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SUBJETIVIDAD

Nos hemos condicionado para considerar al poder como un fenómeno externo al sujeto, pero
Butler incluye una perspectiva del poder como algo que al mismo tiempo, que somete al sujete, lo
va estableciendo desde dentro entregando la condición de su existencia y dibujando la
trayectoria de su deseo. Por lo tanto, la noción de "sujeción" comprende el suceder del sujeto
en su relación con el poder, instaurando este problema consecuentemente de cómo el sujeto
se forma en dicho sometimiento.

Ello habría sido abordado por autores tales como Althusser (interpelación) y Foucault
(productividad discursiva). Si bien Foucault estaría consciente de la ambivalencia de la noción
de sujeción, no explora en profundidad esta doble valencia entre subordinación y producción.

Butler se interrogará acerca de cuáles son las formas psíquicas que adopta el poder. Con ello,
se introducirá en una problema que ya había estado formulando Hegel en la “Fenomenología
del Espíritu”, donde el esclavo posee una libertad, el amo parece al principio ser externo al
esclavo, sin embargo surge como la propia conciencia de este, la “conciencia desventurada.

A partir de este ejemplo Butler desarrollará la teorización del poder como generador de un
proceso de subjetivación basada en que la conciencia da una "vuelta sobre sí misma", y se
convierte en objeto para sí. Esquematizándolo se podría decir que la relación entre poder y
sujeto para Butler se dará en un doble momento: 1) poder como principio y elemento externo
de presión y subordinación sobre el sujeto; 2) poder como forma psíquica que constituye la
identidad del sujeto.

Constituye una aparente paradoja este doble momento de subordinación, que indica la forma
en que el poder remite a un proceso de "darse la vuelta", esto es, una vuelta sobre uno/a
mismo/a o incluso contra uno/a mismo/a. Donde Butler nos invita a pensar en un dilema
tropológico.

El "darse la vuelta" es el poder él que lo hace, primero como fenómeno externo al sujeto para
luego darse la vuelta en un segundo momento desde dentro del sujeto bajo la forma de tejidos
psíquicos internos, es aquí donde el sujeto surge de estos momentos entendido no como algo
continuo sino como un devenir de repeticiones, donde tenemos que abandonar la perspectiva
de un sujeto ya formado, e introducir esto último como una práctica incómoda que desdibuja
el horizonte del ser social

El sujeto según los argumentos de Butler vive sus propios deseos y pasiones al mismo tiempo
que el pode lo está subordinado y formando. Siendo esto no solo un aspecto de subordinación
sino también de emancipación.

El sujeto moderno y la noción de autonomía, se encuentra condicionada por la subordinación,


donde Butler lo explica en base al proceso psicoanalítico "donde esta dependencia fundacional
es fuertemente reprimida y mediante lo cual el sujeto emerge al mismo tiempo que el
inconsciente. En eso consisten los mecanismos psíquicos del poder, en el proceso de represión
desde donde surge el sujeto".
La noción de subjetivación tiene una doble lectura a la vez, la de subordinación y formación
del sujeto, porque Butler añadió el componente psíquico del deseo incosnciente al trabajo de
Foucault y Althusser sobre el poder como subordinación.

Es decir, todo sujeto emerge con algún vínculo apasionado, esto es, con alguien de quien
depende de manera esencial. Políticamente hablando, la cuestión central está en cómo se
maneja esta subordinación apasionada, es decir, en determinar los mecanismos de
aprovechamiento (biopolítico) del “ser” en base a la simple tendencia a la superviviencia.
Nótese que este último –el deseo por sobrevivir– es sumamente explotable por el poder. En
ese sentido, Butler enuncia una definición de los vínculos apasionados como algo más allá del
simple amor ciego, ya que más bien argumenta una definición de los vínculos apasionados que
contiene la posibilidad de discernimiento e intuición por parte del sujeto.

La influencia edípica

La tesis fundamental de Butler es edípica en el sentido de que para poder resistir psíquica y
socialmente debe existir dependencia y formación de vínculos, siendo estos vínculos
apasionados algo inconsciente y, por tanto, invisible, reprimido. Es decir, para que el sujeto
pueda emerger, las formas primarias de este vínculo deben surgir y, al mismo tiempo, deben
ser negadas. Con ello, el surgimiento del sujeto consiste en su negación parcial, en otras
palabras, a la represión de la violencia que lo constituye. El “yo” surge de la negación del
vínculo, por tanto, constantemente está siendo amenazado por la aparición del fantasma del
amor imposible y condenado a re-escenificarlo en el inconsciente, reviviéndolo y
desplazándolo.

De esta forma, la noción de vínculos apasionados se complejiza porque va más allá del deseo
reducido a simple placer. En este deseo también hay pulsión de muerte, de autoflagelación
hacia sí mismo y hacia objetos odiados. Con todo, en la repetición neurótica de la represión
del deseo el sujeto persigue su propia disolución ya que se trata del deseo en su afán de
desplegar su potencia a costa del sujeto, en la medida en que el segundo es un obstáculo para
el primero.

De ahí que la contrariedad y frustración del deseo por parte del sujeto sea la condición
fundamental para el sometimiento de éste al poder social. Butler sigue la línea trazada por el
psicoanálisis para explicarnos que el proceso trópico del poder implica que “estar vuelto
contra sí mismo” (contra el propio deseo) es la condición para la persistencia del sujeto. Por
tanto, uno existe como sujeto a costa de desear las condiciones para la propia subordinación.
La dimensión psíquica del poder implica hábitos iterativos de autocensura que se consolidan
como conciencia, por lo que ésta sería el medio en el cual el sujeto se convierte en objeto para
sí mismo, estableciendo un espacio de reflexión sobre sí y mediante el cual el sujeto se define.

De ahí que Butler niegue la intercambiabilidad del sujeto con otros conceptos, tales como los
de “persona” o “individuo”. El sujeto es una estructura siempre en formación. Los individuos y
las personas llegan a ocupar el lugar del sujeto (el sujeto emerge como un lugar) y adquieren
inteligibilidad sólo en tanto que están previamente establecidos por el lenguaje. El sujeto es el
proceso trópico del poder coactivo interiorizado traumáticamente a partir de mecanismos
represivos. Es el resultado de este proceso, este lugar dejado por los mecanismos psíquicos
del poder, lo que es ocupado por personas e individuos. Por tanto, la inteligibilidad de los
individuos aparece sólo cuando antes se ha producido el proceso de
subordinación/constitución del sujeto.

En sus planteamientos, Butler señala el necesario distanciamiento del sujeto respecto de sí


mismo para verse como objeto de su propio análisis. Esta reflexividad consigo mismo hace
posible la aparición de la narración como elemento propio del proceso subjetivo que ha sido
resultado del problema tropológico del poder. Esta idea de narratividad de un sujeto que se
desdobla y reflexiona sobre sí mismo está influida por Freud. Para éste, la fantasía no se
puede asimilar como un error, un mero sueño, una falsa conciencia, sino que como una
ilusión. Ese relato se realiza únicamente a partir de una especie de alejamiento del sujeto
respecto de sí, convirtiéndose en la forma de justificación y trama simbólica tejida a partir del
propio sometimiento hacia el mundo social y la represión invisible hacia el objeto perdido. De
este modo, Butler explica la doble dimensión del poder vista como algo anterior al sujeto y
como efecto instrumental y narrativo que explica al mundo y a sí mismo.

La influencia edípica

Los vinculos apasionados es la tesis fundamental de Butler la misma que sería desde un
sentido edípico, ya que para resistir psíquica y socialmente deber haber una dependencia y
formación de vínculos, que son reprimidos y considerados inconscientes. "Es decir, para que
el sujeto pueda emerger, las formas primarias de este vínculo deben surgir y, al mismo
tiempo, deben ser negadas" ()El “yo” surge de la negación del vínculo, o en otras palabras a la
represión de la violencia que constituye.

La noción de vínculos apasionados no es solo deseo, sino que va más allá, introduciendo
también la noción de la pulsión de muerte, es decir la autoflagelación hacia si mismo o de los
objetos odiados. Ya que el sujeto al constituirse como su primer obstáculo despliega la
repetición neurótica de la represión del deseo.

Butler sigue el estudio del psicoanálisis para explicarnos que, el proceso de "darse la vuelta" o
proceso trópico del poder implica que "estar vuelto contra sí mismo" contra el propio deseo
es la consición para la persistencia del sujeto. " Por tanto, uno existe como sujeto a costa de
desear las condiciones para la propia subordinación." Hábitos repetitivos actúan en la
dimensión psíquica del poder, siendo así autocensuradores que van constituyéndose como
conciencia.

El sujeto es una estructura en formación, los individuos y personas llegan a ocupar el lugar de
sujeto, solo cuando están establecidos por el lenguaje. El proceso trópico del poder de
mecanismos represivos, interactuando con los procesos traumáticos, da como resultado
mecanismos psíquicos de poder. Pero el establecimiento del lenguaje de los individuos se da
cuando se ha producido el proceso de subordinación y formación del sujeto.

El proceso subjetivo ha sido resultado del problema tropológico del poder, cuando según los
planteamientos de Butler

En sus planteamientos, Butler señala el necesario distanciamiento del sujeto respecto de sí


mismo para verse como objeto de su propio análisis. Esta reflexividad consigo mismo hace
posible la aparición de la narración como elemento propio del proceso subjetivo que ha sido
resultado del problema tropológico del poder. Esta idea de narratividad de un sujeto que se
desdobla y reflexiona sobre sí mismo está influida por Freud. Para éste, la fantasía no se
puede asimilar como un error, un mero sueño, una falsa conciencia, sino que como una
ilusión1. Ese relato se realiza únicamente a partir de una especie de alejamiento del sujeto
respecto de sí, convirtiéndose en la forma de justificación y trama simbólica tejida a partir del
propio sometimiento hacia el mundo social y la represión invisible hacia el objeto perdido. De
este modo, Butler explica la doble dimensión del poder vista como algo anterior al sujeto y
como efecto instrumental y narrativo que explica al mundo y a sí mismo.

El modelo habitual para entender este proceso es el siguiente: el poder nos es impuesto y,
debilitados por su fuerza, acabamos internalizando o aceptando sus condiciones. Lo que esta
descripción omite, sin embargo, es que el nosotros, que acepta esas condiciones depende de
manera esencial de ellas para nuestra existencia. El sometimiento consiste precisamente en esta
dependencia fundamental ante un discurso que hemos elegido pero que, paradójicamente, inicia y
sustenta nuestra potencia

La sujeción es el proceso de devenir subordinado al poder, así como el proceso de devenir sujeto.
Ya sea a través de la interpelación, en el sentido de Althusser, o a través de la productividad
discursiva, en el sentido de Foucault, el sujeto se inicia mediante una sumisión primaria de poder.
Aunque Foucault es consciente de la ambivalencia de su planteamiento, no desarrolla los
mecanismos específicos por los cuales el sujeto se forma en la sumisión. pag 5

La desventura de la conciencia emergente es su propia autocensura, el efecto de la transmutación


de amo en realidad psíquica. Las automortificaciones que pretenden corregir la insistente
corporeidad de la autoconciencia instituyen la mala conciencia

En todos los casos, el poder que en principio aparece como externo, presionado sobre el sujeto,
presionando al sujeto a la subordinación, asume una forma psíquica que constituye la identidad
del sujeto. 5 0 13

En el ensayo de Althusser <Ideología y aparatos ideológicos del estado, la subordinación del sujeto
se produce mediante el lenguaje, como efecto de la voz autoritaria que interpela al individuo. La
interpelación, la producción discursiva del sujeto social tiene lugar en el intercambio por el cual el
reconociemiento es ofrecido y aceptado.

1 Como comentario aparte, podríamos decir que Lacan amplía esta idea para decirnos que la ideología es una
construcción de la realidad desde el deseo, es decir, la fantasía no es una forma de “escapar de la realidad” sino que,
por el contrario, es una forma de posibilitarla. Sólo podemos acceder a la realidad desde el lenguaje, donde la
función de la fantasía es que nos permite elaborar un relato de ficción (la ficción simbólica) que nos permite
simbolizarla a partir de nuestros deseos. Es a partir entonces de que la realidad se sostiene desde la fantasía que a
partir de ello nos construimos como sujetos.