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El orden implicado y los campos-M:

Dos teorías entre la física y la metafísica.

Abstract.

La teoría cuántica, elaborada a principios del siglo XX es la ultima teoría que ha


dado una dirección diferente a la manera de pensar la naturaleza, esta teoría se ha ido
manifestando en muchas ramas del conocimiento científico, desde la mecánica hasta la
biología, en este momento es la teoría con mayor auge, aplicándose para la creación de
nuevas tecnologías. Va a cumplir un siglo de haber sido creada y no se le ve un fin
próximo.
Así como ha incursionado en la ciencia, por otro lado, ha sido la teoría científica
mas filosófica de la historia, no por que en sí la teoría tenga pretensiones filosóficas, sino
por que ella misma no pudo cerrar la puerta de la incertidumbre. No han sido los filósofos
quienes se han puesto a trabajar en estos aspectos sino los científicos que han querido
encontrar una respuesta coherente para los hechos acaecidos. Hasta este momento no existe
una teoría capaz de explicar los efectos de la cuántica pero si hay varias hipótesis y hechos
interesantes que mencionar, que enmarcan una nueva manera de hacer ciencia, tratando de
contestar preguntas que la raza humana tiene desde sus inicios.

Introducción.

En 1982 el científico Aspect logró confirmar brillantemente la teoría cuántica. En


síntesis, el experimento de Aspect dio la prueba de las dos siguientes posibilidades: la
realidad objetiva no existe, y no tiene sentido que hablemos de cosas u objetos dotados de
existencia real alguna por encima y mas allá de la mente de un observador, o bien es
posible comunicarse con el futuro y con el pasado a una velocidad superior a la de la luz.
Solo que su descubrimiento para quien lo quiera ver, tiene profundas implicaciones
metafísicas, no siendo este el único avance científico que tiene consecuencias filosóficas
implicadas. Preguntas como ¿Puede la conciencia subsistir aparte del cuerpo?¿Recibimos
información sólo por medio de los sentidos , o estamos también conectados con una parte
colectiva de nuestro ser?¿Cuál es la relación última entre mente y realidad?.

En 1981, Rupert Sheldrake, biólogo de Cambridge, publicó una teoría donde


sostiene que la forma y la inteligencia natural de los animales e incluso de los seres
humanos es moldeada por un nuevo tipo de campo, de índole espectral, que es capaz de
comunicarse a través tanto del espacio como del tiempo.

Ese mismo año, David Bohm, físico teórico de la universidad de Londres y autor de
uno de los libros de texto corrientes sobre la teoría cuántica, sostuvo que las operaciones
del mundo subatómico sólo tienen sentido si suponemos la existencia de otras dimensiones,
mas complejas, mas allá de las que nos son propias.
El trabajo principal de este texto es enseñar con mas claridad estos acontecimientos,
así como mostrar relaciones entre ellos, subrayando las repetidas incursiones que tanto la
física cuántica como la ciencia en general están haciendo incursiones en fenómenos
naturales no comprendidos aún, a los que se les ha dado diferentes explicaciones que nada
tienen que ver con la ciencia.

Las leyes de la física

En esta materia hay dos escuelas de pensamiento. La primera, defendida por


muchos físicos, sostiene que ya hemos calculado aproximadamente todo cuanto es posible
calcular acerca de las leyes básicas de la física. Este punto de vista es probado por el hecho
de que, una vez más, en los círculos científicos se murmura que estamos a punto de
comprender todo lo que se puede llegar a saber acerca de las fuerzas que dan origen al
universo y a la vida tales como los conocemos. Este optimismo se debe en gran medida al
hecho de que en las últimas cuatro décadas los físicos han avanzado considerablemente en
el desarrollo de una comprensión unificada de las cuatro fuerzas naturales que se conocen:
la gravitacional, la electromagnética, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil.

La segunda escuela de pensamiento sostiene que si bien nuestras actuales


realizaciones pueden ser llamativas, de ningún modo estamos cerca de comprender todas
las fuerzas que han causado la existencia de nuestro universo. Esta escuela entiende que en
nuestro mundo todavía suceden demasiadas cosas enigmáticas que son reales y aún no han
sido adecuadamente explicadas por la ciencia.

Un ejemplo de lo pretensioso que podemos llegar a ser afirmando que conoceremos


el todo es el de lord Kelvin, quien dijo jactanciosamente que toda la futura tarea de la física
equivaldría a no más que agregar “unos pocos decimales a los resultados ya obtenidos”. En
el horizonte, dijo, sólo se advertían “dos pequeñas nubes oscuras”. Las dos nubecillas
oscuras eran, desde luego, la teoría de la relatividad especial y la teoría cuántica.

La física cuántica alcanza la mayoría de edad.

Cuando uno se realiza una pregunta, esa misma pregunta ya ha determinado las
posibles respuestas, a fines del siglo pasado los físicos se formulaban la pregunta: ¿Cuáles
son los bloques de construcción básicos de la materia?. Ellos querían obtener como
respuesta algo así como pequeños ladrillos, después de algunos intentos fallidos, los
experimentos condujeron a la respuesta, la cual no era la esperada. Se formula una pregunta
y a la vez un conjunto de respuestas esperadas, a veces ese conjunto no está completo por
que ha sido formado con el conocimiento adquirido, si la respuesta no se encuentra en ese
conjunto es algo que ha salido completamente de nuestros conocimientos. Este es el punto
señalado muy convincentemente por el experimento de Aspect. Los experimentos
realizados que dieron pie a la mecánica cuántica fuera de todo conocimiento matemático y
físico, arrojaron cuestiones filosóficas difíciles de interpretar y mas de teorizar,
específicamente los experimentos de conversión de cuerpos en luz, en los cuales al parecer
esos pequeños ladrillos encontrados “decidían” como comportarse, al pasar por un rendija,
y al estrellarse en una pared sólida. Durante esa fase parece capaz, no poco literalmente, de
manifestarse como varias contra figuras probabilísticas de sí mismo y explora todos los
senderos que se le abren simultáneamente. Estos pequeños ladrillos (partículas
subatómicas), no son los únicos que tienen la facultad de existir simultáneamente en varios
estados probables distintos. Innecesario decir que la capacidad de las partículas
subatómicas para existir en más de un lugar al mismo tiempo plantea cierto número de
cuestiones muy profundas. Una de ellas involucra una controversia que se ha presentado
repetidas veces en la historia de la física cuántica: ¿qué rol desempeña el observador en
todo esto?
Por ejemplo, antes de que el fotón del experimento (conocido como experimento de
Young) de la doble ranura haya dejado su marca en la placa fotográfica, lo más que
podemos decir de ella es que parece existir al mismo tiempo en todos sus trayectos
posibles. Sin embargo, incluso después de que haya hecho impacto en la placa fotográfica
no hay manera científica de determinar con precisión dónde incidió hasta que examinamos
efectivamente la placa con la vista . Podemos determinar la probabilidad de que incida en
éste o aquel sitio, pero el fotón no sale de la niebla de sus existencias múltiples y revela su
único punto de impacto hasta que entre en escena un observador. Esto parece sugerir que la
conciencia está relacionada con la materia última constituyente del universo en un grado
mayor que lo sospechado antes por la ciencia.

El experimento de Aspect.

Considérese el pequeño átomo, altamente inestable, que los físicos llaman


positronio. El átomo de positronio consiste en un solo electrón combinado con un positrón
(la antipartícula del electrón). Debido a la inestabilidad del positronio, el electrón y el
positrón a menudo se aniquilan recíprocamente y el átomo se desintegra en dos fotones que
viajan en direcciones opuestas. La característica importante de esa desintegración reside en
que cuando se los mide, se comprueba que los dos fotones poseen idénticos ángulos de
polarización (la polarización es la orientación espacial que sigue una onda luminosa al
alejarse de su fuente).
Utilizando el ejemplo de los fotones, Einstein y sus colegas sugirieron, en esencia,
que si la incertidumbre del cuanto no permite determinar la polarización de un fotón, ésta
puede ser establecida midiendo la polarización del otro fotón. Teóricamente, por lo tanto, se
pueden obtener en forma simultánea dos datos acerca de un solo fotón, de modo que el
principio de incertidumbre de Heisenberg quedaría violado.
La réplica de Bohr a esta línea de razonamiento es bien conocida. Bohr dijo que el
error cometido por Einstein, Podolsky y Rosen al estructurar su argumento residía en
suponer que los sistemas subatómicos existen objetivamente y que es válido hablar de la
polarización de cualquier fotón determinado como existente antes de su medición. Ajuicio
de Bohr, esto simplemente no sucedía. Bohr sostuvo que en el nivel cuántico la realidad es
intrínsecamente borrosa y que un ángulo de polarización preciso para cualquier fotón
determinado no existe hasta que ha entrado en la escena un observador humano y la ha
sacado del borrón probabilístico del panorama cuántico. La incertidumbre del cuanto se
conserva porque no hay manera de saber en qué forma la ejecución de una medición con un
fotón ha perturbado el conjunto del sistema. Efectuar una medición distinta en el segundo
fotón puede aportar dos fragmentos de información, pero no hay ningún derecho a decir
que ambos fragmentos de aplicación son válidos simultáneamente para un mismo fotón.
Einstein, Podolsky y Rosen habían previsto este argumento e incorporado su
respuesta al trabajo. Si Bohr tenía razón, si la realidad subatómica era una irreductible
niebla de probabilidades y carecía de sentido hablar de a existencia de un ángulo de
polarización específica antes de que se hubiera efectuado la medición, se presentaba otro
problema. Supongamos, por ejemplo, que un átomo de positronio se ha desintegrado y, en
vez de efectuar inmediatamente una medición, se permite que un fotón viaje hasta un
extremo de la galaxia mientras el otro fotón viaja hacia el otro extremo de la galaxia. En
ambos extremos se han preparado laboratorios, y cuando uno de los fotones llega a su
estación receptora se efectúa una medición, y si se establece que el segundo fotón tiene un
ángulo de polarización idéntico (como nuestra experiencia con el positronio nos dice que
sucederá), esto vendría a significar que de alguna manera el primer fotón comunicó
instantáneamente su ángulo a su fotón gemelo de un extremo a otro de la galaxia.
Esto dijeron Einstein, Podolsky y Rosen, es algo totalmente inaceptable. La
comunicación instantánea es imposible, puesto que supondría la posibilidad real de enviar
señales al futuro y al pasado, lo cual implicaría toda suerte de paradojas en la naturaleza.
Einstein concluyó que, en consecuencia, la teoría cuántica es incompatible con toda idea
razonable de la realidad y, por lo tanto incompleta.
En 1982, Alain Aspect y sus colaboradores, comprobaron utilizando fotones
producidos por átomos de vapor de mercurio excitado, junto con un haz láser en el carácter
de partículas apareadas, que sumando el nivel de correlaciones de los ángulos de
polarización de una corriente de incontables fotones apareados era mucho mas alto de o que
se hubiese podido esperar si las partículas subatómicas obedecieran las mismas reglas que
los objetos tales como los conocemos. Einstein se había equivocado y Bohr había estado en
lo cierto. La física cuántica había alcanzado la mayoría de edad. Y con ella serios
problemas filosóficos aparentemente sin salida.
Uno de los pocos científicos que se rehúsan a creer que se trate de un camino
filosófico sin salida, y que ha intentado sondear más hondamente para describir el nivel de
realidad que puede haber por debajo de esas correlaciones, es un destacado físico teórico y
antiguo protegido de Einstein que se llama David Bohm. Hace un par de décadas, Bohm
publicó una explicación en profundidad acerca de los mundos que a su juicio existen más
allá del cuanto.

Una realidad multidimensional mas alta.

En 1951, un joven y brillante físico de Princeton llamado David Bohm escribió un


libro que muchos consideran el texto clásico acerca de la interpretación de la teoría cuántica
por Bohr. Sin embargo, después de publicarse el libro, Bohm empezó a pensar de nuevo las
cosas. Si bien aceptaba la conclusión de Bohr en el sentido de que en el nivel cuántico el
mundo es borroso e indeterminado, ya había dejado de considerar que la confusión del
paisaje subatómico fuera la verdad última.
Bohm envió ejemplares a Bohr y Einstein. Bohr no contestó, pero Einstein lo invitó
a conversar sobre el enigma cuántico. Durante las conversaciones con Einstein, el
pensamiento de Bohm empezó a apartarse más radicalmente aun de la línea de Bohr, Bohm
vio en el experimetno de Einstein-Podolsky-Rosen algo importante que la teoría cuántica
todavía no podía explicar.
Poco después Bohm publicó un trabajo donde formulaba la hipótesis de que ciertas
“variables ocultas” explicaban las misteriosas conexiones entre las partículas subatómicas,
tales como los nexos existentes entre dos fotones emitidos al desintegrarse el átomo de
positronio. Hasta el día de hoy, muchos físicos entienden, incorrectamente, que Bohm
intentó imponer un determinismo en el mundo indeterminado del cuanto, o sea, disipar la
borrosidad que Bohr consideraba como una propiedad intrínseca de panorama subatómico.
Sin embargo, Bohm nunca se propuso establecer un principio de certeza para el mundo
cuántico. Por el contrario, tal como él las entendió, esas variables ocultas, si en verdad
existen, existen en un nivel más profundo de la realidad que se manifiesta a sí mismo en la
incertidumbre cuántica. Pero, como lo reconoce Bohm, este concepto “no prendió entre los
físicos”. Bohm se negaba a creer que las instantáneas correlaciones entre partículas se
debieran a algún proceso de transmisión de señales mas rápido que la luz. Bohm concluyó
en cambio que su existencia sugiere la de un nivel de realidad no local que está mas allá del
cuanto. O sea, lo que percibimos como partículas separadas en un sistema subatómico no
están en realidad separadas, sino que en un nivel más profundo de la realidad son
meramente extensiones del mismo algo fundamental. El nivel de la realidad en que las
partículas parecen estar separadas –el nivel en que vivimos-, Bohm lo denominó el orden
explicado. El sustrato más profundo de la realidad, el nivel en el cual la separación se
desvanece y todas las cosas parecen convertirse en parte de una totalidad sin
discontinuidades, Bohm lo llamó el orden implicado.
Para ilustrar cómo un nivel de totalidad continua puede aclarar esas correlaciones
sin apelar a procesos de transmisión de señales más veloces que la luz, Bohm ofreció el
siguiente ejemplo. “Imagine una pecera donde nada un pez. Imagine también que hay dos
cámaras de televisión dirigidas a la pecera. Una, que llamaremos cámara A, está dirigida al
costado de la pecera, y cada cámara está conectada con un receptor de televisión. Imagine,
finalmente que no puede ver la pecera ni el pez directamente y que tiene conocimiento de
ellos sólo por las dos imágenes que se ve en las pantallas de televisión. Las correlaciones
instantáneas entre los movimientos de los dos peces se deben en cambio al hecho de que en
un nivel más profundo de la realidad, que es la realidad de la pecera, los dos peces no son
en modo alguno dos entidades realmente separadas”.
De acuerdo con la forma de pensar de Bohm, esto es aproximadamente análogo a lo
que sucede cuando medimos las correlaciones entre los dos fotones en el experimento de
Einstein-Podolsky-Rosen. Según este criterio, las dos pantallas de televisión corresponden
al mundo tal como lo conocemos, es decir, el orden explicado. En cambio, el pez tal como
realmente existe en el acuario corresponde al nivel de realidad, más profundo, que existe
más allá del cuanto, es decir, al orden implicado, el mundo de las ideas planteado desde
hace algún tiempo en la historia de la filosofía. Dicho de otro modo, las imágenes que
ofrecen las pantallas de TV son realmente proyecciones (o facetas) bidimensionales de una
realidad tridimensional. En vista de que dos identidades tridimensionales, como los fotones
del experimento de Einstein-Podolsky-Rosen, pueden comportarse como si fueran parte de
una totalidad continua no menos sorprendente, de ello se sigue, dice Bohm, que nuestro
propio mundo tridimensional es por lo tanto la proyección de una realidad
multidimensional aun más alta.
En su libro, Bohm sugiere que la naturaleza en definitiva no local del cuanto puede
explicar también otros enigmas. Por ejemplo, en el experimento de la doble ranura, cuando
un fotón parece pasar por las dos ranuras al mismo tiempo esto confunde nuestra
comprensión del mundo, basada en el sentido común, porque insistimos en pensar que el
fotón posee una sola localización en el espacio y en el tiempo. Sin embargo, y si Bohm está
en lo cierto, no es esto lo que sucede. En ciertas circunstancias, la proyección
tridimensional del fotón puede dar la impresión de que posee una localización específica.
Pero como en realidad el fotón es una proyección de una realidad única y más altamente
dimensional, no se encuentra rígidamente confinado a las reglas de nuestro universo
tridimensional.
Bohm sugiere que la índole no local del mundo que hay mas allá del cuanto explica
la conexión entre el observador y el observado que se encuentra implícita en las
formulaciones de la teoría cuántica. Por ejemplo si nuestra aparente separación respeto de
los objetos que observamos es una mera ilusión del orden explicado, en definitiva no
estamos ,más separados de ellos que los dibujos, adyacentes entre sí, de una alfombra.
En suma, si las partículas cuánticas son todas, por igual, proyecciones de una
realidad más profunda, no local, tal situación nos obliga a reconsiderar muchas de nuestras
ideas sobre el mundo físico. En vista de que todos los objetos conocidos están hechos de
cuantos, desde los pinos hasta los cuasares, si la teoría de Bohm es correcta significa que
todas las cosas del universo están infinitamente interconectadas. O como lo dice Bohm.
“Todo interpreta en todo”.

Conexiones con la mente.

Tal vez el aspecto más enigmático de la teoría de Bohm es la forma en que puede
aplicarse a nuestra comprensión de la mente humana. Según el ve la cuestión, si cada
partícula de la materia se interconecta con todas las demás, el cerebro mismo puede ser
visto como infinitamente interconectado con el resto del universo. Bohm cree que
semejantes interconexiones, ante cuya concepción misma la mente vacila, podría incluso
proyectar luz sobre el fenómeno de la conciencia.
Descartes establece que las diferencias entre conciencia y materia son precisamente
las mismas que Bohm señala entre el orden implicado y el orden explicado.
Trabajando sin tener contacto con Bohm, durante la década de 1970-80, el
neurofisiólogo Karl Pribram, de la universidad de Standford, propuso también un modelo
holográfico de conciencia. En apoyo de sus conclusiones, Pribram menciona pruebas de
que la memoria no parece localizada en ningún área particular o célula individual del
cerebro y más bien parece distribuirse de alguna manera en la totalidad del cerebro. Uno de
los avances fundamentales de la neurofisiología ha consistido en el descubrimiento de
relaciones directas entre ciertas áreas cerebrales y funciones corporales específicas; se han
descubierto así, centros de habla, de la visión, etcétera. Sin embargo, ya en los años 20’s el
neurofisiólogo Karl Lashlay había establecido que el daño cerebral parcial no impedía a
una persona ejecutar funciones controladas por las partes faltantes. Hoy neurofisiólogos
como Pribram interpretan ese fenómeno como prueba de que las estructuras responsables
de memorizar y recordar no están localizadas en ninguna parte singular del cerebro, sino
que se distribuyen por el conjunto de este, en forma muy parecida a como la imagen de un
holograma está comprendida en todas las partes de ésta.
¿Qué queda en medio de todo esto, del problema mente cuerpo? Según lo ve Bohm,
si el universo es no local en un nivel subcuántico esto significa que la realidad es en último
término un tejido sin costura, y que sólo nuestros propios modos de ser nos llevan a
dividirla en categorías arbitrarias como mente y cuerpo. En consecuencia, no puede
considerarse que la conciencia esté fundamentalmente separada de la materia.
La longitud de onda de la vida

¿Les es más fácil a los niños de hoy aprender a jugar con videojuegos que a los niños de
hace pocos años? ¿Serán los adultos de la próxima generación automáticamente capaces de
entender y hacer funcionar las computadoras más rápidamente que las personas que
aprenden actualmente a manejar? La respuesta a estas preguntas, dice Rupert Sheldrake,
bien puede ser que sí. Así como el enfoque mecanicista no acierta a explicar ciertos
fenómenos subatómicos, Sheldrake considera que también deja sin resolver cierto número
de inquietantes enigmas en el campo de la biología, que es el suyo. Sheldrake propone la
existencia de una nueva clase de campo, una fuerza misteriosa que dice conectar a cada
individuo con todos los demás individuos que hubo en el pasado de su especie. Sheldrake
además sugiere que cada especie tiene una “mente grupal”, la cual puede proporcionar una
base científica que permita comprender también ciertos fenómenos físicos.
El camino que llevó a Sheldrake a formular su teoría es similar en ciertos sentidos a
la situación frente a la cual se vio Bohm. En biología, como en física cuántica, el punto de
vista ortodoxo sostiene que fenómenos tales como los organismos vivientes no son más que
máquinas complejas, gobernadas sólo por las conocidas leyes de la física y la química.
Un problema en el que Sheldrake se dio cuenta esas leyes no podían resolver fue la
cuestión de la morfogénesis. La palabra “morfogénesis” viene de la voz griega marfe, que
significa forma, y de génesis, que significa nacimiento. En ciencia e un concepto
convencionalmente aceptado es el de que, el ADN puede ser considerado un mapa o un
plano detallado del ser humano. La cuestión es: ¿Cómo una célula cardíaca sabe leer en el
ADN solamente la información que le dice cómo debe llegar a ser una célula cardiaca? Esto
es uno de los problemas de la morfogénesis.
Otro problema de la morfogénesis concierne a un fenómeno que los biólogos llaman
“regulación”. La regulación es la capacidad de un organismo en desarrollo para alterar o
regular su propio diseño si a su plan original de desarrollo le sucede algo inesperado. Por
ejemplo, en los seres humanos, si una masa celular es dividida a cierta altura de su
desarrollo a partir de ella evolucionarán mellizos idénticos y no seres humanos parciales.
Lo enigmático de la capacidad de los organismos vivientes para regularse a sí
mismos en esta forma estriba en que esto también es paralelo a las propiedades, que ya
conocemos, del holograma. Así como cada mitad del holograma contiene una versión
completa del organismo original envuelto en ella. El actual enfoque mecanicista de la
biología no ofrece ninguna explicación de este fenómeno.
Un tercer problema enigmático de la morfogénesis se relaciona con la regeneración ,
es decir, la capacidad que muchos organismos tienen para reemplazar o restaurar partes
dañadas. Si un tritón pierde una pata, puede hacer crecer rápidamente una nueva
Una vez mas como en el caso del holograma, se diría que los organismos vivos
tienen una curiosa propiedad de conservación de la totalidad. Un creciente número de
investigadores creen que los procesos aparentemente holográficos que se operan en los
organismos vivios sugieren la necesidad de tomar en cuenta una nueva visión del orden.
Campos morfogenéticos.

Con frecuencia en la naturaleza observamos fenómenos físicos de los cuales solo


podemos conocer sus manifestaciones, pero realmente no sabemos que son, por ejemplo los
campos.
¿Qué son esos campos? Con frecuencia los físicos contestan que son cantidades
matemáticas que se manifiestan en regiones del espacio, esto por supuesto no aclara nada
de ellos. Su descripción más aproximada consiste en decir que son estructuras espaciales en
el tejido del espacio mismo.
La similitud entre lo que ocurre en los campos y lo que sucede en los
organismos vivientes es una de las razones que llevaron a Sheldrake a proponer que los
problemas planteados por la morfogénesis podrían explicarse por la existencia de un campo
de tipo desconocido, que aquel investigador llamó “campo morfogenético” o, para abreviar,
“campo-M”.
Sheldrake afirma que los campos morfogenéticos gobiernan no sólo la
estructura de los organismos vivos, sino también su conducta. En síntesis, Sheldrake
propone que los hábitos y la conducta que cualquier especie tuvo en el pasado se acumulan
y, por obra de un proceso que él llama “resonancia mórfica”, afectan los hábitos y la
conducta de los miembros de la misma especie que viven hoy. Por ejemplo, si un león
encontró una nueva técnica de caza que resulta ser inusitadamente eficaz y un número
suficiente de leones también aprenden la técnica, la resonancia mórfica puede permitir que
leones que viven en zonas geográficas totalmente distintas absorban súbitamente esa
técnica, aun cuando no tengan ninguna conexión genética directa con los leones que dieron
origen a la técnica.
El psicólogo William McDougall, de Harvard, hizo estudios sobre el
comportamiento de la rata. McDougall inició su experimento en la década de los años 20’s
y lo continuó durante un periódo de 34 años. Su intención original era someter a prueba la
famosa teoría de Jean Lamark según la cual las características adquiridas pueden
transmitirse genéticamente.
Para efectuar su experimento McDougall construyó un laberinto de agua en forma
de T. En un extremo del laberinto en T instaló una luz y en el otro un techo opaco, para que
permaneciera oscuro. Después electrificó la pasarela en el extremo iluminado. Lo hizo por
saber que su inclinación natural llevaría a la rata a nadar hacia la pasarela iluminada, y él
quería averiguar cuántas veces necesitaría hacer la prueba hasta aprender que sólo la
pasarela a oscuras les ofrecía una salida sin peligro.
Para su asombro, McDougall descubrió que las posteriores generaciones de ratas
completaban el recorrido del laberinto con mas rapidez que las generaciones anteriores.
Para determinar si este aumento del aprendizaje era codificado en los genes de las ratas,
McDougall incluso hizo reproducirse solamente las ratas mas lentas de cada generación, no
obstante lo cual el aumento de aprendizaje persistió. El efecto fue tan acentuado, que
McDougall descubrió que las ratas de su vigesimosegunda generación descifraban el
laberinto con una rapidaz diez veces mayor que las de su primera generación. Circunstancia
mas desconcertante, el investigador estableció que las ratas de líneas genética no entrenadas
presentaban la misma tasa de progreso. En otras palabras, el mejoramiento parecía
manifestarse en la especie de la rata en general, lo cual contradecía el concepto de que el
aumento se ajustaba al principio de Lamark, en el sentido de que era transmitido
genéticamente. Algunos investigadores trataron de contradecir a Lamark haciendo ellos
mismo los experimentos, para sorpresa de estos, las ratas que él empleó parecían poseer
acerca del laberinto un conocimiento que arrancaba del punto donde concluía el
conocimiento adquirido por las ratas utilizadas por McDougall. Por añadidura, en tanto que
la primera generación de ratas de McDougall había necesitado cientos de inmersiones para
aprender a sortear el laberinto, algunas ratas de las que usaron estos investigadores
aprendieron inmediatamente la tarea, sin haber experimentado el shock eléctrico. Las ratas
utilizadas por estos investigadores pertenecían a líneas genéticas completamente ajenas a
las líneas de las ratas usadas por McDougall, lo cual demostraba que la destreza no había
sido transmitida genéticamente.
La ciencia convencional sostiene que esas anomalías no significan nada y
deberían ser ignoradas.
Sheldrake considera que comprobaciones como la efectuada por McDougall
sugieren una explicación alternativa. A su juicio, cada especie tiene su propio campo-M, el
cual, tal como los campos de que se habla en física, es una estructura intangible pero
espacial y real. El campo-M de una rata, por ejemplo, tendría codificado en su interior (tal
vez holográficamente) toda la estructura y el comportamiento que actualmente advertimos
en las ratas. El embrión de rata en desarrollo se sintonizaría con el campo-M de su especie,
compartiéndolo. Sin embargo , como lo sugiere el experimento de McDougall, esos campos
no son estables o estáticos, sino que pueden permitir que una conducta nueva y benéfica sea
realimentada al campo-M del organismo. Sheldrake ha dado a esta teoría el nombre de
“hipótesis de la causación formativa”.
A todo esto, una de las consecuencias más desconcertantes que se infieren de esa
noción es la de que si los campos-M de un organismo del pasado son capaces de influir
sobre la conducta y la forma de un organismo del presente y del futuro, necesariamente los
campos-M son también capaces de atravesar instantáneamente el espacio y el tiempo. El
hecho de que la naturaleza haya hecho algo en una forma tiende a llevarla a hacerlo así de
nuevo y cuanto más se repite esa duplicación, más poderoso se torna el campo-M.

En virtud de similitudes teóricas como éstas, a Bohm se le preguntó en una


entrevista si a su juicio existía alguna relación entre su concepto del orden implicado y la
teoría del campo-M de Sheldrake. Contestó: La principal diferencia reside en que el orden
implicado es mas general. No exige una teoría morfogenética, pero puede servir de marco
para una explicación de ella.
Aun cuando no concuerden totalmente, los caminos son muy similares, y los dos
están basando su investigación con fundamentos, que la ciencia en general gusta mucho de
llos.

Los campos-M de los objetos inanimados.

De acuerdo con Sheldrake, los organismos vivos no son las únicas cosas controladas
por los campos-M, Por ejemplo, durante años, los cristalógrafos han advertido un fenómeno
insólito cuya mejor explicación puede encontrarse en los campos-M de Sheldrake. Se trata
del siguiente fenómeno: cuando una nueva sustancia química se cristaliza por vez primera,
ella misma no sabe inmediatamente qué forma cristalina adoptará. Por un instante vacila
torpemente, y al fin se asienta en una estructura. A partir de ese momento, en el mundo
entero, toda vez que esa sustancia cristalice adoptará siempre esa misma forma. Sheldrake
propone que también cada forma cristalina es controlada por su propio campo-M y ésta es
la causa por la cual la repetición de una nueva forma parece facilitar cada vez más su
reproducción.
Existen un sin fin de mas ejemplos en los que la teoría de los campos-m podrían
darse como explicación.

La conciencia y los campos-M

Hecho curioso, si los campos-M son descubiertos tal vez puedan proyectar nueva
luz sobre el misterio de la conciencia misma. De acuerdo con la hipótesis de Sheldrake, los
campos-M se manifiestan como hábitos profundamente arraigados . Como uno de los
aspectos más significativos de la conciencia es su excepcional capacidad para alterar un
hábito o reemplazarlo, Sheldrake sugiere que tal vez la conciencia funcione como mediador
entre el cuerpo físico y sus campos-M. Si éste es el caso, ya no habrá ninguna razón para
suponer que nuestros recuerdos de hechos pasados se encuentran alojados ni siquiera
materialmente en nuestros cerebros. Según lo ve Sheldrake, lo que entendemos por
memoria puede resultar, por un proceso de resonancia mórfica, de que el cerebro entre en
sintonía con sus propios estados anteriores. En otras palabras, simplemente funciona como
un sistema de sintonización, antes que como un lugar de almacenamiento de recuerdos.

Conclusión.

A lo largo de este ensayo hemos revisado dos propuestas de conocimiento


novedoso, conocimiento que se encuentra entre lo físico y lo metafísico. ¿Pero quien o que
ha desencadenado esta manera de concebir el mundo?, las dos teorías se han derivado de
teorías científicas que no han sido capaces de responder a ciertas preguntas. En el caso de la
teoría cuántica, es la primer teoría que ha rebasado los límites del mecanicismo, ¿cómo es
posible que los científicos de estos tiempos se renieguen, a tan solo considerar la
posibilidad de que la física podría estarse dirigiendo a una ciencia mas metafísica,(sin que
esto le reste la parte matemática, primero hay tener una idea de lo que está ocurriendo y
después crear la teoría), cuando toda la tecnología que se ha desarrollado en el siglo XX ha
sido tecnología desarrollada a partir de una teoría física la cual tiene abierta la puerta de la
incertidumbre?, ¿Cómo han ocupado por tanto tiempo ese conocimiento sin querer dar
credibilidad a temas en los que las pruebas existen, como lo requiere el método científico?,
no hay que encerrarnos, pues eso le paso a los científicos de hace casi cien años y tuvieron
que pasar mas de 40 para que la teoría cuántica fuese completamente acepta, ni sus mismos
creadores daban crédito de que así se comporta la naturaleza. Sin querer decir que cualquier
panfleto deba ser leído, o que estas dos teorías sean certeras, pero sí fijarnos un poco mas
en la historia de la física y darnos cuenta como ha avanzado esta, y hacia a donde se
encamina.
Bibliografía

Mas allá de la teoría cuántica, Michael Talbot, gedisa, primera edición, 1988.

La totalidad y el orden implicado, David Bohm, Kairós, cuarta edición, 2002.

El cántico de la cuántica,