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Preparacion del Señor previo a su ministerio (X)

F. Preparación por medio de Juan Bautista, el precursor (1:1-8).

JUSTINO MÁRTIR (100 – 165)

Conoció y estudio la filosofía griega antes de convertirse al cristianismo, y la utiliza


para exponer según este la verdad cristiana, sirviéndose de las ideas helénicas, hay
en él, por tanto, una aceptación del pensamiento nacional de los gentiles, que
contrasta con la hostilidad de tertuliano.

En efecto, el planteamiento escogido será adecuado para exponer la cristología de


Justino sólo si hallamos en la historia secuencia y orden, si cada momento
desempeña su función específica dentro de un todo unitario. Interesa, por tanto,
conocer el ritmo al cual se acompasa la existencia del Salvador. Para ello importa
particularmente localizar los momentos de cambio que marcan nuevas etapas.

De este modo podremos dar su valor exacto a cada misterio e iluminar su posición
en el conjunto. En Justino, un criterio seguro para distinguir los momentos del plan
paterno es acudir a las escrituras proféticas. En efecto, bien sabe el mártir que en
ellas quedó consignada la disposición divina para salvación del hombre. ¿En qué
fases dividen las profecías el proyecto del Padre? Acabamos de ver cómo nos daban
cuenta del crecimiento de Jesús.

La cosa, en apariencia banal, tenía sin embargo su importancia: el niño se disponía


a recibir un don nuevo, una vez alcanzada la madurez'. Ahora bien, el momento en
que esto ocurre es precisamente el Bautismo, que preside así, como telón de fondo,
los años de Nazaret. Esto nos indica ya que el episodio adquiere, por querer del
Padre, un lugar importante en la vida del Hijo. Estamos ante un cambio de paisaje..
Pero el Bautismo no es sólo punto de llegada de tan larga etapa de ocultamiento.
Se trata también de una estación de partida: abre la época del ministerio público de
Jesús.

¿Qué le sucede en el Jordán para que, justo a partir de ese momento,

1. Tengan lugar las tentaciones

2. comience su predicación

3. y milagros

Son misterios fuertemente entrelazados. Se entienden a la luz de lo acaecido ante


el Precursor; nos servirán también para entender mejor el Bautismo, iluminando la
causa por sus efectos más elocuentes.»(1)

a. Juan el Bautista
Justino Mártir habla en su libro acerca del Bautismo del Mesías, señalando en
primer lugar a Juan el Bautista:

«Precisamente la venida de Elías, profetizada en la Escritura, muestra que Jesús es


el Mestas. Porque Elías, aunque debe todavía venir, ha venido ya. Lo hizo en otro
profeta. Juan Bautista, que señaló a Jesús como Cristo. Y nuestro Señor, dejó
consignado en sus enseñanzas que esto es así, al decir que Elías vendrá. Y nosotros
sabemos que esto se realizará cuando vaya a venir de los cielos nuestro Señor
Jesucristo en gloria. También como heraldo de su primera aparición le precedió el
Espíritu de Dios que estaba en Ellas.

¿Por qué dice Jesús que Juan es Elías? Para responder introduce Justino un
elemento importante: el Espíritu. La continuidad entre los profetas la da el único
Espíritu que movía a ambos, que actuaba en Elías y ahora lo hace en Notemos: el
interés se centra en este nuevo personaje, más que en las figuras de Juan o Elías.
Lo muestra el titulo de heraldo y precursor que no se da, como otras veces, a Juan
Bautista, sino al Espíritu que le movía. Esta presencia del Espíritu en Juan
constituye el nervio de la prueba de Justino. ¿Qué es eso de que el Espíritu que
estaba en Elías pase a Juan? Pone entonces Justino un ejemplo de la misma
Escritura: también pasó el Espíritu de Moisés a Josué. Y puede decir:

"Así. pues - proseguí -, como entonces en vida aún de Moisés, trasladó Dios sobre
Josué parte del Espíritu de aquél, así pudo hacer también que de Elías pasara el
Espíritu sobre Juan. Y como en La primera venida Cristo apareció sin gloria, así La
primera venida del Espíritu que estaba en Elías, que permanecía siempre puro como
Espíritu de Cristo, fue también sin gloria

Se habla así de una primera venida sin gloria del Espíritu, en consonancia con la
primera, también sin gloria, de Cristo. Vino ya el Espíritu que estaba en Elías no
como vendrá la segunda vez, por medio del profeta glorioso, sino en profeta
humilde, como Juan. De él acaba de contar Justino la muerte en prisión, por
capricho de Herodías- señal evidente de la falta de gloria del Precursor. » (2)

Según comenta la enciclopedia católica, acerca de la vida del Precursor del Señor
Jesús, «las fuentes principales relativas a la vida y ministerio de san Juan Bautista
son los Evangelios canónicos. De estos, san Lucas es el más completo, recogiendo
como hace las maravillosas circunstancias que acompañaron el nacimiento del
Precursor y detalles sobre su ministerio y su muerte.

El Evangelio de san Mateo se mantiene en estrecha relación con el de san Lucas, en


cuanto se refiere al ministerio público de Juan, pero no contiene nada de lo relativo
al comienzo de su vida. De san Marcos, cuyo relato de la vida del Precursor es muy
escaso, no se puede recoger ningún detalle nuevo.

Finalmente el cuarto Evangelio tiene esta especial característica, que da el


testimonio de San Juan tras el bautismo del Salvador. Aparte de las indicaciones
suministradas por estos escritos, alusiones de pasada se producen en pasajes tales
como Hechos, 13, 24; 19, 1-6; pero son pocos y se refieren al asunto sólo
indirectamente. A lo anterior debe añadirse lo que Josefo relata en su Antigüedades
Judías (XVIII, v, 2); pero debe recordarse que es lamentablemente errático en sus
fechas, equivocado en los nombres propios, y parece manipular los hechos según
sus propias opiniones políticas; sin embargo, su juicio sobre Juan, también lo que
nos dice sobre la popularidad del Precursor, junto con algunos detalles de menor
importancia, son dignos de la atención del historiador.
No se puede decir lo mismo de los evangelios apócrifos, porque la escasa
información que dan del Precursor es o bien copiada de los Evangelios canónicos (y
no añade autoridad a estos), o bien es un conjunto de divagaciones infundadas.

Zacarías, el padre de Juan el Bautista, era un


sacerdote de la estirpe de Abías, la octava de las veinticuatro clases en que fueron
divididos los sacerdotes (I Cro., 24, 7-19); Isabel, la madre del Precursor, era
"descendiente de Aarón" según San Lucas (1:5); el mismo evangelista, unos
versículos después (1:36) la llama "prima" (syggenis) de María.

Estas dos afirmaciones parecen contradictorias, pues, se preguntará, ¿cómo podía


ser una prima de la Santísima Virgen "descendiente de Aarón"? El problema se
podría resolver adoptando la lectura que se da en una antigua versión persa, donde
encontramos "hermana de la madre" (metradelphe) en vez de "prima". Una
explicación en cierto modo análoga, probablemente tomada de algún escrito
apócrifo, y tal vez correcta, se da por San Hipólito (en Nicefor., II, iii). Según ella,
Mathan tuvo tres hijas, María, Soba, y Ana. María, la mayor, se casó con un
hombre de Belén y fue la madre de Salomé; Soba se casó también en Belén, pero
con "un hijo de Leví", de quien tuvo a Isabel; Ana desposó a un galileo (Joaquín) y
dio a luz a María, la Madre de Dios.

Así Salomé, Isabel, y la Santísima Virgen fueron primas hermanas, e Isabel,


"descendiente de Aarón" por línea paterna, era, por su madre, prima de María. El
hogar de Zacarías se designa sólo de una manera vaga por San Lucas: era "una
ciudad de Judá", en "la región montañosa" (1:39). Reland, que aboga por la
injustificada suposición de que Judá pueda ser un error de ortografía del nombre,
propuso leer en vez de él, Yuttá (Josué 15:55; 21:16), una ciudad sacerdotal al sur
de Hebrón. Pero los sacerdotes no siempre vivían en ciudades sacerdotales (el
hogar de Matatías estaba en Modin, el de Simón Macabeo en Gaza). Una tradición
que puede remontarse a la época anterior a las Cruzadas, señala a la pequeña
ciudad de Ain-Karim, a cinco millas al suroeste de Jerusalén.
Aquí vemos una bonita imagen de Powell como Jesús de Nazareth en la
impresionante miniserie del mismo nombre estrenada en Abril de 1977.

El nacimiento del Precursor fue anunciado de la manera más chocante. Zacarías e


Isabel, como sabemos por san Lucas, "eran los dos justos ante Dios, y caminaban
sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos,
porque Isabel era estéril" (1:6-7). Habían orado mucho para que su unión fuera
bendecida con descendencia; pero, ahora que "los dos eran de edad avanzada", el
reproche de esterilidad pesaba sobre ellos. "Sucedió que, mientras oficiaba delante
de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio
sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la
multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.

Y se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al
verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: No temas,
Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un
hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se
gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni
licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de
los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, y le precederá con el espíritu y el
poder de Elías para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los
rebeldes a la sabiduría de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien
dispuesto" (1:8-17). Como Zacarías fue lento en creer esta asombrosa predicción,
el ángel, al hacérsela conocer, le anunció que, en castigo a su incredulidad, estaría
afectado de mudez hasta que la promesa se cumpliera. Y "cuando se cumplieron los
días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se
mantuvo oculta durante cinco meses" (1: 23-24).

Ahora bien durante el sexto mes tuvo lugar la Anunciación, y, como María había
oído al ángel que su prima había concebido, fue "con prontitud" a felicitarla. "Y en
cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño" - lleno, como la madre, del Espíritu
Santo-"saltó de gozo en su seno", como si reconociera la presencia de su Señor.
Entonces se cumplió la profética declaración del ángel de que el niño estaría "lleno

del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre". Ahora


bien, como la presencia de cualquier pecado es incompatible con la presencia del
Espíritu Santo en el alma, se deduce que en este momento Juan quedó limpio de la
mancha del pecado original.

Cuando "le llegó a Isabel el tiempo de dar a luz... tuvo un hijo (1:57); y "al octavo
día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías,
pero su madre, tomando la palabra, dijo: No, se ha de llamar Juan. Le decían: No
hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre. Y preguntaban por señas a su
padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: Juan es su
nombre. Y todos quedaron admirados" (1, 59-63).

No se dieron cuenta de que ningún nombre le convenía más (Juan, en hebreo:


Jehohanan, esto es, "Yahveh tiene misericordia") al que, como profetizó su padre
iba a ir "delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo
conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de
misericordia de nuestro Dios" (1:76-78). Además, todos esos acontecimientos, a
saber, un niño nacido a una pareja de edad avanzada, la repentina mudez de
Zacarías, su recuperación, igualmente repentina, del habla, su asombrosa
declaración, tenían que infundir admiración a los vecinos congregados; estos
apenas podían preguntarse: "Pues, ¿qué será de este niño?" (1:66).

Respecto a la fecha del nacimiento de Juan el Bautista, no se puede decir nada con
seguridad. El Evangelio sugiere que el Precursor nació unos seis meses antes de
Cristo; pero el año del nacimiento de Cristo no ha sido determinado. Ni hay
tampoco certeza sobre la estación del nacimiento de Cristo, pues es bien sabido
que la fijación de la fiesta de Navidad al veinticinco de Diciembre no se basa en la
evidencia histórica, sino que está sugerida posiblemente por consideraciones
meramente astronómicas, también, quizá, deducidas de razonamientos
astronómico-teológicos. Aparte de eso, no se pueden hacer cálculos sobre la época
del año en que la clase de Abías prestaba servicio en el Templo, puesto que cada
una de las veinticuatro clases de sacerdotes hacía dos turnos al año.
De los primeros años de la vida de Juan San Lucas sólo nos dice
que "el niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de
su manifestación a Israel" (1:80).

Si nos preguntáramos cuándo se fue el Precursor al desierto, una vieja tradición a


la que hace eco Paul Warnefried (Paulo el Diácono), en el himno"Ut queant laxis",
compuesto en honor del santo, da una respuesta apenas más definida que la
declaración del Evangelio: "Antra deserti teneris sub annis... petiit.." Otros autores,
sin embargo, pensaron que lo sabían mejor.

Por ejemplo, San Pedro de Alejandría creía que San Juan fue dejado en el desierto
para escapar de la ira de Herodes, quien, si hacemos caso de su relato, fue
impulsado por el miedo de perder su reino a buscar la muerte del Precursor, igual
que fue, más tarde, a buscar la del Salvador recién nacido. Se añadía también en
este relato que Herodes hizo matar a Zacarías entre el templo y el altar, porque
profetizó la venida del Mesías (Baronio, "Annal Apparat.", n.53). Estas son leyendas
sin valor calificadas hace mucho tiempo por San Jerónimo como "apocryphorum
somnia".

San Juan Bautista, de el Baciccio.(*)

Pasando por alto entonces, con San Lucas, un periodo de unos treinta años,
llegamos a lo que podemos considerar el inicio del ministerio público de San Juan
Hasta éste llevó en el desierto la vida de un anacoreta; ahora va a entregar su
mensaje al mundo. "En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César... fue
dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda
la región del Jordán, predicando" (Luc. 3:1-3), vestido no con los suaves ropajes de
un cortesano (Mat. 11:8; Luc 7:24), sino de "piel de camello con un cinturón de
cuero a sus lomos"; y "su comida" - parecía como si no comiera ni bebiera (Mat.
11:18; Luc 7:33)-- "eran langostas y miel silvestre" (Mat. 3: 4; Mar.1:6); toda su
figura, lejos de sugerir la idea de una caña sacudida por el viento (Mat.11:7;
Luc.7:24), manifestaba una constancia imperturbable. Algunos incrédulos burlones
fingían escandalizarse: "Tiene un demonio" (Mat.11:18) Sin embargo, "Jerusalén,
toda Judea, y toda la región del Jordán" (Mat. 3:5), atraídos por su fuerte y
atractiva personalidad, acudían a él; la austeridad de su vida aumentaba
inmensamente el peso de sus palabras; para la gente sencilla, era verdaderamente
un profeta (Mat. 11:9; cf. Luc 1:76-77). "Convertíos, porque el Reino de los Cielos
está cerca" (Mat. 3:2), tal era el estribillo de su enseñanza. Hombres de todas las
condiciones se congregaban a su alrededor.

Allí había fariseos y saduceos; estos últimos atraídos


quizá por curiosidad y escepticismo, los primeros esperando posiblemente una
palabra de alabanza por sus numerosísimas imposiciones y prácticas, y todos,
probablemente, más ansiosos de ver de cuál de las sectas rivales ordenaría el
nuevo profeta que se siguieran las instrucciones.

Pero Juan puso al descubierto su hipocresía. Sacando sus ejemplos del escenario
que los rodeaba, e incluso, según el modo oriental, haciendo un juego de palabras
(abanimbanium), fustigó su orgullo con esta bien merecida reprimenda: "Raza de
víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, dignos frutos
de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: Tenemos por padre a
Abraham; pues os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Y ya
está el hacha puesta en la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto
será cortado y arrojado al fuego" (Mat. 3:7-10; Luc. 3:7-9). Estaba claro que algo
había que hacer.

Los hombres de buena voluntad entre los que escuchaban preguntaban: "¿Qué
debemos hacer?" (Probablemente algunos eran ricos y, según la costumbre del
pueblo en tales circunstancias, estaban vestidos con dos túnicas- Josefo, "Antig.",
XVIII, v, 7). "Y él les respondía: El que tenga dos túnicas, que las reparta con el
que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo" (Luc. 3:11). Algunos
eran publicanos; a ellos les ordenó no exigir más que lo que estaba fijado por la ley
(Luc 3:13). A los soldados (probablemente policías judíos) les recomendó que no
hicieran violencia a nadie, ni denunciaran falsamente a ninguno, y que se
contentaran con su paga. (Luc.3:14). En otras palabras, les advirtió contra la
confianza en sus privilegios nacionales, no aprobó los dogmas de ninguna secta, ni
abogó por el abandono del forma de vida ordinaria de cada uno, sino que (predicó)
la fidelidad y honradez en el cumplimiento de los deberes propios, y la humilde
confesión de los propios pecados.
El río Jordán, donde fue bautizado Jesús.

Para confirmar las buenas disposiciones de sus oyentes, Juan los bautizaba en el
Jordán, "diciendo que el bautismo era bueno, no tanto para liberar a uno de ciertos
pecados [cf. Sto. Tomás, "Summ. Theol.·, III, A.xxxviii, a. 2 y 3] como para
purificar el cuerpo, estando ya el alma limpia de sus corrupciones por la justicia"
(Josefo, "Antig.", XVIII, vii).

Piscina bautismal.(++)

Este rasgo de su ministerio, más que ningún otro, atrajo la atención pública hasta
tal punto que fue apodado "el Bautista" (esto es, el que bautiza) incluso durante su
vida (por Cristo, Mat.11:11; por sus propios discípulos, Luc. 7:20; por Herodes,
Mat.14:2; por Herodías, Mat.14:3). Aun así su derecho a bautizar fue cuestionado
por algunos (Jn.1:25); los fariseos y letrados rehusaron someterse a esta
ceremonia, con el argumento de que el bautismo, como una preparación para el
reino de Dios, sólo estaba relacionado con el Mesías (Ez. 36:25; Zac.13:1, etc.),
Elías, y el profeta del que se habla en el Deut.18:15. La réplica de Juan fue que él
había sido divinamente "enviado a bautizar con agua" (Jn 1:33); a esto, más tarde,
nuestro Salvador aportó su testimonio, cuando, en respuesta a los fariseos que
intentaban tenderle una trampa, implícitamente declaró que el bautismo de Juan
era del cielo (Mar. 11:30). Mientras bautizaba, Juan, para que la gente no pudiera
creer "si no sería él el Cristo" (Luc. 3:15), no dejó de insistir en que la suya era sólo
una misión de precursor: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte
que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en el
Espíritu Santo y en el Fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y
recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga"
(Luc. 3:15,17). Fuera cual fuese lo que Juan quería decir con su bautismo "de
fuego", en todo caso, definió claramente en esta declaración su relación con el que
había de venir.

Aquí no vendrá mal tratar sobre el escenario del ministerio del Precursor. La
localidad debe buscarse en la parte del valle del Jordán (Luc. 3:3) que es llamada el
desierto (Mar. 1:4). En relación con esto se mencionan dos lugares en el Cuarto
Evangelio: Betania (Jn 1:28) y Ainón (Jn 3:23). Respecto a Betania la versión
Betabara, primero dada por Orígenes, puede descartarse; pero el erudito
alejandrino estaba quizá menos equivocado al sugerir la otra versión, Bethara,
posiblemente una forma griega de Betharan; en cualquier caso, el sitio en cuestión
debe ser buscado "al otro lado del Jordán" (Juan, 1, 28). El segundo lugar, Ainón,
"cerca de Salim" (Juan, 3, 23), el punto más al norte señalado en el mapa del
mosaico de Madaba, se describe en el "Onomasticon" de Eusebio como estando a
ocho millas de Seythopolis (Beisan), y debe buscarse probablemente en Ed-Deir o
El-Ftur, a poca distancia del Jordán (Lagrange, en "Revue Biblique", IV, 1895, pags.
502-5). Además, una tradición establecida de antiguo, que se remonta al año 333,
asocia la actividad del Precursor, particularmente el bautismo del Señor, con los
alrededores de Deir Mar-Yuhanna (Qasr el-Yehud).

El Precursor había estado predicando y bautizando durante algún tiempo (cuánto


exactamente no se sabe), cuando Jesús vino de Galilea al Jordán a ser bautizado
por él.

¿Por qué, puede preguntarse, "el que no cometió pecado" (I Pedro, 2, 22) buscaría
"el bautismo de conversión para el perdón de los pecados" de Juan (Lucas, 3, 3)?
Los Padres de la Iglesia responden muy apropiadamente que ésta fue la ocasión
prevista por el Padre en que Jesús iba a manifestarse ante el mundo como Hijo de
Dios; además, al someterse a él, Jesús sancionaba el bautismo de Juan. "Pero Juan
trataba de impedírselo diciendo: Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú
vienes a mí?" (Mateo, 3, 14).

Estas palabras, que implican que Juan conocía a Jesús, están en aparente
contradicción con una ulterior declaración de Juan registrada en el Cuarto
Evangelio: "Yo no le conocía" (Jn. 1:33). La mayor parte de los intérpretes toman
esto como que el Precursor tenía alguna intuición de que Jesús fuera el Mesías:
indican ésta como la razón por la que Juan al principio rehusó bautizarlo; pero la
manifestación celestial, unos momentos después, cambió esta intuición en
conocimiento perfecto: "Respondióle Jesús: Déjame ahora, pues conviene que así
cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y
en esto se abrieron los cielos...Y una voz que venía de los cielos dijo: Este es mi
hijo muy amado, en quien me complazco" (Mat. 3:5-17).

Tras su bautismo, mientras Jesús estaba predicando por las ciudades de Galilea,
yendo a Judea sólo ocasionalmente para las fiestas, Juan continuó su ministerio en
el valle del Jordán.

Fue en esta época "cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes
y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú? Él confesó, y no negó; confesó: Yo no soy
el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Él dijo: No lo soy ¿Eres tú el
profeta? Respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres, pues, para que demos
respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? Dijo él: Yo soy la
voz que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta
Isaías" (Jn 1:19-23).

Juan negó ser el profeta Elías, a quien los judíos estaban esperando (Mat.17:10;
Mar. 9:10). Ni lo admitió Jesús, aunque sus palabras a sus discípulos parecen a
primera vista señalar ese camino, "Ciertamente Elías ha de venir a restaurarlo todo.
Os digo, sin embargo, que Elías ha venido ya" (Mat. 17:11; Mar 9:11-12). San
Mateo señala que "los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista"
(Mat. 17:13). Esto era lo mismo que decir, "Elías no va a venir en forma humana."

Pero al hablar a la multitud, Jesús explicó que llamaba a Juan Elías en sentido
figurado: "Si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos,
que oiga" (Mat. 11:14,15). Esto había sido anticipado por el ángel cuando, al
anunciar a Zacarías el nacimiento de Juan, predijo que el niño precedería al Señor
"con el espíritu y el poder de Elías" (Luc. 1:17). "Al siguiente día vio a Jesús venir
hacia él y dijo: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es
por quien yo dije: Viene un hombre detrás de mí, que se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo...pero he venido a bautizar con agua para que él sea
manifestado a Israel...Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua
me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el
que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es
el Hijo de Dios" (Jn. 1:20-34).

Entre los muchos oyentes que rodeaban a san Juan, algunos, más profundamente
conmovidos por su doctrina, permanecieron con él, formando así, como alrededor
de otros famosos doctores de la ley, un grupo de discípulos. A estos exhortaba a
ayunar (Mar.2:18), a estos enseñaba formas especiales de oración (Luc. 5:33;
11:1). Su número, según la literatura pseudo-clementina, llegaba a treinta (Hom.
ii, 23). Entre ellos estaba Andrés de Betsaida de Galilea (Jn 1:44). Un día, cuando
Jesús pasaba a lo lejos, Juan le señaló y repitió su declaración anterior: "He ahí el
Cordero de Dios". Entonces Andrés, con otro discípulo de Juan, al oír esto, siguieron
a Jesús (Jn 1:36-38). El relato de la vocación de Andrés y Simón difiere
materialmente del que encontramos en San Mateo, San Marcos y San Lucas;
aunque puede percibirse que San Lucas, en particular, narra de tal manera el
encuentro de los dos hermanos con el Salvador, que podemos deducir que ya lo
conocían. Ahora bien, por otra parte, puesto que el Cuarto Evangelio no dice que
Andrés y su compañero dejaran en el acto sus ocupaciones para dedicarse
exclusivamente al Evangelio o a su preparación, no hay claramente discordancia
absoluta entre la narración de los tres primeros Evangelios y el de San Juan.

El Precursor, tras un lapso de varios meses, aparece de nuevo en escena, y aún


está predicando y bautizando a orillas del Jordán (Jn 3:23). Jesús, mientras tanto,
había reunido a su alrededor un séquito de discípulos, y vino "al país de Judea; y
allí se estaba con ellos y bautizaba" (Jn 3:22) - "aunque no era Jesús mismo el que
bautizaba, sino sus discípulos" (Jn. 4:2) - "Se suscitó una discusión entre los
discípulos de Juan y los judíos [los mejores textos griegos tienen "un judío"] acerca
de la purificación" (Jn. 3:25), lo que quiere decir, como se sugiere por el contexto,
acerca del valor relativo de ambos bautismos. Los discípulos de Juan fueron a él:
"Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste
testimonio, mira, está bautizando y todos se van con él" (Jn. 3:26-27).
Indudablemente querían decir que Jesús debería ceder ante Juan que le había
recomendado, y que, al bautizar, estaba usurpando los derechos de Juan. "Juan
respondió: Nadie puede arrogarse nada si no se le ha dado del cielo. Vosotros
mismos sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado
delante de él. El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que
asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que
ha alcanzado su plenitud. Es preciso que él crezca y que yo disminuya. El que viene
de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de
la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos: da testimonio de lo que
ha visto y oído" (Jn. 3:27-36).

La narración anterior recuerda el hecho antes mencionado (Jn.1:28), de que parte


del ministerio del Bautista se ejerció en Perea: Ainón, el otro escenario de sus
acciones, estaba junto a las fronteras de Galilea; Perea y Galilea formaban la
tetrarquía de Herodes Antipas. Este príncipe, digno hijo de su padre, Herodes el
Grande, se había casado, probablemente por razones políticas, con la hija de
Aretas, rey de los nabateos. Pero durante una visita a Roma, se enamoró de su
sobrina Herodías, esposa de su hermanastro Filipo (hijo de Mariamne la joven), y la
indujo a venirse a Galilea. Cuándo y dónde se encontró el Precursor con Herodes,
no se nos dice, pero por los Evangelios Sinópticos sabemos que Juan se atrevió a
reprochar al tetrarca sus malas acciones, especialmente su adulterio público.
Herodes, influido por Herodías, no permitió al importuno recriminador marchar sin
castigo: "envió a prender a Juan y le encadenó en prisión". Josefo nos cuenta una
historia bastante distinta, que contiene tal vez un elemento de verdad. "Como se
apiñaban alrededor de Juan grandes multitudes, Herodes sintió miedo de que
abusara de su autoridad moral sobre ellas para incitarlas a la rebelión, lo que
harían si se lo mandaba; por tanto pensó como lo más sabio, para evitar posibles
sucesos, quitar de en medio al peligroso predicador... y lo encarceló en la fortaleza
de Maqueronte" ("Antig.", XVIII, v, 2). Cualquiera que fuera el motivo principal de
la política del tetrarca, es seguro que Herodías alimentaba un amargo odio contra
Juan. "Herodías le aborrecía y quería quitarle la vida" (Mar. 6:19). Aunque Herodes
al principio compartía su deseo, "temía a la gente porque le tenían por profeta"
(Mat. 14:5). Después de un tiempo este resentimiento de Herodes parece haberse
reducido, pues, según Mar. 6:19-20, escuchaba a Juan con gusto e hizo muchas
cosas a sugerencia de él.

Juan, en su prisión, era asistido por sus discípulos, que le mantenían en contacto
con los acontecimientos del momento. Así se enteró de las maravillas efectuadas
por Jesús. En este punto no se puede suponer que la fe de Juan vacilara lo más
mínimo. Algunos de sus discípulos, sin embargo, no estaban convencidos por sus
palabras de que Jesús era el Mesías. Por consiguiente, los envió a Jesús,
mandándoles decir: "Juan el Bautista nos ha enviado para que te digamos: ¿Eres tú
el que ha de venir o debemos esperar a otro? (Y en aquel momento curó a muchos
[del pueblo] de sus enfermedades y dolencias y malos espíritus, y dio vista a
muchos ciegos.) Y les respondió: Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los
muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que
no se escandalice de mí!" (Luc. 7:20-23; Mat.11:3-6).

Cómo afectó esta entrevista a los discípulos de Juan, no lo sabemos; pero


conocemos el elogio de Juan que salió de los labios de Jesús: "Cuando los
mensajeros de Juan se alejaron, se puso a hablar de Juan a la gente: ¿Qué salisteis
a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?" Todos sabían muy bien por
qué Juan estaba en prisión, y que en su cautividad era más que nunca el campeón
impávido de la verdad y la virtud. -"¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre vestido
con ropas elegantes? Los que visten magníficamente y viven con molicie están en
los palacios. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os lo aseguro, y más
que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero
delante de ti, el cual te preparará por delante el camino. Os digo: Entre los nacidos
de mujer no hay ninguno más grande que Juan el Bautista" (Luc. 7:24-28). Y a
continuación, Jesús señaló la inconsistencia del mundo en sus opiniones tanto sobre
él como sobre su precursor: "Ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía
vino, y decís: Tiene un demonio. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y
decís: Ahí tenéis a un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores. Y la
sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos" (Luc 7:33-35).

San Juan languideció probablemente durante algún tiempo en la fortaleza de


Maqueronte, pero la ira de Herodías, a diferencia de la de Herodes, nunca
disminuyó: aguardaba su oportunidad. Esta llegó en la fiesta de cumpleaños que
Herodes, según la moda romana, dio a los "magnates, a los tribunos, y a los
principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías [Josefo da su nombre:
Salomé], danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey dijo entonces
a la muchacha: Pídeme lo que quieras y te lo daré...Salió la muchacha y preguntó a
su madre: ¿Qué voy a pedir? Y ella le contestó: La cabeza de Juan el Bautista.
Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: Quiero que
ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista. El rey se llenó
de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y
al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de
Juan... y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre" (Mar. 6:21-
28). Así ocurrió que la muerte del más grande "entre los nacidos de mujer" fue el
premio otorgado a una bailarina, el peaje exigido por un juramento imprudente,
criminalmente mantenido (San Agustín). Incluso los judíos se conmovieron por una
ejecución tan injustificable, y atribuyeron a la venganza divina la derrota sufrida
después por Herodes a manos de Aretas, su legítimo suegro (Josefo, loc. cit). Los
discípulos de Juan, al enterarse de su muerte, "vinieron a recoger el cuerpo y le
dieron sepultura" (Mar. 6:29), "luego fueron a informar a Jesús" (Mat. 14:12).

La duradera impresión dejada por el Precursor sobre los que estuvieron bajo su
influencia no se puede ilustrar mejor que mencionando el temor que sobrecogió a
Herodes cuando oyó las maravillas obradas por Jesús, quien, en su opinión, no era
sino Juan el Bautista vuelto a la vida (Mat.14:1-2, etc.).

La influencia del Precursor no murió con él. Fue de largo alcance, además, como
sabemos por Hch. 18:25; 19:3, donde encontramos que prosélitos en Éfeso habían
recibido de Apolo y otros el bautismo de Juan. Además los primeros autores
cristianos hablan de una secta que tomaba su nombre de Juan y se atenía sólo a su
bautismo.

La fecha asignada en los calendarios litúrgicos a la muerte de Juan el Bautista, 29


de Agosto, apenas se puede considerar fiable, porque no se basa casi en
documentos dignos de confianza. El lugar de su sepultura ha sido fijado por una
antigua tradición en Sebaste (Samaria).

Pero si hay algo de verdad en la afirmación de Josefo, de que Juan fue ejecutado en
Maqueronte, es difícil comprender por qué fue enterrado tan lejos de la fortaleza
herodiana. Aun así, es perfectamente posible que, en una fecha posterior que nos
es desconocida, sus sagrados restos fueran llevados a Sebaste.

En cualquier caso, hacia mediados del Siglo IV, su tumba era venerada allí, como
sabemos por el testimonio de Rufino y Teodoreto.

Estos autores añaden que el santuario fue profanado en tiempos de Juliano el


Apóstata (hacia el año 362), siendo parcialmente quemados los huesos. Una parte
de las reliquias rescatadas fueron llevadas a Jerusalén, luego a Alejandría; y allí, el
27 de Mayo de 395, estas reliquias fueron depositadas en la magnífica basílica
ahora dedicada al Precursor en el sitio del otrora famoso templo de Serapis.

La tumba de Sebaste continuó, no obstante, siendo visitada por piadosos


peregrinos, y San Jerónimo aporta testimonio de los milagros allí obrados. Tal vez
algunas de las reliquias fueron devueltas a Sebaste. Otras partes en diferentes
épocas lograron llegar a muchos santuarios del mundo cristiano, y es larga la lista
de iglesias que afirman poseer una parte del preciado tesoro.

Lo que sucedió con la cabeza del Precursor es difícil de determinar. Nicéforo (I, ix)
y Metarastes dicen que Herodías la enterró en la fortaleza de Maqueronte; otros
insisten en que fue enterrada en el palacio de Herodes en Jerusalén; allí fue
encontrada durante el reinado de Constantino, y de allí secretamente llevada a
Emesa, en Fenicia, dónde se ocultó, permaneciendo desconocido el lugar durante
años, hasta que se manifestó por revelación en el año 453.
En las muchas y discordantes informaciones relativas a esta reliquia, predomina por
desgracia mucha inseguridad; las discrepancias en casi todos los puntos hacen el
problema tan intrincado como para impedir una solución.

Esta insigne reliquia, en todo o en parte, es reclamada por varias iglesias, entre
ellas Amiens, Nemours, St.Jean d'Angeli (Francia), San Silvestro in Capite (Roma).
Este hecho lo retrotrae Tillemont a una confusión de un San Juan por otro, una
explicación que, en algunos casos, parece estar fundada sobre buenas bases y
justifica esta multiplicación, de otra forma problemática, de reliquias.

La colina donde se erigía el castillo del rey Herodes.

Mukawir:
Aún siguen en pie los restos del castillo de Maqueronte del rey Herodes. Éste es el
lugar donde Herodes Antipas decapitó a Juan Bautista a petición de Salomé.

La veneración tributada desde tan temprano y en tantos lugares a las reliquias de


San Juan Bautista, el celo con el que muchas iglesias han sostenido en todas las
épocas sus infundadas pretensiones a algunas de sus reliquias, las innumerables
iglesias, abadías, ciudades y familias religiosas colocadas bajo su patronato, la
frecuencia de su nombre entre la gente cristiana, todo atestigua la antigüedad y
extensa difusión de la devoción al Precursor. La conmemoración de su nacimiento
es una de las fiestas más antiguas, si no la más antigua, introducida tanto en la
liturgia griega como en la latina para venerar a un santo.

Pero, ¿por qué es la fiesta propia, como lo fue, de San Juan el día de su nacimiento,
mientras que en los demás santos es el día de su muerte? Porque se entiende que
el nacimiento de quien, a diferencia del resto, estaba "lleno del Espíritu Santo desde
el seno de su madre", debe ser señalado como un día de triunfo. La celebración de
la Degollación de San Juan Bautista, el 29 de Agosto, disfruta casi de la misma
antigüedad.

Encontramos también en los martirologios más antiguos mención de una fiesta de


la Concepción del Precursor el 24 de Septiembre. Pero la celebración más solemne
en honor de este santo fue siempre la de su Natividad, precedida hasta
recientemente por un ayuno. Muchos lugares adoptaron la costumbre introducida
por San Sabas de tener un doble oficio este día, como en el día de Navidad.

El primer oficio, que pretendía significar el tiempo de la ley y los profetas que
duraba hasta San Juan (Luc. 16:16), comenzaba a la puesta de sol, y se cantaba
sin aleluya; el segundo, que significaba la celebración de la apertura del tiempo de
gracia, y se alegraba con el canto del aleluya, se celebraba durante la noche. La
similitud de la fiesta de San Juan con la de Navidad se llevaba más lejos, pues otra
característica del 24 de Junio era la celebración de tres misas: la primera, a altas
horas de la noche, recordaba su misión de Precursor; la segunda, al amanecer,
conmemoraba el bautismo que él confería; y la tercera, a la hora de tercia,
veneraba su santidad. Toda la liturgia del día, repetidamente enriquecida por las
añadiduras de varios Papas, era comparable en evocación y belleza a la liturgia de
Navidad.

Tan sagrado se juzgaba el día de San Juan que dos ejércitos rivales, habiéndose
encontrado frente a frente un 23 de Junio, de común acuerdo aplazaron la batalla
hasta el día siguiente de la fiesta (Batalla de Fontenay, 841). "La alegría, que es la
característica del día, irradiaba de los recintos sagrados. Las agradables noches de
verano, en la octava de San Juan, daban libre campo a un despliegue popular de
alegre fe entre las diversas nacionalidades. Apenas los últimos rayos del sol
poniente se apagaban cuando, por todo el mundo, inmensas columnas de llamas
surgían de todas las cimas de las montañas, y en un instante, toda ciudad, pueblo,
y aldea se iluminaba" (Guéranger). La costumbre de las "hogueras de San Juan",
sea cual sea su origen, permanece hasta ahora en ciertas regiones.» (3)

«Y vino Jesús. Pero tras el revuelo y los resplandores de aquella noche en Belén,
volvió el silencio. Treinta años de trabajo en la carpintería y de oración en la
sinagoga, treinta años compartiendo la mesa familiar bajo la autoridad de José y de
María. Nada parecía haber cambiado, y sin embargo Él estaba allí, mezclado entre
la gente que empezaba a agitarse con la predicación del Bautista.

El pueblo caminaba en tinieblas, y aún no había visto la luz. Hasta que empezó a
enseñar aquel joven rabí que hablaba con autoridad, no como los escribas; que se
arrogaba la facultad de perdonar los pecados, que curaba a los enfermos y
resucitaba a los muertos. De modo que todos se veían obligados a preguntar quién
era Él.

Jesús no se lo puso fácil: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Se comprende el


murmullo, la reprobación y el escándalo.... Pero ¿por quién te tienes? En un
momento dado tan sólo se quedan los doce y unas pocas mujeres. Pedro da voz a
sus razones: "Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna".
Después vendría su muerte en la cruz, la terrible espantada de sus amigos, y su
inesperada victoria sobre la muerte. Sólo entonces comprendieron que era el Hijo
de Dios hecho hombre, y que había introducido una novedad que ya ningún poder
lograría desarraigar de este mundo.»(4)
Juan bautizó a Jesús en Betania. (***)

«Juan el Bautista, o simplemente el Bautista, fue un predicador y asceta judío,


considerado como profeta por cuatro religiones: Cristianismo, Islam, Mandeísmo y
la Fe Bahá'í. Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel (Lucas 1:5), nació hacia el año
7 a.C..

Según Lucas 3:1-3, Juan comenzó a predicar y a bautizar en el desierto

"el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato
gobernaba Judea, cuando Herodes era tetrarca de Galilea, su hermano Filippo
tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, en tiempo del sumo
sacerdote Anás y Caifás" (Lucas 3:1-3)

La decapitación de San Juan Bautista

Tiberio sucedió a Augusto el 19 de agosto del año 767 de la


fundación de Roma. Lucas pudo contabilizar los años siguiendo el calendario sirio,
que inicia el año 1 de octubre, o bien el calendario romano, que comienza en enero,
por lo cual no sabemos si tuvo en cuenta el primer año de la sucesión. Así, la fecha
aproximada del inicio de la actividad del Bautista estaría en torno al año 28 de
nuestra era.

Juan Bautista se definió a sí mismo como "voz que clama en el desierto: ‘rectificad
los caminos del Señor' " (Juan 1:23), con lo cual cumplía expresamente una
profecía de Isaías (Mat.3:1-4, Luc.3:4-6, Is. 40:3-5). Mar. 1:1-4 une a ésta el
cumplimiento de otra profecía, de Mal.3:1. Esta misma misión general, cumplir
unidas ambas profecías, vista como una, fue definida en general por los esenios
para ellos mismos, según laRegla de la Comunidad (1QS VIII 13-14; 4Q259 III 3-
6), encontrada entre los Manuscritos del Mar Muerto y datada entre los años 100 y
75 a.C. También la liturgia bautismal esenia (4Q14) pudo haber servido de
inspiración a Juan.»(5)

<!--
-->Festín de Herodes.El asunto que presenta Carreño en este bello lienzo está
inspirado en la vida de san Juan Bautista, eligiendo como culminación de la historia
la presentación de la cabeza del Bautista por parte de Salomé a su madre,
Herodías, y al rey Herodes. De esta manera, Herodias culminaba su venganza
utilizando para ello a su bella hija. La escena se desarrolla en un palacio
renacentista de clara inspiración veneciana cuyas arquitecturas se aprecian en el
fondo. Las figuras se reúnen alrededor de una mesa tratada con un marcado
escorzo por el artista para crear sensación de profundidad. En primer plano
encontramos una figura de espaldas que nos introduce en la escena para dejar
paso a un pajecillo negro que parece presentar al sorprendido rey la plateada
bandeja con la cabeza. Los rostros de los personajes son tremendamente
expresivos, creando un perfecto efecto dramático. El estilo empleado por Carreño
recuerda a Veronés, tanto por la monumentalidad de las arquitecturas como por el
lujo de los vestidos y la fastuosidad del evento. La sensación atmosférica creada es
sensacional, provocando la difuminación de los contornos de las figuras de la
misma manera que hacían Tiziano o el propio Velázquez. La valía de la obra es tal
que se realizaron diversas copias en su tiempo.

Nacimiento de San Juan Bautista La diferencia entre el ministerio general de los


esenios y el de Juan estriba en que aquellos enfatizaban en el estudio de la Ley, y
en general de las Escrituras, y Juan en la predicación y bautismo para la conversión
del pueblo. Según los Evangelios, bautizó a Jesús en el río Jordán (Lucas 3:21-22,
Marcos 1:9-11), y lo reconoció como Mesías (Juan 1:25-34, Mateo 3:13-17). Ese
momento supuso el inicio de la actividad mesiánica de Jesús. Algunos autores
señalan que sería más bien el arresto de Juan por parte de Herodes Antipas el
comienzo de la vida pública de Jesús (Marcos 1:14). Poco después (antes de la
muerte de Jesús hacia el 30), fue encarcelado y decapitado por orden de Herodes
Antipas en la fortaleza de Maqueronte. Este dato es mencionado tanto por Flavio
Josefo (Ant., XVIII, v, 2) como por los Evangelios de Marcos 6:16-29 y Mateo 14:3-
12.» (6)

«Según Flavio Josefo, Filippo, el hermano de Herodes, murió en esa época,


habiendo sido un gobernante que hizo justicia como le pareció conveniente. Puesto
que murió sin haber tenido hijos, Tiberio decidió anexar su distrito a la provincia de
Siria. Herodes se vio envuelto en una pelea con el Rey de Petra, Areta, con cuya
hija había contraído matrimonio porque Herodes se había enamorado de la esposa
de su hermanastro (Filippo) y había prometido casarse con Herodías divorciándose
de la hija de Areta. Pero la hija de Areta puso al descubierto el plan de Herodes y le
pidió a Herodes que le permitiese ir a visitar a Maqueronte. Desde allí se fue
apresuradamente a ver a su padre en Arabia y le contó lo que estaba planeando
Herodes. Esto y una disputa relacionada con los límites de tierra llevaron a Areta a
atacar a Herodes, cuyo ejército quedó completamente destruido. Herodes le
escribió acerca de esto a Tiberio. Cesar se sintió dominado por la ira y ordenó al
gobernador sirio, llamado Vitellius, que declarase el estado de guerra con Areta,
pero muchos de los judíos sintieron que el desastre acontecido a Herodes era el
juicio de Dios sobre él por la manera de haber tratado a Juan, de sobrenombre el
Bautista.

Mattia Preti, Italiano, 1613-1699. San Juan el Bautista Enseñando, ca.1660


Caravaggio

San Juan Bautista, 1597-1598, óleo sobre lienzo, 132 × 97 cm, Museos Capitolinos,
Roma

Aunque Juan era un buen hombre y había enseñado a los judíos a adorar a Dios, a
llevar vidas rectas y a practicar la justicia con otros, Herodes dio orden de que lo
matasen. Juan había estado enseñando que no se debía usar el bautismo para
obtener el perdón de los pecados cometidos, sino para que fuese una consagración
del cuerpo. Como se apiñaban alrededor de Juan grandes multitudes, Herodes
sintió miedo de que abusara de su autoridad moral sobre ellas para incitarlas a la
rebelión, lo que harían si se lo mandaba; por tanto pensó como lo más sabio, para
evitar posibles sucesos, quitar de en medio al peligroso predicador... y lo encarceló
en la fortaleza de Maqueronte y fue muerto en esa cárcel. Los judíos creían que
Dios había vengado su muerte destruyendo al ejército de Herodes (Ant., 18.5.2)»(7)

Los discípulos del Bautista continuaron su actividad durante algún tiempo tras el
arresto de Juan (Lucas 5,33; 7,18-20.24.30) y después de su muerte durante unos
años (Hechos 18,25; 19,3).

«La cárcel de Juan el Bautista fue la señal que Jesús


esperaba para iniciar su predicación; su degüello por instigación de Herodías,
anunció claramente la pasión y la muerte de nuestro Redentor. Dios Padre habló al
Verbo encarnado a través del hijo de Zacarías.

Escribe San Bernardo: "El fervor de Juan se manifiesta en su penitencia y en su


preocupación por los pecados del prójimo. Ese es el orden justo y razonable: fijarte
primero en ti mismo.
Como dice el salmista: "Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas
ocultas límpiame. Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre
mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.¡Sean gratas las palabras
de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahvé, roca mía, mi
redentor." (Sal. 19:13-15 BJ).

"Camada de víboras, dice Juan, ¿quién os ha enseñado a vosotros a escapar del


castigo inminente? " (Luc 3:7)

¡Qué fuego espiritual lanzan estas chispas y ascuas encendidas! No perdona ni a los
fariseos:

"Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior:


"Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras
dar hijos a Abraham" (Luc 3:8 BJ).

Pero todo esto no pasaría de bellas palabras si se detuviera ante la presencia de los
poderosos. Nada de eso: reprende con plena libertad de espíritu a un rey cruel y
soberbio, saliendo expresamente del desierto con santa indignación, y mostrándose
inflexible a los halagos y al martirio. El Evangelio dice que "Herodías le aborrecía y
quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era
hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le
escuchaba con gusto." (Mar. 6:20 BJ)

A pesar de ello él le corregía abiertamente:

"Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel,
por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: "No te
es lícito tenerla." Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por
profeta."(Mat. 14:3-4 BJ)
Fue encadenado y encarcelado, pero se mantuvo fiel a la verdad y murió
gloriosamente por ella» (8)

En la imagen vemos yuxtapuestos los momentos culminantes de la historia: la


danza de Salomé en el banquete, la decapitación de San Juan (a la izquierda en un
espacio diferenciado) y, al fondo, a Salomé mostrando a su madre la cabeza del
mártir sobre una bandeja. El tema de la presentación de la cabeza del Bautista
sobre una bandeja fue repetidas veces tratado por el arte debido a su dramatismo.

b. Preparación por medio del bautismo (1:9-11).

«El Evangelio de san Mateo, en el capítulo 3, versículos 13 a 17, nos narra el


episodio del Bautismo de Jesús, momento en el que Él se manifiesta como enviado
del Padre y comienza su vida pública: En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al
Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo,
diciéndole: -Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí-? Jesús
le contestó: -Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.-
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el
cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y
vino una voz del cielo que decía: -Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Jesús se
encuentra en el río Jordán, en Galilea, con Juan el Bautista y comienzan a hablar.
Jesús le pide que lo bautice, pero Juan se resiste: -¿y tú acudes a mí?-... No Jesús
-pensaría Juan- soy yo el que necesita ser bautizado por Ti, soy yo el necesitado de
tu perdón, el pecador.

Cristo bendice a Juan el Bautista


El Evangelio nos cuenta como continúa el diálogo: -Jesús le contestó: -Déjalo
ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.- Y ya Juan no puede
resistirse y lo bautiza. Y cumple Jesús toda justicia. Él, siendo inocente, asume los
pecados de los hombres haciéndose Él mismo pecador. Esta decisión libre, de amor
hasta el extremo, le costará la vida entregada en la cruz. Jesús no tenía pecado,
pero solamente Él era capaz de hacernos merecedores del perdón de los pecados.
El agua simboliza la limpieza del alma. Jesús la santificó al sumergirse en ella,
sumergiendo así todos los pecados de los hombres.

Impresionante encuadre e impactante acuarela fílmico/televisiva donde vemos


a Jesucristofrente a Juan a punto de ser bautizado en el río Jordan. Se dice que
en aquella época el bautismose realizaba mediante la inmersión,
pero Zeffirelli optó por la imagen clásica del bautismo. Aunque cambie
ligeramente la forma el mensaje final es el mismo.

El actor norteamericano Michael York interpreta a Juan el Bautista, en la miniserie


de 1977 Jesús de Nazareth

Al salir Jesús de las aguas se manifiesta abiertamente la Santísima Trinidad: La voz


es la del Padre, eterno Amante, el que engendra al Hijo en un acto de amor eterno,
dándole toda su vida. El Hijo es el Amado, igual al Padre según su divinidad y
consustancial con el Padre, los dos son uno en unión de amor. El Padre le dio toda
su vida, y el Hijo ama al Padre con ese amor obediente. El Padre se complace en
ese hombre que le ama con amor total y ama a su vez a los hombres en el Hijo.
La paloma simboliza el Espíritu Santo. Jesús es ungido por el Espíritu. Es así el
Cristo, el nuevo rey del reino del Padre. Al reflexionar sobre el bautismo de Jesús,
comprendemos mejor que aquel Niño que contemplábamos en Belén y que fue
presentado ante los pueblos por medio de una estrella, ha de ejercer una misión en
nombre de Dios. Y que sobre Él reposa toda la confianza del Padre y toda la fuerza
del Espíritu Santo. Más aún, si en Navidad contemplábamos al Verbo Encarnado,
ahora se manifiesta todo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios se implica en la
historia humana.

La historia de Jesús se transforma ahora en la historia del Dios-con-nosotros y del


nosotros-con-Dios. » (9)

El bautismo de Cristo

( Battesimo di Cristo)

El bautismo de Cristo es uno de los cuadros más conocidos del pintor Italiano Piero
della Francesca. Está realizado al temple al huevo sobre tabla. Mide 167 ctms. de
alto y 116 cm de ancho. Fue pintado hacia 1450, encontrándose actualmente en la
National Gallery de Londres, Reino Unido.

Esta obra de arte,«representa el momento en que Cristo es bautizado por San Juan
Bautista. El cuerpo del Cristo, en el eje vertical del cuadro se sitúa entre los tres
ángeles a su derecha y San Juan Bautista a su izquierda. Cada uno de los ángeles
tiene un peinado, color y pose distintos, lo que refuerza simbólicamente la
presencia de la Santísima Trinidad. Los tres ángeles, vestidos de colores diferentes,
en contraste con la norma iconográfica, no sostienen los vestidos de Cristo sino que
los tienen por la mano, en señal de concordia: muchos críticos ven en ellos las
celebraciones tenidas en aquellos años en Florencia para la unificación de la iglesia
occidental con la oriental (entre de ser uno de los temas mayormente discutidos fue
aquel de la Trinidad, en la que había habido un papel distinguido el camaldulense
Ambrogio Traversi).
Este simbolismo parece verse reforzado por la presencia, justo a la derecha del
neófito o catecúmeno que va a ser bautizado, de unos dignatarios vestidos con
trajes bizantinos, que era la vestimenta que entonces se asimilaba a los trajes de la
Antigüedad. Uno de ellos señala, con la mano, al Espíritu Santo descendiendo sobre
el Cristo bajo el aspecto de una paloma que despliega sus alas, pudiendo ser una
prefiguración de la cruz. Debajo de Cristo corren las aguas del río Jordán. El río
traza una S invertida, motivo recurrente en las composiciones de Piero Della
Francesca (el corte en la ropa de la Madonna del parto) como los personajes
sólidos, bien asentados sobre sus pies.» (10)

«Dios envió a un hombre llamado Juan el Bautista para preparar a la gente para la
venida de Jesús. Juan les dijo que dejaran el pecado (las cosas que no agradan a
Dios) y que se acercaran a Dios. Después que hacían una decisión de seguir a Dios,
Juan los bautizaba en el río Jordán. Un día Jesús vino a Juan y le pidió que lo
bautizara. Al principio, Juan no quería hacer esto porque Jesús es perfecto y no
había hecho ningún mal. Juan le dijo que el necesitaba que Jesús lo bautizara a él.
Jesús entonces explicó que el ser bautizado era algo que Dios quería que él hiciera.
Era una manera de mostrar a todos que Jesús obedecía y seguía a Dios. Así que
Juan bautizó a Jesús en el río. Esto significa que lo sumergió en el agua y lo levantó
para sacarlo del agua. Cuando Jesús salió del agua, los cielos se abrieron y el
Espíritu de Dios bajó en forma de una paloma. Luego una voz del cielo dijo que Éste
era Su Hijo amado y que estaba muy complacido con él. Jesús obedeció a Dios toda
su vida.

Las Bodas de Caná

Autor: Murillo
Fecha:1670-75
Características:179 x 235 cm.

Según el Evangelio de San Juan (2; 1-11) Jesús, en compañía de su madre y sus
discípulos, asistió a una boda en Caná. Al faltar vino, Jesús realizó su primer
milagro: la conversión de agua en vino, lo que motivó la reprimenda del
maestresala al novio: "Todos sirven primero el mejor vino, y, cuando se ha bebido
bastante, el peor. Tú has guardado el buen vino hasta ahora".
Impresionante y devocional escena en donde Cristo obra el milagro y multiplica los
panes y los peces para que las multitudes que le seguían no pasaran hambre ni
sed. Miniserie de 1977 Jesús de Nazareth

Podemos seguir el ejemplo de Jesús al obedecer a Dios en nuestro diario vivir


Romanos 6:4 nos dice que el bautismo es un cuadro de lo que hizo Jesús por
nosotros.

Jesús fue recibido en Jerusalen con alabanzas y ramos de laurel. Pocos días
después fue destrozado a golpes y llevado a la cruz como un cordero al matadero.
Nunca el mundo estuvo tan loco como aquel día. "Jesús De Nazareth" 1977 Original
Miniseries En Dvd

Cuando la persona es sumergida en el agua, esto representa que Jesús murió en la


cruz por nuestros pecados. Cuando la persona sale del agua, esto representa que
Jesús resucitó. El bautismo también es un cuadro lo que sucede en nuestros
corazones. Antes que creamos en Jesús, nuestros corazones están sucios por el
pecado que hay en nosotros. Cuando invitamos a Jesús a nuestros corazones, Él
viene a nuestros corazones y nos limpia del pecado. El bautismo también es una
manera que obedecemos a Dios, exactamente como Jesús. Dios nos dice en su
palabra, la Biblia, que debemos ser bautizados cuando creemos y confiamos en
Jesús. Romanos 10:9 dice que -si confesamos con nuestra boca que Jesús es el
Señor y creemos en nuestro corazón que Dios le ha resucitado de los muertos
seremos salvos. - Una manera de mostrar que creemos es el ser bautizados..
Christopher Plummer interpretó de manera brillante el papel de Herodes
Antipas, hijo deHerodes el grande. Jesús De Nazareth" 1977 Original Miniseries
En Dvd

El bautismo es el paso que sigue después de haber creído en Cristo. Jesús iba
caminando cerca de un río. Jesús sabía que uno de sus amigos estaba junto al río.
Su amigo se llamaba Juan. Jesús obedeció a Dios y fue al río. Jesús vio que Juan
estaba bautizando a la gente. Esto significa que estaba sumergiendo a la persona y
luego la sacaba del agua cuidadosamente. No era un juego. Era una manera de
mostrar a la gente que habían decidido seguir a Dios y que querían obedecer a
Dios. Jesús le dijo a Juan que Él quería ser bautizado. Juan lo bautizó... Cuando
Jesús se bautizó era una manera de mostrar su obediencia a Dios. Juan le dijo a la
gente que Jesús era el hijo de Dios. Juan sabía esto por lo que vio ese día. Jesús
obedeció a Dios.

(11)
El hizo todo lo que el Padre le dijo.»

Ernest Borgnine interpretó al centurión Romano que pidió ayuda


a Cristo demostrando una fe ciega y encomiable. Estando Cristo crucificado, el
Centurión afirmó: “Verdaderamente era el hijo de Dios” (Mc 14, 39) "Jesús De
Nazareth" 1977 Original Miniseries En Dvd

La curación de la piscina de Betesda "He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi


escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él
traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las
calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio
de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en
la tierra justicia; y las costas esperarán su ley. Así dice Jehová Dios, Creador de los
cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da
aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan: Yo Jehová
te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por
pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para
que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en
tinieblas." (Is. 42:1 -6 RVA 1960)

«A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo,
dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis
ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. No me
arrebates juntamente con los malos, Y con los que hacen iniquidad, Los cuales
hablan paz con sus prójimos, Pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a
su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; Dales su merecido conforme a
la obra de sus manos. Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová, Ni a la
obra de sus manos, El los derribará, y no los edificará. Bendito sea Jehová, Que oyó
la voz de mis ruegos Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y
fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi cántico le alabaré. Jehová es
la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y
bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre.» (Sal. 28 RV60)

El portal de la fe católica CATOLIC.NET explica el bautismo de Jesús, refiriéndose a


la novedad de la acción de Dios en la historia de la humanidad:
«Sin que aparezca la palabra nuevo en los textos litúrgicos, todos ellos se refieren,
en cierta manera, a la novedad de la acción de Dios en la historia. Es nuevo el
lenguaje de Dios en Isaías:

"Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablen al corazón de


Jerusalén y grítenle que ha terminado su esclavitud... Todo valle sea alzado, y
bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane..., ahí
viene el Señor Yahvé con poder y su brazo lo sojuzga todo... He aquí que Jehová el
Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene
con él, y su paga delante de su rostro" (Is. 40:1-2,4,10 BJ)

Es absolutamente nuevo que Jesús sea bautizado por Juan, que el cielo se abra,
que el Espíritu descienda en forma de paloma, que se oiga una voz del cielo:

"Y en seguida, mientras subía del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu
descendía sobre él como paloma. Y vino una voz desde el cielo: "Tú eres mi Hijo
amado; en ti tengo complacencia." (Mar. 1:10-11 RVA)

"Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y les hizo subir
aparte, a solas, a un monte alto, y fue transfigurado delante de ellos. Sus
vestiduras se hicieron resplandecientes, muy blancas, tanto que ningún lavandero
en la tierra las puede dejar tan blancas. Y les apareció Elías con Moisés, y estaban
hablando con Jesús. Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: -Rabí, es bueno que
nosotros estemos aquí. Levantemos, pues, tres enramadas: una para ti, otra para
Moisés y otra para Elías. Pues él no sabía qué decir, porque tuvieron miedo.

Institución de la cena del Señor


Vino una nube haciéndoles sombra, y desde la nube una voz decía: "Este es mi hijo
amado; a él oíd." Y de inmediato, mirando alrededor, ya no vieron a nadie más con
ellos, sino sólo a Jesús. Mientras descendían ellos del monte, Jesús les ordenó que
no contaran a nadie lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre resucitara
de entre los muertos. Y ellos guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué
significaría aquello de resucitar de entre los muertos. Le preguntaron diciendo: -
¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? El les dijo:
-A la verdad, Elías viene primero y restaura todas las cosas. Y, ¿cómo está escrito
acerca del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea menospreciado? Sin
embargo, os digo que Elías ya ha venido; e hicieron con él todo lo que quisieron, tal
como está escrito de él." (Mar 9:2-13 RVA)

Es nueva la realidad del hombre que ha recibido el bautismo:

"un baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre
nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Señor".

La novedad viene de Dios. El hombre, desde los mismos inicios, lleva en sí el


deterioro y la vieja carne del pecado. En ella está inmerso, como en un pozo
profundo, del que es imposible salir por sí mismo. Como se trata de una realidad
común a toda la humanidad, tampoco nadie, por su propio valer y querer, puede
ayudar a otros a salir. Esta es la triste condición humana. El hombre puede gritar,
desesperarse, blasfemar; o puede sentir el peso de la culpa, pedir perdón y ayuda,
esperar. Lo que está claro es que sólo Dios puede echarle una mano; sólo Dios
puede cambiar su vieja carne en pura novedad de gracia y misericordia.

La novedad es invisible. La novedad que Dios infunde en el corazón de los


hombres incide y repercute en la historia, pero en sí es invisible, interior,
netamente espiritual. Primero hace nuevo el corazón, luego desde el corazón del
hombre y con la ayuda del hombre, trasmuta también la realidad histórica. La
novedad del bautizado sólo se irá percibiendo con el tiempo, en la medida en que
exista una coherencia vital entre la novedad infundida por Dios y la existencia
concreta y diaria del cristiano.

La novedad es eficaz. Si viene de Dios, no puede ser de otro modo. La acción de


Dios se lleva a cabo, si el hombre no la obstaculiza. La teofanía que nos narra el
evangelio supuso el que Jesús, Hijo de Dios, fuese bautizado por un hombre, Juan;
sin esta acción de Jesús, tal teofanía no hubiese tenido lugar. La regeneración y
renovación interior del hombre están aseguradas, "si el hombre renuncia a la
impiedad y a las pasiones mundanas", que como tales impiden cualquier acción del
Espíritu de Dios. Por otra parte, hemos de admitir que la eficacia de Dios no es
manipulable a nuestro antojo y arbitrio. Dios muestra su eficacia cuando quiere y
como quiere. »

«Después de haber ejercido Juan su ministerio durante un cierto tiempo, seis


meses o quizás mas, Jesús apareció entre la multitud y pidió al profeta que lo
bautizara. El profeta comprendió por el Espíritu que Jesús no tenía necesidad de
arrepentimiento, y discernió que Él era el Mesías.

"Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a
mí? (Mat. 3:14 RV60)

Naturalmente Jesús estaba plenamente consciente de que Él mismo era el Mesías.


Su respuesta lo demuestra:
"Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda
justicia. Entonces le dejó." (Mat. 3:15 RV60)

El bautismo de Jesús significa que se entregaba a la obra anunciada por Juan, y


que tomaba, en gracia, Su lugar entre el remanente arrepentido del pueblo que
había venido a salvar » (12)

San Máximo, obispo de Turín, «primer obispo conocido de Turín, Italia. En el 451
participó en el sínodo de Milán en el que los obispos del norte de Italia aceptaron la
carta de León I sobre la doctrina de la Encarnación. Participó en el sínodo de Roma,
465.» (13), escribió un comentario titulado "Los misterios del bautismo del Señor",
en la Epifanía 1,3

El comenta que «nos refiere el texto evangélico que el Señor acudió al Jordán para
bautizarse y que allí mismo quiso verse consagrado con los misterios celestiales.
Era, por tanto, lógico que después del día del nacimiento del Señor -por el mismo
tiempo, aunque la cosa sucediera años después viniera esta festividad, que pienso
que debe llamarse también fiesta del nacimiento. Pues, entonces, el Señor nació en
medio de los hombres; hoy, ha renacido en virtud de los sacramentos; entonces, le
dio a luz la Virgen; hoy, ha vuelto a ser engendrado por el misterio. Entonces,
cuando nació como hombre, María, su madre, lo acogió en su regazo; ahora, que el
misterio lo engendra, Dios Padre lo abraza con su voz y dice: "Éste es mi Hijo, el
amado, mi predilecto; escuchadlo"...De manera que tal día como hoy el Señor
Jesús vino a bautizarse y quiso que el agua bañase su santo cuerpo. No faltará
quien diga: ¿Por qué quiso bautizarse, si es santo? Cristo se hace bautizar, no para
santificarse con el agua, sino para santificar el agua y para purificar aquella
corriente con su propia purificación y mediante el contacto de su cuerpo. Pues la
consagración de Cristo es la consagración completa del agua. Y así, cuando se lava
el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo, y queda
limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de
venir a la gracia de aquel baño. Cristo, pues, se adelanta mediante su bautismo, a
fin de que los pueblos cristianos vengan luego tras él con confianza. Así es como
entiendo yo el misterio: Cristo precede, de la misma manera que la columna de
fuego iba delante a través del mar Rojo, para que los hijos de Israel siguieran
intrépidamente su camino; y fue la primera en atravesar las aguas, para preparar
la senda a los que seguían tras ella. Hecho que, como dice el Apóstol, fue un
símbolo del bautismo. Y en un cierto modo aquello fue verdaderamente un
bautismo, cuando la nube cubría a los israelitas y las olas les dejaban paso. Pero
todo esto lo llevó a cabo el mismo Cristo Señor que ahora actúa, quien, como
entonces precedió a través del mar a los hijos de Israel en figura de columna de
fuego, así ahora, mediante el bautismo, va delante de los pueblos cristianos con la
columna de su cuerpo. Efectivamente, la misma columna, que entonces ofreció su
resplandor a los ojos de los que la seguían, es ahora la que enciende su luz en los
corazones de los creyentes: entonces, hizo posible una senda para ellos en medio
de las olas del mar; ahora, corrobora sus pasos en el baño de la fe.» (14)

San Hipólito, sacerdote del siglo III, escribe que «Jesús fue a donde Juan y recibió
de él el bautismo. Cosa realmente admirable. La corriente inextinguible que alegra
la ciudad de Dios es lavada con un poco de agua. La fuente inalcanzable, que hace
germinar la vida para todos los hombres y que nunca se agota, se sumerge en unas
aguas pequeñas y temporales. El que se halla presente en todas partes y jamás se
ausenta, el que es incomprensible para los ángeles y está lejos de las miradas de
los hombres, se acercó al bautismo cuando él quiso. Se abrió el cielo, y vino una
voz del cielo que decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto". El amado
produce amor, y la luz inmaterial genera una luz inaccesible: "Este es el que se
llamó hijo de José, es mi Unigénito según la esencia divina" Este es mi Hijo, el
amado: aquel que pasó hambre, y dio de comer a innumerables multitudes; que
trabajaba, y confortaba a los que trabajaban; que no tenía dónde reclinar su
cabeza, y lo había creado todo con su mano; que padeció, y curaba todos los
padecimientos; que recibió bofetadas, y dio al mundo la libertad; que fue herido en
el costado, y curó el costado de Adán. Pero prestadme cuidadosamente atención:
quiero acudir a la fuente de la vida, quiero contemplar esa fuente medicinal. El
Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Hijo, Palabra inmortal, que vino a los
hombres para lavarlos con el agua y el Espíritu: y, para regenerarnos con la
incorruptibilidad del alma y del cuerpo, insufló en nosotros el espíritu de vida y nos
vistió con una armadura incorruptible. Si, pues, el hombre ha sido hecho inmortal,
también será dios. Y si se ve hecho dios por la regeneración del baño del bautismo,
en virtud del agua y del Espíritu Santo, resulta también que después de la
resurrección de entre los muertos será coheredero de Cristo. Por lo cual, grito con
voz de pregonero: Venid, las tribus todas de las gentes, al bautismo de la
inmortalidad. Ésta es el agua unida con el Espíritu, con la que se riega el paraíso,
se fecunda la tierra, las plantas crecen, los animales se multiplican; y, en definitiva,
el agua por la que el hombre regenerado se vivifica, con la que Cristo fue
bautizado, sobre la que descendió el Espíritu Santo en forma de paloma. Y el que
desciende con fe a este baño de regeneración renuncia al diablo y se entrega a
Cristo, reniega del enemigo y confiesa que Cristo es Dios, se libra de la esclavitud y
se reviste de la adopción, y vuelve del bautismo tan espléndido como el sol,
fulgurante de rayos de justicia; y, lo que es el máximo don, se convierte en hijo de
Dios y coheredero de Cristo. él la gloria y el poder, junto con el Espíritu Santo,
bueno y vivificante, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.» (15)

San Gregorio Nacianceno, obispo del siglo IV, uno de los cuatro grandes Doctores
de la Iglesia Griega, comentó en su comentario "El bautismo de Cristo" (Sermón
39, en las sagradas Luminarias, 14-16. 20: PG 36, 350-351. 358-359):

«Cristo es iluminado: dejémonos iluminar junto con él; Cristo se hace bautizar:
descendamos al mismo tiempo que él, para ascender con él.

Juan está bautizando, y Cristo se acerca; tal vez para santificar al mismo por quien
va a ser bautizado; y, sin duda, para sepultar en las aguas a todo el viejo Adán,
santificando el Jordán antes de nosotros y por nuestra causa; y así, el Señor, que
era espíritu y carne, nos consagra mediante el Espíritu y el agua.

Juan se niega, Jesús insiste. Entonces: Soy yo el que necesito que tú me bautices,
le dice la lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el mayor entre los
nacidos de mujer al Primogénito de toda la creación, el que había saltado de júbilo
en el seno materno al que había sido ya adorado cuando estaba en él, el que era y
habría de ser precursor al que se había manifestado y se manifestará. Soy yo el
que necesito que tú me bautices; y podría haber añadido: «Por tu causa.» Pues
sabía muy bien que habría de ser bautizado con el martirio; o que, como a Pedro,
no sólo le lavarían los pies.

Pero Jesús, por su parte, asciende también de las aguas; pues se lleva consigo
hacia lo alto al mundo, y mira cómo se abren de par en par los cielos que Adán
había hecho que se cerraran para sí y para su posteridad, del mismo modo que se
había cerrado el paraíso con la espada de fuego.

También el Espíritu da testimonio de la divinidad, acudiendo en favor de quien es


su semejante. Y la voz desciende del cielo, pues del cielo procede precisamente
Aquel de quien se daba testimonio; del mismo modo que la paloma, aparecida en
forma visible, honra el cuerpo de Cristo, que por deificación era también Dios. Así
también, muchos siglos antes, la paloma había anunciado el fin del diluvio.
Honremos hoy nosotros, por nuestra parte, el bautismo de Cristo, y celebremos con
toda honestidad su fiesta.

Ojalá que estéis ya purificados, y os purifiquéis de nuevo. Nada hay que agrade
tanto a Dios como el arrepentimiento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio
se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios; para que,
como astros en el firmamento, os convirtáis en una fuerza vivificadora para el resto
de los hombres; y los esplendores de aquella luz que brilla en el cielo os hagan
resplandecer, como perfectas lumbreras, junto a su inmensa luz, iluminados con
más pureza y claridad por la Trinidad, cuyo único rayo, brotado de la única Deidad,
habéis recibido inicialmente en Cristo Jesús, Señor nuestro, a quien le sean dados
la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.»(16)

«Parece contradictorio que Juan vaya al desierto para proclamar su mensaje. ¿Por
qué no ir a la ciudad donde vive más gente? La respuesta es que el desierto tiene
un significado especial para el pueblo judío. Fue a la libertad del desierto que Dios
los dirigió para sacarlos de la esclavitud en Egipto. Fue en el desierto que
verdaderamente se convirtieron en una nación. La respuesta también es que Juan
el Bautista es la encarnación del profeta Elías, que estaba asociado con el desierto
(1 Reyes 17:2-3). Las Escrituras prometían el regreso de Elías (Malaquías 4:5).
Juan se viste y come como Elías. Después, Jesús nos dirá que Elías, en verdad,
regresó, "y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él" (9:13). Esto
claramente apunta a Juan, cuyo arresto es mencionado en 1:14.» (17)

«Parece... que el bautismo de Juan recuerda y revive el pacto fundamental con


Israel en el Sinaí en que todo el pueblo fue convocado a ser "mi reino de sacerdotes
y gente santa" (Éxodo 19:6; 23:22; también 1 Pedro 2:9)... Los israelitas
simbolizaron la aceptación de su relación de pacto con Dios lavando sus ropas y
purificándose a sí mismos antes de entrar al pacto en el Sinaí (Éxodo 19:10)"
(Edwards, 30).

Existen dos tradiciones de las que el bautismo de Juan se puede derivar. Una es el
lavamiento ritual con que la gente se limpiaba a sí misma de impurezas
espirituales. El baño ritual era especialmente importante en la comunidad de
Qumram con la que Juan pudo haber tenido alguna conexión. La otra tradición es el
bautismo de prosélitos gentiles que se convertían al judaísmo, un rito de
purificación inicial que se llevaba a cabo por inmersión.

Sin embargo, existen diferencias entre cada una de estas tradiciones y el bautismo
de Juan. El baño ritual era auto-administrado, un ritual frecuentemente repetido, y
Juan administra el bautismo personalmente como un rito de una sola ocasión. El
bautismo de prosélitos era solamente para los gentiles, y significaba la entrada
como miembros del pueblo de Dios. Los judíos ya eran miembros del pueblo de
Dios, y se asumía que no necesitaban el bautismo. El bautismo de Juan, sin
embargo, está dirigido específicamente para los habitantes de Judea y Jerusalén
que iban a escucharlo, y presumiblemente todos eran judíos.

Parece que Juan toma de las dos tradiciones (el lavamiento ritual y el bautismo de
prosélitos), pero establece su propio bautismo de arrepentimiento para el perdón
de pecados. Con respecto a su requisito de que los judíos sean bautizados,
"personajes como Juan tienen un incómodo hábito de hacer y demandar lo que
parece poco apropiado - y de acuerdo a Mateo 3:9 y Lucas 3:8 - negar privilegios
especiales a los judíos era parte de su mensaje. Si ser descendiente judío no
aseguraba en contra de la ira de Dios, entonces era necesario hacer algo al
enfrentar el juicio inminente" (Hooker, 40). Podemos estar seguros de que Juan
nunca se paralizó, o no actuó por falta de precedentes.
El bautismo de Juan es de arrepentimiento. Nosotros tendemos a pensar sobre el
arrepentimiento como un sentimiento de culpa por nuestros pecados, pero la culpa
si acaso solamente es el punto de partida. La palabra griega, metanoia, significa un
cambio de mentalidad. Cuando aprendemos una nueva y mejor manera de pensar,
respondemos naturalmente actuando de acuerdo con nuestras creencias. Si
nuestras formas anteriores nos herían a nosotros y a los demás, probablemente
sentiremos pena por caminar en esos caminos y culpa por el daño que hemos
causado. En ese sentido, la culpa es parte del arrepentimiento, pero la culpa es
algo al margen más que lo central. "La palabra griega (para arrepentimiento,
metanoia)... ha sido inmensurablemente profundizada por la influencia del concepto
judío de tesubah (‘volverse', o ‘regresar'), que tiene su raíz en el llamado de los
profetas del Antiguo Testamento para que la nación regresara a su Dios e implica
un cambio total de dirección espiritual" (Marcos, 150). "El texto deja claro que el
arrepentimiento, el bautismo y el perdón de los pecados van juntos" (Williamson,
32). Jesús también llamará a la gente al arrepentimiento (1:15).

Habían pasado más de trescientos años desde que un profeta estuvo activo en
Israel, y el pueblo piensa que la era de los profetas ya había pasado. Ahora, oyendo
de Juan el Bautista y su proclamación en el desierto, salían a escucharlo. ‘Todo
Jerusalén' (v. 5) claramente es una hipérbole (exageración para provocar un
efecto), pero claramente significa que la gente de Jerusalén va en masa a escuchar
al profeta, que estaba prometido (Malaquías 4:5), y que aparece inesperadamente.
»(18)

«El lugar de Juan en el desierto lo identifica, no solamente con la historia de la


salvación, sino también con la frescura que hace posible que la gente se arrepienta
y se deshaga de sus pecados. Irónicamente, la gente que fue atraída por las
emociones de la ciudad y que solamente encontraron promesas vacías, ahora se
encuentran a sí mismas atraídas por la emoción de un nuevo profeta en el desierto,
cuya predicación promete ser más duradera. Van "confesando sus pecados" y
buscando el bautismo (v. 5).

La descripción de Juan, "vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero


alrededor de sus lomos" claramente tiene la intención de identificarlo con Elías a
quien el Antiguo Testamento describe como "un varón velloso, y ceñía sus lomos
con un cinto de cuero" (2 Reyes 1:8).

La dieta de Juan de langostas y miel silvestre también lo coloca en la tradición


profética. El profeta Daniel declina una alimentación de reyes y prefiere verduras y
agua (Daniel 1:8-16). La Torah especifica que la langosta es una comida permitida
- la palabra moderna es kosher (Levítico 11:22). La tradición judía no clasifica a la
langosta como carne, que le conviene a un asceta como Juan el Bautista (ver Mateo
11:18; Lucas 7:33) (Marcos, 151).
El itinerario (****)

También la confrontación de Juan con Herodes Antipas (6:18) es una reminiscencia


de la confrontación de Elías con Acab (1 Reyes 18). En ambos casos fueron las
esposas las que verdaderamente se mostraron peligrosas. Jezabel falló en su
intento de matar a Elías (1 Reyes 19), pero lo atemorizó bastante. Herodías sí tiene
éxito en matar a Juan el Bautista (6:16-29).»(19)

«La gente se agolpaba para escuchar a Juan, pero Juan apunta al que ha de venir.
Juan identifica a ese como más poderoso que Juan, un clamor difícilmente
insignificante dado el gran poder carismático que tenía. Durante tres siglos nadie
había visto un poder profético como el de Juan -al menos ninguna persona de ese
tiempo - y Juan dice que su poder es nada comparado con el de aquel que ha de
venir.

Juan dice que "no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos" (v. 7).
La tarea de desatar las sandalias de alguien es considerada de un siervo que un
discípulo es específicamente relevado de tales deberes (Marcos, 152). Es una tarea
de esclavos, pero no de esclavos judíos. Solamente a un esclavo gentil se le pide
que realice esos servicios (Edwards, 33). Cuando Juan dice que es indigno de
desatar las correas del calzado de alguien que viene detrás de él, está diciendo que
la distancia social entre él y el que ha de venir "es tan grande que la de entre un
señor y su esclavo" (Perkins, 533). El énfasis aquí no es que la estatura de Juan
sea tan pequeña, sino que la de aquel que viene es enorme.
"Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo"
(v. 8). Ésta no es la primera vez que el pueblo judío ha recibido el Espíritu Santo en
el desierto. Durante el Éxodo, Dios "...puso en medio de él su espíritu santo"
(Isaías 63:11), y "El espíritu de Jehová los pastoreó" (Isaías 63:14). Al igual que el
primer Éxodo había sido una jornada hacia el desierto bajo la dirección del Espíritu
de Dios, el profeta anuncia el segundo éxodo como un tiempo en que habrá un
derramamiento fresco del Espíritu (Isaías 32:15; 44:3)" (Lane, 52). Ahora, después
de siglos sin profetas, de historia sin espíritu, Juan promete que Jesús los bautizará
(sumergirá, zambullirá, abrumará) con el Espíritu Santo. Es una promesa
emocionante en verdad, ¡estas en verdad son Buenas Nuevas! "El propósito final de
la llegada de Jesús es traer la adquisición del Espíritu Santo. Perdón, sanidad
espiritual, restauración de buenas relaciones, liberación de los demonios,
incorporación al pueblo de Dios, y una multitud de otras cosas. Aún así, todas están
subordinadas a una meta global: el bautismo en el Espíritu Santo asegurado por
Cristo" (Abraham, 163). »(20)

«Corno los primeros predicadores cristianos. Lucas consideró que el verdadero


comienzo de los hechos que formaban la base del evangelio estuvo en la aparición
de Juan el Bautista (Hch. 10:37). El testimonio sobre Jesús marcó el fin de la
antigua era de la ley y la promesa y el comienzo de una nueva era de cumplimiento
(cf 16:16). Por lo tanto, este importante hecho es lo que él coloca dentro de un
contexto de la historia mundial y con exactitud establece la fecha dando una breve
descripción de la situación política de su tiempo Tiberio fue emperador romano
entre los años 14 y 37 y su año quince era el 27-21 o el 28-29 (los diferentes
modos de cálculo de fechas aun en tiempos romanos provocan una Ligera
incertidumbre). Pilato era gobernador de Judea entre 26 a 36 d de J.C.; una
inscripción en Cesarea le da el título oficial de ‘prefecto' (más bien que procurador).
Lo gobernantes de las otras regiones del que fuera el reinado de Herodes son
mencionados, incluyendo Abraham en el extremo nordeste. Aunque sólo un sumo
pontífice ejercía el cargo en un momento dado, se nombra a dos:

Caifás (que lo fue del 18 al 37) y su suegro Anás (que lo había sido entre el 6 y el
15 y continuaba ejerciendo influencia).

Juan era tanto el que cumplía la profecía como el último de los profetas ames de
Cristo. Por lo tanto, se lo describe de la misma manera que a un profeta del AT (cf.
vv. 1. 2 y Jer. 1:1-2). Su venida se cumplió (Isa 40:3-5) y su misión especial era la
de proclamar una ceremonia religiosa de lavamiento que prometía el perdón de los
pecados

La proclamación de Juan abarca tres breves .acciones. En La primera (7-9) advirtió


al pueblo que no había valor en ser bautizado sin un verdadero propósito de dejar
atrás el pecado, expresándose en acciones. El arrepentimiento era necesario aun
para los judíos: De hecho de que descendieran de Abraham no era una defensa
ante el inminente juicio. No eran mejores que víboras. o sea malos y destructivos
en su carácter. ¿Les había dicho alguien que podrían escapar del juicio por el simple
hecho de ser bautizados (o sea sin arrepentimiento)? De hecho. el hacha ya estaba
levantada, lista paja derribar los árboles infructíferos. pero aún había una
oportunidad de arrepentirse antes que fuera demasiado tarde

Un segundo párrafo (10-14) exclusivo de Lucas, indica específicamente corno


debían vivir grupos determinados Las multitudes; de personas comunes (por
supuesto la gente pobre está en mente) debían mostrar generosidad hacia los
demás en sus necesidades algo así como una cobra de amor que fuera más allá de
los requisitos mínimos de la ley Los publicano y los soldados que vigilaban el país)
debían actuar honesta y justamente. Juan no abogaba por un levantamiento social
radical, pero insistía en los principios morales que llevarían a la transformación de
la sociedad desde dentro más bien que por medio de una revolución violenta.

Un tercer párrafo (15-l7; cf. Juan 1:19-34) lleva al punto vital. Durante la vida de
Juan y aun después mucha gente preguntaba si él era el Mesías. Sea lo que fuere
que pensaban sus seguidores. Juan estaba seguro de su propia posición. El que es
más poderoso vendría después de él. No es probable que se refiera a Dios mismo,
ya que es la forma de Juan para referirse más o menos crípticamente al Mesías.
Juan sólo podía limpiar a la gente con la señal del bautismo en agua pero el que
vendría purificaría al pueblo con fuego. Esto podría ser un símbolo del juicio final cf.
y. 17) o del Espíritu Santo (Hch. 1:5). Juan podría querer decir que la venida del
Mesías sería experimentada como un juicio o como purificación y poder. El Mesías
produciría una aguda separación entre el pueblo como quien cosecha y preserva el
trigo pero destruye la paja Por lo tanto el arrepentimiento era una urgente
necesidad.

"Eli, Eli. Lama Sabachtani". "Jesús De Nazareth" 1977 Original Miniseries En Dvd

Ese mensaje es resumido positivamente como buenas nuevas (18). Está


estrechamente ligado con la venida de Jesús que era aquel más poderoso. Pero
antes que apareciera en escena, la historia de Juan es redondeada con su arresto
debido a su valiente predicación (cf. Mar. 6:17-29), un indicio deliberado de lo que
le podría ocurrir a Jesús.»(21)
Notas:

(*) Giovanni Battista Gaulli o el Baciccio (Italia 1639 -1709) fue un pintor italiano
del barroco tardío muy influenciado por Bernini, con quien trabajaría en Roma en
1657 y de cual fue el protegido. Célebre tanto por sus retablos como por sus
retratos (siete papas incluidos) su obra mayor fue el techo de la iglesia de Gesú de
Roma, haciendo desbordar falsas nubes y figuras fuera de cuadro.
La locura carnal del Barroco aparece aquí, plena. ¿Qué peregrina relación puede
tener este efebo con la figura severa y terrible de San Juan Bautista? Casi todo
estaba permitido en aquella Roma que rendía culto a la belleza. También esta
pintura, llena de gracia.(Fuente: El desnudito de hoy: el Baciccio de Antilógicas
Sociedad y Cultura)

(**) La Biblia afirma que Juan Bautista predicó y bautizó en un lugar llamado
Betania de Transjordania, que los textos bizantinos y medievales, así como la
arqueología moderna identifican como Tell a-Kharrar y la Colina de San Elías. Los
impresionantes descubrimientos arqueológicos realizados desde 1996 nos revelan
cerámica, monedas y restos arqueológicos de un monasterio bizantino del siglo V.
(Fuente: Betania de Transjordania, de www.visitjordan.com)

(***) Juan bautizó a Jesús en Betania. No sólo lo dice la Biblia, parece que hay
datos arqueológicos que lo demuestran.
Betania o Bethania significa casa de la fuente en hebreo, y casa del vado en árabe.
Es el lugar por el que se solía cruzar el río Jordán en la Antigüedad. Allí trabajaba
Juan como Bautista con sus seguidores, y como digo se han encontrado iglesias y
baptisterios de la época.

En el evangelio de Juan (1:28 y 10:40) "Todo esto sucedió en Betania, al otro lado
del río Jordán, donde Juan estaba bautizando.... Volvió Jesús al otro lado del
Jordán, al lugar donde Juan había estado bautizando antes; y allí se quedó."

En el mapa de Mádaba aparece como Ainon y figuran dos círculos que suelen
interpretarse como la colina de Elías, otro de los profetas que subió al cielo.

En su visita del año 2000, el papa católico Juan Pablo II también estuvo en
Bethania, donde celebró una misa. Esto convirtió al lugar en destino definitivo de
peregrinaje, por lo que las autoridades locales construyeron un parque bautismal.
Hoy, además del centro de visitantes, aún persisten un monasterio bizantino y
varias piscinas bautismales originales. En el lugar donde se supone que Juan
bautizó a Jesús hay una iglesia, también bizantina, y como todo el complejo, con un
moderno sistema de irrigación, para la renovación del agua: estamos hablando de
los siglos V y VI.

Hace unos años, arqueólogos israelíes dijeron haber encontrado el verdadero


emplazamiento de Betania: por supuesto, en terreno actualmente hebreo. En ese
lado, los israelitas han construido una zona bautismal nueva, y por el módico precio
de 100 euros se puede uno rebautizar, unos 1000 euros si se baña. La polémica
está bien explicada en el diario El Mundo.

(Por cierto: como se han encontrado en Jordania los restos de lugares descritos en
la Biblia como en los que vivió Juan el Bautista, eso implica que este señor debía
caminar 300 km a diario para trabajar. Hoy día, creo que sólo los japoneses que
cogen el tren bala pueden conmutar de esa manera.) (Fuente: Tierra Santa
Betania, más allá del Jordán, de geometrus.com)
(****) En el mapa de Jordania, las flechas verdes marcan los primeros días, con
noches en Mádaba (y excursiones), Petra y Wadi Rum. La flecha azul marca el viaje
a Siria vía Ammán.
En el mapa de Siria, la flecha azul marca los primeros días, enlazados con el
anterior, desde Damasco hasta Aleppo. La flecha roja muestra la vuelta a Ammán
vía Damasco.

1. Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir, Pág. 231-232. José


Granados, Publicado en 2005 Editrice Pontificio Istituto Biblico.

2. Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir ,Pág. 237,op. cit.

3. http://www.enciclopediacatolica.com/j/juanbautista.htm

4. http://iglesia.libertaddigital.com/articulo.php/1276229436

5.http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?
qid=20080117104354AAD1mHN

6. http://www.planetarios.com/Manual-Cristo-
1/jesusesbautizadoporsanjuanelbautista.html

7. http://enciclopedia.us.es/index.php/Flavio_Josefo

8. http://laesferaylacruz.blogspot.com/2007/08/el-martirio-de-san-juan-
bautista.html

9. http://www.iglesia.org/articulos/bautismo_jesus.php

10. http://es.wikipedia.org/wiki/El_bautismo_de_Cristo_%28Piero_della_Francesca
%29

11. http://www.missionarlington.org/d/SP-LOC07-01-JesusEsBautizado.pdf

12. http://es.catholic.net/sacerdotes/80/478/articulo.php?id=2639

13. http://www.corazones.org/santos/maximo_turin.htm

14 http://www.corazones.org/biblia_y_liturgia/oficio_lectura/fechas/enero_11.htm

15. http://www.corazones.org/jesus/bautismo_jesus.htm

16. http://www.aciprensa.com/fiestas/bautismo/bautismo4.htm

17. http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT02-Marcos/Marcos%2001.04-
11.htm

18. Ibíd.

19. Ibíd.

20. Ibíd.
21. Nuevo comentario bíblico siglo XXI , Pág.1024 ,Autor Siglo Veintiuno, Publicado
en 1999, Editorial Mundo Hispano»