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Ciñéndonos a su definición según la RAE, adoctrinar consiste en "inculcar a alguien determinadas ideas o creencias". Inculcar, por su parte, significa “repetir con empeño muchas veces algo a alguien” o “infundir con ahínco en el ánimo de alguien una idea, un concepto, etc”. Posee más acepciones, pero estas son las que nos

interesan en base al enfoque que este medio hace respecto a lo que acontece en el vídeo. Pero vayamos al meollo del asunto. Las ideologías o creencias se fundamentan en valores. Por tanto, cuando transmitimos nuestras creencias, lo que estamos haciendo realmente es trasladar a nuestros interlocutores los principios y valores sobre los que se sustentan. Así pues, la distinción entre adoctrinamiento y transmisión de valores es una falsa dicotomía. Ya que, en esencia, ambos procedimientos consisten en la transmisión de éstos. La clave está en cómo se transmiten y cuán perjudiciales son. E incluso a la hora de evaluar el cómo, cabe destacar que toda sociedad INCULCA valores. Toda. Ninguna impermeabiliza al cien por cien a sus individuos como para evitar cualquier contaminación en ese sentido.

Y puesto que dichos valores y conceptos se repiten con ahínco en todos los ámbitos

de la sociedad y de la vida, el mero hecho de permanecer expuesto a ellos implica inculcación. Incluso los propios medios generalistas son mecanismos de adoctrinamiento. Por tanto, como ya dije, lo importante es cómo se transmiten y cuán perjudiciales son estos valores. En este sentido, la primera pregunta obligada

si

se pretende hacer una crítica respetable sería, ¿se han utilizado métodos violentos

o

particularmente invasivos para transmitir estos valores a las niñas y niños del

vídeo? La respuesta a esta cuestión, partiendo de lo anteriormente expuesto, es que no más que los utilizados hasta ahora. De hecho, es posible que incluso bastante menos que los de antaño, en los que no había reparos a la hora de recurrir a ciertos mecanismos totalitarios de adoctrinamiento. Una vez respondida esta pregunta, solo resta plantear y responder la siguiente, ¿son malos los valores transmitidos a esas niñas y niños? Esa es la pregunta complicada y verdaderamente relevante. Si

bien determinar a gran escala la bondad o maldad de los valores no es tarea sencilla, pues requiere consensuar un criterio moral básico sobre el cuál ponderarlos atendiendo a complejos posicionamientos filosóficos, es posible partir de un mínimo común denominador, inteligible para la mayoría, que podría extraerse de la siguiente pregunta, ¿qué consecuencias se derivan de la aplicación práctica de estos valores? En términos sociopolíticos, que son los que incumben al caso que nos ocupa, si la respuesta es retroceso o estancamiento, así como recortes de derechos

y libertades, podría entenderse que los valores son malos. Ya que el progreso

general y la adquisición de derechos y libertades son un signo inequívoco de desarrollo humano. Así pues, cualquier niña o niño que sea instruido en base a principios que cuestionen las ideas de dominación estará adquiriendo herramientas

de capacitación para construir un futuro progresista. La desvirtuación de estas herramientas corresponde al enfoque perverso de los adultos, no de los niños. Que una mujer sea fuerte e independiente no implica que sea también individualista y egoísta. Y, del mismo modo, que un pueblo se independice no implica

necesariamente que odie a los países de su entorno ni a la gente que los habita. Por otra parte, la idea de unidad contra la voluntad de alguna de las partes sí que es perjudicial. Es un principio o valor negativo que perpetúa la idea de dominación en los niños, la cual está estrechamente ligada a la lógica del imperialismo clásico que,

a su vez, no es más que otro de los reflejos a gran escala de la masculinidad tóxica.

“Yo más grande, yo ser más fuerte. Tú quedar conmigo o golpear hasta quedar. ¡Huga!”. Por otra parte, los nacionalismos también pueden ser bastante tóxicos, pero

solo si se construyen sobre el chovinismo. Que una persona conozca las singularidades de su cultura popular y las abrace de manera sana, sin miedo a dejar atrás aquellos elementos que la componen que son incompatibles con nuestro actual estado evolutivo, no es lo mismo que creer que tu cultura y tu raza son mejores que las de las demás personas y que, por tanto, el resto son basura. Ese es un reduccionismo simplista propio de estúpidos y fanáticos. Nada de eso se enseña a las niñas y niños catalanes. Aunque, por desgracia, sí a otras muchas niñas y niños del mundo. Así que esa lectura sesgada del vídeo está totalmente fuera de lugar.

Dicho esto. Que el adoctrinamiento negativo genere rechazo, sobre todo cuando se ejerce sobre menores, es buena señal. Eso es que vamos por buen camino. Ahora

bien, si uno hace el esfuerzo de analizar este asunto de la manera más objetiva y aséptica posible, se dará cuenta de que la transmisión de valores es inherente a toda cultura. Tanto en familia, como en comunidad. Es algo inevitable. Por eso, si somos realistas, lo único que podemos hacer es procurar que sean valores positivos. Valores como los que dejan caer esas niñas en el vídeo: libertad, derecho al voto,

respeto a pueblos y culturas materializado en el derecho a decidir

evidente que el significado de esos conceptos les viene grande (algo más que

comprensible, por cierto), que tengan acceso a ellos mediante explicaciones sanas y sencillas no tiene nada de malo. Es más, el resultado es bastante positivo. No hay más que ver lo espabiladas que son: saben que votar es para mayores de edad, no

divagan cuando se expresan, no son irrespetuosas

el fracaso de un sistema educativo catalán "pervertido por el adoctrinamiento independentista" me temo que no vais por buen camino. Hablan bastante mejor que los críos que salían en 'Juego de niños', aquel programa de finales de los ochenta y principios de los noventa al que algunos padres horteras sin nada mejor que hacer llevaban a sus hijos a hacer observaciones ingenuas a cambio de un puñado de risas y un par de 'gallifantes'. Es verdad que al oírlas tengo mis reparos cuando hablan de independencia en ese contexto, pero no porque considere negativo que se enseñe sobre ella, sino porque me parece una cuestión extremadamente compleja. En cualquier caso, eso no es excusa para desterrar el tema ni la palabra. Todo lo contrario, cuanto más sepan, mejor. Puede que ahora no entiendan muy bien los términos, pero si su entorno es sano y cabal, en su adultez harán buen uso de ellos.

Si lo que se pretende es mostrar

Y aunque es

Por otra parte, resulta 'cómico' que personas que fueron educadas durante el franquismo y los primeros años de la transición, en los que muchas familias y colegios todavía se estaban desembarazando ideológicamente de los zarcillos del viejo régimen (con todo lo que eso conlleva en cuanto a transmisión de valores), tengan la desvergüenza de criticar valores como los que aparecen en el vídeo. Es innegable que pueden y deben pulirse, pero también que son claramente más maduros, positivos y amables que los que predominaban en los tiempos de los reglazos en las manos, los "castigado de cara a la pared" y las exaltaciones personalistas (cuadros de Franco o el rey), religiosas (crucifijos) y nacionalistas en el sentido más abyecto de la palabra ("orgullo nacional chovinista"), del cual, aunque pretenda darse esa impresión, no hay ni el menor rastro en los niños del vídeo. No hay odio al pueblo español, ni indicios de que para ellas y ellos 'independencia' sea sinónimo de xenofobia.

El rechazo que sienten muchas y muchos jóvenes catalanes hacia el gobierno español, y que personifican en la figura del Estado, se debe a las políticas restrictivas

y reaccionarias que éste ejerce y representa, no a la educación catalana. Y esto queda claro para cualquiera que sepa interpretar las estadísticas sobre inclinaciones políticas por edad. ¿Qué significan estos datos? Pues que una gran parte del pueblo catalán se encuentra inmerso en una realidad social diferente a la que atiende el gobierno actual y, por tanto, que sus demandas no pueden ser satisfechas por éste.

Y como nadie las tuvo en cuenta antes, ni hay indicios de que tengan intención de

hacerlo a corto plazo, se cansaron de esperar y han decidido emprender su propio camino. Algo parecido sucede con el resto de la juventud española, por eso cobran fuerza los movimientos independentistas en todas las nacionalidades históricas y se incrementa el número de manifestaciones y protestas tanto dentro como fuera de dichos territorios. Y esto, sin lugar a duda, no es más que un claro síntoma del fracaso de la política española en general y del gobierno actual en particular. Un fracaso tan estrepitoso que está provocando una desbandada a gran escala que el gobierno no es capaz de entender, ni de contener, porque implicaría asumir que la única opción que garantiza una solución estable es que dejen paso a la alternativa progresista que mejor entiende la nueva realidad social. Algo a lo que no están dispuestos por los beneficios evidentes de mantenerse en el poder, y porque se han enquistado lo suficiente como para saber cómo extender antinaturalmente su ciclo de dominio y estarían desaprovechando esa ventaja.

Lo peor del conflicto catalán es saber que si se hubiese producido el cambio cuando naturalmente le correspondía (los ciclos se perciben sintomáticamente y no siempre coinciden con los resultados que producen los distintos sistemas electorales), probablemente se habría reducido el conflicto y no tendrían tantos incentivos para dejarnos atrás. Pero ahora, el daño está hecho y dudo que pueda revertirse la situación. Ni siquiera con un gobierno progresista en España. Lo más justo, maduro

y sensato es dejar de intentar obligarles a permanecer con nosotros por la fuerza y

aceptar que en este momento no es factible una relación de contenencia a nivel político, sino una de igualdad. Cuanto más se fuerce la pertenencia, más resistencia encontrará por ambas partes y más difícil será establecer buenas relaciones diplomáticas en el futuro. Si el gobierno fuese sensato preferiría solventar el asunto pacíficamente cuanto antes en lugar de seguir agravando el conflicto. Los pueblos sometidos contra su voluntad y cuya adhesión se mantiene por presión en lugar de por respeto y cordialidad siempre acaban separándose de forma desagradable, no tiene sentido prolongar una situación incómoda que no lleva a nada salvo al desastre.

He aquí algunos ejemplos de adoctrinamiento negativo.

He aquí algunos ejemplos de adoctrinamiento negativo. Militarismo Militarismo

Militarismo

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Expojove Militarismo

Expojove

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