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INTRODUCCION

Mi trabajo tiene la finalidad principal de un producto final de lo aprendido en este


semestre, entre los temas que para seleccionar escogí el de “Discriminación en el
siglo XXI”. Este tema lo he escuchado prácticamente desde que tengo memoria,
pues es un problema por etiquetarlo así que desde siempre (al menos lo que he
investigado) ha existido desgraciadamente. Debido a las exposiciones hechas en
clase en estos parciales o literalmente todo este semestre también me ha llamado
mucho la atención en especial el tema. Más que nada lo que pretendo en este
ensayo final es dar más detalles o extender la información acerca de la
discriminación, a que se debe este problema entre tantas cosas. Además este
tema de discriminación en el siglo XXI tiene demasiada información a considerar y
que hasta la fecha es un problema o tema a debatir.

Extendida como una situación en la que una persona o grupo de individuos es o


son tratados de forma desfavorable a causa de prejuicios, generalmente por
permanecer a una categoría distinta y entre esas categorías se encuentra: la raza,
la religión, la discapacidad, entre muchísimas más que en este trabajo se darán a
conocer. En fin para mi es algo que se da mundialmente, no solo en ciertas partes
y es un problema grave que afecta a miles de personas.

En el siglo XX se vivió una escalada de violencia y una acumulación de


atrocidades que continúan su tendencia creciente en el todavía joven siglo XXI. Y
entre principales fuentes de esa violencia se encuentran los ejercicios del poder y
las ambiciones del control y de dominación de unas naciones y de unos pueblos
sobre otros, así como la apropiación y explotación de recursos que no les
pertenecen legítimamente. Pero también han jugado un papel importante las
diferencias en la cultura, en la religión, en las formas de vida y de concebir el
mundo, pues en muchas situaciones no se ha sabido, o no se ha querido, convivir
con quienes son diferentes.

Por una parte hubo un incremento inusitado del fenómeno migratorio, que ha
forzado interacciones entre grupos con culturas y formas de vida diferentes con
una intensidad jamás vista antes. Las relaciones asimétricas, la exclusión y la
discriminación son palpables en las relaciones internacionales y muy
especialmente en las interculturales, y afectan sensiblemente a los países del
tercer mundo, exacerbándose particularmente cuando se trata de pueblos
originarios, como los pueblos indígenas de México y de América Latina.

A continuación ahora sí, daremos ya conocer nuestro ensayo elaborado de


acuerdo a nuestro tema de discriminación en nuestro siglo actual, el siglo número
XXI.
*** ENCABEZADO O PIE DE PAG DEL TEMA****

El racismo no es otra cosa que una de las tantas formas de discriminación con la
que nos podemos encontrar y enfrentar las personas, motivada específicamente
por cuestiones raciales tales como el tono de piel u otras características físicas,
como ser la altura, la contextura física, entre otras y por las cuales unas se
consideran superiores a otras. El fin u objetivo principal del racismo será la
anulación de los derechos humanos de quienes se discrimina. La mencionada
doctrina comenzó en Europa en el siglo XIX, con el fin de justificar la supremacía
de una supuesta raza blanca sobre el resto de la humanidad.
Durante la colonización, al llegar al territorio norteamericano, Inglaterra utilizó el
racismo para facilitar y legalizar la esclavitud; que en los Estados Unidos comenzó
con esclavos negros africanos y las personas de ascendencia africana y,
ocasionalmente, con los amerindios.

“Buena atención, pero no damos propinas a los negros”, decía la anotación


manuscrita en la cuenta que Carter había facilitado a una pareja de clientes
blancos, un hombre y una mujer de edad cercana a los treinta. Al menos en
apariencia, según los testigos de un restaurante.

Y aunque vivimos en el siglo XXI aún podemos observar con tristeza el racismo y
la discriminación, para ello no hace falta irnos a otros países, sino en nuestra
propia cultura tenemos la segregación de clases, la lucha entre practicantes de
diferentes religiones, hacia aquellos que no comparten una misma ideología o
quienes tienen determinadas preferencias sexuales.

En los últimos días hemos observado cómo una secta, a base de violencia, impide
la apertura de una escuela, violando así el derecho que tiene cualquier ciudadano
a la educación, sin importar su credo, etnia, etc.

Del mismo modo vemos cómo las mujeres de nuestro país son maltratadas, no
sólo por sus parejas, sino por sus empleadores, quienes pagan con un menor
salario los mismos servicios que brindan los hombres, o se les impide trabajar si
están embarazadas o tienen hijos. Más denigrante aún es que sean las propias
autoridades quienes ejerzan la discriminación cuando una mujer acude a
denunciar maltrato.

Ni qué decir de que una diputada en Baja California (Virginia Noriega Ríos)
proponga prohibir la barra libre únicamente a las mujeres; si bien pudiera estar de
acuerdo en que se prohíba en general por las grandes cantidades de accidentes y
violencia en torno a la venta masiva de alcohol; determinar una medida según el
género resulta aberrante, más aún viniendo de una mujer contra la mujer.

Ver el desprecio que los alumnos de una universidad laica pueden tener sobre sus
compañeros que tienen una preferencia sexual distinta, sin otro argumento que la
religión y sin poder dar un sustento a su opinión más allá de lo que supuestamente
dice la Biblia en el Nuevo Testamento, sin que aún pueda encontrar yo la
referencia, no me causa más que tristeza.

La intolerancia entre los partidarios de distintas instituciones políticas, que en


muchas ocasiones no sólo se queda en las palabras (situación de por sí grave),
sino que llega a la agresión física entre oponentes y hasta a sus familias.

La discriminación basada en otros factores como la edad, la raza o la orientación


sexual, también produce resultados perjudiciales similares. Las leyes que limitan
los derechos sexuales, por ejemplo, pueden menoscabar la competitividad de los
países, ya que las empresas multinacionales podrían considerar que constituyen
un obstáculo para invertir o establecerse en estas naciones.

Esta forma de discriminación se encuentra también en la base del rechazo a otros


grupos, como las mujeres o los homosexuales, hacia los que se mantiene una
actitud abierta o políticamente correcta, pero ante los que se perpetúan
estereotipos y prejuicios tan interiorizados socialmente que, a veces, incluso los
propios afectados los ratifican e incluyen en su escala de valores, con la
consiguiente amenaza para su bienestar y su autoestima.

De este modo, aunque las políticas de igualdad estén ejerciendo una influencia
considerable sobre la conciencia colectiva, no profundizan en los prejuicios y
actitudes implícitas o subconscientes, muy difíciles de identificar y modificar.
Aunque la discriminación tradicional agresiva se haya erradicado, continúan
vigentes ciertos parámetros ‘silenciosos’ que coartan la libertad y la igualdad de
las minorías y que pueden terminar resultando igualmente dramáticos.

Después de todo, es claro que al eliminar la discriminación no solo estaremos


haciendo lo correcto, sino que también habremos dado un paso esencial para
garantizar un crecimiento económico sostenible, equilibrado e inclusivo de todas
las sociedades, tanto en las naciones desarrolladas como en los países en
desarrollo, en el Norte o en el Sur, en América o en África.
CONCLUSIÓN

Es claro que este problema es difícil de afrontar y es algo que yo siento que
siempre va a existir lamentablemente pero yo mi conclusión la hago con respecto
a la discriminación de que son víctimas los pueblos indígenas de México es
necesario proponer planes de acción y de reformas institucionales y legislativas,
así como cambios de actitudes, para que puedan desarrollarse las relaciones
interculturales en un contexto de justicia social. Como parte de esos planes de
acción es necesaria una reforma del Estado mexicano y la transformación de sus
relaciones con los pueblos indígenas. Como guía para todo ello se necesitan
modelos para pensar y justificar las formas de organización social y política que
permitan el florecimiento y desarrollo autónomo de los pueblos indígenas del país,
de manera que ellos mismos aprovechen sus recursos económicos y culturales en
condiciones que garanticen la satisfacción de las necesidades básicas de todos
sus miembros y la realización de sus capacidades. El modelo debe permitir
entender también que si la sociedad mexicana se organiza de esa manera es
posible fortalecer la nación, entendida como un proyecto en cuyo diseño y
realización participen pueblos y culturas muy diferentes, pero donde al mismo
tiempo se establezcan las condiciones para el desarrollo de cada uno de los
distintos pueblos y sectores sociales, respetando su identidad y sus decisiones
propias sobre sus proyectos de vida individual y colectiva.
Ya con eso terminó mi trabajo final, me gustó haber escogido este tema por su
contenido y espero que les sea este trabajo de su agrado.

BIBLIOGRAFÍA

http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/BD-DND-9.pdf

https://elpais.com/elpais/2014/03/03/planeta_futuro/1393837933_534354.html

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GARZÓN VALDÉS, Ernesto, “El problema ético de las minorías étnicas”, en L.


OLIVÉ (ed.), Ética y diversidad cultural, 2a. ed. México, Fondo de Cultura
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