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Patricia Altamirano

Compiladora

Historia de la psicología
Orígenes, teorías y corrientes

Patricia Altamirano
Hebe Rigotti
Laura Manoiloff
Cecilia Ferrero
Adrián Ramírez
Título: Historia de la psicología: Orígenes, teorías y corrientes
Compiladora: Patricia Altamirano
Autores: Patricia Altamirano, Hebe Rigotti, Laura Manoiloff,
Cecilia Ferrero, Adrián Ramírez

Historia de la psicología : Orígenes, teorías y corrientes / Patricia


Altamirano ... [et.al.] ;
compilado por Patricia Altamirano. - 1a ed. - Córdoba : Brujas,
2015.
184 p. ; 23x15 cm.

ISBN 978-987-591-590-9

1. Psicología. 2. Historia. I. Altamirano, Patricia II. Altamirano,


Patricia, comp.
CDD 150.9

© 2015 De los Autores


© 2015 Editorial Brujas
1° Edición.
Impreso en Argentina
ISBN: 978-987-591-590-9
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
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Índice

Capítulo 1
Historia de la psicología, problemas y desafíos.
Patricia Altamirano...........................................................7
Capítulo 2
La constitución de un campo de conocimiento
Patricia Altamirano.........................................................39
Capítulo 3
Escuelas, corrientes y sistemas de la psicología contemporánea
El psicoanálisis: Freud. Hebe Rigotti.................................55
Capítulo 4
Historia del movimiento psicoanalítico.
Patricia Altamirano.........................................................75
Capítulo 5
El por qué de la evolución de la psicología cognitiva, en
particular, y de las ciencias cognitivas, en general.
Laura Manoiloff, Cecilia Ferrero, Adrián Ramírez..121

Linea histórica...................................................................165

5
Capítulo 1

Historia de la psicología,
problemas y desafíos

Patricia Altamirano

En los últimos años se ha otorgado gran importancia a la


enseñanza de la historia de la psicología como parte integral en
la formación de psicólogo, en alguna de sus diversas áreas de
aplicación.
Por otra parte, son numerosas las investigaciones que se
llevan a cabo actualmente y que están dirigidas a determinar las
causas y consecuencias de los principales hechos que han ido
modelando el perfil de la psicología contemporánea.
El estudio de cualquier problema psicológico o corriente
teórica puede hacerse desde dos perspectivas: un estudio dia-
crónico, a través del tiempo, o un estudio sincrónico, abor-
dándolo en una determinada época. Los estudios diacrónicos
nos permiten analizar cómo han ido evolucionando las ideas
científicas sobre un problema a lo largo de la historia, por ejem-

7
plo, el estudio del concepto conciencia o de los distintas psi-
cologías clínicas o formas de curación desde el pasado hasta la
actualidad.
Los estudios sincrónicos nos permiten analizar un pro-
blema en una época histórica (durante la ilustración o en la ac-
tualidad) desde diversas perspectivas y teorías. Por ejemplo, el
estudio actual del impacto de la neurociencia en la definición y
tratamiento de la esquizofrenia, los cambios sociales vinculados
a los grupos o instituciones.
En la actualidad, diversos autores insisten en que la escue-
la compite con otros elementos culturales, como los medios de
comunicación de masas, en el respeto por la diversidad cultural
como un valor y el acceso a la red de conocimiento pública.
Los conocimientos históricos genéricos, que transmiten
los sistemas escolares formales, transmiten un patrón cultural
homogéneo que, de distintas formas, obliga a que todos tengan
similares formas de pensar o de hablar. Esto es, que la escuela
asegura uniformidad para construir la unidad en el relato histó-
rico de un país, de una nación o de una disciplina o profesión.
A pesar de los cambios y transformaciones de la institu-
ción escolar , también es evidente que no hay renuncia cons-
ciente de la vieja sobre la nueva historia nacional. Y a pesar de
que los historiadores han avanzado mucho en la difusión de
distintas significaciones de los acontecimientos patrios, sigue
existiendo la alabanza a los próceres y la mirada estereotipada y
mítica sobre los procesos históricos.
Los mitos históricos tienen una importancia medular en
la conformación de la identidad nacional. De igual manera,
en lo que respecta a la psicología como disciplina, también
los mitos son requeridos para fortalecer la identidad como co-
lectivo de modo tal de adherir a una cierta tradición que nos
vincule tanto al área del saber como al ámbito profesional.
Si ponemos como ejemplo la historia argentina, esta
nos ayudará a comprender de manera análoga el campo inte-
lectual, la vida académica y profesional y su vinculación con los
temas políticos e ideológicos.
El 25 de mayo de 1810, ante la vacancia del trono es-
pañol y hasta tanto se aclarase el futuro de la monarquía, se
constituyó en Buenos Aires un gobierno provisorio para los
pueblos del Virreinato del Río de la Plata llamado la Primera
Junta de Gobierno. Su legitimidad se basaba en la retroversión
de la soberanía al pueblo; principio contractualista del derecho
político de la época que legitimaba el poder en sus manos por
ausencia del soberano. Pero ¿quién era el pueblo? En realidad,
no existía un pueblo que asumiera la soberanía, sino catorce
pueblos americanos soberanos correspondientes a las ciuda-
des principales del Virreinato, las cuales contaban con cabildos.
Fueron precisamente esos cabildos de esas ciudades los que en-
viaron diputados -apoderados con instrucciones para integrar
la Junta.
Posteriormente, los gobiernos que sucedieron a esta Pri-
mera Junta de Gobierno habrían de afrontar la necesidad de in-
dependizarse de España y de organizar una nueva nación. Esto
es así porque, del mismo modo que no existía aún un pueblo
argentino (recordemos que en ese momento argentino desig-
naba entonces a los porteños), tampoco existían una nación ni
una nacionalidad argentina. Pero, a diferencia de lo que se cree,
estas serían fruto y no causa del proceso que se iniciaba.
¿En qué consistió lo que podría llamarse una construc-
ción mítica? En interpretar el 25 de mayo de 1810 como un
hecho que marcó la irrupción en la historia de una nacionali-
dad argentina preexistente en busca de su organización como
Estado. Un mito difundido y derivado del Romanticismo, se-
gún el cual las naciones contemporáneas habrían surgido de
nacionalidades previas. La idea de ese mito surge de la preocu-
pación por fortalecer el sentimiento nacional.
Entonces, no fue 1810 la fecha que da cuenta de la exis-
tencia de un pueblo con fuerte identidad nacional, sino que
fue la generación del 900 la que dio lugar al nacimiento de los
temas del nacionalismo cultural. Es allí donde el 25 de mayo
-100 años después de aquel 1810- ve fortalecido su posición
mítica y elevado a categoría de discurso que podía conformar la

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identidad argentina y nacional, más allá incluso de los territo-
rios y los lugares de nacimiento.
Durante la presidencia del general Roca, las relaciones
económicas, sociales, políticas y culturales sufrieron profundas
modificaciones orientadas por la idea de progreso. Las capas in-
telectuales en formación estuvieron fuertemente condicionadas
por el control oligárquico del aparato cultural. Y la más signi-
ficativa de estas reacciones fue la suscitada en torno al tema de
“la identidad nacional”.
En lo político, la llamada generación del 900 se apoyó en
factores de poder como la inmigración, la propiedad de la tierra
(latifundios), y la alianza comercial con el imperialismo britá-
nico, entre otros. La inmigración era vista como recurso para
poblar el desierto, como fuente de mano de obra y como medio
para borrar los hábitos del caudillismo y la barbarie rural. Este
fue el motivo por el cual era observada con aprensión creciente
dentro de la elite de “viejos criollos”. Pero el monopolio de
la tierra en manos de grandes propietarios locales obstruiría el
proceso de colonización rural y transformaría la radicación del
inmigrante en un dato predominantemente urbano.
Hacia 1910, el desarrollo de las vías férreas, la seculariza-
ción de las instituciones de la sociedad civil y el capital extran-
jero eran celebrados como triunfos. Pero también había una
mixtura poblacional con demandas particulares que instaban
al régimen político a la democratización. Fue en ese escenario
que el tema de la “identidad nacional” cobró relevancia. Así,
el programa de posicionamiento del nacionalismo enarboló
los valores liberal-democráticos y tomó a la escuela pública
como el instrumento mediador por excelencia.
De este modo, se buscaba desarrollar una identidad na-
cional que incluyera a los inmigrantes, los criollos y todo ha-
bitante de Argentina. Ello explica las diversas versiones artís-
ticas infantiles del cabildo, criollos con paraguas y escarapelas
que festejarían la independencia del Virreinato. Una mirada
romántica para ordenar la divergencia poblacional del primer
centenario.

10
De esta forma es factible apreciar el establecimiento en
conjunto de los esfuerzos de la comunidad por crear una iden-
tidad junto con una forma de historizar el pasado, congruente
con el presente.
En este ejemplo de la historia Argentina, podemos con-
siderar como común denominador, que las historias que in-
tentan consagrar verdades, valores e identidades, resultan de
importancia política. Sin embargo para historizar críticamente
el decurso de los acontecimientos nacionales o los del campo
profesional o académico de la psicología, hace falta algo más
que un relato sobre como ocurrió. Es necesario volver a mi-
rar ese pasado, a través de las miradas teóricas y acercamientos
empíricos, para cuestionar esa historia que sacraliza un pasado
para hacerlo congruente con el presente.

Metafísica y los orígenes de la


psicología moderna
¿Por qué las cuestiones acerca de los orígenes sociales de
la psicología moderna resultan fundamentales para la discusión
sobre qué es la psicología en la actualidad? ¿Cuándo nace la
psicología como disciplina científica y como profesión recono-
cida? ¿Cuándo surge la reflexión sobre el alma, la conciencia,
las formas de acción de las personas y la voluntad de los indi-
viduos?
Antes del “nacimiento formal” de la psicología, tal como
la describen los manuales de historia, era la metafísica1 la que
abordaba los principales interrogantes que hoy podemos vincu-
lar a aquella. Si bien no eran exactamente las mismas pregun-
tas, los fenómenos a los que hacían referencias eran los mismos
que motivan hoy los debates psicológicos tanto en la ciencia
como en la profesión.
La metafísica es una rama de la filosofía que estudia la
naturaleza, estructura, componentes y principios fundamenta-
La palabra “metafísica” deriva del griego
1 
, que significa “más allá de la
naturaleza o más allá de lo material o físico”.

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les de la realidad. Una afirmación es metafísica cuando enuncia
algo relevante sobre un asunto («cuando emite un juicio sinté-
tico sobre un asunto») que por principio escapa a toda posibi-
lidad de ser experimentado sensiblemente por el ser humano.
La metafísica aborda problemas centrales de la filosofía.
Se pregunta por los fundamentos últimos del mundo y lo exis-
tente, la estructura de la realidad, el sentido y finalidad de todo
ser. Su objetivo es lograr una comprensión teórica del mundo,
los principios últimos, la verdad más profunda de las cosas.
Trabaja sobre objetos teóricos como: ser, nada, existencia, esen-
cia, mundo, espacio, tiempo, mente, Dios, libertad, cambio,
causalidad y finalidad, alma.
La metafísica se encuentra vinculada a los inicios de la
psicología porque, tal como indicaría Danziger, los objetos de
estudios o los aspectos de la realidad que aborda son inaccesibles a
la investigación científica, en el sentido que lo planteaba Imma-
nuel Kant. Desde la perspectiva de Kant, los problemas más
importantes de la metafísica eran las afirmaciones o juicios
universales (que se referían a problemas universales), la estruc-
tura categorial de esos juicios que era posible formular y las
coordenadas de tiempo y espacio como principales orientado-
res universales para el conocimiento del mundo y el ser. Por
ello, durante la primacía de la filosofía kantiana predominaba
la idea que la psicología no podía ser parte de la ciencia.
Tradicionalmente la metafísica se divide en dos ramas,
general y especial. La metafísica general (metaphysica gene-
ralis) pregunta por las categorías más generales del ser y por
eso también es llamada filosofía fundamental. Se ocupa de qué
son las cosas, las propiedades y los procesos según su esencia y
qué relación establecen entre sí. Al ocuparse de lo que hay, se
conoce como ontología. La metafísica especial (metaphysica
specialis) se divide en teología natural, filosófica o racional (estu-
dia a Dios a través de métodos racionales sin recurrir al misti-
cismo o a la fe); psicología racional, también llamada filosofía del
hombre, psicología metafísica o psicología filosófica (se ocupa del
alma o mente del hombre); y cosmología racional que investiga

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la estructuración del mundo material, como un sistema natural
de sustancias físicas.
La metafísica puede proceder de distintas maneras. De
un modo especulativo, parte de un principio supremo, a partir
del cual va interpretando la totalidad de la realidad. Un princi-
pio de tipo especulativo podría ser la idea de Dios, el ser, la mó-
nada, el espíritu universal o la voluntad. De un modo induc-
tivo, intenta ver de manera unificada los resultados de todas
las ciencias particulares, configura una imagen metafísica del
mundo. De un modo reduccionista (ni especulativa-deductiva
ni empírico-inductiva), en tanto mero constructo especulativo
a base de presupuestos de los cuales los seres humanos siempre
han tenido que partir para poder llegar a conocer y actuar.
Como apreciamos, dentro de la psicología racional (par-
te de la metafísica especial) se encontraban las reflexiones sobre
la psicología filosófica o el estudio de esas categorías desde las
cuales se podía especular en torno al hombre.
Lo anterior significa que las ideas psicológicas habían te-
nido existencia mucho antes del siglo presente. Estas fueron
producidas e intercambiadas ampliamente entre hombres de la
medicina, economistas, políticos, historiadores, artistas, y no
solamente dentro de la metafísica, pero es aquí donde el saber
de la época las ubicaba.
Entonces, para poder reexaminar los orígenes de la psi-
cología moderna el punto de partida es diferenciarla de la me-
tafísica superando la visión contemporánea que la ciñe a esta.
Para ello necesitamos plantearnos, como problema a ser expli-
cado, ¿cómo llegó a constituirse esta nueva comunidad? Y
al mismo tiempo, tal como lo plantean Ben-David y Collins
(1966), hacerlo desde una perspectiva sociológica alternativa a
la positivista.

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Historia, historiografía y aproximación
positivista en sus distintas vertientes
La historia es el registro escrito de lo que se conoce sobre
las vidas y sociedades humanas del pasado y la forma en que
los historiadores han intentado estudiarlas. Por consiguiente,
llamamos historiografía al arte de escribir la historia. Quizá
la historia sea la disciplina más complicada de definir ya que,
al intentar develar los hechos y formular un relato que sea in-
teligible y coherente, implica el uso de muchas disciplinas au-
xiliares. El objetivo de todos los historiadores ha consistido en
recopilar, registrar e intentar analizar todos los hechos del pasa-
do del hombre y, en ocasiones, descubrir nuevos acontecimien-
tos. Por consiguiente, la historia es inseparable del historiador.
Salvo que el historiador sea testigo, los hechos históricos son
conocidos a través de fuentes intermedias. Fuentes que pueden
ser los testimonios de los testigos de los acontecimientos, rela-
tos escritos, archivos y otras que proporcionan las pruebas con
que el historiador descifra tales hechos.
Pero el objetivo de la historia no se cumple relatando los
acontecimientos. El proceso de interpretación histórica afecta
todos los aspectos de la investigación. Se trata de un proceso
que se inicia con la selección del tema que se pretende estudiar.
En este sentido, los acontecimientos constituyen los cimientos,
pero la elección de los mismos es un juicio previo que mani-
fiesta la importancia de la cuestión. Elegir el objeto de estudio
sugiere una hipótesis o modelo teórico provisional que guía la
investigación y ayuda al historiador a valorar y clasificar los
testimonios disponibles para presentar un relato detallado y
coherente del elemento analizado. Por eso, el historiador debe
respetar los hechos, evitar la ignorancia y los errores cuanto sea
posible y aportar una interpretación convincente e intelectual-
mente satisfactoria.
El problema radica en que no hay una sola forma de ha-
cer historia, como tampoco hay una sola forma de hacer psi-
cología. Estas formas de hacer actividades científicas están

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siempre en ámbitos de debates y de incógnitas que, a pesar
del esfuerzo por los grupos de intereses en valorar más unas
posiciones que otras, son parte del crecimiento del saber y, en
ciertas ocasiones, del estancamiento de sectores del saber. Saber
y poder están asociados y deben ser ubicados en un contexto
social y en una construcción histórica.
Los debates sobre a qué debemos llamar historia, cómo
se debe registrar, cómo se construye y, sobre todo, qué datos
tomamos en cuenta y cuáles no y sobre quién pesa la potestad
del saber, todo ello está marcado y discutido en la historiogra-
fía. La historiografía es una disciplina que se dedica a estudiar
y a analizar cómo se ha dado, a lo largo del tiempo, el registro
de hechos históricos por el hombre teniendo en cuenta los mé-
todos, las formas, los objetos de estudio, autores, fuentes y los
intereses que han variado en cada época y espacio.
Si bien la historia de la historiografía fue pasando por
diversos períodos, un momento cumbre de la discusión sobre
cómo hacer historia lo constituyó la fuerte posición del posi-
tivismo.
El positivismo es un sistema filosófico basado en la expe-
riencia y en el conocimiento empírico de los fenómenos natu-
rales. El término fue utilizado por primera vez por el sociólogo
francés Augusto Comte, creador de la historiografía contem-
poránea y exponente máximo de la corriente positivista de la
historia en el siglo XIX. Gracias al positivismo de Comte, la
historia alcanzó su identidad como disciplina académica inde-
pendiente, dotada de su propio método y análisis, pero tam-
bién imprimiéndole un carácter particular con implicancias en
la forma de acceso al conocimiento.
El positivismo consiste en admitir como científicamente
válidos solo aquellos conocimientos que proceden directamen-
te de la observación y la experiencia. El hecho o los fenómenos
percibidos objetivamente son la única realidad científica, mien-
tras que la experiencia y la inducción son los métodos exclusivos
de la ciencia. En este sentido, cualquier disciplina que aspire a
ciencia debe aplicar el método de estudio propio de las ciencias

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físico-naturales, despreciando la creación de teorías a partir de
principios que no procedan de la experimentación. Apela al
recurso de la lógica matemática como estructura del discurso
científico, priorizando la búsqueda de leyes universales de la
naturaleza para su dominio tecnológico. Los fenómenos deben
ser explicados causalmente por medio de leyes generales y uni-
versales y la razón se convierte en instrumento, en un medio
para otros fines (razón instrumental). En metodología histórica
positivista priman las pruebas documentadas, subvalorando las
interpretaciones generales. Como consecuencia, los trabajos de
esta naturaleza suelen tener acumulación documental y escasa
síntesis interpretativa.
De esta manera, la historia, la psicología y la sociología
serían un conocimiento libre de todas las relaciones con la filo-
sofía basado en datos empíricos en igual medida que las cien-
cias naturales, proponiendo la investigación empírica para la
comprensión de los fenómenos sociales, psíquicos e históricos.
Desde esta perspectiva, la mirada positivista viene a opo-
nerse a la fase caracterizada por explicaciones mágicas de los
fenómenos naturales, en la que se utilizaban categorías antro-
pológicas o del sentido común para comprender el mundo y la
utilización de una tecnología esotérica para intervenir sobre él.
Pero si bien se opone a la metafísica o filosofía priorizando ex-
plicaciones racionales y buscando sistemáticamente el porqué
de las cosas, se aparta de los hechos echando mano a entidades
abstractas y términos metafísicos para sus explicaciones.
Las posiciones positivistas tienen una importancia cen-
tral en el impulso de las ciencias en el siglo XIX, posibilitando
nuevas formas de hacer ciencia, establecer nuevas problemáti-
cas y evidenciar avances destacables en el conocimiento. En la
actualidad esta corriente suma la mirada teórica y en algunos
casos abandona la estricta adscripción a todos sus postulados
extremos.
Dice Hempel (1995) que en la historia, como en cual-
quier otra ciencia empírica, explicar un fenómeno consiste en
subsumirlo bajo leyes generales empíricas. Las leyes de las cua-

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les habla no sirven de mucho en la historia, ya que no permite
deducciones generales. El afán de los positivistas en hacer de la
historia una “ciencia exacta” es imposible porque el objeto de
estudio es el ser humano, cuya conducta, a diferencia de la de
los animales, tiene un grado de racionalidad y es irrepetible. Así
vistos, los hechos históricos solo pueden abordarse una vez que
han sucedido y el historiador sólo puede interpretar su necesidad
a posteriori, pues todas la hipótesis que barajase sobre lo que
hubiese podido conocer si se hubiese actuado de otra manera
constituyen, en el mejor de los casos, meras especulaciones.
La motivación del positivismo era hacer de la historia
una ciencia exacta basada en la máxima objetividad, rigurosi-
dad de los hechos, dotándola de un método científico de igua-
les características de las ciencias naturales. Pero, ¿cómo podrían
considerar los positivistas que la historia sea una ciencia? Me-
diante la observación a través de la experiencia de los hechos
históricos y una acumulación de datos comprobados en forma
crítica a través de un vasto conocimiento de los documentos.
Los hechos estaban en los documentos y solo se necesi-
taba criticar a la fuente de manera objetiva, tratando de mini-
mizar el análisis subjetivo del autor proveyéndoles de marcos
teóricos consistentes que le permitieran ordenar la evidencia
empírica con sus miradas teóricas. El carácter científico po-
sitivista descansaba en el convencimiento de que con ese pro-
cedimiento el historiador podía depurar los acontecimientos
de su carga emocional para evaluarlos correctamente, limando
asperezas y eliminando las pasiones; él no debía preocuparse de
establecer leyes ni relaciones causales, pues esa tarea le estaba
encomendada a la sociología.
Las fuentes escritas que utilizaban los positivistas estaban
en documentos oficiales procedentes de los gobiernos y conser-
vados en archivos. Había que mantener una cierta distancia
entre el sujeto-objeto para que la interpretación no sea desvir-
tuada por la subjetividad del historiador. Esto es, que cualquier
injerencia de tipo teórico o filosófico interpretativo o valorativo
suponía falsear el carácter exacto que debía poseer la historia.

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Negarse a teorizar sobre la historia era una actitud propia de
los historiadores positivistas, discípulos de Ranke (considerado
comúnmente como el padre de la historia científica), devenida
en una constante general durante varios siglos en los que las
reflexiones sobre la evolución histórica, la historia universal y
la sociedad se hacían fundamentalmente desde el campo de la
filosofía o de la política, pero no desde la historia propiamente.
En definitiva, la historia para Ranke era una sistematiza-
ción exhaustiva de los documentos históricos que el historiador
solo debía ordenar en su intento de reconstruir el pasado. Gra-
cias a eso, y al tener en consideración las circunstancias históri-
cas del escritor, se progresó de forma sustancial en la crítica de
las fuentes que se convirtieron en clave para evaluar los docu-
mentos. En este sentido se rescata el aporte que hicieron los
positivistas a la historia combinando la objetividad del histo-
riador (al menos como ideal) con la aguda observación de que
todos los historiadores son producto de su tiempo y entorno
y que, por lo tanto, sus relatos son necesariamente subjetivos.
Se auguraba así la ruptura de la conexión de la historiografía
clásica con el arte literario de carácter intuitivo, y se la alineaba
a la moderna investigación científica.
El positivismo fue muy importante para la reflexión de
todas las formas de hacer ciencia. Antes de la mirada positivis-
ta, la historia surgía como un quehacer más de las reflexiones
filosóficas o de las necesidades políticas, un quehacer del cual
surgirá una rama especifica de la filosofía: la filosofía de la his-
toria. La historia servía a la política para entronizar todos los
datos requeridos para la construcción de un cierto poder. Ade-
más, se la utilizaba para cimentar las identidades regionales,
nacionales y étnicas. Con el positivismo la historia pasa a ser
conceptuada como la ocurrencia de hechos pasados que pode-
mos ordenar para nuestra comprensión, pues está asentada en
los documentos y solo hay que analizar esos hechos.
El positivismo pretendió de la historia un cierto éxito
predictivo, es decir, que pudiera predecir mediante la teoría en
cuestión. Al parecer, dadas sus características positivistas, Hem-

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pel (empirista lógico y epistemólogo) creyó saber que para lo-
grar un buen estudio histórico se necesitaba una teoría “exacta”.
Pero, y si esa teoría no fuera exacta, la historia ¿dejaría de ser
científica?
Ha habido mucha controversia de si la historia es o no
científica. Unos plantean que es imposible en la esfera de las
ciencias sociales establecer leyes científicas, otros defienden la
unicidad de la ciencia señalando la semejanza fundamental
de la materia de investigación, tanto en el caso de las ciencias
naturales como en las sociales. Esta es la postura de Topolsky
(historiador polaco) y viene a ser corroborada por la creciente
interdisciplinariedad entre las distintas ramas de las ciencias.
Esta indica que no es posible establecer divisiones claras entre
ellas porque la unidad de la ciencia puede afirmarse por la pro-
pia unidad del objeto de estudio en cuestión.

La historia de la psicología:
otra versión cuasi positivista
Sin embargo, las vertientes positivistas se complejizan e
intenta a través de la reflexión crítica, encontrar salidas a los di-
lemas que se le presentan. Muchas veces son los propios psicó-
logos aquellos motivados por la historización de la disciplina y
la profesión. En este caso introducimos las reflexiones de Alber-
to Rosa Rivero que nos indica que la historia de la psicología
se corresponde con una metadisciplina, una forma de saber
reglado que sigue unas normas que son las que suministran las
garantías de fiabilidad y validez de sus interpretaciones. Un sa-
ber disciplinado y empíricamente fundado que se corresponde
con una disciplina particular: su sustancia es el tiempo, el
devenir, el cambio.
El historiador se halla ante el imperativo metodológico
de guardar una actitud historicista, es decir, un intento
de estudiar el pasado en los términos contemporáneos
al presente de aquel pasado que se evoca. Dado que la
historia es una disciplina empírica, trabaja con datos

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objetivos, es decir, evidencias que son a) empíricas: los
restos del pasado (documentos y monumentos) que al-
canzan nuestro presente y b) conceptuales: causas del
cambio (describe y explica).

La investigación histórica se centra en una región


particular del espacio estudiado por la disciplina (un
acontecimiento, un periodo histórico, etc.). Es en este
sentido en el que se habla de historia regional, como la
descripción y explicación de una región del pasado.

Siendo el producto final de la historia un texto con


forma narrativa, con frecuencia los productos finales
del trabajo del historiador aparecen con la forma de un
relato que describe y explica lo sucedido en un mo-
mento pasado. Esta característica hace que haya autores
que defiendan que el contenido de la historia no esté
constituido solamente por los eventos que se relatan
sino también por la forma en que esos eventos se pre-
sentan y explican, además de incluir, de forma inevita-
ble, implicaciones ideológicas y morales.

Existe una multiplicidad de sentidos atribuibles al


término “historia”: función material, eficiente, formal,
final. Pero para que el texto sea considerado como perte-
neciente a la práctica historiográfica disciplinada, debe
ser no solo verosímil (compatible con la evidencia con-
ceptual de que se dispone sobre la causalidad física y
de las acciones individuales y grupales humanas), sino
también tener validez empírica; es decir, los aconteci-
mientos y las causas evocadas deben apoyarse sobre la
evidencia documental o monumental disponible. Solo
así puede hablarse de una historia científicamente vá-
lida, con pretensiones de verdad.

¿Cuál es el objetivo de la Historia de la Psicología


(HPsi)? ¿Cuál es el objeto de estudio de la Historia de la Psi-
cología? Desde la perspectiva de Rosa Rivero, la HPsi tiene por
objetivo describir y explicar la psicología, sus cambios en el
tiempo y producir elaboraciones teóricas sobre el propio deve-
nir de su objeto de estudio. Esto es, estudia los modos en los

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que se hace, se construye y se aplica el conocimiento psicoló-
gico.
Atendiendo al cambio y a las transformaciones de la psi-
cología como forma de saber científico, el objeto de estudio
de la HPsi es lo que los psicólogos han dicho, escrito y ela-
borado sobre constructos intelectuales que hoy entendemos
como vinculados a la psicología.
Si la HPsi teoriza sobre lo que los psicólogos han dicho,
escrito y elaborado sobre determinados constructos in-
telectuales, ¿qué criterios usamos para delimitar el ob-
jeto de estudio?

El objeto de estudio de la HPsi se define en este contexto


como:
Textos, personajes e instituciones que generaron dis-
cursos sobre lo psicológico, así como las acciones que dieron
lugar a ellos.
–– Discursos que han sido generados, recibidos, usados
o desechados en diversos momentos temporales.
–– Acciones de sujetos humanos, incluidos en entornos
sociales e históricos concretos.
Entonces, si el objetivo de la historia de la psicología es
describir y explicar los cambios y las transformaciones
que se han producido a lo largo del tiempo sobre este
campo de estudio en particular, se trataría ahora de adop-
tar una perspectiva de análisis que resulte adecuada.

Esta perspectiva nos motiva a considerar que la psicolo-


gía que importa no es lo que ha hecho cualquier psicólogo sino
sus personajes eminentes y significativos para el desarrollo
de la psicología en su condición de tal, vale decir psicólogos
que son considerados como tales por parte de quienes hoy son
reconocidos como expertos en psicología.
Debido a que estos personajes sobre lo cual se basa ese
relato histórico se vinculan muy profundamente con lo
que se ha hecho, dicho, escrito y elaborado sobre esos

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objetos y sujetos y su relación con la realidad histórica,
es esencial buscar, indagar, en la materialidad de estos
autores en tanto ellos se presentan como textos; como
procedimientos para construir esos textos; como méto-
dos utilizados para generar las experiencias que estu-
vieron en el origen de la redacción que ahora nos llega;
como instituciones en cuyo seno se llevaron a cabo las
acciones que finalmente culminaron en esos textos.

Sociología de la ciencia positivista


y sus detractores
Tal como describimos más arriba, el positivismo tuvo un
impacto importante en la forma de entender la formación de
las ciencias y en particular de las ciencias sociales. Historia,
economía, política, sociología, psicología, antropología, entre
otros, vivieron una serie de cambios importantes y constituyeron
discursos propios que luego fueron profundamente debatidos.
¿Cómo se dio el proceso posterior desde la reconstrucción
de la sociología de la ciencia positivista a los autores que recha-
zaron esta forma de ver los hechos del pasado? En particular
nos interesan los hechos del pasado vinculados a la historia de
nuestra disciplina, la psicología.
Danziger es uno de los principales detractores en la his-
toria de la psicología positivista. Sus textos comienzan deba-
tiendo con esa mirada histórica, proponiendo un diagnóstico
crítico y una mirada política sobre los historiadores que escri-
ben historia desde esa perspectiva.
Desde su mirada, la historia contenida en los manuales de
psicología está distorsionada. Su único objetivo es orientar a los
estudiantes y futuros psicólogos en el convencimiento de que
existe en el pasado una razón para acompañar en el presente
distintas corrientes psicológicas. De esta manera, se han creado
mitos acerca de la psicología, su origen e historia con la única
finalidad de imponer una forma de verla, valorando positiva-
mente unos saberes y negativamente otros.

22
Desde la perspectiva crítica de Danziger, la sociología
de la ciencia positivista presenta muchas características que me-
recen ser examinadas. Dice que es acrítica con una naturaleza
profundamente ahistórica de sus categorías explicativas; que
contempla una noción de progreso acumulativo, donde dis-
tingue la ciencia de la pre-ciencia; que sostiene que el progreso
puede ser medido por el número de publicaciones de investi-
gación. Aplicada a la historia de la psicología, es ésta manera
de pensar la que induce a la conclusión tradicional de que la
psicología moderna comenzó en Alemania y posteriormente
trasladó su centro a los Estados Unidos.
Es cierto que las normas que rigen la actividad científi-
ca han sido siempre las mismas, y siempre han existido como
ideas. En este punto llegamos a advertir una dificultad funda-
mental que proviene del intento de combinar el enfoque positi-
vista de la “evidencia” con una teoría individualista del cambio
histórico. Esta última atribuye una importancia primordial a
las intenciones individuales, mientras que el primero devalúa
los informes “subjetivos” directos de dichas intenciones, las
cuales, por eso mismo, deben ser inferidas de datos “objetivos”.
¿Sobre qué criterio de relevancia son seleccionados dichos
datos, entre la riqueza potencialmente ilimitada de la in-
formación histórica? Claramente, el criterio de relevancia es
provisto por la necesidad de reconstruir la situación elegida,
confrontada al individuo histórico. En este punto la supuesta
objetividad del procedimiento deviene aparente: la perspectiva
del sociólogo es meramente sustituida por aquella de la figura
histórica en cuestión.

La disputa entre el positivismo y


la sociología del conocimiento
Como hemos visto, existen marcadas diferencias entre
ambas perspectivas pero la más significativa es, tal vez, la consi-
deración del contexto social. Mientras la sociología positivista
de la ciencia se aleja de examinar el contexto social del surgi-
miento de los contenidos, objetos y métodos de la psicología, la

23
sociología del conocimiento reconoce el contexto social como
determinante la naturaleza de la nueva disciplina. Asimismo, la
primera no se inquieta con disputas sobre los cambios que han
desarrollado los conceptos o las significaciones que se le otorga a
los dispositivos de las prácticas científicas, ya que sus mediciones
de la actividad están estrictamente limitadas a lo externo como el
número de publicaciones y el uso de rótulos (por ejemplo, expe-
rimentación). Para la sociología del conocimiento, en cambio,
el problema es el contexto social del contenido actual de las ideas
científicas; aquellas mediciones son triviales.
En la determinación de la historia de las disciplinas cien-
tíficas, la naturaleza de la motivación también es considerada
relevante. En este punto se visualiza otra diferencia entre ambas
perspectivas. Para Ben-David y Collins la emergencia de una
nueva identidad profesional (hoy conocida como psicología
moderna) no responde a aspectos societales sino que tiene ori-
gen en las aspiraciones de carrera de ciertos individuos claves.
Los factores sociales no serían relevantes ni mucho menos de-
terminantes del status relativo de los diversos campos.
La experimentación es un dispositivo que se incluyó
para que la psicología fuera una ciencia. El experimento es una
práctica científica en el cual se provoca algún fenómeno para
observar e interpretar su resultado para comprobar luego el gra-
do de validez de una hipótesis. Esta definición tan breve y clara
no ha sido la misma a través de los tiempos. Las reconstruccio-
nes históricas sobre el término experimentación son diversas y
profundamente vinculadas a la posición que el autor tenga con
la validez que ese método confiere a las conclusiones.
Este punto es muy importante dado que es un concepto
que para algunas epistemologías e historias de la ciencia psico-
lógica es el puntal de la creación de la disciplina psicológica;
en la actualidad se comporta de manera distinta y tiene sig-
nificados distintos. La experimentación como dispositivo de
medición ha cambiado y extremado sus formas metodológicas
y técnicas para hacerlo más confiable y seguro.

24
En tanto, con el transcurso del tiempo, se han dado cam-
bios muy profundos, no es posible afirmar que las prácticas
de experimentación ya sea en el inicio de los tiempos de la
psicología o en el laboratorio de Wundt, sean idénticas a las
de la actualidad.
La disputa al respecto del lugar de la experimentación
en las ciencias no solo existe en las ciencias sociales, humanas
sino también en la física y la química que tradicionalmente
fueron adjudicadas dentro del grupo de las llamadas ciencias
experimentales porque su materia de estudio y los problemas
que plantean pueden someterse a experimentación.
Básicamente, la experimentación consiste en reprodu-
cir en laboratorio el fenómeno estudiado. Pero las formas de
entender este concepto, su metodología e implicancia en el
descubrimiento científico han cambiado a lo largo del tiempo.
En psicología, tanto la concepción de la naturaleza de la ex-
perimentación como las perspectivas acerca del rol que debía
serle asignada, han variado marcando profundas diferencias a
lo largo del tiempo.
Para algunos, la psicología experimental representaba la
totalidad de la ciencia psicológica, mientras que para otros era
solo una pequeña parte. En el inicio de la psicología como cien-
cia, el experimento psicológico paradigmático estaba basado en
las introspecciones de un puñado de observadores sofisticados y
altamente entrenados. En la actualidad, las condiciones en que
se desarrolla un experimento deben estar planeadas y controla-
das. Cuando éstas cambian, el fenómeno debe controlarse con
el fin de lograr una interpretación confiable de los resultados de
las mediciones. La observación es parte del experimento y está
sujeta a las condiciones controladas por el investigador.

La disputa por el objeto de estudio de la psicología

La psicología proporciona, o debería proporcionar, los


principios fundamentales sobre los cuales la sociología, la his-
toria, la antropología, la lingüística y otras ciencias que tratan

25
con el pensamiento y la acción humana deberían estar basadas.
Los hechos y leyes de la psicología deberían proveer la
base general para la interpretación y explicación de los grandes
eventos estudiados por la historia, las actividades complejas de
la sociedad civilizada, los motivos que controlan las acciones
del trabajo y el capital. Teóricamente, la historia, la sociología,
la economía, la lingüística y las otras humanidades o ciencias
de los asuntos humanos, son todas variedades de la psicología.
Tal declaración implica que los problemas económicos,
sociales o históricos son problemas básicamente psicológicos,
o deberían ser tratados como tales. Desde esta perspectiva fue
creada, por primera vez, la imagen de una ciencia general de la
conducta, cuyas leyes habrían de ser tan abstractas y ahistóricas
como las leyes de la física.
Poco tiempo después, el objetivo de la nueva ciencia vino
a ser anunciado a través de un slogan, que aún se hallaba en
sus libros de textos introductorios: la predicción y control de
la conducta. Este objetivo es totalmente discordante con los
objetivos que Wundt tenía en mente para la psicología: sus
fines no estaban relacionados ni con la predicción, ni con el
control, ni con la conducta. Tampoco los sucesores alemanes de
Wundt desarrollaron jamás tales objetivos para su disciplina. Si
lo hubieran hecho, sus oportunidades de lograr el respeto del
establishment académico hubieran sido aún más escasas. Por lo
tanto, la gran diferencia entre las posiciones institucionales
de la psicología alemana y americana tuvo su contrapartida
en la divergencia absoluta de propósitos.
Esto no debería sorprender porque, al desarrollar sus ob-
jetivos, una disciplina define su rol en términos de la división
general del trabajo, entre otras. Por lo tanto, los objetivos de-
finen su posición relativa respecto de otras disciplinas. Cons-
tituyen una declaración de su interés intelectual, el último
criterio a través del cual métodos, conceptos y evidencias son
juzgados.
Lo que mantiene juntos a los practicantes de un campo
es su interés intelectual común y el hecho de que, básicamen-

26
te, todos tienen los mismos propósitos. Este propósito define
tanto el dominio dentro del cual los practicantes han de tra-
bajar como los modos en los cuales ellos proponen actuar en
dicho dominio. Tal dominio es una construcción intelectual de
los practicantes de la disciplina, no es algo dado desde el exte-
rior. En efecto, el desarrollo de un interés intelectual implica
no solo la formulación de un programa de trabajo sino también
la distinción conceptual de la materia sobre el cual habrá
de ejecutarse dicho trabajo. De esa manera, la categoría con-
ducta, tal como es usada por la psicología moderna, viene a ser
una construcción intelectual que identifica cierto dominio y
el material potencial para legitimar el trabajo psicológico.
En este marco, la sociología del conocimiento reconoce
los intereses personales como reflejos de intereses de grupos
que provienen del contexto de otros intereses, del de los con-
flictos sociales. Sean o no conscientes de ello, los individuos
actúan en el interior de un tejido de tales relaciones que se
extienden desde la sociedad entera hasta sus ambientes pro-
fesionales inmediatos. En consecuencia, es apropiado para la
psicología del conocimiento trazar los intereses intelectuales
de los individuos hasta aquellos intereses sociales más amplios
que caracterizan a las sociedades en las distintas fases de su his-
toria.
La propuesta de reflexión histórica:
–– Marca claramente un recorrido anclado en la nece-
sidad de revisar la psicología incluyendo los facto-
res sociales, las instituciones que la hacen posible y,
finalmente, la profesión como práctica y tecnología
central frente a las demandas sociales.
–– Critica la mirada de los autores de los manuales
que construyen de manera intencionada formas este-
reotipadas de la historia sosteniendo, por lo tanto,
la vigencia de mitos que apoyan ciertas versiones de
lo que debe ser la psicología. Mitos que legitiman
ciertas demandas sociales hacia la disciplina y que
son los que promueven la formación de los futuros

27
psicólogos en el convencimiento del “deber ser”. Se
obtiene, de este modo, un poderoso elemento que
dice qué es lo que los psicólogos deben hacer en la
práctica y qué deben estudiar para encontrarse dentro
de un ámbito legitimado.
–– Pone en cuestión la tensión entre intereses indivi-
duales e intereses intelectuales. En este sentido, para
explicar la conformación de una comunidad de psi-
cólogos, propone una lectura histórica anclada en los
conceptos de intereses sociales e intelectuales como
ejes articuladores de la disciplina y sus saberes, obje-
tos y métodos en el contexto donde nace gracias a las
demandas sociales.
–– Dado que el concepto de interés permite avanzar
sobre las categorías de historia externa e historia
interna de la ciencia, realiza una dura crítica a po-
siciones positivistas como la de Ben David y Collins.
Destaca así factores extradisciplinarios determinantes
de los intereses intelectuales y sociales para aplicándo-
los a la historia de la psicología.

La política renueva la psicología


Las narraciones históricas no son neutrales. Esta es la pri-
mera observación que nos marcan los historiadores críticos. No
son neutrales porque los historiadores seleccionan cuáles even-
tos van a relatar y cómo los van a interpretar. Por ello, podemos
decir que son elecciones subjetivas, porque deciden qué es sig-
nificativo y qué no lo es, condicionando fuertemente la forma
en que las personas conciben la historia presente y pasada. Esto
sucede en las escuelas. Para enseñar la historia en las escuelas,
se seleccionan algunos contenidos e interpretaciones y se dejan
de lado u omiten otros. De este modo, se fortalecen creencias
sobre valores, mitos y políticas públicas en la sociedad.
De igual modo, expone Harris, las tradicionales historias
de la psicología juegan un rol similar al fortalecer el status quo.

28
Al exponerla como una disciplina estrictamente científica, ig-
noran el rol de los factores ideológicos y políticos en su evolu-
ción y privilegian las visiones que avanzan de modo lineal para
ayudar a la sociedad desarrollando investigaciones “libres” de
esa valoración. Usando ejemplos de casos ilustrativos, Harris
demuestra cómo las dinámicas de poder influyen en la evolu-
ción de una disciplina.
A lo largo del libro, Harris señala contribuciones de pen-
sadores críticos que las historias recientes tipifican, lo que él
denomina la Nueva Historia de la Psicología. Así, por ejemplo,
existen historias tradicionales que desestiman las experiencias
de las mujeres frente a las cuales se erigen los aportes de femi-
nistas críticos. En esta línea de pensamiento, advierte que no se
trata de acusar a individuos específicos, a psicólogos particula-
res por las injusticias de la psicología (aún cuando sus trabajos
más influyentes merezcan críticas), sino que la injusticia surge
más bien de fuerzas sociales más poderosas. El conocimiento y
la investigación, según Harris, están inspirados por el contexto
social y los intereses políticos.
En lo que a estudiante de grado se refiere, también hay
diferencias. Para la mayoría, los cursos de “Historia y Sistemas”
sirven para fortalecer el paradigma dominante en psicología.
Para los estudiantes críticos, en cambio, la exposición a las vi-
siones de las primeras generaciones tiene el potencial de subver-
tir la ideología del consenso que prima.
Cuando la historia de la psicología se divorcia de los
eventos nacionales y mundiales, se convierte en una historia
que sirve al status quo. Lo hace ciñéndose a discusiones inte-
lectuales en el interior de grupos de élite como, por ejemplo,
profesores universitarios. Sus descubrimientos son presentados
como productos de inspiración individual, motivados por una
búsqueda del conocimiento independiente del tiempo.
Pero a pesar de que Harris reconoce la influencia del con-
texto, tiene una mirada más optimista sobre las fuerzas que
pueden impactar sobre él de manera inversa. La práctica de
los psicólogos no solo tienen a los sectores de máximo poder

29
siendo capaces de cristalizar demandas de cara a sus propios in-
tereses, sino que los sectores contestatarios también intervienen
en las dinámicas de poder y pueden influir en la evolución de
una disciplina. Lo que hace Harris es otorgar visibilidad a las
historias que leen las experiencias de influencia de psicólogos
reformadores radicales y sociales en psicología. Esas historias de
movimientos contra la hegemonía de la ciencia estandarizada
que los libros de texto oscurecen. A hacerlo, advierte, se les
niega a los estudiantes el conocimiento de las luchas que se han
producido entre radicales y reaccionarios por el control sobre la
profesión y sobre la autoridad cultural general.
En síntesis, Harris nos indica la existencia de historiado-
res tradicionalistas, revisionistas, contra revisionistas y que es
necesario una historia crítica. Acepta distintas versiones de la
misma. Rescata los textos de Danziger, en el sentido que pro-
veen de una forma distinta de encarar la historia, destrozando
varios mitos y avanzando sobre la importancia de la construc-
ción social en las historias tradicionales y empíricas.

La construcción de lo psicológico
La construcción de lo psicológico, de lo que se va a llamar
“fenómenos de lo humano”, aquello que nos caracteriza como
las capacidades, los procesos, las etapas de la vida, el odio y
el amor, el género, etc., son argumentos que se desplegaron a
través de la historia de la disciplina psicológica. Si bien otros
desarrollaron la noción de construcción de lo psicológico, Rose
se distancia de posiciones anteriores planteando que el propio
objeto de la psicología es histórico” y se transforma según la
cultura; que los lenguajes están influidos por los cambios his-
tóricos; que solo la reflexión histórica permitirá visibilizar los
poderes que existen tras de la historia de manual; y que, dada
la complejidad del objeto teórico de la psicología, la reflexión
sobre tales construcciones debe hacerse desde la “deconstruc-
ción” de lo dado.

30
Rose advierte que estas posiciones nacen a la luz de la dis-
cusión con interlocutores clásicos (el empirismo y el positivismo)
y, por lo tanto, de la negación de esas posiciones. Este se configu-
ra como motivo de dificultad para una indagación crítica de las
producciones psicológicas en su conjunto, porque se fundamenta
en el mismo espacio que pretende criticar. De ello se desprende
que pueda parecer poco fructífero buscar “deconstruir” los obje-
tos teóricos o indicar cuáles fueron los mecanismos y dinámicas
de poder de los cuales dependen sus status de verdad.
Diferenciándose, Rose va a tomar a un Gastón Bachelard
que indica que de lo que se trata no es de la construcción si-
tuada o de la deconstrucción, sino más bien de que “toda ver-
dad nueva nace a pesar de la evidencia; toda experiencia nueva
se adquiere a pesar de la experiencia inmediata”. La ciencia se
construye contra la evidencia de los datos dados y gracias a una
operación teórica sobre los fenómenos, que permite el surgi-
miento de una verdad científica. Para Bachelard, se construye
ciencia cada vez que hay una ruptura con el conocimiento dado
a través de la experiencia inmediata. Tampoco es una racio-
nalización de esta. Y va mas allá proponiendo que la ciencia
necesita una constante vigilancia epistemológica para evitar ser
atrapada por las categorías inmediatas de lo empírico.
Esta posición no pretende tan solo deconstruir o, en su
defecto, indicar que todo objeto teórico construido por la psi-
cología se encuentra en coordenadas históricas, políticas, socia-
les y culturales. De hecho, Rose cree que es así, pero que esto
nos permite solo llegar a criticar al positivismo y no construir
ciencia sin caer en el relativismo. Es decir, también la ciencia
que construirán los psicólogos críticos sería histórica, cultural
y se encontraría en las coordenadas de relativizar sus avances y
construcciones teóricas o tecnológicas.
La posición de Bachelard, tomada por Rose, descree que
la ciencia sea solo un relato de las experiencias de los científicos,
un discurso con ciertas reglas que permite describir la reali-
dad y, a partir de una retórica particular, construir un “discurso
científico”.

31
Al igual que en el resto de las ciencias, el objeto de co-
nocimiento de la psicología adquiere existencia gracias a una
compleja red de elementos cuyo origen es otro circuito. Con el
entramado de esos elementos, se construye luego un determi-
nado sistema de explicación y juicio. Por lo tanto, no se trata
de una simple y mera cuestión de elaboración de sistemas de
significación, sino más bien de circunscribir tales elementos en
un circuito de actividad, técnica y artefactos. De este modo,
Rose apoya la postura desde la cual la psicología es “un conjunto
de artes y destrezas que implica la vinculación de pensamientos,
afectos, fuerzas, artefactos y técnicas que ejercitan un orden, pro-
ducen lo humano y lo psicológico, y permiten pensar psicológica-
mente como un modo de existencia que debe abordarse de una
manera específica”.
Rose destaca el lenguaje como constitutivo del conoci-
miento. Es decir, como algo que hace la realidad pensable y
maleable mediante un ordenamiento específico y el estableci-
miento de relaciones entre los elementos. En este sentido, él
habla de ensamblamientos que vinculan pensamiento y ac-
ción. Ubica así a la psicología como una tecnología que permi-
te determinar la conducta dentro de dispositivos institucionales
-la justicia, la educación, el sistema productivo, la familia, etc.,
e influir en la forma de actuar de los sujetos. Y para entender
la historicidad de los objetos teóricos de la psicología, propone
mirar lo que los psicólogos hacen, cómo se organizan dentro
de estas instituciones sociales, qué prácticas realizan, cómo sus
prácticas suponen actitudes y acciones sobre los sujetos, cómo
intervienen en los seres humanos. En estos lugares de ensam-
blamiento, los psicólogos trabajan y generan, a partir de allí,
discursos sobre que son estas entidades psicológicas.

La batalla por lo verdadero

Otro término que desarrolla Rose es el de regímenes de


verdad. Este explica la forma en que un saber adquiere status
de científico y es valorado por una cierta comunidad.

32
Las batallas acerca de la verdad no son abstractas sino que
se encarnan en formas materiales, afirma Rose. Esto es, en es-
tatutos, resultados, descubrimientos, evidencias, argumentos,
las experiencias de laboratorio, y profesionales que ejercen la
disciplina. Tal es el caso de la relación entre la psicología y el
psicoanálisis que se estableció en diferentes territorios naciona-
les. Citando a Foucault y Latour, afirma que son muchos los
elementos que se despliegan como recursos en un intento por
ganar aliados y lograr que algo ingrese en el campo de lo ver-
dadero. Se establecería así una batalla acerca de la verdad, un
acto de violencia que entraña un proceso social de exclusión
en el que algunos argumentos, evidencias, teorías y conviccio-
nes son empujados hacia los márgenes.
Para comprender la “construcción de lo psicológico” se
requiere, en consecuencia, realizar una investigación acerca de
las maneras en que se formaron las redes que operaban dentro
de cierto régimen de verdad. Pero advierte que este proceso
dista de ser un juego de suma cero en los que lo que pierde una
parte, lo gana la otra. No se trata de una batalla de poder o un
ejercicio de dominación por parte de unos actores –individua-
les o colectivos- sobre otros, tal como los simplifican Callon y
Latour. En este sentido y para Rose, las formas de verdad en
psicología fueron establecidas por estadística y experimentación
en términos de herramientas y métodos. La predominancia de
estas formas de construir la verdad que compartía con otras
disciplinas científicas, delimitaron el propio espacio de pen-
samiento, descartando y desvalorizando otras formas de saber
psicológico.
La estadística fue una forma de pensar la psicología y
un programa de generación de verdad. Compartida con otras
ciencias sociales, permitió otorgar veracidad, cientificidad y ser
convincente. Mientras que la experimentación fue necesaria fue
como medio para disciplinarse, para reunir a los diferentes gru-
pos de profesionales, editores de revistas científicas, organismos
de financiación, colegas universitarios y autoridades universita-
rias a fin de formar las alianzas necesarias para forzar el ingreso

33
de la disciplina en el aparato de la verdad. Reubicadas en un en-
torno técnico en lugar del filosófico, Danzinger (1990) afirma
que puede comprenderse mejor el debate acerca de la relación
entre las “ciencias” psicológicas y las “ciencias naturales”
Durante el transcurso del siglo XX, la psicología pasó a
ser tomada como un conjunto de técnicas y dispositivos crea-
dos para gobernar la conducta. Su poder devino de su capaci-
dad para organizar, racionalizar y simplificar temas adjudicados
al terreno de lo individual y la diferencia humana, y hacerlo
extensible y maleable por autoridades sociales.
Tanto los aparatos de bienestar, de seguridad y de regla-
mentación laboral a nivel “macro” como los lugares de trabajo,
la familia, la escuela, el ejército, la sala de un tribunal, la cárcel
o el hospital a nivel “micro”, comenzaron a tomar un tinte psi-
cológico. Las normas, los valores, las imágenes, las técnicas y los
términos psicológicos comenzaron a formar parte de los pro-
gramas, y surgieron proyectos institucionales de cura, reforma,
castigo, administración, pedagogía, etcétera.
Construida una visión acerca del estado de salud y en-
fermedad, incorporaron objetivos incluyendo los conceptos de
normalidad, adaptación, realización y esquemas para regular la
conducta humana. Médicos, sacerdotes, filántropos, arquitec-
tos y maestros comenzaron a utilizar las técnicas y dispositivos
creados para tal fin. De este modo, el ejercicio de las formas
modernas de poder político quedó vinculado intrínsecamente
a un conocimiento de la subjetividad humana. Las estrategias,
los programas, las técnicas y los dispositivos así como las re-
flexiones sobre la administración de la conducta se psicologiza-
ron cada vez más.
A continuación, Rose expone el tema de la historia, la
sociología y la antropología de la subjetividad, citando a au-
tores como Norbert Elias (1978) y Harré (1983), entre otros.
Afirma que la subjetividad ha sido abordada de muchas mane-
ras diferentes y que autores como Elias trataron de relacionar
estructuras políticas y sociales cambiantes y códigos de conducta
personal cambiantes con cambios producidos en la organización

34
psicológica interna concreta de los sujetos. Otros, como Harré,
procuraron evitar el atribuir cualquier tipo de vida interior a los
seres humanos, tratando las prácticas lingüísticas y representacio-
nales simplemente como repertorios de relatos que proporcionan
los recursos por medio de los cuales los sujetos dan sentido a sus
propias acciones y a las de los demás. Por su parte, Rose aborda
el tema ubicándolo en otro campo. Desde su perspectiva, los
discursos, las técnicas y las normas cambiantes que intentaron
actuar sobre los detalles de la conducta, el comportamiento y
la subjetividad humanas (no sólo los modales sino también los
deseos y los valores) se ubicarían en el campo de la ética.
De este modo, el repertorio “ético” de los individuos se
vio enriquecido con fragmentos y componentes de las discipli-
nas "psi". Los individuos fueron incorporando al lenguaje y a
su conducta tales términos y comenzaron a expresar, a través de
ellos, algo sobre sí mismos. Utilizando las palabras de Foucault,
se transformó en la manera de hacer inteligible y practicable el
ser y la existencia, con pensamientos, pasiones, aspiraciones,
desafecciones, límites y modalidades particulares de expresar-
los, identificarlos, codificarlos y responder a ellos.
En este contexto, la psicología generó, en primer lugar,
una serie de nuevas autoridades sociales y, en segundo lugar,
una serie de objetos y problemas nuevos sobre los que se pudiera
ejercer legítimamente la autoridad social. Así, los psicólogos
clínicos, educacionales e industriales, los psicoterapeutas y los
consejeros, cuyo campo de operación pasó a ser la conducción
de la conducta, la administración de la subjetividad, alegaban
tener poder y estatus social por poseer verdades y dominar téc-
nicas psicológicas. Tal legitimidad se funda en creencias sobre
el conocimiento, la objetividad y la cientificidad. En este sen-
tido destaca, tomando a Castel (1991), que es notable el sur-
gimiento de ideas de normalidad como producto mismo de la
administración tutelada por expertos, y de riesgo como peligro
in potentia que habría de ser diagnosticado por los expertos
y administrado profilácticamente en nombre de la seguridad
social.

35
Rose indica que los sistemas de autoridad, basados en las
instituciones de control de la sociedad, tomaron de la psico-
logía un “fundamento ético” que les dio las creencias psicológi-
cas. Ejercer la autoridad se vuelve ética en la medida en que
se la ejerce desde postulados de “conocimiento”. La psicología
permite cambiar los consabidos supuestos de la instituciones
que ejercen autoridad (ordenar, decretar, reglamentar, intimar,
prescribir, mandar) a que sean ellos mismos los que dispongan
, ordenen, decidan y resuelvan para con sus propias conductas
y así establecer practicas de “salud”.
La terapia, señala Rose, puede ser una forma de introyec-
tar la autoridad y una forma de actuar sobre las acciones de los
otros. Desde esta perspectiva, la psicología es más importante
por lo que hace que por lo que es. Es decir, que la psicología
alteró la manera en la que es posible pensar acerca de las perso-
nas, las leyes y los valores que gobiernan las acciones y la con-
ducta de los demás y, de hecho, las de nosotros mismos. Aún
más, la psicología revistió de una mayor credibilidad a algunas
formas de pensar acerca de las personas debido a que aparente-
mente se funda en el conocimiento positivo.
La meta de una historia crítica de la psicología sería hacer
visibles las relaciones profundamente ambiguas entre la ética
de la subjetividad, las verdades de la psicología y el ejercicio del
poder. Una historia crítica de este tipo abriría un espacio en el
que podríamos volver a pensar los vínculos constitutivos entre
la psicología (como forma de conocimiento, tipo de pericia y
terreno de la ética) y los dilemas del gobierno de la subjetividad
que enfrentan hoy las democracias liberales.

36
Referencias
Ben-David y Collins, K: “Social factors in the origin of a new science:
the case of psychology”, American Sociological Review, 1966. 31. pp.
451-465.
Burke, Peter.: Formas de hacer historia. Madrid, España. Editorial Alianza,
2001.
Carr, E.H.: ¿Qué es la Historia? Barcelona, España. Editorial Planeta- de
Agostini, 1993.
Danziger, K. (1990): Historical roots of the psychological laboratory. In:
Constructing the Subject. Historical Origins of Psychological Research
(pp. 17-33). Los orígenes sociales de la psicología moderna. Cambridge:
Cambridge University Press. Traducción: Ana María Talak. Cátedra:
Psicología I, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de La Plata,
2010.
Danziger, K. (1998) “Hacia un marco conceptual para una historización
crítica de la psicología”, York University, Toronto, Canadá. Traducción
El seminario.
Grez, Sergio y Salazar, Gabriel: Manifiesto de historiadores. Santiago de
Chile. Editorial LOM, 1999.
Harris, Ben (1997): ”Repolitizando la historia de la psicología”, en
Repoliticizing the History of Psychology, In D. Fox & I. Prilleltensky
(Eds.). Critical Psychology. An Introduction (pp. 21-35). London:
Sage Publications.Traducción: Flavia Arrigoni (UNSL)
Hempel, Carl: La explicación científica: Estudios sobre la filosofía de la
ciencia. Barcelona, España. Editorial Paidós, 1979.
Marrou, Henri-Ireéne: El conocimiento histórico. Barcelona, España.
Editorial Idea Universitaria, 1999.
Rose, Nikolas (2002): “El gobierno del alma” La formación de yo privado.
El seminario.
Rose, Nikolas (1996): Inventing our Selves, Cambridge University Press,
1996. Capítulo 2., “historia critica de la psicología.” Traducción de
Sandra DE Lucas, y María del Carmen Marchesi. UBA, Escuela de
Lenguas.
Topolsky, Jerzy: Metodología de la Historia. Madrid, España. Editorial
Cátedra, 1985.

37
Capítulo 2

La constitución de un
campo de conocimiento

Patricia Altamirano

Nuestro objetivo es permitir identificar los problemas que


presentan la historia y la historiografía psicológica, además de
reconocer la importancia de la historia para la revisión, crítica,
formulación y validación de teorías y de proporcionar respues-
tas a problemas concretos que surgen del quehacer profesional.
Este aporte busca que el lector pueda analizar los prin-
cipales conceptos y criterios desde los cuales se pueda abordar
el momento o los espacios de la constitución de la psicología
como disciplina científica y como profesión. Esas diferentes
formas de poder problematizar, el espacio el lugar, los actores y
los objetivos que finalmente terminaron en la constitución de
la psicología contemporánea, como ciencia y como profesión.

39
Con sus diversidades, pluralidades, intentos de homoge-
nización y distintos debates, parece haber un acuerdo en los
manuales de psicología en ubicar el inicio de la misma en la
Creación del Laboratorio de W. Wuntd, en Alemania. A tal
punto este evento es de importancia, que igualmente, para la
historia de la psicología en Argentina, la creación de laborato-
rios constituyo un hito puesto en debate.
Para ubicarnos en el contexto donde surge la discusión
por el inicio de la psicología como disciplina científica, es nece-
sario conocer la posición general de los manuales de psicología
y los referentes de las historias tradicionales respecto al tema; y
cómo fue posible esta construcción histórica que todavía se co-
rresponde con la historia “oficial” de muchos manuales y que,
a su vez, forma a muchos psicólogos.
Si bien la disputa histórica se da en este punto, el tras-
fondo existente se vincula a que las distintas posturas frente al
tema permiten orientarnos en nuestra propia elección de qué
clase de psicólogo queremos ser y qué clase de psicología que-
remos que exista en el futuro.
Sin duda, W. Wundt fue un científico del siglo 19. El
desarrollo de la ciencia tenía sus limitaciones, tal como las tie-
ne ahora, pero distintas a las actuales. Es por ello que las re-
construcciones sobre su vida intentan ubicarlo en un lugar de
paternidad con la nueva disciplina. De la misma forma que la
figura de otros autores o grupo de autores para con otros sabe-
res. Buen ejemplo es el padre del psicoanálisis, S. Freud, Jean
Piaget o Watson. Autores de gran renombre que veremos en
algún momento de la carrera.
La importancia de este autor como iniciador de la disci-
plina se encuentra asociada al método que utilizó: el laboratorio
de psicología “experimental” y el método de la introspección.
Estos dos elementos fueron destacados en sus aspectos posi-
tivos para el avance de la disciplina, pero también sacados de
contexto en muchos casos. Asimismo, otros elementos de im-
portancia para caracterizar la labor monumental de W. Wundt
fueron invisibilizados.
En la mirada tradicional, W. Wundt (1879) estableció
el primer laboratorio psicológico en Leipzig, Alemania. Vale
decir, logró el apoyo tibio de las autoridades para utilizar una
aparatología que llamó laboratorio de psicología. Wundt estu-
dió medicina y filosofía y escribió sobre psicología, fisiología,
historia natural, ética y lógica. Él es especialmente admirado
por los psicólogos por haber sido el primero en anunciar, en
1873, que iba a intentar hacer de la psicología una ciencia, y
porque su laboratorio fue el primero que publicó sus resultados
en una revista científica.
Aunque el laboratorio de Leipzig comenzó siendo solo
unas cuantas habitaciones en un viejo edificio, rápidamente se
convirtió en el lugar al que tenía que acudir todo aquel que
quisiera ser psicólogo. Este fue el motivo por el cual muchos de
los pioneros estadounidenses recibieron allí su formación. Los
investigadores del laboratorio de Wundt no estudiaban toda la
diversidad de temas que trata la psicología actual, sino que se
concentraban en el estudio de la sensación, la percepción, los
tiempos de reacción, la imaginación y la atención, y evitaban
los temas como el aprendizaje, la personalidad y la psicopatolo-
gía. Su método de investigación preferido era la introspección
sistemática, en la que sujetos voluntarios aprendían a observar,
analizar y describir cuidadosamente sus propias sensaciones,
imágenes mentales y reacciones emocionales.
La idea que el método científico fue utilizado por Wundt
está basada en principios que luego serían de la psicología ex-
perimental y el experimento. Por ello, la mirada tradicional
indica que es con W. Wundt que la psicología comienza a estu-
diarse con el método científico-experimental. Psicología cuyo
comienzo tiene su base más próxima en la psicofisiología, dado
que todos los primeros psicólogos experimentales son, antes
que nada, fisiólogos.
El principio y la técnica para el método de indagación
utilizados por Wundt no son las que se utilizan actualmente.
Lo que pretendía Wundt era provocar la aparición del proce-
so que trataba de estudiar mediante circunstancias establecidas

41
con anterioridad; luego intentaba controlar las variables y que
cada resultado obtenido sea sometido a una revisión repitiendo
las investigaciones y las condiciones en que se realizó el primer
experimento. Así se introdujo, en líneas generales, el método
experimental. Wundt interpretaba lo psíquico y lo físico como
dos maneras diferentes de referirse a una misma realidad; para
él todo fenómeno pertenecía tanto a la psicología como a la
física.
Una lectura detenida de la obra de Wundt aportará datos
sobre sus intereses de investigación y sus decisiones. Antes de
avanzar, entonces, retomemos el marco donde situaremos este
nacimiento de la psicología. Para ello tomaremos la perspectiva
histórica.
Aún si esta perspectiva tiene múltiples miradas, solo
desde la reflexión histórica es posible determinar desde
dónde podremos indicar los hechos más relevantes de la
historia de la psicología.

La perspectiva de Danzinger, distinta de la de otros auto-


res también críticos de la historia de la psicología, como Harris
o Rose, no necesariamente acordaban con la manera de abordar
la historiografía. También se distanciaban de una manera críti-
ca de la historia tradicional y de la historia positivista.
Deseamos que quede explícitamente claro que propone-
mos esta mirada sin menospreciar las otras, como muestra del
debate fructífero que los temas históricos tienen para la actua-
lidad de la psicología. También intentamos mostrar cómo esas
definiciones impactan en el quehacer psicológico, en la forma
de analizar, describir y valorar las distintas escuelas de la psico-
logía contemporánea. Es de destacar que, dadas las caracterís-
ticas del trabajo de Danzinger, este bien podría ser útil para ser
aplicado a otros momentos históricos, analizando las prácticas
científicas y profesionales en la actualidad. Entiendo que la ca-
pacidad de reflexión que nos proveen estos conceptos trascien-
de la perspectiva histórica y son de utilidad para entender el
estado de la disciplina y la profesión.

42
Entonces, lo que hoy conocemos como ideas psicológi-
cas ha sido anteriormente producido e intercambiado con am-
plitud entre filósofos, hombres de la medicina, economistas
políticos, historiadores, artistas. Lo que resulta novedoso es la
aparición de grupos de especialistas que realizan demandas del
monopolio de la verdad psicológica. Y más aún, la participa-
ción de los miembros de estos grupos como árbitros de lo que
constituye o no constituye un conocimiento psicológico vali-
dado. Esto importa en la medida que define la naturaleza del
pasado de la psicología y su definición histórica ya que, para
ser tomadas seriamente, las ideas psicológicas deben atravesar
el prisma formado por el marco normativo e institucional de la
comunidad de especialistas reconocidos.
Danziger destaca dos enfoques con sus respectivas impli-
cancias:
1. La aproximación positivista, donde su concepción de
una disciplina científica está basada en la noción de
progreso acumulativo. Niega los niveles históricos y
culturales de la realidad.
Implicancias: a partir de esta noción de ciencia, el de-
sarrollo de la psicología será, por definición, lineal,
acumulativa y continua, “medida” por el número
de publicaciones de investigación. Según Danziger,
aplicada a la historia de la psicología moderna, esta
perspectiva lleva a la conclusión de que la psicología
como ciencia comenzó en Alemania y posteriormen-
te trasladó su centro a los Estados Unidos. Entre las
características más importantes de la sociología de la
ciencia positivista se encuentra la manera de tratar el
rol jugado por los intereses sociales en el desarrollo
histórico del conocimiento científico; por tanto, sus
categorías explicativas son de naturaleza ahistórica.
En esta línea, cuando las ideas científicas son tomadas
por individuos que ocupan el rol social de científico
profesional conducen a una tradición en investigación
continua y acumulativa. Por lo tanto, el nacimiento

43
de disciplinas nuevas, como la psicología, dependen
de la invención de un nuevo rol, el de practicante pro-
fesional de la nueva ciencia (Ben-David, 1971). Tales
roles nuevos son inventados frecuentemente por indi-
viduos como un medio de mejorar las oportunidades
de su carrera. A esto se denomina “hibridación del
rol”. En psicología, se dice que Wundt es el principal
ejemplo de este proceso. Así sería, desde esta perspecti-
va, como nació el rol de psicólogo experimental, a par-
tir de la “hibridación” de los roles de fisiólogo y filósofo
previamente establecidos. Para que la psicología llegara
a ser establecida como una nueva disciplina científica,
simplemente perduró para los demás, que llegaron a ser
socializados dentro de este rol ya sea personalmente por
Wundt o modelados por su ejemplo.

1. La perspectiva de la sociología del conocimiento,


desde donde la misma disciplina se vuelve objeto de
escudriñamiento científico. Reconoce la naturaleza
fundamentalmente social de la actividad científica y
por ende, la naturaleza socialmente construida del co-
nocimiento psicológico.
Implicancias: no niega los intereses personales, sino
que los acepta y los concibe como reflejos de intereses
de grupos que provienen, a su vez, de conflictos socia-
les. Lo que une a los colaboradores individuales no es
si el investigador solitario puede verificar sus hipótesis
en la privacidad de su laboratorio (contexto de des-
cubrimiento: contexto de construcción de teorías, de
instrumentos y también de evidencia), sino si él pue-
de establecer su contribución como parte del canon
de conocimiento científico en su campo (contexto de
justificación). Se trata de una cuestión de consenso
que envuelve acuerdos previos acerca de qué se cuenta
como una evidencia admisible y compromisos com-
partidos hacia ciertos objetivos. Ello incluye intereses
establecidos y sesgos.
44
Desde una mirada positivista, Joseph Ben-David y Ran-
dall Collins identifican un patrón de crecimiento de las discipli-
nas científicas postulando que, cuando una persona se interesa
por el contenido de una nueva idea, y como medio potencial
para establecer una identidad intelectual y un nuevo rol profe-
sional, las condiciones bajo las cuales tal interés surge puede ser
identificado y usado como base para la eventual construcción
de una teoría predictiva.
En aquel entonces, las temáticas sobre problemáticas psi-
cológicas se desarrollaban en los ámbitos de trabajo de la fi-
losofía especulativa y la fisiología. La psicología filosófica era
ampliamente desacreditada por los “nuevos psicólogos” nacidos
frente al interés por desarrollar soluciones a problemas psicoló-
gicos con otros marcos de referencia.
A su vez, esos nuevos psicólogos “experimentales” tenían
necesidad de distinguir su trabajo de los campos tradicionales
y destacarse por encima de los conocimientos estancados de la
psicología tradicional filosófica metafísica.
La emergencia de este nuevo grupo dedicado a una nueva
especialidad es un efecto del crecimiento intelectual, y el incre-
mento de conocimiento logra abrir campos y focalizar proble-
mas.
Basados en sus postulados sobre qué cualidades inheren-
tes hacen a una idea fértil y a otra infértil dentro de la histo-
ria de las ciencias, en particular el caso del nacimiento de una
disciplina como la psicología, Ben David y Collins tomaron
para su análisis las historias de la psicología de Alemania, Gran
Bretaña, Francia y Estados Unidos.
Seleccionaron personas que conscientemente se identi-
ficaron a sí mismos como practicantes de una nueva ciencia,
que realizaban trabajos empíricos sobre la temática de la que se
ocupaba la psicología y que no tuvieran otra identidad científi-
ca claramente establecida (como, por ejemplo, la de fisiólogo).
Aquí aparece el término de hibridación de rol para ex-
plicar el nacimiento de la psicología como disciplina; designa:

45
–– Un individuo que se muda de un rol a otro, como de
una profesión o campo académico a otro.
–– Una posición de conflicto de rol entre el viejo y el
nuevo.
–– Tensiones entre conductas apropiadas para el viejo rol
en conflicto con las que se van adoptando desde el
nuevo rol.
–– Desmembramiento de la identificación con el viejo
grupo de referencia.
–– Conflictos con los grupos anteriores.

Sin embargo, el individuo puede no estar totalmente dis-


puesto a abandonar su identificación con su viejo grupo de re-
ferencia, ya que puede acarrear mejor status (tanto intelectual
como, quizás, social) que su nuevo grupo.
Para Ben-David y Collins, solo en Alemania existían estas
condiciones y que la innovación de la psicología experimental
se produjo por un mecanismo de hibridación de rol. La nueva
identidad pudo hacer posible el crecimiento en la producción
científica. Por lo que, hacia 1880, en Alemania, las publicacio-
nes psicológicas especializadas llegaron a constituir la mayor
parte del trabajo en el área. La aceleración de la producción se
asocia con la existencia de un campo distintivo de la psicología
que fue fruto de la institucionalización de esta disciplina a par-
tir del laboratorio de Wundt.
La mudanza de los académicos de un campo depende de
las oportunidades de éxito que tenga un grupo de personas en
una disciplina. Si las posibilidades de desarrollo de un ámbito
nuevo con espacio suficiente para generar una comunidad de
científicos están dadas, es posible que la disciplina y el rol prác-
tico que la caracteriza se ensanchen. Pero si las posibilidades
son pocas, es posible que los grupos en expansión se vean obli-
gados a visitar nuevos horizontes.
Los fundadores y los seguidores están motivados por
la oportunidad de elevar su status adoptando la innovación.
Los fundadores innovan. Los seguidores, por su parte, pueden

46
ser muy receptivos a la innovación de un científico migrante.
Sobre todo jóvenes académicos que todavía no escogieron un
campo (prestigio, condiciones de competencia) serán atraídos
por el nuevo rol hibridado.
¿Quiénes son estos nuevos psicólogos de los que nos ha-
blan Ben-David y Collins?
Los practicantes de una nueva ciencia que investigaban
fenómenos mentales por medio de métodos empíricos como
la experimentación, la observación sistemática y la medición,
de los cuales se excluyen trabajos, con motivación empírica,
pero sin abordajes metodológicos empíricos (Descartes, Loc-
ke, Hartley, Herbart e incluso Lotze). Practicantes que, al no
tener otra identidad científica claramente establecida, es decir,
no son fisiólogos puros ni son médicos psiquiatras, les posibi-
lita transformar su rol no claramente delimitado en otra cosa
nueva.
¿Es esto es un movimiento individual para estos autores?
No, deben ser parte de un grupo activo de científicos psicólo-
gos más que un individuo aislado. La comunidad de “nuevos
psicólogos “que conforman madura en funciones diferenciales.
Estas funciones son las de los precursores, fundadores, seguido-
res, difusores etc., con el suficiente potencial comunitario para
poder trasladar los modelos de trabajo hacia otras latitudes.
El autor es consciente que este estado de debate de ideas
que pudieron haber dado lugar a una tradición acumulativa y
germinar en “psicología” pueden ser encontradas también fue-
ra de Alemania. De hecho, hacia el fin del siglo XIX, Francia
rivalizó de cerca con Alemania como centro de tales ideas, pero
la producción francesa declinó rápidamente luego de un pico
momentáneo hacia 1900, mientras que el trabajo alemán, el
norteamericano y, en mucha menor medida, el británico con-
tinuó creciendo según se muestra en los gráficos que presenta.

El Caso Positivo:
Wundt es, indudablemente la figura central. Él comenzó
su carrera como fisiólogo en 1857, al calor de la competencia

47
por las nuevas cátedras que estaban creándose en fisiología. La
mudanza de Wundt a la filosofía debió ser una aguda crisis de
identidad para él, que solo podía ser resuelta con la innovación
de un nuevo método filosófico. Tuvo el mayor número de se-
guidores y articuló la ideología de la "revolución filosófica" con
mayor claridad. Los otros, originalmente filósofos, tenían posi-
ciones menos fuertes y tenían menos seguidores personales. Sin
embargo, eran hibridaciones de rol hasta cierto punto, como
se nota claramente cuando se los compara con Fechner. Este
último tuvo la idea decisiva, pero se contentó con escribirla y
enviarla a lo que Derek de Solla Price llama "el archivo general
de la ciencia”. Los filósofos, sin embargo, influenciados por el
ejemplo de Wundt, lo usaron para la creación de una nueva
variedad de rol.
Contexto y condiciones que se cumplen en el caso posi-
tivo:
–– En las universidades alemanas del siglo XIX, la fisiolo-
gía era una ciencia altamente productiva y en expan-
sión (15 cátedras).
–– Desde 1860, la filosofía ofrecía condiciones competi-
tivas mucho más favorables que la fisiología (primera
condición).
–– Conflicto de rol (prestigio): entre la filosofía y las
ciencias naturales (segunda condición).
–– La filosofía deja de ser la super ciencia, enfrentándose
a los métodos empíricos.
–– Wundt comenzó su carrera como fisiólogo en 1857
(competencia en fisiología).
–– Permaneció como docente durante diecisiete años,
hizo la transición a filosofía.
–– Usando los métodos empíricos de Fechner para estu-
diar la percepción, Wundt propuso construir méto-
dos metafísicos sobre una base sólida, haciendo así de
la filosofía una ciencia.
–– Wundt fue el fundador.
–– Tuvo el mayor número de seguidores.

48
–– Articuló la ideología de la "revolución filosófica" con
mayor claridad.

El Caso Negativo
–– En la academia francesa había competencia por car-
gos en las ciencias naturales (pero la fisiología se ex-
pandía).
–– El número de cargos disponible en filosofía era un
poco mejor.
–– Las líneas de demarcación entre disciplinas eran de-
masiado amorfas. La ciencia y la academia francesa
tenían una concepción globalista del saber. Era acep-
tado y valorado que los intelectuales incursionaran en
varias disciplinas afines. La diferenciación de roles era
bastante laxa.
–– A diferencia del sistema alemán, las disciplinas no
estaban diferenciadas de modo suficientemente claro
como para crear un serio conflicto de rol entre los
hombres con ideas. La elite académica se confundía
con la cultural, y estaba compuesta por “filósofos” y
un simple grupo de referencia de intelectuales rela-
tivamente no especializados. Este estado de cosas en
la comunidad científica no permitía el desarrollo de
“padres fundadores”, a pesar que el prestigio estaba
adherido a lo individual, no a la disciplina. La doble
vinculación, una nueva disciplina creada por nuevos
hombres no era la situación del sistema francés.
–– El sistema francés era adecuado para las innovacio-
nes intelectuales (individuales), pero no era adecuado
para hacer surgir una nueva disciplina. Se eviden-
cia la existencia de intelectuales académicos brillantes
pero con límites difusos y articulados al mundo de la
cultura.

Sin duda, y teniendo en cuenta la mirada de Danzinger,


su posición es opuesta a Joseph Ben-David y Randall Collins.

49
El análisis y la controversia sobre el inicio de la psicología
como ciencia, desde una aproximación sociológica a la historia
de la ciencia, es opuesta a la mirada de Ben- David y Collins,
dado que, estos últimos:
–– Priorizan los datos y utilizan método empíricos, cons-
truyendo una visión de la historia desde coordenadas
positivistas ahistóricas.
–– Priorizan en la explicación los roles individuales para
catalizar la constitución de las disciplina. El concepto
de hibridación del rol, evita las miradas críticas sobre
la historia.

Para Danziger, las técnicas de experimentación y cuanti-


ficación son herramientas potenciales que están exentas de una
importante significación histórica. La aplicación de estas téc-
nicas fue usada para legitimar la demanda del monopolio del
conocimiento psicológico válido por parte de una comunidad.
Por lo tanto, su significación deriva de la manera en que son
usadas, por quién y para qué propósito.
¿Quién mediatiza la influencia recíproca entre el cono-
cimiento psicológico, los intereses y estructuras cognitivas en
la sociedad más amplia? Es la comunidad de especialistas bien
organizados que se instituyen como árbitros del conocimiento
psicológico validado.
Es por ello que, la perspectiva antes descripta en la mirada
de Joseph Ben-David y Randall Collins defiende una perspecti-
va positivista, de donde el progreso es acumulativo, se distingue
la ciencia de la pre-ciencia y puede ser "medido" por el número
de publicaciones de investigación.
La descripción y sus datos muestran una forma de mira-
da histórica desde el presente hacia el pasado, mientas que los
conceptos y categorías que utilizan para describir la hibridación
del rol y las condiciones de posibilidad de surgimiento de una
nueva ciencia son de naturaleza ahistórica. Sostienen que las
normas que rigen la actividad científica han sido siempre las
mismas, y han existido como ideas separadas de los contextos

50
sociales, culturales e históricos. Es decir, el motor del cambio
histórico es buscado en el nivel de la motivación individual.
Los roles nuevos son inventados y emulados frecuentemente
por individuos como un intento personal de mejorar sus opor-
tunidades de carrera. En este sentido, dice Danzinger que no
efectuaron una investigación biográfica concreta, sino que le
adjudicaron a Wundt la decisión individual de pasar a la filo-
sofía (donde teóricamente el progreso de carrera era relativa-
mente más fácil) y usar las técnicas de la fisiología experimental
como una fuente de status en esta área. Así, el rol del psicólogo
moderno no sería más que la invención de un individuo singu-
lar, Wilhelm Wundt, respecto de quién la mayor parte de la ge-
neración siguiente de psicólogos está relacionada por medio de
un complejo árbol "genealógico" basado en el "discipulado".
Intentaron combinar el enfoque positivista de la "eviden-
cia" con una teoría individualista del cambio histórico, tratan-
do la evidencia histórica como si fuera un caudal de hechos ob-
jetivos y no como reconstrucciones realizadas por historiadores
que tienen intereses.
La perspectiva del sociólogo es sustituida por la perspec-
tiva individualista de la figura histórica y la objetividad del
procedimiento es solo aparente. Por lo tanto, y a pesar de la
exahutiva muestra de datos, sigue los pasos de la historia tradi-
cional cuyas explicaciones se centraban en la fuerza de voluntad
de individuos que en calidad de pioneros abrían un campo de
estudios, instituyendo innovaciones para la ciencia.
Es en este ejemplo donde Danziger nos muestra su pers-
pectiva historiográfica. En oposición a BD-C, indica que en
Alemania perduró una psicología cuyos problemas, metodolo-
gías y formas de conceptualización permanecieron dominados
por las preocupaciones de la filosofía. No existe un gran cambio
y, de hecho, W. Wuntd no estaba interesado en crear una nueva
disciplina. Alemania, a su vez, fuertemente permeada por la
filosofía de Kant, seguía reproduciendo la consigna de la impo-
sibilidad de que la psicología se desarrollara como una ciencia
fáctica y empírica. Esa tradición kantiana, que como ya dijimos

51
ubicaba a la psicología como parte de la metafísica, influyó en
Wundt y sus discípulos cercanos a la filosofía. Nos recuerda
que también los filósofos gozaban de gran prestigio y la psico-
logía no era un segmento con tradición, no era una comunidad
considerablemente numerosa ni poderos en las estructuras de
poder, a la vez que no desarrollaron sociedades profesionales
poderosas.
Sin embargo, en los Estados Unidos, los filósofos profe-
sionales no eran muy importantes, la filosofía no era un área
académica de madurez y desarrollo. Rápidamente, la disciplina
de la psicología gozaba de gran prestigio y se desarrollaban enti-
dades profesionales, sociedades que congregaban una cantidad
considerable de profesionales psicólogos. Se interesaron por la
transmisión y la formación de esa disciplina, y se incluyeron en
los sistemas de salud y las organizaciones privadas y públicas
con gran aceptación. Por lo tanto, estaban proliferando los de-
partamentos universitarios de psicología.
Pero, ¿era la misma experimentación?
No. No existe continuidad entre la experimentación ale-
mana y la americana. En EEUU estaba diseñada para producir
información útil, en situaciones donde un grupo de personas
tenía el poder de controlar las condiciones bajo las cuales de-
bían conducirse otros.
En síntesis, la psicología como disciplina autónoma es
una invención norteamericana, fuertemente influenciada por
las demandas sociales de actores sociales y políticos poderosos,
en respuesta a las mismas. El control de los nombramientos
universitarios, los fondos para investigación y las oportunida-
des profesionales se encontraban en las manos de hombres de
negocios y sus ejecutivos o en las de los políticos.
La sociología positivista de la ciencia, según Danziger, no
examina el contexto social del contenido de una disciplina. El
esfuerzo por el status o las aspiraciones de carrera de individuos
claves se visualizan como el motor para la emergencia de una
nueva identidad profesional. Los factores sociales determinan-

52
tes del status relativo de campos diversos son aceptados como
dados; la perspectiva es individual y social.
Sus "mediciones" de la actividad científica están estric-
tamente limitadas a lo externo, como ser el número de publi-
caciones y el uso de rótulos. Las mediciones en términos de
las publicaciones son triviales en sí mismas: el problema es el
contexto social del contenido actual de las ideas científicas.
La producción de cierta clase de conocimiento se vuelve
prerrogativa de un grupo con una identidad profesional parti-
cular; depende de las normas e intereses de los grupos de poder
establecidos para el control de la distribución de aquellos recur-
sos materiales.
El crecimiento de las disciplinas científicas puede ser re-
presentado mediante una curva en forma de S, patrón típico
obtenido siempre que se usa como índice del crecimiento el
número de publicaciones, descubrimientos o gente realizando
investigaciones sobre el tema.
Si una idea no tiene consecuencias históricas, los histo-
riadores de las ideas tienen por seguro que la idea debía tener
algún defecto. En cambio, cuando una idea con un comienzo
aparentemente no tan brillante se muestra capaz de posterior
crecimiento, deben asumir que debía tener cualidades escondi-
das que aseguraron su éxito.

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53
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Vezzetti, H. (2007) “Historias de la psicología: problemas, funciones y
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Wundt, Wilhelm (1874) Elementos de psicología de los pueblos. Introducción
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Wundt, W.: (1874) Compendio de Psicología s/d Capítulo 1/2/3
Rosa Rivero, Alberto; Rosa, Alberto; Huertas Martínez, Juan Antonio;
Blanco Trejo, Florentino. Alianza, 1996. Madrid

54
Capítulo 3

Escuelas, corrientes y sistemas de la


psicología contemporánea
El psicoanálisis: Freud

Hebe Rigotti

Introducción
El psicoanálisis es, a la vez que un conjunto de teorías
psicológicas, un método de investigación y un método psicote-
rapéutico creados por Sigmund Freud.
El psicoanálisis se constituyó en un discurso que desde el
estatuto científico otorgó una alternativa a la psicología impe-
rante de la época. El estudio positivista de fines del siglo XIX
impedía el acceso a aquellos conocimientos llamados vitalistas;
Freud introduce una ruptura con uno y otro modelo al inaugu-
rar el espacio de lo que después se llamará ciencias conjeturales
y también con lo que constituía hasta entonces el centro de la
reflexión filosófica, es decir, la relación del hombre con el mun-
do. Aunque repetidamente aclaró que el psicoanálisis no debe
55
entenderse como una concepción del mundo, Freud entendió
que debe distinguirse de ella a favor de producir un conoci-
miento material de las enfermedades mentales.
“Es que entonces se llega a palpar una resistencia que se
opone al trabajo analítico y pretexta una falta de memoria para
hacerlo fracasar. El empleo de la hipnosis ocultaba, por fuer-
za, esa resistencia; de ahí que la historia del psicoanálisis pro-
piamente dicho solo empiece con la innovación técnica de la
renuncia a la hipnosis. Y después, la apreciación teórica de la
circunstancia de que esa resistencia se conjuga con una amne-
sia lleva, sin que se lo pueda evitar, a aquella concepción de la
actividad inconciente del alma que es propiedad del psicoaná-
lisis y lo distingue siempre marcadamente de las especulaciones
filosóficas acerca de lo inconciente”. (Freud, Contribución a la
Historia del movimiento Psicoanalítico, 1914, Vol. XIV, pág.
4).
Este trabajo tiene como objetivo realizar una presenta-
ción y comentario del concepto de inconciente, a partir del
cual se presentarán los nudos referidos a la conceptualización
de los sueños, esto es una presentación enmarcada en la estruc-
turación del aparato psíquico en la primera ordenación de la
metapsicología freudiana.
Sigmund Freud (1856-1939) nació en Moravia, “peque-
ña ciudad de Checoslovaquia”. A los cuatro años se estableció
en Viena con su familia. Allí pasó la mayor parte de su niñez
y adolescencia. Estudió Medicina, especializándose en Neuro-
logía.
En 1885 viaja a París para completar sus estudios. Pero
cuando Freud llega a Paris el 13 de octubre de 1885, tenía ya
realizada una carrera vinculada con la fisiología médica. Se había
formado en el laboratorio de Ernest Brücke, uno de los cuatro
miembros de la escuela de Helmholtz (1). En su autobiografía
reconoce como antecedente a su decisión de estudiar medicina
el haber tomado conocimiento de la teoría de Darwin y haber
leído el ensayo La Naturaleza, de Goethe. En ese laboratorio se
le encarga una investigación de histología nerviosa, actividad a
la que se aboca desde 1876 hasta 1882.
En 1883 Freud renuncia a la investigación filológica y
micro anatomía del cerebro, y se orienta hacia la neuropato-
logía. Comienza a integrar el Hospital General en el que es
nombrado interno. Según sus propias palabras, el haber aban-
donado el laboratorio de Brücke no constituyó un cambio en la
orientación de su trabajo. El objeto de su investigación abarcó
desde la médula espinal de un pez hasta el estudio del sistema
nervioso humano. Pero a pesar de haber continuado trabajan-
do, redactando incluso varios trabajos, percibió como insufi-
ciente el progreso de los estudios sobre la anatomía del cerebro
y para satisfacer sus necesidades materiales se dedica al estudio
de las enfermedades nerviosas.
En Paris trabaja a las órdenes de Charcot, médico al
quien Freud admiraba por su modo de trabajar con la histeria.
Charcot se mostraba interesado en la utilización de la sugestión
hipnótica, método por el que concluía que los productos que
lograba crear a partir de ella eran tan legítimos como las paráli-
sis y contracturas accidentales y espontáneas.
Con Charcot, Freud se inicia en el estudio de la histeria
y en la aplicación de la hipnosis como terapia. La influencia de
Charcot será fundamental para estimularlo a separar lo psicoló-
gico de lo anatómico y la hipnosis será el camino que lo llevará
a la postulación del inconsciente. “Lo anímico en ti no coin-
cide con lo que te es consciente; una cosa es que algo suceda
en tu alma y otra que tú llegues a tener conocimiento de ello”.
(Freud, Una dificultad del Psicoanálisis, 1917, pág. 2436).
Cuando vuelve de su estadía en Paris, Freud se propuso
demostrar el principio de que las parálisis y anestesias histéricas
se delimitan conforme a la representación vulgar del hombre,
lo que significaba que los síntomas somáticos podían tener otra
explicación que la médica anatómica. (Freud, Presentación au-
tobiográfica, 1925, 1924, Vol. XX.).
La hipnosis le permitió representar la eficacia de otra es-
fera no consciente, si a una persona a la cual, en pleno trance
hipnótico, se le ordena que al salir del trance vaya a buscar un

57
paraguas y salga a la calle, así lo hará. Efectivamente, ni bien
“despierte” esto será lo que hará la persona, tomará un paraguas
y se dispondrá a salir a la calle. Cuando se le interroga por los
motivos de tal acto, la persona aducirá no recordar el motivo
por el cual ha realizado tal acción. Este tipo de experiencias lle-
van a Freud a postular la existencia de “otra escena” que dirige
nuestros actos pese a ser desconocida por nosotros. El discur-
so del hipnotizador, la sugestión, y la correlativa obediencia
hipnótica, darán evidencias, por otro lado, del “insospechado
poderío de lo psíquico sobre lo corporal”. “La relación entre lo
corporal y lo anímico (en el animal tanto como en el hombre)
es de acción recíproca; pero en el pasado el otro costado de esta
relación, la acción de lo anímico sobre el cuerpo, halló poco fa-
vor a los ojos de los médicos. Parecieron temer que si concedían
cierta autonomía a la vida anímica, dejarían de pisar el seguro
terreno de la ciencia”. (Freud, Tratamiento psíquico, tratamiento
del alma, 1890, Vol. I, Pág. 31).
La relación entre lo somático y lo anímico manifiesta tan-
to, en el animal como en el hombre, una interacción recíproca,
pero la acción de lo anímico sobre el cuerpo- resultó siempre
problemática para los médicos. Parecían resistirse a conceder
cierta autonomía a la vida anímica, como si con ello se vieran
expuestos a abandonar el firme terreno de lo científico. Freud
siempre considera que estas interacciones recíprocas necesitan
de la investigación y el conocimiento.
“Los medios y los caminos para conseguirlo estarán sig-
nados por una intelección más honda de los procesos de la vida
anímica misma, intelección cuyos primeros pasos se basan jus-
tamente en las experiencias hipnóticas”. (Freud, Tratamiento
psíquico, tratamiento del alma, 1890, Vol. I, Pág. 36).
Así, se interesa por la vida anímica misma; y sostenemos
que si la hipnosis le permitió conocerla, solo el abandono de la
hipnosis le permitió avanzar en su conocimiento.
“Mi expectativa se cumplió, me emancipé de la hipnosis,
pero con el cambio de técnica también se modificó el aspecto
del trabajo catártico. La hipnosis había ocultado un juego de

58
fuerzas que ahora se revelaba y cuya aprehensión proporcionó
a la teoría un fundamento más seguro”. (Freud, Presentación
autobiográfica. Vol. XX. 1925, 1924. Pág. 7).

La histeria
Freud toma a la histeria como una posición importante
para la persona (tanto hombre como mujer). Divide en tres
grandes estructuras clínicas el psicoanálisis: obsesión, histeria,
fobia. La estructura es entendida como una marca fundante
del sujeto, nadie nace con una estructura ya dada sino que se
construye. La preocupación estaba dada por la etiología de la
histeria (su origen).
“Movidos por una observación casual, desde hace una
serie de años investigamos, en las más diversas formas y sínto-
mas de la histeria, su ocasionamiento: el proceso en virtud del
cual el fenómeno en cuestión se produjo la primera vez, hecho
este que suele remontarse muy atrás en el tiempo. En la gran
mayoría de los casos no se consigue aclarar ese punto inicial
mediante el simple examen clínico, por exhaustivo que sea; ello
se debe en parte a que suele tratarse de vivencias que al enfer-
mo le resulta desagradable comentar, pero, principalmente, a
que en realidad no las recuerda, y hartas veces ni vislumbra el
nexo causal entre el proceso ocasionador v el fenómeno pa-
tológico. Casi siempre es preciso hipnotizar a los enfermos y,
en ese estado, despertarles los recuerdos de aquel tiempo en
que el síntoma afloró la primera vez; así se consigue evidenciar
el mencionado nexo de la manera más nítida y convincente”.
(Freud, Estudios sobre la histeria, 1893, Vol. II, pág. 3)
Para la curación de un estado patológico como la histeria
se emprende el camino de la investigación: anamnesia.1 Los en-
fermos reconocen ellos mismos la conmoción que les generan
aquellos síntomas neuróticos.
La escuela de Charcot sostenía que solo la herencia me-
1 
Anamnesis: conjunto de informaciones sobre un paciente en relación con su historia
personal y su enfermedad.

59
rece ser reconocida como la única causa eficiente de la histeria.
Si uno quiere hacer hablar a los síntomas de una histeria como
testigos de la historia genética de la enfermedad deberá partir
del descubrimiento de Breuer que consideraba que los sínto-
mas de la histeria derivan de su determinismo, de ciertas vi-
vencias de eficacia traumáticas que el enfermo ha tenido, como
símbolos mnémicos de los cuales ellos son reproducidos en su
vida psíquica.
“En el aspecto teórico, porque nos han probado que el
factor accidental comanda la patología de la histeria en una
medida que rebasa en mucho la notoria y admitida, en el caso
de la histeria ‘traumática’ es evidente que fue el accidente el que
provocó el síndrome; y si en unos ataques histéricos se infiere,
de las exteriorizaciones de los enfermos, que en cada ataque
ellos alucinan siempre el mismo proceso que provocó al pri-
mero, también en este caso es patente el nexo causal”. (Freud,
Estudios sobre la histeria, 1893, Vol. II. pág. 3)
Freud considera que se debe aplicar el procedimiento de
Breuer a fin de reorientar la atención del paciente desde el
síntoma hacia la escena en relación con la cual el síntoma co-
menzó y, cuando el paciente logra asociar uno y otro, puede
eliminarse el síntoma establecido. Esto ocurre a raíz de la repro-
ducción de la escena traumática, esto es, una rectificación de
efecto retardado. Al reproducir la escena traumática podemos
conocer qué influjos produjeron los síntomas y de qué modo
lo hicieron. Esta escena traumática debe entonces cumplir con
dos condiciones, una es esta reconducción de un síntoma his-
térico a una escena traumática y la otra, descarga de los afectos
contenidos en esas escenas.
“El nexo suele ser tan claro que es bien visible cómo el
suceso ocasionador produjo justamente este fenómeno y no
otro. Este último, entonces, está determinado {determinieren}
de manera totalmente nítida por su ocasionamiento”. (Freud,
Estudios sobre la histeria, 1893, Vol. II. pág. 3)
La concepción de los síntomas histéricos de Breuer, según
Charcot sostenía que también una vivencia inofensiva puede

60
llegar a ser un trauma y desplegar una fuerza determinadora si
afecta a la persona en una particular naturaleza psíquica; este es
el llamado estado hipnoide.
“Según Breuer, ‘base y condición’ de la histeria es el ad-
venimiento de unos estados de conciencia peculiarmente oníri-
cos, con una aptitud limitada para la asociación, a los que pro-
pone denominar ‘estados hipnoides’. La escisión de conciencia
es, pues, secundaría, adquirida; se produce en virtud de que
las representaciones que afloran en estados hipnoides están se-
gregadas del comercio asociativo con el restante contenido de
conciencia”. (Freud, La neuropsicosis de defensa, 1894, Vol. III.
pág. 10)
Sin embargo, Freud halla que a menudo falta todo aside-
ro para presuponer tales estados hipnoides, que la doctrina de
los estados hipnoides no ayuda en nada para solucionar la tan
común falta de idoneidad determinadora en las escenas trau-
máticas. “Tales observaciones parecen demostrarnos la analogía
patógena entre la histeria corriente y la neurosis traumática y
justificar una extensión del concepto de ‘histeria traumática’.
En el caso de la neurosis traumática, la causa eficiente de la
enfermedad no es la ínfima lesión corporal; lo es, en cambio, el
afecto de horror, el trauma psíquico”. (Freud, Estudios sobre la
histeria, 1893, Vol. II. pág. 3)
Entonces los síntomas se solucionan cuando desde ellos
hallamos el camino hasta el recuerdo de la escena traumática.
Esta escena traumática no forma conexiones simples sino que
están ramificadas, esto es debido a que cada nueva vivencia es-
conde dos o más vivencias tempranas como recuerdos. El he-
cho de comunicar la resolución de un solo síntoma coincide
con la tarea de exponer un historial clínico completo.
“La cadena asociativa siempre consta de más de dos esla-
bones; las escenas traumáticas no forman unos nexos simples,
como las cuentas de un collar, sino unos nexos ramificados,
al modo de un árbol genealógico, pues a raíz de cada nueva
vivencia entran en vigor dos o más vivencias tempranas, como
recuerdos; en resumen: comunicar la resolución de un solo sín-

61
toma en verdad coincide con la tarea de exponer un historial
clínico completo”. (Freud, La herencia y la etiología de la neuro-
sis, 1896, Vol. III, pág. 48).
Ningún síntoma histérico puede surgir de una vivencia real
sola sino que todas las veces el recuerdo de vivencias anteriores,
despertado por vía asociativa, coopera en la causación del sínto-
ma. Es sorprendente que unos síntomas histéricos solo puedan
generarse bajo la cooperación de unos recuerdos, sobre todo si se
considera que estos últimos no habían entrado en la conciencia
en el momento en que el síntoma se presentó por primera vez.
Freud se interesa por descubrir la condición etiológica de
los síntomas histéricos. No importa el caso o el síntoma del
cual haya partido, infaliblemente termina llegando al ámbito
del vivenciar sexual. Repetimos, la etiología de la histeria resi-
diría en la vida sexual. De este modo se llega al ámbito del vi-
venciar sexual y a unas pocas vivencias que las más de las veces
pertenecen a un mismo período de la vida, la pubertad.
Entonces esas vivencias halladas, esas vivencias traumáti-
cas que parecen últimas, tienen sin duda en común dos caracte-
res: sexualidad y período de la pubertad. Sin embargo, algunas
de las vivencias sexuales de la pubertad muestran luego una
insuficiencia apta para incitar a proseguir el trabajo analítico,
porque sucede que estas vivencias pueden carecer de idoneidad
determinadora.
Al seguir investigando se llega así a la época de la niñez
temprana, la época anterior al desarrollo de la vida sexual, qui-
zás sea la base de la reacción anormal frente a impresiones se-
xuales, que suelen presentar los sujetos histéricos en la época de
la pubertad. Estas reacciones anormales están relacionadas con
unas vivencias sexuales de la niñez temprana.
La tesis central es que en la base de todo caso de histeria
se encuentran unas o varias vivencias de experiencia sexual pre-
matura y perteneciente a la tempranísima niñez.
En Manuscrito K, Freud enumera las condiciones de pro-
ducción de los síntomas: “1) La vivencia sexual (o la serie de
ellas) prematura, traumática, que ha de reprimirse. 2) Su repre-

62
sión a raíz de una ocasión posterior que despierta su recuerdo,
y así lleva a la formación de un síntoma primario. 3) Un estadio
de defensa lograda, que se asemeja a la salud salvo en la existen-
cia del síntoma primario. 4) El estadio en que las representacio-
nes reprimidas retornan, y en la lucha entre estas y el yo forman
síntomas nuevos, los de la enfermedad propiamente dicha; o
sea, un estadio de nivelación, de avasallamiento o de curación
deforme”. (Freud, Manuscrito K. Las neurosis de defensa (Un
cuento de Navidad) (1º de enero de 1896, vol. I, pág. 75).
Freud se inclinó a suponer que sin seducción previa los
niños no podrían hallar el camino hacia actos de agresión se-
xual. Según eso, el fundamento para la neurosis sería mediado
en la infancia siempre por adultos.
El estallido de la histeria se deja reconducir a un conflicto
psíquico: Una representación inconciliable pone en movimien-
to la defensa del yo e invita a la represión. En un momento an-
terior, Freud no sabía indicar las condiciones bajo las cuales ese
afán defensivo tiene el efecto patológico de esforzar de manera
efectiva hacia lo inconsciente el recuerdo penoso para el yo; y
crear en su lugar un síntoma histérico.
Ahora lo explica diciendo que la defensa alcanza ese pro-
pósito suyo de esforzar fuera de la conciencia la representación
inconciliable cuando en la persona, hasta ese momento sana,
están presentes unas escenas sexuales infantiles como recuerdos
inconscientes y cuando la representación que se ha de repri-
mir pueda entrar en una asociación lógica con una de las tales
vivencias sexuales infantiles. La aspiración defensiva del yo de-
pende de toda la formación moral e intelectual de la persona.
No importa la sola existencia de las vivencias sexuales infanti-
les, cuenta también una condición psicológica. Estas escenas
tienen que estar presentes como recuerdos inconscientes, solo
en la medida en que son inconscientes pueden producir y sus-
tentar síntomas histéricos, por lo tanto los síntomas histéricos
son retoños de unos recuerdos de eficacia inconsciente.
Si sostenemos que unas vivencias sexuales infantiles son
la condición básica, para la predisposición de la histeria; tam-

63
bién mantenemos que ellas producen síntomas histéricos, pero
no de una manera inmediata, sino que al principio permanecen
indeficientes y solo cobran eficiencia luego, cuando pasada la
pubertad son despertadas como unos recuerdos inconscientes.
Para formar un síntoma histérico: tiene que estar presente
un afán defensivo contra una representación penosa, además, esta
tiene que mostrar un enlace lógico o asociativo con un recuerdo
inconsciente a través de pocos o muchos eslabones, que en ese
momento permanecen por igual inconscientes. Aquel recuerdo
inconsciente solo puede ser de contenido sexual y su contenido
es una vivencia sobrevenida en cierto período infantil.
“…uno persigue los síntomas histéricos hasta su origen,
que todas las veces halla en cierto acontecimiento de la vida
sexual del sujeto, idóneo para producir tina emoción penosa.
Remontándome hacia atrás en el pasado del enfermo, paso a
paso y dirigido siempre por el encadenamiento de los síntomas,
de los recuerdos y de los pensamientos despertados, he llegado
por fin al punto de partida del proceso patológico y no pude
menos que ver que en todos los casos sometidos al análisis ha-
bía en el fondo la misma cosa, la acción de un agente al que es
preciso aceptar como causa específica de la histeria”. (Freud, La
herencia y la etiología de la neurosis, 1896, vol. III, pág. 37)
Esto nos aclara una de las reglas de la formación de los
síntomas histéricos: se escoge como síntoma aquella representa-
ción cuya importancia es el efecto conjugado de varios factores,
que es evocada desde diversas asociaciones; esto es lo que Freud
ha intentado formular cuando dice que los síntomas histéricos
están sobredeterminados.
“…si mi tarea fuera elucidar ante ustedes las reglas de la
formación de síntomas histéricos, tendría que reconocer como
una de esas reglas la siguiente: se escoge como síntoma aquella
representación cuyo realce es el efecto conjugado de varios fac-
tores, que es evocada simultáneamente desde diversos lados; es
lo que en otro lugar he intentado formular mediante esta tesis:
los síntomas histéricos son sobredeterminados.”. (Freud, La
herencia y la etiología de la neurosis, 1896, vol III, pág. 54).

64
Los sueños
El sueño, en tanto una de las formaciones del inconcien-
te, nos permite conocer cómo está constituido el inconciente
y cómo se caracteriza su funcionamiento. Las vías están facili-
tadas en el pensamiento inconciente, el sueño se sirve de ellas
cuando busca la figurabilidad, esto es, al constituirse en sueño,
el pensamiento inconciente presenta la cualidad de figurabili-
dad exenta de censura.
“Desde luego poseo sobrado material de este tipo, pero
comunicarlo me haría entrar demasiado profundamente en el
estudio de las constelaciones de la neurosis. Todo él nos enca-
mina a la misma conclusión: no hace falta suponer una parti-
cular actividad simbolizante del alma en el trabajo del sueño,
sino que el sueño se sirve de tales simbolizaciones, que están
contenidas ya listas en el pensamiento inconciente, debido a
que ellas satisfacen mejor los requerimientos de la formación
del sueño por su figurabilidad, y las más de las veces también
por estar exentas de censura”. (Freud, La interpretación de sue-
ños, 1900, vol. V, pág. 4).
La figurabilidad es el modo en el cual los símbolos son
puestos en escena, en la escena del inconciente. En los sue-
ños, los símbolos son puestos en escena y por consiguiente,
son transformados en imágenes plásticas, visuales. El problema
de la figurabilidad de los símbolos es el problema de su puesta
en imágenes, Freud nos aclara que no se trata de suponer una
particular actividad simbolizante del alma. Ahora bien, soste-
nemos que esta figurabilidad es posible por el lenguaje. Las for-
maciones del inconsciente se dejan descifrar según la lógica del
lenguaje. Sueño, síntoma, chiste se muestran en tanto procesos
de metáfora y metonimia que Freud registra como condensa-
ción y desplazamiento.
El psicoanálisis se opone a identificar lo psíquico con lo
consciente. Los procesos concientes constituyen apenas una
fracción de la vida anímica total. Freud afirma que existe un
pensamiento y una voluntad inconciente.

65
No es el estudio de la hipnosis el único campo en que
sostiene estas afirmaciones. Freud presta atención a otros fenó-
menos que nunca antes habían sido considerados como dignos
de ser estudiados científicamente. Comienza así a estudiar, con
intención de explicar científicamente a simples equivocaciones
como los actos fallidos y a los productos del trabajo onírico, los
sueños.
En su texto “Lo inconsciente”, Freud comienza a mostrar
la multiplicidad de sentido de lo inconsciente y la compleji-
dad que entraña este término. Inconscientes son, por un lado,
aquellos “procesos” que tienen la calidad de “reprimidos”, es
decir aquellos que si se tornan conscientes pueden no ser acep-
tados como pertenecientes a la propia conciencia del sujeto, así
como también aquellos “actos psíquicos” que son latentes por
un tiempo y que fácilmente pueden devenir conscientes.
Ahora bien, los pensamientos inconscientes son de un ca-
rácter particular, los sueños presentan de manera insistente un
contenido sexual. En el sistema Icc, hay ausencia de negación,
es decir que no existe tampoco en el Icc principio de contra-
dicción. Lo que diferencia a los contenidos inconscientes es su
mayor o menor catexis, es decir, su mayor o menor fuerza pul-
sional; los complejos sexuales son importantes en la formación
de los sueños y aunque no son únicos, no debemos olvidarlos.
En palabras de Freud:
“Consignemos también que este hecho no nos aporta
nada sorprendente, pues está en plena armonía con los princi-
pios que establecimos para la explicación del sueño. Ninguna
otra pulsión debió soportar desde la niñez tan grande sofoca-
ción como la pulsión sexual en sus innúmeros componentes
(cf. mis Tres ensayos de teoría sexual, 1905d), y ninguna otra
dejó tras sí tantos ni tan fuertes deseos inconscientes que ahora,
en el estado del dormir, tienen el efecto de producir sueños. En
la interpretación de estos últimos jamás debe olvidarse la im-
portancia que poseen ciertos complejos sexuales, pero tampoco
es lícito, desde luego, exagerarla hasta la exclusividad”. (Freud,
La interpretación de los sueños, 1900, vol. V, pág. 19).

66
Por otro lado, cuando Freud se refiere a los afectos, ma-
nifiesta que a pesar de que no es este el lugar indicado para
el pleno esclarecimiento de la sofocación de los afectos que se
produce durante el trabajo del sueño, ya que esto presupondría
un más prolijo abordaje de la teoría de los afectos y del meca-
nismo de la represión, se permite decir: “Me veo precisado a re-
presentarme -por otras razones- el desprendimiento del afecto
como un proceso centrífugo dirigido hacia el interior del cuer-
po y análogo a los procesos de inervación motriz y secretoria.
Ahora bien, así como en el estado del dormir parece cancela-
do el envío de impulsos motores hacia el mundo exterior, de
igual modo podría en él entorpecerse el despertar centrífugo de
afectos por obra del pensamiento inconsciente. Las mociones
afectivas que sobrevienen en el decurso de los pensamientos
oníricos serían entonces, en sí y por sí, mociones débiles, y por
eso tampoco serían más fuertes las que alcanzan al sueño. De
acuerdo con este razonamiento, la ‘sofocación de los afectos’
en modo alguno sería resultado del trabajo del sueño, sino una
consecuencia del estado del dormir”. (Freud, La interpretación
de los sueños. 1900, vol. V, pág. 39).
Concluye diciendo que “La inhibición del afecto sería en-
tonces el segundo resultado de la censura onírica, así como la
desfiguración onírica era el primero”. (Freud, 1900, La inter-
pretación de los sueños, vol V, pág. 40).
Y aunque la mayoría de los sueños son indiferentes, no
queremos dejar de resaltar que hay algunos que se presentan
con un afecto en particular: la angustia. Cuando nos refiramos
al sueño de la inyección de Irma, nos interesará profundizar
esta particularidad. Desde Freud, debemos reparar en que to-
dos los sueños más complejos se revelaron como el compromiso
resultante de un conflicto entre poderes psíquicos. Por un lado,
los pensamientos que formaron el deseo tuvieron que librar
combate contra la objeción de una instancia censuradora y, por
otro lado, hemos visto a menudo que en el pensar inconsciente
cada itinerario de pensamiento era enlazado con su contraparte
contradictoria.

67
Por otro lado, la atemporalidad del inconsciente puede
explicar, por ejemplo, los contenidos del inconsciente como
fantasmas o escenarios fantasmáticos a los cuales se fija la pul-
sión y que son verdaderas escenificaciones de deseo que pueden
permanecer inalteradas.
“En el armazón no nítido de uno de mis sueños de la-
boratorio tenía yo precisamente la edad que me traslada
al año más sombrío e infructuoso de mi carrera médica;
carecía de posición y no sabía cómo habría de ganarme
la vida, pero de pronto era el caso que yo podía escoger
entre varias mujeres para casarme. Entonces, yo era de
nuevo joven, y sobre todo era de nuevo joven la mujer
que compartió conmigo esos años difíciles. Y con ello,
uno de los deseos que ahora, al envejecer, yo rumiaba
sin cesar se revelaba como el excitador inconsciente del
sueño. Esa lucha entre la vanidad y la autocrítica, que
hervía en otros estratos psíquicos, había determinado
por cierto el contenido del sueño; pero solo el deseo de
ser joven, de raíz más profunda, la había hecho posi-
ble como sueño. Aún en la vigilia nos decimos muchas
veces: ‘Ahora todo está muy bien, y antaño fueron épo-
cas duras; pero eso era hermoso, todavía eras joven’ ”
(Freud, La interpretación de los sueños,1900, vol. V, pág.
42).

La temporalidad se suspende durante el sueño y ciertos


contenidos se vuelven a presentar como actuales y con ello toda
su presencia.

El sueño de la inyección de Irma

En este apartado nos referiremos al sueño que Freud tuvo


el 23/24 de julio de 1895. (Freud, Obras Completas. Amorror-
tu Editores, tomo IV).

Lacan se pregunta “¿Por qué concede Freud tanta impor-


tancia a este sueño? A primera vista podría resultar extraño.
¿Qué obtiene Freud, en efecto, de su análisis?: obtiene la ver-
dad, que él plantea como verdad primordial, de que el sueño

68
es siempre la realización de un deseo, de un anhelo”. (Lacan,
Seminario II, pág. 70)
Freud hace del análisis del sueño de la inyección de Irma
el análisis más exhaustivo y coloca allí el descubrimiento del
inconsciente y la relación que hay entre inconsciente y deseos.
Jacques Lacan rescata el momento de la creación del creador en
una lectura guiada por su propia invención, la lectura del sueño
a la luz de los registros: Simbólico e Imaginario.
Para mostrar el alcance de la importancia que Freud da
a este sueño Lacan nos dice: “En ese año, 1895 se encuentra
todavía en el estadio experimental en que realiza sus descubri-
mientos capitales de los cuales el análisis de este sueño seguirá
pareciéndole tan importante que en 1900, en una carta diri-
gida a Fliess, precisamente después de la publicación del libro
en que lo comunica, jugará -y nunca lo hace gratuitamente- a
imaginar que algún día quizá coloquen sobre la puerta de la
casa de campo de Bellevue donde transcurre este sueño: Aquí,
el 24 de Julio de 1895, por vez primera el enigma del sueño
fue desentrañado por Sigmund Freud”. (Lacan, Seminario II,
1955, pág.70).
Es un sueño que parece indicar una preocupación impor-
tante en la vida de quien fuera el constructor de los conceptos
psicoanalíticos. “En 1895 está atravesando un período creador,
abierto tanto a la certeza como a la duda: esto caracteriza todo
el progreso del descubrimiento”. (Lacan, Seminario II, 1955,
pág.71).
Comenzaremos recordando que Freud sueña reprocharle
a Irma no haber aceptado la solución que él le propone, Irma se
queja de dolor en la garganta, el vientre y el estómago y de una
gran opresión. Está pálida y abotagada. Habiendo conseguido
que la paciente abra la boca en el sueño, lo que Freud ve al
fondo, esos cornetes recubiertos por una membrana blancuzca,
es un espectáculo horroroso “...el abismo del órgano femenino
del que sale toda vida, como el pozo sin fondo de la boca por
donde todo es engullido y que trae también la imagen de la
muerte en la que todo acaba terminado...”. (Lacan, Seminario

69
II, 1955, pág.77).
Hay pues aparición angustiante de una imagen que resu-
me lo que podemos llamar revelación de lo real en lo que tiene
de menos penetrante, de lo real sin ninguna mediación posible,
de lo real último, del objeto esencial que ya no es un objeto
sino algo ante lo cual todas las palabras se detienen y todas las
categorías fracasan, el objeto de angustia por excelencia. “Vi-
sión de angustia, identificación de angustia, última revelación
del eres esto: Eres esto, que es lo más lejano de ti...” (Lacan,
Seminario II, 1955, pág.72).
No pudo, no se puede sofocar este afecto y su guía nos
conduce a lo más propio de la subjetividad. Así recupera Lacan,
“Hay, pues, aparición angustiante de una imagen que resume
lo que podemos llamar revelación de lo real en lo que tiene de
menos penetrable, de lo real sin ninguna mediación posible, de
lo real último, del objeto esencial que ya no es un objeto sino
algo ante lo cual todas las palabras se detienen y todas las cate-
gorías fracasan, el objeto de angustia por excelencia”. (Lacan,
Seminario II, 1955, pág.77).
Según Lacan, no habrá que esperar para que nos topemos
con lo imaginario, que se presenta con una descomposición del
yo del soñante a partir del punto de mayor angustia “...ya no
hay un Freud, ya no hay nadie que pueda decir yo (je), aparece
la serie de sus semejantes, sus iguales, de sus colegas, de sus
superiores, vemos aparecer la serie de los yo, porque el yo esta
hecho de la serie de identificaciones que han representado para
el sujeto un hito esencial, en cada momento histórico de su
vida...”, (Lacan, Seminario II, 1955, pág. 77) descomposición
que es definida como imaginaria y que cuando llega al punto
culminante hace entrar el registro simbólico haciendo pasar a
la palabra, la clave, esto es la solución del sueño.
Este es un sueño privilegiado para representar la conden-
sación. El sueño trae a diferentes personajes del entorno freu-
diano, una serie de mujeres: Irma, paciente y amiga de la fami-
lia; la mujer de Freud; la hija de Freud, amenazada de muerte
por una enfermedad; una paciente cuya demanda de análisis es

70
anhelada. Una serie de hombres: Otto, médico familiar, asiduo
a hacer regalos; el profesor M, destacada personalidad que no
siempre comparte las opiniones de Freud; Leopoldo, más pers-
picaz que Otto. “Con este trío de clowns vemos establecerse
en derredor de la pequeña Irma un diálogo sin ton ni son, que
se parece más bien al juego de las frases truncadas e incluso al
muy conocido diálogo de sordos”. (Lacan, Seminario II, 1955,
pág.73).
Diálogos de sordos, nos dice Lacan para mostrar que estos
personajes son todos significativos, en cuanto son personajes de
la identificación en la que reside la formación del ego.
Este sueño se pone en marcha con la desaprobación per-
cibida en la voz de Otto quien trae noticias de Irma, “anda bien
pero no tanto”, Freud cree advertir cierta desaprobación en él o
que ha participado en la burla del círculo de relaciones. (Lacan,
Seminario II, 1955, pág 70).
Encontramos aquí un primer acercamiento al plano ima-
ginario. En Otto se descompone el ego del soñante, Freud des-
aparece bajo esa imagen y es Otto quien asume el descontento
de Freud consigo mismo en cuanto al alcance que pueda tener
la solución aportada por él para el tratamiento de las neurosis.
Influido por el deseo de librarse de su responsabilidad
en el fracaso del tratamiento de Irma, Freud redacta la noche
anterior al sueño un resumen de su conducción general. Tiene
el sueño dirá Lacan para “iS – imaginar el símbolo, poner el
discurso simbólico bajo forma figurativa o sea el sueño y luego
lo interpreta sI – simboliza la imagen”. (Lacan, Seminario II,
1955, pág 71).
Para Lacan, esta tríada juega con la palabra, la palabra
decisiva y judicativa; con la ley, con aquello que atormenta a
Freud bajo la forma: ¿Tengo razón o estoy equivocado? ¿Dónde
está la verdad? ¿Cuál es la solución del problema? ¿Dónde estoy
situado? (Lacan, Seminario II, 1955, pág 73).
De aquí la importancia capital de este sueño, la confian-
za, sí, pero acompañada de la duda. Según Lacan “Freud vive
en una atmósfera angustiante, con la sensación de hacer un des-

71
cubrimiento peligroso.” (Lacan, Seminario II, 1955, pág 76).
En el sueño las condiciones de la realidad se ven someti-
das a las condiciones imaginarias, es así que el ego de Freud está
al nivel de su ego despierto, como psicoterapeuta e Irma, como
la paciente que es en vigilia. Freud avanza con la imagen horro-
rosa de la boca abierta de Irma, en su necesidad de ver, de saber,
expresada en el diálogo del ego con el objeto. Cuando Freud
evita el despertar, ya no cuenta, llama al profesor M, este con
su eminencia aportaría algo, llama a Leopoldo quién ganará a
Otto con sagacidad en su intervención. Con estos personajes
ridículos pero significativos por ser sede de las identificaciones
del ego, Freud advierte que se le declara inocente de todo. Tres
personajes femeninos acompañan a Irma, trío místico cuyo úl-
timo término es, según Lacan, la muerte. La amenaza de la
muerte de una de sus hijas es para Freud un castigo por la tor-
peza al excederse en la dosis de un medicamento con una enfer-
ma del mismo nombre (una Matilde por otra).
En palabras de Lacan “Así llegamos a lo que está detrás
del trío místico. Digo místico porque ahora conocemos su sen-
tido. Las tres mujeres, las tres hermanas, los tres cofrecillos:
Freud nos demostró posteriormente su sentido. El último tér-
mino es, sencillamente, la muerte. De eso se trata, en efecto.
Y hasta lo vemos aparecer en medio del estrépito verbal de la
segunda parte. La historia de la membrana diftérica está direc-
tamente enlazada a la amenaza, extremadamente severa, que
dos años antes había gravitado sobre la vida de una de sus hijas.
Freud había vivido esta amenaza como un castigo a causa de
la torpeza terapéutica por él cometida al excederse en la dosis
de un medicamento, el sulfonal, prescrito a una paciente, ig-
norando que su uso continuo acarreaba efectos nocivos. Creyó
ver en esto el precio pagado por su falta profesional”. (Lacan,
Seminario II, 1955, pág 73).
La entrada en función del sistema simbólico nos revela
que lo que está en juego en la función del sueño se encuentra
más allá del ego: “...En el instante en que el mundo del soñante
se sume en el mayor caos imaginario entra en juego el discurso,

72
el paso de una palabra representada en el sueño por la fórmula
de la trimetilamina, una voz que ya no es sino la voz de nadie,
hace surgir la fórmula como la última palabra de lo que está
en juego” (Lacan, Seminario II, 1955, pág 79). Esta palabra no
quiere decir nada a no ser que es una palabra. Remarcamos que
esta palabra será a través de la cual se declare el móvil secreto
de este sueño. El objetivo buscado por Freud, el deseo estruc-
turante. El deseo surge en el momento de encarnarse en una
palabra. Al igual que el oráculo, la formula no da ninguna res-
puesta a nada, pero la manera misma en que se enuncia, el ca-
rácter enigmático, es la respuesta a la pregunta sobre el sentido
del sueño. En este momento original en que nace su doctrina
se revela ante Freud el sentido del sueño: La única palabra clave
del sueño es la naturaleza misma de lo simbólico.
Freud, como cualquiera que relata un sueño, nos habla
por intermedio de este sueño, pero sin reconocerlo en un prin-
cipio y reconociéndolo únicamente por el análisis del sueño,
es decir, mientras continúa hablándonos. Se percata de estar
diciéndonos algo que es al mismo tiempo él y que ya no lo
es: dirá Lacan hablando por Freud “Soy aquel que quiere ser
perdonado por haber osado empezar a curar a estos enfermos,
a quienes hasta hoy no se quería comprender y se desechaba
curar. Soy aquel que quiere ser perdonado por esto. Soy aquel
que no quiere ser culpable de ello, porque siempre es ser culpa-
ble transgredir un límite hasta entonces impuesto a la actividad
humana. No quiero ser eso. En mi lugar están todos los demás.
No soy allí sino el representante de ese vasto movimiento que es
la búsqueda de la verdad, en la cual yo, por mi parte, me borro.
Ya no soy nada. Mi ambición fue superior a mí. La jeringa esta-
ba sucia, no cabe duda. Y precisamente en la medida en que lo
he deseado en demasía, en que he participado en esa acción, y
quise ser yo, el creador, no soy el creador. El creador es alguien
superior a mí. Es mi inconsciente, esa palabra que habla en mí,
más allá de mí”. (Lacan, Seminario II, 1955, pág 79).

73
Bibliografía
Freud, Sigmund (1890) Tratamiento psíquico, tratamiento del alma, Obras
Completas. Vol. I. Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1992.
Freud, Sigmund (1893) Estudios sobre la histeria, Obras Completas. Vol. II,
Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1992.
Freud, Sigmund (1894) La neuropsicosis de defensa, Obras Completas. Vol.
III. Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1991.
Freud, Sigmund (1917) Una dificultad del Psicoanálisis. Obras Completas.
Biblioteca Nueva Editores, Buenos Aires. 1981.
Freud, Sigmund (1925, 1924) Presentación autobiográfica. Obras
Completas. Vol. XX. Amorrortu Editores, Buenos Aires.1992.
Freud, Sigmund (1914) Contribución a la historia del movimiento
Psicoanalítico. Obras Completas. Vol. XIV, Amorrortu Editores,
Buenos Aires. 1991.
Freud, Sigmund Freud (1896) La herencia y la etiología de la neurosis.
Obras Completas. Vol. III, Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1991.
Freud, Sigmund. (1900). La interpretación de los sueños. Capítulo II:
“El método de la interpretación de los sueños. Análisis de un sueño
paradigmático (Inyección a Irma)”. Capítulo IV: “La desfiguración
onírica”. Capítulo VI: “El trabajo del sueño”. A: “El trabajo de
condensación”. B: “El trabajo de desplazamiento”. Volumen IV. D:
“El miramiento por la figurabilidad”. I: “La elaboración secundaria”.
Volumen V. Obras Completas. Amorrortu Editores, Buenos Aires,
1993.
Freud, Sigmund. (1915) Lo inconsciente. Obras Completas. Vol. XIV.
Buenos Aires. Amorrortu, 1975.
Freud, Sigmund (1896) Manuscrito K. Las neurosis de defensa (Un cuento de
Navidad) Volumen I. Obras Completas. Amorrortu Editores, Buenos
Aires. 1992.
Lacan, Jacques (1955) Seminario II. El yo en la teoría de Freud y en la
técnica psicoanalítica. Ediciones Paidós. Buenos Aires. 1986.

74
Capítulo 4

Historia del movimiento


psicoanalítico

Patricia Altamirano

La “nueva ciencia” conocida como psicoanálisis fue crea-


da por Sigmund Freud. Aunque inicialmente, el psicoanálisis
fue aceptado por estudiosos e investigadores dedicados a la ac-
tividad clínica, también fue fuertemente atacada por otros pen-
sadores. Los primeros alejamientos terminaron prontamente
imponiendo una prioritaria forma de entender el psicoanálisis,
es decir, bajo la autoridad e identidad de la mirada freudiana.

Para Freud el psicoanálisis estaba destinado a ejercer una


enorme influencia en los tratamientos sobre el alma humana.
Preocupado por el desarrollo de esta teoría, apoyó e impulsó
la formación de la Asociación Psicoanalítica Internacional,
donde incluía a estudiosos e investigadores con posibilidades
de apoyar una difusión internacional del psicoanálisis; insti-

75
tuyó además una agenda con los puntos de debates que luego
podrían llamarse psicoanalíticos. Así nació en 1910 la Sociedad
Internacional del Psicoanálisis cuyo primer presidente fue Carl
Gustav Jung.

El psicoanálisis comenzó a expandirse. Wilhelm Reich y


Géza Róheim se dedicaron a los aspectos antropológicos y cul-
turales (al respecto de la tesis de Tótem y Tabú). Por otra parte,
Otto Rank, Oskar Pfister y Alfred Ernest Jones, entre otros,
intentaban aplicar el psicoanálisis más allá de los aspectos clí-
nicos o psicoterapéuticos. Los debates empezaron a generar el
espacio propicio para las divergencias, aún en vida de su funda-
dor. Las diferencias, dentro del mismo grupo de seguidores, se
dieron principalmente con Jung y Adler, lo que motivó a Freud
a escribir la “Historia del movimiento psicoanalítico” en el año
1914. Es en ese texto donde afirma que el psicoanálisis es una
iniciativa teórica, metodológica y terapéutica indiscutiblemen-
te creada por él.
Muchas son las razones para entender los contextos histó-
ricos de esta divergencias: el contenido internacional del movi-
miento, las diferencias idiomáticas, las trayectorias disímiles de
los participantes, las diferencias de status, los lugares discipli-
nares que ocupaban las disciplinas en los diferentes países y las
convulsiones histórico políticas, entre otros.

La Psicología Individual.
Divergencia de Alfred Adler.
El autor de la primera divergencia (1911) fue Alfred Ad-
ler, fundador de la Psicología Individual y autor de obras como
El temperamento nervioso (1912), Conocimiento del hombre
(1917) y Praxis y teoría de la psicología individual (1920).

A pesar del profundo antagonismo que Adler tenía con


su antiguo maestro, oponiéndose fuertemente a algunos con-
ceptos centrales de la teoría freudiana, la figura y la doctrina de
Freud fueron tenidas en cuenta. La mirada de Adler mantuvo el
tipo de fenómenos (los sueños, los fenómenos del inconscien-
te), pero se distanció de sus consecuencias teóricas. Los sueños,
por ejemplo, representaban el proyecto vital y futuro del in-
dividuo y no se encontraban vinculados necesariamente a un
pasado reprimido.
La propuesta de Adler considera que la etiología de las
neurosis se genera en función del futuro. Adler indica que el
individuo no está guiado por el principio del placer y por el
principio de realidad, sino por su voluntad de poder. Es de-
cir, la dinámica psíquica del individuo se pone en marcha por
la autoconfianza y por la fe en su poder psíquico particular
a partir del deseo de superioridad que tiene su contralto en
el principio de inferioridad. La neurosis es, en este sentido, el
sentimiento de inferioridad del individuo que, ante las difi-
cultades, se repliega sobre sí mismo y exige de los otros que le
manifiesten comprensión, obligándoles a dedicarle su atención.
Dicho de otra manera, la dinámica del desarrollo se mue-
ve entre un “complejo de inferioridad”, que aparece en el indi-
viduo frente a las demandas sociales, y una “sensación de supe-
rioridad”, que surge de la voluntad de afirmar su propio poder.
Las pulsiones sexuales representan la acción de la “vo-
luntad de poder”, la energía de dominación de los individuos.
Adler habla de una afirmación varonil y de que, por superar
el complejo de inferioridad, aparece lo que se conoce como
“procesos de compensación” propios de ese intento de equili-
brio. Dichos procesos surgen cuando una habilidad psíquica es
menor o inferior a los requerimientos de la tarea que hay que
enfrentar y, por lo tanto, el psiquismo intenta una compen-
sación por parte de alguna otra actividad que es superior con
respecto a la tarea.
La conciencia, parte central de la teoría de Adler, es con-
ciencia de un hombre incompleto y vulnerable. Este sentimien-
to lo lleva a localizar sus dolores y enfermedades en regiones

77
específicas de su cuerpo, en el esfuerzo por ir de una condición
inferior a una superior.
El principio que guía la dinámica superioridad-inferio-
ridad se asienta sobre el concepto de “estilo de vida”, donde
esta dinámica se articula con el exterior en confluencia con las
fuerzas del ambiente. Pero aunque el ambiente tenga una po-
tente implicancia, el “yo individual” es el elemento central en
la teoría de Adler. Para la psicología individual, el ser humano
no es solo un producto del ambiente, sino que crea una estruc-
tura propia sobre las experiencias vividas durante su vida, las
interpreta y busca satisfacer sus deseos de superioridad. El yo
puede ser reactivo, involuntario, espontáneo o creativo, origi-
nal, inventivo y dar espacio a nuevas personalidades.

Construcción del movimiento psicoanalítico


Las disputas con el fundador del Psicoanálisis o se hi-
cieron esperar, el alejamiento de Adler de las ideas de sexua-
lidad y la importancia del yo, finalmente obligaron a ambos
a la ruptura. Separado Adler del psicoanálisis, Freud viajó a
Estados Unidos donde tuvo una acogida excelente. Lo espera-
ron importantes figuras académicas, sus receptores eran parte
de las propias universidades y las asociaciones más influyentes
en actividades clínicas.
Freud es invitado por Stanley Hall a dictar un ciclo de con-
ferencias sobre psicoanálisis en la Universidad donde él es rector.
En este recorrido Freud visita además la Universidad de
Columbia, Boston y Worcester. Luego pronuncia las famosas
cinco conferencias donde difundió los aspectos centrales del
psicoanálisis a un público académico e interesado en la clínica.
Freud desarrolló una labor incansable y estableció víncu-
los que fueron valorados dentro del desarrollo del psicoanálisis.
De manera paralela, advirtió de la gran hostilidad en los países
de lengua alemana de lo que devino la adhesión del grupo de
Zurich conformado por Jung.
De esta manera se puso en marcha el segundo congreso y

78
la motivación de Freud de trasladar el centro del Psicoanálisis
a Zurich. Esto se vio acompañado por diversos movimientos
políticos en Alemania que luego forzarían el alejamiento de éste
de Viena, años más tarde. La elección de Zurich está vinculada
a la excelente relación que tenía con Jung. Sin embargo, es allí
donde aparece la segunda gran escisión del Psicoanálisis.
En el contexto académico, Freud no era valorado y a Jung
el apoyo explícito a sus teorías le generó muchos enemigos.
Jung aceptó y defendió los aportes de la teoría de la neurosis de
Freud dada su contribución a las “neurosis forzadas” arriesgan-
do su situación académica, pero mantuvo distancia en torno a
la etiología de esas neurosis vinculada a la teoría sexual.

La Psicología Analítica de Carl Gustav Jung


C.G. Jung (1875-1961), médico suizo, nacido en una
familia de tradición religiosa con capacidad económica y vin-
culada a temas de salud mental. Su abuelo paterno organizó
la facultad de medicina y luego fue rector de la Universidad
de Basilea, al tiempo que dirigía una institución psicológica
para niños con diferentes atrasos; mientras que el padre de Jung
trabajaba en una clínica psiquiátrica. Dentro de ese ambiente,
Carl Gustav Jung decidió estudiar medicina.
Las lecturas de las obras literarias de Goethe, Von Hart-
mann, Von Kraff Ebing y Nietzsche fueron determinantes en
la formación que prosiguió hasta su tesis doctoral “Acerca de la
psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos”.

Jung fue una figura clave en la etapa inicial del psicoanáli-


sis, pero luego propuso una serie de conceptos que se separaron
del psicoanálisis freudiano. A pesar de los intentos previos de
ambos de evitar el cisma, una profusa relación epistolar, plena
de diferencias teóricas acerca de cómo posicionar el psicoanáli-
sis, llevaron finalmente a la separación definitiva.
Carl Gustav, Fundó la escuela de Psicología Analítica,
teoría centrada en los “complejos” entendidos como grupos

79
de contenidos psíquicos que, desvinculados de la conciencia,
pasan al inconsciente donde continúan llevando una existen-
cia relativamente autónoma influyendo sobre la conducta. Este
influjo puede ser negativo, pero también puede asumir una va-
lencia positiva cuando se convierte en razón de nuevas posibili-
dades de creación y de éxito.
Lo inconsciente personal, entonces, estaría formado por
complejos. Pero Jung no se detiene allí y avanza hacia lo que
denominó “inconsciente colectivo” y “representaciones ar-
quetípicas”. Para él, la estructura de la psique abarca conscien-
te e inconsciente. Sin embargo, además de la conciencia y de lo
inconsciente personal, existe el “inconsciente colectivo”; con-
cepto que explica la zona de la psique formada por “representa-
ciones arquetípicas” vinculadas a los instintos como tendencias.
El inconsciente colectivo se distingue del inconsciente
personal a partir de su constitución. Esto es, el inconsciente
personal, tal como lo expresa Freud, se constituye por represen-
taciones a partir del complejo de Edipo; surge de la experiencia
personal, está formado esencialmente por los contenidos que
han sido alguna vez conscientes, pero que han desaparecido
de la conciencia o han sido reprimidos. Por su parte, los con-
tenidos del inconsciente colectivo se componen de arquetipos,
imágenes inconscientes de los instintos que nunca han estado
en la conciencia y, como tal, deben su existencia a la herencia
filogenética. Estas representaciones son idénticas en los indivi-
duos y constituyen un substrato psíquico común, de naturale-
za supra personal. El concepto del arquetipo es entonces un
correlato indispensable de la idea del inconsciente colectivo
que indica la existencia de representaciones en la psique que
parecen estar presentes siempre y en todas partes.
Para elaborar su teoría, Jung toma de Lucien Lévy-Bruhl
, sociólogo y antropólogo, las investigaciones en torno a las “re-
presentaciones colectivas” , la ciencia de las costumbres, basada
sobre las reglas de comportamiento que, en un determinado
contexto social, aparecen como objetivas y necesarias, como si
fuesen leyes naturales. Y también toma de otros autores algu-

80
nas referencias concernientes a los mismos fenómenos (Henri
Pierre Eugène Hubert 1927, Mauss, 1902), así como a las ca-
tegorías de la imaginación o pensamientos primordiales. A raíz
de ello, Jung deduce que estos fenómenos están presentes en el
aparato teórico de la antropología, de las religiones compara-
das, de la sociología, entre otras y, desde allí, la idea del arqueti-
po como un segundo sistema psíquico de naturaleza colectiva,
universal e impersonal, idéntico en todos los individuos.
Jung insistió, a diferencia de Freud y Adler, que el psicoa-
nálisis no se trataba tan solo de psicología personal, donde los
factores etiológicos o causales de diversas patologías son con-
siderados casi totalmente como de naturaleza personal. Jung
destacaba la existencia de factores, como por ejemplo en el ins-
tinto sexual o en el afán de autoafirmación, que son peculia-
ridades presentes en el inconsciente colectivo compuesto de
arquetipos preexistentes, heredados, y que pueden llegar a ser
conscientes solo en segundo lugar; tienen una implicancia en
la vida anímica de las personas pudiendo, además, dar forma
definitiva a determinados contenidos psíquicos.
El arquetipo, como concepto, no es místico ni especu-
lativo o filosófico, sino una cuestión empírica cercana a los
conceptos de transmisión biológica de la herencia y, como tal,
interviene en los procesos de generación de síntomas.
En el ámbito mitológico y religioso la importancia etioló-
gica del arquetipo parece menos fantástica, y, aunque parezca
irrazonable, no lo es más suponer que la causa de patologías
extendidas tenga causales individuales. Jung se oponía a una
psicología personalista que reduce las causas de las enfermeda-
des a las personales, e indicaba que las causas del malestar están
vinculadas a la negación de estas fuerzas arquetípicas y a la falta
de cooperación de las personas con estas energías. La acción
terapéutica estaba destinada a poder poner en consideración
del paciente estos arquetipos, desculpabilizándolo de sus impli-
cancias personales y articulando su vida psíquica con aquellos
que están en juego.
Más aún, los arquetipos son rastreables a partir de las for-

81
mas psíquicas y tienen como fuente principal a los sueños. Y
cuando se trata fenómenos concretos como incompatibilidad
general o una situación de daño en un número relativamente
grande de personas (no de una patología personal), se presenta
la huella de las constelaciones arquetípicas.

82
Otro concepto de importancia donde Jung se separa de
Freud es el de “tipos psicológicos”. Recogiendo el debate con
Adler, Jung logró trazar la tipología del introvertido y del ex-
travertido. Según Jung, la situación del extravertido frente a
los acontecimientos externos a él mismo posee la máxima im-
portancia consciente. En lo inconsciente, la actividad psíquica
del extravertido se encuentra en el “yo” como compensación,
entre consciente e inconsciente. Para el introvertido el centro
de la tensión se encuentra en la respuesta subjetiva del indivi-
duo ante los acontecimientos y las circunstancias de carácter
externo. En lo inconsciente, el introvertido se ve empujado con
sentimientos de temor hacia el mundo externo.
Si bien esta tipología no habla de “tipos puros”, Jung ad-
mitía, sin embargo, la extremada utilidad descriptiva de la dis-
tinción entre “introvertido” y “extravertido”, y la coexistencia
de ambos mecanismos en los sujetos con una relación de pre-
dominio o predominancia.
Jung le dedicaba atención, siguiendo su tesis doctoral,
al estudio de la magia, de las religiones y las culturas orienta-
les. Integrando las diversas fuerzas y tendencias psíquicas bajo
la noción de energía, no negó la sexualidad dentro de la vida
psíquica, sino que estableció fronteras más sutiles acerca de la
psique humana y la sexualidad como parte de los instintos bio-
lógicos y funciones psicofisiológicas.

Sobre la terapéutica y la enfermedad mental

Antes de sumarse a las filas del movimiento psicoanalí-


tico, Jung utilizaba la asociación de palabras; método que lo
haría famoso y que empleaba junto con medidores psicogalvá-
nicos para realizar experimentos en su laboratorio de psicopa-
tología experimental que fundara en la Clínica de Zurich.
Para Jung la terapia implicaba la investigación de la
“historia personal secreta” de la persona aquejada por su en-
fermedad de modo de abordar o remitir hacia lo consciente
lo inconsciente a través de la asociación, la interpretación de

83
los sueños y el contacto humano con el paciente. La terapia se
debía adecuar al paciente y a su individualidad, y la curación
debía surgir del propio paciente de manera natural.
La psicoterapia y los análisis son tan distintos como los
mismos individuos. Para cada paciente se requería de un len-
guaje distinto. En el mismo sentido de Freud, no prescribió re-
glas o formas de psicoterapia para el cambio vinculado a la do-
lencia de las personas, pero dio predominancia a lo individual.
Eso obligaba al analista a no formalizar ninguna estrategia y a
trabajar según el paciente. El propio Jung, intencionalmente,
decidió no ser sistemático, puesto que cualquier sistema no po-
sibilitaría al paciente realizar los cambios y las transformaciones
necesarias que solo se pueden hacer a partir de la comprensión
individual.
Entre sus postulados encontramos:
–– Los conceptos de transferencia y contratransferen-
cia: los describe a nivel consciente e inconsciente.
Existen, dentro del análisis y en ocasiones, fenómenos
parapsicológicos que están dentro de la transferencia
y una posible identificación inconsciente entre am-
bos. Propugna, en ocasiones, abandonar la atención
flotante por una intervención activa.
–– Postula la superación de los conflictos del paciente,
no solo a partir de la cooperación con el psicoterapeu-
ta, sino a partir de procesos que podrían ser adverti-
dos luego de cierto tiempo de finalizada la terapia. Tal
como Freud explicitó, Jung pone en tela de juicio el
concepto de victoria psicoterapéutica y plantea una
mirada un poco más realista acerca del final de la te-
rapia.
–– Indica la existencia de patologías que pueden verse
desde otra perspectiva (vinculadas a los arquetipos y
al inconsciente colectivo); postula así una diferencia
entre saber científico y objetividad científica, saber
mítico y sabiduría. En este sentido, habla de un des-
doblamiento anímico: en otro momento la humani-

84
dad tomaba con mayor cercanía el mundo del mito,
la magia y el misterio; hoy, el inconsciente colectivo
no puede adaptarse a la pérdida del mito o a la susti-
tución de la vivencia de la naturaleza por una cosmo-
visión externa supuestamente objetiva. Como parte
de las patologías de su época, se encuentra entonces la
gran distancia entre las demandas de la vida moderna
y la función arquetípica.

El Psicoanálisis Inglés.
Melanie Klein (1882-1960)
Melanie Klein nació en Viena en el 1882, en una fami-
lia centroeuropea de origen judío. Klein, contemporánea de
Freud, fue la iniciadora de los conceptos alrededor de las teorías
de las relaciones de objeto. Su mirada particular se centró en la
vinculación que el bebé tenía con su madre. Los conflictos se
focalizaban en estos vínculos, ya sean reales como en fantasía.
No se trataba de conflictos intrapsíquicos en el sentido freudia-
no, sino de las relaciones entre los niños pequeños y los objetos
de su entorno; la madre y el padre como objetos.
La crítica a la teoría de las pulsiones la llevó a releer esa
energía de los impulsos humanos básicos esenciales como la
agresión y los impulsos destructivos.
Las teorías de Melanie Klein forman parte del entrama-
do conceptual del psicoanálisis, pero incluyen otros conceptos
y realizan una relectura de la metapsicología tradicional. Las
teorías de Klein también recibieron aceptaciones y rechazos
incluso dentro de su mismo grupo de seguidores. Diversos au-
tores psicoanalíticos como Bion, Meltzer, Fairbairn, Balint y
Winnicott fueron detractores de las ideas kleinianas, dado su
carácter innovador y la exploración de aspectos no estudiados
por Freud. Con mayor o menor distancia, algunos autores se
alejan de las ideas de Klein.
Contemporánea a la hija de Freud, y ambas motivadas
por el análisis con niños, se enfrentaron en diversos aspectos

85
tanto teóricos como técnicos. Melanie Klein y Anna Freud
mantuvieron un duro cruce de impresiones sin que Freud se
incluyera de manera directa. Mientras Anna Freud se interesa-
ba por la técnica del análisis infantil y se acercaba a suponer una
función educativa del psicoanálisis en la niñez que permitiera
al niño incluirse en la sociedad según valores imperantes, la
propuesta de Klein, centrada en las fantasías y en los conceptos
de envidia y agresión, defendía la posibilidad de transferencia
en el análisis con niños a partir de sus relaciones con los objetos
(padre, madre, hermanos) y con la fantasía inconsciente que
ocasionaba la realidad subjetiva.
Klein desarrolló las teorías de las posiciones y de las re-
laciones objetales precoces, aportando la idea de un Edipo
temprano como estructura a partir de la cual era posible mirar
las patologías psicológicas, además de darle una prioridad al
instinto y pulsión de muerte.
Los avances de Klein fueron fruto de la aguda observa-
ción clínica dentro de un encuadre psicoanalítico que ella mis-
ma fue adaptando, tomando como premisas algunas de las téc-
nicas psicoanalíticas. Klein incluyó el juego, el dibujo infantil,
y la interacción espontánea con pocos protocolos freudianos
(recordemos que el dispositivo freudiano no estaba pensado en
la etapa infantil).
La evidencia que mostraban ese tipo de secciones eran
niños capaces de fantasear y suponer roles a los objetos (agresi-
vidad, ansiedad, angustia, exigencias de control) donde, ni bien
avanzaba la edad, la sociedad demandaba ciertas conductas. Es-
tos hechos que Klein advertía como genéricos en los niños le
permitieron, para su explicación, el desarrollo de conceptos y
la creación de nuevos marcos psicoanalíticos metapsicológicos.
De allí surgieron la presencia del Edipo temprano, la presencia
de un yo y un superyó precoz, todos responsables de elaborar
procesos de armonización entre las fantasías y la realidad.
El concepto de fantasía inconsciente está desarrollado a
partir de la teoría de las pulsiones de Freud. Para esta autora, el
yo (en sus aspectos inconscientes) es un neto generador de fan-

86
tasías que finalmente generan relaciones objetales primitivas.
Este avance de proponer una estructuración del Edipo,
incluso antes de lo que Freud lo proponía, es decir, la teoría
de un Edipo temprano como eje de la estructura psíquica, no
puede entenderse sin la problematización de Klein vinculada
a la relación entre fantasía y realidad. Fantasía y Realidad se
influyen mutuamente. Las fantasías inconscientes son las ex-
presiones mentales de los instintos. Las percepciones y sensa-
ciones internas y externas son interpretadas y representadas a
sí mismas en la mente bajo la influencia del principio placer
- displacer por intermedio de la introyección y la proyección. El
yo se identifica con algunos de los objetos con los que establece
relaciones; a eso de denomina identificación introyectiva. Estos
objetos son asimilados por el yo y contribuyen a su desarrollo
confiriéndole también características a la persona.

Fantasía inconsciente

Para Klein, el instinto tenía un aspecto psicológico que


obtuvo el nombre de fantasía inconsciente (deliberadamente
escribe con 'ph' para distinguirla de la palabra fantasía). Estas
fantasías son las principales representaciones de la vida psíquica
y su complejización que, en vinculación con los objetos del ex-
terior, permiten el desarrollo de otros estados de la vida mental.
Fantasía inconsciente en la vida psíquica es lo primero
que aparece en el niño que, en contacto con el medio ambien-
te y la realidad, se modifica. La vinculación del niño con el
mundo exterior lo pone en contacto con la frustración de no
poder lograr la consecución de sus fantasías en un ambiente de
realidad. El papel de la fantasía inconsciente es esencial en el
desarrollo de una capacidad de pensamiento. Por ello lo cor-
poral tiene importancia, allí es donde se prueban la efectivi-
dad de las fantasías, con los objetos externos. Sin embargo, las
fantasías tienen un carácter destructivo debido a la presencia
predominante de la pulsión de muerte y el desarrollo de un su-
peryó especialmente sádico y un yo que desarrolla defensas que

87
generan ansiedad propias del intento de defenderse del exterior
amenazante. Es en el sentido de las ansiedades y las pulsiones
de muerte que surgió su teorización sobre la envidia como un
impulso (endógeno) agresivo que el bebe siente desde el co-
mienzo de la vida y que está dirigido a los objetos con los que
se relaciona (pulsión de muerte). La idea de envidia luego se
articulara a los celos.
Las defensas, las fantasías, ansiedades, angustia, amor,
agresión establecen un clivaje entre objetos internos y objetos
externos de los cuales surgen, de manera deductiva y siguien-
do con lo encontrado en la práctica clínica infantil, dos posi-
ciones básicas: la posición esquizo-paranoide y la posición
depresiva.
Las posiciones constituyen polos entre los cuales oscila
la vida psíquica (estructura del aparato psíquico a través de la
organización del mundo objetal). El concepto de posición es
un aporte de Klein al psicoanálisis, visto que se diferencia del
freudiano respecto a las etapas de la sexualidad infantil. Esas
posiciones se mantienen a lo largo de la vida, aumentando o
disminuyendo su predominancia en la vida anímica de las per-
sonas.
Sobre la posición esquizo-paranoide, Klein indicó que
se forma por objetos parciales, el dominio de la pulsión oral y
una cualidad predominante: bueno o malo. El pecho, como
primer objeto, se posiciona en la posición EP en los momen-
tos en que el bebé atraviesa estados de frustración y odio. Las
características oral-sádico, uretrales y sádico-anales de las pul-
siones del lactante son las causantes de esta sensaciones. La rela-
ción de objeto es parcial. La escisión y la ansiedad persecutoria
se presentan juntas.
El bebé encuentra, dentro de sus fantasías, temores per-
secutorios fantasmáticos que a su vez se acompañan con la no
presencia de la madre o la no satisfacción o insatisfacción que
parece corroborar las sensaciones infantiles. El niño, en esta
posición, tiene la capacidad de disociar el objeto a fin de de-
fenderse de esos temores. Dado que en sus fantasías no podría

88
existir una sola madre satisfactoria e insatisfactoria a la vez, la
disocia en dos partes tomando posición de dos objetos distintos.
En este sentido, la posición esquizo- paronoide se con-
cibe como una estructura que organiza la vida mental en los
tres primeros meses de vida, constituida por una ansiedad per-
secutoria. Con el cuidado adecuado, el niño es capaz de tolerar
el aumento de la conciencia de la experiencia que está susten-
tada por la fantasía inconsciente y lleva a la consecución de las
etapas del desarrollo. La ansiedad persecutoria se instala en la
dinámica del aparato psíquico y luego es mitigada durante el
desarrollo de las siguientes etapas.
La angustia, motor básico energético, nace de la acción
del superyó temprano, que es provocada por los deseos sádicos
presentes en las fantasías. La relación de objeto parcial con un
pecho idealizado y otro persecutorio se perciben como objetos
disociados y excluyentes. Frente a la amenaza exterior ya corro-
borada por el niño, su yo se protege de la angustia persecutoria
con mecanismos de defensa intensos y omnipotentes que desa-
rrolla a partir del yo. Eso mecanismos pueden ser de disocia-
ción, de identificación proyectiva, introyección o negación.
La introyección permite que se construyan los objetos
internos, es decir, la formación del yo y del superyó. La iden-
tificación proyectiva, como mecanismo de defensa, tiene la
capacidad omnipotente de liberarse de una parte de sí (aspectos
buenos y malos) y colocarla en otro objeto. La idealización es
un mecanismo a través del cual se aumentan los rasgos buenos
y protectores del objeto bueno, mientras que la negación es un
mecanismo que niega las existencias de objetos persecutorios
(objetos vinculados con la insatisfacción). Por el mecanismo
de escisión se generan objetos parciales; el niño no reconoce el
objeto (como objeto total). En el momento que el niño advier-
te la conformación de un solo objeto con sus dos cualidades,
pecho bueno - pecho malo, empezará la posición depresiva y
el mecanismo de la ambivalencia, la integración, la culpa y la
ansiedad depresiva.

89
La posición depresiva indica, entonces, el cambio de la
relación de objeto parcial a total. De los tres a los seis meses
se observa un mayor desarrollo de las funciones yoicas y de la
organización fantasmática del bebé. La instauración del pecho
bueno disminuye los procesos de escisión y los estados de inte-
gración son cada vez más frecuentes. La repetida experiencia de
enfrentar la realidad psíquica implicada en la elaboración de la
posición depresiva aumenta la comprensión del bebé del mun-
do externo y su necesaria interacción. Esto lo obliga a mayor
presencia yoica para satisfacer sus necesidades básicas. Paralela-
mente, la imagen de los padres, en un principio distorsionado
en figuras idealizadas y terribles, se aproxima gradualmente a
la realidad y se acrecenta la imagen integrada, dando lugar a la
ambigüedad propia de estas figuras.
La posición depresiva implica la integración de los obje-
tos escindidos. Su superación supone la introyección estable del
objeto amado y el establecimiento de la capacidad de reparar
y simbolizar, aunque como ya indicamos, no se supera de ma-
nera estable, sino que se trata de un clivaje que permite la vida
adulta. En el segundo año, con el progreso en el desarrollo del
yo, el niño utiliza su creciente adaptación a la realidad externa
y su creciente control de las funciones corporales para poner a
prueba los peligros internos frente a la realidad externa.
Las defensas propias de la posición depresiva son: la
defensa maníaca y el control omnipotente. La primera es la
negación omnipotente que se desarrolla como defensa contra
la experiencia de ansiedad depresiva, culpa y pérdida. Se trata
del “esto no me sucederá a mí”. El control omnipotente, al
estar aplicado ahora a la ansiedad depresiva, es utilizado para
evitar la frustración y la consiguiente agresión que constituiría
un peligro para el objeto.
Los sentimientos de culpa, ante la creencia de haber da-
ñado al objeto amado, ponen en marcha la tendencia a la repa-
ración originada en las pulsiones de vida, propias de las defen-
sas depresivas. El niño vivencia la reparación de sus objetos en
íntima relación con los logros de su propio desarrollo.

90
Conjuntamente con la posición depresiva se inicia el
complejo de Edipo temprano, ya que los procesos de inte-
gración llevan a la necesidad de preservar al pecho y a la madre
como objeto total, estimulando el pasaje al pene paterno (como
fantasía simbólica), al padre y al reconocimiento del tercero.
El bebé necesita proteger al objeto y al yo de la intensificación
y modificación de la agresión provocada por las frustraciones
orales (destete) y la dentición. Esta reparación es una actividad
del yo dirigida a restaurar un objeto amado y dañado. Surge
durante la posición depresiva como reacción a ansiedades de-
presivas y a la culpa.
La reparación se puede usar como parte del sistema de
defensas maníacas, en cuyo caso adquiere las características ma-
níacas de negación, control y desprecio, que son los mecanis-
mos en virtud de los cuales el sujeto intenta reparar los efectos
de sus fantasmas destructores sobre su objeto de amor. Este me-
canismo va ligado a la angustia y a la culpabilidad depresivas: la
reparación fantasmática del objeto materno, externo e interno,
permitirá superar la posición depresiva, asegurando al yo una
identificación estable con el objeto benéfico.
La posición depresiva supone una organización de la
vida mental del niño para obtener una sensación de bienestar.
Esta posición debe manejar la ansiedad culposa sostenida por
los presuntos daños realizados al objeto, integrar los objetos
y mantener una relación en la que el objeto externo ya no es
parcial, sino total. Debe, además, dar lugar a la defensa llamada
reparación que disminuye la agresividad de la posición anterior.
La posición posibilita la reducción de la ansiedad paranoide y,
de esa forma, la gratificación del objeto integrado y la propia
integración del yo, lo que disminuye la necesidad de defenderse
de los objetos persecutorios. La elaboración de la posición de-
presiva es crucial en la capacidad posterior de elaborar duelos.
Al respecto de método terapéutico, M. Klein incluyó a
los niños dentro del dispositivo dando oportunidad al análisis
infantil. Sus teorizaciones más importantes, al igual que Freud,
nacieron de la indagación dentro de la práctica clínica. Obser-

91
vó que los niños sufrían ansiedades persecutorias intensas y que
las defensas que se establecían contra ellas se manifestaban en
impulsos agresivos y ansiedad vinculados a la pulsión de muer-
te. El tratamiento analítico busca ayudar al paciente -niño o
adulto- para que vaya sucesivamente elaborando y reelaboran-
do estas ansiedades, estas posiciones psicóticos primitivas, hasta
niveles cada vez mayores de integración, pasando por ansie-
dades neuróticas que, ya atenuadas, implican logros, madurez
y una estabilidad mental adecuada para cada momento de la
vida. Deja a la persona analizada en condiciones de reelaborar,
a su vez y por su propia cuenta, las nuevas situaciones de ansie-
dad presentadas a lo largo de la vida.
En el marco del análisis infantil, el desarrollo de la hora
de juego requirió de ciertos objetos que permitían la interpre-
tación de la actividad a partir de las teorizaciones sobre las rela-
ciones objetales y de cómo atravesaban estos niños las dos posi-
ciones. La palabra del niño y sus dibujos fueron especialmente
tenidos en cuenta.
La transferencia es un concepto técnico que pone al te-
rapeuta y al niño frente a las conflictivas entre objetos, posi-
ciones, defensa, fantasías inconscientes, ansiedades, realidad
externa, etc. Busca facilitar la trayectoria desde la posición
esquizo-paranoide y la depresiva. La superación de las posicio-
nes, la integración de las partes escindidas de los objetos con
el yo, la superación de la angustia paranoide y de culpa depre-
siva, son los objetivos de la terapia. La base de la salud men-
tal es una personalidad bien integrada, esto significa: madurez
emocional, fuerza de carácter, capacidad de manejar emociones
conflictivas, equilibrio entre la vida interior y la adaptación a
la realidad y una fusión exitosa entre las distintas partes de la
personalidad.

92
Psicoanálisis Norteamericano
Psicoanálisis del Yo
El psicoanálisis norteamericano tuvo sus orígenes duran-
te los años ‘30. Surgió a raíz de las demandas sociales hacia a
la psiquiatría y a la psicología como nuevo rol profesional para
poder diagnosticarlas y realizar intervenciones que posibilita-
ran soluciones a los problemas en determinados sectores pobla-
cionales. La orientación de la psiquiatría norteamericana hacia
estas formas explicativas fue influenciada por la visita de varias
comitivas vinculadas al psicoanálisis en Europa.
Luego de la segunda guerra mundial, y producto del pro-
ceso inmigratorio de entre guerras y la persecución nazi, un
importante número de académicos e intelectuales europeos de-
cidieron emigrar a horizontes más fructíferos, ya sea por propia
voluntad o por haber sido expulsados de sus lugares de origen.
Los psicoanalistas no fueron una excepción a ello: hacia los
años ‘60 muchos académicos se insertaron con eficiente capa-
cidad de influencia dentro del mundo académico y profesional
norteamericano. La psicología norteamericana se vio fortaleci-
da por estos académicos de prestigio que, con su trayectoria,
aportaron a las universidades y a los sistemas de salud mental
su impronta y su capacidad de reflexión y acción.
Inicialmente, la escuela norteamericana se inclinó por
tomar de la obra freudiana aquellas producciones que enten-
dieron se adecuaban mejor a las demandas y como estrategia
para implementar unas prácticas dentro del sistema de salud
norteamericano. También tuvieron fuerte influencia en el sis-
tema académico, adecuándose a los requerimientos del mismo.
Freud fue tomado desde algunas obras clásicas y desde
una hermenéutica particular que priorizaba al yo por encima
de otros conceptos. Los textos de Psicología de las masas y aná-
lisis del yo (1921), Neurosis y psicosis (1924), Inhibición, síntoma
y angustia (1926), La escisión del yo (1938) y otros pasaron a
formar parte de las obras de referencia. Otros textos fueron ol-
vidados o directamente separados. Freud, sin embargo, mantu-

93
vo una importante valoración por parte del espacio profesional.
No todos los pensadores que fortalecieron este tipo de
abordaje se ubicaron en el espacio geográfico de los EEUU,
sin embargo, las producciones más destacadas a lo largo de la
tradición psicoanalítica norteamericana y las más actuales lo
ubican como polo geográfico. El psicoanálisis del yo, también
llamado Ego psychology, mantiene el modelo explicativo del
psicoanálisis y encuentra sus antecedentes en algunos autores
norteamericanos que priorizaron los aspectos culturales del psi-
coanálisis tales como Sullivan, Horney y Fromm.
La propuesta de psicoanálisis culturalista es un intento
por desalentar algunos conceptos claves del psicoanálisis orto-
doxo. Sus principales divergencias teóricas están vinculadas a la
exigua consideración de las dimensiones sociológicas, cultura-
les y antropológicas. Estos psicoanalistas partían de la base que
la personalidad es producto de la cultura; por lo tanto, una
relectura del psicoanálisis exigía valorar la importancia de la
cultura, incluso cuando las técnicas terapéuticas o las proble-
máticas que encarasen fueran distintas.
Los conceptos que son abandonados o puestos en cues-
tión no son completamente desechados, sino que pasan a tener
funciones no determinantes dentro de la lectura del comporta-
miento humano. Se trata de: las fases del desarrollo de la libido
y la importancia de la sexualidad infantil (un concepto que el
propio Freud pidió a Jung que no abandonase). Dentro de este
contexto, el complejo de Edipo es tomado desde una perspec-
tiva cultural, priorizando los vínculos y los factores ambientales
por sobre las determinaciones libidinales y biológicas. Indicaron
que el aporte de dicho concepto se centraba en la capacidad de
leer las relaciones interpersonales como la clave para interpretar
la naturaleza humana. Los fenómenos del inconsciente, por su
parte, si bien no fueron abandonados, no tuvieron la importan-
cia central en la práctica clínica y, por lo tanto, se dejaron de lado
la asociación libre, el análisis de los sueños.
También se opusieron fuertemente a la dicotomía pul-
sión de vida-pulsión de muerte y, en particular, a la deriva-

94
ción de la pulsión de muerte que hace del hombre un ser natu-
ralmente ansioso, con angustias, destructivo, gobernado por la
compulsión a la repetición. La perspectiva pesimista del psicoa-
nálisis europeo, que se mantendrá hasta nuestros días, dio lugar
al optimismo norteamericano, interesado en la adaptación del
hombre al sistema productivo, interés por ende transferido a
los sistemas de salud.
La mirada al respecto de la constitución del síntoma po-
nía el énfasis en los factores ambientales. Entendieron que los
elementos decisivos en la vida de las personas se deben buscar
en las circunstancias presentes y no en cómo estos de desen-
cadenaron en el pasado. Por su parte, la conducta neurótica
fue tomada como despliegue de estilos, fruto de los impulsos
competitivos y autoafirmación. Por último, priorizaron lo in-
terpersonal por sobre lo intrapersonal. En este sentido, los as-
pectos del contexto social, económico, cultura, educativo de
la patología eran parte de la explicación de la sintomatología y
también eran incluidos en la acción terapéutica.

Psicoanálisis del yo
El proceso de inmigración y el sincretismo con la cultura
psic del lugar dieron el espacio propicio para la transformación
del psicoanálisis adecuado al sistema de valores y a la forma de
asumir los problemas de salud mental de la población. Dentro
de la institución de tradición y prestigio que fue la Sociedad
Psicoanalítica de Nueva York, se desarrollaron líneas de pen-
samiento de vital importancia para la práctica y construcción
teórica. Lowenstein, Kris, Erikson, Rapapport y Hartmann,
muchos de ellos exiliados y en aclimatación al mundo nortea-
mericano, desarrollaron lo que se da a llamar la Psicología del
yo o psicoanálisis del yo.
Estos psicoanalistas se encontraron con un suelo fructí-
fero de desarrollo de sus ideas, y fueron estimados y valorados.
Como contrapartida, lograron una inclusión dentro de las nue-
vas tradiciones de Estados Unidos tanto en la psiquiatría como

95
en las instituciones de práctica médica, las políticas de salud
mental y la psicología universitaria. Por lo tanto, lejos de ser ex-
cluidos de estos lugares, lograron adaptarse y sus ideas respon-
dieron a las demandas de una espacio psi en expansión; deman-
das relativas a la constitución del perfil de psicólogo, estrategias
de salud mental y de la emergencia del nuevo rol profesional.
La psicología psicoanalítica del yo incorpora lo social y
lo cultural, pero priorizando el concepto de función y adapta-
ción. La preeminencia de las dimensiones sociales toma como
eje la incorporación del hombre al medio social, productivo y
cultural. El yo no es considerado como instancia del aparato
psíquico, sino como una organización con las funciones de per-
cepción, memoria y motricidad (Rapaport, 1958).
En efecto, el aporte desde el psicoanálisis de Hartmann
(1939) al entramado reflexivo, estuvo orientado por dos pre-
ceptos: el yo y el problema de adaptación. Sin dejar de seguir
a Freud, evidenció un interés teórico de transformar el psicoa-
nálisis en una psicología general, es decir, socializar los saberes
del psicoanálisis y establecer una comunidad más grande que
pudiera hablar desde estos conceptos al referirse al malestar aní-
mico de las personas. Era necesario encontrar un lenguaje que
pudiera ser comprendido por médicos, educadores, sociólogos,
trabajadores sociales, que hasta ahora veían en el psicoanálisis
una práctica difícil de explicar. Partiendo de la base de una tibia
aceptación, esta gestión conferiría la posibilidad de ingresar al
ambiente institucional y a la sociedad científica estadouniden-
se, algo que todavía no era un hecho, sino una acción a desa-
rrollar a partir de la cual se jugaba el futuro institucional del
psicoanálisis.
Por lo tanto, desde Rapaport, la motivación de crear una
psicología del yo orientada desde los conceptos psicoanalíti-
cos era muy evidente. La propuesta se centraba en articular los
conceptos freudianos con la psicopatología y, sobre todo, con
una psicología general de la conducta humana como una forma
de armonizar el entramado teórico norteamericano. Para ello
partió de evidencias empíricas, pero sumando los puntos de

96
vista de la psicología de forma, la psicología genética, estruc-
tural, adaptativo y psicosocial, con un razonable espacio para
aceptar las corrientes conductistas y una teoría psicobiológica
(que también está en la base del psicoanálisis freudiano). Esta
articulación prometía incluir tanto las predisposiciones heredi-
tarias de corte biológico contenidas en la obra de Freud como
la función social, cultural y comunicativa.
Para poder abordar estos conceptos, fue Rapaport quien
aportó la metodología desde el modelo del método hipotético
deductivo, incluyendo las variables dependientes e indepen-
dientes en su explicación de la teoría psicoanalítica. Rapaport
conectó la observación y el experimento, el dato empírico con
el marco teórico (Gill y Klein, 1964) y, dentro de este modelo,
el conflicto económico (valencias, investiduras y contrainvesti-
duras de la energía pulsional) y dinámico de la metapsicología.
El modelo psicoanalítico de Rapaport se basa en el con-
cepto de necesidad, su objeto gratificador y la gratificación, los
tiempos de demora, la descarga afectiva e ideación (de metas y
medios) y la tensión que dicha necesidad produce, denominada
catexia (carga) de impulso. En ese sentido, planificó y comenzó
a desarrollar un programa de investigación experimental para de-
finir elementos cuantitativos del modelo freudiano, tratando de
identificar la cantidad de catexias (gasto de energía) incluidas en
la estructura del aparato psíquico, proponiendo la utilización de
los modelos matemáticos para abordar las pulsiones cuasi-cuan-
titativas y los impulsos (fuerzas). Este intento de aplicar el mode-
lo lógico experimental de la física a la teoría psicoanalítica no in-
cluía un modo de medición cuantitativa de la energía pulsional;
sin embargo, veía en la sistematización matemática una forma
de comprobación mediante el descubrimiento de las relaciones
producidas. Si bien no era clara la vinculación entre concepto
y evidencia empírica, era posible crear los puentes intermedios
para fortalecer un método de comprobación empírica de la teo-
ría psicoanalítica. Este esfuerzo incluyó a muchos psiquiatras y
psicólogos norteamericanos, quienes incluso utilizaron disposi-
tivos clínicos psicoanalíticos a tales efectos.

97
Finalmente, y articulado con los últimos trabajos de
Freud, la construcción del psicoanálisis norteamericano mar-
có una acentuada preferencia por el yo; se le otorgaba un ma-
yor énfasis a la segunda tópica que considera al yo como una
entidad estructural central y primordial en el funcionamiento
mental. Los temas como la angustia se aceptaban como señal,
se valoraban los conceptos de las identificaciones (como meca-
nismos de defensa yoicos), y se le atribuía a la defensa asiento
yoico con una ubicación inconsciente, con énfasis en las expli-
caciones de índole económicas (que eran medibles) vinculadas
a un esquema que permitía los estudios empíricos.
En un intento de construir una psicología general y
comprender el conjunto de los fenómenos mentales, propu-
so la existencia de aparatos innatos del yo constituidos por
actividades como la memoria, la percepción, la capacidad de
asociación y la motricidad. Los síntomas de los pacientes eran
interpretados básicamente en términos de conflicto entre el yo
y el superyó, entre los impulsos (ello o superyó) y el yo, y entre
alguna de las instancias y la realidad. Por lo general, la explica-
ción de la dolencia psíquica se interpretaba como este debate
entre los aspectos adaptativos conscientes, preconscientes y el
ambiente.

La importancia del yo en el psicoanálisis.


Los aportes de la figura de Heinz Hartmann

Desde el nacimiento, todo ser humano cuenta con una


dotación innata de funciones (percepción, memoria, motrici-
dad, capacidad de síntesis y de asociación, etc.) que no guardan
relación directa con los impulsos. Esta dotación es considerada
como un importante instrumental auxiliar que el yo podrá uti-
lizar para resolver los conflictos que se le presentan en su rela-
ción con el ello y con la realidad. El área libre de conflictos no
es un sector fijo establecido de una vez y para siempre, sino que
cambia de manera dinámica, momento a momento. Determi-
nadas funciones, clásicamente autónomas y pertenecientes al

98
área no conflictiva, pueden ser invadidas por impulsos muy in-
tensos en determinadas circunstancias.
Ciertas funciones del yo surgidas inicialmente del con-
flicto entre el ello y la realidad pueden, mas tardíamente en el
desarrollo, independizarse de los impulsos o el conflicto que
les dio origen de tal manera de lograr autonomía. Esto supone
la existencia de una dotación individual con la cual el sujeto,
desde el nacimiento, se enfrenta a las dificultades que le impo-
nen tanto sus propios impulsos como la realidad externa. Las
diferencias en el desarrollo intelectual, motor, etc., influyen en
la capacidad del niño para manejar los conflictos y, a su vez,
estos los modifican.
Hartmann creía que las funciones autónomas eran la
base filogenética de los mecanismos de defensa que utiliza el
yo; moldes sobre los cuales podrán, en el curso del desarrollo
psíquico, armarse las distintas modalidades defensivas. Consi-
deraba que el individuo cuenta con determinadas capacidades
innatas, las que en el transcurso del desarrollo pasarán a estar
al servicio del yo, y subrayó la importancia que estas funciones
autónomas tienen en los procesos de adaptación del yo a la
realidad externa.
El término “yo fuerte” se refiere a la solidez y disponibili-
dad del yo para recurrir a sus funciones autónomas; el concepto
se aleja de Freud, en tanto este indica con claridad la predomi-
nancia del inconsciente y las restantes instancias vinculadas al
yo.
El desarrollo del yo es decisivo por su incidencia en el
proceso de adaptación y en su origen que surge como un apa-
rato destinado a establecer la relación con la realidad, siendo
uno de sus objetivos principales la autoconservación. Freud,
como Hartmann, sugería que el punto de partida para su for-
mación es una matriz indiferenciada del yo y del ello; que de
manera conjunta no suponen que la instancia yoica sea inicial,
sino que es un desprendimiento del desarrollo del niño. De esta
manera, todo individuo nace con potencialidades para su desa-
rrollo, pero no ocurre en todos los casos de la misma forma: los

99
factores externos son determinantes para un yo con capacidad
de adaptación al medio. El niño ordena sus pulsiones, que son
controlados y canalizadas para conseguir la adaptación, a partir
de la diferenciación del yo.
La adaptación es necesaria vinculada a la pulsión de vida
y a la necesidad de supervivencia. En los animales, los instintos
tienen el fin de adaptarse al ambiente, permitiendo el triunfo
de la especie sobre la naturaleza siempre amenazante. Para los
individuos, la capacidad innata es deficitaria y requiere de mu-
chos cuidados para apoyar la pulsión de vida. A su vez, en el
hombre, el principio de placer no asegura la supervivencia, sino
el principio de realidad, que requiere ser apoyado y desarrolla-
do. El Ello, al desdeñar en buena medida la autoconservación
en aras del principio de placer frente al riesgo que implica, ter-
mina estimulando el proceso de diferenciación de una instancia
específica, y de esa diferenciación nace y madura la instancia
yoica.
¿Cuáles son los factores que impulsan la diferenciación
del yo y el ello? En primera instancia, el factor hereditario
o constitucional, que se ubica en las posteriores capacidades
innatas o autónomas del yo. Luego, el factor de interacción
con el medio y la tendencia a la adaptación. Estos factores
interactúan en el curso del desarrollo con tres elementos: los
impulsos instintivos, los condicionamientos de la realidad ex-
terna y la imagen corporal. Esta última es la construcción con-
temporánea al yo, que juega un papel importante en la diferen-
ciación del yo con el mundo de los objetos y en la posición de
los individuos en su contexto social.
La estructura psíquica se construye en la interacción entre
las pulsiones, las defensas del yo y las funciones autónomas del
yo. Hartmann se concentró en las raíces innatas del desarrollo
del yo independientemente de los impulsos instintivos (Rapa-
port, 1957).
Sobre la teoría de los mecanismos de defensa, desarro-
llada y ampliada por Anna Freud (1936), Hartmann enunció
que las modalidades individuales del yo podían afectar el tipo

100
de mecanismos de defensa que cada sujeto pondrá en práctica.
Esta modalidad de lectura de los mecanismos de defensa y su
desarrollo conceptual vinculado a la clínica fue un aporte muy
importante para el psicoanálisis
En este contexto, el concepto de adaptación adquiere re-
levancia. El enfoque de la realidad como algo objetivo y externo
al sujeto, sumado al dimensionamiento de los modelos biológi-
cos vinculados a la adaptación del hombre a su medio, moldean
la relación del psicoanálisis norteamericano con la psicología
norteamericana en general, como ciencia y como profesión. De
esta forma es posible entender la profunda filiación existente
hasta la actualidad entre políticas de salud mental, psiquiatría y
psicoanálisis en el marco geográfico norteamericano.
La problemática que abordaron los psicoanalistas del yo
buscaba poder determinar el criterio de normalidad y adapta-
bilidad de una persona en relación a su habilidad para poder
adaptarse a los eventos de la vida. Indicaron que esta cualidad
está presente si su productividad, su habilidad para disfrutar de
la vida y su equilibrio mental no están trastornados. La adap-
tación no solo tiene indicadores internos vinculados al sentir
la autoconfianza del individuo, sino a lo que los otros entien-
den es una conducta adaptada. Una persona estará adaptada en
función de la armonía entre sus necesidades pulsionales, la rea-
lidad y las metas ideales que se propone. Sin embargo, recorde-
mos que en Freud esa armonía entre pulsión de vida-pulsión de
muerte, solo se consigue en la homeostasis final que implica la
muerte del sujeto, al ser la relación entre estas pulsiones de una
tensión permanente sin objetivo de ser integrada o equilibrada.
Para la psicología del yo, la adaptación debe valorarse
desde la perspectiva del funcionamiento interno y externo del
individuo ligado al logro de la función sintética e integradora
del yo que tiene en equilibrio cada sujeto. En ese sentido, Freud
había indicado que el individuo, en términos de adaptación,
puede optar por cambiar él para adecuarse al medio (autoplás-
tico) o intentar cambiar el medio para que este se adecue a él
(aloplástico). La capacidad para valorar la posibilidad de ade-

101
cuarse de una manera activa o pasiva es también propia del yo.
El yo debe decidir si la situación, dentro de la vida cotidiana,
brinda posibilidades adecuadas para dar salida a las mociones
impulsivas de tal manera que no entren en conflicto con las
normas de la realidad.
Este aspecto de la adaptación es parte de la herencia
biológica incluida en la estructura psíquica, también posible
de encontrar en otras especies. El proceso de adaptabilidad es
innato y parte del concepto de la biología (relación recíproca
entre el organismos y su medio) orientado hacia la idea de au-
toconservación. El movimiento entre lo interior y lo exterior
es complejo, y en el mismo surgen redes de identificación que
influyen en las estructuras psíquicas, incluyendo el concepto
de intencionalidad. Esta adaptación, según sea prioritariamen-
te del yo hacia la realidad o viceversa, se da a llamar adaptación
progresiva o adaptación regresiva.
Hartmann propuso nociones básicas tales como que las
funciones autónomas del yo son primarias y secundarias;
las primeras se relacionan con las funciones presentes en el na-
cimiento, mientras que las secundarias maduran con el yo; se
trata de un cambio de función. La autonomía del yo es relativa
al ello y a la realidad exterior. Esa autonomía relativa es con
relación a los impulsos instintivos, la prueba de la realidad y de
las relaciones sociales. El sujeto recibe elementos de la realidad
que encuentra en el mundo exterior -valores, ideología, teorías
implícitas-, elementos que deben ser reconocidos por el yo
para lograr la función de adaptación.
La otra noción importante en Hartmann es la de neutra-
lización, que nos permite entender la autonomía secundaria.
El yo adquiere independencia del ello y le posibilita neutralizar
la energía de las pulsiones e impulsos gracias a esta función.
La energía ligada corresponde a la neutralización y es la fuerza
adaptativa del yo en su relación con la realidad. La neutraliza-
ción es la habilidad de control de la instancia del yo, donde la
energía se aleja de lo pulsional y va a fortalecer la instancia del
yo.

102
"El psicoanálisis como psicoterapia es un tema de la teo-
ría especial (clínica); la teoría de la técnica terapéutica es parte
del programa teórico general del psicoanálisis" (Rapaport). La
formación psicoanalítica está fundamentada en el modelo del
Instituto Psicoanalítico de Berlín, su centro es el análisis per-
sonal, la supervisión y los seminarios de formación permanen-
te. Vale decir, la obligatoriedad de todo analista de pasar por
la experiencia del psicoanálisis. El análisis didáctico fue una
propuesta que se instituyó en Berlín en 1926. En el caso nor-
teamericano se incluyó el análisis propio, el análisis de control
o supervisión y la formación.
En síntesis, las discrepancias entre el psicoanálisis freu-
diano ortodoxo y el psicoanálisis norteamericano surgieron a
partir de los conceptos de instancia de la segunda tópica (yo,
ello y superyó). El concepto del Self, como conjunto de repre-
sentaciones del yo y orientado a una actividad adaptativa, es un
concepto que se termina de construir y que llega hasta nues-
tros días. Además, priorizaron el principio de realidad y del yo
como mediatizador por encima de las instancias inconscientes,
el principio del placer y el concepto de deseo inconsciente.
En relación al desarrollo del niño, priorizaron las vincula-
ciones y las figuras más significativas del entorno que aparecen
en la realidad contextual de hombres y mujeres guiados, a su
vez, por un modelo biopsicosocial de desarrollo con implican-
cia de los contextos sociales y culturales que los vinculan al
desarrollo de políticas públicas hacia grandes estratos de la po-
blación.

El desarrollo institucional del


psicoanálisis norteamericano

Las teorías psicoanalíticas del yo se vincularon con dis-


tintas expresiones de la ciencia y la técnica. Particularmente,
se interesó por los fenómenos sociales y por la naturaleza in-
migrante de sus más conspicuos integrantes que los motivaron
hacia la reflexión social. Fueron los horrores de la segunda gue-

103
rra mundial y el holocausto sus principales problematizaciones.
La vinculación con la sociología de Max Weber era evidente y
posibilitaba la aproximación del rol de la sociedad en el desa-
rrollo del yo.
La Sociedad Psicoanalítica de Nueva York fue fundada en
1911. De manera contemporánea, Jones creó la Asociación Psi-
coanalítica Americana (A.P.A). En efecto, las diversas tensiones
teóricas, las demandas sociales diferenciadas de acuerdo a los
contextos donde el psicoanálisis se desarrollaba y la necesidad
de un crecimiento y consolidación del movimiento pusieron el
debate y la estrategia de disgregación institucional siempre en
el centro de la escena.
En el primer caso, con Adler, la discusión se centró en los
temas atinentes a los deseos biológicos y las restricciones cultu-
rales. La segunda gran escisión, protagonizada por Jung, estuvo
motivada por el desarrollo de conceptos y la crítica a Freud en
uno tan importante (desde la perspectiva del fundador) como
lo es la sexualidad infantil.
La estructura social del psicoanálisis se caracterizó por su
construcción inicialmente desmembrada. Frente a una dificul-
tad teórica, política, cultural, social, las instituciones psicoana-
líticas parecen estar motivadas a la segmentación, polarización
y la fragmentación para conservar su identidad y no fragilizar-
se. Les ha sido difícil mantenerse, en disputas que ponen en
juego su identidad, su estabilidad y poder institucional.
El espacio institucional de psicoanálisis norteamericano
no fue la excepción, y hasta la consolidación de la Asociación
Psicoanalítica Americana (APA), que es el espacio institucional
del campo del psicoanálisis en los Estados Unidos desde 1911,
se evidenciaron distintas tensiones, muchas de las cuales termi-
naron en escisiones. Varios son los ejemplos posibles; tal es el
caso de Karen Horney, que luego de su alejamiento de APA se
escindió a su vez en tres grupos dispares y fuertemente opuestos
en su perspectiva en la formación del psicoanálisis.
Sin embargo, en comparación con las diversas rupturas
en el espacio europeo, la APA logró con el tiempo una cierta es-

104
tabilidad, caracterizada por una comunidad fuerte e influyente
de psiquiatras, por articulaciones con las otras entidades deon-
tológicas, por fuertes vínculos con la estructura de salud mental
estatal y privada e inclusión en las academias de prestigio. Sus
integrantes obtienen de su participación importantes reconoci-
mientos sociales y es en ese sentido que el anclaje institucional
se fortaleció a través de los años.
¿Cómo nos podemos explicar el éxito de APA en mante-
ner la unión del psicoanálisis norteamericano? ¿Cómo fue ca-
paz de permear la psicología y la psiquiatría no psicoanalítica
en el campo geográfico de Norteamérica? El esfuerzo por es-
tandarizar y controlar el riesgo posiblemente fue un eje central
para la APA y constituyó la fortaleza conceptual en esta tarea
eminentemente técnica. Sus métodos de tratamiento y entre-
namiento se desarrollaron como procesos estandarizados cuyo
objetivo pretendía ofrecer garantías de efectividad de la cura y
el control de los riesgos para el paciente.
¿A qué se le podía llamar un tratamiento psicoanalítico y
bajo qué procedimiento se podía garantizar que aquello fuera
psicoanálisis? Se consolidó un polo de acreditación de toda ac-
ción psicoanalítica basada en normas y reglas que no siempre
tenían explicación. APA instituyó la creencia que el psicoaná-
lisis tenía una tradición que debía respetarse para poder seguir
existiendo. Bajo este precepto creó, consolidó y difundió estric-
tos patrones para la conducta del analista frente a la psicotera-
pia. Estos patrones indicaban el comportamiento esperable del
analista, el tiempo de la sección rígido, la cantidad de secciones
necesarias y sus horarios, la utilización obligatoria del diván, la
distancia social entre analista y analizado. En la misma línea,
se generó una serie de elementos para definir la categoría de un
paciente “analizable”. Vale decir, se alejaron algunas patologías
de la técnica psicoanalítica argumentando su ineficacia en estos
casos, y se incluyó una restricción para poder pertenecer a la
APA y ejercer el psicoanálisis a aquellos con formación médica,
con exclusividad.
Estos principios técnicos acordados por los miembros

105
de APA constituyeron la forma típica de encarar el dispositivo
psicoanalítico. Otros métodos o técnicas colocaban a los analis-
tas fuera de esta comunidad protectora a la que pertenecían. Si
bien existe una cantidad considerable de literatura de las ven-
tajas y virtudes de su utilización, no es clara la forma de debate
a través de la cual se llegaron a estos protocolos. APA excluía y
criticaba a aquellos que no acordaban con esos criterios, argu-
mentando la necesidad de asegurar los elevados estándares de
la práctica profesional bajo la suposición que su violación era
riesgosa para los pacientes. Los procedimientos técnicos que
resguardaban la efectividad eran difundidos y, a partir de ellos,
se realizaban las acreditaciones de las personas que querían ad-
herir al psicoanálisis. Estos patrones y protocolos se imponían
a través de extensos procesos formativos en contexto de ense-
ñanza y de control.
Las pautas rígidas generaron rechazo y una situación crí-
tica. Por un lado la APA detentaba un poder y una articulación
con las políticas de salud mental y los principales estableci-
mientos de tratamiento de pacientes y universidades. Pero por
otro lado, motivó la herejía y con ella, las expresiones en contra
de este modelo. La respuesta de APA no se hizo esperar y la
política se centró en excluir y desvalorizar colocando cualquier
herejía fuera del psicoanálisis.
Ni bien se fortalecía la posición de APA, al evitarse una
mirada crítica y establecer una dogmática irreversible, crecie-
ron las expresiones alternativas tanto en términos de formación
como de atención en clínicas psicoanalíticas y en la oferta de
supervisión. Mantener la unidad en una institución tan rígida
les generó a sus miembros muchas tensiones y trabajos. Si bien
el prestigio y el poder de la APA eran muy importantes, las di-
visiones en el interior y las críticas existían.
Recién en 1989 APA accedió a admitir candidatos no mé-
dicos para la formación, terapéutica y supervisión. Y luego de
múltiples debates se desarrollaron dos sectores claramente defi-
nidos: en un segmento, todos aquellos que orientaban su prác-
tica, formación y supervisión desde una perspectiva más orto-

106
doxa, clásica y freudiana, con algunos conceptos fuertemente
kleinianos; por el otro, los del psicoanálisis del yo, herederos
de la corriente de revisión de Freud a partir de los conceptos
culturalistas, relacionales, del constructivismo social, etc. Esto
posibilitó la inclusión de muchos profesionales que hasta en-
tonces no se veían convocados por la institución o simplemente
no era aceptados por esta.

Psicoanálisis Francés.
Jaques Lacan
El psicoanálisis francés, tal como se conoce hoy, es pro-
ducto de una importante escisión que sufrió la comunidad psi-
coanalítica mucho después de la muerte de Freud, entre 1953-
1963. En 1964 Jacques Lacan fundó la escuela freudiana de
París y comenzó su enseñanza de retorno a Freud.
Antes de ello, Lacan era psiquiatra con antecedentes de
artículos de clínica psiquiátrica y en particular su tesis “La psi-
cosis paranoica”, presentada en 1932, reconoce como sus maes-
tros a los eminentes clínicos Clerembault y Kojeve, maestros
sobre teoría hegeliana.
El retorno a Freud y la hipótesis de que el inconsciente
freudiano está estructurado como lenguaje, son el eje del psi-
coanálisis francés.
La retórica es una disciplina transversal a distintos cam-
pos de conocimiento cuyo objetivo es el conocimiento, estudio
y sistematización de procedimientos y técnicas de utilización
del lenguaje con su finalidad comunicativa. La retórica se con-
figura como un sistema de procesos y recursos que actúan en dis-
tintos niveles en la construcción de un discurso. Dentro de las
figuras retóricas, la metáfora consiste en denominar, descri-
bir considerar, apreciar valorar algo a través de su semejanza,
similitud, parecido o analogía con otra cosa; mientras que la
metonimia consiste en designar algo con el nombre de otra
cosa tomando el efecto por la causa o viceversa. Usando una
terminología típica de la semiótica, la metonimia es el despla-

107
zamiento de algún significado, desde un significante hacia otro
significante que le es en algo cercano. En psicoanálisis, la meto-
nimia se vincula al mecanismo del desplazamiento, como uno
de los dos procesos psíquicos del cual se vale el inconsciente
para manifestarse.
En síntesis, existe una relación entre metáfora y metoni-
mia a partir de lo cual Lacan iguala a la estructura del incons-
ciente a lo que Freud denominó como los dos mecanismos
del mismo: el desplazamiento y la condensación. Para Lacan,
los mecanismos primarios del inconsciente, la condensación
y desplazamiento, son isomórficos con la metáfora de meto-
nimia en la retórica.
La palabra, a su vez, es el medio a través del cual el psicoa-
nálisis trabaja el síntoma. Es mediante la palabra, la asociación
libre y la interpretación del psicólogo como puede afectarse al
síntoma.
La teoría lacaniana se nutre de la lingüística para el enten-
dimiento de la función de la palabra dentro del psicoanálisis.
Respecto del significante, parte de la lingüística tal como la
plantea Ferdinand de Saussure (lingüista suizo 1857–1913),
pero la lleva más adelante en su versión sobre la radicalización
del significante y el significado.
Saussure, en su “Curso de lingüística general”, nos muestra
sus formulaciones dicotómicas: lengua/habla, significante/sig-
nificado, sincronía/diacronía. La lengua es el sistema colectivo,
y el habla el producto de las manifestaciones individuales de
ese sistema (la lengua).
La lengua como sistema se encuentra formalizada en los
sujetos, pero ese sistema aparece a través de cada acto de reali-
zación del habla. El signo lingüístico es el concepto que per-
mite la unión de la imagen acústica o significante (que es la
representación mental de la cadena sonora) y un concepto o
significado (representación mental de una cosa o idea). El sig-
no lingüístico es arbitrario, porque el vínculo del significante y
el significado es convencional y, por tanto, sociocultural.

108
La preocupación de Saussure estaba en el plano sincró-
nico, que hasta ese momento se limitaba a la gramática norma-
tiva; con los conceptos del sistema abstracto de la lengua y la
unidad psíquica y social del signo se puede plantear ese estudio
también desde la perspectiva semántica.
La “realidad” del signo lingüístico remite al “valor” que se
le atribuye en una sociedad determinada, en el plano tanto del
significante como del significado, que es algo abstracto. El valor
está vinculado al sistema, puesto que este organiza los diferen-
tes valores entre ellos. El sistema es el juego de relaciones que
hay que describir. “La lengua es forma y no sustancia”.
Saussure parte del signo lingüístico que enlaza no un con-
tenido psíquico a un referente material, sino un concepto o
significado con una imagen acústica o significante. Significado
y significante están relacionados entre sí de manera arbitraria,
y enlazados según dos ejes: el sintagmático, por conexión con
otros significantes, y el paradigmático, por analogía de signi-
ficados, donde cada signo vale en función de su lugar en la
estructura donde está asentado.

Estructura del signo

–– Concepto
–– Imagen acústica
–– Significado
–– Significante

Transferencia y dispositivo psicoanalítico


Para Freud, el psicoanálisis resultaba un método de in-
vestigación, una teoría y una terapia o práctica clínica. La di-
námica entre estos tres componentes es indivisible, dado que el
dispositivo clínico es el marco donde se genera la evidencia
empírica para la aceptación de las hipótesis del psicoanálisis y
así avanzar en el desarrollo teórico. Pero a su vez, es el lugar
donde existe una práctica que propone la cura a través de la
palabra.

109
Para Jacques Lacan, el psicoanálisis es la cura por la pala-
bra. Pero la dirección de esa cura no es llevar al paciente hacia
un espacio de confort u orientarlo hacia alguna dirección deter-
minada. La idea de una cura, en el sentido de la normativiza-
ción del paciente, encuentra en Lacan un teorizador de la ética
del analista. Si el análisis es un espacio conceptual diferente, la
palabra que se utiliza en ese marco y la dirección de esa cura no
es esencialmente una terapia, sino una práctica clínica.
La diferencia de la palabra dentro de este dispositivo clí-
nico es el uso que se hace de ella. Al analizar los fenómenos que
acontecen en dicha práctica, la estructura de la transferencia,
que es la relación entre analista y analizado, está signada por
lo inconsciente. Por ello, la estructura homóloga entre incons-
ciente y lenguaje se actualiza en ese tipo de práctica clínica. El
uso de la palabra y el lenguaje como el espacio donde se expresa
el inconsciente hace que esta palabra sea distinta a la que se
utiliza en otras técnicas psicoterapéuticas. Si la palabra, los lap-
sus, los sueños y en general los fenómenos del inconsciente son
capaces de operar sobre el síntoma, es solo porque este último
es efecto de la estructura de lenguaje que posee el inconsciente.
Esta dinámica isomórfica existe también para el psicoanálisis en
otro tipo de terapias, pero no es la que se analiza.
Lacan toma su noción de estructura de lenguaje, pero
realiza una transformación conceptual; señala, a diferencia de
lo postulado por Saussure, que el significante tiene la primacía
sobre el significado. Un significante no está unido de manera
unívoca a un significado, sino que es intercambiable de manera
arbitraria. Postula que la manera que un significante encuentre
su significado es a través de la articulación con otro significan-
te. El significante es capaz de crear, por sus permutaciones, el
significado. Pero en este punto debemos percatarnos que todo
este proceso de creación significante conlleva indefectiblemen-
te una pérdida.
En la teoría de Lacan, el concepto de “Estadio del es-
pejo” constituye un aporte clínico-teórico. El niño, al ver su
figura en el espejo, reacciona con asombro y alegría. ¿Cuál es el

110
fenómeno? En el Estadio del espejo se da un hecho singular
que ocurre en lactantes con edades comprendidas entre 6 y 18
meses. De hecho, a esa edad, el bebé tiene algunas experien-
cias constituyentes. Por el momento se encuentra con su propia
imagen reflejada en el espejo, lo que se convierte en la matriz
del yo organizado de acuerdo a la identificación especular y su
consecuente destino alienado.
El cuerpo interpreta el papel principal en este proceso
porque el gran problema del cuerpo fragmentado tiene que ser
resuelto aquí para que le posibilite al niño la imagen de sí mis-
mo. La imagen sorprende como anticipatoria de lo que todavía
no tiene y precipita en una matriz primordial del yo.
La identificación primaria con una imagen no es más que
la promesa de lo que devendrá, pero esta temprana identifica-
ción se genera porque se refleja en la mirada de la madre. Lo
importante de este estadio indicado por el psicoanálisis francés
está articulado a la existencia del nudo entre lo real, lo simbó-
lico y lo imaginario. Al respecto de lo imaginario, el estadio
del espejo inicia una estructura de vínculo que como modelo
operará a lo largo de toda la vida.

Registro de lo imaginario
Según la postura psicoanalítica de Jaques Lacan, la cons-
titución subjetiva del individuo se organiza mediante el entre-
lazamiento de tres registros: el “imaginario", el "simbólico" y
el “real”.
La fase del espejo pertenece al registro de lo imagina-
rio; otorgará al sujeto la posibilidad fundamental de concebirse
como unidad, a imagen y semejanza de un "otro" especular.
Con el ingreso del individuo al universo simbólico, al mundo
de la palabra, esta relación primigenia especular se plasmará en
la dialéctica del deseo, en una búsqueda del "otro" perdido.
Dicho de otro modo, cuando el infante adquiere la habilidad
de utilizar el lenguaje puede materializar su deseo mediante el
discurso.

111
La metonimia y la metáfora, leyes que rigen el funciona-
miento del inconsciente, conformarán una intrincada red de
significantes que irá otorgando sentido al mundo circundante.
Sin embargo, hay algo de este intrincado mundo simbólico que
escapa a la palabra y su posibilidad delimitativa y se sumerge en
un universo prelingüístico. Ambos registros, el "imaginario" y
el "simbólico", se encuentran dominados por un mismo esque-
ma la búsqueda de un "otro”.

Estadio del espejo


El yo es, inicialmente, otro; el sujeto se constituye en y
por un otro semejante. Esta identificación es un primer paso
para la constitución del sujeto. Todo lo que sigue está basado
en este primer reconocimiento, equivocado (méconnaissance),
en cada identificación posterior a lo largo de la vida del sujeto.
La identificación de uno mismo en términos del otro.
Más aún: para que el yo constituido durante el estadio del espe-
jo pueda devenir sujeto, se hace necesario la entrada del registro
simbólico, el registro de la palabra. Es la función paterna, ley
simbólica, lo que permite al infante ser sujeto que pueda rela-
cionarse mediante la palabra con el otro.
El yo está en una línea de ficción irreducible, incluso an-
tes de su determinación social. El yo debe entonces resolver su
discordancia con respecto a su propia realidad. Un YO IDEAL,
imago anticipatorio, adelanta lo que queremos ser, lo que no
somos, una imagen mítica narcisista. En el Registro simbólico,
la introducción de lo simbólico a través del Edipo atenuará las
imagos especulares.
Primero entonces tenemos el sujeto alienado a lo imagi-
nario (en el deseo del otro, el semejante, el estadio del espejo)
y luego la alineación en lo simbólico al discurso del Otro (la
ley, las normas, la estructura del lenguaje).
Esta alienación a lo simbólico, que permite salir de lo
imaginario y de esa imagen especular, es posible gracias a la
metáfora paterna. El niño descubre que el deseo de cada uno

112
debe someterse a la ley del deseo del otro. La metáfora es la
forma donde la Ilusión de “ser el falo” a “tener el falo”. El padre
tiene el objeto del cual la madre depende e impone una ley que
le causa la castración. Transmite la ley, es un juego de identifi-
cación del varón con su padre y la niña con el “no tener”.
La función paterna no es necesariamente ejercida por un
progenitor, sino que puede acoplarse a distintos actores. Al ser
una función, puede también ser ejercida por la madre o cual-
quier otra persona en posición paterna, en posición de imponer
la ley y generar la norma.
Lacan considera al yo como algo constituido en el campo
del otro, heredero del estadio del espejo, y generado gracias al
lazo social. Por lo tanto, el yo no es aquella fuerza de control
racional sobre la psiquis, sino un espacio de conflicto perma-
nente solo soportable mediante el autoengaño.
El Otro, a diferencia del otro (con minúsculas, que es lisa
y llanamente un semejante), es siempre un Otro significativo.
De él parten las demandas para el sujeto que configuran tanto
el ideal del yo como el superyó. El Otro es siempre modelo
(identificatorio); son las voces agenciadas por el superyó y los
ideales provenientes del otro.
La primacía de las pulsiones para explicar el comporta-
miento humano es posible gracias a articulación de la pulsión
en el registro simbólico que constituye el deseo. En el caso de
Lacan, creemos que se ha apoyado en su experiencia analítica
y en los textos freudianos para elaborar la hipótesis de los tres
registros. Por otro lado, los tres registros no se proponen como
una tercera tópica que se suma a las freudianas, sino que alte-
ran, desde su introducción misma, el esquema de pensamiento
monista o dualista: cuerpo-alma. En este sentido, los registros
no son registros del aparato psíquico o del cuerpo, sino registros
de la realidad humana, del ser-hablante y del campo práctico
del dispositivo analítico mismo. De esta manera, la introduc-
ción de los tres registros en el psicoanálisis por parte de Lacan,
orientado inicialmente por un retorno a Freud, es solidaria de
un reordenamiento de la clínica psicoanalítica y posee, desde su

113
fundamento mismo y a diferencia de las categorías de cuerpo
y alma, un carácter y valor clínicos fundamentales en la teoría
psicoanalítica.
Para Lacan, lo que entendemos como “la realidad” es
el reflejo ilusorio del espejo de lo imaginario. Lo imaginario
nos da una idea de conocimiento, de la imagen que tenemos
de los objetos que nos rodean, incluso de nosotros mismos.
El registro de lo imaginario significa que vemos ese objeto
desde alguna mirada particular con algún sesgo, desde algu-
na perspectiva y no en forma simultánea ni desde su interior.
Solo vemos desde una perspectiva en un tiempo y espacio y
no podemos incluir todas las versiones del objeto. La realidad
como imagen es la imagen que construimos en el espejo, la de
un yo que está fragmentado inicialmente. Cuando se sustituye
el objeto real por nuestra imagen, idea o nombre del objeto,
se pierde algo. No podemos conocer la realidad tal cual es, es
incognoscible. Esa realidad incognoscible, donde nada se ha
perdido, donde el objeto esta todo, aquello que no se puede
simbolizar ni traducir en palabras, ese es el registro de lo real.
Desde ya que podemos representarnos acercamientos al objeto,
pero lo representado no será jamás lo real. Lo imaginario y lo
simbólico son entonces acercamientos a lo real, pero sin llegar
a alcanzarlo.
“Lo real” remite también a aquello reprimido origina-
riamente: lo real es aquí el conjunto de representaciones que
jamás podrán hacerse conscientes; en tanto reprimido, en tanto
escena original, lo real irrumpe a través de los fenómenos del
inconsciente en la conciencia y, de este modo, las representa-
ciones despliegan su influencia en la vida de la persona.
De allí que el intento de conocernos a nosotros mismos
esté destinado al fracaso. El fracaso sobreviene de que es en el
yo como objeto que esta distorsión alcanza límites irrecono-
cibles. Creemos ser algo que en lo real no somos, y es a esto a
lo que se refiere Lacan cuando dice que el yo es el punto de
máximo desconocimiento del sujeto.

114
Si aplicamos la idea que lo real es incognoscible y que
el yo solo puede tener ilusión de integración a través de lo
imaginario, que es una imagen distorsionada, entonces solo
veremos esa ilusoria imagen del sí mismo. Esa ilusión se cons-
tituye sobre la base de nuestra imagen corporal ampliamente
distorsionada.

Lo simbólico

Imaginémonos en la playa jugando con la arena húmeda.


De repente, a partir de esa materia prima que es la arena se nos
ocurre modelar un muñeco. Los muñecos que harán mis ami-
gos serán distintos al mío y distintos entre sí porque cada uno
lo ha imaginado de manera diferente.
En suma, nacemos con un cuerpo real, y parte de nuestro
desarrollo psíquico normal consistirá en 'moldearlo' sobre la
base de nuestra imagen especular en la fase del espejo y luego
sobre el modelo de la cultura por la aceptación de la metáfora
paterna, la ley y el desarrollo del complejo de Edipo, en el re-
gistro de lo simbólico. Aquello que nos hace similares a otros,
que permite tener un idioma, una lengua compartida, aquello
que permite socializarnos.

Sobre el dispositivo psicoanalítico lacaniano.


J. Lacan también enfrenta a la estructura de la Asociacion
Psiconalítica en lo referente a la clínica. Critica fuertemente
los procedimientos que fueron instituidos por la Apa buscando
asegurar y acreditar las acciones de sus propios asociados.
En particular, su disputa sobre el modo de abordar los
asuntos clínicos contra el psicoanálisis imperante, estuvo signa-
do por un retorno a Freud.
Lacan luchó por mantener vivo el invento de Freud den-
tro de la misma comunidad analítica. Combate la instituciona-
lización de la enseñanza de Freud que transforma el invento en
un procedimiento estandarizado, con una estructura de control
de la acción y de la práctica clínica.

115
La clínica lacaniana indicaba que este retorno a Freud no
significaba repetir, sino que animaba a que cada analista rein-
ventara el psicoanálisis.
La clínica lacaniana intenta trabajar el lugar de la igno-
rancia en el saber del paciente, para que así pueda inscribirse
lo nuevo. Lo nuevo solo puede inscribirse si hay una falta, una
incógnita. El saber ignorar, que no hay que confundir con el
no saber previo a todo aprendizaje, es el hueco necesario para
poder acoger el saber nuevo.
En este dispositivo el hecho de plantearse problemas sig-
nifica hacerse preguntas y a su vez afirmar que no se sabe por
qué suceden las cosas que ocurren. Y por qué a consecuencias
de esas cosas deviene el malestar y dolor.
A esas preguntas que motivan al paciente a llegar al análi-
sis, no hay respuesta posible. En el saber analítico, la respuesta
no se recibe del Otro, sino que se construye, con un Otro (a
veces el analista) que causa y orienta, pero que cada uno tiene
que construir.
Lacan expresa que solo nos hacemos las preguntas cuyas
respuestas ya tenemos. Es una tesis que al nivel de la experien-
cia parece sorprendente. En todo caso en esta tesis de Lacan,
el tener la respuesta no impide que se tenga que producir. Y
de hecho es lo que hacemos en un análisis: producimos unas
respuestas que estaban antes de la pregunta.
El retorno a Freud implica valorizar la asociación libre,
como regla principal, es decir la invitación a decir todo lo que
se quiera y la constitución del lugar supuesto al saber y el fenó-
meno de la transferencia.
La función primordial de un analista es escuchar al pa-
ciente: toda palabra obtiene una respuesta a condición de que
haya una escucha, un lugar de escucha en donde debe perma-
necer el analista.
La función de la escucha, la especificidad de esa función
en psicoanálisis, no podría ser concebida siquiera si no se inte-
rroga la función de la palabra. Ya vimos la subversión que La-
can realiza sobre la idea de la lingüística al respecto de los con-

116
ceptos de significante y significado. Insistimos en no perder de
vista el hecho de que prestar atención a la palabra del paciente
no implica solo oírlo, sino también atender a las formas en que
el paciente mismo enfrenta su palabra, a como él se vincula con
ella, qué dice él sobre ella, cómo y qué lee el paciente mismo .
La experiencia analítica implica colocar al paciente frente
a su palabra. El analista no interroga al sujeto, sino que intervi-
ne a través del fenómeno de la transferencia.
La transferencia permite hacer surgir el campo de la escu-
cha y desde allí llama la atención del paciente sobre su propia
palabra, es decir convoca al paciente a que él mismo escuche lo
que dice.
Mientras que para Freud la oportunidad terapéutica lleva
conocimiento al respecto de aquello que fue reprimido, Lacan
otorga importancia a la palabra del paciente, pero no podría ser
entendida como oportunidad de captura del sentido de dicha
palabra ya que el objetivo de la clínica psicoanalítica no puede
ser entendido como captura o generación de saber o de cono-
cimiento.
Para el análisis lacaniano, el dispositivo no tiene como
objetivo generar un saber, dado que un paciente no podría de-
cirnos aquello que no sabe. Tal es la proposición de lo incons-
ciente: un saber articulado en cadenas de significantes, que en
tanto formación del inconsciente -sueños, lapsus, actos fallidos,
etc.-, articulan un saber sobre el cual el paciente no solo expresa
no saber nada, sino que llega a no reconocerlo como propio
Ese saber no propio, que causa el síntoma, es el que la
presencia del analista con el fenómeno de la transferencia hacen
posible poner en incógnita.

117
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El carácter neurótico. (1993). Segunda edición. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.,
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Capítulo 5

El por qué de la evolución de la psicología


cognitiva, en particular, y de las ciencias
cognitivas, en general.

Laura Manoiloff, Cecilia Ferrero, Adrián Ramírez

Introducción
Cuando se estudia la historia de la psicología encon-
tramos dos vertientes diferentes según las cuales es contada y
problematizada. Por un lado, se encuentra la concepción de la
Historia de la Psicología que pretende realizar un repaso de los
antecedentes históricos de la disciplina, como un capítulo de
la Psicología General. Tal abordaje hace uso de la historia, ha-
bitualmente, en tanto herramienta legitimadora de las certezas
y ortodoxias (verdades) que sostienen la práctica contemporá-
nea de la Psicología. Un claro ejemplo de este tipo de Historia
de la Psicología la encontramos en la clásica obra de Boring
(1950/1990) (Klappenbach, 2000).
Por otro lado, podemos referirnos a lo que se conoce
como historia crítica de la psicología, en la cual no se busca
escribir una historia de manera retrospectiva, sino que se inda-

121
gan críticamente los acontecimientos sucedidos en el pasado.
De esta forma, se pretende estudiar cómo se desarrollaron los
hechos en un momento dado, y así desentramar los modos y
maneras en que se produjeron (Danziger, 1996). Según Danzi-
ger (1985) el objeto de estudio de una historia crítica está com-
puesto por actividades humanas en la que los aspectos sociales
y los individuales son inseparables, bajo el supuesto de que las
actividades constituyentes de los objetos psicológicos son so-
ciales tanto como intelectuales. Esta forma de hacer historia
implica investigar no solo en los acontecimientos producidos
en el devenir histórico, sino también en las prácticas, es decir,
estudiar las formas y las condiciones en que esos conocimientos
fueron posibles de ser elaborados, distribuidos, consumidos y
sobre todo, transformados (Rosa, Huertas y Blanco, 1996).
Los textos prestigiosos de la historia científica (como ha
sido la obra de Boring por mucho tiempo) desempeñan un
papel decisivo para la construcción de la realidad que adopta
una disciplina en el presente, papel que hace evidente la im-
portancia que esos textos tienen en la formación de todos los
principiantes (Rose, 1996). Este rol formativo, a su vez, puede
verse contaminado por sesgos o “abusos” en tales textos de re-
ferencia obligada.
Al respecto, Danziger (1990) menciona ocho posibles
abusos que es común hallar en buena parte de la bibliografía
clásica en la historia de la Psicología:

1. Trabajos que solo constituyen una revisión bibliográ-


fica hacia atrás;
2. Relatos en lugar de Historia;
3. Hagiografía de los grandes hombres;
4. Culto a las “anticipaciones desde el punto de vista de
la ortodoxia contemporánea;
5. Insensibilidad hacia el contexto social;
6. Formulación de problemas atemporales desde el len-
guaje contemporáneo;
7. Constitución de líneas espúrias de ascendencia;
8. Mitología del progreso.

122
Estas diferentes versiones de la historia también se ven
reflejadas en la historia del surgimiento, evolución o desarro-
llo de las diferentes escuelas o corrientes psicológicas que han
dominado o prevalecido en diferentes periodos de tiempo en la
historia de la psicología.
Por este motivo cuando se escribe sobre historia de la Psi-
cología, y específicamente, sobre una escuela, corriente o disci-
plina dentro de ella, es necesario (al menos idealmente), anali-
zar, revisar y contar los diferentes factores que han contribuido
en la progresiva evolución de una escuela o disciplina. Por los
motivos mencionados, este trabajo intentará realizarse desde
una perspectiva de la historia crítica de la psicología.
Este trabajo busca describir y analizar el surgimiento o
evolución de una corriente particular dentro de la Psicología: la
Psicología Cognitiva (PC) en particular, y de las Ciencias Cog-
nitivas (CC) en general. Para realizar la descripción y el análisis
planteado, y responder a la pregunta que origina este texto:
¿por qué evolucionó la psicología cognitiva, en particular, y las
ciencias cognitivas, en general? Se tomarán en cuenta diferentes
factores, como los ideológicos, intelectuales, sociales, culturales
y políticos, para demostrar cómo se relacionaron y contribuye-
ron a la instauración y configuración teórica y metodológica de
la PC y las CC.
Para realizar este trabajo, primero, se revisará cómo fue el
cambio de paradigma del conductismo a la PC, desde diferen-
tes perspectivas.

Desarrollo.
1. El “cambio de paradigma”

1.a La revolución cognitiva


Generalmente, los libros de textos sobre introducción a la
Psicología Cognitiva, escritos por investigadores de esta disci-

123
plina, tienen un capítulo dedicado a la historia o antecedentes
de la PC y comienzan con párrafos que hablan sobre el naci-
miento de la psicología moderna, el papel fundador de Wundt
y su relación con el estudio de los procesos mentales.
Por ejemplo, en el libro de Best (2002, pág. 18), “La
psicología Cognitiva”, se menciona que:

“(…) el nacimiento de la Psicología moderna se inicia con W.


Wundt, quien en 1874 funda el primer laboratorio de Psicología
experimental en Alemania. Wundt y sus discípulos diseñaron mé-
todos de laboratorio para el estudio sistemático de las operaciones
mentales. Para Wundt los procesos mentales básicos eran obser-
vables y registrables a través del método de la introspección, aun-
que también utilizaron el registro de respuestas comportamentales
como los tiempos de reacción, etc.”

Además, en este tipo de libros se suele mencionar que an-


teriormente a Wundt, el estudio de la mente o de los procesos
mentales había permanecido confinado al campo de la filosofía
(con filósofos como Descartes o Leibniz) hasta el surgimiento
de la psicología moderna.
Luego, hacen su aparición los infaltables párrafos que
refieren al nacimiento del conductismo. Como ejemplo Her-
genhahn (2000), en su libro sobre Introducción a la Historia
de la Psicología, relata que la esterilidad de las investigaciones
sobre la cognición que realizaban los miembros de las escuelas
del voluntarismo y estructuralismo, cedió terreno ante el con-
ductismo, que ignoraba la existencia de la mente. Continúa
este autor diciendo que el conductismo no se interesó por los
procesos internos o mentales (tradicionalmente denominados
como “caja negra”), pues solo buscaba estudiar la conducta en
relación a los estímulos que la generaban y las respuestas que
se observaban. Es decir que el conductismo intentaba estable-
cer relaciones funcionales entre entradas y salidas, entre los es-
tímulos y las respuestas, desconociendo lo que podía ocurrir
entre esas “entradas y salidas”.1 Según el autor, en esta época, la
1 
O “inputs” y “outputs”, como son popularmente referidos por la bibliografía internacional.

124
cognición era una palabra “sucia” y a los psicólogos cognitivos
se los veía cómo gente difusa, imprecisa y que nunca habían
hecho algo que fuera verificable (Hergenhahn, 2000).
Por su parte, autores pertenecientes al movimiento de
la PC y defensores historiográficos de la revolución cognitiva
como Gardner (1988), hablan sobre los diferentes factores que
llevaron a la conformación de este nuevo campo. Gardner re-
lata que a comienzos del siglo la mayoría de los investigadores
utilizaban a la introspección como método científico para el
estudio de la mente, pero que estos trabajos no generaron una
auténtica acumulación de saber para la ciencia, por lo cual fue-
ron dejados de lado y reemplazados por la teoría conductista.
Para el autor, los postulados del conductismo sostenían
que aquellos interesados en las ciencias del comportamiento
debían limitarse a los métodos públicos de observación que
cualquier hombre de ciencia fuera capaz de aplicar y cuantifi-
car. Además, se creía que debían centrarse exclusivamente en la
conducta, dejando de lado temas como la mente, el pensar, la
imaginación y conceptos como los de plan, deseo y propósito.
Otro de los postulados de esta teoría hizo referencia al papel del
medio circundante, en tanto factor decisivo para el aprendizaje,
debido a que se creía que el ser humano operaba como reflector
pasivo de diversas fuerzas y factores presentes en el medio. Las
escuelas filosóficas de la época tales como el positivismo, el fi-
sicalismo, el verificacionismo, también descartaban todo fenó-
meno que no fuese observable, por lo cual estaban de acuerdo
con lo postulado por el conductismo.
Según el relato de Gardner, en esa época se encontraban
en auge las teorías del psicoanálisis, y aunque había varios cien-
tíficos interesados por las teorías de Freud, creían que no se po-
día construir ninguna disciplina científica basada en entrevistas
clínicas o historias personales.
El autor reflexiona que entre estas dos posturas que esta-
ban establecidas era difícil formular una teoría científica sobre
los procesos del pensamiento humano. Y que mientras duró
la supremacía conductista, durante las décadas de 1920, 1930

125
y 1940, existieron dificultades para realizar estudios de cues-
tiones vinculadas a la naturaleza del lenguaje, la planificación
humana, la resolución de problemas, etc.
Dentro de la misma línea de Gardner, encontramos a
George A. Miller, que en su artículo “La Revolución Cognitiva:
Una Perspectiva Histórica” (2006) cuenta en primera persona
como era la situación en ese momento:
“La revolución conductista transformó la psicología experimental en
los Estados Unidos. La percepción se convirtió en discriminación, la
memoria en aprendizaje, el lenguaje en comportamiento verbal, la in-
teligencia en lo que las pruebas de inteligencia medían. Cuando ingresé
a la escuela de postgrado en Harvard, a comienzos de los años 40, la
transformación era completa. Me educaron para estudiar el comporta-
miento y aprendí a traducir mis ideas a la nueva jerga del conductis-
mo” (Miller, 2006, pág 80).

Gardner (1988) va a hacer hincapié en la situación polí-


tica mundial, diciendo que además de la dificultad para esta-
blecer un nuevo paradigma de estudio, teniendo en cuenta las
características mencionadas anteriormente, existió otro factor
histórico importante: la segunda guerra mundial. Este conflic-
to bélico internacional generó un obstáculo sobre el desarrollo
de la ciencia, que llevó a que por un lado la comunidad científi-
ca europea fuese desmembrada y que, por otro lado, en Estados
Unidos se les pida a los científicos que abandonen sus progra-
mas de investigación para así contribuir al esfuerzo bélico. No
obstante, el autor aclara que si bien es cierto que la guerra causó
una gran cantidad de muertes e invalidez de numerosos inves-
tigadores, también supuso cierto estímulo para las actividades
científicas y tecnológicas.
Igualmente, el autor cuenta que los médicos que atendían
a las víctimas de la guerra, debían evaluar qué tareas podían
realizar aquellos pacientes con lesiones cerebrales. Lo mismo
ocurría en otros países afectados por la guerra, como queda
evidenciado por los trabajos de Alan Turing y Kenneth Craik
en Inglaterra o las investigaciones de Alexander Luria en Rusia

126
con pacientes que tenían lesiones cerebrales. Sumado a esto,
surgieron una serie de problemas relacionados con el estudio
del efecto de la propaganda y la selección de los hombres que
iban a la guerra, lo cual provocó un gran esfuerzo de los cientí-
ficos que estudiaban la conducta para poder generar ideas útiles
al respecto, las cuales posteriormente sirvieron para la consoli-
dación de las ciencias humanas.
A fines de la década del 40 ya comenzaba a mostrarse la
necesidad de que una ciencia específica se encargue de estudiar
la mente humana (Gardner, 1998).
Baars (1986) y Gardner (1985), en sus libros sobre la así
llamada “revolución cognitiva”, promulgan que la concepción
de la PC se dio en el Simposio Hixon sobre Mecanismos ce-
rebrales en el Comportamiento, en 1948. En referencia a este
evento, destacan el trabajo expuesto por Karl Lashley sobre el
problema del orden de las series en el comportamiento y pon-
deran la figura de Lashley como uno de los primeros psicólogos
que comenzó a hablar de psicología cognitiva. Y postulan como
fecha de nacimiento de la PC el año 1956, durante el Simposio
sobre Teoría de la Información en el Instituto Tecnológico de
Massachusetts (MIT), en el cual las presentaciones principales
estuvieron a cargo de Newell y Simon (su trabajo pionero sobre
la construcción de un programa de computadora) y de Chom-
sky (su trabajo sobre la insuficiencia de las teorías existentes del
lenguaje) (Gardner, 1985).
En este mismo sentido, Miller (2006) habla del momen-
to de la concepción de la CC exponiendo que Newell y Simon
estaban en lo correcto al señalar a 1956 como momento cru-
cial, no solo para su propio desarrollo sino también para el de
todos los interesados en estas nuevas CC. Y fecha el momento
de la concepción de la ciencia cognitiva el día 11 de septiembre
de 1956, puntualmente, el segundo día de un simposio organi-
zado por el Grupo de interés especial en Teoría de la Informa-
ción en el MIT.

127
1.b ¿Revolución, contrarrevolución, o continuación?
El surgimiento de la PC, fue llamado por muchos la “re-
volución cognitiva”, porque suponía una recuperación de la
“mente” en las ciencias humanas después de un prolongado y
frío tiempo de objetivismo (Bruner, 1995), pero también por-
que el interés por esta disciplina se había vuelto tan extenso que
muchos creyeron que una revolución o cambio de paradigma
se había producido en la psicología (Baars, 1986).
Otros, sin embargo, sugieren que la actual psicología cog-
nitiva representa un retorno a un tipo de psicología que existía
antes de la dominación conductista. Así, en todo caso, lo que se
produjo fue una contrarrevolución en lugar de una revolución.
O en palabras de Miller (2006, pág. 82), un psicólogo estadoun-
idense pionero en el campo de la psicología cognitiva:

“Como quiera que le llamáramos, la contra revolución cognitiva en


psicología trajo a la mente de nuevo a la psicología experimental. Pien-
so que es importante recordar que lo mental nunca había desaparecido
de la psicología social o clínica”.

Por fuera de la postura “oficial” en la historia de la Psi-


cología Cognitiva, se encuentran posiciones diferentes en re-
ferencia a los acontecimientos sucedidos en los comienzos o
inicios de la PC. En este sentido se puede presentar la posición
de Leahey, quien es psicólogo y profesor en la Virginia Com-
monwealth University, interesado en el estudio del origen de la
psicología científica, y que además, fue presidente de la división
26 que pertenece a la Historia de la Psicología de la APA. En
su artículo de 1992 “Las revoluciones míticas de la Psicología
Americana” (The Mythical Revolutions of American Psycholo-
gy) plantea que hay una historia del desarrollo de la psicología
americana ampliamente difundida y repetida, la cual marca el
comienzo de la psicología en 1879 como la ciencia de la vida
mental, estudiando la conciencia con la introspección.
Siguiendo esta línea histórica criticada por Leahey, luego,
en 1913, el predominio de mentalismo fue cuestionado y des-

128
trozado por los conductistas groseros y simplistas, que hicieron
una revolución contra los mentalistas del Antiguo Régimen.
Los conductistas mataron la ciencia de la vida mental y lo re-
emplazaron con la ciencia de la conducta, y eso fue el comienzo
de un largo reinado de estudio del comportamiento y de la
teoría de la conducta por décadas. Sin embargo, en 1956, una
nueva revolución comenzó, flameando la bandera de la cogni-
ción, ayudada por fuerzas externas provenientes de la lingüísti-
ca y la inteligencia artificial. Después de dos décadas de lucha,
el antiguo régimen del conductismo fue derrotado, o al menos
reprimido, y comenzó el imperio del procesamiento de la infor-
mación de la psicología cognitiva (Leahey, 1992).

El autor, en su artículo, intenta demostrar que el dra-


ma romántico de la historia de la Psicología Americana como
sucesiones de revoluciones (como fue contada y difundida) es
un mito plausible, pero peligroso; y plantea la posibilidad de
mostrar lo que él denomina como una “mejor historia” basada
en un desarrollo de tradiciones de investigación. Y agrega que
muchos científicos (e historiadores) han denominado como
revolucionaria casi cualquier nueva idea, y no todo cambio o
incluso innovación son revolucionarios.
Para probar su postura anti-revolucionaria (por llamarla
de alguna forma), Leahey hace una revisión de los modelos y
criterios de cambio revolucionario en ciencia. Para ello anali-
za los textos de Kuhn (1970), Cohen (1985) y Porter (1986).
Y planea que los modelos de Kuhn, Cohen y Porter sugieren
una serie de preguntas2 para enmarcar su investigación sobre la

(a) ¿Hubo un viejo régimen de la ciencia normal dominada por una “ortodoxia arraigada”
2 

paradigma de -Kuhn -para ser derrocado?


(b) ¿El paradigma existente experimentó dificultades provocada por anomalías empíricas
que exigen solución por una innovación radical y la creación de una nueva visión del
mundo?
(c) ¿Hubo un breve período de intensa y aguda lucha entre los partidarios del antiguo
régimen y el nuevo; y un “visible rompimiento” entre el viejo orden y el nuevo?
(d) ¿La supuesta revolución fue internacional?
(e) ¿El nuevo paradigma establecido era un nuevo régimen?*
*La traducción es nuestra.

129
existencia de las revoluciones en la historia de la psicología. Así,
Leahey responde cada pregunta desde los supuestos casos de
“La revolución conductual” y “La revolución cognitiva”.
Con respecto a la revolución conductual, sostiene que de
acuerdo con la mitología reinante, la primera revolución de la
psicología tuvo lugar cuando el conductismo de John B. Wat-
son derrocó al paradigma establecido del mentalismo. Leahey
va a sostener que, si bien los cambios que tuvieron lugar en la
psicología en las primeras décadas de la vida de la American
Psychological Association (APA)3 fueron hondos y profundos,
es más útil mirar a los cambios como graduales y no revolucio-
narios.
Lo primero que se cuestiona Leahey es si el mentalismo
constituía un paradigma dominante en la psicología antes de
1913. Y argumenta que es cierto que hay un acuerdo general
en que la psicología era sobre todo la ciencia de la conciencia
y que su método era la introspección, pero más allá de estos
puntos muy generales, hubo serios desacuerdos sobre cuestio-
nes fundamentales. Las diferencias giraban en torno a la me-
todología y a la teoría, y eran tan profundas como muchos de
los desacuerdos que se encontraron en la psicología más tar-
de. Más allá de un acuerdo sobre la definición de la psicología
como estudio de la conciencia, forzosamente apoyándose en la
introspección, todo lo demás fue disputado. Y continúa propo-
niendo que, dada la naturaleza y profundidad de las disputas
entre los fundadores de la psicología, no hubo un solo Antiguo
Régimen paradigmático de mentalismo que el conductismo
derrocara revolucionariamente. De esta forma, las incertidum-
bres del período 1910-1912 no pueden considerarse como una
crisis pre-revolucionaria de que la psicología estaba a punto de
cambiar, sino como una incipiente toma de conciencia de que
la psicología ya había cambiado.

3 
La American Psychological Association (APA) es la Asociación Estadounidense de
Psicología, que es una organización científica y profesional de psicólogos estadounidenses.
La misma fue fundada en julio de 1892 en la Universidad de Clark, su primer presidente
fue Granville Stanley Hall.

130
Otras de las preguntas claves que se hace Leahey (1992) es
si hubo un período breve de lucha y crisis intensa que llevaran a
una ruptura visible. El autor demuestra detalladamente que los
cambios importantes en psicología se produjeron antes de 1913
y se llevaron a cabo de manera gradual y desapercibidamente.
La psicología americana se define en los años 1892-1912, ya
que se transforma continuamente, y sin descanso, desde el estu-
dio de la conciencia hacia el estudio del comportamiento. En-
tonces, la psicología se transformó, casi sin previo aviso, desde
la ciencia de la vida mental hacia la ciencia de la conducta en las
dos décadas anteriores a 1913. Sin hacer una gran innovación,
provocaron el cambio. La conformación progresiva del campo
se debió a una combinación de fuerzas sociales, intelectuales y
locales. Nunca hubo una ruptura visible, ni una conciencia de
hacer una revolución.
Otro de los puntos clave que revisa Leahey es que para
hablar de una revolución en ciencia se debe esperar a que la
misma tenga un alcance internacional, y esto no sucedió con el
conductismo. Incluso va a decir que los defensores de la idea de
una revolución conductual admiten que el conductismo fue en
gran medida un fenómeno estadounidense.
En esta línea, termina concluyendo que la psicología no
experimentó una revolución conductista en 1913. La psicolo-
gía introspectiva no constituía un paradigma a ser derrocado,
y aunque la psicología ha cambiado en los años anteriores a
1913, los cambios fueron graduales, se percibieron vagamente
y no se produjeron en respuesta a las anomalías empíricas que
exigen soluciones radicales. La Psicología Conductual surgió de
manera continua y fuera de la psicología introspectiva; y la lla-
mada “revolución” constituyó más bien el reconocimiento del
cambio sucedido, en lugar de constituir un cambio abrupto. La
psicología había, de hecho, cambiado profundamente, aunque
no de manera revolucionaria. El objeto mismo de la psicología
había pasado de la descripción y explicación de la conciencia a
la descripción, predicción, control y explicación de la conducta.
Y esto lleva a Leahey a la siguiente premisa: si el conductismo

131
constituyó un nuevo paradigma o no… va a ser lo que definirá
la primera pregunta sobre la “revolución cognitiva”.
El autor va a decir que la creencia en una revolución cog-
nitiva forma parte de una manera profundamente arraigada de
ver a la psicología moderna. Y en su texto va a demostrar que
menos aún hubo una revolución cognitiva que la supuesta revo-
lución conductista. Sus argumentos centrales para sostener esto
son: que el conductismo no constituyó un paradigma (para que
la psicología cognitiva derroque revolucionariamente), y que
en todo caso, la psicología cognitiva viene a representar un de-
sarrollo continuado de la psicología conductista.
Leahey va a argumentar que las principales causas y so-
portes de la reactivación de la psicología cognitiva vinieron
desde fuera de la psicología. En este sentido expone: aunque
Lashley (1951) fue un psicólogo, habló como un fisiólogo en
su trabajo para el Simposio Hixon; Newell (1973) y Simon
(1990), en primera instancia, publicaron sus trabajos fuera de
la psicología, en economía y ciencias de la computación; y que
Chomsky fue un lingüista que se había encontrado con psicó-
logos. La psicología no consiguió su influyente y propia decla-
ración dentro de la ciencia cognitiva hasta 1967 en el texto de
Neisser, Psicología Cognitiva. Y más importante aún, es que
la principal rama teórica de la psicología cognitiva, el proce-
samiento de la información, se tomó desde la informática. Al
igual que en el período 1892-1912 para el conductismo, las
presiones que se generaron tendientes al cambio en la psico-
logía, entre 1948 y 1956, no surgieron de fallas internas, sino
que fueron conceptuales, impulsadas por fuerzas externas a la
psicología, principalmente.
Leahey (1992) nos va a decir que el entorno social tam-
bién jugó un rol importante en esta visión. Los años 60 fueron
los días de las drogas y la protesta, y de hacer la revolución con-
tra la civilización occidental intelectual y la clase gobernante.
Participar en una revolución científica, al mismo tiempo que
política, unificaba la vida profesional y personal, aumentan-
do el sentido romántico de hacer un cambio de época, e hizo

132
que los nuevos tiempos fueran mucho más emocionantes. Sin
duda, fue satisfactorio atacar el conservadurismo, apoyándose
en una referencia académica de Kuhn (1962).
Por último, Leahey llega a plantear que la llegada de la psi-
cología cognitiva no fue la revolución de un nuevo paradigma
que viene a asesinar el paradigma más viejo del conductismo,
sino que la PC operó como la aparición de una nueva forma de
conductismo basado en una nueva tecnología, la computadora.
Y que la psicología del procesamiento de la información puede
entenderse como la forma más reciente del conductismo. El
conductismo siguió con un nuevo lenguaje, un nuevo modelo
y nuevos intereses dirigidos a un fin ya conocido: la descrip-
ción, la predicción y el control de la conducta.
El mismo autor va a decir que por la década de 1950, el
conductismo mediacional4 ya estaba buscando formas de re-
presentar el proceso interno que media entre el estímulo y la
respuesta, y que la metáfora del ordenador (o metáfora de la
computadora) ofreció un mejor lenguaje para explicar ese pro-
ceso interno. El conductismo mediacional fue el puente hacia la
psicología cognitiva. Por otra parte, la existencia de dispositivos
de procesamiento de información que se comportan de manera
inteligente e intencionadamente (inteligencia artificial), reforzó
la fe en la mediación de los procesos mentales, mostrando que
podrían formar parte de dispositivos materiales, en lugar de
almas inmateriales (Miller, 1983 citado en Leahey, 1992). Para
Leahey la revolución cognitiva no fue más que una ilusión.

1.c Historia interna y externa de la PC y las CC


Como se puede apreciar en lo anteriormente desarrollado,
se encuentran diferentes visiones acerca de cómo fue el cambio
de paradigma (si es que hubo un cambio paradigmático) del
conductismo al cognitivismo y cómo ocurrió el nacimiento de
4 
El conductismo mediacional fue desarrollada por Hull y Tolman (entre otros). Sobre la
base de los reflejos condicionados introdujo un factor (o variable) interviniente que podía
ser neurofisiológico o mental, según el caso. Es decir, se aceptaban procesos mediadores
entre el estímulo y la respuesta.

133
la psicología cognitiva. En base a esto, podemos visualizar dos
maneras diferentes de contar la historia de la psicología cogniti-
va, según si el investigador es miembro del campo disciplinar o
si es un investigador externo que busca reconstruir los orígenes
de la historia de la psicología en general. Esto da como resulta-
do dos narraciones que, según Danziger (1996), podemos de-
nominar como “historia interna” e “historia externa”.
Por un lado, la historia interna tiene un corte racionalista
en donde se utilizan herramientas epistemológicas de la teoría
del conocimiento para, de esta manera, poder visualizar cómo
evolucionaron los conocimientos y métodos de la disciplina de
manera lineal, con el objetivo de reforzar cuestiones establecidas.
Es decir que en una primera reflexión puede notarse que,
cuando la historia proviene de investigadores o científicos que
trabajan dentro de la disciplina, suele tener un tinte de mitolo-
gía de progresos o revoluciones que vienen a salvar una psico-
logía en decadencia o en crisis y derrocar al antiguo régimen.
Con fechas míticas de nacimiento y establecimiento, se hace
uso de la historia como una herramienta legitimadora de las
certezas y ortodoxias que sostienen una práctica contemporá-
nea de la Psicología. Para narrar la historia recurren a razones
exclusivamente científicas o presuntamente inmanentes a su
arquitectura disciplinar y teórica, como plantea Latour (1999)
en referencia a los historiadores internalistas. Se hayan pocas
referencias al contexto social y político con el que la ciencia se
interrelaciona y se influye mutuamente.
En cambio, las consideradas historias “externas”, inten-
tan explicar el cambio del conocimiento científico teniendo en
cuenta los eventos históricos y los procesos sociales en los cuales
se desarrollan y no solamente por problemas de verdad o false-
dad de los acontecimientos o por cuestiones lógicas internas de
las teorías (Danziger, 1996).
Como plantea Danziger (1985) el objeto de estudio de
una historia crítica está compuesta por actividades humanas
en la que los aspectos sociales y los individuales son insepara-
bles. O como plantea Latour (1999), quien encuentra que los

134
estudios de la ciencia han desmantelado tanto las explicaciones
externalistas como internalistas, al hallar transacciones diversas
entre contenido y contexto.
En relación al planteo realizado por Leahey, puede ser
considerado un investigador externo de la historia de la Psico-
logía, que apunta a mostrar cómo evolucionó la historia de la
psicología en general. El autor referido hace especial hincapié
en mostrar que los cambios acontecidos a principios del 1900
con el conductismo y finales de los años 1950 con el cogniti-
vismo fueron cambios basados en un desarrollo de tradiciones
y no revoluciones. De esta manera intenta eliminar aquellas
nociones míticas que priorizan determinados hechos y refuerza
la idea de analizar la historia basada en cómo fueron evolucio-
nando las diversas tradiciones de investigación, para así poder
mostrar un progreso en el desarrollo de las ideas. Es por esto
que describe que el campo disciplinar de la psicología cognitiva
fue el resultado de la conjunción de diversos factores (sociales,
intelectuales y políticos) y que se desarrolló de una manera gra-
dual.
Como factores de incidencia en este desarrollo, Gardner
(1988) se encarga de describir a la formación de la psicología
cognitiva como el resultado de cambios de tradiciones cientí-
ficas, donde fue complicado el nacimiento de nuevas ideas de-
bido a la presencia de un paradigma dominante y fuertemente
establecido. Se observa la preponderancia que le otorga a de-
terminados hechos, como por ejemplo el Simposio de Hixon y
a figuras que el autor considera claves tales como Karl Lashley,
considerado la primera persona que introdujo ideas acerca de la
psicología cognitiva. Por estas características, se considera aquí
a Gardner como a un autor “interno”, en contraste con Leahey.
Incluso, se pueden mencionar posturas como las de
Sampson (1981) que propone que la explicación de la psicolo-
gía cognitiva no debería realizarse en términos exclusivamente
internos a la psicología, ni siquiera como mero producto de la
crisis del conductismo.

135
En una primera instancia, se puede resumir lo desarrolla-
do como, en algún sentido, hubo un declive del conductismo
como idea dominante en la Psicología, pues habían aconteci-
do varios factores para que ello sucediera. Entre estos elemen-
tos pueden considerarse los factores intelectuales, a partir de
los cuales los supuestos teóricos del conductismo radical eran
cuestionados, como el ataque a los desarrollos sobre conducta
verbal de Skinner por parte de Chomsky. Así también, la ero-
sión de los cimientos del conductismo mostraba los límites del
aprendizaje animal, incluso, manifestados por la teoría media-
cional del conductismo (postulando variables “intervinientes”
entre el estímulo y respuesta) que comenzaba a ser sustituida
por la teoría del procesamiento de la información. Y de alguna
manera, este enfoque parecía ofrecer nuevas formas de lidiar
con las preguntas básicas en la ciencia cognitiva.
También jugaron un papel importante los factores sociales,
políticos y económicos mundiales post-segunda guerra mundial,
que llevaron a requerir cambios en el ámbito científico, los cua-
les fueron traídos por el advenimiento de las ciencias cognitivas
en general y la psicología cognitiva en particular. Estos factores
serán desarrollados con más detenimiento en el apartado sobre
desarrollo teórico y conceptual de la Psicología Cognitiva.
Para poder adentrarnos al desarrollo teórico y conceptual
de la Psicología Cognitiva, primero debemos hacer un breve
repaso sobre los antecedentes o las primeras teorías de la PC.

2. Los antecedentes teóricos de la Psicología Cognitiva

Unos años antes de la década del 50, comenzaban a redes-


cubrirse trabajos como los de Ebbinghaus (con estudios experi-
mentales del aprendizaje y la memoria), Bartlett (con estudios
sobre la memoria y los esquemas cognitivos), Piaget (con el de-
sarrollo de la inteligencia en el niño), conductistas como Hull
y Tolman (quienes postulan variables “intervinientes” entre el
estímulo y la respuestas), entre otros; van a convertirse en los
precursores de una nueva corriente psicológica.

136
En primera persona, Miller (2006, pág. 82) cuenta:

“En Cambridge, en el Reino Unido, el trabajo de Sir Frederic Bart-


lett sobre memoria y pensamiento habían seguido siendo inmunes al
conductismo. En Ginebra, los insights de Jean Piaget sobre la mente
de los niños habían inspirado a un pequeño ejército de seguidores. En
Moscú, A. R. Luria era uno de los primeros en ver al cerebro y la mente
como un todo. Ninguno de estos tres últimos estuvo en el Centro pero
conocíamos bien su trabajo”.

Tomando la figura de Piaget, Leahey en su libro sobre


Historia de la Psicología (1998), expone que en Europa surge
el estructuralismo como un enfoque multidisciplinar para las
ciencias sociales. Este nuevo estructuralismo, tuvo como máxi-
mos exponentes a Claude Lévi-Strauss, Michel Foucault y Jean
Piaget. El estructuralismo aspiraba a convertirse en un para-
digma unificador de todas las ciencias sociales y afirmaba que
los patrones de la conducta humana, individuales o sociales, se
podían explicar por referencia a estructuras abstractas de natu-
raleza lógica o matemática. En la psicología estructuralista el
representante más importante fue Piaget.
Este psicólogo, biólogo y epistemólogo suizo creía que
los temas de la epistemología (rama de la filosofía cuyo objeto
de estudio es el conocimiento, sus circunstancias y caracterís-
ticas) se podían estudiar empíricamente. A través de lo que él
denomino “Epistemología Genética”, comenzó a plantear un
“mapa” acerca del desarrollo del conocimiento de los niños,
porque creía que la inteligencia no se desarrollaba de manera
cuantitativa, sino que experimenta cambios cualitativos a me-
dida que el niño pasa de una etapa a otra. Las nociones episte-
mológicas planteadas eran similares a las postuladas por Kant
con la diferencia que en este caso se sumaban cuestiones evolu-
tivas. El estructuralismo tuvo poca repercusión en EE.UU.: a
los americanos les interesaban las diferencias individuales y los
efectos de la experiencia o del entrenamiento en el desarrollo
cognitivo, y no se preocuparon mucho por el sujeto cognoscen-
te. Pero hoy en día, Piaget es citado como precursor del estudio
del desarrollo cognitivo (Leahey 1998).
137
Leahey también expone como uno de los precursores al
lingüística Noam Chomsky, quien buscaba describir una gra-
mática universal innata y, en este sentido, compartía el interés
europeo por las estructuras abstractas y el desinterés por las
diferencias individuales, pero no se identificaba con el estruc-
turalismo. Su crítica al conductismo radical influyó en el re-
nacimiento del interés por la cognición y su gramática trans-
formacional demostró cómo las actividades complejas, como
el lenguaje, se podían explicar con sistemas regidos por reglas.
Otro de los antecedentes mencionados por Leahey fue-
ron los aportes de León Festinger quien postuló la teoría de
la disonancia cognitiva. Esta teoría planteaba la relación entre
las creencias de una persona y la interacción de estas creencias:
cuando las creencias se oponen provocan un estado de disonan-
cia cognitiva que la persona intenta reducir. Esto fue importan-
te porque se comenzaron los estudios sobre entidades mentales,
en este caso las creencias.
También se deben exponer los desarrollos de la Psicolo-
gía de la Gestalt, que influyeron para que, alrededor de 1950,
Bruner y Postman estudiaran la percepción como actividad so-
cialmente orientada, en el marco de la llamada teoría del New
Look (Ruiz, 2005).
La Teoría del “New Look” en percepción fue encabezada
por Bruner que pretendía unificar varia áreas de la psicología
como la percepción, la personalidad y la psicología social, y
refutar la concepción dominante de que la percepción era un
proceso pasivo. Este autor proponía que el perceptor tenía un
papel activo, y que la personalidad y el marco social influyen
sobre lo que el perceptor ve. El New Look analizó la percepción
como un proceso mental activo, en el que se producen activi-
dades mentales conscientes e inconscientes entre la sensación y
la respuesta de la persona (Leahey, 1998).
Manuel De Vega, investigador en el campo de la psico-
logía y la neurociencia cognitiva, va a decir en su artículo “La
psicología cognitiva: ensayo sobre un paradigma en transfor-
mación” (1998) que entre los años 50 y 60 surgía un progra-

138
ma de investigación específico para la PC: temas clásicos de la
memoria, la percepción o la resolución de problemas recibían
el impulso de ideas y métodos nuevos. Por otra parte, algunos
temas hasta entonces prácticamente olvidados se mostraban
como territorios nuevos y excitantes al alcance de la indagación
científica: la atención, las imágenes mentales, el razonamiento,
los procesos del lenguaje, etc.
De Vega continua planteando que, desde su desarrollo,
la PC ha marcado un dominio dentro de la psicología y esto se
aprecia en una multitud de índices externos, como por ejemplo,
las publicaciones más prestigiosas de la psicología, como las re-
vistas Psychological Review o Journal of Experimental Psychology
incluyen frecuentemente artículos de carácter cognitivo. Exis-
ten muchas revistas especializadas en las que las etiquetas “cog-
nitivo” o “cognición” aparecen en la portada. Otro ejemplo,
sería la proliferación de congresos y sociedades internacionales
sobre procesos cognitivos que periódicamente editan libros y
revistas. También se puede ver que las universidades y centros
de investigación más importantes del mundo disponen de de-
partamentos y laboratorios de psicología o de ciencias cogniti-
vas. Finalmente, otro claro ejemplo, es que incluso las investi-
gaciones realizadas en las demás disciplinas psicológicas como
la psicología clínica, la psicología social, la psicología evolutiva,
la psicología educativa o las neurociencias tienen frecuente-
mente un planteamiento “cognitivo”.
Entonces, sobre el posicionamiento actual de la PC, es
importe preguntarse cuáles fueron los motivos que llevaron a la
PC (desde su surgimiento) a ubicarse en el lugar preponderante
que tiene en la actualidad dentro de la psicología en particular,
y las neurociencias en general.
A continuación se desarrollarán la Psicología Cognitiva
y las Ciencias Cognitivas en tanto marco conceptual, junto a
sus características distintivas. Se intentará interrelacionar (in-
terrelación, entendida como acciones recíprocas entre ambos
factores) estas construcciones teóricas y metodológicas con los
factores ideológicos sociales, culturales y políticos de ese perío-

139
do histórico (desde la década del ‘50 en adelante), para mejorar
la comprensión de su desarrollo y los efectos que esta generó
sobre la sociedad.

3. La psicología cognitiva

Cuando se estudia el origen y desarrollo de la psicología


cognitiva, la mayoría de los autores parecen describir y destacar
una serie de hechos y acontecimientos que caracterizan a la PC.
Sin embargo, los análisis que merecieron estos hechos o aconte-
cimientos como posibles características o rasgos distintivos de
la PC resultan insuficientes; si consideramos que estos hechos
la han llevado expandirse y generar conocimientos, ubicándola
en un lugar privilegiado en la psicología moderna.

3.a El origen transdisciplinar de la psicología cognitiva.


El rasgo multidisciplinario o transdisciplinar aparece des-
de el inicio de la PC. Parece ser que la primera característica
distintiva de la PC fue que supo combinar en su constitución
diferentes génesis disciplinares, incorporando los aportes teóri-
cos y tecnológicos que provenían de otras disciplinas ajenas a
la psicología.
Según Emiro Restrepo (2009) la complejidad de los fe-
nómenos por los que se interesaba la psicología y el rápido de-
sarrollo de las demás ciencias, apremiaban por una concepción
más amplia y sistemáticamente fundamentada para el objeto de
estudio de la psicología. Entonces había que contemplar otras
opciones, la psicología no tenía futuro dentro de la misma psi-
cología.
Miller, relata con sus palabras lo que estaba aconteciendo
en ese momento:
“Para 1960 estaba claro que algo interdisciplinario estaba
ocurriendo. En Harvard lo llamamos estudios cognitivos, en
Carnegie-Mellon lo llamaron psicología del procesamiento de
información y en La Jolla lo llamaron ciencia cognitiva” (Mi-
ller, 2006, pág. 85).

140
En sus comienzos, cuando se interesa en el estudio de las
representaciones y los procesos internos mentales, toma de la
cibernética una metáfora que parecía ser la más adecuada para
estudiar estos procesos: la metáfora de la computadora. En esta
metáfora, se equiparon a los seres humanos con las computa-
doras, pues se pensó que ambos eran sistemas que codifican,
conservan y manipulan información (Carretero, 1997).
No se debe olvidar que la PC surgió en una época en
la cual los ordenadores comenzaban a causar un gran impacto
en la ciencia y, probablemente, era natural que los psicólogos
cognitivos establecieran una analogía entre computadoras y el
cerebro humano. La analogía del ordenador fue frecuentemen-
te utilizada para desarrollar un modelo del cerebro en el que la
actividad mental se definía como un flujo de información entre
distintos almacenes (Parkin, 1999).
La analogía asumida por la PC va estar representada en
el trabajo fundacional de Miller, Galanter y Pribran en 1960,
titulado “Plans and the structure of behavior”, que delimitó su
filosofía de la mente y determinó el rumbo de los posteriores
estudios en psicología cognitiva (Emiro Restrepo, 2009).
Asimismo de las ciencias de la computación, la PC se nu-
trió de los estudios de la lingüística, la teoría de la información,
principalmente. Aunque también hubieron aportes de la filoso-
fía, neurología y antropología (Miller, 2006).
Un aporte fundamental proviene de la lingüística desa-
rrollada por Noam Chomsky. Muchos son los aportes y re-
estructuraciones que impone Chomsky a la comprensión del
lenguaje en general y a una naciente sub-disciplina dentro de
la psicología cognitiva (la psicolingüística) en particular (Res-
trepo, 2009).
El aporte más importante de Chomsky fue el retorno al
mentalismo. En 1959, él publicó una crítica contundente al
enfoque conductista y, en esencia, llegó a la conclusión de que
la naturaleza de la vida mental no podía investigarse eficaz-
mente sin alguna teoría sobre cómo estaban organizadas las es-
tructuras y procesos cerebrales, y con qué principios operaban
(Parkin, 1999).

141
El punto fundamental es que Chomsky consideró que el
objeto de la lingüística no es el estudio de las lenguas sino el
estudio de los conocimientos que los hablantes poseen de ellas,
es decir, la “competencia” lingüística de los hablantes. Para dar
cuenta de la construcción de esta competencia, Chomsky pro-
puso que el ser humano viene dotado con un dispositivo mental
para la adquisición del lenguaje, que es un sistema complejo, de
naturaleza innata, que permite al hombre la capacidad de de-
sarrollar su competencia lingüística. Para explicar este aspecto
generacional del lenguaje, Chomsky recurre a la hipótesis de un
sistema transformacional del lenguaje, en el que los símbolos y
las representaciones son generados a partir de un conjunto de
reglas de reescritura de símbolos y de representaciones (Rivière,
1991).
La teoría de la información desarrollada por Broadbent en
1958, ofrecía indicios de lo que posteriormente se convertiría
en el enfoque imperante en la PC. Esta propuesta resaltaba que
los mecanismos que constituyen los sistemas de procesamien-
to de información eran: la representación y el almacenamiento
de la información, los lugares de almacenamiento en dónde se
producían los procesos y los procesos consistían en transformar
la información (Restrepo, 2009).
En 1967, U. Neisser publicó su muy esperada obra “Cog-
nitive Psychology, en la que sintetizó muchas de las ideas que se
habían infiltrado desde varios campos (Best, 2002).
La interdiciplinariedad de la PC se debió a un marco más
general que era el desarrollo de las CC. En palabras de Thagard
(2007) muchas de las ideas teóricas en Psicología se han origi-
nado desde las ciencias de la computación, porque el desarrollo
de las computadoras digitales en la década del ‘50 proveyó una
poderosa forma de pensamiento sobre los mecanismos por los
cuales la información puede ser procesada. La psicología ahora
era parte de las Ciencias Cognitivas y en la interdisciplinarie-
dad, el estudio de la mente y la inteligencia también abarcaba
el campo de las neurociencias, la inteligencia artificial, la lin-
güística, antropología y filosofía.

142
Según el autor, las neurociencias han hecho una im-
portante contribución teórica y experimental a la psicología,
debido a la aparición de las técnicas de exploración cerebral
que proporcionan formas de observar los procesos neuronales.
También, la psicología se solapa con la inteligencia artificial en
el desarrollo de modelos computacionales sobre el pensamiento
y con la lingüística en el estudio de cómo la mente comprende
y produce el lenguaje. Además, la psicología se superpone con
la antropología en el estudio de los aspectos culturales de la
cognición social y con la filosofía comparten la inquietud por
cuestiones fundamentales sobre la naturaleza y la explicación
de las mentes humanas (Thagard, 2007).
Por su parte, Gardner (1988) llega a llamar a las CC una
ciencia interdisciplinaria de la mente. Este autor va a describir
los orígenes de las ciencias cognitivas, destacando el aporte de
diversas disciplinas que contribuyeron a la formación de este
campo interdisciplinario de estudio. En este desarrollo, Gard-
ner plantea que, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo
XX, fueron importantes los aportes de la matemática y de lógi-
ca. En cuanto los avances de esta última, se puede mencionar
la obra de Gottlob Frege, que implicaba la manipulación de
símbolos abstractos.
En la década 1930, los trabajos que resultaron más sig-
nificativos para la formación de las ciencias cognitivas fueron
los del matemático británico Alan Turing. En 1936, propuso la
idea de crear una máquina que fue denominada “Máquina de
Turing”, que era capaz de realizar cualquier cálculo contable.
En la década de 1950, Turing postuló que era factible progra-
mar una máquina como la que había propuesto, de tal manera
que nadie diferenciaría sus respuestas respecto a las de un inter-
locutor humano. Aquellos científicos interesados en el pensa-
miento humano tomaron en cuenta estos aportes, debido a que
pensaban que si podían describir con precisión los procesos de
pensamiento o de conducta de un organismo, se podría diseñar
una computadora que opere de la misma forma.
Otra de las líneas de pensamiento influyentes en la forma-

143
ción de este campo, fueron expuestas por Mc Culloch y Pitts,
los cuales fueron los primeros en hablar acerca del modelo de
una neurona. Ellos mostraron que las operaciones de una célula
nerviosa y sus conexiones con otras (red neural) podrían ser
representadas mediante un modelo lógico. Consideraban a los
nervios como enunciados lógicos y que su propiedad de ser ac-
tivados o no (principio del todo o nada) eran equiparables con
las operaciones del cálculo proposicional, donde un enunciado
es verdadero o falso (Gardner, 1988).
En cuanto a los aportes de la cibernética, se pueden men-
cionar los trabajos realizados por el matemático Norbert Wie-
ner sobre servomecanismos (dispositivos capaces de mantener
el rumbo de proyectiles de artillería antiaérea, misiles guiados y
aviones). En base a este trabajo, se obtuvieron reflexiones sobre
la naturaleza de la retroalimentación y de los sistemas de auto-
corrección y de autorregulación, fueran mecánicos o humanos.
Este autor publicó un libro llamado “Cybernetics” (Ciberné-
tica), donde mostró cómo podía denominarse de esta forma a
todo el campo de la teoría de control y de la comunicación, ya
sea de máquinas o animales (Gardner, 1988).
Otro de los antecedentes de la formación de las ciencias
cognitivas que describe Gardner (1988) fueron los aportes de
Claude Shannon y Warren Weaver en la década del 40, a los
cuales se atribuye la creación de las bases de la teoría de la in-
formación.
Aportando otra perspectiva del surgimiento de las CC,
Sergio Dansilio (en su libro Surgimiento de las ciencias cogniti-
vas: contexto y arquitectura ideológica), 2012, va a esbozar que
existieron factores externos que mediaron en el origen y de-
sarrollo transdiciplinar de las CC. Él nos va a narrar que en
realidad, los primeros encuentros teóricos y empíricos transdi-
ciplinares se dieron porque diversos individuos (de distinguida
carrera intelectual, desde von Neumann a Chomsky, desde Si-
mon a Bruner, desde Putnam a Minsky) con distintos intereses
y disciplinas, confluyeron en una estructura organizada. Esta
estructura organizada fue la que permitió que convergieran las

144
diferentes disciplinas, pero esto no se generó en el seno de la
academia universitaria, sino que vino desde afuera. En concre-
to, su desarrollo estuvo relacionado a los intereses de determi-
nadas fundaciones e instituciones específicas, e incluso, estuvo
relacionado al ámbito militar.
Este autor demuestra que las actas fundacionales de las
ciencias cognitivas provienen, en sus puntos de inflexión, desde
fuera de la academia universitaria clásica. Y menciona que, a su
parecer, uno de los hitos en el desarrollo de estas disciplinas fue
cuando:
“(…) la Sloan Foundation (constituye una de las denominadas fun-
daciones ‘filantrópicas y sin fines de lucro’ destinada a financiar una
multiplicidad de proyectos que recorren la ciencia y la tecnología,
la economía, la educación, entre otras) comenzó donando cerca de
veinte de millones de dólares para las actividades realizadas desde
1976 al 1978, distribuyéndose en subsidios para institutos de in-
vestigación y escasas universidades para el desarrollo de las CC.”
(Dansilio, 2012, pág 30).

Otro punto importante que va a marcar Dansilio (2012)


para entender cómo fue el desarrollo de las CC es que los fon-
dos que recibieron para investigaciones y coordinación entre
distintos departamentos en distintas universidades (constante-
mente el MIT se beneficiaba de los mayores aportes), tuvo un
periodo constante de 10 años aproximadamente, cerrándose en
1984 con el protagonismo asegurado de la System Develop-
ment Foundation. Y aclara que, a partir de aquí, los proyectos
de punta vinculados a las ciencias cognitivas habían pasado al
ámbito de la financiación militar (agencias dependientes del
Department of Defense), y especialmente la Office of Naval
Research (ONR). La fuente de ingresos más considerable, pro-
cedía de la National Science Foundation (NSF). Finalmente, el
autor propone que como factor determinante en el surgimien-
to y desarrollo de la PC y las CC fue que el impulso político
proporcionado por la fundación Sloan.
En palabras del propio Miller (2006, pág 86):

145
“El informe fue presentado, revisado por otro comité de ex-
pertos y aceptado por la Fundación Sloan. El programa que se ini-
ció ofreció becas a varias universidades con la condición de que
los fondos fueran utilizados para promover la comunicación entre
disciplinas. Una de las becas más pequeñas fue para Michael Ga-
zzaniga, de la Escuela de Medicina de Cornell, lo cual le permitió
iniciar lo que desde entonces se ha convertido en la neurociencia
cognitiva. Como consecuencia del programa Sloan, muchos acadé-
micos se familiarizaron y fueron más tolerantes con los trabajos de
otras disciplinas. Por varios años florecieron los seminarios, colo-
quios y simposios interdisciplinarios”.

Citando a Bechtel, Abrahamsen y Graham (1999), Dan-


silio dice en su revisión que las universidades gratificadas con
este subsidio forman parte de la élite institucional estadouni-
dense. Y que menciona el caso Sloan porque constituye uno
de los momentos de mayor importancia y más representativos
de los comienzos de las CC. A partir de aquí el autor ilustra
lo importante de este hecho con el análisis del llamado hexá-
gono Sloan5 que aparece en el texto clásico de Gardner (1988),
ilustración elaborada en una de las reuniones de trabajo de la
fundación. Argumenta que el «hexágono cognitivo» agrupa las
disciplinas que en una serie de simposios y redacciones de ar-
tículos fueron consideradas dentro de las ciencias cognitivas,
pero que gran parte de los propios investigadores se negaron a
reconocer esa suerte de fe bautismal.
Miller (2006) cuenta que este hexágono nace en un in-
forme no publicado presentado a la fundación Sloan. Que en
este informe, en el cual participó, tenía una figura, donde los
seis campos están conectados en un hexágono. Cada línea en
la figura representaba un área de la investigación interdiscipli-
naria que estaba bien definida en 1978 y que comprendía las
herramientas de las dos disciplinas que vinculaba. Así, la ciber-
nética utilizó conceptos desarrollados por la computación para

5 

146
modelar funciones del cerebro dilucidadas en neurociencia.
Igualmente, la computación y la lingüística ya estaban vincu-
ladas a través de la lingüística computacional. La lingüística
y la psicología se vinculaban mediante la psicolingüística, la
antropología y la neurología estaban vinculadas por los estu-
dios de la evolución del cerebro y así sucesivamente. Y termina
reflexionando que cree que hoy los quince posibles vínculos
podrían ser ilustrados con investigación respetable, y los once
vínculos que consideraban existían en 1978, se han consolida-
do sólidamente
Al respecto de este ensamblaje de disciplinas, es muy in-
teresante la visión que plantea Dansilio para la transdiscipli-
nariedad en las CC. Para el autor, si bien no se habría podi-
do consolidar la unificación de las distintas disciplinas, cada

Hexágono Sloan en su representación corriente (Sloan Report on Cognitive


Science, 1978), extraído de Gardner (1988) y Bechtel, Abrahamsen y Graham,
(1999), tomado de Dansilio, 2012. La figura geométrica abarca en sus vértices
la filosofía, la lingüística, la antropología, las neurociencias, la psicología y la in-
teligencia artificial. Cada disciplina se vincula con algunas de las otras mediante
dos tipos de líneas: líneas llenas si el vínculo es fuerte, líneas punteadas si el
vínculo es débil (Dansilio, 2012)

147
una con su historia y sus prácticas separadas, y por tanto hasta
cierto punto renuentes entre sí, se halló en la utilización de
recursos computacionales una serie de códigos en común que
permitieron a los científicos moverse desde una disciplina a
otra. Durante los años que siguen a la segunda guerra mun-
dial, investigadores como E. Ferreri, J. von Neumman (asocia-
do fuertemente al surgimiento de las ciencias cognitivas) y S.
Ulam, fueron un ejemplo de esta confluencia sobre conceptos y
prácticas computacionales, y de este recorrido transdisciplinar.
Así, para Dansilio, si bien en CC no se puede hablar de leyes
u ontologías comunes, se puede hablar de una coordinación
lo suficientemente eficiente como para producir conocimiento
científico entre las distintas disciplinas, de manera coordinada,
bajo metas comunes.

3.b Los modelos explicativos de la psicología cognitiva:


Con la utilización del enfoque simbólico-computacional,
por primera vez, los procesos mentales podrían estudiarse con
un nivel de explicación mecanicista (abstracto): el procesa-
miento de la información (De Vega, 1998).
Uno de los impulsores en este tipo de trabajos fue Bro-
adbent, quien afirmó que debían considerarse las entradas sen-
soriales como información, no como estímulos físicos, dando
lugar al problema de la interacción entre una mente (no-física)
y un cuerpo (físico). Este concepto de “información” permitió
a los psicólogos respetar la naturaleza no física de los pensa-
mientos sin entrar en el dualismo cartesiano. La información es
real, pero no física, sino funcional. La concepción de la mente
en términos de información permitió que hubiese una suerte
de aparente dualismo (funcionalismo) mente-cuerpo fuera de
los límites del conductismo fisicalista6 (Leahey, 1998).
Los conceptos del procesamiento de la información se
aplicaron rápidamente a la psicología cognitiva humana. En

Fisicalismo: filosofía sobre la naturaleza de lo real que afirma que todo aquello que existe
6 

es exclusivamente físico.

148
efecto, Miller (entonces en Harvard), junto con Oliver G. Sel-
fridge, presentarán un trabajo en el cual se plantea la pertinen-
cia de introducir la teoría de la información en la psicología
(Bechtel, Abrahamsen y Graham, 1999, citado en Dansilio,
2012)
El trabajo de George Miller “El mágico número siete,
más o menos dos…” (1956)7 mostró algunos límites de nuestra
capacidad de procesar la información (Leahey, 1998).
En los primeros estudios que aplicaban conceptos infor-
máticos a la psicología había confusión sobre qué era el pensa-
miento, ya que se tardó bastante en entender la diferencia entre
la información y el soporte mecánico. Pero la importancia de
lo que hace una computadora está en el programa. La distin-
ción entre computadora y programa resultó crucial para la psi-
cología cognitiva, ya que significo que la psicología cognitiva
no era neurología y que las teorías cognitivas del pensamiento
deberían versar sobre la mente humana, no sobre el cerebro
humano. Comenzaba a surgir una nueva concepción del ser
humano y un nuevo lenguaje para formular teorías y el objetivo
de la psicología consistiría en explicar cómo los seres humanos
procesan la información (Leahey, 1998).
Antes de continuar, hay que dejar en claro dos puntos.
Primero: hay que distinguir entre las representaciones menta-
les, que son las que interesan a los psicólogos cognitivos, de
las representaciones cerebrales que las sustentan y las hacen
posibles. Segundo: cuando en psicología cognitiva se habla de
representaciones mentales eso no implica que las representacio-
nes a las cuales se hace referencia sean accesibles a la conciencia.
La mayor parte de las representaciones internas y las represen-
taciones mentales no son accesibles a la conciencia. Este punto
va a tener una implicancia importante en la metodología que
va a utilizar la PC para estudiar los procesos mentales.
La mayor parte de los modelos a los cuales hace referencia
la psicología cognitiva son modelos de tipo funcional, y esto
Miller y El mágico número siete aparece en 1956 (Psychological Review, 63: 81-97).
7 

Clásicos en la Historia de la Psicología: http://psychclassics.yorku.ca/Miller/

149
se refleja en la frase que dice que: a los psicólogos cognitivos
les interesa conocer cómo trabaja el “software” y no cómo es
el “hardware”. Esto significa que cuando se intenta explicar el
comportamiento de una computadora en la que “ingresamos”
ciertos datos y como “salida” obtenemos otro tipo de datos, y
para comprender lo que está haciendo la computadora (qué
ocurre entre las entradas y las salidas), lo que se debe conocer
o acceder, es al programa que ha implementado la computa-
dora (el “software”8). Las características físicas de la computa-
dora (“hardware”) no van a ser el punto de interés, ya que en
principio pueden ser muy disímiles, puede haber sistemas muy
diferentes que permiten la implementación del mismo progra-
ma. Entonces, lo que es esencial, es comprender la naturaleza
del programa y no la naturaleza de la máquina que sirve para
implementar el programa informático (De Vega, 1998).
Para ello, la PC va a recurrir a modelos simples, repre-
sentados a través de los diagramas de flujo de la información
(llamados “sistemas de flujo”), que se esquematizan mediante
una serie de cajitas ligadas por fechas, que intentan caracterizar
la naturaleza de las operaciones y representaciones puestas en
juego durante el tratamiento de la información. Cada una de
esas cajitas son sistemas de conservación o de transformación
de la información y las flechas indican la dirección del trata-
miento entre estas cajas. Este enfoque fue el dominante dentro
de la psicología cognitiva por mucho tiempo (Eysenck & Kea-
ne, 2000).
En relación a la simulación del pensamiento y la Inteli-
gencia Artificial (IA), es importante aclarar que en la IA se in-
tenta crear programas que se comporten como seres humanos
sin necesidad que piensen como ellos. Sin embargo, la apuesta
de Newell, Shaw y Simon fue aún más fuerte, y abordaron la
IA desde la simulación por computadora porque consideraban
8 
El término software suele utilizarse sin definiciones explícitas y generalmente refiere a los
programas de computación (serie de pasos, etapas y entidades representacionales que los
componen así como el lenguaje en el cual se escriben). Llamativamente, el término fue
acuñado dentro del ámbito puramente militar por el matemático Merrill Flood en 1946
(Dansilio, 2012)

150
que sus programas podían llegar a resolver problemas como
los seres humanos. La diferencia entre Inteligencia Artificial
y Simulación por Computadora es importante, porque la IA
pura no es psicología: sus esfuerzos pueden resultar psicológica-
mente instructivos para sugerir los tipos de recursos cognitivos
que deben poseer los humanos para ser inteligentes, pero de-
terminar cómo actúan las personas de forma inteligente exige
una simulación real del pensamiento, no solo de su conducta
(Leahey, 1998).
Según Dansilio (2012) la psicología cognitiva determina
en qué medida los símbolos físicos son necesarios, y la inteli-
gencia artificial establece la competencia de los mismos. Pero
esa psicología que de manera optimista parece dar cuenta de la
inteligencia humana, ya está estructurada con toda una arqui-
tectura de premisas, de procedimientos formales y de concep-
ción de las entidades que estudia, provenientes de la teoría de
la computación.
La analogía del ordenador continuó dominando la PC
durante los siguientes veinte años. Se produjo una gama de
modelos, cada uno de los cuales intentó explicar alguna de las
formas de la actividad mental en términos de una serie de fases
de procesamiento que intervienen entre una entrada (input)
y una salida (output). A pesar de su muy extendido uso, las
explicaciones de las capacidades mentales en términos de pro-
cesamiento de información no están exentas de críticas (Parkin,
1999).
A mediados de la década del 80, el estudio de los pro-
cesos cognitivos sufrió un cambio importante con la llegada
del procesamiento distribuido en paralelo (Parallel Distributed
Processing) o, como se lo conoce más frecuentemente “modelo
conexionista” de McClelland y Rumelhart en 1986, quienes
afrontaron un nuevo desarrollo de estos modelos (ya que el
origen histórico del conexionismo es tan antiguo como el en-
foque simbólico-computacional). El conexionismo se afirmó
en la PC como un modelo alternativo a la propuesta simbó-
lica y modular. Sin embargo, esta relativa antinomia entre el

151
conexionismo y la postura simbólico-modular también puede
ser revisada críticamente. Como expone Robert Cummins (un
referente en filosofía de las ciencias cognitivas), la diferencia
entre conexionismo y computacionalismo parece ser todavía
menor a la luz de las diferencias que ambos sostienen respecto
al “conductismo de Watson o Skinner, o el estructuralismo de
Titchner” (Cummins, 2000, pág. 130).
Así, para este autor, ambos enfoques asumieron que la
mente es básicamente un motor cognitivo y solo secundaria-
mente sede de la emoción, el sentimiento y la sensación. Am-
bos asumieron que la conciencia no es esencial para la com-
prensión de la cognición, y que la cognición podía darse más
allá de una base cerebral, aunque descartaran de plano las anti-
guas posturas acerca del alma como sede de la cognición. Por lo
tanto, ambas posturas pueden ser consideradas funcionalistas
y materialistas. Y por último, tanto la postura simbólico-mo-
dular como el conexionismo son representacionalistas desde el
momento en que se entiende a los procesos cognitivos como
transformaciones ordenadas de estados, cuya función principal
es la representación de información relevante para la capacidad
cognitiva que se ejerce (Cummins, 2000).
Sin embargo, y más allá de las observaciones de Cumm-
ins, el conexionismo conserva la idea de representación, pero
los estados del mundo ya no se representan mediante símbolos,
sino por el estado de una red conexionista, distribuyéndose el
conocimiento en los pesos de las conexiones. La cognición no
se concibe como una manipulación de símbolos, sino como un
cálculo paralelo distribuido en el conjunto de una red (Bourgi-
ne, 2003). Se puede considerar al conexionismo como la rama
computacional de la neurociencia cognitiva. En este sentido,
participa de un movimiento general de la ciencia moderna que
aspira a estudiar los sistemas naturales (como las redes neu-
ronales naturales) y artificiales en un mismo marco teórico
(Bourgine, 2003).
En resumen, la PC, a nivel teórico, buscó generar mode-
los de explicación de las funciones mentales y para ello adoptó

152
el enfoque simbólico-computacional, que le permitió concebir
la arquitectura funcional de los procesos mentales, lo cual le
otorgó temas, problemas y métodos de investigación que logra-
ron aportaciones extraordinarias. Además, con la emergencia
de la alternativa del modelo conexionista, la PC sufrió impor-
tantes transformaciones internas, pero de ellas salió reforzada,
con mayor vitalidad y vigencia, pues estaba lista para unirse al
proyecto común del desarrollo de las neurociencias.

3.c Los trasfondos de una nueva ontología


Todo el desarrollo teórico descripto, muestra el desplie-
gue de una nueva ontología dentro de la ciencia. Ahora, ¿qué
permitió o cuáles fueron las causas para generar esta nueva on-
tología? En este sentido, es interesante desplegar el trabajo de
Dansilio (2012) que nos va a decir que la causalidad fue, segu-
ramente, múltiple. Pero para poder comprender dichas causas
hay ubicar a las ciencias cognitivas dentro del marco intelectual
e institucional en el cual surgieron.
En este sentido, va a mencionar que luego de la segun-
da guerra mundial, se producen una serie de mutaciones en
el mundo de las ciencias, de la cultura y hasta de la existencia
cotidiana. Citando el ejemplo de Haraway (1991): “lo que an-
tes era un organismo ahora es una máquina cibernética, ya que
todo se ha convertido en un sistema”. Los propios objetos natu-
rales se re-teorizan como dispositivos tecnológicos entendidos
en términos de mecanismos que producen, transfieren y alma-
cenan información (Haraway, 1991, citado en Dansilio, 2012).
Y el punto central para conocer estas causas es que la in-
fraestructura de funcionamiento, el plan general sobre el cual
asientan y se desarrollan las ciencias cognitivas es el OR. El OR9
9 
El OR como marco o estrato conceptual se desarrolla en el seno del NDRC (National
Defense Research Committee), a su vez, dependencia del inicial OSRD (Office of Scientific
Research and Development, organismo de V. Bush). De aquí dependerá el AMP (Applied
Mathematics Panel) donde, de manera alternante con la Rockefeller Foundation, trabajará
W. Weaver. Este departamento está destinado al desarrollo de armamento. Por otra parte se
liga al ONR (Office of Naval Research), a la corporación RAND (Think Tank del ejército)
y la fundación Sloan. En el RAND se dará la confluencia con A. Newell (específicamente

153
significa Investigación de Operaciones (Operational Research)
e incluye todo aquel sector de investigación empírica vinculado
a la operatividad militar conceptualizada desde la teoría de sis-
temas, que puede incluir áreas tan dispares como la lingüística,
las ciencias de la computación, la psicología o la teoría de los
juegos (Dansilio, 2012).
En palabras de Dansilio, estas ciencias no surgen espon-
táneamente, sino que en gran parte son deliberadamente cons-
truidas o diseñadas y forman parte de un proyecto. Ese pro-
yecto atiende a la informática de la dominación bajo la cons-
telación del C3I (símbolo militar para referirse a este sector de
la teoría de operaciones organizada bajo el OR). Estas ciencias
surgen de las prácticas de post Segunda Guerra y de lo militar
(específicamente: Estados Unidos y su posición dentro de la
Guerra Fría). Y el objetivo social de las nuevas ciencias de la
vida se torna en el control estadístico de las masas mediante
sofisticados sistemas de comunicación.
Un ejemplo que presenta Leslie, permite ejemplificar lo
que se viene diciendo. Según Leslie, el MIT, institución privile-
giada en cuanto a la obtención de fondos para financiar investi-
gaciones en CC, así como en la productividad académica en ge-
neral, debe su éxito a que se constituyó como una universidad
polarizada en torno a lo militar (Leslie, 1993), o en palabras
de Gardner (1988) en su estructura académica centrada por la
ingeniería y lo militar.
Con respecto a la llegada del modelo conexionista, Dan-
silio va a decir que en una etapa posterior de las CC surgieron
las redes, los nodos (neurono-símiles), entidades abstractas pero
no ficticias, virtuales, pero con la capacidad de negociar con el
mundo, que va a llamar: “nuevos engendros de esta ontología
que instaura el desarrollo de las ciencias cognitivas”.

en el System Research Laboratory), y hasta con H. Simon, que, integrado a la DARPA


darán inicio al proyecto de la Inteligencia Artificial (Dansilio, 2012).

154
3.d Métodos de estudio:
Los modelos de la PC postularon que la mayor parte de
las representaciones mentales no son accesibles a la conciencia
del sujeto, lo que tuvo como consecuencia que el recurso de la
introspección (autorreflexión por parte de un observador acer-
ca de sus propios pensamientos) no sea posible como método
de estudio dentro de la PC. Es por esto que quedo descartado
dicho método para el estudio de los procesos mentales (Tha-
gard, 2008).
En las últimas décadas se ha producido un gran avance
en cuanto al conocimiento de los procesos mentales debido a
la aplicación del método experimental, que permitió darle un
carácter científico al estudio de dichos temas. El método expe-
rimental es un método de investigación que consiste en mani-
pular alguna variable independiente y observar los cambios que
se produce en la variable dependiente. Es interminable la lista
de lo que ha servido como variables dependientes en los estu-
dios psicológicos, pero los investigadores prefieren dos clases
de fenómenos para este propósito: las pautas de errores y los
tiempos de reacción a los estímulos (Best, 2000).
En palabras de De Vega (1998), el método experimental
aplicado al estudio de la mente es el que ha permitido extender
nuestro conocimiento sobre la mente. Y esto se ve reflejado en
que gran parte de los procesos cognitivos son totalmente in-
conscientes. Por ello, el ingenio de los investigadores en el dise-
ño de experimentos permite desvelar algunos de estos procesos.
Un ejemplo claro del ingenio de los investigadores para el
estudio de procesos no conscientes es el priming enmascarado
(o masked priming) creado por Forster y Davis en 1984, que
consiste en la presentación de un prime (o preparador) entre dos
filas de símbolos que lo enmascaran (previamente y posterior-
mente al prime), con una duración muy breve del prime (me-
nos de 70 milisegundos). Esta presentación es tan rápida que
el sujeto generalmente no puede procesarlo conscientemente.
De esta forma, cualquier efecto del priming que se obtenga no

155
puede ser explicado por estrategias conscientes del sujeto. Estas
características del prime bajo condiciones de enmascaramiento
constituyen un instrumento privilegiado para abordar el estu-
dio de las operaciones automáticas en el procesamiento de los
estímulos, ya que el prime puede ocurrir aún cuando este no
puede ser identificado conscientemente (Ferrand, Humphrey
&. Segui, 1998)10.
En un reciente trabajo (Manoiloff, Segui, & Hallé, 2015)
se mostraron tiempos de respuestas más rápidos a una tarea de
detección del fonema inicial del nombre de un objeto, cuando
se le presentaba al sujeto un dibujo de un objeto que era prece-
dido por un priming enmascarado correspondiente al nombre
del dibujo, que cuando no fue precedido por su nombre (Pala-
bra-prime mesa – Figura-target MESA vs. Palabra-prime Mano
– Figura-target MESA). Esto se conoce como Efecto de Repeti-
ción, y su explicación es que el prime enmascarado (la palabra
escrita del nombre de la figura, en nuestro ejemplo “mesa”) pre-
activó la forma fonológica del nombre del objeto (o la etiqueta
que designa al objeto, en nuestro ejemplo “MESA”), lo que
facilitó la recuperación de la misma y, por lo tanto, la detección
de su fonema inicial.
Paul Thagard (2007) dice que es importante señalar que
la teoría sin experimentación está vacía, pero también es cierto
que la experimentación sin teoría es ciega. El tratamiento de las
cuestiones esenciales de la naturaleza de la mente requiere que
los experimentos psicológicos puedan interpretarse dentro de
un marco teórico que postule la existencia de representaciones
y procesos mentales. Una de las mejores formas de construir
marcos teóricos consiste en crear y poner a prueba modelos
computacionales análogos a las operaciones mentales. Y esto es
lo que ha hecho la PC.
En las CC se han usado como metodologías la experi-
mentación y la simulación computacional, principalmente.
Dansilio (2012) narra que aunque se recurrió a la metodología
10 
Para ver una demostración de este paradigma experimental entrar en: http://
www.u.arizona.edu/~kforster/priming/display1.htm

156
experimental, se incorporó la simulación dentro de las alter-
nativas válidas en las CC. Y las técnicas de procedimiento y
metodología de las CC van a reflejar una determinada visión
del mundo. De esta manera, las CC van sedimentando un mo-
delo del psiquismo humano que le es característico, así como
toda una metodología de estudio solapada con una ideología
subyacente.
En resumen, una de las características más importante
que ha llevado al desarrollo de la PC es que tiene una perspec-
tiva teórica y experimental a la vez y que gran parte de la teoría
se construyó a partir de modelos computacionales.

Conclusiones finales:
Este trabajo buscó analizar el surgimiento, evolución
y desarrollo de la Psicología Cognitiva (PC) en particular, y
de las Ciencias Cognitivas (CC) en general, que la llevaron a
convertirse en lo que Robins, Gosling y Craik (1999) señalan
como una de las disciplinas más populares de los tres últimos
decenios. Para lograr este objetivo se examinaron, analizaron y
revisaron los diferentes factores que han contribuido a su evo-
lución. Para ello, se tomó la visión de diferentes autores en la
concepción del surgimiento e implantación de esta configura-
ción teórica y metodológica. Cada postura o visión en la mane-
ra de contar la historia de la PC y las CC, está relacionada con
la posición y formación de los autores, según si es investigador
miembro del campo disciplinar, o si es un investigador externo
que busca reconstruir los orígenes de la historia de la psicología
en general.
En este sentido, desde posiciones internas a la discipli-
na (como Gardner, Baars, Best, Miller, De Vega), o como la
llama Danziger (1996) una narración de historia interna, en
los diferentes ejes analizados (como el cambio de paradigma,
la psicología cognitiva y la interdisciplinariedad, sus modelos
y sus métodos) se puede observar una narración basada en as-
pectos puramente conceptuales y metodológicos. Por ejemplo,

157
cuando se describe el nuevo objeto de la PC, se lo hace desde
una construcción puramente intelectual; o cómo se genera el
encuentro entre las diferentes disciplinas (la interdisciplinarie-
dad) siendo el resultado de intereses individuales e internos a la
ciencia; o cómo se narran las formas y condiciones en que los
conocimientos de la PC fueron elaborados; o cómo se describe
y pondera el método experimental como la base de la investi-
gación científica; o con tintes mitológicos cuando se habla del
cambio del conductismo al cognitivismo como “la revolución
cognitiva”, etc..
No obstante, es importante remarcar que estos autores
suelen dar una descripción más clara, detallada y profunda so-
bre las cuestiones conceptuales inherentes a la teoría y méto-
dos. Si uno quiere adentrarse en el conocimiento y estudios,
los autores internos a la disciplina suelen ser los más adecuados.
Aunque no para exponer su devenir histórico.
En el otro sentido, desde posiciones externas a la discipli-
na (como Leahey, Dansilio, Cummins) o una narración de his-
toria externa (Danziger, 1996), en los diferentes ejes analizados
se incluyen y relacionan aspectos intelectuales con factores so-
ciales, políticos, culturales, ideológicos y epistemológicos. En el
punto del cambio de paradigma se puede apreciar la visión de
Leahey (1992), quien intenta exponer y justificar que los cam-
bios que tuvieron lugar a comienzos del 1900 con el conductis-
mo y finales de los años 1950 con el cognitivismo, fueron cam-
bios basados en un desarrollo de tradiciones y no revoluciones;
intentando rebatir nociones míticas de la psicología americana
que prioriza determinados hechos. Es por esto que describe que
el campo disciplinar de la psicología cognitiva fue el resultado
de la conjunción de diversos factores sociales, intelectuales y
políticos, y que se desarrolló de una manera gradual.
El trabajo de Dansilio (2012) apunta a narrar el surgi-
miento de las CC (incluyendo a la PC en su relato) demos-
trando el escenario social, y principalmente político, dónde se
desarrolla este hecho. En este sentido habla de una nueva on-
tología y muestra la ideología política del momento, permite

158
y promueve esta nueva ontología, con un objetivo bien deter-
minado: el control. Entonces va a remarcar, continuamente,
mientras desarrolla la propuesta teórica de las CC, que detrás
de ello, siempre hay una ideología dominante.
Cummins (2000) desde la filosofía de la ciencia examina
modelos explicativos en psicología, mostrando que esta cien-
cia, en su esquema explicativo general, ha buscado descubrir
y especificar efectos característicos de los sistemas de su inte-
rés (la mente, los procesos cognitivos, la conducta resultante)
que constituyen sus dominios propios. A partir de esto, la PC
intentó brindar una explicación de estos efectos mediante la
caracterización de sus partes constituyentes y su organización,
es decir de su estructura (particularmente, su estructura fun-
cional) Este abordaje supone lo que dio en llamarse “análi-
sis funcional”, y consiste en descomponer una disposición (o
destreza) en un número de disposiciones menos problemáticas
(más pequeñas y simples) de modo que la manifestación pro-
gramada de estas últimas va a equivaler a la manifestación de
la disposición (primera) que se buscaba analizar.
A partir de la revisión realizada, desde diferentes visiones
y posturas sobre el surgimiento y evolución de la PC y las CC,
en forma escueta se puede resumir que cuatro parecen ser los
puntos fuertes que generaron este movimiento: la confluencia
de diversas disciplinas en un marco común y sobre el objeto
abordado en tanto sistema; generar modelos explicativos fun-
cionalistas, tomar el método experimental y la simulación para
poner a prueba las hipótesis derivadas de los modelos explica-
tivos; y el contexto socio-político (principalmente en EEUU)
que permitió generar las CC, en general, y las PC, en particular.
En años recientes, se ha estrechado cada vez más el vín-
culo entre PC y neurociencias, dentro del marco de las CC,
especialmente favorecido por el desarrollo de nuevas tecnolo-
gías. Con la incorporación de estas nuevas tecnologías como
la técnicas de escaneo cerebral para el estudio de las zonas del
cerebro asociadas al pensamiento, y la proliferación de su uso
dentro de las neurociencias, se están reformulando las inves-

159
tigaciones de los procesos cognitivos buscando sus correlatos
neuronales.
A nivel local, un ejemplo de este vinculo entre la PC y
las neurociencias se halla en los trabajos realizados en el La-
boratorio de Procesamiento de Neuroimágenes de la Universi-
dad Nacional de Córdoba, coordinado por el Dr. Foa Torres y
Dr. Marino, que en un reciente trabajo (Marino et al., 2014)
estudiaron la Respuesta Hemodinámica Funcional a través de
una    Resonancia Magnética  Nuclear Funcional  en una tarea
específica de producción de palabras, puntualmente, fluidez
verbal de palabras geográficas; para examinar que áreas del ce-
rebro  están  implicadas cuando se realiza dicha tarea. En ese
trabajo, los autores observaron la activación de las áreas cere-
brales que son típicamente  asociadas a la recuperación de la
palabra y la conciencia fonológica (giro medial prefrontal) que
era lo esperable. Lo más llamativo fue la activación de áreas
relacionadas con la cognición espacial (la  circunvolución del
hipocampo, la corteza cingulada posterior y lingual gyrus).
Esto demuestra cómo en una tarea de producción de palabras
con características geográficas, para poder ser realizada, no sólo
se utilizan las áreas propias del lenguaje, sino también áreas re-
lacionadas  con la cognición espacial, que incluyen capacida-
des de navegación geográfica (como integración de trayectoria,
posicionamiento global, reconocimiento de patrones externos,
etc.).

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163
Linea histórica

165
166
Década ACONTECIMIENTOS ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS
PSICOLÓGICOS
Holland: Chapters on
Mental Physiology.
Morell: Elements of
Psychology
American Psychological
Journal.
Brodie: Psychological
Enquiries
Hickok: Empirical
Psychology or the Human
Minds as Given in
Consciousness
Spencer: Principles of
1850 / Psychology
1859 Bain: The sense and the
intellect.
Helmholts: Handbuch der
physiologischen Optik
(primer volúmen)
Von Helmholts: Teoría de
la resonancia auditiva
Wundt: Beiträge zur
Theorie der
Sinneswahrnehmung.
Darwin: The Origin of the
Species.
Bain: The emotions and
the Will.
Fechner: Elemente der
Psychophysik.
Broca: Remarques sur nle
sìege de la faculté du
langage articulé.
1860 /
Curso de verano de
1869
Wundt: la psicología
como una ciencia natural
Wundt: Vorlesungen
über sie Menschen und
Tier-Seele.

167
Sechenov: Reflexes of the
Brain.
Hering: Beiträge zur
Physiologie.
Bernard: Introduction à
l'étude de la medecine
experimentale.
Maudsley: Physiology
and Pathology of the
mind.
Piderit: Mimik und
Physionogmie.
K.Marx: Das Kapital, Vol I.
Donder: Over den
snelheid van physcische
processen.
Galton: Hederitary
Genius.
Fritsch y Hitzig: Über die
elektrische Erregbarkeit
des Grosshirns.
H. Spencer: Principles of
Psychology.
Darwin: The descent of man.

Wundt: Philosophische
Studien.
Charcot es obligado a
recibir en sus servicios a
1870 / las histéricas. Empieza a
1879 dar clases en La
Salpêtrière.
Darwin: The Expression of the
Emotions in the Man and in the
Animals.
Aparece en Gaceta Médica Italiana el
método de Camilo Golgi que tiñe las
células nerviosas usando cromato de
plata.
Wundt publica
Grundzüge der
physiologischen

168
Psychologie
(Fundamentos de la
psicología fisiológica)
Brentano: Psychologie
von empirischen
Standpunkt.
Wundt deja Heidelberg
para ir a la Universidad
de Zurich.
Carpenter: Principles of
Mental Physiology.
William James establece
un laboratorio informal
de psicología en Harvard.
Galton: History of Twins.

Wundt, profesor en
Leipzig.
Ranvier ocupa la Cátedra
de Anatomía General en
el College de France.
Ferrier: Functions of the
Brain.
Bain publica el primer
número de Mind.
Galton emplea el método
de establecer
comparaciones entre
gemelos.
Ribot: Revue
Philosophique.
Darwin: A biographical sketch of a
infant.
Sully: The human mind.
Charcot introduce la
hipnosis como terapia.
Muere Claude Bernard Duval: Précis
de technique microscopique et
histologique.
Wundt: Primer
Laboratorio de Psicología,
Institut für

169
Experimentelle
Psychologie en la
Universidad de Leipzig.
Galton utiliza el método
de asociación de
palabras.
T. Ribot: La psychologie
allemande
contemporaine.
Escolarización obligatoria en Francia e
Inglaterra que estimula la psicología
educativa.
Pasteur: Vacuna contra el carbunco.
G.E. Müller: Laboratorio
de Psicología en
Göttingen
W. Preyer: Die Seele des
Kindes.
Charcot: comunicación
Sur les divers états
nerveux déterminés par
l´hypnotisation chez les
hystériques.
Koch: descubrimiento del bacilo de la
1880 / tuberculosis.
1889 Romanes: Animal
Intelligence.
Stanley Hall crea el
primer Laboratorio de
Psicología en la
Universidad Johns
Hopkins.
Galton: Inquiries into
Human Faculty and its
Development.
Stumpf: Tonpsychologie.

James: What is an
emotion?
Bernheim: On the
Suggestion in the
hypnotic state.

170
J. Sully: Outlines of
Psychologie.
Galton: Laboratorio Antropométrico
en Londres.
Camilo Golgi publica Sulla
fina anatomia degli
organice nerviosi
Laboratorio de Psicología
en Roma.
Freud estudia con
Charcot
Pierre Janet: Laboratorio
de Psicología
Experimental.
Ebbinghaus: über das
Gedächtniss. Vacuna antirrábica de Pasteur.
J. McKeen Cattell: The
time taken up by cerebral
operations.
Mach: Analyse der
Empfindungen.
Betcherev: Laboratorio
de Psicología en Rusia.
John Dewey: Psychology
G. Trumbull Ladd:
Elements of Physiological
Psychology.
G. Stanley Hall: American
Journal of Psychology.
Vol. I.
Bernheim: De la
suggestion et de ses
applications à la
térapeutique.
G.J. Romanes: Mental
evolution in Man.
Ribot obtiene la Cátedra
de Psychologie
Expérimentale et
Comparée en el Collège
de France.

171
Primer Congreso
Internacional de
Psicología en París.
P. Janet: L'Automatisme
psychologique.
James: Principles of
Psychology.
Cattell: Mental tests and
measurements.
Von Ehrenfels: About the
qualities of the gestal.
Tarde: The Laws of
imitations.
Janet sustituye a Charcot
como director del
Laboratorio de Psicología
de la Salpêtrière.
T. Ziehen: Leitfaden der
physiologischen
Psychologie.
Laboratorio de Psicología
en Lovaina (Bélgica).
1890 /
1899 James: Psychology.
Briefer Course.
Se funda The American
Psychological
Association.
Laboratorio de Psicología
Experimental en la
Universidad de Iassy,
Rumania.
Marey: primer proyector
cinematográfico.
McKeen Catell (alumno
de Galton y Wundt) y
Baldwin fundan la
Psychological Review, el
Psychological Index y los
Psychological
Monographs.

172
Laboratorio de Psicología
en la U. de Graaz
(Austria).
Lloyd Morgan:
Introduction to
Comparative Psychology.
W. Dilthey: Ideen zu
einer beschreibende und
zergliedende Psychologie.
Breuer y Freud: Studien
über Hysteria.
Le Bon: Psychologie de
Foules.
Sully: Studies of
Childhood.
Freud: Borrador del
"Proyecto de Psicología
para Neurólogos".
Dewey: "The Reflex Arc
Concept in Psychology",
en Psychological Review
Lightner Witmer funda
una "clínica psicológica"
en la Univ. De
Pennsylvania.
Bourdon: Laboratory of
Experimental Psychology
and Linguistics en la Univ. Se celebran en Atenas las primeras
De Rennes. Olimpiadas modernas.
Wundt: Grundriss der
Psychologie.
Laboratorios de
Psicología en las
Universidades de
Cambridge (Rivers),
Londres (Sully), Cracovia
(Heinrich) y Bruselas
(Dwelshauvers).
Tichener: The postulates
of a Structural
Psychology.

173
Thorndike: Animal
Intelligence.
Baldwin Cattell y
Jastrow: Physical and
mental tests.
H. Piñero: Laboratorio de
Psicología en Buenos
Aires.
Zola publica en L'Aurore,
"J'acusse".
Jennings: The Psychology
of a Protozoan.
Freud: La interpretación
de los sueños. Rutherford descubre la radiactividad.
E. Husserl:
Investigaciones lógicas. Einstein: Teoría de la relatividad.
W. Stern: La Psicología de
las diferencias
individuales. Guerra ruso- japonesa.
E.B. Titchener: Psicología
Experimental (1901- Cajal, Premio Nobel de Fisiología y
1905) Medicina.
Luis Simarro obtiene la
Cátedra de Psicología
Experimental.
I. Pavlov: La psicología y
1900 /
la
1909
psicopatologíaexperimen
tales en los animales.
A.Binet: El estudio
experimental de la
inteligencia.
C. Spearman: La
inteligencia general,
medida y determinada
objetivamente.
H. Binet y T. Simon:
Nuevos métodos para el
diagnóstico del nivel
intelectual de los
subnormales.

174
S. Freud: Tres ensayos
sobre la teoría sexual.
J.R. Angell: La provincia
de la psicología funcional.
Binet y T. Simon: Los
niños anormales.
H. Bergson: La evolución
creadora.
C.G. Jung: el método de
la asociación. Primera Guerra Balcánica.
E.B. Titchener: Manual
de Psicología. Mancomunidad de Cataluña.
W.Stern: Los métodos
psicológicos de
comprobación de la
inteligencia. Primera Guerra Mundial (1914-1918)
A. Adler: El carácter Rusia: abdicación del xar Nicolás II y
neurótico. revolución de Octubre. Gobierno
Bolchevique
M. Wertheimer: Estudios
experimentales sobre la
visión del movimiento. Creación del partido fascista en Italia.
F.W. Taylor: Fundación del partido comunista de
Management científico. España.
1910 / R. Turró: Los orígenes del
1919 conocimiento: el hambre.
J.B. Watson: La
psicología, tal como la ve
el conductista.
H. Münsterberg: La
psicología y la eficacia
industrial.
S. Freud: Totem y Tabú.
E. L. Thorndike:
Psicología educativa.
E. Husserl: Ideas relativas
a una fenomenología
pura y una filosofía
fenemenológica.
J.B. Watson: La conducta:
Una introducción a la
psicología comparada.

175
M. Navarro Flores:
Manual de Psicología
Experimental.
E. Spranger: Formas de
Vida.
W. Köhler: La inteligencia
de los monos superiores.
G.R. Lafora: Los niños
mentalmente anormales.
José Germain ingresa en
la Facultad de Medicina
de la Universidad de
Madrid.
J.B. Watson: Psychology
fron the standpoint of a
behaviorist.
Pi Suñer: La unidad Creación del Partido Nacionalista de
funcional. los Trabajadores Alemanes liderados
por Hitler.
W. Köhler: Las Gestalten Marcha de Mussolino sobre Roma.
físicas en reposo y en
estado estacionario.
Fundación de la revista
Archivos de
Neurobiología por Lafora,
Ortega y Sacristán. Formación de la URSS.
Nace en Madrid Mariano Einstein, Doctor Honoris Causa por la
Yela (2 de marzo). Universidad de Madrid.
1920 / C.G. Jung: Tipos
1929 psicológicos. Muerte de Lenin.
M. Wertheimer, K. Koffka
y W. Köhler fundan la
revista Psychologische
Forschung. Fin de la guerra de África.
H. Rorschach:
Psicodiagnóstico: una
prueba diagnóstica
basada en la percepción. Muerte de Gaudí.
E. Kretschmer:
Constitución y carácter. comienza la Gran Depresión de EE.UU.
L.M. Terman: Estudios
genéticos del genio. Fleming descubre la penicilina.

176
II Conferencia Revueltas estudiantiles y cierre de la
Internacional de Universidades de Madridy Barcelona.
Psicotecnia (Barcelona).
Binet: Estudio
experimental de la
inteligencia.
J. Dewey: La naturaleza
humana y la conducta.
R. Nóvoa Santos: Physis y
psiquis.
W.M. Bechterev:
Principios generales de
reflexología humana.
F. Santamaría: Las
emociones.
Estancias en Ginebra,
Berlín y París de J.
Germain.
Pfänder: Problemas
funadamentales de la
caracteriología.
W. Köhler: La mentalidad
de los monos.
L.L. Thurstone: La
naturaleza de la
inteligencia.
E. Luis André: Nociones
de la Psicología
Experimental.
Se funda la Asociación
Española de
Neuropsiquiatras.
H. Carr: Psicología: un
estudio de la actividad
mental.
E. R. Jaensch: El método
de investigación eidética
y tipológica.
J. B. Watson: el
conductismo.
J. Mallart: La educación
activa.

177
Lafora funda el Sanatorio
Neuropático Instituto
Médico Pedagógico.
J. Janet: De la angustia al
éxtasis.
H. Werner: Introducción
a la psicología evolutiva.
K. N. Kornilov: La
psicología a la luz del
materialismo dialéctico.
Germain, Secretario de la
recién creada Liga
Española de Higiene
Mental.
S. Freud: El porvenir de
una ilusión.
C. Spearman: La
naturaleza de la
inteligencia y Los
principios de la cognición.
C.G. Jung: Contribuciones
a la psicología analística.
C. Strumpi: Sensibilidad y
sensación sensible.
M. Scheler: El puesto del
hombre en el cosmos.
E.G. Boering: Historia de
la psicología
experimental.
W. Köhler: La psicología
de la forma.
K. S. Lashley: Los
mecanismos cerebrales
de la inteligencia.
L. Gil Fagoaga: La
selección profesional de
los estudiantes.
G. E. Müller: Sobre las
1930 / sensaciones de color.
1939 Investigaciones
psicofísicas. Crisis económica mundial.

178
Adler: La educación de
los niños. Hitler accede al poder.
J.V. Viqueira: La
psicología Roosevelt pone en marcha el "New
contemporánea. Deal"
W. McDougal: Las
energías de los hombres. Marcha de los comunistas chinos.
F.C. Bartlett: Comienza Guerra Civil en España
Remembering. (1936-1939).
E. C. Tolman: La conducta
propositiva en los Eje Roma- Berlin. Pacto Alemania-
animales y en el hombre. Japón.
Spearman: Las Bombardeo de Guernica.
capacidades del hombre.
W.B. Cannon: La
sabiduría del cuerpo. Japón invade China.
Barnés: La paidología. Hitler ocupa Austria.
E. Mira: Manual de
psicología jurídica. Pío XII, Papa.
Ch. Sherrington: el
cerebro y sus
mecanismos. Alemania invade Polonia.
K. Koffka: Principios de la
psicología de la forma. Comienza la Segunda Guerra Mundial.
K. Goldstein: La
estructura del organismo.
J. B. Rhine: La percepción
extrasensorial.
L.S. Vogotski:
Pensamiento y Lenguaje.
E.R. Guthrie: La
psicología del
aprendizaje.
K. Koffka: Los principios
de la psicología de la
Gestalt.
F. Krueger: La psicología
de la vida comunitaria.
K. Lewin: Una teoría
dinámica de la
personalidad.

179
L.L. Thurstone: Los
vectores de la mente.
K. Lewin: Principios de
psicología topológica.
G. W. Allport: La
personalidad: una
interpretación
psicológica.
K. Horney: La
personalidad neurótica
de nuestro tiempo.
H.A. Murray:
Exploraciones sobre la
personalidad.
C.E. Seashore: Psicología
de la música.
B.F. Skinner: La conducta
de los organismos.
R.S. Woodworth:
Psicología experimental.
J. Dollard et al.:
Frustración y agresión.

180