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NATURALEZA CUÁNTICA

La emergencia previa al mundo físico


César González Gutiérrez
ceguel@gmail.com
Curso académico 2006-2007

1
Índice
1. Introducción 3

2. Desarrollo histórico 6
2.1. El atomismo griego . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
2.2. Evidencias de la naturaleza atómica de la materia . . . . . . 7
2.3. Los modelos atómicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
2.4. La revolución cuántica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10
2.5. La dualidad onda-corpúsculo . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
2.6. Los primeros formalismos de la mecánica cuántica . . . . . . 12
2.7. El principio de indeterminación . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
2.8. El modelo estándar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13

3. La interpretación de la Mecánica Cuántica 14


3.1. Los cuantos y el átomo de acción . . . . . . . . . . . . . . . . 15
3.2. Sobre el principio de Heisenberg . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
3.3. La interpretación de Copenhague . . . . . . . . . . . . . . . . 16
3.4. La paradoja EPR, las desigualdades de Bell y el entrelazamiento 17
3.5. La interpretación de los muchos universos . . . . . . . . . . . 18
3.6. La decoherencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
3.7. El qubit . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20

4. Cuestiones filosóficas 21
4.1. Una interpretación hermenéutica . . . . . . . . . . . . . . . . 21
4.2. El preludio del Caos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
4.3. La hipótesis de la voluntad de poder . . . . . . . . . . . . . . 23
4.4. La emergencia previa al mundo físico . . . . . . . . . . . . . . 24

5. Conclusión 26

2
1. Introducción
"Hay una diferencia mayor entre un ser humano que sabe mecánica
cuántica y otro que no, que entre un ser humano que no sabe mecáni-
ca cuántica y los otros grandes simios". Esta frase de Murray Gell-Mann
(ideólogo de la teoría de los quarks y premio Nobel en 1969) suele apare-
cer en las introducciones de los textos de divulgación sobre la mecánica
cuántica, y es que ilustra perfectamente la radical diferencia del modo de
pensar de una persona que aún utiliza los modelos de pensamiento, lla-
mados clásicos, y aquella que conoce la teoría y sus consecuencias; tal es
la transformación que ha supuesto en nuestra visión de la Naturaleza, y
no se trata, por tanto, de una afirmación elitista como pudiera pensarse.
La teoría cuenta con más de 100 años de vida y sin embargo sigue
siendo una gran desconocida para el público en general, de hecho «para
el subconsciente popular, "cuántico" es sinónimo de complicado, incom-
prensible»1. Este olvido es algo que no se merece, sobretodo teniendo en
cuenta que «la relevancia tecnológica de los "fenómenos cuánticos" es evi-
dente a la vista del siguiente dato: "más del 25 % del producto mundial
bruto depende de nuestra comprensión de la mecánica cuántica; donde
haya un transistor, un láser, una resonancia magnética, ahí estará la
presencia de la mecánica cuántica»2. «Además, los desarrollos recientes
en la criptografía y la computación cuántica hacen entrever que las "ra-
rezas" de la mecánica cuántica, como el entrelazamiento (entanglement)
de los estados cuánticos, pueden tener aplicaciones tecnológicas en un
futuro próximo»3.
Dos teorías, desarrolladas en el siglo XX, han supuesto una verdadera
revolución en la física (con sus consecuentes implicaciones filosóficas), se
trata, por un lado, de la relatividad de Einstein4 y, por otro, ésta de la que
ahora nos ocupamos, la mecánica cuántica (abreviando MQ). Mientras
que la primera se ocupa en gran medida de los fenómenos del Universo
a gran escala, la segunda se ocupa de los fenómenos a escala microscó-
pica. Ambas han supuesto una transformación de nuestro modo de ver
el mundo, suponen un desafío para nuestra intuición, acostumbrados a
interpretar los fenómenos mediante los sucesos del mundo cotidiano, de
la "zona de las dimensiones medias" que llamó Reichenbach y, en defi-
nitiva, conllevan una negación de los modos de pensamiento clásico, los
cuales son solamente aplicables a este ámbito de lo cotidiano5.
Aunque, al mismo tiempo que han supuesto un aumento en la compleji-
1
I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA . Temas 31: Fenómenos cuánticos, p. 2.
2
Ibídem.
3
J. G ÓMEZ -C AMACHO. ¿Es la mecánica cuántica realmente tan rara?, p.1.
4
Es también válido y menos confuso el nombre de "teoría de invariancia de la veloci-
dad luz", aunque mucho menos conocido.
5
Cfr. M ILIC C APEK. El impacto filosófico de la física contemporánea, p. 16.

3
dad de nuestro concepto de la Naturaleza, hasta cierto punto desconcer-
tante, ha resuelto algunas paradojas que superaban a los defensores de
los modelos clásicos, como le ocurrió a Pascal con el llamado "principio de
Gulliver"; afirmaba sentirse abrumado ante la posición del hombre entre
"dos abismos de infinitud"6. En efecto, con el advenimiento de la física
contemporánea, los cambios de escala nos descubren comportamientos
de los fenómenos cualitativamente distintos, no se presenta, el Universo,
como algo autosemejante a distintas escalas. Descubrir los mecanismos
que hacen coherente a ese Todo único que al mismo tiempo presenta una
multiplicidad de naturalezas es uno de los retos de la física del siglo XXI.
La mecánica cuántica junto con la relatividad general constituyen el
marco teórico más completo que nos hemos hecho de los fenómenos físi-
cos, el más aceptado por la comunidad científica, aunque, como siempre,
no el único. Además, «es lugar común de la mayoría de filósofos de la
física, aceptar que la Mecánica Cuántica (como la Mecánica Relativista
o la Clásica) se compone de dos partes bien diferenciadas: de un for-
malismo y de una interpretación. Simbólicamente: "Mecánica Cuántica =
Formalismo + Interpretación "»7 . En este texto, por tanto, vamos ha ha-
cer también esta distinción y afrontaremos, por un lado, el formalismo
de la MQ correspondiente, hasta el modelo estándar, que constituye el
paradigma actual de la MQ, desde un enfoque histórico, el recorrido que
nos ha llevado, desde las primeras concepciones del atomismo, hasta la
forma en la que hoy la conocemos o, mejor dicho, aceptamos. Por otra
parte analizaremos el desarrollo de las distintas interpretaciones que se
han dado a dicho formalismo, que, a diferencia del modelo estándar, el
cual goza de gran aceptación, el debate sobre su interpretación ha sido
y sigue siendo un problema en el que quedan enfrentadas distintas con-
cepciones sobre la naturaleza.
Bien es cierto que el desarrollo histórico de su formalismo no está sepa-
rado de las distintas interpretaciones que se le han ido dando. No cabe
duda de que su evolución ha sido paralela. Los distintos investigadores se
han valido de una cierta concepción de los fenómenos de la que partían
para formular sus experimentos y sus ecuaciones, pues toda persona ha
de hacerse una interpretación de la realidad en la que se desenvuelve, su
"mapa", como diría Alfred Korzybski, aunque este no sea el "territorio". De
modo que conocer los distintos experimentos y descubrimientos que han
aportado a la MQ nos va a servir a su vez de aproximación a los distintos
significados que estos suponen, pues son la base sobre la que después
deberemos interpretar.
6
Cfr. Ibídem, p. 42.
7
C ARLOS M. M ADRID C ASADO. Teoría del cierre categorial aplicado a
la Mecánica Cuántica (I) (El catoblepas. Nº 48. Febrero 2006. p. 17.
http://www.nodulo.org/ec/2006/n048p17.htm)

4
Los últimos apartados los reservo para ciertas reflexiones que me han
suscitado estas cuestiones y para hacer una valoración crítica.

5
2. Desarrollo histórico
El desarrollo de las ideas básicas de la Mecánica cuántica propiamente
dicha, se considera comenzó a principios del siglo XX, como consecuen-
cia de una serie de descubrimientos y observaciones que pusieron en
evidencia las graves dificultades de la Física Clásica para interpretar las
propiedades del átomo y sus partes constituyentes así como las propie-
dades de la radiación electromagnética y su interacción con la materia8.
A pesar de ello, antes del siglo XX encontramos, a lo largo de la historia,
otros antecedentes que conviene mencionar pues, antes de su aparición,
ya encontramos algunas de sus principios filosóficos básicos.

2.1. El atomismo griego


El primer precedente de la teoría cuántica se halla en la idea de átomo
de los filósofos atomistas griegos. Fueron Leucipo de Mileto y su discípu-
lo Demócrito de Abdera en el s. -V quienes propusieron la teoría atómi-
ca, entonces, como respuesta al problema presocrático del movimiento.
Concibieron el átomo como el elemento último del que estaba compues-
ta la realidad, estos son indivisibles (como se deduce de su etimología),
eternos, inmutables, tienen las características del ser de Parménides. Se
distinguían entre ellos por su forma, tamaño y posición. Las cosas son
por agregación de átomos y dejan de ser por disgregación de éstos, como
dijo Demócrito: "Por convención, el color; por convención, lo dulce; por
convención, lo amargo; pero en realidad átomos y vacío".
Fueron los primeros, también, en postular la existencia del vacío, con-
cepto fundamental para la física posterior, aunque no se recuperó hasta
que desapareció la imponente presencia de las ideas aristotélicas. Pen-
saron el cosmos como átomos y vacío, queriendo superar la dicotomía
absoluta de Ser y No-Ser de Parménides y así recuperar la posibilidad del
movimiento. Podríamos decir que pensaron la realidad como un estar-
ahí o no-estar de los átomos, para explicar las cosas en su movimiento.
Fueron los primeros en dar una visión mecánica del universo. Redujeron,
por tanto, las diferencias cualitativas a diferencias cuantitativas.
Muchos científicos consideran que «carece de valor científico, pues no
se funda en observaciones de la naturaleza, ni en mediciones, pruebas y
experimentos»9. No obstante, muchos científicos, orgullosos de sus veri-
ficaciones empíricas del atomismo, tienden a exagerar su diferencia con
la teoría de los griegos10 , una diferencia que no es tan grande si se tiene
en cuenta que ambas proporcionan una imagen muy similar de la Na-
8
Cfr. J ULIO G RATTON. Introducción a la Mecánica Cuántica, p. 1.
9
J ULIO G RATTON. Introducción a la Mecánica Cuántica, p. 3.
10
Cfr. M ILIC C APEK . El impacto filosófico de la física contemporánea, p. 135.

6
turaleza. A esta teoría se la suele denominar atomismo especulativo. El
atomismo griego no es simple especulación, como parece sugerir esta de-
nominación, nace como respuesta a problemas filosóficos fundamentales
de los cuales todo el pensamiento de nuestra cultura se ha nutrido a lo
largo de la Historia.

2.2. Evidencias de la naturaleza atómica de la materia11


En el Renacimiento dio comienzo la nueva ciencia experimental, y se
superaron las ideas aristotélicas imperantes. Galileo recuperó el concepto
de vacío. Robert Boyle en 1658 comenzó sus estudios sistemáticos sobre
la elasticidad del aire que lo llevaron a establecer en 1662 la ley que lleva
su nombre. Dedujo que toda materia está constituida por partículas sóli-
das de una única clase, dispuestas en moléculas que dan a cada material
sus diferentes propiedades. En 1704, Isaac Newton, en su libro "Optiks",
expuso su visión del átomo, semejante a las de Demócrito y Boyle.
En el siglo XIX, el desarrollo de la química dió como resultado impor-
tantes avances en la comprensión de la naturaleza atómica de la realidad.
En 1794 Joseph Proust enunció la ley de las proporciones constantes.
Esta ley fue extendida por John Dalton en 1808 en su ley de las propor-
ciones múltiples. Estas leyes daban fe de la cuantización de la materia en
las reacciones químicas, la teoría atómica podía explicarlas. Joseph Louis
Gay Lussac en 1808 encontró que en el estado gaseoso, no sólo los pesos
sino también los volúmenes que participan en las reacciones químicas
siguen leyes sencillas, siempre y cuando los gases se comporten según
las leyes de los gases perfectos. Si relacionamos las leyes anteriores con
esta última llegamos a la conclusión de que el volumen de un gas está
relacionado con el número de partículas del mismo, y como consecuen-
cia de ello Amadeo Avogadro formuló en 1811 la ley que lleva su nombre;
esta ley implica que, a la misma temperatura y presión, una cantidad de
gas cuyo peso es igual al peso molecular de la sustancia de que se trate
ocupa siempre el mismo volumen, sin importar de qué gas se trate.
A medida que se descubrieron más y más elementos a lo largo del siglo
XIX, los científicos se comenzaron a preguntar qué relación existía entre
las propiedades físicas de los elementos y su peso atómico. De esta forma,
durante la década de 1860 se propusieron varios esquemas. En 1869,
Dimitry Ivanovich Mendeleyev introdujo la Tabla Periódica. Encontró que
si se ordenaban los elementos según su peso atómico, se evidenciaba una
periodicidad de sus propiedades.
La hipótesis atómica se fortaleció aún más debido al éxito de Teoría
Cinética, la cual trata los gases como compuestos por un número muy
11
Este apartado sigue, en líneas generales, el propuesto por la obra de J ULIO G RATTON,
Introducción a la Mecánica Cuántica, pp. 3-9.

7
grande de moléculas que se desplazan en el vacío con velocidades distri-
buidas al azar, cuya magnitud promedio se relaciona con la temperatura.
De esta forma se pueden calcular las propiedades mecánicas de la ma-
sa, el tamaño y la velocidad de las moléculas. El primero en desarrollar
esta teoría fue Daniel Bernoulli en 1738. Por aquella época también se
descubrió el movimiento browniano.
Los experimentos sobre la electrólisis realizados por Michael Faraday
a partir de 1832 pusieron de manifiesto la atomicidad de la carga eléctri-
ca. El descubrimiento por parte de Julius Plücker en 1858 de los rayos
catódicos e investigados posteriormente por William Crookes en 1879,
quien encontró que se desvían con campos magnéticos y capaces de pro-
ducir movimiento en una paleta interpuesta en su movimiento, sugerían
que se trataba de partículas de carga negativa. Más tarde en 1896-7 J.
J. Thomson en sus experimentos llegó a la conclusión de que los rayos
catódicos estaban formados por unas partículas mucho más livianas que
los átomos a las que denominó electrones. Finalmente Robert A. Millikan
estableció el valor de la carga del electrón y consecuentemente su masa.
Podemos concluir que a comienzos del siglo XX había quedado demos-
trada la naturaleza atómica de la materia, aunque no estaba generalmen-
te aceptada. Sin embargo, en contradicción con la idea que se tenía hasta
entonces de átomo, éste resultaba ser un objeto compuesto.

2.3. Los modelos atómicos


Del átomo se supuso que dado que son eléctricamente neutros, la
carga debida a los electrones debía estar equilibrada por una carga po-
sitiva igual. En los experimentos de tubos de descarga además de los
rayos catódicos se encontró otro tipo de rayos de carga positiva. En 1898
Wilhelm Wien investigó estos rayos y encontró que tienen una relación
masa/carga más de 1000 veces mayor que la de los electrones. Se sospe-
chó que se trataba de iones (átomos cargados positivamente por la falta
de electrones). En 1913 Thomson refinó el dispositivo de Wien lo que le
llevó a descubrir los isótopos. Esto demostró que la hipótesis de Dalton,
de que todos los átomos de un elemento tienen la misma masa era falsa.
Las pruebas de que los átomos de una dada especie contienen un
número definido de electrones provienen de los experimentos sobre dis-
persión de rayos X. La dispersión de los rayos X por los átomos se debe
esencialmente a los electrones y es proporcional al número de éstos. Los
experimentos dieron como resultado que el número de electrones es apro-
ximadamente igual a la mitad de la masa atómica.

8
2.3.1. El modelo de Thomson
Según este modelo el átomo es una esfera de carga positiva de unos
10 m de radio, con los electrones incrustados como si fuera un pudin
−10

de pasas. Por raro que pueda parecer este modelo estaba de acuerdo con
todas las propiedades del átomo conocidas en su momento.
Los descubrimientos hechos entre 1896 y 1898 por Becquerel, Pierre
Curie y Maria Curie acerca de la radiactividad dieron las herramientas
necesarias para poner a prueba el modelo de Thomson, las partículas
α. Rutherford y Frederick Soddy descubrieron en 1902 que la radiac-
tividad está asociada con profundos cambios dentro del átomo, que lo
transforman en un elemento distinto. Esta transmutación de los elemen-
tos habría de obligar a desechar las antiguas ideas de que el átomo era
indivisible e inmutable.
Los experimentos de dispersión de partículas α por los átomos demos-
traron que, las predicciones para desviaciones pequeñas, eran coheren-
tes con dicho modelo, pero no describían correctamente las desviaciones
grandes que se registraban. El modelo debía descartarse.

2.3.2. El modelo de Rutherford12


Rutherford propuso en 1911 que el átomo tiene un núcleo central
diminuto donde reside toda la carga positiva y la mayor parte de la masa,
y que los electrones giran alrededor de él. Este modelo estaba de acuerdo
con los resultados de los experimentos de dispersión de partículas α, que
además permitieron conocer el número de electrones de un átomo. Las
predicciones del modelo de Rutherford fueron verificadas en 1913 por
Geiger y Marsden.
El modelo sugiere que el átomo es una especie de sistema planetario
en el que los electrones giran alrededor del núcleo, con unas dimensio-
nes de unos 10−14 m, de manera que su movimiento equilibra la atracción
electrostática que existe entre ambos. La extensión de este movimiento
determinaba el tamaño del átomo, del orden de 10−10 m.
Pero el sistema se halla amenazado por una importante discrepancia,
según la teoría electromagnética, los electrones en órbita emitirían radia-
ción continuamente, al moverse, y se precipitarían sobre el núcleo en un
billonésima de segundo. Pero, la materia en general parece muy estable.
Tal discrepancia representa el error cuantitativo más grave de toda la his-
toria de la física, ya que se estima a la baja la vida media del hidrógeno
en unos 40 órdenes de magnitud13.
12
Ibídem, pp. 10-18.
13
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 31: Fenómenos cuánticos, p. 22.

9
2.4. La revolución cuántica
En 1900 Max Plank planteó una hipótesis insólita que irremediable-
mente iba a cambiar nuestra concepción de la Naturaleza para siempre.
Aquel suceso se considera, a su vez, el inicio de la teoría cuántica.
La emisión de radiación por un cuerpo a una temperatura dada era
una situación que la física clásica se veía incapaz de explicar, a este pro-
blema se le conocía con el nombre de "catástrofe ultravioleta". Kirchhoff
planteó el problema de forma teórica creando el concepto de "cuerpo ne-
gro" (aquel que tiene la propiedad de absorber igualmente bien a todas
las frecuencias) y se preguntó cuál sería la función que define la forma de
su radiación. Plank encontró esta función, pero para ello tuvo que postu-
lar la existencia de una constante, h. Esta hipótesis suponía que toda la
energía se emitía en cantidades discretas o cuantos14.
En 1905, Albert Einstein, en uno de sus 5 célebres artículos en el An-
nalen der Physik, propuso una teoría que explicaba el efecto fotoeléctri-
co. Este efecto fue descubierto en 1887 por Hertz, quien observó que una
descarga eléctrica entre dos electrodos se producía con mayor facilidad
cuando sobre uno de ellos incide luz ultravioleta; consiste, básicamente,
en que los sólidos desprenden electrones cuando son iluminados. Este
fenómeno era inexplicable en términos de la teoría ondulatoria clásica de
la luz, pues ni dependía de la intensidad de la radiación, ni emitía electro-
nes por debajo de cierta frecuencia, este umbral contradice la concepción
ondulatoria -continua- de la luz15 . La propuesta de Einstein consistía en
suponer que la energía luminosa está cuantificada, siguiendo el postula-
do de Plank, en paquetes de energía, a los que se llamó después fotones.
Esta hipótesis explicaba satisfactoriamente dicho efecto16. Aunque no fue
aceptado fácilmente dado que las teorías de Maxwell sobre la naturaleza
ondulatoria de la luz estaban muy difundidas; nadie creyó que la luz es-
tuviera compuesta por cuantos.
Einstein, en otro de sus artículos, propuso una explicación del movimien-
to browniano. Supuso que éste se debía al choque entre las átomos del
fluido sobre la partícula en suspensión dándole un movimiento aparente-
mente caótico. En este caso utilizó la hipótesis atómica de la materia, una
teoría que en la época en la que estudió no estaba del todo aceptada y
esta teoría se recibió de modo un tanto escéptico17. Los descubrimientos
posteriores le darían la razón.
Lo que conllevaban estas aportaciones es que, en definitiva, la radia-
ción electromagnética se comporta en ciertas ocasiones como corpúscu-
14
De aquí el nombre de la teoría.
15
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 40: Einstein, p. 23.
16
Por este trabajo es por el que recibió el premio Nóbel de Física en 1921 y no por su
teoría de la relatividad.
17
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 40: Einstein, p. 17, 18.

10
lo, pero en otras seguía comportándose como onda. En los fenómenos
de absorción y emisión se pone de manifiesto su naturaleza corpuscular,
mientras que su naturaleza ondulatoria se manifiesta en los fenómenos
de interferencia y difracción.
Niels Bohr en 1913 propuso un nuevo modelo atómico que pretendía
superar los problemas que planteaba el modelo de Rutherford. Este mo-
delo mezclaba postulados de la mecánica clásica con los derivados de los
cuantos de Plank. El electrón aparecía ligado al núcleo por la fuerza cu-
lombiana, pero sólo en unas órbitas permitidas, cuantizadas; mientras
se mantenga en dichas órbitas no pierde energía, sólo emite cuando salta
de una a otra. Este modelo, junto con los refinamientos que propusieron
Wilson y Sommerfeld, es lo que se denominó la teoría cuántica antigua,
tuvo gran éxito a la hora de explicar las líneas de los espectros de los áto-
mos, incluso predijeron algunas que no se habían observado en el átomo
de Hidrógeno. No obstante, la teoría no era capaz de explicar los espec-
tros de átomos con más de un electrón y, más importante todavía, no
era intelectualmente satisfactoria, pues mezclaba aspectos de dos teorías
incompatibles, lo que la hacía artificial y carente de coherencia interna.

2.5. La dualidad onda-corpúsculo


En 1924 Louis-Victor de Broglie en su tesis doctoral, inspirado por la
dualidad que presentaba la radiación, especuló sobre la posibilidad de
que también la materia presentase un comportamiento dual. De Broglie
planteó que el movimiento de una partícula lo determina una cierta on-
da piloto que le es inherente. En 1927 Davisson y Germer observaron la
difracción de un haz de electrones sobre un cristal, lo que demostraba
que la materia también presenta comportamientos ondulatorios y, con-
siguientemente, el postulado de De Broglie resultaba ser correcto. Éste
científico además mostró que la regla de cuantificación de Bohr podía in-
terpretarse como ondas piloto estacionarias, lo cual habría camino para
un modelo atómico más satisfactorio.
El experimento de difracción merece especial atención pues muestra
uno de los fenómenos más extraños de la MQ y que durante tiempo se
consideró el paradigma de los problemas de interpretación de la teoría.
Comentaremos aquí el más reciente y preciso experimento realizado con
un dispositivo llamado biprisma de Möllenstedt, el cual utiliza haces po-
co intensos de electrones, de forma que no atraviesen el dispositivo dos
electrones simultáneamente y se detecte la llegada individual de las par-
tículas en una pantalla detrás de una rendija. El resultado es que, pese
a que los electrones atraviesan la rendija individualmente, cuando hay
suficientes impactos sigue apareciendo un dibujo de interferencia, lo que
confirma que la interferencia no se produce entre unos electrones y otros,

11
sino que la sola posibilidad de elegir entre más de un camino distinto le
hace interferirse consigo mismo. Viaja como partícula, pero su probabili-
dad de llegada tiene la forma de una onda18 .

2.6. Los primeros formalismos de la mecánica cuántica


En 1925, Heisenberg junto con Born y Pascual Jordan habían desa-
rrollado un formalismo para MQ, la mecánica cuántica de matrices, don-
de no se contemplaban las ondas piloto.
Inspirado en las teorías de De Broglie, Erwin Schrödinger desarrolló en
1926 su teoría de la mecánica ondulatoria. La teoría define una función,
llamada función de onda, que contiene toda la información de la partí-
cula asociada, con la limitación del principio de indeterminación. Esta
función es de tipo complejo, tiene soluciones con componente numérica
imaginaria, luego, en principio, no tiene sentido físico y no se puede me-
dir, es tan sólo un instrumento de cálculo dentro de la teoría.19 . La teoría
completaba el postulado de De Broglie, pues no explicaba la forma en que
se propaga la onda piloto.
Hubo gran polémica y acaloradas discusiones entre los partidarios de
uno u otro formalismo, por ver cual era el verdadero, hasta que, en 1926,
el propio Schrödinger demostró que la mecánica matricial de Heisenberg
y su función de onda eran matemáticamente equivalentes.

2.7. El principio de indeterminación


Dotar a las partículas de naturaleza ondulatoria supone inevitable-
mente que no se pueda conocer con exactitud arbitraria su posición y su
cantidad de movimiento simultáneamente, pues es una de las propieda-
des generales de cualquier onda20 . Entonces si se conoce exactamente el
momento de una partícula ésta puede estar en cualquier parte, y, al con-
trario, si está perfectamente localizada su cantidad de movimiento queda
totalmente indeterminada. Existe una relación entre la indeterminación
de la posición y del momento de la partícula, y esta indeterminación está
vinculada a la constante de acción de Plank (h). Werner Heisenberg for-
muló en 1927 el llamado principio de indeterminación (discutiremos más
adelante la polémica acerca de los múltiples nombres que se le han dado
a este principio), cuyas fórmulas son21 :

∆x∆px ≥ ~/2
18
Cfr. G UILLERMO G ARCÍA A LCAINE. Mecánica cuántica, p. 3.
19
Cfr. J ULIO G RATTON. Introducción a la Mecánica Cuántica, p. 70.
20
Cfr. J ULIO G RATTON. Introducción a la Mecánica Cuántica, p. 58.
21
En realidad son cuatro ecuaciones, pero estas son las más relevantes.

12
∆t∆E ≥ ~/2
Veremos más adelante la interpretación física que le dio Heisenberg, dado
que es una interpretación interesada, producto de una determinada con-
cepción de la mecánica cuántica, tema que ocupa al capítulo siguiente.

2.8. El modelo estándar


Después de los primeros formalismos se ha ido desarrollando una teo-
ría del campo cuantificado, las interacciones pueden entenderse como
absorción o emisión de partículas virtuales. Existen cuatro interacciones
o fuerzas básicas: la electromagnética, responsable de los efectos del mis-
mo nombre, de los enlaces entre átomos para formar moléculas y de la
unión del electrón con el núcleo para formar átomos, transmitida por el
fotón; las fuerzas nucleares, fuerte y débil, responsables de la cohesión de
los quarks y del núcleo atómico y de algunas desintegraciones, transmiti-
da la fuerte por gluones y la débil por bosones; y por último la gravitación,
responsable de la atracción gravitatoria, supuestamente transmitida por
gravitones (no existe una teoría convincente de la gravitación cuántica).
Durante estos años se ha ido buscando la unificación de las distin-
tas fuerzas, así se logró unificar la fuerza electromagnética con la fuerza
nuclear débil, en lo que se ha denominado la fuerza electrodébil. Se ha
desarrollado también una teoría para explicar el comportamiento de los
quarks, la cromodinámica cuántica. Y se han propuesto esquemas para
clasificar todas las partículas y sus antipartículas (con carga opuesta) que
se han ido descubriendo a lo largo de los años. Estas teorías conforman
lo que se denomina el modelo estándar, cuya capacidad de predicción es-
tá sobradamente demostrada, pero que, sin embargo, no resulta del todo
satisfactoria hasta que no se logren unificar todas las fuerzas y lograr así
una teoría única capaz de explicar todos los fenómenos de la naturaleza,
una "teoría del todo", cosa que aún no se ha logrado, pero se han hecho
interesantes avances.
Se ha propuesto, en los últimos años, la llamada "teoría de cuerdas",
como candidata a la teoría del todo, pero está más allá de las pretensiones
de este trabajo.

13
3. La interpretación de la Mecánica Cuántica
El formalismo de MQ ha sido aceptado en general sin mayores re-
servas, pues su origen es el de ciertas observaciones, las cuales hemos
expuesto en su mayoría en el capítulo anterior, y son la base empírica a
partir de la cual la teoría debe desarrollarse. Digamos que en este punto,
sobresale la espectacular precisión con la que la teoría predice los fenó-
menos (probabilísticamente), y nadie cuestiona su utilidad. Sin embargo,
en lo que se refiere a su interpretación, han habido y siguen habiendo
multitud de discusiones, ya que supone, en el fondo, una interpretación
de la Naturaleza en el mundo microscópico, una interpretación de la reali-
dad que, como sabemos, está culturalmente mediada y es interesada.
En el capítulo anterior vimos la evolución de los paradigmas, que se
han ido superponiendo para dar cabida a las distintas observaciones.
No obstante, muchas de estas observaciones desafían la intuición, pues
dan resultados que no apreciamos en el mundo cotidiano, por tanto, hay
que interpretarlos, no se asumen sin más como algo natural; mas dar
una interpretación de la mecánica cuántica supone querer imponer una
interpretación de la realidad. Esto ha llevado a una lucha de posturas
enfrentadas que trataremos de exponer aquí.
Pese a que las evidencias de la naturaleza atómica de la materia se
iban sumando, la comunidad científica se resistía a aceptarla, siempre
existe una inercia en los paradigmas que se opone a la novedad y tienden
a prevalecer. Se consideraba el átomo como un concepto inútil y super-
fluo, y se le aplicó el rasero de Ockham22.
Dijo Maxwell en 1871: "en unos pocos años habremos determinado
con una buena aproximación las grandes constantes de la física, y... la
única ocupación de los hombres de ciencia será extender las medidas a
un nuevo decimal." En esa época se respiraban los mismos aires de op-
timismo que en el determinismo de Laplace, y es que por aquel entonces
«los científicos tenían buenas razones para sentirse optimistas. La mecá-
nica clásica y la electrodinámica habían impulsado la revolución indus-
trial, sus ecuaciones fundamentales parecían bastar para describir todas
las propiedades de los sistemas físicos. Algunos detalles insignificantes
empañaban esta imagen»23. Pero la resolución de estos pequeños deta-
lles, que al final resultarían ser enormes, conllevaría una transformación
radical de la forma de entender la ciencia y el mundo.
22
I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 40: Einstein, p. 18.
23
I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 31: Fenómenos cuánticos, p. 21, 22.

14
3.1. Los cuantos y el átomo de acción
Cuando Plank formuló la radiación del cuerpo negro y postuló la emi-
sión discontinua de la radiación, calificó esta hipótesis de "acto desespe-
rado", no creía realmente en ella, de hecho, después intentó desarrollar
una segunda teoría que concordase con la imagen clásica de la radia-
ción24. Pero las experiencias posteriores acabaron por confirmar la hipó-
tesis, además, fue utilizada con gran éxito en otros ámbitos llegando a
las mismas conclusiones.
La constante de Plank, el átomo de acción, h, es una constante de la
física, postulado por Plank como ya se ha dicho, cuyo valor es

h = 6, 63 · 10−34 J · s

Sus magnitudes son energía multiplicado por tiempo, lo que viene a ex-
presar la cantidad de energía mínima que se aplica durante una unidad
de tiempo, de aquí el nombre de átomo de acción. Esta constante su-
pone a su vez un límite físico: no se puede usar menos de una cantidad
determinada de energía en un tiempo determinado, ; esto tiene como con-
secuencia directa el principio de Heisenberg. La naturaleza, en definitiva,
es discreta.

3.2. Sobre el principio de Heisenberg


A este principio enunciado por Heisenberg en 1927, se le ha dado una
multitud de nombres: principio de incertidumbre, principio de indeter-
minación, principio de incerteza y principio de imprecisión (quizá alguno
más). Suele considerárseles equivalentes, distintas denominaciones para
una misma realidad, sin embargo quisiera hacer una distinción. El fenó-
meno que describe este teorema, tiene dos niveles claramente diferencia-
dos: por un lado, la imposibilidad de medir un par de magnitudes con-
jugadas simultáneamente con una precisión arbitraria, un problema de
nuestro conocimiento sobre el sistema, a nivel epistemológico. Por otro la-
do, la afirmación de que dichas magnitudes no pueden, de hecho, existir
simultáneamente, por lo que la realidad se torna difusa, indeterminada,
lo cual sería una afirmación a un nivel ontológico. En el nivel epistemo-
lógico nos referiremos al principio de incertidumbre, mientras que en el
nivel ontológico nos referiremos al principio de indeterminación. Los otros
nombres se acuñaron intentando superar las connotaciones que conlle-
van, de las cuales nos hemos aprovechado, por lo que, estos últimos, no
los usaremos.
La postura de Heisenberg, junto con sus colegas de la mecánica ma-
tricial, se podría resumir de la siguiente manera: ellos consideraban que
24
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 40: Einstein, p. 19.

15
sólo se debían tener en cuenta los resultados de los experimentos y, no
sólo eso, ésta es toda la realidad (estamos ante una postura positivista),
como existe un principio de incertidumbre en la medida, existe un prin-
cipio de indeterminación inherente a la realidad. La interpretación que
planteó la describió en un experimento mental llamado "el microscopio
de rayos gamma", en el cual se pretende determinar la posición y mo-
mento de una partícula, poniendo de relieve que siempre que se intenta
medir se perturba el sistema inevitablemente, dado que siempre debemos
utilizar una cantidad mínima de energía, un cuanto, lo cual es un límite
físico.
«Era la primera vez, desde la revolución científica, que un físico de
primera línea proclamaba una limitación al conocimiento científico»25.

3.3. La interpretación de Copenhague


Después de presentarse los formalismos, matricial y ondulatorio, para
MQ, y después de equipararlos Schrödinger, faltaba por saber qué repre-
sentaba la función de onda. A Max Born se le ocurrió interpretarla de
manera probabilística, de modo que el cuadrado de la función de onda
sea la probabilidad por unidad de volumen de la existencia de la partícu-
la. Esto conllevaba admitir un elemento de azar en la realidad, cosa a la
que se negó rotundamente Einstein y otros de su parecer.
Pero esta interpretación de la función de onda, predice, en ciertos ca-
sos, extrañas superposiciones de posición de una partícula, esto es, que
una misma partícula se halle en dos lugares distintos al mismo tiempo
con una probabilidad para cada sitio. Dado que en el mundo cotidiano no
se observan estos fenómenos, se introdujo el concepto de "colapso de la
función de onda". El comportamiento de un suceso cuántico se describe
deterministamente mediante la función de onda y en el momento de la
medida se produce el colapso de la función de onda, el suceso pasa a
tener una posición dada dentro de la probabilidad descrita por la función
de onda y a partir de entonces el sistema evoluciona de acuerdo con di-
cha posición, indeterminadamente, por el principio de Heisenberg. Ésta
es la interpretación de Copenhague.
Los partidarios de esta interpretación tienen una concepción positi-
vista de la realidad, afirman que hasta que no se realiza la medida, las
magnitudes no existen como tal, luego es absurdo pensar cómo es el sis-
tema antes de medirlo.
Sin embargo esta teoría no explicita cuándo y cómo se produce dicho
colapso. La teoría es bastante artificial, aplica el comportamiento cuán-
tico antes de la medida, y después de ésta el comportamiento clásico.
25
I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA . Temas 31: Fenómenos cuánticos, p. 6.

16
Hay un salto cualitativo en el momento de la medida que no parece es-
tar justificado. Esta interpretación tiene dificultades para describir una
cosmología cuántica, si el Universo en su totalidad estuvo regido por las
leyes de la mecánica cuántica al principio de su existencia, no se en-
tiende cómo pudo aparecer el mundo clásico, ¿cómo pueden distintos
fenómenos cuánticos acabar por definir su posición por ellos mismos?
Estos problemas son los que en parte pretenden superar algunas de las
interpretaciones que expondremos después.

3.4. La paradoja EPR, las desigualdades de Bell y el en-


trelazamiento
Los partidarios del realismo, entre otros, no estaban satisfechos con
la interpretación probabilística de Copenhague. Einstein fue uno de sus
más arduos detractores, lo que se resume muy bien en su frase: "Dios
no juega a los dados". En 1935, Einstein, junto con Boris Podolsky y
Nathan Rosen (de aquí EPR) publicaron un artículo26 donde pretendían
demostrar que la mecánica cuántica era una descripción incompleta de
la realidad. Parte de una definición de "realidad" muy aceptable: "si, sin
alterar un sistema en forma alguna, podemos predecir con certeza el valor
de una cantidad física, entonces existe un elemento de realidad física
correspondiente a esta cantidad física"27 .
El experimento mental que propusieron28 consistía, a groso modo, en
una partícula que se desintegra en otras dos partículas A y B, que parten
de un punto inicial con velocidad 0, con lo que la cantidad de movimiento
total es 0. Cuando existe cierta distancia entre ambas, se mide la canti-
dad de movimiento de A, con lo que se conoce también la de B, quedando
indeterminada su posición, pero al mismo tiempo se mide la posición de
B, quedando determinada la suya y la de A. Con lo que, dirán, existe un
elemento de realidad para la posición y la cantidad de movimiento de am-
bas partículas, pero MQ, debido al principio de Heisenberg, afirma que
establecer ambas simultáneamente es imposible, esta situación parecía
contradecir este principio, con lo que concluyen: la mecánica cuántica es
una descripción incompleta de la realidad. Einstein era partidario de las
"variables ocultas", es decir, elementos de la teoría que describe el siste-
ma, que se desconocen y por tanto son la causa de que nuestra mejor
aproximación a la descripción del sistema sea de índole probabilística. Él
creía que MQ era una teoría útil, pero que tan sólo servía de nexo hacia
26
Fué publicado en el Physical Review y se tituló "Can quantum-mechanical description
of physical reality be considered complete?"
27
Cfr. J. G ÓMEZ -C AMACHO. ¿Es la mecánica cuántica realmente tan rara?, pp. 7, 8.
28
Existen varias versiones del experimento, quizá, más ilustrativas, ésta es la original
propuesta en el artículo ya mencionado.

17
una teoría más completa de la realidad.
En 1964, John S. Bell escribió un artículo acerca de la paradoja EPR,
demostró que la propuesta del realismo implica necesariamente la exis-
tencia de variables ocultas, por lo que tan sólo cabían dos opciones: o la
MQ tal en su formulación actual es incorrecta, o bien el mundo no obe-
dece a la concepción realista29. Estableció las bases de lo que después
se denominó las "desigualdades de Bell", las cuales sirven para analizar
los experimentos y evaluar si, con ellos, es posible determinar si la des-
cripción del sistema es o no completa. Estas desigualdades establecen
que esto no se puede discernir en un experimento como el planteado por
EPR, pero que sí existen experimentos en que esto pueda hacerse.
En 1982 Alain Aspect realizó una de estas experiencias capaces de
evaluar la completud de la MQ, después se realizarían otras más pre-
cisas con el mismo resultado. De ser cierta la postura de Einstein, la
desigualdad de Bell debería verificarse, este experimento demostró que la
desigualdad es violada cuando se utilizan sistemas con estados entrela-
zados (del inglés entangled), aquellos que, alguna vez interactuaron entre
si, quedan vinculados independientemente de la distancia a la que se
encuentren, y si, al hacer una medida sobre uno de ellos, el otro queda
afectado "instantáneamente"; esto es lo que se conoce como "teletrans-
porte cuántico"30. El universo no es local, como pensó Einstein.
El entrelazamiento es, como intuyó Schrödinger, el fenómeno identi-
ficativo de la MQ, un comportamiento de la naturaleza impensable en el
mundo clásico, «imposible incluso si se modificasen las leyes de la física,
en un marco clásico, para que emularan las predicciones cuánticas»31.

3.5. La interpretación de los muchos universos


Hugh Everett propuso una teoría para explicar por qué no percibimos
las propiedades de los fenómenos cuánticos a nuestro alrededor, se pro-
puso dar una interpretación del colapso de la función de onda. Para ello
se planteó qué ocurriría si toda la evolución del universo fuese unitaria,
esto es, siguiendo una única y complejísima función de onda. De este
modo la evolución del sistema ocurriría de manera determinista, de mo-
do que nunca ocurriría un colapso de esta función. Las superposiciones
se amplificarían dando lugar a superposiciones de elementos macroscó-
picos, como los seres humanos, dando lugar a mentes superpuestas.
La idea es que pese a que la realidad en su totalidad esté en posi-
ciones superpuestas, las mentes superpuestas, cada una en su universo
29
Cfr. M AX C HAVES. Breve perspectiva de los fundamentos de la mecánica cuántica: el
primer centenario, p. 12.
30
Que nada tiene que ver con la imagen del teletransporte en la ciencia ficción.
31
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA . Temas 31: Fenómenos cuánticos., p. 34.

18
paralelo, percibirían el mundo de la misma manera que nosotros lo perci-
bimos y, además, el azar aparente de ciertos fenómenos obedecería a las
reglas de probabilidad correctas, incluidos los fenómenos cuánticos que
pudieran observar.
Esta teoría tiene la ventaja de que no necesita de un concepto acce-
sorio como el del colapso de la función de onda, sin embargo le lleva a
la conclusión de que existen una cantidad ingente de universos parale-
los, en aumento constante, cada uno de ellos reales32 . De ser cierta es-
ta teoría estaríamos ante la definitiva descentralización del pensamiento
antropocéntrico, no sólo no seríamos el centro del universo, sino que tan
sólo seríamos componentes de uno de innumerables universos posibles,
relegados a la más absoluta contingencia.
Sin embargo, esta interpretación plantea bastantes inconvenientes. El
problema fundamental es que no se puede diseñar un experimento que
verifique la teoría, estamos por tanto ante una teoría que no es falsable,
no es biodegradable. Además es sensible a la navaja de Occam, nada nos
hace suponer que no pueda aparecer una teoría igualmente válida que no
postule la existencia de múltiples universos, lo que, según este principio,
la invalidaría.

3.6. La decoherencia33
Esta teoría fue propuesta por H. Dieter Zeh en 1970. Muestra cómo la
función de onda de Schrödinger conlleva, ella misma, a cierta forma de
censura de las distintas superposiciones predichas por ésta. Hallaron que
las superposiciones coherentes sólo persisten mientras permanecen ocul-
tas, mientras no se produzca interacción. Un sistema en estado cuántico
recibe constantemente el choque de multitud de partículas que verifican
cual es su estado, luego antes de que se produzca la medida ya se ha pro-
ducido el hundimiento de la función de onda. Este fenómeno explica por
qué no se observan las superposiciones cuánticas en el mundo cotidiano.
Resuelve a su vez la paradoja del gato de Schrödinger.
Para interpretar este fenómeno se utiliza un objeto matemático deno-
minado matriz densidad, en el cual se representan las probabilidades de
cada estado clásico y sus superposiciones, mediante este artilugio mate-
mático se pueden interpretar muchos sistemas cuánticos sin que repre-
senten especial rareza34. Un estado cuántico en contacto con el ambiente,
pasa rápidamente a presentar aspecto clásico dado que son los estados
más resistentes a la decoherencia y a los que tienden.
32
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA . Temas 31: Fenómenos cuánticos, pp. 24, 26.
33
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 31: Fenómenos cuánticos, pp. 25, 26, 27.
34
Para múltiples usos de la matriz densidad véase: J. G ÓMEZ -C AMACHO. ¿Es la mecá-
nica cuántica realmente tan rara?

19
Pese a que, Según Everett, la función de onda nunca llega a hundirse,
los investigadores están de acuerdo en que produce un efecto que tiene el
mismo aspecto. Esta teoría no evita tener que adoptar una interpretación
sobre los fenómenos cuánticos en general, con los problemas que antes
hemos mencionado. Esta teoría tampoco es capaz de explicar por qué
aparece el mundo clásico del cuántico, dado que supone de antemano
que éste existe y es el que produce este efecto.

3.7. El qubit
El qubit es un concepto derivado de la aplicación de la teoría de la in-
formación a la mecánica cuántica. Los bits de la física clásica son objetos
ideales que se materializan en sistemas físicos determinados indepen-
dientemente de cuales sean, y representan el estado en que se encuentra
dicho sistema. De la misma forma, un qubit representa el estado de un
sistema cuántico. Los valores posibles para un bit son 0 ó 1. En un qubit,
en cambio, 0 y 1 representan sus valores extremos, y entre ellos hay in-
finitos valores de superposición entre 0 y 1 con cierta probabilidad para
cada uno de estos estados. El qubit representa el estado cuántico de un
sistema y pasará, según la interpretación de Copenhague, a uno de los
dos estados 0 ó 1 por efecto de la decoherencia o cuando se produzca la
medida35.
Estos entes abstractos pueden utilizarse para diseñar algoritmos que
resuelvan problemas, dando lugar a lo que se conoce como computación
cuántica. Estos algoritmos son mucho más eficaces que los clásicos, uti-
lizados por los ordenadores actuales, pero para preservar un sistema
cuántico en su estado, y poder utilizarlo como computador, es necesa-
rio aislarlo del exterior para evitar la decoherencia, lo que plantea un
verdadero reto para la técnica, aún sin superar.
Por otra parte, estas unidades de información, dan fe del mundo que
representan. La física clásica del mundo cotidiano es excluyente, los ob-
jetos están en un lugar determinado y no en otro, dos cosas no pue-
den estar al mismo tiempo en un mismo lugar; esto es lo que expresa el
principio de no contradicción. Sin embargo el mundo de los fenómenos
cuánticos no opera de la misma manera, por tanto el principio de no con-
tradicción, si bien no es abolido por la teoría cuántica, queda, al menos,
puesto en duda. Además «se plantea la cuestión de si la propia Lógica
esté sometida al contraste experimental con la Naturaleza, en vez de ser
un prerrequisito para el análisis de la misma»36.
35
Cfr. I NVESTIGACIÓN Y C IENCIA. Temas 31: Fenómenos cuánticos, p. 32.
36
G UILLERMO G ARCÍA A LCAINE. Mecánica cuántica, p. 4.

20
4. Cuestiones filosóficas
4.1. Una interpretación hermenéutica
Quizá lo más relevante del principio de Heisenberg para el pensamien-
to moderno sea la limitación que impone necesariamente a nuestro co-
nocimiento del Universo. Hasta el momento, el observador podía conside-
rarse fuera del objeto de estudio, sin afectarlo lo más mínimo y, por tanto,
se podía considerar objetivo. Este principio da fe, en cierto modo, de algo
que, tarde o temprano debía ocurrir en la ciencia. Hasta el momento el
instrumento de medida era mucho menor que el objeto a observar (por
ejemplo, la luz que incide sobre un objeto para ver su posición), pero al ir
disminuyendo en la escala de los fenómenos a estudiar llega un momento
en que nuestro instrumento medidor es del orden del objeto a estudiar,
poniéndose en evidencia que medir supone interactuar y no pudiendo
ignorar este hecho. Nuestro trato con la Naturaleza es cada vez más pa-
recido a un trato de tú a tú.
Ante este hecho caben, en principio, dos posturas: o bien se conside-
ra la medida como el objeto real (positivismo) y se considera que existe
un principio de indeterminación, o bien se considera que, pese a esta di-
ficultad, existe detrás el fenómeno de manera determinista (realismo) y
sólo existe un principio de incertidumbre. En mi opinión, aún cabría una
tercera posibilidad, entender este hecho en clave hermenéutica, nues-
tro conocimiento acerca del Universo es una comprensión de éste, no un
conocer objetivo.
El conocimiento hermenéutico, como en la Historia, tiene la peculia-
ridad de que en el mismo proceso de conocer se estaría haciendo a su
vez Historia. En el nivel de la mecánica cuántica ocurriría lo mismo, en
el mismo proceso de medir un sistema, se está modificando dicho sis-
tema. No cabe la objetividad absoluta, lo cual no devalúa este tipo de
conocimiento.
Nuestras ecuaciones nunca han sido la realidad misma de los fenó-
menos, son, tan sólo, una forma de humanizar nuestro entorno en un
lenguaje ideal, el de las matemáticas. El mundo que nos rodea no es-
tá escrito en lenguaje matemático. De ser así, nos veríamos obligados a
aceptar que nuestros paradigmas son siempre defectuosos, en vez de eso
tenemos uno, hermenéutico, que se complejiza constantemente. Se pre-
tenden obtener unos principios últimos, unas leyes fundamentales que
nos den un conocimiento certero de la realidad, que nos permitan en-
tenderla de manera absoluta, y en vez de eso lo que se consigue en una
complejización progresiva de nuestras teorías y modelos del mundo, que,
por otro lado, está acorde con la complejidad de lo real.
Tampoco debemos entender que lo que describimos es tan sólo la apa-

21
riencia de la realidad, pues tendríamos que suponer que estamos fuera
de la realidad, observándola. No podemos salirnos fuera de la realidad,
estamos inmersos en ella, interactúando con sus fenómenos, familiari-
zándonos con ellos; éste es el conocimiento que obtenemos de ella. Los
demás animales se alimentan de su materia, nosotros, además, nos ali-
mentamos de su información.
Nuestro conocimiento de la Naturaleza ha sido siempre un conoci-
miento hermenéutico, sólo que antes no nos habíamos dado cuenta, pues
no podíamos.

4.2. El preludio del Caos


En la realidad, nos encontramos con fenómenos que ocurren con una
regularidad patente y otros, que no parecen seguir ningún orden, esto es
un hecho del que los seres humanos han sido conscientes desde muy an-
tiguo. A este segundo tipo de fenómenos se los ha denominado caóticos.
Con el advenimiento de la teoría del caos, ha sido posible describir con
mayor precisión estos fenómenos. Esta teoría se enmarca dentro del es-
tudio de los sistemas dinámicos, estos se definen de la siguiente manera:
Sea X ⊂ Rn un conjunto no vacío. Sea f : X −→ X una función que
relaciona estados mediante la expresión

xk+1 = f (xk )

La pareja (f, X) es un sistema dinámico 37.


Es decir, un sistema dinámico es aquel que opera en su totalidad con-
sigo mismo; toma de sí su estado anterior para pasar a un siguiente
estado.
Para que exista comportamiento caótico el sistema tiene que ser un
sistema dinámico, pero nuestro Universo ¿es un sistema dinámico?
El tipo de universo que preconiza la teoría de la relatividad de Einstein
es un universo local, es decir, aquel en que existe un límite en la velocidad
con que sus partes pueden afectarse, hay un límite en la velocidad de la
causalidad, no existe acción a distancia; este límite es la velocidad de la
luz. Un universo así no parece que pueda comportarse como un sistema
dinámico, no funciona como una unidad, pues sus partes están aisladas
causalmente.
En cambio, el universo de la mecánica cuántica, debido al entrelaza-
miento, se comporta como un todo unitario, todas las partes están afec-
tadas por todas, no existe localidad. Además, es un universo discreto, por
37
Cfr. J UAN J OSÉ G ÓMEZ N AVARRO. Introducción a la Teoría del Caos, p. 5.

22
lo que tenemos las características que lo hacen encajar en la definición
de sistema dinámico discreto, que es la que hemos dado arriba.
Este hecho es muy importante pues de no ser un sistema dinámico,
no sería posible que apareciesen fenómenos caóticos, que es lo que, en
palabras de Prigogine, le confiere creatividad al universo. Es lo que per-
mite que, en el Universo en general, aparezcan sistemas que violan la
entropía. Si no tuviese estas características no sería posible la aparición
de formas complejas, incluidos nosotros.

4.3. La hipótesis de la voluntad de poder


Podemos construir una visión de la mecánica cuántica a partir del
pensamiento de Nietzsche, dadas las similitudes que éste presenta con la
teoría, de modo no muy exhaustivo.
Nietzsche afirma que la pluralidad de los fenómenos existentes, po-
drían interpretarse como manifestaciones o apariencias de un único fe-
nómeno elemental que tiene la condición de un afecto, y que él llama "la
voluntad de poder"38 . Esta es su hipótesis de partida, a partir de la cual
interpreta la realidad. Él entiende el mundo como una lucha entre polos
desiguales de fuerza capaces de evaluarse recíprocamente. De admitir la
hipótesis según la cual la única fuerza que existe tendría la misma natu-
raleza que la del querer, entonces ya no se puede seguir interpretando lo
que acontece como la acción de fuerzas neutras que buscan su equilibio.
Nada quiere conservarse, todo quiere crecer y acumular, dice.
La lucha de fuerzas que nos plantea es muy similar al universo que
nos presenta la mecánica cuántica, fuerzas en superposición, sin posi-
ción definida, unas sobre otras, interactuando entre sí, afectándose. Dice
Nietzsche, cuando una fuerza logra imponerse sobre otra, la interpreta,
su visión de lo inferior queda como una apariencia, la interpretación que
éste ha hecho de ella, a partir de entonces adquiere mayor entidad, po-
dríamos decir que se materializa. En general, todo lo que prevalece es
una fuerza victoriosa.
La emergencia que acontece cuando aparecen formas cualitativamen-
te diferentes, se podría entender como una interpretación que las fuerzas
hacen de su mundo inferior. Así podríamos interpretar la aparición de
la materia, su posición bien definida, su impenetrabilidad, como una in-
terpretación que ella misma hace de su substrato cuántico. Nietzsche
extiende esta idea de la interpretación para entender el proceso orgáni-
co de la vida: «la interpretación es un medio de dominar cualquier cosa.
El proceso orgánico presupone un perpetuo interpretar»39. Llega hasta la
38
Cfr. D IEGO S ÁNCHEZ M ECA. Nietzsche. La experiencia dionisíaca del mundo, p. 120.
39
N IETZSCHE. Nachgelassene Fragmente, KSA, vols. 7-13. Otoño de 1885-otoño de
1886, 2 (148)

23
conciencia, entendiendo que «el cuerpo es una pluralidad unificada de di-
versas "conciencias" que lo constituyen mientras que el yo, o la conciencia
propiamente dicha, queda fuera del dinamismo interno de esta diversi-
dad»40. La realidad no está segmentada en el pensamiento de Nietzsche,
allí donde aparece la emergencia hay una voluntad de poder que inter-
preta.
Desde este punto de vista, la medida supone una interpretación, el
colapso de la función de onda sería una interpretación que hace el ins-
trumento sobre el objeto, le fuerza a tomar una forma, a adquirir una
posición determinada. La decoherencia sería esa lucha entre las fuerzas
que se interpretan unas a otras, oculto para nosotros, pero que mantiene
un nivel general de interpretación, de modo que en el mundo cotidiano
no se aprecian los fenómenos cuánticos y, en general, se nos presenta
como el mundo físico clásico.

4.4. La emergencia previa al mundo físico


Hay un problema que plantea la mecánica cuántica, que está implícito
en el problema del colapso de la función de onda, en la medida y otros,
se trata de ver cuándo y cómo se pasa del mundo cuántico al mundo
clásico. Hemos visto que algunas interpretaciones pretenden superar este
problema, pero ninguna da una respuesta plenamente satisfactoria. En
mi opinión, el conjunto de los fenómenos cuánticos constituye un nuevo
ámbito de la realidad, un nuevo nivel en el sistema de Ferrater Mora, que
estaría situado antes del nivel físico-químico. La mecánica cuántica ha
desarrollado su propio lenguaje, su propio formalismo matemático, ya no
se puede considerar parte del mundo físico, es cualitativamente diferente.
Si a cada sistema del esquema de Ferrater Mora le asociamos una
unidad de información que represente las cualidades de cada uno de
ellos, tendríamos algo como esto:

Nivel de la realidad Unidad de información


cuántico qubit
físico-químico bit
orgánico gen
social individuo
cultural símbolo
arte -

Vemos que la información que existe en el ámbito cuántico es cualita-


tivamente diferente de la del sistema físico-químico y de cualquier otro.
De ser esto así, los problemas que plantea la medida, como también
40
Cfr. D IEGO S ÁNCHEZ M ECA. Nietzsche. La experiencia dionisíaca del mundo, p. 124.

24
la aparición del mundo físico en general, son problemas que plantean
entender cómo se produce la emergencia del ámbito cuántico al físico-
químico y, en general, en qué consiste el fenómeno de la emergencia y
cómo se produce.
En estos procesos de emergencia se sitúan algunos de los grandes pro-
blemas del Hombre, entre el nivel físico-químico y el orgánico, el origen
de la vida, entre el social y el cultural, el establecimiento de las caracte-
rísticas genuinamente humanas, en la emergencia de la conciencia en el
cerebro, está implícito el problema alma-cuerpo.

25
5. Conclusión
En mi opinión veo totalmente innecesaria la idea de los universos pa-
ralelos, y considero que la interpretación de Copenhague aborda la mecá-
nica cuántica como integrante del mundo físico y, al querer equipararlos,
se hace artificial, teniendo que añadir el concepto de colapso de la fun-
ción de onda, útil pero poco satisfactorio. No quiero poner en cuestión la
utilidad de la teoría, que ha quedado de sobra demostrada, quiero decir
que no es plenamente satisfactoria intelectualmente hablando. Conside-
ro más apropiado abordar esta teoría en un plano distinto y plantear
nuestro acercamiento a ella en clave hermenéutica. Los problemas de la
medida y otros derivados son los mismos de los de cualquier otro proceso
de emergencia.
Entendiendo los fenómenos cuánticos en un plano distinto al de otros
ámbitos de la realidad, muchas de sus rarezas dejan de entenderse como
tales, pues constituye un sistema con sus propias reglas y relaciones,
igual que el plano cultural es totalmente distinto que el orgánico, por po-
ner un ejemplo. Las rarezas del entrelazamiento y otras, son tales cuando
las consideramos en el universo de lo físico, así, ubicamos estos proce-
sos dentro de una universo geométrico, cuando quizá sería más adecua-
do considerarlos dentro de la topología, esto es, la geometría cualitativa,
geometría sin el concepto de distancia, dado que a la mecánica cuántica
parecen importarle poco las distancias. La distancia misma aparecería
como una consecuencia más de la emergencia del universo geométrico
desde el universo topológico.
Independientemente de estos problemas, lo que no cabe duda es que
esta teoría está influyendo cada vez más en nuestra vida cotidiana, con
nuevas aplicaciones tecnológicas, que están, a su vez, transformando
nuestro mundo. Un mundo cuya imagen ha trastocado radicalmente, lo
que nos debe llevar a nuevos modos de pensamiento. Quizá ahora no
parezca tan atrevida la frase de Gell-Mann.

26
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