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Fines de la educación

religiosa escolar (E.R.E)


en Colombia
Padre Mario Peresson, SDB.

T
eniendo presente la comprensión integral de la evan-
gelización, es absolutamente claro que en un Centro
Educativo, sobre todo si es confesional católico, la
misión evangelizadora no se reduce, ni se puede
agotar, en el hecho de que se garantice y se impar-
ta la Educación Religiosa Escolar como un área es-
pecífica del Currículo académico, exigido por la legislación
colombiana en todo centro educativo formal o escolarizado
desde el preescolar, pasando por la educación básica prima-
ria, la básica secundaria y la media vocacional. Como tampo-
co se cumple a cabalidad la misión evangelizadora del centro
escolar porque, además, se realicen regularmente algunas
celebraciones litúrgicas, se facilite la preparación a los sa-
cramentos de la iniciación cristiana, se lleven a cabo algu-
nas convivencias formativas, o se organicen algunos grupos
apostólicos, cosa que ciertamente es muy positivo, pero par-
cial e insuficiente.
Un Centro Educativo católico evangeliza a través de todo
su proyecto educativo inspirado en una visión cristiana de la
persona, de la sociedad y de la creación, y mediante el con-
junto de intervenciones encaminadas a la promoción integral
de la persona —de toda la persona y de todas las personas—

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(personalización); suscitando un proceso de liberación perso- Un Centro


nal y colectiva de todas las formas de alienación (liberación); Educativo católico
formando “personas nuevas”, críticas, creativas y coherentes, evangeliza a
con espíritu fraterno y compromiso social, capaces de encon- través de todo su
trar alternativas a la sociedad piramidal y excluyente, como la proyecto educativo
nuestra (socialización); y ayudando a desarrollar de manera inspirado en una
creadora la propia cultura, como fuente, expresión y garantía visión cristiana de
de identidad (culturización). la persona, de la
Teniendo claro lo anterior, y sabiendo que la Educación Re- sociedad y de la
creación.
ligiosa Escolar es un área específica del Currículo académico y
del Plan de estudios de la educación formal colombiana, nos
preguntamos cuál es el aporte específico e insustituible que
puede y debe ofrecer la dimensión, la experiencia y el testimo-
nio religiosos, específicamente el cristianismo, para la forma-
ción integral de las personas y las comunidades, y desde ahí, en
integración e interacción con las demás áreas, llegar a ser una
mediación insustituible para la realización de la misión evan-
gelizadora del centro educativo católico.
Señalaremos, pues, los objetivos y los aportes propios y
específicos de la Educación Religiosa Escolar, dentro de una
concepción interdisciplinaria del conocimiento, con miras a la
formación integral de las personas y las colectividades.

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El conocimiento La Educación Religiosa Escolar está llamada a jugar un papel


en el Centro significativo en la tarea de reinventar el centro escolar como
Educativo no espacio privilegiado para la construcción del conocimiento.
puede limitarse,
pues, a la simple Paulo Freire, el gran educador y pedagogo latinoamericano,
transmisión de quien murió en el año 1997, y a quien debemos la inspiración
saberes adquiridos de muchas de nuestras prácticas educativas y reflexiones peda-
ya, sino que gógicas, afirmó en una de sus últimas conferencias, que el ma-
debe construirse yor desafío que se plantea a los educadores es el de reinventar
en interacción la escuela.
dialéctica del El progreso ilimitado del conocimiento actual y de la acción
niño y del joven
humana, mediados por la ciencia y la tecnología, unidos a una
con su realidad,
visión mercantilista de la sociedad y de las relaciones entre las
y en diálogo y
personas, al mismo tiempo que han creado una mentalidad
reciprocidad con
prometéica, están revelando los tremendos desequilibrios so-
sus semejantes.
ciales y ecológicos que están llevando a la humanidad entera a
los límites de la autodestrucción y de la muerte, creando una
sensación de incertidumbre, de frustración, de desesperanza,
de sin sentido y hasta de fracaso.
Por otra parte, no es raro constatar que, en la escuela tradi-
cional, la imposición y hasta el autoritarismo prevalecen sobre
la interacción dialogal, y que el conocimiento estático (pura
transmisión y aprendizaje unidireccional) desplaza a la cons-
trucción y la creación del conocimiento significativo.
Reinventar, recrear el centro escolar hoy, en este contexto,
significa superar los límites y los condicionamientos que presen-
ta actualmente, como lugar e instrumento de reproducción de la
sociedad imperante y del tipo de personas que ella necesita, para
convertirse en un factor de cambio de la sociedad y de formación
de las personas capaces de comprometerse en llevarlo a cabo, al
mismo tiempo que transformarse en un espacio privilegiado de
construcción de un conocimiento significativo para tal fin.
El conocimiento en el Centro Educativo no puede limitarse,
pues, a la simple transmisión de saberes adquiridos ya, sino
que debe construirse en interacción dialéctica del niño y del
joven con su realidad, y en diálogo y reciprocidad con sus se-
mejantes.
Solo a partir de una actitud dialógica y de constante inter-
cambio, el niño y el joven podrán recrear el conocimiento, en
una síntesis que los lleva a ser sujetos creativos y activos de la
sociedad y de la historia.
La construcción del conocimiento, propio del centro esco-
lar, se plantea como meta la realización integral de las perso-

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nas y la construcción de un mundo que llegue a ser un lugar


de bienestar y de felicidad para todos los seres humanos en
armonía con la creación.
Surgen inmediatamente algunos interrogantes, muy serios
y desafiantes por cierto:

§ ¿Bienestar y felicidad para todos o solo para unos po-


cos?

§ ¿Felicidad que se agota en un bienestar material de


consumo ilimitado, o que se proyecta hacia un sentido
trascendente de la vida?

La respuesta a estos interrogantes solo podrán darse desde


un abordaje humanista, ético y religioso de la vida humana. La
Educación Religiosa Escolar ofrece el sentido trascendente de
la vida y de la historia, colocando los fundamentos para que
las personas se sientan motivadas y convencidas de la validez
y la necesidad de vivir en comunión y fraternidad, de respetar
y promover la vida en plenitud como horizonte y valor funda-
mental de la convivencia humana y para construir un mundo
en el que quepamos todos sin exclusión, y podamos ser felices y
realizarnos a plenitud como personas y como humanidad.

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La Religión en general, y más concretamente el Cristianismo,


es un factor determinante para la comprensión de nuestro
patrimonio histórico-cultural.

La Religión ha sido a lo largo de la historia, como lo es en el


momento actual, un elemento integrante del entramado huma-
no colectivo y un incuestionable hecho cultural. El patrimonio
histórico y cultural de los pueblos está vertebrado por las cosmo-
visiones religiosas que se manifiestan en los sistemas de repre-
sentaciones simbólicas e imaginarios colectivos, en el conjunto
de valores presentes en la creación artística, en las formas de
organización social, en las manifestaciones y tradiciones popu-
lares, en el calendario y las fiestas, etc. Por ello, el factor religioso
es clave para la comprensión e interpretación de las culturas.
Baste recordar el calendario, la distribución espacial en los
pueblos y el lugar y la función que ocupa el templo, la partici-
pación de la Iglesia en la historia política y social del país y su
presencia activa en la educación, en el campo de la salud, su
influencia en las familias, su presencia en la opinión pública, y,
particularmente, el puesto que ocupa y el influjo que ejerce la
religión en el pensar, sentir, vivir y actuar de un altísimo por-
centaje de los habitantes del país.
En el corazón de toda Religión está la relación del ser hu-
mano con Dios. Así es en el Cristianismo y en cualquier otra
Religión, aunque cambie la manera de entender a Dios o los
modos de entender al hombre, o las formas de comprender di-
cha relación, y también las múltiples maneras como se mani-
fiesta desde el punto de vista ético y ritual.
Los pueblos han dejado constancia de su experiencia reli-
giosa de múltiples formas: narraciones que cuentan interven-
ciones divinas en la vida humana, signos o ritos culturales, for-
mas espontáneas o codificadas de conducta; organizaciones y
formas institucionales de convivencia; enseñanzas y doctrinas,
y a través de riquísimas manifestaciones artísticas, etc.
Concretamente, la vivencia religiosa en nuestro contexto
socio-cultural colombiano está marcada por el Cristianismo,
precedida por la experiencia religiosa de los pueblos origina-
rios y en relación con las comunidades y las culturas indíge-
nas actuales y por las culturas de los pueblos afro-americanos.
El catolicismo, con sus luces y sombras a lo largo de nuestra
historia, forma parte constitutiva de nuestra cultura nacional.
Nuestra identidad cultural actual tiene sus raíces en el Cris-
tianismo. Nuestros imaginarios colectivos, nuestros valores

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y formas de convivencia, nuestras estructuras mentales y so- El catolicismo,


ciales están profundamente marcadas y entroncadas en la fe con sus luces
cristiana. Nuestra historia está indisolublemente unida, desde y sombras a lo
hace cinco siglos, a la Iglesia Católica, aunque se percibe ya un largo de nuestra
influjo creciente del secularismo y pluralismo religioso. historia, forma
Al hablar de la relación de la religión con una cultura, hay parte constitutiva
un aspecto que no podemos dejar de lado y que, por lo mismo, de nuestra cultura
forma parte del abordaje de la Educación Religiosa Escolar. nacional. Nuestra
Las actitudes y las formas de vida de una persona o de un identidad cultural
grupo social no son el resultado de puros conocimientos y ra- actual tiene
sus raíces en el
ciocinios; ni son solo de carácter psicológico. La psicología so-
Cristianismo.
cial ha constatado la importancia de la influencia social en
la formación de tales actitudes. Antes de cualquier reflexión o
cuestionamiento intelectual, la persona va embebiendo y asi-
milando inconscientemente su medioambiente (costumbres,
tradiciones, ritos, normas, creencias, etc.). Se da un telón de
fondo global, un modo de ver y de valorar las cosas y la vida,
que ejerce una fuerte influencia en la valoración del mundo y
en las actitudes de las personas, también en el campo religioso.
Es lo que se llama el espacio hermenéutico, o sea, un espa-
cio socio-cultural en el que se da la gestación de interpretación,
de comprensión y de sentido del mundo.
Ahora, bien, en Colombia, uno de los componentes básicos
de este telón de fondo o marco hermenéutico es el catolicis-
mo. Marcó y continúa incidiendo de tal manera en la cultu-
ra colombiana, que, de una u otra manera, nadie en este país
escapa a su influencia, sea directa o indirecta. En un lenguaje
más filosófico diríamos que el Catolicismo es, en Colombia, una
clave indispensable de acceso a la interpretación y la compren-
sión de nuestra cultura: es un componente básico del “espacio
hermenéutico”. Por esta razón, todos los estudiantes necesitan
una suficiente comprensión del componente religioso que mar-
ca su cultura y es fuente de sentido, sin olvidar, por el mismo
motivo, que existen otros elementos hermenéuticos, como la
creciente cultura urbana, el papel de la modernidad y, cada vez
más, el ambiente posmoderno.
Por esta relación existente entre Educación Religiosa Es-
colar y cultura, se habla también a veces, en el contexto de la
educación formal, de Cultura Religiosa. En este caso, con-
viene explicitar en qué sentido se toma el término “cultura”,
para que no sea interpretada únicamente desde el enfoque de
la Ilustración como un “saber ilustrado y erudito” de temas y
conceptos religiosos.

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Cuanto acabamos de decir permite ciertamente compren-


der la amplitud y la profundidad de la concepción de cultura a
la que hacemos referencia, y al lugar significativo que ocupa la
religión dentro de ella.
Ahora bien, si la educación escolar tiene entre sus finali-
dades hacer que los alumnos valoren, recuperen y asuman en
forma consciente, crítica y creativa la propia cultura, la E.R.E.
debe hacer su aporte en la comprensión del mundo cultural
desde su componente religioso y cristiano, sin el cual el patri-
monio cultural se vería radicalmente empobrecido y mutila-
do. Ignorar este ingrediente es condenar a los alumnos a ser
analfabetos en la civilización en que viven y lanzarlos por un
despeñadero de rapidísima desculturización.
Debe existir conscientemente en el Currículo, de diversas
formas según niveles y etapas, una enseñanza sobre el hecho
religioso en sus vertientes histórica, artística y antropológica,
ya sea como asignatura específica o como eje transversal en las
diversas áreas.
Hay algo más; en una época en que los intercambios cultu-
rales constituyen un hecho habitual, más allá de las fronteras
políticas, lingüísticas y económicas, el conocimiento de las Re-
ligiones es un factor importante, no solo de identificación, sino
de aproximación, conocimiento, comprensión y valoración de
las otras culturas.

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La Religión, y concretamente el Cristianismo, están llamados a La educación en


hacer un aporte insustituible en la formación en valores de los valores es parte
niños y de la juventud. integrante de
los fines de toda
Para que se pueda hablar de una auténtica educación de la per- educación, y
sona se debe incluir, como uno de sus fines, la formación de la con mayor razón
persona sobre el fundamento y el horizonte de valores éticos y de la educación
morales. En consecuencia, la educación integral debe tender a cristiana.
iniciar a los jóvenes y a las jóvenes en el obrar ético. No existe
educación neutra en este campo y necesitamos, por tanto, ser
conscientes de qué valores tenemos y cuáles queremos trans-
mitir a las próximas generaciones.
La educación en valores es parte integrante de los fines
de toda educación, y con mayor razón de la educación cristia-
na. Formar una persona éticamente responsable es una
urgencia para nuestra educación, como respuesta a la descom-
posición moral en que vivimos, comenzando por la negación
del valor ético fundamental: el respeto a la dignidad de la per-
sona y a sus derechos fundamentales (en primer lugar, el dere-
cho a la vida y a su desarrollo de una manera digna para todos).
La E.R.E. puede y debe contribuir de manera decisiva e in-
sustituible a la educación ética y moral de los jóvenes, con los
contenidos que le son propios y en relación y cooperación con
las otras áreas.
Es una realidad indiscutible que la Religión, y en nuestro
caso el Cristianismo —como todas las visiones donadoras de
sentido— constituye el horizonte donde se proponen y se vi-
vencian los valores. La Religión es, en consecuencia, un com-
ponente importantísimo a la hora de la educación o la transmi-
sión de los valores.
Un filósofo, tan importante y poco sospechoso de religioso
como Jürgen Habermas, decía recientemente1 que casi todos
los grandes valores que recorren la cultura occidental hunden
sus raíces en la tradición judeocristiana. La religión ha sido el
gran vehículo de la cultura y de la transmisión y la educación
de los principios y los valores. Hoy, en una sociedad seculariza-
da, estas funciones las realizan también otras instancias, pero
el aporte del Cristianismo sigue siendo importante.

1. Habermas, Jürgen, “Israel y Atenas o ¿a quién pertenece la razón anamnética? Sobre


la unidad en la diversidad multicultural”, Isegoría, 10, 1994, pp. 110-117. Citado por:
Revista EXODO No. 29, Madrid, mayo-junio de 1995.

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La Religión enseña Vistas las cosas desde la tradición bíblica, y más específi-
a mirar la realidad, camente la cristiana, la Religión educa en la consideración de
no a través del la otra persona, de todo ser humano, como valiosa en sí
prisma del dinero misma, digna de todo respeto, por ser “imagen de Dios”, hijo
y el consumismo, e hija suyos, hermano y hermana en Jesucristo. Motivados por
sino a partir de el cristianismo, descubrimos en el otro un ser igual a mí, al que
las necesidades no puedo manipular ni convertir en instrumento a servicio de
y los intereses mis intereses. Grandes movimientos utópicos han recorrido la
de todos, y, en historia occidental inspirados en esta idea de la radical igual-
consecuencia, dad y dignidad de todos los seres humanos.
a obrar
En otras palabras, la tradición judeocristiana, como se
solidariamente.
acepta en general, es la gran transmisora del valor absoluto y
sagrado de la persona humana. Esta radicalidad humanista del
Evangelio ha sido asumida hoy por toda la conciencia laica de
nuestro tiempo. Pero no está, por demás, tomar conciencia de
las raíces religiosas de las que procede.
Otro gran aporte del judeocristianismo en el campo de los
valores es la clara conciencia de que la libertad y la res-
ponsabilidad son constitutivos de la persona huma-
na. La conciencia de ser un ser libre, no total y fatalmente
determinado, sino capaz de orientar la propia vida y, por lo
tanto, moralmente responsable de ella, es un valor reafirmado
constantemente por el judeocristianismo. La realización per-
sonal de cada uno, la situación actual de la sociedad y su futu-
ro, tienen que ver, dentro de circunstancias concretas, con la
libre voluntad de cada quien y del conjunto social. Nace así un
fuerte sentido de responsabilidad ante la vida, la historia y el
cosmos, del sentido del deber y de las opciones que se tomen
frente a ellos.
La solidaridad, fruto de un común origen, historia y des-
tino, vincula a cada ser humano con los otros. De ahí brota la
compasión activa, la solidaridad efectiva que está en la raíz del
profetismo, de los movimientos de liberación, de la sensibili-
dad ante cualquier injusticia cometida en cualquier parte del
mundo y, en general, de la actitud transformadora respecto a
la sociedad.
La Religión enseña a mirar la realidad, no a través del pris-
ma del dinero y el consumismo, sino a partir de las necesidades
y los intereses de todos, y, en consecuencia, a obrar solidaria-
mente.
Pues bien, los valores que el área promueve desde el Evan-
gelio tienden a formar actitudes y conductas coherentes con
una visión humanista y cristiana de la persona y de la sociedad.

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En efecto, la educación religiosa y moral, integrada al Currícu-


lo escolar, colabora a la finalidad educativa de formar personas
conscientes, responsables, críticas y libres; aporta a los alum-
nos elementos para fundamentar su propia cosmovisión
y sistema de creencias y valores, acorde con las exigencias éticas
de la realidad de la comunidad, el medio cultural y dentro del
respeto a su libertad y autonomía personales; capacita para el
respeto y el diálogo con otros sistemas de creencias presentes
en una sociedad pluralista, y posibilita el desarrollo espiritual y
cultural del alumno, en su propio contexto histórico y ambiental.
Además, dentro del planteamiento de educación integral, la
Educación Religiosa Escolar contribuye de manera original y
específica a la formación de la conciencia como principio
y norma última del actuar humano. En efecto, la educación no
se limita únicamente a informar, mediante la transmisión de
conocimientos, sino que pretende formar integralmente a las
personas, en todos sus aspectos: la inteligencia, la voluntad,
la afectividad y, de manera especial, la conciencia, en donde la
inteligencia y la voluntad, la libertad y la responsabilidad al-
canzan su dimensión más profunda, en la que la persona se
sitúa delante de sí misma, de los demás y de Dios, y piensa,
discierne, decide y actúa según los valores y los principios que
la inspiran y orientan.
Más concretamente, la enseñanza de la Moral Católica tiene
estas finalidades propias:

• Presentar y descubrir el cristianismo como instancia


crítica, ética y moral de la sociedad.

• Proponer el Mensaje Cristiano en sus valores y exigen-
cias morales, con miras a suscitar en la persona una ac-
titud y una práctica profundamente humanas y libera-
doras.

La E.R.E. está llamada a hacer un aporte para la inserción


crítica, participativa y creadora de los jóvenes en la sociedad.

Tradicionalmente, se ha dicho que la educación escolar es un


factor y una mediación de socialización, es decir, de inserción
de los niños, las niñas y la juventud en la sociedad.
Interpretaciones más críticas de la escuela y del sistema
educativo en general, los han visto como un factor de repro-
ducción del sistema económico, social y político imperante y

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La formación como uno de sus aparatos multiplicadores de la ideología do-


religiosa y moral minante.
debe proporcionar Algunos ven en la escuela el reflejo de un sistema social y, al
a los estudiantes mismo tiempo, un agente de su consolidación y perpetuación.
un aprendizaje Asumiendo los elementos de verdad que puede haber en
que se traduzca las anteriores críticas, debemos afirmar que la educación debe
en actitudes de preparar a los jóvenes para que no sean personas pasivas den-
participación tro de la sociedad sino para que participen crítica y creativa-
activa en la mente en ella, siendo sujetos activos del cambio y de las trans-
sociedad, desde la
formaciones sociales que exige la realidad.
específica misión
Por eso, mediante la educación, los jóvenes deben apro-
en el mundo que
piarse de su ser social y prepararse para contribuir a la cons-
le propone la fe
trucción de una sociedad justa, equitativa y solidaria. En otras
cristiana.
palabras, formar personas conscientes y comprometidas en la
gestación de una nueva sociedad.
El centro escolar, en consecuencia, debe superar su apa-
rente neutralidad y asepsia, y hacer una opción clara por un
cambio social basado en la dignidad humana y en los valores
del Evangelio, especialmente la justicia y la solidaridad, y los
derechos humanos.

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La E.R.E., dentro de la formación integral del alumno, debe


contribuir a su inserción crítica y activa en la sociedad. Debe
ayudar al joven a abrirse al compromiso social, desde la pers-
pectiva del Evangelio, como respuesta a los problemas del
mundo de hoy. Le ayuda a asumir los valores del humanismo
cristiano, para favorecer su compromiso social por la justicia
y la paz, en solidaridad especialmente con las personas más
desfavorecidas y excluidas de la sociedad.
La educación en su globalidad, y más específicamente la
Educación Religiosa Escolar, debe formar para el compromiso
social y político.
Para lograrlo, es importante que la Educación Religiosa no
se quede en puras informaciones doctrinales. Es preciso que
eduque para la acción transformadora, lo que en un país de in-
justicia estructural, significa, prioritariamente, la acción con-
junta en pro de la justicia, la verdad y la vida, a un nivel cada
vez más profundo de concientización a través de experiencias
formativas.

• Para tal fin, la E.R.E. debe presentar el conjunto de valores


que deben inspirar y orientar el cambio social en la reali-
dad local, nacional e internacional.
• Desde su vocación profética, la fe cristiana tiene la misión
y el deber de cuestionar todo tipo de absolutismos y autori-
tarismos políticos, económicos, religiosos, etc., afirmando,
desde el Evangelio, los derechos inalienables de las perso-
nas y de los pueblos.

• También está en grado de ofrecer, conjuntamente con las


personas y las instituciones que trabajan por una sociedad
más digna del ser humano, criterios que permitan perfilar
un nuevo paradigma de sociedad.

• La formación religiosa y moral debe proporcionar a los es-


tudiantes un aprendizaje que se traduzca en actitudes de
participación activa en la sociedad, desde la específica mi-
sión en el mundo que le propone la fe cristiana.

• Por eso, debe presentar la contribución que la Iglesia,


como comunidad de los cristianos, ha dado y debe dar a la
vida social en favor del bien común y de la liberación y la
promoción humanas en la sociedad.

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La Educación Religiosa Escolar ayuda a suscitar, cultivar y


desarrollar la DIMENSIÓN RELIGIOSA de la persona humana,
como ser abierto a la trascendencia, y a asumir una actitud
madura frente a la opción religiosa.

Para comprender el papel de la Educación Religiosa Escolar en


el ámbito de una educación que quiera ser integral, debemos
partir del carácter antropológico de la religiosidad.
La religiosidad, en efecto, se inscribe en lo más profundo
de la naturaleza del ser humano. En cuanto ser senti-pensante,
se interroga constantemente por el sentido inmediato y por el
sentido último de su existencia.
En el decurso diario de su vida, el ser humano se plantea
muchas preguntas que gravitan sobre su existencia: ¿cuál es
el sentido de cada acción que realiza?, ¿cuál es el sentido de la
vida?, ¿por qué y para qué vivir? De una manera u otra, el ser
humano capta el misterio de la existencia y tiene que optar por
darle uno u otro sentido, que le permita fundamentar, explicar
y orientar su diario vivir.
A cada paso, el ser humano se encuentra en una encrucija-
da, acechado por situaciones límites, que revelan la bipolaridad
de su grandeza y de su fragilidad: entre la admirable presencia
de su existencia y la contingencia de la vida, entre su anhelo
de eternidad y la fugacidad de la existencia, entre el ansioso
deseo de vivir y la muerte presente por doquier, la constante
contradicción entre el mal y el bien, el odio y el amor, la bús-
queda de la verdad y la amenaza permanente de la mentira y
la corrupción, el deseo inagotable de felicidad y el sufrimiento,
frustración y fracaso que se experimentan a cada momento; en
una palabra, entre la búsqueda sincera de lo auténticamente
humano frente a lo inhumano y deshumanizante que aparece y
señorea por todas partes.
¿Cómo vivir en medio de tantos interrogantes y contradic-
ciones existenciales que nos rodean? Para sobrevivir el ser hu-
mano trata de encontrar una respuesta global que pueda uni-
ficar todos estos interrogantes particulares, una respuesta que
dé sentido a la totalidad de su vida, un por qué y un para qué
vivir.
Aquí radica el fundamento antropológico de la religiosidad.
La realidad trascendente de Dios aparece como fuente de uni-
dad y totalidad de sentido. El ser humano recurre a lo absoluto
para unificar, dar orden, consistencia y sentido al mundo caó-

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tico y fugaz en que vive. Esta realidad absoluta, que denomina- En todo ser
mos “Dios”, es el valor supremo al cual se refieren los demás humano hay,
valores relativos. Diríamos —tomando el símil de la bóveda— como acabamos
que Dios fungiría como el “vértice” de la bóveda, aquella piedra de señalar, una
central en la que convergen las fuerzas vectores de los arcos, búsqueda de
aquella sin la cual se desplomaría toda la bóveda. sentido de su
En el sentido que acabamos de señalar, todo ser humano propia existencia
tiene en cierta manera un “dios”, es decir, un valor absoluto y de motivaciones
que da cohesión y unidad a su vida y la salva del sin sentido y la para vivir.
desintegración caótica.
La religiosidad, en la perspectiva antropológica que hemos
señalado, y, más concretamente, Dios, cumplen dentro de la
vida del ser humano, el papel de integración y generación de
sentido, dando fundamento, explicación y direccionalidad a la
propia existencia, viniendo a ser el marco de referencia dentro
del cual se mueve la vida consciente de la persona.
Ahora bien, educación y religión convergen y se encuentran
cuando se quiere responder a la búsqueda de sentido presente
en los estudiantes y a su necesidad de una orientación en su
vida con base en un horizonte de significado.
En todo ser humano hay, como acabamos de señalar, una
búsqueda de sentido de su propia existencia y de motivaciones
para vivir. Dicha búsqueda e interrogantes no pueden ser re-
mitidos al ámbito de lo privado. La educación que acompaña
al niño, al adolescente y al joven a lo largo del proceso evoluti-
vo, debe apoyarlos en dicha búsqueda y brindar los elementos
para que puedan encontrar una respuesta.
Por eso la E.R.E., junto con otras asignaturas que se ocupan
directamente de la orientación de la vida, presentan la dimen-
sión religiosa de la persona, su apertura y relación con Dios,
como respuesta a la exigencia del ser humano abierto a la tras-
cendencia y en búsqueda del significado último de su existen-
cia, con todas las implicaciones éticas que ello comporta.
Presentar el núcleo esencial del mensaje cristiano y su sig-
nificación existencial e histórica.
Entre los objetivos del Centro Escolar está la formación
de una personalidad madura y responsable. Uno de sus ras-
gos será su actitud crítica, suficientemente motivadas ante la
propuesta religiosa, ya sea para asumirla vitalmente con mo-
tivaciones válidas, como también para no acogerla; en ambos
casos, con un respeto a la opción que cada uno asuma con una
conciencia suficientemente iluminada.

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Dado que la mayoría de los alumnos que asisten a los centros


educativos en nuestro medio pertenecen a la comunidad
católica, la educación religiosa escolar constituye un factor
importante de identidad personal y un apoyo que coadyuva a
su crecimiento en la fe cristiana.

Dado que la mayoría de las familias de los estudiantes se pro-


fesan católicas, la Educación Religiosa Escolar tiene caracterís-
ticas y tareas específicas para consolidar la identidad Cristiana
de los alumnos. Ellas son:

• Presentar el núcleo esencial del mensaje cristiano y su sig-


nificación existencial e histórica.

• Entablar un diálogo abierto y crítico del cristianismo con la


cultura.

• Presentar la moral cristiana en sus valores y exigencias,


con miras a suscitar y desarrollar actitudes inspiradas en
ella.

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FINES DE LA EDUCACIÓN RELIGIOSA ESCOLAR (E.R.E) EN COLOMBIA

• Proporcionar una visión cristiana de la persona humana, El principio


de la historia y del mundo, para su comprensión y para un fundamental que
diálogo con otras cosmovisiones y tradiciones religiosas. se debe tener
en cuenta en
• Integrar la visión cristiana de la vida y de la historia con el la metodología
conjunto de los demás conocimientos. de la E.R.E.,
es el diálogo
• Integrarse y relacionarse con las demás disciplinas, espe- recíproco entre
cialmente en la pedagogía de los valores, punto de encuen- la experiencia
tro con las demás áreas. de los alumnos
y la cultura, con
las fuentes y las
• Presentar la fe cristiana como instancia crítica y transfor-
expresiones de la
madora de la sociedad.
tradición cristiana,
en orden a lograr
• Motivar al joven para el compromiso social, desde una una síntesis entre
perspectiva del Evangelio, como respuesta a los problemas fe y vida, entre fe y
del mundo de hoy. cultura.

El principio fundamental que se debe tener en cuenta en la


metodología de la E.R.E., es el diálogo recíproco entre la expe-
riencia de los alumnos y la cultura, con las fuentes y las expre-
siones de la tradición cristiana, en orden a lograr una síntesis
entre fe y vida, entre fe y cultura.
En este último punto, la Educación Religiosa debe realizar-
se en estrecha relación con la pedagogía de la fe y con las ac-
tividades complementarias de tipo propiamente catequístico,
dejando a estas últimas la misión específica de guiar el proceso
de educación de la fe, con procesos, contenidos y metodologías
propias.
También, en este sentido, la Educación Religiosa puede ser
un preámbulo y apoyo a la Catequesis, entendida como itinera-
rio explícito de Educación de la fe cristiana.

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