You are on page 1of 3

APORTES DE

DARMANEISY URRUTIA MORENO COD 1321114 6B

CONTRATACION ATIPICA:

Se entiende por contratos típicos o nominados y contratos atípicos o innominados


aquellos que poseen regulación legal o carecen de ella, siendo los típicos los
pertenecientes al primer grupo y los contratos atípicos los que se encuadran
dentro del segundo grupo.

De acuerdo con la teoría de los contratos, hay que resaltar que la autonomía de la
voluntad de las partes desempeña un papel fundamental a la hora de
encuadrarnos dentro de alguno de los dos grupos. La autonomía de la voluntad
permite que las partes pacten una regulación negocial diferente de la estipulada
en la ley siempre y cuando su alejamiento de esta no suponga un desplazamiento
de las normas imperativas que configuran el negocio jurídico base. Si esto se
cumple todavía estaríamos dentro de los contratos típicos o nominados, pero
resaltando la importancia y relevancia jurídica de la voluntad de las partes.

Por otro lado, dentro de los contratos atípicos o innominados, nos encontramos
con una voluntad contractual que no encuentra asiento en ningún contrato
nominado o típico, creando por ello un negocio jurídico o contrato nuevo.

Que se cree un negocio jurídico o contrato nuevo no quiere decir por ello que no
se deban cumplir requisitos básicos que todo contrato debe tener, es decir, como
la buena fe de los contratantes y la capacidad contractual de los mismos, además
de carecer de vicios que hagan que el contrato sea nulo o anulable.

Como ejemplos de estos dos grupos tenemos, por un lado y dentro de los
contratos típicos o nominados, los contratos de compraventa, los contratos de
arrendamiento, la permuta, el comodato, el usufructo, además de otros, siempre y
cuando sean negocios jurídicos con representación legal.

Como ejemplo de contratos atípicos o innominados podríamos aludir a figuras


conocidas pero que no concuerdan con los esquemas típicos o tipificados en las
leyes, como podría ser el intercambio tanto de bienes, cosas, tanto de carácter
mueble, como bienes inmuebles. En cualquier caso, y recordando lo anteriormente
dicho, las limitaciones que al respecto impone la legislación, son que esos bienes
sean de lícito comercio y exista tanto buena fe contractual como capacidad de las
partes. También pueden ser contratos de servicios de cualquier tipo. Normalmente
en ese intercambio interviene como contraprestación la figura del dinero y por
tanto hay que tener en cuenta lo que la legislación disponga para este.

Resumiendo lo anteriormente expuesto, contrato típico es todo aquel recogido en


la ley vigente y contrato atípico todo aquel que no encuentre acomodo en la
legislación, siempre y cuando no contravenga disposiciones imperativas que lo
hagan nulo.

LAS RELACIONES LABORALES ATÍPICAS

Desde un punto de vista comparativo, es posible entender como relación laboral


atípica a todas aquellas que no se insertan dentro del modelo de la relación laboral
normal o tradicional, es decir, aquellas que en consideración a su duración y
continuidad, así como al tiempo de trabajo, no pueden ser encuadradas dentro del
modelo normal o tradicional de empleo subordinado regulado por el ordenamiento
jurídico laboral.

El profesor William Thayer define una relación laboral atípica como “aquella
relación jurídica, de índole laboral, que liga a un dependiente con el respectivo
acreedor de trabajo, sin que se den en ella todas las diversas características de la
relación laboral normal, o algunas de ellas emerjan muy pálidas”.

Las contrataciones atípicas no son un fenómeno nuevo en el derecho del trabajo,


salvo ciertas formas de ocupación como el teletrabajo o trabajo a través de redes
computacionales, el que se ha desarrollado particularmente en los últimos años.
Por otra parte, figuras como el trabajo a tiempo parcial han existido siempre, lo
que cambia son, por un lado, las condiciones del mercado de trabajo que llevan a
favorecer cierto tipo de contratación laboral frente a otras, en particular, frente a
los contratos de duración indefinida y, por otro, la importancia social y de política
laboral que está asociada a ciertas formas atípicas de contratación laboral, como
ocurre en el caso del trabajo a tiempo parcial, el cual especialmente en el ámbito
europeo, es considerado como un importante instrumento de fomento del empleo
y superación del desempleo.

Sin perjuicio de lo anterior, es importante señalar que no cabe confundir entre


ocupaciones precarias y relaciones laborales atípicas. Las ocupaciones precarias
son aquellas que se encuentran al margen del derecho del trabajo, así como de
toda protección social (enfermedad, desempleo, edad), mientras que las
contrataciones atípicas son contrataciones de carácter laboral y por lo tanto
insertas dentro del ámbito de regulación del derecho del trabajo y de la seguridad
social y confieren al trabajador derechos mínimos, así como protección frente a los
riesgos sociales, aunque con especial consideración a los elementos esenciales y
propios de estas contrataciones.
Ejemplo: jornada de trabajo reducida en el trabajo a tiempo parcial que supone
una menor remuneración y, en consecuencia, una menor cotización previsional, o
en el caso del trabajo prestado desde el domicilio, en el teletrabajo, esta figura
contractual conlleva una alteración de las normas sobre seguridad en el trabajo y
protección a la salud del trabajador, sobre todo, cuando el trabajo se desarrolla en
un lugar alejado de la influencia directa del empleador.