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¿Quemas pueden ver, puesto que desde su nacimiento se hallan forzados a tener siempre inmóvil la cabeza?

¿Verán asimismo, otra cosa que las sombras de los objetos que pasan detrás de ellos? Si pudiesen conversar
entre sí, ¿no convendrían dará las sombras que ven los nombres de esas mismas cosas? Y si en el fondo de su
prisión hubiese un eco Que repitiese las palabras de los que pasan, ¿no se figurarían que oían hablar a las
sombras mismas que pasan por sus ojos? Finalmente: ¿no creerían que existiese nada real fuera de las
sombras?

Platón. República, VII

La novela de Ray Bradbury Fahrenbeit 45i nos narra la extraña historia de un "bombero" del futuro llamado
Montag cuyo trabajo ya no consiste en apagar incendios, sino en producirlos. Resulta que en el futuro el pro-
greso tecnológico ha logrado que ya no existan incendios, las casas y los edificios están construidos a prueba
de ellos. ¿Cuál es entonces la función de los bomberos del futuro? Es sencilla (aunque extremadamente
importante para el orden social), su misión consiste en quemar libros.

El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería por encima de todo, como en el antiguo fuego,
empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos
incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía.

Los libros eran considerados una especie de "droga", y en la moderna sociedad en la que vivía Montag, las
imágenes de la televisión habían sustituido la lectura. Un día Montag y su brigada de bomberos se encuentran
con un hecho trágico: resulta que una mujer se niega a abandonar la habitación y prefiere morir quemada con
sus libros, incluso ella misma prende el fuego: "[...] con una mirada de desprecio hacia todos, alargó el brazo y
encendió la cerilla, frotándola contra la barandilla". Montag se queda perplejo sin poder hacer nada para
salvarla,- esta decisión de la mujer provoca tal impresión en él, que no puede dejar de pensar en la actitud
extrañamente trágica de ella:

Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar para hacer que una mujer permanezca en
una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada".

La intriga de Montag es razonable, toda persona considera que la vida puede ofrecerle muchas posibilidades,
siempre estamos planeando el futuro en función de éstas, pero la muerte en cuanto posibilidad es la negación
de ese futuro, el filósofo alemán Martín Heidegger decía: "La muerte es la posibilidad de la imposibilidad de todo
comportamiento hacia [...], de todo existir".

Que una persona esté dispuesta a perder su vida (que es la condición y fundamento de todas las posibilidades
de su ser), significa que ha encontrado un valor, por alguien o por algo, lo suficientemente trascendente para
dejar de considerar a su yo individual como el centro del mundo. Sin embargo, ¿cómo saber si su acto era
realmente heroico? ¿No sería que su "adicción" a los libros era tan esclavizante que no quería enfrentarse al
síndrome de la abstinencia?

Cuando Montag le platicó el incidente a su esposa, su comentario fue: "Esa mujer era una tonta". Pero Montag
le replica: "Era tan sensata como tú y como yo, quizá más, y la quemamos". Montag comienza a reflexionar
acerca de si su trabajo produce algún beneficio a la sociedad. Su esposa le dice que eso hubiese debido pensar
antes de hacerse bombero. Pero él responde que no lo escogió ya que su padre y su abuelo habían sido
también bomberos. Montag pone en tela de juicio su trabajo y no puede dormir en toda la noche pensando en el
petróleo y los libros.

¿Cuál es la razón de que los libros sean tan importantes?

Una de las características de la especie humana es que cada individuo tiene una forma muy particular de
percibir el mundo. Cada persona es única e irrepetible, de ahí la importancia de su ser. El valor de aquello que
puede ser sustituido por otra cosa deriva de su utilidad, pero las personas no se pueden sustituir y, por ende,
valorar. Entonces, se dice que tienen dignidad precisamente porque son únicas, solamente tienen un padre, una
madre. Incluso en la historia, sólo ha existido un Sócrates, un Miguel Ángel, un Napoleón, un Gandhi, un Miguel
de Cervantes, cada uno de ellos ha tenido una vida tan significativa y original, que el mundo hubiera sido muy
distinto sin ellos. "Dentro de la extensa unidad de la naturaleza humana, cada uno de los hombres es de
características tan originales, que muerto un hombre desaparece una interpretación original de todo el
universo."

Cada persona es un todo, es un universo dentro de otro universo, es una unidad de cuerpo y espíritu, de razón
y voluntad, que se sintetizan en ese centro espiritual que llamamos yo. La persona es un centro original único e
irrepetible, pero es también un ser frágil, solitario y limitado que, no obstante, debido al lenguaje, puede trans-
mitir sus conocimientos y sus experiencias al mismo tiempo que aprende de sus semejantes. Por medio del
lenguaje, la persona sale de su individualidad y se "universaliza" al comunicarse con los demás. Las palabras
son símbolos provistos de significado que expresan nuestra particular existencia y la de nuestros semejantes/ a
través de ellas podemos expresar sentimientos, emociones y conocimientos. Podemos, además, dialogar con
nosotros mismos porque el lenguaje no sólo es un instrumento para comunicar, sino también para pensar.

"El yo es una relación que se relaciona consigo misma."7 Pero además, el lenguaje se puede escribir y con ello
las experiencias y lo aprendido por cada persona se puede conservar de generación en generación. Las
culturas avanzadas han adquirido un lenguaje abstracto, formalizado en la lógica, el cual les permite el conoci-
miento analítico de la realidad. De acuerdo con Sartori, las palabras son símbolos abstractos que no tienen
ningún correlato con cosas visibles y su significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes,- palabras
como justicia, libertad y democracia son conceptos abstractos elaborados por procesos mentales de abstracción
y esto es lo que hace posible el pensamiento conceptual. "Las civilizaciones se desarrollan en la escritura y es
el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización."8 Debido a esta
universalidad simbólica de la palabra, la persona puede desarrollarse como ser humano. Nos dice Cassirer: "El
principio del simbolismo, con su universalidad, su validez y su aplicabilidad, constituye la palabra mágica, el
sésamo ábrete que da acceso al mundo específicamente humano, al mundo de la cultura".

La función de la educación es, precisamente, transmitir mediante el aprendizaje lo que llamamos cultura para
que ésta no se disperse. Sin la cultura el hombre no podría sobrevivir como especie. El término cultura procede
del latín cokre, que significa cultivar.

Esta connotación latina permanece hasta nuestros días en la asociación que establecemos entre cultura y acto
de cultivo: cultivar el alma es una metáfora que se inspira en la práctica de labrar la tierra/ se trata de
embellecer el espíritu, educándolo, así como se cuida un jardín arrebatándolo de su vida silvestre.

Los "frutos" del esfuerzo creativo humano,-es decir, los valores, son la cultura. El animal no produce cultura
porque no la necesita: para sobrevivir le basta la herencia instintiva producto de su evolución,- pero al hombre
no le basta el instinto, pues no tiene un quehacer específico en la naturaleza, por eso no se adapta a ella, sino,
más bien, crea un medio ambiente para vivir. "Homo, pues, significa biológicamente esto: el que domina el
ambiente,- este hecho no tiene lugar en ningún otro tipo de ser vivo".Sin embargo, en contraste con la palabra
homo, está la palabra humano que viene de humus, tierra. El hombre es la criatura más desvalida de la
naturaleza, su fragilidad proviene de que la naturaleza no lo ha dotado con un carácter específico como una
garra o un pico que lo especialice y haga competitivo,- por ello, cuando hablamos de lo humano nos referimos
siempre a la paideia, esto es, a la educación en la formación humana. La ética se adquiere a través de los
hábitos buenos que llamamos virtudes y de los que Aristóteles decía que perfeccionan al instinto como una
segunda naturaleza. Esta es la razón por la que no se puede perder lo aprendido,- los hábitos no los
heredamos, los adquirimos por medio de nuestro esfuerzo realizado en el aprendizaje, incluso tenemos que
aprender a caminar y ningún humano nace hablando: "Lo biológico ignora lo cultural y nada de lo que el hombre
ha aprendido durante siglos se ha depositado en su organismo". De hecho el reino de la naturaleza lo
consideramos como hostil pues ahí sobrevive el más fuerte mientras que la civilización nos indica el orden que
con las normas nos organiza y nos protege de lo salvaje: "La inespecialización del hombre le fuerza hacia la
vida en la civilización, de donde saca las pautas de comportamiento". Lo fundamental de la educación es no
sólo aprender las técnicas para el dominio de la naturaleza y las normas de la convivencia social, sino también,
el sentido.

Como el hombre no tiene un quehacer definido por la naturaleza, debe decidir con su propio riesgo lo que hará
de su vida. Esto sería imposible si no tuviera una cosmovisión, es decir, una interpretación de lo que es el
mundo, de lo que es el hombre y su relación con el mundo. Los grandes educadores de la humanidad nos han
dejado su visión del mundo a través de sus escritos, para que podamos aprender de sus experiencias y de
aquellos ideales que ellos mismos han descubierto,- sin su ayuda quedaríamos desamparados, ya que no
sabríamos hacia dónde orientar nuestra vida. "Leer, y tener algo qué leer, fue, hasta finales del siglo XV, un
privilegio de poquísimos doctos." 14 Gracias a Gutenberg la erudición es alcanzable para cualquiera y, debido a
ella, podemos no sólo saber más y tener un mayor vocabulario para expresarnos mejor, sino, además,
reflexionar acerca de lo que otras personas han pensado. Esto es lo que Montag, tras haber meditado toda la
noche sobre su trabajo y los libros, le revela a su esposa:

Y, por primera vez, me di cuenta que había un hombre detrás de ellos. Un hombre tuvo que haberlo ideado. Un
hombre tuvo que emplear mucho tiempo en trasladarlo al papel. Y ni siquiera se me había ocurrido hasta ahora.
Quizás algún hombre necesitó toda una vida para reunir varios de sus pensamientos, mientras contemplaba el
mundo y la existencia, y, entonces, me presenté yo y en dos minutos, ¡zas¡ todo liquidado.

Toda novela tiene una relación con la realidad a la cual refleja de alguna manera, aunque nunca coincide del
todo con ella. Aristóteles consideró que el poeta estaba más cerca de la filosofía que el historiador, porque éste
narra lo que sucedió, mientras que el poeta narra lo que podría ocurrir. Fahrenheit 451 es la temperatura a la
que el papel de los libros se inflama y arde, Ray Bradbury nos advierte de lo que podría acontecer en un futuro
quizá no muy lejano, en una sociedad que ha perdido su sentido, en una cultura de masas en que únicamente
la televisión se hace cargo de distraer aquellas conciencias desamparadas que no saben qué hacer con su
tiempo libre. Al entretenerlas con programas banales y espectáculos superficiales lo que pretenden es
mediatizar y estandarizar el gusto estético,- dice Heidegger: "Distancialidad, medianía y nivelación constituyen,
como modos del ser del uno, lo que conocemos como la publicidad.

Ella regula primeramente toda interpretación del mundo y del hombre".17 Si Heidegger le llama "uno" a la
publicidad es precisamente porque al buscar estandarizar el gusto lo que se consigue es unificar criterios para
poder gobernarlos sin ninguna resistencia.

Ya desde el siglo XIX, Nietzsche había criticado su época por la decadencia de la alta cultura y la falta de
criterio personal:

iCuán grande habrá de ser la repugnancia de las generaciones futuras que tengan que ocuparse del legado de
una época en la que no han regido hombres vivos sino pseudo hombres identificados con la opinión pública! Tal
vez por ello nuestra época pasará a la posteridad más lejana como uno de los periodos más oscuros y desco-
nocidos, por inhumanos, de la historia.

Para Nietzsche el Estado, la economía y la política deben tener como centro fundamental la cultura. La alta
cultura debe ser el sentido de la vida humana, y su principal temor es que con la aparición de la democracia y el
socialismo se destruya la alta cultura.

Nos comenta al respecto R. Safranski en su biografía del pensamiento de Nietzsche:

En mayo de 1871 los periódicos informaron desde París que los rebeldes de la Comuna habían saqueado y
destruido el Louvre (de hecho, hubo solamente un fuego en las Tullerías). Nietzsche toma el hecho como un
signo de la barbarie venidera. El 27 de mayo de 1871 escribe en una carta al concejal Wilhelm Vischer-Bilfinger,
disculpándose por haber estado ausente en la sesión de un gremio universitario: "Las noticias de los últimos
días eran tan terribles, que no fui capaz de recuperar un estado de ánimo que os fuera soportable. ¿Qué somos
como intelectuales frente a semejante terremoto de la cultura? ¡Qué atomizado se encuentra uno! Destinas la
vida entera y las mejores fuerzas a entender y explicar un periodo de la cultura/ y, sin embargo, ¡qué cariz toma
esta profesión si un solo día desdichado convierte en cenizas los más valiosos documentos de tales periodos!
¡Es el peor de los días de mi vida!".

Con base en estas declaraciones de Nietzsche podemos afirmar que el gran pensador alemán estaría
completamente de acuerdo con la advertencia de Bradbury.

El mensaje de Bradbury es, también, muy parecido al que nos revela Aldous Huxley en su obra Un mundo feliz
en la que nos presenta una sociedad controlada por la tecnología y en la que el espectáculo del sensorama
divierte a las personas a través de una gran cantidad de sensaciones agradables para el público, aunque los
temas de que trata la película son completamente superficiales: "Los argumentos han sido escritos por algún
idiota". En las dos novelas, el control se ejerce gracias a que la sociedad se ha vuelto superficial. En efecto, la
advertencia de A. Huxley a un futuro no muy lejano orientado sólo por la tecnología es la de una sociedad que
pretende siempre escapar de su condición humana,- para ello, sacrifica el amor, la amistad y el compromiso,
creando, así, una sociedad atomizada y solitaria que ha sustituido la familia por la manipulación genética, que
ha cambiado el amor por el mero placer sexual, que ha sacrificado la libertad por la comodidad,- una sociedad
egoísta, en donde ya a nadie le importa la desaparición de sus miembros, puesto que ya no hay miembros
queridos, y en donde la muerte se ha convertido en un hecho natural, dejando de ser una condición trágica de la
existencia:

La gente es feliz, tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, está a salvo,- nunca
está enferma, no teme a la muerte,-ignora la pasión y la vejez,- no hay padres ni madres que estorben,- no hay
esposas ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de forma que
apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar.

El mensaje de Huxley es que la gente busca la comodidad, el mínimo esfuerzo y ninguna preocupación, como
sinónimo de felicidad. Por eso ya no lee, pues la lectura requiere concentración, esfuerzo e imaginación. En el
mundo feliz la gente ya no lee —el único personaje que lee a Shakespeare es el salvaje que proviene de
Malpaís, que podría ser cualquier país subdesarrollado— y no porque esté prohibida la lectura, sino debido a
que a nadie le interesa. En apariencia, ésta es la distinción con la novela de Bradbury. Pero, en Fahrmheit 451,
el capitán Beatty le comenta a Montag que la prohibición de los libros:

No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la
explotación de masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias
a todo ello, uno puede ser feliz continuamente, se le permite leer historietas ilustradas o periódicos
profesionales.

Cronológicamente, la novela de Huxley, Un mundo feliz, es anterior a la de Bradbury, ya que fue escrita en los
años treinta, durante la época de los totalitarismos de Estado. Desde entonces, la idea de un control totalitario
ejercido por los medios tecnológicos del futuro significaba el temor más grave que Huxley advertía. En el pró-
logo de la novela advierte:

Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de
colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer
coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales
estados totalitarios a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela.
Pero sus métodos son todavía toscos y acientíficos.

En la novela de Bradbury los "bomberos", represores y destructores de la alta cultura, surgen después de la
opinión generalizada de las masas de que hay que ser feliz a fuerza,- de ahí la idea de que el control masivo, al
igual que en la novela de Huxley, se ejerce también por medio de las diversiones. Señala Beatty a Montag:
Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta, que no podemos permitir que nuestras minorías se
alteren o se exciten. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué queremos de esta nación, por encima de todo? La gente
quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida? Quiero ser feliz, dice la gente, bueno, ¿no
lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos diversiones? Eso es para lo único que vivimos,
¿no? ¿Para el placer y las emociones? Y tendrás que admitir que nuestra civilización se los facilita en
abundancia.

La novela de Bradbury fue escrita durante los años cincuenta y también se refiere a un futuro, que bien podría
ser nuestro presente. La televisión, la internet y los videojuegos conducen cada vez más a un mundo virtual con
el olvido del mundo real,- la función de las películas es imaginar, vivir lo que no se puede vivir o, mejor aún, vivir
el personaje sin ninguna responsabilidad ni temor con la garantía de un final "feliz". Lo esencial es distraerse,
olvidarse de las responsabilidades, del trabajo pesado y de nosotros mismos. De esta manera, se pueden pasar
miles de horas en la televisión, en internet o en los videojuegos.

Alian Bloom, en su libro El cierre de la mente moderna, nos dice que cada vez es más difícil enseñar a escribir a
estudiantes a quienes no les interesa la lectura: "No han aprendido a leer, no tienen la expectativa de placer o
de perfeccionamiento derivados de la lectura".

En la modernidad, el principal problema es combatir el aburrimiento, no sabemos qué hacer con nuestro tiempo
libre que tanto anhelamos cuando estamos trabajando. El fin de semana se nos convierte en un problema
porque no sabemos qué hacer con nosotros mismos, no sabemos qué hacer con nuestra libertad, puesto que
no queremos hacernos cargo de nuestra vida. Schopenhauer decía que el hombre vulgar sólo se preocupa de
pasar el tiempo,- el hombre de talento, en aprovecharlo. 27 La función de la alta cultura, de la cultura clásica, es,
entonces, contribuir a encontrarnos a nosotros mismos a través del conocimiento de lo humano. Paradóji-
camente, en una sociedad donde lo que sobra es información y fácil acceso a la cultura, incluso a la alta cultura,
la gente no va al cine o al teatro para encontrarse consigo misma, sino al contrario: lo que busca es distracción.
El gran pensador danés Sóren Kierkegaard, que vivió en el siglo XIX al igual que Nietszche, también advirtió el
problema cultural cuando expresó:

¿Qué es entonces la cultura? Yo siempre la he considerado como el camino que ha de recorrer un individuo
para llegar al conocimiento de sí mismo,- y muy poco le servirá a quien no quiera emprender ese itinerario
haber nacido en la más ilustrada de las épocas.

En su libro El miedo a la libertad, Eric Fromm se refiere al hecho de la conciencia humana de ser "vida
consciente de que vive",- es decir, que en su condición de individuo la persona más o menos se percata de su
fragilidad, su insignificancia y pequeñez en comparación con el universo y con las amenazas de los fenómenos
naturales como terremotos, huracanes y epidemias, que siempre son una amenaza latente a las comunidades
humanas. El hecho de que la persona se dé cuenta de que es imposible escaparse de la enfermedad, la vejez y
la muerte, trae como consecuencia que el individuo no quiera pensar en sí mismo y su destino y busque alguna
forma de escapar a la libertad y, con ella, a su responsabilidad.

A menos que pertenezca a algo, a menos que su vida posea algún significado y dirección, se sentirá como una
partícula de polvo y se verá aplastado por la insignificancia de su individualidad. No será capaz de relacionarse
con algún sistema que proporcione significado y dirección de su vida, estará henchido de duda, y ésta, con el
tiempo, llegará a paralizar su capacidad de obrar, es decir, de realizar su vida.

El principal sentido de la historia moderna en occidente ha sido la lucha por la libertad, la lucha contra aquellas
instituciones opresoras de la libertad individual, aquellas viejas instituciones políticas, económicas y religiosas
que beneficiaban sólo a ciertos intereses particulares. El objetivo final de las revoluciones modernas ha sido
siempre e! de crear condiciones sociales propicias para el desarrollo personal de cada individuo. Fromm indica:
"A pesar de los muchos descalabros sufridos, la libertad ha ganado sus batallas. Muchos perecieron en ellas
con la convicción de que era preferible morir en la lucha contra la opresión a vivir sin libertad".
Si los revolucionarios estuvieron dispuestos a dar su vida por la libertad, es porque la libertad es la condición de
realización personal. Sin embargo, la libertad es un término ambivalente ya que, por un lado, se refiere al
proceso de individuación no sólo biológico (que empieza desde la separación del niño y la madre en el
momento del nacimiento y que continúa a lo largo del crecimiento), sino, además, social, que abarca los
vínculos que el niño desarrolla con su familia, como miembro de una comunidad, política, religiosa,- este
desarrollo ambivalente, establece Fromm, debe ir acompañado necesariamente de la educación moral para
darle al individuo seguridad y orientación. La educación moral se hace cargo del desamparo porque la
consecuencia de que el niño comience a hacerse consciente de su separación es el sentimiento de soledad. El
sentimiento de soledad no se refiere a la soledad física, ya que un individuo puede estar en compañía de sus
padres o amigos y sentirse solo, puesto que se siente incomprendido,- en cambio, puede estar solo físicamente,
incluso buscar conscientemente la soledad física, pero no sentirse solo, pues está relacionándose con las ideas
de un libro que está escribiendo o porque está pintando un bello cuadro. En el hombre, el sentimiento de
soledad hace referencia a un sentimiento de soledad moral. Este sentimiento es algo insoportable,- según
Fromm: "Sentirse completamente aislado y solitario conduce a la desintegración mental, del mismo modo que la
inanición conduce a la muerte". Esta soledad que, de acuerdo con Fromm, se "vuelve intolerable cuando implica
también la soledad física" es, tal vez, el temor más grande que el hombre puede sentir debido a que en la
soledad el individuo se enfrenta a su propia condición humana, a su condición de ser una criatura insuficiente,
frágil y mortal que además debe hacerse cargo de su propia existencia indeterminada. Es entonces cuando
surge la angustia,- no obstante, la angustia como disposición afectiva provoca que la persona se abra ante las
distintas posibilidades de hacer su vida. La angustia como estado de ánimo tiene su lado bueno, nos dice
Kierkegaard, que es lo que nos hace infinitamente distintos de los animales, ya que, gracias a ella, tenemos la
posibilidad de decidir y determinar nuestra vida hacia nuestra vocación,- asimismo, posee su lado malo, pues
siendo un estado de ánimo desagradable podemos desentendernos de ella, adormecerla y procurar huir de la
reflexión que nos surge casi siempre cuando estamos solos. Por ello, el hombre en la sociedad contemporánea
huye de la soledad, siempre procura olvidarse de su condición humana y la diversión es una forma de olvidarse
de sí mismo. No está mal y es incluso necesario buscar la diversión para descansar, olvidarse de los problemas
y liberarse de las tensiones que la vida nos presenta. El problema aparece cuando sólo se busca la diversión
como único medio para hallar la felicidad. Esta actitud de la modernidad ya la había develado Blaise Pascal en
el siglo XVII:

Divertimiento. No habiendo podido curar la muerte, la miseria y la ignorancia, al hombre se le ha ocurrido, para
ser feliz, no pensar en ellas. Pese a estas miserias, quiere ser feliz y no quiere ser más que feliz, y no puede no
querer serlo. Pero, ¿cómo se las arreglará? Para lograrlo sería menester que se volviera inmortal, y no
pudiéndolo ser se le ha ocurrido prohibirse a sí mismo pensar en ello.

Heidegger nos llama la atención al hecho de que el hombre es el único ser que sabe que su existencia es
temporal,- la conciencia de la muerte como hecho irremediable de cada persona lo mantiene "despierto" en
atención hacia el cuidado porque la responsabilidad nos refiere hacia el cuidado de la fragilidad de la vida. "El
hombre debe entender que el gobierno que tiene sobre la naturaleza no debe ser un poder despótico,- la
naturaleza no es una 'despensa' de la que el hombre pueda disponer. El cuidado no quiere decir únicamente el
comportamiento del yo tomado en forma aislada, tampoco hace referencia limitada hacia los otros".35 El cuidado
es un a priorí que debe anticipar toda decisión que el hombre deba tomar porque constituye una parte de su
condición existencial de homo y humus y está formulada en una antigua fábula:

El cuidado estaba cruzando el río y vio tierra arcillosa,- tomó pensativo un trozo y comenzó a darle forma.
Mientras recapacitaba sobre lo que había producido, intervino Júpiter. El cuidado le rogó que le infundiera un
espíritu, a lo que aquél accedió con facilidad. Pero cuando el cuidado quiso dar su nombre a la criatura
producida, selo prohibió Júpiter, urgiendo que se le debería dar su propio nombre. Estando el cuidado y Júpiter
en disputa sobre el nombre, se alzó la tierra y quiso también que se pusiera su nombre porque ella había
donado el cuerpo. Tomaron como Juez a Saturno, que ecuánimemente pronunció esta sentencia: "Tú, Júpiter,
porque has dado el espíritu, has de recibir el espíritu en su muerte,- y tú tierra porque has aportado el cuerpo,
recibirás el cuerpo. Ahora bien, como "el cuidado" ha formado por primera vez este ser, que sea él el que lo
posea mientras viva.

Heidegger nos advierte que esta concepción de la naturaleza humana estaba en la antigüedad, incluso hace
una referencia a Séneca: "De las cuatro naturalezas que existen (árbol, animal, hombre, Dios) las dos últimas,
que son las únicas dotadas de razón, se distinguen entre sí en que Dios es inmortal y el hombre es mortal. El
bien de uno lo realiza su naturaleza,- el del otro, el del hombre, el cuidado."

La "razón instrumental", que es la tecnología científica, no es suficiente por sí misma para realizar el bien del
hombre, puesto que el hombre no es Dios. Por lo tanto, requiere también del cuidado, es decir de la prudencia,
que es la principal virtud ética. El problema es que el hombre olvida con facilidad la fragilidad de la vida y con
ello su condición humana,- Pascal decía: "Lo que más me asombra es ver que no esté asombrado todo mundo
de su debilidad". El éxito de la ciencia y la tecnología es en realidad la causa de que no quiera darse cuenta de
su responsabilidad ante la vida y su fragilidad. Quizá nunca antes la humanidad ha necesitado tanto del cuidado
en la utilización de los recursos naturales y en la degradación creciente del medio ambiente. El filósofo Hans
Jonas, discípulo de Heidegger, señala que los desarrollos del poder técnico en función de este progreso han
modificado las condiciones de existencia humana de un modo tan radical, que es necesario plantearse
seriamente el problema ético de la responsabilidad científica. Aunque en ninguna época anterior careció el
hombre de técnica, ninguna ética anterior se preguntaba tanto acerca de la actividad científica o tecnológica ya
que "la técnica era un dosificado tributo pagado a la necesidad, no el camino conducente a la meta elegida por
la humanidad".39 Pero hoy, la techné se ha transformado para la especie en un infinito impulso de ir hacia
adelante en su empresa más importante, en cuyo continuo progresar que se supera a sí mismo hacia cosas
más grandes se intenta ver la misión de la humanidad, y cuyo éxito en lograr el máximo dominio sobre las cosas
y los propios hombres se presenta como la realización de su destino. La tecnología condiciona todo lo que
hacemos, e influye, además, en nuestras decisiones y en nuestras relaciones con las cosas y con las demás
personas. En nuestra sociedad globalizada con el desarrollo de sus poderosos medios de comunicación que
rompen las distancias espaciales, podemos establecer relaciones de negocios en cualquier parte del mundo, de
compras, e incluso platicar con amigos lejanos y virtuales sin necesidad de salir de la casa. No obstante, al
mismo tiempo, nos alejamos cada vez más de las relaciones concretas.

Nuestra civilización se convierte en una cápsula que nos aleja poco a poco de la naturaleza y de nuestros
semejantes y nos encierra —paradójicamente— en nosotros mismos. Los videojuegos de las computadoras
encierran al niño en una relación virtual y divertida con la máquina, en donde puede pasarse horas en un mundo
irreal en el que adquiere pocas destrezas. Ni siquiera desarrolla su propia imaginación durante el juego, ya que
la máquina se encarga de proporcionarla. Una de las formas fundamentales como el niño aprende es la
imitación: "La imitación es un instinto fundamental, un hecho irreducible de la naturaleza humana".40 Es,
también, una fuente de goce, de aprendizaje,-de aquí surge el arte: una forma de imitación. Debido a eso, al
niño le gusta pintar o jugar imitando a los demás como en el teatro, pero, además, es una forma muy importante
de desarrollo de la imaginación. Cuando los videojuegos o la televisión sustituyen la espontaneidad y crea-
tividad de los juegos, entonces el niño ya no desarrolla estas facultades que son Fundamentales para su
desarrollo cognoscitivo y su socialización.

De hecho, la televisión, aunque une físicamente a la familia en el cuarto de tele, establece una barrera entre sus
integrantes pues el programa atrae la atención de cada uno e interfiere en la conversación familiar. Antes del
invento de la televisión, la familia se reunía alrededor de la chimenea o del fogón de la cocina porque
representaba la calidez, el amor y la hospitalidad41 de sus miembros. En la Roma antigua la diosa Vesta era la
diosa del fogón que significaba esta calidez y cordialidad de la familia.

Aristóteles decía que la familia es la forma más natural y primera de la comunidad humana. Es en ella 42 en
donde el niño adquiere la primera educación y formación moral por parte de los padres,- sin embargo, en la
actualidad, la televisión, los videojuegos y la internet compiten con los padres, la escuela y la religión en la
educación de los hijos ya que no sólo son un medio de entretenimiento, sino un medio formativo, puesto que les
transmiten un ideal de ser felices que se reduce a mero hedonismo, sugerido por la idea de comodidad,
diversión, sexo y bienestar, para lo cual lo único que se requiere es dinero, poder y prestigio. Estos nuevos
valores que les inculcan los medios compiten con los valores tradicionales fomentados por la escuela, los
padres y la religión, pero como los medios influyen en su educación informalmente (sugieren, mas no obligan
necesariamente), son más eficaces que los agentes educadores formales. De hecho, se "disfrazan" de
diversión, pero la educación no puede ser siempre divertida porque entonces pierde seriedad, y con la falta de
seriedad, se adormece la angustia, se pierde la responsabilidad y el cuidado, y se forma un carácter narcisista
cuya principal característica es su falta de conciencia.

En la novela Fabrenbeit 451 Montag le pregunta a su esposa Mildred: "¿Cuánto tiempo hace que no has tenido
una verdadera preocupación por algo importante, por algo real?". La relación entre ellos es superficial, Montag
habla poco con ella y sus charlas son superficiales. Después de diez años de matrimonio, ni siquiera se
acordaban en dónde se habían conocido ("¡Qué curioso!, ¡qué curioso no acordarse de dónde o cuándo se
conoció al marido o a la mujer!"). Montag no odia a su mujer, aunque tampoco la quiere, sencillamente le es
indiferente, no le importa lo que le pueda ocurrir a ella,- no obstante, esta relación de indiferencia entre ambos
lo deprime:

Y recordó haber pensado entonces, que si ella moría, estaba seguro de que no había de llorar. Porque sería la
muerte de una desconocida. Un rostro visto en la calle, una imagen del periódico; y, de repente le resultó todo
tan triste que había empezado a llorar, no por la muerte, sino al pensar que no lloraría cuando Mildred muriera,
un absurdo hombre vacío junto a una mujer vacía.

Sartori menciona que en los Estados Unidos la sesión televisiva de los núcleos familiares ha crecido de tres
horas al día en 1954, a más de siete horas al día a partir de 1994,- esto significa que después del trabajo no
queda tiempo para nada más.45 Entre trabajo, comida y trayecto de regreso a casa la jornada estaría completa,
no hay tiempo para platicar con nuestros seres queridos. De ese modo transcurren los días, los meses y los
años en donde los programas de televisión sustituyen las relaciones personales. Así "conocemos mejor" la vida,
los problemas íntimos y las preocupaciones personales de los artistas de nuestros programas favoritos, que los
problemas personales de nuestros extraños familiares con los que convivimos en el mismo techo como en la
novela de Bradbury. Los divorcios aumentan cada día más en una sociedad que carece de capacidad para el
amor. Bloom nos dice: "Las personas pueden continuar viviendo mientras se relacionan con seres queridos
fallecidos, pero no pueden continuar relacionándose con un ser querido viviente que ya no ama ni desea ser
amado".

La descomposición del vínculo familiar quizá sea uno de los problemas principales en los países desarrollados.
Junto con la familia, el amor entre el hombre y la mujer se extingue y queda solamente (de esa relación que en
épocas anteriores era el sentido de la vida) la sexualidad, pero una sexualidad muy cómoda: sin compromiso,
como las relaciones de los personajes en la novela de Aldous Huxley, en donde están prohibidas las relaciones
duraderas:

—Bueno, al fin y al cabo —protestó Lenina— sólo hace cuatro meses que salgo con Henry.
—¡Sólo cuatro meses! Y lo que es peor, —prosiguió Fany, señalándola con el dedo acusador— es que en todo
ese tiempo no ha habido nadie más, excepto Henry ¿verdad? —Lenina se sonrojó violentamente/ pero sus ojos
y el mismo tono de voz siguieron desafiando a su amiga.
—No, nadie más —contestó, casi con truculencia—. Y no veo por qué debería haber habido alguien más. —
¡Vaya! La niña no ve por qué —repitió Fany como dirigiéndose a un invisible oyente situado detrás del hombro
izquierdo de Lenin. Luego, cambiando bruscamente de tono añadió—: En serio. La verdad es que deberías
andar con cuidado. Está muy mal eso de seguir así con un mismo hombre... Sabes muy bien que el Director de
Incubación y Condicionamiento se opone firmemente a todo lo que sea demasiado intenso y prolongado...

Cuando la sexualidad sin compromiso reemplaza al amor, las separaciones entre las nuevas generaciones ya
no son tan dolorosas, incluso ahora se dice que "se acabó la química", pues el amor se ha convertido en un
simple y placentero intercambio de fluidos. El profesor Alian Bloom no deja de asombrarse de las relaciones
"amorosas" de sus estudiantes: "Cuando veo una pareja de jóvenes que han vivido juntos durante todos sus
años en la universidad, separarse con un apretón de manos y entrar en la vida, me quedo sin habla". 48 En
nuestra sociedad atomizada, lo que nos reserva el mundo del futuro es "una soledad electrónica".
De acuerdo con la tesis de Viktor Frankl, psiquiatra humanista fundador de la logoterapia, en la actualidad las
neurosis ya no tienen como en la época de Freud una represión de la libido, sino una frustración existencial que
se caracteriza por la falta de sentido, acompañado por un sentimiento de vacío al que él llama: "neurosis
noógenas". Según Frankl, el sentido de la vida es algo que se descubre por medio de la vocación, es decir, de
la llamada a la realización de una misión de algo que se tiene que cumplir, y que implica un esfuerzo y una
superación del egoísmo porque se encamina hacia otro ser humano, a cuyo encuentro vamos con amor, y que
en la medida que lo cumplimos nos realizamos como personas. El sentido es aquello que nuestra sociedad de
consumo no puede resolvernos, ya que es algo personal y "la sociedad de la opulencia sólo satisface
necesidades y deseos, pero no la voluntad de sentido". Para Frankl la persona puede encontrar el sentido
incluso en el sufrimiento. Un sufrimiento sin sentido es masoquismo, mas cuando el sufrimiento es inevitable la
persona puede aún descubrir un sentido. Cuando lo descubre se transforma a sí misma. Frankl nos presenta el
ejemplo de un joven que a consecuencia de un accidente quedó paralítico de las cuatro extremidades, podía
escribir a máquina sosteniendo un lápiz entre los dientes,- decía que el accidente le había roto la cerviz, pero no
la voluntad. Estudió logóterapia para ayudar a otras personas, que como él habían sufrido un accidente
parecido, a encontrar su sentido. "Estoy convencido de que mi invalidez va a ser de mí un consejero especial-
mente comprensivo. Sé, que sin sufrimiento, habría sido imposible la grandeza que he conseguido".

Incluso ante el hecho inevitable de la muerte lo que verdaderamente importa, dice Frankl, es que exista algo
que podamos abandonar, algo que podamos dejar tras nosotros en el mundo, que constituya la realización de
nuestro sentido y de nosotros mismos antes de que llegue ese día en que nuestro tiempo se habrá consumado.

Pero cuando la persona no encuentra sentido, se refugia en las drogas (en la novela de Huxley se habla de una
droga perfecta y legal que es el soma) o en la diversión, cuya función es adormecer la conciencia para que no
se percate de su desesperación. La desesperación es el infierno de un estado de ánimo vacío en el que la
persona entra en depresión porque se da cuenta de que su vida está vacía. Fromm dice que si queremos definir
la felicidad con su contrario, debemos definirla no en contraste con la tristeza, sino con la depresión.

En la novela de Aldous Huxley, la colectividad, la tecnología y la televisión se hacen cargo de la soledad de los
moribundos que no son llorados por nadie. Se procura crearles una atmósfera tan agradable como sea posible:

Era una vasta sala pintada de amarillo y brillantemente iluminada por el sol, que contenía una veintena de
camas, todas ellas ocupadas. Linda agonizaba en buena compañía y con todos los adelantos modernos. El aire
se hallaba constantemente agitado por alegres melodías sintéticas. A los pies de la cama, de cara a su
moribundo ocupante, había un aparato de televisión. La televisión funcionaba como un grifo abierto, desde la
mañana a la noche.

La televisión es una excelente forma de adormecer la conciencia de los enfermos terminales, lo importante es
que no se percaten de lo que les sucede y distraer su angustia.

La industria de la cultura contribuye a la formación de la personalidad narcisista en la que se debe ser feliz a
fuerza y en la que todo dolor es sinónimo de fracaso,- por eso se tiene que evitar el amor, porque el amor
implica cuidado por aquella persona que se ama y el cuidado implica desvelos, responsabilidad y compromiso.
En el verdadero amor está implícito el sufrimiento y el sacrificio, ya que amar es buscar el bien del otro, aceptar
su fragilidad como persona al preocuparnos por todo lo que le suceda,- de hecho, la palabra cuidado viene de
cura, esto significa que hay que curarlo cuando está enfermo y enfrentar el hecho irremediable de la muerte:
"Dado que la muerte nos enfrenta con el hecho inevitable de que o bien nosotros moriremos antes que nuestros
seres amados o ellos antes que nosotros, podemos reducir el dolor si endurecemos nuestros corazones y
negamos nuestros sentimientos".

Por lo tanto, el cuidado y la responsabilidad es un modo de ser opuesto a la personalidad narcisista, pues es la
aceptación del ser humano mientras que el narcisista no se acepta como es, sino en función de una imagen que
crea de sí mismo como ideal. Nos dice Lowen: "La imagen narcisista se forma en parte como una compen-
sación respecto de una imagen inaceptable del yo y en parte como una defensa de sentimientos intolerables". 58
Estos sentimientos intolerables son precisamente los que nos hacen humanos, como la compasión, la ternura,
la amistad desinteresada, la caridad, pero que la personalidad narcisista los percibe como debilidad, ya que el
narcisista lo que busca es el poder, puesto que piensa que éste es el ideal de ser mejor persona. "Somos los
únicos animales que niegan sus sentimientos para adquirir poder,- a este respecto hemos ido en contra de
nuestra naturaleza." Los artistas, los modelos, y los deportistas son los arquetipos a los que los jóvenes aspiran
como forma de vida ideal: vestir, tener lo que ellos tienen, ser como ellos (jóvenes, famosos, bellos, ricos y
poderosos) (aunque no todos ellos son narcisistas, todos están en el ámbito en donde se le otorga mayor
importancia a la imagen). No obstante, son también los que menos estabilidad emocional tienen: son comunes
los divorcios entre los artistas, así como el alcoholismo y la drogadicción. "En el mismo grado en que la cultura
occidental contemporánea fomenta el narcisismo, en ese mismo grado es una cultura cuyo motor y cuya
obsesión es el poder."

La importancia excesiva que los narcisistas le conceden a la imagen es una consecuencia de su único interés
por seducir y controlar para lograr el éxito de la misma manera que en la industria de la cultura lo importante es
el rating. El programa de Big Brother es un ejemplo claro de la "dictadura" del rating-. Es deprimente que lo sim-
ple, lo obsceno y las charlas superficiales con un lenguaje pobre y vulgar se nos impongan como lo más
original, lo máximo y lo que está de moda. Para la generación de Bit) Brother los ideales son fama fugaz, dinero
fácil y diversión estúpida. Se comenta que lo más interesante del programa es que muestra la realidad, pero la
mayoría de los programas de reality show están manipulados y, por lo tanto, son engañosos,- las imágenes
pueden ser manipuladas. La televisión puede ser engañosa incluso como medio informativo, los reportajes
pueden ser manipuladores y falsos. William Randolph Hearst, el magnate de la prensa norteamericana que
sirvió de modelo al Ciudadano Kane de Orson Welles, tenía la costumbre de decir a sus periodistas: "No dejéis
nunca que la verdad os prive de una buena historia".

Del mismo modo que los anuncios publicitarios cuyas imágenes de los productos nos venden virtudes, es decir,
no nos venden jabón sino belleza, no un automóvil, sino prestigio,62 así los narcisistas, con su seductora
imagen, aparentemente nos "venden" amabilidad, confianza y honestidad, cuando en realidad lo que persiguen
es el poder que les brinda la imagen para manipular. Por lo tanto, siempre mienten. Sin embargo, la tragedia de
los narcisistas consiste en que, en un plano muy profundo, se desesperan por amar y que los amen, mas no
pueden expresar esos sentimientos, o no se atreven a expresarlos porque les provoca mucho dolor tomar
conciencia de su humanidad. Prefieren vivir con el ideal de que si son perfectos la gente tiene que quererlos,
pero no se dan cuenta de que es imposible convivir con una persona que se cree perfecta,- por lo que sus
relaciones de pareja no son duraderas, cambian el amor por el sexo.63 Sienten pavor de envejecer o, más bien,
a verse viejos. La importancia de verse joven y bello radica en el culto a la juventud y el desprecio a la vejez en
una cultura que olvida cada vez más los valores de la tradición. En la novela de Huxley nadie envejece/ o mejor
aún, nadie se ve viejo: "Todos aquellos sexagenarios moribundos tenían el aspecto de jovencitos". La imagen
es tan indispensable para ellos que si hacen ejercicio es para verse bien, no porque les interese mucho su
salud. De hecho, no se preocupan por ellos mismos, puesto que no se aman.

La idea de autosuficiencia individual en la búsqueda del éxito y el prestigio los hace sentirse especiales. Es
verdad que cada persona es única, pero las personas que no son narcisistas admiten que tener ciertos talentos
no las vuelve especiales, ya que están conscientes de sus limitaciones humanas y reconocen que otras per-
sonas tienen talentos y virtudes que ellas no poseen. Pero los narcisistas, al sentirse especiales se sienten
superiores y no están conscientes de que utilizan a los demás para sus fines. Creerse perfectos los hace ser
muy superficiales,- como son "perfectos", no admiten críticas ni ayuda de nadie, con lo que, en forma
paradójica, pierden la oportunidad de mejorar como personas, encerrándose en su mundo de soledad en donde
se sienten incomprendidos en su "genialidad", cuando su mentalidad es extremadamente pobre debido a que
sólo perciben de la realidad lo que concierne a sus intereses. Como son incapaces de comprender en sí
mismos sus necesidades humanas de respeto y dignidad, únicamente perciben a sus semejantes desde una
perspectiva utilitaria.

Sólo con esta base podemos explicar la conducta cruel de algunos narcisistas, como los administradores, que
manejan sin remordimientos a sus empleados y crean un reino de terror por su indiferencia a la sensibilidad de
su personal y por sus despidos indiscriminados sin tomar en consideración los sentimientos de la gente. Por
supuesto que ellos mismos se tratan con la misma dureza. Sus metas de poder y éxito exigen un sacrificio igual
de su propia sensibilidad y sentimientos. Estos administradores se consideran generales de una guerra en la
que el éxito empresarial representa la victoria. Con tal imagen de sí mismos, no les queda sino tratar a sus
subordinados como si fueran soldados prescindibles por su esfuerzo por ganar.

Esas ideas de perfección, de efectividad en los resultados, como lo único que importa en las instituciones y
sociedades humanas, con el olvido de la persona, son muy semejantes a las que condujeron en el siglo XX a la
humanidad a la terrible experiencia de los regímenes totalitarios con sus atrocidades genocidas:
Hay sólo algo que parece discernible, podemos decir que el mal radical ha emergido en relación de un sistema
en el que todos los hombres se han tornado igualmente superfluos. Los manipuladores de este sistema creen
en su propia superfluidad tanto como en la de los demás, y los asesinos totalitarios son los más peligrosos de
todos porque no se preocupan de que ellos mismos resulten vivos o muertos, si incluso vivieron o nunca
nacieron. El peligro de las fábricas de cadáveres y de los pozos del olvido es que hoy, con el aumento de la
población y de los desarraigados, constantemente se tornan superfluas masas de personas si seguimos
pensando en nuestro mundo en términos utilitarios.

El horror de la novela de Huxley es que las personas no solamente son prescindibles, sino que además toda su
existencia, desde antes de su nacimiento y hasta su muerte, está predeterminada por la utilidad social:

El P2O5 antes se perdía cada vez que había una cremación. Actualmente se recupera más del noventa y ocho
por ciento del mismo. Más de kilo y medio por cadáver de adulto. En total casi cuatrocientas toneladas de
fósforo anuales, sólo en Inglaterra. —Henry hablaba con orgullo, gozando de aquel triunfo como si hubiese sido
suyo—. Es estupendo pensar que podemos seguir socialmente útiles aun después de muertos. Que ayudamos
al crecimiento de las plantas.

La educación moral, "que nunca en ningún caso debe ser racional", está controlada totalmente por el estado, y
se da a través de la hipnopedia y condicionamiento sugestivo como en la televisión.

Hasta que, al fin, la mente del niño se transforma en esas sugestiones, y la suma de esas sugestiones es la
mente del niño. Y no solamente la mente del niño, sino también la del adulto, a lo largo de toda su vida. La
mente que juzga, que desea, que decide, formada por esas sugestiones ¡y esas sugestiones son nuestras
sugestiones!, ¡sugestiones del Estado!

Por ello, los individuos ya no tienen importancia, pues son hechos en serie como cualquier instrumento. No
piensan por sí mismos, son manipulados por el Estado como robots,- ya no tienen dignidad y pueden ser
sustituidos: "Al fin y al cabo qué es un individuo —Con amplio ademán señaló las hileras de microscopios, los
tubos de ensayo, las incubadoras—. Podemos fabricar otro nuevo con la mayor facilidad,- tantos como
queramos."

En la novela de Bradbury el individuo tampoco importa, su vida carece de sentido una vez muerto, debe pasar
al olvido al igual que los libros, el pasado debe ser olvidado y purificado:

Cinco minutos después de la muerte de una persona, está en camino hacia la gran chimenea,- los incineradores
son abastecidos por los helicópteros en todo el país. Diez minutos después de la muerte, un hombre es una
nube de polvo negro. No sutilicemos con recuerdos acerca de los individuos. Olvidémoslos. Quemémoslo todo,
absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio.

El fuego es "brillante y limpio", su función es purificar, por eso los nazis72 también lo utilizaron quemando todos
aquellos libros sospechosos de tener alguna ideología que no estuviera de acuerdo con la nueva misión
propuesta por Hitler. Su nueva misión de hacer de Alemania el centro de la cultura europea y el eje hegemó-
nico del mundo proponía "purificar" Alemania no sólo de ideologías extrañas, sino de todas aquellas personas
débiles e indeseables como homosexuales, gitanos, rusos,- pero, sobre todo, del pueblo judío, el cual se
convierte en el principal enemigo que Alemania había de aniquilar. Esa fue la solución final propuesta por Hitler,
fue el Holocausto, palabra que significa "todo quemado".

El 11 de mayo de 1960 Otto AdolfEichmann, ex teniente coronel de las S.S., fue detenido en un suburbio de
Buenos Aires y trasladado a Jerusalén. El 11 de abril de 1961 compareció ante el distrito de Jerusalén acusado,
junto con otras personas, de quince delitos, entre ellos, crímenes contra la humanidad. Eichmann provenía de la
clase media alemana y no se sentía culpable por haber llevado a las cámaras de gas a millones de judíos, pues
consideraba que cumpifa órdenes, que él era un buen ciudadano/ 3 Su administración era "eficaz" ya que la
"producción de cadáveres" había aumentado en forma considerable (podían matar hasta 90 000 personas en
veinticuatro horas) con el uso de las cámaras de gas (en lugar de fusilamientos),- procuraba hacer un trabajo
limpio y evitar sufrimientos74 innecesarios. Cuando le preguntaron si odiaba a los judíos, contestó que no, que
no los odiaba. Parecía una persona normal, buen padre y excelente esposo. Sentía su trabajo como una
pesada carga, en ocasiones hasta aburrida, que tenía que cumplir. No era entonces sádico, pero era un
individuo exageradamente insensible y sin conciencia. Todo su lenguaje se reducía al burocrático y estaba
construido con clisés. Siempre dijo lo mismo, expresado con las mismas palabras.

Cuando más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su
incapacidad para pensar,- particularmente, para pensar desde el punto de vista de otra persona. No era posible
establecer comunicación con él, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado por la más segura de las
protecciones contra las palabras y la presencia de otros, y por ende, contra la realidad como tal.

Estos crímenes contra la humanidad llevados a cabo por la burocracia de Hitler no son comprensibles, por eso
Arendt expresa que no se pueden perdonar ni castigar en personas que carecen en absoluto de conciencia,- se
perdona a una persona cuando hay un verdadero arrepentimiento,- pero en ellos, ¿cómo puede haber
arrepentimiento si carecen de conciencia, si no son capaces de reflexionar sobre sus actos? Estos sujetos
narcisistas de la clase media que se distinguen por su banalidad, son peligrosos debido a su frialdad extrema.
Por ello dice Kierkegaard: "ésa es la profunda contradicción que se da en lo demoniaco,- y desde muchos
aspectos, existe infinitamente mayor bondad en lo demoniaco que la que pueda haber en las personas tribales".

Para Huxley, la dictadura de Hitler fue la primera con medios masivos tecnológicos como la radio. Logró que
ochenta millones de personas fueran privadas del pensamiento independiente.77 La disminución progresiva del
precio de los aparatos de radio provocó que aumentara el número de personas que podían adquirirlo: de cuatro
millones a dieciséis millones entre 1933 y 1944. Asimismo, había altavoces en lugares públicos. El principal
objetivo de los totalitarismos es apoderarse de la conciencia moral de cada individuo con el propósito de
manipular a las masas como si fueran un solo hombre. Hitler despreciaba a las masas,- sin embargo, sabía muy
bien cómo manipularlas. Sabía muy bien que las personas reunidas en multitudes no actúan en forma
coherente. Un individuo perdido en una multitud se comporta de manera irracional. Según Huxley es víctima del
"envenenamiento del rebaño".

El conocimiento de la historia nos ha demostrado que las democracias son frágiles y que su cuidado está en
función de que cada individuo, de que cada persona piense por sí misma, éste debe ser el fundamento de toda
educación,-la lectura de alta cultura es una manera excelente de reflexionar acerca de nuestra problemática
humana. Cada estudiante que se preocupe por sí mismo y por el futuro de su país en un mundo cada vez más
complejo debe ser responsable de formarse en este tipo de lectura: "Leer es una actividad privada, no colectiva.
El escritor habla únicamente a individuos, instalados a solas, en un estado de sobriedad normal".

La comunicación en masa es un poder que puede emplearse para propagar y fundamentar la democracia, pero
mal utilizado se puede convertir en una de las armas más poderosas para manipular y controlar el juicio moral
de una sociedad que se cree libre porque no entiende lo que significa la libertad. El principal objetivo del control
totalitario es lograr que las personas amen su esclavitud. Esa sería la dictadura perfecta, nos advierte Huxley,-
no obstante, sus métodos todavía no eran eficaces en la época en que publicó Un mundo feliz. Sin embargo, en
1958 escribió: "Veintisiete años después, en este tercer cuarto de siglo XX de la era de Cristo y mucho antes de
que termine el siglo I d. f., me siento mucho menos optimista que cuando escribía Un mundo feliz. Las profecías
que hice en 1931 se están haciendo realidad mucho más pronto de lo que pensé".

Huxley murió de cáncer el 22 de noviembre de 1963, el mismo día del asesinato del presidente Kennedy,- la
pregunta a 41 años de su muerte sería: ¿Qué pensaría el autor si viera ahora la semejanza de los personajes
de su novela con el mundo de principios del siglo XXI?