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A solo unas horas...

A solo unas horas escamp unas horas despus de haber llovido sin tregua durante cuatro largos das.
T no lo ves, porque ahora ests lejos, pero cay agua, impetuosa. Cay y llam insistente a nuestra
puerta. Cay mucha agua y lo hizo a mares, sin avisar, caprichosa como es normal derivado de su
estado lquido de latencia. Cay ininterrumpidamente durante los ltimos cuatro das sin que ni t ni
yo, dos puntos nmadas en el firmamento, par de eternos meritorios pendientes de ingreso vedado al
club de la edad adulta, podamos siquiera pensar por un instante en que el acontecer cotidiano de este
pedazo de tierra con nombre propio no sea germen necesario para otro suceso que derive y transgreda
el devenir natural de las cosas, tal y como nos quisieron hacer pensar que stas son y siempre debern
ser. El tiempo, nuestro nico valor en alza, balanceado entre la escasez y la gloria, marcar en su
rumbo los cambios ocultos en la agenda de lo que hoy nos quieren decir que acontece, mas no sucede,
ms all de los das y de que siga lloviendo o escampe.

El tiempo, ese hermano que ya viene largo siendo nuestro fiel confidente, y al que le atesoro fortuna, es
quien me recuerda que nueve aos pasaron ya desde que cruzamos la primera de las lluvias juntos.
Nueve, ese nmero ansioso por alcanzar la trascendencia que da una dcada y, por lo tanto, en su
premonicin olvidado, son muchos aos para un aguacero, si se comparan con los cuatro das a los que
nos vamos acostumbrando, pero no son nada para el disfrute del fruto de un quiebre oportuno, aquel
que me deriv por siempre, desde unas tmidas gotas de una noche de otoo oscura, al campo
sembrado y frtil de tu sonrisa diaria.