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Ciencia y Tecnología para el Desarrollo en el Contexto de la Globalización

Ciencia y Tecnología para el Desarrollo en el Contexto de la Globalización

Ciencia y Tecnología para el Desarrollo en el Contexto de la Globalización

Ciencia y Tecnología para el Desarrollo en el Contexto de la Globalización

Prefacio

Tomando como referencia el caso dominicano, en este ensayo se explo- ran los obstáculos a los que un país se enfrenta en su búsqueda del desa- rrollo sostenible y se hacen recomendaciones sobre cómo estos obstáculos pueden ser superados. Este ensayo es una reproducción de la conferencia presentada por el autor como parte de la Sección de Cátedras Magistrales de la Escuela Diplo- mática y Consular de la Secretaria de Estado de Relaciones Exteriores (hoy Ministerio de Relaciones Exteriores) de la República Dominicana, en 1999, y publicada en el libro “Cátedras Magistrales I”, en el año 2000. Este ensayo fue preparado por Diógenes Aybar.

Diógenes Aybar es Ex Viceministro de Ciencia y Tecnología del Ministe- rio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología de la República Dominicana y Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

Mayo de 2016

Desarrollo para la Ciencia y la Tecnología, C.A. Apartado Postal 2005 Maracay 2101-A Aragua, Venezuela

info@dct.com.ve

M uchos políticos usan en su discurso términos que están de moda o son temas del momento. Uno de esos temas es el de ciencia y tecnología

para el desarrollo, pero es necesario advertirles a los políticos que en este asunto están jugando con energía atómica, que más que quemar, mata. El tema de la ciencia y la tecnología no se puede usar como carnada de lobos por mucho tiempo más, precisamente porque la globalización y la compe- tencia descarnada que la produjo y la sostiene hacen que el lobo anunciado se torne una realidad presente. Ya no es suficiente con pan y circo, porque hay que producir con que pagar el pan y el circo. Ya no es suficiente con disponer de mano de obra barata, porque, así como la revolución industrial hizo no rentable el uso de esclavos para la producción, hoy ya no es rentable el uso de mano de obra barata y no calificada para los mismos fines. Así como la revolución industrial lanzó a la indigencia a millones de esclavos ahora libres, de igual modo hoy no hay espacio para la mano de obra no calificada. Muchos se quejan de que el crecimiento económico sin precedentes que tiene la República Dominicana no se refleja en las clases más desposeídas, y tienen razón, pues de lo que están desposeídas estas clases es precisamente de la preparación y formación necesarias para aprovecharse y participar de este crecimiento económico. Donde sí se refleja este crecimiento es en la clase media profesional, la cual ha venido adquiriendo un estatus nuevo y valorado en la sociedad. Ya no es más la pomposa profesionalidad de la era de Trujillo y los años sesenta, tampoco es aquella clase desarraigada y de- sesperada de la década perdida de los ochenta y comienzos de los noventa; ahora es la clase que añade valor a los procesos, por los que compiten las diferentes empresas. La única forma que tenemos para resolver el problema de la indigencia

es educando, facilitando y promoviendo la educación general y la forma- ción técnica de los hijos de los indigentes, para que ellos puedan formar

parte de la nueva maquinaria productiva, y así puedan emerger como clase insertada en el nuevo sistema económico. Pero esto no se logra de la noche

a la mañana, es cuestión de más de una generación. ¡Ay de los políticos que ofrecen panaceas inmediatistas! Si producimos muchos plátanos, habrá mu-

chos plátanos por unas cuantas semanas, pero se arruinarán los productores

y sobrevendrá una gran escasez. Ya no basta producir, sino que debemos producir competitivamente,

nuestros productos se pudren en los anaqueles si no sabemos tener acce- so a los mercados globales (aunque ya todos los mercados lo son). Producir competitivamente y acceder a los mercados requiere de una constante in- novación de la tecnología productiva y de mercadeo, me refiero a ambos tipos de tecnología (tecnología dura y la blanda). Hoy, la más valiosa mercancía que se puede poner en el mercado es el conocimiento, si no pregúntele a Bill Gates, quien vendiendo dicha mer- cancía produjo una riqueza de US$ 90,000,000,000.00 en poco más de quince años. El internet y la globalización de la economía han cambiado las reglas del juego, el conocimiento científico y tecnológico ya no es ex- clusivo de los países poderosos, el conocimiento se vuelve obsoleto muy rápidamente, por eso, para sacarle el máximo provecho económico, este es puesto en el mercado para venta al mejor postor, si usted necesita una tec- nología y tiene dinero para comprarla usted la adquiere; el mercado para adquirirla está en la pantalla de su computador. ¿Qué nos está fallando entonces? Nuestros empresarios se quejan de la competencia con grandes ventajas tecnológicas que les harían las grandes compañías si entramos de lleno en la economía globalizada. Si es inevitable la globalización, ¿tiene sentido quejarse y no hacer na-

da?

¿Quién debe dar el primer paso para enfrentar el problema? Entremos a analizar el problemas más de cerca y veremos cuan complejo es, comprenderemos que tenemos un

Nuevo desafío: La brecha de gestión del conocimiento

Europa vivió en los primeros 20 años de posguerra (1945-1965) el sín- drome de la impotencia y la dependencia, con los consiguientes síntomas de nacionalismos anacrónicos, aislacionismos y proteccionismos económicos, competencia depredadora entre los países del continente, falta de visión global histórica y continental, incoherencia e inconexión de políticas na- cionales y continentales, y falta de confianza en su capital humano e insti- tuciones, entre muchos otros problemas. Le tomó algo más de 30 años el proceso de despertar y pararse sobre sus propios pies; sólo a final de siglo y de milenio podemos decir que Europa es una potencia de cara al mundo.

Si después de la guerra Europa era débil y desunida, hoy Europa es una y fuerte. Europa vivió por veinte años el síndrome que América Latina ha vivido por casi doscientos (desde que comenzó a emerger como conglomerado de naciones independientes). Le tomó treinta años más a Europa levantarse de su letargo después de haberse visto a sí misma en postración (como lo atestigua ese retrato de la Europa de los años 60 que fue la obra de Jean-Jacques Servan-Schreiber 1 , en el espejo que le recopilara y presentara magistralmente: El Desafío Americano. Hoy, al final del siglo veinte y del segundo milenio de la era cristiana, América Latina despierta y se mira al espejo que de forma magistral ha sido recopilado y presentado (con su idiosincrasia particular, donde el en- frentamiento y los fundamentalismos matizan todas las hipótesis y plantea- mientos) en el Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano 2 . Las mismas críticas que con las evidencias en las manos lanzara Servan- Schreiber al liderazgo político y empresarial europeo en 1968, son hoy le- vantadas por Apuleyo, Montaner y Vargas Llosa a la América Latina. No sig- nifica esto que endosamos todas las opiniones que emiten aquí los autores; debemos tener cuidado de no canonizar el capitalismo como la panacea de todos los problemas humanos, pero condenarlo poéticamente, sólo por el hambre o por la envidia que sentimos, hace más desafío que el mismo capi- talismo. Lo que nos hace falta es una dosis “mínima” de responsabilidad y sentido común, combinado con algo de honestidad y sentido práctico en la solución de los problemas. Nuestros síntomas son coincidentes con los que tuvo Europa (aunque nuestro padecimiento es más largo, crónico y profundo). Nuestra solución, aunque matizada por el tiempo, la cultura y las condiciones geopolíticas y sociales, apunta en lo fundamental, en la misma dirección:

1. Reconocer nuestra principal riqueza: El ser humano.

2. Cambiar nuestro rígido sistema institucional (tanto estatal como pri- vado) para un sistema de gestión ágil, eficaz y eficiente.

1 Servan-Schreiber, J.-J. (1969). El desafío americano. Barcelona: Plaza & Janés. 2 Apuleyo Mendoza, P., Montaner, C. A., y Vargas Llosa, A. (1996). Manual del perfecto idiota latinamericano. Barcelona: Plaza & Janés.

3. No competir entre nosotros (los latinoamericanos), sino cooperar para hacernos grandes donde solos somos pequeños.

4. No aceptar ayuda, sino negocio y cooperación horizontal.

5. Aprender lo bueno de todo el mundo y usarlo.

6. No quejarnos de las condiciones del contexto global, sino compren- derlas y aprovecharlas, como naciones y como región geopolítica y económica.

7. Atrevernos a arriesgarnos a ir más allá del aquí y ahora; tener visión de largo plazo.

8. Invertir a largo plazo en el recurso humano: Educar para mañana, pues los hombres que piensan abren los horizontes de las naciones y las empujan a transitarlos.

Ya estamos acostumbrados a oír frases que nos confinan a un tercer mun- do de forma inexorable; frases como “brecha tecnológica”, “brecha econó- mica”, y otras más sonoras, tienden a confinarnos en un segundo y tercer plano en el mercado global; nos hemos acostumbrado a creernos inferiores y esa costumbre es más peligrosa que la más sangrienta de las invasiones (es a esto a lo que llamamos complejo de Guacanagarix). A este respecto, los europeos también tuvieron su período de complejo de inferioridad, lo cual llevó a Servan-Schreiber 3 a comentar con respecto a las características de la inversión norteamericana en Europa en los años 60, que “No asisti- mos al desbordamiento de un torrente de dólares que no encuentra empleo en los Estados Unidos y que se orienta hacia el mercado [común] por una coyuntura más o menos pasajera, sino (y esto es lo grave) al despliegue [ ] de un arte de la organización al que seguimos siendo ajenos”. Este comen- tario nos viene como anillo al dedo a nosotros con relación a toda inversión extranjera en estos momentos. Es un hecho comúnmente conocido que la innovación ha llegado a ser el arma decisiva de la competencia antes de la Segunda Guerra Mundial,

3 Servan-Schreiber, J.-J. (1969). El desafío americano. Barcelona: Plaza & Janés.

Schumpeter 4 previó esta realidad al escribir que “la competencia que con- tará de veras será la de los bienes nuevos, la de las técnicas nuevas”. “Esta competencia traerá consigo una ventaja decisiva en coste y en cali- dad, y afectará, no sólo el margen de beneficios y las cantidades producidas por las empresas, sino también sus conocimientos y a su misma existencia”. Esta competencia en el área de la innovación tecnológica trae consigo el aceleramiento del proceso de sustitución de productos, técnicas y tec- nologías, haciendo cada vez más imprescindible la producción de un recur- so humano de amplia y versátil formación científica básica y tecnológica, no sólo para manejar efectivamente los nuevos productos, técnicas y tec- nologías, sino también para innovar sobre ellos. Esto implica un cambio de actitud por parte de nuestros líderes políti- cos y empresariales hacia el más preciado de nuestros recursos: el recurso humano. Debemos entender el valor del conocimiento; no debemos confundir in- formación con conocimiento. La información está en los libros y archivos (duros o virtuales); el conocimiento es la comprensión y la capacidad de uso de la información, y esto no es posible sin el personal debidamente entrenado y con funciones especializadas para ello. Así pues, ¿de qué nos sirven el internet y el acceso a toda la información científica, tecnológica y cultural del mundo, si no tenemos los hombres con el conocimiento necesario para transferir efectivamente esta información y adueñarnos de ella e innovar sobre ella, y sacarle ventajas y provecho? El liderazgo político y empresarial de este país es muy dado a confundir la tecnología con una máquina. Démosle una computadora a un indígena del Amazonas no alfabetizado, y ¿qué verá? Un objeto extraño, o tal vez in- tuirá para ella usos inimaginables para nosotros, o hará rituales a su alrede- dor. Démosle la misma computadora a un investigador del INDOTEC (hoy IIBI), y notaremos que aumentará su rendimiento. La diferencia estriba en que el indígena no tiene el conocimiento para hacer uso de la máquina, mientras que el investigador del INDOTEC (IIBI) sí lo tiene. La tecnología no es la máquina, sino el conocimiento necesario para hacer y/o usar la máquina; la máquina es una expresión concreta de la tecnología, una téc- nica particular de la tecnología, un producto de la tecnología; la tecnología

4 Servan-Schreiber, J.-J. (1969). El desafío americano. Barcelona: Plaza & Janés.

misma es un producto de la tecnología. No es pues la compra de una máquina una transferencia de tecnología. Es el entrenamiento del personal en el nuevo conocimiento, y el empleo del mismo para aplicarlo en la solución de problemas haciendo uso de todas las técnicas a su disposición, adaptándolas para que le sirvan mejor a la solución de dichos problemas. Esto tiene una profunda doble implicación: a) sin una amplia y versátil formación básica no es posible una transferencia de tecnología, y b) sin una adecuada utilización y remuneración competitiva de los recursos humanos poseedores del conocimiento, tampoco hay una transferencia efectiva de tecnología. De aquí se desprende una recomendación a los dirigentes políticos y empresariales del país para que cambien de actitud hacia esta especie si es que quieren sobrevivir al proceso de globalización de la economía. En 1964 el economista norteamericano Edward F. Denison 5 escribió un informe (El Informe Denison) en el cual propuso una tesis que contribuyó grandemente a la teoría moderna sobre los factores profundos de la pro- ductividad. Las observaciones de Denison fueron confirmadas y comprobadas por el Bureau of Census de los Estados Unidos. Denison opina que entre 1909 y 1929 más de la mitad del desarrollo de la economía debe atribuirse al au- mento de la mano de obra y al crecimiento de los capitales invertidos. Cal- cula que a continuación, después de la gran crisis, los factores cuantitativos de esta naturaleza pasaron a un segundo plano. Entre 1929 y 1957 los fac- tores cuantitativos (mano de obra y capitales) determinaron, como mínimo, un tercio del crecimiento de la producción económica. A 1964 los factores más importantes de la expansión económica, los que van a la cabeza de la lista de 31 factores de expansión consignados por Denison, son la educación general y las innovaciones tecnológicas. La expansión económica de los últimos tiempos se debe esencialmente al rápido y creciente mejoramiento de la productividad. Pero no Basta con decir que la productividad progresa. Lo importante es descubrir qué es lo que en realidad influye en la relación entre la cantidad de los factores de producción utilizados (hombres, capitales) y la producción que resulta de

5 Servan-Schreiber, J.-J. (1969). El desafío americano. Barcelona: Plaza & Janés.

ellos; entre lo que se invierte y lo que se produce; es decir, la productividad. La conclusión principal del informe Denison es que la enseñanza es el factor más importante, por cuyo motivo lo sitúa en la cabeza de los factores económicos de expansión.

Y ¿por qué la enseñanza? Porque es ella la que prepara el recurso in-

dispensable para generar, adquirir y utilizar conocimiento científico y tec- nológico, que es el que produce el aumento de productividad: el recurso humano con conocimiento. Sí, según la teoría de Denison, el progreso de la educación debe ser con- siderado como el primero de los factores de desarrollo económico. El se- gundo es el que él llama progreso de los conocimientos, entre los que figura el enriquecimiento de la educación misma y su generalización a los adul- tos con los nuevos datos de la tecnología. Es decir, la formación y empleo del personal técnico y científico no es suficiente para sostener el desarrollo económico, sino que para que este proceso sea autosostenible se requiere de la formación de un “background” cultural capaz de dar soporte y retroa- limentación a los equipos de innovación y a las empresas.

El famoso “technological gap” se debe, en primer lugar y a través de la pobreza en la educación superior, a la debilidad relativa de la investigación

y de la ciencia, pero también debido a una aparente incapacidad (a falta de inversión en el hombre) de captar vigorosamente los métodos modernos de gestión.

A manera de ejemplo quiero referirme a un caso conocido por mí y mu-

chos otros colegas: El Dr. Sergio Bencosme 6 , una autoridad mundialmente reconocida como investigador científico en el área de las ciencias biomédi- cas, al regresar al país con la intención de utilizar su experiencia científica, sus relaciones internacionales y su prestigio como científico para promover

el desarrollo científico en el área de la medicina en el país, era de la opinión de que “como país en vía de desarrollo es imprescindible que adecuemos la formación del recurso humano, capacitándolo para dirigir y mantener,

a nivel nacional, una transferencia científico tecnológica eficiente y eficaz, continuamente actualizada y realmente útil para nuestro medio [

Desarrollar un proceso que nos indujera a entretejer

Su objetivo era “[

]

6 Bencosme, S. (Febrero de 1998). El proceso de trasformación científico tecnológica que requiere el país para su desarrollo: Nuestra experiencia de campo. Conferencia Magistral en Acta Médica Dominicana.

los conocimientos nacionales con los internacionales de manera dinámica

y crear nuevos conceptos para establecer una red de información nacional

de conocimiento capaz de salvar la brecha de conocimiento entre países

avanzados y países en desarrollo”. Pero la cruda realidad con que se encontró fue la “[

sorpresa de que

en nuestros líderes profesionales no surgiera una motorización instituciona- lizada para mejorar substancialmente la calidad de su práctica médica, los

servicios clínicos y la formación de los recursos humanos, apoyándose en una calidad forjada por ellos para satisfacer los requerimientos de calidad y economía de sus propios servicios”. Este ejemplo se repite en cada una de las otras áreas del saber científico

y tecnológico en nuestro país, lo que nos muestra que nuestro problema no es simplemente de falta de recursos económicos, sino que un contexto social

y cultural que permea toda la sociedad condiciona nuestra posibilidad de

salir del atraso económico, social y cultural; y es un deber del liderazgo

político y empresarial del país reconocer esta necesidad y conducir al país por el rumbo posible y necesario. Para que ese proceso quede más claro obsérvense las aseveraciones he- chas al respecto por Robert McNamara 7 (quien reformó la administración norteamericana después de haber transformado la industria del automóvil) en el marco de una conferencia pronunciada en un seminario celebrado en Jackson (Mississippi) en febrero de 1967:

Es el problema mayor de nuestro tiempo (el ‘technological gap’);

pero ni siquiera la expresión ‘technological gap’ es completamente exacta. En realidad, se trata, más que de un ‘gap’ tecnológico, de un ‘gap’ de direc- ción, es decir, de gestión. Y, si tantos sabios europeos emigran a los Estados Unidos, no es, esencialmente, porque tengamos una tecnología más avanza- da, sino, sobre todo, porque tenemos métodos más modernos y más eficaces de trabajo en equipo, de dirección”. “Dios es demócrata; distribuyó la capacidad intelectual casi a partes iguales en todo el mundo. Pero, sin duda alguna, espera que organicemos de manera eficaz los recursos que nos ha dado el cielo. Este es el problema del ‘management’. El ‘management’ es, a fin de cuentas, la más creadora de todas las artes. Es el arte de las artes; puesto que es el arte de organizar el

]

“[

]

7 Servan-Schreiber, J.-J. (1969). El desafío americano. Barcelona: Plaza & Janés.

talento”. “¿Cuál es el papel del ‘management’? Enfrentarse inteligentemente con el cambio. El ‘management’ (hoy llamado tecnología blanda) es el medio

por el cual los cambios sociales, económicos, tecnológicos y políticos, todos los cambios humanos, pueden ser racionalmente organizados y extendidos al conjunto del cuerpo social”.

La verdadera amenaza para una sociedad democrática reside en la

debilidad de la dirección. Sólo puede sobrevivir y desarrollarse si el ‘mana- gement’ no interrumpe su progreso”. “La suborganización, el ‘submanagement’ de una sociedad no debe con- fundirse con el respeto a la libertad. Consiste, simplemente, en permitir que fuerzas distintas de la razón moldeen la realidad. Estas fuerzas pueden ser la emoción, el odio, la agresión, la ignorancia, la inercia: cualquier cosa, menos la razón. Sea cual fuere, si la fuerza que regula la actividad humana no es la fuerza de la razón, el hombre permanece por debajo de sus medios”. “En materia de estrategia de empresa, como en materia de estrategia política, las decisiones vitales deben proceder forzosamente del hombre que está al frente de todo. Por esto ha sido colocado allí. Pero la manera racional, para él, de tomar su decisión, depende directamente de la labor de clarificación que se haya efectuado para presentarle las diferentes opciones que tiene que elegir. Si el ‘management’ es bueno, organiza la empresa o la sociedad de manera que pueda desarrollarse convenientemente este pro- ceso. Es el procedimiento por medio del cual los hombres pueden ejercitar,

con la mayor eficacia posible, su capacidad de creación, sus iniciativas y sus responsabilidades”.

El ‘management’ creador de los fenómenos modernos, infinita-

mente complejos, es, desde ahora, imposible sin el equipo técnico y sin las

calificaciones humanas aportadas por el progreso del conocimiento”.

en definitiva, este ‘gap’ tecnológico, este ‘gap’ de dirección, sólo

pueden ser atacados en su raíz: La educación”.

evidentemente, la ciencia, la tecnología y el ‘management’ (tec-

nología blanda) modernos no constituyen, por si solos, los fines esenciales de la educación. El último fin de la educación es desarrollar al máximo las capacidades del hombre. Esto es, indudablemente, lo que cuenta más que nada, la profunda razón de ser de la educación. Pero, sin la tecnología mo- derna y sin la infraestructura de ‘management’ que le es indispensable en el

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mundo moderno, será imposible todo progreso, económico o humano; sin este progreso en la técnica de organización (tecnología blanda), es decir, sin progreso en la educación, el mundo que nos rodea se expone, sencilla- mente, a verse cada vez más atrasado y desequilibrado”. Vayamos un poco más adentro de las condiciones culturales enquistadas en nuestras instituciones privadas y estatales, que enmarcan y restringen las posibilidades de transformarnos de país tercermundista (con todo lo que esto implica) a un país moderno y organizado (que es lo que caracteriza a los países del primer mundo). Entremos en un

Diagnóstico con perspectiva histórica del desarrollo de la ciencia y la tecnología en este país

Antes de entrar en detalles, aclaremos qué queremos decir con el térmi- no perspectiva histórica; casi siempre, cuando damos un diagnóstico sobre una situación social nos confinamos a mostrar los parámetros que definen la situación actual, sin referirnos a las causas (históricas o estructurales) que los producen; aquí queremos ser un poco más como los médicos, el diagnóstico, debe ir acompañado de la etiología de la enfermedad, porque ello nos permite curarla y prevenirla. Grau y Aybar 8 realizaron una evaluación a finales del 1995 acerca del estado de la ciencia y la tecnología en la República Dominicana, la cual es reconocida por los diferentes expertos consultados como la más actual y objetiva visión de la realidad dominicana en dicho sector. En la misma se hizo un diagnóstico sectorial e institucional que incluye los sectores a) In- dustrial, b) Agropecuario, c) Planificación Central, y d) Universitario. Por la naturaleza y actualidad de este trabajo, en todo lo referente al diagnóstico del sector de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo nos estaremos refirien- do frecuentemente a este informe (Informe Grau-Aybar). Los cambios ocurridos en las últimas décadas en la organización de la producción y el comercio han obligado tanto a los empresarios como a los políticos, funcionarios públicos e investigadores económicos a prestar espe- cial atención al tema de la competitividad.

8 Grau, R. J., y Aybar, D. (1996). Estado de la ciencia y la tecnología en República Domini- cana (Informe realizado para la Academia de Ciencias de la República Dominicana). Santo Domingo, República Dominicana.

Sin embargo, y a pesar de lo difundido del uso del término, existe una difusa conceptualización del mismo. Para algunos, la competitividad se re- fiere a la capacidad de las empresas para afrontar las condiciones de los mercados en que participa. Otros la conciben como un proceso evolutivo de mediano y largo plazo en el que están comprometidos cambios tecnológi- cos, organizativos e institucionales que tienen expresión a nivel macro y a nivel de la firma. Algunos sostienen que está más asociado con la capacidad

de un país para alcanzar los niveles exigidos en los mercados externos, a la vez que controlar auténticamente las presiones externas sobre sus merca- dos locales. Otros se adhieren a una idea más compleja, “la competitividad estructural de una economía nacional está construida sobre la competitivi- dad de las firmas que operan dentro, y exportan desde, su territorio y es, en gran medida, una expresión de la voluntad de competir y del dinamismo de las firmas, de su capacidad de invertir y de innovar, tanto como con- secuencia de su propia investigación y desarrollo como de la apropiación exitosa de tecnologías foráneas, pero la competitividad de una economía nacional va más allá del simple resultado de la competitividad promedio de sus firmas. Hay muchas maneras en que los atributos y la performance de una economía doméstica, visualizada como una entidad con características propias, afectará a su vez la competitividad de las firmas [ “El logro de una competitividad genuina y sostenible requiere de esfuer-

que incluyen tanto a los agentes privados como a las

zos sistemáticos [

instituciones públicas”. El denominador común de las naciones más competitivas es la sólida tradición de sus instituciones académicas, el rigor de sus disciplinas de en- señanza científica y sus adaptaciones en los terrenos de la investigación. La tecnología depende de la ciencia aplicada, y existe un mecanismo de retro-

alimentación en que cada una favorece a la otra. Es falaz la afirmación de que el progreso científico y tecnológico requiere de la aportación de recur- sos económicos extraordinarios que sólo poseen las naciones ricas. Con ello se quiere colocar el destino de las naciones pobres en un callejón sin sali- da. En realidad, las naciones avanzadas no lograron su desarrollo porque eran ricas, sino que son ricas porque no dilapidaron y sí desarrollaron su capacidad para producir riqueza. En la República Dominicana, la preocupación del Estado por la cien- cia y la tecnología fue tardía, aún para el sector agrícola. Recién se inició

]

en la década de 1960. Este hecho podría atribuirse al fuerte predominio que tuvieron los capitales norteamericanos en los principales rubros de la economía nacional y al devenir de avasallamiento político. Primeramente, el predominio norteamericano se afianzó entre 1900 y 1930. En esa época el 85 por ciento de la industria azucarera era norteamericana; casi el 80 por ciento de las exportaciones e importaciones se realizaban desde los Estados Unidos. Es natural entonces que, aunque no sea más que por una cuestión de cercanía, las necesidades técnicas fueran cubiertas por las mismas em- presas norteamericanas, algunas de las cuales tenían estaciones experimen- tales en caña de azúcar. Luego en el período de Rafael L. Trujillo, muchas de esas empresas fueron adquiridas por el dictador y recién en 1950 se realizó un proceso de modernización, pero sustentado en la importación de bienes de capital. En esa época solamente se registró la actividad de instituciones de enseñan- za media con algunos trabajos de experimentación agrícola. En 1961, la caída del régimen de Trujillo y la expropiación de sus perte- nencias permitió comenzar una labor más efectiva del Estado, lo que se inició en el sector agropecuario. Posteriormente, y a pesar de las reformas introducidas desde 1966, la situación continuó agravándose para ese sector. En 1973-75, por iniciativa del Banco Central, se creó el Instituto Domini- cano de Tecnología Industrial (INDOTEC), con la finalidad de contribuir a la transferencia, aplicación, mejoramiento y desarrollo de la tecnología in- dustrial mediante investigaciones científicas, servicios de consulta y aseso- ramiento técnico al público, a las empresas privadas y a las instituciones del gobierno. Esa creación respondió a las necesidades de asesoría y asistencia técnicas que para entonces se le presentaban a la Junta Monetaria, a raíz de la creación del Fondo de Inversiones para el Desarrollo Económico (FIDE) en el año 1966. De ahí en adelante el INDOTEC siguió un camino tortuoso que desvirtuó su naturaleza, convirtiéndolo en un elefante blanco 9 . En 1974, la Oficina Nacional de Planificación (ONAPLAN) creó la unidad de Ciencia y Tecnología (que más tarde, en 1983, se convirtió en el De- partamento de Ciencia y Tecnología, el cual hoy no existe). El mismo fue concebido como ente operativo para coordinar la acción del Estado en la

9 Grau, R. J., y Aybar, D. (1996). Estado de la ciencia y la tecnología en República Domini- cana (Informe realizado para la Academia de Ciencias de la República Dominicana). Santo Domingo, República Dominicana.

planificación nacional del desarrollo científico y tecnológico. En 1979, por encargo del Secretario Técnico de la Presidencia, la ONA- PLAN realiza un estudio de base sobre los sectores Salud-Nutrición-Fármacos, Agropecuario, Forestal, Energía, Industrial, Recursos no Renovables y Re- cursos del Mar, en el marco del Proyecto “Fortalecimiento de la Capacidad Nacional de Planificación de Ciencia y Tecnología de la República Domini- cana”. El mismo se realizó con apoyo técnico y financiero de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la UNESCO. Fruto de esos esfuerzos y por iniciativa de la UNESCO, el Poder Ejecutivo creó, mediante decreto 368 del 19 de octubre de 1982, el Comité Organizador de la Comisión Na- cional de Ciencia y Tecnología de la República Dominicana, que culminó con la creación, mediante el decreto 1406 del 13 de septiembre de 1983, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYTE). Dicho decre- to fue modificado mediante el número 2129 del 17 de julio de 1984 10 . Lamentablemente, una historia triste se repite en nuestro país: los estudios hechos por el CONACYTE fueron echados por la borda, y desde 1986 el mismo no opera. Del informe Grau-Aybar 11 podemos resumir el ambiente institucional y cultural que ha rodeado el quehacer científico y tecnológico en las últimas tres décadas, y se presentan aquí como encuadre histórico y elementos de síntesis para agudizar la atención y reflexión con respecto a la situación del sector de ciencia y tecnología en el país:

1. El valor de la educación pública, en todos sus niveles, ha sido conside- rado históricamente una conquista a defender como parte del progre- so individual; ha representado una forma de ascenso, pero nunca de responsabilidad social. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para satisfacer las aspiraciones individuales de los dominicanos, y quizás es esa valoración individualista que tiene la sociedad lo que explica el desinterés por el valor estratégico del conocimiento.

10 Estas informaciones fueron suministradas por el Dr. Sergio Bencosme, quien fuera miembro tanto del equipo que trabajó en el mencionado proyecto de fortalecimiento, como de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología y del CONACYTE. 11 Grau, R. J., y Aybar, D. (1996). Estado de la ciencia y la tecnología en República Domini- cana (Informe realizado para la Academia de Ciencias de la República Dominicana). Santo Domingo, República Dominicana.

2. La alternancia de llegadas al poder como medio para logros de otras miras por puro egoísmo, “el poder por el poder”, para disfrutar de la sensación de valimiento concedida por una particular legitimidad (ilegitimidad) del dominio, contribuyó al debilitamiento institucional del país y del propio sector. Con frecuencia, la conducción se deja a sujetos de escasa o ninguna idoneidad, que aceleraron el colapso con la instrumentación de las políticas de despreocupación que asfixiaron al sector de la ciencia, la educación y la cultura durante los últimos 35 años.

3. En la República Dominicana se ha producido una severa degradación relativa del nivel tecnológico. Para revertir esa tendencia se requiere un mayor compromiso empresarial y una gestión decidida y eficaz del Estado, con un período inicial fuertemente inducido por este a fin de armonizar los recursos. Se trata de crear condiciones para que al productor le resulte más racional modernizarse o innovar que no hacerlo.

4. Nunca hubo una política coherente, explicita y consensuada en cien- cia y tecnología. Tampoco hubo la necesaria interacción entre cien- cias, tecnologías y actividades productivas, que muchos ingenuamente creyeron que se daría espontáneamente (aunque debe reconocerse que esa tendencia no se esbozó cuando hubo prioridades claras y con- tinuidad en la gestión, como entre 1975 y 1980, en el INDOTEC).

5. A principios de la década de 1960 se inició un modelo de desarro- llo científico acorde con un país agroexportador que pretendía inser- tar sus productos en el mundo industrial. Desde el tardío inicio de la industrialización se realizaron esfuerzos para adecuar la investi- gación agropecuaria a las circunstancias de cada momento, con dis- tinta suerte, pero con una actualidad común: establecimiento de una base operativa debilitada y reducidas posibilidades de producir resul- tados capaces de contribuir a la baja sostenibilidad de los sistemas de producción.

6. A mediados de la década de 1970 se inició el proceso en el sector industrial, pero con similares características, ya que las instituciones

tampoco han podido despegar definitivamente, ni han cumplido con la misión satisfactoriamente. Los institutos tecnológicos del Estado han sido útiles a la industria a través de sus actividades de asistencia téc- nica en ensayos y control de calidad y provisión de normas técnicas. Pero desde el punto de vista de asistir a la misma para modernizar su base tecnológica, han sido deficientes.

7. En los últimos diez años la creciente política de debilitamiento de la actividad científica ha carcomido la capacidad de ejecución de ciencia y tecnología de las instituciones, aún de las de mayor calificación para ella. Como consecuencias quedaron atrás los incipientes períodos de “esplendor” de las ciencias técnicas en las actuales cuatro principales universidades (UASD, UNPHU, PUCMM e INTEC), de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, de algunos institutos de inves- tigación agropecuaria y de los intentos bien orientados del departa- mento de ciencia y tecnología de la ONAPLAN.

8. En las universidades dominicanas, con excepción de la PUCMM, las cualidades y calidades científicas e intelectuales no pesan al momento de hacer carreras en el escalafón universitario, lo que retroalimenta la marcada indiferencia del docente universitario hacia los valores de la ciencia y la intelectualidad, colocando las posibilidades de colabo- ración para el sostenimiento de estas disciplinas en un callejón sin salida.

9. En ese ambiente, donde la actividad científica y tecnológica no tiene ni reconocimiento ni aceptación, mucho menos soporte material, al- gunos pocos lograron inmunizar sus grupos y acercarse a la excelen- cia, mientras que muchos navegaron en la mediocridad.

10. Como tendencia prevaleciente, las políticas de ciencia y tecnología no estuvieron priorizadas en la agenda del Estado, ni en la conciencia de la sociedad civil. Su formulación fue tardía y su instrumentación débil. El comportamiento fue adaptativo y en general, no buscó colocarse en el mejor nivel, mucho menos modificarlo. Actualmente, para la mayoría de la sociedad la ciencia, la tecnología y sus instituciones ni siquiera son un hecho socialmente prestigioso, renunciando con esto

a contar con instrumentos para mantener su capacidad de decisión y mejorar su calidad de vida.

11. No se posee actualmente una base institucional suficientemente co- herente. En el nivel de la conducción superior existen ocupantes del espacio estatal, pero con cuerpos ejecutivos vacíos, con la consiguiente perversa paralización y ausencia presupuestal. En el nivel de ejecu- ción, hay acciones de diversa calidad: en pocos casos alcanzan a con- formar proyectos, en muchos, simples justificaciones del presupuesto. Al mismo tiempo, en ausencia de coordinación hay inevitables super- posiciones y una acentuada desvinculación de las reales necesidades del sector de la producción, lo cual, por un lado, hace que cada ac- ción resulte estéril o tarde demasiado en fructificar y, por el otro, que muchas queden sin ser adecuadamente atendidas por falta de recur- sos.

En fin, en los últimos 35 años la situación del sector de ciencia y tecnolo- gía puede ser caracterizada por un proceso de tensiones y estrangulamien- tos que puede resumirse en los siguientes síntomas: a) cultura no innovado- ra, b) indiferencia del Estado, c) debilitado sistema de educación, d) ausen- cia de inversión en ciencia y tecnología y de mecanismos de financiamiento para la misma, e) escasa tradición en la producción de conocimientos vincu- lados al sector de la producción, f) nivel tecnológico industrial asimétrico, g) obstaculización institucionalizada, h) falta de personal con experiencia y/o actitud para la investigación, y i) falta de soporte logístico para la in- vestigación. Para este sector, podemos decir que estas condiciones aún no han cam- biado, todavía el mismo tipo de personas deciden desde el Estado el qué hacer en el área de ciencia y tecnología, aunque estamos a la espera de que los trabajos realizados por casi 200 científicos y técnicos y más de 80 insti- tuciones (tanto del sector privado como del Estado), con los auspicios de la Comisión Presidencial para la Reforma y Modernización del Estado, sean definitivamente ejecutados por el Poder Ejecutivo, y que de esa forma arran- quemos hacia el futuro (ya estamos viviendo en el pasado). En resumen, lo que hemos hecho es proponer al Poder Ejecutivo un

¿Qué hacer? Del cual sólo presentamos un resumen de la plataforma

Se preguntarán ustedes ¿De qué nos sirve el conocimiento de un proble- ma interno, si lo que nos atañe es el tema de las relaciones internacionales y la globalización? La respuesta es simple y evidente. ¿Cómo vamos a in- sertarnos efectivamente en el contexto global si no tenemos unicidad de propósito hacia adentro, ni la organización institucional que haga una rea- lidad los propósitos? ¿Puede llamarse un cuerpo humano a un conjunto de órganos dispersos e inconexos? ¿Puede tener vida y propósito este conjunto de órganos inconexos? Otra cosa es importante anotar, todos los países del tercer mundo (gran- des y pequeños) han sufrido en los últimos 30 años de la misma enfer- medad: Todos sus intentos de crear sistemas nacionales de ciencia y tec- nología han fracasado. Esto no significa que no seamos capaces de crear instituciones funcionales o que nuestros científicos sean de mala calidad; más bien hemos desconocido hechos históricos relevantes, el principal de ellos es que hemos asumido que los países desarrollados fueron siempre de- sarrollados, bien institucionalizados y organizados, no hemos comprendido que sus instituciones surgieron como embrión y se fueron desarrollando en la medida que el desarrollo social y económico fue exigiendo dicho de- sarrollo. Nosotros hemos querido crear instituciones acabadas, concebidas perfectas, para funcionar de acuerdo al modelo social de los países desarro- llados de hoy; este ha sido nuestro error fundamental, no hemos tenido una estrategia de desarrollo institucional orgánico que vaya dando respuestas a las necesidades de cada momento sin coartar las iniciativas innovadoras y futuristas. La promoción del desarrollo de la ciencia y la tecnología, como medi- da para impulsar y sostener el desarrollo económico, social y cultural de un país subdesarrollado y de economía pequeña como el nuestro, requiere de una bien pensada y adecuada estrategia. Esta debe contemplar: a) las prioridades pertinentes a las políticas de ciencia y tecnología, b) el sistema institucional para la sostenibilidad de la aplicación de dichas políticas, c) los recursos disponibles al país, d) el contexto geopolítico y económico global actual, y e) las etapas y plazos para lograr los objetivos. En una estrategia de prioridades pertinentes a las políticas de ciencia y

tecnología, es necesario elegir entre alternativas diferentes en virtud de la limitación en tiempo, recursos económicos y recursos humanos. Estas alter- nativas deben contemplar, por lo menos las siguientes: a) áreas temáticas y de disciplinas para la concentración de esfuerzos; b) tipos de actividad científica y tecnológicas (investigación básica, investigación aplicada, de- sarrollo experimental, formación de investigadores, enseñanza básica de las ciencias, adiestramiento técnico de obreros, servicios técnicos de infor- mación, extensión, consultoría, metrología, normas y calidad, etc.); c) hori- zontes de tiempo o plazos en que se propone lograr determinados objetivos; d) tipos de entidades o instituciones que realizan las actividades (universi- dades, institutos públicos de investigación y desarrollo, empresas interna- cionales y locales, medianas y pequeñas, etc.); e) recursos financieros y mecanismos de obtención y canalización de los mismos (asignación pre- supuestaria, fondos concursables, ganancias de las empresas, inversiones de riesgo, préstamos, etc.). Es decir, una estrategia de priorización requiere del conocimiento, del concurso y participación de todos los aspectos nece- sarios para establecer una estrategia global. Es importante recordar aquí que “prioridad” no significa necesariamente “exclusividad de lo prioritario”. Recordemos que, en la medida de lo posible, el Estado debe garantizar la libertad creativa de sus ciudadanos e instituciones. Cuando aquí nos referi- mos a prioridades queremos dar a entender con ello las áreas que recibirán, por parte del Estado, incentivos especiales, tanto financieros como de otra índole. A la hora de establecer prioridades de disciplinas o áreas de concen- tración de esfuerzos, es necesario tener en cuenta no caer en la trampa de la especialización tecnológica ineficaz dentro de una incompetencia cientí- fica generalizada, en la cual ya se encuentran atrapados los países subde- sarrollados de economías pequeñas como el nuestro. El significado de esta trampa se hace evidente si observamos que algo aparentemente sencillo y evidentemente conveniente para algunos países, como la elevación de la productividad agrícola y la mejora de la nutrición del pueblo, mediante la acción contra los virus del maíz y de otros rubros agrícolas, puede exigir la aplicación de conocimientos de biología molecular y otros campos cien- tíficos, así como una gama de capacidades propias de investigación y desa- rrollo que trascienden los tradicionales trabajos de experimentación que se hacen en la mayor parte de estos países. Esta tecnología, como tantas otras,

no puede ser importada y aplicada localmente sin la adecuada adaptación. La insistencia en una especialización tecnológica estrecha, sin una debida atención a la base científica de esa especialización, tiende a generar un efecto contraproducente de ineficacia en el logro de lo mismo que se busca. A fin de salir lo más pronto posible de esta trampa de doble impotencia científica y tecnológica, se hace necesaria una estrategia que contemple, por un lado, los problemas y las necesidades propias que en última instancia se desea contribuir a resolver; y por el otro, las posibilidades de cooperación bilateral y regional (con el Caribe y los demás países Latinoamericanos, y otros países desarrollados) para la formación de personal científico y para la ejecución de proyectos de investigación conjuntos. Es importante notar que los países europeos confrontaron un problema similar, aunque a otra escala, en las primeras tres décadas después de la Segunda Guerra Mundial, y tuvieron que tomar en serio la adopción de políticas de cooperación continental (la Comunidad Económica Europea) para poder afrontar con éxito los problemas científicos y tecnológicos de al- ta influencia en la productividad y desarrollo económico que los aquejaban para ese entonces 12 . En virtud de que nuestras economías son pequeñas y de que por lo tan- to nuestros recursos son limitados (además de que por la pequeñez de la economía nuestros mercados tienen muy baja demanda de personal cientí- fico y técnico altamente calificado y especializado), nuestras universidades e institutos de estudios superiores no pueden producir de forma rentable todo este personal. Más aún, nuestras instituciones de investigación y desarrollo no pueden abarcar los ámbitos del saber científico necesarios para efectivamente re- solver los problemas que nos atañen; y ni el Estado ni el sector privado pueden cometer la locura de establecer instituciones de formación supe- rior en áreas en las que nuestro mercado tiene tan baja demanda que haría antieconómico la producción de dichos profesionales, lo que produciría una masa profesional desempleada, con todas las consecuencias que esto aca- rrea. Esto, que parece un callejón sin salida, tiene una sola solución: la am- pliación del mercado objetivo. Aunque la solución se define con una frase

12 Servan-Schreiber, J.-J. (1969). El desafío americano. Barcelona: Plaza & Janés.

sencilla, es una de las tareas más difíciles que enfrentan nuestros estadistas en el presente. Pues, al igual que como sucedió en Europa, todavía los in- tereses locales no comprenden lo apremiantemente necesario para nuestro futuro inmediato y a largo plazo que es el dejar de pensar localmente y comenzar a hacerlo regional y globalmente. Para la ampliación del mercado en el área de las ciencias y la tecno- logía, se hace necesaria la formación de alianzas regionales, bilaterales y multilaterales para investigar problemas comunes (o que tengan influen- cia en problemas específicos de cada nación involucrada) y cooperar en la formación de personal científico y técnico. La formación del personal técnico y científico debe ser parte de una es- trategia global de cooperación internacional (principalmente con América Latina y el Caribe); se hace necesaria la especialización de países y regiones en la formación de determinados tipos de profesionales requeridos por to- dos, creando instituciones internacionales de formación, investigación y de- sarrollo en áreas especializadas, con la participación económica de todos los países miembros, en la que los mismos compartan resultados (con el debido respeto a la propiedad intelectual) y disponibilidad de recursos y facilidades. De igual forma, para ser efectivos en una política de desarrollo basada en el fortalecimiento de nuestras posibilidades y capacidades científicas y tecnológicas, es necesario establecer cuidadosamente las etapas de desarro- llo por las que debe pasar el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, así como los plazos para culminar dichas etapas. Uno de los grandes proble- mas de nuestro sistema de gestión gubernamental es, además de la poca continuidad de las políticas y proyectos de Estado, el inmediatismo y la falta de visión de largo plazo que ha primado, hasta ahora, en el Estado dominicano. Nuestra primera acción debe estar dirigida al establecimiento del Sis- tema Nacional de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo. Esto en sí mismo es un proceso, pues para ello es necesario articular un sistema institucional que, además de generar capacidades en investigación y desarrollo y la for- mación de personal técnico y científico, coordine y facilite las tareas de los diferentes centros e institutos encargados de cada área específica de traba- jo. Además es misión del órgano coordinador de este sistema la elaboración de los planes, metas y plazos para la construcción y maduración del sistema

mismo.

El objetivo a largo plazo debe ser la sostenibilidad y fortalecimiento con-

tinuo del sistema. Esto sólo se logra creando una base cultural y científica

que sirva de sostén social y de fundamento al sistema de innovación. Para ello es necesaria la construcción de un grado razonable de capacidad cien-

tífica generalizada, no importa cuán lamentable sea ahora la condición en que se encuentra el país, para lo cual se hace necesario emprender acciones

e

inversiones continuas en todos los niveles del sistema educativo (formal

e

informal). En este contexto, debe verse la investigación básica más como

un insumo necesario de la formación de profesionales creativos que como una forma de acrecentar el acervo mundial de conocimientos; y más como un medio de asegurar una disponibilidad mínima de competencias básicas del país en una amplia gama de materias, que como una vía para aumentar directamente el PIB. Este planteamiento implica la necesidad de fortalecer todo el sistema institucional para la formación de recursos humanos. Las instituciones de educación superior son las que se especializan en realizar las actividades de

formación profesional e investigación básica. Un indicador importante es que el desarrollo institucional de las universidades tiene una relación direc- ta con el número y variedad de investigadores científicos que el país puede absorber. Para este desarrollo institucional se hace necesario un cambio en los criterios para la evaluación de la docencia superior y la investigación científica; los méritos académicos deben fundamentarse en la excelencia más que en parámetros burocráticos o gremiales. Por otro lado, deben for- talecerse las instituciones que hacen sostenible y funcional la generación y transferencia de conocimiento, como son las de enseñanza básica y media,

y las de adiestramiento y actualización para el trabajo y las que contribuyen

a popularizar la ciencia y la tecnología como parte de la cultura nacional.

A mediano plazo, es necesario concentrar la capacidad científica y tec-

nológica en determinados campos estratégicos para el desarrollo nacional. Esta decisión no puede dejarse exclusivamente a las fuerzas del mercado porque, debido a las condiciones propias de nuestra economía, no existen en el país condiciones de mercado para las actividades de ciencia y tecnolo-

gía 13 . Por otro lado, debemos cuidarnos de que las prioridades sean deter- minadas por una burocracia gubernamental, la cual puede cambiar con el gobierno de turno o estar fundamentalmente divorciada de la realidad del país. Para evitar esto debe existir un mecanismo adecuado y permanente que realice un proceso amplio de consultas que haga participar a quienes tendrán la labor de llevar a cabo lo decidido y a quienes se beneficiarán, en última instancia, de las políticas aplicadas. El tipo de actividad que exige el desarrollo de capacidades concentradas en campos estratégicos es la investigación aplicada y el desarrollo experi- mental. Para ello es necesario entrar en diversos tipos de mecanismos de cooperación y alianzas, tanto de sectores internos de la vida nacional, como del ámbito internacional. Las pequeñas empresas que existen en el país (to- das son pequeñas comparadas con los estándares de países desarrollados) no pueden sostener un departamento o división de investigación y desarro- llo (I&D), pues ésta es una actividad que requiere de grandes inversiones a mediano y largo plazo, lo cual está por encima de la capacidad económica de estas empresas. En los países desarrollados sólo las grandes empresas transnacionales pueden invertir en esta actividad, debido a los altos costos de infraestructura, equipamiento, materiales y personal altamente califica- do en dedicación exclusiva. Muchas de las dificultades que tuvo Europa para competir en los procesos de innovación tecnológica en los años 1960 tuvieron que ver con este alto costo, inalcanzable para las empresas de ám- bito nacional. Esto las condujo a emprender alianzas internacionales a nivel continental 14 . Sin embargo, en la República Dominicana estas pequeñas empresas tie- nen gran necesidad de un servicio de I&D para innovar sus procesos y pro- ductos, de tal manera que puedan aumentar y mantener su competitividad. La solución a este dilema está en la creación de instituciones de I&D que ofrezcan este servicio a un costo razonable y acorde con el problema inves- tigado y el tamaño de la empresa. Este es el tipo de servicios que muy bien puede brindar el INDOTEC (IIBI) a las industrias y el IDIAF a las empre- sas agropecuarias; o muy bien podría realizarlo una universidad, a través

13 Grau, R. J., y Aybar, D. (1996). Estado de la ciencia y la tecnología en República Domini- cana (Informe realizado para la Academia de Ciencias de la República Dominicana). Santo Domingo, República Dominicana. 14 Servan-Schreiber, J.-J. (1969). El desafío americano. Barcelona: Plaza & Janés.

de un programa de investigación y desarrollo de vinculación universidad- empresa. Debe ser una prioridad a mediano plazo el que estos mecanismos estén funcionando de forma regular y sostenible. Es, además, importante en esta etapa fomentar la cultura innovadora en el sector empresarial vía diversos mecanismos, como son: a) un sistema de incubadora de empresas innovadoras en sistemas, productos y tecnologías 15 (sistemas como este están siendo aplicados con éxito en Argentina, Israel, Japón y otros países); b) involucrar las empresas en programas de innova- ción para su propio mejoramiento, con incentivos fiscales sobre los fondos destinados por éstas para la innovación; c) facilitar el proceso mediante fon- dos de desarrollo tecnológico para apoyar financieramente a las empresas que inviertan en materializar innovaciones tecnológicas. En el corto plazo, lo que debemos buscar es la difusión y el empleo de las tecnologías existentes en todo el mundo, cuya utilización le convenga al país. Sabemos que el sistema de libre empresa y la competencia por sí sola impulsan este proceso, pero a lo que aquí nos referimos es a la necesidad de hacer algo que va más allá de lo que hasta la fecha se ha venido haciendo. Cuando hay pérdidas post-cosecha de un producto agrícola que superan el 50 por ciento de su producción, cuando se instala una fábrica con capaci- dad mucho mayor de la que se puede usar porque no se sabe que existe una opción tecnológica más conveniente y barata, cuando se pretende exportar desconociendo las normas técnicas de los países importadores, cuando no se tiene la capacidad de hacer la más mínima modificación a un produc- to para hacerlo más competitivo en determinado mercado, ni a un proceso productivo para reducir sus costos o incrementar su eficiencia, algo está fa- llando en el país que no es la tasa de cambio de la moneda, ni la tasa de interés, ni sus condiciones macroeconómicas generales. Lo que casi siempre falla a este respecto es la infraestructura de apoyo tecnológico. Esa infraestructura está constituida (como es el caso de los países desarrollados) por un conjunto de entidades que prestan servicios científico-tecnológicos tales como registro, procesamiento y suministro de toda clase de información, consultorías especializadas en asuntos tecnológi- cos (incluyendo los gerenciales), capacitación técnica breve y actualización profesional, extensión agrícola e industrial, emisión de normas técnicas,

15 Aybar, D. (1997). Globalización, desarrollo e incubadoras de empresas. La Revista Eco- nómica (Listín Diario), año 111, núm. 67.

control y certificación de calidad y otros. Esas entidades, junto con las insti- tuciones educativas, las empresas y los centros que hacen I&D y las agendas de regulación y financiamiento de las actividades de ciencia y tecnología cuando interactúan en forma sistemática en la sociedad, constituyen el Sis- tema Nacional de Ciencia y Tecnología. Está de más decir que en nuestro país aún no existe tal sistema. Esta es una de las causas principales de nuestro subdesarrollo y de las dificul- tades que enfrentamos para integrarnos efectivamente en el mercado inter- nacional.