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El caso de la intervención federal

Nuestra Constitución Nacional en su artículo 1º adopta la forma de gobierno


representativa y republicana y la forma de Estado federal. Es representativa
porque el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus
representantes[1]. Republicana, por que se centra en la división de
poderes[2]. Y es federal ya que existen dos órbitas de gobierno: la provincial y
la nacional.

El gobierno federal es supremo en lo suyo, pero subsidiario en la esfera de


actuación de las provincias. Pedro J. Frías, define el rol subsidiario del
gobierno central utilizando cuatro verbos: coordina sin especular, controla sin
anular, promueve sin marginar y ayuda sin presionar. Lo interesante de este
sistema es que no aísla las competencias pero tampoco las funde, las
coordina. La convivencia armónica de esas dos órbitas es un producto
complejo de responsabilidades compartidas[3]. Esta estrecha relación de
interdependencia se ve en los atributos: los de las provincias son los poderes
conservados, son de la Nación los poderes delegados y les son comunes los
poderes concurrentes.

Atendiendo a ese federalismo debe distinguirse la “soberanía” atribuida al


Estado Nacional de la “autonomía” reservada a las provincias. Por soberanía
hay que entender una potestad que no depende de ningún otro poder o que no
puede ser igualada, dentro de su propio ámbito. Para que haya autonomía las
provincias deben tener asegurados sus elementos estructurales: pueblo,
territorio y gobierno, pero de ningún modo deben ser independientes.
González Calderón sostiene que la autonomía es el poder efectivo de
organizar el gobierno local en las condiciones de la Constitución de la
República. Pedro J. Frías, se refiere a la autonomía como la potestad de las
provincias para darse sus propias normas constitutivas y regirse por ella, con
independencia del gobierno federal, pero reconociendo las condiciones
impuestas por la CN.

Contar con un sistema institucional propio y con competencias jurídicas para


ponerlo en funcionamiento en un marco de fines públicos, es lo que hace que
la provincia sea algo más que una dependencia administrativa. Y el hecho de
aceptar y convalidar la supremacía de un orden más vasto y fuerte, es lo que
la hace miembro del Estado Federal.

El gobierno federal debe garantir a cada provincia el goce y ejercicio de sus


instituciones[4]. Es lo que llamamos “garantía federal” y persigue, no la
destrucción, sino la defensa de las autonomías provinciales. Esa
responsabilidad asumida por el Estado federal de garantir la autonomía

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provincial, se hace efectiva a través de la intervención federal[5] (art 6 CN).

Garantía federal.

La parte final del artículo 5 de la Constitución Nacional, puntualiza que


cumplidos los requisitos necesarios para dictarse una constitución, el gobierno
federal “garante a cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones”.
Esta garantía comprende:
El respeto de la autonomía provincial, es decir una actitud de no interferencia
en el ámbito doméstico de las provincias. Esto importa un deber de omisión:
el de no perturbar o impedir a las provincias el ejercicio de los poderes de
gobierno.
Pero existen también deberes de actuación, por eso, debe amparar a la
provincia si se ha corrompido la forma republicana. Uno de los deberes es
intervenir en ciertos supuestos. Otro consiste en ayudarlas con fondo del
Tesoro Nacional, cuando sus rentas no alcancen[6]. Todo ello significa una
política de auxilio.

Concepto. Importancia.

Este instituto que supone una intervención del gobierno nacional en un


gobierno provincial, tiene como primordial función, hacer efectiva la garantía
federal.

Esa garantía es la seguridad que da la nación a las provincias de que será


respetada y mantenida su autonomía siempre que se encuadre en las
condiciones establecidas y convenidas, algo fundamental para la existencia de
la relación federal.

El artículo 6 de la Constitución Nacional establece: “El Gobierno Federal


interviene en el territorio de las provincias para garantir la forma republicana
de gobierno, o repeler invasiones exteriores, y a requisición de sus
autoridades provinciales para sostenerlas o restablecerlas si hubiesen sido
depuestas por la sedición o por invasión de otra provincia”.

Intervención federal es una medida extraordinaria del Gobierno de la Nación


por la que éste impone temporariamente su poder supremo en la provincia,
para la realización de los fines expresados en el artículo anterior.

El buen criterio aconseja no prolongar la gestión interventora más allá de lo


necesario para que se normalicen las instituciones locales, para evitar
conflictos e intereses político-partidarios, y no desgastar las relaciones entre
los tres poderes. Como bien decía el texto original de 1853, la intervención se
produce al sólo efecto de reestablecer el orden público perturbado.

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La doctrina distingue la intervención decidida por determinación propia del
Gobierno federal, cuando se trata de garantizar la forma republicana de
gobierno o de repeler invasiones exteriores, y la dispuesta a requisición de las
autoridades provinciales, cuando hubiesen sido depuestas por la sedición o
por invasión de otras provincias.

Causales. Clasificación.

A) Por decisión del Gobierno Nacional:

1) Para garantir la forma republicana de gobierno:

Ocurre cuando el poder central aprecia una situación provincial que merece la
resolución de intervenir. Ello se justifica por cuanto la autonomía del Estado
provincial implica un esquema conjunto de atribuciones, obligaciones y
exigencias, eso formula un status de funcionamiento normal y legal.
En virtud de su autonomía institucional, las provincias tienen que dictar sus
propias constituciones. Con el fin de preserva la unión, la Constitución
Nacional, impuso en su artículo 5 ciertas “condiciones”, que aseguran la
armonía entre todos sus estados miembros.
Dichas “condiciones” son:
-adoptar el sistema representativo y republicano;
-su concordancia con los principios, declaraciones y garantías de dicha
Constitución;
-asegurar la educación primaria.
Satisfechas estas bases fundamentales, las provincias tienen un amplio
margen para su organización.

Se han autorizado también intervenciones en provincias donde sus autoridades


habían surgido de comicios fraudulentos (Yrigoyen decretó 19 intervenciones
por este motivo)

Los conflictos de poderes han sido fuente frecuente de intervención, so


pretexto de hallarse en juego el régimen republicano, aunque no siempre sea
así.

Otra causal, ha sido a lo largo de la historia argentina el vacío de poder, como


la falta de quórum en la legislatura, el terrorismo o la subversión.

A la variada lista de intervenciones, Bidart Campos agrega que incluso puede


darse por la falta de educación primaria.

2) Para repeler invasiones exteriores:

Salvo aspectos parciales (control de fuerzas armadas o protección de lugares


estratégicos), la intervención, en caso de ataque exterior, no abarcará las
funciones de las autoridades provinciales salvo que su accionar obstaculice las
medidas de defensa. Las autoridades mantendrán plena vigencia de sus
atribuciones en aquellos supuestos en los que las circunstancias lo hicieren
estrictamente indispensable[7].

Para ser legítima, deberá poner en riesgo la estabilidad provincial o la


seguridad nacional.

B) A requerimiento de las autoridades provinciales:

Al gobierno provincial le asiste el derecho de reclamar el llamado remedio


federal en las siguientes situaciones:
1) Si hubiesen sido depuestas por la sedición, o sea por grupos irregulares que
actúan al margen de la ley contra el orden constitucional.
Cabe señalar que también puede ser preventiva, ante la amenaza cierta y
concreta de una sedición.

2) Por invasión de otra provincia: es decir, actos guerra civil, calificados de


sedición o asonada[8], provenientes de otra provincia, que el gobierno federal
debe sofocar y reprimir conforme a la ley.
Debe tener aptitud para derrocar a las autoridades de la provincia invadida.

En ambos casos se acude en auxilio de las autoridades provinciales, por lo que


la intervención no puede producir la caducidad del mandato ni menoscabar las
instituciones.
El requerimiento debe ser formulado por las propias “autoridades
constituidas”, o sea aquellas que revisten los atributos de legalidad en su
origen.

Aunque el alzamiento de una provincia contra la Nación, no está mencionada


en el art. 6, la experiencia nacional nos indica que puede ser considerada
dentro de la causal de invasión de una provincia por otra (fue dispuesta en
1880 por el entonces presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda).

5. Extensión.

La intervención no tiene por que ser amplia ab initio, ello sólo se justifica si
media un estado caótico generalizado en que el sistema institucional se halle
paralizado o gravemente comprometido en su operatoria normal[9].

La intervención puede ser entonces, meramente parcial, abarcando uno o dos


poderes del Gobierno provincial y respetando el funcionamiento y
competencias de los otros.

Si se trata del Poder Ejecutivo, el interventor asume la representación del


estado provincial ya que dicho acto produce la cesación del mandato al

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gobernador.