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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN


UNIVERSITARIA, CIENCIA, TECNOLOGÍA E INOVACIÓN
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL “RAFAEL MARÍA BARALT”
PROGRAMA DE INGENIERÍA Y TECNOLOGÍA
PROYECTO DE INGENIERÍA DE GAS
CÁTEDRA: MANTENIMIENTO DE INSTALACIONES DE GAS NATURAL

Integrantes:
 Adalberto Chacín (C.I: 15.603.176)
 Josu é Zel en sk y ( C. I: 18.6 49. 691 )
 Diogmery García (C.I:26.077.999)
 F r e i d e r G a n d i ca ( C . I : 2 4 . 7 7 6 . 6 4 3 )
Profesor:
Ing. Ernesto Cedeño

Los Puertos de Altagracia, Febrero de 2018


PROTECCIÓN CATÓDICA
La protección catódica es quizás el método más importante de todos los
intentados para conseguir el control de la corrosión. Por medio de una corriente
eléctrica aplicada exteriormente la corrosión se reduce virtualmente a cero y se puede
mantener una superficie metálica en un medio corrosivo sin sufrir deterioro durante un
tiempo indefinido.
El mecanismo depende de la corriente externa que polariza los elementos
catódicos de las pilas de acción local al potencial de circuito abierto de los ánodos. La
superficie se hace equipotencial (los potenciales de cátodos y ánodos adquieren el
mismo valor) y así las corrientes de corrosión no continúan fluyendo. O visto de otro
modo, aplicando una densidad de corriente externa de valor suficientemente elevado,
entra en el metal en todas las regiones de la superficie (incluyendo las áreas anódicas)
una corriente positiva neta, que elimina la tendencia de los iones metálicos a disolverse.
En la práctica se puede aplicar la protección catódica para proteger metales como
acero, cobre, plomo, latón y aluminio, contra la corrosión en todos los suelos y en casi
todos los medios acuosos. Puede emplearse eficazmente para eliminar el agrietamiento
por corrosión bajo tensiones (p. ej., del latón, acero, aceros inoxidables, magnesio y
aluminio), o fatiga por corrosión (pero no la fatiga), o la corrosión intergranular (p. ej.,
del duraluminio y del acero inoxidable18-8), o el descincado del latón, o las picaduras
(p. ej., de los aceros inoxidables en el agua de mar, o del acero en el suelo). No puede
emplearse para evitar la corrosión por encima de la línea de agua, por ejemplo, en los
depósitos de agua, porque la corriente impresa no puede alcanzar las áreas del metal
que no están en contacto con el electrolito. Tampoco puede la corriente protectora
entrar en áreas eléctricamente blindadas, tales como el interior de tubos condensadores
de agua (a menos que el ánodo auxiliar entre en el tubo), aun cuando la caja de agua
se puede proteger adecuadamente.
Si se fuerza el potencial de toda la superficie metálica para que se desplace hasta
un valor inferior donde el metal es estable, toda la estructura actuará como cátodo y
no se corroerá. Este es el fundamento de la protección catódica. Es el método
más utilizado para la inhibición de procesos de corrosión, y sus aplicaciones
incluyen cascos de barcos, oleoductos, redes enterradas de agua y gas, entre otros. El
efecto de esta protección es equivalente a la inyección de un flujo de electrones
en la estructura a proteger, en número suficiente para el desarrollo del proceso
parcial catódico sin el proceso parcial anódico.
La estructura también puede protegerse contra la corrosión uniéndola a otro metal
más electronegativo. En 1824, el inglés Elmer Humphry Davy, fundador de la
electroquímica, junto con Alessandro Volta y Michael Faraday, descubrió la
protección catódica mediante un sistema para proteger la envoltura de cobre de
los buques de guerra británicos, utilizando bloques de zinc. La realización de la
protección catódica con ánodos de sacrificio o galvánicos se lleva a cabo normalmente
con tres tipos de metales: zinc, magnesio y aluminio. El zinc es el material anódico más
utilizado.
Podemos ver la representación del proceso en la figura 1.
Fig.1. Mecanismo de protección catódica
con ánodo de sacrificio.

Un metal tiene carácter


anódico respecto de otro si su nivel
de Fermi se encuentra en un nivel
superior al nivel del metal a proteger
de la corrosión. Como hemos visto en
temas anteriores, los electrones se
desplazarán desde el metal de
protección catódica, posibilitando que
el metal a proteger no sufra un
proceso de oxidación. El metal que
actúa como ánodo se "sacrifica" (se
disuelve) en favor del metal que actúa
como cátodo, por esto el sistema se
conoce como protección catódica con
ánodos de sacrificio.
Las propiedades que debe reunir un material anódico son las siguientes:
1) Debe tener un potencial de disolución lo suficientemente negativo como para ser
polarizable con respecto al de acero, que es el metal que normalmente se
protege. Un potencial excesivamente negativo implicaría un gasto innecesario de
corriente.
2) No debe desarrollar películas pasivantes protectoras.
3) El metal debe tener un elevado rendimiento eléctrico.
4) La corrosión deberá ser uniforme.
5) Su capacidad de suministro de corriente debe ser alta.
6) Deberá tener un coste razonable.

Como hemos indicado anteriormente, los electrodos de zinc, magnesio y el


aluminio, son los que mejor se ajustan a los parámetros antes mencionados.

Las ventajas de utilizar la protección mediante ánodos de sacrificio son las


siguientes:
- Los costes de la instalación no son elevados.
- No causa interferencia con las estructuras metálicas vecinas.
- Requiere menor especialización de los técnicos.
- Existe menor riesgo de sobreprotección.

Otro sistema de protección catódica es la de corriente impresa. La protección se


confiere por medio de una fuente externa de corriente, usualmente un
rectificador que suministra corriente continua a bajos voltajes. El terminal positivo de la
fuente se conecta a un ánodo auxiliar situado a cierta distancia de la estructura a
proteger, para facilitar el reparto uniforme de la corriente de protección. El terminal
negativo se conecta a la estructura.
En la figura 2 podemos observar el esquema de protección por corriente
impresa:
Fig.2.
Mecanismo
de protección
catódica con
corriente
impresa.

Las ventajas de utilizar la protección mediante corriente impresa son las


siguientes:
- Utilización de menor número de ánodos y de mayor duración.
- Posibilidad de alcanzar, sin grandes dificultades, el potencial e intensidad de
corriente de protección en medios poco conductores.
- Fácil ajuste de potencial de protección frente a condiciones cambiantes del
medio, particularmente en el caso de utilización de los sistemas automáticos.

BREVE HISTORIA
Como resultado de experimentos de laboratorio en agua salada, Sir Humprey
Davy informó en 1824 que se podía proteger eficazmente el cobre contra la corrosión
uniéndolo a hierro o cinc, y recomendaba la protección catódica de embarcaciones de
forro exterior de cobre mediante la utilización de bloques de sacrificio de hierro,
adosados al casco en la relación de superficies hierro-cobre del orden 1:100. En la
práctica la velocidad de corrosión del forro de cobre se redujo de manera apreciable, tal
como Davy había predicoho, pero por desgracia, el cobre protegido catódicamente está
sujeto al ensuciamiento por organismos marinos, al contrario del comportamiento del
cobre no protegido que suministra iones de cobre en suficiente concentración para
envenenar los organismos que se fijan al casco. Puesto que el ensuciamiento de los
bajos reduce la velocidad de los barcos, el Almirantazgo Británico se decidión en contra
de la idea. Después de la muerte de Davy en 1829, su primo Edmund Davy (profesor de
química en la Real Universidad de Dublín) protegió la obra de hierro de balizas por
acoplamiento de bloques de cinc, y Robert Mallet produjo en 1840 una aleación de cinc
muy adecuada para ánodos de sacrificio. Cuando los cascos de madera se
reemplazaron por los de acero, se hizo tradicional acoplar placas de cinc a todos los
buques del Almirantazgo. Estas placas de cinc dieron protección localizada en especial
contra la acción galvánica de las hélices de bronce, pero la protección catódica total de
las embarcaciones marinas no se volvió a explorar de nuevo hasta alrededor de 1950,
esta vez por la Marina Canadiense. Mediante un empleo adecuado de pinturas
antiorganismos en combinación con pinturas anticorrosivas se demostró que era factible
la protección catódica de embarcaciones y que pueden obtenerse economías
considerables en los costos de mantenimiento.
La protección catódica fue incidental al proceso de proteger la chapa de acero
recubriéndola por inmersión en un baño de cinc en fusión (galvanizado), método
presentado primero en Francia en 1836 y en Inglaterra en 1837. Sin embargo, la
práctica de recubrir el acero con cinc parece que era muy conocida en Francia hacia el
final de los años 1700.La primera aplicación de la corriente eléctrica impresa para la
protección de estructuras enterradas se efectuó en Inglaterra y en Estados Unidos
hacia 1920-12. Desde entonces el empleo de la protección catódica se ha extendido
con rápidez y ahora miles de kil´pmetros de tuberías y cables se protegen eficazmente
contra la corrosión por estos medios. La protección catódica se aplica también a
compuertas de canales, condensadores, submarinos, depósitos de agua, pilotaje sobre
fondos marinos y equipo químico.

¿CÓMO SE APLICA LA PROTECCIÓN CATÓDICA?


La protección catódica requiere una fuente de corriente continua y un electrodo
auxiliar (ánodo), por lo general de hierro o grafito, situado a cierta distancia de la
estructura a proteger. El terminal positivo de la fuente de corriente continua se conecta
al electrodo auxiliar y el terminal negativo a la estructura a proteger; de esta manera la
corriente fluye del electrodo a través del electrolito a la estructura. El voltaje a aplicar no
es crítico, sólo se necesita que sea suficiente para suministrar una densidad de
corriente adecuada a todas las partes de la estructura protegida. En suelos y aguas de
restividad elevada el voltaje aplicado deberá ser más alto que en medios de baja
resistividad. También tendrá que elevarse el voltaje cuando se trate de proteger los
extremos de una larga tubería con un solo ánodo.
En la figura 3 se
muestra un
esquema de un
ánodo con
respecto a una
tubería enterrada.

Fig.3.
Esquema de
tubería protegida
catódicamente,
ánodo auxiliar y
rectificador.
En general, la fuente de corriente suele ser un rectificador que suministra corriente
continua de varios amperios. También se emplean motores generadores aunque su
mantenimiento es gravoso. En las zonas donde los vientos predominantes son bastante
seguros se emplean generadores eólicos (molinos de viento). Aún en los períodos de
calma persiste cierto grado de protección temporal del acero, debido al efecto inhibidor
de los productos de electrólisis alcalinas depositados en la superficie del cátodo.

ÁNODOS DE SACRIFICIO
Si el ánodo auxiliar se compone de un metal más activo en la serie galvánica que
el metal que se va a proteger, se establece una pila galvánica con un flujo de corriente
en la misma dirección descrita antes. La fuente de la corriente impresa, esto es, el
rectificador, se puede entonces eliminar y el electrodo se denomina Ánodo de Sacrificio
(Figura 4).

Fig. 4. Tubería protegida catódicamente mediante empleo del ánodo de sacrificio.

Los metales que más se utilizan como ánodos de sacrificio para protección
catódica son el magnesio y las aleaciones del magnesio y en menor cantidad cinc y
aluminio. Los ánodos de sacrificio sirven esencialmente como fuentes de energía
eléctrica transportable y son útiles en particular cuando no es posible obtener energía
eléctrica con facilidad o en circunstancias en las que no es conveniente o económico
instalar líneas de energía para este propósito. La diferencia de potencial en circuito
abierto del Mg con respecto al acero es alrededor de 1V (ϕu para el Mg en ClNa al 1% =
1,4V), por ello sólo se puede proteger con un ánodo una longitud limitada de una
tubería, sobre todo en suelos de alta resistividad. Este bajo voltaje es a veces una
ventaja sobre los más elevados voltajes impresos, ya que el peligro de sobreprotección
de algunas de las partes del sistema es menor y, puesto que la corriente total por ánodo
es limitada, se reduce al peligro de causar deterioros por corrientes vagabundas
(problemas de interferencia) a las estructuras metálicas contiguas.
El potencial del cinc es menor que el del magnesio (ϕu en ClK 1N = -0,8V) y por
ello la corriente producida por ánodo es también menor. Por lo general, para los ánodos
de sacrificio se emplea cinc de alta pureza con el objeto de evitar una polarización
anódica importante que conduce a la reducción de la corriente producida, causada por
la acumulación de productos de reacción del cinc aislantes y adherentes sobre el cinc
comercial, tendencia menos pronunciada en el Zn de alta pureza. El aluminio opera
teóricamente a un voltaje entre el del Zn y el del Mg, pero tiende a pasivarse en agua y
suelos con una correspondiente desviación del potencial a un valor próximo o más
noble que el del acero por lo que deja de funcionar como electrodo de sacrificio. Con
objeto de evitar la pasividad se puede preparar alrededor del electrodo un medio
químico con alto contenido de cloruros. Sin embargo, este medio, llamado relleno, es,
en el mejor de los casos, un remedio temporal.
La mayor parte de los ánodos de sacrificio en uso son de magnesio; sólo en los
Estados Unidos se consumen al año con este fin alrededor de 5 millones de kilogramos.
Es frecuente alear lo ánodos de magnesio con 6% Al y 3 Zn para reducir el ataque por
picaduras y aumentar el rendimiento de corriente. Utilizando Mg de alta pureza aleado
con alrededor de 1% de Mn, se obtiene la ventaja de un potencial más alto (con mayor
producción de corriente por ánodo).
Esta aleación opera en agua de mar
con un rendimiento de corriente
similar a la aleación que se ha
mencionado en primer lugar, pero
en suelos normales tiene un
rendimiento algo más bajo. El
rendimiento medido de los ánodos
de magnesio es por término medio
de unos 1000A-h/kg frente a un
rendimiento teórico de 2000A-h/kg.
La figura 5 incluye un ánodo
de magnesio en forma de varilla
instalado en un depósito de agua
caliente. Los ánodos de este tipo
incrementan la vida de los depósitos Fig. 5.
de acero en varios años, sobre todo D ep ós ito de agua
caliente protegido
si se renueva la varilla a medida que catódicamente
se necesite. por ánodo de
El grado de protección es magnesio.
mayor en aguas de conductividad
elevada donde las corrientes
naturalmente establecidas por el par
Mg-Fe alcanzan valores más altos
que en las aguas de baja
conductividad (aguas blandas).
EMPLEO DE LA PROTECIÓN CATÓDICA EN COMBINACIÓN CON RECUBRIMIENTOS
La distribución de corriente en los depósitos para agua, de acero protegido
catódicamente, no es ideal; el flujo de corriente hacia los lados puede ser excesivo y
hacia la parte superior e inferior insuficiente. Se consigue una mejor distribución
empleando un revestimiento aislante, por ejemplo un recubrimiento orgánico para
temperaturas ordinarias o un recubrimiento de vidrio para temperaturas elevadas. El
recubrimiento aislante necesita estar exento de poros, ya que la corriente protectora
fluye con preferencia a las zonas metálicas expuestas, donde quiera que estén
situadas, que son precisamente las zonas que necesitan protección. La corriente total
requerida es menor que para los depósitos no recubiertos, por lo que los ánodos de Mg
duran más.
En las aguas duras puede formarse sobre el acero un recubrimiento relativamente
protector que consiste en su mayor parte de CO3Ca, precipitado por álcalis generados
como productos de reacción en la superficie del cátodo. En las superficies protegidas
catódicamente, expuestas al agua de mar se forma gradualmente un recubrimiento
similar (con mayor rapidez a densidades de corrientes elevadas). Estos recubrimientos,
cuando son adherentes, también resultan útiles para distribuir la corriente protectora y
para reducir la corriente total necesaria.
En la aplicación general de la protección catódica por corriente impresa o por
ánodos de sacrificio es conveniente emplear alguna clase de recubrimiento aislante, y
ésta es la combinación aceptada en la práctica actual. Por ejemplo, la distribución de
corriente a una tubería recubierta es mucho mejor que a una tubería desnuda, la
corriente total y el número de ánodos requeridos es menor y la longitud total de tubería
protegida por ánodo es mucho mayor. Puesto que la corteza terrestre en general es un
buen conductor eléctrico y la resistividad del suelo está localizada dentro de la zona de
una tubería o de los electrodos, un ánodo de Mg puede proteger hasta 8 km de tubería
recubierta, mientras que para una tubería desnuda la distancia correspondiente sería
solo de 30 m. Empleando una corriente impresa a voltajes más elevados, un ánodo
protegería hasta 80 km de tubería recubierta. El límite de la longitud de tubería
protegida por ánodo no lo impone la resistencia del suelo, sino la resistencia eléctrica
del metal de la propia tubería.
La pérdida de potencial 𝐸𝑥 a lo largo de una tubería infinita, medido desde el punto
de unión a la fuente de corriente continua de potencial 𝐸𝐴 , se expresa como una
relación exponencial con respecto a la distancia 𝑥 a lo largo de la tubería, de acuerdo
con:
2𝜋𝑟𝑅𝐿 1⁄2
𝐸𝑥 = 𝐸𝐴 exp [− ( ) 𝑥]
𝑘𝑧

donde 𝐸𝑥 y 𝐸𝐴 representan las diferencias entre el potencial de polarización con flujo de


corriente y el potencial de corrosión en ausencia de corriente, 𝑅𝐿 es la resistencia de la
tubería de radio 𝑟 por unidad de longitud, 𝑘 es una constante y 𝑧 es la resistencia del
recubrimiento de la tubería por unidad de área. Esta ecuación se deriva suponiendo que
la polarización de la superficie protegida catódicamente es una función lineal de la
densidad de corriente. Adviértase que 𝐸𝑥 alcanza un valor cero en 𝑥 = ∞.
Considerando una tubería finita para la cual 𝑎/2 es la mitad de la distancia al
próximo punto de conexión, y de potencial 𝐸𝑥 en 𝑎/2 = 𝐸𝐵 ,
2𝜋𝑟𝑅𝐿 1⁄2 𝑎
𝐸𝑥 = 𝐸𝐵 cos [( ) (𝑥 − )]
𝑘𝑧 2

Puesto que la protección catódica es óptima dentro de un intervalo de potencial


específico, es obvio que la longitid de tubería protegida por un ánodo aumenta cuando
disminuye la resistencia de la tubería metálica 𝑅𝐿 y aumenta la resistencia del
recubrimiento 𝑧.

MAGNITUD DE LA CORRIENTE REQUERIDA


La densidad vde corriente requerida para una protección completa depende del
metal y del medio. En la figura 6, puede verse que la densidad de corriente aplicada
siempre debe exceder la densidad de corriente equivalente a la velocidad de corrosión
determinada en el mismo medio. Por ello, cuanto mayor es la velocidad de corrosión,
mayor tendrá que ser la densidad de la corriente impresa para la protección.

Cuando la velocidad
de corrosión está controlada
Fig. 6. catódicamente y el potencial
Diagrama de de corrosión se aproxima al
polarización que potencial del ánodo en
ilustra el principio de
la protección catódica
circuito abierto, la densidad
de corriente requerida es
sólo un poco mayor que la
corriente de corrosión
equivalente. Pero en caso
de control mixto la corriente
requerida puede ser
considerablemente mayor
que la corriente de
corrosión y es todavía
mayor para las reacciones
de corrosión que están
controladas anódicamente.

Si la corriente
protectora induce la precipitación de una capa inorgánica sobre la superficie del cátodo,
tal como ocurre en las aguas duras y en el agua de mar, la corriente total requerida,
como ya se ha descrito, disminuye a medida que la capa aumenta. Sin embargo, la
densidad de corriente en las áreas expuestas del metal sigue siendo la misma que
antes de la formación de la costra; sólo la densidad de corriente total por unidad
aparente de área es menor.
La densidad de corriente necesaria para la protección se puede determinar de
varias formas, la más importante de las cuales es la medida de potencial de la
estructura protegida. En ausencia de estas medidas sólo pueden darse los intervalos
entre los que suelen estar comprendidas estas magnitudes. En la Tabla 1 se dan los
correspondientes al acero expuesto a varios medios.
Tabla 1
Magnitudes de densidad de corriente requerida para la protección catódica del acero

Medio Amperio / decímetro cuadrado (A/dm2)


Decapado en ácido sulfúrico (caliente) 4
Suelos 0,0001 – 0,05
0,0003 (final)
Agua de mar en movimiento
0,0015 (inicial)
Agua saturada de aire (caliente) 0,0015
Agua natural en movimiento 0,005

MATERIALES DE ÁNODOS Y DE RELLENO


Los ánodos auxiliares que se emplean con corriente impresa son, por lo general,
de chatarra de hiero o de grafito. Los de chatarra de hierro se consumen a velocidad de
7,5 a 10 kg por amperio-año. El grafito cuesta más que la chatarra de hierro, tanto en su
valor inicial como por el costo subsiguiente del mayor consumo de energía eléctrica
debido al potencial noble y elevada sobretensión asociada con el desprendimiento de
oxígeno (o Cl2) sobre el grafito, con relación al potencial activo y menor sobretensión de
la reacción 𝐹𝑒 ⟶ 𝐹𝑒 ++ + 𝑒 − . El grafito es también frágil en comparación con la chatarra
de hierro, y su instalación hay que hacerla con mayor cuidado. Las ventajas y
desventajas del grafito se pueden aplicar en grado similar a los ánodos de aleación
14% Si-Fe, que también se recomiendan como ánodos auxiliares.
Para la protección de estructuras por corriente impresa en el agua de mar se han
recomendado como ánodos resistentes a la corrosión electrodos plaqueados con Pt o la
aleación 2% Ag-Pb.
Mientras que los ánodos de sacrificio del Mg requieren ser reemplazados cada 2
años aproximadamente, se estima que la duración de los ánodos de 2% Ag-Pb pasa de
los 10 años y que la de los ánodos 90%Pt-10 Ir es todavía mayor. Para sistemas de
corriente impresa en aguas dulces se han empleado algunas veces ánodos de Al.
Debido a que la resistividad efectiva del suelo que rodea a un ánodo se limita a la
zona inmediata al electrodo, es corriente reducir la resistencia local por el procedimiento
llamado relleno. En los sistemas de corriente impresa este método consiste en rodear al
ánodo con una capa gruesa de coque y adicionar una mezcla que puede ser 3 a 4
partes de yeso (S04Ca+H20) y una parte de ClNa. El relleno de coque, al ser conductor,
toma parte de la corriente, reduciendo en cierta medida el consumo del ánodo
propiamente dicho.
Mientras que los ánodos auxiliares no necesitan consumirse con objeto de cumplir
su misión, por el contrario los ánodos de sacrificio se consumen no menos que lo
requerido por la ley de Faraday para suministrar la corriente eléctrica equivalente. Por lo
general la velocidad de desgaste observada es mayor que la teórica. La diferencia no
es grande en el caso del Zn, pero para el Mg es apreciable, atribuyéndose las causas a
las corrientes de acción local sobre la superficie del metal, a la formación de partículas
coloidales de metal o a la formación inicial de iones de magnesio monovalentes. Estos
iones son inestables y en parte reaccionan con agua de acuerdo con:
2𝑀𝑔+ + 2𝐻2 0 ⟶ 𝑀𝑔( 𝑂𝐻)2 + 𝑀𝑔++ + 𝐻2
𝑀𝑔(𝑂𝐻)
De aquí que en ClNa diluido, alrededor de la mitad del Mg que se corroe
anódicamente aparece como 𝑀𝑔( 𝑀𝑔(𝑂𝐻)
𝑂𝐻)2 y la mitad como 𝐶𝑙2 𝑀𝑔;
𝑀𝑔; corrosión acompañada
por desprendimiento de H2 en el ánodo en la cantidad esperada según la reacción
indicada. También pueden ocurrir al mismo tiempo en menor cuantía reacciones
marginales adicionales. Se ha encontrado por determinaciones coulométricas que la
valencia aparente del Mg disuelto anódicamente tiene un valor entre 1 y 2, y el anolito
es capaz, temporalmente, de reducir diversas sustancias, por ejemplo, MnO4K, antes de
transcurrido el tiempo necesario para que los iones pasen Mg+ a Mg++. Aunque no hay
duda que las corrientes de acción local contribuyen al proceso de disolución y además
pueden formarse algunas partículas coloidales de metal, el conjuntos de evidencias
sugiere que la formación de iones Mg+ inestables es en gran parte responsable de un
rendimiento que sólo llega a ser del orden de ½ de los 2000 A-h/kg que se calcula
sobre la base de formación de iones Mg++.
Con ánodos de Mg el relleno tiene la ventaja de reducir la resistencia de las
partículas aislantes formadas por productos de corrosión [p.ej., Mg(OH)2] así como de
incrementar la conductividad del medio inmediato. Un relleno adecuado puede consistir
en alrededor de 20% de bentonita (un coloide inorgánico para la retención de
humedad), 75% de yeso y 5% de SO4Na2. Algunas veces se hace el empaquetado
previo del relleno colocándolo en un saco rodeando el ánodo de forma que el conjunto,
ánodo y relleno, se coloquen al mismo tiempo, en la posición requerida, enterrados en
el suelo.

CRITERIOS DE PROTECCIÓN; SOBREPROTECIÓN


La eficacia de la protección catódica en la práctica se puede establecer de varias
formas, habiéndose empleado en el pasado diversos criterios para comprobar si la
protección es completa o no. Por ejemplo, en una conducción de tubería enterrada hace
tiempo se contrastan el número de fugas observadas en función del tiempo, advirtiendo
que las fugas por año disminuyen hasta un pequeño número, o incluso a cero, después
de instalar la protección catódica. En el caso del casco de un buque puede
comprobarse en intervalos regulares la profundidad de las picaduras.
También es posible comprobar la efectividad de la protección por ensayos de corta
duración entre los que están incluidos los siguientes:
1. Ensayos con muestra. Un trozo de metal de peso conocido, adaptado a la
superficie exterior de una tubería enterrada se une a la misma por medio de un cable de
conexión soldado. El cable y la superficie entre la muestra y la tubería se cubren con
alquitrán de carbón. Después de una exposición al suelo de varias semanas o meses
se retira la muestra, se limpia y se determina la pérdida de peso para juzgar si la
protección catódica de la tubería es completa.
2. Ensayos colorimétricos. Se limpia una zona de la tubería enterrada para
exponer el metal desnudo. Se empapa un trozo de papel absorbente en solución de
ferricianuro potásico y se pone en contacto con la zona de metal que se ha limpiado y
se tapa todo volviendo a colocar en su lugar la tierra retirada. Despues de un tiempo
relativamente corto se examina el papel. Un color azul de ferricianuro ferroso indica que
la protección catódica es incompleta, mientras que la ausencia de color azul manifiesta
que la protección es satisfactoria.
Ambos ensayor son cualitativos y no proporcionan información sobre si la corriente
administrada es la suficiente o en exceso.
Sobreprotección
La sobreprotección moderada de las estructuras de acero no es perjudicial. Las
principales desventajas que representa son la pérdida de electricidad y el aumento de
consumo de los ánodos auxiliares. En casos extremos, se producen desventajas
adicionales cuando en la estructura que se protege se genera hidrógeno en tal cantidad
como para causar el desconchado de recubrimientos orgánicos, o la fragilización por
hidrógeno del acero (pérdida de ductilidad por absorción de hidrógeno), o agrietamiento
por hidrógeno. El deterioro del acero por absorción de H se da con facilidad en aquellos
medios que contienen sulfuros.
En el caso de metales anfóteros (p.ej., Al, Zn, Pb, Sn) el exceso de álcalis
generados en la superficie de los sistemas sobreprotegidos, daña a estos metales
produciendo un aumento del ataque en vez de reducir la corrosión. En el caso del Pb se
ha demostrado que la protección catódica continúa dentro del pH de la zona alcalina,
pero el potencial crítico para la protección completa varía a valores más activos.
El aluminio se puede proteger catódicamente por acoplamiento con Zn utilizado
como ánodo de sacrificio, pero si se le acopla a Mg puede producirse sobreprotección
con el deterioro consiguiente para el Al. Es probable que la protección catódica se deba
a que las impurezas catódicas del metal se polarizan al potencial de corrosión del Al
pasivo, contrarrestando con eficacia el efecto perjudicial de las impurezas sobre la
velocidad de corrosión. Por esta razón el Zn es útil para su empleo como ánodo de
sacrificio en medios neutros o ligeramente ácidos a pesar de que el Al sea un metal
más activo que el Zn en la serie electroquímica. En medios alcalinos el aluminio pierde
su pasividad y se vuelve anódico con relación al cinc.

Medidas de potencial
Se obtiene un criterio que indica el grado de protección, incluyendo la
sobreprotección, por medida del potencial de la estructura protegida. Esta medida es de
la mayor importancia y es el criterio generalmente aceptado y empleado por los
ingenieros especialistas en corrosión. Se basa en el concepto fundamental de que la
proteción catódica es justamente completa cuando la estructura protegida está
polarizada al potencial anódico en circuito abierto de las pilas de ación local. Este
potencial para el acero, determinado empíricamente, es igual a -0,85V contra la
semipila Cu-SO4Cu saturado, o -0,53V en la escala normal de H2.
Se puede calcular el potencial anódico a circuito abierto teórico del hierro
suponiendo que la actividad del Fe++ en equilibrio esté determinada por la solubilidad de
una película de Fe(OH)2, de acuerdo con lo tratado antes acerca de la composición de
las películas de óxido formadas sobre el hierro expuesto a medios acuosos. Empleando
0,059 𝑃𝑟𝑜𝑑𝑢𝑐𝑡.
𝑃𝑟𝑜𝑑𝑢𝑐𝑡.𝑠𝑜𝑙𝑢𝑏𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑
la ecuación de Nernst, 𝐸𝑛 = 0,44 − 2 log(log(𝐹𝑒 ++ ) donde 𝐹𝑒 ++ = (𝑂𝐻 − )2
Se puede estimar el valor para (OH-) suponiendo que su concentración en
equilibrio es 2 veces la de (Fe++), de acuerdo con 𝐹𝑒( 𝑂𝐻)2 ⟶ 𝐹𝑒 ++ + 2(𝑂𝐻 − ). El
𝐹𝑒(𝑂𝐻)
potencial de oxidación así calculado es de 0,59V en la escala normal de H2, equivalente
a una diferencia de potencial de 0,91V contra Cu-SO4Cu saturado.
El valor empírico para el plomo, conocido cólo aproxmadamente, es unos 0,78V
contra Cu-SO4Cu saturado, y el valor calculado para una película de Pb(OH)2 sobre Pb
es de 0,59V. En medios alcalinos con formación de plumbitos, el valor calculado es más
próximo al valor empírico. En la tabla 2 se indican otros valores calculados.
Tabla 2
Potencial mínimo calculado ϕ para la protección catódica
Producto de ϕ
o
Metal E solubilidad ϕ (escala de H2) contra electrodo de
M(OH)2 referencia Cu-SO4Cu
Hierro (Fe) 0,440V 1,8x10-15 -0,59V -0,91V
Cobre (Cu) -0,337V 1,6x10-19 0,16V -0,16V
Cinc (Zn) 0,763V 4,5x10 -17 -0,93V -2,25V
Plomo (Pb) 0,126V 4,2x10-15 -0,27V -0,59V

Criterios dudosos
Se han sugerido crietrios basados en reglas empíricas, talews como polarizar la
estructura a proteger a un potencial 0,3V más activo que el potencial de corrisión. Este
criterio no es exacto y en los casos normales conduce a hipo o sobreprotección.
Sugerido que se debería proseguir la polarización de la estructura hasta la variación de
la pendiente de la curva tención-corriente. En principio, en algunos medios, estas
variaciones pueden tener lugar cuando la corriente aplicada es justamente igual o
ligeramente mayor que la corriente de corrosión (p.ej., en casos de control por
despolarización de 02), pero en oros medios pueden ocurrir cuando la polarización por
concentración o los efectos IR a través de películas superficiales parcialmente
protectoras lleguen a ser apreciables. Como probaron Stern y Geary, las variaciones de
esta clase en las medidas de poolarización se deben a causas diversas y son de valor
dudoso como criterio de protección catódica. Las discontinuidades en las pendientes de
las curvas de polarización no tienen una relación general, como algunas veces se ha
supuesto erróneamente, con los potenciales de circuito abierto anódico o catódico del
sistema bajo corrosión.

Posición del electrodo de referencia


La forma ideal de determinar el potencial de una estructura protegida
catódicamente consiste en colocar el electrodo de referencia tan próximo a la estructura
como sea posible, para evitar el error producido por la caída de IR a través del suelo.
Cualquier caída de IR a través de las películas formadas por productos de la corrosión
o recubrimientos aislantes persistirá, por supuesto, aun cuando se tomen las
precauciones adecuadas, tendiendo además a hacer el potencial medido más activo
que el potencial real de la superficie del metal. En las conducciones enterradas, se elige
en la práctica una posición de compromiso en la superficie del suelo localizado
directamente sobre la tubería enterrada. Se elige esto porque las corrientes de
protección catódica fluyen en su mayor parte hacia la superficie inferior y son mínimas
las que fluyen a la superficie superior de la tubería enterrada unos a pocos decímetros
de la superficie del suelo.
A veces se sitúa el electrodo de referencia en posición alejada de la conducción, lo
cual se recomienda fundándose en que las corrientes no llegan a zonas alejadas, y así
se evitan los efectos de la caída de IR. En la realidad el potencial medido en una
posición alejada es un potencial de compromiso de un valor entre el de la estructura
polarizada y el del ánodo de sacrificio o auxiliar polarizado. Estos potenciales difieren
debido a la caída de IR a través del suelo y de los recubrimientos. Por lo tanto, el
potencial medido en una posición alejada tiende a ser más activo que el verdadero
potencial de la estructura, como resultado de lo cual la estructura puede quedar poco
protegida.

FACTORES ECONÓMICOS DE LA PROTECCIÓN CATÓDICA


En el caso de las conduciones enterradas, el costo de la protección catódica es
mucho menor que el de cualquier otro sistema que ofrezca la misma seguridad de
protección. La garantía de que una condución enterrada protegida catódicamente no se
producirán fugas por la cara del suelo, ha hecho factible desde el punto de vista
económico, por ejemplo, transportar petróleo y gas natural a presión a través de medio
continente de América.
En la actualidad, la disminución de la corrosión de la cara exterior hace posible
especificar tuberías de paredes más delgadas, adecuadas para resistir las presiones
internas, y eliminar los espesores extras dados como factor de seguridad contra la
corrosión. Sólo esta economía ha pagado en algunos casos los costos del capital
empleado en la instalación y equipo de la protección catódica.
Las compuertas del canal de Panamá están protegidas mediante corriente
impresa, cuyo costo inicial es menor que el 0,5% del costo que supone reemplazar las
compuertas. Una ventaja importante es que las compuertas pueden continuar
trabajando sin necesidad de largas paradas periódicas para reparar los daños causador
por la corrosión. Por razones similares, un buque protegido catódicamente puede
navegar, en principio, durante períodos más largos entre las entradas a dique seco y
por lo tanto efectuar ahorros de muchos miles de dólares por año. Las ventajas
económicas en otros casos, por evitación del agrietamiento por corrosión bajo
tensiones, fatiga por corrosión y picaduras de diversos metales estructurales, están sólo
empezando a ser estimadas.

PROTECCIÓN ANÓDICA
Este tipo de protección es un método de lucha contra la corrosión
relativamente nuevo, sugerido por primera vez por Edeleanu en 1954. La intensidad
que circula por un electrodo metálico aumenta con el potencial de una manera
exponencial, lo que significa que cuanto mayor sea el potencial al que se coloca
la interfase metal/solución, mayor será su velocidad de corrosión. Existe un
excepción a este comportamiento en los materiales que exhiben la transición activo-
pasivo, sufriendo una drástica reducción en la velocidad de corrosión al elevar su
potencial por encima del potencial crítico de pasivación.
La protección anódica es un procedimiento para controlar y limitar la
corrosión metálica, en la que se fuerza el desarrollo de películas pasivables
sobre el material a proteger. Se forma una capa superficial de óxidos metálicos que
aísla al metal frente al medio agresivo en el que se encuentra. Evidentemente, esta
capa de óxidos debe poseer ciertas características físicas y químicas para proteger al
metal de forma efectiva.
La curva de polarización del material que debe ser protegido puede usarse
para decidir si es más conveniente una polarización anódica o catódica. Si el sistema
presenta una región pasiva claramente distinguible se puede proteger anódicamente.
Para que un metal esté protegido su potencial debe desplazarse a valores
positivos.
Es imprescindible no exceder el potencial de transición entre las zonas
pasiva y transpasiva o de descarga de oxígeno, por lo que normalmente se usa un
potenciostato que hace a la vez de fuente de corriente.
Uno de los mayores atractivos de esta técnica de protección es que puede
aplicarse en el control de la corrosión de tuberías, depósitos o reacciones de
forma compleja, debido al gran poder de penetración de la corriente. Un ejemplo del
uso de esta técnica es con aceros austeníticos de Cr-Ni en las plantas de enfriamiento
de ácido sulfúrico, con protección anódica añadida para eliminar el ataque corrosivo.
Comparando la técnica de protección catódica y anódica, podemos definir
su idoneidad de utilización:
a) La protección catódica es un método más universal, pues es el indicado para
agresividades débiles o moderadas, dentro de los cuales están incluidos los medios
naturales, a los que están expuestos un elevado porcentaje de las estructuras.
En medios más agresivos, las corrientes aumentan al hacerlo la agresividad.
b) La protección anódica constituye la única técnica de protección capaz de
aportar soluciones en medios de elevada corrosión, frecuentes en instalaciones
industriales.
Algunos metales como, por ejemplo, el hierro y los aceros inoxidables, también
pueden protegerse con eficacia convirtiéndolos en ánodos y variando su potencial hasta
la zona pasiva de la curva de polarización anódica (figura 7).
El potencial pasivo se mantiene en forma automática, por lo general
electrónicamente por medio de un instrumento llamado potenciostato. La aplicaicón
práctica de la protección anódica y el empleo del potenciostato para este fin fue
propuesta por vez primera por Edeleanu.
Fig.7. Curvas
potenciostáticas de
polarización anódica para
hierro en SO4H2, 1N

La protección
anódica ha encontrado
aplicación en particular
para manipular ácido
sulfúrico, pero también es
aplicable a otros ácidos,
por ejemplo ácido
fosfórico y a álcalis y a
algunas soluciones
salinas. Puesto que los
iones halógenos
destruyen la pasividad
del hierro y de los aceros
inoxidables, no es posible
la protección anódica de
estos metales en ClH y
soluciones salinar de
-
cloruros, y si se contamina un electrolito con Cl , el peligro de que se produzcan
picaduras será grande, incluso en medios en los que de otro modo estos metales
podrían ser pasivos. Sin embargo, el Ti, que es pasivo en presencia de Cl-, se puede
proteger anódicamente en ClH. El método sólo es aplicable a metales y aleaciones que
se pasivan con rapidez cuando se polarizan anódicamente a pequeñas densidades de
corriente (en su mayor parte metales de transición). No es aplicable al Zn, Mg, Cd, Cu y
aleaciones de Cu.
Las densidades de corriente para iniciar la pasividad i(crítica), son relativamente
altas; para el acero inoxidable tipo 316 en SO4H2 al 67% a 24ºC se requiere 0,6 mA/cm2
pero para mantener la pasividad son por lo general bajas; para el acero inoxidable tipo
316, 0,1 μA/cm2, y para el acero dulce 15 μA/cm2, ambos en SO4H2 al 67%. Las
velocidades de corrosión correspondientes a estas densidades de corriente son 0,2 a
25 mdd.
Es típico de la protección anódica que las velocidades de corrosión, aunque
pequeñas, no se reduzcan a cero, al contrario del caso de la proteción catódica del
acero. Por otra parte, las densidades de corriente requeridas en ácidos corrosivos son
por lo general mucho más bajas que para la protección catódica, puesto que para ésta
última la corriente no puede ser menor que el equivalente normal de la corriente de
corrosión en el mismo medio. Para los aceros inoxidables este valor de densidad de
corriente corresponde a la alta velocidad de corrosión de las aleaciones en estado
activo.
Se ha indicado que en la protección anódica se obtiene un elevado poder de
penetración (protección a distancias alejadas del cátodo o en áreas aisladas
eléctricamente), que excede con mucho al obtenido en la protección catódica. Esto se
ha atribuido a la elevada resistencia eléctrica de la película pasiva, pero es probable
que no sea correcto, ya que las medidas efectuadas muestran que tales resistencias
son bajas. En lugar de esto, puede que la razón esté relacionada con las propiedades
inhibidoras de los productos de corrosión anódica que liberan en pequeñas cantidades
los aceros inoxidables.

INHIBIDORES DE CORROSIÓN
Son sustancias que, añadidas a un medio corrosivo, reducen la velocidad
de corrosión de los metales o aleaciones. Pueden aplicarse a todos los campos
de la corrosión y son muchas las sustancias que pueden actuar como inhibidor aunque,
en la práctica, el número de sustancias que se usan es muy limitado.

El modo de actuar de estas sustancias puede ser alguno de los siguientes:


a) Adsorción de una película delgada sobre la superficie del metal.
b) Formación de una capa pasivante, a veces de naturaleza desconocida y
tan delgada que parece inapreciable.
c) Formación, por convección, de una capa de productos de corrosión apreciable a
simple vista.
d) Modificación de las características corrosivas del medio, por formación de
precipitados que lo separan del metal, o bien eliminando o desactivando el
constituyente corrosivo del mismo.

Podemos clasificar los inhibidores, atendiendo a su mecanismo de


actuación, en:
Inhibidores Anódicos
Tienden a oponerse a la reacción anódica, conociéndose también como
pasivantes. Algunos de ellos son oxidantes, como los cromatos, nitrito y molibdatos,
mientras que otros requieren la presencia de oxígeno disuelto en el medio, como los
fosfatos, benzoatos, silicatos y boratos.

Inhibidores Catódicos
Tienden a oponerse a la reacción catódica. Un grupo de estos inhibidores lo
constituyen aquellas sustancias que impiden o reducen la descarga de hidrógeno
en medio ácido. Existe otro grupo que lo componen aquellos que bloquean las
zonas catódicas por depósito de productos insolubles. Otro grupo lo forman
aquellas sustancias que reaccionan con el oxígeno disuelto, como es el caso de los
sulfitos.

Inhibidores de adsorción
Son compuestos orgánicos polares, capaces de adsorberse molecularmente
sobre la superficie del metal. Esta adsorción tiene lugar en las zonas catódicas, por lo
que aumentan la sobretensión de descarga de hidrógeno. Pueden generar
espumas, emulsiones o lodos por desprendimiento de suciedad u óxidos, por lo que
es recomendable la adición de agentes antiespumantes, antiemulgentes y
dispersantes.