You are on page 1of 4

El cartismo de George Rudé:

 Fue el primer movimiento independiente de la clase obrera inglesa y dominó todo el pensamiento
político y los asuntos internos durante 10 años en el reinado de Victoria.
 Extrajo su programa político de los reformistas radicales.
 Fue tanto una cuestión político como una cuestión de estómago, surge como consecuencia de la
clase con magros salarios, largas jornadas de trabajo, desempleo, etc.
 Este movimiento al comienzo estaba integrado por: obreros de la industria doméstica, los tejedores,
cardadores, medieros; luego se unieron los obreros de las nuevas zonas industriales, trabajadores
del algodón y mineros.
 El cartismo significo diferentes cosas: por un lado, el derecho a votar, por otro lado, el fin de los
asilos de la Nueva Ley de Pobres, la jornada de diez horas, un buen salario.
 Se llevaron a una serie de huelgas, revueltas, insurrecciones y manifestaciones; estos estallidos
acontecieron en tres ciclos, cada uno de ellos correspondió a una depresión financiera:
o En 1837 hasta 1840: comenzó con un gran movimiento de protesta en los distritos
manufacturados del norte, contra la aplicación de la Ley de Pobres de 1834.
o En 1842: este estallido comenzó con absoluta independencia de los dirigentes cartistas
nacionales. Reclamaban el aumento de salarios y la abolición del sistema de truck o pago
en mercancías en lugar de salarios.
o 1848: esta no fue tan difundida, se produjo una revuelta del hambre; sin embargo fueron los
últimos coletazos del movimiento en Gran Bretaña.
 El cartismo fue un movimiento popular y polifacético, heredero de una tradición política radical pero
hijo de las malas cosechas y la pobreza, las malas viviendas, las enfermedades, y el desempleo
que acompañaron al crecimiento de una nueva sociedad industrial.
 El cartismo como producto de una sociedad industrial en evolución, debía buscar nuevos medios
de influir sobre la conciencia nacional.
Europa desde las guerras napoleónicas a la revolución de 1848 ---Rudé, G.:
Capítulo III: “La batalla de las ideas”.
El Liberalismo:
El liberalismo tuvo su origen en la Revolución Francesa y en la Guerra de Independencia americana. En el
continente europeo, como en América, se asociaba con derechos humanos y libertades –el derecho a la
propiedad privada, la libertad de expresión, prensa, religión y asociación, la igualdad ante la ley y la «búsqueda
de la felicidad». Las primeras manifestaciones del liberalismo del Siglo XIX se encuentran dentro del propio
Acuerdo de Viena, en las Cartas y Constituciones pacíficamente impuestas en los años inmediatamente
posteriores a Napoleón: la Carta Francesa de 1815, las Actas Federales de Alemania y Suiza y la Constitución
polaca de ese mismo año.
En Francia, el liberalismo posee connotaciones claramente revolucionarias y no reformistas. En Inglaterra, su
mensaje y expresión fueron generales, aunque no exclusivamente, reformistas. En Italia el liberalismo fue casi
inseparable del movimiento por su independencia nacional de Austria y de los Borbones españoles. En
Alemania, también estaba ligado al nacionalismo, aunque un nacionalismo de un tipo más agresivo, exclusivo y
no liberal.
J.S.Mill: “No es libre ninguna sociedad en la cual estas libertades no sean, en general, respetadas por
cualquiera que sea su gobierno; y ninguna completamente libre si en ella no existen absolutamente y sin
discriminación. La única libertad que merece ese nombre es la de perseguir nuestro propio bien de nuestra
forma, mientras que no intentemos privar a otros de la suya o impedir sus esfuerzos para obtenerla.”
Hobsbawn: De una parte, la declaración y afirmación no específica de los derechos humanos sin restricción ni
aparente claridad tuvo la enorme ventaja de estimular el soporte de los trabajadores y los campesinos a la
causa liberal de la clase media. De otra, tal afirmación y declaración de derechos sin especificar probó ser una
fuente de embarazosos problemas cuando, por ejemplo, llegó la hora de ajustar cuentas una vez que la
revolución había concluido.
El Nacionalismo:
La «nación» fue otro de los grandes gritos e unión en los comienzos del Siglo XIX. El nacionalismo, como el
liberalismo, se desprendió de las dos grandes revoluciones anteriores, pero más concretamente de la francesa.
Fueron los franceses quienes en 1792 formularon con claridad, por primera vez, el principio de las «fronteras
naturales» de la nación dentro de las que la «soberanía del pueblo» debería ser aproximadamente ejercida.
Había también un nacionalismo de una clase más exclusiva, autocentrado y antiliberal, que lejos de buscar
inspiración en París o la hermandad de Manzini, lo hacía exclusivamente dentro de los límites históricos de un
país y de sus tradiciones folklóricas, lingüísticas, políticas y religiosas.
El nacionalismo ha excitado naturalmente la curiosidad de los historiadores y, en ocasiones, los ha enfrentado
ferozmente. Una vez más, como ocurre con el liberalismo, podemos observar diferencias entre los «ideólogos»
-aquéllos para quienes la batalla de las ideas es lo más importante-, y entre los «ideólogos» en general y
aquellos historiadores (fundamentalmente del presente siglo) que han asociado el nacionalismo con
determinados intereses económicos y grupos sociales.
Croce: “Su liberalismo de Whig le llevó a adoptar una opinión generalmente desfavorable del nacionalismo,
particularmente de lo que él llamó «la moderna teoría de la nacionalidad»”
La «teoría de la nacionalidad» es condenada como «un retroceso en la historia», porque «la nacionalidad no
aspira ni a la libertad ni a la prosperidad, condenando a ambas a la necesidad imperativa de hacer de la nación
el molde y la medida del Estado», y su causa «estará marcada por la rutina moral y material para que una
nueva invención pueda prevalecer sobre la obra de Dios y los intereses del género humano».
Ramsay Muir: “ve la culminación «de los movimientos nacionales del Siglo XIX en dos tipos claramente
opuestos de gobierno representativo: el tipo británico (no exclusivamente confinado a Inglaterra) y el alemán.
En el inglés los órganos de gobierno están subordinados al Parlamento, mientras que en el alemán es el
ejecutivo, libre de restricción eficaz por parte del Parlamento y controlando el ejército y la burocracia, el que
dirige la política nacional y marca realmente el ritmo.”
La principal fuerza del liberalismo del Siglo XIX provino de la clase media. Hobsbawn: «los promotores más
importantes de nacionalismo en ese momento fueron los estratos bajo y medio de profesionales, administrativos
e intelectuales, en otras palabras, las clases educadas».
Boyd Shafer: analiza el apoyo dado a los movimientos nacionalistas por las diferentes clases sociales bajo la
influencia del Congreso de Viena, y llega a la conclusión de que «las clases sociales más bajas, especialmente
el creciente número de obreros urbanos, nunca evidenció tanto nacionalismo como las clases medias. Ni entre
ellos, ni entre los trabajadores agrícolas hubo nunca demasiados signos de él en 1815».
El nacionalismo «al igual que otras muchas características del mundo moderno, es hijo de la doble
revolución».
Croce también ve un «aspecto enfermizo» en el romanticismo, pero distingue entre un tipo y otro –entre el
«teórico» y el «moral». Considera muy recomendable el romanticismo «teórico». Éste es «la rebelión, la crítica,
y el ataque contra el academicismo literario y el intelectualismo filosófico, que han dominado en la edad de la
Ilustración. Ha despertado el sentimiento por la genuina y gran poesía, y ha reintegrado y reformado todos los
aspectos de la historia, tanto de la civil y política, como la religiosa, especulativa y artística». Y también ha
tenido un papel político creativo, porque «toma la vida en sus aspectos combativo y activo, preparando así las
bases teóricas para el liberalismo». El romanticismo moral, o romanticismo como «enfermedad», no representa
sino debilidad, una crisis de fe en aquellos que tratando de alcanzar el nuevo ideal liberal no lo conseguía. Este
romanticismo «no poseía ni la antigua ni la nueva fe, ni la autoritaria del pasado ni la clara del presente,
demostrando por ello que era una ausencia de fe, moviéndose entre el deseo de crearla pero incapaz de
hacerlo».
Jacques Barzun: una vez que ha decidido lo que el romanticismo no es, concluye que éste tiene dos aspectos
distintos: uno, por el cual es permanente o «intrínseco», y otro temporal o «histórico». El aspecto permanente
es representado por los «rasgos humano que pueden ser exhibidos en cualquier tiempo o lugar». La definición
del historiador presenta al romanticismo como «un fenómeno europeo, ocurrido dentro de unas fechas
históricas y que posee ciertas características».
El romanticismo:
-Sus formas características fueron más literarias y artísticas. Comenzó como un movimiento literario en
Alemania en la última década del siglo XVIII. Tuvo cuatro fases principales:
 Unos 30 años antes que la revolución francesa; los elementos comunes eran el sentimiento, la
naturaleza, y el culto del gótico o del pasado medieval, por ejemplo los temas religiosos de Wesley, en
Inglaterra. En Francia estaba Rousseau con Confesiones, la crítica de arte de Diderot; en Alemania el
Werther y Weltschmerz de Goethe, esta fase se considera apolítica.
 Esta fase estuvo localizada en Alemania e Inglaterra y comenzó en otros países alrededor de 1798.
Llego en un momento de desilusión entre los poetas y escritores respecto a la revolución francesa.
Este sentimiento era fuerte en Alemania, donde los escritores románticos como Muller, Novalis,
acompañaron su evocación del gótico y del pasado medieval germano con un retorno a la cristiandad
y denuncias del ateísmo francés y la tiranía napoleónica
 La tercera fase comenzó con la importación del romanticismo desde Alemania e Inglaterra a Francia,
después de la publicación de la novela Madame de Stael, de Allemagne. Las meditations de Lamartine
y los primeros poemas de Hugo y Vigny. Durante este periodo “La Restauración”, el romanticismo fue
políticamente conservador o lentamente liberal. En Inglaterra en cambio, siguió siendo conservador.
 La última fase, y más productiva, en las revoluciones de 1830. Con la ascensión al trono de Carlos X
en Francia, los poetas comenzaron a moverse hacia la izquierda. Fue el periodo más radical y
futurista, muchos poetas, escritores, músicos y pintores se aliaron los movimientos liberales
revolucionarios. En Francia, Víctor Hugo, escribió Hernani; la pintura revolucionaria de Delacroix, las
historias de Francia de Michelet; Manzoni y Mazzini en Italia, los hermanos Grinn en Alemania, en
Rusia de la Oda a la muerte de Pushkin. Todos estos románticos tenían un compromiso liberal o
radical.
 El romanticismo fue un movimiento de rebelión.
 “Cuando el romántico escribe no está posando como víctima del destino, lo está haciendo como
víctima de la sociedad”.
 Los historiadores ven el romanticismo como un fenómeno histórico dentro de ciertos límites en el
tiempo y en el espacio. Algunos lo han relacionado con algún contexto social particular.
 Hobsbawn niega que el romanticismo pueda ser clasificado como burgués o como anti burgués,
porque dependiendo de la época, fue las dos cosas.
 De un lado, el movimiento romántico o prerromántico más temprano, en los finales del siglo XVIII,
popularizo los sentimientos y actitudes de la clase media y sirvió para glorificar las virtudes simples y
caseras en contraste con una sociedad aristocrática, artificial y corrupta.
El Socialismo:
En primer lugar, su entrada en la escena es tardía y, en consecuencia, jugó un papel comparativamente
menor en los acontecimientos de la Europa de los comienzos del Siglo XIX. En segundo lugar, el socialismo, a
diferencia del liberalismo y el nacionalismo, es muy peculiar y claramente un producto de lo que ha sido llamado
la «revolución dual». El socialismo, como un movimiento, no hubiera podido existir sin la industrialización y las
nuevas clases que ella produjo.
La idea fue promocionada, aunque inconscientemente, por algunos jacobinos y demócratas extremistas, y fue
sustancialmente conformada, por primera vez, por Babeuf en su programa «comunista» y «conspiración» de
1796. Pero siguió siendo una teoría y no tuvo significación hasta que el antiguo amigo y discípulo de Babeuf,
Bounarotti, publicó su Conspiracy of the Equals, basado en la experiencia babouvist en 1828. En 1831 el
término «socialismo» fue acuñado por un francés, Pierre Leroux, y otros proyectos e ideas socialistas, o casi
socialistas, vinieron a suplementar las ideas «comunistas» de Babeuf y Bounarotti: los anteproyectos
industriales de los Saint-Simonianos, y las comunidades autogobernadas de Fourier, los planes de Cabet
Proudhon, las teorías de Blanqui sobre la dictadura del proletariado y la lucha de clases y los esquemas de
Blanc para el establecimiento de «talleres sociales» cooperativos con la financiación del gobierno.
En Inglaterra, es probable que Robert Owen usara el término una docena de años antes que Leroux. El
socialismo inglés tenía la ventaja sobre el francés de una industria y una clase obrera más desarrollada donde
extender sus enseñanzas; pero por otra parte, el socialismo inglés era más pragmático, más pausada y no
teórica. El socialismo de Owen era estrictamente moralista y didáctico: creía que el socialismo crecería por la
fuerza del ejemplo, mediante la educación y el desarrollo del carácter. El temprano socialismo inglés, muy
influido por Owen, siguió siendo moralista, experimental, no pragmático y, en gran medida.
En este primer socialismo, a diferencia del posterior de Marx y Engels (o, lo que es lo mismo, del tipo
«reformista» inglés de finales del Siglo XIX), era cataclismo y milenario, es decir, que la sociedad ideal que los
socialistas deseaban implantar podía ocurrir de la noche a la mañana, como la segunda venida de Cristo. Así la
visión del primer socialismo fue principalmente a histórica, ecléctica (Engels lo llamo «ensalada»), a menudo
retrospectiva y añorante, y divorciada de las realidades de la naciente sociedad industrial.
El primer tipo de socialismo, previo a 1850, fue un socialismo «utópico», en contraste con el tipo posterior,
marxista, que ha sido llamado «moderno» o «científico».
En Inglaterra, el movimiento equivalente al francés de 1848 fue el Cartismo.
La Religión y las Iglesias:
Del asombroso cúmulo de acontecimientos que afectaron a las Iglesias en los comienzos del Siglo XIX,
podrías quizá seleccionar los siguientes como de interés y aplicación general: el ocaso de la estrecha amistad
entre la Iglesia y el Estado; la proliferación de sectas; la crisis o secularización de la fé; y, en algunos países, no
en todos, el intento realizado por las Iglesias de predicar un «evangelio social» a las nuevas masas industriales.
Acompañando a estas divisiones y a la ruptura de la relación Iglesia-Estado, apareció un fermento intelectual
y una actitud crítica, ambas dentro y fuera de las Iglesias y a menudo a expensas de ellas. De un lado, fue la
nueva «experiencia» mística cristiana formulada por el antiguo colega de Hegel, el teólogo protestante alemán
Schleiermacher. Buscando el «purificar» o embellecer las doctrinas o prácticas existentes y tratando de retornar
a una forma más antigua y constructiva de los principios de la fé. Del otro, estaba la nueva crítica científica de
las Escrituras: el libro de Strauss La Vida de Jesús y la renuncia de a la Iglesia de Ernest Renan con las
palabras: «un solo error prueba que la Iglesia no es infalible; un solo nexo débil prueba que un libro no es una
revelación».
Hobsbawn: «La tendencia general del período de 1789 a 1848 fue de acentuada secularización». Mc
Manners: “la «crisis de fé», lejos de señalar un «apartamiento de la religión», indicó más bien «una apasionada
insatisfacción y descontento con el dogma y las Iglesias institucionales en el interés de la religión misma”.
El papel «social» de las Iglesias y sectas en Francia, Alemania e Inglaterra, y el punto hasta el que ofrecieron
un «evangelio social» (para tomar la frase de Mc Manners) al pueblo, o intentaron tratar con la nueva situación
explosiva causada por el crecimiento de las ciudades y de la población, y con el imperio de la revolución
industrial.
Podríamos quizá asumir que en el continente europeo, los católicos liberales franceses, los protestantes en el
sudoeste de Alemania y la jerarquía católica francesa (aunque por razones diferentes) actuaron de tal forma
que estimularon al pueblo a tomar parte de las revoluciones de 1848; y, por el contrario, que el protestantismo
francés y alemán actuó como un freno conservador.
El Metodismo se convirtió en un aliado del radicalismo y de los movimientos de clase obrera, en lugar de lo
contrario. El metodismo, como un todo, podía haber sido una fuerza política de importancia e influenciada, o
capaz de agitación popular, únicamente en el Norte, las Midlands, East Anglia, y el extremo Sudoeste; mientras
que el wesleyanismo propiamente dicho, sólo en West Ridding.