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TEORIA GENERAL DE LA OPOSICION I

Por: FERNANDO AUGUSTO RAMIREZ GUERRERO*

En la génesis del Estado se gestó la noción de oposición, de ciertos


sectores de la sociedad, como forma de participar en la vida política
frente a aquellos individuos y grupos socio-económicos que ostentan
el poder. Allí mismo nacen los partidos, las lealtades y las traiciones.
Sabiamente Maurice Duverger afirma, en su obra Los Partidos
Políticos: “Se llama igualmente ‘partidos’ a las facciones que dividían a las
repúblicas antiguas, a los clanes que se agrupaban alrededor de un
condotiero en la Italia del Renacimiento, a los clubes donde se reunían los
diputados de las asambleas revolucionarias, a los comités que preparaban
las lecciones censatarias de las monarquías constitucionales, así como a las
vastas organizaciones populares que enmarcan a la opinión pública en las
democracias modernas.”

En la historia constitucional colombiana los partidos políticos fueron


negados por el constituyente de 1886; en efecto el inciso segundo del
artículo 47 dispuso: “Son prohibidas las juntas políticas populares de
carácter permanente”. El publicista José María Samper lo ratifica: “Para
que una de tales asociaciones sea ilícita, es necesario que reúna tres
condiciones, a saber: Que sea política; Que sea popular, y Que tenga carácter
permanente” Texto legal e interpretación que saco de un tajo a la
oposición hasta el punto de que el partido liberal, contrario al partido
conservador o de gobierno, tuvo una exigua participación en la rama
legislativa y fue proscrito de las ramas ejecutiva y judicial.

Así las cosas, los partidos políticos sólo existían con vocación electoral
burocrática y nunca como verdadero proyecto político de alternativa
ideológica, ello fomento tanto las guerras civiles del siglo XIX como la
violencia “partidista” del siglo XX. La hegemonía conservadora de
1886 a 1930, y la violencia nacida en 1946 y prolongada hasta 1957
condujeron a la prohibición del Partido Comunista, al abstencionismo
del Partido Liberal, a la dictadura militar de 1957, a más de trescientos
mil muertos en campos y veredas de la geografía colombiana y al
fusilamiento de los jefes guerrilleros liberales en 1958, tragedia
repetida con los jefes del M19 entre 1985 y 1990 y el genocidio de la
UP, en la década de los 90, a manos de las autodefensas con la
complicidad de altos generales y jueces militares.

El unanimismo ideológico y partidista del proyecto de la regeneración


de 1885 que desemboco en la constitución centralista de 1886, impidió
la formación de verdaderos partidos políticos bajo la fórmula gobierno-
oposición, incluso entre 1958 y 1974 se “fusionaron” los partidos liberal
y conservador para alternarse en el poder y distribuir equitativamente
la fronda burocrática, bajo el modelo del Frente Nacional, una réplica
criolla del PRI mexicano. “Regeneración o catástrofe” he ahí la fórmula
del miedo para eliminar de un tajo al contradictor político.

El opositor político en la Constitución de 1886 es un delincuente


político, el ejercicio democrático se reduce al sufragio masculino-
mayor de 21 años-, letrado y con una renta anual de quinientos pesos,
o propiedad inmueble de mil quinientos; tan sólo para elegir
directamente a los Representantes y de manera indirecta a los
Senadores, al Presidente y Vicepresidente de la República. Todos los
varones ciudadanos podían elegir directamente Concejeros
Municipales y Diputados de las Asambleas Departamentales. La mujer
sigue siendo un artículo de lujo. La ciudanía no la adquirían los
varones por el sólo hecho de cumplir 21 años, era menester “que
ejerzan profesión, arte u oficio, o tengan ocupación lícita u otro medio
legitimo y conocido de subsistencia” (artículo 15 Constitución de 1886)

Merced a la reforma liberal de 1936 la ciudadanía, limitada a los


varones, se alcanzo por el sólo hecho de cumplir los veintiún años, sin
ningún requisito adicional y se determino la elección directa o sufragio
cuasi universal respecto de todos los cuerpos colegiados y del
Presidente de la República, pero se mantuvo la proscripción de los
partidos políticos; prohibición que se mantuvo hasta la expedición de
la Constitución de 1991 ya que allí se regulo en sus artículos 107 a
112 todo lo concerniente con su garantía constitucional, y se dispuso
la tutela del derecho fundamental a oponerse al gobierno, como un
elemento de la participación democrática.

*Constituyente de la fundación democracia y libertad, abogado


constitucionalista. fargo1949@gmail.com //
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