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Ilusiones necesarias. Control del pensamiento en las sociedades democráticas

N. Chomsky, Ilusiones necesarias. Control del pensamiento en las

sociedades democráticas, Madrid, Ed. Libertarias, 1992, 488 pp.

Mercedes Fernández Antón

N oam Chomsky pretende poner de manifiesto la

autoridad gubernamental y a una disminución de la influencia de la democracia en el extranjero. Por el contrario, Chomsky percibe que la estructura de dichos medios está diseñada para inducir a la conformidad con respecto a la doctrina establecida y generalmente, reflejará las perspectivas y los intereses del poder estatal y empresarial. El autor desvela la gran diferencia con que son tratados los diversos asuntos según afecten a los denominados “Estados clientes” de EU o, por el contrario, los referidos a los “enemigos oficiales” de Norteamérica. En el primer caso, lo negativo no existe, no se informa de ello o se presenta bajo una perspectiva distinta a la realidad. Por el contrario, las noticias referentes a los “enemigos” son tergiversadas, falseadas e incluso inventadas. Así, por ejemplo, los lectores de la prensa

verdadera función de los medios norteamericana pudieron conocer,

de comunicación en las democracias capitalistas a partir del análisis de los medios de comunicación en Estados Unidos. El autor, basándose en una amplia documentación considera que los medios de comunicación norteamericanos están más al servicio del poder que al servicio de la democracia y la libertad de expresión. Chomsky trata de demostrar el argumento de ciertos sectores políticos del país que sostienen que los medios de comunicación padecen “un exceso de democracia”, lo que contribuiría a la reducción de la

mediante profusión de crónicas y artículos en los principales periódicos, las desventuras del órgano de la oposición nicaragüense La prensa (en parte financiada por nicaragüenses norteamericanos) que, a pesar de su abierto apoyo a la Contra, no sufrió más que algún esporádico cierre. Paradójicamente, en El Salvador, con un régimen cliente de usa, los periódicos La crónica del pueblo y El Independiente sufrieron importantes atentados y sus redactores fueron asesinados o exiliados, lo que sin embargo, no

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mereció la más mínima información ni comentario de aquellos que clamaban castigo para los “represores sandinistas”. Después de la Segunda Guerra Mundial las élites entendieron que no se podía dejar caer al público en el pacifismo, sino que había que movilizarse para la renovación del conflicto global. A este respecto el historiador Thomas Bailey observó: “puesto que las masas son manifiestamente miopes y por lo general no pueden ver el peligro hasta que se les hecha al cuello, nuestros estadistas se ven obligados a enseñarles para que alcancen la conciencia de sus propios intereses a largo plazo. El engaño del pueblo puede convertirse en algo cada vez más necesario”. Se considera que en un orden político democrático existe el peligro de que el pensamiento independiente se traduzca en acción política, por lo tanto hay que eliminar la amenaza de raíz. Tal vez por esto el senador William Fulbright pudo decir en el año 1966: “Es muy interesante que tantos de nuestros principales

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diarios se hayan convertido prácticamente en agente del gobierno, que no pongan en duda la política del gobierno ni se planteen siquiera preguntas al respecto”. El libro de Noam Chomsky constituye un toque de atención extraordinaria sobre la manipulación de la “opinión pública” por aquellos que tienen el deber de informarla con rigor e imparcialidad. De la lectura de este libro podría derivarse que realmente el público no piensa casi nunca por sí mismo, sino que es un dócil consumidor de las “ilusiones necesarias” que las élites gobernantes fabrican para él y que le son debidamente suministradas por unos “medios de comunicación” que no actúan como comunicadores de la realidad existente, convirtiéndose en meros propagandistas de los intereses dominantes. Por último, hay que destacar que Chomsky encuentra importantes diferencias entre los medios de comunicación norteamericanos y los europeos, a los que considera mucho más veraces.