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La lluvia

El joven y el anciano habían pasado la noche en la Posada, silenciosos y pensativos, mientras la


lluvia caía torrencialmente sobre el Antiguo Sendero…

.- Durante toda la noche, venerable – dijo el joven lentamente – he visto la lluvia, por obra del
viento, golpear los ventanales y correr, como un pequeño rio, por las irregularidades del Camino…

.- Interesante mirada, amigo mío – respondió el anciano con una leve sonrisa - ¿y cómo te sientes
con ello?..

.- Siento, venerable, una extraña sensación, mezcla de tristeza y alegría…

.- Curiosa e interesante sensación, joven amigo – dijo el anciano, sonriente - ¿y qué es lo que ha
generado en ti ese inesperado y especial estado?..

.- No lo se, venerable, pero el agua que corre mientras las gotas caen sobre el Camino, han evocado
recuerdos y emociones olvidadas y confusas…

.- Todo alumbramiento es confuso y doloroso, amigo mío – dijo el anciano al ver en el rostro del
joven dibujarse un gesto de dolor – y la lluvia, evocando el llanto que lava y acaricia nuestro
corazón, permite el alumbramiento de nuestra más profunda verdad…

El joven guardó profundo silencio…

.- Mira la lluvia caer sobre el Camino – continuó diciendo el anciano – y dime, por favor, qué ves,
qué historia te cuenta al oído el agua que corre, qué dice de ti mismo, como personaje principal de
tu propia vida, qué historia íntima, desconocida para todos – incluso para ti mismo – te susurra en el
repiqueteo rítmico de las gotas en los charcos y en el fango…

El joven guardó silencio, mirando y escuchando la voz de la lluvia…

.- Porque la lluvia, amigo mío – agregó aun el anciano – puede evocar y traer hacia la luz nuestra
más profunda e íntima verdad, si estamos dispuestos a escucharla y aceptarla…

.- ¿Dolerá, venerable?...

.- Todo alumbramiento duele, amigo mío…

El joven permaneció ensimismado, silenciosamente, por un largo rato…

.- La historia que la lluvia me cuenta, venerable, habla de esperanzas y desilusiones, antiguas y


actuales, y de pocos logros y muchos fracasos…

El llanto interrumpió al joven, que debió guardar silencio hasta recuperar su voz…

.- Y habla, venerable – dijo entonces mientras la lluvia caía desde sus ojos – de una antigua
búsqueda, hasta ahora frustrada, una y otra vez…

.- Dime ahora, sabio amigo – dijo el anciano hablando lentamente mientras una sonrisa acompañaba
su propia lluvia - ¿porqué crees que lloramos al oír nuestras historias de boca de la lluvia?..
.- ¿Será, venerable – dijo el joven suspirando y mirando en su interior – porque el cielo que llora
mueve, por empatía, nuestro propio cielo?, ¿será, tal vez, porque la historia que nos cuenta es el
relato que intentamos desoír?.. ¿Será, en fin, que lloramos porque, mientras caminamos, el
horizonte anhelado se aleja siempre de nosotros?..

El anciano cerró fuertemente los ojos nublados, mientras un intenso humo blanco escapaba de su
pipa…

.- Nadie podría expresarlo con mayor claridad, mi buen amigo – dijo entonces el anciano y agregó
aun – Todas nuestras historias en cierto punto se parecen: en todas ellas, el protagonista tiene
esperanzas y desilusiones, logros y fracasos… Y también una profunda y callada búsqueda
frustrada, que sin embargo lo impulsa a vivir…

.- ¿Y en qué se diferencian, venerable?, ¿Cuál es el punto que las hace únicas?..

.- El protagonista, amigo mío – respondió el anciano con una amplia sonrisa – tú, yo, cada uno de
nosotros, caminantes en pos del horizonte…

.- Un solo Camino con infinidad de modos de caminarlo, ¿verdad, venerable?..

.- Verdad, joven y sabio amigo…

.- Pero dime, venerable, ¿porqué aparecen, en este encuentro con nuestra propia historia, la tristeza
y la alegría, confundidas en intimo abrazo?...

.- Porque al ver nuestra vida en su verdad, vemos que las cosas no eran necesariamente como
creíamos ni como queríamos, y eso genera nuestra sensación de tristeza… Pero esa misma mirada,
al permitirnos ver las cosas de nuestra vida tal como son, nos aporta serenidad y discernimiento,
apareciendo entonces la sensación de alegría… Finalmente sobrevendrá un nuevo sentido para
nuestra vida y así aparecerá en escena, la paz que, en definitiva, constituye nuestra tan ansiada
felicidad…

El joven miro con curiosidad al anciano…

.- Todos, amigo mío, buscamos la felicidad pero solemos pintarla con los colores de nuestros
individuales deseos, surgiendo así la esperanza de que la vida, algún día y de alguna manera casi
mágica, satisfaga esos deseos que, confundidos con necesidades, consideramos imperiosos y cuya
consecución aportaría la supuesta felicidad… Por supuesto, como ello no ocurre, aparece en escena
la desilusión…

El anciano guardo silencio por unos instantes...

.- El problema se agrava cuando identificamos consecución del deseo con logro, por lo cual el deseo
no satisfecho aparecerá ante nuestros ojos como fracaso…

El joven se frotó la cabeza con ambas manos, en gesto de molestia y desesperación…

.- Pero entonces, venerable – exclamó - ¿qué hacer frente a todo eso?..

.- Diferenciar deseos de necesidades, amigo mío – dijo muy lentamente el anciano recordando su
propia desesperación en tiempos idos – para ver los deseos como tales y poder evaluar, entonces,
con mirada un poco más realista si valdría la pena correr detrás de ellos… De ese modo,
reduciremos progresivamente la cantidad de deseos, colocándolos en su correcta perspectiva… Así,
la búsqueda de un deseo ya no estará identificada con la búsqueda profunda y genuina de la
felicidad…

- Visto de ese modo, venerable, los fracasos no parecen tan terribles ni los logros tan fabulosos,
¿verdad? – dijo el joven sonriendo – Desde esa perspectiva, ningún triunfo sería absoluto y ninguna
derrota sería total…

.- La lluvia te ha hecho sabio – dijo el anciano, asintiendo con la cabeza - ¿y qué te ha dicho ella
acerca de ese horizonte anhelado y a la vez esquivo?..

.- Me ha dicho, venerable – dijo el joven con la mirada fija en el límite del cielo en la tierra – que el
horizonte indica un lugar hacia dónde dirigirnos pero no un lugar al cual llegar…

.- Y dime, sabio y joven amigo, visto el devenir de ese modo, ¿habrá entonces mejores o peores
vidas?...

.- No, venerable, solo habrá diferentes formas de vivir la vida…

El anciano asintió con la cabeza, fumando su pipa, satisfecho…

.- Y dime aun, sabio compañero del Camino, ¿cómo te parece que podríamos aportar sentido a esas
vidas diferentes en la vida?..

El joven cerró los ojos, pensativo…

.- Me parece, venerable, que podríamos evaluar, por obra del discernimiento, hacia donde
querríamos realmente dirigir nuestros pasos, conscientes de que el horizonte es solo un punto focal
en la perspectiva de la existencia, y decidir después qué camino tomar y cómo recorrerlo, atentos
sin embargo a que no todo depende de nuestra voluntad…

El anciano miró con sonriente admiración al joven…

.- A tu impecable y sabia mirada le falta solo un detalle, amigo mío: a la decisión de dirigir nuestros
pasos en un sentido, debemos añadir la decisión de sostenerla en el tiempo…

.- La decisión de sostener la decisión, ¿verdad, venerable? – dijo el joven pensativamente…

.- Verdad, amigo mío, la decisión sostenida por la decisión de sostenerla, a fin de persistir en la
dirección reflexivamente elegida, hacia el esquivo horizonte…

.- Como la lluvia, que no cesa hasta fertilizar la tierra desde el cielo, gota a gota, llevada por el
soplo hacia el horizonte, ¿verdad, venerable?...

El anciano asintió suavemente con la cabeza, mientras la lluvia arreciaba sobre el Antiguo Sendero
y la Posada crujía bajo el embate del viento, que dirigiría las gotas hacia su destino…

Anónimo