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EL PÚLPITO VIRREINAL: FUNCIÓN, EVOLUCIÓN Y DECADENCIA

María del Carmen Fuentes

En las iglesias y casas religiosas cristianas construidas en el virreinato del Perú durante
los siglos XVI al XVIII, fueron varias las estructuras de madera erigidas para que en ellas
se cumplieran diversas funciones, todas ellas vinculadas con la evangelización, principal
objetivo de las ciudades hispanas fundadas en América.
Pertenecen a estas obras que complementan la arquitectura, las sillerías corales, los
retablos, los ambones y los púlpitos, los confesionarios, las cátedras y bancos de la sala
capitular, los muebles de la sacristía, además de las obras de cerramiento como las
celosías de los coros de religiosas y las cancelas.
Las sillerías corales, formaban junto al órgano y el facistol, el conjunto empleado para
albergar al clero durante el oficio divino. Estaban compuestas por un número determinado
de estalos, que es el nombre que recibe cada uno de los asientos, los mismos que se
disponían en uno o dos niveles, destinados a las diferentes jerarquías de los clérigos, la
mayoría de las veces acomodadas en forma de “U”. Aún hoy podemos observar
magníficas sillerías corales como aquellas de la catedral de Lima y Cusco.
Los retablos, introducidos alrededor del siglo XI se colocaban en la parte posterior de la
mesa del altar, de allí derivó su nombre, del latín retro tabulae. Hasta antes del Concilio
Vaticano II (1962-1965) el sacerdote celebraba la misa ad orientem. El muro testero de la
iglesia, el telón de fondo del retablo mayor, debía orientarse al este en los primeros
templos y el sacerdote celebraba la misa de espaldas a los fieles.
Inicialmente fueron pequeños rectángulos esculpidos en piedra o metal, pintados sobre
tabla o bordados en tela con representaciones de Cristo, la Virgen María o escenas de la
vida de los santos, y tenían el objetivo de fomentar la piedad tanto del celebrante como
de los fieles. Entre los siglos XII con el arte gótico y hasta el siglo XV adquieren
proporciones mayores hasta llegar a las grandes estructuras barrocas que todavía hoy
conservan algunos de nuestros templos y que subsistieron a la moda de los retablos
neoclásicos.
Además de los retablos colocados como telón de fondo del presbiterio, se colocaron
retablos en los brazos del transepto, en las capillas hornacinas o en cada uno de los
tramos de las naves laterales.
Los retablos y los púlpitos no sólo eran parte del mobiliario eclesiástico, sino también los
medios que materializaban la idea de la gloria a través de la fastuosidad de su
ornamentación.
El púlpito, tema del presente artículo, es la tribuna generalmente de madera dispuesta en
voladizo colocada en la nave central de los templos, ya sea en el lado del evangelio o en
el de la epístola, que estaba adosada a uno de los pilares o muros de la iglesia y desde
donde el predicador se dirigía a los fieles.

1
Los romanos utilizaron la palabra pulpitum para señalar el escenario, la plataforma
elevada de madera destinada al orador y al área donde los actores recitaban y actuaban,
era la parte diferenciada de la orchestra.
El antecedente del púlpito en las iglesias
se encuentra en la cátedra y luego en el
ambón empleado desde las primeras
décadas del siglo IV en los templos
paleocristianos. La lectura del evangelio
se hacía desde el ambón colocado a la
derecha del presbiterio (mirando hacia el
muro de pies), agregándose luego a la
derecha, el ambón para la lectura de las
epístolas.
Inicialmente ambones y púlpito se
emplearon indistintamente, la diferencia
radicaba en la ubicación de los mismos,
alrededor del siglo XV, el púlpito fue
adosado a uno de los pilares o muros de
la nave, para acercarlo más a los fieles.
En primer plano el ambón del lado del evangelio de la Su ubicación debía ser en el lado del
Catedral de Lima y detrás de éste, parte de la sillería coral. evangelio, debajo del arco triunfal, o
Imagen: https://goo.gl/qcNCLK [Consulta: 30.10.2015] debajo de uno de los arcos torales que
sostenían la cúpula sobre el crucero.
Debido a la cercanía con la sacristía se
ubicó también en el lado de la epístola.
Durante el Concilio de Trento (1545-
1563), uno de los resultados de la quinta
sesión, fue la aprobación del decreto
Super lectione et praedicatione del 17 de
Junio de 1546. El capítulo II De los
predicadores de la palabra divina, y de
los demandantes, señalaba:
“Siendo no menos necesaria a la
república cristiana la predicación del
Evangelio, que su enseñanza en la
cátedra, y siendo aquel el principal
ministerio de los Obispos; ha establecido
y decretado el mismo santo Concilio que
todos los Obispos, Arzobispos,
Fraile predicando desde el púlpito Primados, y restantes Prelados de las
Óleo sobre lienzo - Autor Anónimo (1670-1780) iglesias, están obligados a predicar el
Museo del Prado
sacrosanto Evangelio de Jesucristo por
Imagen: http://goo.gl/BcxGZQ [Consulta: 30.10.2015]
sí mismos, si no estuviesen
legítimamente impedidos.” 1

1 Concilio de Trento. Sesión I. http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/pt/k0e.htm [Consulta 06.11.2015]


2
Con la Reforma de Trento, el púlpito se convirtió en un elemento fundamental en los
templos como:
[…] el símbolo de una prodigiosa cultura surgida del ministerio de la palabra, que
con ser la más antigua forma de transmisión del mensaje salvífico del cristianismo,
alcanzó sin embargo en la Iglesia Católica postridentina un desarrollo
deslumbrante como una de las más acabadas formas del arte de la retórica.
Particularmente en el mundo hispánico de los siglos XVI al XVIII, la prédica a
través del sermón no fue solamente la explicación al pueblo de la palabra divina y
de los dogmas de la fe: el púlpito fue la tribuna privilegiada desde donde se
canonizaron constantemente los principios e imaginarios que desde las
conciencias cimentaban el orden político y social. (Escamilla, 2011: 201) 2
Al igual que el pulpitum de los teatros, el púlpito en las iglesias era la tribuna del
espectáculo religioso, donde el predicador era el actor central en un escenario sacro, este
sujeto, con su voz y su cuerpo, daba vida a la palabra escrita frente al auditorio. Para el
humanista Bartolomé Jiménez Patón, autor del tratado “El perfecto predicador” (1612), un
sermón no estaba completo sin su actualización en el púlpito.
Por estos motivos en España, los manuales sobre el arte de predicar, establecieron las
acciones del predicador, no sólo el lenguaje verbal, sino también el corporal. Entre los
manuales considerados como los mejores ejemplos de la oratoria sacra, se encuentran:
“Retórica eclesiástica o método de predicar”, del sacerdote dominico Fray Luis de
Granada publicado en 1576, y “Aviso para los predicadores del Santo Evangelio”, del
dominico Fray Agustín Salucio, escrito en el siglo XVI sin fecha exacta conocida,
publicado recién en 1959. En este tratado, hacía referencia incluso a la ubicación de los
púlpitos “que no han de ser tan terreros y bajos que con la mano se llegue a las cabezas
de los oyentes, ni tan altos que se desvanezca quien en ellos sube y esté fuera de
conversación”, (Huerga, 1959: 188, citado en Vitulli, 2014: 175) 3
Otro tratado muy difundido fue la “Instrucción de predicadores”, del sacerdote franciscano
Tomás de Llamazares de 1688 en el que se reglamentaron los movimientos y posiciones
del predicador en el púlpito. A éstos se agregaban los recursos visuales como cruces,
emblemas y calaveras que complementaban la palabra.
Lima, la capital del virreinato del Perú no estuvo lejos de la publicación de estos tratados,
en 1676, el sacerdote franciscano Joseph Delgadillo y Sotomayor escribió el tratado “Arte
de predicar preceptos”, insistiendo en la actuación en el púlpito para hacer llegar a los
fieles el mensaje de los sermones.
Entre los predicadores en las iglesias del virreinato del Perú, nadie superó en fama al
clérigo cusqueño Juan de Espinoza Medrano (ca.1630-1688), más conocido como “El
Lunarejo”, maestro en el seminario San Antonio Abad y párroco de la iglesia de San
Cristóbal. Siete años después de su muerte, un discípulo suyo, Agustín Cortés de la
Cruz, publicó en Valladolid, España, una antología de 30 de sus sermones predicados

Iván Escamilla González. Reseña: Alicia Mayer, Flor de primavera mexicana. La Virgen de Guadalupe en los
2

sermones novohispanos, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad de Alcalá, 2010.


Juan Vitulli. Los mocos del predicador: cuerpo, gestualidad y auto-control en el púlpito barroco. Zama N° 6, 2014
3

pp.167-182).

3
entre 1656 y 1685, bajo el título de La novena maravilla. En la antología se presentaron
los sermones sobre los sagrados misterios del Santísimo Sacramento y el misterio de la
Encarnación, los que exaltaban a la Virgen María y los que glorificaban las virtudes de los
santos más venerados en el Cuzco.

La Compañía de Jesús, Cusco.


(1668)
El púlpito, colocado en el lado
del evangelio bajo el arco toral
que sustenta la cúpula sobre el
presbiterio; de telón de fondo el
monumental retablo en pan de
oro, con esculturas y pinturas;
en los muros laterales
hornacinas con retablos además
de los lienzos, creaban el
ambiente propicio para la prédica
desde el púlpito.
Imagen: María del Carmen
Fuentes, 2007.

El espacio sacro al interior de las iglesias, especialmente aquellas barrocas, que


contaban con monumentales retablos dorados conteniendo esculturas polícromas y
pinturas, los muros cubiertos con pintura mural o lienzos, la luz que ingresaba desde las
ventanas de las bóvedas o la cúpula sobre el crucero produciendo juegos de luz y
sombra, se convertían en el escenario propicio para el sacerdote quien desde el púlpito
teatralizaba la predicación como un espectáculo para un público que podía verlo desde
todos los lugares, desde el púlpito el predicador está separado y por encima del pueblo
de Dios.
Espinosa Medrano, en su Oración panegírica de Nuestra Señora de la Antigua que
celebró la Universidad del Cuzco en presencia del ilustrísimo Señor doctor don Pedro de
Ortega Soto-mayor, obispo de la misma ciudad, a 9 de diciembre del año de 1656, hacía
notar los elementos que lo rodeaban en este espacio sagrado:
“[…] Si su Señoría Ilustrísima se lo ha suplicado al Moral con tanto celo, con
buena fe, dígalo esta capilla y altar; este ornato y grandeza lo pregone; esa plata
de frontales, blandones, lámpara, cálices y demás vajilla lo atestigüe; el fausto de
ornamentos, velos y ropa blanca lo publique; treinta y tantos mil pesos expendidos
en todo este adorno, y dotar de dos capellanías y sacristía lo acrediten. ¡Oh, qué a
lo príncipe obstentó aquí su devoción y magnificencia!” 4

Cisneros, Luis Jaime y Rodríguez Garrido, José A. (Editores). Juan de Espinosa Medrano. La novena maravilla.
4

Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, Banco de Crédito del Perú, 2011, p. 64-65

4
Elementos componentes del púlpito

D
A. ESCALERA
B. PEDESTAL
C. CAZOLETA O FLAMERO
D. TRIBUNA O CÁTEDRA C
E. RESPALDO
F. TORNAVOZ A
Púlpito de la Iglesia Santa Lucía de Ferreñafe,
Lambayeque, s. XIX B
Imagen: María del Carmen Fuentes, 2012

A. La escalera, permitía acceder desde la nave al púlpito cuando el acceso no podía


hacerse desde la sacristía, aunque es un elemento con el que hoy cuenta la mayoría,
no fue siempre un elemento conformante; su ausencia se debía al acceso directo
desde la sacristía a través de una puerta abierta en el respaldo.

1 2 3 3
Escaleras del púlpito
1 Detalle de la barandal y pasamano, Santa María Magdalena, Lima, s. XVIII
2 Escalera helicoidal, Belén, Cajamarca, s. XVIII
3 Escalera y pedestal, Inmaculada Concepción de Yanque, Valle del Colca, Arequipa, inicios del siglo XIX.
Imágenes: María del Carmen Fuentes 2015, 2007 y 2009.

5
Las escaleras más simples contaban con una balaustrada, las más elaboradas
presentaban en la baranda tallas, relieves escultóricos e imágenes en bulto, con los
mismos diseños de los tableros del antepecho, así como molduras y enriquecimientos
en el pasamano. Los peldaños se hicieron de piedra, ladrillo o madera. Algunas
escaleras llegaron a desarrollarse en más de un tramo, o en forma helicoidal.
B. El pedestal, colocado sobre el piso, podía ser central, que era lo más usual, o podían
existir varios soportes. Se usó en los primeros púlpitos del siglo XVI, luego se hicieron
en voladizo sosteniéndose mediante vigas empotradas en el muro. Son pocos los
ejemplos que se conservan de púlpitos con pedestal, y los existentes son bastante
tardíos.
C. La cazoleta, es el remate inferior del púlpito, debajo de la tribuna, tiene forma
piramidal invertida o troncocónica. La cazoleta está ornamentada de formas diversas,
continuando el eje que separaba los paños se colocaban volutas, hermes femeninas
de torso desnudo, hojas de acanto y follaje, siempre de forma radial hasta unirse en el
vértice, rematando la ornamentación en un pinjante que podía ser una piña o florón.

1 2
Detalles de cazoleta y pinjate
1 Santa María Magdalena, Lima. Cazoleta de forma troncocónica con hermes femeninas de torso
desnudo que continúan el eje de las pilastras que limitan los paños de la tribuna. El remate inferior
es un florón.
2 San Juan de Dios, Ayacucho. Primera mitad del s. XVIII. Cazoleta ornamentada con follajería y
remate con una piña como pinjante.
Imágenes: María del Carmen Fuentes 2015 y 2009

D. La tribuna o cátedra, también


denominada caja, copa o cáliz, es el
lugar al que el sacerdote accedía para
dirigirse a los fieles, como una especie
de balcón de antepecho. Es el
elemento fundamental del púlpito, los
más simples podían presentar sólo
este elemento al que accedían por el
respaldo o llegaban por una corta
escalera.
Santa Ana, Cusco. Pequeña tribuna que compone el
púlpito en el lado del evangelio.
Imagen: María del Carmen Fuentes, 2007

6
La tribuna podía ser de planta cuadrada, poligonal, por lo general de seis u ocho
lados, de los cuales uno estaba abierto para permitir el acceso desde la escalera; los
había también de planta circular. En algunos casos la planta se adecuaba a la forma
del pilar en el que el púlpito iba adosado.
El antepecho estaba compuesto por tableros ensamblados, los mismos que iban
separados por pilastras o columnas individuales, pareadas o formando grupos de tres.
La ornamentación en ellos podía ser pintada, con relieves escultóricos o imágenes en
bulto dispuestas en hornacinas. La iconografía dependía de la orden religiosa del
templo, aunque los temas de los cuatro evangelistas y de la Inmaculada Concepción
fueron comunes. No faltaba la representación de santos y mártires de la orden,
escudos y monogramas como AMR (Ave María Reina) y JHS (Jesús Salvador de los
Hombres). Al igual que los retablos, orlas laterales solían ornamentar el encuentro de
la tribuna y el muro.

1 2 3
3
Detalles de cátedra y cazoleta.
1 San Francisco de Arequipa, 1660-1670. Santos franciscanos representados en los paneles separados por
columnas melcochadas pareadas. En la cazoleta, el eje de las columnas es continuado por alargados
mascarones a manera de volutas que convergen en el vértice de la cazoleta.
2 Jesús, María y José, Lima, inicios s. XVIII. Los monogramas de Cristo y María entre elipses y follajería
ornamentan los tableros separados por columnas salomónicas.
3 San Juan de Dios, Ayacucho. Primera mitad del s. XVIII. Tableros con jarrones y macollas.
Imágenes: María del Carmen Fuentes 2015, 2013 y 2009.

E. El respaldo unía la tribuna con el tornavoz. Cuando el paso al púlpito se hacía de


forma directa desde la sacristía, en el respaldo se encontraba el acceso, en algunos
casos podía ser un vano sin puerta ni ornamentación, en otros la puerta sirve de
fondo a una pintura mural o de lienzo o una imagen de medio relieve flanqueada por
columnas de las mismas características que aquellas que ornamentaban la tribuna.
Los respaldos más elaborados se trabajaron como un retablo con entablamento,
frontón y orlas laterales. Pocos ejemplares carecen de respaldo.

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1 2 3

1 San Antonio, Cajamarca, s. XVIII. Ejemplar sin respaldo. Acceso desde sacristía.
2 La Compañía de Jesús, Ayacucho, s. XVIII. Acceso en forma de galería desde la sacristía. Respaldo
ornamentado con el monograma JHS encerrado en una elipse y ornamentado a manera de una filigrana.
3 Santa María Magdalena, Lima, primera mitad del s. XVIII. Ornamentación de jarrón con follaje entre pilastras
ornamentadas con cabecitas angélicas.
Imágenes: María del Carmen Fuentes, 2011, 2007 y 2015

F. El tornavoz, colocado en la parte superior del púlpito, por ello denominado también
sombrero, permitía reflejar las ondas sonoras, concentrando la voz del predicador
para que no se dispersase en el ambiente. Sus formas usuales eran una cúpula de
media naranja, en dosel o piramidal, solían apoyarse sobre una imposta de variadas
molduras, la que usualmente lucía en el borde inferior alguna ornamentación
correspondiente con la que presentaba la cátedra.
G. Este elemento en algunos púlpitos era muy elaborado luciendo ornamentaciones
como volutas continuando el eje visual de los soportes de la tribuna. En la parte
superior, se ornamentaba de formas diversas y en el vértice se colocaba un templete
y sobre éste la escultura en bulto de un santo sobre una peana.
La cúpula de media naranja como tornavoz del púlpito solía apoyarse sobre una
imposta de variadas molduras, la que usualmente lucía en el borde inferior alguna
ornamentación correspondiente a la que presentaba la cátedra. Este elemento en
algunos púlpitos era muy elaborado luciendo ornamentaciones como volutas en el eje
de los soportes dispuestas en forma radial y unidas en el centro si era una cúpula o
en el vértice si era de forma piramidal, aquí se colocaba la escultura en bulto de un
santo sobre una peana o templete.
En la parte inferior, el sofito, que quedaba directamente sobre el predicador, solía
colocarse una escultura o pintura de una paloma simbolizando el Espíritu Santo por
los dones que representaba: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia,
piedad y temor de Dios. Todos ellos necesarios para que el sacerdote pudiera realizar
un buen sermón.

8
3

Detalles de tornavoz
1 2

1 San Pedro, Cusco, s. XVII


Imagen: Luis H. Figueroa, 2008 http://goo.gl/qK2IoZ [Consulta: 03.11.2015]
2 Catedral del Cusco, segunda mitad s. XVII. Imagen: Tesoros de la Catedral del Cusco, p. 216
3 San Francisco, Lima, S. XIX. Detalle de sofito con la paloma representando al Espíritu Santo.
Imagen: María del Carmen Fuentes, 2013

Evolución del púlpito virreinal


Los púlpitos, como los retablos presentan un proceso evolutivo que tienen
correspondencia con los períodos de la arquitectura virreinal. Los primeros, de los siglos
XVI hasta el primer tercio del XVII, consisten en tribunas pequeñas, con pedestal o sin
éste, como la cátedra que aún conserva la iglesia de San Francisco de Trujillo.
En noviembre de 1603, mientras predicaba desde este púlpito, San Francisco Solano
anunció su visión profética del terremoto que asoló Trujillo en 1619 presagiando que la
gran iglesia se hundiría
pero que el púlpito 1 2
permanecería intacto. La
cátedra de planta
ochavada, está compuesta
por paneles separados por
pilastras estriadas de poco
volumen, ornamentados
con follaje y sobre ellos un
friso de cuadrifolias.
Otro ejemplo de estos
primeros púlpitos es el
que aún subsiste en la 1 San Francisco, Trujillo, s. XVII
iglesia de San Pedro de Imagen: Escultura en el Perú,
p.161.
Andahuaylillas, Cusco.
Aunque hoy se encuentra 2 San Pedro Apóstol de
Andahuaylillas, Cusco, S. XVII
en el muro del evangelio, Púlpito del lado del Evangelio.
las evidencias en la parte
Imagen: Guía de visita, s/f: pp.54
9
inferior izquierda del intradós del arco triunfal, parecerían señalar su ubicación original.
El púlpito es de planta poligonal, la escalera que permitía el acceso, es de construcción
posterior. La tribuna de yeso, está formada por paneles polícromos que representan a
tres de los cuatro evangelistas, de izquierda a derecha pudiendo identificarse por sus
atributos, a San Marcos, San Juan, en el tablero central los símbolos del Papado, la
tiara y las llaves de San Pedro en este mismo panel, y en la zona central, la
representación del párroco Juan Pérez de Bocanegra, de rodillas ante San Pedro, y en el
siguiente recuadro, San Mateo. El cuarto evangelista, San Lucas, debió ubicarse en el
respaldar y ya no existe. El tornavoz de madera polícroma y dorada en forma de chapitel
y ornamentada con cabecitas angélicas remata en un templete.
El púlpito de la iglesia San Francisco del Cusco, realizado en 1628, es un claro ejemplo
del período denominado en arquitectura, barroco formativo. El púlpito crece en tamaño,
los paneles que forman la tribuna introducen el uso de hornacinas y sobre ellas frontones
rectos abiertos Las hornacinas albergan las imágenes de madera y tela encolada de San
Buenaventura y Santo Domingo, del Papa Sixto IV y del cardenal español Francisco
Jiménez de Cisneros.
El respaldar luce el escudo franciscano, un crucifijo sobre el mundo con los brazos
cruzados de Cristo y San Francisco con los estigmas. El tornavoz en forma de cúpula,
también está ornamentado con cuatro volutas rematando en una escultura de San
Francisco de Asís.

1 2 3
Púlpitos de los períodos barroco formativo y barroco pleno de la Escuela del Cusco
1 San Francisco, Cusco (1628)
Imagen: http://goo.gl/WvHGJw [Consulta: 04.11.2015]
2 San Pedro, Cusco, obra de Juan Tomás Tuyru Túpac, segunda mitad del s. XVII
Imagen: María del Carmen Fuentes, 2010.
3 San Blas, Cusco, finales del s. XVII.
Imagen: Charlie Quispe. http://www.charliequispe.org/Museos/SanBlas01.jpg [Consulta: 12.11.2015]
10
A diferencia de los púlpitos anteriores, presenta la cazoleta que continuaba con volutas el
eje de las columnas de la tribuna. Este púlpito se constituye en un ejemplar único por el
empleo de cedro, ébano, con incrustaciones de marfil y carey en la ornamentación.
Durante el barroco pleno, son muchos los ejemplares que felizmente aún hoy se
conservan. Destacan en el Cusco, el púlpito elaborado por el artífice indio Juan Tomás
Tuyru Túpac para la iglesia de San Pedro del Cusco. En éste, de planta circular, los
tableros de la cátedra contienen las imágenes en bulto de los cuatro evangelistas a
ambos lados de la Virgen con el niño ubicada en el tablero central. Los soportes se
multiplican, en este caso son columnas salomónicas en grupos de 3, sobre pedestales
ornamentados con cartelas. Tanto la cazoleta, de forma piramidal invertida, como el
tornavoz, una cúpula de media naranja, presentan una profusa ornamentación de volutas
radiales. La escultura en medio relieve de San Pedro se encuentra en el respaldo a
manera de un pequeño retablo. La escultura de San Pablo está colocada como remate
del tornavoz sobre un templete cuadrangular.
Sin lugar a dudas, el mayor exponente del barroco de la Escuela Cusqueña es el púlpito
de la iglesia de San Blas, atribuído sin prueba fehaciente alguna a Juan Tomás Tuyru
Túpac por los antecedentes de sus trabajos anteriores, aunque la elaboración
iconográfica y conceptual no tiene comparación con aquellos.

1 2

Púlpito de San Blas. Detalles de la estructura y ornamentación de tribuna y cazoleta.


1 Imagen: Escultura en el Perú, p. 221
2 Imagen: Arzobispado del Cusco. Circuito religioso del Cusco.ppt s/f

En la cazoleta, se representaron a manera de atlantes, y sobre cartelas, a los más


importantes herejes: Martin Lutero, Juan Calvino, Ulrich Zwingli, Enrique VIII, Elizabeth de
Inglaterra, Arius, Phocion y Catalina de Bora, quienes de manera simbólica, soportan
sobre sus espaldas el peso de la religión triunfante. Sobre el eje de cada cartela se

11
incluyen elementos arquitectónicos no empleados previamente como el uso de
mascarones dispuestos de manera radial en la cazoleta. También es novedosa la
incorporación de esculturas de pequeños niños cargadores que sostienen las columnas
que separan los tableros de la tribuna.
Los 5 tableros a manera de hornacinas, cobijan a los cuatro evangelistas y entre ellos, a
la Virgen María del Buen Suceso; el tratamiento de columnas entorchadas que sostienen
un entablamento en alfiz y sobre éste una cúpula fue un aporte que se repitió en los
púlpitos de Checacupe y Oropesa.
El respaldo, acoge la escultura de San Blas, patrón del templo, flanqueado por columnas
y sosteniendo un entablamento abierto en arcos de cornisa.
El tornavoz tiene forma de cúpula de media naranja ornamentada con follajería y
pináculos y alberga a nueve doctores de la iglesia: San Bernardo, San Basilio, San
Jerónimo, San Juan, san Crisóstomo, San León, San Agustín, San Gregorio Magno,
santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, en el vértice la imagen de San Pablo de
Tarso remata el conjunto.
Entre los púlpitos barrocos de
la Escuela de Lima
sobresalen los de las iglesias
monacales de Santa Rosa de
las Monjas, Jesús, María y
José y el de Santa María
Magdalena de la primera
mitad del siglo XVIII.
El retablo de Santa Rosa de
las Monjas es de planta
circular, destacan las
imágenes en medio bulto de
religiosas dominicas en los
tableros colocadas en
hornacinas, con Santa Rosa
en el tablero central. Las
columnas salomónicas 1 2
ornamentadas con rosetas,
Púlpitos limeños, primera mitad del s. XVIII
separan los paneles y 1 Santa Rosa de las monjas
continúan en la cazoleta 2 Jesús, María y José
transformados en hermes Imágenes: María del Carmen Fuentes, 2015
femeninas de torso desnudo
cubiertas con dorada follajería. En el respaldo se encuentra la imagen de Santo Domingo
en una hornacina flanqueada también por columnas salomónicas.
El tornavoz ornamentado con volutas completa el púlpito. La ornamentación de pan de
oro y los acentos en color negro de los hábitos dominicos destacan sobre el blanco del
conjunto.

12
En el púlpito de Jesús, María y José, trabajado íntegramente en color dorado, sobresalen
los monogramas de Cristo y María entre elipses y follajería que ornamentan los tableros
separados por columnas salomónicas. Una pequeña cabecita angélica es la única nota
de color en cada tablero.
En el respaldo, se abre la puerta que comunicaba el púlpito desde la sacristía y está
ornamentada con la imagen de medio bulto de San José entre columnas y orlas laterales.
El tornavoz, es una cúpula de media naranja, ornamentada con volutas que convergen en
el punto central y entre ellos un notable trabajo de calado, el mismo que presenta el
pedestal sobre el que se yergue la imagen de San Buenaventura.
El púlpito de la iglesia de la reducción indígena de la Magdalena, comparte con el
anterior, la forma del trabajo en relieve sobre los tableros de la tribuna, ornamentada con
follajería y volutas, todo en dorado, con los acentos de color en los rostros de cabecitas
angélicas y hermes.
El tornavoz, es semejante al ya explicado en el de Santa Rosa de las monjas. A
diferencia de los anteriores, en Santa María Magdalena, en el respaldo se labró un jarrón
de donde salen ramas y volutas.
Entre los púlpitos virreinales del
1 2 barroco final en la segunda mitad
del silgo XVIII, sobresalen los de
la iglesia de San Agustín de
Trujillo y de la que fuera la
iglesia jesuita de San Carlos en
Lima.
El púlpito de la iglesia de San
Agustín presenta tableros
separados por columnas
salomónicas ornamentadas con
follaje, en ellos las esculturas de
San Jerónimo, San Agustín, San
Ambrosio y San Gregorio se
encuentran flanqueados por
orlas laterales.
En el respaldo se han esculpido
Púlpitos de la segunda mitad del s. XVIII
1 San Agustín, Trujillo las imágenes de medio bulto de
Imagen: Escultura en el Perú, p. 162 la virgen con el niño rodeados
2 San Carlos, Lima (hoy Panteón de los próceres) posterior a 1766. de cabecitas angélicas sobre
Imagen: María del Carmen Fuentes, 2004 San Agustín y Santa Mónica que
se encuentran de rodillas.
El tornavoz es el elemento que hace único a este púlpito, formado por un conjunto de
roleos y follaje a manera de una amplia corona, rematan el conjunto tres volutas, dos de
las cuales se convierten en ángeles hermes para sostener a San Agustín pisando a los
herejes.

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En Lima, en la iglesia jesuita de San Carlos, inicialmente perteneciente al noviciado
jesuita San Antonio Abad y desde 1924 transformada en el Panteón de los próceres, el
púlpito presenta características que lo diferencian de los ejemplares de la primera mitad
del siglo XVIII, además del color oscuro de la madera, repintado según Wethey en los
primeros años del siglo pasado. A éste se accede por una puerta inmediata al púlpito,
generando un pasaje pequeño y estrecho cuyo barandal, es la continuación de la tribuna,
de menor dimensión que las anteriores, además de su forma abultada. En ésta, los
tableros no están separados por columnas sino por roleos de mucho movimiento y
ornamentación.
El respaldo es llano, carente de algún relieve escultórico, con los bordes característicos
del rococó y con elaboradas orlas laterales. El tornavoz, también de bordes ondulantes,
ornamentado con volutas ornamentadas con roleos y pináculos. La escultura de San
Ignacio de Loyola está colocada en el vértice,

El púlpito en la actualidad.
El Concilio Vaticano II, en La Constitución Sacrosanctum Concilium sobre La Sagrada
Liturgia promulgada el 4 de diciembre de 1963 señalaba en el primer artículo:
“Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la
vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones
que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión
de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los
hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que le corresponde de un modo
particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia.” 5
Para aplicar esta reforma, se promulgó la Instrucción Inter oecumenici del 26 de
septiembre de 1964. En el capítulo II El Sacrosanto Misterio de la Eucaristía, II. Lecturas
y cantos interleccionales 6 se disponía:
“En las misas celebradas con el pueblo, las lecturas, la epístola y el evangelio se
leerán o cantarán de cara al pueblo:
a) En la misa solemne: en el ambón o junto al cancel del presbiterio.
b) En la misa cantada y en la misa rezada, si el celebrante las lee o las canta,
desde el altar, o en el ambón, o junto al cancel del presbiterio, según sea más
oportuno. Pero si otro las lee o canta, en el ambón o junto al cancel del
presbiterio.” (Artículo 49)
Siguiendo estas instrucciones los púlpitos dejaron de usarse, algunos fueron perdiendo
sus componentes, o fueron desmontados. Muchos de ellos, sobre todo aquellos de
iglesias de pueblos pequeños, han sufrido el hurto de alguno de sus esculturas y
ornamentos. En otros casos han sido pintados sin ninguna asesoría, como sucedió con
el valioso púlpito de la iglesia de Santa Clara en Ayacucho, perdiéndose la policromía
original; los que estuvieron cubiertos con láminas de pan de oro, lucen en la actualidad el
dorado de los repintes con purpurina.

Constitución Sacrosanctum Concilium sobre La Sagrada Liturgia


5

Disponible en: http://goo.gl/he1zFS [Consulta: 13.11.2015]


Instrucción Inter Oecumenici
6

Disponible en: http://goo.gl/5zhZru [Consulta: 13.11.2015]

14
En la mayoría de las iglesias, la colocación ideal para los parlantes es al costado del
púlpito; en otras, los equipos de sonido y parlantes se colocan dentro de la cátedra.
Otros han cambiado la paloma del interior del tornavoz por una luminaria, las
instalaciones de luces y sonido cuelgan descuidada y peligrosamente delante del púlpito.

1 2 3

5 6
4
Función actual de los púlpitos
1 Santa Teresa, Ayacucho, ca. 1703.
2 Nuestra Señora de Monserrate, Lima. s. XIX
3 Virgen Inmaculada de Checacupe, Cusco, segunda mitad s. XVII
4 San Sebastián, Lima, s. XVIII.
5 Santa Clara, Ayacucho (1637).
6 Santa María Magdalena, s. XVIII
Imágenes: María del Carmen Fuentes, 2009, 2012, 2008,2009

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En las fiestas religiosas, suele colocarse la imagen del santo que se celebra sobre la
cátedra, para que como antaño, pueda verse desde cualquier lado de la nave.
El artículo 128 de la Constitución Sacrosanctum Concilium, indicaba:
“Revísense cuanto antes, junto con los libros litúrgicos, los cánones y
prescripciones eclesiásticas que se refieren a la disposición de las cosas externas
del culto sagrado, sobre todo en lo referente a la apta y digna edificación de los
templos, a la forma y construcción de los altares, a la nobleza, colocación y
seguridad del sagrario, así como también a la funcionalidad y dignidad del
baptisterio, al orden conveniente de las imágenes sagradas, de la decoración y del
ornato. Corríjase o suprímase lo que parezca ser menos conforme con la Liturgia
reformada y consérvese o introdúzcase lo que la favorezca.”
En esta frase final, aunque no se decía explícitamente, la función del púlpito quedó
suprimida como consecuencia de la lectura y homilía que desde entonces se realizaron
desde el presbiterio.
Aunque quedaron en desuso, la variedad y riqueza arquitectónica de los púlpitos es muy
grande en nuestro país, además de los que se han reseñado en este artículo, aún se
conservan muchos y de gran valor. En el Perú no se ha realizado aún un inventario
específico del patrimonio conformado por púlpitos ni retablos, en los inventarios de la
arquitectura se hace una mención muy general cuando el púlpito tiene algún valor, pero
sin hacerse una descripción detallada.
La investigación en los archivos de iglesias, conventos y monasterios, permitiría conocer
el nombre de los maestros que participaron en la confección de un púlpito, hayan sido
estos ensambladores, entalladores, o imagineros.
El arquitecto Ramón Gutiérrez, cita el documento que describe el examen que debía
resolver Juan Gutiérrez en 1610:
“[dibujar] un púlpito seisavado, armado sobre columna, embasado y encapitelado
con pilastras resaltadas de ensambladura” (1995: 35)
lo que da cuenta de la destreza que debieron alcanzar los maestros para haber
confeccionado los púlpitos que a pesar de la importancia que tuvieron en su momento,
hoy sólo son un ornamento, o lo que es peor un mueble más al interior del templo.

BIBLIOGRAFÍA
Berríos, Fernando. La liturgia en el Concilio Vaticano II: bases, repercusiones y desafíos
de una reforma. En: Teología y vida, vol.55 n° 3 (2014)
Disponible en: http://goo.gl/vXDXhB [Consulta: 13.11.2015]
Cisneros, Luis Jaime y Rodríguez Garrido, José A. (Editores). Espinosa Medrano, Juan
de. La novena maravilla. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, Banco de Crédito
del Perú, 2011 5 6
De Lavalle, José Antonio (director). Colección Arte y Tesoros del Perú. Escultura en el
Perú. Lima: Banco de Crédito, 1991

16
Escamilla González, Iván. Reseña: Alicia Mayer, Flor de primavera mexicana. La Virgen
de Guadalupe en los sermones novohispanos, México, UNAM-Instituto de
Investigaciones Históricas, Universidad de Alcalá, 2010.
Disponible en: http://goo.gl/KzT37t [Consulta 04.11.2015]
Gutiérrez, Ramón (Coordinador) Pintura, escultura y artes útiles en Iberoamérica, 1500-
1825, Madrid: Cátedra, 1995
Negro Tua, Sandra. Colección Forjadores del Perú vol. 3. Juan Tomás Tuyru Túpac.
Lima: Brasa, 1995
Vitulli Juan. Los mocos del predicador: cuerpo, gestualidad y auto-control en el púlpito
barroco. En: Zama N° 6, 2014 pp.167-182
Disponible en: http://goo.gl/gKRUXH [Consulta: 08.11.2015]
Velandia Onofre, Darío. ¿Teatro en el púlpito? La oratoria sagrada española del siglo
XVII. En: Perífrasis, vol. 3, n.o5. Bogotá, enero - junio 2012, pp. 35-48
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Wethey, Harold E. Colonial architecture and sculpture in Peru. Cambridge: Harvard
University Press, 1949.

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