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loan P. Culianu

Eros y magia en el Renacimiento

1484

Prefacio de

Mircea Eliade

Traducción de Neus Clavera y Hélt~ne Rufat

loan P. Culianu Eros y magia en el Renacimiento 1484 Prefacio de Mircea Eliade Traducción de

Ediciones Siruela

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Rellais stt llc e. 14 84

C n l e cc lón dirigida por Vicloria Clrlot,

¡\mudor vega y jacobo Sirucl:~

l)l~eño ¡¡r:ífico: G. Gaugcr &

J. Si ruela

~ l'l:omm:~rion, París 1984

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In tr ad u c ción,

Ne us

Clavcr:~ y

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l! tll c lones Siruela, S.

A. ,

llél c ne Ru fat

1999

Plaza <le ~lnnucl

llccerr:~, 15. El

Pabell ó n

28028 Madrid . T e ls

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Pr int ed a nd made In Spaln

'l'tH i n~ l u > (lc • rc · ~ • h n • r

Prefacio Mircea E li ade Prólogo

Índice

11

15

Eros y magta en el Renacimiento

Introduc ción

21

Primera parte: Fantasmas en acción

Capítu lo

1: Historia de lo fantástico

  • 1. S.obr e el se ntido int ern o Algunas consideraciones preliminares El pn e uma f a ntástico

2 .

Flujo y reflujo

d e

los

valores e n

eÍ sigl o

XII

Acu l turación de Occident e

29

29

32

38

41

Cómo una mujer, que es tan grande, penetra

3.

por los ojo s,

que son

t an

El

vehículo

d e l

a lm a

y

la

pequeños

ex p e riencia prenatal

49

51

C apítulo 11: Psicología empírica y psicología abis al del ero~

l

.

2

.

La

E l

psicolo gía empirlca d e Ficino

art e de la memoria

y

sus oríg e n e s

3.

11.

Eros f antástico y apacig ua miento

Fantasmas e n

acc10n

del de seo

5

.

La

p s i c ología

Desce nso del

ab i sal a lm a

d e

Ficino

M e la nco lía y Saturno

59

64

71

74

76

76

80

'l'tH i n~ l u > (lc • rc · ~ • h n • r

Capítulo Ill: Amistades peligrosas

  • 1. Ju an Pico,

conti nuador de Fi c in o

 

89

  • 2. Los dio ses

a mbi g uo s d el

e ro s

95

 

Giordano B run o, e l hombr e

del pasado fantástico

 

95

Escá ndalo en Londres

 

97

Fantasmas mn e motécnicos

102

Ambigüedad de l eros

 
Ambigüedad de l eros 105

105

En e l coraz ó n de l a doctrina de

Bruno

109

Acteón

116

Diana

119

a)

La naturnl ez a

 

119

b)

La luna

120

e)

La rei11o

121

La pa

rábol:l de

lo s nueve c t egos

 

123

Circe

125

Segunda parte: El gran manipulador

 

Cap itul o

I V: Eros

y magia

 
  • 1. Id e nti dad de s ustancia, ident i dad de operac i ón

 

129

2.

Manipula ción de las masas y los ind iv id u os

131

3

. Vinw l um vinculort /111

 

138

  • 4. y retención d el semen

Eyacu l ación

 

143

  • 5. como psicosociología genera l

De la magia

 

147

Capítulo v: La magia pneumática

 

1.

E l grado

ce ro

de

la

magia

153

  • 2. Magia <<subj et iva)) y

magia «transit i va))

 

155

  • 3. La conspiración de las cosas

 

158

4.

.

La

teoría de l as radiaciones

164

5.

Magia pneumática

 

176

Capítulo VI: La magia intersubjetiva

 
  • 1. Magia intrasubjetiva

 

1 79

  • 2. Magia

intersubj etiva

187

 

Pr esenc ias superior~s

188

Los cebos

191

8

Capítulo Ill: Amistades peligrosas 1. Ju an Pico, conti nuador de Fi c in o 89

Los momen tos oportunos

Capítulo VII: La demonomagia

  • 1. Algunas nociones d e demonología

2 .

Los

de m onios y

e l

eros

  • 3 . Brujas y en d emon iados

  • 4 . La d emonomag i a de sde Ficino hasta Giordano Bruno

Clasificaciones de l a magia

Trithemius d e Würzburg

192

195

200

204

210

210

216

Tercera parte: Fim11 de partida

Capítulo VIII:

1484

  • 1. Una mosca áptera

2.

¿Por qué fue

tan

t e mibl e

el

año

148 4?

235

242

Capítulo IX: La gran cen s ura de lo fantástico

  • 1. Abolición de lo f antá stico

  • 2. Algu nas pa r adoj as históricas

  • 3. La con trov e rsi a en torno

a

la

asni d ad

  • 4. La s as tu cias de Giordano

Bruno

S. Sólo hubo una R eforma

  • 6 . La mo difi cación

d e

la imagen del mundo

251

254

257

260

262

264

Capítulo x: El doctor Fausto, de Antioquía a Sevilla

  • 1. La permisividad del R enacim i ento

2 .

¡Más ca lor

har á e n

e l

In fierno !

  • 3 . Un mo ralismo ex hausti vo: la l eyenda de Fausto

    • 4. ¿Un producto final?

Apéndice 1 (ai capítulo

I,

3):

Los orígenes de la

doctrina d e l v e hículo del

Apéndice 11 (al capítulo

11,

3):

alma

Las delicias de Leo Suavius Ap.éndice III (al capítulo 11, 4)

Apéndice IV (al capítulo III, 1)

Apéndice V

(al capítulo

III,

Apéndice VI (al capítulo V,

2)

4)

271

275

278

286

289

299

303

319

323

327

9

Apéndice VII (al capítulo VII, 3):

La realidad de la brujería kpéndice VIII (al capítulo VII, 4):

El teatro mágico de Fabio Paolini

Apéndice

IX

(al capí tulo VII, 4)

 

Apéndice X (al capítulo IX,

S)

Apéndice

xr (al capítu lo

III):

El eros,

ahora

Notas Bibliografia Índice onomásti co

329

343

34 7

353

357

361

397

403

·.

10

Prefacio

Para Elena, Ana y Tcodora

H istoriador de las religiones, especialista en

Antigüedad tardía y en

gnosticismo, pero a su vez balcanólogo y romanista (enseña, entre otros temas, la historia de la cultura rumana e n la Universidad de Groninga), a loan P. Culianu se le conoce por haber publicado un gran número de ar- tículos e n revistas de prestigio y por la publicación de tres volúmenes, e l último de los cuales (R eligione e potere, Turín 1981) fu e escrito en colabo- ración con dos jóvenes invest igadores italianos . Pero con Eros y magia - y esperando que aparezca una amplia monografía comparada sobre los mi- tos y las t écn icas d e la ascensión extática'- han empezado a salir a la luz

sus trabajos más impor tantes.

El autor me ha pedido que escribiera un breve pref.1cio para Eros y ma- gia, r ec ordando que el Renacimi e nto i~aliano había sido una de mis pa- siones de juventud y que había dedicado mi tesis de licenciatura al pen-

samiento de Marsilio Ficino, Juan Pico de ia Mirandola y Giordano Bruno. Era demasiado grand e la tentación d e tratar las etapas y los grandes nom- bres de la historiografía moderna sobre el Renacimiento, insistiendo, en- tre otros, e n la revalorización reciente de las tradiciones herméticas, ocu l-

tas

y alquímicas . ¡Qué apasionante est udio d e la hístori; de las id e as el

ana lizar las interpretaciones d e l Renacimiento italiano desde Jakob Burckhardt y Giovanni Gentile hasta Eugen io Garin, P. Oskar Kristeller, E. H. Gombrich, E A. Yates, D. P. Walker, Allen G. Debu~ y ot~os mu-

chos investigadores contemporáneos eminentes! ¡Por desgracia, a mi edad, tanto el tiempo como las fuerzas están la-

·A caba de salir una versión inglesa abreviada de este trabajo en Leiden (Psychauodia 1, EPRO, 99, Leiden 1983) [Expérieuces de l 'extase. Extase, ascension el rédt visiomraire de 1'/re/lbrisme au Moyen Age, prefacio de M. Eliade, Payot, París 1984. Experie11cias del éxta- sis, Paidós Ib érica, Barcelona 19941. (N . de las T.)

11

mentablemente calculados! Por ello no comentaré las interpretaciones más significativas del autor; me basta con apuntar
mentablemente calculados! Por ello no comentaré las interpretaciones
más significativas del autor; me basta con apuntar su novedad y origina-
lidad. Me
gustaría ci tar, por ejemplo, el análisis de un escrito oscuro de
Giordano B_runo , De vinwlis in genere (De l os vínculos en general), que
loan _P. Cuhanu compara al Príncipe de Maquiavelo (ver pág. 131 y ss.).
Efectivamente, si Ficino había identificado e l eros con la magia (puesto
q~e, según él, <<la obra de la magia consiste en acercar las cosas una a
otra>>), Giordano Bruno siguió hasta sus últimas consecuencias las posibi-
lidades operacional es d e la m agia erótica. Todo puede ser marúpulado por
definitivamente el culto a los iconos. Afortunadamente porque gracias a
la contemplación de las imágenes, los fieles podían acceder a todo u_n
universo de símbolos. En resumidas cuentas, las imágenes eran suscepti-
bles de completar y profundizar la instrucción religiosa de los analfabe-
tos. \{, en efec to, este papel ha sido el propio de la iconografia en todas
las poblaciones rurales de la Europa oriental.)
Junto con la mayoría de los hi storiadores , loan E
.
C~han~ es~a con- .
.
,
1~ imaginación, es d ec ir por los 6ntasmas d e naturaleza y origen ' eróticos
suscitados en un sttieto o e n una colectividad cualquiera, p ero sólo con la
condición d e qu e e l operador esté inmunizado, gracias a la magia, con-
tra sus propio s fantasmas . Con razón , el autor reconoce en la técnica pro -
puesta por e l De rJinwfis e l antepasado inmediato de una disciplina mo-
derna:
la psicolo gía apli ca da. <<El mago del
De vincttlis es el prototipo de
los sistemas imp e rso nal es de los medios de comunicación, de la censura
indirecta, la manipula c ión global y los eq uipos de exper tos que ejerce n
vencido de que «en el plano teórico, la gran censura delunagmano con- .
dujo a la aparición de la ciencia exacta y la tecnología mod:rna» ~ver pág.
286). Otros inves tigad o res, por el contra rio, han pu e_sto d e ma?tfi~sto el
papel de la imaginación creadora en los grandes gemos de _la ct e n cta, oc-
cidental, desde Newton hasta Einstein. No se trata de constderar ~qm es-
te tema tan complejo y delicado (ya que la imaginación creadora ttene ~m
papel decisivo sobre todo en el progreso de las matemáticas, y de la fistca
t eórica, y menor en las «ciencias naturales» y e n la tecnologt~). R~corde­
mos más bien las observaciones de Culianu sobre la supe rvtvencta, o la
reaparición, d e una cierta «magia>> en las ciencias psicológica~ y socio~ó­
su control oculto so bre las masas
» (ver pág. 132).
gicas contemporáneas. No deja de
se r significativo que este_ h~ro empte-
He rec orda d o este ejemp lo por un lado porque
e l De vinculis es poco
conocido
todavía,
pero también
porque,
po co
tiempo después de
la
mu e rte d e Giordano Bruno, b R e for ma y la Co ntrarre forma impusie-
ron , con éxito, una censura radical de l imaginar io. El motivo e ra cierta-
mente reli g io so : lo s fnntasrn t1s ~;:ran ído los co ncebidos por el «sentido in-
terno » (ver pá g. 25 1 y ss.). Y, clr~ro es tá, la cens ura cons iguió e liminar las
«ciencias» qu e se ba sab:1 n e n e l co ntrol d e l imaginario, espec ialmente el
eros fantástico, e l arte de la memor ia y la magia. Además, según el autor,
ce con la historia del concepto «se ntido interno>>, desde Anstoteles hasta
el Renacimiento, y acabe con la l eyenda de Fausto int erpretada por Mar-
lowe y Calderón. Ahora bien, resulta que estos dos escrit~res i~ustr~_n,
aunq u e sea d e
forma diferente, el auge del pu ritan is mo: su tmagmacton
literaria estaba fuertemente refrenada por lo . qu e el autor llama «un mo-
ralismo exces ivo >>.
la ~fensiva victoriosa d e la R e forma contra el imaginario acabó
trUir la cultura del Renacimiento.
por des-
Mircea Eliade
Universidad de Chicago, febrero de 1982
. Se p~dría comparar es ta cens ura del imaginario, qu e animó a las Igle-
stas occtdentales, con la c ri sis iconoclasta sufri da por la Igle sia de Orien-
te durant e los si g los VIII y IX. El argum ento teo lógico era el mismo: Ja
~doJatrí~ im~lícita en la glorificación de las imágenes.
Sin embargo, los te-
alagas tconofilos subrayaban la co ntinuidad entre lo espiritual y lo natu-
ral: la encarnación había anulado la prohibición veterana y t es tamen taria
· de representar lo divino. Afortunadam e nte, el sínodo de 843• restableció
1j de marzo del año 843 para restablecer la validez del último co ncilio ecuménico, cele-
·Se refiere al sínodo que b emperatriz regente de Oriente, Thcodora, convocó el día
brado en Nicea en el año 787, que autorizaba el culto a los iconos. (N.
de las T.)
12
13
l
-

Prólogo

Un libro -siembra de f<)ntasmas q ue va dirigida a un segador desco- nocido- es ante todo el balance de unos estudios, unas conqu istas y, so- bre todo, unas d er rotas. Por haberme ayudado a superar estas últimas, tengo q u e agradecer a varias personas que hayan contribuido, a veces de

una manera decisiva, en la e laboración de la obra que el lector, por fin, tiene ante sus ojos. Sin los ánimos, los consejos de una competencia ex- cepcional y la ayuda efectiva de Mircea Eliade, quizás hubiera abandona-

do a medio camino estas investigaciones iniciadas hacia 1969.

La im agen

de Christin e.l Eliade queda íntimamente unida, en mi afecto y gratitud, a

la del Maestro. El hecho de que Y ves Bonnefoy quisi e ra acoger este texto en su pres-

tigiosa co lecc ión «ldées et Recherches>> no pudo sino aumentar mi feli- cidad al ver que, después de doce años de investigación laborios a, e l ma.- nuscrito estaba listo, y que por fin había conquistado la libertad de dedicarme · a otro tema. Fue e ntre 1970 y 1972 cuando presenté a mi directora de investigación en la Universidad de Bucarest, la por desgracia malograda Nina Fayon

(1908-197 4), dos

trabajos sobre el pensamiento de Giordano Bruno. Esta

erudita rumana, pertenecient e a una espec ie que en la actualidad se en- cuentra en vías de extinción irremediable, no vaci , con su sólida for- mación universitaria, ante los p e ligros ideológicos qu e el título de mi te- sis, defendida en junio de 1972, suponía: Marsílio Ficíno {1433-1499) y el pltponismo en el Renacimiento. Estos tres estudios constituyen el núcleo del presente libro. Gracias aquerido profesor, Cicerone Poghirc, .pude re- cuperar mi t es is cuando creía que estaba definitivamente perdida; pero aquel trabajo de juventud reveló ser demasiado imperfecto para formar

un sólido punto de partida. Una primera versión rumana de la obra, acabada en 1979, se vio en-

frentada a las dificultades insup erables

d.e

la

traducción; y lo pude re-

solver 'estas dificultades preparando yo mismo una ve rsión francesa. Esta·

15

últíma · fue corregida por Dominique G. Laporte, quien me indicó a su vez ciertas lagu

últíma · fue

corregida por Dominique G. Laporte, quien me indicó a su

vez ciertas lagu.nas en la obra y sugirió un título que gustosamente acep- 1 té, ya que apunta una relación cuya pertinencia debo subrayar, entre la utopía de George Orwell, 1984, y el a ño que iba a cambiar por comple- to el destino del viejo mundo: 1484. La nueva versión francesa no estuvo

Usta hasta que pasaron dos años más. Esta espera m e permitió no sola- mente esclarecer mis propios puntos de vista, en algunos artículos que ' no pasaron desapercibidos, sino también revisar de arriba abajo la biblio- grafia, así como emprender tímidamente el camino de la historia d e la ciencia en e l Renacimiento con los problemas que éste presenta para los

actua l es

investigadores. Tuve que observar, con cierto des enca nto, que,

excepto una pequei1a cantidad de obras objetivas que no eran si e mpre su-

gerentes, la mayoría de los estudios relacionados con esta época se per- dían e n medio de pueriles prejuicios racionalistas. Dado qu e esta bibUo-

grafia no podía ser utilizada, sólo quedaba armarse de paciencia y l eer con

atención

los textos originales .

Debo renunciar a ser exhaustivo en la enumeración de cuantos me ayudaron a realizar este trabajo, tanto en Italia como en Francia y en Ho- landa. En Groninga, H. G. Kíppenberg me brindó la posibilidad de im- partir una asignatura sobre la magia en el Renacimiento ; el hecho de que mis estudiantes quedaran e n can tados me animó a creer que el tra- bajo que ahora se publica no quedaría sin continuación; siempre y cuan - do el lector sepa s up erar las dificultades de su primera parte'. Por último, quisiera agradecer a mi mujer el esto icismo qu e demostró mientras se preocupaba por la elaboración d e las dos versiones sucesivas de esta obra - pu es todo esto sólo representa una ínfima parte de los tra-

bajos de estos últimos años durante los cuales se publicaron cuatro libros y un centenar de artículos. Entre ellos, hay varios que tratan temas rela- cionados con el Renacimiento; sin embargo, ninguno ha sido retomado en este Ubro .

últíma · fue corregida por Dominique G. Laporte, quien me indicó a su vez ciertas lagu
últíma · fue corregida por Dominique G. Laporte, quien me indicó a su vez ciertas lagu

Uno de los primeros lectores de este libro , Hans Peter Duerr, ha con- tribuido de manera decisiva con su obra a determinar algunos d e nus

puntos de vista

sobre el Renacimiento : incitándom e, implícitam en te, a

'Recomi endo, sobre todo al le ctor menos paciente, que deje para el final la lectura del tercer capítulo de la primera parte (porqu e ex plora uno s problemas bastante abstrusos relativos al arte de la memoria).

últíma · fue corregida por Dominique G. Laporte, quien me indicó a su vez ciertas lagu

16

últíma · fue corregida por Dominique G. Laporte, quien me indicó a su vez ciertas lagu

leer la obra provocadora d e Paul K. Feyerabend, me ofreció la posibilidad

de entender algunas de sus inconsist e ncias. En todo caso, Feye rab e nd es

quien plantea

hoy en ' día, quizás a pesar suyo, el problem a de una nueva

histo ria de las ciencias; una historia que sigue esperando a sus autores, siernpre y c uando es tos autores ignoren las propuestas hist6ricas de Feye- rabend, deudoras del mismo racionalismo qu e é l pretend e execrar.

Un último agradecimiento para Flammarion, cuyos colaboradores han demo strado no tan sólo su competencia sino también una ex quisita amabilidad haciendo que mi colaboración con e llos fuera de las más agra-

dabl es.

loan Petru Culianu Groninga, 3 de julio de 1983

17

Eros y ·magia · en el Renacimiento

Introducción

..

Todavía suele pensarse que un abismo separa la visión d el mundo que tenía e l h ombre de l R enacimiento de la que tenemos nosotros mismos y nu es tros cont e mp oráneos . La marca visible de esta fractura sería la tecno- logía actual, fruto d e la «cie ncia cuantitativa)), que empezó a desa rro ll ar-

se a partir del siglo XV II. Sin embargo, y a pesar de que las mayores auto: ..

ridad es de

la

hi st oria de

la cienc ia nos info rmen sobre la

inexis tente

relación entre los propósitos de un Newton, un Kepler, un Descartes, un

Galileo o un Bacon y es ta supuesta «ciencia cuantitativa)>, seguimos

p erpetuando las misma s opiniones erróneas que nuestros

antepasados ra-

cionalistas la idea de

del siglo XIX . De h ec ho, estos últimos

creían firmemente en

la razón y d e l progreso, y la defe ndían a ultranza. Postular la

existencia de una ruptura entre una edad infantil de la humanidad, que

se terbúnaba con e l Renacimiento, y la e dad d e su n1adurez , que culmi- naba con el advenimiento de la técnica moderna, era útil, en aquel mo-

mento, para los objetivos sociopolíticos de nu es tros partidarios del

pro-

greso que se creían rodeados, o realmente lo estaban, por fuerzas hostiles. Pero hoy en día, cuando las pruebas pa lpables de la te cnología qui tan to-

da su eficacia a una mirada demasiado nostálgica hac ia el pasa do, se hace

indisp e nsabl e

revisar por compl e to esta act itud cuya intolerancia

preten -

de esconder la falsedad.

·

La id e a q ue el hombre moderno tiene de la magi a es muy extra ña: só-

lo ve en

ella un montón risible de recetas y de método s que provi e n e n

d e un concepto primitivo, no científico, d e la naturale za. Desgrac iada-

mene~, los pocos «especialistas)> que se arriesgan a exp lorar ese dominio

lleva n, como únicas herramientas para su viaje, los

mismos prejuicios . Se

pueden contar con los dedos de una mano las obras que romp e n con es-

ta persist~nte tradición. Ciertamente, sería d ific il sostener que el método

de la magia tiene al-

go que ver con nuestras ciencias de la naturaleza: la es tructura de la ma- t er ia queda ig n orada po r comp leto, ,y los fenómenos fis ico - químicos se

atribuyen a fuerzas ocultas que actúan en el cosmos. A pesar de ello, la magia tiene en común con la tecnología moderna el ansia de llegar, por otros medios, a los mismos resu l tados: comunicación a distancia, trans- portes rápidos, viajes interplan e tarios forman parte de los éxitos corrien- ·

tes del mago.

Sin em bargo, la magia ha seguido existiendo, riéndose de cuantos creían que ya llevaba tiempo desaparecida, no ha sido gracias a estos éxi- tos. Más bien son las ciencias psico l ógicas y sociales contemporáneas 'las que derivan directamente de e lla . Por esta razón convendría, ante todo,

restablecer una visión correcta de la esencia y la metodología

de la m ag ia

para' poder hac erse

una idea de lo que todavía le debemos .

En principio, la magia de la que nos ocuparemos aq es una ciencia del imaginario; exp lora este imaginario con medios propios y pretende manipularlo má s o m en os según su voluntad. En su desarrollo máximo, alcanzado con la o bra de Giordano Bruno, la magia es un método de

control sobre el indiv iduo y los medios de comun icación, basada en el

conocimiento profundo de las puls iones

eróticas p e rsonales y colectivas .

Se pu ede reconocer en e lla e l antepasado l eja no, no sólo d e l psicoanálisis

sino tambi én, y e n primer lugar, del de la psicosociología aplicada y la psicología de masas.

AJ ser una c i enc ia de la manipulación de f.1ntasmas, la magia va diri- gida, en primer lu gar, a la imaginación humana donde intenta suscitar impresion es persistentes. E l mago d e l Renacimiento es un psicoanalista y

un profeta, p ero también se a nti c ipa respecto a profesiones modernas, co -

mo las d e j efe d e relaciones públicas, agen te de propagand a, espía, bre político, censo r, direc tor de los medios de comunicación de agente de publicidad.

hom -

masa,

Las operaciones f.1ntástícas que conoce el Renacimiento son más o menos complejas : el eros es la primera que ya se manifiesta en l a natura- leza, sin que intervenga la voluntad humana . La magia sólo es un eros aplicado , di r igido, provocado por e l operador. Pe.ro tamb i én existen otros

aspectos de

la man ipulación de los f.·mtasmas: uno de ellos es e l maravi-

lloso arte d e la memoria. La relación entre eros, mnemotécnica y magia

es hasta tal punto i ndisoluble

que resulta i mpos i ble comprender esta últi -

ma sin estudiar prevíamen'te los pr incip i os y los mecanismos de los dos primeros.

En cierto modo, obramos como precursores al estudiar la imaginación

.

22

atribuyen a fuerzas ocultas que actúan en el cosmos . A pesar de ello, la magia

en el Renacimiento y los cambios a los que se vio sometida en la época de la Reforma. Sin embargo, sería ingenuo pretender que nuestro libro

no

se sitúe en

la

líneá de

toda una

tradición de estudios dedicados a la

historia y filosofia de las ciencias, de los que intenta, a veces, cor reg ir a l-

bTÍm error de enfoque .

·

. La obra de Paul K. Feyerabend, aunque no haya msp1rado nu estras In- vestigaciones, se ve a menudo confirm'ada, e n un sentido histór~co, a tra- vés de ellas. Efectivamente, F eyerabend d ebe mucho a l os estudtos de so -

.

.

ciología de

las ciencias que surgieron en

e l mundo anglosaj~n co mo

consecuencia de l a influencia ejercida por Max Weber sobre la mterpre- tación de la aparición de las ciencias modernas en e l siglo XVI_J. Ro~ert K. Merton, sobre todo, constató un sllift of vocational interest hacta l a Cien- cia en la Inglaterra puritana, relacionando las vocaciones científicas con la influencia del puritanismo religioso' . Así fue como el alcance del pu- ritan ismo, que llevaría, según W e ber, a la formación d e l <<espíritu ~el c~­

pita l ismo•>2, se vio ampliado hacia la formací~n d~ las esf~ras_ de mte res social, aptas para explicar el desarrollo d~ la c1enc1a y l a tecmca moder- nas. (Cierto es que junto al puritanismo, Merton sitúa los intereses mili- tares e ntre los factores fundamentales que e xplican este fenómeno cuya i'mportancia es incalculable. De esta manera, las bases tecnológicas de nuestra sociedad parec e n apoyarse · en dos acti vidades h u manas cuya rela- ción con las ciencias casi parecía insospechable: la religión y la guerra.) Max Weber, al que no obstante se ha intentado atribuir un espíritu antipuritano (para compensar las exageraciones invers~ de su familia), fue el primero en sostener la necesidad de _unas obser:act?ne~ de. ord en .s~­ ciológ ico e histórico que fueran werifrel, esto es, sm nmgu~ t1po ·de JUI -

cio de valor. Merton, por su parte,

taría

no atribuirle . una admjración

que,

se sitúa en esta perspectiva, p e ro cos- implícita por este puritanismo inglés

a l cabo de unas décadas, transformaría por compl~t~ el destino d: ~a

c i vilización occidental. En cuanto a Feyerabend, no dlSimula sus preJUI- cios llegando así a unas · conclusiones realmente extrañas 3 En efecto, en una obra, cuyo mérito por haber puesto de manifiesto los límites del ra- cionalismo reconocemos con gusto, Feyerabend no duda en afirmar que l a interve nción de l estado es a menudo saludable para frenar la evo l ución unidireccional de la ciencia. Ofrece como ejemp l o de operación conse- guida con éxito para corregir el imperialismo c~entífico occidental, el re- surgimiento de la medicina tradicional en Cluna por orden de Mao, Y

23

.

también recuerda la influencia de los puritanos en la Inglaterra del siglo XVII, que Uevó a la aparición de las ciencias cuantitativas modernas. Cier- to ~s que la perspectiva de Feyerabend no es la única posible. Implica atri- b~Ir ~n valor a un fenómeno histórico (en este caso, la aparición d e la

Ciencia moderna bajo la influencia del puritanümo) que no posee ningu- no. En el caso d e Feyerabend, así como en el caso de todos los historia- d?res r~cionalistas de las ciencias (de los cuales nuestro filósofo pretende distanciarse en varios aspectos), la influencia del prot estantismo inglés so- . ~re el d esarro lJo de las ciencias se beneficia de una valorización que es,

sm h~ga~ a dudas, intensamente positiva. Con todo e llo, es posible invertir

esta optica y afirmar, por ej emp lo, que la humanidad moderna debe su

mayor mal a los dos f:1ctores que lo produjeron, en el alba de la nueva época tecnológica: la religión y la guerra. Está lejos de nosotros la inten-

ción de segu~r. esta

posición radical. Pero bien debemos constatar que no

es menos legitima que la d e

los ad ep tos al «triunfalismo» ci e ntificista, en-

tre los cuales hay que contar el que ha declarado formalmente ser su ad- versario: Paul K. Feyerabend.

En cuanto a nosotros, m ás bien nos indinamos por seg uir a Max We- ber y rechazar, por principio, cua lquier jui c io de valor sobre las constata- cio n es históricas que se despre nd e n de los anáJjsis contenidos en este libro. Es evid e nte que la mater ia, c uya s vi c isitud es históricas exami naremo s a lo largo d e esta obra, es el inur,(!ÍIIario lruma11o tal como viene expresado en los docum e nto s re lativos al e ros y a la magia en el Renacimiento. En a_lgut;¡a ocasión, será imp os ibl e no e nfrentarse con el tema de las preten- siones del n~a~o cu~ndo e fect úa operac iones fuera de lo común. Y, por 1? tanto, se ra, Hnp os tbl e no compa rar estas pretensiones -cuya validez no t1ene ~or qu e ser exa minada- con las realizaciones de la ciencia y la tec- _nolog1a · modernas. Magia y ciencia representan, en última instancia, las

n~cesid~des imag~narias; y el paso de una sociedad dominada

por la ma-

gta hacia una soctedad domina da por la ciencia se explica, en primer lu- gar, por un cambio del imagi11nrio. En este sentido se concreta la novedad de este libro: examina las transformaciones al nivel del. imaginario mismo ~n lugar de h~cerlo al ~ivel de los descubrimientos científicos, y lo hace par- ti_endo de la 1d~a d e que un descubrimiento sólo es po s_ible gracias a una Ciert~ perspect~va de conocimientos Y. creencias relativos a su posibilidad. SI hoy e~ d_Ia podemos enorgullecernos de tener a nuestra disposición unos conocuruentos y una tecnología que sólo existían en la fantasía de

24

los magos, hay que admitir que, desde el Renacimi ento, han disminuido nuestras facultades para obrar directamente con nuestros propios fantas-

mas, o

con lo s de los demás.

La proporción entre consciente e incons -

ciente se ha modificado en profundidad, y nuestra capacidad para domi -

nar nuestros propios procesos imaginarios se ha quedado en nada. No sólo es interesante aprender cuál era la relación entre un hombre del Renacimiento y sus propios fantasmas, sino qu e tambi én interesa

comp render cuáles han sido las razon es ideológicas que han favorecido la evolución de dicha relación. De hecho, esto es equivalente a una justa comprensión de los orígenes de la ciencia moderna: es ta última no hu- biera podido aparecer si no hubiera existido una serie de factores capaces

de producir la modificación del imaginario humano. Ahora

bien, es t os

factores no fueron económicos y tampoco procedían de una pretendida <<evolución» de nuestra raza. Por el contrario, las fuerzas que los suscita- ron eran ~egresivas, en un plano psicosocial, e incluso «reaccionarias>>, e n un pl~no sociopolítico. ¿Cómo puede se r que, a pesar de ello, les deba- mos la aparició n del esp íritu qu e paulatinamente Uevaría a la expansión de la ciencia moderna? Éste es el enigma de la historia que este libro se

propone resolver.

·

Para prevenir el malestar del lector ante unas afirmaciones demasiado chocantes, consistiendo la prim era en que seguimos viviendo en un mun- do donde la magia todavía tiene un pap el importante y ocupa un lugar preferente, hemos dejado que los textos hablaran por sí solos. Para él, he-

mos empre ndido e l esfuerzo de comprenderlos, tanto en su letra como

en su espíritu. Finalmente, las

conclusiones que h emos obtenido no~ pa-

recen recompensar con creces unos estudios laboriosos, realizados duran- te doce años, casi sin interrupcione s; estudios para los que la filología só- lo fue un instrumento de acceso y no una finalidad en sí. El hecho de que la meditación asidua sobre el significado de los documentos haya ~us­ tituido aquí la simple comunicación de su contenido, basta para exp licar la singularidad de esta obra; singularidad por la cual no creemos que de- bamos pedir disculpas. Por lo demás, el lector está destinado a juzgar por

sí mismo. Este ,libro, como cualquier otro, es una siembra de fantasmas que va

dirigido a un sega dor desconocido. Él es quien decidirá sobre su uso.

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Pr i mera

p a r t e

Fantasmas en acc1on

1'

Suppr i me gl'enúne nti , e inalza

Ch i l'i nfin ite mac hi1ú

susten ta,

i bassi

Et co n veloce , me di oc re, et

le n ta

Ver ti gine, d ispe nsa

ln · q uesta mo le immensa

Q u a n t'occo lt o si r e nd e e ape rto stass i.

Giord ano B run o

Pr i mera p a r t e Fantasmas en acc1on • 1' Suppr i me

1

Capítulo 1 Historia de lo fantástico

1. Sobre el sentido interno

Algunas cons id eracio n es

preliminares

Nuestra civilización nació del encuentro de varias culturas, cuyas in- te rpretac ion es acerca de la existencia humana e ran tan distintas que, para

realizar una síntesis duradera, fue necesario un profundo cambio hi stóri- co, acompañado de una creencia fanática. En es ta síntesis, materiales d e origen diverso experimen ta ron una reconversión y una reinterpretación que ll evan la s huellas de la cultura dominante de la época : la cultura d e un pueblo vencido, los griegos, reemplazada por un pueblo conquistador, los romanos.

Para e l pensamiento griego, la sexualidad sólo representaba, en

gene-

ral, un componente secundario del amor. Admitiend<;> la relación causal entre sexualidad y reproducción, tampoco se insistía en la existencia d e una «razón natural)) que confiera a la primera una finalidad puramente genésica; esto es tan cierto que el papel de instrumento de reproducc ión r ese r va do a la muj e r no implicaba .de ningún modo una relación de amor entre ambos sexos, sino más bien una relación política: el fruto de la unión conyuga l iba a ser un nuevo ciudadano útil al estado, un soldac\o o una productora de soldados. El amor profano, aquél de un Alcibíades por ejemp lo, era una mezcla de atracción fisica, d e camaradería y d e respeto suscitado por unas cualidades excepcionales, arrebato poderoso al cual se

prestaba s bien una relación homosexual. Platón, que se mantiene frr- me en sus ideas ante el exilio de los poetas de su ciudad ideal, bajo el pre- texto d e que su furor poé~ico incontrolable entraña un peligro para el es- tado, se plantea el proble-ma de la utilización social d e este inmenso poder emocional que constituye el e ros. La clase d e amor que Sócrates enseña en los diálogos de Platón representa una ·elevación gradual en el orden d el

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ser, a partir de la belleza de las marcas visibles impresas en el mundo fisi- co, hasta las formas conceptuales de las que derivan estas marcas, el cos- mos noético que, como fi.1ente única e indivisible de lo Verdadero, del

Bien Y de lo Bello, representa también la finalidad última

a la cual aspira

el estar. Amor es el nombre de este deseo de múltiples manifestaciones, e l cual, incluso en su aspecto más degradado en el que se añade la atrac- ción sexual, conserva aún su carácter de aspiración inconsciente hacia la belleza transcendental.

. Platón, ~in duda el filósofo más influyente en la historia del pensa-

miento occidental, separa la esfera del amor auténtico de las esferas res- pectivas (y no superpuestas) de la sexualidad y de la r e producción, dando al eros el estatuto - muy importante, aunque no d e finido en el orden con-

  • ceptual- d e vínculo entre ser y estar en su es e ncia , ta onta ontos. El aman-

te por excelencia es e l plzilosophos, aquel que ama la sabiduría, es decir el

arte de ele varse hasta la Verdad que es también Bondad y B e lleza, practi- cando la indiferencia hacia el mundo.

Atracción consci e nte ·y, al mismo tiempo, aspiración

inconsciente, in-

cluso el eros pro6no tiene, para Platón, álgo de imponderable. En cual-

qui e r

caso, el deseo fisico formulado por el alma irracional y saciado eón

el cuerpo sólo representa un aspecto confuso y secundario de éste en la

fenomenología del eros. El cuerpo no e s m ás que un instrumento, mien -

tras que el amor, incluso aquel con finalidad

se xual,

d e pende de los po-

deres del alma. Finalmente, e l esfuerzo mayéutico de Sócrates hace hin-

capi é

en la convertibilidad d e todo eros, incluso fisico (es decir psicofisico),

en contemplación inte l e ctual.

Aristóteles no pon e e n duda la existencia d e la dicotomía platónica

entre cu e rpo y alma. Sin embargo,

estudiando los secretos de la natura-

leza, siente la necesidad de definir empíricamente las relaciones entre es-

tas dos entidades aisladas , cuya unión casi imposible desde el punto de vista metafisico constituye uno de los misterios más profundos del uni- verso. La intervención de Aristóteles, inspirada muy probablem e nte e n las

teorías

d e la medicina siciliana o de Empédoclesl, produce dos resultados

de una importancia incalculable para la historia del pensamiento occiden- tal: por un lado, se considerará el eros, del mismo modo que la actividad . sensorial, como una de las op e raciones que implica la relación mutua al- ma-mundo sensible, lo que hará qu e sea sustraído al dominio incondi-

cionado del alma; 'por otro lado, y cómo consecu e ncia, el erótico, igual

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ser, a partir de la belleza de las marcas visibles impresas en el mundo fisi- co,
ser, a partir de la belleza de las marcas visibles impresas en el mundo fisi- co,

que el proceso dél conocimiento sensible, deberá an alizarse e n. relació~ a la naturaleza pneumática y a la fisiología sutil del aparato qu e m v e d e m - tennediario entre cuerpo y alma.

Este aparato está compuesto por la misma

sustancia -el e spíritu (pn eu-

111a)- con la que están hechas las estrellas y cumple la función d e prim e r instrumento (¡noton 01ganon) del alma en su relación con el cu e rp o . T al mecanismo ofrece las condicion es requ e ridas para resolver la c o ntra - dicción entre lo corpóre o y lo incorpóreo: es tan sutil que se acerca a la

naturaleza inmaterial del alma; y sin embargo, es un cuerpo que pu e d e

entrar, como tal, en contacto con

el mundo sensible. Sin este pneuma as -

tral, cuerpo y alma serían compl e tamente inconscientes uno de otro, ci e - gos como lo son cada uno del reino del otro . Esto se de~e a qu.e e l ~lma

no posee ninguna abertura ontológica que l e permita mirar abaJO, mien- tras que el cuerpo no es más que una forma de organización de los. ele- m e ntos naturales, una forma que se disgregaría inmediatamente sm la vitalidad qu e le garantiza el alma. En resumen, el alma sólo puede trans-

mitir al cuerpo

todas las actividade s vitales, así como la movilidad , me-

diante el proton 01ganon, el aparato pneumático situado en e l corazón. Por otro lado, el cuerpo abre al alma una ventana hacia el mundo a través de los cinco · órganos de los se ntidos, cuyos mensaj es llegan al mismo dispo-

siti~o cardíaco , que se ocupa entonces de codificarl.os d.e forma

que s~a.n

comprensibles. Bajo el nombre de phantasia, o senudo mterno, el espm- tu sid e ral transforma los mensajes d e los cinco sentidos en fantasmas p e r-

ceptibles por el alma. Es así porque ésta no pued e captar nada que no sea convertido en una secuencia de fantasmas; en pocas palabras, no puede comprender nada sin fanta smas (aneu plzantasmatos)2. En latín, Guillaume de Mccrbecke, traductor de Aristóteles, reproduce así este fragmento:

Numquam sine phantasmate intelligit anima. Y santo Tomás hace de ello un

uso casi literal en su Suma teológica 3 , cuya influencia · fue inmensa durant e

los siglos posteriores: Intelligere sine corwersione ad phantasmata est (anilna e) praeter 1Wturan1.1El sens11s interior, sentido interno o sentido comú~ aristo-

télico, que se ha convertido e n una noción indisociable no tan solo d.e la escolástica sino también de todo el pensamiento occidental hasta el siglo

XVIII, con~ervará aún toda

su importancia en D escartes, y aparecerá, po-

siblemente por . última vez, en las primeras páginas de la ~ritica de la ~a~~n pura de Kant. Para los ftlósofos del siglo XIX ya ha perdido su credibili- dad, tran sformándose en una simple curiosidad histórica confinada a los

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lib ros especializados o reservada a las palabras del espíritu, como prueba de que no se

lib ros especializados o reservada a las palabras del espíritu, como prueba

de que no se había olvidado d e l todo en los medios inte lect uales. Si no supiéramos que, para Aristóteles, el propio intelecto posee un carácter d e

E l hecho de recordar aquí los grandes momentos

d e la historia d e l

pneuma fantástico no responde a una simple manía d e co lecc ionista . Por

haberse conten,tado con Aristóteles, y hab er perdido d e vi sta esta hi sto-

fantasma, q ue es plzantasmatis, jamás pod~íamos ll egar a comprender

e l

ria, lo s intérpretes de l Renacimiento,

incluso los más i nstruidos ,

nún ca

significad o de la ocurrenc}a de Kierkegaard: que

e l pensamiento

puro e~

En e l fondo, todo se reduce a un problema d e comunicac ión:

cu er po

han capta do la esencia de las múltiples operaciones pneumáticas, ni su

un fantas