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EL AFAN Y LA ANSIEDAD.
Mateo 6:25–34
Es maravilloso ver cómo el Señor Jesús, luego de hablarnos acerca de la insensatez de confiar
en las riquezas y de entender que todo tesoro de un hijo del Reino debe ser depositado en el
Reino celestial, ahora nos enseña por qué debemos ver la vida sin afanes ni ansiedades.
Jesús dice ahora:
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber;
ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más
que el vestido?
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre
celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no
trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno
de ellos.
Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará
mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas estas cosas.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a
cada día su propio mal”.
Es clara la diferencia que hace el Señor entre el testimonio de confianza en Dios que tiene que
tener un creyente y esa falta de confianza en un gentil, sinónimo aquí de incrédulo o impío.
Por esto Jesús dice en (6:32) - “Porque los gentiles buscan todas estas cosas”.
Con esta enseñanza Jesús quiere llevarnos a entender cuál debe ser la prioridad en la búsqueda
espiritual de un hijo de Dios que confía en su Creador y Sustentador.
Veamos lo que el Señor desea enseñarnos en este mensaje:
I. LA ANSIEDAD
II. LA INSENSATEZ DE ANSIEDAD
III. LA BÚSQUEDA DEL REINO DE DIOS
Lo que Jesús prohíbe aquí; es la preocupación. Jesús no aboga aquí por una actitud descuidada,
imprevisora, de ir a salto de mata por la vida; lo que prohíbe es el cuidado timorato y
paralizador que se quita toda la alegría de la vida.
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I. LA ANSIEDAD
(Mt. 6:25-34)
A. SU ETIMOLOGÍA
1. Hay dos palabras griegas que comunican la idea de ansiedad. Una Tarasö se traduce
“turbarse” (compare con Juan 14:1) y significa “ser sacudido o agitado”. La otra merimnaö es
“afanarse” y se encuentra en este párrafo.
La palabra que se usa aquí en el original es merimnán, que quiere decir preocuparse ansiosamente
(cp. «No os congojéis,» antigua Reina-Valera; «No os angustiéis,» Reina-Valera 1995). El
nombre correspondiente es mérimna, que quiere decir preocupación, ansiedad. Significa “ser
dividido”, o “partido”.
La ansiedad por las cosas que uno necesita para sustentar la vida en el día de “mañana” puede
literalmente dividirle en dos. Por un momento piensas: “Puedo confiar en Dios para proveer
para mis necesidades”. Luego, dudas de la provisión de Dios.
Este es uno de los dilemas más frecuentes para muchos creyentes.
Phil Marquart solía decir: Dichoso es el hombre que está muy ocupado como para preocuparse
en el día y muy soñoliento como para preocuparse en la noche. George Muller también decía:
El comienzo de la ansiedad es el final de la fe. El comienzo de la fe verdadera es el final de
la ansiedad. Interesante. Todo tiene que ver con la preocupación, o la ansiedad, o el afán.
Términos sinónimos para indicar la ansiedad son los siguientes: estado de agitación, inquietud
o zozobra de ánimo que se produce por el mal presagio en algún asunto.
La ansiedad entonces tiene que ver con asuntos o cosas que todavía no han pasado, pero
pensamos que pueden pasar. Como bien ha dicho Vance Havner: La preocupación es el interés
que pagamos por adelantado por problemas que nunca llegan.
¿Se ha puesto alguna vez inquieta o inquieto por algo que todavía no ha pasado, pero tiene
temor de que pueda pasar? Entonces Usted ha estado preocupado o en ansiedad.
La voluntad de Dios no es que sus hijos vivan en un estado de ansiedad.
Es muy fácil dejarse aplastar por este gigante llamado ansiedad. Pero la vida auténticamente
cristiana se caracteriza por vivir libres de la ansiedad. Si nuestras vidas están entregadas a la
ansiedad, corremos ciertos riesgos. Uno de ellos es la pérdida del gozo en la vida cristiana. La
Biblia dice que Jesús vino a darnos una vida abundante. En Juan 10:10 leemos: “El ladrón no
viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en
abundancia.” Así es, Jesús vino a su vida para darle una vida abundante. Las preocupaciones
echan a perder este estilo de vida que Jesús vino a darnos.
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Este párrafo de Mat. 6: 25-34 presenta el antídoto divino para evitar la ansiedad. Primero,
Jesús prohíbe la ansiedad, luego señala su causa, destaca cinco razones en contra de ella y
termina declarando el principio general que debe guiar a los hijos del Señor.

B. PROHIBICION DE LA ANSIEDAD
1. “Por tanto os digo” (v. 25) es una expresión que introduce un párrafo con el que concluye la
línea de pensamiento anterior. Jesús emplea un imperativo del tiempo presente con el
adverbio de negación. Esta construcción prohíbe la continuación de una acción ya en
progreso. Dice en efecto:
No continuéis afanándoos (v. 25).
2. En cambio, la prohibición del (v. 34) emplea el mismo verbo, pero en tiempo pretérito
indefinido. Quiere decir: No comencéis a afanaros por el día de mañana. Por estas dos
prohibiciones, entendemos que no es la voluntad de Dios que ningún creyente experimente
ansiedad por el sustento de la vida.
3. Ahora, se ha preguntado ¿Cuáles son las causas de la ansiedad?
Gary Collins, cristiano y médico especialista, ha dicho que las causas de la ansiedad son
muchas y que puede ser el resultado de conflictos inconscientes. Y que puede ser aprendida
por el ejemplo, como ser, identificarse con padres que sufren de ansiedad, o puede tener su
origen en el temor a la inferioridad, a la pobreza o a la mala salud. Uno de los factores, según
Collins, productores de ansiedad, son las amenazas. Por ejemplo, las que brotan de un peligro
percibido, una amenaza al sentimiento que uno tiene de ser de valor, la separación e influencia
inconscientes. Por ejemplo, la ansiedad puede ser causada por un rechazo u hostigamiento por
parte de sus compañeros de grupo, la posibilidad que sus padres se divorcien, la perspectiva
de no aprobar una materia en la escuela, o cualquier amenaza real o percibida.
Dice, asimismo, el doctor Collins, que otra de las causas psíquicas de la ansiedad son
los conflictos, y detalla tres de los más probables:
1) Un conflicto causado por la tendencia a querer lograr dos metas deseables pero
incompatibles, (Como sería trabajar en sus vacaciones por una buena remuneración, en lugar
de salir a pasear con su familia) Tomar una decisión de esta naturaleza es frecuentemente muy
difícil, y a veces produce ansiedad.
2) Por un deseo de hacer o de no hacer algo. Por ejemplo: alguien puede estar indeciso
en cuanto a poner fin a un noviazgo que parece no llegar a nada. Romper la relación puede dar
más libertad y oportunidades, pero también pasa a ser una experiencia traumática, dolorosa
para las dos partes. El simple hecho de enfrentarse a la disyuntiva de tener que tomar
decisiones así, puede producir muchísima ansiedad.
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3) Aquí hay dos alternativas y las dos pueden ser desagradables. Es lo mismo que se
siente entre aguantar un dolor o someterse a una intervención quirúrgica que llegado el caso
podría llegar a calmar ese dolor.
Otras de las causas posibles de los estados de ansiedad, son el o los temores. ¿Y qué
temores pueden padecer las personas? No va usted a creer si le digo que son sencillamente,
incontables. Decenas, cientos, miles. Y además de muchos, también variados. Temor al fracaso,
temor al futuro, temor a tener éxito porque se basa en qué se hará una vez que se lo consiga,
temor al rechazo, (Es uno de los más corrientes y abundantes) temor a la intimidad, temor a los
conflictos (Hay gente que no los enfrenta, los evade.) Temor a la falta de sentido en su vida,
temor a las enfermedades, temor a la muerte, a la soledad y a una enorme cantidad de cosas
tanto reales como imaginarias. A veces, estos temores se acentúan en la mente y generan una
ansiedad externa, muchas veces sin que haya ningún peligro real.
También son productoras de ansiedad las necesidades básicas personales no suplidas.
¿Cuáles son? Muchas, pero entre esas, destacamos: 1) Supervivencia, que es la necesidad de
una existencia continua. 2) Seguridad económica y emocional. 3) Sexo, como expresión de
amor. 4) Significado: ser de valor, llegar a ser alguien. 5) Satisfacción, lograr metas que
satisfagan. 6) Sentido de individualidad, que es estar seguros de nuestra identidad.
Sin embargo, sin menosprecio de a la profesionalidad del Dr. Collins, cabe señalar que la Biblia
señala que la causa principal de la ansiedad se halla en la “poca fe”. Jesús la refiere en el pasaje
considerado en la expresión “hombres de poca fe” (v. 30). La “poca fe” era la causa del temor
de los discípulos en la tempestad (Mat.8:23-27) y del temor de Pedro cuando se hundía en el
agua sobre la cual acababa de caminar (Mat.14:31).
La crisis económica, y la ansiedad resultante, es tema de conversación en casi todos los
ámbitos. Sin embargo, Jesús indica que más que “crisis económica” para el siervo de Dios,
puede haber una “crisis de fe”.
C. RAZONES POR QUÉ EVITAR LA ANSIEDAD
Efectos de la ansiedad.
a) Produce pérdida del gozo en la vida cristiana.
La ansiedad nos puede motivar a buscar ayuda divina que de otro modo no buscaríamos. Pero
la ansiedad también nos puede apartar de Dios en el momento cuando más lo necesitamos.
Cargados de preocupaciones y agobiados por las presiones, aún los creyentes se encuentran
con que les falta tiempo para orar, que les es difícil concentrarse en la lectura de la Biblia, que
tienen menos interés en los cultos de la iglesia, se impacientan y a veces se amargan por el
aparente silencio del cielo. Hay una enorme y muy grave confusión en nuestra gente. Es la
confusión que va desde la fe auténtica y potencial y esa especie de artilugio mágico con el que
los creyentes pareceríamos aguardar que Dios obre siempre en nuestros problemas.
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b) Causa pérdida de la perspectiva de la vida.


En cierta ocasión, siendo muy de noche, Jesús se acercó a sus discípulos caminando sobre el
mar, mientras ellos estaban en una barca sacudida por el fuerte oleaje. Cuando los discípulos le
vieron, dice el texto bíblico que se turbaron. Otra manera de decir que se dejaron dominar por
la preocupación. En este estado de nervios, perdieron la noción de la realidad y todos
arribaron a una conclusión absurda. Dando voces de miedo gritaron: Es un fantasma. Habían
perdido la perspectiva de la vida. Estaban viendo las cosas distorsionadamente. Cuando
estamos preocupados vemos las cosas distorsionadamente. Es uno de los peligros de vivir en
ansiedad.
c) Hace perder la salud.
Es ampliamente conocido por las mayorías que mucho estrés y mucha ansiedad pueden
producir úlceras, aún en gente muy joven, le podría decir que en niños, inclusive. Sin embargo,
existen otros posibles efectos físicos de la ansiedad, tales como: dolores de cabeza sin causa
aparente, sarpullidos que brotan espontáneamente y que son duros de erradicar, dolores de
espalda, malestares en el estómago, falta de aire, problemas para conciliar el sueño o sueño
sumamente inquieto y agitado, fatiga o cansancio inexplicable, pérdida del apetito. Además
los cambios en la presión arterial, tensión muscular y los cambios digestivos y químicos
causados por la ansiedad pueden, si pasan a ser crónicos, ser severamente perjudiciales al
extremo de desmejorar ostensiblemente cualquier calidad de vida.
En este párrafo encontramos cinco razones por las cuales el creyente no debe sentir
ansiedad, o preocuparse sobremanera, por el sustento de la vida.
1) Primero: La ansiedad es innecesaria.
Empieza indicando (versículo 25) que Dios nos dio la vida; y, si Él nos dio la vida, no
debemos dudar en confiar en Él para las cosas más pequeñas. Si Dios nos dio la vida, seguro
que podemos confiar en que Él nos dará el alimento para sustentarla. Si Dios nos dio
cuerpos, seguro que podemos confiar en que Él nos dará la ropa para vestirlos. Si alguien
nos hiciera un regalo de precio incalculable, seguro que no se tratará de una persona tacaña,
y mezquina, y descuidada, y olvidadiza acerca de regalos menos costosos. Así que, el
primer argumento es que, si Dios nos ha dado la vida, podemos confiar en que El nos dará
las cosas necesarias para mantenerla.
El Dios que creó las aves (mundo animal) del cielo se ocupa de proveer el sustento para su
vida (v. 26).Los pájaros (versículo 26), no viven con ansiedad, no intentan amontonar
recursos para un futuro invisible e imprevisible; y sin embargo se mantienen vivos.
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Las aves del cielo nada deben al cuidado humano. Es Dios quien les da la existencia y las
sostiene. Al mismo tiempo, requiere que usen de la capacidad que les ha dado para buscarse
el alimento. Quizá pocas personas trabajen tan dura e incansablemente como lo hacen los
pajarillos para conseguirse el alimento, sobre todo cuando tienen pequeñuelos en el nido.
Del mismo modo, Dios espera que el hombre acepte la responsabilidad de trabajar para
ganar lo que hace falta para sostener la vida. Sin embargo, Jesús también dijo que Dios no
tenía el propósito de que el hombre considerara que ese trabajo era el objetivo y la meta de
la vida.
El detalle de lo que Jesús está diciendo no está en que los pájaros no trabajan; se ha dicho
que nadie trabaja tanto como un gorrión medio para ganarse la vida; la lección que quiere
enseñarnos es que los pájaros no se preocupan. No se puede encontrar en ellos el estrés de
las personas acerca de un futuro que no pueden ver ni prever, tratando de encontrar su
seguridad en las cosas que almacenan y acumulan para el futuro.
El que creó las plantas (mundo vegetal) provee para su sustento y hermosura. Jesús emplea
un silogismo para grabar este mensaje en la mente de los discípulos:
a. Dios provee para aves y lirios;
b. el hombre vale mucho más que ellos (vv. 25b, 26b, 30b);
c. por lo tanto, Dios proveerá para los hombres.
2. Segundo: La ansiedad no es fructífera, la preocupación es inútil en cualquier caso pues no
produce resultados positivos.
Por más que uno se esfuerce, no puede añadir a su estatura un codo (v. 27). Un codo es la
distancia de la punta de los dedos al codo, o sea, aproximadamente medio metro (45 cms).
Algunos opinan que se refiere a añadir años a la vida. La ansiedad, en vez de prolongar la
vida, suele acortarla.
La preocupación es todavía peor que inútil; a menudo es activamente perjudicial. Las dos
enfermedades típicas de la vida moderna son la úlcera de estómago y la trombosis coronaria,
y en muchos casos ambas son el resultado del estrés. Es un hecho en medicina que el que más
ríe es el que tiene una vida más larga. La preocupación que desgasta la mente desgasta
también todo el cuerpo. La preocupación afecta el juicio de una persona, reduce sus poderes
de decisión y le hace cada vez más incapaz de enfrentarse con la vida. Que cada uno se porte
lo mejor posible en cada situación -no se le puede pedir más-, y que Le deje el resto a Dios.
3. Tercero: La ansiedad es incompatible con nuestra posición como hijos de Dios. La
preocupación es característica de los que no saben cómo es Dios, de los que no le conocen.
Un “gentil”, o pagano, tiene mucha razón para sentir ansiedad en cuanto a la vida y el
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sustento para la vida (v. 32). La ansiedad es una característica propia del incrédulo. La
preocupación es en esencia desconfiar de Dios. Tal desconfianza se puede entender en un
pagano que cree en un dios celoso, caprichoso e impredecible; pero es incomprensible en
una persona que ha aprendido a llamar a Dios con el nombre de Padre. El cristiano no se
puede preocupar, porque cree en el amor de Dios.
4. Cuarto: La ansiedad de parte de un súbdito del reino, de un hijo de Dios, es indecorosa,
deshonra a su Padre celestial, pues indicaría que su Dios no quiere o no puede proveer
para sus necesidades.
a) La ansiedad niega las promesas de Dios. Por ejemplo, en Salmo 55:22 leemos: “Echa sobre
Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” La promesa de Dios es
que él nos va sustentar y que no nos va a dejar caídos para siempre, siempre y cuando
echemos sobre él nuestras preocupaciones. Pero cuando nos dejamos controlar por la
ansiedad estamos en un sentido negando esta palabra de Dios, diciendo: Dios no tiene
poder para sustentarme cuando me venga una adversidad. Esto es pecado.
b) La ansiedad también niega la sabiduría de Dios. Mateo 6:7-8 dice: “Y orando, no uséis
vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis,
pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que
vosotros le pidáis.”
El Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad, aun antes de que pensemos en pedir o
hagamos el pedido con nuestros labios. Pero cuando nos dejamos controlar por la ansiedad,
estamos en un sentido diciendo: Dios no sabe lo que me va a pasar mañana, o la próxima
semana, o el próximo año. Por eso yo tengo el derecho de preocuparme hoy. Ignoramos que
para Dios no hay accidentes. Para Dios no hay sorpresas. Albert Eisten solía decir: Dios no
juega a los dados. Para Dios no existe la suerte. Dios no sólo sabe lo que va a pasar en el
futuro, sino que él mismo diseña lo que va a pasar en el futuro, de modo que no hay motivo
alguno para vivir preocupados pensando qué será de nosotros en el futuro.
c) La ansiedad también niega el poder de Dios. Lucas 1:37 dice: “porque nada hay
imposible para Dios” Estas palabras fueron dichas por el ángel Gabriel a María la virgen,
con ocasión del anuncio del nacimiento de Jesús. El poder de Dios no tiene límite. Pero
cuando nos dejamos embargar de las preocupaciones, estamos negando el poder de Dios,
pensando que si nos pasa algo, Dios no podrá hacer nada para salvarnos. La ansiedad es
pecado porque niega las promesas de Dios, niega la sabiduría de Dios y niega el poder de
Dios.
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5. Quinto: La ansiedad por las necesidades de mañana es inoportuna, pues carga hoy con
las cargas que se deben guardar para mañana (v. 34). Produce una doble carga que aplasta.
Jesús no quiere decir con esto que el creyente debe descuidar por completo las provisiones
para su vida y su familia. Debe trabajar diligentemente y hacer planes para el futuro; pero
también debe reconocer que su Señor es el dueño del futuro. Provee alimento para las aves,
pero no lo echa en el nido.

II. LA INSESATEZ DE ANSIEDAD


A. EL MANDATO DE JESÚS
1. Es increíble los niveles de ansiedad que puede un ser humano manejar hasta llegar a la
locura. No hay un sentimiento más dañino en el hombre que la ansiedad que viene como
consecuencia de sentirse impotente para conseguir lo que queremos.
2. Ante tal realidad y conociendo la naturaleza pecaminosa del hombre, Jesús dice: “Por tanto
os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por
vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el
vestido?”. Con esta expresión notamos una conexión indiscutible con el párrafo anterior.
3. Ya Él había declarado en el (v. 24): “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá
al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a
las riquezas.
La ansiedad inevitablemente viene a nosotros cuando visualizamos lo que deseamos alcanzar
y lo evaluamos a la luz de nuestras posesiones y capacidades.
4. Si servimos a Dios, y estamos seguros que lo que deseamos es conforme a Su Voluntad,
estaremos en paz y tendremos seguridad de que lo obtendremos, pero si servimos a nuestras
riquezas y confiamos en nuestros teneres, ahí viene entonces la ansiedad y la desesperación.

B. COMBATIENDO LOS ATAQUES DE ANSIEDAD


1. Hoy día los hombres sin Dios que sirven a sus riquezas y viven en una continua ansiedad,
tratan de batallar con ella a base de psiquiatras y psicólogos que le van a llevar más hondo que
lo que están, les dirán “ten seguridad en ti mismo”, “tú puedes”, “eres capaz”, “piensa
positivo” y cuando el paciente, porque ya es un paciente, llega al momento en que nada de
esto surge efecto, entonces toma el camino de la desesperación y más aún muchos el del
suicidio.
Cuando aumenta la ansiedad, dice el informe de nuestro buen amigo el doctor Collins, la
mayoría de las personas inconscientemente se apoyan en conductas o pensamientos que
alivian el dolor de la ansiedad y los capacita para aguantarla. Dichas reacciones pueden incluir
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buscar alivio en el sueño, las drogas o el alcohol, o tratar de negar la realidad o la profundidad
de esa ansiedad. Algunos pueden llegar hasta el extremo de volverse sumamente
desagradables cuando generalmente no lo eran, echando la culpa a los demás por todos sus
problemas o “explotando” a la menor provocación. Primera pregunta: ¿Conoce a alguien así?
Segunda pregunta: ¿No es usted uno de ellos?

2. Pero cuando nuestra confianza está en Dios nuestro Padre, y seguimos el consejo del Señor
Jesucristo cuando dice: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en
graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no
trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno
de ellos.
Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará
mucho más a vosotros, hombres de poca fe?”. Entonces nos invade una profunda paz y
reconocemos que sólo a través de nuestro Padre Celestial, al que servimos, podemos obtener
todas las cosas que son para nuestro bien.
3. Todo el mundo sabe que para subsistir tenemos que manejar cierto grado de ansiedad, esto
es parte de nuestro instinto mismo de supervivencia, pero cuando usted vea que la ansiedad
que le invade va más allá de los niveles normales, entonces cuestiónese y piense si está
mostrando una respuesta ante la descompensación de su organismo y tal vez necesite un
tratamiento psiquiátrico porque esté padeciendo una enfermedad mental o pregúntese
“¿dónde está su fe?”

EL CONSEJO DE JESÚS.
Jesús pasa a presentar dos maneras en que se puede derrotar la preocupación. La primera
es buscar primero, concentrarse en, el Reino de Dios. Esta búsqueda debe ser constante,
continua, con pasión, prioritaria. Debe ser la tarea número uno en la vida del creyente. Ya
hemos visto que estar en el Reino y hacer la voluntad de Dios son una y la misma cosa (Mateo
6:10). El concentrarse en hacer, y en aceptar, la voluntad de Dios es la manera de derrotar la
preocupación. Sabemos cómo, en nuestra propia vida, un gran amor puede desplazar
cualquier otro interés. Un amor así puede inspirar la obra de una persona, intensificar su
estudio, purificar su vida, dominar todo su ser. Jesús estaba seguro de que se destierra la preo-
cupación cuando Dios llega a ser el poder dominante de nuestras vidas.
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Por último, Jesús dice que podemos derrotar la preocupación cuando adquirimos el arte
de vivir al día (versículo 34). Los judíos tenían un dicho: «No te preocupes por los males del
mañana, porque no sabes lo que traerá el día de hoy. Tal vez mañana no estés vivo, y te habrás
preocupado por un mundo que ya no será el tuyo.» Si viviéramos cada día como viene, si
cumpliéramos cada tarea como se nos presenta, entonces la suma de todos los días no podría
ser sino buena. Jesús nos aconseja que atendamos a las demandas de cada día según nos vayan
llegando, sin preocuparnos acerca del futuro desconocido y de cosas que a lo mejor no suceden
nunca.
Los cristianos pueden vivir libres de ansiedad aun en medio de las circunstancias más difíciles,
plenamente confiados en que Aquel que "bien lo ha hecho todo" (Mar. 7: 37) hará que todas las
cosas les ayuden "a bien" (Rom. 8: 28). Aunque nosotros no sabemos "qué dará de sí el día"
(Prov. 27: 1), Dios sabe muy bien lo que ocurrirá el día de mañana. Nuestro Padre, que conoce
el futuro, nos insta a confiar en su cuidado permanente y a no afanarnos por supuestos
problemas y perplejidades. Cuando llegue el día de mañana, los problemas que habíamos
temido encontrar, con frecuencia resultarán haber sido totalmente imaginarios. Muchísimas
personas están obsesionadas, sin necesidad, por el fantasma del día de mañana.
Los cristianos siempre deberían recordar que Dios no concede ayuda para llevar las cargas del
día de mañana mientras ese día no llegue. Tienen el privilegio de aprender diariamente la
verdad de lo que Cristo le dijo a Pablo: "Bástate mi gracia" (2 Cor. 12: 9; cf. cap. 4: 16).
III. LA BÚSQUEDA DEL REINO DE DIOS Y LA PROMESA DE JESÚS.
1. Jesús nos dice: “Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas”. (6:33).
Pero es importante que sepamos que Dios no nos da las cosas que caprichosamente le
pedimos, sino las que verdaderamente necesitamos. Y cuando los hijos de Dios se ocupan
primeramente del Reino de Dios, él toma a su cargo todas nuestras necesidades materiales.
Ocúpate de las cosas del Señor que Él se ocupará de las tuyas.
(Hebreos 13: 5)= Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora,
porque él dijo: no te desampararé, ni te dejaré; (6) de manera que podemos decir confiadamente: el Señor
es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.
2. La promesa del Rey “y todas estas cosas os serán añadidas” del (v. 33) es el antídoto para
eliminar y evitar la ansiedad.
Nosotros tenemos que hacer nuestra parte: Someternos incondicionalmente al reinado de
Cristo y buscar su voluntad. Cuando nosotros hagamos nuestra parte Dios hará la suya:
Proveernos todo lo que sea esencial para que nosotros cumplamos su voluntad.
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3. El siervo puede gozarse de provisiones abundantes, o soportar provisiones mínimas, pero


serán en todo momento suficientes (ver Fil. 4:10–13). No promete proveer “todas las cosas”, ni
“todo lo que deseamos”, sino “todas estas cosas”.
“Estas cosas” se refiere concretamente a las cosas recién mencionadas: comida y ropa.
No puede existir seguridad aparte de Dios. El mejor remedio para la preocupación es la
confianza en Dios. Si hacemos fielmente la parte que nos toca, si damos al reino del cielo el
primer lugar en nuestros pensamientos y en nuestras vidas, Dios nos cuidará mientras dure
nuestra existencia. Con misericordiosa ternura ungirá nuestra cabeza con aceite y la copa de
nuestra vida rebosará de bienes (Sal. 23: 6).
Es importante que entendamos que sin fe es imposible agradar a Dios (Heb.11:6) y todo hijo
del Reino tiene que ejercer fe para confiar en que ese Padre celestial es poderoso para suplir
nuestras necesidades y para velar por nuestra seguridad. Por tanto, no nos afanemos y
dejemos atrás toda ansiedad desmedida.
RECOMENDACIONES
1)Entrega tus temores a Dios y encuentra seguridad y paz al saber que Dios cuida de ti.
Recuerda 1 Pedro 5:7: Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de
vosotros. La oración brinda un verdadero alivio a la ansiedad y debe ser nuestra reacción
natural en el momento en que la ansiedad empieza a aumentar.
2) Decídete a depender del poder de Dios para vencer la ansiedad.
No es sencillo librarse de la ansiedad. Se necesita ayuda sobrenatural. La ayuda sobrenatural
viene de Dios. Filipenses 4:6-7 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa
todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
En lugar de abandonarse a la ansiedad, ora a Dios por las cosas que te producen ansiedad. Pon
tu ansiedad sobre Dios. Como resultado, Dios mismo te dará el poder para librarte de la
ansiedad. La ansiedad y la oración no van nunca de la mano. Por eso alguien lo ha dicho muy
bien: Si vas a orar, para qué preocuparte. Pero si vas a preocuparte, para qué orar.
3)Es necesario controlar los pensamientos. Isaías 26:3 dice: “Tú guardarás en completa paz a
aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” Ocupa la mente en las cosas de
Dios. Piensa en las cosas que Dios dice en su palabra. Díle a Dios que confías plenamente en él,
no solo para los asuntos grandes de tu vida sino también para los asuntos pequeños. Como
resultado, Dios mismo guardará tu vida en completa paz. Será una vida libre de ansiedad.
4) Pon en orden tus prioridades. Mateo 6:33 dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios
y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Lo más importante en la vida de un hijo
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de Dios debe ser la relación personal con Dios. Cuando Dios ocupa el primer lugar en la
vida de una persona, Dios mismo se encarga de que todo lo demás esté en orden. Esto no
significa que nunca habrá pruebas o problemas. Las pruebas son parte de la experiencia
cristiana. Pero esto no debe ser motivo de ansiedad porque Dios diseña la prueba y Dios da el
poder para soportar la prueba. La persona que vive en ansiedad, normalmente es aquella cuya
felicidad depende de alguna circunstancia o de alguna situación determinada. Pero si hacemos
que la felicidad no dependa de las cosas o las circunstancias, sino de la relación personal con
Dios, entonces desaparece la causa para la ansiedad, porque pase lo que pase no afectará
nuestra felicidad con Cristo.
En esencia, dependa del poder de Dios para mantenerse fuerte ante la tentación de vivir en
ansiedad. Isaías 40:29 dice: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene
ningunas.” Somos tan propensos a vivir en ansiedad. La mínima cosa desencadena un torrente
de preocupación y ansiedad. A veces hemos pensado que no hay solución a este grave mal.
Pero la hay. Para eso debemos echar mano del poder de Dios. En nuestra propia fuerza jamás
lograremos librarnos de la ansiedad. Cada vez que comience a preocuparse por algo, recuerde
que puede echar esa preocupación sobre el Señor. Él es experto en sobrellevar nuestras
preocupaciones. Una vez que ha entregado una preocupación al Señor, no piense más en eso.
Si viene un pensamiento sobre eso a su mente, hable con el Señor: Dígale: Señor este
pensamiento que me causa ansiedad no viene de ti, por tanto lo rechazo y lo saco de mi mente.
Si lo hace con sinceridad, muy pronto estará disfrutando de una vida libre de ansiedad. No
permita que la angustia y las preocupaciones le roben el gozo.
Hab. 3:17 Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del
olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas
en los corrales; 3:18 Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Salmo 37:24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano. 25
Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan.
Salmo 34:6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. 34:7 El ángel de
Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. 34:8 Gustad, y ved que es bueno Jehová;
Dichoso el hombre que confía en él. 34:9 Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los
que le temen. 34:10 Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán
falta de ningún bien.