Sie sind auf Seite 1von 8

Leyes de Newton

Primera ley del movimiento

Todo cuerpo permanece en reposo o en movimiento uniforme a menos que sobre él actúe una
fuerza.

Significados:

Si vemos un objeto acelerándose, retardándose o cambiando la dirección de su movimiento,


debemos pensar que sobre él está actuando una fuerza; Así tenemos un criterio para reconocer
cualitativamente la presencia de una fuerza no equilibrada.

Sin embargo, esta ley no nos ayuda a descubrir la magnitud de la fuerza o su origen. Solo está
implicada la definición de fuerza como la «causa» del cambio de velocidad.

Otras definiciones:
Principio de inercia

Existen ciertos sistemas de referencia, con respecto a los cuales el movimiento de un objeto, libre
de cualquier fuerza externa, se mueve en línea recta con velocidad constante (incluida la veloci-
dad cero).

Toda partícula continúa en su estado de reposo o de movimiento uniforme según una recta
hasta que deje de hacerlo.

Otra versión:

Toda partícula continúa en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme, salvo que
ocurra otra cosa.
Sir Arthur Eddington

En los siguientes versos está contenida la primera ley:

El suplicio de Tántalo
¡Ninguno ha amado como yo!
Debí haber muerto, y vivo;
pero vivo con una vida misteriosa y rara
que no alcanzo a comprender.
Lanzad un cuerpo al espacio,
y en virtud de la inercia seguirá avanzando,
avanzando, si no hay una fuerza
que le detenga en su ruta sin fin.
Así es mi vida ahora. Sigo viviendo,
pero esta existencia es como la continuación
de un impulso potente que recibí cuando amé.

Amado Nervo

1
La inercia

También surgen otros puntos de la primera ley del movimiento:

 Es un hecho que es necesaria la acción de una fuerza neta para cambiar el estado de
movimiento de un cuerpo; en otras palabras diríamos que los cuerpos materiales son
reacios a cualquier cambio, a esto le llamamos su inercia.
 Aceptaremos simplemente que los cuerpos materiales están caracterizados no solo por
su volumen, composición química, etc., sino también por su inercia.
 Finalmente, se dice que la primera ley tiene poco significado cuantitativo, ya que no da
ninguna idea de cómo debe medirse una fuerza; sin embargo esto no es enteramente
correcto, ya que de hecho describe el significado de fuerza cero.

Segunda ley del movimiento

Hasta ahora solo hemos establecido:

 Una noción de fuerza puramente cualitativa


 Incidentalmente aquella propiedad de los cuerpos que llamamos inercia.

Es preciso determinar cuantitativamente, tanto la fuerza como la inercia.

No basta con decir simplemente que un cuerpo tiene una gran inercia porque cualitativamente
se necesita una gran fuerza para cambiar su estado de movimiento.

Newton formuló su segundo principio así:

La fuerza que actúa sobre un cuerpo es igual a la variación de su cantidad de movimiento, en


donde esta magnitud se define como el producto de la masa por la velocidad.

Ésta es una generalización que surge de manera natural de la observación de los choques: una
colisión súbita produce un cambio finito de movimiento en un periodo de tiempo corto.

Sin embargo, para las fuerzas que actúan de manera continua, como la gravedad, es más conve-
niente definir la fuerza de un modo distinto: se introduce el concepto galileano de aceleración,
es decir, la razón de cambio de la velocidad.

La fuerza resultante que actúa sobre un cuerpo material, es directamente proporcional y en la


misma dirección que la aceleración del cuerpo.

Esta versión de la segunda ley formalizada por el matemático suizo Leonard Euler en 1750, es
la que finalmente se adoptó en física.

Lo que establece esta ley es lo siguiente:

Si la presencia de una fuerza resultante se manifiesta cualitativamente por las variaciones que
produce en la velocidad (según la primera ley), definimos esta fuerza precisamente como pro-
porcional a la rapidez con que varía la velocidad del cuerpo.
Si representamos por F a la fuerza resultante que actúa sobre un cuerpo dado y por a su acele-
ración, podemos escribir:

2
𝐹∝𝑎 (para un cuerpo determinado)
o sea,
𝐹
= constante para un cuerpo determinado (1)
𝑎

Esta constante la podemos identificar como la medida de la inercia de un cuerpo, pues, eviden-
temente, si la razón de F a a es grande, es justamente lo que esperamos que ocurra en cuerpos
de gran masa, a los que asignamos, intuitivamente, una inercia mucho mayor que a los cuerpos
pequeños.

La constante de la ecuación (1) la representamos por la letra m y le daremos el nombre de masa.


Entonces, podremos escribir la segunda ley del movimiento en la forma:

𝐹
= 𝑚; o 𝐹 = 𝑚𝑎 (2)
𝑎

La ecuación (2) nos permite, en principio, asignar valores numéricos a una fuerza midiendo la
aceleración que produce a un cuerpo de masa conocida, o, a la inversa, obtener valores numé-
ricos para la masa a partir de la aceleración y de la fuerza.

Pero el círculo vicioso es evidente; desgraciadamente, encontramos que la inercia y la fuerza,


los dos conceptos que intentamos establecer cuantitativamente y de un modo riguroso, son in-
terdependientes.

Para determinar uno de ellos debemos conocer antes el otro. Cómo se resolvió esta dificultad,
lo veremos más adelante.

Tercera ley del movimiento


La primera ley de Newton definió, cualitativamente, el concepto de fuerza, y la segunda ley nos
proporciona una definición cuantitativa de la fuerza e introduce el concepto de masa. A ésta,
Newton añadió la tercera ley del movimiento, que completa la caracterización general del con-
cepto de fuerza, explicando, en esencia, que toda fuerza que pueda existir tiene su imagen ge-
mela. En palabras de Newton:

A cada acción, se le opone siempre una reacción igual: o bien, las acciones mutuas de dos cuerpos,
unos sobre otros, son siempre iguales y dirigidas hacia las partes contrarias…

Esta afirmación es más bien desconcertante:

Un cuerpo, por sí mismo, no puede nunca ejercer ni experimentar ninguna fuerza. Las fuerzas
surgen solamente como resultado de las interacciones, y durante la interacción de dos cuerpos,
uno de ellos impulsa o es impulsado por el otro, tanto como es impulsado o impulsa.
Podemos llamar a una de las fuerzas «la acción» y a la otra «reacción», pero el orden de etique-
tarlas es totalmente arbitrario. No es que una de las fuerzas aparezca primeramente y cause la
otra; ambas son causa simultánea una de otra, en pocas palabras: las fuerzas nacen gemelas.

Para poner de manifiesto todos estos puntos, podríamos enunciar la tercera ley del movimiento
de Newton así:

3
Siempre que dos cuerpos A y B interaccionan de tal modo que el cuerpo A experimenta una fuerza
(por contacto, por interacción gravitatoria o por cualquier otra causa), el cuerpo B experimenta,
simultáneamente, una fuerza de igual magnitud y dirección opuesta.

Ahora regresemos a la dificultad de la interdependencia de las definiciones de masa y fuerza.


Las diferentes épocas han visto la dificultad inherente al concepto de masa como lo enunció
Newton en los Principia, pero habían preferido evitarla hasta hace relativamente poco tiempo,
digamos hasta la fecha de aparición de la famosa obra de Ernst Mach (1838-1916), The Science
of Mechanics, publicada por primera vez en 1883.

En la mayoría de los textos novecentistas de mecánica se repite, casi sin ninguna variación sig-
nificativa, que la masa es «la cantidad de materia contenida en un cuerpo » o que «masa es, en
buenas cuentas, el cuerpo mismo o la materia de que está compuesto».

Enunciar tales proposiciones así podría considerarse hoy por hoy como un exceso, si no fuera
por la circunstancia de que aún suelen aparecer en textos actuales.

Antes definimos la masa como inercia; cuando se la acompaña con la discusión de un experi-
mento concreto, esta definición tiene por lo menos el mérito de proporcionar una noción cuali-
tativa. Pero la definición de una cantidad física no tiene ningún valor si no describe un procedi-
miento que permita medir esa cantidad.

Volviendo a la ecuación (2), se ve la posibilidad de definir la masa, representada por el símbolo


m, en términos de fuerza y aceleración.

Sin embargo, hacer esto implica que la fuerza ya ha sido definida independientemente, lo que
no es así de ninguna manera. De todos modos, consideremos por un momento la posibilidad de
definir satisfactoriamente la idea de fuerza al margen de la segunda ley de Newton. Tal vez
nuestro primer pensamiento se refiera a barras, cuerdas, resortes, pesos, tirones, empujones,
etc.

¿Cómo podemos saber qué fuerza actúa sobre una partícula dada?

Se impone la siguiente idea:

Apliquemos un tiro o un empuje a la partícula en consideración hasta que su aceleración se


reduzca a cero. El tiro o el empuje que cumple esta función será entonces igual en magnitud y
de dirección opuesta a la fuerza original que actúa sobre la partícula.

Esto, sin embargo, no hace otra cosa más que desplazar el problema al de medir un tiro o un
empuje. Un tiro o un empuje se aplica siempre a través de un medio material y todo intento de
medición deberá hacerse en términos de las propiedades observadas de tales medios. Ya que
los medios difieren considerablemente unos de otros, éste no es, en modo alguno, un estado
satisfactorio de cosas.

4
Queremos una definición que sea independiente de las propiedades de tales medios. Pensemos
en usar la gravedad. Es decir, podríamos equilibrar todo tiro o empuje mediante el peso de al-
gún objeto y expresar así, finalmente toda fuerza en términos de peso. Pero de nuevo surgen
problemas, ya que los pesos varían de un punto a otro de la Tierra de una manera nada sencilla.
Tal vez ya se ha dicho lo suficiente para dejar claro que la interpretación habitual de la segunda
ley de Newton carece de base lógica y sólida, y que deja pendientes muchas dudas. Nos corres-
ponde proporcionar algunas bases teóricas pertinentes que puedan reemplazar a las leyes de
Newton, y que conduzcan a los resultados que Newton y sus sucesores trataron de derivar a
partir de dichas leyes.

Consideremos el concepto de masa. Existen muchas definiciones perfectamente lógicas, según


el punto de vista en que nos coloquemos. Por ejemplo:

Podríamos decir que la masa de un cuerpo puede determinarse mediante una balanza.
Esto equivale esencialmente a la definición de masa en términos de peso, elegiríamos un cierto
cuerpo como masa patrón y compararíamos todos los demás con él, equilibrándolos con frac-
ciones conocidas o múltiplos del patrón. Sin embargo, ésta no es una definición satisfactoria. No
contiene la idea cualitativa primordial de la masa, a saber, la idea de inercia; más importante
aún, tiene la desventaja de hacer aparecer a la masa como una función de las propiedades de la
Tierra.

La definición en tela de juicio depende del postulado de que la masa es directamente propor-
cional al peso. Pero, claro está, que peso envuelve la idea de fuerza. Equivale, por lo tanto, a
definir masa en términos de fuerza. Esto nos hace retroceder a la situación de tener que dar una
definición de fuerza independientemente de la masa y de la segunda ley de Newton. El dilema
es evidente.

Procedamos entonces con el mayor cuidado posible.


Supongamos dos cuerpos, 1 y 2, que se hallan bastante alejados de todos los otros cuerpos del
universo; de tal manera que podemos considerar que realmente están aislados. Es necesario
suponer que los cuerpos se influyen mutuamente y esta acción provoca que los dos cuerpos se
aceleran. Como ilustración concreta imaginemos dos pequeños cuerpos unidos entre sí me-
diante un resorte. Designemos por a1 la aceleración de 1 y por a2 la aceleración de 2.

La experiencia indica que en todos los casos en que dos cuerpos actúan uno sobre otro:
a) En todo instante, las aceleraciones del cuerpo 1 y del cuerpo 2 tienen la dirección de la
recta que une los dos cuerpos y sentidos mutuamente opuestos, no importando que
mecanismo los acelera.
b) En todo instante, el cociente de los módulos 𝑎1 ⁄𝑎2 tiene siempre el mismo valor,
cualquiera que fuese el mecanismo de interacción. Este valor depende exclusivamente de
los dos cuerpos que interactúan.

5
El valor del cociente de los módulos de las aceleraciones, que es totalmente independiente del
mecanismo de interacción y que representa una cualidad inherente de los cuerpos 1 y 2, lo
llamaremos masa inercial del cuerpo 2 en unidades del cuerpo 1 y lo representamos por el símbolo
𝑚21 ,
𝑎1
= 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 = 𝑚21 (3)
𝑎2

estas aceleraciones varían de caso en caso y en función del tiempo. Lo esencial y notable es que el
cociente de sus módulos se mantiene constante para los dos cuerpos. Esta constante que
caracteriza al par de cuerpos, es el resultado experimental más importante de toda la mecánica.
Si ahora tomamos un tercer, cuarto,..., n-ésimo cuerpo y los ponemos en interacción mutua con el
cuerpo 1, tendremos; cualquiera que sea el mecanismo de interacción,

𝑎1 𝑎1 𝑎1
= 𝑚31 , = 𝑚41 , ⋯ , = 𝑚𝑛1 ,
𝑎3 𝑎4 𝑎𝑛

obteniendo así las masas inerciales de esos cuerpos en unidades del cuerpo 1.
En el intento de dar una interpretación a la constante m21 tomamos otra partícula 3 y la dejamos
interactuar primero con 1 y luego con 2. Obtenemos relaciones análogas con (3), a saber:

𝑎1 𝑎2
= 𝑚31 , = 𝑚32
𝑎3 𝑎3

Es perfectamente concebible que las constantes m21, m31, m32 sean independientes. Sin
embargo, los experimentos indican que éste sería un mal supuesto, como vemos enseguida.
c) Si ahora ponemos al cuerpo 3 en interacción con el 2, observamos experimentalmente que:

𝑎2 𝑚31
= 𝑚32 = (4)
𝑎3 𝑚21

La última igualdad es un resultado nuevo que no se puede deducir de los anteriores.


Si por «decreto» adoptamos de una vez por todas al cuerpo 1 como «unidad de masa inercial»
podemos suprimir el índice 1 y llamar al cociente,
𝑎1
= 𝑚𝑛 (5)
𝑎𝑛

«masa inercial del cuerpo 𝑛 » (entendiéndose que es en unidades del cuerpo 1). Obsérvese que así
definida, el valor de la masa de un cuerpo es el número que mide cuantas veces más aceleración
tiene el cuerpo unidad cuando es puesto en interacción con el cuerpo dado. Ese número dependerá
por lo tanto del cuerpo unidad.
En resumen, las experiencias anteriores permiten introducir una magnitud física llamada «masa
inercial», que representa el hecho físico de que el cociente de las aceleraciones de dos cuerpos en
interacción mutua cualquiera es siempre el mismo, dependiendo solo de los dos cuerpos. El valor
numérico de esa magnitud está dado por el valor numérico de ese cociente cuando uno de los dos
cuerpos es el convenido como unidad.

6
El concepto de fuerza
Dados dos cuerpos que interactúan 𝑖 y 𝑘, el hecho de que las aceleraciones sean de sentido opuesto
y de que para sus módulos valga 𝑎𝑖 /𝑎𝑘 = 𝑚𝑘 /𝑚𝑖 , puede expresarse vectorialmente en la igualdad,

𝑚𝑖 𝒂𝑖 = −𝑚𝑘 𝒂𝑘 (6)

Esta expresión nos permite introducir un ente que sea representativo de lo que intuitivamente
entendemos por «intensidad de una interacción».

En otras palabras, nos proponemos encontrar un ente que sea representativo, desde el punto de
vista físico del proceso de interacción en sí. Hasta ahora solo tenemos un ente representativo de
los cuerpos interactuantes, que es la masa inercial. A primera vista podría tomarse directamente
la aceleración como «intensidad de interacción», puesto que parece natural calificar una
interacción como tanto más fuerte, cuanto mayor aceleración se produzca en las masas
interactuantes. Pero esto no sirve desde el punto de vista cuantitativo, puesto que en general, las
aceleraciones de los cuerpos interactuantes serán diferentes entre sí y no sabríamos cuál de las
dos elegir como ente representativo.

Pero precisamente gracias a la relación (6) encontramos un ente expresado por 𝑚𝑖 𝒂𝑖 o 𝑚𝑘 𝒂𝑘 , que
conteniendo a la aceleración, es el mismo (excepto el sentido) para las dos masas interactuantes.

Este ente nos permite por lo tanto representar en forma cuantitativa unívoca lo que entendemos
por «intensidad» de la interacción en cuestión. Llamaremos a ese ente 𝑚𝑖 𝒂𝑖 = 𝑭𝑖 , fuerza sobre el
cuerpo 𝑖; 𝑚𝑘 𝒂𝑘 = 𝑭𝑘 será la fuerza sobre el cuerpo 𝑘 en su interacción con el cuerpo 𝑖. Es
importante recordar que el concepto de fuerza nos representa físicamente la «intensidad» de la
interacción estando determinado por el proceso de interacción en sí.
Según (6) tenemos:
𝑭𝑖 = −𝑭𝑘 (7)

Vemos que cuando dos cuerpos ejercen acciones mutuas entre sí, la fuerza que actúa sobre uno de
ellos es igual y de sentido contrario a la fuerza que actúa sobre el otro. O más concisamente como
expresamos antes: las fuerzas nacen mellizas. La fuerza es por lo tanto una cantidad vectorial,
tal como lo es la aceleración. De inmediato se ve que ésta es la formulación matemática de la
tercera ley de Newton, que surge pues como una consecuencia lógica de nuestros supuestos pre-
vios y de las definiciones de masa y fuerza. Un poco más adelante discutiremos en mayor detalle
el significado de la tercera ley.
Por el momento, no obstante, vale la pena subrayar la importancia de la definición de fuerza
propuesta aquí: introduce una ecuación práctica que se puede usar en el estudio de todos los
problemas mecánicos. Para cualquier partícula de masa m, podemos escribir 𝑚𝑖 𝒂𝑖 = 𝑭𝑖 en la
forma de una ecuación vectorial diferencial de segundo orden

𝑚𝒓̈ = 𝑭 (8)

donde 𝑭 debe ser considerada ahora como la fuerza resultante que actúa sobre la partícula, es
decir, la suma vectorial de todas las fuerzas individuales. Este último paso constituye, sin duda,
un supuesto adicional que se justificará por su éxito en la práctica. Expresa nuestra sensación
de que cada fuerza actúa independientemente de las otras. Esto no es necesariamente verda-
dero, pero funciona satisfactoriamente en muchos casos que se presentan en la mecánica. Es un
7
ejemplo de un principio general llamado principio de superposición. Este principio está funda-
mentalmente sustentado en las observaciones experimentales, explícitamente, para el caso de
las masas inerciales y las fuerzas lo expresamos así:
Un cuerpo compuesto por varios cuerpos puntuales unidos rígidamente entre sí, se comporta
como un solo cuerpo de masa,

𝑚 = 𝑚1 + 𝑚2 + ⋯ + 𝑚𝑛 (9)

Si un cuerpo puntual está sujeto simultáneamente a varias interacciones con distintos cuerpos,
cada una de intensidades 𝑭1 , 𝑭2 , ⋯ , 𝑭𝑛 la aceleración del cuerpo será igual a la que le imprimiría
una sola interacción, de intensidad,

𝑭 = 𝑭1 + 𝑭2 + ⋯ + 𝑭𝑛 (10)

La suma vectorial 𝑭 es la resultante de las fuerzas actuantes.


La acción simultánea de varios procesos de interacción puede dar un efecto total nulo. La condición
para ello es:

𝑭 = 𝑭1 + 𝑭2 + ⋯ + 𝑭𝑛 = 0 (11)

Esta es la condición de equilibrio para un cuerpo puntual. En ese caso, el cuerpo se mantendrá con
movimiento uniforme rectilíneo, o permanecerá en reposo, según las condiciones iniciales.
La adición vectorial de las intensidades de interacción permite determinar la fuerza de una
interacción desconocida, oponiéndole una fuerza de una interacción conocida hasta lograr el
equilibrio. Cada vez que observamos que un cuerpo está acelerado, éste necesariamente debe estar
en interacción con otro u otros cuerpos. Cuando en cambio, un cuerpo se mueve con movimiento
rectilíneo uniforme estará libre de interacciones o sujeto a varias interacciones cuya acción
resultante se anula.
La ecuación (8) se llama «ecuación del movimiento» de la partícula, y dice que el producto de
masa y aceleración, conocido comúnmente por reacción cinética, es igual a la fuerza. La sustitu-
ción de 𝑭 en (8) por una función particular, da una ecuación diferencial, o más bien un conjunto
de tres ecuaciones escalares en términos de las tres componentes de 𝒓 a lo largo de los ejes
rectangulares. Si estas ecuaciones son solubles, se pueden encontrar la posición y la velocidad
de la partícula en cualquier instante, respecto del sistema de referencia dado (sujetas, por
cierto, a la existencia de ciertas condiciones iniciales).