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APELLIDOS, NOMBRE: RAFAEL JOSÉ ALMIRA ANTÓN D.N.I.: 74382688-K FECHA: 10/01/2017 PRÁCTICA Nº5 “Intimidad de

APELLIDOS, NOMBRE: RAFAEL JOSÉ ALMIRA ANTÓN

D.N.I.: 74382688-K

FECHA: 10/01/2017

PRÁCTICA Nº5

“Intimidad de personas famosas – el Tribunal Constitucional como última instancia de protección de derechos”

Comentario a la STC 186/2001 (Caso Preysler II)

Exposición del “iter” jurisprudencial mediante los cuales Isabel Preysler trató de defender su intimidad

En primer lugar, Isabel Preysler presentó una demanda en los Juzgados de Primera Instancia de Madrid contra la redactora de la revista Lecturas, Alejandra Martín Suárez; el director Julio Bou Gibert; el también redactor Enrique Suero Llera y por último a la empresa El Hogar y la Moda, SA., debido a que consideraba que el reportaje aparecido en el número 1942 de la revista Lecturas bajo el título “La cara oculta de Isabel Preysler” era una intromisión ilegítima en su honor, intimidad personal y familiar y en la propia imagen. La cantidad que pedían en concepto de indemnización fue de 50 millones de pesetas.

El Ministerio Fiscal decidió que fuera finalmente el Juzgado de Primera Instancia número 32 de Barcelona el encargado de este proceso. El 23 de mayo de 1991 estimó que sí se había cometido una intromisión ilegítima en los derechos fundamentales recogidos en el artículo 18.1 de la Constitución Española, por lo que se condenaba a los demandados a abonar 5 millones de pesetas.

Los condenados recurrieron la sentencia a Apelación y la Sección Undécima de la Audiencia Provincial de Barcelona, el 12 de enero de 1993 también consideró que se había producido una vulneración del derecho a la intimidad, teniendo que indemnizar a

Isabel Preysler con 10 millones de pesetas. No obstante, sí prosperó el recurso de Enrique Suero Llera que fue absuelto en esta nueva sentencia.

Tanto Julio Bou Gibert como El Hogar y la Moda, S.A. presentaron un recurso de casación. En esta situación, la Sala Primera del Tribunal Supremo, el 31 de diciembre de 1996 anuló la anterior sentencia, por lo que desestimó la demanda y todos los acusados fueron absueltos. El Supremo expone que los datos vertidos en la revista, no se pueden catalogar como atentatorios graves a la intimidad, aunque son afrentosos, molestos o desmerecedores.

Tras esta sentencia contraria a los intereses de Isabel Preysler, presentó un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional frente a la Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo. En este caso, el Tribunal Constitucional, en la Sentencia 115/2000, contradice a la sentencia del 31 de diciembre de 1996 y reconoce que se ha lesionado el derecho a la intimidad personal y familiar, por lo que se decide anular la Sentencia dictada por la Sala Primera del Tribunal Supremo.

Los motivos que expone el Tribunal Constitucional para realizar esta sentencia es que se ha invadido de forma ilegal la esfera de la intimidad personal y familiar de Isabel Preysler, además que se debe exigir el secreto profesional a las personas que conviven en el hogar de una persona, por lo tanto, la empleada del hogar que filtró las informaciones sobre Isabel Preysler estaría cometiendo un delito.

El criterio que siguen para determinar si una publicación se ha entrometido en la intimidad de una persona no es la veracidad, sino la relevancia que esta publicación obtiene, asimismo tampoco se puede calificar la gravedad de las informaciones como un motivo para establecer si esta actuación es legal o no.

El 8 de junio de 2000 la representación procesal de El Hogar y la Moda, S.A. y de Julio Bou Gibert solicitaron al Tribunal Supremo que dictara una nueva sentencia para resolver los motivos de casación no examinados en la anterior sentencia. Por otra parte, Isabel Preysler pidió una nueva sentencia en la que se desestimara el recurso de casación y se confirmara la pena propuesta por la Audiencia Provincial de Barcelona en 1993.

Por todo esto expuesto, se sometió al Tribunal Supremo a una nueva votación y fallo, en la que se declara que la intromisión ilegítima a la intimidad de Isabel Preysler por parte de la revista Lecturas, por lo que se condena a los demandados a indemnizarla con 25.000

pesetas, puesto que no se consideran acusaciones de graves, por referirse a las intimidades de la demandante como los “granos” o la “ropa”. Además, se obliga a la revista a publicar la sentencia de manera íntegra en el siguiente número.

Tras esta sentencia, Isabel Preysler plantea la indebida ejecución de la STC 115/2000, en la que habría incurrido la Sentencia del Tribunal Supremo del 20 de julio de 2000, por lo que presentó un nuevo recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. En este caso, en la Sentencia del Tribunal Constitucional 186/2001 de 17 de septiembre, reconoce que se ha vulnerado el derecho a la intimidad personal y familiar, además de declarar la nulidad de la Sentencia del Tribunal Supremo de 20 de julio de 2000. En cuanto a la indemnización, se decreta la cantidad acordada en la Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona de 12 de enero de 1993.

El Tribunal Supremo, en la Sentencia de 5 de noviembre de 2001 se muestra contraria a la sentencia del Tribunal Constitucional, asimismo se atreve a juzgar la calidad del trabajo del mismo, al que considera como “negligente”. Además, el Supremo acusa al Constitucional de “no respetar y transgredir la legalidad al irrumpir abruptamente en la cuestión indemnizatoria”. El Supremo cree que el Constitucional no tiene potestad para imponer las penas económicas, ese trabajo corresponde al Supremo. Por último, concluye que es un error mayúsculo inexcusable el de hacer valer una sentencia de la Audiencia de Barcelona por encima de la decisión del Tribunal Supremo.

¿Por qué llega el asunto de la Señora Preysler 2 veces al Tribunal Constitucional?

La STC 115/2000 concluye en que se ha cometido una infracción en el derecho a la intimidad personal y familiar de Isabel Preysler, así como anular la Sentencia 157/1996 del Tribunal Supremo, en la que se consideraba inocentes a los acusados y habían sido absueltos.

Sin embargo, El Hogar y la Moda, S.A. presentó un recurso de casación por segunda vez contra la sentencia dictada por el Tribunal Constitucional. En esta ocasión, el Tribunal Supremo coincide con el Constitucional en que se ha cometido una lesión en la intimidad personal y familiar, al mismo tiempo que condena a una indemnización de 25.000 pesetas, muy lejos de los 10 millones con los que se les había condenado anteriormente, debido a

que aprecian que la valoración pecuniaria está determinada por la gravedad atentatoria de dicho ataque y la publicación de la sentencia en la siguiente edición de la revista Lecturas.

Tras esta sentencia, Isabel Preyser volvió a presentar un recurso de amparo contra la Sentencia del Tribunal Supremo, al considerar que se ejecutado de manera indebida la STC 115/2000, alegando la vulneración del derecho a la intimidad y del derecho a la tutela judicial efectiva, tal y como señalan los artículos 18.1 y 24 de la Constitución Española.

Dos motivos tienen para presentar este nuevo recurso de amparo. El primero es que consideran que la resolución de la Sala Primera del Tribunal Supremo incumplió el mandato y la doctrina contenidos en la STC 115/2000 tanto en la motivación que le llevó a estimar el quinto motivo de casación como en el resultado.

En cuanto a la motivación, enjuicia la intromisión al calificar de “insignificantes” algunas de las frases que aparecen en el reportaje. Los abogados de Isabel Preysler consideran que toda vulneración del derecho a la intimidad es grave y porque la Sentencia se refiere solo a algunas frases del reportaje como los “granos”, la “agenda” o la “ropa”, sin tener en cuenta otros datos de la intimidad de Isabel Preysler que pueden causar daño tanto a ella como a su familia.

Además, se especifica que la única posibilidad de resarcimiento frente a la intromisión del derecho a la intimidad es la indemnización pecuniaria, considerando simbólica la cantidad de 25.000 pesetas. La concesión de esta indemnización provocaría unos efectos perniciosos y la sensación de impunidad de los infractores.

El segundo motivo es que se vulneró el artículo 24.1 en el que se expone que “todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión”, en virtud de la cual la Sala Casacional del Tribunal Supremo no tiene competencia para revisar la indemnización.

En cuanto al Fundamento Número 9 de la STC 186/2001 precisa el alcance del fallo de esta sentencia. Por lo que procede a declarar nula la Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 20 de julio de 2000 y declarar que debe indemnizar la cantidad acordada en la Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona de 12 de enero de 1993, que ascendía a 10 millones de pesetas.

Por estos motivos, llegó el caso de Isabel Preysler en 2 ocasiones al Tribunal Constitucional. No obstante, pasó 3 veces por el Tribunal Supremo, quien cambió en varias ocasiones de opinión. Este hecho muestra los problemas del sistema judicial español, puesto que en esta situación se llegó a producir una lucha pública entre uno y otro tribunal, en la que ambos consideran que el otro no tiene potestad para imponer la cuantía indemnizatoria y se califican a ambos como “negligentes”.

¿Cuál es la doctrina del Tribunal Constitucional sobre la intimidad en esta sentencia?

El Tribunal Constitucional afirma que una indemnización de 25.000 pesetas no es suficiente para reparar el derecho a la intimidad personal y familiar. Además, considera que la vulneración del derecho a la intimidad no derivó de haberse revelado datos como los “granos”, la “agenda” y la “ropa”, sino de haber desvelado otros datos de su vida personal y familiar. Asimismo, se declara que la vulneración del derecho a la intimidad no puede depender de la insignificancia de las expresiones vertidas, ya que revestía la trascendencia propia de la relevancia constitucional del derecho fundamental afectado.

El Tribunal Constitucional declara que la revelación de estos datos es el núcleo de la intromisión ilegítima a la intimidad personal y familiar. Además, se posiciona en contra de la Sentencia del Tribunal Supremo porque supone una minusvaloración del delito por su “carácter insignificante”.

¿Qué criterio utiliza el Tribunal Constitucional para defender la intimidad de la Señora Preysler? ¿El objetivo o el subjetivo?

El criterio que utiliza el Tribunal Constitucional para defender la intimidad de Isabel Preysler es objetivo, es decir, íntimo es lo que no es de interés público, por lo que se entiende que conocer datos de la intimidad personal, familiar y del domicilio de Isabel Preysler no es de importancia para la sociedad, por lo que se considera que se está cometiendo una infracción al derecho de intimidad y al honor en el momento en el que se publican datos personales de su vida familiar.

En mi opinión, creo que la mejor manera de juzgar si se ha cometido una infracción del derecho a la intimidad, habría que seguir el criterio subjetivo, por el que se considera

íntimo lo que el sujeto desea mantener fuera del conocimiento ajeno. Por ejemplo, en el caso de Isabel Preysler se están publicando informaciones que por la cantidad de ventas de este número de la revista, podemos establecer que sí son importantes para la sociedad o para un gran número de personas que quiere conocer datos sobre la vida íntima de Isabel Preysler.

Sin embargo, ella no quiere que el público no conozca esta información, por lo que debe ser la propia persona quien considere si se está cometiendo una falta a su intimidad, para ello debe poner los límites y mantenerse en ellos de forma coherente, puesto que, en muchas ocasiones, con una gran oferta económica, muchas personas no tienen problema para perder su intimidad más personal.

¿Por qué el Tribunal Constitucional destaca la cuestión de la cantidad indemnizatoria para proteger el derecho a la intimidad de la Señora Preysler?

El Tribunal Constitucional considera que 25.000 pesetas es una cantidad insuficiente, a la que califica de “simbólica” y que podría suscitar en la opinión pública la sensación de impunidad, por lo que saldría muy barato atentar contra la intimidad de una persona en el caso de que la multa fuera tan baja. Esta sentencia podría sentar un precedente, y probablemente llevaría a muchas más publicaciones a caer en esta práctica, por lo que una gran sanción económica podría evitar esta práctica periodística. Además, también hay que tener en cuenta la cantidad de ingresos que genera la publicación de este contenido en la revista, debido a que aumentaría el número de venta y de la publicidad que lleva adjunta este reportaje.

Por otra parte, el Tribunal Constitucional cree que, al contrario que en otros casos, la única manera de compensar el daño causado a su honor e intimidad, es de manera económica. Por tanto, resulta necesario pagar una indemnización adecuada, para restañar las perjuicios ocasionados por esta actividad.