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Juan Luis Vives

(Joan Lluís Vives; Valencia, 1492 - Brujas, Flandes, 1540) Humanista y pensador
español. Nacido en una familia de judíos conversos, estudió en las universidades
de Valencia y París. Desde 1512 se estableció en Flandes, donde fue profesor de
la Universidad de Lovaina y entabló una estrecha relación con Erasmo de Rotterdam.
También mantuvo amistad intelectual con Tomás Moro, que le llevó a enseñar en la
Universidad de Oxford desde 1523.

Luis Vives

Al igual que Moro, se opuso al divorcio de Enrique VIII, motivo por el que fue arrestado
y hubo de dejar Inglaterra y regresar a Flandes en 1528. Su influencia sobre la
Europa del Renacimiento fue enorme, pues no sólo acudieron a consultarle los más
influyentes artífices de la Reforma protestante y de la Contrarreforma católica, sino
que fue tutor y educador de muchos nobles que ocuparon puestos de
responsabilidad en la monarquía de Carlos V.
La obra de Luis Vives
El pensamiento de Vives es uno de los máximos exponentes del humanismo
renacentista: trató de rescatar el pensamiento de Aristóteles, descargándolo de las
interpretaciones escolásticas medievales, y sustentó una ética inspirada en Platón y
en los estoicos. Pero, más que plantear teorías de altos vuelos, Luis Vives fue un
hombre ecléctico y universalista, que avanzó ideas innovadoras en múltiples
materias filosóficas, teológicas, pedagógicas y políticas, y propuso acciones en
favor de la paz internacional, la unidad de los europeos y la atención a los pobres.
Entre sus abundantes obras cabe destacar los tratados Sobre el alma y la
vida (1538) y Sobre la verdadera fe cristiana (1543).Sus escritos, todos en latín, son
aproximadamente unos sesenta. La variedad de esta obra y su valor de innovación
revela la honda calidad humana de Luis Vives, que insiste en problemas de
métodos, por lo que ante todo es un pedagogo y un psicólogo. En su tratado De
anima et vita (Sobre el alma y la vida), aun siguiendo a Aristóteles y defendiendo la
inmortalidad del alma en base al argumento "res omnis sic se habet ad esse,
quemadmodum ad operari", atribuye a la psicología el estudio empírico de los
procesos espirituales y estudia la teoría de los afectos, de la memoria y de la
asociación de las ideas, por lo que se le considera como precursor de la
antropología del siglo XVII y de la moderna psicología.De su obra pedagógica
destacan la Institutione de feminae christianae (1529, La educación de la mujer
cristiana), especie de manual ético-religioso para la joven, la mujer casada y la
viuda; De ratione studii puerilis (1523), sobre los métodos y programas de una
educación humanística; De ingenuarum adolescentium ac puellarum
institutione (1545) y De officio mariti, similares a las anteriores. De disciplinis (De las
disciplinas, 1531), por último, se divide en tres partes: De causis corruptarum
artium, De tradendis disciplinis y De artibus.
En ellas Vives propone una renovación y un planteamiento más científico de la
enseñanza frente a la artificiosidad y vacuidad escolástica y retórica del tiempo. La
enseñanza habrá de realizarse además de acuerdo con la naturaleza y personalidad
del alumno, es decir, la psicología ha de ser la base de la pedagogía, y en este
sentido había dirigido desde Lovaina (1519) contra los escolásticos de la Sorbona
su texto In pseudo dialecticos. En realidad, Vives supera ya el humanismo y marca
el tránsito de la pedagogía a la edad moderna y la instauración de la psicología
como ciencia experimental, precediendo a Descartes y a Bacon.
En otro grupo de obras que pudiéramos llamar sociales, encontramos los conocidos
tratados De subventione pauperum (El socorro de los pobres, 1526) y De
communione rerum (1535) en oposición a los principios extremos individualista y
comunista; preocupado en general por los problemas de su tiempo, escribe Vives
una serie de obras, siempre de temas concretos y con propuestas de soluciones,
como De conditione vitae christianorum sub Turca (1526) o Dissidiis Europae et
bello Turcico (1526), sobre los problemas del cristianismo en relación con los turcos
y la reforma protestante.
Su Rethoricae sive de recte ratione dicendi libri III (1532) es un interesante tratado
de retórica, con importantes innovaciones, que hacen de ella un precedente directo
de las modernas preceptivas. Vinculado a su fama de filólogo y humanista tenemos
sus Linguae latinae exercitatio (1538, Ejercicios de lengua latina), diálogos llenos
de una encantadora sencillez que dictó para la ejercitación escolar.
Otras obras suyas son De veritate fidei christianae, (Sobre la verdadera fe cristiana,
1543), apología católica dedicada por su discípulo Craneveldt al pontífice Paulo III
en 1543; De causis corruptarum, De tradendis disciplinis y De ratione dicendi, con
temas de sus explicaciones universitarias sobre el problema de la enseñanza; el
comentario del De civitate Dei, de San Agustín de Hipona; De initiis sectis et laudibus
philosophia (1521); De pacificatione (1529), dirigida al arzobispo de Sevilla Alfonso
Manrique, con exposición de las ideas sobre la paz; y De concordia et discordia in
humano genere, dedicada al emperador Carlos V (1529).Ad sapientiam
introductio y Satellicia son dos colecciones de sentencias morales, con un total de
805 máximas, dedicadas a la princesa María, y de las que es famosa Veritas,
tempora filia (la verdad es hija del tiempo). La primera colección de sus obras se
publicó en Basilea en 1555; la más completa fue la publicada en Valencia por
Mayans (1782-90, en ocho volúmenes). Fueron muy traducidas al español y al
francés.Lo importante en Vives es su preocupación por aquellos aspectos más
inmediatos de la realidad humana; con un profundo conocimiento del hombre y de
su historia, Luis Vives pudo intuir las decadencias de su época, al tiempo que su
concepción prudentemente optimista de la vida le impulsaba a renovar esta realidad.
Católico, comprensivo y tolerante, dotado de un gran sentido de la realidad, Vives
va aplicando estos módulos invariables de su conocimiento a los problemas que
estudia.Su vida y su obra se han hecho modelo de universalidad y profundidad, de
pasmosa seguridad; su actitud fue la del mejor humanismo, pero ensalzado por
virtudes más universales de sobriedad y mesura, de una profunda soledad y
comprensión del fenómeno humano, a través de la cual este humanismo cobró
características más trascendentales que las brillantes y entusiastas de la época.
Juan Amos Comenius

(1592-1670)
Jan Amos Comenius (en checo, Komenský) nació el 28 de marzo de 1592 en
Moravia, región de la actual República Checa. Considerado el fundador de la
pedagogía moderna. Era el menor de cinco hijos y el único varón de una familia de
granjeros acaudalada. Sus padres pertenecían a la Unión de Hermanos Moravos
(también llamados Hermanos Bohemios, o Iglesia Morava). Después de completar
sus estudios en Alemania, volvió a su país natal. Más tarde, a la edad de 24 años,
fue ordenado sacerdote de la Unión de Hermanos Moravos. En 1618, Comenius fue
colocado al frente de la pequeña parroquia de Fulnek, ciudad situada a unos 240
kilómetros al este de Praga. En aquel tiempo, la Contrarreforma católica, destinada
a combatir el protestantismo, se hallaba en pleno apogeo en Europa. El conflicto
religioso entre católicos y protestantes alcanzó su punto álgido con el estallido de la
guerra de los Treinta Años (1618-1648).

Tras una década de lucha, la religión católica fue declarada la única confesión
legítima en Moravia. A Comenius y a los miembros de las clases altas se les dio la
oportunidad de elegir: convertirse al catolicismo o abandonar el país. Puesto que
Comenius no estaba dispuesto a claudicar, trasladó a su familia a la pequeña ciudad
de Leszno, importante centro de la Unión de Hermanos Moravos en Polonia. Aquello
marcó el principio de un exilio que duraría cuarenta y dos años y que le privaría de
regresar a su patria. Comenius se empleó como maestro de Latín en el Gimnasio
de Leszno, una escuela para preuniversitarios. No obstante, al poco tiempo se sintió
descontento con los métodos inadecuados de enseñanza, y con buena razón. El
sistema escolar de la época se encontraba en un estado deplorable. Por ejemplo,
solo a los varones se les consideraba dignos de recibir educación, aunque se
excluía a los que nacían en la pobreza. La instrucción en las aulas consistía
principalmente en llenar la cabeza de los estudiantes con sintaxis, palabras y frases
del latín. ¿Por qué razón? Porque la Iglesia Católica controlaba la mayoría de las
escuelas del medievo, y dado que la liturgia se celebraba en latín, era fundamental
la enseñanza de esta lengua para asegurar una provisión constante de futuros
sacerdotes. Además, no se daba atención alguna a fijar objetivos concretos en el
aprendizaje, ni tampoco la educación que recibían los alumnos les ayudaba a pasar
progresivamente de lo sencillo a lo complicado. La disciplina era severa, en
ocasiones incluso cruel, y el ambiente moral, degradado. Comenius no fue el
primero que defendió la necesidad de una reforma educativa.

En Inglaterra, Francis Bacon había condenado la insistencia en el latín y había


aconsejado retomar el estudio de la naturaleza. En Alemania, Wolfgang Ratke y
Johann Valentin Andreä, entre otros, también habían intentado hacer mejoras,
aunque ninguno de ellos obtuvo el favor del Estado para sus proyectos. Comenius
propuso un programa para hacer amena y no tediosa la educación, y lo llamó
pampaedia o pansofía, que significa “educación universal” (se debe enseñar todo a
todos).Su finalidad fue establecer un sistema de enseñanza progresivo del que todo
el mundo pudiera disfrutar. Decía que a los niños se les debía enseñar
gradualmente, enlazando de manera natural los conceptos elementales con los
conceptos más complejos. Asimismo, propugnó el uso de la lengua materna durante
los primeros años de escolaridad en lugar del latín. Sin embargo, la educación no
debía confinarse a la adolescencia, sino abarcar toda la vida del individuo.
Comenius escribió que el estudio tenía que ser “completamente práctico,
completamente grato, de tal manera que hiciera de la escuela una auténtica
diversión, es decir, un agradable preludio de nuestra vida”. También opinaba que la
escuela debía centrarse no solo en la formación de la mente, sino de la persona
como un todo, lo que incluiría la instrucción moral y espiritual.

John Locke

(Wrington, Somerset, 1632 - Oaks, Essex, 1704) Pensador británico, uno de


los máximos representantes del empirismo inglés, que destacó
especialmente por sus estudios de filosofía política. Este hombre polifacético
estudió en la Universidad de Oxford, en donde se doctoró en 1658. Aunque
su especialidad era la medicina y mantuvo relaciones con reputados
científicos de la época (como Isaac Newton), John Locke fue también
diplomático, teólogo, economista, profesor de griego antiguo y de retórica, y
alcanzó renombre por sus escritos filosóficos, en los que sentó las bases del
pensamiento político liberal.

John Locke

Locke se acercó a tales ideas como médico y secretario que fue del conde de
Shaftesbury, líder del partido Whig, adversario del absolutismo monárquico
en la Inglaterra de Carlos II y de Jacobo II. Convertido a la defensa del poder
parlamentario, el propio Locke fue perseguido y tuvo que refugiarse en
Holanda, de donde regresó tras el triunfo de la «Gloriosa Revolución» inglesa
de 1688.Locke fue uno de los grandes ideólogos de las élites protestantes
inglesas que, agrupadas en torno a los whigs, llegaron a controlar el Estado
en virtud de aquella revolución; y, en consecuencia, su pensamiento ha
ejercido una influencia decisiva sobre la constitución política del Reino Unido
hasta la actualidad. Defendió la tolerancia religiosa hacia todas las sectas
protestantes e incluso a las religiones no cristianas; pero el carácter
interesado y parcial de su liberalismo quedó de manifiesto al excluir del
derecho a la tolerancia tanto a los ateos como a los católicos (siendo el
enfrentamiento de estos últimos con los protestantes la clave de los conflictos
religiosos que venían desangrando a las islas Británicas y a Europa entera).
En su obra más trascendente, Dos ensayos sobre el gobierno civil (1690), sentó los
principios básicos del constitucionalismo liberal, al postular que todo hombre
nace dotado de unos derechos naturales que el Estado tiene como misión
proteger: fundamentalmente, la vida, la libertad y la propiedad. Partiendo
del pensamiento de Thomas Hobbes, Locke apoyó la idea de que el Estado nace
de un «contrato social» originario, rechazando la doctrina tradicional del
origen divino del poder; pero, a diferencia de Hobbes, argumentó que dicho
pacto no conducía a la monarquía absoluta, sino que era revocable y sólo
podía conducir a un gobierno limitado.
La autoridad de los Estados resultaba de la voluntad de los ciudadanos, que
quedarían desligados del deber de obediencia en cuanto sus gobernantes
conculcaran esos derechos naturales inalienables. El pueblo no sólo tendría
así el derecho de modificar el poder legislativo según su criterio (idea de
donde proviene la práctica de las elecciones periódicas en los Estados
liberales), sino también la de derrocar a los gobernantes deslegitimados por
un ejercicio tiránico del poder (idea en la que se apoyarían Thomas Jefferson y
los revolucionarios norteamericanos para rebelarse e independizarse de Gran
Bretaña en 1776, así como la burguesía y el campesinado de Francia para
alzarse contra el absolutismo de Luis XVI en la Revolución Francesa).
Locke defendió la separación de poderes como forma de equilibrarlos entre
sí e impedir que ninguno degenerara hacia el despotismo; pero, por inclinarse
por la supremacía de un poder legislativo representativo de la mayoría, se
puede también considerar a John Locke como un teórico de la democracia,
hacia la que acabarían evolucionando los regímenes liberales. Por legítimo
que fuera, sin embargo, ningún poder debería sobrepasar determinados
límites (de ahí la idea de ponerlos por escrito en una Constitución). Este tipo
de ideas inspirarían al liberalismo anglosajón (reflejándose puntualmente en
las constituciones de Gran Bretaña y Estados Unidos) e, indirectamente,
también al del resto del mundo (a través de ilustrados franceses,
como Montesquieu o Voltaire).
Menos incidencia tuvo el pensamiento propiamente filosófico de Locke,
basado en una teoría del conocimiento empirista inspirada en Francis Bacon y
en René Descartes. Al igual que Hobbes, John Locke profundizó en el empirismo
de Bacon y rechazó la teoría cartesiana de las ideas innatas; a la refutación
de tal teoría dedicó la primera parte de su Ensayo sobre el entendimiento
humano (1690). Según Locke, la mente humana nace tamquam tabula rasa; es
decir, en el momento de su nacimiento, la mente de un niño carece de ideas:
es como un papel en blanco en el que no hay ninguna idea escrita (Descartes
afirmaba que contenía ideas innatas, como por ejemplo la idea de Dios).
Todas las ideas proceden de la experiencia, y de la experiencia procede todo
nuestro conocimiento. Experiencia no significa únicamente en Locke
experiencia externa; igual que percibimos el exterior (por ejemplo, el canto
de un pájaro), percibimos nuestro interior (por ejemplo, que estamos
furiosos). En consecuencia, dos son los ámbitos de la experiencia: el mundo
exterior, captado por la sensación, y el de la conciencia o interior, captado por
la reflexión.
De este modo, cuando John Locke y los empiristas en general hablan de ideas,
no se refieren a ideas en el sentido platónico, ni tampoco a conceptos del
entendimiento, sino a contenidos de la conciencia, es decir, a la impronta
que han dejado en la misma una sensación o una reflexión. Hay ideas
simples que se adquieren tanto en la sensación (alto, dulce, rojo) como en la
reflexión (placer, duda, deseo); e ideas complejas que se forman a partir de las
simples, merced a la actividad del sujeto. Hay una gran variedad de ideas
complejas, pero pueden reducirse a las de sustancia, modo y relación, que son
paralelas a los elementos del juicio: sujeto, predicado y cópula; no en vano
es el juicio la actividad sintética por excelencia del entendimiento.
Por la sensación no conocemos la sustancia de las cosas, y puesto que,
conforme a las premisas de Locke, todo lo que llega al entendimiento pasa
por los sentidos, tampoco podemos conocerla por el entendimiento. Por la
sensación sólo percibimos las cualidades de las cosas, cualidades que pueden
ser primarias y secundarias. Las cualidades primarias son las que se refieren a
la extensión y al movimiento con sus respectivas propiedades y son captadas
por varios sentidos.
La cualidades secundarias, tales como el color, el sonido o el sabor, son
percibidas por un solo sentido. Las cualidades primarias tienen valor objetivo
y real, es decir, existen tal como las percibimos, pero las cualidades
secundarias, aunque sean causadas por las cosas exteriores, son subjetivas
por el modo en que las percibimos: más que cualidades de las cosas, son
reacciones del sujeto a estímulos recibidos de ellas. Para Locke, la sustancia no
es cognoscible, aunque es posible admitir su existencia como sustrato o
sostén de las cualidades primarias y como causa de las secundarias.