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Vamos con los resultados.

*En este primer diagrama se muestra el uso del término la chingada y su morfología
en un total de 47 interacciones.
*En promedio, cada interacción tuvo una duración de 9 minutos, dando un
aproximado de 7 horas de recopilación.
*Las 26 conversaciones en las que se empleó el término representan el 55%,
mientras que las 21 interacciones en las que NO se empleó simbolizan el 45%. Es
decir, la mayoría hizo uso del término y/o sus derivados al menos una vez.
*Los interlocutores que no emplearon la chingada y sus derivados durante el
diálogo, dijeron haberlo usado al menos una vez en el transcurso de su vida.
*Curiosamente, parte del 55% dijo no haber notado el momento en el que
utilizo dichos términos.
*Ambos coincidieron en que la presencia de una figura de autoridad y la confianza
pueden ser determinantes al momento de expresar dichas palabras.

EMPLEO DEL TÉRMINO LA CHINGADA Y SU MORFOLOGÍA EN UN


TOTAL DE 47 CONVERSACIONES

Conversaciones en las que no se


empleó el término chingada y su
45% morfología

55% Conversaciones en las que se


empleó el término chingada y su
morfología
*Este segundo diagrama representa la distribución, calculada en porcentaje, del uso
del verbo chingar y sus derivados en las conversaciones en las que se hace uso del
mismo.
*Se encontraron en el registro 7 términos: Chingada, chingar, chingón, chingo,
chinga, chingadera y chingadazo.
*Los términos más pronunciados, chingada con 35% y chingar con 27% son los que
tienen mayor acepción.
*Los términos menos frecuentados, chingadera y chingadazo, ambos con 4%, son,
también, los menos polisémicos.
*El último diagrama representa, porcentualmente, la connotación positiva o
negativa del término la chingada y su morfología en las conversaciones registradas.
*Que quede claro que esta retrata exclusivamente la intención del emisor al
momento de pronunciar el término la chingada o cualquiera de sus morfologías y
no la interpretación del receptor.
*Esto se determinó preguntando a cada uno de los emisores la intensión con la que
pronunciaron dichos términos, reforzado con un análisis de cada una de las
conversaciones.
*El empleo amistoso con 88%, es decir, 23 ocasiones, representa la mayor parte del
diagrama, caso contrario con el empleo ofensivo o con molestia que con 12% o 3
ocasiones, representa la menor parte.
*Esto quiere decir, que solo una pequeña cantidad de los interlocutores hizo uso de
la chingada y su diversidad de significados como una expresión de molestia o con la
finalidad de ofender.
*La gran mayoría la empleo con camaradería, justo como se planteo en el Marco
teórico.

Connotación positiva o negativa del término la chingada y su morfología en


las conversaciones registradas.

12%

Connotación negativa
Connotación positiva

88%
Antonio Briz, nos dice que al lenguaje vulgar lo constituyen los usos no
contemplados en la norma estándar o normas regionales, como consecuencia de un
nivel de lengua bajo, mientras que el lenguaje coloquial, es el uso socialmente
aceptado en situaciones cotidianas de comunicación, en el que el vulgarismo
aparece en función de las características de los usuarios. Es decir, que el lenguaje
coloquial, tiende a lo vulgar, pero en el caso del mexicano, pareciera que esto
sucede justo al revés.
Samuel Ramos en un análisis psicológico del mexicano, sin pretenderlo, nos expone
lo que teóricamente podría interpretarse como la motivación del lenguaje vulgar
mexicano. Nos habla del “pelado” quien, a su parecer, “constituye la expresión más
elemental y bien dibujada del carácter nacional”. Se refiere a el como “un ser de
naturaleza explosiva cuyo trato es peligroso, porque estalla al roce más leve. Sus
explosiones son verbales y tienen como tema la afirmación de si mismo en un
lenguaje grosero y vulgar. Ha creado un dialecto propio cuyo léxico abunda en
palabras de uso corriente a las que ha dado un sentido nuevo.”
Entonces, este lenguaje vulgar, se concibió con una denotación agresiva y rebelde,
pues el mexicano lo ideó como un método de defensa con la finalidad de evitarse a
si mismo, ocultar su verdadero “yo”, camuflar su escasa estima propia.
Pero este lenguaje vulgar, que parte de la irritación y el enojo ha evolucionado en
un lenguaje coloquial. Hoy en día, ha dejado de ser exclusivamente ofensivo, la
sociedad mexicana lo acepta como parte de su idiosincrasia e inclusive consiente su
uso en la cotidianidad.