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Caminos y carreteras en el Perú

En el antiguo Perú, los caminos eran una maravilla. Desde épocas muy remotas,
los seres humanos habían establecido contacto y circulaban bastante. El mismo
despertar del asentamiento de Caral se explica por el intercambio de productos
civilizatorios entre regiones de costa, sierra y selva. Milenios después, los
caminos fueron unificados bajo el imperio inca para la afirmación del Estado y,
al entrar los españoles, había más de 30,000 km que cruzaban todo el territorio
andino.
Los principales eran dos, que corrían de norte a sur, atravesando tanto la costa
como la sierra. Estos caminos longitudinales estaban conectados por multitud de
ramales y se complementaban con rutas de penetración hacia la selva. Ese era el
Qhapac Ñan, cuyo estudio y puesta en valor constituyó una iniciativa cultural de
amplio alcance, emprendida por la anterior dirección del INC, bajo la conducción
de Luis Lumbreras.

Los españoles admiraron a los incas por su organización. Les parecieron los
romanos de América. Los europeos encontraron civilizaciones indígenas con
mayor nivel de conocimientos científicos y otras que producían muchos objetos
de lujo. Al lado de ellas, los incas les parecieron algo toscos. Pero, muy bien
organizados. Los nuestros destacaron por la coherencia y conducción del aparato
estatal.

Dos elementos del Tawantinsuyu impactaron profundamente a los españoles. El


primero eran estos caminos, el segundo eran los tambos. El inca mantenía
depósitos de alimentos que alejaban el fantasma del hambre. Los españoles
venían de pestes y hambrunas que habían asolado el Viejo Mundo durante el
medioevo. Les pareció increíble encontrar un pueblo donde el hambre hubiera
desaparecido. Asociaron los grandes depósitos del Inca de Jauja con la
abundancia. De ahí proviene una de las imágenes europeas más fuertes: el país de
Jauja, sinónimo de abundancia en toda la literatura occidental. Esa imagen se
refiere a nosotros. Parece mentira, pero es verdad.

El común de las gentes cree que la movilidad de bienes y personas era superior
en época de los españoles. Pero, no es cierto. La rueda no sirvió de mucho en el
Perú. El camino inca era para caminantes y para llamas. Tenía muchas escaleras
que hacían imposible el paso de carretas. De este modo, los españoles se
transportaron durante la colonia con mulas, que fueron destruyendo con sus duras
pezuñas, el camino del inca, concebido para pisadas muy suaves.

Los arrieros coloniales y del siglo XIX se movían a lomo de bestia, por caminos
malísimos que frecuentemente eran asaltados por malhechores. Las cosas
empeoraron sensiblemente durante el primer siglo republicano, cuando tan cerca
como la Tablada de Lurín se encontraban peligrosos bandoleros que asolaron
varias veces la capital. El Estado se había venido abajo y, comparado con el
poder del inca, los primeros presidentes republicanos eran pigmeos.

Este estado de cosas empezó a ser superado durante el "oncenio" de Leguía.


Habían llegado los vehículos a motor y la red carretera se constituyó en una
prioridad. De una manera compulsiva y a través de una ley de conscripción vial,
se construyó el primer sistema para carros y camiones. Pocos años después, en
los treinta, Benavides construyó la Panamericana y se restableció la
comunicación de valle en valle por la costa, atravesando los desiertos, algo que
se había perdido al caer el Tawantinsuyu. Parecía que los medios técnicos de la
modernidad permitirían superar por fin el legado de los incas. Dicho sea de paso,
recién en 1940, el Perú alcanzó la población del imperio incaico, 12 millones de
habitantes.

Pero no fue así, la modernidad se detuvo en seco. Al comenzar el siglo XXI, el


hambre azota a casi la mitad de los hogares, mientras que ninguno padecía de
este flagelo hace quinientos años. Peor aún, las carreteras se han vuelto un
tremendo peligro. Viajar en ómnibus es anticipar el ataúd o arriesgar el asalto.
Urge una reforma a fondo y sería conveniente considerar los principios que
guiaron al transporte de larga distancia en la época precolombina. Hay buenos
libros y personal peruano calificado en la materia. Ahora que viajar por tierra es
exponerse a la muerte, es preciso aprender algo del Qhapac Ñan, el mejor sistema
de caminos que tenía el mundo de entonces.

Machupicchu, donde se puede notar la variedad de recursos arquitectónicos que


dan racionalidad, importancia y porque no decirlo mística al antiguo Camino
Imperial.

Historia del Camino Inca.


Los caminos variaban en calidad y tamaño, tal es así que en las llanuras y
serranías pueden ser de seis a ocho metros de ancho; mientras que en las
montañas los pavimentos de grandes bloques de piedras promediaban el metro de
ancho, pero eran mucho más atrevidos y vencían la agresividad del escarpado
terreno andino.
El Camino inca en el tramo que se conoce comúnmente entre el km. 88 de la
línea férrea a Machupicchu, concentra el 90 % del trekking o caminatas que se
realizan en el Cusco, sin embargo, no es la única ruta, existen otras de una
duración de uno o más días a lugares circundantes del valle, que recorren los
caminos andinos y paisajes pintorescos de la zona.

Existen varios kilómetros de senderos antiguos, uno de ellos se encuentra en la


ruta Cusco-Abancay a 3 km. de la ciudad de Arco. Existe otro cerca de la
población de Qhorqa, aproximadamente a 20 km. al oeste del Cusco.
En la ruta a Juch`uy Qosqo, en la provincia de Calca, aparece otro camino inca.
Muchos de estos caminos han sido construidos con tanta perfección, que hasta la
actualidad, siguen siendo utilizados sin mayores modificaciones.
Hoy en día decenas de miles de turistas llegan anualmente al Cusco con la única
finalidad de recorrer el tan comentado Camino Inca. La experiencia es tan
fascinante que su fama ha dado la vuelta al mundo. La riqueza de la flora y
fauna; la variedad de paisajes desde un paso sobre los cuatro mil metros de
altura, hasta caminos rodeados de la más frondosa vegetación selvática, superan
las expectativas. Las personas llegan de todas partes del mundo para conocer y
experimentar personalmente el camino que los majestuosos incas recorrieron
hace más de quinientos años.

Los caminos del inca o Cápac Ñan, fueron sin lugar a dudas, una de las
maravillas del Tahuantinsuyo, de acuerdo con el historiador peruano José
Antonio del Busto. Él nos explica lo siguiente: "El monarca que más incrementó
la red caminera fue Huayna Cápac, quien construyó y mejoró las muchas vías de
su Imperio. Se asegura que lo hizo para movilizar prestamente a su ejército y
poder aplastar así a cualquiera de las grandes rebeliones que surgieron durante su
gobierno". A esto se debieron los 16 mil kilómetros de caminos que se
completaron bajo su reinado.

Los caminos incaicos fueron construidos por hombres a pie, quienes cuando lo
requerían empleaban las llamas, aunque resultaban un poco pesadas. La mayor
parte de estos caminos eran inútiles para los españoles, puesto que los caballos se
caían en las escaleras y se atracaban. Carretillas y carrozas nunca pudieron
circular por allí.
El historiador peruano José Antonio del Busto sostiene que, los incas hicieron los
caminos para la rapidez de las personas y la agilidad de sus bestias de carga, y es
por esa razón que generalmente se hicieron en línea recta, con cortas escalinatas,
planos inclinados y hasta túneles abiertos en roca viva.
Los conquistadores españoles cuando llegaron al Cusco se quedaron
maravillados con la perfección y el acabado de los caminos.

Varios cronistas dan testimonio de la belleza de estos caminos, hasta Hernando


Pizarro, uno de los primeros conquistadores en llegar al Cusco, no pudo ocultar
su asombro en una carta que expresa lo siguiente: "El camino de la sierra es cosa
de ver, porque en verdad en tierra tan fragosa, en la cristiandad no se han visto
tan hermosos caminos, toda la mayor parte de la calzada. Todos los arroyos
tienen puentes de piedra o de madera. En un río tan grande que era muy
caudaloso, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa
maravillosa de ver".

El cronista hispano Agustín de Zárate en su obra "Historia del Descubrimiento y


Conquista del Perú", escribió: "Cuando Huayna Cápac fue de Cuzco a Quito, que
hay quinientas leguas de distancia, mandó hacer un camino por toda la cordillera
en la sierra, muy ancho y muy llano, rompiendo e igualando las peñas donde era
menester, igualando y subiendo las quebradas de mampostería, tanto que algunas
veces subían la labor desde quince o veinte estados de hondo, y así dura este
camino por espacio de quinientas leguas".

El Camino Inca aún existe y fue descubierto por Hiram Bingham cuando
realizaba los trabajos de limpieza entre 1,913 y 1,915.
Lo que se conoce como Camino Inca es un pequeño tramo dentro de lo que fue la
red de comunicaciones incas construidas por todo el territorio. Este tramo cobra
una singular importancia ya que une diferentes sitios entre Ollantaytambo y
Machupicchu, donde se puede notar la variedad de recursos arquitectónicos que
dan racionalidad, importancia y porque no decirlo mística al antiguo Camino
Imperial.
LOS PUENTES DE LOS INCAS:

Los puentes lo construían según las características topográficas del terreno de


acuerdo a los materiales disponibles en la región y la importancia de la obra.

Diversos tipos de puentes permitían cruzar los ríos. En la sierra los había de
troncos de árboles cuando las distancias no eran grandes y los que se hicieron
famosos por su ingenio fueron los que los españoles llamaron "de criznejas".
Estos puentes se apoyaban sobre dos grandes estribos de piedras con fuertes y
sólidos cimientos y entre cada estribo atravesaban cuatro o seis gruesas vigas que
amarraban el puente colgante. Las maromas se tejían de ramas delgadas como
mimbre, trenzando de tres en tres a otras más gruesas e iban aumentando las
ramas hasta alcanzar un diámetro de unos cincuenta centímetros.

Existen varios tipos de puentes en el Tahuantinsuyo:

Puentes colgantes: Utilizados cuando el rio era ancho, consistía en gruesos


cables de agave o maguey, que se extendían de un lado a otro y que se
encontraban atados a gruesas rocas y como lechos utilizaron troncos unidos
fuertemente. Consistían de 2 a 5 gruesos cables de fibras trenzadas, que
alcanzaban el volumen de un cuerpo humano amarrados resistentes muros de
piedra erigidos frente afrente por ramas ligadas.

Puentes de Piedra: Eran construidos cuando el rio era angosto, y solo bastaba
con colocar una piedra gigantesca de una orilla a otra de tal manera que
permitiera el tráfico de personas en su parte superior

Oroyas: Eran usados cuando los ríos eran anchos, donde era dificulto el uso de
puentes colgantes, en este caso con gruesos cables de maguey extendidos de una
orilla a la otra, a través de la cual se deslizaba un recipiente a manera de canasta,
donde se encontraba el viajante que era atado de una orilla por un hatun runa
dedicado a esa labor de transportador

Puentes de Troncos: Eran los más sencillos y corrientes eran los troncos
apoyados sobre rocas o torres de albañilería levantadas intencionalmente y
emplazadas en sitios donde las orillas se estrechaban más. A los troncos por lo
general dos o tres la extendían por los ríos. Luego atravesados ponían otros palos
amarrados con cuerdas de cabuya, o de paja, o de lana, o de cuero. Encima
colocaban ramas y piedras, quedando listo para el tránsito.

Puentes de una o dos cuerdas: Los royos o huaros se reducían a un cable tirado
de una margen a otra, pero atados fuertemente a árboles, o pilares, o muros de
piedra construidos ex profesamente. Por el referido cable se deslizaba una
canasta de miembros suspendidos por una argolla de madera, con una persona y
cosas metidas en la cesta.
Puentes flotantes: Los confeccionaban ligando balsas de totora y luego una capa
de tierra, quedando expedidos para el servicio flotando sobre las aguas. En el
Tahuantinsuyo se nombra dos puentes: el Desaguadero y otro en balsas en el río
Marañón.