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Saetas en manos del valiente

Antes de los hijos ser nuestros pertenecían a Jehová. Dice la palabra que El versículo 4
de este salmo nos habla de “como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos
en la juventud”, donde las saetas representan a los hijos y el valiente al Señor, sin
embargo para que las saetas sean efectivas necesitan de un buen arco, esto representan a
los padres terrenales. (Sal. 127:3-5).

En aquel entonces, cuando alguien iba a hacer un arco buscaba la mejor rama, la cual se
escogía de un árbol frutal que tuviera muchas frutas, debido a que su naturaleza de rama
fructífera la hacía ser flexible. Las flechas eran hechas seleccionando ramas rectas de
determinado grosor; las cuales se dejaban secar en el propio árbol, para esto les quitaban
la corteza de alrededor a fin de que no les pasara el alimento. Imaginen como se miraría
esa rama seca, ridícula a la par de las otras las cuales estaban verdes y bonitas, sin
embargo las personas que pasaban por el lugar al ver la rama decían: “!esta va a ser una
flecha!”.

Luego estaba el proceso del tallado, la flecha tenía que ser perfectamente recta y
redonda, ya que si tenía alguna curvatura al tirarla se desviaría del punto exacto de
destino. Por último le ponían punta de bronce (luego fue cambiado por hierro) y pues
era en la punta donde estaba su fuerza y peso.

Nuestro carácter y relación como padres e hijos cristianos tiene mucha similitud con el
procesado y el uso del arco y la flecha, veamos:

Cuando las ramas comienzan a botar sus hojas y a perder su adorno externo:

Debemos tener cuidado, porque a veces hay ramas que comenzaron a botar sus hojas y a
perder su adorno externo, sin embargo aunque exteriormente se visualizan listas para el
proceso del tallado, interiormente continúan siendo ramas ridículas. Debemos reconocer
que nuestro valor está en lo de adentro, en Cristo.

Para que la flecha sirviera era puesta a escondidas en una aljaba, unida con otras flechas
(la familia). Hay personas que ya son flecha pero no se sienten parte de una familia (Sal.
68:6). Debemos de congregarnos pues allí Dios bendice a su pueblo y manda buen óleo
a su casa. David nunca pidió construir un templo sino una casa, porque él se sentía hijo
y tenía a Dios como su padre.

Podemos tener la mejor flecha y el mejor arco pero siempre necesitaremos de un buen
blanco: Cuando ya tienes el blanco, llegó el momento de halar y también de soltar. Hay
momentos que el Señor nos enseña como padres a preparar a nuestros hijos dándole una
dirección, una fuerza, halarlos; pero hay momentos tenemos que soltarlos para que
nuestros hijos prosperen.

También el lanzamiento de la flecha conlleva un proceso: El lanzamiento se inicia con


el proceso de agarrar el arco, esto se hace con dos 2 dedos, el pulgar (fuerza) y el índice
(dirección). Luego, la flecha se hala hacia atrás por las plumas, su parte más débil,
dándole presión. Mientras más se hala la flecha más lejos llegará, así hace el Señor
cuando nos va enviar más lejos para su gloria.
El que tenga que soltar, suelte; el que tenga que sacar de la aljaba, saque; y el que tenga
que poner en el arco, ponga. El que tenga que estirar, estire y al que le toque soltar en el
nombre de Jesús suelte.

Un ejemplo bíblico de los arcos y flechas lo podemos ver en Génesis 49:22, Dios había
dado una promesa a José de que sus hijos, Manases y Efraín [1], atravesarían los muros,
solo que el diablo tergiversó éste propósito y los muros que atravesaron fueron los del
pecado. Llegaron sus hijos a ser dos tribus de Israel, y pasado el tiempo la tribu Efraín
se desvió del camino de Dios cometiendo más pecados que las otras tribus. Así nos pasa
también hoy día, donde hay padres que dicen: “pero mis hijos… Dios les dijo… Dios les
prometió…sin embargo ellos no quieren nada con Dios”. Pero yo te tengo una palabra:
Lo que Dios promete lo cumple.

Ciertamente los padres podemos ver como el Señor cumple sus promesas dadas a sobre
nuestros hijos, “Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos
de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar,
y desde el río hasta los fines de la tierra. Y tú también por la sangre de tu pacto serás
salva; yo he sacado tus presos de la cisterna en que no hay agua. Volveos a la fortaleza,
oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble..” (Zc.
9:10-12). En el idioma de aquel entonces, “presos” quiere decir gente que conoció a
Dios y se olvidó de El, y quiso hacer su propio culto; cisternas sin aguas es religiosidad,
son personas que han conocido a Jesús pero se encuentran sumergidas en la
religiosidad. Pero la promesa es que fuimos sacados de allí y vueltos a fortaleza de
nuestras vidas, “Jehová es la fortaleza de mi vida, de quien temeré.”

Dice la palabra “Porque he entesado para mí a Judá, como arco, e hice a Efraín su
flecha, y despertaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como
espada de valiente” (Zc. 9:13). Judá significa Alabanza, y nos muestra que la alabanza
no solo es un instrumento de adoración sino también un arma poderosa, una espada de
dos filos en sus manos, que servirá para la lucha, la cual no es contra sangre ni carne,
sino contra potestades del maligno. En este versículo nos habla de un Efraín restaurado,
hecho flecha, y las flechas tenían que ser rectas, sin embargo Efraín había tenido una
conducta torcida, y la promesa de Dios a José fue que sus hijos atravesarían los muros
pero no para ser torcidos sino rectos. Por eso Dios dice: “Esos torcidos yo los pongo por
flechas” y son puestos en el arco de Judá de la alabanza, y serán utilizados
poderosamente.

Cuando habla de despertar a sus hijos se refiere a aquellos hijos que se apartaron,
aquellos que están rebeldes , aquellos que aceptaron a Cristo pero están en el mundo o
teniendo vidas dobles, pero Dios ha prometido enderezarlos. Y termina diciendo: “…Y
te pondré como espada de valiente…”

“Cuando un padre es rama fructífera, las promesas le siguen, sin importar que tan
torcidos estén sus hijos.”