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INSTITUTO COLOMBIANO DE BIENESTAR FAMILIAR

POLÍTICA NACIONAL DE PAZ Y CONVIVENCIA FAMILIAR HAZ PAZ

MODELOS DE ATENCIÓN PARA LA PREVENCIÓN, DETECCIÓN

Y

TRATAMIENTO DE LA VIOLENCIA

DOMÉSTICA

DOCUMENTO MARCO PARA ORIENTAR

“ACCIONES EN TORNO

A PROMOCIÓN, PREVENCIÓN, DETECCIÓN, ATENCIÓN INTEGRAL

Y

VIGILANCIA DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR DESDE

Y

PARA SERVICIOS E INSTITUCIONES

DEL SECTOR SALUD”

COMPONENTE DE SALUD

Versión preliminar

Pilotaje en Armenia, Pasto y Tunja

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

BANCO

INSTITUTO COLOMBIANO DE BIENESTAR FAMILIAR

Beatriz Londoño Soto Directora General

Blanca Luz Hoyos Henao Directora Técnica

Luz Mila Cardona Arce Subdirectora de Intervenciones Directas

Elenita Motta Serna Coordinadora Grupo Haz Paz

UNIDAD DE GESTIÓN DEL PROYECTO MODELOS DE ATENCIÓN PARA LA PREVENCIÓN, DETECCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

María Teresa Mojica Rivadeneira Coordinadora Nacional

Clara Inés Torres Méndez Consultora de Educación

Olga Lucía Restrepo Espinosa Consultora de Salud

Héctor Jaime Franco Consultor Financiero

María Carolina Duarte Triviño Asistente

Elaboración: Olga Lucía Restrepo Espinosa

Oficina de Comunicaciones y Atención al Ciudadano Coordinación Editorial

CONVENIO DE COOPERACIÓN TÉCNICA CON EL

REEMBOLSABLE No. ATN/JF-7574-CO. MODELOS DE ATENCIÓN PARA LA PREVENCIÓN, DETECCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

INTERAMERICANO DE DESARROLLO (BID), NO

PARA LA PREVENCIÓN, DETECCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA INTERAMERICANO DE DESARROLLO (BID), NO 2006

2006

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

ÍÍndicendice

INTRODUCCIÓN:

PRIMERA PARTE:

1. Escenario de Partida:

1.1. Situación:

1.1.1 Frente a violencia en general

1.1.2 Frente a violencia intrafamiliar

1.2. Marco Conceptual de violencia para abordar el tema de Violencia

SEGUNDA PARTE:

2. Violencia Intrafamiliar:

2.1. Marco conceptual de Violencia Intrafamiliar

2.2. Marco normativo internacional y

2.3. Respuesta Institucional para Atención

Integral Intersectorial:

Atención y Protección

Competencias Rutas Atención Jurídica y

TERCERA PARTE:

3. La respuesta desde el sector salud:

3.1 Definiciones y delimitaciones operativas de VIF que abarcará la

atención desde salud: Definiciones de atención y vigilancia, Definiciones de

Prevención, detección, servicios,guías, instrumentos

3.2 Descripción del escenario ideal en salud

4. Referencias Bibliográficas

5. Anexos

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

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Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

a

de

la

IINTRoDuCCióNNTRoDuCCióN

de Construcción de Paz y Convivencia Familiar

haz paz se formuló para prevenir y atender la violencia intrafa- miliar con una estrategia que simultáneamente apoye a los indi-

a las comunidades en su misión de transmitir

principios y valores democráticos y de convivencia, así como de dotar

la comunidad de instrumentos apropiados para

a los núcleos básicos

L a Política Nacional

viduos, a las familias y

resolver los conflictos de forma pacífica e incrementar y cualificar la

a las familias en conflicto y a las víctimas de

través del trabajo articulado de las institucio-

nes nacionales y las entidades territoriales.

prestación de servicios violencia intrafamiliar a

Con la expedición del documento Conpes No. 3077 del 1º de junio de

2000, la Consejería

dinadora de haz paz, tuvo a su cargo la integración y coordinación de las

Presidencial para la Política Social, como Unidad Coor-

acciones de las diferentes entidades, el seguimiento, la evaluación y la

retroalimentación de los

procesos adelantados por los entes ejecutores.

En el documento Conpes 3144 del 2001 se estableció que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar - ICBF debería, además, asumir la coordinación de esta política. Esta tarea se inició en abril del 2003, pre- vio proceso de empalme con la Consejería Presidencial para la Política Social.

Por otra parte, la Ley 812 de 2003 del Plan Nacional de Desarrollo 2002-

Comunitario” en el punto sobre Ampliación y

2006 “Hacia un Estado

Mejoramiento de la Protección y la Seguridad Social, del Capítulo C, Construir Equidad Social consagra: “También se trabajará en la preven-

ción y atención de la violencia intrafamiliar”. Este punto es desarrollado

de esta Ley, Bases del Plan Nacional de Desa- Haz Paz quedará institucionalizado en el ICBF.

Se continuará el desarrollo de herramientas técnicas y operativas que permitan el avance de los objetivos propuestos a través de los compo- nentes de prevención, detección temprana, atención y transformación institucional. Así mismo, se dará impulso a un modelo de vigilancia en

en el documento anexo rrollo, así: “El programa

salud pública alrededor de la violencia intrafamiliar” (Página 209, en el

capítulo Protección

familia, la infancia y la juventud).

En la formulación y desarrollo de la política Haz Paz participan actual-

mente, además del

ICBF: el Departamento Nacional de Planeación,

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Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

las Consejerías Presidenciales de Programas Especiales y para la Equidad de la Mujer, los Ministerios de la Protección Social, Educación, Comunicaciones, Cultura e Interior y Justicia, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Cien- cias Forenses, la Fiscalía General de la Nación, la Policía Nacional, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo.

Proyecto en el que se enmarca la consultoría.

En el marco de la política Haz Paz el ICBF, con

el apoyo del BID, mediante fondos de la coope-

ración japonesa y en asocio con los Ministerios de la Protección Social y de Educación, está ejecutando el proyecto denominado “Modelos de Atención para la Prevención, Detección y Tratamiento de la Violencia Doméstica” que se desarrolla a través de dos componentes. De una parte, el componente de salud que se propone diseñar, implementar y validar una propuesta para la vigilancia, detección y atención a víctimas de violencia intrafamiliar en las ciudades de Tunja, Armenia y Pasto. De otra parte, el componente de educación al que le corresponde validar una propuesta para la detección y atención temprana a niños y niñas menores de seis años con comportamientos riesgosos, en las ciudades mencionadas.

El componente de salud se propone entregar una propuesta que ofrezca herramientas para que los funcionarios del sector salud adelan-

ten la vigilancia epidemiológica, la detección, atención y apoyen los procesos de protección integral a víctimas de violencia intrafamiliar en y desde los servicios y programas de las instituciones de salud. En aras de una aten- ción integral los productos para la detección

y atención serán dirigidos a profesionales que

laboran en áreas de salud general, salud men- tal y salud social de los programas y servicios

que se ofrecen en urgencias y consulta exter- na de las instituciones prestadoras de salud de la red pública. En consecuencia, la propuesta incluye dos importantes productos, a saber:

Un documento marco normativo y conceptual con definiciones operativas básicas para efec- tos de la vigilancia, detección y atención de la violencia intrafamiliar, competencias de los distintos sectores y lineamientos de servicios de salud. Un manual que detalla lineamientos, guías y competencias que los profesionales de salud han de cumplir en sus respectivos ser- vicios y las rutas dentro de estas IPS que las

víctimas han de seguir con el fin de garantizar una atención integral y contribuir a la protec- ción integral de estas mismas y sus familias. Dichos instrumentos y herramientas son el resultado de una amplia revisión de experien- cias nacionales e internacionales exitosamente evaluadas que serán enriquecidas con los co- nocimientos y avances de los equipos de salud de las ciudades en las que se desarrollará el pilotaje. 1

La formulación y pilotaje de la propuesta están

a cargo de la Unidad de Gestión del proyecto,

en cabeza de la consultora de salud y de los equipos de funcionarios del sector salud de las ciudades seleccionadas.

Las ciudades fueron seleccionadas por el ICBF, el Ministerio de la Protección Social y el Ministerio de Educación con base en los siguientes criterios:

1. Alta prevalencia o riesgo de ocurrencia de esta problemática.

2. Condiciones socioculturales y políticas que faciliten su expansión a escala nacional.

3. Existencia de iniciativas en torno a vigilan- cia, prevención, detección y atención.

4. Voluntad política de las administraciones locales.

Además de los criterios anteriormente listados se consideró también la existencia de servicios de salud en varios niveles de la red de atención pública para focalizar las zonas e instituciones en donde se implementará el pilotaje, listadas

a continuación:

• Armenia: Centro de Atención Integral a la Mu- jer Gestante “La Milagrosa”, Unidad de Promo- ción de Niñez Saludable “Los Fundadores”, la Unidad de Atención de Emergencia Intermedia del Sur (UIS) y Centro Social de la Alcaldía.

• Pasto: Comunas 5, 8 y 10 con sus respec- tivos centros de salud “Lorenzo”, “San Vi- cente” y “Santa Rosa” de esta zona (tres) y el núcleo de atención central de la ESE de Pasto.

• Tunja: Centros de Salud “Las Fuentes”, “El Carmen”, “Libertadores”, “Centro de Escu- cha” de la Secretaría de la Protección Social y la Unidad Primera de Atención de la ESE local Santiago de Tunja.

1 La propuesta está siendo elaborada por la consultora de salud de la Uni- dad de Gestión del proyecto, que está ubicada en el ICBF en la Subdirec- ción de Intervenciones Directas.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

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Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

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el

1.

ESCENARIO INICIAL

1.1 SITUACIÓN

1.1.1. Frente a la

violencia en general:

A escala mundial existe consenso en reconocer que la violencia es un fenómeno que afecta de manera significativa y dramática a todos los individuos como a cada institución, nivel y sector de una

sociedad. Aspectos tan críticos como la economía, el bienestar social, la salud y la gobernabilidad son erosionados por este flagelo. Igualmente en el mundo se ha acordado que existen muchas formas y tipos de expresión

y/o de manifestación de la violencia. Todas las distintas manifestaciones de la violencia –que serán descritas brevemente en este documento– ejercen

un efecto adverso en

capital físico, humano, natural y social. Todo ello

en la medida en que limita a las naciones las posibilidades de promover

de construir relaciones interpersonales y tejidos

sociales democráticos, respetuosos de los derechos humanos y garantes

participación ciudadana,

del desarrollo colectivo de todos sus actores y sectores. Lo que a su vez sumerge al Estado en pleno en una situación “sin salida”, en tanto que

socavan el clima de las instituciones del

considerada un problema de patología delictiva o comportamientos des-

las inversiones y agotan la capacidad de gobernar de sector público. Es por esto que a la violencia, antes

viados de algunos individuos o grupos específicos que atentan contra los derechos humanos, hoy en día se le reconoce como un problema de desa- rrollo macro estructural y macroeconómico, del que no escapan personas e instituciones. Su magnitud es tal que debilita políticas, programas y

líneas de desarrollo al

punto de transformar la cultura para arraigarse en

todos los aspectos que fundamentan la sociedad en su conjunto. (Ayres,

1998). En Colombia, por ejemplo, la violencia ha facilitado la instauración de una cultura y una economía que flotan en dicho “círculo sin salida” en

el cual se invierte el

protegiendo los programas de promoción de desarrollo y bienestar social, mientras que el crimen violento como negocio genera el 7 por ciento del PNB (Kalmanovitz, 1990; Colombia, 1997).

24 por ciento del PNB en medidas de seguridad, des-

La violencia –como

el mundo globalizado. La gran industria tecnológica y cultural ha facili- tado que manifestaciones de esta como criminalidad y delincuencia se extiendan a través de redes delictivas consolidadas internacionalmente, tan efectivamente difundidas y extendidas hasta eliminar fronteras entre

naciones. (Castells,

tantos otros fenómenos sociales– se magnifica en

1998). No obstante este panorama, los indicadores

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

de violencia como el homicidio, la victimización criminal y la violencia intrafamiliar evidencian variaciones en desarrollos de políticas, progra- mas y servicios para prevenir, enfrentar o erra- dicarla entre diferentes comunidades, países y regiones.

Infortunadamente, nuestro país se ubica en la región (Latinoamérica y el Caribe, LAC) que muestra una de las más altas tasas de homi- cidio y victimización criminal del mundo, su- periores a las de Asia, Europa y Oceanía (Ro- senberg, 1998; UNICRI, 1995; UNCHS, 1996). En América Latina esta violencia se manifiesta tanto en países que experimentan conflicto o convulsión política como en aquellas socieda- des de transición de la guerra a la paz a partir de la consolidación de procesos de negociación entre los actores en conflicto con el gobierno como Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Investigaciones recientes demuestran que la creciente desigualdad de condiciones socioeco- nómicas que existen entre las distintas zonas o áreas urbanas han podido alimentar la apari- ción y el incremento de violencias como la ju- venil, pandillera y comunitaria (Moser, 1996). Al mismo tiempo, la reciente y renovada visi- bilidad de la violencia intrafamiliar en toda la región indica que las tasas predominantes de violencia conyugal y maltrato infantil continúan en alarmante ascenso (Gómez, 1993).

A nivel micro, la violencia socava aun más los

ya precarios recursos de aquellos ciudadanos y familias que viven en condiciones de pobreza

y marginalidad. Al extremo en que las bajas

oportunidades con que cuentan para acumular activos físicos, humanos y sociales les impide hallar un sentido de pertenencia e identidad con sus “territorios” en los planos personal, institu- cional, comunitario y nacional. A esta situación se suma la poca disponibilidad de recursos y una débil e ineficiente capacidad de respuesta institucional frente al sinnúmero de necesida- des que se requieren para superar estas adver- sidades. Esto erosiona aun más el tejido social y facilita que se instale la cultura que valida toda forma de violencia y trasgresión como única alternativa viable para subsistir en estas comu- nidades marginales y sumidas en la pobreza.

Sin embargo, a esta situación social y cultural frente a la violencia no se escapan aquellos microcontextos privilegiados por acumular capital físico. Es decir, la violencia termina

afectando a todos los contextos tanto macro como microestructurales, independientemente de condiciones étnicas y socioeconómicas, es- pecialmente en aquellos países en desarrollo. Al tiempo que debilita todas sus instituciones se enfrentan a unas exigencias crecientes de participación y respuesta institucional efecti- va para consolidar una política democrática y superar esos factores macro-estructurales que promueven la perpetuación de la violencia. Lo que es peor: en medio de que las ganancias económicas y la seguridad personal son frus- tradas y debilitadas por la violencia esta, a la vez, encuentra un nicho que la anima a crecer 2 (De Roux, 1994)

Así las cosas, las muertes y traumatismos ocu- rridos por causas violentas vienen aumentando en la región de las Américas a pasos alarman- tes. La violencia, por el número de víctimas y la magnitud de las secuelas que produce, ha adquirido carácter endémico y se ha converti- do en un problema de salud pública en varios países (OPS, 1990, Rosenberg 1996). En el año 1990 la Oficina Panamericana de la Salud alarmaba a la región frente a este grave pro- blema de salud pública. La mortalidad por cau- sas asociadas con la violencia es responsable de una proporción creciente de la mortalidad general y de porcentajes significativos de años de vida potencial perdidos (Avisa) (Bobadilla, Guerrero y Concha, 1995).

Los traumas causados por la violencia que no resultan en muerte ocasionan daños físicos y trastornos psicológicos que limitan la funciona- lidad individual y social. La morbilidad relacio- nada con la violencia, además, congestiona los servicios de salud, aumenta los costos globales de atención y afecta su calidad y cobertura. Al elevar sustancialmente la demanda de servicios obliga a asignar recursos adicionales o desviar los asignados a la prevención y atención bási- ca, hacia la satisfacción de la nueva demanda inducida por hechos violentos. El sector salud constituye el receptáculo de todos los corola- rios de la violencia por la presión que ejercen sus víctimas sobre los servicios de urgencia, la

2 “El incremento de la violencia en los últimos años no parece asociarse con la distribución del ingreso, ni con la carencia de servicios básicos (patrimonio social). Se puede agregar un dato: Medellín, la ciudad más violenta de Colombia, y quizás del mundo, tiene un cubrimiento cercano al 100% de los servicios básicos. Quibdó, la ciudad menos violenta de Colombia, es la peor dotada de servicios”. (Gaitán).

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

atención especializada, la rehabilitación física

y psicológica y la asistencia social.

La violencia afecta a toda la población en la

región de las Américas; sin embargo, en condi- ciones de pobreza y desventaja social, algunos sectores sociales resultan especialmente ame- nazados. Los hombres jóvenes se ven afectados primordialmente por enfrentamientos armados, desajustes sociales y laborales y situaciones de

pobreza y desigualdad. Ellos son las principales víctimas y agentes de violencia homicida. En la mitad de los países de la región con más de un millón de habitantes el homicidio constituye la segunda causa de muerte de varones entre 15

y 24 años de edad (OPS, 1990).

Así mismo, todos aquellos niños y niñas des- plazados de sus hogares, que han quedado huérfanos, heridos o mutilados por efecto de conflictos bélicos, o que la violencia intrafami- liar (maltrato y abuso sexual) los obliga a es- capar de su hogar para encontrar la calle como único resguardo, otros que las condiciones socioeconómicas de sus microentornos los ha- cen trabajar en medio de una institucionalidad incapaz de atenderlos y protegerlos adecuada

y oportunamente constituyen contingentes

diferenciales pero importantes en todos los países de la región y son los grupos de mayor indefensión frente a la violencia.

Por último, las agresiones contra las mujeres,

no solo en el ámbito de la violencia intrafami-

liar, sino en el laboral y político, constituyen un problema de gran magnitud en la región.

Afectan no solo la integridad física y emocional de la mujer, sino que recortan sus derechos

y autentican la asimetría en las relaciones de

género. Finalmente, los ancianos, por su situa- ción de dependencia y aislamiento social, se erigen como grupo frágil frente al abandono, la atención limitada, los abusos físicos y psicoló- gicos y la violación de sus derechos.

Como ya se ha mencionado, infortunadamen-

te Colombia ocupa los primeros lugares en la

región de Latinoamérica y del mundo con res-

pecto a las tasas de homicidios y delitos. Antes

de pasar a conocer cuál es la situación frente al

tipo de violencia que nos atañe en este docu-

mento, si miramos las cifras estadísticas que a lo largo del último quinquenio nos han arroja-

do las distintas instituciones con competencia

frente a estos asuntos, podríamos asumir que

dicha violencia está inserta en el siguiente ma- crocontexto:

Cada 28 minutos algún colombiano es ase-

sinado violentamente

.

3

Cada día cuatro familias enteras son obliga- das a abandonar sus propiedades, sus pue- blos, sus familiares, amigos, vecinos. Entre ellas un total de 348 menores de edad son desplazados por día 4 .

Dos niños desaparecen por día 5 .

Dieciséis niños son vinculados al conflicto armado por día y, a consecuencia de este, doce niños mueren cada día 6 .

Secuestran un niño cada día y medio 7 .

Sesenta y nueve niños son abandonados diariamente y de estos dieciséis no encuen- tran refugio más que el de la calle 8 .

Treinta y dos niños, niñas o jóvenes menores de 34 años mueren violentamente cada día 9 .

Las minas antipersonales mutilan a un me-

nor de edad cada 17 días

10

.

Actualmente existen 390 mil procesos ju-

diciales en contra de menores infractores. Entre 1997 y 1999, esta cifra se aumentó

11 veces 11 .

Cada año se suicidan 2.000 colombianos (cada 4 y media horas) 12 .

Cada día y medio un niño o niña entre 10 y 13 años intenta suicidarse. Cada 5 días un me- nor de 15 años se suicida, de los cuales cada

12 días logra con éxito arrancarse la vida un

niño y cada 9 días una niña colombiana 13 .

Cada seis minutos una persona es lesionada de forma violenta 14 .

Cada segundo se insulta a alguien y cada

cinco minutos se golpea a alguien

15

.

3 Deducido de tasa de homicidios de INML y CF del 2004, en Forenses, Capítulo 2 “Homicidios” página 51, 2005

4 Datos deducidos de cifras de desplazados publicados por CODES, 2005

5 Datos de ICBF

6 Publicación de revista Cambio, 2000

7 Publicación de El Tiempo, 2004

8 Deducido de datos del ICBF, 2004

9 INML y CF, 2005 cifras por edades, pág 56.

10 Publicación de El Tiempo, 2004

11 Datos del ICBF

12 INML y CF, 2005 cifras por edades

13 INML y CF, 2005 cifras por edades

14 INML y CF, 2005 cifras por edades

15 Instituto Cisalva, 2002

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

Pero quizás más allá del número de niños, niñas, mujeres, hombres, días, años de vida saludable y recursos físicos perdidos, uno de los impactos más graves de las violencias está en unos efectos difíciles de medir y cuantifi- car, que se expresan en la distorsión ética que se da cuando una sociedad reconoce y respeta de manera selectiva las vidas humanas, y en el consecuente aval social que tiene el uso de la violencia como mecanismo aceptado para la solución de un sinnúmero de problemas, desde la querella familiar hacia las “incomodidades” por territorios entre pandillas, grupos juveniles hasta la desaparición forzada de aquellos que “impiden, obstaculizan o sim- plemente difieren” de los principios, ideales y propósitos de quienes usurpan posiciones en la esfera de poder público y político, evidencian- do además una clara violación a los derechos fundamentales como la vida, expresada en la Constitución Nacional y en la Carta de los De- rechos Humanos de la ONU (Vanegas, Rozental

y Restrepo O., 1996 De Roux, 1994).

1.1.2. Situación Frente a la Violencia Intrafamiliar

Un país que presenta un panorama como el que se describió arriba tiende, aun más que otros

países sin esta alarmante situación, a invisibilizar

o desatender el problema de la violencia intrafa-

miliar. A pesar de que desde hace más de veinti-

cinco años el problema de la violencia y agresión hacia los actores más desempoderados e inde- fensos de las familias (particularmente la mujer

y

los hijos o hijas) se ha ido reconociendo más

y

más. Aún no se ha consolidado un sistema de

información y de vigilancia único –aunque existe la intención en políticas públicas– que dé cuenta con datos fidedignos de la frecuencia, magnitud

y distribución de esta violencia en nuestro país.

Este escenario persiste hoy a pesar de que desde hace más de seis años que el Estado colombiano ha hecho explícita su intención de vigilar, preve- nir, detectar y atender integral y oportunamente la todas las expresiones de violencia que alte- ran la democracia y el bienestar de las diversas maneras de conformación familiar de nuestro país mediante la formulación de la Política Haz Paz. Actualmente el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar es la instancia gubernamental encargada de dirigir los esfuerzos y acciones de esta política, y es esta instancia la encargada de

coordinar la ejecución del proyecto que enmarca esta propuesta.

Así las cosas, la familia colombiana se ha cons- tituido como principal escenario de múltiples violencias. Su visibilización ha ido aparecien- do, de una parte, porque a partir de 1990 Co- lombia cuenta con un registro estadístico para medir su ocurrencia (aunque no diligenciado cumplidamente por todas las entidades con competencia) y, de otra, por la prohibición de

la discriminación en razón del sexo, consagra-

da en la Constitución y la ley. En este contexto,

se ha ido extendiendo el cambio cultural de no aceptar conductas que lesionen la integridad física, psicológica y sexual de las mujeres, los niños y niñas en la familia (Roa, 2005).

A

pesar de lo anterior, diversas fuentes (INML

y

CF, ICBF, Profamilia) evidencian que:

Cada 8 minutos algún miembro familiar ha sido víctima de esta violencia. Teniendo en cuenta que en el 2002 se realizaron 64.979 dictámenes de violencia intrafamiliar, con una tasa de 184 casos por 100.000. Además de que durante el 2004 se realizaron 178 dictámenes diarios de lesiones personales por violencia intrafamiliar.

De las anteriores cifras, el 62% fueron vio- lencia conyugal, casi en su totalidad del compañero hacia la mujer (91%), lo que nos sugiere que cada 13 minutos una mujer es agredida físicamente por su compañero.

Otra fuente nos dice que el 47% de las mu- jeres en unión afirmó haber sido maltratado físicamente por su pareja 16 . Es decir, que una de cada dos es violentada por su com- pañero.

Igualmente, Medicina Legal nos informa que el 16% (10.400) de los dictámenes en ese año se debió a maltrato infantil. ICBF nos reporta 26.824 de estos casos durante el 2003, lo que podría indicar que cada 20 a 50 minutos un niño o niña entre 5 y 14 años son maltratados por sus padres o cuidadores. Casi el 70% de estos casos los cometieron estas dos figuras físicamente en su hogar.

Cada media hora una niña o un niño me- nor de 13 años es víctima de abuso sexual. Cada 40 minutos una niña y cada 3 horas un niño son víctimas de violencia sexual. No obstante, si nos basamos en que estos casos representarían quizás menos del 22% de los que puedan estar ocurriendo, enton- ces podríamos pensar que cada 9 minutos

16 Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) Profamilia. 2000.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

una niña y cada media hora un niño pue- den estar siendo víctimas de violencia sexual por algún allegado, en todo caso conocido. Qué decir de los niños, niñas y adolescentes que habitan zonas del conflic- to armado en donde la violencia sexual se valida como un acto de guerra.

Otros datos del ICBF reportan que más o menos cada 15 minutos se abren investiga- ciones para garantizar protección de meno- res, bien sea por maltrato y/o abandono. Un estudio que adelantó esa misma entidad en 1997 encontró que dos millones de padres admitieron maltratar a sus hijos.

Se estima que 85.079 años de vida saluda- ble (Avisa) se pierden a causa de este tipo de violencia.

Un reciente estudio afirma que los costos de la violencia intrafamiliar representan el 3,93% del PIB y que en los hogares en don- de hay algún tipo de violencia intrafamiliar el desempleo es 8% más alto que en ho- gares donde no hay este problema. Igual- mente, los hijos e hijas de estos hogares experimentan 0,5 años de atraso escolar cuando se comparan con aquellos niños de familias que no sufren violencia intrafami- liar 17 . (Sánchez F. y Ribero R., 2005).

En cuanto a la respuesta por parte de las insti- tuciones competentes, particularmente desde el sector de la salud, el panorama es poco alenta- dor. Diversos autores revisados mencionan que es poca la evolución en el ámbito mundial. Sobre todo porque existen pocas evaluaciones a inicia- tivas y programas que en el mundo abordan es- tas violencias. En ese sentido, se han identificado cuatro razones que explican los grandes vacíos que existen en torno a poder diseñar, replicar o aplicar programas para intervenirlas exitosa y oportunamente (Morrison, 2004).

1. Debido a que toda intervención a la vio- lencia requiere múltiples organizaciones, estrategias y sectores, a menudo dificul- ta la determinación de cuáles fueron las estrategias específicas que provocaron los cambios. Los enfoques más restrictivos han sido los más evaluados, quizás porque son más fáciles de evaluar, pero pueden ser menos eficaces (Chalk y King, 1998).

17 Universidad de los Andes (CEDE), Departamento Nacional de Planeación y Banco Interamericano de Desarrollo. Proyecto “Violencia en las Fami- lias Colombianas. Costos Socioeconómicos, Causas y Efectos”. Editorial Múnera. Bogotá, D.C. 2005. Pg. 37 y 38.

2. La definición y medición de los niveles de violencia intrafamiliar, específicamente contra la mujer, no han resultado ser una tarea sencilla (Campbell, 2000; Ellsberg, Heise et al., 2001).

3. Los programas “exitosos” de hecho pu- diera parecer que aumentan los niveles de violencia si se miden por el número de mujeres que informan tal violencia. Este “aumento en la violencia” es ilusorio en el sentido de que la incidencia implícita no ha cambiado, pero la mayor cantidad de casos informados puede tener con- secuencias reales para la Policía y otros proveedores de servicios.

4. Son muy pocas las evaluaciones que han medido los resultados de los programas durante un período largo y las evaluacio- nes que miden los efectos a corto plazo no pueden determinar si los cambios de actitud o de conducta se mantienen en el largo plazo.

El mismo autor a partir de la revisión de do-

cumentos del Banco Interamericano de Desa-

rrollo (Morrison y Biehl, 1999), la Organización Mundial de la Salud (Organización Mundial de la Salud, 2002), el Instituto Panos (Mirsky, 2003)

y USAID (Guedes, 2004; White, Greene y Mur-

phy, 2003) y teniendo como base el modelo ecológico para su abordaje 18 (Bronfenbrenner, 1977, Belsky 1980, Brown, 1995, IESE 1998, Moser 1999) analiza la respuesta del estado agrupando los hallazgos frente a cuatro líneas

de intervención: Legislativo y político, reformas de las instituciones competentes, intervencio- nes en el campo comunitario y estrategias para

el cambio de conductas individuales

A manera de cierre de esta sección y antes

de avanzar en aspectos conceptuales, técnicos

y normativos que propondremos para funda-

mentar las estrategias de intervención presen- taremos cinco mitos que infortunadamente han

servido para justificar muchas de las omisiones

y

respuestas erradas de muchos profesionales

e

instituciones que tienen competencia con

esta violencia. El siguiente cuadro resalta los

cinco mitos más comunes:

18 El “modelo ecológico”, utilizado por primera vez para explicar el desarrollo humano (Bronfenbrenner, 1977), ha sido empleado por los investigadores del tema de la violencia para esclarecer la compleja causalidad del maltrato infantil (Belsky, 1980), el hostigamiento sexual (Brown, 1995) y la violencia doméstica (Heise, 1998). El modelo ecológico es un marco de múltiples niveles que incorpora factores tanto individuales (biofísicos, psicológicos y sociales) como externos, todos los cuales actúan sobre el individuo.

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

Mito 1: La violencia intrafamiliar solo afecta a las mujeres pobres, ignorantes, desempleadas y sin profesión o estudios

 

No. Aunque las mujeres constituyen el mayor

porcentaje de víctimas de violencia conyugal,

hay hombres afectados también. Así mismo las mujeres víctimas de esta violencia pueden

estar ocupando altos cargos, tener altos niveles de estudios universitarios y vivir en excelentes condiciones socioeconómicas, como pueden estar en condiciones opuestas a estas. Sin embargo,

las mujeres en condiciones adversas y desventajas socioeconómicas están sobrerrepresentadas

en las estadísticas. Quizás esto ocurra porque estas mujeres acuden a servicios de salud pública cuya naturaleza obliga a reportar todo caso, mientras que las mujeres de estratos altos acuden

servicios de salud privados en donde es posible manejar estos casos confidencialmente y no se reportan.

a

Mito 2: Las víctimas de VIF provocan y se merecen esos tratos por parte de sus parejas íntimas

 
 

Esta es una táctica que efectivamente usan los agresores, cual es la de convencer a sus víctimas de que ellas son las causantes y culpables de su comportamiento violento. Este tipo de acusaciones le facilitan más el camino al victimario y validan aun más esta violencia cuando no solo él sino

otras personas expresan que la víctima se merecía el castigo. Es por esto que muchas de estas víctimas se callan, permanecen y aguantan el abuso porque asumen que el abuso es por su culpa

y

se lo merecen. Más aun: muchas de estas víctimas tratan de cambiar sus comportamientos

para “evitar el maltrato y la agresión”. Lo que resulta en decisiones y actos infructuosos puesto

que el único responsable y capaz de modificar su conducta y terminar el abuso es el agresor.

Mito 3: Las víctimas de VIF salen de una relación abusiva a otra, sucesivamente:

 

Aunque más o menos una tercera parte de las víctimas de VIF sufre más de una relación de

 

abuso, la mayoría de estas no busca ni tiene múltiples compañeros abusadores. Las personas que han sufrido VIF en su infancia son las que tienen mayor riesgo de presentar este patrón.

Mito 4: Las víctimas de VIF tienen muy baja autoautoestima y presentan problemas psicológicos

 

La creencia es que las víctimas se aguantan y

les ocurre este fenómeno porque son enfermas se cree que las víctimas no permitirían que el

y

tienen muy baja autoestima. De lo contrario,

 

abuso se mantuviera o progresara. Sin embargo, los hechos evidencian que estas personas generalmente no tienen previamente problemas, pero que la baja autoestima resulta de no intervenir oportunamente causas o problemas que la afectan como depresión o victimización de estos maltratos o violencias. Más aun, las investigaciones han demostrado poca relación entre la preexistencia de baja autoestima como factor para iniciar o involucrarse en relaciones abusivas. Lo que sí se ha evidenciado es la baja autoestima como consecuencia del abuso, favoreciendo que se sientan incapaces de abandonar y permanecer sumisamente en la relación como consecuencia

de que son constantemente humilladas, criticadas, irrespetadas, insultadas y degradadas por los agresores o victimarios.

Mito 5: Las víctimas de VIF son débiles y siempre están llamando la atención para que las ayuden, les gusta ser víctimas:

 
 

Es impredecible; algunas son pasivas e inseguras mientras que otras son muy asertivas. Unas

buscan activamente ayuda. Otras rechazan todo tipo de ayuda o intervención. Es muy variable

y

depende de situaciones y características particulares en cada caso. Unas de las razones es no

sentirse preparadas para abandonar al compañero, temor a que las maten, desconfianza de otras personas que ya les han fallado en el pasado.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

1.2.

MARCO CONCEPTUAL PARA LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR DESDE UN MARCO INTEGRAL DE LA VIOLENCIA EN GENERAL:

todo de perspectivas unidisciplinarias aplica- das en un sector, bien sea justicia penal, salud, bienestar social y desarrollo comunitario. Estos esfuerzos logran éxito relativo al originarse de concepciones fragmentadas a veces simplistas que carecen de un marco integrador de todos estos saberes, dimensiones y aspectos. En consecuencia, la formulación de políticas, el diseño de programas y desarrollo de estrate- gias para enfrentar estos problemas no son su- ficientes para mitigar los efectos de la violencia en las vidas de quienes las padecen.

Definición y modelos para abordar la violencia desde causalidad:

Varias instituciones han ido aportando saberes que han permitido construir un marco integral que permita comprender y abordar tanto sus manifestaciones como causas e impactos. Sin embargo, dichos esfuerzos provienen más que

 

El siguiente cuadro 19 ejemplifica las perspectivas desde las distintas disciplinas:

 
 

Perspectivas de la causalidad de la violencia desde diferentes disciplinas

 

Las Ciencias Biomédicas exploran la función de los factores biológicos –los mecanismos endocrinológicos, neurotransmisores y receptores, la nutrición y los pro- cesos de envejecimiento– para explicar, por ejemplo, el predominio de la perpetuación de la violencia entre los hombres y los jóvenes.

Las Ciencias Políticas se centran en las explicaciones estructurales de la violencia, que identifican causas de amplio espectro de índole social, política y económica –tales como la pobreza o la falta de oportunidades– que funcionan independientes de la percepción humana. Según esta perspectiva, la violencia y otros comporta- mientos “ilegítimos” se dan cuando a las personas se les despoja de los medios y recursos “legítimos” para lograr las metas que son culturalmente valiosas para ellas.

La Criminología se dedica al desestímulo como medio principal para controlar el comportamiento violento. El castigo –incluyendo la humillación, el encarcelamiento o la ejecución– son mecanismos de control primarios:

es discutible concebir que los efectos demostrativos de las tasas de condenas y encarcelamiento sean tan importantes como los efectos directos del castigo a los infractores.

La Psicología hace énfasis en dos explicaciones prin- cipales del comportamiento violento. La primera de estas es la teoría del desarrollo, en la cual se cree que la violencia es el resultado de la falta de una relación amorosa entre padres e hijos, de experiencias de maltrato o de castigos excesivos en la infancia como también de una escasez de experiencias que refuercen las relaciones del niño, mitiguen las frustraciones y fo- menten la aplicación de controles internos flexibles. La segunda explicación es la teoría del aprendizaje social, el cual postula que la conducta, incluso la violenta, se aprende a través de la imitación de modelos, y se re- fuerza con premios y castigos recibidos al interactuar con los demás.

La Sociología interpreta la conducta violenta como un subproducto de las normas y valores que se transmi- ten de generación en generación. Ciertos subgrupos muestran mayores tasas de violencia que otros, debi- do a que participan de una subcultura que se rige por

normas más violentas. Dentro de esta disciplina el en- foque interactivo estudia la secuencia de acciones que permite que un conflicto llegue a derivar en violencia

La Economía se basa en la teoría de la elección racio- nal, según la cual las decisiones de dedicarse a las ac- tividades delincuenciales se basan en consideraciones de costos (posibles) y beneficios (por lo general, re- presentados en una ganancia financiera). Una persona comete un delito porque cree que el resultado de ello le produce un mayor valor que el de otras actividades en las que podría invertir tiempo y recursos. Ciertas personas realizan asaltos no porque sus motivaciones sean diferentes de las de los demás, sino porque su percepción de los beneficios y costos difiere de la de otras personas.

La Epidemiología recalca la prevención de la violen- cia mediante la identificación de los factores de riesgo individual y los factores de protección, que indican qué personas son más propensas a ser agresoras o vícti- mas de la violencia. Como base de este enfoque actúa la premisa de que la modificación del comportamiento y/o la manipulación del medio ambiente pueden miti-

 

el proceso por medio del cual ocurre la violencia de

 

y

gar los factores de riesgo y aumentar los factores de protección.

la

agresión.

 

19 Caroline Moser, Documento de Trabajo No. 2 de LCR sobre Desarrollo Sostenible, Serie Programa de Paz Urbana: Marco Conceptual para la Reducción de la Violencia; Banco Mundial Región de América Latina y el Caribe; Dirección Sectorial para el Desarrollo Social y Ecológicamente Sostenible, 1999

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

Es así como diferentes disciplinas académi-

cas y profesionales fracasan en el intento de formular definiciones que resultan disímiles

y con poca claridad para aplicarlas ante con-

textos complejos en donde muchos factores, manifestaciones y causas ocurren simultánea- mente. De esta manera, aunque hay muchas actividades relacionadas con proyectos para prevenir o intervenir la violencia, no ha sido

fácil lograr se articulen y se enriquezcan entre

para tejer un gran movimiento social de cara

a

transformar la realidad. En la región y el país

la

sistematización de las distintas experiencias

es escasa y la información fragmentada impide conocer acerca de cómo políticas, investigacio- nes o intervenciones están o no contribuyendo. Un ejemplo de lo anterior es el problema del género que solo se contempla dentro del tema de la violencia familiar. Peor aún, las agencias donantes y las instituciones dedicadas a la in- vestigación tienden a girar alrededor de estos fundamentos históricos, perpetuándose así una desarticulación entre “violencia y desarrollo”.

Por lo anterior, este documento ofrece un mar- co conceptual integral de donde es importante que partan las propuestas de intervención de

la violencia intrafamiliar.

Para empezar se debe establecer claridad con- ceptual entre agresividad y acto violento, en tanto que lo primero no necesariamente requie- re ser prevenido al no traspasar el límite del derecho. La agresión delimita la intervención de la violencia sin vulnerar e irrespetar lo más fundamental de todo sujeto como son sus dere- chos. En este sentido, la agresividad “sirve para definir el territorio de cada uno y hacer valer su derecho” (Sampson, 2000), mientras que la violencia es definida como “todo atentado a la integridad física y psíquica del individuo acom- pañado de un sentimiento de coerción y peli- gro”, al punto que rompe todo límite del propio territorio y el del otro, invade esos límites del

“otro” y hace confusa la relación entre lo propio

y lo ajeno (Sánchez y cols. 2004 20 ). La violencia

se origina en una disposición específicamente humana para la agresividad. Esta agresividad básica es inherente a, y constitutiva de, la con- dición humana, mas no de la naturaleza. Es

20

Rosa Elba Sánchez y cols. Documento de propiedad del Ministerio de Protección Social en informe final del convenio 0270, celebrado entre MPS-Universidad Nacional, diciembre 2004.

condición en tanto se origina de lo imaginario y se adquiere a través de la interacción del sujeto con los demás humanos e instituciones, lo que la hace un fenómeno social, siendo el orden simbólico cultural el que se encarga de la “regulación” de la agresividad, haciendo posible o no un desbalance hacia la agresión o la violencia (Sampson, 2000).

Una vez establecida esta primera diferenciación se pasará a categorizar la violencia. Han sido autores colombianos pioneros en distinguir cate- gorías de la violencia. Lo primero fue distinguir la violencia rural de la urbana para tratar los tipos de violencia que por lo general se limitaban, en ese entonces, geográficamente (Deas, 1998). Posteriormente agregaron categorizaciones más específicas para distinguir la violencia que ocurre en entornos privados (como la violencia en la casa) de la violencia en el espacio público (la violencia callejera) (Jimeno y Roldán, 1996). Más adelante definieron otra dicotomía entre la violencia “política” y la “no política” (o “social”) con una tendencia a dar énfasis a la violencia política y redujeron el estudio de la violencia no política (Guzmán, Camacho, 1990). El re- conocimiento del predominio y complejidad de la violencia no política ha hecho de esta dicoto- mía algo demasiado simplista. Los expertos en violencia (“violentólogos”) hoy suelen distinguir entre violencia “política, delincuencial e inter- personal” (Rozenthal, 1998) o entre “violencia política, delictiva y social” (Chemick, 1998). Sin embargo, estas tipologías carecen de una co- herencia conceptual y no reconocen los papeles desempeñados por los actores sociales que em- plean la violencia para lograr un objetivo ni las motivaciones que los animan.

Otras categorizaciones latinoamericanas de la violencia comprenden la violencia “política, eco- nómica e intrafamiliar” (Carrión, 1994), la dis- tinción del Banco Interamericano de Desarrollo entre violencia delincuencial y social al nivel del individuo, del hogar y de la comunidad (Buvinic, Morrison y Shifter, 1998) y el reciente trabajo rea- lizado por sociólogos brasileños sobre la violencia institucional, que se centra en el papel de los “ac- tores sociales” que buscan perpetuar la violencia para mantener su poder (Pinheiro, 1998).

Con el fin de proponer una categorización de la violencia lo suficientemente amplia e integral de cara a precisar un marco para comprender las manifestaciones, causas y efectos de la vio- lencia, se recomienda la siguiente categoriza-

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

ción que adopta las de varios autores (Carrión, 1995, Moser (1999):

Violencia Política: Definida como la co- misión de actos violentos motivada por un deseo, consciente o inconsciente, de obte- ner o mantener el poder político. Provienen, por ejemplo, de agentes organizados que buscan modificar, sustituir o desestabilizar la institucionalidad estatal vigente (guerri- lla, paramilitares), o de aquellas situaciones que restringen la legitimidad y la represen- tación y la participación de la población (pa- ros cívicos). Otras de sus manifestaciones comunes, aparte del conflicto con los gru- pos armados ilegalmente, son las desapari- ciones, torturas, asesinatos y persecuciones políticas, conflicto armado entre partidos políticos y las guerras civiles. Puede ser desde el Estado o desde segmentos de la población.

Violencia Económica: Definida como la comisión de actos violentos, motivada por un deseo, consciente o inconsciente, de ob- tener ganancias económicas o de mantener el poder económico. Entre las manifestacio- nes comunes de este tipo de violencia se encuentran los delitos callejeros, el robo de vehículos, robos y hurtos, el narcotráfico, el desplazamiento forzado para adquirir las propiedades, tierras y bienes materiales, secuestros y asaltos relacionados, perpe- trados durante la comisión de delitos eco- nómicos, los desfalcos y robos al erario y bienes públicos por parte de funcionarios. Más que todo surge, por ejemplo, de los mercados ilegales como escenario social donde se comercian armas, drogas ilícitas, sexo, artículos robados o se generalizan la industria del secuestro o del sicariato 21 . Pero también está el producto de la polarización socioeconómica. Por esta vía mercantil se puede aseverar que se han formado verda- deras empresas transnacionales del delito, siendo las que más peso tienen las referidas al narcotráfico. Pero tampoco se pueden descartar las que tienen que ver con asaltos de bancos, robos de carros, depredación del patrimonio cultural.

21 “Ellos, por lo general, a) recurren a la violencia (extorsión, sometimiento, silenciamiento, asesinato) para ser exitosos; b) reemplazan los símbolos de estatus social por valores materiales que de manera eventual son fuentes de disputas y más violencia; c) este nuevo clima de disputas y violencia conduce a establecer “reglas de juego” que desarticulan la sociedad y la transforman en paradigmas de violencia; d) como alterna- tiva, la “otra sociedad” no envuelta en mercados ilegales, recurre a las armas para defensa propia y aumenta los riesgos de sucesos violentos.” (Echeverri).

Violencia Social: Entendida como la comi- sión de actos violentos, motivada por el de- seo, consciente o inconsciente, de obtener ganancias sociales o de obtener o mantener el poder social. Su principal manifestación es la violencia interpersonal. Es por ello que particularmente aquí se ha inscrito la violen- cia de género y sexual, entre la categoría de la violencia intrafamiliar y entre las disputas por la pérdida de control social. Carrión di- vide esta violencia en dos subcategorías:

Violencias intrafamiliares que se ma- nifiestan por las condiciones culturales, las relaciones asimétricas, la composición demográfica, entre otras cuestiones, al interior de un núcleo familiar que tiene un cambio y dinámicas aceleradas.

Violencias comunes que llevan a ero- sionar la ciudadanía, se caracterizan por ser difusas y por provenir de múltiples causas.

Sin duda que estos conjuntos de violencias ac- túan interrelacionadamente sin que se exprese alguna de ellas de manera pura, lo cual hace que sea más complicado conocer y entenderlas. Así y todo, se podría decir, gracias a la evidencia em- pírica recogida por algunos trabajos (Guzmán, 1993; Oviedo, 1993; Del Mastro & Sánchez-León, 1993), que tienen como denominador común un rostro dominante de la violencia.

Partiendo de esta primera propuesta de cate- goría de la violencia, se ilustran dos modelos ampliamente reconocidos por expertos en estos temas. Dichos modelos son adapta- ciones del modelo originalmente planteado en 1977 por Bronfehbrenner para explicar el desarrollo humano planteado como modelo ecológico por la Oficina Panamericana de la Salud (OPS) y modelo integral para explicar la casualidad de la violencia de Moser y Van Bronkhorst 1999.

En la figura 1 se resume el modelo de Moser en el cual identifica cuatro niveles diferentes de la causalidad de la violencia: el estructu- ral, el institucional, el interpersonal y el indi- vidual. Ambos modelos reconocen el papel de mutuo refuerzo que juegan los diversos fac- tores a diferentes niveles de causalidad. Las aplicaciones de estos modelos no se reducen necesariamente a una sola manifestación de violencia ni deben concentrarse primordial- mente en factores de incentivación o de riesgo para la victimización o la consumación de la

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

violencia. Por ejemplo, la violencia contra las mujeres es otro ejemplo cuyas causas y mo- tivaciones esenciales deben ser tratadas (Gó- mez, 1993, O´Campo, 1995, Windom 1989, Velzeboer, 2003). Si bien la independencia económica a través de la creación de trabajo puede ayudar a algunas mujeres maltratadas, solo con brindar ayudas económicas no ataca la causa primordial de esta violencia, cual es la subordinación del género por razones sociales (Meertens, Escobar 1996, Brown, 1995, CDC, 2003). Esta disparidad explica por qué muchas mujeres maltratadas se ubican en clases so-

cioeconómicas en donde cuentan con empleo y educación.

En la figura 2 se describe la aplicación del Modelo Ecológico de la OPS con respecto a la violencia de género y sexual. Dicho “modelo ecológico” busca demostrar que, aunque no hay ningún nivel ni causa única que determine o explique enteramente la violencia, cuando se combina con una o más variables causales adicionales puede provocar una situación en la que se presenta algún incidente de violencia 22 (ver figuras a continuación).

Figura 2: La siguiente figura resume el modelo más aceptado (modelo ecológico OPS) para abordar
Figura 2: La siguiente figura resume el modelo más aceptado (modelo ecológico OPS)
para abordar integralmente la violencia conyugal o doméstica:
RELACIONES
-
Conflicto marital
SOCIEDADES
-
- Normas que avalan control
del hombre sobre comporta-
miento de mujeres.
Toma de decisión y poder
de todos los asuntos de la
familia a cargo del hombre. INDIVIDUALES PARA
AGRESORES
- Aceptación de violencia
como vía efectiva de resolu-
ción de conflictos.
COMUNIDAD
- Ser varón
- Testigo VIF en infancia
- Pobreza,
marginali-
dad, desempleo
- Noción de condición de mas-
culinidad indispensable para
dominar, conservar el honor
y ser agresivos.
- Padre ausente o negli-
gente
- Vínculos con delin-
cuencia
- Historia de maltrato in-
fantil
- Ausencia de capital
social, aislamiento
de las mujeres
- Consumo de alcohol
MODELO ECOLÓGICO DE FACTORES ASOCIADOS CON VIOLENCIA CONYUGAL
E INTRAFAMILIAR

Figura 1: El modelo integrado de Moser es lo bastante flexible como para identificar los aspectos predeterminantes de la violencia política, económica y social sin reducir el análisis a la evaluación de una sola causa de un solo tipo de violencia:

Institucional: Estructural: Instituciones formales Estructura política, al econó- informales, junto con el e
Institucional:
Estructural:
Instituciones
formales
Estructura
política,
al econó-
informales,
junto
con
el e
mica
social
como
capital
la
social
que
se
re-
política
ambiental
laciona
nivel
con
estas,
en
los
macro
y incluidas
así creencias
lugares
de
de
en-
y trabajo, los
opiniones
y
normas
cuentro
cul-
e y intercambio
so-
turales
propagadas
cial
en
la
y cultural,
en
barrios,
sociedad.
comunidades,
las
redes
sociales
grupos
de
identidad
en
los
que
se
entrelazan
tejen
las
rela-
ciones
interpersonales
Individual:
historia
personal
su
constitución
factores
La biofísica; ontogenéticos que y y generadoras
del
desarrollo
del
sujeto
como
su
personalidad
todos
aspectos
a individuales aquellos
subjetivos
y
objetivos
conforman
la
respuesta
situaciones
de
tensión
conflicto
con
los
demás
sujetos
y
y instituciones.
con
las
Interpersonal:
Contexto
inmediato
el
que
tiene
lugar
la en
violencia;
interacciones
entre
personas,
los las
factores
circunstanciales
que
involucran
la
familia,
a relaciones
el
hogar,
las
más
cercanas
e
intimas
y
las
amistades
hogar, las más cercanas e intimas y las amistades 2 2 El “modelo ecológico”, utilizado por
hogar, las más cercanas e intimas y las amistades 2 2 El “modelo ecológico”, utilizado por

22

El “modelo ecológico”, utilizado por primera vez para explicar el desarro- llo humano (Bronfenbrenner, 1977), ha sido empleado por los investiga- dores del tema de la violencia para esclarecer la compleja causalidad del maltrato infantil (Belsky, 1980), el hostigamiento sexual (Brown, 1995)

y la violencia doméstica (Heise, 1998). El modelo ecológico es un marco de múltiples niveles que incorpora factores tanto individuales (biofísicos, psicológicos y sociales) como externos, todos los cuales actúan sobre el individuo.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

Al mantener en perspectiva este enfoque que proponen los modelos es posible superar dos vertientes que tradicional e históricamente han orientado las intervenciones: Una, inscrita en una política de Estado hoy dominante que propone el control y prevención de la violencia vía represión y exclusión de algunos grupos a programas y servicios privatizados, en tanto fundamenta la concepción como un problema de “individuos que exhiben conductas desvia- das e inapropiadas” y, la otra, como seguridad ciudadana que se inscribe en una relación so- ciedad-Estado que, a la par que enfrenta al he- cho delictivo, busca construir ciudadanía, for- talecer instituciones y servicios que procesen los conflictos democráticamente en la medida que trasciende la visión individualista y con- ductista hacia un problema fundamentalmente estructural y cultural que afecta y convoca a toda la sociedad en pleno.

La primera asume el control de la violencia desde una óptica inscrita en los marcos de la seguridad nacional y del Estado. En este caso no hay una diferenciación, por ejemplo, entre el acto de violencia política con el de violencia común o de narcotráfico, porque indistinta- mente todas las violencias socavan las bases de la convivencia de la sociedad y del Estado, en tanto afectan la propiedad privada, rompen las reglas del mercado e ilegitiman la acción estatal.

La violencia es un fenómeno histórico que se relaciona con condiciones sociales parti- culares. Explicar su etiología solo por carac- terísticas individuales de origen biológico o psicológico reduce su esencia y desdibuja los efectos del proceso interactivo entre indivi- duos y entre estos y sus ambientes sociales concretos. La razón de la violencia hay que encontrarla en el cruce de factores vulnera- dores y protectores del individuo, las institu- ciones y la sociedad.

Las condiciones de hacinamiento, desnutri- ción, desempleo y deterioro de la familia que imponen la desigualdad y la pobreza propi- cian, en gran medida, el desarrollo de patro- nes de conducta agresivos para la resolución de conflictos familiares y comunitarios. Las frustraciones derivadas de la lucha por la su- pervivencia en situaciones de desigualdad y marginalidad constituyen factores promove- dores de comportamientos agresivos. De otra

parte, el mantenimiento de estas condiciones de asimetría implica el ejercicio de la violen- cia. Frente al debilitamiento de los aparatos de justicia y control legal y ante la persistencia de condicionantes sociales pueden generarse o reforzarse culturas de violencia que legitiman la fuerza como medio para resolver frustracio- nes, desaveniencias y conflictos.

Así mismo, la violencia se expresa tanto en escenarios de la vida privada como pública, en las relaciones entre ciudadanos y entre estos y sus Estados. Amenaza así tanto la construcción como la consolidación de regímenes democrá- ticos y de procesos sociales de democratiza- ción de las respectivas sociedades.

En muchas regiones y ciudades del hemisferio se viven o se han vivido conflictos armados durante los cuales la violencia ha sido asumida como un modo de actuar cotidiano y de super- vivencia. Esto ha desensibilizado el valor de la vida y el respeto mutuo, tanto en las autorida- des como en la población civil, inclusive entre los niños y jóvenes que, criados en esa cultura, la adquieren como normal.

Una característica singular de la violencia es su capacidad para multiplicarse y expandir sus dinámicas y consecuencias. Algunos ámbitos sociales pueden actuar como matrices donde se propagan sus formas y efectos. La familia puede obrar alternativamente como reproduc- tora de culturas de convivencia o de violencia según los resortes que se activen. La violencia que se ejerce sobre hombres en contextos so- ciales amplios suele trasladarse a las relaciones de la vida privada y las de familia, y sustentar agresiones contra las mujeres, los niños y los ancianos, principalmente. Esto ilustra cómo la violencia constituye un síndrome complejo que integra diferentes formas de agresión y afecta diferentes grupos sociales.

En el caso particular de la mujer, algunos patro- nes culturales han dado lugar a que se tolere, disculpe, e inclusive se estimule, el maltrato de la mujer por parte del varón. Las respuestas violentas pueden ser inducidas por efecto de la agresión física, verbal o simbólica que ocurra en el interior de las familias, las escuelas o la comunidad.

La permisividad y laxitud frente a la posesión de armas de fuego, el abuso del alcohol y otras substancias, y la propagación indiscrimi-

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

nada de episodios de violencia en los medios de comunicación masiva, contribuyen –entre muchos otros factores– a generar, mantener o reforzar comportamientos violentos.

Los elementos señalados constituyen sólo una muestra de los muchos factores asociados con la violencia y que reafirman su etiología plu- ricausal. Esta se exhibe de múltiples formas, asumiendo configuraciones diversas en los diferentes períodos de la historia de cada so- ciedad. Además, no termina con la suspensión de sus manifestaciones externas. Las secuelas se prolongan en el tiempo por cuanto forman parte de procesos que se ramifican si no se detienen.

Impacto de la violencia 23 :

Aunque existen numerosos estudios que han intentado estimar los costos directos de la vio- lencia, no ha sido posible hallar una fórmula ni el método que nos permita saber con exacti- tud los recursos y el capital que hemos perdido con la violencia. Recientemente en Colombia se publicó un estudio que reporta que la sola violencia intrafamiliar puede representar el 3,93% del producto interno bruto de nuestro país. Qué decir de lo que representarían to- das las violencias como carga para nuestro ya limitado presupuesto nacional. Quizás sean recursos que podrían haber sido destinados en el sector social para garantizar un desarrollo del capital humano de nuestro país como, por ejemplo, educación y cumplimiento de todos los derechos de niños y niñas que se derivan para atender la gran carga de asistencia de ur- gencias que ocasiona la violencia.

Si bien poder conocer con exactitud costos de la violencia es un aspecto crucial, la evalua- ción de los impactos de la violencia en diversas capitales de un país, es decir, en su cúmulo de activos económicos, culturales y sociales como las redes de apoyo y solidaridad que se van tejiendo entre sus habitantes. Todo esto es imprescindible evaluar para facilitar una mejor comprensión del verdadero precio que pagamos por la violencia. Mientras más ero-

23 Esta sesión de este capítulo tiene apartes que aparecen en el módulo Violencia Sexual y Explotación Sexual Comercial Infantil, elaborado por la autora de este documento, para el proyecto del Fondo Global “Cons- trucción de una respuesta intersectorial en salud sexual y reproductiva, con énfasis en prevención y atención a las ITS-VIH-SIDA, con jóvenes y adolescentes residentes de comunidades receptoras de población despla- zada en Colombia”, UNICEF, UNFPA, OIM, Bogotá

sionados se encuentren todos estos capitales o recursos, como ocurre con las personas, familias y comunidades en situación de desplazamiento entre otras situaciones de exclusión obligándolas a marginarse sin acceder a servicios, programas y di- námicas de producción formal de la so- ciedad, mayor será su vulnerabilidad y fragi- lidad para defenderse y evitar ser víctimas de estas violencias. Esta sesión pretende distin- guir cuatro tipos de capital (activos, acervos, patrimonios) que se afectan severamente por la violencia 24 :

Capital físico: Se refiere a los recursos fi- nancieros, industriales y físicos como torres eléctricas, acueductos, vías, aeropuertos, instalaciones petroleras, puestos de policía, casas, hospitales y montos del PNB o PIB que se “derivan o gastan” para atender sus consecuencias.

Capital humano: Implica todos los aspectos que brindan la oportunidad y generan las condiciones necesarias para que las perso- nas progresen y se desarrollen digna y sa- ludablemente, especialmente en cuanto a la educación, la salud y la protección.

Capital natural: Se refiere al ambiente y los recursos naturales de la comunidad, como

el

petróleo, el agua, el clima, la topografía

y

geografía, que finalmente terminan ne-

gativamente afectados ante situaciones de violencia sin control.

Capital social: Patrimonio que tiene que ver con las redes de apoyo en donde las per- sonas se agrupan y fortalecen para que se les suplan sus necesidades y puedan acce- der a recursos, oportunidades, servicios e instituciones para mantener calidad de vida

y lograr su bienestar. El capital social es

importante por su reconocida contribución al desarrollo sostenible y debido tanto al tamaño como a la densidad de las redes e instituciones sociales, así como a que la na- turaleza de las interacciones interpersonales afecta de manera significativa la eficacia y sostenibilidad de los procesos de desarrollo (Putnam, 1993). La violencia erosiona el ca- pital social cuando reduce la confianza y la cooperación de las organizaciones sociales

24 Esta parte se basa en trabajos recientes sobre el desarrollo sostenible en lo económico, ambiental y social (Serageldin y Steer, 1994; Serageldin, 1996) así como en el marco de la vulnerabilidad de los recursos (Moser, 1996, 1998).

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

formales e informales, así como entre sus miembros, lo cual es crucial para el funcio- namiento de una sociedad (Moser, 1998; Moser y Holland, 1997). En este punto, se quiere resaltar lo relacionado con lo que la violencia ocasiona en el capital social in- formal que con esmero las comunidades, vecinos y familias van consolidando. En este sentido, la capacidad de funcionamiento de estas organizaciones al nivel comunitario depende de los niveles de cohesión inte- rior y de la capacidad de congregar a sus miembros a escala local, aspecto que gira alrededor de la seguridad personal y de la posibilidad de delimitar, apropiar y cuidar su territorio y corporalidad. La violencia sostenida suele reducir sistemáticamente la confianza mutua de los vecinos y las comu- nidades. Se suelen presentar mayores nive- les de participación en los grupos de acción comunitaria de las zonas menos violentas, y menores niveles en las más violentas. En esas comunidades en donde se van instalan- do impunemente todas las manifestaciones de violencia, donde la ausencia de apoyo, respaldo y protección por parte de la socie- dad y el Estado es la principal violencia, se va instaurando un clima cultural en el que la violencia y la delincuencia se constituyen en norma. Más aun: la violencia va contribu- yendo a crear una especie de capital social “perverso”, en donde un grupo de manera violenta se “adueña” de todo el capital, el poder y control de la comunidad.

El Capital Social de la familia: En cuanto al interior del hogar, la violencia erosiona el capital social del hogar al reducir la capaci- dad de estos hogares para funcionar en for- ma efectiva como una unidad consolidada.

Es así como, en las comunidades afectadas por conflictos armados, pobreza y margina-

lidad, muchas mujeres reconocen que hay un vínculo directo entre el desempleo mas- culino, el abuso de bebidas embriagantes

y el aumento de la violencia intrafamiliar. Los miembros de la familia –tanto hombres

como mujeres– están sometidos a una po- sición muy vulnerable cuando las comuni-

dades son desplazadas por la violencia. Por

lo general, las mujeres son más vulnerables

que los hombres en el momento de la ex- pulsión de sus viviendas, al verse expues- tas a la pérdida y a la separación de sus hogares. Los hombres parecen estar mejor adaptados para enfrentarse a dichas situa- ciones, pero ocurre exactamente lo contra- rio cuando las familias desplazadas vuelven a reestructurar su vida. Entonces el impacto es mayor para los hombres, quienes se ven afectados por el desempleo y experimentan una pérdida de su calidad de proveedores del sustento familiar al igual que una rup- tura de su sentimiento de masculinidad. En cambio, las mujeres parecen estar mejor preparadas para desarrollar redes de apo- yo que les permitan continuar sus rutinas de supervivencia diaria y encontrar nuevas formas de obtener su sustento, de crear un capital social, no con otras mujeres de ori- gen común, sino con aquellas con quienes comparten la misma experiencia del despla- zamiento 25 .

Para concluir esta primera parte, ofrece un marco integral bajo el cual es importante en- marcar todo esfuerzo para comprender los diferentes tipos de violencia, al igual que las estrategias que se diseñen para abordarla.

25 Ver Meertens y Segura Escobar (1996).

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

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Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

SeGuNDa

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PaRTe

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a

y

2. VIOLENCIA

INTRAFAMILIAR:

D urante décadas, la violencia intrafamiliar (en adelante VIF, en este documento) fue considerada un asunto que sólo afecta-

tanto, importaba a las mujeres 26 , por ende este

término pertenecía

gracias al esfuerzo persistente en la esfera social, cultural y política de este movimiento feminista, se reconoce que es un problema de salud pública en el que intervienen asuntos económicos, sociales, políticos

y humanos que, al

un discurso de grupos feministas. Hoy en día,

ba y, por lo

igual que a las mujeres, impacta a todos los de-

más grupos poblacionales, sectores, instituciones y estructuras de la

sociedad. Tanto las

ejercen un rol agresores o victimarios como los espectadores o testigos de estas violencias sufren quizás por igual consecuencias significativas

y

personas que sufren la victimización, aquellas que

dramáticas en sus vidas (Schechter y Edleson, 1999) 27 .

Para hablar sobre el

tema de violencia intrafamiliar en Colombia es

importante conocer algunas definiciones y evoluciones que han ocu-

rrido en torno a la trabajo de Rubiano

familia. Roa y colaboradores (2005) 28 acuden al

Zamudio (1991) para definir a la familia como

“una institución social y económica, compuesta por un grupo primario

de personas unidas

de procreación) o de

por lazos de parentesco (familia de origen o familia

amistad, que cumple funciones de reproducción

generacional y de reproducción cotidiana de la capacidad de trabajo de los individuos y la transmisión de valores, normas y creencias. La fa-

milia es el centro de la

relación de pareja, y el escenario por excelencia

de la crianza, socialización de los hijos y transmisión de los valores que van a formar la personalidad de los menores” 29 .

Según esta autora, diversas investigaciones sobre la familia colombiana dan cuenta de la heterogeneidad de esta institución con respecto a la

26 Es importante aclarar que la violencia intrafamiliar inicialmente se refirió únicamente a la violencia conyugal que generalmente afectaba a la mujer, por lo que tradicionalmente se usaba más frecuentemente el término “violencia doméstica” hoy ampliamente debatido.

27 Schechter Susan y Edleson

J., 1999. en “Effective Interventions in Woman Battering and Child Maltreatment

Practice: Recommendations from the National Council of Juvenile and Family

Cases: Guidelines for Policy and

Court Judges, Family Violence

sobre familia y violencias que la afectan provienen de Roa M. y cols., en Docu-

mento informe final de consultoría para “elaborar un marco conceptual de la violencia intrafamiliar” de propiedad

Department”, documento PDF.

28 La mayoría del marco conceptual

del UNFPA, abril de 2005, sin publicación, que a su vez cita a Rubiano y Zamudio, ver igualmente nota # 17.

29 Universidad Externado de Colombia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, “Conflicto y violencia intrafamil-

iar”, Sigma Editores, 2003,

P. 26 y ss.

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

forma como se definen y representan la pater- nidad y la maternidad. En la Colonia, a pesar de que se trató de imponer el imaginario de un estilo de ser padre o madre derivado de la fami- lia española de la época, “modelo monogámico, indisoluble, sacramental y patriarcal, reforzado según los patrones de la iglesia Católica” 30 pre- dominaron diversos tipos de familias. Lo que según Roa y colaboradores sugieren que “a la mentalidad colonizadora no se integraron de manera incondicional los nativos, sino persistió un fuerte ancestro indígena que produjo formas de mestizaje con los españoles, mientras otros grupos mantuvieron su autonomía. También el tráfico de esclavos africanos dejó un legado cul- tural que se sumó a la constitución de formas de familias diferenciales”.

Es así como la configuración de la familia tam- bién ha venido teniendo transformaciones en los últimos 30 años. Las estadísticas muestran que hoy en día las uniones de hecho se han aumentado y se ubican por encima del matri- monio católico o de otro rito religioso o civil 31 . Paralelamente, se han triplicado las separacio- nes conyugales, dando lugar a nuevas uniones de hecho o nuevos matrimonios 32 . De este modo, las familias pueden configurarse de for- ma nuclear (padre o madre o ambos, con o sin hijos), extendidas (padre o madre o ambos, con o sin hijos y otros parientes) y compuestas (padre o madre o ambos, con o sin hijos, con o sin otros parientes y otros no parientes). Sin mayor profundización en este tema y con el ánimo de facilitar a los profesionales de salud elementos para que estructuren un concepto de familia sobre el cual han de trabajar, se po- dría resumir que:

Como perspectiva para abordar la familia se concluye que es una institución que se recompone y redefine constantemen- te. La coexistencia de diferentes formas y estructuras (heterogeneidad y forma de estructura y organización es una caracterís- tica muy particular de Colombia), presente desde tiempos de la colonia

30 Henao, H. y Jiménez, B. La diversidad familiar en Colombia: una realidad de ayer y de hoy. En: Cuadernos de Familia, Cultura y Sociedad. CISH, Universidad de Antioquia. 1998, p. 10

31 En la familia ha influido el aumento de las uniones de hecho que en 1960 representaban el 15% de la población urbana femenina y para 1993 representan el 40% de este tipo de unión. DANE. La Familia Colombiana al final de Siglo. Bogotá, 1998. P. 45.

32 Rubiano, N. y Zamudio, L. Las Separaciones Conyugales en Colombia. Universidad Externado de Colombia, ICBF, Bogotá, 1991, p. 34.

Puede señalarse, entonces, que la familia ha cambiado como institución y en su configura- ción, cambios que la han impactado compli- cando su escenario y generando conflictos en su interior que en su mayoría son resueltos de forma violenta 33 .

Las diferentes coyunturas históricas, los movi- mientos sociales –particularmente el feminis- mo– y los cambios económicos han influenciado notoriamente estas transformaciones que histó- ricamente ha tenido la familia. Esta institución

está en la transición de una estructura vertical en

la que el poder de decisión recaía en el hombre,

las labores domésticas estaban en cabeza de la madre y los conflictos en su interior pertenecían

al ámbito privado, hacia una familia democráti-

ca, con una estructura de poder horizontal, don-

de existe una tendencia a la corresponsabilidad, equidad de género en la división de las tareas

y cuyos conflictos trascienden al ámbito públi-

co. En este tránsito han incidido las migraciones del campo a la ciudad, el ingreso de la Mujer

al mundo laboral 34 y el control de la natalidad 35 .

Estos dos últimos cambios concedieron a la mu- jer poder de decisión al contribuir con los gastos en el hogar y autonomía para decidir sobre su maternidad 36 . Otros factores que han incidido en los cambios en la estructura familiar son el reconocimiento de la ciudadanía de la mujer,el acceso a la educación y a los espacios culturales, políticos y sociales.

A

partir de los movimientos feministas y de

la

consolidación de un argumento académico

que evidenció la opresión de la mujer en todas las esferas sociales, económicas y culturales, se avanzó en el planteamiento de la categoría de género. Es así como el enfoque de género precisa una teoría que permite reconocer las creencias, los símbolos y comportamientos y, en general, los significantes culturales a través de los cuales se diferencia a los hombres de

33 Esta afirmación se extracta del trabajo de Virginia Gutiérrez de Pineda, Familia ayer y hoy, en Tovar Rojas Patricia. Familia, Género y Antropolo- gía: desafíos y transformaciones, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá 2003, y del trabajo de Haz Paz. Familia, pareja y vio- lencia conyugal, coordinado por la Consejería Presidencial para la Política Social, Tomo II, 2001.

34 La incursión de la mujer en el área laboral, pasando del 19% en 1950 al 51% en 1997, ha implicado una redistribución del poder dentro del hogar derivado de la doble proveeduría.

35 Uno de los cambios más dramáticos es el descenso de la tasa de fecun- didad. Entre 1960 y 1964, la tasa de fecundidad alcanzó el orden de 7 hijos por mujer, mientras que en 1995 bajó a 3 hijos por mujer. DANE. La Familia Colombiana al final de Siglo. Bogotá, 1998. Pág. 45

36 Gutiérrez de Pineda Virginia. Familia ayer y hoy, op. cit.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

las mujeres. Es clásica la definición de Joan Scott 37 , que considera al género como un ele- mento constitutivo de las relaciones sociales que fundamenta la división sexual de roles, en significantes culturales que distinguen a los sexos y, al mismo tiempo, como una forma pri- maria de relaciones significativas de poder.

Ambas visiones han contribuido a reconocer las relaciones de poder en la familia, porque permanecen rasgos culturales derivados de la dominación patriarcal 38 y esta se constituye en el lugar privilegiado para la dominación mas- culina que ha mantenido rasgos patriarcales.

Es gracias a este enfoque de género que hoy aparece en la agenda pública de la mayoría de los países el tema de la violencia de género. Según la Oficina Panamericana de la Salud (OPS), el término violencia de género se define como “cualquier acto violento como producto de la condición de género y resulta en daño o sufrimiento físico, psicológico y/o sexual a la mujer…”. Como ya lo hemos dicho, dentro de esta violencia se encuentran la violencia doméstica o intrafamiliar, la de pareja o con-

yugal, tanto físicas, emocionales, sexuales y económicas.

Naciones Unidas ha definido este tipo de vio- lencia como cualquier acto que tenga como resultado un daño posible o real, ya sea físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas,

la coerción o la privación arbitraria de la liber-

tad, que ocurran en la vida pública o en la vida privada contra la mujer o motivada por la con- dición de género de la víctima.

La figura a continuación presenta el ciclo de estas violencias en donde la violencia conyugal hacia

la mujer y el abuso y explotación sexual de las

niñas son las manifestaciones más comunes 39 :

A pesar de la transformación de las relaciones

en la familia, en relación con las tareas domés- ticas, estas siguen asignadas tradicionalmente

a la mujer, lo que hace que ahora tenga tres

jornadas de trabajo extendidas entre el espa- cio público y el privado. 40

Dentro de estas familias ocurren diversas formas de violencia intrafamiliar –VIF– física, psicológica y sexual. Estos tipos de violencia

Antes de nacer: Tercera Edad: Aborto basado en el sexo. Maltrato de ancianas y viudas.
Antes de nacer:
Tercera Edad:
Aborto basado en el sexo.
Maltrato de ancianas y
viudas.
Primera Infancia:
Edad Reproductiva:
Infanticidio de niñas,
Negligencia (atención de salud,
nutrición).
Niñez:
Abuso de niños,
desnutrición,
mutilación
de genitales
femeninos
Adolescencia:
Asesinatos por defender
el honor, Asesinato por
quedarse con la dote,
Violencia perpetrada por
la pareja íntima, Abuso
sexual, Homicidio, Trabajo
y explotación sexual, Trata
de personas, Acoso sexual.
Explotación sexual,
Trata de
personas,
Matrimonio temprano
obligado, maltrato
psicológico, Violación.

Morrison Andrew, Ellsberg Mary, Bott Sarah. Cómo abordar la violencia de género en América Latina y el Caribe: Análisis crítico de intervenciones. Banco Mundial y PATH; octubre de 2004, pg. 4.

37 Lamas. El género como construcción cultural de la diferencia sexual. 1ª Edición. México 1996. Serie Ciencias Sociales.

38 Se entiende por patriarcado la dominación del hombre adulto quien ejer- cía un poder absoluto sobre mujeres, hijos, hijas y siervos.

Organización Internacional del Trabajo, OIT, señaló que las tres jorna-

das se refieren a: trabajo doméstico, llamado también trabajo reproduc-

tivo, sin reconocimiento remunerado; trabajo productivo, que se refiere

la jornada laboral remunerada, y el tiempo dedicado a actividades asociativas y comunitarias.

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

pueden ocurrir en forma simultánea. La vio- lencia física y sexual pueden afectar la salud mental y, a su vez, la violencia sexual puede conllevar agresión física 41 .

 

vencia

En tanto subforma de violencia de

género los objetivos son los mismos: ejer- cer control y dominio sobre la mujer para conservar o aumentar el poder del varón en

la relación

’’.

Es útil retomar una serie de términos y defi- niciones que Corsi y colaboradoras listó con el fin de avanzar en concretar –sin agotar el de- bate– del panorama y términos que se asocian y complejizan la violencia intrafamiliar (Corsi, Aumann V., Delfino V., García de Keltai I., Itu- rralde C., Monzón Lara I., 2003) 42 :

Violencia familiar o intrafamiliar: ’’ todas formas de abuso de poder que se desarrollan en el contexto de las relaciones familiares y que ocasionan diversos niveles de daño a las víctimas de esos abusos. En este caso, los grupos vulnerables identifica- dos por la investigación en este campo son las mujeres, los niños y niñas y las personas mayores. Así como la violencia doméstica es una forma de violencia basada en el géne- ro, la violencia familiar tiene dos vertientes:

una de ellas basada en el género y la otra basada en la generación. En definitiva, la violencia se dirige hacia la población más

Violencia de género:

Todas las formas

mediante las cuales se intenta perpetuar el sistema de jerarquías impuesto por la

cultura patriarcal. Se trata de una violencia estructural que se dirige hacia las mujeres con el objeto de mantener o incrementar su subordinación al género masculino he-

gemónico

adopta formas muy variadas,

 

vulnerable, definida culturalmente como la “más débil” (en realidad a quienes se les ha negado la participación democrática en el poder). Por lo tanto, cuando estudiamos los problemas de violencia familiar, además de la violencia hacia la mujer consideramos el maltrato infantil y el maltrato hacia perso- nas ancianas”.

tanto en el ámbito de lo público como en los contextos privados

Violencia doméstica: ’’

una de las for-

mas de la violencia de género: la que tiene

 

lugar en el espacio doméstico (concepto

que no alude al espacio físico de la casa o el

 

hogar)

el espacio delimitado por las inte-

A continuación Corsi en el mismo documento presenta un cuadro que resume las formas que adoptan estos tipos de violencia:

racciones en contextos privados, se asocia con relaciones de pareja con o sin convi-

 

Violencia basada en el género.

 

Violencia basada en la generación.

Mujeres, LGBT 43 .

 

Niñas/os. Ancianos/as.

Violencia física.

 

Maltrato físico.

Aislamiento y abuso social.

Abandono físico.

Formas que adopta

Abuso ambiental.

Maltrato emocional.

Abuso económico.

Abandono emocional.

Conductas de control y dominio.

Abuso sexual.

Control por medio de amenazas.

Abuso económico.

Abuso verbal y psicológico.

Explotación.

 

Violencia sexual.

Chantaje emocional.

41 Haz Paz, Política Nacional de Construcción de Paz y Convivencia Familiar, Familia, pareja y violencia conyugal, coordinado por la Consejería Presi- dencial para la Política Social, Tomo II, 2001.

 

42 Corsi Jorge (compilador) en “Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico:

43 Aunque las mujeres y la condición de género de feminidad son las que se representan en la mayoría de las víctimas de la violencia basada en género, existe cada vez más la aparición de hombres víctimas de estas violencias.

Fundamentos Teóricos para el estudio de la violencia en las relaciones familiares”, Paidós, Buenos Aires, 2003, pág. 17-20.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

Con el fin de orientar intervenciones de la vio- lencia intrafamiliar desde la óptica de prestación de servicios de instituciones de salud sugeri- mos adoptar la siguiente definición: “Patrón de comportamientos coercitivos y agresivos que incluyen ataques físicos, sexuales, verbales y psicológicos como amenazas y chantajes eco- nómicos que adultos, adolescentes o miembros de una familia que cuentan con el poder usan contra sus parejas, compañeras íntimos, sus hijos o hijas o contra algún otro miembro de la familia a quien procuran someter a su dominio o gobierno” (Ganley y Schechter, 1996). En todo caso, la violencia la ejerce quien ostenta poder sobre aquellos a los que se les niega la participación democrática en ese poder, que generalmente son mujeres, menores, discapa- citados y adultos mayores. Se hace necesario aclarar que la dinámica que genera la “insti- tucionalización” de este tipo de patrón de re- lacionamiento en la familia hace que quienes han sido víctimas asuman en situaciones de ventaja de poder el rol de agresor y quienes ejercen de victimarios o agresores puedan ser

a su vez agredidos por las víctimas. Es decir,

no se puede asignar un rótulo al agresor o a

la

víctima, sino entender que se ha de atender

la

condición bien sea de víctima o agresor que

altera y amenaza el ambiente y la convivencia familiar y que impide la salud y bienestar de sus miembros. La Encuesta Nacional de De- mografía y Salud (ENDS) que recientemente publicó Profamilia evidencia cómo las mujeres que han sido víctimas de violencia de pareja maltratan a sus hijos.

Es importante recalcar que no constituye un único evento ni está limitada a la ocurrencia de lesiones físicas para definirla sino que se refiere más a una manera o costumbre de uso metódico y persistente de amenazas, intimi- daciones, manipulaciones y agresiones físi- cas, emocionales y psicológicas por alguien que se propone adquirir y mantener el poder para controlar a los demás. Los agresores pueden usar una táctica o la combinación de varias de estas tácticas para atemorizar y dominar a su(s) víctima(s). Estas tácticas se hacen para imponer o establecer un patrón de comportamientos deseados por ellos en sus víctimas. Esos mismos comportamientos son aducidos por ellos como los “causantes” de su agresión y práctica violenta.

Factores asociados a la Violencia Intrafamiliar

ocurrencia de la

Existen factores asociados a la violencia intra- familiar en tres dimensiones de la vida familiar. El primero es la dinámica relacional y organi- zativa de la familia, el segundo es el factor sociocultural y económico, y el tercero son los factores psicoemocionales y comportamenta- les de sus miembros, entre los cuales están la transmisión de los imaginarios sociales que se basan en relaciones no equitativas de género.

Respecto al factor relacionado con la dinámica relacional y organizativa de la familia se ha señalado que la multiplicidad de uniones, con hijos nacidos de varias de ellas, complejizan las relaciones familiares por causa “de ruptu- ras conyugales no asumidas o no resueltas, a las que se suman nuevas uniones, nuevos pa- rientes, y nuevas exigencias, nuevas tensiones y conflictos, determinando una configuración de riesgo para la VIF44 .

La Violencia Intrafamiliar y los factores llama- dos socioculturales se encuentran estrecha- mente relacionados. Existe un proceso de re- troalimentación entre el contexto familiar y el social. Encontramos, por tanto, contextos que favorecen la violencia intrafamiliar y otros que la evitan. En efecto, el acceso a recursos por parte de la familia es un factor de protección frente a las necesidades diarias de esta, y fren- te a una situación de vulnerabilidad familiar. Inversamente, contextos agresivos, desprovis- tos de recursos materiales e institucionales, y la falta de vínculos protectores institucionales, se convierten en un factor de vulnerabilidad para las familias.

De las problemáticas sociales de iniquidad en el acceso a los recursos, se derivan construc- ciones psicoemocionales deficientes a la hora de gestionar el conflicto dentro de las fami- lias. Así lo confirma una muestra de 525 casos (familias), donde la mayoría de las personas agredidas se encontraban inactivas económi- camente o desempleadas 45 .

44 Ver diseño de la muestra en Norma Rubiano, Ángela Hernández, Carlos Molina, Mariana Gutiérrez. Conflicto y Violencia Intrafamiliar. Universidad Externado de Colombia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Alcal- día Mayor de Bogotá, D. C., Secretaría de Gobierno, Bogotá 2003, pág. 91 y s.s.

45 Conflicto y Violencia Intrafamiliar, Universidad Externado de Colombia. ob. cit.

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

La Violencia Intrafamiliar es un fenómeno en el

 

lencia como medio para resolver conflictos y lograr metas) 47 .

que inciden múltiples factores, que no necesa- riamente relacionados entre sí tienen un efec- to causal sobre la ocurrencia de este tipo de violencia. Puede llamarse la atención sobre el

impacto que este tipo de violencia tiene sobre las mujeres, constituyéndose en el grupo más vulnerable de la población víctima de este tipo de violencia, al cual deben brindársele mayo- res garantías y protección.

Ahora bien, es común que se piense que la violencia ocurre porque la víctima provoca al agresor o porque el agresor tiene un problema que le impide controlar o manejar la rabia y sus emociones. De hecho las causas de esta como todas las violencias se relacionan con aspectos culturales, sociales, económicos, institucio- nales, interpersonales y personales 46 . Como fenómeno social son modelos de relaciona- miento que se aprenden y asumen individuos, instituciones y sociedades. Las maneras como se aprenden estos comportamientos son:

Observación y convivencia en la infancia con la violencia.

 

La violencia intrafamiliar se refuerza con valo- res y creencias culturales que se transmiten y validan a través de los medios de comunicación y la cultura institucional que los enaltecen.

El comportamiento violento del agresor se re- fuerza y arraiga aun más cuando sus amigos, sus familiares y otros miembros de su comunidad ignoran o minimizan su abuso impidiendo que su comportamiento tenga consecuencias negativas.

Factores como sicopatología, abuso o adicción de sustancias psicoactivas, pobreza, creencias culturales, rabia, estrés y depresión son mencio- nados como causales de violencia intrafamiliar. Empíricamente existe poca evidencia que de- muestre relación directa de causalidad con VIF por estos factores. Sin embargo, la investigación ha evidenciado que estos factores sí influyen di- rectamente en el tipo y características de violen- cia que asume el agresor tales como severidad, frecuencia y tácticas (Bragg L., 2003). Aunque no hay consenso teórico sobre casualidad de la violencia intrafamiliar, hay acuerdo en que es un problema multicasual crónico que requiere enfo- ques y abordajes complejos e integrales.

Las siguientes tablas resumen los factores que protegen o vulneran a individuos y familias frente a la violencia intrafamiliar:

Experiencia personal de victimización.

 

Exposición a violencia en su comunidad, instituciones educativas y grupos sociales.

Vivir en una cultura violenta o tolerante a la violencia (impunidad, valoración de la vio-

 

Ámbito

Vulneradores

   

Protectores

 

Individual

* Desconocimiento de sus derechos.

   

- Conocimiento y capacidades para ejercer sus derechos.

* Insuficientes habilidades de comunicación

- Asertividad y habilidad para diálogo, comunicación y

y

negociación,

resolución

de

conflictos

y

 

negociación con otros.

problemas;

en

general

de competencias

- Recursividad, capacidad y habilidad para identificación y búsqueda de solución a problemas.

sociales para relacionarse e interlocutar con

los

demás en condiciones equitativas.

* Desconocimiento de rutas y servicios por demandar y acudir (no saber qué hacer).

* Baja

autoestima,

autoseguridad

Competencias

- para

adversidades.

tener

resiliencia

ante

las

y

- Conocimiento y demanda oportuna de servicios de

orientación y atención.

autocuidado.

* Desescolarización o desconocimiento de teorías, discursos y argumentos; comunicarse y lograr sus proyectos.

- Prácticas de autocuidado.

- Autodeterminación.

 

- Autonomía.

* Indiferencia

ante

una

necesidad

de

- Educación y construcción de argumentos sólidos y fundamentados para proponer y realizar proyectos y propuestas en torno a su beneficio y desarrollo.

- Consolidar identidad con sentido de pertenencia, sensibilidad y conciencia sobre importancia de aprobación y aporte social de sus decisiones y actos.

reconocimiento social.

 

* Haber sido testigo o víctima de violencias, con énfasis en violencia sexual o maltrato infantil particularmente ante situación de impunidad, silencio y tolerancia cultural a la violencia.

46

Para mayor información, consultar: National Center for Victims of Crime. (1997). FYI: Domestic violence [On-line]: www.ncvc.org/infolink/Info14.htm.

 

47

Appel, A. E., & Holden, G. W. (1998); Markowitz, F. E. (2001). Attitudes and family violence: Linking intergenerational and cultural theories. Jour- nal of Family Violence, 16(2), 205-218; Ptacek, J. (1988); Ganley, A. L., & Schechter, S. (1996); Straus, M. A., & Gelles, R. J. (Eds.) (1990); Wolfe, D. A., & Jaffe, P. G. (1999). Emerging strategies in the prevention of domestic violence. Future of Children, 9(3), 133-144.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

Ámbito

Vulneradores

Protectores

Institucional

Familiar:

Familiar:

* Patrones de crianza que desconocen los derechos

- Patrones de crianza democráticos que reconocen y respetan derechos y las necesidades de desarrollo.

y

las necesidades de desarrollo.

* Estructura patriarcal y dominancia del padre.

- Relaciones conyugales y familiares basadas en equidad de género.

* Autoritarismo en el padre.

* Creencias en los padres de que son propietarios de los hijos.

- Capacidad de identificación y resignificación de conflictos y aceptación y respeto por diferencias.

* Violencia conyugal.

- Promoción de autonomía y claridad y respeto de privacidad e intimidad de los integrantes.

- Apertura y propiciación de diálogo y negociación ante desacuerdos.

* Desorganización de los roles familiares y adopción de roles parentales por parte de los hijos.

* Aislamiento social.

* Percepción de indefensión en la madre.

- Búsqueda de redes de apoyo y de uso de servicios.

* Complicidad materna.

- Creencias y actitudes de diálogo abierto sobre sexualidad.

* Creencias y actitudes negativas hacia la sexualidad.

- Fomento y prácticas de recreación, artísticas, culturales y espirituales instauradas en rutina y dinámicas de la familia.

* Consumo de alcohol y drogas por parte de los padres.

- Adopción y promoción de estilos de vida saludables.

- Sentido de identidad y pertenencia.

* Hacinamiento.

- Cultura familiar de intolerancia a violencia.

* Amalgamiento e irrespeto de autonomías, privacidad, intimidad y territorialidad de sus integrantes.

Escolar:

Escolar:

* Prácticas disciplinarias autoritarias, punitivas y coercitivas.

- Normas, reglas de juego y expectativas de comportamientos de educandos claras, coherentes, precisas y concisas.

* Prácticas disciplinarias laxas e inconsistentes.

- Respeto y divulgación de derechos.

* Falta de retroalimentación positiva hacia los niños.

- Diálogo abierto sobre temas como sexualidad, consolidación de proyectos de vida y de relaciones interpersonales.

* Ausencia de normas claras.

- Retroalimentación positiva ante comportamientos promovedores de competencias y resiliencia social.

* Orientación a logros individuales en los niños.

* Tolerancia a los comportamientos agresivos.

* Rechazo de los compañeros, maestros y amistades.

- Así como aplicación de consecuencias o sanciones apropiadas ante aquellas conductas que amenazan el bienestar individual

o

colectivo.

* Contenidos y prácticas de socialización que transmitan y reproduzcan el patriarcalismo.

- Identificación e intervención oportuna de situaciones de riesgo.

* Desconocimiento del desarrollo psicosexual de los niños.

- Rechazo e intolerancia al uso de la agresión como forma de interacción.

* Falta de observación y seguimiento acorde con necesidades particulares de cada alumno.

- Promoción de equidad de género e intervención mediadora ante conflictos entre las niñas y los niños.

* Creencias y actitudes negativas hacia el diálogo abierto sobre salud sexual y reproductiva.

- Estrategias pedagógicas que promuevan el aprendizaje cooperativo entre los niños y las niñas y el desarrollo de competencias sociales como el manejo y expresión asertiva de

emociones, frustraciones (expresión, comprensión y regulación),

* Desinformación en educadores y orientadores sobre el abuso sexual infantil y la manera de abordarlo.

la

empatía y la asertividad, solidaridad, participación, tolerancia

* Flexibilidad o ausencia de mecanismos de control y prevención de aprovechamiento y abuso de poder, así como de delimitar relaciones entre maestros y alumnos.

a

la diversidad, la búsqueda pacífica a resolución de conflictos y

la

solución de problemas.

- Detección y remisión oportuna de víctimas o situaciones de riesgo y vulnerabilidad.

Salud:

Salud:

* Ausencia de contenidos curriculares sobre estos temas en formación del recurso humano en salud.

- Inclusión de contenidos para transferencia y promoción de competencias y habilidades a profesionales de salud para promoción de ambientes de convivencia pacífica, prevención, detección y atención de la violencia y ESCI.

- Establecimiento de mecanismos de remisión y de trabajo articulado, cooperativo y corresponsable ante el principio de

* Ausencia de políticas, protocolos, guías e instrumentos estándares que precisen y regulen competencias, garantías y asignación de recursos para atención y vigilen y regulen cumplimiento de derechos y oferta oportuna de servicios de protección y atención a víctimas.

protección y reestablecimiento de los derechos de víctimas.

- Existencia y cumplimiento permanente y “rutinario” de políticas

y

mecanismos efectivos de operativización de las políticas en

* Enfoques e iniciativas excluyentes de saberes

concreción de servicios accesibles, oportunos, de calidad y pertinentes para necesidades y demandas de sus usuarios.

y

esfuerzos de diversas disciplinas, sectores y

actores.

 

* Ausencia de estrategias de identificación e intervención para motivación y transformación permanente de creencias, actitudes y prácticas

de proveedores de servicios hacia detección y atención de estas problemáticas.

- Equipos transdisciplinarios entrenados y con habilidades y competencias para comprender y abordar estos problemas.

- Articulación y relación estrecha de actores institucionales con niños, niñas, adolescentes, familias y vecindarios usuarios de sus servicios.

- Programas e iniciativas para reflexión y discusión permanente sobre estos temas y los asuntos críticos que impiden o facilitan la intervención y prevención oportuna de su ocurrencia en sus usuarios o de revictimización de las víctimas.

- Actividades de promoción de desarrollo y mejoramiento comunitario, de competencias y patrones de crianza saludables, detección y oferta de servicios integrales que se acuerdan, planean, ejecutan y evalúan con todos los actores y sectores de la comunidad.

- Espacios aprestados y diferenciados para atención específica de niños, niñas y adolescentes.

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

Ámbito

Vulneradores

 

Protectores

Macrocontextual,

* Sociedades indiferentes y carentes de

 

- Sociedades estrechas con brechas entre pobres y ricos, existencia de asignación de recursos a sectores sociales para garantía de satisfacción de necesidades básicas y condiciones para calidad de vida y bienestar.

cultural, social,

esfuerzos efectivos para reducir condiciones

político,

de desigualdad, injusticia, impunidad,

pobreza

modelos de

y

ausencia de oportunidades para desarrollo

desarrollo y

integral, bienestar y calidad de vida de sectores poblacionales.

algunos

económicos

- Mecanismos de garantía, participación y gobierno democráticos e inclusión de todos los miembros y sectores de la sociedad.

- Altas tasas de cobertura en educación primaria y secundaria.

* Desplazamientos forzados por fenómenos

violentos o ausencia de necesidades satisfechas.

básicas

* Carencia de ratificación y formulación de

Políticas

Públicas atendiendo el problema, así como del

- Convenios y políticas para garantizar derechos, operando y difundidos.

- Servicios sociales integrales accesibles para todos los miembros de la sociedad.

- Cultura valorativa y respetuosa de diferencias y con equidad de género.

establecimiento de mecanismos efectivos para operativizarlas y velar por cumplimiento.

* Aceptación, validación cultural y legitimación social de violencia como medio para control y desarrollos.

* Ausencia de redes sociales y capital social.

- Intolerancia a violencia y ciudadanía vigilante y denunciante.

- Esfuerzos concertados y articulados entre todos los actores y sectores de la sociedad y del Estado:

* Pobres espacios de participación y promoción de democracia con bajo control y regulación social de la trasgresión de leyes y vulneración de derechos humanos.

* Aceptación cultural de que el “ámbito

y lo que ocurra allí es asunto privado y solo es incumbencia de los miembros que habitan ese territorio y espacio”.

familiar

gubernamental, privado, social, ambiental, económico, civil, movilizándose, aunando recursos, voluntades y actuando para transformar contextos y situaciones adversas.

- Temas como desigualdad de género, sexualidad, derechos sexuales y reproductivos, derechos humanos y violencia intrafamiliar en agenda pública del país.

* Creencias culturales sobre la inferioridad

de la

condición de género “mujer” y del “menor”, o “infante”

* Creencias culturales patriarcales que defienden

la

superioridad del hombre.

 

El impacto que tiene en la sociedad la Violencia Intrafamiliar en la transmisión de la violencia, tanto al interior de la familia como al exterior de ella, la convierte en un agregado importan- te frente al resto de las violencias que suceden en el país. De ahí también la importancia y la necesidad de aunar esfuerzos institucionales y colectivos para lograr su atención, así como cambios culturales para prevenir su ocurrencia. Es importante que se enfoquen las intervencio- nes a lograr consolidar familias con relaciones democráticas independientemente de quiénes, bajo qué ritos y estructuras se conforman más que insistir en perpetuar el imaginario de la familia sacralizada como la única “saludable y funcional”.

Prevenir la instauración o perpetuación de re- laciones autoritarias y no democráticas será una gran contribución para disminuir la Vio- lencia Intrafamiliar. Lo que a su vez permitirá crear las condiciones necesarias para que se extienda un modelo democrático de familias en donde primen la corresponsabilidad, la equi- dad de género y la solidaridad. Valores que construidos o socializados en la familia serán trasmitidos a la sociedad en general.

ALGUNAS PRECISIONES DE LA RELACIÓN DE VIOLENCIA CONYUGAL, MALTRATO INFANTIL Y VIOLENCIA INTRAFAMILIAR 48 :

Como ya se ha recalcado a lo largo del docu- mento, el maltrato infantil y la violencia in- trafamiliar son problemas públicos que afec- tan de manera compleja y entrelazada a las personas, sus familias y comunidades. Es por ello que todos los miembros de una comuni- dad tienen la obligación moral y legal de re- accionar oportunamente a fin de garantizar el bienestar y seguridad de sus miembros, parti- cularmente niños, niñas y adolescentes, sobre todo de aquellos que están siendo víctimas de este flagelo. Ya en los ámbitos institucional y gubernamental los profesionales deben cum- plir con responsabilidades que van desde la

48 Esta sesión es en gran medida traducción de Lien Bragg H., 2003. “Child Protection in Family Experiencing Domestic Violence” in “Child Abuse and Neglect Manual Series” US Department of Health and Human Services, Administration for Children and Families, Administration on Children, Youth and Families, Children´s Bureau, Office on Child Abuse and Ne- glect, en dirección internet http://nccanch.acf.hhs.gov/profess/ tools/usermanual.cfm.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

prevención, la detección y el reporte de casos hasta la atención y resolución de estos mis- mos. En este sentido las agencias y los profe- sionales de salud, protección y bienestar, en asocio con las entidades de justicia, son las de mayor responsabilidad. Estas entidades son generalmente las que reciben reportes y tie- nen competencia en la conducción de procesos investigativos conducentes a las decisiones de protección y seguridad de víctimas y menores de edad involucrados en esta situación. Hoy en día es ampliamente demostrado y por lo tanto reconocido la estrecha relación entre la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil. Por esta razón las agencias de protección y bienestar infantil y familiar trabajan muy de la mano con las entidades que proveen los servicios de atención integral a las víctimas de VIF, como centros de salud, clínicas y ONG para garantizar la atención y protección tanto del menor y la víctima involucrados en estos casos.

Anteriormente los esfuerzos se enfocaban más en intervenir y proteger a los adultos víctimas de VIF. Hoy en día se está dando igual importancia a esfuerzos para intervenir

y proteger los niños, niñas y adolescentes

espectadores o testigos de situaciones de

VIF. Estudios en EE. UU. estiman que de 10

a 20% de los niños pueden estar a riesgo

de vivir esta violencia. Otras investigaciones han evidenciado también que estos niños y niñas que han sido expuestos a VIF están

en mayor riesgo de sufrir maltrato o abuso infantil. Así como la mayoría de los estudios han demostrado que los adultos y sus hijos

o hijas son simultáneamente víctimas de la

violencia en un 30 a 60% de las familias que viven en situaciones de violencia dentro de

la familia.

La concurrencia de maltrato infantil y violencia intrafamiliar

Se estima que entre 3,3 y 10 millones de niños y niñas están en riesgo de presenciar un acto de violencia doméstica cada año en Estados Unidos generando traumas emocionales, sico- lógicos o comportamentales. Esta cifra sale de un estudio centinela que encontró que aproxi- madamente 3 millones de familias experimen- taron por lo menos un episodio de violencia severa anualmente. Las cifras de violencia in- trafamiliar exactas se desconocen y existen a

veces incongruencias entre los investigadores sobre qué eventos y variables abarca el tér-

mino violencia intrafamiliar. Un estudio estimó que 10 millones de adolescentes se exponen

a situaciones de violencia parental cada año (Bragg L., 2003).

Estos datos fueron el resultado de un sondeo que les preguntó a los adultos si “durante su adolescencia su padre o su madre golpeó

a su pareja y con qué frecuencia” El resul-

tado fue que uno de cada ocho (12,6% de la muestra) recordó eventos violentos. De estos la mitad (50%) recordó a su padre gol- peando a su madre, 19% recordó a su madre golpeando a su padre y 31% golpeándose el uno al otro. Todas estas estimaciones se basaron en un estudio que identificó niños maltratados en aquellos que acompañaron a adultos víctimas de VIF que acudieron a refu- gios y a casos de adultos víctimas de VIF que detectaron los servicios de protección infantil durante investigaciones de casos de maltrato infantil. Adicionalmente, investigaciones que han analizado la relación entre víctimas y su práctica de uso de la violencia indican que

son más proclives a ejercer la violencia física contra sus hijos e hijas con respecto a cuida- dores que no han sido víctimas de abuso por parte de sus parejas. Los infantes que han observado situación de violencia intrafamiliar

y han sido además víctimas de abuso pre-

sentan más problemas físicos y emocionales que aquellos que solo han sido testigos sin sufrir maltrato directo. La información dispo- nible hasta el momento que demuestra esta estrecha relación entre la concurrencia de estos dos tipos de violencia obliga a revaluar las políticas, programas, lineamientos y ser- vicios de atención a familias víctimas de VIF. Particularmente hay que ajustar y revisar la atención a aquellos casos de familias en las cuales coexisten estos dos tipos de violencia para evitar desenlaces fatales de los infantes de estas familias. Una revisión a casos de maltrato infantil de servicios de protección en dos estados de Estados Unidos encontró que 41 a 43% de las familias víctimas de VIF terminaron con muertes o severas lesiones físicas en sus infantes. A partir de la última década se ha elaborado una serie de proto- colos y guías para profesionales proveedores de servicios de atención a estas violencias para mejorar la garantía de seguridad y la protección de víctimas e hijos o hijas.

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

Exposición de menores a violencia intrafamiliar

Infantes que viven en hogares donde uno de los cónyuges es víctima de abuso o violencia son conocidos como “niños espectadores o tes- tigos de violencia intrafamiliar”. Sin embargo, es preferible usar el término de “exposición in-

fantil a la violencia intrafamiliar” en tanto que abarca diferentes formas de violencia y abusos

a que se exponen estos menores. Aunque los

adultos creen que están protegiendo a los hijos de esta problemática al procurar que los en-

frentamientos no ocurran delante de ellos, in- vestigadores han encontrado que 80 a 90% de niños en familias donde ocurre esta violencia pueden describir detalladamente cada evento

de violencia que ocurre en sus hogares. Ha ha- bido una proliferación de investigaciones sobre exposición infantil a VIF que sugieren tanto las consecuencias como los factores protectores que modelan las respuestas a estas violencias. Niños que han sido expuestos a VIF caracte- rísticamente se pueden agrupar en estas tres

categorías:

Escuchan el evento violento.

Han sido testigos directos durante el even- to siendo obligados a intervenir o han sido usados como parte de la escena (como es- cudos).

Vivenciando o sufriendo consecuencias del evento violento.

La exposición infantil a la violencia intrafami- liar también puede ser usada como el espía para obtener información sobre el adulto que es víctima de esta violencia obligándolos a ob- servar y participar en el abuso a la víctima y como excusa para que el abusador obligue a la víctima a permanecer en la relación abusi- va. Algunos resultan directamente lesionados físicamente como consecuencia de la situación de violencia intrafamiliar que ocurre en sus ho- gares. Se ha encontrado que esto resulta de la lesión y abuso físico, sexual y/o emocional que ejerce el victimario sobre ellos para intimidar

y aterrorizar a la pareja. Aunque estos casos

reflejan de manera clara y contundente una si-

tuación de maltrato infantil en otras ocasiones este diagnóstico no es tan fácil hacerlo, pues otros niños pueden resultar heridos por acci- dente durante el evento o el ataque violento

a la pareja. Por ejemplo, cuando se arrojan

objetos a la pareja pueden lesionar al menor. Los menores pueden ser lesionados porque los están cargando o los mayorcitos porque intervienen para evitar que su madre o padre pueda ser lastimado. A este drama se suma que el menor es además permanentemente chantajeado y amenazado para que esconda y calle evitándole que reciba el apoyo y la pro- tección que necesita. Se va victimizando en la medida que si devela el “secreto familiar” va a ser el victimario o el traidor.

Impacto de violencia intrafamiliar en los niños

Los niños que conviven en situación de vio- lencia intrafamiliar se exponen a una serie de riesgos tales como vivenciar eventos trau- máticos, riesgo de abandono y maltrato, ser directamente abusado y de perder a alguno de los dos padres. Todos estos riesgos pueden conllevar problemas de desarrollo severos. Diversos estudios han permitido identificar las siguientes tres categorías para los efectos de VIF en los niños y niñas:

Problemas de comportamiento, socia- les y emocionales. Altos niveles de agre- sión, rabia, hostilidad, conducta oposicional y desobediencia; temor, ansiedad, desin- terés, apatía, depresión; incapacidad de interactuar con amigos, hermanos y otros actores sociales, baja autoestima.

Problemas cognitivos y actitudinales. Bajo desempeño intelectual y escolar, débil habilidad y capacidad resolutiva de conflic- tos y problemas, tolerancia y pasividad ante actos y actitudes violentas y agresivas, rigi- dez y estrechez en conceptos y estereotipos de género y machismo.

Problemas a largo plazo. Más riesgo de depresión, suicidio y síntomas traumáticos y emocionales durante adultez, tolerancia y propensión a aceptación y uso de violencia como medio de resolver conflictos y de re- lacionamiento con los demás.

Existen consecuencias físicas, emocionales

y sociales muy particulares y específicas a

cada etapa de desarrollo que presenta el niño o niña cuando ocurre la violencia intra-

familiar. Los niños en familias víctimas de violencia intrafamiliar tienen mayor dificultad para consolidar vínculos con sus cuidadores

y retrasos y fallas en el crecimiento y de-

sarrollo. Sin embargo, estos estudios tienen

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

inexactitudes y limitaciones ya que algunos niños en circunstancias similares no desa- rrollan las mismas dificultades. Preescolares pueden presentar retrasos y regresiones en

   

to con otros compañeros o bajo rendimiento escolar. Adolescentes tienen mayor riesgo de ser víctimas o victimarios de violencia de pareja. Los adultos que han sido testigos en su infancia de VIF tienen significativamente mayores problemas de depresión, traumas emocionales y baja autoestima.

su desarrollo o sufrir de trastornos del sueño

o

del apetito. Los escolares pueden presentar

problemas disciplinarios, o de relacionamien-

 
 

POSIBLES SÍNTOMAS DE NIÑOS Y NIÑAS EXPUESTOS A VIF

     
 

.

Trastornos del sueño, insomnio, terrores y pesadillas nocturnos.

     

.

Trastornos somáticos como cefalea y dolor abdominal.

.

Excesivo temor al peligro o resultar lesionado(a), ataques de pánico.

.

Agresividad y beligerancia con otros niños y con

animales.

.

Ataques de rabia y conductas opositoras.

.

Incapacidad de establecer vínculos y permanecer en contacto con personas o con tareas cotidianas.

.

Depresión, inactividad y desánimo.

.

Marginación y sensación de soledad e incomprensión, inseguridad.

.

Consumo y adicción a PSA.

.

Intento suicida o comportamientos autoagresivos.

.

Pobre desempeño escolar.

.

Trastornos de atención e hiperactividad.

.

Fobia de separación de padre no abusador.

.

Baja autoestima y alta autoexigencia.

.

Asumir roles y responsabilidades adultos.

.

Ansiedad y excesiva preocupación.

.

Enuresis o regresiones en proceso de desarrollo

y

crecimiento.

.

Disociación.

.

Asumir comportamientos agresivos como patrón

de

referente de identidad del abusador 49 .

Factores protectores de niños espectadores de VIF

     

VIF se asumen como los responsables y cul- pables de su ocurrencia. Particularmente se

Los estudios que documentan los tipos de pro- blemas relacionados con exposición infantil a VIF revelan una amplia gama de variaciones en sus respuestas a estos eventos. Mientras que unos niños tienen serios problemas de

adaptación otros desarrollan habilidades y resiliencias para superar estas violentas situa- ciones. Los factores protectores como buen desenvolvimiento social, inteligencia, elevada autoestima, extroversión, solidaridad y vincu- lación afectiva saludable y fuerte con sus pares

   

estresan mucho al vivenciar la ineficacia e inefectividad del adulto víctima de VIF de resolver la situación violenta. Los niños y niñas que presencian episodios de violen- cia menos recurrentes y severos presentan menos estrés. Esta evidencia sugiere que la frecuencia de exposición a la violencia, así como la exposición a maneras no violentas y más efectivas para resolver conflictos en- tre sus cuidadores, los fortalecen y hacen menos vulnerables.

y

familiares son claramente reconocidos como

Habilidades y competencias para en- frentar y resolver dificultades. Niños y niñas que tienen estas competencias poco desarrolladas tienen más efectos negativos

los que mejor promueven superación a estas

 

adversidades. Entre los factores que protegen

reducen el impacto de VIF en los niños y ni- ñas se encuentran:

o

 

La naturaleza de la violencia. Niños que presencian formas frecuentes y severas de

 

49

Ganley, 1996 en National Adoption Information Clearinghouse, en esta dirección: http://nccanch.acf.hhs.gov/pubs/factsheets/domesticviolence. cfm

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

a causa de VIF que presencian que los que tienen habilidades prosociales y redes de apoyo establecidas. Proveer a niños y niñas con estrategias para resolver dificultades y conflictos efectivamente tiene un gran im- pacto en reducción de trastornos y proble- mas de adaptación. Mientras que las accio- nes que se centran en manejar emociones tienen menos impacto y son menos desea- das porque pueden promover mecanismos de defensa para lidiar con estrés menos efectivos como generar fantasías alrededor de la “saludable” relación que están llevan- do sus padres.

Edad de exposición. A menor edad de exposición a VIF mayor el riesgo de daño emocional y psicológico. Quizás el contar con menos desarrollo cognitivo y emocio- nal para comprender la situación y escoger estrategias alternativas para lidiar con el trauma y estrés sea la explicación.

El tiempo desde la exposición al evento violento. Entre más reciente el tiempo de ocurrido el episodio violento mayor ansie- dad y temor y viceversa.

Género. En general los niños exhiben com- portamientos “externalizados” (agresiones físicas a los demás) y las niñas “interiori- zada” (depresión, automarginación). Los niños se identifican más con el abusador de género masculino y las niñas con la víctima de género femenino. Estos patrones pueden mantenerse hasta la vida adulta y asumirse permanentemente si no se interviene a es- tos menores.

Coexistencia de maltrato infantil. Como ya se ha mencionado, los menores de edad que presencian VIF y a la vez son víctimas de maltrato infantil tienen mayores problemas de adaptación que los que son testigos.

La búsqueda de un marco común

Aunque las víctimas de violencia intrafamiliar adultas e infantiles se encuentran en las mis- mas instituciones como familiares, protección infantil y programas de atención a violencia in- trafamiliar, estas históricamente han respondi- do por separado a cada una de estas violencias. Estas diferencias se fundamentan en la histo- ria y cultura de cada institución generando una dispersión e incoordinación de esfuerzos. Todo ello impide el logro de los resultados espera- dos en estos casos (Carter, J., & Schechter, S. (1997). Existe hoy en día un gran debate en torno a estas diferencias de enfoques e intere-

ses institucionales (Aron, L. Y., & Olson, K. K. (1997); Beeman, S. K., et al. (1999); Carter,

J.,

& Schechter, S. (1997); Findlater, J., & Kelly,

S.

(1999); Spears, L. (2000); Whitney, P., &

Davis, L. (1999) 50 .

Es así como para las entidades protectoras de

la infancia su prioridad es el derecho del menor

marginando y omitiendo la atención a VIF. Lo

contrario ocurre con servicios de salud y aten- ción a VIF que se enfocan en empoderamiento

y protección a víctimas adultas olvidando la

situación y necesidad del menor involucrado

en esta problemática. Esta tensión de a quién

a qué población se ha de dar prioridad ha

terminado generando enemistad y distancia- miento entre estas entidades. Mientras que las instituciones de protección social infantil cul-

pan a los servicios de salud y atención a VIF de ser negligentes con los menores por prote- ger y atender al adulto víctima quien es muy probable que desatienda y maltrata al menor. Los servicios de VIF responsabilizan a entidades

de protección de revictimizar a la víctima adulta

al culparlas de ser las causantes de la situación

de VIF que amenaza la integridad y bienestar

del infante. Igualmente, existen divergencias entre estas dos entidades frente al manejo de los abusadores o victimarios. Las institucio- nes de protección social tienden a involucrar

a estos actores en los procesos de interven-

ción de cara a promover un entorno familiar saludable y estable. Los servicios de atención a VIF tienden a castigar y alejar al victimario de la familia hasta tanto la amenaza de violen- cia o abuso se haya eliminado totalmente. Sin

embargo, a pesar de estas diferencias existen puntos y objetivos en común que facilitan un trabajo coordinado y articulado tales como:

Eliminar la VIF y el maltrato infantil.

Garantizar bienestar y seguridad de los me- nores de edad, así como de la persona adulta

50 La información de esta sección se encuentra en los siguientes textos:

Aron, L. Y., & Olson, K. K. (1997). Efforts by child welfare agencies to address domestic violence. Public Welfare 55(3), 4-13; Beeman, S. K., Hagemeister, A. K., & Edleson, J. L. (1999). Child protection and battered women services: From conflict to collaboration. Child Maltreatment, 4(2), 116-126; Carter, J., & Schechter, S. (1997). Child abuse and domestic violence: Creating community partnerships for safe families—Suggested components of an effective child welfare response to domestic violence.

San Francisco, CA: Family Violence Prevention Fund; Findlater, J., & Kelly,

S. (1999). Michigan’s domestic violence and child welfare collaboration.

In J. L. Edleson & S. Schechter (Eds.), In the best interests of women and

children: Child welfare and domestic violence services working together (pp. 167-174). Thousand Oaks, CA: Sage; Spears, L. (2000); Whitney,

P., & Davis, L. (1999). Child abuse and domestic violence: Can practice

be integrated in a public setting? Child Maltreatment, 4(2), 158-166.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

víctima así sea para que pueda esta proteger al menor o para su propio bienestar.

Fortalecer y enaltecer el rol parental en es- tas familias.

Evitar en lo posible institucionalización o separación de niños y niñas de sus entornos familiares.

Por último, estos dos sectores e instituciones han tradicionalmente excluido a los hombres de sus programas evitando promover modifi- caciones comportamentales necesarias para prevenir estas problemáticas.

VÍCTIMAS DE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

En esta sección se describen características comunes de víctimas de violencia intrafamiliar, sus dinámicas de victimización y el impacto individual y en los patrones de crianza de VIF en ellas.

Acerca de las víctimas

Aunque las víctimas de violencia intrafamil- iar no poseen características y rasgos iguales sí comparten la experiencia de convivir y sufrir el abuso permanente de un compañero agresor. Cualquiera puede ser víctima de violencia intrafamiliar. Pueden ser mujeres, hombres, adolescentes, discapacitados, an- cianos, homosexuales, niños y niñas. Pueden tener cualquier nivel socioeconómico, etnia, bagaje cultural y educativo, profesión o em- pleo. Las víctimas de este tipo de violencia generalmente no presentan evidencia física que lo confirme y cuando las hay ellas han aprendido a encubrirlas para evitar que sean identificadas e interrogadas al respecto. Todo con el fin de evitar la vergüenza y un nuevo ataque por parte del agresor. Esta dificultad para identificar víctimas ha facilitado la apar- ición de una serie de leyendas, mitos y falsas creencias que conducen a estigmatizarlas a ellas y a las dinámicas del maltrato o abuso conyugal. Lo que a su vez contribuye a per- petuar la negligencia y respuesta por parte de las instituciones con competencia y de la sociedad para detener este flagelo.

Barreras que impiden a las víctimas abandonar una relación abusiva

La pregunta que más frecuentemente se hacen las personas enfrentadas a casos de violencia

conyugal es: ¿Por qué las víctimas no aban- donan a sus agresores? Mientras que algu- nas víctimas abandonan a sus parejas otras intentan fallidamente en múltiples ocasiones a lo largo de su historia de convivencia con el agresor. El poder abandonar una relación abusiva es un proceso complejo y no un solo evento. En esta decisión se involucran diver- sos factores que ameritan ser entendidos para poder intervenir estos casos. Existe una serie de barreras y riesgos que han de ser supera- dos por las víctimas para poder abandonar una relación abusiva. Hay barreras a escala indi- vidual, sistémica y social:

Temor. Agresores comúnmente amenazan

a las víctimas con que las encontrarán, le-

sionarán y matarán si los abandonan. Este temor se convierte en una realidad para muchas de estas víctimas cuando los aban- donan. Una vez los abandonan los abusado- res se embarcan en procesos desgastantes de reclamos por la custodia de los hijos o los secuestran. Históricamente ha habido negligencia institucional (judicial, legal y salud) para garantizar protección y acom- pañamiento a las víctimas al punto de que algunos casos en que las víctimas después de abandonar a los agresores fueron asesi- nadas por ellos. Esto reforzó la falsa creen- cia a las víctimas de que estarían mucho mejor en sus hogares que por fuera. Afortu- nadamente las respuestas institucionales se han enfocado más a garantizar protección de las víctimas reduciendo estos riesgos y temores.

Aislamiento. Una táctica frecuentemente utilizada por el abusador para efectiva- mente consolidar su poder sobre la víctima es aislarla de todas sus relaciones y redes familiares y sociales. Esto evita que las víctimas adquieran información, recursos y apoyos para abandonarlos. Esta situación se empeora cuando la sociedad las rotula de “masoquistas” o “débiles” por permane- cer en ese tipo de relación. Generalmente el aislamiento lo asume la víctima por ver- güenza y para proteger a otro miembro de su familia del agresor.

Dependencia económica. Algunas víctimas no tienen recursos económicos ni una pre- paración profesional o vocacional que les permitan abandonar la relación abusiva.

Muchas veces las víctimas se ven obligadas

a escoger entre una vida de pobreza y mar-

ginación o continuar en un hogar violento. Es por esto que las intervenciones han de

Modelos de atención para la prevención, detección y tratamiento de la violencia doméstica

proveer habilidades y competencias socia- les, profesionales, vocacionales, transporte, refugios y servicios de atención como con- diciones mínimas para facilitar la decisión a

la víctima de abandonar la relación.

Culpa y vergüenza. Es frecuente que las víctimas crean que ellas provocan el abuso.

Dicha creencia es validada cuando quienes rodean a la víctima la culpan por provocar el maltrato y no tener el coraje para detener la violencia. Como consecuencia de estas ac- titudes las víctimas impiden que su familia

y amigos se enteren para evitar sentir ver-

güenza. Además están convencidas de que ellas pueden cambiar el comportamiento agresivo del agresor o el suyo mismo para prevenir los ataques. Esto particularmente ocurre con las personas que comúnmente

no son identificadas como posibles víctimas

de violencia intrafamiliar como homosexua-

les y parejas de personajes de mucho pres- tigio social.

Incapacidad emocional y física. Como se ha mencionado, los agresores acuden a usar

tácticas que debilitan la autoestima y forta- leza emocional de sus víctimas. Como me- canismo de defensa las víctimas comienzan

a percibir el mundo y la realidad a través de

los dogmas y paradigmas del abusador con- venciéndose de que son incapaces de funcio- nar sin su pareja y volviéndose totalmente dependientes de ellas. También como conse- cuencia de la violencia la estabilidad y salud mental y física de las víctimas se aminora dificultando aun salir de estas relaciones. Las personas discapacitadas son particularmente vulnerables a esta situación.

Creencias y sistema moral individual. Los valores que tradicionalmente transmiten

a la persona la familia, las instituciones

religiosas y culturales son los que priman

en la decisión de la víctima de permanecer

o abandonar la relación maltratante. Por

ejemplo el valor, importancia y sacralización que se tenga frente a la unión matrimonial opaca la posibilidad de considerar el divorcio

o

separación. Igualmente la creencia de que

el

divorcio va a tener un impacto negativo

en el desarrollo y salud de los hijos es una barrera frecuente.

Esperanza. Como la mayoría de la gente las víctimas de violencia intrafamiliar están to- talmente comprometidas con la relación de pareja e invierten todo para que sean amo- rosas y saludables. Muchas piensan que la violencia se detendrá si ellas logran conver-

tirse en las personas que sus amados(as) quieren que sean. Otras tantas creen fir- memente en las promesas que les hace el agresor de cambiar ya que ellos despliegan

a veces comportamientos amorosos y soli- darios.

Servicios y recursos comunitarios y valores sociales. Cuando los recursos son insuficien- tes, o existen respuestas fragmentadas, con acciones punitivas o ineficientes se convier- ten en barreras importantes que impiden hallar solución al problema para víctimas y sus hijos(as).

Barreras culturales. Estas se evidencian cuando VIF ocurre en familias de grupos minoritarios y culturalmente diferentes que

no encuentran instituciones y servicios sen- sibles y respetuosos de sus culturas. Parti- cularmente “machismo” en cultura hispana

y latina.

Impacto de VIF en víctimas

Los efectos de VIF en las víctimas son diversos. Desde lesiones y problemas de salud causados directamente por los ataques del agresor y que requieren hospitalizaciones y consultas fre- cuentes. Entre estos problemas están traumas

y lesiones óseas y de tejidos blandos hasta in-

fecciones de transmisión sexual. Los efectos in- directos pueden ser síntomas somáticos como cefaleas, dolor abdominal hasta enfermedades

y problemas de salud más complejos que re-

quieren tratamientos crónicos y costosos.

A pesar de las recurrentes visitas a los servi-

cios de salud la investigación ha demostrado que las víctimas no denuncian el problema si no son interrogadas directa y específicamente

al respecto. Por lo tanto, es imperativo que los profesionales de salud adquieran competen- cias necesarias para interrogar a los pacientes

a fin de detectar casos y brinden la asesoría, consejería y terapia apropiadas.

Unos de los efectos más graves y preocupan- tes ocurren en la salud mental de las víctimas, bien sea produciendo patologías o exacerban- do condiciones psiquiátricas que existían pre- viamente al abuso. La siguiente es una lista de problemas de salud mental frecuentes asocia- dos a VIF:

Bloqueo emocional.

Negación del abuso.

Documento marco para orientar “Acciones en torno a promoción, prevención, detección, atención integral y vigilancia de la violencia intrafamiliar desde y para servicios e instituciones del sector salud”

Impulsividad y agresividad.

Aprehensión y temor.

Soledad y abandono.

Rabia.

Ansiedad y excesiva alerta.

Trastornos nutricionales y de sueño.

Abuso de sustancias psicoactivas.

Depresión.

Suicidio.

Síndrome de estrés postraumático.

Algunos de estos problemas se convierten en reacciones y mecanismos de defensa de las víctimas. Por ejemplo, las víctimas acuden al

abuso de alcohol para aminorar dolores físicos

y emocionales. Peor aun: estos problemas se

convierten en barreras que impiden a las vícti- mas buscar ayuda profesional. Los profesiona- les de la salud se convierten en actores clave para promover que las víctimas enfrenten y actúen para detener la violencia.

Víctimas y patrones de crianza. Existen pruebas empíricas que sugieren que la VIF afecta negativamente los patrones de crian-

za. Padres que sufren violencia conyugal son más estresados y tienen mayor dificultad de relacionamiento y responder adecuadamente

a las necesidades y demandas de sus hijos.

Estas víctimas se ven enfrentadas a eludir el peligro y proteger a sus hijos de la violencia agobiadas con una serie de limitaciones e in- capacidades producto del abuso crónico a que son sometidas. Además los estudios demues- tran que las víctimas de violencia conyugal tienen mayor probabilidad de maltratar a sus hijos que las personas que no sufren de este tipo de violencia. Usan la fuerza o técnicas de disciplina inapropiadas con el propósito de proteger a sus hijos del abuso y maltrato del agresor como cuando el menor no se calla y los golpean para que el llanto no provoque la ira del abusador. No es raro que la víctima sea negligente con sus hijos evitando llevarlos a servicios de salud para evitar que el proble- ma sea detectado. Otras investigaciones, sin embargo, han demostrado que a pesar del abuso y maltrato crónico, realizan una exce- lente labor en la crianza y protección de sus

hijos. De todas maneras, independientemente del impacto en las víctimas, es necesario que todas estas personas reciban ayuda necesaria para que puedan atender a sus hijos. 8

Estrategias comúnmente usadas por la víctima para su protección y la de sus hijos

Las estrategias que comúnmente recomiendan

familiares, vecinos y profesionales de institu- ciones competentes son llamadas a la policía, solicitud de órdenes de restricción para el abusador o huida adonde amigos o refugios. Aunque generalmente se piense que son medi- das seguras para algunas víctimas pueden ser altamente peligrosas e inviables. De un lado fortalecen y empoderan a la víctima y de otro lado aumentan la rabia y peligrosidad del abu- sador. Infortunadamente solo abordan el ries- go físico omitiendo aspectos cruciales como

el apoyo financiero, logístico y emocional que