH-GRÜNBERG

1 1 r~n o~o 1 --, L-,A~- , //1// RUTAS LA EXPEDICION KOCH-GRÜNBERG / EN
1
1
r~n o~o
1
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L-,A~- ,
//1//
RUTAS
LA
EXPEDICION KOCH-GRÜNBERG
/
EN EL
RIO
NEGRO
Y YAPURA
EN
LOS
AÑOS
1903
1905
sao
,
Punto de
para todos 1os viajes
I VIAJE:
28
DE SEPTIEMBRE
1903-8 FEBRERO
1904
S. FELil'PE- RJs::ÁNA.
RIO
AIARY
(POR TIERRA).
R. CAIARY-LI'IUPÉS (POR TIERRA) DE REGRESO AL AIARY
Y DESCENSO HASTA
S.FELIPE
Ir VI~JE, 7 DE FEBRER0-14
de JUNio de 1904
S.FELIPPE-R.NEGRO-
SERRA CURICURIARY -RCURICURIARY"
CAPAUARY
YJGARAPE-
(POR TIERRA)-
CARANÁ Jg,
R. CAIARY- UAUPES- R. TIQUIÉ- SENDERO
DE REGRESO
HASTA S. FELIPPE- VIAJE
ESPECIAL
A
S. MARCE:LLINO
\ '
m
VIAJE:
4
de
AGOSTO 1904 -A ENERO
1905 S. FEUPPE- R CAIARY- VAUPES
HASTA
10 DIAS
DE VIAJE
ARRIBA
DE YURUPARY
Y
CACHOEIRA R. CLIDUIARY
ABAJO HASTA EL NACIMIENTO- REGRESO A S.FELIPPE
Jl[ VIAJE:
6 FEBRERO -2B ABRIL 1905. S-FEUPE
R. CAIARY -·UAUPÉS- R.
TláuÍE
(POR TIERRA)
YAUACÁCA Y JGARAPE- PIRÁ- PARANÁ- R APAPORIS
R . YAPURÁ-
R. SOLIMOES. TEFFE.
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MAKU
MAKU
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1903-8 FEBRERO
1904
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(POR TIERRA)
DE REGRESO
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PUEBLO INDIGENA
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RAPIDO ¡CACHOEIRA'
ESCALA
1 Wt~P (100

PARÁ Y MANÁOS

RESUMEN: Vida y actividades en Pará. El Museo Goeldi. Viaje por el bajo Amazonas. Auge y comercio de Manáos. Los indios ipuriná. Falta un museo.

El 23 de mayo de 1903, pisaba en Pará nuevamente suelo sur- americano. Esta ciudad

El 23 de mayo de 1903, pisaba en Pará nuevamente suelo sur- americano. Esta ciudad comercial, situada en el delta del Río Ama- zonas y la más importante de la cuenca de este gran río, impresiona favorablemente si se tienen en cuenta las condiciones del Brasil.

Sus casas de color claro y sus múltiples iglesias de elevadas torres, entre ellas la antigua catedral construida en 1720, le dan a esta ciudad un aspecto a la vez ama- ble y majestuoso. Por las limpias calles y las innumerables plazas adornadas por lindos jardines fluye una animada vida comercial. El puerto rebosa de barcos pro- venientes de todas partes del mundo. En la población, que cuenta aproximada- mente con 100.000 habitantes, predomina el elemento de color. Se ven muchísimos negros de pura raza y mestizos de todos los matices al igual que indios puros, llamados caboclos, muy codiciados por la alta sociedad como pers~onal de servicio. Además de los representantes de la población indígena civilizada, que hace ya muchas generaciones abandonó sus lenguajes tribales por el portugués, se encuen- tran también muchos indios de los afluentes que, por las circunstancias de la vida, llegaron aquí, y además del idioma de los blancos, dominan sus girias, como las suelen llamar los brasileños, aunque, por falsa vergüenza, no les guste admitirlo. Así, el etnólogo percibe ya muchos estímulos y quedará aún más sorpren- dido al encontrar en esta ciudad, donde la meta primordial es la de ganar dinero, un instituto que ofrece una amplia introducción a la ciencia del conocimiento de esta gigantesca región. Se trata del antiguo Museo Paraense, que fue rebautizado Museo Goeldi en 1901, en memoria de su genial fundador, el doctor Emil August

El Museo

Goeldi, por el gobierno del Estado de Pará. Este museo, que partió del.más mo- desto principio, de una especie de "gabinete de curiosidades" en el que se expo- nían objetos autóctonos provistos de candorosas etiquetas de una manera muy desordenada, lo cual tenía que provocar necesariamente la burla de las personas ilustradas, se ha convertido, con el correr de los años, en un establecimiento mo- delo, a la altura de cualquier museo europeo de su género. Aún más, es el único en su especie, puesto que cuenta también con un jardín zoológico y botánico muy completo y un museo zoológico, botánico, paleontológico y etnográfico. Las co- lecciones se circunscriben a una determinada región y se limitan exdusivamente a América del Sur, más que todo al Brasil y, en especial, a la Amazonia; y es ahí, precisamente, donde radica el valor de esta institución. En las lindas casitas estilo suizo donde viven los empleados, casi todos de nacionalidad suiza, se observa un orden minucioso, al igual que en los encanta~

Goeldi

40

Theodor Koch-Grünberg

dores y umbrosos senderos del jardín botánico, donde una pulcritud científica

predomina por doquier. El dpctor Goeldi, director del Museo, y el doctor Jacques Huber, director del jardín botánico 1 , me acogieron con amabilidad, y bajo su gentil dirección pude conocer todas las colecciones y dependencias del Museo. Las colecciones etnográ- ficas, que al igual que en otros lugares carecen de espacio suficiente, haciendo que muchos tesoros permanezcan todavía a la espera de su "resurrección", llan~.aron en especial mi atención de experto. Las tribus karayá, del Araguaya-Toc~tms,.y las del Río Negro y el Río Uaupés son las que tienen mayor representacwn. Sm duda, el orgullo etnográfico del Museo lo constituye la excelente y exclusiva co- lección de urnas funerarias provenientes en parte de excavaciones en las islas de la desembocadura del Amazonas, como Marajó, Mexiana, etc., y en parte del li- toral de la frontera brasileño-francesa de Cunany. En la noche del26 de mayo el «Lydia», uno de los vapores pequeños de la línea Hamburg-Amerika, que me había traído lenta (en 33 días) pero seguramente de Hamburgo a Pará, levó anclas y empezamos a remontar el Río Amazonas hacia

Viaje por

el bajo

Amazonas

la región de mi invesEgación. Comenzamos el viaje por el

gran bahía alargada que se forma donde el Tocantins desemboca en el arch1p1e- lago del delta amazónico. Durante la travesía se llenaron los tanque~ con agua pura del Tocantins para tener abastecimiento de agua potable durante el resto del

viaje.

Las márgenes del Amazonas tienen una vegetación encantadora, en especial el estrecho canal Taji-Purú, o también Tajá-Purú, que separa la gran isla de Marajó de la tierra firme y lleva al verdadero Amazonas. La hermosa palma burití, que conocí en la meseta de Matto Grosso, y que aquí se llama mirití (Mauritia flexuosa), se yergue en grandes grupos. Los troncos rectos, altos, lisos y grises, _que con f~e­ cuencia alcanzan 30 metros de altura, brillan por todas partes a traves de la mis- tica y umbrosa selva. Los amplios abanicos de las copas tiemblan con la brisa. Entre los árboles de ámplio follaje, las leguminosas y bombáceas, que con sus copas sobrepasan en mucho a sus compañeros, se encuentran otras palmas, la

paxiúba (Iriartea exorrhiza), la majestuosa inajá (Maximiliana regia), también la

bacába (Oenocarpus bacaba) y la estilizada assa'i (Euterpe oleracea), cuyo fruto pro- porciona a los ribereños del Amazonas la tan popular y nutritiva mermelada ~ue con estridente algarabía ofrecen los chiquillos morochos por las calles de Para y Manáos. En contraste con la variada vegetación, la vida animal es mucho más monó- tona. Al menos no se podía apreciar casi nada desde etbarco. Esporádicamente pasaban volando unos aráras, siempre en parejas, con sus lindos colores brilla~do al sol: un sinnúmero de loras y pericos llenaban la selva con sus alevosos gntos. Pequeños martines pescadores acompañaban por trechos al vapor; de vez en cuando se divisaba una garza blanca sentada sobre una rama seca al acecho de peces, o, asustada por los disparos de escopeta de los pasajeros, volando majes- tuosa delante del barco, para ir a posarse más tarde en otro sitio. Eso era todo. También era cierto que, en ese momento, el agua registraba su niv~l más alto. El

llamado Río Pará,. u~_a

l. Desde 1907, director del Museo. [K.]

Dos años entre los indios

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río se había salido del cauce inundando las islas y alcanzando a cubrir las copas de los árboles en la selva. Los extensos bancos de arena en donde durante la época de sequía buscan alimento innumerables patos, sormogujos, sisones y ban- dadas de guarás (Ibis rubra) rosadas, se encontraban ahora sumergidos a gran pro- fundidad. De vez en cuando pasábamos delante de las viviendas de los nativos, mise- rables chozas lacustres construidas sobre el agua y el fango, habitadas por gentes de color, indios de raza pura (cabodos) o mestizos. Adultos semivestidos (proba- blemente se habían cubierto al ver acercarse el barco), de pie frente a sus pose- siones, parecían posar para una fotografía; niñitos desnudos chapoteaban en el agua. Esta pobre gente vive seis meses del año en el agua y los <?tros seis en el maloliente lodo; su subsistencia depende únicamente del escaso producto de sus cosechas o de la caza y la pesca y está expuesta a la malaria y al paludismo. Todo esto equivale a una existencia realmente indigna para un ser humano. No obstan- te, cabe pensar que sean felices al no conocer algo mejor. No hay nada más rela- tivo que la felicidad o la satisfacción. Nos tomó toda la tarde del 27 de mayo atravesar el angosto canal, que en algunos trechos apenas tenía espacio para dos barcos, lo cual resultaba bastante difícil para el vapor en que viajábamos. Pasamos por los más variados escenarios en las márgenes del río y el paisaje se tomó aún más pintoresco en la suave luz crepuscular. Al día siguiente, temprano por la mañana, dejamos el estrecho para tomar el verdadero Amazonas que, por su inmensidad, se asemeja poco a un río. Aquí, la vegetación de las orillas es muy diferente aunque no menos impresionante. Hay pocas palmeras pero, en cambio, la selva. tropical es de una exuberancia desen- frenada, sin paralelo en el mundo. Gigantescos y frondosos árboles, totalmente cubiertos por enredaderas y plantas trepadoras que cuelgan como gruesos lazos desde las ramas hasta el suelo o que, con su maraña de hojas, ocultan los misterios de la selva, mientras que otros, muertos bajo la carga de los parásitos, tienden acusadores sus brazos al cielo y otros más yacen caóticamente por tierra. ¡La in- cesante lucha de .la naturaleza! En los puntos más elevados de las orillas se veían chozas (Foto 1) de hojas de palmera, a la sombra de árboles gigantescos enredados por bejucos, rodeadas de platanales de anchas hojas, al lado de las cuales se veían con frecuencia mon- tones de madera con tentadores letreros que anunciaban «lenha barata» para los vapores que por allí pasaban. El oleaje provocado por nuestro pesado vapor «Lydia» hacía que las angostas canoas de madera se precipitaran contra las orillas. En la corriente flotaban pequeñas islitas de hierba y también gruesos troncos que representaban un constante peligro para la hélice. Más allá de la desembocadura del torrentoso Xingú, cuyo nacimiento pu- de explorar por allá en el lejano Matto Grosso como acompañante del doctor Herrmann Meyer-Leipzig en 1899, aparecen las primeras montañas y el paisaje ribereño se va convirtiendo gradualmente, sobre todo en la margen izquierda, en extensos terrenos agrícolas y ganaderos poblados de rebaños. Aumentan rápida- mente los indicios de una civilización superior. En medio de ricas plantaciones de cacao se ven elegantes viviendas que parecen un poco fuera de lugar en esta

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Theodor Koch-Grünberg

4 2 Theodor Koch-Grünberg Foto 1. Paisaje de las riberas del bajo Amazont~s. región selvática. Al

Foto 1. Paisaje de las riberas del bajo Amazont~s.

región selvática. Al fondo se divisa una capilla blanca, las chozas de hojas de pal- ma para los peones, un establo con mansas vacas y, en derredor, hasta donde alcanza la vista, campos y pastizales que van hasta la cordillera; en realidad, ¡una posesión para enorgullecerse! En la tarde del 29 de mayo pasamos por la población de Santarem, situada en la desembocadura del Río Tapajoz, y a la mañana del día siguiente llegamos a Obidos, un poco más arriba de la desembocadura del Río Trombetas, rodeado de leyenda, considerado por mucho tiempo como la tierra natal de las bélicas amazonas. A la sombra de sus árboles descansa en paz Henri Coudreau, el inves- tigador del Amazonas, después de haber llevado una vida agitada y llena de vi- cisitudes y trabajo.

Luego de la breve interrupción de los campos abiertos, la vegetación ribere- ña se torna nuevamente abundante y tropical en un paisaje imponente. La palma ubussú (Manicaria saccifera), la más bella de la llanura amazónica, que, casi sin tronco, eleva sus penachos de enormes hojas, hasta de diez metros de altura y cuyo verde claro contrasta con el fondo oscuro de la selva. Los caseríos se iban haciendo más numerosos. Frente a las chozas se celebraba una gran festa; sobre varios planchones una multitud agitaba banderitas de colores. Era una procesión en honor a algún santo, al compás de música auténticamente pagana, con flautas, ritmo de bombos, gran alboroto y ondear de banderas. También nosotros contri- buimos al espectáculo general haciendo sonar la sirena del barco, lo cual, al pa- recer, causó tanta impresión como alegría. El31 de mayo pasamos por la población de Itacoatiára, antes llamada Serpa:

varias casitas de color claro sobre la elevada orilla, mágicamente iluminadas por rayos deslumbrantes. Con luces de colores dimos la señal de la línea Hamburg-

Dos años entre los indios

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Amerika. Delante de la iglesia había luces y jolgorio; la multitud pasaba con sus vestidos claros en algo se,.mejante a una procesión. Una banda de músicos inter- pretaba el «Danubio Azul». Un festeiro 2 embriagado zigzagueaba hacia la oril.la.

Había ambiente de fiesta por todas partes. Se celebraba la gloriosa fiesta de Pen- tecostés. ¡Pobre cristianismo! Más allá de Itacoatiára, la orilla izquierda desciende en escarpados barrancos de tierra arcillosa y arenosa que terminan en rocas. Pasamos la desembocadura del caudaloso Río Madeira, totalmente cerrado por islas, y ello. de junio entramos

al Río Negro, cuyas aguas oscuras contrastan en este punto con la corriente ama-

rilla grisácea del Amazonas, y ya a bastante distancia, río abajo, recuerda la cer-

canía del torrentoso tributario por los parches oscuros que en él se encuentran. Poco más tarde echamos anclas frente a la antigua «Barra do Río Negro», laMa- náos de hoy (Foto 2). ~ Durante las últimas décadas, Manáos ha tenido un auge similar al de Amé- rica del Norte. Hace apenas 50 años era solamente un pueblo indígena, desaseado

y sin mayor importancia 3 donde, citando las palabras de Avé-Lallemant en sus amenas narraciones: "El conjunto daba la impresión de estar aún a la espera de algo que le diera E¡l impulso adecuado". Este "algo" llegó con más rapidez de lo que en ese entonces se esperaba. Hoy en día, con sus 50.000 habitantes, Manáos es la ciudad comercial más importante de la cuenca interior del Amazonas y el puerto de exportación de las enormes cantidades de caucho que se producen

Manáos,

su nuevo

imperio

y comercio

caucho que se producen Manáos, su nuevo imperio y comercio Foto 2. Manáos. Puerto. Al fondo

Foto 2. Manáos. Puerto. Al fondo la catedral.

2. Fiestero. (N. del T.)

3. Según una crónica brasileña de 1852, Manáos tenía entonces 8.500 habitantes~ entre ellos 4.080

indios de pura raza y solamente 900 blancos, los demás eran negros y mestizo~. Cfr. R_?bert Avé-Lallemant, Reíse durch Nordbrasílíen ím Jaltre 1859 (Viajes por el norte del Brasil en el ano de 1859), Segunda Parte, Leipzig, 1860, págs. 126-127. [K.]

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Theodor Koch-Grünberg

La vida

en Manáos

anualmente con el penoso trabajo, plagado de peligros, que se desarrolla en los innumerables afluentes amazónicos, y que llegan allí para ser enviados a los mer- cados norte~mericanos y europeos. Varias compañías navieras de Europa, entre ellas la Hamburg-Amerika-Linie y la Booth, ofrecen un cómodo servicio hacia los Estados Unidos y el Viejo Mundo y múltiples vapores de río, grandes y pequeños, parten de este punto para penetrar muy adentro hasta las cabeceras de los tribu- tarios ~el Amazonas, para llevar a puntos lejanos "los beneficios de la civiliza- ción" y obtener a cambio, con pingües ganancias, el"oro negro" del cual no cabe afirmar: «non olet!» En Manáos hay un número relativamente grande de alemanes, debido a que las dos compañías comerciales más importantes son empresas de esta nacionali- dad, que ocupan bastante personal. En 1905,la exportación total de caucho llegaba a 23.529.566 kilos. Esta cifra da una idea de la importancia de Manáos dentro del comercio internacional. Sin embargo, esto no necesariamente significa que allí se pueda obtener fortuna sin ningún esfuerzo o, en otras palabras, enriquecerse de la noche a la mañana. Aun si se logra vencer la temible "fiebre de Manáos" que todos los años reclama muchas víctimas entre los extranjeros, se requiere una constitución de hierro y una buena dosis de energía para poder trabajar intensa- mente, a veces hasta altas horas de la noche, en oficinas y agencias mal ver;ttiladas, en especial durante los meses de verano, cuando después del indescriptible calor del día, las calles, en las noches sofocantes, casi no ofrecen cambio en la tempe- ratura. No es de extrañar que, en este ambiente, después de la pesada carga del día y del apabullante calor, el joven comerciante busque distracción. Sobran en Manáos oportunidades de diversión según las posibilidades económicas de cada cual. El refinado amante de lo estético se apresura a llegar al teatro, demasiado grande y suntuoso, que domina la ciudad con su imponente cúpula de mosaico coloreado. Los amantes del arte con menores recursos, se conforman con el teatro de variedades en cuyo escenario, de fama mundial, han cantado "sus últimos días" muchas cupletistas parisienses. Los de escasos recursos se divierten -tal vez los que más- en los salones de baile populares, donde bailan con lindas morenas el matchiche, especie de danza del vientre venida probablemente del África. Los más materialistas encuentran abundantes aunque costosos refrescos en los gran- des cafés, como un vaso de auténtica cerveza «Pschorr». En la avenida principal, la amplia y hermosa avenida Eduardo Ribeiro, se da cita diariamente la sociedad, que reunida en pequeñas mesas redondas toma un helado «shop», un «whisky com soda» o una simple gaseosa. Se platica, se hace bulla, seJcierran los almacenes, se habla de política, en especial entre los señores de edad avanzada, se juegan partidas de billar, ajedrez o dados, para decidir quién paga la cuenta global; y siempre queda tiempo para comentar los atuendos de las damas elegantes de todo el mundo que desfilan por entre las mesas que se encuentran encima del andén. Un pasatiempo muy popular, especialmente los domingos por la mañana, consiste en un viaje en tren eléctrico, estilo norteamericano, a través de la selva que se extiende en todo su furor justamente detrás de la ciudad, hasta la estación de Flores en donde el viajero encuentra un modesto servicio en algunas chozas indígenas.

Dos años entre los indios

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Los que disponen de medios suficientes practican la equitación o la navega- ción en botes de remos o veleros en el Río Negro durante sus horas libres. Los

alemanes disponen, incluso, de una cancha de bolos. Una vez a la semana y los días festivos, la bien disciplinada banda de la policía toca delante de la imponente catedral o en el lindo jardín del palacio de la gobernación. Estos hombres de color no tocan mal y no sólo interpretan las marchas y los ritmos bailables sin perder el compás, sino que ejecutan con facilidad las más complejas melodías de las ópe- ras de Wagner, etc. Estas veladas musicales ofrecen a la juventud una buena opor- tunidad para coquetear a sus anchas y las ardientes miradas de ojos profundos atizan el fuego del amor en muchos corazones. En este aspecto, se podría decir que Manáos tiene un cierto carácter de metrópoli. Sólo en contadas ocasiones, por ejemplo en las fiestas populares, cuando se encienden los ánimos, se recuerda que se está viviendo prácticamente al borde de la civilización. No se puede decir que el clima de Manáos sea totalmente malsano; sin em- bargo, aparte de la fiebre amarilla que se presenta en epidemias que llegan desde

la costa, de vez en cuando aparecen brotes de fiebre tifoidea atribuidos al terreno

pantanoso sobre el que se levanta la mayor parte de la ciudad. Esta fiebre se ma- nifiesta en forma muy alta, sin transpiración, dura tres días y, en la mayoría de

los casos, termina en un paro cardíaco. También pude experimentar este desagra- dable "extra" y estuve varios días entre la vida y la muerte. Aún hoy, al igual que en el pasado, los indios conforman una gran parte de

la población de Manáos. Por todo lado se ven gentes de color; unas, ya "civiliza-

das" desde hace tiempo, viven como caboclos en los suburbios; son los descen- dientes venidos a menos de quienes fueran antes los amos del país. Otras, sirven en las casas de los acaudalados, como en Pará, o trabajan como remeros dirigiendo

a distancia la e~trada de los grandes barcos cargueros al puerto y, en sus liviarias

canoas, llevan diariamente al mercado el producto de sus cosechas, su pesca o sus cacerías. También es frecuente ver por la ciudad grupos grandes y pequeños de indios primitivos. A pesar de que van vestidos a la europea, con pantalones y

camisa,

nar, siempre uno tras otro, y por otras características que los distinguen como auténticos hombres de la selva. Si bien el «Director dos Indios» era designado para trabajar con todos los indígenas del Río Negro y devengaba por el desempeño de su labor mensualmen- te 1 conto de re1s (en el año 1903, 1.000 milre1s = 1.000 marcos), y era un experto en orquídeas, de las cuales cultivaba grandes cantidades de las más bellas especies en su jardín, no .sabía nada acerca de sus protegidos, ni siquiera sus nombres. Recibí mucha más ayuda de mi amigo Georg Hübner, propietario de la Photo- graphia Allema, quien había recorrido el Orinoco, el Río Negro y el alto Amazo- nas y me asesoraba con base en sus extensas experiencias en la región. Allí pude recopilar abundante material lingüístico sobre los indios ipuriná. Su patrón, un mestizo, los trajo de su territorio nativo sobre el Ituxy, un afluente de la margen derecha del Amazonas, para presentarlos al gobernador y conseguir el apoyo de éste para su "catequización", linda palabra de magnífica resonancia; desa~ortunadamente, en el Brasil ha servido con demasiada frecuencia para encu- brir la violación de los derechos de los pobres indios. Quiso obtener además una

se diferencian claramente de los caboclos nativos por su forma de cami-

Indios

lpuriná

Ausencia de un museo

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Theodor Koch-Grünberg

concesión del gobierno para explotar los bosques de caucho de la región, lo cual era, en realidad, su principal objetivo. Estos indios, según su patrón, habían sido traídos para "aprender la civilización y así más tarde poderla divulgar entre los indios de su mismo grupo" ¡Qué lindo experimento! Lo que más echaba de menos en Manáos para mis estudios etnográficos era un museo. Era algo verdaderamente lamentable. Tanto más cuanto que, en com- paración con Pará, con sus excelentes instalaciones, la ausencia de un museo es mucho más notoria en Manáos, ciudad que limita con la región indígena libré y que, como centro comercial del caucho, está en permanente contacto con las ver- daderas tribus indígenas, lo cual prácticamente la predestina para albergar una colección etnográfica. Hace años, Manáos tuvo un hermoso museo dirigido en forma excelente por el conocido botánico brasileño Joao Barboza Rodrigues y el alemán Dr. Pfaff; pero, hace ya tiempo dejó de existir y sus colecciones se disper- saron por el mundo. Algunas de dichas colecciones eran invaluables, como la in- teresante colección etnográfica adquirida por Barboza de los llamados krischaná del Río Yauapery, y la gran colección traída del alto Río Negro y el Uaupés, por el viajero austríaco Richard Payer. Los tesoros de cerámica de las excavaciones prehistóricas en las proximidades de Itacoatiára y en los límites de la ciudad de- saparecieron también sin dejar rastro. Todavía hoy, al remover la tierra, especial- mente por los alrededores de la catedral, aparecen instrumentos de piedra y piezas valiosas que van a parar a manos de los sacerdotes o de las personas más influyentes. Los múltiples hallazgos en y alrededor de Manáos llevan a suponer la exis- tencia de una numerosa población prehistórica o un largo período de coloniza- ción. En 1905 se intentó volver a fundar un museo zoológico, botánico y etnográfico. Se había elegido una zona elevada y boscosa que era, a la vez, un lugar popular de recreación. Se comenzó a trabajar con entusiasmo en el proyecto, pero, al poco tiempo, decayó el interés y los trabajos se suspendieron hasta nueva orden. La mayor parte del tráfico de Manáos se desarrolla por los tributarios del sur del Amazonas, en especial con el Madeira, el Purús, el Juruá, el Javary, de donde proviene la mayor cantidad y mejor calidad de caucho y hacia el Perú, vía !quitos, hasta donde llegan inclusive los barcos trasatlánticos de la línea Booth. El comercio con la región del Río Negro es muy escaso debido a la poca explotación y baja calidad del caucho. Qué suerte para el etnógrafo, porque, adonde llegan las rudas bandas de los recolectores de caucho, no queda ya lugar para los indios libres.

4. O sea, los que conservan su cultura. (N. del T.)

VIAJE EN BARCO POR EL RÍO NEGRO HASTA TRINDADE

RESUMEN: Mi criado Otto Schmidt. Los pasajeros. La vida en el barco. Estudios lin- güísticos con los indios baré y baníwa. El bajo Río Negro. Moura. Los" antropófagos" yauapery. Barcellos. Comunicación entre el Río Negro y el Yapurá. Santa Izabel. Nue- vos pasajeros. El primer rápido, Tapurú-cuára. La cordillera de Curicuriary. Trinda- de. Alfred Stockman. Despedida del barco. Salid·a de los batelóes 1 . Los indios uanána. Los indios makú. Un lenguaje horrible. La fiesta de la Santísima Trinidad.

La salida del vapor que debía llevarme por el Río Negro, con la creciente de esa época, hasta Trindade, más abajo de los grandes rápidos, estaba prevista para el 27 de junio. De un día para otro, haciendo honor a la paciencia brasileña en el sentido exacto de la palabra, se aplazÓ el viaje por motivo de la fiesta de San Pedro y San Pablo, el29 de junio, fecha en la cual también reinaba, en honor de un héroe de la revolución, Floriano Peixoto, un gran alboroto en M<máos. Por fin, el 30 de junio, el viaje comenzó en serio. El pequeño barco izó la bandera de salida. Supuestamente de- bíamos zarpar a las cinco de la tarde, pero lo hicimos entre las cuatro y las cinco de la mañana siguiente. El entonces gobernador del Estado del Amazonas, el excelentísimo señor Sil- verio Nery, quien se decía descendiente de los aborígenes del país, me proveyó de las mejores recomendaciones para todas las autoridades de la región del Río Negro. En Manáos había completado mi equipo y había contratado como criado a un joven brasileño, hijo de alemanes, de nombre Otto Schmidt, de Victoria, en Espirito Santo, quien durante todo el viaje fue mi servicial y fiel compañero. Así se habían cumplido ya todos los requisitos. Nuestro antiguo barco «Solimóes», construido en el Estado de Delaware en 1882, pertenecía a la importante empresa Araújo Rozas, en Manáos, que tenía prácticamente dominado el comercio en la región del Río Negro. Iba sobrecarga- do, lo cual lo hacía hundir demasiado en el agua y despertar cierta desconfianza entre los pasajeros que conformábamos un grupo heterogéneo de brasileños y ve- nezolanos, españoles y portugueses, un corso y un siriolibanés, comerciantes de la parte alta del río que venían de pasar un par de semanas en Manáos por mo- tivos de negocios y, de paso, para respirar un poco de aire "metropolitano". Lle- vaban consigo gran cantidad de mercancías como pago para los trabajadores de la próxima cosecha de caucho. Un personaje muy interesante era don André Le- vel, descendiente de una antigua familia española de Venezuela, ex gobernador del territorio venezolano de Río Negro y, lógicamente, general, como tantos otros.

de Río Negro y, lógicamente, general, como tantos otros. l. En portugués en el original, barcaza,

l. En portugués en el original, barcaza, lanchón. (N. del T.)

Los

preparativos

del

viaje

Mi

criado

Otto Schmidt

Pasajeros

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Theodor Kocll-Grünberg

Conocía este río y el Orinoco mejor que nadie: había llevado una vida agi- tada y llena cte aventuras que le encantaba contar con maravillosos ademanes. Era un hombre maduro muy agradable, de ánimo juvenil, el tipo clásico del hidalgo español. Los indios baré del alto Río Negro lo llamaban «kamahaí mináre» (El amo del veneno), o sea, «el gran chamán», debido a su energía de hierro y a la gran influencia que ejercía sobre ellos.

LA vida La cubierta superior del barco, que sirve a la vez de camarote principal, tiene

en el barco

techo, pero está abierta a los lados y también hace las veces de sala-comedor, cuarto de fumar y dormitorio. Por las noches se cuelgan allí las hamacas, una al lado de otra, ya que no resulta muy agradable dormir en los sofocantes camarotes. Estos están reservados para algunas mujeres y niños, y para el equipaje de mano de los pasajeros.

. Gracias a Dios hay pocos mosquitos en el Río Negro, y cuando alguna vez lo sorprende a uno la lluvia es fácil acostumbrarse: se cubre uno con la manta abrigada y sigue durmiendo a pesar de la borrasca y la tempestad. Mientras que en Manáos estábamos a mediados de la estación seca, curiosamente, a sólo un día de viaje, nos encontramos con un clima totalmente distinto, con fuertes aguaceros por la noche, y a veces de día, que se convertían en violentas tempestades tropi- cales que nadie de nuestra apacible Europa podría imaginar: presentan up espec- táculo aterrador y a la vez grandioso. Los densos muros de. vegetación ribereña se iluminan en forma intermitente, en la oscuridad de la noche, con los fulguran- tes relámpagos. El retumbar de los truenos hace estremecer el barco y encuentra eco en la profundidad de la selva. Al mismo tiempo se desata la tempestad y cae la lluvia, que realmente no debería llamarse así, según nuestro modesto concepto, sino que el cielo sencillamente se viene abajo. Las comidas del barco eran aceptables; sin embargo, después de sólo tres días, el menú quedó reducido a carne seca y pescado ahumado, pirarucú (Sudis gigas Cuv. ), preparados en diversas formas: Las ollas de carne de Manáos habían pasado al olvido. · También el puente de popa, es decir el entrepuente debajo de nosotros, tenía un gran movimiento. Por todas partes había gente tendida en hamacas que se entrecruzaban sobre el equipaje o sobre el piso, en coexistencia pacífica con la res que estaba destinada al aprovisionamiento de carne. Entre estas personas había media docena de indios baré y baníwa del alto Río Negro, todos ellos criados de los· pasajeros de cubierta. Con ellos practiqué diariamente estudios lingüísticos hasta el mutuo cansancio, para el asombro de la mayor parte de los pasajeros que prefería los juegos de azar. El Bajo El viaje por el bajo Río Negro ofrece una gran variedad de paisajes por los

numerosos caseríos, compuestos en parte por casitas de colores claros habitadas por los pocos blancos, y en parte por las chozas de paja de la población indígena, más o menos civilizada, que predomina a tod6lo largo del río. Con frecuencia nos deteníamos calmadamente .en algún pequeño lugar, por espacio de horas, pa- ra aprovisionarnos de leña para la caldera de vapor. Pintorescos grupos de pal- meras interrumpen a ratos la hermosa vegetación selvática de las orillas; elevados barrancos de piedra arenosa, rojiza, se intercalan con extensas llanuras inundadas por las crecientes. La orilla norte, sobre todo, tiene poca elevación y, por lo tanto,

Río Negro

Dos ai'ios entre los indios

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queda expuesta a las inundaciones; debido a esto, la mayor,parte de los caseríos están sobre la orilla sur, que es más alta. El oscuro caudal se extiende casi sin corriente como un gigantesco lago. Un sinnúmero de islas oculta la orilla op1,1esta. La fauna es muy escasa; cuan- do la caza se aleja de las márgenes del río y los peces se pierden en las inunda- ciones de la selva, los habitantes quedan expuestos con frecuencia a graves problemas de alimentación. En las pri:rp.eras horas del 3 de julio atracamos en Moura, la segunda pobla- ción más importante después de Manáos. Entre dos luces pudimo~ distinguir al- gunas filas de casas y chozas. Este es un lugar clave. Al frente desemboca el brazo occidental del misterioso Río Yauapery, santuario de los «Indios Bravos», de los

"antropófagos", de los muy temidos yauapery, como generalmente los llaman en Los caníbales

el Río Negro, o uámiri, como supuestamente se autodenominan, o también kris

Moura

, chaná, como los bautizó Barboza Rodrigues, el primero en entrar en forma pací- fica a establecer contacto con este grupo. Estos indios, sobre los que no se sabe casi nada, pertenecen al grupo de los caribe y, supuestamente, han llegado hasta atemorizar a Manáos. Según nos contó Don André, quien había tenido un encuen- tro con estos salvajes, en el año de 1875 atacaron sorpresivamente, en doce canoas, la población de Moura, obligando a sus habitantes a refugiarse en una isla del río donde los mantuvieron sitiados por varios días, disparándoles flechas que los re- fugiados contestaban con disparos de Winchester hasta que, finalmente, un va- liente habitante de Moura fue en busca de unos soldados de Manáos que obligaron a los indios a regresar a su territorio en la selva. Un poco más arriba de Moura pasamos por el delta del Río Branco, el tri- butario más grande por la margen izquierda del Río Negro, cuya parte alta corre

a través de las regiones auríferas que los ingleses han estado disputando recien- temente al Brasil. Las aguas claras del Río Branco contrastan nítidamente con la corriente oscura del Río Negro y se dice que corren paralelamente a ésta por más de 100 kilómetros, sin mezclarse. El 4 de julio nos encontrábamos a pocas horas de Barcellos, capital del Río Negro medio. Ya en 1756, cuando Manáos era todavía un poblado indígena sin importancia, Barcellos, el antiguo poblado indígena de Mariuá, era la capital de toda la capitanía del Río Negro .y tenía varios miles de habitantes. Ahora cuenta apenas con unos cientos y sus casas semiderruidas le dan un aspecto abandonado

y monótono. Sus habitantes son pálidos, demacrados y están agotados por la fie-

bre. Ningún funcionario oficial de Manáos quiere permanecer allí. También noso- tros rendimos nuestro tributo al abandonar en ese lugar a un iridio baré que falleció en el entrepuente durante el viaje. Dos de sus compañeros lo condujeron envuelto en la hamaca a su última morada, mientras que los demás los seguían en fila india. Tres veces hizo sonar el barco su silbato sin. que ninguno de los deudos regresara; por último, el capitán ordenó que unos marineros salieran a buscarlos. Los encontraron ebrios en el cementerio, ¡tanto habían bebido por la resurrección del muerto!

Barcellos está situada al comienzo de una inmensa cuenca cuya mayor an- chura oscila entre cinco y seis leguas, aproximadamente 35.000 metros. Aquí el Río Negro es mucho más ancho que el Amazonas, sobre el mismo grado de Ion-

Yauaperf

Barcellos

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Theodor Koch-Grünberg

Comunicación del Río Negro con el Yapurá

gitud. Hay unas pocas islas diseminadas por el río. Empinados acantilados de granito se levantan sobre la orilla sur. Frente a la población de Sao Joaquim, una de las más vistosas y limpias de la margen del Río Negro, desemboca el tributario Padauirí, que con su caudal de aguas blancas es el más importante de toda la cuenca por su extraordinaria rique- za de caucho natural; sin embargo, esta región e§ considerada también como la más malsana por sus fiebres letales que matan anualmente un gran número de caucheros, en su mayoría indios. El Yurubaxy, afluente de la margen derecha del Río Negro, frente a cuya desembocadura pasamos el 6 de julio, es de especial interés, debido a que, desde su nacimiento, un camino corto y muy frecuentado lleva a un afluente o laguna con el nombre de Marahy, según otros Marahá del Yapurá, que ya De la Conda- mine mencionaba en sus crónicas. Contaba, inclusive, que al subir la creciente las dos cuencas se comunicaban en este lugar 2 . Otros afluentes meridionales del Río Negro se comunican también así con afluentes del Yapurá, como ocurre con el Marié, que desemboca más arriba y está separado del Macuerú sólo por un sen- dero corto. Por las cabeceras del Yurubaxy y el Marié deambulan numerosos ma- kú, representantes de una tribu nómada de la selva. Mantienen encarnizadas desavenencias con una de las tribus del lado del Yapurá,. los llamados guariba o

de las tribus del lado del Yapurá,. los llamados guariba o Foto 3. Santa Izabcl inundada.

Foto 3. Santa Izabcl inundada.

2. M. De la Condamine, Relation ahrn,ée d'un voyage fait dans l'lntérirur dl' l'Anu;riqur máidionalc•,

París, 1745, pág. 127. [K.]

Dos años entre los indios

51

sobre los cuales oí más en el h i s -

sobre los cuales oí más

en el

his-

torias terribles. El 6 de

a Santa Izabel 3), la localidad más de vista comercial. Santa Izabel

3), la localidad más de vista comercial. Santa Izabel está formada por unas pocas casas de

está formada por unas pocas casas de ondulada y por

genas dispersas y semiescondidas en la selva, sobre la orilla sur y en una isla casi totalmente desprovista de árboles. Atravesamos la fuerte corriente

que delata la de la cachoeira 3 (rápido) y nos detuvimos frente a la

posesión del

de la localidad. En el puerto, a esbeltas piraguas, se veían

gr¡mcles y pesadas embarcaciones de carga que lleg«:m a tener hasta de 15.000 kilos y sirven para transportar la mercancía por los tan temidos rá1Plclos del alto Río Sanfa Izabel tiene un tráfico muy pesado durante la mayor que es la estación final de los vapores,. que sólo pueden hasta pie de las grandes cachoeiras, con un nivel de agua muy alto. Un barco de río, movido por rueda, de la compañía Araújo Rozas & Cía., de y vapor inglés de hélice, de una línea del Amazonas, traen mercancías una vez al mes para los com~rdantesdel alto Río Negro. Dicha mercancía se en las bodegas o se translada directamente a los bateloes que allí esperan.

Con excepción de unos pocos blancos, todos en Santa Izabel son de aspecto indígena y de un tipo CtJriosamente feo. La lingoa geral 4 (lengua \ artificial creado por los misioneros con base en el antiguo se ha ido exten- diendo con el correr del por una gran zona de la cuenca amazónica y ya, a partir de este sirve de imprescindible medio de comunicación. A la ma- ñana siguiente continuamos el viaje; los bateloes se hicieron cargo de de la mercancía. Unos se ataron a un lado del barco y otros iban remolcados, movién- dose bruscamente hacia uno y otro lado con cada movimiento del timón. Estos botes iban tripulados únicamente por indios de la tribu Baníwa del afluente derecho del alto Río Negro. Varios pasajeros nuevos abordaron el barco, entre ellos Salvador Garrido de Sao Felippe, dueño de uno de los bateloes, con quien luego sostuve una cordial

amistad; y Ricardo

Vicente Cluny, superintendente 5 de Sao Gabriel, capital del

alto Río Negro, para quien yo llevaba recomendaciones oficiales. Una feliz coin- cidencia. Apenas pasamos la población se escuchó ya el bramido del rá- pido llamaao Tapurú-cuára (hueco de oruga), en lingoa geral, lo cual me dio una idea vaga de lo que nos esperaba río arriba. El vapor que llevábamos no era su- ficiente para vencer el rápido. Aunque íbamos con toda la fuerza, el barco se de- tenía temporalmente. A la derecha de éste surgieron gigantescas rocas de entre las espumosas aguas y estuvimos a punto de chocar contra ellas. Cundió la alar- ma, en especial en los botes remolcados que se mecían con furia de un lado a otro por el violento A pesar de todos los esfuerzos, permanecimos dos horas y

chozas indí-

hombre grueso y afable y el más acaudalado

bateloes,

indí- hombre grueso y afable y el más acaudalado bateloes, VJl.HuLu¡, Santa /zabel Nuevos pasajeros El

VJl.HuLu¡,

grueso y afable y el más acaudalado bateloes, VJl.HuLu¡, Santa /zabel Nuevos pasajeros El primer rápido,

Santa

/zabel

Nuevos

pasajeros

El primer

rápido,

Tapurú-

cuára

3.

En portugués en el original, rápido, catarata. (N. del T.)

4.

general. (N. del T.)

5.

más o menos a nuestro jefe de distrito o uH::n::L.tu. [K.]

52

Theodor Koch-Grünberg

Estudio.~

lingüísticos con los indios · baníwa y baré

Las montañas

de Curicuriary

Trindade

media sin movernos de allí. Se terminó el combustible y nuestra vieja embarcación retrocedió. Se·reabasteció el vapor y, por fin, después de otro intento/ logramos superar el punto muerto y pasamos lentamente por delante de la peligrosa roca hacia aguas más tranquilas. Más arriba de Tapurú-cuára, el río se hace mucho . más angosto, con una fuerte corriente permanente que se rompe contra las salien- tes rocas de la margen derecha, formando numerosos remolinos (rebojos). Había.,. mos entrado en la región montañosa. Al mediodía divisamos por el occidente, sobre la orilla derecha, unos montes coniformes, toda una cordillera, la Serra de Jacarní. Pasarnos por el caserío de Boa Vista. Una hermosa casa de apariencia civilizada, algunas casitas y chozas más mo- destas, a la sombra de esbeltas palmeras y altos y frondosos árboles, sobre la orilla rocosa ligeramente empinada, justificaban el nombre. De cara a la rn<?ntaña, atra- carnos al atardecer en la copa de un árbol que había sido alcanzada por la~inun­ dación y permanecimos allí una noche. Disponíamos solamente de un práctico que prestaba servicio continuo durante doce horas y el viaje por los estrechos canales entre las rocas, estrecho de agua muy bajo, era peligroso. Proseguía sin interrupción mis estudios lingüísticos con los indios que iban a bor9,o. El idioma de los banív1a del I<;ána me pareció muy diferente del de sus homónimos del Guainía, la región venezolana del alto Río Negro, y de los baré del Casiquiare, la bifurcación entre el Orinoco y el Río Negro. Sin embargo, las tres lenguas confor- man un solo grupo, el Aruak. Conocí, por mis compañeros de viaje, detalles in- teresantes sobre los grupos indígenas independientes del Uaupés, que ellos conocían en parte por experiencia propia. Según todas las referencias esa región parecía ser un Eldorado etnológico que valía la pena investigar a fondo. Durante los días siguientes pasarnos varios rápidos más pequeños como el Ma<;arabí-Ca- choeira, pleno de rocas, en nuestro camino hacia las montañas de Curicuriary que se alzan sobre la margen derecha, cerca de la desembocadura del afluente del mismo nombre, con su macizo majestuoso que llega hasta los mil metros de altura y con sus rocosas cimas rojizas que descienden en bruscas pendientes y ofrecen un panorama espléndido. De estas montañas se cuentan historias fantásticas, se- gún las cuales, sobre la cima del monte más alto se extiende un gran lago en el cual hay un barco pétreo desde tiempos remotos; se dice también ,que, en otro lugar, hay una alta puerta de piedra y tras ella rocas en forma de los más diversos animales. Todo esto es mentira y exageración de los indios. «Ganas de contar fá- bulas», tendencia generalizada en este mundo tropical. Según se dice, hace unos años hubo unos leves temblores y parte de la montaña se derrumbó. En los bosques cercanos a la Serra vagan numerosos rnakú, de quienes se afirma que viven aún en la edad de piedra. De vez en cuando se acercan a las orillas· del Río Negro para cambiar su botín de caza por baratijas europeas. Un poco más arriba de la desembocadura del Curicw;iary se encuentra la población de Trindade, nuestro destino provisional, a donde llegamos el 10 de julio. Era propiedad del portugués José Antonio dos Reís, conocido por todo el Río Negro como «Salabardot». El poblado se compone de una media docena de casas pequeñas y chozas indígenas y una capilla próxima a derrumbarse por la acción demoledora de las hormigas que la han ido socavando.

Dos años entre los indios

53

que la han ido socavando. Dos años entre los indios 53 Foto 4. Bateloes venezolanos en

Foto 4. Bateloes venezolanos en Trindade.

Detrás de la población se extiende un ancho campo artificial, donde pasta una gran manada de reses, hasta el borde de la selva. Allí la vegetación se asemeja mucho a la europea, hay ·malvas rojas y florecitas azules parecidas a nuestro cardo corredor; no obstante~ hay algo distinto: el aire y la iluminación no concuerdan y faltan los verdes pastizales de nuestras campiñas. Existe un fenómeno notable, que se presenta también en Europa, y es el de que en los lugares donde se tala el bosque aparece de inmediato una vegetación distinta y siempre invariable, cuyos gérmenes dormían hasta ese momento en el suelo. Los ácaros rojos son también característicos de estos campos abiertos, aun- que mucho menos agradables, y sus picaduras causan pústulas sumamente mo- lestas e irritantes. Un desembarcadero en form;:~ de puente llevaba hasta el río. Al lado había una bodega algo primitiva. La orilla rebosaba de indios y el puerto estaba lleno de batel6es y canoas en espera de sus dueños y de las mercancías que llegaban en el barco. Encontré aquí, para mi satisfacción a un casi coterráneo, un angloger- mano llamado Alfred Stockman, quien venía comisionado por la Pará Rubber Plantation Company de Nueva York para recorrer el Casiquiare y el Orinoco e ins- peccionar sus selvas en busca de caucho. Durante las cuatro semanas siguientes com- partimos como buenos amigos los placeres y las vicisitudes del viaje. · En medio de una febril actividad, la mercancía se transladó del vapor a los botes. Corría a rodos la cacha¡;a, cómplice inmejorabl~ de la llamada civilización. Causaba asombro ver las pesadas cargas que estos indios, fornidos y musculosos, aunque en promedio de baja estatura, se echaban a la espalda desnuda. Deposi- tamos nuestro equipaje, al igual que los demás, en una de las casas, en espera del bote que nos había prometido el superintendente de Sao Gabriel. Mientras aguar- dábamos hice algunos experimentos lingüísticos con unos indios que holgazanea-

A(fred

Stockman

Adiós al barco vapor

54

Theodor

5 4 Theodor Partida de los bate loes Foto 5. Partida de los bateloes de Trindade.
5 4 Theodor Partida de los bate loes Foto 5. Partida de los bateloes de Trindade.

Partida de los

bateloes

Foto 5. Partida de los bateloes de Trindade.

ban por ahí y se arrimaban a mendigar cachac:;a y cigarrillos. Hacían de su talento artístico dibujando figuras humanas y animales en mi álbum de bocetos con un lápiz, o sobre las tapas de cartón de los empaques que estaban por el suelo, utilizando un pedazo de carbón, cuando no en las paredes das de la casa. Eran dibujos muy bien logrados, sobre todo los de carbón, ya que estaban más acostumbr~dos a este material para ejecutar sus obras de arte. El barco regresó a Manáos el12 de julio y, en cierto modo, nos de:spE~dlffiC)S del mundo civilizado por un largo tiempo. Los torpes bat~loes se en marcha aguas pasado el mediodía, al rítmico impulso del remar de los indios; mis amigos me reiteraron las invitaciones para visitar sus propiedades y me ofrecieron su ayuda incondicional (Foto 4). su tamaño, los bateloes tienen de 10 a 16 remeros que, desde un puen-

te elevado en la proa, impulsan la embarcación con largas varas a manera de re-

mos, cuando navegan por aguas tranquilas. La popa está cubierta: por una tolda de varios metros de longitud, hecha con listones y varias capas de hojas de mera. En el otro extremo del bote, el piloto, con el timón firmemente sostenido en la mano, cumple su función que conlleva una gran responsabilidad; él es la persona más capacitada de toda la tripulación y debe conocer cada una de las rocas de los cariales de las cachoeiras, con frecuencia tan estrechos, puesto que de su habilidad y serenidad depende muchas veces la vida de los pasajeros (Foto 5).

Cuando la corriente es demasiado fuerte, el bote es tirado con ganchos por entre la de la orilla e impulsado por varas terminadas en horquillas. En los se emplea más que todo la «espía», una soga del grosor de un brazo

de 50 metros de largo, que se conoce también como «cabo de piassába» debido a que está tejida con las fuertes fibras de la palma piassába talea funifera Mart.). La fabricación de estas sogas, muy adecuadas para esta O>rt-""'ru "''rl

para esta O>rt-""'ru "''rl y Dos aflos entre los indios 55 Foto 6. Uanána del

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Dos aflos entre los indios

55

"''rl y Dos aflos entre los indios 55 Foto 6. Uanána del Caiary-Uaupés con adornos de

Foto 6. Uanána del Caiary-Uaupés con adornos de fiesta.

porque flotan y no se pudren con el agua, representa una lucrativa indus- tria para los pacíficos indios del alto Río Negro. Esta fibra sirve también pa- ra fabricar escobas. En los rápidos, los dos operarios de la espía, o sea los dos espieiros, van adelante en una canoa liviana y pasan la soga alrededor de un árbol de la orilla, regresando con la otra punta al batelao. Los remeros del batelao tiran de la espía y llevan así la embarcación río arriba, mien- tras al lado de éste, en la canoa, se va recogiendo la soga cuidadosamente, envolviéndola para que no se enrede~ Al llegar arriba se repite la opera- ción. A veces se utilizan cuatro o cin- co espías en forma simultánea. En las cachoeiras más grandes, especialmente en las caídas, el bate- lao debe remolcarse descargado, con gran esfuerzo y pérdida de tiempo, para poderlo pasar de un remanso a otro 6 por sobre las rocas y se corre con suerte si la fuerte corriente no es- trella el bote contra los escollos; es por esto que el viaje resulta tan de- morado. Para pasar las cachoeiras del Río Negro aguas arriba se tarda toda una semana, mientras que el mismo recorrido río abajo requiere solamente un día. Aproveché el tiempo que tardó nuestro bote en llegar para realizar estudios útiles con los indios.

El yerno de «Salabardot», un jo- ven y alegre portugués, había traído de un viaje al alto Caiary, como llaman aquí al Uaupés, a unos indios uanána, hijos auténticos de la con sus ca.ras francas y amables que miraban todavía algo. asombrados el para ellos desc~noc1do mundo. Torné una foto a un hermoso joven en atuendo de danza. LuCia en la cabeza una banda de pequeñas plumas rojas y amarillas de tucán y por detrás una peineta larga y fina cuyas puntas de varillas largas estaban adornadas con

Indios

uanána

6. 'Remanso' son aguas tranquilas en la corriente debajo de una roca, una isla o un saliente de

la orilla, donde el agua fluye frecuentemente con fuerza río arriba. [K]

56

Theodor Koch-Grünberg

Un idioma

terrible

Los grupos

makú

Theodor Koch-Grünberg Un idioma terrible Los grupos makú infinidad de peque- üas plumas multi- colores: Desde

infinidad de peque- üas plumas multi- colores: Desde el centro de la peineta caía una larga cola de plumas blancas de garza, casi hasta los talones (Foto 6). En Yucaby, un caserío cercano a la desembocadura del Curicuriary, a don- de hice una breve expedición en ca- noa el 14 de julio, conocí también la lengua de los makú. El dueño del lugar mantenía buenas re- laciones c<¡:m estos nómadas selváticos a los que empleaba

con frecuencia co- mo obreros en sus plantaciones de caucho para la recolección de la fibra de la pi~ssába, muy abun- dante en el Curicuriary, o como cazadores y pescadores. Me presentaron a un hombre viejo, de baja estatura, pobre representante del sexo masculino, con el rostro amargado, las prominencias de la frente notablemente gruesas, ojos bizcos

Foto 7. Makú del Curicuriary.

y cabellos desgreñados (Foto 7). Medía únicamente 1,52 m y tenía la piel oscura.

Al dirigirme a él y escuchar sus primeros vocablos, reconocí para satisfacción mí_a

que se trataba de un lenguaje completamente nuevo y no de algún dialecto des- conocido perteneciente a uno de los principales grupos lingüísticos, sino de una lengua que no tiene símil en ninguna otra región de América del Sur. La lengua abunda en una serie de sonidos nasales y guturales y es muy poco clara, espe- cialmente en las terminaciones de las palabras. Tal vez debido a las muchas ter- minaciones en consonantes, las palabras tan pronto se impelen con timidez como se retienen con vacilación, animalmente, reflejando el modo de ser de estos atra- sados habitantes selváticos. Sólo pude anotar los extraños sonidos después de es- cucharl~s repetidas veces. Obtuve muchos detalles interesantes sobre las condiciones de vida de los makú a través de este indio, que hablaba también lin- goa geral, y de los colonos. El término makú abarca muchas tribus que tienen di-

ferentes lenguas y dialectos. Habitan la margen derecha del Río Negro y me enteré que también habitan en los afluentes Juruba~y,Marié, Curicuriacy, Caiary-Uaupés

y sus tributarios derecho.s Tiquié y Papury, en una región que abarca cinco grados

de longitud. Los makú vagan errantes y fugitivos por los bosques, sin vivienda fija, despreciados y perseguidos por sus vecinos más desarrollados, para quienes

Dos años entre los indios

57

deben trabajar como esclavos en el hogar y en los sembrados y quienes incluso los canjean a los blancos por mercancía europea. Un joven makú equivale a un fusil de repetición o menos. Por esto es frecuente encontrar esclavos makú en to- dos los caseríos del Río Negro, muy codiciados por su inteligencia innata y su aptitud para la caza. Por otra parte, tienen también grandes desventajas, como su carácter mentiroso, su tendencia al robo y su inclinación al alcoholismo. Los makú salvajes van armados de arcos y distintos tipos de flechas, algunas de ellas envenenadas, con puntas duras de madera de palma, además del mazo

y la bodoquera con pequeñas flechas envenenadas; de los grupos del interior se

dice que utilizan todavía el hacha de piedra, desconocen la canoa y cruzan los

ríos a nado o vadeando en lugares de poca profundidad.

Al fin, el19 de julio llegó el pequeño batelao que me enviaba el superintendente de Sao Gabriel; sin embargo, por la noche, se desamarró en forma misteriosa y la corriente lo arrastró a gran distancia río abajo. Sólo fue posible recuperarlo a los tres días; por lo tanto, tuve que soportar aún la «Festa da Trindade», la fiesta de la San- tísima Trinidad, que reunió gran cantidad de caboclos de todas partes en este caserío.

A pesar de las apariencias cristianas, de las imágenes de santos y de las aleluyas

entonadas en falsete, la fiesta tenía un auténtico sabor pagano. En el Río Negro hay muchas capillas, pero no hay sacerdotes, de manera que el pueblo "cristiano" celebra las fiestas al estilo pagano, es decir, con derroche espectacular y torrentes de cacha<;a.

«Festa da Trindade »

«Salabardot», el anfitrión o imperador da festa, se encontraba en Portugal duran-

te nuestra estancia, pero su esposa Donna Antonia, una mestiza, hizo los honores en

forma excelente, impartiendo órdenes a la gente como un suboficial prusiano, así que

el juiz do mastro, el verdadero organizador y maestro de ceremonias, un indio ino-

fensivo y harapiento, tuvo que conformarse con U!l papel secl.mdario. El juiz do mastro se encarga de los preparativos de la fiesta y debe colocar las varas en cuyas

puntas se cuelgan bananos y naranjas como obsequio, de ahí su nombre. Toda la representación dura ocho días y le cuesta al anfitrión unos cuantos miles de mar-

cos. Todos los días se llevaban a cabo procesiones con banderas ondeando al vien-

to con sus ingenuas imágenes de santos estampadas con colores de mal gusto, al

compás de los tambores y las flautas y otros instrumentos de percusión. Luciendo sus vestidos de fiesta, las lindas morenas portaban las pequeñas imágenes de los santos, mientras se oían gritos de alborozo y los cohetes estallaban por doquier. En la noche del 22 de julio, toda Trindade brillaba con una iluminación mágica. Los caminos estaban llenos de luces. Como los faroles no alcanzaron, se utilizaron cáscaras de naranja llenas de petróleo hasta la mitad, que prestaron un buen ser- vicio. Donna Antonia nos invitó a pasar a la mesa. Una vez que los invitados terminaron de cenar, se atendió a la servidumbre y a los remeros de los botes que se encontraban en el puerto con abundante té, café, doce (mermelada), pasteles dulces y delgados beijús 7 (tortilla de yuca). A continuación, en un gran salón cu- bierto, junto a la casa, se dio comienzo a un baile para la Hautevolée (compuesta en su mayoría por indios de pura raza). Los valses alternaban con las polkas y las contradanzas al son de un acordeón. La gente parecía divertirse, pero los bai- larines no conversaban entre sí. Seguramente no habían perdido su timidez y se

7. Se dejó la expresión en lingoa geral del original. (N. del T.)

58

Theodor Koch-Grünberg

sentían cohibidos por la presencia de lo's forasteros. Se ofrecían de vez en cuando cigarrillos y yn excelente vino de Oporto, regalo del yerno, muy superior a cual- quier otro que hubiera tomado hasta entonces por un precio bastante alto. Sólo c~ando sonaron los aires autóctonos comenzó la alegría entre la gente morena. Ba1laron una ronda muy original: primero, dos bailarines tocando tam- bores dieron una vuelta mientras cantaban un son monótono; a ellos se iban uniendo cada vez más participantes, hombres y mujeres, formando fila india; los primeros palmoteaban rítmicamente como acompañamiento, y al final todos los bailarines formaron un gran círculo. Ocasionalmente los tamborileros hacían un movimiento de la izquierda hacia el centro mientras marchaban avanzando con rapidez y todos los imitaban. A una señal de los tamborileros, todos los bailarines se colocaron de cara al centro y comenzaron los bailes individuales. Dos bailarines salieron a bailar por algún tiempo en medio del círculo al son de las palmas, los

tambores y los cantos de los demás. Después se agarraron uno al otro, frente a frente y con el pie derecho levantado hacia atrás trataban de dar vueltas sobre el izquierdo. Muchos lo hicieron bastante mal, quedando en ridículo. Las mujeres bailaron poco y sólo en parejas, brincando y girando en .el centro del círculo. Afue- ra, mientras tanto, disparaban sin cesar un pequeño cañón de latón y las escope- tas, que se cargaban casi hasta la boca, Todos estos bailes tienen muy pocos elementos indígenas; es probable que sean originarios del África, al igual que al- gunos de los instrumentos, como los tambores, las varas de madera forradas en piel de serpiente y un pedazo de bambú con múltiples muescas, por sobre el cual un músico pasa una vara de madera provocando un ruido raspante que, en mi

concepto, sólo puede

~es~ués.fuimos donde la gente que bailaba en una choza de paja, un espacio pequeno ll~mmado por unas pocas lámparas de aceite; Un gran número de per- s~nas embnagadas daban gritos y ejecutaban los saltos más atrevidos, compor- tandose como verdaderos demonios. A todo el rededor, recostadas contra las paredes, las mujeres morenas, semidesnudas, sostenían en sus brazos niños des- nudos; algunas daban el pecho a sus hijos y así éstos recibían aguardiente al tiem- po con la leche materna. Todo esto al ritmo de los tambores y en medio del polvo que levantaban los bailarines, junto con el humo de los inevitables cigarrillos y el fuerte olor a sudor, todo impregnado del aroma de la cacha<;a. Un espectáculo horroroso, colmado de oscuro romanticismo, digno de un grabado de Hogarth. Fue un alivio salir de allí y respirar el aire fresco de la noche. Por mucho rato, la a~garabía general nos impidió conciliar el sueño. ¡Aquelarre por doquier! ¡Bendi- cwnes de la civilización!

agradar a oídos muy incivilizados 8 .

. Pu~e.(~bservar este mismo instrumento primitivo durante el baile cururú de los negros e md1os CJVJhzados del Matto Crosso, en el aí'io de 1899. [K.]

EN BOTES DE REMOS POR LOS HASTA SÁO FELIPPE

1899. [K.] EN BOTES DE REMOS POR LOS HASTA SÁO FELIPPE DEL RESUMEN: Demora involuntaria cerca

DEL

[K.] EN BOTES DE REMOS POR LOS HASTA SÁO FELIPPE DEL RESUMEN: Demora involuntaria cerca de

RESUMEN: Demora involuntaria cerca de Camanáos. Cachoeira. das Fumas. Sao Ga- briel, "capital" de la región del alto Río Negro. Alrededores fascinantes. Fortaleza. Desembocadura del Caiary-Uaupés. Sao Felippe. Don Germano. Comercio de cau- cho. Esclavitud de deudores. Un comandante contrabandista de la frontera. Estudios valiosos para la continuación del viaje. Hormigas viajeras.

valiosos para la continuación del viaje. Hormigas viajeras. A la mañana siguiente partimos. Nos resultó difícil

A la mañana siguiente partimos. Nos resultó difícil cruzar los pri- meros rápidos. El25 de julio, más allá de Camanáos, una pequeña localidad sobre la orilla izquierda, nos vimos obligados a abando- nar el bateHio con todo el equipaje, debido a que hacía mucha agua,

y yo no quería arriesgar la expedición en el viaje por las peligrosas cachoeiras que

nos aguardaban aguas arriba. Por lo tanto, tuvimos que detenernos durante 15 largos días en un cobertizo indígena sin paredes, que ofrecía una precaria protec- ción contra los vientos y tormentas que tuvimos que soportar casi constantemente día y noche. El timonel del batelao averiado, encargado de regresar a Sao Gabriel

y volver a buscarnos en unos cuantos días en una embarcación mejor, nunca vol- vió. Nos vimos forzados a presentarnos al Subprefeito (comandante de policía) con mis recomendaciones oficiales. Bajamos un trecho por el río desde Camanáos y le pedimos un bote nuevo con la tripulación necesaria. Después ,de algunos rodeos, accedio a nuestra peticiÓJ!. Por fin, el 8 de agosto reanudamos el viaje. Teníamos que pasar por un sin- número de terribles rápidos, que según el nivel del agua pueden' ser muy peli- grosos o totalmente inofensivos, entre ellos la Cachoeira das Furnas con su pintoresco laberinto de rocas y peñascos. Las rocas amontonadas de su escarpada orilla forman la gruta profunda ifurna) que ha dado el nombre a este lugar. A poca distancia de allí, una gigantesca roca en forma de hongo se apoya sobre otra por su parte delgada en un reto a lo posible. Sólo mirarla produce pánico. 10 de agosto llegamos a Sao Gabriel con tres semanas de retraso. Sao Gabriel, "capital" del alto Río Negro,.es un caserío infeliz, casi deshabi- tado. La mayoría de sus casas están vacías y en ruinas. Su única calle está cubierta de hierba y malezas regadas de excrementos. ¡Un «parque de diversión» para ga- nado! El suelo rocoso y árido tiene apenas una ligera capa de humus y sirve cuan- do más para pastoreo. Se ven unas cuantas reses y unos cerdos famélicos que encuentran refugio en las ruinas. Tampoco los escasos habitantes encuentran ali- mentos. La situación que impera en este pueblo contradice la de cualquier otro Aquí no se ofrecen alimentos a los que llegan, sino que se espera que ellos los traigan. A pesar de todo, Sao Gabriel es la sede del gobierno, repre- sentado por un superintendente con una escolta de cinco soldados o policías

Demora

involuntaria

Cachoeira

das Fumas

Séio Gabrú

"capital"

del alto

Río Negro

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Theodor Koch-Grünberg

Alrededores

fascinantes

Fortaleza

6 0 Theodor Koch-Grünberg Alrededores fascinantes Fortaleza Foto 8. Alrededores de Siio Gabriel, Río Negro. Vista

Foto 8. Alrededores de Siio Gabriel, Río Negro. Vista de la fortaleza y las montañas

Cabaryí.

que pasan el tiempo sin ha- cer nada en una casa semiderrui- da con el osten- toso nombre de «Cuartel». Los alre- dedores del ca- serío son precio- sos: muy cerca hay una colina que es en reali- dad una sola roca de propor- ciones enormes, coronada por las ruinas de una

testi-
testi-

go de una

exuberante por sus dos caras, están construidos en forma de pentágono y 'se encuentran en buen estado hasta la altura de las aspilleras. En el interior de la casi totalmente ocultos por la hay unos viejos ca- ñones de hierro corroídos y rotos por el óxido, de fines del siglo XVII o de comienzos del XVIII, cuando .a una más eficaz protección de la frontera contra las posesiones españolas situadas río arriba. La Fortaleza debió ser un puesto militar en el pasado. Situada

sobre una curva muy domina todos los alrededores en cual- quier dirección. La vista desde allí es hacia el este, como cubiertas por un velo, se divisan las pendientes de la Serra de hacia el occidente se encuentran las montañas Cabary, cuyos contornos, perfilados contra el horizonte, semejan una esfinge (Foto 8). Más lejos se alcanzan a distinguir otras cordilleras, sierras del Caiary-Uaupés. pie de la roca se encuentran, dispersas, las alegres casitas de Sao Gabriel; en las innumerables islas del río se encuentran chozas de marrones. Apacibles ensenadas rodeadas de pintorescos grupos de palmas yauary (Astrocaryum jauari Mart.) invitan a un baño refrescante (Fotos 9 y 10). Río arriba, brama el torrente de la Cachoeira da Fortaleza, el rápido más gran- de y peligroso del Río Negro. Por otra parte, a pesar del calor ecuatorial, el aire es fresco y puro como el de las montañas. En resumen, exceptuando la co-

por la mano del es éste un pedazo de tierra verda-

deramente precioso. Era evidente que yo no podía escoger este lugar como la base de mis futuras en porque las plantaciones de caucho ini-

quedaría desierto.

ver al

señor Garrido en Sao me habían que encontraría el

la esperanza de que ése sería el mejor sitio

más

Los muros cu·cundlai1tte:s,

;;¡:;, u.u.~.

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provocada

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sus Por lo tanto, decidí

más

y dentro de poco la invitación de mis

el

del vapor e ir

a

apoyo. También

Dos aii.os entre los indios

61

e ir a apoyo. También Dos aii.os entre los indios 6 1 Foto 9. Llegada de

Foto 9. Llegada de botes indígenas a Siio Gabriel.

para emprender el viaje hacia el Río I<;ána, una región de la que había oído hablar mucho y en la que se decía habitaban tribus prácticamente desconocidas. Había visto algunas muestras de cerámica y tejidos ricamente adornados con antiguos diseños aruak en Sao Gabriel que me fascinaron y despertaron mi interés etno- gráfico. Gracias a la amabilidad del superintendente, pude disponer de un bote más grande y, el 18 de agosto, reanudarnos el penoso viaje por la cachoeira. Al tercer día dejarnos atrás los rápidos y nos detuvimos brevemente en Sao Joaquim, una población indígena al pie de la desembocadura del Río Caiary-Uaupés, para cam- biar de remeros. Se estaba celebrando también la fiesta de algún santo; sin embargo, no había ebrios entre los festeiros, no porque fueran abstemios sino por- que, desafortunadamente, se les había terminado el "alma" de la fiesta, que ahora pretendían obtener de nosotros: la cacha<;a. En realidad, toda la región de cachoeiras del Río Negro, en el centro de la cual se encuentra la población de Sao consiste en una sola catarata pro- longada, que los ribereños han dividido en unas cuarenta cachoeiras con nombres especiales según las caídas y los salientes rocosos. Por el Río Negro, a la altura de la desembocadura del Caiary-Uaupés, se ven ya por doquier indios semicivi- lizados del Uaupés: tariána, tukáno, desána, entre otros, provenientes de las an- tiguas misiones, quienes habitan en chozas limpias y bien construidas, escondidas en las profundidades de la selva, a la orilla de pequeños afluentes (igarapés), don- de se sienten relativamente a salvo de los abusos de las autoridades. El 22 de agosto pasamos delante del caserío de Santa Ana, sobre la margen izquierda, una antigua misión que conserva como recuerdo de su origen los restos de la capilla. Todos sus habitantes se habían ido a la fiesta en Sao Joaquim. Hacia el mediodía llegamos a Sao Felippe.

Desembocadura

del.Caidry-

Uaupés

62

Theodor Koch-Grünberg

6 2 Theodor Koch-Grünberg Sao Felippe Foto 10. Grupo de palmas yauary en Siío Gabriel. La

Sao Felippe

Foto 10. Grupo de palmas yauary en Siío Gabriel.

La población de Sao Felippe, un poco al sur de la desembocadura del I~ána, está construida en terreno bajo; en octubre de 1857 contaba con nueve chozas y una ca- pilla, todas con techo de paja y.serniderruidas. El lugar estaba abandonado e inva- dido por la maleza. El primero de enero de 1858, cuando reuní a todos sus habitantes, pude contar 20 hombres, 26 mujeres y 14 niños. Casi todos los hombres eran mame- h.lcos1 y hablaban bien el portufués; en cambio, las mujeres tenían la piel bronceada y sólo hablaban l.a língoa geral .

l. Mestizos entre blancos e indios. [K.]

2. Dr. Robert Avé-Lallemant, op. cit., II, pág. 162 ss. Según el informe oficial del comandante

fronterizo Joaquim Firmino Xavíer, del31 de diciembre de 1858. [K]

Dos ai1os entre los indio~

63

de diciembre de 1858. [K] Dos ai1os entre los indio~ 6 3 Foto 11. Sao Felíppe.

Foto 11. Sao Felíppe. Río Negro.

Así era el caserío hace 50 años. la

comandante que nos

reconocer las ruinas de entonces. Gracias

en

que nos reconocer las ruinas de entonces. Gracias en y a la incesante labor de un

y a la incesante labor de un hombre durante 30 años, Sao

del estado de deterioro y ~~-J~¿,

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30 años, Sao del estado de deterioro y ~~-J~¿, ,~¿ cor1.stítu\re ahora la agradable de la

cor1.stítu\re ahora la agradable

de la región del Río Negro. manda con

Don Germano Garrido y Otero, oriundo del norte de Toda la Don Germm'

comunidad, con unas lindas y casitas

y sus dos hijos mayores con sus

Un inmenso banco de arena, situado frente al

que lo distingue desde lejos, parece ter de todos los habitantes del

a Don

mentalidad y el carácter europeos, cosa admirable en este

los confines de la civilización.

pero a la vez con justicia,

donde viven Don Germano

(Foto 11).

y

irradia orden y

símbolo de Sao

en su deslumbrante blancura el carác~

Fui recibido con gran cordialidad y conocí

por todos los que conservaba la

sobre todo

en

hombre

Si me

un poco más en la

es sólo porque mi corazón así me lo

de éste mi y porque además me

mi corazón así me lo de éste mi y porque además me deber de hacia aquél

deber de hacia aquél que tanto al éxito de mis Podría asegurar no haber conocido nunca un hombre de su edad con tanto dinamismo

conocido nunca un hombre de su edad con tanto dinamismo con una mente tan lúcida y

con una mente tan lúcida y Lo admiré muchas veces

un cuerpo tan del

«el

como
como

amarillo» y otros te~

y animadas conversaciones llenas de interés hasta muy entrada la

en apuros cuando hablaba a la

que confesar que a veces me europeo», «el

mas, dado que tenía los más conocimientos de desde la anti- gua hasta la moderna y y recordaba con exactitud los nombres

64

Theodor Koch-Grünberg

~~comercio

del caucho

de los altos oficiales que comandaron los ejércitos en las guerras napoleónicas y hasta conocía las posiciones de los contingentes de cada ejército. Estaba suscrito a los mejores periódicos y se mantenía bien informado acerca de la situación mun- dial, aunque, debido al largo ~amino, las noticias llegaban a Sao Felippe con un mes de retraso. Su gran orgullo lo constituía su pequeña biblioteca, compuesta sólo de buenos libros dedicados a todas las ciencias y traducciones al español y al portugués de autores de distintas nacionalidades. Su lectura favorita era Sol! und Haben (El debe y el haber) de Gustav Freytag; y sólo aquí pude ver la versión de Qua Vadis?, de Sienkiewicz, en portugués. Don Germano' mostró siempre el más vivo interés por mis estudios y procuró hacerme las cosas más fáciles. No olvidaré nunca su abnegada e incesante ayuda, su ilimitada hospitalidad, su ca- riño verdaderamente paternal. Cuando, después de dos años de expediciones en todas direcciones, llegó el momento de decir adiós a este gran hombre, fue una experiencia dura para los dos. Situado entre los dos afluentes más grandes y caudalosos del alto Río Negro, el Caiary-Uaupés y el I<;ána, y sólo a pocas jornadas de la frontera con Venezuela, Sao Felippe goza de una ubicación dominante por excelencia. Es el punto natural de parada para los grandes vapores de carga venezolanos que navegan entre San Carlo15 y Manáos, entre Venezuela y Brasil. Sin embargo, los beneficios de la Casa Garrido, al igual que los de tantos otros, se derivan del comercio del caucho. Durante la época de lluvias, cuando el río alcanza su nivel más alto y la navegación resulta má.e fácil y segura, Don Ger- mano envía un batelao río abajo, a Trindade o Santa Izabel, para traer las mer- cancías que por orden s.uya ha dejado allí el vapor en Manáos para luego almacenarlas en Sao Felippe. Cuando se aproxima la época de ,sequía que gene- ralmente va de agosto a febrero, todo el mundo se prepara para la recolección del caucho. Don Germano envía a sus imponentes hijos, quienes explotan, en parte por su propia cuenta, caucho en el bajo Caiary con indios semiciviliza~os, y tam- bién viajan por el alto Río Negro hasta la frontera venezolana, a cambiar caucho ·por mercancías europeas, como lo hacen los llamados regatoes 3 Cuando ya se han recogido varios miles de kilos de caucho, un gran batelao los transporta hasta el vapor de Manáos, donde los recibe el representante de la Casa Araújo Rozas & Cía. facturándolos de acuerdo con el precio vigente; un cálculo que resulta poco confiable debido a que el precio del caucho varía constantemente y registra cam- bios considerables de un día para otro por las manipulaciones artificiales de los '

mayoristas de Manáos. El incesante ir y venir de los grandes botes y la explotación de las planta- ciones de caucho requieren, como es natural, una considerable cantidad de mano de obra durante todo el año y ésta proviene principalmente para Sao Felippe de la región del bajo I<;ána. ·

· Los indios de esa región, al igual que buena p¿ute de los del bajo ~aiary, mantienen con la Casa Garrido una especie de esclavitud por deudas. Este sistema de endeude es ejercido por todos los· latifundistas y comerciantes blancos con los indios de Jodo el Río Negro.

3. Los que regatean. (N. del T.)

Dos años entre los indios

65

que regatean. (N. del T.) Dos años entre los indios 6 5 Foto 12. Dérunei'. Río

Foto 12. Dérunei'. Río I~ána.

El blanco le entrega al indio todas las mercancías que desee, a manera de anticipo, y se las carga a un precio que va de acuerdo con su grado de honradez. El deudor debe pagar dichas sumas, con frecuencia muy elevadas, con su trabajo, ya sea suministrando farinha 4 (harina), sarsaparilha 5 y otros productos de la región, o trabajando en las plantaciones de caucho. Otras veces trabaja durante meses como cazador o pescador dentro de la propiedad del patrón. La liquidación se hace siempre de manera que el indio nunca termina de pagar la deuda, y si logra cancelarla por completo recibe una nueva cantidad de mercancía como anticipo, permaneciendo siempre en estado de dependencia. Desde el punto de vista moral, este sistema merece ser condenado; sin embargo, en esta región, es un mal necesario debido a la indolencia y aversión al trabajo que tienen los indios, a quienes es preciso forzar para que desempeñen un trabajo metódico al que no están habituados. Y esto se logra precisamente mediante el endeudamiento. Como es lógico, existen comerciantes y colonos sin escrúpulos que se aprovechan de este sistema para explotar a los indios en una forma imperdonable. Ya el bondadoso capitán Firmino deploraba esta situación y calificó a los explotadores como "cangrejos que corroen el Río Negro y por cuya culpa los indios están cada vez más atrasados" 6 .

Esclavitud de los deudores

4. Se dejúla •·xpn•sión en lingoa geral, que designa la harina de yuca brava. (N. del T.)

5. Sarsaparillc, ~a/saparillc, Sassaparille (en portugués Sarsaparilha): Smilax L., especie de las

liliáceas. Arbusto trepador. La cocción de la raíz se utfliza como remedio contra la sífilis. La zarzapnrrilla se t•xplotó mucho en la región del Río Negro. [K.]

6. Avt>-Lall!'m<ll1t, op. cit., 11, pág. 166. [K.]

66

Theodor

66 Theodor Don Germano se en1DE~ñctba con todas sus fuerzas en - nf<>n-.c,,. a los indios

Don Germano se en1DE~ñctba con todas sus fuerzas en

-

nf<>n-.c,,.

a los indios de los

Su

estos abusos sentido de

a los indios de los Su estos abusos sentido de que con y manifestaba en tando

que con

y

manifestaba en

tando a los indios con una severidad

lo haría

f!::!Hganana nunca; lo consideraban su

en el trato que daba a sus numerosos"''-'''->'-''·'"'""

al

como

Los indios sabían que no abusaría de ellos ni los

cuando

En una ocasión canceló

con sus

y buscaban su

de un indio

otros abusaban de ellos. Podría citar muchos

toda la deuda

de

del

y llevar a tr2tba11ar

citar muchos toda la deuda de del y llevar a tr2tba11ar a recolectores de caucho rescatándolo

a recolectores de caucho

rescatándolo así de esos monstruos.

El

de

de los indios con

distintos gnmc1es
distintos gnmc1es
de esos monstruos. El de de los indios con distintos gnmc1es constituirse en una cadena de

constituirse en una cadena de retrasos para los

dinero y buenas

es con frecuencia difícil cons1eg,Lnr

nes y remeros en el Río ya que los o están en otros

o tienen que permanecer la amistad con estos últi-

mos es la única forma de que se

constantemente al servicio de sus amos. Por lo

como durante la

de recolección del

de sus amos. Por lo como durante la de recolección del Don Germano conocer los grupos

Don Germano

conocer los grupos aruak allí

mi decisión de

tenía que

instancia al Río

en famosos por su gran habilidad. ya había trabado

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la casualidad de que su

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reclutar indios para el

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indios para el de se¡,tiE2ITILbrle, para comprar farinha caucho que estaba por comenzar. No nuestra salida

caucho que estaba por comenzar. No

nuestra salida

farinha caucho que estaba por comenzar. No nuestra salida F o t o makú del Río

Foto

caucho que estaba por comenzar. No nuestra salida F o t o makú del Río e

makú del Río

por comenzar. No nuestra salida F o t o makú del Río e n S é
por comenzar. No nuestra salida F o t o makú del Río e n S é

en Séio

Dos años entre los indios

67

del Río e n S é i o Dos años entre los indios 67 Foto 14.

Foto 14. El tukáno Lorenzo del Río Caiarf¡-Uaupés.

moró bastante por unos desagradables incidentes que provocaron alarma entre los indios de toda la región. El comandante del puesto fronterizo brasileño de Cucuhy, a ocho jornadas de distancia de Sao Felippe, río arriba, un simple teniente con cinco hombres, mantenía un activo tráfico de mercancías con Venezuela, llevando mercancías provenientes de ultramar e introduciéndolas de contrabando. Mandaba a sus hombres (no se puede decir que los que servicio en estos puestos tan dis- tantes sean los mejores soldados) al bajo I<;ána a traer indios por la bajo severas amenazas, para que le sirvieran de remeros en sus botes. Naturalmente, los indios escapaban tan pronto como se les presentaba la oportunidad, pero la noticia de estos abusos se había propagado a todo lo largo del río, haciendo que todos los habitantes dejaran sus pueblos para ir a refugiarse en la selva. Sobra decir que Don Germano hacía todo cuanto estaba a su alcance por que este oficial contrabandista, que seguía rondando por los alrededores, en las andadas; y esto no favorecía sus relaciones ya de por sí tensas con el llamado «guardia fronterizo». En esas circunstancias, era imposible pensar en en1p1rertdE~r un viaje por el I<;ána.

Comandante desobediente de la guardia fronteriza

68

Theodor Koch-Grünberg

studios valiosos para el resto del viaje

Hormigas

migratorias

No desperdicié el tiempo durante esta espera forzosa. Pude reforzar mis co- nocimientos sobre la lingoa geral, único medio para comunicarse aun con los gru- pos más apartados, y ampliar mi registro lingüístico y fotográfico con toda calma para así tener una buena base de información para expediciones posteriores. Sin contar los numerosos sirvientes pertenecientes a distintos grupos (Fotos 13 y 14), deambulaban por Sao Felippe muchos indios de la región del I<;:ána y del Caiary-Uaupés. Con su acostumbrada amabilidad, Don Germano me facilitaba todo y hacía venir gente de muy lejos para ayudarme. Ya desde aquí obtuve información muy valiosa sobre las ramificaciones reticulares del alto Río Negro y Orinoco, ya fuera por bifurcación, en especial en la época de lluvias, o por caminos cortos. Más tarde pude comprobar parte de estos datos por experiencia propia. Un buen día, una invasión masiva de hormigas viajeras (Eciton spec.) provo- · <;:Ó en el pueblo un revuelo casi cómico. Un compacto ejército de estos tenaces animalitos, que en lingoa geral se llaman tauóka, llegó de la selva y se dirigió en línea recta a la casa. Se tomaron el enorme galpón bajo el cual se almacenaban las sog~s de piassába y unas tablas para construcción. Los comejenes salieron de su escondite presas de pánico; no hay obstáculo que detenga a estas hormigas en su camino y nosotros ya temíamos su desagradable visita a la casa cuando, de pron- to, parecieron cambiar de opinión y, describiendo un amplio arco, regresaron a la selva. En ocasiones una invasión de hormigas llega a ser tan grave que hasta los seres humanos tienen que evacuar sus viviendas temporalmente mientras estos laboriosos animalitos terminan su labor de limpieza; aniquilan sin compasión toda clase de insectos, cucarachas, comejenes, escorpiones, ciempiés e inclusive serpien- tes. Varias veces, durante.mis viajes subsiguientes, me vi obligado a levantar el campamento en la selva y cruzar 'el río a medianoche para así poder librarme de sus dolorosas picaduras. Según se dice, estas hormigas cubren considerables dis- tancias en períodos de tiempo relativamente cortos.

AGUAS ARRIBA POR EL RÍO I<;ÁNA HASTA TUNUHY

RESUMEN: La antigua misión Nossa Senhora da Guia. El afluente Cubaté. Retiro de «El Salvador». Movimiento mesiánico. Pedras de Camaróes. Monc;tonía del bajo l<;:á-

na. Jornadas fatigosas. Noches ecuatoriales. Los baníwa, karútana y korekarú. Arte- sanías. Poblados indígenas abandonados. El inspector Raphaelo. La desembocadura de Uma<;:á. Los primeros rápidos. Petroglifos. La cachoeira y la población de Tunuhy. Despedida de Salvador e Hildebrando. Visita a los katapolítani refugiados. Comer- cio. El inspector Diogo. El inspector Antonio. Visita de los indios siusí y los indios ipéka del alto Ic;ána.

e

los indios siusí y los indios ipéka del alto Ic;ána. e Mientras tanto, se habían calmado

Mientras tanto, se habían calmado un poco los ánimos; el implaca- ble comandante se había retirado a la frontera y, por fin, partimos

el28 .de septiembre, a mediodía. Nuestro medio de transporte era

un pequeño batelao con capacidad para varios miles de kilos y una gruesa tolda como protección contra el sol. La tripulación estaba compuesta por seis remeros y un timonel. Salvador era el capitán y su hermano Hildebrando era su asistente. Mi criado Schmidt y yo conformábamos el "grupo" de los pasajeros. Dos indios salieron adelante de nosotros para encargarse de la caza y de la pesca. Primero viajamos hacia el norte, por un brazo del río formado por la orilla dere~ha

y dos islas alargadas. Por la tarde continuamos por el caudaloso I<;ána, cuyas

aguas son más oscuras que las del Río Negro y que fluye desde el noroeste con-

servando este rumbo durante la mayor parte de su recorrido. Sobre la margen derecha, cerca a unas rocas, hay un lugar que se llama to-

davía hoy en día Destacamento. Hace tiempo se apostó aquí un destacamento con

el fin de evitar las deserciones hacia Colombia por el I<;:ána. Un poco más al norte

de la desembocadura se di;¡isa la población de Guia, o, como dice su nombre completo, Nossa Senhora u.a Guia: una docena de casitas y una capilla en ruinas situadas· sobre la alta orilla. Era una antigua misión fundada con indios de los grupos aruak: Baré, Baníwa y Uarekéna, quienes además de la lingoa geral hablan portugués y se han transformado en caboclos civilizados. A la mañana siguiente pasarnos por la desembocadura del Cubaté, un pe- queño afluente de la margen derecha que adquirió cierto renombre porque allí habita Anizetto, El Salvador de los indios del I<;ána. Como decía Germano: "Ese Anizetto es un vagabundo, un hermafrodita, Dios sabe de qué grupo". Hace unos veinticinco años apareció en el I<;ána diciendo ser El Mesías y haciéndose pasar por un segundo Jesucristo. Dio origen a un gran movimiento religioso entre sus seguidores indios y reunió un considerable número de adeptos. Curaba enfermos exhalando su aliento sobre ellos o colocándoles las manos sobre el cuerpo y visi- taba las poblaciones en medio de grandes ceremonias. Les decía a sus discípulos que no debían trabajar más en las plantaciones porque bastaba con su bendición para que los sembrados crecieran por sí solos. Las gentes vel}ían desde muy lejos

La antigua misión de Nossa Senhora da Guia

El tributario

Cubáté

Retiro de «El Salvador»

70

Theodor Koch-Grünberg

para consultarle, le traían cuanto tenían y celebraban fiestas sin fin con baile que se prolongaban día y noche sin interrupción. Desde Manáos llegó una expedición enviada para reprimirlo pero no tuvo éxito; uno de los soldados del destacamento pereció a manos de los indios. Una segunda expedición logró capturar a Anizetto

y lo llevó a Manáos a donde lo obligaron a trabajar durante más de un año en la construcción de la catedral. En vista de que se hacía el tonto, pensaron que era inofensivo y lo mandaron de regreso a su tierra. Aunque actualmente no es un hombre peligroso, tiene gran influencia sobre los indios del I<;ána que siguen con- fiando en él para lograr muchas cosas. Parece que este poblado de Cubaté es una especie de refugio adonde se ins- taló Anizetto en compañía de indios provenientes de distintos grupos de varias regiones, incluyendo la del Caiary-Uaupés, todos de su misma calaña, en suma- yoría personas de mala reputación, que se ven obligadas a huir de la opinión pública. Gente de la categoría de los «mucambeiros», los negros fugitivos que se agruparon en la Guayána Holandesa, en el Río Trombetas y en el Urubú y otros afluentes septentrionales del Amazonas. Durante el apogeo de este movimiento, unos indios huhúteni de Cubáté, seguidores de Anizetto, pertenecientes a un gru- po que goza todavía hoy en día de una dudosa reputación en el I~ána medio y su afluente el Aiary, masacraron de manera terrible a hombres, mujeres y niños de otra familia indígena, despedazando sus cuerpos con machete; tal vez era una venganza de sangre por alguna antigua rencilla familiar. Ya con anterioridad, a mediados del siglo pasado, había aparecido en el alto Río Negro un indio venezolano llamado Venancio cuyas actividades no se dife- renciaban en nada de las de Anizetto. Tal como lo relata Avé-Lallemant, de acuer- do con el relato del capitán Firmino: "este [hombre] se las ingenió para hacerse pa~ar por un segundo Cristo, un 'enviado de Dios'. Golpeaba a sus adeptos, que

se le uhían para entregarse a la bebida y a los vicios y para ejecutar bailes desen-

frenados. Así, poco a poco, muchos indios se fueron habituando a su comporta- miento desequilibrado. Ya que estas reuniones no carecían de ninguna manera de significación, se envió allí un destacamento del ejército con un joven oficial al mando de algunos soldados, quien procedió de manera violenta y cruel y, si bien logró ahuyentar al falso Cristo y a sus seguidores, también arrasó varias aldeas y' poblados en el proceso, acabando así con las bases de esa cultura". Fue así como, en 1857, el capitán Firmino emprendió su audaz viaje a la cabecera del I~ánapara apaciguar a los indios. Encontró casi todas las poblaciones incendiadas y abando- nadas. "Al mismo tiempo", dice Firmino en su informe, "apareció un desertor, de nombre Bazilio Melgueiro, que decía ser un nuevo Cristo y pretendía repetir el mito de Venancio. Los indios abandonaron el trabajo y se entregaron a una vida desenfrenada y a la holgazanería" 1 .

En 1880 apareció en el Caiary-Uaupés un chamán de la tribu de los arapáso, que se hacía pasar por «El Salvador». Decía llamarse Vicente Cristo e invocaba a los espíritus de los muertos y a «Tupána», el Dios de los cristianos. Hacía bailar a sus seguidores alrededor de la cruz y afirmaba ser el representante de Tupána Y el padre de los misioneros, que habían sido enviados al Caiary únicamente de-

l. Avé-Lallemant, op. cit., vol. n, pág. 154 y siguientes. [K.]

Dos ai'i.os entre los indios

. 71

bido a que él personalmente le había rogado a Dios que los enviara. Por la fuerza de su personalidad, despertó e~ fanatismo de los indios a todo lo largo del río y atrajo gran número de adeptos; sin embargo, al poco tiempo abusó de su poder:

les aconsejó a los indios que echaran al río a los blancos porque los estaban ex- plotando. Esto provocó pánico en toda la región, donde ya se preveía un levan- tamiento indígena. Unos valientes caucheros se apoderaron del "Mesías", le propinaron una tremenda paliza y lo encerraron por varios días en la cárcel de Barcellos, acabando así con su reputación y ahuyentando a sus adeptos. No obstante, hasta épocas muy recientes, este "Cristo del Caiarf' ha tenido varios sucesores. Es un extraño fenómeno el que este mito del "Mesías" se repita una y otra vez en la misma región. Es evidente qué se trata de una antigua creen- cia indígena revestida de visos de cristianismo; una creencia común a las tribus aruak, d~ la que ciertos chamanes astutos se aprovechan para beneficio propio. En todas partes del mundo se pueden encontrar creencias análogas en un salva- dor, quizás el héroe tribal que retorna y que liberará a su pueblo del yugo de sus opresores. Appun relata algo semejante en relación con la Guayana Británica, donde, en el monte Roraima, apareció un indio totalmente entregado al vicio, antiguo intérprete de Schomburgk, que se presentó como el"Mesías" y logró reunir a unos mil indios de grupos diferentes y generalmente hostiles entre sí para una desen- frenada orgía que se prolongó por varias semanas y terminó en un macabro baño de sangre 2 . Al segundo día de viaje, nos detuvimos por unos momentos a descansar en las Pedras de Camaróes, sobre la margen derecha. Estas rocas tienen interesantes petroglifos bastante bien conservados; además de unos dibujos muy nítidos de aves y peces, se ven tres dibujos de figuras extrañas colocadas en fila, que los indios interpretan como camarones; de ahí el nombre del lugar. En vari~s rocas se ven huecos pulidos y redondos y ranuras lisas, en forma de lanceta, rastros del proceso de afilar las hachas, que se encuentran casi siempre junto a los dibujos rupestres. En este lugar está el punto más estrecho del río. El paisaje de las márgenes del bajo Ic;ána es muy monótono. La selva se re- corta contra el cielo como un espeso muro ininterrumpido y casi en línea recta. La vida animal desaparece por completo, sólo el paso de una bandada de pericos verdes y una pareja de luminosos aráras, con sus roncos graznidos, recuerdan que se está en el trópico. El curioso tucán (comedor de ají) pasa volando detrás de su desproporcionado pico 3 . De vez en cuando un delfín, asustado por los remos, sale a investigar qué ocurre y deja ver la mitad de su cuerpo ejecutando una graciosa cabriola y resoplando con fuerza al costado de la embarcación, sin preocuparse por las personas, a quienes no teme en absoluto ya que su muerte no les sería de ninguna utilidad. Para poder cazar un mutum 4 o algún ave, nuestros cazadores se veían obligados con frecuencia a internarse en la selva por entre los afluentes

Pedras

de Camaroes

Monotonía del bajo l~·ána

2. Carl Ferdinand Appun, Unter den Tropen (Bajo el trópico), Jena, vol. II, 1871, pág. 257 Y

siguientes. [K.]

3.

Ramphastus spec. [K.]

4.

Una gallinácea: Crax spec. [K.]

72

Theodor Koch-Grünberg

Fatigantes

jornadas

Noches

ecuatoriales

Ban{wa

Los karútana

o korekarú

menores, hasta grandes distancias. El I<;ána es un río de 11 hambre" en su parte baja, un río faminto, como dicen los brasileños; a menudo los propios habitantes no tienen qué comer, sobre todo porque pasan meses enteros trabajando al servi- cio de los colonos blancos del Río Negro, descuidando así sus propios cultivos. La corriente es impetuosa, en especial en los salientes rocosos, donde se rompen las aguas. Nuestros remeros pasaron grandes trabajos. Tuvimos jornadas muy fatigantes porque Salvador reponer, al menos en el tiempo perdido. Además, el nivel de las aguas ya había bajado y temía que nuestra pesada embarcación no pasar los rápidos. En repetidas oca- siones admiré la resistencia de los indios. Con un descanso de sólo una hora al mediodía, trabajaban unas 18 horas diarias sin inmutarse. Cuando ya el sol hacía tiempo que se había ocultado tras la selva circundan- te, nos detuvimos por fin y acampamos sobre un enorme banco de arena que había quedado al descubierto con el descenso del nivel del agua. A los pocos mi- nutos, los indios ya habían enterrado firmemente en la arena unos palos de los que colgaron las hamacas para estirar sus fatigadas piernas, tendidos bajo la plá- cida brisa de la noche, después de haber estado encogidos durante tanto tiempo en la embarcación. Estas noches ecuatoriales a la intemperie tienen un especial encanto, sobre todo durante el verano, cuando no existe el temor a la lluvia. Un sinnúmero de estrellas brillan en el claro cielo y se reflejan en largos rayos sobre las ondas del río. Al suroeste se ve brillar la maravillosa constelación de Escorpión, que los in- dios llaman «la gran serpiente» debido a sus osadas vueltas. Gradualmente llega- mos. al país de los sueños, arrullados por el canto intermitente de las chicharras

y el melancólico concierto de las ranas, hasta cuando, poco después de mediano-

che, escuchamos la llamada de nuestro guía para continuar el v,iaje. Una luna lle- na, en todo su esplendor, nos alumbraba el Al pasar por enfrente de alguna choza, uno de los remeros soplaba una con- cha que Salvador llevaba siempre en todos los viajes y producía con ella un sonido sordo que realmente recordaba el de la sirena de un vapor y, de no ser por el rítmico remar de los indios, casi se tenía la sensación de estar en un vapor de río. Este sonido familiar debía tranquilizar a los habitantes y anunciarles que su amo se acercaba. La nada escasa población del bajo I<;ána está diseminada en chozas aisladas (sitios) y en pequeñas poblaciones (povoa9oes), en gran localizadas siempre en lugares cerca de donde las fértiles orillas facilitan los cultivos. El brasileño llama terra firme a este suelo fértil, mientras que los terrenos selváticos inundados reciben el nombre de igapó. Las viviendas son, como todas las de los brasileños, de escasos recursos; chozas cons- truidas de hojas de palma y adobe. Por lo general, los indios de esta se conocen con el nombre de baníwa

y ellos se identifican a sí mismos con este nombre delante de los blancos. Se trata de ~ nombre colectivo que abarca todas las tribus del grupo de los aruak, que hab1~aneste lugar. Los baníwa del bajo I<;ána son denomina,dos por sus vecinos sep- tentrionales con el de «Karútana» o «Korekarú>>, debido a que las palabras que utilizan con más frecuencia son: karú (no, nada) y karupakápa (no está aquí).

son: karú (no, nada) y karupakápa (no está aquí). Dos aií.os entre los indios 73 Foto

Dos aií.os entre los indios

73

(no está aquí). Dos aií.os entre los indios 73 Foto 15. Karútana Raphaelo. Río ü;ána. A

Foto 15. Karútana Raphaelo. Río ü;ána.

A fin de evitar el nombre colectivo de baníwa, que sólo podría ocasionar confu-

siones entre ésta y otra tribu de la frontera con Venezuela que se conoce por el mismo nombre, adoptaré el nombre 'Karútana' para referirme a los indios del bajo I<;ána, quienes, descontando imperceptibles diferenCias dialectales, hablan un idio- ma aruak. Estos indios se subdividen en pequeños grupos a los que dan nombres diferentes; por lo general se reúnen en pequeños poblados. Por ejemplo, en Santa · Anna y Carmo, dos asentamientos que se recorren en un solo día de viaje, hay indios pertenecientes a tres clanes diferentes: los dziui-mínane1 (indios jaguar),

los mabátsi-dákeni y los uitsoli-dákeni (indios zopilote). En promedio, los karútana son musculosos, de estatura mediana y rasgos

característicos; sus facciones, en las que llama la atención la nariz aguileña, per- miten diferenciarlos a primera vista de los baré y los baníwa del Guainía (Foto 15), que tienen facciones más suaves. Algunas familias de este grupo baníwa y de

la de los uarekéna, pertenecientes a otro grupo aruak del alto Río Negro se han

radicado entre los karútana y, pese a que han adoptado el idioma de sus nuevos amigos, siguen siendo considerados como forasteros. Los habitantes del pequeño asentamiento Mumbáca, a un día de camino aguas arriba por el I<;ána, sobre la margen izquierda, emigraron hace tiempos del norte y se les llama dérune1 (Foto 12). Al igual que todos los grupos aruak, los karútana se destacan por su habi- lidad para los trabajos artesanales; sus cerámicas y sus objetos tejidos, artística- mente decorados con diseños antiguos, satisfacen el más exigente de los gustos. A pesar de que han tenido intercambio con los blancos durante mucho tiempo, han conservado intactos su forma de vida y su menaje doméstico, aparte de al- gunas pocas adquisiciones de artículos europeos. Por lo general, los hombres vis-

Artesanías

74

Theodor Koch-Grünberg

7 4 Theodor Koch-Grünberg Dos ail.os entre los indios 7 5 ten pantalón y camisa y

Dos ail.os entre los indios

75

ten pantalón y camisa y las mujeres falda y, a veces, blusa de Casi todos los karútana dominan la lingoa geral, además de su propio dialecto, pero casi no conocen el portugués. Se consideran .cristianos y festejan los días santos sin su significado, como los caboclos del Río Negro, pero con gran alboroto y enormes cantidades de aguardiente. Durante todo el trayecto encontramos el rastro del "noble" comandante de

la frontera. Casi todas las viviendas estaban abandonadas/ sólo en un lugar, río

arriba, muy cerca de las Pedras de Camar6es, nos recibieron unas cuantas repre- sentantes del bello sexo que consideraban superfluo cubrirse el seno y que habían regresado al enterarse de la retirada de los soldados. El dueño de casa tenía dos mujeres, lo cual indicaba que estos indios "cristianos" habían olvidado un poco

la doctrina de los devotos misioneros. Por todas partes había niños gateando, seña

de que el buen hombre tomaba muy en serio su deber de procrear. Llegamos a· Pirayau¡Íra 5 el 30 de septiembre. Las cuatro aseadas casitas que componen el poblado estaban vacías. El río Igarapé, un afluente por la margen derecha navegable aguas arriba por un trecho de unas cinco jornadas, brindaba un adecuado refugio para los habitantes y sus bienes. Al día siguiente pasamos por Santa Anna y Carmo, situados sobre la margen izquierda; dos poblados totalmente desiertos que, con sus cinco u ocho casas, pue- den considerars~como los centros de la población karútana. Carmo, cuyo nombre completo es Nossa Senhora do Carmo, está ubicada sobre un saliente de una roca muy alta, situada al pie de una loma poco elevada, en un lugar muy pintoresco. Las frondosas palmas pupunha (Guilielma speciosa) con sus nutritivos frutos, ex- tienden sus hojas para proteger las apacibles chozas color café. El tuschaúa (cacique o alcalde) de Carmo, el anciano Raphaelo, hombre de

confianza de Don Germano, es el inspector del bajo Ic;ána (Foto 15). Por lo general,

el gobierno establece las inspecciones en lugares ribereños habitados en su mayo-

ría por indios. El superintendente de Sao Gabriel designa para el cargo a indios

que hablen un poco de portugués y que desciendan de caciques de antiguas tribus

o que gocen del respeto de los demás indios. Tienen autoridad nominal dentro

de su distrito; por ejemplo, son los encargados de suministrar remeros a las per-

sonas que vengan con recomendación del Estado.

En algunas poblaciones se había quedado un habitante en calidad de guardián; sin embargo, estaba también listo a partir a la menor señal de peligro. El río parecía muerto. Esporádicamente nos encontrábamos con una barca pesquera que avanzaba tímidamente, arrimada a los matorrales de la orilla, para luego doblar por el afluente más próximo. A veces, los indios venían hasta nosotros con canastas bellamente de- coradas, que alegraban mi alma de etnógrafo, en las que traían alimentos para cam- biar por municiones, tabaco y otras maravillas. Estas pobres gentes aterrorizadas nos preguntaban siempre si teníamos noticias del comandante y su pandilla. El3 de octubre pasamos la desembocadura del respetable Umac;á-Igarapé, sobre

la margen izquierda que constituye el límite antiguo entre los karútana y las tribus

vecinas río arriba. Entre ambas secciones, que se diferencian hoy t=>n día muy poco

Poblados

indígenas

abandonados

El inspector

Raphaiilo

Desembocadura

del Uma{-·á

5. Pirayau"ára: pez perro. Nombre con que se conoce el delfín de agua dulce en lingoa geral. Los

brasileii.os lo llaman «boto». [K.]

76

Theodor Koch-Grünberg

primeros

rápidos

Petrogl~fos

lingüísticamente, existe desde hace tiempos una cierta enemistad. Se consideran mutuamente hábiles envenenadores, expertos en la fabricación d2l maraka!mbtira, ese veneno mágico, lleno de misterio, al que se le atribuyen todas las muertes. La fuerte corriente que tantos problemas nos ocasionara en la roca saliente de Carmo y en otras partes, desembocaba aquí en unos cuantos rápidos aislados, conformados por las estribaciones de pequeñas colinas, entre ellos el rápido de Capim (hierba) y el Cauaróca (avispero) que sólo presentan problemas con el nivel de agua bajo y de resto son rápidos sencillos (corredeiros), y el peligroso Malaca- oxeta, lleno de rocas ysaltos y que sólo pasar con la ayuda de la espía después de un penoso esfuerzo de horas. Un poco más arriba, sobre la margen izquierda, se encuentra la población de Tatupit~ra (concha de armadillo), que debe su nombre a un petroglifo, muy erosionado, que muestra treinta y seis cavidades talladas en tres filas paralelas, que recuerdan muy lejanamente la concha de un armadillo. otros dibujos semejantes a éstos en un lugar llamado Taiasucaü~ra (hueso de puerco) en cuyo intrincado laberinto de rocas estuvimos a punto de zozobrar. Allí tuve una desagradable experiencia con un ciempiés del tamaño de una mano que se escondió en mi piyama y me picó el antebrazo, que se me hinchó de inmediato, produciéndome fuertes dolores hasta las yemas de los dedos y por todo el lado izquierdo del tórax. Un mes más tarde tenía aún la herida infectada. Después de una curva muy pronunciada, que permite ver la sierra de Tu- nuhy a veces por delante y a veces por detrás, sigue un largo Estiréio 6 , en dirección casi septentrional, que va derecho hacia la pintoresca sierra que parece interrum-

va derecho hacia la pintoresca sierra que parece interrum- Foto 16. Cachoeira de Tunuhy. Vista del

Foto 16. Cachoeira de Tunuhy. Vista del I~ántl río abajo.

6. En portugués. Significa trayecto largo y recto del río. [K]

Dos años entre los indios

77

pir el río. Cuatro horas más de fatigoso viaje por aguas tranquilas y en la mañana del 6 de octubre llegamos al pie de la sierra, en la desembocadura de la rugiente cachoeira (Foto 16), en el puerto de abajo del poblado indígena del mismo nombre. Un peligroso sendero conduce a una baja meseta rocosa, justo delante de la sierra, y allí, debido a la estrechez del tío, se forma el rápido. Aquí se encuentra Tunuhy, que es un pueblo grande, en concepto de los indios, compuesto por ca- torce viviendas de adobe agrupadas en dos filas sobre calles muy aseadas. Este lugar ha experimentado varios cambios en el curso de su historia: tuvo su origen en una antig11a misión y, al igual que todos los demás poblados del I<;ána, recibió el nombre de San Antonio de Tunuhy, en honor al santo protector de todo el I<;ána. En 1831, el naturalista austríaco Johann Natterer llegó hasta el rápido de Tunuhy y encontró "vestigios de un gran poblado baníwa" 7 . Más tarde debió re- surgir de nuevo, porque, según un informe del capitán Firmino, en 1857, "después de quemar sus chozas, los indios huyeron a la selva por temor a los soldados". Poriniciativa del mismo Firmino, "el tuschaua regresó de la selva con sus hom- bres y emprendió la reconstrucción de una nueva aldea sobre la orilla opuesta" 8 ,

donde aún puede verse la

Capoeira 9 en un escenario que no ha cambiado prácti-

camente en nada. La aldea está abandonada, sus habitantes huyeron por miedo a los malvados «surtira». 10

Nos acomodamos con todo el equipaje en una de las chozas vacías, en donde encontramos gran cantidad de ollas artísticamente decoradas, productos maravi- llosos de la actividad artesanal, pero también llenas de pulgas y minúsculas hor-

migas

noticia de nuestro arribo, varios

L.1dios llegaron corriendo desde sus escondites para ayudamos a pasar los rápi- dos, pero no llegaron a tiempo. El nivel del agua era demasiado bajo y, después de varias horas de esfuerzos sobrehumanos, Salvador desistió de arrastrar la pe- sada embarcación por encima de las afiladas rocas de la margen izquierda y de- cidió abandonar allí el batelao para continuar en canoas ligeras. Tanto la loma donde se encuentra la pequeña aldea como las rocas del rá- pido son de fina cuarcita blanca y la superfície está cubierta por una capa roja de erosión. Desde la cima del pico más cercano (Foto 17), de escasa vegetación (ca- tinga), se observa un panorama maravilloso. Río arriba se divisa el poderoso río hasta su gran curva y se puede seguir su curso todavía mucho más, hasta que se corta con la uniforme planicie de la cima de la selva. Hacia el sur se levantan montañas aisladas de formas caprichosas, divisorias de aguas entre el I<_;:ána y el Caiary-Uaupés. Al noroeste, en la azul lejanía se extiende una alargada sierra, y

rojas 11 además de otros bichos. Con la

Cachoeira

y poblado

de Tunuhy

Despedida

de Salvador

e Hildebrando

7. Según cartas inéditas y apuntes de viaje que amablemente me facilitó el señor Franz Heger,

consejero gubernamental del Museo Real K.u.K. de Viena. [K.]

8.

Avé Lallemant, op. cit., págs. 166, 167. [K]

9.

Kapuira es el nombre que se da, en lingoa geral, al lugar en el que antes hubo un asentamiento.

[K]

10.

Apodo que dan los indios a los soldados. La palabra se formó del portugués soldato. [K.]

11.

Formiga de Jogo, en portugués; tasíua o·tasíua piránga, en lingoa

geral. [K.]

78

Theodor Koch-Grü.nberg

7 8 Theodor Koch-Grü.nberg Visita al refugio de los katapolítani Foto 17. Sierra de Tunuhy. Río

Visita al refugio de los katapolítani

Foto 17. Sierra de Tunuhy. Río I9ána.

por el oeste saludan lo~dos abruptos picos rocosos de Cucuhy, las demarcé\ciones limítrofes naturales entre Brasil y Venezuela. El 8 de octubre, nuestros compañeros continuaron su viaje hacia el Cuiary, un caudoloso afluente del Ic;ána que desemboca un poco más arriba de Tunuhy,

por la imagen izq¡uiE~rda.

Los servicios de Salvador habían sido muy satisfactorios. Gracias a las reco- mendaciones que traíamos, los indios de Tunuhy nos facilitaron dos remeros y canoas. Asimismo, el inspector Antonio, que vivía a corta distancia abajo de la cachoeira, en un igarapé, recibió orden de ayudarnos. Me propuse como primer objetivo investigar el Aiary, un afluente de la margen derecha del Ic;ána que, según tenía entendido, estaba densamente poblado por grupos aruak que habían tenido muy po,co contacto y que jamás habían sido visitados por viajeros científicos. Visité a mi vez a los fugitivos. Timotheo, uno de mis nuevos remeros, que había aceptado su empleo de inmediato, me llevó a su escondite. Ignacio, el otro remero, se nos había adelantado para anunciar mi llegada (Foto 18). Reuní una buena provisión de objetos para trueque: tabaco, navajas, anzuelos, fósforos, es- pejos, cuentas de vidrio y otras de las baratijas que tanto aprecian los indios. El pequeño afluente por donde navegamos estaba casi totalmente cerrado, de mane- ra que sólo quedaban estrechos pasadizos por donde apenas podíamos pasar. En algunos sitios se habían formado unas especies de diques naturales de troncos y ramas enmarañadas. Por fin llegamos al puerto que, situado en plena selva, estaba totalmente inundado; había allí unas cuantas canoas amarradas. Un sendero muy sinuoso, típicamente indígena, nos condujo a un sembrado de mandioca 12 . El re-

12. Se conservó la denominación en lingoa general para la yuca. (N. del T.)

Dos ai'ios entre los indios

79

fugio de los moradores de

apresuradamente con hojas de palma. Encontré en ellas una variedad indescriptible de objetos indígenas: armas de fuego, cerbatanas, cajas, mochilas, vasijas de barro con hermosas decoraciones, canastos; mezcla de cultura y primitivismo. Ignacio, mi remero, ya se encontraba allí acostado en su hamaca, y no me prestó ninguna atención. En el primer mo- mento, los demás habitantes permanecieron atemorizados en el fondo qe la ~i­ vienda. Una joven que amamantaba a su niño se puso una blusa. T~dos, sm excepción, tenían una apariencia realmente repugnante; muchos padecmx: ~uru­ purú, enfermedad que afecta a un gran número de persona~en toda la.regwn del Ic;ána. Una anciana tenía todo el rostro marcado por la ternble dolencia. Me acomodé en una hamaca que me ofreció un joven casi ciego y pretendí

Tunuhy constaba de tres chozas ad lwc,- construidas

no mostrar interés por las

chicheaban entre sí, haciendo comentarios sobre.el forastero blanco. Despues, le obsequié al pequeño una cuenta azul muy grande que atrajo la atención de tod~~ los presentes, que, de inmediato, se la colgaron alrededqr del cuello. ¡Esto romp10 el hielo y comenzaron las transacciones! Rebusqué entre los objetos de todas l~s chozas y pude reunir una pequeña y valiosa colección de vasijas de formas est~­ lizadas, recipientes y platos con preciosas decoraciones en rojo, canastos con di- seños similares )pero negros, una larga cerbatana de tres metros cor: sus correspondientes flechas venenosas metidas en un carcaj tejido en paja con lm~os diseños, unas ollitas con el letal curare y muchas otras cosas que pude camb1ar sin dificultad por algunas baratijas europeas. Esta extraña transacción res~l~ómuy entretenida para esta buena gente que, al parecer, me tomaba por un ~leJOloco debido a que nunca antes había tenido la visita de un blanco que se mteresara

personas de

la casa, que acurrucadas en un rincó~ cu-

1

Comercio

mteresara personas de la casa, que acurrucadas en un rincó~ cu- 1 Comercio Foto 18. Katapolítani

Foto 18. Katapolítani Ignacio

Rín Tcána

80

Theodor Koch-Grünberg

El inspector

Diogo

por estas cosas, para ellos sin valor, por las que consideraban que les estaba pa- gando demasiado. La conversación se desarrollaba en forma animada debido a que todos los indios de Tunuhy dominan la lingoa geral y la utilizan casi en Jorma exclusiva para comunicarse entre sí, hasta el punto de que su propio dialecto ha venido cayendo poco a poco en desuso y ya una gran mayoría de jóvenes sólo lo com- prenden parcialmente. Todos tenían mucho miedo al comandante. Por lo visto, la fama de sus infamias había crecido proporcionalmente a la distancia. Al anochecer me despedí de mis amigos y regresé cargado de adquisiciones a poner término a la soledad de Schmidt que se había quedado en Tunuhy cuidando el equipaje. Temprano, al día siguiente, llegaron los habitantes de la región a traernos todo un arsenal completo de objetos indígenas que les compré con gusto. Los llamados baníwa de Tunuhy y de algunos otros lugares río arriba, do- minan actualmente la lingoa geral y, además, un dialecto aruak, que tiene muchas palabras iguales a las del karútana del bajo I<;ána. Se dice que antiguamente ha- blaban un dialecto diferente y muy desagradable, semejante al makú, cuando to- davía eran nómadas, antes de adoptar la civilización, cultura y lengua baníwa (grupos aruak) cuando éstos los invadieron desde el noroeste. Todavía los siusí, sus vecinos del oeste, que habitan principalmente en los afluentes Cuiary y Aiary y quienes representan el más puro tipo aruak, los miran con desprecio con- siderándolos, lo mismo que a los karútana, como malvados envenenadores. Los siusí los llaman 'katapolítani', en el informe del capitán Firmino aparecen como acaiaca 13 y a mí se me presentaron orgullosamente como baníwa.

A pesar de sus nombres cristianos, se conservan auténticamente indígenas

en sus costumbres y su forma de pensar. No saben nada de la religión cristiana, la cual no se les enseña desde hace varias generaciones y sólo ~elebran algunos días santos, en especial la fiesta de San Antonio, junto con sus fiestas tradicionales paganas, con danzas y borracheras. Aúnque físicamente son bien proporcionados, sus facciones deformadas por el purupurú y los harapos de origen europeo que visten les dan un aspecto degenerado.

A eso del mediodía, cuando dormíamos la siesta en las. hamacas, entraron

por la puerta de atrás cuatro indios que saludaron con un "eré patrao!" (¡Buenos días, patrón!) 14 . Se trataba del inspector Diogo del distrito de Tunuhy, aguas arri-

ba, un corpulento anciano que venía acompañado por tres jóvenes esbeltos. Ha- bían venido a. ayudarle a Salvador a pasar los rápidos, pero por el camino se enteraron de que ya era demasiado tarde. Asombrados de encontrarnos allí, pen- saron en un principio que yo era el co"mandante, pero después de que les dimos explicaciones y .les ofrecimos un "trago" 15 y cigarrillos, nos hicimos rápidamente amigos. Se mostraron·muy·interesados por saber del comandante, si había posi- bilidades de que :viniera y cuándo. Los tranquilizamos y prometimos darles muchas

13. Avé Lallemant, op. cit., pág. 167. [K.] ~

14. En lingoa geral, eré puede significar 'si', '¿cómo no?', '¡hola!', '¡Bien!'. Por ejemplo: eré katú!

es tanto una invitación a comer como a trabajar. Su significado literal es 'pues, bien' o 'está bien'. [K.]

15. Aguardiente, en portugués popular. [K.]

Dos años entre los indios

81

en portugués popular. [K.] Dos años entre los indios 81 Foto 19. Katapolítani Antonio. Río Ir;ána.

Foto 19. Katapolítani Antonio. Río Ir;ána.

cosas a cam- bio de que nos trajeran vasi- jas decoradas y otros objetos. Por último, les dimos un par de chucherías para que les llevaran a sus mujeres y a sus niños y se fueron felices y satisfechos. A lama- ñana siguiente llegó el ins- pector Anto-

estuve a

nio (Foto 19).

Por su llega-

da

punto de per- der la vida. Me encontraba cazando palomas silvestres que anidaban entre las ro- cas, cuando sentí que llegaban las canoas, las oí justo abajo del lugar donde yo estaba; la alegría me llevó a asomarme por encima de las rocas, me incliné dema- siado hacia adelante y rodé de cabeza un buen trecho. En la caída se accionó sólo el gatillo y salió el tiro hacia arriba sin llegar a herirme. Con excepción de, ~as raspaduras en los dedos y magulladuras en varias partes del cuerpo, sah b1en librado; lo único fue que llegué un poco aturdido a donde los indios, que, por su parte, conservaron una admirable serenidad ante la escena. Cuando me acerqué a saludar a Antonio, éste me volteó la espalda Y de inmediato se puso una camisa de una blancura impecable. ¡Muchísimo más limpia que la mía! Antonio era un hombre respetable, de edad madura, hablaba un poco de portugués y llenaba los requisitos de la persona que necesitábamos para q~e nos cooperara en nuestros propósitos. Después de deliberar largamente con m1s dos remeros, le prometí una buena remuneración y accedió a acompañarnos en un viaje de unos diez días al caserío más importante de los siusí en el Aiary. · Al mediodía llegó Diogo con un verdadero contingente formado por unos treinta indios siusí provenientes de Tucúmarapecúma 16 y otros lugares de·la parte lita del río; traía unas doce canoas repletas de enseres domésticos. Los hombres vestían pantalón y camisa; casi todas las mujeres estaban semidesnudas y, al igual que los niños, tenían todo el cuerpo pintado con puntos rojos como remedio pre-

El inspector

Antonio

Visita de los siusí e ipéka del alto

lfána

16. Tukumá, tipo de palmera pinatífida: Astrocaryum tucumá. Sapekúma significa 'cabo saliente'

en Iingoa geral. Las del término original se cambia por r en el compuesto. [K]

82

Theodor Koch-Grünberg

ventivo contra los resfríos y otras enfermedades que pudieran llegar a contraer duran~e el viaje. Nos vendieron muchas piezas etnográficas: vasijas con diseños maravillosos, platos y canastos trabajados de manera muy delicada (Fotos 20, 21 Y22)~~lgunos_ce~azosgrandes y planos para colar la masa de mandioca, tejidos ta~bie~con dibUJOS geométricos en rojo y negro, todo a cambio de telas de algo- don! ~abones para las mujeres y municiones para los hombr~s. La negociación fue facll y ordenada. Las dos partes quedaron satisfechas. En menos de una hora h~bíamos terminado la_ tr~sacción y los indios prosiguieron su viaje rumbo al Río Negro donde trabaJanan durante todo el verano en las plantaciones de ·cau- cho, llevando sus canoas con mucho arrojo por entre los rugientes rápidos. · . Antoni~Jtenía también una casa en Tunuhy, pero sólo pasaba allí las épocas de flest~. DeJe a guardar e_n ella hasta mi regreso toda mi colección etnográfica qu~habm aumentado considerablemente, a pesar de la advertencia del inspector, qu1en no lo consideró prudente ante la posibilidad de que llegara el comandante Y le prendiera fuego a toda la aldea. Poco antes de que partiéramos tuvimos otros vis~tantes, una familia ipéka 17 formada por un hermoso y esbelto indio de rasgos ~ehcados:q~ellevaba un curioso cilindro de paja sobre el pelo negro, por su mu- Jer, todav1a J~Ven,y por cinco robustos hijos. Iban de regreso hacia el alto I<;ána, donde este grupo aruak habita, arr.iba de las grandes cataratas, una hilera de pue- blos. Con la ayuda de Antonio, logré contratar como renteros a los dos hijos ma- yores. Además, el padre nos ayudó a aligerar la carga al ofrecerse a llevar dos pesados cajones hasta la desembocadura del Aiary. Solucionado así el último problema, partimos el 12 de octubre a la madru- gada, en dos barcas con cinco remeros cada una.

17. Ipéka-tapuyo: indio pato, en lingoa geral. [K.]

HACIA LAS TRIBUS HUHÚTENI Y SIUSÍ EN EL RÍO AIARY

RESUMEN: El Cuiary y sus habitantes. Otras poblaciones de ·los katapolítani. La tor- tuga «cabe~udo». Lagos ricos en pesca. Altas riberas arenosas. «Barreira de Yuí». De- sembocadura del Aíary. Avanzando solo. El subafluente Quiacy. Moradas abandonadas. Huhúteni en fuga. Correo en la selva. Por fin habitantes. Visita a una maloka huhúteni. Antonio el"Impresarío". Una mañana para la meditación. Uiraua- sú-Paraná. Igarapé Átiaru. Llegada a donde los síusí en Cururú-cuára.

Más arriba de la Cachoeira Tunuhy, el río se toma tranquilo, con excepción de unos pocos rápidos pequeños que sólo se notan cuan- do desciende el nivel del agua. Sin embargo, nuestros botes sqbre- cargados avanzaban con lentitud. La montaña el nivel del agua. Sin embargo, nuestros botes sqbre- cargados avanzaban con lentitud. La montaña Tunuhy, no muy alta y alargada, se extiende a lo largo del río, en sus cercanías, hasta la desembo- cadura d~l Río Cuiary, dándole una dirección casi meridional. Continúa por un corto trecho a lo largo del Cuiary. Alcanzamos la desembocadura del Cuiary hacia el mediodía. Este afluente, con abundantes cachoeiras, que lleva la. misma agua del Río Negro, nace en Colombia. Desde su afluente izquierdo, el Péua-Igarapé, sale un sendero corto y muy frecuentado, que llega hasta Macaréo, un poblado baníwa sobre el Igarapé-Aquy, un afluente por la margen derecha del alto Guai- nía. Por allí se da un constante ir y venir de indios. A todo lo largo del Cuiary habitan tribus arua.k. En la parte baja se encuen- tran los siusí-tapuyo (indios pléyade) con sus clanes, los sukuriyu-tapuyo y los yauareté-tapuyo (indios boa e indios tigre); más arriba están sus vecinos, los kua- tí-tapuyo (indios coatí) y, por último, en una región distante de la de sus orígenes, los salvajes tatú-tapuyo (indios armadillo). Segtin se me aseguró, todos estos gru- pos hablan la misma lengua de los katapolítani, con pocas diferencias entre una y otra región, como en efecto lo pude constatar más tarde, en lo que concierne a los siusí. Por la tarde pasamos por otros dos asentamientos katapolítani sobre la mar- gen derecha: Yapúrapecúma 1 y Sao Joaquim y pasamos la noche en Sao José, la posesión del inspector Diogo. El lugar se componía de tres casas. El inspector, un grueso hombre de edad, nos acogió amablemente y de inmediato intentó negociar con nosotros; le dijimos que sólo compraríamos cosas a nuestro regreso. Al día siguiente, al reanudar el viaje, nos encontramos unas embarcaciones con indios siusí del Aiary, semidesnudos, que se dirigían al seringa[ (la plantación de caucho). En un comienzo, creyeron que se encontraban ante el inspector y el temor les sacudía todo el cuerpo. Llevaban con ellos todos los utensilios domésticos nece-

l. Yapú: un pájaro: Cassicus cristatus Daud. [K.]

El Cuiary · y sus grupos vecinos

Otros

asentamientos

de katapolítani

84

Theodor Koch-Grünberg

La tortuga

caber;udo

8 4 Theodor Koch-Grünberg La tortuga caber;udo Foto 20. Recipientes para el agua de los grupos

Foto 20. Recipientes para el agua de los grupos

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sarios en una vivienda indígena: un ver- dadero museo etnográfico en pequeño 2 . Nos vendieron un bulto de pescado ahu- mado a cambio de una cajetilla de fósfo- ros y dos agujas de coser. Un poco más arriba de Sao José, so- bre la margen derecha, está Sao Marcellino, allí termina la región de los katapolítani. Después viene un área deshabitada por la que pasamos durante los dos días si- guientes; se ven unas pocas viviendas y capoeiras abandonadas, indicio de ·que hubo pobladores en otro tiempo. Las ca- tinga, casi sin vegetación, apenas con unos pocos árboles frondosos, reempla- zan aquí a la selva. En lugar de rocas hay gran cantidad de prayas (bancos de arena) de blanca arena que se levantan majes- tuosas entre el agua un poco más arriba de Tunuhy y que representan un cónside- rable peligro para la navegación. Aquí la fauna es máo;; abundante, protegidos por la selva, el torpe tapir y el pequeño. vena- do rojo beben en los arroyos. Espesas bandadas de gordos ca,rarás (sorgomu-

3 revolotean en el aire; la presencia de

]·os)

patos yaburú 4 , blancos y negros, cigüeñas maguar? y garzas blancas, indican que hay lagos en las proximidades. De un lado y otro se escuchan los gruñidos del mutum en las lomas; su carne es muy sabrosa y ocupa un lugar de honor en el menú tropical. Nos divirtió mucho un incidente que algunas personas incrédulas pudieran calificar como el clásico cuento del pescador. En un lugar donde las aguas no eran muy profundas, mis hombres atraparon con las manos un enorme pez-sorubiin 6 de unos diez kilos, que traía en la boca una tortuga cabe9udo viva. La tortuga es- taba fuertemente aferrada a la boca del pez y, sin duda, lo hubiera matado; desa- fortunadamente se escapó mientras mi gente subía a bordo la codiciada presa.

La tortuga cabe9udo sólo se encuentra en el I<;ána y en sus afluentes y debe su nombre al tamaño de su cabeza. Los indios la preparan de una forma SUL!.a-

2. Salvo otra especificación, todos los objetos etnográficos aquí reproducidos se encuentran en

la colección Koch-Grünberg en el Real Museo Etnográfico de Berlín. [K.]

3. Colymbus ludovicianus. [K.]

4. Mycteria americana. [K.]

5. Ciconia maguari. [K.]

6. Platystoma spec. [K.]

·

Dos ail.os entre los indios

85

mente cruel: colocan al animal de espaldas sobre un gran fuego y allí lo dejan patalear, mientras muere poco a poco. Luego lo abren y lo despresan. Así es más fácil desprender la carne de la concha. A veces le hacen al animal vivo un hueco en la parte inferior del caparazón, le quitan las vísceras y lo asan entero en la concha. Cerca de la desemboca- dura del Aiary, el I<;ána forma una red de ·numerosos lagos a todo lo largo del río, fa- mosos por su abundante pesca. En la época en que las aguas alcanzan el nivel más bajo, los indios vienen desde los puntos más dis- tantes a instalarse temporalmente con toda su familia en los grandes bancos de arena y a aprovechar la abundancia. Según cuentan los siusí, en la laguna Cuétani existía en tiempos remotos la gran vivienda de los pe- ces, llamada