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DIÓCESIS DE ALBACETE CONGRESO DE LA FE: “CREO, SEÑOR”

Salón de Actos de la Diputación Provincial de Albacete (23-24 de Noviembre de 2012)

CREER ES RAZONABLE: EL DIÁLOGO FE Y CULTURA

1. INTRODUCCIÓN

Pedro López García

En la Carta Apostólica Porta Fidei, el Papa Benedicto XVI afirma, entre otras cosas, lo siguiente:

“La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este 'estar con él' nos lleva comprender las razones por las que se cree” (n. 10).

a

“No podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo” (n. 10).

“La fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad” (n. 12).

Estas reflexiones del Sucesor de Pedro son una invitación a comprender las razones por las que creemos; a dialogar con nuestros contemporáneos no creyentes que buscan sinceramente el sentido y la verdad; a afrontar los interrogantes culturales que vienen de reducir la realidad a realidad científica; a no tener complejos en usar la razón y en mostrar que entre la Fe y la Ciencia no tiene por qué haber conflictos. En este trabajo quiero entrar en estas cuestiones de modo que los creyentes profundicemos en las razones por las que creemos; los que buscan puedan descubrir que creer es razonable y que responde a los deseos más hondos del corazón (si bien los supera); y todos podamos percibir que Ciencia y Fe no tienen por qué estar en conflicto, sino que pueden y han de estar en relación. Para ello trataremos, en primer lugar, cómo la realidad, es decir, lo que existe, es mucho más que lo visible y experimentable (la hondura de la realidad). Después pasaremos a analizar las posibilidades y los límites que tiene la razón humana. Hecho esto estudiaremos cómo en el ser humano hay indicios de apertura a la trascendencia y cómo la experiencia de creer en Dios no es algo contradictorio con lo que el Hombre es. Finalmente presentaremos cómo la realidad que nos rodea no es cerrada, sino abierta, cómo en ella hay señales que nos hacen pensar en un Ser Supremo Creador.

1

En este último apartado, y en general en toda esta exposición, esperamos poner de manifiesto que la Fe y la Ciencia no tienen por qué estar en conflicto, sino que son saberes complementarios.

2. LA HONDURA DE LA REALIDAD

2.1. Mentalidad positivista

Es frecuente leer en algunas publicaciones o escuchar decir a ciertos divulgadores que sólo la Ciencia nos ofrece la verdad; que la única forma de saber es el saber científico (y, por tanto, capaz de explicarlo todo); que la Ciencia es totalmente objetiva en sus investigaciones y resultados. De este modo, la Ciencia y la técnica son presentadas como las salvadoras de la humanidad (Cientifismo). Esta convicción lleva a la siguiente conclusión: la realidad es igual a la realidad científica, es decir, todo lo que existe es físico, material, explicable con fórmulas físico-matemáticas. Si esto es así, la creencia, la fe, es superstición, magia, expresión de una etapa infantil de la humanidad, ausencia de modernidad. La fe es presentada como falsa, inútil y nociva 1 . Estas ideas tienen su origen remoto en la Ilustración, se explicitaron con los grandes pensadores del siglo XIX (Auguste Comte, Karl Marx, Friedrich Nietzsche, etc.), se fortalecieron con los grandes avances científicos y técnicos contemporáneos (s. XIX-XX), se han difundido con los nuevos movimientos filosóficos del siglo XX y han alcanzado la conciencia colectiva del Hombre occidental 2 . Sin embargo, aunque este es el clima cultural en el que vivimos, no han faltado científicos del más alto nivel, pensadores significativos y filósofos de la Ciencia que han cuestionado esta mentalidad 3 . Más aún, hoy asistimos a una mayor humildad de la Ciencia. Parece que, cuanto más se investiga con rigor científico, más se reconoce la dimensión desbordante e inaferrable de lo real. La Ciencia reconoce sus propios límites para comprenderlo todo y percibe que hay 'espacios' en los que le es imposible entrar 4 . Descubre, a su vez, que no es tan objetiva como se creía e, incluso, pone en tela de juicio 'creerse' la salvadora de la humanidad, capaz de resolver todos sus problemas 5 .

1 Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, Sal Terrae, 1986, 201-205.

2 Cf. M. Romero Cid (ed.), Respuestas de la fe a la cultura, Edice, 2009, 28-31.

3 Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 205-214. “La imposibilidad en que se encuentra la ciencia de satisfacer todas las exigencias del alma humana, ha comenzado a producir ya grandes grietas en la concepción cientista o cientifista” (M. Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I, MAD, 2007,56).

4 “Se dice con exactitud 'limitación de la ciencia', cuando se la compara con el campo total del saber o de todos los objetos inteligibles capaces de entrar en el área de la explicación intelectual, pues entonces se comprueba que la ciencia se limita sólo a cierto orden -aunque vastísimo y complejo- de problemas y a encarar la realidad desde cierto ángulo, que por naturaleza excluye de su visión toda una serie de realidades irreductibles a su punto de vista” (M. Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I,62).

5 Las dos guerras mundiales del siglo XX, el lanzamiento de las bombas atómicas en Hirosima y Nagasaki en 1945, el impacto medioambiental de las nuevas tecnologías, las situaciones de extrema pobreza e injusticia de gran parte de la humanidad, evidencian la inhumanidad a la que puede conducir la Ciencia y la técnica, y los fines económicos, políticos o ideológicos por los que se puede mover (Cf. J.R. Ayllón, Filosofía Mínima, Ariel, 2005, 34-35); La actividad científica incluye intuiciones, sospechas, creencias no demostrables; en ocasiones la realidad es interpretada con prejuicios no demostrados (Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 207-208); “Sobre aquellas cosas que la ciencia no sabe simplemente debe callar, y no ponerse al servicio de ideologías. Las lagunas de la ciencia no se pueden cubrir con actos de fe. Que la ciencia un día averiguará o demostrará tal o cual cosa es una expresión de fe. Es convertir a la ciencia en algo que no es: una religión, o peor aún una superstición. Lo que la ciencia no sabe simplemente no lo sabe” (J.A. Herrero Brasas, Dios probablemente existe; en 'El Mundo' 4-2-2009,

17).

2

Lo expresa muy bien el Director del Proyecto Genoma Humano y Premio 'Príncipe de Asturias' de Investigación Científica, Francis S. Collins:

“La ciencia es el único modo confiable de entender el mundo natural, y sus herramientas, cuando se usan adecuadamente, pueden generar profundas revelaciones en la existencia material. Pero la ciencia no tiene la capacidad de responder preguntas tales como '¿por qué el universo llegó a existir?', '¿cuál es el significado de la vida humana?', '¿qué sucede después de la muerte?'” 6 .

En conclusión, la realidad tiene un espesor, una densidad y una complejidad mayor de lo que

parece. La Ciencia conoce, y tiene que conocer bien con sus métodos, un aspecto de la realidad (la

realidad natural, física, biológica

real que son inaccesibles a la Ciencia; se necesita otro saber y otros métodos para llegar a ellas.

7 , pero no puede alcanzar toda la realidad: hay dimensiones de lo

)

2.2. La hondura de la realidad

La Ciencia se sitúa en el nivel de los fenómenos observables, comprobables y experimentables. La ciencia describe la realidad. Su pregunta es cómo. Existen, sin embargo, dimensiones de la realidad que están más allá de lo verificable científicamente. Es el ámbito de las grandes preguntas que inquietan al ser humano: quién soy yo, qué va a ser de mí, por qué existe todo en lugar de que no exista nada, qué sentido tiene la vida, qué

es la Justicia, ¿soy realmente libre?, dónde encontrar Felicidad, qué orientación he de dar a mi vida, por qué he de hacer el bien y evitar el mal, qué es lo bueno – lo que me conviene, por qué existe el mal y el sufrimiento, por qué las personas tenemos valor absoluto, qué me espera después de la

muerte

Es el nivel de la explicación, del por qué y del para qué 8 . Como se puede ver son niveles diferentes de la realidad total, pero no tienen por qué estar en

contradicción, sino en colaboración. Lo expresa así Francis S. Collins:

6 Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios? La evidencia científica de la fe, Planeta (temas de hoy) 2007, 14.

7 “Ciencia, en el sentido etimológico de la palabra, es la búsqueda de conocimiento por referencia a las causas de aquello que se estudia. Por tanto, una búsqueda que no se para en la simple enumeración de hechos, en la colección de datos, sino que intenta entender. Por eso la ciencia requiere raciocinio (…) En el sentido técnico moderno de la palabra ciencia (…) se restringe el significado para tratar solamente del estudio de la actividad de la materia que puede tener comprobación experimental. (…) Se trata pues de un estudio de la materia, de su actividad. Y este estudio tiene que tener, finalmente, por lo menos en principio una posibilidad de comprobación experimental” (M. Carreira, Ciencia y Fe ¿relaciones de complementariedad?, Voz de Papel, 2004, 18).

8 “Si pensamos, por ejemplo, en cómo la ciencia moderna, al prever los fenómenos naturales, ha contribuido a la

protección del ambiente, al progreso de los países en vías de desarrollo, a la lucha contra las epidemias y al aumento de las expectativas de vida, resulta evidente que no hay conflicto entre la providencia de Dios y la acción del hombre. En efecto, podríamos decir que la labor de prever, controlar y gobernar la naturaleza, que la ciencia hace hoy más factible que en el pasado, forma parte del plan del Creador. Sin embargo, la ciencia, aunque es generosa, da sólo lo que puede dar. El hombre no puede poner en la ciencia y en la tecnología una confianza tan radical e incondicional como para creer que el progreso de la ciencia y la tecnología puede explicarlo todo y satisfacer plenamente todas sus necesidades existenciales y espirituales. La ciencia no puede sustituir a la filosofía y a la revelación, dando una respuesta exhaustiva a las cuestiones fundamentales del hombre, como las que atañen al sentido de la vida y la muerte, a los valores últimos, y a la naturaleza del progreso mismo” (Benedicto XVI, Discurso a la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia de la Ciencia, 6-11-2006); La misma Ciencia con sus métodos no puede responder a la pregunta sobre la bondad o maldad de lo que consigue hacer (cuestión ética); prueba de ello son las investigaciones científicas y tecnológicas puestas al servicio de la guerra y de la destrucción de vidas humanas. La realidad tiene diferentes niveles: físico-matemático-biológico; psicológico-relacional

(comportamientos, afectos, emociones, intenciones, proyectos

Esperanza, Felicidad, Libertad, Bien, Valores

);

filosófico-ético (grandes preguntas, Justicia,

);

espiritual-religioso (arte, sabiduría, el alma, Dios, revelación

).

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“Una de las motivaciones más fuertes de la humanidad es buscar respuestas a preguntas profundas, y necesitamos reunir el poder de ambas perspectivas, la científica y la espiritual, para fortalecer el entendimiento tanto de lo que se ve como de lo que no se ve” 9 .

La razón humana entra con vigor en estas cuestiones acuciantes que hemos señalado. Y al entrar en ellas descubre su grandeza y su limitación. Pascal lo decía muy bien: “El último movimiento de la razón es reconocer que existen infinidad de cosas que la sobrepasan” 10 . Lo afirma también Edith Stein:

“Cuando el entendimiento alcanza su nivel máximo, se toma conciencia de sus límites: trata de encontrar la verdad más sublime y última y descubre que todo nuestro saber no es más que fragmentos. Entonces se rompe todo orgullo y se presentan dos posibilidades: o caer en la desesperación o inclinarse para venerar la impenetrable verdad, acogiendo en la humildad de la fe lo que la actividad natural del entendimiento no puede conquistar” 11 .

Todo esto nos hace pensar que no es irracional apelar a la Revelación de Dios. Y aquí estamos en la Fe y en la Teología. Pero antes de desarrollar más estos temas (posibilidades y límites de la razón; no irracionalidad de la Revelación) pongamos algunos ejemplos que nos ayuden a comprender mejor los diferentes niveles de la realidad y la complementariedad de los distintos saberes:

A. La enfermedad:

La Medicina (Ciencia) describe sus causas y propone las curas para recobrar la salud. Y aquí tiene que obrar con rigor científico y con su método propio. Pero la persona enferma se pregunta (Filosofía) qué sentido tiene que yo esté enfermo, por qué el mal y el sufrimiento, qué sentido tienen, ¿habrá una situación de salud plena sin amenaza de enfermedad? quién me podrá librar de la muerte cuando ésta me llegue. Son preguntas por el sentido de la enfermedad. Son preguntas que señalan hacia cuestiones explícitamente religiosas (Hecho Religioso). La Fe ilumina la situación de enfermedad recordando que en ella compartimos los sufrimientos de Cristo, y que ésta no tendrá la última palabra sobre la vida.

B. El ser humano:

Las ciencias describen cómo somos biológicamente los seres humanos, cómo hemos llegado a ser como somos, qué relación genética tenemos con las otras especies, etc. La razón se pregunta quiénes somos, cómo somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, por qué somos cualitativamente diferentes al resto de seres vivos, por qué tenemos dignidad absoluta y derechos inalienables; y busca las razones. La Fe proclama que cada ser humano es imagen de Dios, santuario de su presencia, convocado a la plenitud de Cristo Resucitado.

En conclusión, la realidad no se reduce a lo que se puede percibir con los sentidos, a lo que se puede medir y experimentar científicamente, a lo que las personas podemos crear, pensar o sentir. La realidad es profunda y misteriosa.

9 Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 14-15.

10 B. Pascal, Pensamientos, 188, Cátedra, 2008.

11 J. Bouflet, Edith Stein. Filósofa crucificada, Sal Terrae, 2001,96.

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3. POSIBILIDADES Y LÍMITES DE LA RAZÓN

3.1. Posibilidades de la razón

En primer lugar se tiene que afirmar que la razón humana tiene posibilidades estupendas: No deja de preguntar, de buscar, de indagar, de comprender. Y esto en el ámbito de las ciencias como de las grandes preguntas del ser humano. Gracias a ella conocemos mejor la naturaleza y la ponemos a nuestro servicio. Gracias a ella dominamos lo que puede perjudicarnos. Gracias a ella comprendemos mejor nuestro mundo y a nosotros mismos. La razón llega a descubrir huellas, señales, indicios de Dios en el Hombre y en la realidad creada. Descubre que es legítimo y razonable preguntarse por el Ser Supremo. La razón humana busca más allá de cualquier límite y se pregunta: ¿existe algo o alguien más allá de lo que podemos crear, medir, ver y tocar? Por medio de la razón podemos conocer algunas cualidades de Dios: que existe, que es Creador, que es un Ser personal.

3.2. Límites de la razón

Pero la razón humana es la razón de un ser limitado y, por tanto, experimenta también sus propios límites. Para apoyar esta afirmación quiero darle voz a dos exponentes de la Cultura. En primer lugar a Pedro G. Cuartango, filósofo y periodista, vicedirector de 'El Mundo'. En su columna de los miércoles, comentando un viaje por la ciudad natal de Kant, Königsberg, y aludiendo al matemático Euler quien descubrió métodos para generar números primos, nos dice:

“Euler descubrió métodos para generar números primos, pero fracasó en su intento de hallar una pauta en su secuencia. 'Hay misterios que la mente humana no penetrará jamás', dijo al respecto. La imposibilidad de penetrar en la lógica de los números primos me lleva a pensar en los límites del entendimiento humano. Hay fenómenos que no podemos comprender porque nuestro intelecto es finito y limitado” 12 .

En segundo lugar, Martin Rees, Presidente de la Royal Society y astrónomo del Reino Unido; doctor en Astrofísica por Camdbridge; agnóstico. Entrevistado por 'El Mundo' y aludiendo al origen del Universo dice:

“No comprendemos del todo el inicio de la vida ni cómo se forman los sistemas solares.

Tampoco qué ocurrió en los primeros momentos del Big Bang

todavía no comprendemos. Pero ésta es precisamente la naturaleza de la ciencia. Que las fronteras de sus conocimientos son más extensas a medida que avanza y hay más preguntas que puede formular. Pero aun así es interesante preguntarse si hay asuntos que siempre seremos incapaces de comprender o si por el contrario todo es posible de entender para el intelecto humano. P: ¿Y los hay? R: No lo sé. Pero es posible que haya asuntos en los que nunca logremos profundizar. El cerebro de un mono es incapaz de entender los principios de la física cuántica y hay ideas sobre la física o sobre nuestra consciencia que quizá nos sea imposible determinar. P: ¿Por ejemplo, lo que ocurrió antes del Big Bang? R: Puede ser. Entre otras cosas porque cualquier cosas que explique lo que ocurrió antes del Big Bang requeriría entender las leyes fundamentales de la física y de la naturaleza y trabajar muy

Y sí, hay muchas cosas que

12 Pedro G. Cuartango, Los puentes de Königsberg, en 'El Mundo', 17-3-2012,2. Un número es primo si sólo tiene dos divisores, el 1 y él mismo. Números primos son, por ejemplo el 1,2,3,5,7,11

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intensamente en una escala puramente teórica. Y eso requería grandes nociones de matemáticas y geometría. Trabajar con 10 u 11 dimensiones. Y eso quizá nuestro cerebro no pueda entenderlo jamás” 13 .

La razón humana no puede comprender totalmente realidades matemáticas y físicas: la lógica de los números primos; el teorema de la incompletud formulado en 1931 por Kurt Gödel según el cual en cualquier sistema matemático hay proposiciones que no pueden ser probadas, ni rechazadas, dentro de los axiomas del sistema 14 ; la insalvable incertidumbre en la predicción de los sucesos en el nivel de las partículas más pequeñas (física cuántica) 15 . Variados fenómenos psíquicos nos resultan altamente desconcertantes: el origen de la depresión exógena o de la esquizofrenia, el mundo de los afectos y de la relaciones personales, la influencia del inconsciente en nuestros comportamientos y en nuestra manera de percibir y entender la realidad. A esto se añade la dificultad de comprender la personalidad (ninguna teoría explica globalmente esta misteriosa realidad) 16 . La razón humana toca su propia limitación cuando afronta las grandes cuestiones radicales:

el sentido de la vida, por qué de hacer el bien y evitar el mal, el valor absoluto del ser humano, el misterio del mal y del sufrimiento. Aunque con la razón podemos alcanzar luz sobre estas preguntas, todas ellas siguen siendo misterios desbordantes e inaferrables para nuestra inteligencia. Todo esto nos lleva a considerar que no todo lo que el ser humano no comprende deja por ello de existir; que yo no lo comprenda no quiere decir que no exista. Podemos concluir afirmando que no es irracional, por tanto, abrirse a la luz que nos llega de la Revelación divina. Lo afirma Benedicto XVI:

“El hombre no es perfecto en sí mismo; el hombre necesita la relación; es un ser en relación. Su cogito no puede cogitare toda la realidad. Necesita la escucha, la escucha del otro, sobre todo del Otro con mayúscula, de Dios. Sólo así se conoce a sí mismo, sólo así llega a ser él mismo” 17 .

Podemos aceptar que si Dios existe y habla, su mensaje es fuente de conocimiento, de verdad y de claridad ante los misterios más hondos de nuestra existencia.

13 El Mundo, 13-7-2009,22.

14 Cf. Carlos Osoro, Conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Oviedo; en religióndigital.com, 6-11-2002; Un sistema matemático no consigue probar sus proposiciones primeras. No existe ningún procedimiento general que demuestre la coherencia de la matemática: hay afirmaciones que son verdaderas, pero no son demostrables dentro del sistema. Ya B. Pascal en su obra 'Espíritu de Geometría' afirma que es imposible que se puedan probar todas las proposiciones de la geometría (se tendría que ir hasta el infinito). Esta ha de partir de términos y proposiciones que no son definibles ni demostrables. La geometría no define los primeros términos como son espacio, tiempo, movimiento, número, igualdad, etc. La geometría da por buenas estas definiciones, no las define ni las demuestra (no a causa de su oscuridad, sino de su evidencia a la inteligencia). Si esto es así en la razón existe la a-racionalidad, es decir, lo no demostrable por la razón (no irracional que sería lo absurdo). No todo lo que el Hombre no comprende deja por eso de existir. Que no lo comprendamos no quiere decir que no exista (Cf. J.J. Garrido Zaragozá, Temas pascalianos, (pro-manuscrito), Facultad de Teología, Valencia, 4-6).

15 Cf. Ian G. Barbour, El encuentro entre ciencia y religión. ¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje?, Sal Terrae, 2004, 13. 102-134.

16 Es cierto que iremos conociendo más y mejor todas estas realidades, pero a medida que avanzamos descubrimos que más grande es el misterio de la psique y de la condición humana.

17 Benedicto XVI, Discurso en la clausura de los EE.EE. en el Vaticano, 27-2-2010. Para todo en la vida cada persona concreta ha de abrirse a la escucha del otro (los diversos profesionales competentes, los que han conocido otros lugares y culturas, lo que me comunica el otro de sí mismo o de mí, etc.) y ha de abrirse a la escucha de Alguien ilimitado.

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En este sentido la fe no va contra la razón, más aún la salvaguarda 18 . Pero sí es cierto que la fe va más allá de la razón y le abre posibilidades que ésta (la razón) no alcanzaría por sí sola. También nosotros podríamos hacer nuestras estas afirmaciones:

“La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es el misterio que existe algo que no podemos alcanzar” (Albert Einstein) 19 .

la certeza de

“Hemos de hacernos a la idea de que vivimos en un mundo en el que casi todo lo que es muy importante ha de quedar esencialmente inexplicado” (Karl Popper) 20 .

4. INDICIOS DE APERTURA A LA TRASCENDENCIA EN EL SER DEL HOMBRE

En lo que llevamos dicho hasta ahora han aparecido ya algunos indicios de apertura a la trascendencia en el ser humano. Nos detenemos ahora en ellos. El ser humano descubre en su ser, y en las experiencias que vive, un impulso, una tensión hacia algo que está más allá de sí mismo y de lo que el mundo puede darle. Este impulso, esta tensión, es una vía que le puede conducir al descubrimiento de Dios; al menos a reconocer en su ser una apertura hacia la trascendencia.

4.1. Indicios en el ser del hombre

a) El deseo de una vida plena y total: el ser humano no sólo desea vivir siempre, sino que

desea vivir sin contradicciones, sin límites, sin sufrimientos, sin amenazas; desea una plenitud de

vida que no encuentra en este mundo.

b) El deseo de un amor incondicionado: el ser humano desea un amor y una comunión plena,

perfecta. Y, a la vez, experimenta las rupturas, la incomunicación y la soledad. Experimenta la soledad incluso en las relaciones más logradas; hay momentos en el que cada persona se encuentra

absolutamente sola consigo misma. Ante estas experiencias se pregunta: ¿habrá alguien con quien poder dialogar en esos momentos de soledad radical? ¿habrá alguien que me ame perfectamente?

c) La experiencia del conocer: el ser humano es insaciable en la búsqueda de la verdad, en el

conocer siempre más y mejor, en el indagarlo todo. Toda conquista intelectual le abre a nuevas

búsquedas.

d) La experiencia del dolor, la enfermedad y la muerte: el ser humano experimenta su caducidad (dolor, enfermedad, muerte) y desea salud, integridad, sentido. Ante todo esto se pregunta: ¿va a triunfar el absurdo y la oscuridad? ¿hay alguien que me rescatará de la muerte, que me podrá devolver la vida?

18 La postmodernidad ha llegado al extremo opuesto de la Modernidad. Si la Modernidad peca por exceso (el racionalismo: no hay nada más allá de lo alcanzable por la razón), la postmodernidad lo hace por defecto. Obras como 'La miseria de la razón' (Isidoro Reguera), 'La razón sin esperanza' (Javier Muguerza), 'La crisis de la razón' (Francisco Jarauta), evidencian la desconfianza hacia las posibilidades de la razón. Estas obras afirman algo que es válido, a saber, que un sujeto finito, empírico y condicionado, que posee una razón finita, empírica y condicionada, sólo puede alcanzar un conocimiento precario de la realidad; pero llegan a considerar irrelevantes las posibilidades del intelecto humano: 'La razón ha muerto, pero gracias a los postmodernos nadie llevará luto por ella' (Cf. M. Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I, 42). No es de extrañar que en este ambiente postmoderno asistamos a publicaciones 'científicas' verdaderamente 'irracionales', llenas de incoherencias, datos falsos y escaso rigor científico.

19 A. Einstein, Mis ideas y opiniones, 1981, 10; citado en J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 212.

20 K. Popper – J. Eccles, El yo y su cerebro, Labor, 1993, 622.

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e) Las injusticias sufridas: delante de tanta injusticia, de tantas víctimas machacadas y olvidadas, el ser humano se pregunta: ¿habrá alguien que pueda hacer justicia a las víctimas de la Historia? ¿quedarán derrotadas para siempre? 21

4.2. El drama de la finitud

Todos los indicios que hemos indicado se concentran en el drama de la finitud que vive el ser humano. El ser humano tiene deseos ilimitados de infinito, ansía la perfección y la completez en la vida, la belleza, el amor, la libertad y la felicidad; y, a la vez, experimenta que todas sus realizaciones son finitas, limitadas, precarias, caducas, imperfectas, incompletas. Así las cosas el Hombre se pregunta: ¿existe alguien perfecto, no limitado, infinito, totalmente completo? ¿me puede sacar de esta contradicción? Si yo reconozco que mi ser es limitado y efímero ¿existirá algún ser que tenga la plenitud de todas las perfecciones y que pueda ser mi sostén y mi fundamento? ¿Por qué la felicidad me es tan necesaria y no puedo poseerla plenamente? 22 . Cuando el ser humano se para y se mira a sí mismo en profundidad, puede leer en su interior esta sed de infinito que lleva dentro y que le empuja a ir más allá, hacia Alguien que pueda colmarla 23 . Quizá en el mundo de ruido y de dispersión en el que vivimos no sea fácil este 'pararse' y 'mirarse a sí mismo en profundidad', de ahí la importancia de favorecer tiempos y lugares donde el Hombre contemporáneo pueda hacer esta experiencia.

4.3. En el ser humano hay un misterio que lo trasciende

Todo lo que venimos diciendo pone de manifiesto que en el Hombre hay un misterio que lo trasciende, es decir, que el Hombre no se agota en sus cualidades físico-biológicas ni en sus necesidades fisiológico-psicológicas. En él hay un ‘hambre’ insaciable de cumplimiento y de plenitud que ninguna realidad de este mundo puede colmar. La emoción ensalzante ante la belleza artística, la solidaridad humana incluso con riesgo de la propia vida, la superación del sin sentido de la muerte, la alegría experimentada en el dolor, la capacidad de preguntar y de buscar en la realidad, el emerger de las preguntas decisivas de la vida, la búsqueda apasionada del Bien y de la Verdad, la capacidad y la decisión de perdonar, la pregunta por Alguien que esté más allá de todo cuanto existe, la contemplación de la naturaleza, la autoconciencia de sí mismo, el sentimiento maduro de culpa, la libertad 24 … son signos evidentes de

21 Si no hay resurrección de los muertos, si no hay jucio final, las víctimas no serán reparadas.

22 “Deseamos una felicidad cada vez mayor, duradera, que nunca termine… y, sin embargo, experimentamos que se nos escapa de las manos… Toda alegría y felicidad que vivimos señala Algo que está más allá de ella misma, y nos permite desear una alegría que no existe en este mundo. Este deseo, esta ansia, llevaría al vacío si no pudiera ser satisfecha. En definitiva, sólo hay dos opciones o Dios o la falta de sentido” (W. Henze, La belleza de la fe, Edibesa, 2008, 19-20).

23 Cf. Benedicto XVI, Audiencia General. Las vías que llevan al conocimiento de Dios, 14-11-2012; “Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En todo esto se perciben signos de su alma espiritual” (Catecismo de la Iglesia Católica, 33).

24 De la carta de S. Freud a su amigo J. Putman: Cuando me pregunto por qué me he esforzado siempre honradamente por ser indulgente y, en lo posible, bondadoso con los demás, y por qué no cesé de hacerlo cuando advertí que tal actitud causa perjuicios a uno y le convierte en blanco de golpes, dado que los otros son brutales y poco de fiar, no encuentro una respuesta(citado en C. Diaz, Dios, en A. Torres Queiruga, 10 Palabras clave en Religión, Verbo Divino, 1997, 38).

8

que en el hombre hay un misterio que lo trasciende 25 .

La

experiencia

de

este

anhelo

magistralmente por Francis S. Collins:

profundo,

de

esta

hambre

de

plenitud

es

descrita

“En mi primera adolescencia tuve momentos ocasionales en que sentí un anhelo por algo exterior a mí, a menudo asociado con la belleza de la naturaleza o una experiencia musical particularmente profunda”. “Cuando tenía como diez años, recuerdo haber sido transportado por la experiencia de ver a través de un telescopio que un astrónomo aficionado colocó en un campo alto en nuestra granja, cuando tuve la sensación de la vastedad del universo y vi los cráteres de la luna y la maravillosamente diáfana luz de las Pléyades. A los quince, recuerdo una Nochebuena en que el contrapunto de un hermoso villancico de Navidad se elevaba dulce y verdadero sobre la melodía más familiar, dejándome con una sensación de inesperado sobrecogimiento y un anhelo por algo que no podía nombrar”. “Mucho más tarde, siendo un estudiante graduado y ateo, me sorprendió la experiencia de la misma sensación de sobrecogimiento y anhelo, esta vez mezclada con una particular sensación de dolor, al escuchar el segundo movimiento de la Tercera Sinfonía Heroíca de Beethoven. Mientras el mundo lloraba la muerte de los atletas israelíes asesinados en los Juegos Olímpicos de 1972, la Filarmónica de Berlín tocaba las poderosas notas de este lamento en do menor en el estadio olímpico, mezclando juntos nobleza y tragedia, vida y muerte. Durante unos momentos me sentí elevado de mi concepción materialista del mundo hacia una dimensión espiritual indescriptible, una experiencia que me resultó realmente sorprendente”. “Más recientemente, para un científico que en ocasiones tiene el notable privilegio de descubrir algo que antes no era conocido por el ser humano, existe una clase especial de alegría asociada con esa clase de vislumbres de percepción. Habiendo percibido el resplandor de la verdad científica, encuentro a la vez una sensación de satisfacción y un anhelo de comprender una Verdad aún más grande” 26 .

Ante esta experiencia del ser humano se ha planteado una objeción incisiva: este anhelo universal de trascendencia, esta búsqueda de un Ser Superior que se da en todas las culturas ¿carecen de fundamento pues no hay nada que les de sentido? La objeción fue planteada especialmente por Ludwig Feuerbach y por Sigmund Freud 27 . El primero afirma que la idea de Dios es un producto del Hombre, de sus deseos y necesidades; el Hombre creará a Dios como reflejo de sí mismo. Freud explica de este modo el origen y la esencia de la religión: Dios es sólo el padre sublimado; la religión sería únicamente la satisfacción ilusoria de unos deseos reales de todo Hombre. Ante esta crítica se puede objetar lo que sigue 28 : ¿no sería el ateísmo una proyección del propio deseo de que Dios no exista?. La argumentación psicológica no prueba la existencia o no de

25 Más tarde o más temprano el ser humano se topa con las preguntas radicales de su existencia: ¿quién soy yo? ¿qué va a ser de mí? ¿por qué he nacido? ¿por qué he de morir? ¿qué sentido tiene el dolor y el mal? ¿hay algo o alguien que me espere más allá de las puertas de la muerte? ¿quién puede ocupar mi soledad como presencia cuando nadie puede colmarla? ¿qué puede satisfacer mi deseo cuando nada de este mundo llega a satisfacerlo? ¿quién me puede perdonar todos mis errores y miserias sin avergonzarse de mí? ¿quién puede cargar con el peso de mi culpa y librarme de ello? ¿quién puede enjugar mis lágrimas? ¿hay en algún lugar una vida plena sin amenazas, una salud

física y mental que no se quebrante nunca? ¿quién podrá hacerme justicia ante los atropellos sufridos? ¿el final de todo va a ser el llanto y el absurdo? ¿puede tener la muerte la última palabra sobre la existencia humana y sobre la historia?

26 Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 23. 43-44. 44.

27 Cf. E. Escudero Torres, Creer es razonable. Fenomenología y filosofía de la religión, Siquem, 2002, 124-127. 155-

158.

28 Cf. E. Escudero Torres, Creer es razonable, 127-128. 159-161; Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 45-47.

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Dios; el influjo de factores psicológicos en la religión no supone necesariamente que Dios no exista. Discípulos de Freud como C. Jung y seguidores suyos como E. Fromm y V. Frankl se distanciaron explícitamente del maestro al considerar seriamente la existencia de Dios y valorando positivamente el hecho religioso. Si Dios fuese fruto de la fantasía a semejanza del 'padre', daría lugar a una clase de Dios muy diferente del que habla la Biblia. “¿Por qué existiría un hambre tan universal y exclusivamente humana si no estuviera conectada con alguna oportunidad de ser satisfecha?”. “¿Pudiera ser que este anhelo por lo sagrado, que es un aspecto universal e intrigante de la experiencia humana, no fueran buenos deseos, sino un indicio que señalara hacia algo superior a nosotros?” 29 .

4.4. Gratuidades

Finalmente el ser humano observa y vive que existen realidades que él no puede darse a sí mismo, sólo las puede recibir como don: el venir a la existencia; que alguien te ame; mantenerte en la vida: para seguir viviendo necesitas alimentarte con algo que no está en ti, sino que viene de fuera de ti, luego en ti no está el fundamento de seguir en la vida, pues si dejas de comer te mueres. Estas experiencias ponen de manifiesto hasta qué punto el ser humano depende de seres que no son él: del alimento (de los frutos del planeta: agua, vegetales, animales) de las relaciones (para venir a la vida, para ser protegido en la infancia, para vivir con sentido…) Más aún, hay situaciones en las que nosotros no tenemos ningún poder: ser perdonados de nuestras faltas; transformar el mal en bien; cambiar la oscuridad de la muerte en vida.

4.5. Conclusión

Después de este recorrido por los indicios de apertura a Dios en el ser del Hombre podemos señalar que en el ser humano hay una dimensión de trascendencia, un impulso hacia alguien en quien descansar plenamente, una tensión a ir más allá de sí mismo y de lo que este mundo puede ofrecerle: el vacío y la insatisfacción que vive la persona humana no se sacia con ningún agua. Luego la pregunta por Dios, desearlo, buscarlo, poder encontrarlo es legítima y razonable. Que Dios exista no contradice el ser del Hombre y sus anhelos más profundos, más aún, su existencia colma de plenitud al ser humano. En el ser del Hombre vemos señales, indicios, huellas que indican la posibilidad de la existencia de Dios; en el Hombre se desvela un camino, una vía que conduce al Misterio.

5. INDICIOS DE DIOS EN LA REALIDAD

Hablando de la hondura de la realidad y de las posibilidades y límites de la razón humana hemos aludido ya a algunos temas de la Ciencia en relación con la Fe. Allí ha quedado claro cómo lo real no es igual a lo verificable empíricamente y cómo la Ciencia es más humilde en su pretensión de comprender y explicar toda la realidad. Ahora pasamos a abordar algunas áreas en las que la realidad material estudiada por las ciencias físico-matemáticas presenta una apertura a lo que está más allá de ella misma. No se va a hablar de pruebas científicas, pues el método científico se aplica en una dimensión de la realidad y ya se ha dicho cómo no es adecuado para explicar otros aspectos de lo real. Pero sí vamos a indicar vías y caminos que se pueden recorrer con rigor racional y que muestran que no es irracional la existencia de Dios: la realidad requiere un fundamento que no puede darse a sí misma.

29 Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 46. 46-47; “Las criaturas no nacen con deseos a menos que exista satisfacción a esos deseos” (C. Lewis, Mero Cristianismo, Rialp, 2007).

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5.1. La nueva actitud de los científicos

Hay que reconocer que existen muchos científicos ateos e incluso beligerantes frente a la cuestión de Dios y de la apertura de la realidad a algo que esté más allá de ella misma. Ejemplos conocidos son C. Sagan o R. Dawkins. El cientifismo sigue imperando en amplios sectores de la Ciencia y de la Filosofía 30 . También ocurre que científicos como el astrofísico S. Hawking, nada convencidos de la existencia de Dios, son miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias y participan en sus reuniones anuales. Pero también es cierto que muchos científicos, de siglos pasados y de la actualidad, se reconocen creyentes en Dios y no viven en contradicción el ser hombres de Ciencia y tener Fe. Otros muchos no consideran que haya oposición entre la Ciencia y la Religión. Ejemplos conocidos son: Copérnico, Galileo, Newton, Mendel, Max Planck, Francis S. Collins, William Daniel Philips 31 , Francisco J. Ayala, Manuel Carreira, etc. Más aún, un buen grupo de científicos, especialmente los que estudian el Universo y la Evolución, se hacen preguntas filosóficas. Ante la maravilla de la realidad natural que estudian quedan sobrecogidos y se interrogan no sólo por el cómo, sino también por el por qué 32 . Se puede afirmar, incluso, que las relaciones entre la Ciencia y la Fe, marcadas demasiadas veces por el conflicto y la independencia, hoy viven una relación de diálogo y de integración 33 . La Astronomía, las implicaciones de la Física cuántica, la Evolución, la Neurociencia y la Antropología, son áreas del desarrollo científico en las que se da este encuentro entre Fe y Ciencia. Cuando la Ciencia y la Fe respetan sus métodos propios y buscan lealmente la verdad se suelen encontrar y se enriquecen mutuamente 34 . Hoy llama la atención cómo la belleza de lo que existe, el orden que se observa en el Universo, la armonía y complejidad de las leyes físicas 35 , en definitiva, la estructura racional del mundo, revelan la existencia de una Razón creadora. Albert Einstein lo expresa de este modo: (en las leyes de la naturaleza) “se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente insignificante” 36 . Muy significativo al respecto es lo que contó Benedicto XVI a los seminaristas de Roma:

“Hace poco me escribió un profesor de Ratisbona, un profesor de física, que había leído con gran retraso mi discurso en la Universidad de Ratisbona, para decirme que no podía estar de acuerdo con mi lógica o podía estarlo sólo en parte. Dijo: 'Ciertamente me convence la

30 Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Crisis y apología de la fe. Evangelio y nuevo milenio, Sal Terrae, 1995, 116-136.

31 Premio Nobel de Física en 1997 por el desarrollo de métodos para enfriar y capturar átomos por laser.

32 Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 205-217.

33 Cf. Ian G. Barbour, El encuentro entre ciencia y religión. ¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje?, Sal Terrae, 2004.

34 Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 214-217. Muchas veces los conflictos vienen porque se parte de presupuestos no probados como la no existencia de Dios (prejuicios), o por intentar responder a preguntas filosóficas con las herramientas del método científico. Los conflictos nacen también de la interpretación literalista de la Biblia que realizan algunos grupos radicales o por querer abordar problemas científicos con los métodos filosóficos o teológicos.

35 “Como parte del argumento cosmológico se suele incluir el misterio que representan las leyes de la física, su carácter arbitrario y el hecho de que todas, en su inconcebible complejidad, estuvieran en pleno funcionamiento desde el primer instante del Big Bang (de lo contrario la expansión del Universo no podría haber tenido lugar). Una mera roca, la pura materia, si es que eso es lo único que hay, no tiene capacidad para inventar leyes de semejante complejidad y ponerlas en marcha en el mismo momento de su nacimiento” ( J.A. Herrero Brasas, Dios probablemente existe; en 'El Mundo' 4-2-2009, 17).

36 A. Einstein, Il Mondo come lo vedo io, Roma, 2005; citado por Benedicto XVI, Audiendia General. Las vías que llevan al conocimiento de Dios, 14-11-2012.

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idea de que la estructura racional del mundo exija una razón creadora, la cual ha hecho esta racionalidad que no se explica por sí misma'. Y proseguía: 'Pero si bien existe un demiurgo -se expresa así-, un demiurgo me parece seguro por lo que usted dice, pero no veo que exista un Dios amor, bueno, justo y misericordioso. Puedo ver que existe una razón que precede a la racionalidad del cosmos, pero lo demás no” 37 .

En este testimonio constatamos cómo un físico, al observar la realidad física con rigor científico, puede pensar que la racionalidad que ve sólo es explicable si existe una Razón creadora. Considerar que ésta sea Amor es algo que sólo se puede saber si ella nos lo muestra (y esto es ya Revelación y Fe). Dos hechos más conmueven las convicciones de muchos científicos: en primer lugar la intencionalidad o dirección que se observa en el nacimiento y el desarrollo del Universo hasta hacer posible la existencia de la vida racional en la tierra 38 . En segundo lugar el que la matemática, que es una invención del espíritu humano, es a la vez el lenguaje de la naturaleza. Parece casi increíble que coincidan una invención de la inteligencia humana y la estructura del universo 39 . Vamos ahora a abordar brevemente algunos temas, no todos, de la relación Fe y Ciencia.

5.2. Hay realidades que no se pueden ver con los ojos

Como venimos diciendo, hay realidades no medibles empíricamente, no reducibles a

fórmula matemática, no visibles sensiblemente y, sin embargo, influyen muchísimo en la vida: las intenciones y deseos profundos (de felicidad, de comunión…); los sentimientos y las emociones (la soledad, la frustración, la insatisfacción, la alegría, el gozo, la plenitud); el impulso de buscar la verdad; los vínculos de afecto, el amor por alguien; la esperanza, la felicidad, el sufrimiento. Estas realidades se pueden sentir, pero no se pueden ver; quien no las siente no las entiende (los varones no podemos comprender lo que siente una mujer al esperar en su seno un hijo, ni el vínculo que entre ambos se establece); de ellas vemos sólo indicios, huellas, señales 40 . El sentido de la vida, los valores éticos, los conceptos de Justicia, Libertad, Amor, Esperanza, el sufrimiento humano, la razón, el alma humana, la expresión artística y la belleza, la

solidaridad y la entrega de sí mismo

Existen asuntos de vital importancia en la vida de las personas que no se pueden demostrar científicamente, sólo se pueden mostrar, revelar y sólo se pueden creer: el amor que alguien te tiene

son realidades que superan el método científico-técnico.

37 Benedicto XVI, Lectio divina en el Pontificio Seminario Romano, 12-2-2010.

38 Cf. M. Carreira, Ciencia y Fe, 32-33; J. Guitton, Dios y la Ciencia. Hacia el metarrealismo, Debate, 1994, 60-65.

39 “El gran Galileo dijo que Dios escribió el libro de la naturaleza con la forma del lenguaje matemático. Estaba convencido de que Dios nos ha dado dos libros: el de la Sagrada Escritura y el de la naturaleza. Y el lenguaje de la naturaleza -esta era su convicción- es la matemática; por tanto, la matemática es un lenguaje de Dios, del Creador. Reflexionemos ahora sobre qué es la matemática. De por sí, es un sistema abstracto, una invención del espíritu humano que como tal, en su pureza, no existe. Siempre es realizado de forma aproximada, pero, como tal, es un sistema intelectual, es una gran invención -una invención genial- del espíritu humano. Lo sorprendente es que esta invención de nuestra mente humana es realmente la clave para comprender la naturaleza, que la naturaleza está

realmente estructurada de modo matemático, y que nuestra matemática, inventada por nuestro espíritu, es realmente el instrumento para poder trabajar con la naturaleza, para ponerla a nuestro servicio, para servirnos de ella mediante

la técnica. Me parece casi increíble que coincidan una invención del intelecto humano y la estructura del universo: la

matemática inventada por nosotros nos da realmente acceso a la naturaleza del universo y nos permite utilizarlo. Por

tanto, coinciden la estructura intelectual del sujeto humano y la estructura objetiva de la realidad: la razón subjetiva

y

la razón objetivada en la naturaleza son idénticas. Creo que esta coincidencia entre lo que nosotros hemos pensado

y

el modo como se realiza y se comporta la naturaleza, son un enigma y un gran desafío, porque vemos que, en

definitiva, es 'una' la razón que las une a ambas: nuestra razón no podría descubrir la otra si no hubiera una idéntica

razón en la raíz de ambas” (Benedicto XVI, Encuentro con los jóvenes de Roma, 6-4-2006).

40 Con un microscopio puedo ver las células, pero no puedo ver la intención que mueve a mirar por él. A Dios no se le puede ver, pero se puede sentir su Presencia (silenciosa, enigmática y dulce) y escuchar su voz.

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sólo se puede mostrar (‘te quiero’) y sólo se puede creer (¿me quieres?); la intimidad de otra persona sólo se puede conocer si él lo dice; y yo sólo puedo creerle 41 .

5.3. Las preguntas radicales al observar la realidad física

En las Ciencias el ser humano no inventa la realidad, sino que la descubre, la investiga, la conoce y la modifica siguiendo sus leyes. Al realizar esta tarea el científico se plantea preguntas sobre el sentido, el fin, el ser, es decir, preguntas filosóficas que superan las posibilidades del método y del saber científico: ¿cuál es el origen de la realidad que observo y que he descubierto? ¿quién o qué le ha dado el ser? ¿qué sentido tiene que exista? ¿por qué existe todo lo que existe en lugar de que no exista?

5.4. El origen del Universo

La común aceptación en el mundo científico de la teoría del Big-Bang sobre el origen del Universo y de la teoría del Big-Crunch sobre su final plantea preguntas radicales: ¿qué había antes del primer átomo? ¿quién le ha dado la existencia? ¿quién lo ha puesto en funcionamiento? ¿qué nos espera al final del tiempo? ¿hay algo o alguien más allá de los límites del Universo? De aquí brota una pregunta mucho más radical: ¿existe un Ser que no ha sido creado por nadie y que es el origen y la causa de todo cuanto existe? ¿existe un Ser que tenga en sí mismo la plenitud del Ser y, por tanto, la cualidad de haber existido siempre y de no depender de ningún otro ser anterior a él? ¿existe alguien cuyo ser no lo recibe de nadie? Así responde Manuel Carreira:

A la pregunta instintiva acerca de qué hubo antes, la Teoría de la Relatividad responde con un desconcertante ‘no hubo antes’. El tiempo y el espacio son parámetros íntimamente ligados a la materia, y no tiene sentido preguntar ni dónde ni cuándo aparece ésta. Se hace necesario, en consecuencia, aceptar un comienzo total de toda la realidad que estudia la física: partículas, energía, vacío físico, espacio y tiempo. Cualquier realidad lógicamente previa –no temporalmente- será de otro orden, independientemente del marco espacio- temporal y de las actividades que definen a la materia: será inmaterial –espiritual- y la física nada podrá decir de ella (…) Ninguna potencia limitada puede hacer que exista algo sin algún tipo de materia prima para construirlo (…) Es, pues, la afirmación científica de un comienzo temporal una base claramente indicativa de un acto creador y de la necesidad de un Ser inmaterial, causa suficiente de cuanto existe en el universo42 .

5.5. El orden que se observa en la naturaleza

Una de las características que se observa en todo cuanto existe es que el mundo es una entidad ordenada hasta en los detalles más pequeños: en el Universo, en el microcosmos de las partículas, en los organismos vivos simples y complejos, en el ser humano, se observa un orden, una armonía. Junto a ello se observa cómo el Universo y la misma Evolución muestran tener una finalidad, una dirección, una intención: la aparición de la vida inteligente. Todo esto hace que aparezcan preguntas de gran calado: ¿por qué la naturaleza produce orden? ¿de dónde proviene el orden que observamos? ¿qué finalidad hay en la materia? ¿quién ha

41 “La cualidad más apreciable del saber científico es la exactitud. Pero, en rigor, la exactitud no es una condición esencial a toda verdad; la exactitud sólo puede existir cuando se habla de objetos cuantitativos, es decir, a lo que es susceptible de contarse y de medirse. Pero ¿es posible medir la belleza? ¿Es posible medir los sentimientos humanos?” ( M. Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I, 69).

42 M. Carreira, Ciencia y Fe, 50-51. Tenemos que diferenciar entre Inicio (el primer momento de la cadena de un fenómeno – Ciencia) y Origen (el fundamento, lo que permite tal fenómeno – Filosofía).

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puesto intencionalidad a la materia en la evolución? ¿por qué ha triunfado el orden en lugar del caos cuando desde el punto de vista estadístico tenía infinitamente más posibilidades de no surgir? Si hay finalidad, si hay intención tiene que existir un Ser inteligente, pues la materia no tiene intenciones y finalidades. Delante de este fenómeno del orden que se observa en la naturaleza y de las preguntas que emergen, algunos científicos proponen que el orden que observamos es fruto del puro azar, no es nada más que un golpe de suerte. Sin embargo esta opinión es contradicha por una serie de realidades:

- Las condiciones, desde el origen del Universo, para que exista la vida inteligente en

nuestro planeta son de alta precisión; si una sola de estas condiciones hubiese variado en una proporción mínima, no habría sido posible la vida inteligente en la Tierra 43 .

- J. Monod, uno de los defensores del azar, afirma que hay cuestiones no resueltas por una

biología azarosa: la singularidad del lenguaje simbólico, el desarrollo excepcional del sistema nervioso central del ser humano, las cuestiones éticas y los valores 44 .

- La posibilidad de que el origen de la vida con la aparición del ADN sea el puro azar es

altamente improbable: el mismo ADN contiene la información para poder autorreproducirse, luego, anteriormente a él esta autoreproducción no es posible. Hoyle ha hecho el cálculo matemático del índice de probabilidad que tiene la vida de surgir de forma azarosa: la probabilidad de que se produzca por casualidad una sola de las 200.000 proteínas que se dan cita en el cuerpo humano es igual a la que tiene una persona de resolver a ciegas el cubo de Rubik; pensar que el edificio de la vida se ha levantado al azar es tan irracional como esperar que un tifón recomponga correctamente un Boeing 747 despiezado y convertido en chatarra45 . Existen científicos que aseguran que si todo cuanto existe fuese fruto del azar, el Universo todavía estaría ensayando posibilidades para dar con las formas más sencillas. - Y, finalmente, podemos preguntarnos en qué recodo del devenir cósmico habría gestado el azar su contrario, es decir, la libertad.

Además, tenemos que perderle el miedo 'al azar' y esto, al menos , por tres motivos:

1. Ian Hacking, en su libro 'La domesticación del azar' habla de que el azar tiene sus propias

leyes (luego una lógica, una finalidad).

2. El azar es expresión de que el ser es contingente y, por tanto, necesitado de un ser no-

contingente (ser necesario) que le dé el ser y le mantenga en él.

3. No hay contradicción entre el azar y la existencia de un Dios Creador que se puede servir

de él para realizar su obra (azar físico y Dios están en niveles diferentes) 46 .

En conclusión, el origen, el fin y el desarrollo del Universo, el orden que observamos en la naturaleza y la finalidad/intencionalidad de la evolución del Universo y de la vida, son indicios de algo más allá como origen y dador de finalidad de todo cuanto existe, de una Inteligencia Creadora.

43 Una vez tras otra se llega a la consecuencia asombrosa de que cualquier cambio en los parámetros de la materia o de las condiciones iniciales tendría como consecuencia que no habría vida inteligente en ninguna parte. Cambiando la densidad del universo, el valor de la fuerza gravitatoria, el valor de la fuerza nuclear fuerte, el valor de la fuerza nuclear débil, la masa del protón o del electrón, se llega una y otra vez a la misma consecuencia: no podría darse vida inteligente(M. Carreira, Ciencia y Fe, 32-33).

44 Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Las Nuevas Antropologías. Un reto a la teología, Sal Terrae, Santander, 1983, 82-85.

45 J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 236.

46 “Aunque el azar tenga una influencia real en el desarrollo de la vida y en la aparición del ser humano, esto no supone ninguna objeción a que el hombre sea un ser espiritual y querido por el Creador. Dios está por encima de toda la causalidad natural y puede servirse del azar, como de las otras leyes naturales, para la realización de sus designios” (Curso online 'El origen del Hombre', en www.unav.es/cryf).

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La existencia de Dios no es ‘irracional’ en la actual explicación científica del Universo y de toda la realidad existente. Al fin y al cabo sólo nos quedan dos alternativas: o existe una Inteligencia Creadora, un origen superior, una finalidad, un sentido, una meta, una racionalidad; o no existe tal Inteligencia Creadora y, por tanto, nos precede, nos espera, y nos acompaña la nada, el caos, el absurdo, el vacío, la irracionalidad.

5.6. La Teoría de la Evolución y la Creación

La Teoría de la Evolución y la Fe cristiana en la Creación por Dios no son contradictorias:

Dios ha podido crear un Universo en evolución y haberle dado el impulso para que fuesen emergiendo todos los seres inorgánicos y vivientes, incluido el ser humano. Tenemos que indicar que el Magisterio Pontificio y otros documentos oficiales de la Iglesia Católica no sólo no rechazan la Teoría de la Evolución, sino que la consideran mucho más que una mera hipótesis 47 . El Magisterio eclesial y la Teología católica son críticos con las teorías evolucionistas que son materialistas y reduccionistas, pues son incapaces de fundamentar la especial y original condición del ser humano (su dignidad y valor) y prescinden de la providencia de Dios. Pero no todos los que aceptan la Evolución y estudian su desarrollo son reduccionistas y materialistas. Hay teorías de la evolución compatibles con la fe 48 . En este problema no hemos de olvidar que tienen que ser los científicos quienes con métodos experimentales describan la Evolución de las especies y del ser humano. En esto ni la Filosofía ni la Teología tienen nada que decir. Pero es precisamente en esta tarea en la que los propios investigadores de la Evolución plantean conclusiones científicas y preguntas filosóficas muy sugerentes y en las que la Fe sí tiene algo que aportar: ¿cuál es el motor de la Evolución? ¿cómo explicar los saltos más grandes e importantes? ¿cómo puede surgir de lo menos perfecto lo más perfecto? ¿qué o quién le ha dado finalidad, proyecto, sentido a la Evolución si la materia no tiene intencionalidad? ¿en qué momento y cómo la Evolución ha creado su contrario, es decir, la idea del amor al enemigo? ¿por qué y cómo en la Evolución de lo puramente material surge lo espiritual: pensamiento abstracto, pensamiento simbólico, auto-conciencia, libertad?

5.7. Conclusión

Todo lo que venimos diciendo concluye en la cuestión del ser humano: de qué está hecho, por qué es valioso.

Si Dios existe: además de la materia existe espíritu; existe un origen y una meta (un sentido y un significado para la existencia y para la Historia); se explica el origen del Universo y la finalidad de la Evolución; en el ser humano hay un ‘quid’, un algo meta-material 49 (más allá de la materia) que lo hace único, original, singular, irrepetible y que es el fundamento de su valor

47 Cf. Juan Pablo II, Mensaje a la Academia Pontificia de las Ciencias, 22-10-1996; CTI, Comunión y servicio: La persona humana creada a imagen de Dios, BAC (documentos) 2009, n. 62-70.

48 “Un grupo cada vez mayor de científicos críticos respecto al neodarwinismo señala, en cambio, evidencias de un designio (por ejemplo, en las estructuras biológicas que muestran una complejidad específica) que, según ellos, no puede ser explicado en términos de un proceso meramente contingente” (CTI, Comunión y servicio, n. 69).

49 El alma o espíritu no es visible porque es espiritual, pero se pueden observar huellas de su presencia: ¿cómo puede la carne material y mortal desear la inmortalidad, desear lo eterno? ¿de dónde proviene la experiencia de no ser saciados nunca por nada de este mundo y el deseo de una plenitud que aquí no encontramos (sobre todo porque la materia satisface pronto sus necesidades)? ¿dónde tiene su origen el amor al enemigo? La libertad, la autoconciencia, la conciencia ética, el lenguaje simbólico son huellas del alma inmortal en el ser humano.

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absoluto y de que, por tanto, no sea lo mismo un individuo de la especie humana que cualquier otro individuo animal o una máquina.

Si Dios no existe: sólo existe la materia; quedan sin respuesta las preguntas sobre el origen y el fin, sobre el orden y la finalidad del Universo y de la Evolución; el ser humano es sólo biología- química-física y, por tanto, un ser igual a todos los demás seres, luego con el mismo valor que ellos; si la libertad y la autoconciencia se reducen a leyes físicas desaparecen las libertades sociales y la responsabilidad personal 50 . La posible existencia de Dios es razonable para comprender los misterios del Universo y de la vida; es fundamento de la plenitud del ser humano y de su dignidad.

Hemos aludido sólo a unos pocos temas del diálogo Fe – Ciencia, y lo hemos hecho muy brevemente. Existen otros campos como la Física cuántica o la relación mente – cerebro, que nos abrirían perspectivas muy interesantes. El misterio de la materia y de las partículas más pequeñas, el lenguaje y el pensamiento humanos, la percepción de los estímulos por los sentidos y su interpretación en el cerebro, la unidad integral de los fenómenos cerebrales-mentales-espirituales, son realidades sorprendentes donde el encuentro Fe y Ciencia puede dar grandes frutos.

6. CONCLUSIÓN

Con este trabajo espero haber contribuido a mostrar la racionalidad de la Fe cristiana: hay razones para creer, es digno del Hombre creer, podemos presentar la Fe con humildad y con convicción racional. Espero haber podido mostrar, al menos con algunas pinceladas, que quien busca la verdad y el sentido de la vida puede hallar en la Fe una respuesta significativa a su búsqueda. Espero, finalmente, haber puesto de manifiesto que la Fe y la Ciencia están llamadas a encontrarse, que se puede ser un buen científico y un buen creyente y que la Fe en Dios no es un absurdo ante los descubrimientos y desafíos científicos de la actualidad. Con todo, lo dicho es sólo un preámbulo, un atrio. La Fe que busca comprender las razones de su creer, alcanza su más alta belleza y dignidad cuando hace posible el acceso a Dios y el encuentro personal con Él. Es entonces cuando se desvela plenamente el sentido de toda la realidad y la finalidad del Cosmos y de todo ser humano. Es entonces cuando se comprende lo que dice la carta a los Colosenses: “en él (Cristo) fueron creadas todas las cosas (…) todo fue creado por él y para él” (Col

1,16).

50 “Dios o existe o no existe. Hay sólo dos opciones. O se reconoce la prioridad de la razón, de la Razón creadora que está en el origen de todo y es el principio de todo -la prioridad de la razón es también la prioridad de la libertad- o se sostiene la prioridad de lo irracional, por lo cual todo lo que funciona en nuestra tierra y en nuestra vida sería sólo ocasional, marginal, un producto irracional; la razón sería un producto de la irracionalidad” ( Benedicto XVI, Encuentro con los jóvenes de Roma, 6-4-2006).

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