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TENEMOS TERRIBILITIS

Ya en la antigüedad el filósofo Epicteto decía que no nos afecta lo que nos sucede sino lo que nosotros
nos decimos sobre lo que nos sucede.
Cuando tenemos malestar emocional, tenemos que analizar nuestro diálogo interno, ¿qué nos estamos diciendo a
nosotros mismos para causarnos ese malestar?
Hay que cambiar este diálogo interno. Cuestionar las creencias irracionales que tenemos. Cuando nos
encontramos mal, en nuestro diálogo interno, nos decimos que lo que nos está sucediendo o lo que nos podría
suceder es o sería terrible. Cuando estamos mal valoramos muchas cosas de las que nos suceden como terribles.
¿Lo que nos sucede es realmente terrible? En la vida hay muy pocas cosas terribles. Si dejamos de terribilizar,
las emociones nos van a acompañar y nos vamos a tranquilizar.
Buscamos la felicidad, la felicidad es un estado emocional que se caracteriza por 3 aspectos: sosiego interior,
capacidad para relacionarse, saber disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
Top Ten de las creencias irracionales:

- Necesito tener a mi lado a alguien que me ame, de lo contrario, ¡qué vida más triste!!!: No necesitamos tener a
nadie a nuestro lado para ser felices. Además, si utilizamos la fantasía, ésta no tiene límites, ¿a cuanta gente más
necesitamos para ser felices? Nadie en el mundo necesita eso. Si se tiene bien, pero no es necesario. Lo único
que necesitamos para vivir es tener la comida y la bebida del día. La creencia racional a esta creencia irracional es
la siguiente: Me gustaría tener a alguien que me ame a mi lado, pero si no lo tengo puedo ser igualmente feliz.

- Tengo que tener una vida emocionante, de lo contrario es un aburrimiento: La creencia racional a esta creencia
irracional es la siguiente: Me gustaría tener una vida emocionante, pero si no la tengo aún puedo hacer muchas
cosas valiosas. Es bueno intentar tener una vida emocionante, pero no hay que meterse presión. El pensamiento
de blanco o negro no nos favorece. Cuando estamos mal emocionalmente tendemos a clasificar las cosas de
forma errónea (blanco o negro). El pensamiento de si no me importa algo, eso ya no vale la pena, es una
creencia irracional. Tenemos miedo a dejar de dar importancia a las cosas.

- No puedo tolerar que la gente me menosprecie. Debo saber responder y defender mi imagen: No pasa nada si
la gente no nos trata bien, no es terrible. La creencia racional sería: Me gustaría que la gente me tratara bien pero
no lo necesito para ser feliz, aún si la gente no me trata bien puedo hacer cosas valiosas en mi vida por mi y por
los demás.

- Debo tener un piso en propiedad: Cada vez más la sociedad y la televisión nos transmiten necesititis, sólo
necesitamos para vivir el agua y la comida del día. Cuantas más necesidades nos creamos nos hacemos más
débiles. La creencia racional sería: Me gustaría tener un piso en propiedad, pero si no lo tengo no es terrible y
puedo hacer otras cosas en mi vida maravillosas.

- Sería terrible tener una enfermedad grave y sobre todo morirse joven. Lo primero en esta vida no es la salud, lo
primero es ser feliz. Todos vamos a perder la salud en algún momento y moriremos. Por lo tanto hay que
aceptarlo. Sobre la salud hay que tener una preocupación razonable, si pese a todo me pusiese enfermo pues
mala suerte, hay que aceptarlo. Todas las cosas las tenemos que evaluar en su justa medida, así las emociones nos
van a acompañar. La vida no es una lucha, la vida es para disfrutarla. No hay que luchar contra nuestro diálogo
interno, hay que hacer un trabajo de comprensión hasta hacer que ese diálogo interno sea un diálogo racional.
Los pilares de las personas fuertes es que su diálogo interno está basado en:
- Necesito muy poco para ser feliz (cuando no tengo las cosas estoy sereno y cuando las tengo las disfruto).
- Nunca calificar de terrible lo que nos suceda, por malo que sea lo que nos suceda siempre lo podremos
soportar y siempre podremos ser felices.
Este diálogo interno no sólo hay que repetírselo, sino que hay que convencerse. Por mal que estemos siempre
hay opciones para hacer cosas valiosas, siempre que dejemos de quejarnos.
Hay que tener un diálogo interno realista: “Cuando lo que me ha pasado es malo, si puedo lo arreglo, pero si no
lo puedo arreglar lo acepto y seguro que aún puedo hacer cosas valiosas por mí y por los demás”. Tenemos que
fijarnos en lo que puedo hacer y en lo que tengo y no fijarnos en lo que no puedo hacer y en lo que no tengo.
Lo que nosotros pensamos es lo que sentimos. No es lo que nos sucede lo que nos afecta, es lo que nosotros
pensamos sobre lo que nos sucede.
Hay que fijarse en nuestro diálogo interno y cambiarlo a un diálogo racional.
Detrás de cada malestar emocional hay una creencia irracional. Todas las creencias irracionales que
tenemos las podemos agrupar en 3 grupos:
- Debo hacer las cosas bien.
- La gente me debe tratar bien.
- El entorno me debe ser favorable.
Estas tres creencias irracionales eran preferencias que hemos transformado en exigencias y por tanto en
necesidades. Cada necesidad que nos creamos nos hace más débiles. Con tanta exigencia la felicidad es cada vez
más difícil. Hay que tener objetivos no necesidades y aceptar que la vida es imperfecta porque así viviremos en
armonía con la realidad.
En nuestro diálogo interno estas creencias irracionales las tenemos que transformar en racionales y por tanto
dejarán de ser exigencias para pasar a ser preferencias. Las debemos transformar en:
- Me gustaría hacer las cosas bien.
- Me gustaría que la gente me tratara bien.
- Me gustaría que las cosas me saliesen bien y el entorno me fuera favorable.
Pero si todo esto no ocurre, aún puedo hacer cosas valiosas en mi vida por mí y por los demás.
ES DECIR, para disfrutar la vida con plenitud, como dice RAFAEL SANTANDREU, que hicieron sus
"maestros", el fotógrafo Fran Capa, el explorador Ernest Shackleton, el escritor Boris Vian y el actor
Christopher Reeve ("Superman") o lo hace el científico Stephen Hawking, hay que tener una "mente fuerte",
carente de miedo, de "necesititis" y de "terribilitis".
La "necesititis", aclara, es confundir "los deseos con la necesidad" y la "terribilitis", tomarse todo a la tremenda y
anticipar desgracias.
Transformar el carácter para Santandreu es posible. Y lo es si se cambia la estructura mental, es decir, si se
modifica la forma en la que pensamos y percibimos lo que nos pasa. La recompensa: "fuerza emocional, el
principal pasaporte para ir por el mundo".
Y es que como decía su filósofo de cabecera, Epicteto: "No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos
decimos de lo que nos sucede". Un diálogo interior que se aprende generalmente en la infancia, pero que se
puede reeducar si no es el adecuado.
El problema radica en las ideas negativas, en las "creencias irracionales", que suelen ser falsas por exageradas,
inútiles porque no ayudan a resolver dificultades y, lo peor, hacen sufrir, dice el que fuera redactor jefe de la
revista "Mente sana".
Las personas mentalmente fuertes, añade, se cuidan mucho de dramatizar sobre las posibilidades negativas de su
vida, lo que les hace mantener la calma. Ahí radica su fortaleza.
El primer paso, explica, es evaluar lo que nos sucede con criterios objetivos, constructivos y con una cierta
conciencia filosófica de la vida.
Existen miles de creencias irracionales -cada cual tiene las suyas-, pero todas, según Santandreu, se resumen en
tres: debo hacer las cosas bien, la gente me debe tratar bien y todo me debe ser favorable.
Las creencias más comunes, según lo que él ha comprobado en su consulta, que la gente tiene asociadas a la
felicidad son: tener pareja, ser alguien, ser apreciado por todos, tener un piso en propiedad, tener salud, que tu
pareja te sea fiel, tener una vida emocionante y tener siempre más (cosas, oportunidades).
Seguir estas u otras creencias a pies juntillas es la mejor forma de caer en la neurosis, sostiene Santandreu, quien
recomienda a sus pacientes que ante cualquier contratiempo se hagan siempre la misma pregunta: ¿esto me
impide hacer cosas maravillosas para mí mismo y para los demás? La respuesta, dice, casi siempre es no.
Para vivir y ser feliz, asegura Santandreu, se necesitan muy pocas cosas, solo agua, comida y cobijo frente a las
inclemencias.
Todo lo demás es superfluo, pero ha conseguido la hegemonía en esta sociedad occidental que en el año 2040
tendrá al 50 % de la población aquejada de alguna enfermedad mental, advierte.
Las estadísticas son "impensables": "Cada vez hay más adultos y niños con problemas". "Los antidepresivos, tras
los que controlan la tensión arterial, son los fármacos más vendidos del mundo". "Esto no lo para ya ni Dios",
afirma.
"No nos podemos salvar colectivamente, pero individualmente, sí. ¿Y qué ganaremos?, pues salud
mental".
"La hiperexigencia y superación constante lo único que hacen es enfermar a la gente”, advierte el
psicólogo Rafael Santandreu, quien define con el término “terribilitis” la tendencia a agrandar los
problemas.
La forma como uno dimensiona los problemas, aprende a convivir con las adversidades que a lo largo de la vida
se van presentando, evitando caer en las exageraciones, las quejas y en creencias irracionales -como, por ejemplo,
“debo hacer todo bien”, “debo saber contestar”, “esto no lo puedo permitir”- son clave para prevenir trastornos
emocionales.
Así lo manifestó el psicólogo catalán Rafael Santandreu, quien visitó recientemente Buenos Aires para presentar
su libro “El arte de no amargarse la vida”, y definió con el término “terribilitis” la tendencia a “calificar de
terribles cosas que no lo son: tomarse a la tremenda las adversidades, anticipar las desgracias, estar todo el
tiempo dando vueltas sobre un problema”, situaciones que generan “la mayor parte de los trastornos
emocionales como la depresión, la ansiedad y el estrés”.
“La hiperexigencia y superación constante lo único que hacen es enfermar a la gente”, agregó.
Al respecto, el profesional señaló: “Los seres humanos tienen unas 20 mil pequeñas adversidades a lo largo de la
vida: se rompe el auto en la autopista, te tuerces el tobillo, pierdes las llaves o la cartera. Hay que tenerlo en
cuenta para no amargarse porque esto no se puede evitar, aunque seas eficiente o responsable. O aceptas la
realidad y dejas de exigirle tanto a la vida o te conviertes en un cascarrabias”.

En declaraciones a este diario, Santandreu sostuvo que si bien en esta conducta de exageración “puede haber
algo de genética, en un 90 por ciento depende de uno, de cómo fue formando su pensamiento”.
“En la vida nos van pasando cosas, los padres nos educan de una manera, vamos al colegio, tuvimos parejas,
pero cada uno saca diferentes conclusiones y va formando una filosofía de vida, donde el principal responsable
es uno”, afirmó.
En este marco sostuvo: “Los cambios no vienen del otro, el otro no puede hacerte feliz ni infeliz, somos
nosotros los que nos hacemos felices o infelices. La clave es formarse una buena filosofía de vida. Aprendiendo
a pensar de otra forma, con principios de vida diferentes, uno se hace más fuerte emocionalmente y feliz”.
Los diálogos internos
“La gente sana y positiva tiene el hábito de no exagerar las adversidades -destacó el psicólogo clínico-. Las
personas ansiosas o depresivas, sin darse cuenta, se ponen mal a sí mismas con lo que se dicen en su interior”.
Al respecto citó al físico Stephen Hawking -a quien se le diagnosticó la enfermedad de la motoneurona a los 21
años y es uno de los científicos más prestigiosos del mundo- que suele decir “quejarse es inútil y una pérdida de
tiempo”.
“Estudié a fondo a varias personas que se caracterizan por ser muy fuertes y ellas demuestran que, si se está en
positivo, se resuelven mejor los problemas”, agregó Santandreu, quien le dedicó un capítulo a Hawking, y
comentó: “En mi consultorio tengo una foto de Stephen. Cuando viene una paciente y me dice ‘estoy mal, mi
marido me engañó otra vez’, descuelgo el cuadro, lo coloco sobre una silla y digo: “Hoy necesitamos un co-
terapeuta”. “¿Qué te parece Stephen, es un asunto mortal?” Generalmente la gente se sonríe y se da cuenta que
no es el fin del mundo, que puede sentir disgusto, pero también darse cuenta que hay un problema por resolver,
que no la acaba de pisar un camión, sino que debe tomar una decisión, resolver el asunto y seguir disfrutando de
la vida”.
Por otra parte, Santandreu, quien desarrolla sus terapias en el marco de la psicología cognitiva, sostuvo que “para
cambiar la forma de sentir a nivel emocional hay que cambiar la mentalidad, abrir la mente y plantearse si uno no
se está equivocando en cuanto a los valores vitales. Entonces, o cambias o seguirás amargándote para siempre”.
Y aseguró que se puede cambiar, “lleva su trabajo, pero se puede hacer, se puede dejar de ‘terribilizar’,
transformarse, cambiar el chip”.
“Para cambiar la forma de sentir a nivel emocional hay que cambiar la mentalidad, abrir la mente”, aseguró el
profesional.
Tips
“El otro no puede hacerte feliz ni infeliz, somos nosotros los que nos hacemos felices o infelices”, destaca.
“Las personas ansiosas o depresivas, sin darse cuenta, se ponen mal a sí mismas con lo que se dicen en su
interior”, advierte.
“PERSEGUIR DEMASIADO LA SEGURIDAD NO ES BUENO”
“La principal distorsión cognitiva consiste en tomarse todo a la tremenda y anticipar desgracias”
“Si nosotros, como los indios americanos o del Amazonas, nos sintonizamos con la naturaleza a la que
pertenecemos, perdemos todos los miedos. Viniendo desde Madrid a ciudad de México, coincidí con una chica
que tenía miedo a volar. Mi consejo fue: cada vez que tomes un avión, di esto: si me muero, me muero”
“La muerte es natural, normal. Pensar que te puedes morir en cualquier circunstancia, es pensar en forma natural
y eso, sin dudas, elimina los miedos”.
Pensar o vivir en forma artificial, según el profesional, genera un sinfín de miedos que nos impide existir con
plenitud.
– ¿Qué significa vivir antinaturalmente?
– Significa crear universos mentales, irreales y emperrarse con la que la realidad debe ser así. Por ejemplo, pensar
que todo el mundo me debería tratar bien todo el tiempo. Hombre, sería muy bonito vivir en un sitio donde
todos son amables, pero es absurdo. ¿Y sabes qué creo?, que ni siquiera sería tan bonito. Las cosas son como
son y está bien que sean así. El sustrato de todas las neurosis es usar mal la fantasía. Crear ficciones y luego creer
en ellas.
– ¿La amargura puede ser un rasgo del carácter?
– Sí, hay cierta genética del carácter que nos hace más proclives a amargarnos la vida, pero eso se puede modelar
con un esfuerzo intenso, es verdad y sobre todo decidido. Siempre digo que es como aprender un idioma: hay
que ir a clases, hacer deberes cada día y perseverar mucho. Haz de revisar tu diálogo interno. Hay que ser,
además, muchísimo menos exigente con uno mismo y con los otros.
– Hay quienes quieren cambiar, pero vuelven a los viejos errores…
– Diría que esa persona lo intentó mal y que no tenía una buena guía. Vale la pena hacerlo, porque siempre hay
años preciosos por vivir. Tengo pacientes de más de 70 años. Por ejemplo, ¿por qué una persona de 70 años no
puede aprender inglés?, si se disfruta un montón aprendiendo un idioma. Hay que quitarse la idea de que la edad
limita. Uno de mis referentes en el libro es Stephen Hawking. Él dice, por ejemplo, que quejarse es una forma
inútil de perder el tiempo. “Siempre hay salida de cualquier agujero negro, pues no hay mayor agujero negro que
aquel en el que me encuentro y sin embargo soy feliz”, es lo que dice.
– ¿Qué lugar ocupa el humor en el intento de no amargarse la vida?
– Es una herramienta muy buena, pues es un gran “desterribilizador”. No sirve de nada exagerar la realidad
porque eso agranda la adversidad.