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América Latina en sus ideas

Coordinación e introducción por

LEOPOLDO ZEA

América Latina en sus ideas

Coordinación e iniroaucción LEOPOLDO ZEA

PRIMERA PARTE: AMÉRICA LATINA EN lA HISTORIA DE LAS IDEAS

Frecuencias temáticas de la historiografía latinoamericana, por JAIME JARAMlLLO URlBE

Interrogaciones sobre el pensamiento filosófico, por ARTURO AñORES ROIG

Ciencia y técnica: ideas o muoides, por FRANCISCO MIRóQUESADA Panorama de los procesos de cambio* revolución, retormismo y lucha de

clases, por ABELARDO VILLEGAS

El pensamiento religioso, por SAMUEL SILVA GOTAY

SEGUNDA PARTE: AMÉRICA LATINA V EL MUNDO

Panamericanismo y latinoamencanismo, por ARTURO ARDAO

Cosmopolitismo e internacionalismo (desde 1880 hasta 19401,

por NOEL SALOMóN

Regionalismo y nacionalismo, por JUAN A. ODDONE

Las ideologías europeísias, por CARLOS BOSCH GAPCIA

Ante el imperialismo, colonialismo y neocotonialismo, por CARLOS REAL DE AZÚA

América Latina y el trasfondo de Occidente, por ROBERTO FERNANDEZ RETAMAR

TERCERA PARTE AMÉRICA LATINA EN SU CULTURA, IDENTIDAD V DIVERSIDAD

El "Indio": mito, profecía, prisión, por LOURDES ARIZPE

Aventuras del negrismo en América

Latina, por RENE DEPESTRE

El inmigrante europeo: 183S-1930, por MAPIA ELENA RODRIGUE* OZAN

El mestizaje y lo mestizo, por BENJAMíN CARRION

Mitos y creencias en los procesos de cambio de América Latina, pOr JAVIER 0CAMP0 LÓPEZ El universo de la educación como sistema de ideas en América Latina, pOr GREGORIO WEINBERG La expresión estética: arte popular y folklore Arte culto. por RUBÉN BAREIRO SAGUIER y MIGUEL ROJAS MIX Unidad y diversidad del español, por CARLOS MAGIS

SBh963-23-1376-7

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siglo

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AMÉRICA LATINA EN SUS IDEAS

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introducción

 

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LEOPOLDO ZEA

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siglo xxi editores, s.a. de c.v.

CERRO DEL AGUA 248, ROMERO DE TERREROS, 04310. MÉXICO, D.F.

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editores ,

s.a .

TUCUMÁN 1621. 7 o N, C1050AAG. BUENOS AIRES. ARGENTINA

siglo xxi de españa editores, s.a.

PRÍNCIPE DE VERGARA 78, 28006, MADRID. ESPAÑA

primera edición, 1986 cuarta edición. 2006

publicado conjuntamente por «5 siglo xxi editores, s.a. de c v isbn 968-23-1376-7

y

unesco

7 place de fontenoy 75700, parís

'<•> unesco

derechos reservados conforme a la ley •"•Preso y hecho en nicxico/prmted and made ,n mexie

-

ÍNDICE

NOTICIA

AiK<',

SOBRE LOS COLABORADORES

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PREFACIO

9

15

23

46

72

95

118

INTRODUCCIÓN, por LEOPOLDO ZEA

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^

AMÉRIC A

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dillismo, 39; Bibliografía

43

EN

LA HISTORIA DE

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y culturas - 36 ¡ Democracia y cau-

TrrS r —" EL PENMM '™ TO ™<™ . Por «™ ,

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O HITÓOS ,

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MIR(kjUESAD 4

1. Lo s antecedentes , 96; 2 . ¿Qu é revolución ?

nologicas, 102; 4. Clases y lucha de clasis

acceso,

110; 6. Socialismo

co" i s í

PENSAMIENTO

RELIGIOSO,

po r

SAMUEL

QR.

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tec-

Socialismo, las vías de

Las ,

reV ° l u , CÍOne s

, y Lumumsmo ¿u n proces o único? , 114

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m-

SILVA GOTAY

ricaYaína yl í ^chazo"Sí s teo f ^T * reVOIudo ™ en Amé-

2. Respuesta de los cristianos ri^

crisis teológica: afirmSón de r ^°^ o n ? n ° s de América Latina ante la

la salvación 8 128;?™n^íciL s ÍSri?*

de la salvación, 139; AL Concesiones! ís T Y P ^ l a historiza eión

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d e l J paíse s dominantes, 119;

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SIÍOUNDA PARTE:

AMÉRICA

LATINA

Y

EL

MUNDO

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8

V

LATINOAMERICANISMO,

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ARTURO ARDAO

INTERNAC

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1880 HASTA 1940),

por

15 7

172

ÍNDICE

REGIONALISMO Y NACIONALISMO, por

JUAN A. ODDONE

201

Pautas de indagación: contenidos y ambigüedades, 201; El regionalismo

y sus raíces coloniales, 203; Criollismo y regionalismo, 205; Disgregación

colonial, 206 Los escollos a la

organización

nacional,

209;

Las patria s

fragmentadas, 212; La búsqueda de una conciencia nacional, 220; El "ser americano" y la cultura nacional, 223; El "nacionalismo" de entregue- rras , 229; Los imperativos de integración regional, 236; Bibliografía, 237

LAS IDEOLOGÍAS EUROPEÍSTAS, por

CARLOS

BOSCH

GARCÍA

23 9

La cultura católica cristiana frente a la cultura moderna, 239; Ideolo- gías europeas y norteamericanas en la posindependencia de América La- tina, 240; El librecambismo resultante del impacto inglés, 241; El impe- rio de los Estados Unidos a la antigua usanza, 241; La seguridad de los Estados Unidos frente a los problemas europeos, 242; El conflicto de los latinoamericanos, 243; Liberales y conservadores, centralistas, fede- rales, 244; Las demandas de la industria ajena impuestas a América La- tina por Europa y la extensión de tierra de los Estados Unidos, 246; Lo que no vieron los pensadores, 247; El pensador teórico y la necesidad de participar en la búsqueda de una filosofía, 247; Las tres posturas del pensamiento latinoamericano, 249; La libertad realista, 250; Las influen- cias de los positivismos francés e inglés, 250; La realidad de la técnica, 251; Las reformas y la necesidad de la emancipación mental, 252; La caída en manos del imperio económico de los Estados Unidos, 253; La realidad latinoamericana, 254; Las preocupaciones sociales, 255; La reacción contra el positivismo y la entrada de nuevas ideologías eu- ropeas, 256; El nuevo imperio económico de los Estados Unidos y su ex- tensión, 257; El nacionalismo defensivo de la latinidad, 258; El ejemplo mexicano, 258; El despertar de otros países latinoamericanos, 260; El an- tirnperialismo, 260; La respuesta estadunidense, 261; El nuevo enfrenta- miento de México, caso de excepción, 262; El Estado Nuevo de Getúlio Vargas, 263; El peronismo, 264; Los límites de la libertad latinoamericana y la integridad política, 265; El caso de Guatemala, 266; El caso de Cuba, 266; América Latina tiene u n problema, 267; Bibliografía, 268

ANTE EL IMPERIALISMO, LOS REAL DE AZÚA

COLONIALISMO Y NEOCOLONIALISMO, por

CAR-

27 0

AMÉRICA LATINA Y EL TRASFONDO DE OCCIDENTE, por DEZ RETAMAR

ROBERTO FERNÁN-

30 0

*

Clarificar

mera independencia a la neocolonia, 306; Hacia la segunda independen-

cia, 316

visiones, 303; De la pri-

las denominaciones, 300; Las primeras

TERCERA PARTE:

AMÉRICA LATINA EN SU CULTURA,

IDENTIDAD Y DIVERSIDAD

EL "INDIO":

MITO, PROFECÍA,

PRISIÓN,

por

LOURDES ARIZPE

Seres de color azul y cabeza cuadrada, 334; "Ya llegan al cielo los ala-

ridos de tanta sangre derramada

"No existen indios, sino ciudadanos bolivianos", 340; Pluralismo cultu- ral en América Latina, 343; Bibliografía, 343

" 337; De "caciques" a "perros", 339;

333

y

f

ÍNDICE

VII

AVENTURAS DEL NEGRISMO EN AMÉRICA LATINA,

por

REMÉ DEPESTRE

34 5

1.

¿Qué

es

el

negrismo?,

345;

2. Contexto

sociohistórico

del

negrismo,

347; 3. Breve

intento

de

reevaluación

del

negrismo, 354

 

EL INMIGRANTE EUROPEO:

1839-1930, por

MARÍA ELENA RODRÍGUEZ

 

OZAN

 

361

La ideología de los inmigrantes, 363; El anarquismo, 365; El socialis- mo, 367; El fascismo, 369; La inmigración y los grupos industriales, 370; Bibliografía, 371

EL MESTIZAJE

Y LO MESTIZO, por

BENJAMÍN CARRIÓN

 

375

México y América Central, 379; En el Perú y los países andinos, 381; El caso del Río de la Plata, 382; Chile, "una loca geografía", 385; Brasil, 386; La unidad brasileña frente a la dispersión hispánica, 387; La inmigración negra, 388; Formación del mestizo brasileño, 389; El caso de Cuba y las Antillas, 391; América Central, 392; Colombia, 393; Venezuela, 393; Ecua- dor, Perú y Bolivia, 394; Los exiliados, 396; Otros temas, 396; Bibliogra- fía, 398

MITOS Y CREENCIAS EN

LOS PROCESOS DE CAMBIO DE AMÉRICA

LATINA,

por

JAVIER OCAMPO LÓPEZ

 

401

1.

Generalidades. Mitos y creencias

de una

sociedad

en

proceso de

cam-

bio,

401; 2.

Las

supervivencias

etnoculturales en los mitos y creencias

 

de América

Latina

contemporánea, 404; 3. Función

de los mitos y creen-

cias, 413; Bibliografía

complementaria

sobre

mitos y creencias, 429

 

EL UNIVERSO DE LA EDUCACIÓN COMO SISTEMA DE IDEAS EN AMÉRICA LA-

 

TINA, por

GREGORIO WEINBERG

 

432

LA EXPRESIÓN ESTÉTICA:

ARTE POPULAR Y FOLKLORE. ARTE CULTO,

por

RUBÉN BAREIRO SAGUIER y

MIGUEL ROJAS MIX

 

446

UNIDAD

Y DIVERSIDAD DEL ESPAÑOL,

por

CARLOS MAGIS

467

1.

Punto de partida, 467; 2. Trayectoria

del pesimismo y la confianza, 469;

3.

La

alternativa

entre

"dependencia

y liberación",

482; Bibliografía,

496

NOTICIA SOBRE LOS COLABORADORES

ARDAO,

ARTURO

Filósofo uruguayo (Lavalleja, 1912). Principales publicaciones: Esplritualis- mo y positivismo en el Uruguay, México, 1950; La filosofía en el Uruguay en el siglo XX, México, 1956; Racionalismo y liberalismo en el Uruguay, Montevideo, 1962; La filosofía polémica de Feijóo, Buenos Aires, 1962; Filo- sofía de lengua española, Montevideo, 1963; Etapas de la inteligencia uru- guaya, Montevideo, 1971. Fue director del Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias en la Universidad de la República del Uruguay, así como decano de esa Facultad. Profesor de la Universidad Simón Bolívar e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en Caracas, Venezuela.

ARIZPE,

LOURDES

Antropóloga mexicana (México, D. F., 1943). Principales publicaciones: Pa- rentesco y economía en una sociedad nahua, México, 1972; "Nahua domestic groups: The developmental eyele of nahua domestic groups in Central México", en Kung, Londres, 1972; "La cultura indígena en la ciudad de México", en Diálogos, México, 1974; Indígenas en la ciudad: el caso de las Marías, Méxi- co, 1975; "Ideología del indio y economía campesina", en Capitalismo y campesinado en México, México, 1976; La migración de campesinos a la ciu- dad de México y el cambio étnico, México, 1977; El reto del pluralismo cultural, Instituto Nacional Indigenista, México, 1978. Ha sido profesora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Actualmente enseña en la Universidad Nacional Autónoma de México y en El Colegio de México.

BAREIRO

SAGUIER,

RUBÉN

Escritor paraguayo (Villeta de Guarnipitán, 1930). Principales publicacio- nes: "Panorama de la literatura paraguaya: 1900-1959", en Panorama das literaturas das Americas, Nova Lisboa, 1959; Biografía de ausente, Madrid/ Asunción, 1964; Pacte du sang, París, 1971; Le Paraguay, París/Bruselas/Mon- treal, 1972; Cuento hispanoamericano, París, 1981; Ojo por diente, La Haba- na, 1983. Ha sido profesor de la Universidad de Asunción. Profesor en la Universidad de París VIII (Vincennes).

HOSCH

GARCÍA,

CARLOS

Historiador mexicano (Barcelona, España, 1919). Principales publicaciones:

1.a esclavitud prehispánica entre los aztecas, México, 1944; Problemas diplo- máticos de México independiente, México, 1947; Materiales para el estudio

de la historia diplomática

de México

con los Estados

Unidos,

1820-1848, Mcxi-

2

NOTICIA

SOBRE

LOS COLABORADORES

co, 1957; La base de la política exterior estadounidense, México, 1975; Histo- ria latinoamericana, siglo XIX, México, 1977. Ha sido investigador de El Colegio de México y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Uni- versidad Nacional Autónoma de México. Es investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de dicha universidad.

CARRIÓN,

BENJAMÍN

Escritor ecuatoriano (Loja, 1898-1979). Principales publicaciones: Los crea- dores de la Nueva América, Madrid, 1928; Mapa de América, Madrid, 1930; Atahualpa, México, 1934; El nuevo relato ecuatoriano, Quito, 1950-1951; San Miguel de Unamuno, Quito, 1954; Santa Gabriela Mistral, Quito, 1956; García

Moreno, el santo del patíbulo, México, 1959; El

1960; Por qué Jesús no vuelve, Quito, 1963; José Carlos Mariátegui, el pre- cursor, el anticipador, el suscitador, México, 1972. Postumamente se han publicado El libro de los prólogos, Quilo, 1980 y América dada al diablo, Caracas, 1982. Fue fundador y presidente varias veces de la Casa de la Cul- tura Ecuatoriana.

cuento de la patria, Quito,

DEPESTRE,

RENE

Poeta haitiano (Jacmel, 1926). Principales publicaciones, poesía: Etincelles,

de sang, Haití, 1946; Mineral noir, París, 1956; Journal

d'un animal marin, París, 1966; Un arc-en-ciel pour l'Occident chrétien, París,

1967; Cántate d'Octobre, La Habana, 1968; Poete a Cuba, París, 1976; En état

de poésie, París, 1977. Prosa: Pour la révolution, pour la poésie, Montreal, 1973; Le mát de cocagne, París, 1979; Bonjour et adieu a la negritude, París,

Haití, 1945; Gerbe

1980 y Alléluia

pour

FERNÁNDEZ

RETAMAR,

une femme-jardin,

ROBERTO

París, 1981.

Poeta y ensayista cubano (La Habana, 1930). Principales publicaciones: La poesía contemporánea en Cuba, 1927-1953, La Habana, 1954; Idea de la esti- lística, La Habana, 1958; Papelería, La Habana, 1962; Poesía reunida (1948- 1965), La Habana, 1967; A quien pueda interesar, Poesía, 1958-1970, México, 1971. Una antología de sus ensayos fue publicada recientemente por la editorial Letras Cubanas con el título Para el perfil definitivo del hombre. Actualmente es director del Centro de Estudios Martianos y de la revista Casa de las Américas y profesor de la Facultad de Filología de la Universi- dad de La Habana.

JARAMILLO

URIBE,

JAIME

Historiador y sociólogo colombiano (Abejorral, Antioquia, 1917). Principales publicaciones: El pensamiento colombiano en el siglo XIX, Bogotá, 1963; Entre la historia y la filosofía, Bogotá, 1968; Ensayos de historia social co- lombiana, Bogotá, 1969; Historia de la pedagogía como historia de la cultura,

NOTICIA

SOBRE

LOS COLABORADORES

1

Bogotá, 1970; Antología del pensamiento político colombiano, Bogotá, 1970; La personalidad histórica de Colombia y otros ensayos, Bogotá, 1977. Ha sido decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Colombia; decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Los Andes y profesor de historia económica de la Facultad de Econo- mía de esta universidad. Actualmente es director del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, con sede en Bogotá, Colombia.

MAGIS,

CARLOS

Crítico argentino (San Luis, 1926). Principales publicaciones: La poesía de Leopoldo Lugones, México, 1960; La literatura argentina, México, 1965; La lírica popular contemporánea. España, México y Argentina, México, 1969. Ha sido profesor de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza). Profesor e investigador del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México.

MIRÓ

QUESAÜA,

FRANCISCO

Filósofo peruano (Lima, 1918). Principales publicaciones: El problema de la libertad y la ciencia, en colaboración con Osear Miró Quesada, Lima, 1943; Lógica, Lima, 1952; Problemas fundamentales de la lógica jurídica, Lima, 1956; Las estructuras sociales, Lima, 1961; Apuntes para una teoría de la razón, Lima, 1963; Humanismo y revolución, Lima, 1969; Despertar y pro- yecto del filosofar latinoamericano, México, 1974; Filosofía de las matemá- ticas, Lima, 1977. Ha sido ministro de Educación Pública y embajador del Perú en Francia. Director de Investigación Científica de la Universidad de Lima y catedrático de Filosofía en la Universidad Cayetano Heredia.

OCAMPO

LÓPEZ,

JAVIER

Historiador colombiano (Aguadas, 1939). Principales publicaciones: Las ideas de un día, México, 1969; Las ideologías en la historia contemporánea de Colombia, México, 1972; Historia de Colombia, Medellín, 1973; El proceso ideológico de la emancipación, Tunja, 1974; El caudillismo colombiano, Bo- gotá, 1974; Hispanismo e indigenismo en la historia de Colombia, Tunja, 1975. Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Tunja) y profesor de historia de las ideas en dicha universidad.

ODDONE,

JUAN

ANTONIO

Historiador uruguayo (Montevideo, 1926). Principales publicaciones: El prin- cipismo del setenta, una experiencia liberal en el Uruguay, Montevideo, 1956; Historia de la Universidad de Montevideo. La universidad vieja 1849-1885, Montevideo, 1963; La formación del Uruguay moderno. La inmigración y el

4

NOTICIA

SOBRE LOS COLABORADORES

desarrollo económico-social, Buenos Aires, 1968; La universidad uruguaya desde el militarismo a la crisis, Montevideo, 1971; L'America Latina, Turín, 1976. Ha sido profesor de la Universidad de Montevideo, en la que dirigió el Departamento de Historia Latinoamericana hasta 1974. Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de la ciudad de México.

REAL

DE

A7.ÜA,

CARLOS

Sociólogo y ensayista uruguayo (Montevideo, 1916-1977). Principales publica- ciones: El patriciado uruguayo, Montevideo, 1961; El impulso y su freno; tres décadas de batllismo, Montevideo, 1964; Antología del ensayo uruguayo con- temporáneo, Montevideo, 1964; Legitimidad, apoyo y poder político, Monte- video, 1969; "Poder, política y partidos en el Uruguay", en Uruguay hoy, México, 1971; Historia visible e historia esotérica: personajes y claves del debate latinoamericano, Montevideo, 1975. Fue profesor visitante de la Uni- versidad de Columbia, Nueva York, y profesor de ciencia política de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.

RODRÍGUEZ,

MARÍA

ELENA

Historiadora argentina (Mendoza, 1928). Principales publicaciones: "Dos in- terpretaciones de la historia", en Historia Mexicana, México, 1963; "México y las corrientes nacionales en América Latina", en Journal of ínter-American Studies, Florida, 1964; "La ideología de la historia latinoamericana", en Anuario Latinoamericano, México, 1969; "Latinoamérica en la conciencia ar- gentina", en Revista de la Universidad de México, México, 1972; "Dos interpre- taciones del pensamiento latinoamericano: el Río de la Plata y la América mestiza", en Filosofía actual en América Latina, México, 1976. Ha sido profe- sora de la Universidad de Cuyo, Mendoza, y de El Colegio de México. Pro- fesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autó- noma de México y editora del Anuario Latinoamericano de dicha facultad.

ROIG,

ARTURO

ANDRÉS

Filósofo argentino (Mendoza, 1922). Principales publicaciones: La filosofía de las luces en la ciudad agrícola, Mendoza, 1968; Los krausistas argenti- nos, Puebla, 1969; Platón o la filosofía como libertad y expectativa, Mendo- za, 1971; El esplritualismo argentino entre 1850 y 1900, Puebla, 1972; "Deo- doro Roca y el manifiesto de la reforma de 1918", en la revista Universidades editada por la Unión de Universidades de América Latina, México, 1980; Teo- ría y crítica del pensamiento latinoamericano, México, FCE, 1981; Filosofía, universidad y filosofía en América Latina, Nuestra América, ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1981. Fue profesor titular de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza y de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de la Universidad Católica del Ecuador.

NOTICIA

SOBRE

LOS COLABORADORES

ROJAS

MIX,

MIGUEL

A.

Jurista, historiador

publicaciones: El abate Molina: idea de la historia e imagen de América, Santiago de Chile, 1963; Lateinamerika im Spiegel der euripaischen Kunst,

de Chile, Santiago de Chile, 1971; La Plaza

Mayor: urbanismo y colonización, Barcelona, 1977. Fue director del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile; creador del Instituto de Arte Latinoamericano en la misma ciudad; profesor de varias universidades chi- lenas. Profesor en la Universidad de la Sorbonne, Vincennes, en Francia.

Colonia, 1969; La imagen artística

Principales

y filósofo

chileno

(Santiago

de Chile, 1934).

SALOMÓN,

NOEL

Crítico literario francés (Plurien, 1917-1977). Principales publicaciones: Re- cherches sur le théme paysan dans la "comedia" au temps de Lope de Vega, Bordeaux, 1965; La vida rural castellana en tiempos de Felipe II, Barcelona, 1973; Juárez y la conciencia francesa (1861-1867), México, 1975. Fue catedrático de lengua y literatura de España y América Latina de la Universidad de Burdeos, director del Bulletin Hispanique y presidente de Honor de la So- cieté des Hispanistes Frangais.

SILVA

GOTAY,

SAMUEL

Sociólogo puertorriqueño (Ponce, 1935). Principales publicaciones: "Biblio- grafía mínima de la teología de la liberación", en El Apóstol, "La Iglesia y la pobreza en Puerto Rico: una interpretación histórico-social", en Revista de la Facultad de Administración Pública de la Universidad de Puerto Rico; "Teoría de la revolución de Camilo Torres: su contexto y sus consecuencias continentales", en Anuario Latinoamericano, México, 1972. Elaboró su tesis doctoral para estudios latinoamericanos en la Universidad Nacional Autó- noma de México sobre el tema El desarrollo del pensamiento cristiano- marxista de la Iglesia Católica latinoamericana de 1960 en adelante, 1977. Profesor de Sociedad y Cultura en la Universidad de Puerto Rico.

VILLEGAS,

ABELARDO

Filósofo mexicano (México, 1934). Principales publicaciones: La filosofía de lo mexicano, México, 1960; Panorama de la filosofía iberoamericana ac- tual, Buenos Aires, 1963; La filosofía en la historia política de México, Méxi- co, 1966; Positivismo y porfirismo, México, 1972; Reformismo y revolución en el pensamiento latinoamericano, México, 1972; Cultura y política en Amé- rica Latina, México, 1977. Ha coordinado y dirigido una serie de publicacio- nes de la Asociación de Universidades e Institutos de Enseñanza de la Filo- sofía. Profesor del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

NOTICIA

SOBRE

LOS COLABORADORES

WEINBERG,

GREGORIO

Filósofo argentino (Buenos Aires, 1919). Publicaciones diversas: Prólogo a reedición de Educación popular de D. F. Sarmiento, Buenos Aires, 1949; "Algunas consideraciones históricas y reflexiones actuales", en Revista de la Universidad de México, 1972; Mariano Fragueiro, pensador olvidado, Buenos Aires, 1975; "The enlightenment and some aspects of culture and higher education in Spanish America", en Facets of education in the Eighteenth Century, Oxford, 1977; "Decadencia de nuestra cultura", diálogo con Ángel Rosemblat, en Diálogos, Buenos Aires, 1978. Son numerosos sus artículos y ensayos sobre educación publicados por revistas de la región y ha partici- pado en reuniones nacionales e internacionales sobre temas de educación. Fue profesor de historia del pensamiento y de la cultura argentinos y de historia de la educación argentina en la Universidad Nacional de Buenos Aires, así como consultor de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y del Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y So- cial

(ILPES).

ZEA,

LEOPOLDO

Filósofo mexicano (México, 1912). Principales publicaciones: Conciencia y posibilidad del mexicano, México, 1949; América como conciencia, México, 1953; Latinoamérica y el mundo, Buenos Aires, 1965; El positivismo en México, 1968; América en la historia, Madrid, 1970; Latinoamérica, emanci- pación y neocolonialismo, Caracas, 1971; Dialéctica de la conciencia ameri- cana, México, 1976; El pensamiento latinoamericano, Barcelona, 1976; Filo- sofía de la historia americana, México, 1978; América Latina, largo viaje hacia sí misma, México, 1978; Simón Bolívar, integración en la libertad, México, 1980; Pensamiento positivista latinoamericano, Caracas, 1980. Ha sido director general de Relaciones Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de ese país. Dirige actualmente el Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos.

AMÉRICA

LATINA

EN SUS IDEAS

PREFACIO

El presente volumen, América Latina en sus ideas, es el séptimo de la serie "América Latina en su cultura" publicado por la Unesco. En los volúmenes anteriores se han tratado temas tales como la literatura (América Latina en su literatura, relator: César Fernández Moreno, 1972), las artes plásticas y visuales (América Latina en sus artes, relator: Da- mián Bayón, 1974), la arquitectura y el urbanismo (América Latina en su arquitectura, relatores: Damián Bayón y Paolo Gasparini, 1975) y la música (América Latina en su música, relator: Isabel Aretz), las len- guas indígenas (América Latina en sus lenguas indígenas, relator: Ber- nard Pottier, 1983). También hay una bibliografía sobre las fiestas y las artes del espectáculo (Bibliografía general de las artes del espec- táculo en América Latina por Horacio Jorge Becco, 1971). "América Latina en su cultura" es una de las dos grandes series sobre esta región del mundo, publicadas por la Unesco durante la última dé- cada y media. La otra, "El mundo en América Latina", trata de las con- tribuciones de las distintas culturas del mundo a la latinoamericana, y se han publicado dos volúmenes dedicados a los aportes africanos a la cultura latinoamericana (Introducción a la cultura africana en América Latina, 1970, y puesto al día por Salvador Bueno en 1979), África en América Latina, relator: Manuel Moreno Fraginals, 1977), y está en pren- sa otro sobre las contribuciones culturales de las diferentes olas de in- migración en América Latina. Esta última es fruto de lo que fue inicial- mente concebido como una obra sobre las contribuciones asiáticas ("Asia en América Latina") y otra sobre las influencias de inmigraciones diver- sas, incluidas las ibéricas, a la cultura de esta parte del mundo ("Las culturas inmigratorias en América Latina"). También se proyecta publicar dentro de esta misma serie otros estu- dios, por ejemplo uno dedicado a las culturas indígenas de América Latina, pero su concepción inicial y su elaboración se han ido adaptan- do e integrando a las dos vastas publicaciones que la Unesco prepara actualmente dentro del Programa de Estudios Culturales sobre América Latina: La historia general de América Latina y La historia general del Caribe. La resolución 3 325, adoptada en la decimocuarta reunión de la Con- ferencia General de la Unesco (París, 1966), autorizó al director general "a emprender el estudio de las culturas de América Latina en sus ex-

presiones literarias y artísticas, a fin de determinar las características de dichas culturas". Este plan, continuado luego por las Resoluciones

3

321 (decimoquinta reunión de la Conferencia General, París, 1968) y

3

312 (decimosexta reunión de la Conferencia General, París, 1970), se

integra en un sistema mucho más vasto, según el cual la Unesco tiende a articular el conocimiento de la cultura universal en dos etapas: estu-

[9]

10

PREFACIO

dio de las grandes regiones culturales del mundo actual

los caracteres de cada región en todas las otras. Procura así remplazar una concepción atomizada de las distintas culturas por otra más es- tructural, a base de las más grandes zonas en que esas culturas pueden

ser divididas, de forma tal que cada una de esas zonas puede

creativamente los recursos descubiertos por las otras. Ya había aprobado la Conferencia General de la Unesco, en su novena reunión (Nueva Delhi, noviembre de 1956), el "Proyecto principal rela- tivo a la apreciación mutua de los valores culturales del Oriente y del Occidente". La idea central del proyecto, cuya ejecución revistió una gran amplitud y englobó a Europa, Asia y América, así como las leccio- nes que de él han de sacarse, figuran en la "Evaluación del proyecto principal relativo a la apreciación mutua de los valores culturales del Oriente y del Occidente", publicada por la Unesco en 1968. Al terminar la ejecución del proyecto principal en 1966, la Conferencia General en su 14? reunión (París, 1966) recomendó una serie de medidas tendientes a orientar la labor de la Unesco en materia de estudios cul-

y difusión

de

utilizar

turales, con un espíritu que se inspiraba en la experiencia recogida du- rante la ejecución del proyecto principal. En este orden de ideas reco- mendó "que se amplíe el estudio de las culturas, así como otros estudios detallados de determinados sectores que representan una síntesis de culturas". Por lo tanto, es en este contexto general que se inscribe el programa de estudios culturales sobre América Latina, cuyos lineamientos se tra-

zaron en una reunión

viembre al primero de diciembre de 1967)} El primer problema de esa reunión era precisar los límites de la re- gión en estudio, y lo resolvió tomando como base las deliberaciones de la XIII Conferencia General de la Unesco, celebrada en París (1964). En ella se habían establecido los países que participarían en "las acti- vidades regionales para las cuales la representatividad de los estados constituye un elemento importante", enumerándose en consecuencia los estados miembros que integran la región denominada América Latina y Caribe. 2

1 Los dos puntos escenciales determinados para los estudios son los siguientes:

que

tuvo

lugar en la ciudad

de

Lima (27 de no-

"a) considerar a América Latina como un todo, integrado por las actuales for- maciones políticas nacionales. Esta exigencia ha llevado a los colaboradores del proyecto a sentir y expresar su región como una unidad cultural lo que ha favo- recido en ellos el proceso de autoconciencia que el proyecto tiende a estimular, ya que sólo los intelectuales latinoamericanos son llamados a participar en él. "b) considerar la región a partir de su contemporacidad remontándose en el pasado, eso sí, cuando sea necesario para comprender el presente. Este recaudo ha obligado a los colaboradores a enfrentar las ardientes cuestiones de la actua- lidad, en cuanto suceden en la región o tienen repercusión en ella."

2 Los expertos de Lima delimitaron así, de norte a sur, las siguientes subregio- nes: 1) México, América Central y Panamá; 2) Cuba, República Dominica, Haití y demás Antillas; 3) Colombia v Venezuela; 4) Bolivia, Ecuador y Perú; 5) Brasil; 6) Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. Y formularon dos aclaraciones sobre esta regionalización.

PREFACIO

11

Como resultado de la básica reunión de Lima, la Unesco estableció también que el estudio debería iniciarse por la literatura, seguir por la arquitectura y el urbanismo y continuar por las artes plásticas y la mú- sica. De este modo, los principios generales sentados en Lima fueron luego ratificados y particularizados por las reuniones de San José de

Costa Rica de 1968 (en lo que se refiere a la literatura) por la de Buenos

que toca a la arquitectura y el urbanismo) por la

de Quito de 1970 (en lo que respecta a las artes plásticas) y por la de Caracas de 1971 (en lo que concierne la música).

in-

mediatamente próximos, con las artes del espectáculo, para culminar con una historia social y cultural de las ideas. En este último volumen se procuraría realizar un esfuerzo de síntesis que, en alguna forma, coordine y corone todos los anteriores estudios particulares.

Con el objeto de evaluar la tarea realizada en el campo de los estu- dios de la cultura latinoamericana y de proyectar su continuación, se celebró en México (del 6 al 14 de septiembre de 1974), una reunión cons- tituida por cuatro comisiones: la Comisión de Evaluación (relator: José Miguel Oviedo), la Comisión de Culturas Indígenas (relatora: Birgitta Leander), la Comisión de Culturas Inmigratorias (relator: Selim Abou)

Aires de 1969 (por lo

Se decidió

además

que se debía proseguir

el estudio,

en los años

y la Comisión

Esta última Comisión, reunida en una sala de El Colegio de México, había elegido, como presidente de su trabajo y como coordinador de la obra proyectada, al gran filósofo mexicano, Leopoldo Zea, rindiendo así merecido homenaje al primer pensador de la latinoamericanidad en la segunda mitad del siglo xx. Basta recordar el recogimiento fervoroso que reinaba en aquel recinto para comprobar hasta qué punto aquellos hombres la mayoría de los cuales colaboran en este volumen—, es- taban animados por las misma creencia de un devenir común de Amé- rica Latina. Era como una especie de congreso anfictiónico, pero logrado esta vez en el terreno que más se presta a la divergencia: el de las ideas.

Sean del signo que fueren, los pensadores latinoamericanos están de acuerdo en afirmar la comunidad de destino de sus pueblos, probada

a lo largo de una historia que, al ser escrita, muestra más allá de

enfoques parciales o sectorialessu vocación unitaria. Este hecho, que

el capítulo de Jaime Jaramillo Uribe ilustra de manera esclarecedora, es

perceptible también al examinar el impacto de las ideas importadas en la sociedad latinoamericana. En gran medida este volumen está consa-

grado a analizar

de Historia

de las Ideas

(relator: Javier Ocampo

López).

3

ese impacto

por lo que, más que una verdadera his-

:! En la Comisión de Historia de las Ideas participaron los siguientes especialis- tas: Leopoldo Zea (México); Javier Ocampo López (Colombia); Arturo Ardao (Uruguay); Roberto Fernández Retamar (Cuba); Guillermo Francóvich (Bolivia); l'Vancisco Miró-Quesada (Perú); Luis Navarro de Britto (Brasil); Elias Pino (Venezuela); José Antonio Portuondo (Cuba); Arturo Andrés Roig (Argentina); Abelardo Villegas (México), y Ramón Xirau (México). Muchos de ellos colabora- ron como autores en el volumen aquí presentado.

12

PREFACIO

torta de las ideas en América

que los latinoamericanos se han hecho de su historia.

Latina,

acaso sea la historia

de las

ideas

culturales

que, una vez sacados de su contexto inicial, están llamados a trans-

Las ideas

importadas

suelen

ser

la expresión

de modelos

formarse.

Es

terreno

en

el que

el trasplante

suele

ir acompañado

de

mutación. Este fenómeno

que

se comprueba

a menudo

en

el

mundo

medible de las formas se da con mayor facilidad en el mundo

innú-

mero de las ideas que no se asienta nunca sobre tan rígidos soportes,

siendo por ello de mayor paradoja cuando éstas se tornan

rígidas.

Con relación

a las metrópolis

culturales

de la colonización

y

la de-

pendencia,

la historia

de América

Latina

es la historia

de

un

divergir

hasta el punto que puede decirse que en América Latina

más

que

en

otras partes devenir es divergir. De esta suerte la historia de las ideas es la historia de un irse apartando paulatinamente de los modelos im-

portados.

americanos se convierten en catecúmenos de una nueva fe, ellos o sus seguidores acaban por divergir, aunque sólo sea para apartarse del modelo original para adaptarlo, enriquecerlo o hacerlo sincrético de otros modelos o creencias.

en

todos los países de la región, se traduce en un sentimiento de pertenen-

cia a un mismo quehacer, que se va asemejando

conciencia nacional. Arturo Ardao afirma sagazmente a este respecto que América Latina no es un regionalismo más, sino que "constituye, más que eso, una nacionalidad. Una nacionalidad en proceso histórico de organización como lo fuera en el siglo xix en otra escala, Alemania o Italia." Para añadir más adelante "el latinoamericanismo es en defi- nitiva un nacionalismo, en cuanto a expresión de una verdadera con- ciencia nacional".

se tra-

cada vez más a una

Tras un periodo

de ortodoxia,

en que cierto número

de

latino-

Este

divergir,

al efectuarse

de manera

parecida

y casi simultánea

Desde

hace

dos siglos

la conciencia

nacional

latinoamericana

duce en búsqueda afanosa de identidad. Acaso en ninguna otra región

del globo se haya llevado a cabo una reflexión más perseverante y ge-

Rara-

mente habrá habido sociedades que se hayan preguntado tanto sobre su destino, que hayan buscado con tanto ahínco los rasgos de su iden- tidad, espiado con mayor ansia el surgimiento de valores propios en todos los terrenos de la expresión o de la creación. "América Latina en sus ideas", lo que no quiere decir que se trate necesariamente de las ideas de América Latina, cabe buscarlas desde el estudio pormenorizado de las cosmogonías indígenas al de la obra de sus pensadores comenzando por los proceres de su proceso de liberación. De Bolívar a Sandino pasando por Martí, éstos supieron conjugar en todo momento el logos con la praxis. Eran hombres de acción con idea- rio propio y de sus ideas se nutría precisamente su acción. De igual suerte ha habido en América Latina una serie de pensadores que trata- ron de ilustrar a su vez la teoría con la praxis desde Sarmiento, Alber-

neralizada sobre la identidad de los pueblos que la conforman.

PREFACIO

13

di, Echeverría o Ingenieros hasta Rodó, pasando por Lastarría, Bilbao, Mora, Montalvo y el propio Andrés Bello, que supieron reflejar en sus conductas las ideas que profesaban. Cabe, en fin, rastrear las ideas de América Latina implícitas en la ar- quitectura, la plástica o la literatura. La apropiación del espacio por

Niemeyer; la subversión de la realidad en la pintura de Matta; la reivin- dicación de las raíces culturales de Wilfredo Lam; la asunción de la épica de liberación por los muralistas mexicanos; la nueva forma de conquista del espacio-tiempo por Soto y Le Pare; la creación analógica por Alicia Penalba de formas culturales a partir de las formas natura- les; responden a planteamientos latinoamericanos que corresponden vo- luntaria o involuntariamente a ideas definidas. El cambio de la reali- dad por otra realidad más real para las mentes puesto que son fruto de ellasen los libros de Asturias, Borges, Roa Bastos o García Már- quez, equivale a acreditar la idea de que en América Latina todo es posible. Son en cierta medida libros portadores de ideas, pero sobre todo posibilitadores de ideas al liberar al pensamiento. Hay en el mun- do regiones que viven bajo las bridas del fatalismo o de la resignación, pensando en lo que allá no podrá darse (utopía) y en lo que no podrá nunca darse para ellos (ucronía), pero en América Latina sí que la utopía puede llegar a convertirse en realidad, por mucho que su reali- zación sea diferida, y en América Latina sí que el que más o el que menos puede pretender a ser partícipe de su advenimiento. Puede de-

cirse que las ideas son en este sentido

dida la acción como los mitos estudiados en esta obra por Javier Ocam- po en tanto que factores de cambio.

Al mismo fin concurre la filosofía de la liberación propugnada por Leopoldo Zea que es en gran medida filosofía que, partiendo de la cir- cunstancia que es la dependencia, trata de influir sobre esa realidad para transformarla hacia cada vez mayor independencia. Sus plantea- mientos y conclusiones coinciden a menudo por ello con los del pensa- miento sociológico latinoamericano y brasileño en particular, que tan rica teoría lleva elaborada sobre el cambio social. Y hasta el propio pensamiento religioso cristiano llevado de la escolástica inicial a la teo- logía de la liberación analizada aquí por Silva Gotayabunda en la misma trayectoria que tiende a convertir la utopía en realidad, ya que merced a ella pareciera como que el reino de Cristo sí que pudiera ser de este mundo. ¡Cuan lejos se halla el pensamiento latinoamericano de la segunda mitad del siglo xx de aquel "mimetismo que agrava la sumisión" tan fustigado por Vasconcelos!

actuantes

imantando

en gran me-

proyecta

en trayectoria lineal. Esa idea se halla ligada en gran medida al con- cepto de espacio físico. Diríase que los latinoamericanos prosiguen su

América

Latina

evoca

una idea de futuro

dialéctica

que

se

marcha

hacia un Oeste que nunca

se acaba sin

que rija aún para

ellos

la idea del "monde

fini"

que apuntara

Paul

Valéry.

Un el altiplano

andino

subsisten

grandes

extensiones

en

las que

los

14

PREFACIO

INTRODUCCIÓN

asentamientos

humanos

son

apenas

jalones

dispersos.

En

el Caribe

que-

dan

centenares

de

islas

 

e

islotes

sin

poblar

que

no

son

sino

meras

balizas

de

intrincadas

navegaciones.

En

Patagonia

o

en

Amazonia

 

hay

todavía

grandes

territorios

 

deshabitados

invitando

a la proyección

de

la

utopia

o

a

su

realización

en

la

acción.

En

América

 

Latina

el

espacio

libre

genera

aún

logos

y praxis.

La apertura

 

del

canal

de Panamá

ante-

ayer,

la

construcción

de

Brasilia

ayer,

el

trazado

hoy

de

la

carretera

transamazónica,

o

la

apertura

mañana

de

la

navegación

fluvial

desde

la desembocadura

del

Orinoco

hasta

el Mar

del Plata;

serían

ideas

antes

de

convertirse

 

en

empresas

 

colectivas,

ideas

que tuvieron

 

su

origen

en

el

mito

y

que

fueron

utopías

antes

de

hacerse

realidad.

 

Situado

entre

el mito

y

la

utopía

la realidad

de

América

Latina

par-

ticipa

de

ambos

y

justamente

por

ello

no

se

aparta

 

del

mundo

de

las

ideas.

De

la incesante

fermentación

de

éstas

es

buen

testimonio

el

pre-

sente

volumen.

Si

el

mestizaje

racial

hizo

imaginar

 

a

Vasconcelos

el

advenimiento

de

una

raza

cósmica

en

América

Latina,

acaso

quepa

pensar

que

del

mestizaje

fecundante

de

las

ideas

surja

esté

surgiendo

acaso

sin

que

acertemos

 

a verlo

el

nuevo

sistema

de

valores

corres-

pondiente

a

la

nueva

época.

Atisbar

su

advenimiento

será

en

los

pró-

ximos

lustros

la

tarea

exaltante

de

los

pensadores

 

latinoamericanos.

 

La

Unesco

aprovecha

 

esla

oportunidad

para

expresar

su

reconoci-

miento

a todos

los

distinguidos

eruditos

que

contribuyeron

a

la

prepa-

ración

de

esta

obra.

En

particular

agradece

a

las

tres

personas

que

han

hecho sucesivamente

revisiones

a fondo

del

conjunto

de

los

textos

para

armonizarlos,

Javier

Fernández,

Norberto

Rodríguez

Bustamante

y

Bár-

bara

Brühl

Day,

sin

cuya

preciosa

ayuda

este

trabajo

colectivo

no

hu-

biese

podido

ser

publicado.

 
 

Señalemos,

por

último,

que

la selección

y presentación

de

los

hechos

se

ellas

debe

son

a las de dichos

los

autores

de

autores

las

obras

y

que

las

opiniones

y no necesariamente

las

de

expresadas

la

Unesco.

en

LEOPOLDO

ZEA

Entre el 27 de noviembre y el 1 de diciembre de 1967, la UNESCO con- vocó en la ciudad de Lima, Perú, a un grupo de expertos sobre América Latina par a planea r la serie América Latina en su cultura. El program a allí aprobado ha sido cumplido, prácticamente. Dentro de este progra- ma y como remate del mismo, se recomendó que los trabajos realizados sobre literatura, arte, arquitectura y música fuesen completados con un estudio final sobre una historia social y cultural de la América La- tina, la cual debería proveer el marco conceptual de los estudios ante- riormente realizados y a la vez, dar cabida a una historia de las ideas. Entre los criterios recomendados se propuso el que dice: "Se enten- derá que las diferentes expresiones de la cultura latinoamericana son consecuencia de la sociedad que las expresa y, por lo tanto, aconsejan su estudio vinculándolas interdisciplinariamente en el marc o de la his- toria social de la cultura." Dicho marc o estaría, precisamente, expreso en el estudio sobre América Latina en sus ideas. Pero, además, se reco- mendó algo que pareció inusitado en este tipo de estudios, el que, lejos de partir cronológicamente del pasado al presente, se partiera por el contrario del presente hacia el pasado. De un presente vivo, y por vivo, conflictivo, discutido y discutible. La recomendación establecía: "Se pondrá énfasis en la expresión de la cultura contemporánea, entendien- do que la cultura implica lo social y que la sociedad es el resultado de la evolución histórica de ritmos muy variados. Por ello se recomienda buscar en cada caso específico la perspectiva histórica adecuada que ayude a la explicación de determinadas maneras de presentarse las expresiones contemporáneas de la cultura." Y se agregó algo que enfa- tizaba la nueva preocupación: "En virtud de las consideraciones ante- riores se recomienda especialmente no caer en una simple indagación de tipo histórico tradicional, que haga peligrar el estudio con el propó- sito desmedido de buscar los orígenes más remotos." Ya algunos de los asistentes a esta primera reunión de consulta encontraron peligroso tal criterio porque se tendrían que plantear puntos de vista sobre intereses sociales, políticos y culturales vivos, actuantes, que de una u otra ma- nera mostrarían expresiones de la realidad cultural latinoamericana a partir de una serie de situaciones peculiares de acuerdo con su propio y no menos original desarrollo histórico. Enfocar el presente y, a partir del mismo, rastrear el pasado que diese explicación a la cultura de la América Latina como expresión de una inexplicable y discutida reali- dad. Fue la recomendación presentada.

mu-

volumen.

Por

chos

diversas

circunstancias

el tiempo

ha

transcurrido

y, con

él,

de los enfoques

y la problemática

de la que partió este

[15]

16

LEOPOLDO ZEA

Lo que ha permanecido ha sido el conjunto de las ideas de las que partió este trabajo. En lo económico, lo social y lo político se tuvo que partir de situaciones circunstanciales que han cambiado en esta nuestra América, en función con una realidad que se pretende conocer. Los hombres y pueblos de esta América han dado razón a los enfoques aquí realizados sobre la cultura vista como expresión del sentido de la acción de estos hombres y pueblos. Las ideas como toma de conciencia de la realidad. Toma de conciencia a partir de la cual podría ser creado un mundo más justo, y, por justo, capaz de originar la anhelada paz entre hombres y pueblos. "Entre los hombres y los pueblos —decía el benemérito Benito Juárez— el respeto al derecho ajeno es la paz." Preocupación central en este análisis de la cultura a partir de las ideas sobre la realidad que le dio origen, ha sido el de la conciencia de América y, su natural aspiración, la libertad. Esta nuestra América había entrado en la "historia", pero una historia que le era ajena, esto es, bajo el signo de la dependencia. Este continente, más que descu- bierto en 1492 había sido encubierto por los anhelos, deseos, ambicio- nes y codicia de sus encubridores, conquistadores y colonizadores. En- cubrimiento que abarcó a todas las expresiones de la sociedad y la cultura. Simón Bolívar, el gran procer de la liberación latinoamericana, decía: "Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más, el de simples consumidores." Una cultura que tendrá que abstraer de sus experiencias de servidum-

alcan-

bre los elementos que garantizasen

zadas. Pero fue, precisamente, el rechazo de la experiencia de la ser- vidumbre vivida lo que origina a su vez nuevas formas de pensar la cultura. La nueva experiencia quedó expresa en la cultura latinoameri- cana a lo largo del siglo xix, siglo de crisis en que se manifiesta una idea de América, en el que se buscan otras alternativas, otros sentidos, otro ordenamiento de esa idea. Queriéndose borrar el pasado colonial impuesto se buscó fuera de la "única" realidad el "modelo", el modo de ser de lo que no se era y no se quería ser. Los grandes "modelos" se encontraron en las pujan- tes culturas "modernas", en las "nuevas civilizaciones" que, al expan- dirse, buscarán la justificación a nuevas formas de colonialismo. Así, pre- tendiéndose borrar la servidumbre del pasado se hipotecó el futuro. Fue la experiencia cultural de los civilizadores y positivistas latinoamerica- nos que soñaron con hacer de esta América otros Estados Unidos, Ingla- terra o Francia; con hacer de sus hombres sajones los "yankees del sur". Intento inútil, pues los mismos grandes imperios se opondrán a la posibilidad de que otras naciones y hombres se les igualen y les disputen la hegemonía impuesta a sus empeñosos imitadores. Pronto se tomaría clara conciencia de la nueva colonización y, con ello, de la necesidad de liberarse de ella.

Será esta preocupación frente a la doble toma de conciencia de la

las libertades

políticamente

INTRODUCCIÓN

17

dependencia la que marque el mundo de las Ideas de la América Lati-

na. Entre el 12 de octubre de

el inicio del encubrimiento de América y la batalla de Ayacucho que enfrenta este primer encubrimiento cultural. La primera conciencia de la dependencia sufrida fue tomando cuerpo hasta provocar la explosión que pondrá en situación de crisis este primer encubrimiento. Encubri- miento cultural al que seguirán otros, más o menos encubiertos, pero en sentidos absolutamente distintos —entre ese 9 de diciembre de 1824

y el 15 de febrero de 1898, la explosión del Maine en La Habana e inicio

de la expansión colonial estadunidense— se toma conciencia de la inútil nordomanía de otras dependencias culturales aceptadas o recha- zadas como la anulación de experiencias. Surge entonces el afán por definir lo propio con el gesto de un Calibán que para liberarse de la cultura de su opresor la devora poniéndola al servicio de sí mismo, esto es al servicio de su propia y peculiar identidad y al servicio de su no menos propia y peculiar historia. La cultura latinoamericana, la conciencia de su existencia cuya iden- tidad ha sido preocupación central de nuestro tiempo, ¿tendrá acaso un "origen" que pueda ser enmarcado en el tiempo?, ¿qué tiempo? y ¿tiempo para quiénes? José Martí y José Enrique Rodó, dos grandes adelantados en el cam- po de las ideas, buscaron la liberación cultural de esta nuestra Améri- ca, sin renunciar a una identidad que, quiérase o no, se ha ido forjando en la historia de una dialéctica lucha entre dependencia y libertad. Pero ése es sólo un tiempo, asincrónico por lo demás. Es de ese otro tiempo dialéctico presente de donde parte el libro que aquí se presenta. Un pre- sente que encuentra raíces en la toma de conciencia de las realidades analizadas por esos dos grandes adelantados en la liberación cultural la-

tinoamericana, conciencia que ya se perfilaba, entre otros, en un Bolívar,

u n

1492 y el 9 de diciembre de 1824, entre

d e es e sigl o XTX baj o nueva s expresione s

de una idea de América. En 1492, decíamos, se inicia el primer encubrimiento de esta región del continente americano. Larga tarea, que se prolongará hasta nuestros días. El "descubrimiento" de la identidad del hombre y cultura de esta América, el mundo que José Martí describe en "Nuestra América". "Des- cubrimiento" que pretenderá romper la serie de superposiciones cultu- rales, bajo las cuales la identidad de estos nuestros pueblos iba que- dando cada vez más oculta. Hecho el descubrimiento, la conquista ibera en esta América se empeñará en cubrir el mundo indígena, su cultura, que era vista como obra del demonio. Los evangelizadores, por su par- te, en su afán "humanista" tratarán de mostrar la semejanza que guarda este mundo indígena con el de la cruz que ellos aportan. La cultura ibero-cristiana es sobrepuesta a la cultura indígena con que se en- cuentra. Para librarse del mundo y cultura impuesta por el "descubrimiento"

y la conquista españolas, la generación que sigue a la de los libertadores se empeñará en lo que llamará "emancipación mental" de esta Améri-

Bell o y u n

Bilba o a l o larg o

18

LEOPOLDO

ZEA

ca. Y para ello recurre a nuevos encubrimientos, el de la cultura de los pueblos que en Europa y en Norteamérica han alcanzado la máxima expresión del progreso y la civilización. El mundo indígena, el mundo ibero y su mestizaje deberán quedar enterrados. Tal fue el proyecto de los civilizadores y los positivistas latinoamericanos; el de los Sar- miento, Alberdi y Justo Sierra. A una yuxtaposición cultural se agrega otra. Lavado de cerebro por la educación y lavado de sangre por la emigración en países en los que la sangre indígena, mestiza y criolla no presenta gran resistencia. Nos convertimos, dirá Martí, en "una máscara con calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España". "Éramos charreteras y to- gas en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza." "A adivinar salen los jóvenes al mundo con anti- parras yankees o francesas, y aspiran a dirigir un mundo que no co- nocen." Sacar a flote el mundo oculto del hombre y la cultura de esta región de América, oculto por yuxtaposiciones, será el proyecto de la genera- ción que siguió a los Martí y Rodó y las que lo han continuado hasta nuestros días. Búsqueda de la identidad cultural de esta América, par- tiendo de experiencias como las del colonialismo y el neocolonialismo sufridos. Hacer de lo negativo punto de partida de lo positivo. Poner fin al viejo interrogante sobre qué clase de hombres son los latinoame- ricanos y, para ello, afirmar la humanidad de estos hombres. "Es im- posible —decía Bolívar—, asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mez- clado con el indio y con el europeo", "no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles". "¿Qué somos? —se preguntaba el civilizador Domingo F. Sarmiento— ¡Europeos! ¡Tantas caras cobrizas nos desmienten! ¡Indígenas! Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la respuesta." ¿Mes- tizos? Nadie quiere serlo, y hay millares que ni americanos ni argen- tinos querrían ser llamados. ¿Nación? ¿Nación sin amalgama de ma- teriales acumulados, sin ajuste ni cimientos? Una peculiaridad extraña y, por ello, difícil de definir. Pero una definición que la conciencia de las subordinaciones sufridas hará urgente, necesaria para que no sigan repitiéndose. Tal será el proyecto que llamamos asuntivo, en cuanto trata de asumir la propia realidad, las propias e ineludibles experien- cias y la propia historia, enmarcada a partir de definiciones o de nocio- nes. ¿Habrá que asumirla como el espíritu de que hablaba Hegel origi- nando una cultura "por excelencia", la cultura que Europa y el mundo occidental habían impuesto, sobrepuesta o yuxtapuesta a la de pueblos que tenían dudas sobre su propia aunque ineludible identidad? o bien, ¿asumirla dentro del marco de una humanidad plena y libre? Unidad y diversidad, vistas como expresión de la más auténtica uni- versalidad, la universalidad que en vano ha enarbolado para sí la con-

de

quista

y

la

colonización.

Conciencia

de la unidad

de la diversidad

INTRODUCCIÓN

19

expresiones de la cultura latinoamericana, de una cultura que de cual- quier forma va tomando conciencia de sí misma. Es la respuesta a la vieja pregunta sobre la identidad latinoamericana al interrogarse sobre la existencia de un lenguaje, una filosofía y una cultura latinoamerica- nos. ¿Civilización o barbarie? ¿Mundo occidental, mundo latinoame- ricano? ¿Cosmopolitismo e internacionalismo? Plantean disyuntivas e interrogantes que se disuelven al tomar el latinoamericano conciencia de sí mismo. A lo largo de los trabajos que aquí se presentan se encontrarán ex- presiones de esta temática a través de la cual los pueblos y hombres de esta región americana vienen descubriendo su identidad. Reconquis- ta de una identidad, una y otra vez encubierta, a partir de la cual el hombre de esta América y su cultura se han de afirmar como tales sin menoscabo alguno de otras expresiones de lo humano y su cultura. Así, la toma de conciencia de esta realidad y del proyecto de los hombres y pueblos de esta América, lejos de ser peligrosos explosivos en un mundo que necesariamente va cambiando día a día, será la mejor afir- mación de un mundo que, como el nuestro, aspira no a la paz de los sepulcros, sino a la paz basada en el respeto que debe existir entre hombres y pueblos.

PRIMERA

PARTE

AMÉRICA LATINA EN LA HISTORIA DE LAS IDEAS

^

FRECUENCIAS TEMÁTICAS DE LA HISTORIOGRAFÍA LATINOAMERICANA

JAIME

JARAMILLO

URIBE

Para situar la obra y la influencia de los historiadores latinoamerica- nos en el campo de las ideas, quizás sea conveniente iniciar este ensayo con algunas indicaciones de carácter general. En primer lugar, señalar los diversos tipos de historiografía y de historiadores que se han dado en el continente. Al respecto, podríamos establecer cuatro grupos que se han presentado en sucesión histórica en casi todos los países del área a partir del movimiento de Independencia, es decir, desde comienzos del siglo xix. 1 El primero está compuesto por personalidades que generalmente fue- ron actores de la gesta emancipadora y estuvo formado por cronistas, memorialistas e historiadores autodidactos, creadores de una historio- grafía descriptiva de hechos políticos y militares, ciertamente no exenta de valor, pero más preocupada por la biografía y la acción de los "hé- roes" de la guerra o de los organizadores de la República que por los procesos y problemas de las nuevas sociedades. Este tipo de historiogra- fía domina la escena intelectual latinoamericana hasta mediados del siglo xix. En algunos países, los primeros gobiernos republicanos se preocuparon incluso por ordenar la confección de una crónica detallada

de los sucesos y al efecto designaron un cronista oficial. Fue el caso del primer triunvirato argentino de gobierno presidido por Bernardino

.Se escriba

la historia de nuestra feliz revolución, para perpetuar la memoria de los héroes, las virtudes de los hijos de América del Sud, y la época gloriosa de nuestra Independencia civil, propiciando un nuevo estímu- lo, y la única recompensa que puede llenar las aspiraciones de las almas grandes." Para desempeñar esa tarea, el mismo decreto nombraba al «acerdote fray Julián Pedrel, provincial de la orden de los Predicadores. 2

El segundo grupo aparece ligado a las academias de historia, nacio- nales o locales, o a los centros e institutos de historia, generalmente sin

Rivadavia que, por decreto del 1 de julio de 1812, ordenó:

1 Rl autor de este ensayo desea expresar su agradecimiento a los siguientes co- IcK'is latinoamericanos que le brindaron su colaboración en el desempeño de su difícil tarea: Georgio y Félix Weinberg y Enrique Zuleta Álvarez (Argentina); limn Antonio Oddone, Carlos M. Rama y Arturo Ardao (Uruguay); Rolando Me- llizo, Sergio Villalobos, Eugenio Flórez y Antonio Quintero Barona (Chile); Carlos (¡iiillcimo Mota y José Roberto de Amaral Lapa (Brasil); Guillermo Morón y (¡crinan Carrera Damas (Venezuela); María Elena Rodríguez Ozan y Juan A. Or- li«Kii y Medina (México); Agustín Estrada Monroy y Mariano López Mayorical (Guatemala); Franklin Passe (Perú). * Miguel Ángel Scena, Los que escribieron nuestra historia, Buenos Aires, 1976, prtgina 34.

1231

24

JAIME

JARAMILLO

URIBE

carácter oficial, que se fundaron en casi todos los países latinoameri- canos en la segunda mitad del siglo xix. Lo configuran personalidades que ocuparon un lugar destacado en la vida social y política de sus res- pectivos países, escritores públicos, periodistas, educadores, en fin, figu- ras de las clases dirigentes, con frecuencia descendientes directos de los líderes de la independencia nacional. Sin ser historiadores ni estar liga- dos siempre a actividades académicas y docentes, algunos de sus miem- bros alcanzaron un alto grado de dedicación a la investigación histórica y legaron a la posteridad obras de valor documental y analítico. Tal fue el caso de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López en Argentina; de Diego Barros Arana y Benjamín Vicuña Mackenna en Chile; de Lucas Alamán en México; de José Manuel Groot en Colombia; de Lisandro Alvarado o Federico González Suárez en Venezuela y Ecuador; de Vern- hagen o Capistrano de Abreu en el Brasil; de José de la Riva Agüero en el Perú. No careció este grupo de formación científica ni de preocupación por los problemas teóricos y metodológicos de la historia. Positivistas en su gran mayoría, en la explicación de los hechos históricos utilizaron los fenómenos geográficos y los factores raciales; liberales o conserva- dores en el campo del pensamiento político, ejercitaron su capacidad crítica en el estudio de los problemas constitucionales del Estado o en la polémica sobre las orientaciones económicas de los gobiernos. Exal- taron o menospreciaron la herencia cultural hispánica, y en general tuvieron poca percepción de la importancia del componente indígena de las culturas americanas. En la medida en que su orientación fue más liberal, pusieron sus ilusiones en la imitación de las instituciones políticas francesas y anglosajonas como modelos de organización para los nuevos estados. El tercer grupo surge a fines del siglo xix y en las primeras décadas del xx. Su lugar de origen está en las universidades, en sus cátedras, departamentos e institutos de historia. Sus más conspicuos represen- tantes provienen de campos como el derecho, la medicina y la ingenie- ría, o de disciplinas como la economía, la antropología y la sociología. Sus contribuciones a la historia han sido considerables tanto en el campo del método de investigación como en el análisis y documentación de los temas estudiados. Con ellos la historiografía latinoamericana supera la preocupación casi exclusiva por los problemas políticos y militares, por la historia acontecimental (evénémentielle, como diría Lucien Fabvre), o por la biografía de proceres y estadistas, para entrar en los campos de la economía, la cultura, las instituciones y las formas de or- ganización social. Podrían incluirse aquí nombres como los de Juan Agustín García, Ri- cardo Levene, Emilio Ravignani, Emilio Coni, Juan Alvarez, Ricardo Ortiz, José Luis Busaniche, José Torres Revello en Argentina; Alfonso Celso, Oliveira Viana, Jackson de Figueredo en el Brasil; Jesús Silva Herzog, Luis Chávez Orozco, Carlos Pereira o Daniel Cosío Villegas en México; Domingo Amunátegui Solar, Jaime Eyzaguirre o Domingo En-

FRECUENCIAS

TEMÁTICAS

DE LA

HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

25

ciña en Chile; Ramiro Guerra Sánchez y Fernando Ortiz en Cuba; Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, Rubén Vargas Ugarte en el Perú; Indalecio Liévano Aguirre y Juan Friede en Colombia, para citar sólo algunos nombres del amplio elenco que forma esta corriente de histo- riadores latinoamericanos. Finalmente, en las décadas anteriores a la segunda guerra mundial, con el cuarto grupo aparece lo que pudiéramos llamar la primera ge- neración de historiadores. Surge de las universidades y de institutos especializados y se diferencia de los anteriores no solo por su prepa- ración científica especializada, sino por los métodos que emplea en la investigación y por el tipo de problemas que le preocupa. En primer lugar, la nueva generación de historiadores abandona el campo de los grandes panoramas históricos y se orienta hacia los estudios monográ- ficos, los casos y los problemas de la historia social, económica y po- lítica. En algunos de sus exponentes, está fuertemente influida por el marxismo y por corrientes de la historiografía moderna, como la escue- la francesa de los Anales y más recientemente la Nueva historia econó- mica de los Estados Unidos o, en el campo de los estudios de demografía

histórica, por la Escuela de Berkeley. En el campo temático, sus preo- cupaciones dominantes son los problemas referentes a estructura y cambio social, historia de la cultura y de las ideas, desarrollo económico y dependencia respecto de las grandes metrópolis. En muchas de sus variantes, es una historiografía comprometida que incursiona en el pa- sado con la intención de desenmascarar situaciones que los historia- dores "tradicionales" dejaron ocultas bajo el velo de lo anecdótico o del ditirambo de los proceres. De esta manera, aun dentro de un postu- lado objetivismo, el nuevo estilo historiográfico resulta estrechamente vinculado a las nuevas tareas de los países latinoamericanos, su des- arrollo económico y social, su identidad nacional, sus luchas por el establecimiento de una sociedad auténticamente democrática, tan anun- ciada desde los orígenes de su independencia política como frustrada

una y otra

Más que nombres representativos de la nueva historiografía latino- americana de hoy, al hablar del movimiento renovador de la historia en América Latina, debería mencionarse la obra cumplida por algunas instituciones y centros de investigación como El Colegio de México, que durante sus primeros años dirigiera Silvio Zabala; el Instituto de His- toria Argentina que fundara Eugenio Ravignani; la Escuela de Historia ile la Universidad Nacional Autónoma de México y sus institutos espe- cializados; la Escuela de Historia de la Universidad Central de Caracas y el Instituto de Estudios Latinoamericanos; el Centro de Estudios Histó- ricos de la Universidad de Chile que fundara Eugenio Pereira Salas; la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, cenlro de uno de los más renovadores movimientos de la historiografía brasileña que ha tenido también repercusiones continentales.

vez en

el

devenir

histórico.

26

ALGUNAS ORIENTACIONES

Y PREFERENCIAS

TEMÁTICAS

JAIME

JARA MILLO

URIBI.

La

formación

de

la

historiografía

propiamente

latinoamericana

coinci-

de con

la

consolidación

del

positivismo

en

Europa,

de

manera

que

el

método

y

las

concepciones

filosóficas

de

las primeras

generaciones

de

historiadores

de

los

siglos

xrx

y

xx

siguen

esta

dirección,

particular-

mente en su modalidad

francesa.

En

primer lugar, el método.

Atenerse

a los

Icazbal-

como

representativos de esta tendencia, ciertamente intentando amplias inter-

pretaciones

generali-

Couianges.

Bartolomé Mitre en Argentina, Barros

ceta en México, Capistrano

documentos

y

dejarlos

hablar,

como

decía

Fustel

de

Arana en Chile, José Gil

Brasil, podrían

y

de Abreu en

la

historia

tomarse

del

sentido

de

americana

buscando

zaciones plausibles sobre la historia nacional y continental. Replicando

a las intuiciones de su compatriota Vicente Fidel López, decía

Mitre:

Lo que es una verdad —que no obstante ser de Pero Grullo nos permitimos recordar por oportuna— es que así como la filosofía de la historia no puede escribirse sin historia a que se aplique, ésta no puede escribirse sin docu- mentos que le dan la razón de ser, porque los documentos de cualquier género que sean, constituyen más que su protoplasma, su substancia mis- ma, como aquella constituye su esencia: ellos son lo que los huesos que le dan consistencia al cuerpo humano y lo que los músculos al organismo a que imprimen movimiento vital, la carne que los viste y la forma plástica que los reviste, ésa es la historia, como el sentido genérico o abstracto o

el ideal que de ella se desprende es su filosofía. Un zapatero, valiéndose de una comparación material del oficio, diría que el documento es a la historia

lo que la horma al zapato. 3

No se puede escribir la historia de un pueblo sin haber agotado pre- viamente su documentación, afirmaba Ricardo Levene, uno de los fun-

dadores de la "nueva escuela histórica argentina". Ir a las fuentes pri- marias, a los archivos, fue la consigna impartida por Emilio Ravignani

a sus discípulos del Instituto de Investigaciones Históricas de la Uni-

versidad de Buenos Aires, de tan decisiva influencia en la formación de la historiografía argentina en las décadas anteriores a la segunda guerra mundial. En la misma dirección han trabajado, en los años pos- teriores a 1830, las universidades, los institutos y las academias latino- americanas de la historia, produciendo colecciones sucesivas de docu- mentos par a la historia nacional, como los 12 volúmenes de Manuscritos peruanos de Rubén Vargas Ugarte, las series de documentales par a la historia económica de México de Luis Chávez Orozco y la Colección de documentos brasileños dirigida por Octavio Tarquino de Souza. 4

3 Bartolomé Mitre, "Comprobaciones históricas", en Anuario de Historia del Pensamiento Argentino, Mendoza, Universidad de Cuyo, 1971, p. 233. 4 Amplia información sobre las diferentes series documentales, generales y por países, puede verse en la obra de Benito Sánchez Alonso, Fuentes de la historia española e hispanoamericana, 3 vols., Madrid, 1852.

FRECUENCIAS

TEMÁTICAS

DE LA HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

27

Otro aspecto de la influencia positivista en la historiografía de este periodo se refiere a los factores causales de la historia. Tierra, paisaje, clima y raza fueron adoptados como claves interpretativas de los mo- vimientos políticos, culturales, sociales y como explicaciones de los infortunios de las naciones latinoamericanas y de su "inferior" desarro- llo frente a los nuevos países formados por colonos e inmigrantes an- glosajones. A la actitud de admiración de que son objeto los Estados Unidos en Hispanoamérica, dice Leopoldo Zea refiriéndose a lo que él percibe como las reacciones del pensamiento mexicano, "con motivo de la guerra de 1847, se une en México la desconfianza. México —continúa Zea— se siente débil e inferior frente al poderoso 'Coloso del Norte'". Esta debilidad e inferioridad la achaca a su origen racial: el hispánico o latino. Se considera a México un pueblo débil, porque pertenece a una raza desordenada, anárquica e incapaz de organizarse para realizar obras semejantes a las que han hecho de Norteamérica un pueblo poderoso. 5 La tesis de Sarmiento en su Facundo explicando el fenómeno del caudillismo latinoamericano como un producto de los grandes espacios despoblados y asimilando al gaucho argentino al jinete de las estepas asiáticas, gozó en la segunda mitad del siglo xix de gran predicamento entre ciertos historiadores del continente. Todavía en el siglo xx era acogida por el historiador venezolano Laureano Vallenilla Lanz en su libro Cesarismo democrático (1919). Es ya un "axioma" de la psicología

social la influencia del medio físico y telúrico en los instintos, las ideas

las tendencias de todo género que caracterizan a todo pueblo en

particular, afirma en su obra Disgregación e integración. 1 '' Luego el mis- mo autor, para referirse al tipo llanero venezolano, agrega: "Comete- ríamos un grave error si fuéramos a considerar psicológicamente a nuestro llanero como el resultado de la mezcla del blanco, del indio

y

y

del negro. La herencia psicológica de las tres razas madres —según

el

postulado de la teoría de Taine— desaparece por completo ante la

lisiopsicológica, impuesta por el medio." ~ Debe decirse en beneficio del

historiador venezolano que sus vacilaciones sobre la posibilidad expli- cativa del medio físico son considerables y que su empleo del concepto "medio" es en él tan vago y ambiguo como en el propio Taine, de quien los historiadores positivistas americanos tomaron la triada de "medio, raza y momento histórico" como elementos causales de los hechos y realidades históricas. Sin embargo, cuando Vallenilla Lanz se interroga nobre el fracaso de la democracia en América y sobre la emergencia de los caudillos, el autor concede tanto peso a los factores naturales -llanura, espacio, herencias raciales— que no puede evitarse la conclu- sión, como en el caso de Sarmiento frente al mismo fenómeno, de que

"Leopoldo Zea, Dos etapas del pensamiento hispanoamericano, México, 1949,

p.

(47.

" Véase Manuel Caballero y otros, El concepto de la historia en Laureano Va-

llrtiilla

I.aiiz.

Caracas,

Escuela

de

Historia,

ucv, 1966.

' Itiiíl., especialmente,

pp.

31

sx.

28

JAIME

JARAMILLO

URIBE

sus explicaciones se sitúan dentro del más puro naturalismo positi- vista.

El influjo de los positivistas ha sido tan profundo en la historiogra- fía latinoamericana de las generaciones anteriores a 1950, que hasta en un historiador tan discreto y de tanto sentido crítico como el peruano Jorge Basadre se encuentran sus huellas. En el estudio preliminar a

su Historia de

del contraste entre la evolución histórica de las dos Américas, la latina

y la sajona, sin ignorar la influencia de los factores específicamente

históricos y sociales, Basadre atribuye especial fuerza explicativa a los aspectos geográficos de las dos Américas:

"La distancia es un factor silencioso que ha impuesto su huella sobre el destino de América —dice a propósito de las divisiones administra- tivas hispanoamericanas. Los Andes han sido un factor de aislamiento

y dispersión. Faltó en el sur una frontera abierta y unificada, que ca- nalizara el esfuerzo de la población y absorbiera al inmigrante, como

la hubo en los Estados Unidos. En América sajona el proceso de expan-

sión hacia el oeste incorpora vastas regiones y crea nuevos centros de riqueza con resultados evidentemente unitivos. Al aventurero inescru- puloso y al cazador y comprador de pieles ladino, sigue el colono pa- cífico e industrioso. Hubo algo más para establecer el contraste: los Estados Unidos están colocados en su mayor parte en la zona templada, Sur América en la tropical con fuertes lluvias, calor agobiante y selvas que hacen impenetrable su territorio." En los años que siguieron a la primera guerra mundial y a la Revo- lución rusa de 1917, aparecen en América Latina los primeros histo- riadores de inspiración marxista y los primeros intentos de aplicar el método y las categorías históricas del materialismo histórico a la in- terpretación de la historia latinoamericana. En esta dirección los pio- neros fueron los marxistas argentinos, mexicanos y brasileños. Rodolfo Puiggrós y Jorge Abelardo Ramos inician la visión marxista de la his- toria argentina; Cayo Prado, Jr., Nelson Werneck Sodré, Leoncio Bas- baum y Edgar Carone inician los estudios de ¡a historia económica, política y social del Brasil; Alfonso Teja Zabre, Luis Chávez Orozco y José Mancisidor escriben la historia de México y la Revolución mexica- na. Federico Brito Figueroa en Venezuela y Luis Vítale en Chile han aplicado su metodología a la historia nacional de sus respectivos paí- ses. Por su indirecto, pero profundo influjo sobre el pensamiento latino- americano, debe mencionarse aquí la obra de José Carlos Mariátegui, sobre todo la influencia que tuvo, y continúa teniendo, su libro Siete ensayos de interpretación a la realidad peruana, publicado en Lima en 1929. 10

8

la República del Perú? al plantearse el reiterado tem a

8 Manuel Caballero y otros, op. cit., pp. 32 ss.

10

9 Jorge Basadre, Historia de la República del Perú, vol. i, Lima, 1949, pp. 21-22,

Sobre la influencia de Mariátegui en el pensamiento peruano, véase Alberto Tauro, Amauta y su influencia, Lima, 1960; Armando Eazan, Biografía de José Carlos Mariátegui, Lima, 1965.

FRECUENCIAS

TEMÁTICAS

DE LA

HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

29

E n las últimas décadas la escuela francesa de los Anales y má s re- cientemente de la Nueva historia económica norteamericana influyen en la historiografía latinoamericana. Bajo los nuevos estímulos se han iniciado estudios económicos, sociales y demográficos cuantitativos y

se han renovado la historia agraria y la historia de las culturas. Se destacan en esta dirección los trabajos adelantados por investigadores de El Colegio de México: Enrique Florescano (Precios del maíz y crisis agrícola, 1959), Ja n Bazant (Los bienes de la Iglesia en México, 1971) Moisés González Navarro (Raza y tierra, 1970), Luis González (Pueblo en vilo, 1969), María del Carmen Velásquez (Establecimiento y partida del septentrión de Nueva España, 1974), Bernard o García Martínez (El marquesado del Valle, 1969), Josefina Vásquez (Nacionalismo y edu- cación en México, 1970), Romeo Flórez Caballero (La contrarrevolu- ción en la Independencia, 1969) - 11 Los sectores de la historiografía latinoamericana del presente siglo que quizás se han enriquecido mayormente son la historia económica

y la historia de las ideas. En Argentina, Emilio Coni estudia las rela-

ciones entre agricultura y ganadería en la provincia de Cuyo y analiza el papel del gaucho en lo que él llama la civilización del cuero. Raúl

Scalabrini Ortiz analiza la influencia de los ferrocarriles y del capital británico en la economía y la política argentinas; Ricardo M. Ortiz en su Historia de la economía argentina, empleando las categorías marxis- tas, construye un cuadro del desarrollo económico argentino desde me-

estudio s

sobre los puertos, los ferrocarriles y la industria frigorífica. Más re- cientemente, Tulio Halperín Donghi, Germán Tjarks, Adolfo Dorfman, Horacio Giberti, Sergio Bagú y Aldo Ferrer han enriquecido la historio- grafía rioplatense con investigaciones sobre la ganadería, el comercio, la agricultura y la vida social. 12 En México se destacan los estudios de Jesús Silva Herzog sobre cierto pensamiento económico y sobre la obra agraria de la revolución; los

de Lobato López sobre el crédito y la banca; Francisco Calderón escribe la historia económica del porfirismo y Luis Chávez Orozco publica su colección de documentos para la historia de la agricultura, el crédito

diado s de l sigl o XTX hast a l a gra n depresión , co n

minucioso s

y la industria mexicana. 13

En el Perú, Guillermo Lohman Villena ha renovado los estudios colo- niales sobre la burocracia, la minería y la cultura con obras como Las

los siglos XVI y XVII (1945), El arte dra-

minas de Huancavelica en

mático durante el virreinato (1945), El corregidor de indios bajo los Aus-

II Sobre la historiografía mexicana, véase Robert Potash, "Historiografía del México Independiente", en Revista de Historia Mexicana, núm. 39, vol. X, enero- marzo de 1961. '- Véase Rómulo Carpía, Historia crítica de la historiografía argentina, Buenos Aires, 1940; Horacio Cuccorese, Historia crítica de la historiografía socio-econó- mica argentina del siglo XX, La Plata, 1975; Miguel Ángel Scena, Los que escri- bieron nuestra historia, Buenos Aires, 1976.

III Véase Robert Potash, op. cit.

30

JAIME

JARAMILLO URIBE

trias (1957) y Pablo Macera, en sucesivas monografías, ha contribuido a la historia de las haciendas peruanas jesuíticas, el petróleo peruano, la economía de la Iglesia y el conocimiento de muy variados aspectos de las culturas y pensamientos peruanos. En Venezuela se destacan la obra de Eduardo Arcila Farias sobre la economía (colonial) de Venezuela (1946) y los trabajos mencionados de Federico Brito Figueroa; en Colombia la obra de Luis Ospina Vázquez sobre Industria y protección en Colombia (1800-1830) y los estudios sobre sociedad y economía de la época colo- nial (1535-1710) de Germán Colmenares. En Chile Alvaro Jara, Rolando Mellafe, Mario Góngora, Sergio Villalobos y el grupo de jóvenes histo- riadores formados en la Universidad Católica de Santiago en torno a Jaime Eyzaguirre han hecho considerables aportaciones a la historia del trabajo, la minería, el régimen de salariado, la esclavitud y la vida rural chilena. 14 Particularmente importantes, por su amplitud temática, han sido los estudios de historia económica y social brasileños en las décadas pos- teriores a la segunda guerra mundial. Aparte de las contribuciones marxistas como Caio Prado, Jr., analizan el desarrollo económico del Brasil Roberto Simonsen, Celso Furtado, Elio Jaguaribe y Nelson Wer- neck Sodré. La historiografía brasileña de este periodo quiere cubrir una amplia gama de temas: el Estado Novo y sus transformaciones desde su creación en 1930 y la crisis de 1945; migración, cambio social, mesianismo, esclavitud, dependencia económica, estructura militar del ejército brasileño han sido temas analizados desde una perspectiva his- tórica no sólo por historiadores sino también por antropólogos, soció- logos, politólogos y economistas como Florestan Fernandes, Fernando Cardoso, Mauricio Vinhas de Queiroz, Víctor Nunes Leal, Douglas Te- xeira Monteiro, Boris Fausto, Edgar Carone, Celso Furtado, Enzo Fa- letto, Aldo Ferrer, en Argentina, también puede ser citado aquí, Miguel S. Wionczek, Alicia Canabrava, Octavio Ianni y un centenar más de investigadores que han dado al Brasil una de las más brillantes gene- raciones de científicos de la sociedad y la cultura que hoy puede pre- sentar América Latina. En fin dentro de la misma línea de pensamiento por sus contribuciones a la historia social del Uruguay, se destacan Carlos M. Rama, Juan Antonio Oddone, Gustavo Beyhaut y Juan Pivel Devoto."

14 Alberto Tauro, "Historia

e historiografía

1954, pp.

del Perú", en Revista

Orlando

de Historia

de

estudios

América,

históricos en Colombia", en Revista de la Dirección de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia, núm. 1, Bogotá, 1969, pp. 15-41. Sergio Villalo- bos, "Historiografía económica de Chile", en Revista de la Universidad Católica de Chile, 1976, pp. 7-55.

"Carlos Guillermo Mota, "Historiografía brasileña de los últimos 40 años. Ten- tativa de evaluación crítica", en Debate y Crítica, Sao Paulo, 1975; José Roberto de Amaral Lapa, "Para una historia de la historiografía brasileña", en Ciencia y Cultura, vol. 23 (6), Sao Paulo, junio de 1976; del mismo autor, "A dialéctica do subdesenvolvimento na historia do Brasil", en Revista de Estudios Históricos, núm. 9, Sao Paulo, 1973; Gustavo Beyhaut, "Tendenze e problemi nella storia con-

IPGH, núm. 27, México,

1-43. Jorge

Meló, "Los

FRECUENCIAS TEMÁTICAS DE LA HISTORIOGRAFÍA LATINOAMERICANA

31

Al amplio desarrollo de la historia económica y social se ha unido en las últimas décadas la historia intelectual o historia de las ideas, que ha tenido en México su foco de irradiación gracias sobre todo a la obra docente del filósofo español José Gaos en El Colegio de México, conti- nuada por Leopoldo Zea desde la Universidad Autónoma. Al intentar superar las concepciones y temas tradicionales, la nueva historia de las ideas presenta ya un fructífero balance en el cual se destacan los volú- menes publicados por el Comité de Historia de las Ideas del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, que incluye obras de Arturo Ar- dao sobre el pensamiento uruguayo; Guillermo Francovich sobre Bo- livia; José Luis Romero sobre las Ideas en la sociedad argentina del siglo XX —de quien hay que mencionar también su ensayo sobre El pensamiento político de la derecha latinoamericana—; Víctor Alba, ha escrito sobre las ideas sociales en México, Joáo Cruz Costa sobre el Brasil. Al margen de este esfuerzo, la historia del "pensamiento ameri- cano" se ha enriquecido en los últimos años con obras panorámicas o monográficas de Gregorio Weinberg, David Viñas, Enrique Zuleta y Arturo Andrés Roig en Argentina; de Francisco Miró Quesada y Augusto Salazar Bondy en el Perú; de Ricaurte Soler en Panamá; de Germán Carrera Damas, Guillermo Morón y Elias Pinto Iturrieta en Venezuela; de Leopoldo Zea, Abelardo Villegas, Fernando / Salmerón, Luis Villoro en México; de Gerardo Molina, Germán Colmenares, Javier Ocampo y Jaime Jaramillo en Colombia. Aparte de las tendencias y escuelas, no ha faltado en la historiografía latinoamericana reciente originales posiciones individuales como la del mexicano Edmundo O'Gorman o la de los brasileños Gilberto Freyre y Sergio Buarque de Holanda. En sus dos conocidas y discutidas obras IM idea del descubrimiento de América (1951) y La invención de Amé- rica (1959), O'Gorman se pronuncia contra la historia positivista y eru- dita y en favor de una historia comprensiva, interpretada desde el pre- sente, porque la historia sólo adquiere sentido vista desde nuestra situación. En cuanto a Freyre y Buarque de Holanda, sus obras han dado a la historia de las sociedades y de las culturas nuevos derroteros que hacen de esos trabajos puntos necesarios de referencia para la in- terpretación histórica del Brasil. Antropólogo de profesión el primero, su libro Casa grande e senzala, publicado por primera vez en 1933, dio una original y sutil interpretación de la colonización lusitana y de la formación de la sociedad colonial del nordeste brasileño, exaltando, contra las tesis de la sociología positivista representada por Oliveira Viana, el proceso de mestizaje (negro, indio, portugués), y la fusión de

16

temporánea della America Latina", en Revista Storica Italiana, año LXXVI. Ñapó- les, 1964, pp. 38-54. '•En la reunión de expertos en historia de las ideas verificada en Caracas en lebrero de 1976, bajo los auspicios del Centro de Estudios Latinoamericanos

de las Ideas del IPGH y la Academia

Rómulo Gallegos, el Comité de Historia

Venezolana de la historia, se hizo un balance del estado actual de las investiga- ciones en este campo.

32

JAIME

JARAMILLO

URIBE

razas que ha producido la llamada democracia racial del Brasil. Rei- vindicador del aporte africano a las culturas latinoamericanas, apologista

de la obra colonizadora ibérica y fino observador de los más secretos

elementos de las culturas,, la obra de Freyre, aunque considerada esencial

en

criticada por las últimas generaciones de sociólogos e historiadores que

consideran su interpretación de la historia nacional demasiado román- tica y conservadora. Menos discutida la obra de Buarque de Holanda y ensayos suyos como Raíces del Brasil (1936) y Visión del paraíso (1969) se consideran verdaderos clásicos de la historiografía del Bra- sil. 17

embargo durament e

la moderna

historiografía

brasileña,

ha

sido sin

HISPANISMO

Y

ANTIHISPANISMO

A las sucesivas generaciones de historiadores latinoamericanos ha co-

rrespondido no sólo una determinada orientación y formación científi- ca, sino también particulares problemas que aparecen como constantes en la obra de sus más destacados representantes. A la generación que hizo la guerra de la independencia y luego asistió a la organización de

las nuevas naciones, le correspondió hacer el balance crítico de la obra cumplida por España en América y contribuir a establecer las institu- ciones políticas y culturales para los nuevos estados. La ruptura con

la metrópoli y el abandono de las viejas lealtades exigía para los ame-

ricanos una explicación y una justificación ante sí mismos y ante la opinión mundial, y en ninguna parte, fuera de la historia, podían en- contrarse una v otra. Ante esta tarea, desde los orígenes de la historiografía republicana oficial se produjeron dos corrientes de pensamiento bien delimitadas. De un lado la integrada por los historiadores de formación "ilustrada", positivista y liberal; del otro la de los de tendencia "tradicionalista",

católica y conservadora. Hispanistas y antihispanistas, partidarios y ad- versarios de la levenda negra compartieron el campo durante el siglo xix

y las primeras décadas de la presente centuria.'* Para los primeros, no

sólo fue necesaria v justificada la "independencia"; se requería también una ruptura con la tradición de la cultura española y todos los valores que ella significaba. Los del segundo grupo aceptaban la "independen- cia", pero no la ruptura con las tradiciones hispánicas, cuyos valores consideraban como la sustancia de la nacionalidad. O, como lo decía el escritor e historiador colombiano del siglo xix Sergio Arboleda, se justificaba la independencia pero no la revolución. 1 "

17 Véase Carlos Guillermo

"Sobr e

Mota, op.

cit.,

pp.

7

ss.

los orígenes v demás aspectos involucrados en el problema de la "le-

yenda negra", véase Rómulo D. Carpía, Historia de la leyenda negra hispanoame-

ricana,

'''Sergio Arboleda, I.a República en América Española, Bogotá, 1951. Sobre el

Madrid,

1974.

IRUCUENCIAS TEMÁTICAS

DE

LA

I ITSTORtOGRAI ÍA

LATINOAMERICANA

33

Atraídos por el desarrollo impresionante que comenzaban a tener los Estados Unidos y por la descripción que de sus instituciones había

hecho Tocqueville en su libro La democracia en América, e influidos por la historiografía de ciertos liberales europeos adversa a la gestión de Españ a en América, para los antihispanistas latinoamericanos la interpretación del pasado tomó la forma de un análisis comparativo:

la

En contraste con Francia y España, decía el historiador chileno Die- go Barros Arana, "los ingleses comprendían de muy diversa manera el gobierno de las colonias, y a la sombra de un régimen liberal formaron pueblos poderosos y florecientes de los que había de nacer más tarde una gran nación. Para la colonización del sur, en cambio, primero

vinieron los aventureros heroicos de propia iniciativa. Después vino

la burocracia. La espontaneidad de exploradores y soldados desapare-

ció completamente. Los colonos perdieron su individualidad y queda- ron reducidos a la inacción completa. Ésta es la verdadera razón de la lentitud de los progresos de las colonias hispanoamericanas." ' i0

En el mismo sentido se expresaron el argentino Juan Agustín Gar-

cía, el venezolano José Gil Fortoul, el colombiano José María Sampe r

o el mexicano Genaro García, para lomar como ejemplo sólo algunos nombres.

La conciencia cristiana basada en el honor, la fe, el amor, sufrió una interrupción en América. La Edad Media fue noble y fecunda. El colo- niaje fue una empresa de explotación de tierras y hombres, decía Juan Agustín García en La ciudad indiana.'" Para el historiador mexicano Genaro García, "la conquista de Amé- rica fue obra de un pueblo bárbaro y una cruzada diabólica falseada para contribuir a la apología del conquistador, cuya única verdad fue dicha por fray Bartolomé de las Casas"." Respondiendo a las afirma- ciones del escritor francés Aimery de la Rochefoucauld sobre que la guerra de independencia americana había sido una reacción negativa contra la obra civilizadora de España, decía e! venezolano José Gil

Fortoul:

"sajona"

en el norte;

la "latina o iberolusitana"

en

el

sur.

La obra civilizadora de España es un mito que no merece ser refutado. Es- paña no ha comprendido nunca la diferencia radical entre colonización y

conquista. España fue un pueblo esencialmente conquistador; cuando vencía

n los indígenas, su preocupación única era explotarlos sometiéndolos a un

régimen por tal modo autoritario que puede decirse que ella misma apre- suró el movimiento de , Independencia. Y ello explica por qué la guerra

separatista no fue sólo la resultante de la insurrección de la raza vencida

V de los mestizos, sino al propio tiempo, y sobre todo, el despertar de la

desarrollo del antihispanismo en ia historiografía colombiana del siglo XíX, véase l.iiiiie .laramillo Uribe, El pensamiento colombiano en el siglo XIX, Bogotá, 1967.

América,

'•'" Diego Barros Arana, Historia

'•'' Citado por '•"•' l'.ii ('arpia,

de

Buenos

Aires,

1962, pp. 233-236.

Cuccorese, op.

op. cit.,

p.

190.

cit.,

p. 30.

34

JAIME

JARAMILLO URIBE

conciencia

dei

derecho

y

la

civilización,

de

sociedades

donde

el

elemento

español

predominaba.

No

fue

ciertamente

para

vengar

a

la

raza

india y

a

los

pobres

negros

esclavos

por

lo que

los

iniciadores

de

la

Independencia

sacudieron

el

yugo

de

España,

sino

porque

comprendieron

que

todo

pro-

greso

era

imposible

mientras

existiesen

los

lazos

políticos

entre

la

metró-

poli

y

las

nacientes

nacionalidades. 23

 

En términos semejantes se expresaba el historiador colombiano José

María

condición social de las repúblicas colombianas, publicado en París en

1851. Utilizando la contraposición entre conquistas y colonización, que los historiadores latinoamericanos del siglo x¡x tomaron del conde de Gobineau para determinar ei carácter de la expansión anglosajona en

el norte del continente y de la de los españoles en el sur, Samper hace el

sobre ¡as revoluciones políticas y la

Samper, en su libro Ensayo

siguiente

balance

de

la

obra

cumplida

por

España

en

América:

En lo político, la dominación exclusiva de los españoles europeos (con ex- cepciones fenomenales) ocupando todos los empleos públicos de alguna sig-

nificación, y sin radicarse en Colombia, con desprecio de las razas indígenas

y mestizas y aún de los criollos. La clausura o reclusión de las colonias con respecto al mundo exterior, en cuanto las relaciones no se limitasen a España o a las mismas colonias entre sí; y aún en tales casos bajo la res- tricción de mil formalidades que hacían casi imposible la locomoción en proporciones considerables. En lo social la instrucción pública descuidada

y reducida a proporciones muy mezquinas y entrabada por la inquisición,

la censura, el fanatismo y la superstición. Una población esencialmente ico- nólatra más que cristiana, pervertida por los ejemplos de mendicidad, de

disipación en el juego y la soberbia en las costumbres de las clases privile- giadas, destinada por los cruzamientos de diversas y distintas razas a vivir bajo el régimen de igualdad, y sin embargo sujeta a instituciones abierta- mente aristocráticas. En lo económico y fiscal, el monopolio bajo todas las formas posibles e imaginables: en el comercio exterior, en la minería y la

agricultura,

en

la industria.'*'

1

Fue tan dominante este punto de vista en la primera etapa de la histo- riografía latinoamericana de cuño liberal y positivista posterior a las guerras de independencia que, mutatis mutandis, podrían hacerse exten- sivas a toda ella las siguientes palabras del historiador Dionisio Enci- na, refiriéndose al caso de Chile:

"En el siglo xix, una historia de Chile que no representara el régimen colonial como una tiranía cruel, despiadada e insoportable y a España como un pueblo ignorante, sucio y retrógrado, indigno de alternar con los pueblos civilizados de Europa, habría sido lapidada. Precisamente un o de los pocos reparos que oponía el lector a la Historia general de Barros Arana, era su frialdad de forma; el hecho de relegar el escarnio

- :l Carlos Gómez y L. Hernández, El concepto de la historia en José Gil Fortoul, Caracas, 1961, p. 30. • :l Jaime Uiibe Jaramillo, op. cit., pp. 131-134.

FRECUENCIAS

TEMÁTICAS

DE LA

HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

35

de España y de la civilización española al fondo de la obra, en vez de descargarle andanadas de invectivas y de epítetos." 25 En contrapunto con la corriente antihispanista encontramos en la historiografía latinoamericana una visión hispanista que, iniciada con cierta timidez desde los albores mismos de la era republicana, ha ido ganando fuerza a medida que la perspectiva para analizar la llamada misión histórica de España se ha ido ampliando. Lucas Alamán y Carlos Pereira en México; Ricardo Levene, Vicente D. Sierra, Guillermo Fur- dong y Rómulo D. Carbia en Argentina; Jorge Guillermo Leguía, José de la Riva Agüero o Raúl Porras Barrenechea en el Perú; Jaime Eyza- guirre y su escuela en Chile; José Manuel Groot en Colombia, quienes desde ángulos diferentes reaccionaron en defensa de la "obra civiliza- dora" de España y del contenido hispánico de la cultura latinoameri- cana. 28

Tal vez [el autor] haya conseguido levantarse sobre las divinizaciones de la tradición literaria y sobre las parcialidades hostiles a todo lo español —dice Carlos Pereira en la introducción a su Historia de la América Espa- ñola— llegando hasta la comprensión exacta de una grandeza ignorada o negada por los monopolizadores de la opinión histórica que nos viene de fuera. He pretendido destacar —agrega— la figura estoica del marino espa- ñol y del labriego español, el héroe anónimo, que es en realidad el autor de todo este movimiento de expansión. En el ambiente de la historia de los nombres propios saturados de mentiras consagradas como verdades, sen- timos el potente aleteo del águila de los olvidados fundadores de naciones nuevas. Suya es nuestra sangre y en el orgullo de la filiación encontramos, tal vez, una fuerza que nos da la evidencia de la verdad histórica.

27

quienes

negativa

riodo hispánico

a la historia

cardo Levene afirmaba

argentina

Oponiéndose

a

sólo

vieron

en

el pasado

una

países

Revolución

colonial

ruptura

una

herencia

pe-

referirse

Ri-

y

a

quienes

y

el

pretendieron

republicano

de

y

a

la

misma

que:

establecer

los

entre

el

americanos, al

de

Independencia

Tal mutilación es absurda. Se impone integrar el amplio contenido de la historia colonial con la Historia de España, desde donde se contempla como desde una cima, el sistema de nuestra historia como la del mundo. La Re- volución de 1810 está enraizada en su propio pasado y se nutre de fuentes Ideológicas hispanas e indianas. Se ha formado durante la dominación es- pañola y bajo su influencia, aunque va contra ella, y sólo periféricamente tienen resonancia los hechos del mundo exterior a España e Hispanoamérica que constituían un orbe propio. Sería absurdo filosóficamente, además de

!B Francisco Antonio Encina, "Breve bosquejo de la literatura histórica chilena",

en Atenea, año xxvi, Santiago, septiembre-octubre de 1949, p. 54. '" Seena, op. cit.; Diego Carbonel, Escuelas de historia en América, Buenos Aires, 1953; Jaime de Eyzaguirre, Historia de Chile, vol. i, Santiago, 1854; José Manuel

de (íroot. Historia

eclesiástica y civil de la Nueva Granada, Bogotá, 1953.

de la América Hispánica, Madrid, 1920, p. 11.

"'("arlos

Pereira, Historia

36

serlo históricamente,

simiesca, como epifenómeno de la Revolución Francesa o Norteamericana. 28

imitación

JAIME

JARAMILLO URIBE

concebir

la

Revolución

de

Mayo como una

Pero quien con mayor claridad y energía ha expresado esta tendencia hacia la revaluación de la "obra" de España en América, ha sido quizás el humanista colombiano Miguel Antonio Caro. En su estudio sobre la conquista, puesto como prólogo a la Historia del Nuevo Reino de Gra- nada de Lucas Fernández de Piedrahita, no sólo ha defendido con sin- gular combatividad la gestión histórica de España en América, sino que ha visto en los valores de su cultura el camino para que los países hispanoamericanos conserven su autenticidad ante las influencias de otras culturas:

Si queremos una tradición de sabiduría política, ahí están no sólo los teó- ricos españoles de la Edad de Oro, sino la historia misma de sus hombres de estado; ahí está sobre todo la secular obra de gobierno de una nación que dio siempre a sus grandes tareas políticas un contenido religioso y practicó la unión del Estado y la Iglesia como base de la cohesión de la sociedad. Si queremos extender la civilización a todos los sectores sociales, no tenemos sino que recordar, a fin de emularlos y superarlos, los ejemplos de la política cristiana que nos ofrecen las leyes de Indias; si anhelamos un vehículo excelso de comunicación y expresión, ahí está la lengua española, creada por el genio hispánico y engrandecida y pulida por los clásicos de su literatura. Si queremos en fin, ser algo, ser simplemente, no tratemos de cambiar el ethos, la constitución espiritual que queramos o no nos trans- mitieron nuestros abuelos. Seamos fieles a la idea española de la vida y a sus ideales de honor, magnanimidad, honra, religiosidad y heroísmo. La tradición española se ha hecho con valores excelsos, y además, es la nuestra. 29

E L

CONTACTO

DE

RAZAS

Y

CULTURAS

La argumentada unidad del proceso histórico y el afirmado común sus- trato de la cultura latinoamericana produce en la historia de América Latina problemas comunes, que dan al pensamiento histórico una cierta homogeneidad. Mas al margen de la comunidad de las grandes líneas de dicha historia, los orígenes prehispánicos configuraron también entre las diversas naciones diferencias que se han mantenido y han produ- cido en cada una de ellas fenómenos particulares que han solicitado especial atención de los intérpretes de su formación nacional. La escla- vitud y el aporte de la población negra en aquellos países que recibie- ron considerables contingentes de población africana en los siglos xvi, XVII y XVIII, como Brasil, Cuba y los países del Caribe; unido al problema indígena en los que, por haber tenido en sus territorios complejas y

28 Citado

por Cuccorese, op. cit., p. 230.

'•'Citado por Jaramillo Uribe, op. cit., p. 91.

FRECUENCIAS

TEMÁTICAS

DE LA

HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

37

densas culturas prehispánicas, el indígena ha sido y continúa siendo un elemento esencial de la nacionalidad, como México, Perú, Ecuador, Guatemala y Bolivia; el mestizaje en aquellos en que por la rápida desaparición de las poblaciones indígenas, se constituyó desde las pos- trimerías del régimen colonial una población predominantemente mes- tiza, como Colombia, Venezuela y Chile; la inmigración en la Argentina y Uruguay; el Imperio y la República en Brasil, cuyo desarrollo histó- rico presenta fuertes contrastes con los demás países del continente no sólo por el hecho de su ascendencia lusitana, sino por la circuns- tancia de ser el único país latinoamericano que tuvo un estado monár- quico hasta fines del siglo xix y donde el sistema republicano, además de haber sido tardío, se presentó sin la mediación de una guerra con la metrópoli. Por su carácter de crisol de razas, el problema del contacto de etnias y culturas ha sido un tema específico de la historiografía latinoamerica- na. La valoración del componente hispánico o ibérico, del indígena y del negro en su formación nacional, ha establecido por tanto líneas diviso- rias entre las generaciones y tendencias de la historiografía continen- tal. Los historiadores del siglo xtx, fuertemente influidos por las doc- trinas positivistas, darwinistas y racistas europeas aceptaron abierta o indirectamente la superioridad de la raza blanca y dentro de ésta, de los grupos anglosajones. "Gobernar es poblar", fue la consigna dada por Alberdi en Argentina, pero poblar no de cualquier manera, sino con inmigrantes blancos europeos y ojalá con anglosajones. El mito del hombre blanco llegó a estar tan fuertemente arraigado en el pensa- miento de los intelectuales latinoamericanos de orientación positivista del siglo xix, que aun el tipo español y latino llegó a ser subestimado. La "leyenda negra" española se nutrió en parte considerable de esta actitud. No era por tanto extraño que las contribuciones de las culturas indígenas y negras a la formación nacional y la sobrevivencia en mu- chos de ellos de amplios núcleos de población negra e indígena fuera considerada como un "handicap" para el desarrollo de la civilización en sus territorios. Los escritores e historiadores más benévolos, como Lucas Alamán o Justo Sierra en México, adoptaron frente a esos grupos una actitud paternalista y una aceptación resignada. so

Las

nuevas

tendencias

de

la

historiografía

latinoamericana,

en

cam-

bio, han reaccionado contra

esas

posiciones. ¿Por

qué

razones?

El

his-

toriador peruano

Jorge

Basadre

las

resume

así

en

el

caso

especial

de

su país

y de la población

indígena:

El interés y simpatía hacia los indios, hacia las culturas pre-incas y hacia el Imperio de los incas en especial, ha sido estimulado en el Perú, entre otros

Las

Casas durante la Conquista y la época origen de la leyenda negra; b) el mo-

factores por los siguientes: a)

los testimonios de Garcilaso y del padre

León-Portilla,

"¿One 4 es el indigenismo interamericano?", en Cuadernos Hispanoamericanos, núro.

?()!, Madrid, 1966, pp. 559-576.

1,0

Sobre

el

Movimiento

independentista

americano

véase

Miguel

38

vimiento europeo que exaltó la bondad dei hombre en estado de naturale- za, que se inició con Montaigne y llegó hasta Rousseau, alcanzando vasta repercusión directa e indirecta; c) ios exponentes del romanticismo a prin-

cipios del siglo xix que no sólo trataron de los indios y de los incas litera- riamente, sino que también tuvieron representantes científicos como, en el campo de la lingüística, Tschudi; d) los autores protestantes, sobre todo anglosajones, que estudiaron con sentido crítico la obra de España en Amé- rica y con simpatía a los indios, incluyendo a Prescott; e) los positivistas

que

instituciones coloniales y directa e indirectamente pudieron ayudar a la rei- vindicación de la época prehispánica; f) los sociólogos marxistas alemanes como Cunow, cuyo interés predominante fue el problema de la economía colectivista del antiguo Perú; g) los exploradores interesados en las ciencias

naturales, como Reiss y Stübel, pero que de hecho contribuyeron al mayor conocimiento de la civilización aborigen; h) los arqueólogos que como Max Uhle y Julio C. Tello hicieron desde principios del siglo xx descubrimientos sensacionales de yacimientos culturales antes no sospechados, ampliando el horizonte de las culturas pre-incas y los etnólogos, antropólogos y sociólogos europeos y americanos que estudiaron a los indios y al Perú pre-inca; i) en el plano literario e ideológico, Manuel González Piada, al afirmar que los indios constituyen el verdadero Perú, que nuestra forma de gobierno se reduce a una gran mentira porque no merece llamarse República democrática un es- tado en que dos o tres millones de individuos viven fuera de la ley y, por último, que la cuestión del indio más que pedagógica, es económica y so- cial, porque lo que hay que predicarles es rebeldía pues todo blanco es, más o menos, un Pizarro, un Valverde o un Areche; j) los defensores morales o legales del indio, agrupados en la primera parte del siglo en la Asociación pío-indígenas con Joaquín Capelo, Pedro Zulen, Dora Mayer y otros; k) los marxistas, sobre todo los comunistas, que, ahondando y sistematizando las palabras citadas de González Prada, después de 1923 insistieron en que la base de la revolución social tenía que ser agraria y racial y otros grupos que coincidieron en esa prédica bajo la influencia de la Revolución Mexi- cana; 1) los intelectuales y artistas regionalistas y serranistas, sobre todo en el Cuzco, con hostilidad hacia Lima, a la costa y a los blancos, uno de cuyos exponentes podría ser el libro Tempestad en los Andes de Luis E. Val carce l.

JAIME

JARAMILLO

URIBE

ya a fines del siglo xix hicieron la vivisección del sistema y de las

31

La justificación de la importancia del pasado prehispánico y del indi-

expresado

po r el historiador boliviano Federico Ávila en su libro La revisión de nuestro pasado, al afirmar qu e cien años de república y au n tres siglos de conquista y colonización españolas no pueden valer más que varios milenios de las edades precolombinas. 32

genismo como actitud práctica

y teórica fue admirablemente

Donde mayor resonancia adquirió el movimiento indigenista fue en México gracias a la revolución de 1910 que inscribió en sus banderas la total reincorporación del indio a la sociedad mexicana, la devolución

31 Jorge Basadre, "La experiencia histórica peruana", en Ensayos sobre la historia

del Nuevo

Mundo, México, IPGH, 1951, pp. 347-348.

12 Citado por Basadre, op. cit., p. 349.

FRECUENCIAS

TEMÁTICAS

DE LA HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

y.)

de sus tierras y el otorgamiento de todos sus derechos. Indigenismo

c hispanismo han dividido a ios historiadores mexicanos en u n debate

que aú n no ha terminado. Figuras como Alfonso Teja

vez Orozco n o se

capacidad de ser educado e incorporado a la vida nacional, como lo

habían hecho ios liberales del siglo xix, un Justo Sierra o un Francisco Pimentei; para ellos era necesario aceptar el concepto de que ía nacio- nalidad mexicana era esencialmente indígena y buscar las bases de su cultura nacional en la herencia prehispánica tan rica y profunda en el

caso

Al renacimiento del indigenismo contestaron los defensores de la tra- dición hispánica que con tanto brío había defendido en el siglo anterior Lucas Alamán. José Vasconcelos, en primer lugar, hizo la defensa del componente español y católico de la nacionalidad mexicana en su libro lllises criollo (1937). Con su concepto de "raza cósmica", planteó luego la integración de los distintos tipos étnicos que han contribuido a formar la población americana, latinos y sajones incluidos, como solu- ción para sus tensiones raciales y como fórmula original que el conti- nente podría ofrecer a la historia de la civilización. La exégesis y defensa del mestizaje ha sido otra de las formas que en la historiografía latinoamericana ha adoptado la revaluación de lo indígena y lo negro. El mestizaje no sólo ha sido conveniente para su evolución social y fecundo para el desarrollo de su cultura, sino el más valioso aporte de América Latina a la convivencia de razas y cul- turas. Gracias al mestizaje, América Latina ha evitado los conflictos raciales característicos de las naciones segregacionistas y creado en nlgunos países verdaderas democracias raciales. El mestizaje y la aper- tura del colonizador portugués al contacto con culturas y razas dife- rentes, es lo que ha evitado al Brasil los problemas raciales que han tenido, por ejemplo, los Estados Unidos, y lo que ha dado a la cultura brasileña su originalidad y sus encantos. Son las conclusiones que se desprenden de las obras del historiador y antropólogo brasileño Gil borlo Freyre, sobre todo d e su obra clásica Casa grande e senzala

Zafre y Luis Chá- y co n aceptar su

contentaron

co n defender

al indio

particular

de México.' 3

34

(1933)."

"DHMOCRACIA

Y

CAUDILLISM O

Las

vicisitudes

de las formas

republicanas

de gobierno

y la inestabili-

dad

política

de los países

latinoamericanos

íntimamente

ligadas

al fe-

1,1 Robert Potash, "Historiografía del México independiente", en Historia Mexi- cana, México, El Colegio de México, núm. 39, marzo de 1961.

Víctor Alba, Historia de las ideas sociales en México, México, 1960, pp . 277 ss. "«Gilberto Freyre, Casa grande y senzala, ed. española, Buenos Aires, Emecé. Nohrc Freyre y su obra, véase Carlos Guillermo Mota, art. cil.

11

40

JAIME

JARAMILLO

URIBE

nómeno de! caudillismo en la forma típica en que éste se ha dado en ellos, ha sido uno de los constantes motivos de reflexión de los histo- riadores del continente- Hasta tal punto que la contraposición caudi- llismo-democracia ha servido de línea divisoria y referencia para de- marcar las corrientes de la historiografía y ubicar la posición política de sus historiadores. Tal ha sido el caso de países como Argentina, Mé- xico y Venezuela, en cuya historia la obra de gobierno de ciertos cau- dillos —un Rosas, un Porfirio Díaz, un Guzmán Blanco o un Juan Vicente Gómez— ha llegado hasta producir hitos en la periodización de la historia nacional y a producir escuelas de interpretación histórica. La más amplia y coherente explicación del caudillismo latinoamerica- no ha sido quizás la formulada por el historiador venezolano Laureano Vallenilla Lanz. Según las tesis expuestas en su libro Cesarismo demo- crático (1919), el caudillo es un fenómeno natural en las condiciones sociales e históricas que prevalecieron y han prevalecido en los países latinoamericanos después de conseguida su independencia de España. Algo más, el caudillismo ha sido en América Latina un producto de la democracia. Los argumentos expuestos por el historiador venezolano en defensa de su tesis son de índole histórica y sociológica. Los pri- meros se refieren a la personalización del poder que una tradición monárquica secular estableció en los pueblos de América. El latinoame- ricano de la sociedad colonial, como el español mismo, simbolizó el poder del Estado en su rey y no en un cuerpo representativo como el parlamento. Una vez producida la independencia, el latinoamericano encarnó esa vivencia en los caudillos de la República: San Martín, Bo- lívar, Juárez, Porfirio Díaz, Rosas, García Moreno, etcétera. Los argumentos sociológicos se apoyan en los factores geográficos, sociales y raciales dominantes en los países hispanoamericanos en el siglo xix. Una sociedad basada en la segregación racial como la colo- nial, heredada y no modificada en las primeras etapas de la República, no era la más indicada para practicar el principio de la democracia moderna. La clase dirigente de algunos países latinoamericanos —Va- llenilla tiene en consideración especialmente el caso venezolano—, ante el temor a una rebelión de las castas y ante la inexistencia de las bases de educación y desarrollo social indispensables para la práctica del go- bierno civil y democrático, prefirieron ponerse bajo la protección de los caudillos a pesar de que paradójicamente, en general, éstos surgie- ron en América Latina del pueblo y no de las tradicionales oligarquías nacionales. 36

significa-

este

Pero

e

han

sido

los

historiadores

han

dado

al

argentinos

fenómeno

los

del

que

mayor

ción

importancia

caudillismo.' 17

En

36 Laureano Vallenilla Lanz, Cesarismo democrático, 4? ed., Caracas, 1961. Tam- bién Manuel Caballero y otros, El concepto de la historia en Laureano Vallenilla Lanz, Caracas, 1966. •'" Véase Encuesta sobre el caudillo, Cuaderno s de Sociología núm . 4, Bueno s Aires, Universidad Nacional de La Plata, 1966. Estudio dedicado al fenómeno del caudillismo en la historia argentina, en que colaboran Héctor Domingo Arias,

FRECUENCIAS

TEMÁTICAS

DE LA

HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

25

ciña en Chile; Ramiro Guerra Sánchez y Fernando Ortiz en Cuba; Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, Rubén Vargas Ugarte en el Perú; Indalecio Liévano Aguirre y Juan Friede en Colombia, para citar sólo algunos nombres del amplio elenco que forma esta corriente de histo- riadores latinoamericanos. Finalmente, en las décadas anteriores a la segunda guerra mundial, con el cuarto grupo aparece lo que pudiéramos llamar la primera ge- neración de historiadores. Surge de las universidades y de institutos especializados y se diferencia de los anteriores no sólo por su prepa- ración científica especializada, sino por los métodos que emplea en la investigación y por el tipo de problemas que le preocupa. En primer lugar, la nueva generación de historiadores abandona el campo de los grandes panoramas históricos y se orienta hacia los estudios monográ-

ficos, los casos y los problemas de la historia social, económica y po- lítica. En algunos de sus exponentes, está fuertemente influida por el marxismo y por corrientes de la historiografía moderna, como la escue-

la francesa de los Anales y más recientemente la Nueva historia econó-

mica de los Estados Unidos o, en el campo de los estudios de demografía histórica, por la Escuela de Berkelev. En el campo temático, sus preo- cupaciones dominantes son los problemas referentes a estructura y

cambio social, historia de la cultura y de las ideas, desarrollo económico

y dependencia respecto de las grandes metrópolis. En muchas de sus

variantes, es una historiografía comprometida que incursiona en el pa- sado con la intención de desenmascarar situaciones que los historia- dores "tradicionales" dejaron ocultas bajo el velo de lo anecdótico o del ditirambo de los proceres. De esta manera, aun dentro de un postu-

lado objetivismo, el nuevo estilo historiográlico resulta estrechamente vinculado a las nuevas tareas de los países latinoamericanos, su des- arrollo económico y social, su identidad nacional, sus luchas por el establecimiento de una sociedad auténticamente democrática, tan anun- ciada desde los orígenes de su independencia política como frustrada

una y otra

Más que nombres representativos de la nueva historiografía latino- americana de hoy, al hablar del movimiento renovador de la historia en América Latina, debería mencionarse la obra cumplida por algunas instituciones y centros de investigación como El Colegio de México, que durante sus primeros años dirigiera Silvio Zabala; el Instituto de His-

toria Argentina que fundara Eugenio Ravignani; la Escuela de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México y sus institutos espe-

cializados; la Escuela de Historia de la Universidad Central de Caracas y

el Instituto de Estudios Latinoamericanos; el Centro de Estudios Histó-

ricos de la Universidad de Chile que fundara Eugenio Pereira Salas; la

Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, centro de uno de los más renovadores movimientos de la historiografía brasileña que ha tenido también repercusiones continentales.

vez

en

el

devenir

histórico.

2 6

ALGUNAS

ORIENTACIONES

Y

PREFERENCIAS

TEMÁTICAS

JAIME

.1ARAMILLQ

URIIE

La formación de la historiografía propiamente latinoamericana coinci- de con la consolidación del positivismo en Europa, de manera que el método y las concepciones filosóficas de las primeras generaciones de

historiadores de los siglos xix y xx siguen esta dirección, particular- mente en su modalidad francesa. En primer lugar, el método. Atenerse

a los documentos y dejarlos hablar, como decía Fustel de Coulanges.

Bartolomé Mitre en Argentina, Barros Arana en Chile, José Gil Icazbal- ceta en México, Capistrano de Abreu en Brasil, podrían tornarse como representativos de esta tendencia, ciertamente intentando amplias inter- pretaciones del sentido de la historia americana y buscando generali-

zaciones plausibles sobre la historia nacional y continental. Replicando

a las intuiciones de su compatriota Vicente Fidel López, decía Mitre:

Lo que es una verdad —que no obstante ser de Pero Grullo nos permitimos recordar por oportuna— es que así como la filosofía de la historia no puede

escribirse sin historia a que se aplique, ésta no puede escribirse sin docu- mentos que le dan la razón de ser, porque los documentos de cualquier género que sean, constituyen más que su protoplasma, su substancia mis- ma, como aquella constituye su esencia: ellos son lo que los huesos que

le dan consistencia al cuerpo humano y lo que los músculos al organismo

a que imprimen movimiento vital, la carne que los viste y la forma plástica

que los reviste, ésa es la historia, como el sentido genérico o abstracto o

el ideal que de ella se desprende es su filosofía. Un zapatero, valiéndose de

una comparación material del oficio, diría que el documento es a la historia

lo que la horma al zapato.'

No se puede escribir la historia de un pueblo sin haber agotado pre viamente su documentación, afirmaba Ricardo Levene, uno de los fun-

dadores de la "nueva escuela histórica argentina". Ir a las fuentes pri- marias, a los archivos, fue la consigna impartida por Emilio Ravignani

a sus discípulos del Instituto de Investigaciones Históricas de la Uni-

versidad de Buenos Aires, de tan decisiva influencia en la formación de la historiografía argentina en las décadas anteriores a la segunda guerra mundial. En la misma dirección han trabajado, en los años pos- teriores a 1830, las universidades, los institutos y las academias latino- americanas de la historia, produciendo colecciones sucesivas de docu- mentos par a la historia nacional, como los 12 volúmenes de Manuscritos

de documentales par a la

historia económica de México de Luis Chávez Orozco y la Colección de

peruanos de Rubén Vargas Ugarte, las series

documentos brasileños dirigida por Octavio Tarquino de Souza. 4

del

Pensamiento

series documentales, generales y por

países, puede verse en la obra de Benito Sánchez Alonso, Fuentes de la historia

española e hispanoamericana,

3 Bartolomé

Mitre, "Comprobaciones

Argentino,

históricas",

en

Anuario

de

Historia

Mendoza, Universidad

sobre las diferentes

de Cuyo,

1971, p. 233.

4 Amplia información

3 vols., Madrid, 1852.

FRECUENCIAS TEMÁTICAS DE LA HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

27

Otro aspecto de la influencia positivista en la historiografía de este periodo se refiere a los factores causales de la historia. Tierra, paisaje, clima y raza fueron adoptados como claves interpretativas de los mo- vimientos políticos, culturales, sociales y como explicaciones de los infortunios de las naciones latinoamericanas y de su "inferior" desarro- llo frente a los nuevos países formados por colonos e inmigrantes an- glosajones. A la actitud de admiración de que son objeto los Estados Unidos en Hispanoamérica, dice Leopoldo Zea refiriéndose a lo que él percibe como las reacciones del pensamiento mexicano, "con motivo de la guerra de 1847, se une en México la desconfianza. México —continúa Zea— se siente débil e inferior frente al poderoso 'Coloso del Norte' ". Esta debilidad e inferioridad la achaca a su origen racial: el hispánico o latino. Se considera a México un pueblo débil, porque pertenece a una laza desordenada, anárquica e incapaz de organizarse para realizar obras semejantes a las que han hecho de Norteamérica un pueblo poderoso. 6 La tesis de Sarmiento en su Facundo explicando el fenómeno del caudillismo latinoamericano como un producto de los grandes espacios despoblados y asimilando al gaucho argentino al jinete de las estepas asiáticas, gozó en la segunda mitad del siglo xix de gran predicamento entre ciertos historiadores del continente. Todavía en el siglo xx era acogida por el historiador venezolano Laureano Vallenilla Lanz en su

libro Cesarismo democrático (1919). Es ya un "axioma" de la psicología social la influencia del medio físico y telúrico en los instintos, las ideas

y las tendencias de todo género que caracterizan a todo pueblo en

particular, afirma en su obra Disgregación e integración." Luego el mis-

mo autor, para referirse al tipo llanero venezolano, agrega: "Comete- ríamos un grave error si fuéramos a considerar psicológicamente a nuestro llanero como el resultado de la mezcla del blanco, del indio

y

del negro. La herencia psicológica de las tres razas madres —según

el

postulado de la teoría de Taine— desaparece por completo ante la

I ¡siopsicológica, impuesta por el medio." ~ Debe decirse en beneficio del

historiador venezolano que sus vacilaciones sobre la posibilidad expli- cativa del medio físico son considerables y que su empleo del concepto "medio" es en él tan vago y ambiguo como en el propio Taine, de quien los historiadores positivistas americanos tomaron la triada de "medio, raza y momento histórico" como elementos causales de los hechos y realidades históricas. Sin embargo, cuando Vallenilla Lanz se interroga «obre el fracaso de la democracia en América y sobre la emergencia de los caudillos, el autor concede tanto peso a los factores naturales

conclu-

que

nlón, como en el caso de Sarmiento

llanura, espacio, herencias

raciales— que no puede evitarse la

frente

al mismo

fenómeno, de

" Leopoldo Zea, Dos etapas del pensamiento hispanoamericano, México, 1949,

en Laureano Va-

" Véase Manuel Caballero y otros, El concepto

p. 347.

de la historia

llenilla Lanz, Caracas, Escuela de Historia, ucv, 1966.

' Ihid.,

especialmente,

pp.

31

ss.

28

sus explicaciones sé sitúan dentro del más puro naturalismo positi- vista. El influjo de los positivistas ha sido tan profundo en la historiogra- fía latinoamericana de las generaciones anteriores a 1950, que hasta en un historiador tan discreto y de tanto sentido crítico como el peruano Jorge Basadre se encuentran sus huellas. En el estudio preliminar a su Historia de la República del Perú," al plantearse el reiterado tema

del contraste entre la evolución histórica de las dos Américas, la latina

y la sajona, sin ignorar la influencia de los factores específicamente

históricos y sociales, Basadre atribuye especial fuerza explicativa a los aspectos geográficos de las dos Américas:

"La distancia es un factor silencioso que ha impuesto su huella sobre el destino de América —dice a propósito de las divisiones administra- tivas hispanoamericanas. Los Andes han sido un factor de aislamiento

y dispersión. Faltó en el sur una frontera abierta y unificada, que ca- nalizara el esfuerzo de la población y absorbiera al inmigrante, como

la hubo en los Estados Unidos. En América sajona el proceso de expan-

sión hacia el oeste incorpora vastas regiones y crea nuevos centros de riqueza con resultados evidentemente unitivos. Al aventurero inescru- puloso y al cazador y comprador de pieles ladino, sigue el colono pa- cífico e industrioso. Hubo algo más para establecer el contraste: los Estados Unidos están colocados en su mayor parte en la zona templada, Sur América en la tropical con fuertes lluvias, calor agobiante y selvas que hacen impenetrable su territorio." En los años que siguieron a la primera guerra mundial y a la Revo- lución rusa de 1917, aparecen en América Latina los primeros histo- riadores de inspiración marxista y los primeros intentos de aplicar el método y las categorías históricas del materialismo histórico a la in- terpretación de la historia latinoamericana. En esta dirección los pio- neros fueron los marxistas argentinos, mexicanos y brasileños. Rodolfo Puiggrós y Jorge Abelardo Ramos inician la visión marxista de la his- toria argentina; Cayo Prado, Jr., Nelson Werneck Sodré, Leoncio Bas- baum y Edgar Carone inician los estudios de la historia económica, política y social del Brasil; Alfonso Teja 7yabre, Luis Chávez Orozco y José Mancisidor escriben la historia de México y la Revolución mexica- na. Federico Brito Figueroa en Venezuela y Luis Vítale en Chile han aplicado su metodología a la historia nacional de sus respectivos paí- ses. Por su indirecto, pero profundo influjo sobre el pensamiento latino- americano, debe mencionarse aquí la obra de José Carlos Mariátegui, sobre todo la influencia que tuvo, y continúa teniendo, su libro Siete ensayos de interpretación a la realidad peruana, publicado en Lima en 1929. 10

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JARAMILLO

URIBE

8

8 Manuel Caballero y otros, op. cit., pp. 32 ss.

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9 Jorge Basadre, Historia de la República del Perú, vol. i, Lima, 1949, pp. 21-22.

Sobre la influencia de Mariátegui en el pensamiento peruano, véase Alberto Tauro, Amauta y su influencia, Lima, 1960; Armando Eazan, Biografía de José Carlos Mariátegui, Lima, 1965.

FRECUENCIAS TEMÁTICAS

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En las últimas décadas la escuela francesa de los Anales y más re- cientemente de la Nueva historia económica norteamericana influyen en la historiografía latinoamericana. Bajo los nuevos estímulos se han iniciado estudios económicos, sociales y demográficos cuantitativos y se han renovado la historia agraria y la historia de las culturas. Se destacan en esta dirección los trabajos adelantados por investigadores de El Colegio de México: Enrique Florescano {Precios del maíz y crisis agrícola, 1959), Jan Bazant {Los bienes de la Iglesia en México, 1971) Moisés González Navarro {Raza y tierra, 1970), Luis González {Pueblo en vilo, 1969), María del Carmen Velásquez {Establecimiento y partida del septentrión de Nueva España, 1974), Bernardo García Martínez {El marquesado del Valle, 1969), Josefina Vásquez {Nacionalismo y edu- cación en México, 1970), Romeo Flórez Caballero {La contrarrevolu- ción en la Independencia, 1969) . lr Los sectores de la historiografía latinoamericana del presente siglo que quizás se han enriquecido mayormente son la historia económica

y la historia de las ideas. En Argentina, Emilio Coni estudia las rela-

ciones entre agricultura y ganadería en la provincia de Cuyo y analiza

el papel del gaucho en lo que él llama la civilización del cuero. Raúl

Scalabrini Ortiz analiza la influencia de los ferrocarriles y del capital británico en la economía y la política argentinas; Ricardo M. Ortiz en su Historia de la economía argentina, empleando las categorías marxis- tas, construye un cuadro del desarrollo económico argentino desde me- diados del siglo xix hasta la gran depresión, con minuciosos estudios sobre los puertos, los ferrocarriles y la industria frigorífica. Más re- cientemente, Tulio Halperín Donghi, Germán Tjarks, Adolfo Dorfman, Horacio Giberti, Sergio Bagú y Aldo Ferrer han enriquecido la historio- grafía rioplatense con investigaciones sobre la ganadería, el comercio, la agricultura y la vida social. En México se destacan los estudios de Jesús Silva Herzog sobre cierto pensamiento económico y sobre la obra agraria de la revolución; los de Lobato López sobre el crédito y la banca; Francisco Calderón escribe la historia económica del porfirismo y Luis Chávez Orozco publica su colección de documentos para la historia de la agricultura, el crédito

y la industria mexicana. 13 En el Perú, Guillermo Lohman Villena ha renovado los estudios colo- niales sobre la burocracia, la minería y la cultura con obras como Las minas de Huancavelica en los siglos XVI y XVII (1945), El arte dra- mático durante el virreinato (1945), El corregidor de indios' bajo los Aus-

DE

LA

HISTORIOGRAFÍA

LATINOAMERICANA

12

11 Sobre la historiografía mexicana, véase Robert Potash, "Historiografía del México Independiente", en Revista de Historia Mexicana, núm. 39, vol. x, enero- marzo de 1961.

Véase Rómulo Carpia, Historia critica de la historiografía argentina, Buenos Aires, 1940; Horacio Cuccorese, Historia crítica de la historiografía socio-econó- mica argentina del siglo XX, La Plata, 1975; Miguel Ángel Scena, Los que escri- bieron nuestra historia, Buenos Aires, 1976. 1:1 Véase Robert Potash, op. cit.

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JAIME

JARAMILLO

URIBE

trias (1957) y Pablo Macera, en sucesivas monografías, ha contribuido a la historia de las haciendas peruanas jesuíticas, el petróleo peruano, la economía de la Iglesia y el conocimiento de muy variados aspectos de las culturas y pensamientos peruanos. En Venezuela se destacan la obra de Eduardo Arcila Farias sobre la economía (colonial) de Venezuela (1946) y los trabajos mencionados de Federico Brito Figueroa; en Colombia la obra de Luis Ospina Vázquez sobre Industria y protección en Colombia (1800-1830) y los estudios sobre sociedad y economía de la época colo- nial (1535-1710) de Germán Colmenares. En Chile Alvaro Jara, Rolando Mellafe, Mario Góngora, Sergio Villalobos y el grupo de jóvenes histo- riadores formados en la Universidad Católica de Santiago en torno a Jaime Eyzaguirre han hecho considerables aportaciones a la historia del trabajo, la minería, el régimen de salariado, la esclavitud y la vida rural chilena.