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Viernes, 11 de Junio de 2004 - La Revista de Libertad Digital


LUZ EN LA BOLSA, DE EMILIO J. GONZÁLEZ

Cómo ser el nuevo Warren Buffet


Por Dieter Brandau

Ocho millones de españoles tienen su dinero colocado directa o indirectamente en


la Bolsa. Tres de cada diez acciones que cotizan están en manos de las familias y la
mitad de las operaciones que se registran en el mercado la realizan particulares. La
pregunta es por qué la Bolsa retira del trabajo a unos, mientras otros sueñan todos
los días con aquellas acciones que compraron a 50 euros y que ahora no valen ni la
décima parte.

Conviene recordar que hay varias formas de invertir el dinero en el parqué. Está la técnica
del mono, consistente en contratar a un macaco para que lance un dardo sobre las páginas
del Wall Street Journal y apostar el dinero a lo que salga. La estadística ha permitido
comprobar durante años cómo era más rentable confiar en el simio que hacer caso a los
analistas. Pero a lo mejor hay quien todavía confía en la teoría de la evolución y no quiere
dejar su futuro económico en manos de la puntería de un mono.

¿Qué otras opciones nos quedan? Podemos dejar nuestro dinero en los fondos de inversión.
Sin embargo, en 2003 sólo el 2,3 por ciento de los fondos alcanzaron una rentabilidad
superior a la del índice Ibex-35 —el dream team de los valores españoles. Si a esto
descontamos la comisión y los gastos que implican este tipo de productos, por otra parte los
más extendidos, podemos llegar a la conclusión de que quizá la mejor manera de ganar
dinero en la Bolsa es invirtiéndolo nosotros mismos. Pero antes de convertirnos en brokers
es conveniente estar al tanto de los secretos, aciertos y errores de los inversores
profesionales. Desvelar esto es el objetivo que cumple Luz en la Bolsa, del periodista Emilio
J. González. Un libro de instrucciones que ayuda a comprender el funcionamiento del
mercado y que, además, incluye un calendario con las fechas clave en las que ganar dinero
es más fácil.

Cuenta González el caso de un cartero asturiano que tenía como hobby el estudio de la
contabilidad de las empresas. Hoy sigue repartiendo cartas entre sus vecinos, aunque sólo lo
hace como pasatiempo porque es millonario. Si a usted los números no se le dan, puede
empezar, como aconseja en su libro Emilio J. González, por fijarse en un dato fundamental
para saber cuál es la situación actual de una cotización: el PER. Es la relación entre el
beneficio por acción y la capitalización bursátil. Si una empresa tiene el PER bajo significa
que su acción está penalizada en bolsa y puede ser un buen momento para lanzarse a
comprar. Un consejo para aquellos que tienen dificultades para dormir por las noches:
aléjense de los PER elevados, por muchos analistas, comentarios y consejos del vecino que
reciba.

En este sentido, un caso digno de análisis es el de Terra, éxito bursátil para unos —los que
compraron a 11 euros y vendieron las acciones cuando rozaban los 140 euros— y pesadilla
para otros —los que compraron cuando los títulos estaban por las nubes y decidieron esperar
para intentar ganar un poco más. En Luz en la Bolsa se dedica a esta cuestión un extenso
capítulo. El titulo resume a la perfección el sentimiento que surgió en el parqué a raíz de la
burbuja de las puntocom: "Delirio colectivo". Emilio J. González recoge el testimonio de
alguno de los damnificados por Terra. Como el de una señora que pidió un préstamo de
120.000 euros para comprar acciones de la empresa de Internet porque "todos los días leía y
oía las noticias" que hablaban de un comportamiento en Bolsa como nunca se había visto.

Si muchos de los que compraron terras a más de 100 euros se hubieran fijado, por ejemplo,
en el PER de Lycos (el motor de búsqueda por el que Juan Villalonga pagó más de dos
billones de pesetas y que fusionó con la filial de Telefónica), seguro que no hubieran soltado
tan fácilmente su dinero. Un PER que supere la banda 17-19, según recuerda Emilio J.
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González en su libro, ya implica que una acción es cara. Los títulos de Lycos se pagaban a un
precio trescientas veces superior al beneficio por acción.

Aunque comprensibles, las quejas o reclamaciones de los inversores no dejan de ser más
que eso, mientras no haya actuaciones fraudulentas de por medio. Por la misma razón que
las empresas no piden cuentas a sus accionistas cuando estos se convierten en millonarios.
¿Se imaginan a Bill Gates exigiendo una compensación a los que consiguieron una
revaloración del 36.000% con la OPV de Microsoft?

La persona que esté pensando en estos momentos dar el salto a la Bolsa tiene que tener
presente tres consejos fundamentales. No invertir jamás el dinero que no se tiene. Dejar que
el último euro lo gane el vecino. Y formarse e informarse antes de entrar en el mundo de las
acciones, fondos, warrants, blue chips, small caps, chicharros y demás fauna bursátil.

Leer El inversor inteligente de Benjamín Graham cambió la vida de Warren Buffet y le


convirtió en el gurú de los mercados. Su fortuna se calcula hoy en más de 42.000 millones
de dólares. Empezó con 100 dólares. Luz en la Bolsa puede ser su oportunidad, pero debe
darse prisa. El presidente del Gobierno ha anunciado que en dos años los que ganen dinero
en bolsa tendrán que pagar más impuestos por las plusvalías. No hay tiempo que perder.

Emilio J. González, Luz en la Bolsa. Secretos, aciertos y errores de los inversores


profesionales. Cie Inversiones Editoriales Dossat 2000. 320 páginas.