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Universidad de Chile Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Antropología Carrera de Arqueología

Informe Final Práctica Profesional: “Hacia una comprensión del Sistema de Producción Metalúrgico durante el período Tardío, en el valle de Copiapó”.

Alumna: Catalina V. Gutiérrez Guíñez Profesora Guía: Fernanda Falabella G.

07 de Julio, 2008

Introducción.

El estudio de los metales en Chile ha tenido un escaso desarrollo pese a su potencial interpretativo. Las escasas publicaciones existentes para el caso concreto del Norte Chico y para el valle de Copiapó se han centrado en la descripción de piezas manufacturadas encontradas en distintos sitios de la zona. A partir de las investigaciones sistemáticas realizadas en el valle desde los ’90 por el equipo conformado por Niemeyer, Cervellino y Castillo (1993, 2000) las evidencias metalúrgicas publicadas trascienden el objeto terminado y son mencionados restos de crisoles, escorias, moldes, hornos y toberas, elementos que forman parte de la producción metalúrgica y que surgen de los sitios adscritos al período Tardío. La presencia de estos elementos en el registro arqueológico requiere que sean vistos como un sistema integrado por sitios que presentan evidencias de actividades de producción, más allá de la descripción de piezas manufacturadas o terminadas.

Se propone acceder en este trabajo al sistema de producción metalúrgico durante el período Tardío, a través del estudio de los desechos de producción de las distintas actividades o etapas que conforman la cadena operativa. En este sentido, serán abordados aspectos de la organización productiva metalúrgica, perspectiva que investigadores del NOA denominan “arqueometalúrgica”, con la cual se enfrentan a los contextos de forma a priori, comprendiendo su funcionamiento tecnológico y social (Angiorama 2004, 2005, González 2004).

Antecedentes del dominio incaico en el Valle de Copiapó.

Uno de los aspectos menos discutidos en el Valle de Copiapó ha sido el concerniente a los modelos explicativos de la expansión y dominio del Estado incaico (Uribe 1999-2000), lo cual es un problema aún en discusión. Las explicaciones relacionadas con la presencia Inca en el valle de Copiapó se han concentrado en torno a las motivaciones que el Imperio habría tenido para anexar esta zona, las cuales serían principalmente económicas, relacionadas a la explotación minera y agrícola.

En este sentido, la hipótesis de Llagostera (1976) ha sido el eje explicativo de la expansión incaica, la cual fue postulada sobre la base del modelo de Murra (en Uribe 1999- 2000), correspondiente al control vertical de un máximo de pisos ecológicos. Este modelo, se basa en la existencia de archipiélagos étnicos controlados desde el altiplano, los cuales, siguiendo los principios de complementariedad ecológica, habrían ejercido un control vertical de los recursos, desde tierras altas a tierras bajas.

En el Norte Chico, la inexistencia de altiplano, y por ende, de “archipiélagos étnicos”, con sociedades que tuviesen un control distante de la zona, habría determinado una estrategia o dominio incaico directo en el territorio conocido como “Diaguita Chileno” (Latcham 1928), en donde existiría una explotación micro vertical de recursos, dentro de un mismo valle, orientada a los recursos mineros y agropecuarios, postulándose un “complejo agrominero” (Llagostera 1976). Este dominio se caracterizaría por un sometimiento directo de las etnias de cada localidad, lo cual quedaría expresado a través de la aparición de un tipo cerámico Inca - local.

Con relación a las motivaciones incaicas para anexar esta zona, se destacan las cualidades del valle de Copiapó en cuanto a sus recursos. Entre ellos, el potencial minero y agropecuario de la zona, además de servir como “trampolín vital” para continuar con la conquista de los valles transversales del Norte Semiárido y de la cuenca Mapocho - Maipo (Niemeyer et al. 1991). Los cambios introducidos por el Inca en esta zona estuvieron orientados a asegurar la producción minero - metalúrgica, principal incentivo de conquista en la región, aparte de generar las bases para la conquista de Chile Central (Stehberg 1995).

Conviene aclarar ciertos puntos referentes al período Intermedio Tardío en Copiapó, considerando el reconocimiento de una entidad local que es la que entra en contacto con el Inca. La Cultura Copiapó

tendría su apogeo durante la expansión del Tawantinsuyu (Uribe 1999-2000) y sería contemporánea a los grupos Diaguitas, los cuales se extenderían espacialmente desde el valle de Elqui hasta el Choapa.

Las investigaciones sistemáticas en el curso medio y alto del río Copiapó a fines de los ’90, dieron por resultado el reconocimiento de una serie de evidencias que distaban de la realidad cultural atribuida al valle, como formando parte del espacio “Diaguita Chileno”. De este modo, se propone la existencia de la “Cultura Copiapó”, definida como una propuesta instrumental que busca explicar las evidencias presentes en la zona, acerca de una población local distinta a lo Diaguita (Castillo et al. 1998).

En la actualidad, la cerámica sigue siendo el principal ítem diagnóstico para el reconocimiento de esta entidad con sus tipos Copiapó negro sobre rojo (Fechados TL 1310- 1475 d.C.), el cual mantiene sus características formales y decorativas hacia el Tardío (Gaete 1999, Garrido 2007). El tipo Punta Brava (Fechados TL 1300-1395 d.C.), que se mantiene sin cambios hacia el Tardío, ingresando en tiempos de dominación incaica un componente que se diferencia formalmente y en decoración a los del período Intermedio Tardío, el cual ha sido asociado a la influencia Diaguita - Inca en el valle (Niemeyer 1992, Garrido 2007). Finalmente, es reiterada la presencia de algunos fragmentos monocromos en sitios Copiapó (Castillo 1998).

El grupo local Copiapó se desarrolló principalmente en los afluentes precordilleranos del río Copiapó (Jorquera, Pulido y Manflas). Por lo tanto, se ha postulado un “énfasis montañés” de este grupo local, que se vería por ende reafirmado por su escasa presencia en la costa (Castillo 1998).

Si bien la Cultura Copiapó es reconocida básicamente como una tradición cerámica, las investigaciones en el valle han reconocido la presencia de asentamientos ubicados en terrazas fluviales y dominando los terrenos de cultivo. Asimismo, se han detectado “poblados” como aquellos asociados a los sitios fortificados Manflas y Punta Brava y sólo un cementerio correspondiente a lo Copiapó preincaico, correspondiendo a Altos Blancos (Fechado TL 1350+-55 d.C.) (Castillo 1998).

A continuación se detallará la presencia incaica en Copiapó, poniendo énfasis en los hallazgos de piezas metálicas encontradas por sitios en el valle, con el fin de articular más coherentemente el problema de investigación que se propondrá al final.

La presencia incaica en el valle de Copiapó.

Los asentamientos incaicos y las evidencias de producción metalúrgica en el curso superior del río Copiapó.

La presencia incaica en la zona ha sido estudiada principalmente en el valle de Copiapó por el equipo de investigación conformado por Niemeyer, Cervellino y Castillo (Niemeyer et al. 1991, 1993, 1998, 2000). Como vimos, durante el período Intermedio Tardío, se construyen poblados en los principales afluentes del río Copiapó: Jorquera, Pulido y Manflas. Dadas las características ecológicas del curso superior del Copiapó, persiste un énfasis durante el período Tardío por ocupar este sector de tierras altas (Castillo 1998). Siguiendo la descripción de Niemeyer (1986), la presencia incaica del valle, en el curso superior del río Copiapó, queda expresada como sigue:

Se han encontrado algunas evidencias esporádicas de la presencia incaica, tales como Los Hornos, Carrizalillo Chico, Cabra Atada y Quebrada Seca. La instalación incaica de Iglesia Colorada (1060-1475 d.C.) adquiere importancia al ser interpretada como el centro administrativo que controlaba la cuenca alta del Copiapó, con gran cantidad de tamberías asociadas. En este centro convergen los caminos que atraviesan el cordón de más altas cumbres y dan acceso a las provincias de San Juan, La Rioja y Catamarca, con permanente interacción transcordillerana a través de los pasos de La Ollita, Comecaballos, Pircas Negras, Quebrada Seca, etc.

El sitio se encuentra ubicado en la margen izquierda del río Pulido y presenta dos sectores asociados:

Potrero Las Tamberías y Potrero El Damasco. Hallazgos superficiales en este último sector comprendieron abundantes piedras molinos, manos de moler, un hacha de cobre, campanitas o cascabeles metálicos, cinceles y aros de cobre. Con relación a los fragmentos cerámicos hallados, el orden de importancia está representado por el tipo Punta Brava, seguido de los tipos Diaguita - Inca policroma, Café rojiza corriente, y finalmente el tipo Copiapó negro sobre rojo.

El sector denominado “Cementerio El Montículo” destaca por una serie de sepulturas asociadas, las cuales presentaron un conjunto mixto representado por vasijas Copiapó y Diaguita - Inca, estando ausentes vasijas de típico estilo cuzqueño, excepto una de tipo negro bruñido (Niemeyer et al. 2000). Al interior de este sector monticular se encontraron dos recintos, en uno de los cuales se halló un par de cuñas de cobre de sección cuadrangular y un mazo de piedra, denominado “recinto de las cuñas” o “recinto del minero”, elementos que corresponderían a un set de herramientas de la minería (Niemeyer et al. 1996). A partir de estos dos recintos comienza el sector fúnebre del sitio, con diez tumbas asociadas, cuyas ofrendas correspondían principalmente a vasijas cerámicas y piezas metálicas. La sepulturas 2 y 7 presentaron una pinza depilatoria de cobre, cada una, la sepultura 8 presentó un objeto de cobre roto más una barrita de cobre.

El Cementerio El Montículo, en el sector de Potrero el Damasco, presenta un ordenamiento regular, no obstante las tumbas 5, 6 y 10 se salen de este esquema, ya que no se encuentran en fosas bien definidas como las otras, sino que corresponden a entierros más descuidados o removidos en parte. La característica de las tumbas más “ordenadas” es poseer una gran cantidad de ofrendas, con 10 piezas cerámicas en promedio, elementos del complejo alucinógeno, alguna pieza metálica, y además, presentar un escalonamiento de acceso.

En el año 2003, el Cementerio El Montículo volvió a ser excavado bajo un nuevo proyecto de investigación, encontrándose nuevas evidencias, dentro de las cuales destacaré sólo las que se relacionan al proceso de producción metalúrgico. En una ampliación de la Tumba Nº 8, excavada en los ’90, se encontró a un infante, que presentó a la altura del oído derecho, un adorno de cobre pulverizado por la humedad, y un par de aros de oro de cuerpo laminar rectangular, con apéndices enroscados/alargados y gancho de suspensión amplio (Niemeyer et al. 2003).

En la ampliación del sector SW del cementerio se encontraron materiales de gran importancia dado los intereses de este trabajo. Entre ellos destaca el hallazgo de tres tubos de hueso, probablemente correspondiente a fémures de camélidos, con los extremos cortados y biselados, los cuales también han sido hallados en la pileta de la Plaza de Armas de Copiapó, y probablemente fueron utilizados como “sopladores” en labores de fundición (Niemeyer et al. 2003).

Saliéndonos del sitio Iglesia Colorada, destacan las múltiples tamberías, como Majada Quemada, en donde se halló un cincel y un instrumento agudo de cobre, un tumi de bronce y un objeto de forma elipsoidal, elaborado en turquesa. Rancho de Lucho, al interior de Majada Quemada, es un sitio que presenta los cimientos de dos unidades arquitectónicas rectangulares, probablemente kollka. También se hallaron objetos metálicos, tales como un tumi de cobre y abundante cerámica Copiapó negro sobre rojo. Siguiendo con la presencia incaica en la zona, destaca Carrizalillo Grande, en donde se halló un crisol refractario y su vástago, un hacha y un par de cinceles de cobre, desconociéndose antecedentes sobre arquitectura en el lugar (Castillo 1998).

Las tamberías, por lo general están asociadas a sectores de rutas, caminos, accesos o tránsitos hacia la vertiente oriental de los Andes. En tal sentido, en el camino Inca hacia el sur están emplazados los sitios:

Tambos Tronquitos y Tambería Pircas Blancas, la más al sur de la cuenca superior del Valle de Copiapó. Entre Iglesia Colorada y el paso transcordillerano de La Ollita, la estructura más importante corresponde al tambo Caserones, a la cual se le suman funciones relacionadas con la explotación y distribución de una mina de cobre, materia prima que sería posiblemente enviada al centro metalúrgico Viña del Cerro. En la misma ruta, podemos encontrar las tamberías de las vegas de La Ollita. Finalmente, las tamberías

asociadas a los caminos trasandinos por los pasos de Peña Negra y Pircas Negras (Niemeyer et al.

1991).

Los asentamientos incaicos y las evidencias de producción metalúrgica en el curso medio del Copiapó.

De acuerdo a los autores mencionados, en el curso Medio del Copiapó la ocupación incaica es de mayor intensidad, destacando el Pucara de Punta Brava (1260-1440 d.C.) y La Puerta (1410-1540 d.C.) o “palacete incaico”, interpretado este último, como el centro de administración incaica del curso medio y superior del valle de Copiapó, desde donde se dominarían las instalaciones del complejo Hornitos, el poblado de Punta Brava y el Centro de fundición de Viña del Cerro.

Es importante detenerse brevemente en el sitio Viña del Cerro, ya que éste representaría la materialización de las estrategias de tipo económicas desplegadas por el Inca, con el fin de intensificar la explotación y producción minero - metalúrgica en la zona. Diversos hallazgos dentro del valle hacen presumir labores de fundición, sin embargo, no existe en el Norte Semiárido otro centro de fundición de la escala de Viña del Cerro, y al parecer, es único también dentro del Coyasuyo.

Se han hallado otros hornos o huayras tipo Viña del Cerro asociados a escoria cerca de La Puerta y Carrizalillo Chico, más los hallazgos de Carrizalillo Grande e Iglesia Colorada, correspondientes a fragmentos de crisoles y un pedazo de cobre fundido, en éste último sitio. Según Castillo (1998) “hubo metalurgia más localizada o artesanal en las cercanías de Copiapó, en las vecindades de Viña del Cerro (Los Loros), en el río Pulido y todavía más arriba, en el río Ramadillas, pero nunca en la categoría de todo un complejo industrial” como Viña del Cerro (Castillo 1998:233).

El establecimiento metalurgista se encuentra ubicado a 1100 m.s.n.m. y se compone de cuatro unidades funcionalmente definidas: el campamento para el personal, habitaciones para funcionarios administrativos, un ushnu y una batería de 26 hornos de fundición, característica que se ha asociado a una escala muy alta de fundición de minerales (Niemeyer 1986, Castillo 1998).

La Unidad A esta formada por un gran patio o Kancha rectangular, delimitada por un muro perimetral. Está conformada por dos unidades arquitectónicas funcionalmente distintas: el campamento para el personal y una plataforma o ushnu. El campamento se conforma de seis habitaciones rectangulares destinadas a la residencia de los artesanos metalurgistas y una plataforma o ushnu, la cual habría sido emplazada con el fin de impartir las instrucciones sobre la organización del trabajo y sobre los asuntos relativos a la producción metalúrgica, tales como la contabilidad y control de las materias primas, de los productos y los rendimientos obtenidos en la producción (Castillo 1998). El estudio realizado por Moyano (2006) sobre este componente, sugiere que el ushnu de Viña del Cerro habría servido además como lugar para la realización de actividades públicas, vinculadas con el culto solar y a las montañas. La construcción del ushnu pudo responder a la necesidad que tuvieron los incas por resaltar las condiciones de una topografía local preexistente y habría funcionado como un mecanismo de coerción ideológica que buscó la incorporación de los grupos locales al culto solar y al Tawantinsuyo.

Las excavaciones revelaron que el grueso de las actividades productivas se realizaba en los pasillos y no en el interior de los recintos de la Unidad A. Se recuperaron restos de crisoles y moldes refractarios, tanto en el interior como en el exterior de los recintos, así como escasos objetos metálicos correspondientes a una pequeña hoja de cobre y un aro de cobre.

La Unidad B consiste en una Kancha rectangular, algo alejada de la Unidad A, en la cual también se presenta un recinto similar a los presentes en la Unidad A, pero con un poyo asociado. Se interpreta como la posible habitación del señor que administraba el centro metalúrgico.

La Unidad C se compone de 26 hornos o huayras, dispuestas paralelamente en tres hileras sobre una loma muy ventilada.

La Unidad D estaba conformada por un recinto rectangular construido en una explanada a las faldas del cerro y próximo a una vertiente. Se interpreta como el lugar de residencia de la persona encargada de abastecer de agua al centro metalúrgico.

Dentro de la gran cantidad de restos culturales encontrados, es importante mencionar la predominancia de la alfarería Punta Brava y Copiapó negro sobre rojo y ante, y en menor grado alfarería Diaguita - Inca y tipos cuzqueños, los restos de crisoles o moldes refractarios, las dos escasas piezas metálicas, minerales (principalmente crisocola) y escorias, constituidas por cobre, plata, estaño y fósforo (Castillo 1998), entre otros.

En cuanto a la extracción de las menas para su posterior fundición en Viña del Cerro, Niemeyer (1986) expone que posiblemente se haya explotado un yacimiento que se encuentra en el flanco izquierdo de la quebrada de Punta Brava, situada a 30 km. del centro. No se sabe con certeza donde el mineral era sometido al procedimiento de chancado, ya que éste llegaba al centro de fundición ya sometido al proceso de molienda (Niemeyer op. cit.).

Con relación al funcionamiento de este centro de producción, Niemeyer (1986) postula su articulación con Punta Brava o La Puerta, en relación al aprovisionamiento de mano de obra. La importancia de Viña del Cerro para la comprensión de la organización de la producción minero- metalúrgica en el valle es esencial, al respecto Castillo (1998) enfatiza que “la cantidad de problemas que se deben resolver en estos sitios requieren de estudios a más largo plazo, en especial en el análisis más a fondo de los materiales recuperados, en una definición más certera de la organización interna del complejo industrial, en el tema de la minería incaica, en el rol desempeñado por este complejo productivo en el plano local y regional, en el tema de la producción v/s distribución como también en los mecanismos de tributación hacia el Cuzco” (Castillo 1998: 240).

Los principales asentamientos emplazados en el curso medio del Valle de Copiapó corresponden al Pucara de Punta Brava y La Puerta. Punta Brava presenta estructuras defensivas pircadas en la cima, en donde es posible acceder sólo por un sector que se encuentra cuidadosamente cercado. Por tanto, el relieve y morfología del área determinan la inaccesibilidad del emplazamiento (Niemeyer et al. 1991). Además, existe un poblado con ocupación continua desde el período Medio, a los pies del Pucara.

El establecimiento de La Puerta ha sido definido como el centro administrativo Inca del curso medio y superior del Valle de Copiapó, en tal sentido se ha propuesto que desde este centro se dominaban tres instalaciones del curso superior: el complejo Hornitos (cementerios), el poblado de Punta Brava y el centro metalúrgico de Viña del Cerro (Niemeyer et al. 1991). En todos estos asentamientos, incluyendo el cementerio, han sido encontradas numerosas piezas de metal.

El sistema de producción metalúrgico en el Valle de Copiapó.

Un tema de relevancia fundamental dentro del período Tardío en Copiapó, el cual hemos venido destacando, es el del sistema de producción metalúrgico, sobre el cual he hecho anteriormente algunas referencias. Este tema se vuelve fundamental ante las elocuentes evidencias que nos hablan de la organización social de un sistema de producción puesto en marcha a partir del dominio incaico.

Ahora bien, las evidencias de estos procesos productivos son bastante marcadas, no obstante las interpretaciones han estado ausentes, sobre todo en relación a la importancia que este tema adquiere para entender las estrategias de dominación incaica en la zona. Se ha subrayado la importancia de Viña del Cerro como uno de los centros de producción más importantes del área Andina Meridional (Niemeyer et al. 1991, González 2004). Así como también, Raffino et al. (1996; González 2004) ha propuesto la existencia de un “núcleo minero - metalúrgico en los Andes Meridionales”, representado por diversos enclaves mineros presentes en el N0A junto a los de Copiapó y probablemente en el valle de Elqui. Sobre esta base, se arguye que uno de los principales móviles de la conquista incaica, lo constituyó la explotación de minerales.

El caso del valle Copiapó ilustra un caso particular dentro del sistema productivo metalúrgico. La

producción metalúrgica implica una serie de procedimientos o etapas de trabajo, desde la extracción y

preparación de los minerales hasta la manufactura de los objetos. Básicamente consta de tres etapas:

extracción y preparación de los minerales, fundición de los minerales y manufactura de los metales (González 1992, 2004). A partir del análisis de los antecedentes para el valle puede decirse que:

1° Las evidencias del valle y de la III Región, representan la primera y segunda etapa del sistema productivo, la extracción y eventual preparación de los minerales, cuyo indicador más elocuente es el mineral El Salvador, junto con la presencia de otros yacimientos publicados por Niemeyer (1986), aledaños a Viña del Cerro, pero no estudiados sistemáticamente.

Los antecedentes relacionados a la producción metalúrgica para tiempos preincaicos, específicamente en relación a la etapa “extractiva” son escasos, destacando los aportes de Iribarren (1974, 1962), quien expone que en el área del Norte Chico, la metalurgia se hace presente a través de diversas minas de explotación atribuibles a los tiempos Diaguitas (Ej: Almirante Latorre, El Salvador) y con un desarrollo de mayor escala en los tiempos Incas.

Iribarren publicó en 1972 cierta información sobre una mina de explotación incaica ubicada al Norte de la

III Región. Por ésta pasaría un tramo del camino del Inca, orientado hacia la sierra de Indio Muerto o

actual mineral de El Salvador. Los tipos alfareros presentes corresponderían al Inca - regional o provincial, entre ellos: tipos Copiapó negro sobre rojo, fragmento de un cuenco posiblemente Diaguita, entre otros.

El estudio de esta mina ha sido retomado por González y Westfall (2005). El análisis cerámico permitió

construir una secuencia ocupacional continua desde el Formativo atacameño, pasando por contextos del período Medio (local Ánimas y Atacameño), luego Intermedio Tardío (Atacameño) y una baja presencia Tardía incaica (Atacameño) e Histórica, en donde la más importante correspondería al PIT Atacameño, que habría estado precedido por una ocupación Ánimas (500 a.C. – 1650 d.C.). Por lo tanto, la mina se habría activado en tiempos preincaicos, existiendo una ruta minera longitudinal que conectó los oasis atacameños con el extremo septentrional de la Región de Atacama, constituyendo ésta un enclave explotado por “mineros - caravaneros”, principalmente orientado a la explotación de turquesas, y por lo tanto, siguiendo una secuencia productiva más relacionada a la lapidaria.

Lo anterior, demuestra la existencia de una tradición extractiva de minerales previa al Inca, por lo menos desde el período Medio, la cual debe enriquecerse con el estudio de otros yacimientos en el valle, como los documentados por Niemeyer (1986) u otros.

2° Además de la presencia de la etapa “extractiva”, Viña del Cerro estaría representando parte de la

segunda etapa del sistema productivo, la reducción de las menas o la “metalurgia extractiva”, cuya

evidencia son los hornos y abundantes escorias, del mismo sitio. Probablemente, luego de la reducción

de las menas, los metales eran enviados a otros lugares para ser posteriormente refundidos en crisoles o

continuar con las siguientes etapas dentro de la cadena operativa. La casi total ausencia de objetos terminados en Viña del Cerro sugiere que los metales que allí se fundían eran transportados hacia otros lugares. En este sentido, la etapa de manufactura de objetos metálicos no se encuentra presente ni en

este sitio ni en otros, por el momento, por lo cual se puede postular que la producción de metales a través

de

la fundición era destinada a un “consumo externo”. (Ver Angiorama 2004).

Durante el Tardío se produce el ingreso de diversas formas incaicas en metal (principalmente tumis,

hachas, manoplas, tupus, entre otras formas que vienen de épocas anteriores, como las pinzas), procedentes principalmente de la costa (Colección Lodwig). En el valle existen muy pocas, que no están distribuidas en las tumbas del Tardío salvo en muy pocos casos. Destaca sólo un par de aros de oro, revestidos de pintura roja, asociados a un infante en una tumba de Iglesia Colorada, y unos cuantos más distribuidos en otros sitios.

4° El valle de Copiapó estaría representando, en consecuencia, la etapa extractiva y productiva del sistema metalúrgico, no estando representada la etapa de manufactura ni el uso o consumo de piezas terminadas de metal por parte de los grupos locales, tal como lo expresa la “escasez” de objetos terminados en el valle, en contraste con la costa y la IV región. Asimismo, la casi ausencia de aros (sólo unos pocos en el valle), en contraposición a la gran cantidad de aros procedentes de la IV Región, podría postularse como una categoría demarcativa de los grupos Diaguitas (Confirmado por Latorre com. Pers.).

Para momentos previos a la dominación incaica, Cervellino (1994, 1991) documenta la existencia de fundición desde el período Medio o Ánimas, cuyas evidencias serían algunos restos del proceso de fundición (Escorias, moldes refractarios) hallados en algunos sitios del valle de Copiapó y III Región, como Finca de Chañaral, La Puerta, entre otros. Este tipo de tecnología (Cervellino 1994, 1991, Fuller y Miranda 1992, Iribarren 1974, Niemeyer 1983) es caracterizada como una actividad de escala familiar o doméstica, que por lo general no deja muchas evidencias en el registro arqueológico (Campbell y Latorre 2003). Esta actividad es modificada con la introducción de la tecnología de fundición de Viña del Cerro con el Inca, la cual habría aumentado la escala de producción de metales en el valle de Copiapó.

Estos antecedentes demuestran que durante el período Tardío funciona activamente este sistema de producción, con zonas importantes de extracción, tales como El Salvador y de producción, como Viña del Cerro. En tal sentido, el Inca habría desplegado un complejo sistema de producción metalúrgico, el cual es posible de abordar como un proceso económico, político y social que articuló una serie de sitios emplazados en el valle, como Iglesia Colorada, Viña del Cerro, La Puerta y Punta Brava, todos con evidencias parciales de producción, además de algunas piezas terminadas. No obstante, la comprensión global de este sistema no ha sido abordada en un estudio sistemático.

Por otro lado, Niemeyer (1979/1981), realiza uno de los primeros análisis técnicos sobre actividades productivas metalúrgicas, hechos sobre un crisol refractario proveniente de Carrizalillo Grande, el cual es atribuido a la fase de aculturación Inca - Diaguita. Niemeyer (1983), manifiesta que el Inca habría introducido grandes cambios en el valle de Copiapó, cuya expresión lo constituyen los cambios arquitectónicos y la cerámica, pero sobre todo en la “renovación de las técnicas de extracción de minerales y metalurgia” (Niemeyer et al. 1983:23). Cervellino (1994, 1991), según la relación de sitios arqueológicos y objetos metálicos registrados hasta ese momento, define posibles áreas de extracción y procesamiento de metales: costa norte de la Región de Atacama con Caldera como centro, Copiapó y zonas aledañas, el valle con el centro de fundición Viña del Cerro y zona del Salvador - Finca de Chañaral (Mina Indio Muerto). Finalmente, Rodríguez (1974), intenta comprender los aspectos de la colonización incaica a través de la minería y la metalurgia. Expone que dentro de los criterios considerados por el Inca para dominar el Norte Chico estarían los de tipo económico (también geopolítico), constituyendo los minerales y metales, piezas con una alta “rentabilidad” para el Imperio.

Figura 1.

Sitios con presencia de metalurgia prehispánica tardía en el Valle de Copiapó

El Salvador (Mina Indio Muerto) #S Finca de Chañaral #S N Leyenda Copiapó Hidrografia.shp #S
El Salvador (Mina Indio Muerto)
#S
Finca de Chañaral
#S
N
Leyenda
Copiapó
Hidrografia.shp
#S
EMBALSES
Sitios Arqueológicos
ESTEROS
Hornitos
#S
Punta Brava
LA GO S
LA GUNAS
QUEBRADAS PERMANENTES
RI O S
SALARES
#S
La Puerta
#S
#S
Viña del Cerro
Carrizalillo Chico
Iglesia Colorada
#S
#S
#S
Carrizalillo Grande
#S
Majada Quemada
10
0
10 Kilometers
Río Copiapó
Océano Pacífico
Río Jorquera
ARGENTINA
#S

Casos de estudio específicos del NOA y Norte Chico de Chile (Valle de Copiapó) para momentos preincaicos e incaicos: inferencias políticas, económicas y sociales (Ver figura 2).

1.- El Noroeste Argentino. Rincón Chico, valle de Santa María, Catamarca. Equipo de Luis González y Myriam Tarragó (2004b, 2005).

La producción de bienes de metal en el NOA mostró un desarrollo continuado desde épocas formativas, acompañando el proceso de creciente complejización de las organizaciones sociales. Sobre esta tradición tecnológica el Inca impuso sus criterios político-económicos, los cuales se tradujeron en un aumento de la escala de producción de bienes, no modificándose sustancialmente los aspectos tecnológicos locales. Por tal motivo, los autores sostienen que una de las principales motivaciones imperiales para anexar el NOA fue la de aprovechar la riqueza metalífera, así como el entrenamiento y habilidad para procesarlos que demostraron tener los artesanos locales.

El equipo se dedica a calibrar el alcance de esta hipótesis, explorando la manera en que los intereses del Inca se articularon con las organizaciones tecnológicas preexistentes, concluyendo que la dominación

incaica en esta zona se habría producido mediante una “espinosa” articulación entre los intereses locales y los incaicos, en donde la tecnología local mantuvo su identidad, a pesar de los cambios introducidos por el incario, lo cual es interpretado como “resistencia” a la dominación estatal (González y Tarragó 2004b,

2005).

2.- Valles Calchaquíes. Equipo Earle (1994), DeMarrais et al. (1996), D’Altroy et al. (2000).

El énfasis de estos investigadores ha sido puesto en la organización de la producción metalúrgica durante la dominación incaica, sin embargo y a diferencia del equipo anterior, con escasas referencias en los cambios organizativos de la producción local (más allá del aumento en la escala de salida de productos).

La conquista incaica, en este sentido, también habría sido motivada por la disponibilidad de metales y experiencia técnica local, pero las investigaciones se han centrado en definir cómo la conquista del valle de Calchaquí sirvió para “financiar” las actividades del imperio incaico. Estas formas de financiamiento son definidas como “Staple finance” (Bienes de subsistencia) y “Wealth finance” (Bienes suntuarios). En el valle Calchaquí, la producción de bienes de subsistencia fue escasa, concentrándose en la elaboración de bienes suntuarios. La organización de la producción metalúrgica se centró en la etapa extractiva (Controlando los yacimientos de estaño) y productiva bajo control imperial (Fundición principalmente de lingotes), estando las etapas de manufactura y uso de los metales bajo un estricto control estatal.

3.- Los Amarillos, Quebrada de Humahuaca, Jujuy. Carlos Angiorama (2004, 2005, 2006).

Para tiempos preincaicos, no existen evidencias que permitan postular que la producción de objetos metálicos se haya llevado bajo un control externo o bajo la administración de una instancia política superior, idea que es postulada por el equipo Tarragó - González en Catamarca. Esto posiblemente se deba a que estos investigadores trabajan en zonas distintas del NOA, cuyas sociedades para momentos preincaicos presentaron distintos niveles de complejidad social.

Para Angiorama (2005, 2006) las actividades metalúrgicas constituyeron una actividad más dentro de todas las desarrolladas en Los Amarillos, por ejemplo, el estaño habría llegado a la Quebrada de Humahuaca como uno más de los productos transportados por los caravaneros altiplánicos, junto con la obsidiana u otras materias primas.

Asimismo, la distribución de las piezas metálicas elaboradas a partir del bronce estañífero se encuentra homogéneamente distribuida tanto en sectores ceremoniales, residencias periféricas, tumbas con ajuares excepcionales, enterramientos más “pobres”, basureros, etc. Por lo tanto, el acceso a este metal y el uso de objetos de bronce estañífero no habría estado restringido solamente a un grupo dominante.

Para momentos incaicos, la situación anterior cambia. Se produce una escasez de objetos metálicos terminados en el componente incaico del Sector Central de los Amarillos. Esto parece indicar que las piezas que allí se elaboraban eran transportadas hacia otros lugares. Ni los propios habitantes del Sector Central durante época incaica tuvieron acceso a estos bienes. Por lo tanto, se propone que la producción de piezas metálicas durante tiempos incaicos en el Sector Central habría sido desempeñada por operarios que trabajaban probablemente bajo un estricto control externo (Angiorama 2004).

Figura 2: Casos de estudio desde perspectivas arqueometalúrgicas revisados para este informe, correspondientes al NOA y Norte de Chile (Valle de Copiapó).

arqueometalúrgicas revisados para este informe, correspondientes al NOA y Norte de Chile (Valle de Copiapó).

Figura 3: Cuadro comparativo de los casos de estudio revisados en este trabajo.

González, Luis

Angiorama, Carlos

Earle, DeMarrais, D’Altroy

Copiapó, Chile

Para

tiempos

Para tiempos prehispánicos: no hay control. Distribución de metales es homogénea.

No se analiza

No se analiza. Metalurgia desde período Medio o Ánimas documentada.

preincaicos:

metales

bajo

control

de

instancia

política

 

superior

 

Demarcadores de prestigio y poder

Circulación

y

uso

Wealth finance

No se analiza

homogéneo

 

Motivación

 

Motivación

económica

Motivación económica con énfasis en lo productivo bajo el Inca.

Motivación económica. Sin indagación de otras temáticas.

económica

con

con

énfasis

 

en

la

énfasis

en

la

tecnología local

 

tecnología local

     

Dominio y resistencia

Dominio

y

control

de

Dominio

económico-

Dominio económico, sin contrastación de esta hipótesis.

etapas productivas

funcionalista

Problema de Estudio Práctica Profesional.

A través de los antecedentes propuestos para el valle de Copiapó, se desprenden una serie de evidencias materiales o subproductos, presentes en distintos sitios del valle, que formarían parte de distintas etapas dentro de la cadena operativa del sistema productivo metalúrgico. Sin embargo, estos elementos no han sido abordados desde una perspectiva integrada que considere el proceso de producción de metales. Los escasos estudios que han abordado la metalurgia se han concentrado básicamente en la descripción de las piezas terminadas de metal.

Para este estudio se analizará la colección del Museo Regional de Atacama, correspondiente al sitio Iglesia Colorada, principalmente, junto con algunos materiales recuperados en Viña del Cerro, Carrizalillo Grande y La Puerta, correspondientes a restos asociados a la producción de metales. Con relación a las piezas terminadas, se considerarán sólo aquellas postuladas como herramientas de minería o metalurgia, tales como cinceles, cuñas, u otras.

Objetivos Generales y Específicos.

Objetivo General: Evaluar qué elementos están presentes y han sido recuperados en algunos sitios del valle de Copiapó, de las distintas etapas de la cadena operativa dentro del sistema productivo metalúrgico.

Objetivos Específicos:

1.- Revisar la colección de materiales extraídos del sitio Iglesia Colorada y evaluar los desechos que quedan de la cadena operativa metalúrgica y cuáles podrían eventualmente adscribirse a ésta.

2.- Comparar los resultados obtenidos de materiales asociados a la producción metalúrgica en Iglesia Colorada con otros sitios que exhiban desechos de producción, como Viña del Cerro, La Puerta y Carrizalillo Grande.

Marco Teórico

La producción metalúrgica implica una serie de procedimientos o etapas de trabajo, desde la extracción y preparación de los minerales hasta la manufactura de los objetos. Según González la producción metalúrgica puede entenderse como un “sistema integrado por sitios, actividades y comportamientos, en operación relativamente sincrónica, orientado a la obtención de manufacturas metálicas para su utilización en un contexto sociocultural dado” (González 2004: 51).

Los sistemas de producción metalúrgicos están condicionados por distintas variables, entre ellas los recursos disponibles en la zona y las características de éstos, la capacidad técnica de los productores y las condiciones sociohistóricas que determinan las cualidades de los objetos manufacturados, la organización de la producción y el estilo tecnológico utilizado. Por lo tanto, si bien las cuestiones propiamente técnicas son ineludibles, es un sistema sociocultural específico el que dará sentido a la producción metalúrgica.

La identificación de los sistemas de producción metalúrgicos en Arqueología es un tema que se ha venido desarrollando de forma cada vez más creciente. El establecimiento de indicadores en el registro arqueológico, que nos hablen de las etapas que configuran un sistema metalúrgico prehispánico ha sido desarrollado por Luis González (2004). A continuación se muestran los esquemas del autor (Figura 4 y

5):

Figura 4: Flujo de materiales durante el proceso de producción metalúrgica.

EXT SE 1 TRA FUN MAN SE 2 TO TE AF DE 1 DE 2
EXT
SE 1
TRA
FUN
MAN
SE 2
TO
TE
AF
DE 1
DE 2
DE 3
DE 4
EXT
SE 2
TRA
TO
FUN
AF
MAN
TE
Selección secundaria
Tostación de sulfuros
Afino de metales base
Tratamiento de escorias
SE 1
Extracción de menas
Tratamiento de menas
Fundición de menas
Manufactura de objetos
Selección primaria
DE 1-4 Desechos de operaciones

A continuación se expone el segundo modelo elaborado por González (2004), el cual ha sido construido con el fin de identificar en el registro arqueológico aquellas actividades que estén dando cuenta de la organización de un sistema articulado de sitios, destinados a la producción metalúrgica, a través de los “desechos” derivados de cada etapa, dentro de las cuales la manufactura de metales es el final de un largo proceso productivo.

Figura 5. Etapas de trabajo y referentes arqueológicos.

1. Minería

2. Tratamiento de superficie

3. Fundición

Fundición

de los

minerales

4. Manufactura

Manufactura

de los

metales

minerales 4. Manufactura Manufactura de los metales 1.1 Labores mineras 1.2 Herramientas 1.3 Minerales

1.1 Labores mineras

1.2 Herramientas

1.3 Minerales metálicos

2.1 Equipos de molienda

2.2 Morteros

2.3 Instalaciones de concentración

3.1 Instalaciones

3.2 Combustibles

3.3 Fundentes

3.4 Elementos de trabajo

3.5 Escorias

3.6 Estructuras y ecofactos mayores

3.7 Materiales rituales

4.1 Materiales accesorios

4.2 Moldes

4.3 Recubrimientos

4.4 Metales

4.5 Herramientas

4.2 Moldes 4.3 Recubrimientos 4.4 Metales 4.5 Herramientas 3.1.1 Hornos 3.1.2 Fogones 3.2.1 Leña 3.2.2 Carbón

3.1.1 Hornos

3.1.2 Fogones

3.2.1 Leña

3.2.2 Carbón

Extracción y

preparación de

los minerales

3.4.1 Crisoles

3.4.2 Refractarios intermediarios

3.4.3 Herramientas de sujeción

3.4.4 Sopladores

3.4.5 Toberas

3.5.1 Escorias de fundición

3.5.2 Escorias de crisol

3.5.3 Escorias de combustión

3.6.1 Depósitos de termoalteración 3.6.2 Adobes y arcillas

3.6.3 Rocas

4.2.1 Abiertos

4.2.2 Desmontables

4.2.3 Cera perdida

4.4.1 Restos

4.4.2 Objetos

4.4.1.1Chatarra

4.4.1.2 Incrustaciones

4.4.1.3 Terminados

4.4.1.4 Preformas

4.5.1 Martillado y laminado

4.5.2 Repujado, grabado, corte

4.5.3 Pulido y acabado

Estilo tecnológico.

En el proceso de producción de un artefacto, se presentan distintas etapas ordenadas en una secuencia operativa, que requieren decidir por ciertas opciones o alternativas tecnológicas, las cuales responden al contexto social en donde el artefacto es elaborado. El conjunto de estas opciones o decisiones culturales tomadas en el curso de la cadena operativa de un objeto, es lo que determina las características formales del producto final y es lo que se denomina “estilo tecnológico” (David y Kramer 2001).

En metalurgia este es un tema esencial, ya que dentro de la gran variabilidad de técnicas y recursos posibles de utilizar, dentro del repertorio o las alternativas que cada grupo cultural tuvo a su disposición para ejecutar las labores metalúrgicas, se seleccionaron sólo algunas, distintas entre las sociedades, por lo cual el empleo de una tecnología específica de trabajo siempre fue determinada por cuestiones socioculturales, en primera instancia, no obstante las condicionantes ambientales también pudieron influenciar las decisiones vinculadas a la producción de metales, tales como la existencia de material de combustión destinado a la fundición (González 1995).

Es conocido que las piezas metálicas estuvieron insertas en un sistema de valores y de comunicación andino, en el cual la tecnología de producción estuvo al servicio de las categorías socioculturales de los productores y consumidores de estos bienes (Lechtman 1991). Por lo tanto, acceder hacia una comprensión de este sistema tecnológico o productivo es determinante a la hora de insertarse en la comprensión de esta materialidad.

Las piezas metálicas terminadas esconden intrínsecamente estos procesos de producción, los cuales no son posibles de rastrear certeramente a través de la descripción morfológica o decorativa, ni siquiera infiriendo las condiciones de manufactura de la pieza. Acceder al proceso productivo sólo es posible rastreando los subproductos de las distintas etapas que configuran el sistema de producción metalúrgico, los cuales son evidencias elocuentes de las distintas tradiciones metalúrgicas andinas y constituyen lo que H. Lechtman (1981), P. Lemonnier (1992) y otros han denominado el “estilo tecnológico”.

En este sentido, “el estudio de las actividades técnicas va mucho más allá del mero conocimiento de las materias primas, las herramientas, las elaboraciones y los resultados de las actividades tecnológicas humanas. Trata de comprender de qué manera tales actividades son conceptuadas y valoradas por quienes las practican; qué conceptos generales del mundo, de sus elementos y su comportamiento han sido elaborados a partir de las experiencias tecnológicas; cómo los conceptos desarrollados en otras esferas de la cultura han influido la formación de conceptos tecnológicos, etc.(…)debemos prestar atención a la cultura y a la estructura social de las tecnologías y a las relaciones entre las culturas tecnológicas y otras esferas (Lechtman op. cit.:15).

Este conjunto de decisiones tecnológicas involucradas en cada etapa de la secuencia operativa responde a los modos de hacer compartidos y a las concepciones sociales que los productores tienen de los elementos involucrados en la producción de un objeto, las cuales van más allá de la determinación funcional, ya que dentro del repertorio de soluciones alternativas posibles de escoger para que un objeto cumpliera su “función” se escogía aquella adecuada al contexto sociocultural de los productores.

Materiales y Método.

El presente estudio se ceñirá al registro, análisis y estudio de los materiales posibles de adscribir a las distintas etapas de producción metalúrgica, tales como crisoles e intermediarios, escorias, moldes y piezas terminadas utilizadas como herramientas en la minería o metalurgia, pertenecientes al Museo Regional de Atacama. Dentro de este estudio, se considerarán sólo las piezas que están adscritas al período Tardío, en el valle de Copiapó.

I.- Definición general de los subproductos derivados de la cadena operativa del sistema de producción metalúrgico.

A partir del esquema propuesto por González (2004) expuesto en la figura 3, se intentará hacer un

seguimiento de los subproductos derivados de la cadena operativa del sistema productivo metalúrgico.

Para cada tipo de desecho existe una definición general, la cual será expuesta a continuación, siguiendo

al mismo autor (González op. cit.):

Etapa 1: Extracción y preparación de los minerales:

Morteros.

La molienda del mineral pudo realizarse con mecanismos sencillos tales como una superficie plana y un martillo de piedra, es decir, un mortero. No obstante, la presencia de morteros con rastros de haber sido utilizado en la molienda del mineral no es un indicador taxativo de actividad metalúrgica, ya que el uso de los minerales como pinturas faciales y pigmentos es muy conocido.

Etapa 2: fundición de los minerales.

Crisoles.

Los crisoles eran recipientes destinados a contener (González 2004): a) una carga de mineral, fundente y agente desoxidante que, sometida a la adecuada temperatura, permite obtener un metal fundido; b) un metal obtenido por reducción de una mena, para refundirlo y refinarlo, eliminando por oxidación y escorificación componentes indeseables o c) una mezcla de metales previamente obtenidos, o un metal y

la mena de otro, para formar una aleación. Los crisoles, por lo tanto, debieron ser dispuestos en

estructuras de combustión destinadas a alcanzar las altas temperaturas necesarias para fundir los elementos contendidos en el crisol, y por consiguiente, la superficie exterior del recipiente debería mostrar las huellas de exposición al calor, así como en el interior, además de restos solidificados de metal, escorificaciones y erosión de la pasta.

Con relación a la elaboración de los crisoles, éstos sólo se diferencian de la alfarería arqueológica tradicional con los análisis de pasta. Los crisoles deben poseer propiedades refractarias para soportar las altas temperaturas a las que está sometido, agregándole más silicio a la arcilla, restos de crisoles molidos y material orgánico. Se fabrican de los mismos elementos base de la alfarería: arcillas y antiplásticos. Sin embargo, como dice González (2004), las exigencias funcionales a las que está sometido requieren que tales cantidades se dosifiquen de manera muy distinta a la de la alfarería común y que se introduzcan modificaciones físicas a las piezas, por ejemplo, el grosor de las paredes.

Con el nombre de “intermediarios”, González (2004) define un tipo especial de refractarios que comparten algunas características con los crisoles, tales como su intensa exposición al calor. Sin embargo, presentan una característica que los hace únicos dentro de la tradición metalúrgica surandina:

presentan en el fondo o base una perforación. El parecido con los crisoles dificulta su diferenciación, sin embargo, presentan diferencias en las huellas de termoalteración entre la superficie interior y la exterior, por no haber sido expuestos al calor directo por fuera, sólo como contenedor del metal ardiendo, para su posterior vaciado en moldes, a través del orificio del fondo. Presentan además una sustancia blanquecina en la superficie interior, lo cual habría servido para impedir que el metal se adhiriera a las paredes. La sustancia blanquecina ha sido analizada demostrando ser varios compuestos de calcio (huesos fosilizados por ejemplo). Sólo en un caso, el “intermediario” ha sido encontrado junto a su “vástago” (Carrizalillo Grande, Copiapó, Norte de Chile), el cual habría servido como tapón del recipiente, recogiendo el metal en estado líquido y luego transportado hacia los moldes (Niemeyer 1981).

Escorias.

Las escorias son un importante indicador de actividades metalúrgicas, además de que en el análisis de laboratorio éstas revelan importante información sobre los procesos de fundición. Su definición técnica consiste en “complejos silicatos fundidos o mezcla de silicatos, de producción intencional para separar las impurezas que acompañan al metal pretendido, durante la reducción, o sea en la operación de fundición(…)” (González 2004:118).

Sopladores y toberas.

La fundición puede ser ejecutada en crisoles, dispuestos sobre fogones, en donde la combustión depende en gran medida de la cantidad de oxígeno que ingrese. La entrada de aire debía ser forzada a través de sopladores, con los cuales los operarios soplan sobre el sector del fuego, intentando elevar su potencia calórica.

El uso de sopladores ha sido registrado por numerosos autores, sin embargo su hallazgo en los contextos arqueológicos es casi nulo, debido a que estaban elaborados con materiales perecederos como cañas (González 2004).

Las toberas, por otro lado, eran piezas hechas en cerámica que se acoplaban al soplador en el extremo que tenía contacto con el fuego.

Etapa 3: Manufactura de los metales.

Moldes.

Se definen como “los recipientes refractarios destinados a alojar el metal fundido para ajustar su consolidación a determinadas condiciones formales” (González 2004:127). La mayoría de los moldes que han sido encontrados fueron elaborados en arcilla, pero también existen casos en que fueron fabricados en piedra.

Las pastas de los moldes de arcilla debían soportar las altas temperaturas del vaciado del metal, por lo tanto, y como se mencionó previamente, se dosificaban, de manera particular, los componentes antiplásticos y la arcilla.

Las clasificaciones de moldes permiten agruparlos en abiertos o univalvos y cerrados o desmontables. Un molde abierto implicó que sólo una de sus caras es la activa, la correspondiente al fondo de la cavidad. Los moldes desmontables, se componían de varias piezas que se armaban para envolver la cavidad que sería llenada con el metal. La fabricación de estos moldes implicaba (González 2004): 1) la previsión de encastres para que las piezas se ajusten y no se deslicen; 2) disponer de una boca de colada para depositar el metal fundido y 3) disponer de canales de ventilación para evacuar el aire entrampado en el interior del molde y los gases que se desprenden a media que ingresa el metal líquido.

II.- Criterios utilizados para la identificación de subproductos de la cadena operativa metalúrgica.

Etapa 1: Extracción y preparación de los minerales.

Herramientas.

- Elaboradas a partir de líticos y/o metal.

- Se sigue en los estudios la tipología de herramientas aportada por J. Bird que acompañaba al “Hombre de cobre”. Destacan los martillos, cornamentas, cinceles y cuñas.

Metates y Morteros 1 .

- Superficie anversa cóncava o aplanada con evidencia de pulido y/o trituramiento. En los morteros esta superficie por lo general es más profunda.

- Base convexa o semiconvexa.

- Presencia de un contorno identificable que demarca el anverso. En los morteros la forma del contorno tiende a ser más circular.

- Materia prima lítica.

- Evidencias de trituramiento de minerales

- La definición de morteros como parte de la cadena operativa de producción metalúrgica requiere de análisis intrínsecos, ya que pueden haber sido utilizados para la molienda de pigmentos, a partir de minerales u otras actividades. Según Angiorama (2005), la definición de estos artefactos, como correspondiendo a las etapas de la producción metalúrgica, sólo puede establecerse a partir del contexto en el cual se hallen.

Etapa 2: Fundición de los minerales.

Crisoles.

- Recipientes elaborados con arcilla

- Morfológicamente corresponden a escudillas o pucos, de forma simétrica, no restringida y de perfil simple.

- El tratamiento de superficie es alisado.

- El espesor del labio, borde, paredes y la base es bastante ancho.

- Debe presentar huellas de exposición al calor directo por exterior e interior.

- Debe presentar sectores vitrificados, esponjosos y erosionados (exposición a altas temperaturas), tanto al interior, como al exterior.

- Debe presentar adherencias de cobre en superficie interior.

- Debe presentar una capa de recubrimiento blanquecino en la superficie interior, y eventualmente adherencias metálicas en recubrimiento blanquecino.

- La pasta se caracteriza por poseer propiedades refractarias, agregándosele más silicio a la arcilla, restos de crisoles molidos y material orgánico (González 2004). Los crisoles observados presentaron inclusiones de gran tamaño y otros medianos, con áridos de formas angulosas, de color blanco y translúcido, con densidad alta y distribución homogénea. Posee una porosidad alta y la pasta presentó carbón. Además la superficie tenía deterioros producto de la termoalteración.

Intermediarios o cucharas.

- Presentan básicamente las mismas características que los crisoles, tanto morfológicamente, como en el espesor de labio, borde, paredes y base y en pastas.

- Se diferencian de los crisoles por poseer en la base una perforación.

- Las huellas de exposición al calor deben presentarse por el interior.

- Debe presentar una gruesa capa blanquecina por el interior.

- Por lo general, se acompañan del vástago que funcionalmente actuaba como tapón del metal en estado líquido, para ser vaciado posteriormente a los moldes.

- Intermediarios no ingresan al horno, sino que reciben el metal fundido en él.

Escorias.

- Se definen como “complejos silicatos fundidos o mezclas de silicatos, generalmente producidos de manera intencional para separar las impurezas del metal pretendido durante la fundición de la

1 Criterios definidos para artefactos utilizados en molienda por María Jesús Toro, en su práctica profesional.

mena o la refundición de metales para su refinación” (González 2000). González (op. cit,) diferencia tres tipos de escorias:

Escorias de fundición: se forman durante la reducción de las menas metálicas.

Escorias de crisol: se originan como resultado de la refundición del metal en un crisol. Presenta ciertas características distintas a la escoria de fundición en lo que respecta a su forma física y composición.

Escoria de combustión: consiste en nódulos de sedimento vitrificado formado por las cenizas del combustible leñoso, cuyo álcalis a altas temperaturas, actúa como fundente haciendo vitrificar el calcio y el sílice del sedimento. Éstas no constituyen necesariamente escorias metalúrgicas, sino que pueden ser el resultado del uso continuado de fogones domésticos, incendios, etc.

- Necesidad de análisis intrínsecos, con el fin de determinar de qué tipo de escoria se trata y de qué elementos químicos está conformada.

Toberas.

- Materia prima: arcilla u óseo.

- Las formas descritas asemejan un tubo que se adosaba a los sopladores que eran de material perecible, como caña u otro.

- Extremos cortados y biselados.

Etapa 3: Manufactura

Moldes.

- Se clasifican en abiertos o desmontables y compuestos (2 piezas). Éstos últimos presentan dos valvas idénticas en morfología externa y dimensiones. La tapa y la cavidad deben presentar recubrimiento blanquecino.

- Elaborados a partir de arcilla.

- Tratamiento de superficie alisado.

- Las pastas se caracterizan por poseer un gran porcentaje de antiplásticos muy similares a los hallados en crisoles e intermediarios (Propiedades refractarias). La pasta de los moldes observados presentó inclusiones grandes y pequeñas, de formas redondeadas e irregulares y colores blanco y negro opacos. Además se encontraron orificios que señalaban la presencia de material orgánico carbonizado. La densidad de los antiplásticos era baja y en un caso alta, y su distribución homogénea. La porosidad de la arcilla era alta, había una gran cantidad de carbón que actuó posiblemente como aislante del calor, además se presentaron burbujas de aire en los bordes de un molde.

- Sectores parcialmente vitrificados y estructura esponjosa, sobre todo en los bordes y en la cavidad destinada a alojar el metal fundido. Esta característica es muy frecuente en los materiales refractarios sometidos a altas temperaturas.

- Adherencias de gotas de cobre.

- Capa de recubrimiento blanquecino en cavidad destinada a alojar el metal.

Restos metálicos generados durante el proceso de producción de objetos (González 2000, en Angiorama 2004):

Adherencias.

Son incrustaciones metálicas que se observan en algunos refractarios, producto del anclaje del metal en los moldes y crisoles (Angiorama 2004).

Gotas de fundición.

Consisten en pequeñas porciones de metal que cayeron al suelo aún en estado viscoso, probablemente durante eventos de fundición y colada (Angiorama op. cit.). Las observadas en laboratorio presentaron pesos que fluctuaron desde 2,5 gramos hasta 15 gramos. Angiorama (2004) expone que todas las halladas en Los Amarillos (NOA) pesaron menos de 0,5 gramos.

La superficie de las gotas, observadas con lupa binocular, presentó arcilla vitrificada o arcillas con inclusiones grandes (pastas semejantes a moldes o crisoles), otras con recubrimiento blanquecino, similar a crisoles y moldes. Angiorama (2004) analizó todas las halladas en Los Amarillos con microscopio electrónico de barrido, identificando pequeños granos de sedimentos adheridos al metal durante su solidificación.

Tejuelas.

Consisten en porciones de metal solidificadas sin una forma definida. Probablemente se originaron por el enfriamiento del metal fundido en algún recipiente demasiado grande como para que el metal adoptase su forma, o directamente sobre una superficie más o menos plana. Sobre su funcionalidad, es posible que se tratasen de reservorios de metal para luego ser refundidos y vertidos en los moldes apropiados, para elaborar aleaciones mezclándolos con otros metales, o para ser luego formatizados directamente por martillado (Angiorama op. cit.).

La clasificación “barrita de cobre” utilizada en este estudio, posiblemente corresponden a tejuelas.

Chatarra.

Corresponden a fragmentos metálicos que pudieron haber formado parte de objetos cuyas características es difícil de precisar, o simplemente representan restos de fundición o manufactura de piezas metálicas como rebabas y recortes (Angiorama op. cit.).

III.- Definición de la muestra de estudio.

El Universo de estudio correspondió a 46 piezas, abarcando desechos de producción metalúrgica y piezas manufacturadas. A continuación se detallarán el tipo de elemento y el sitio de procedencia:

Sitio

N° Inventario

Ubicación

Clasificación común

1

Iglesia Colorada

334 C1

Barrita

2

Iglesia Colorada

Caja sin numeración

Barrita

3

Iglesia Colorada

418 F7

Barrita

4

Iglesia Colorada

418 F7

Barrita

5

Iglesia Colorada

334 C1

Gota

6

Iglesia Colorada

285 C8

Gota

7 Iglesia Colorada

418 F7

Gota

8 Iglesia Colorada

397 L1

Gota

9 Iglesia Colorada

418 F7

Resto metaliforme

10 Iglesia Colorada

418 F7

Resto metaliforme

11 Iglesia Colorada

418 F7

Resto metaliforme

12 Iglesia Colorada

03.8a

Caja de encomienda

Aro

13 Iglesia Colorada

03.8b

Caja de encomienda

Aro

14 Iglesia Colorada

300 D1

Aguja

15 Iglesia Colorada

01.2

Caja de encomienda

Clavo

16 Iglesia Colorada

01.3

Caja de encomienda

Clavo

17 Iglesia Colorada

01.4

Caja de encomienda

Clavo

18 Iglesia Colorada

01.5

Caja de encomienda

Clavo

19 Iglesia Colorada

285 C8

Fragmento indeterminado

20 Iglesia Colorada

418 F7

Fragmento indeterminado

21 Iglesia Colorada

334 C1

Fragmento de campanilla

22 Iglesia Colorada

285 C8

Fragmento de pinza

23 Carrizalillo Grande

76-706

422 E8

Hacha

24 Iglesia Colorada

Caja sin inventario

Tortero

25 Iglesia Colorada

225b F4

Crisol

26 Carrizalillo Grande

0113386 1-1

Caja encomienda

Intermediario

27 Viña del Cerro

363 I5

Fragmento refractario

28 Viña del Cerro

363 I5

Fragmento refractario

29 Viña del Cerro

363 I5

Fragmento refractario

30 Viña del Cerro

363 I5

Fragmento refractario

31 Viña del Cerro

363 I5

Fragmento refractario

32 Iglesia Colorada

Caja no inventariada

Vástago de intermediario

33 Carrizalillo Grande

86-1-2/01.134

Caja de encomienda

Vástago de intermediario

34 La Puerta A

267 D8

Molde

35 La Puerta A

267 D8

Molde

36 La Puerta A

267 D8

Molde

37 Viña del Cerro

363 I5

Escoria

38 Viña del Cerro

363 I5

Escoria

39 Viña del Cerro

363 I5

Escoria

40 Viña del Cerro

363 I5

Escoria

41 Viña del Cerro

363 I5

Escoria

42 Iglesia Colorada

300 D1

Escoria

43 Carrizalillo Grande

76-708/86

422 E8

Cincel

44 Iglesia Colorada

Of. Cervellino

Cuña

45 Iglesia Colorada

Of. Cervellino

Cuña

46 La Puerta

Of. Cervellino

Martillo? Lingote?

IV.- Registro del material: Cada pieza metálica o indicador de etapas de producción fue registrada con una ficha individual, diseñada para cada elemento, es decir, dependiendo si éstos sean crisoles, moldes, escoria o elementos manufacturados, entre otros (Ver anexo 1).

Cada ficha contempla los siguientes criterios básicos de registro y descripción:

- Registro de los datos de ubicación actual, procedencia, contexto y adscripción cultural.

- Registro de variables morfométricas.

- Registro de variables técnicas

- Registro de intervenciones de superficie

- Materia prima

- Registro fotográfico y dibujo.

V.- Registro bibliográfico de análisis físico-químicos: Para apoyar los anteriores puntos, se recopilaron los análisis intrínsecos realizados en algunas piezas metálicas del período Tardío en Copiapó por Niemeyer, Cervellino y Castillo, a través de los proyectos Fondecyt Nº 1930001 (1993) y Fondecyt Nº 1000037 (2000).

VI.- Interpretación de manufactura de los objetos metálicos: A partir del análisis de las piezas con lupa binocular, más la revisión bibliográfica se intentó inferir el proceso de manufactura del objeto, desde las técnicas de elaboración, hasta las eventuales técnicas de decoración.

VII.- Evaluación de la presencia/ausencia de productos correspondientes a distintas etapas de la cadena operativa, en base a la revisión de los materiales del sitio Iglesia Colorada posibles de adscribir a la cadena operativa de la producción de metales (como por ejemplo, morteros o metates) y a la comparación con los hallazgos de otros sitios de producción como Viña del Cerro.

VIII.- Análisis cualitativo de la información, describiendo las piezas analizadas, comparando entre aquellas que corresponden a la misma clasificación común y adscribiéndolas a una determinada etapa de

la cadena operativa metalúrgica.

Resultados.

A continuación se describirá la información recabada en el registro por pieza efectuada en el Museo

Regional de Atacama. La información será ordenada de acuerdo al tipo de pieza o clasificación común dadas a éstas y a la determinada etapa a la cual se adscribe dentro del sistema de producción de metales. La descripción contemplará criterios básicos, tales como: contexto de hallazgo del artefacto, forma general, peso, largo y ancho total, espesores, materia prima, estado de conservación, adherencias, análisis químicos y otros, en los casos en que lo amerite.

La primera etapa dentro del sistema de producción de metales corresponde a la extracción y preparación de los metales, en donde fueron mencionados dos tipos de materiales: las herramientas y los metates y morteros. Dentro de las piezas analizadas, algunas correspondientes a “objetos metálicos terminados”, podrían adscribirse dentro de esta etapa como posibles herramientas cuyo uso estuvo involucrado, ya sea en la extracción de los minerales en los yacimientos o bien, en la manufactura de éstos. Estos elementos suelen definirse como cinceles o cuñas, martillos, entre otros, que pueden ser tanto de materia prima lítica, así como metálica.

Las piezas fueron las siguientes:

Etapa 1: Extracción y preparación de los minerales. Herramientas:

Cincel Carizalillo Grande (En Anexo 3 ver Fig.1): Correspondió a un hallazgo superficial y aislado, recolectado por lugareños en el sitio Carrizalillo Grande (Castillo 1998). La materia prima de este artefacto corresponde a metal. Cervellino (1994) publicó algunos análisis efectuados a piezas metálicas del Museo Regional de Atacama por el Instituto de investigaciones científicas y tecnológicas de la UTA, entre los cuales figura un cincel de Carrizalillo Grande. Como es el único documentado para este sitio, suponemos que corresponde al mismo registrado en este trabajo. Su composición química correspondió a: 55,3% de Cu, 5,0% de Fe y 0,032% de Ni.

Su peso es 269,6 gramos. Su largo total es de 156,2 mm., y su ancho máximo es de 35,3 mm. Su espesor máximo es de 7,6 mm. Su forma general es rectangular, terminando en filo de sección rectangular, que presenta huellas de golpes, posiblemente de un martillo de punta redondeada (Observado en lupa binocular). El ancho del filo es de 34,8 mm., y su espesor de 3 mm. La sección del cuerpo es rectangular y presenta un buen estado de conservación, con una de oxidación leve.

Cincel o cuña1 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig.2): Cuando se retoman los estudios de Iglesia Colorada en 1994, comienza a descubrirse un espacio que por su fisonomía fue llamado “Cementerio del Montículo”, con una serie de tumbas asociadas (Castillo 1998). Se halló en este espacio, un pequeño recinto de forma rectangular, semejante a un depósito, en donde fueron halladas un par de cuñas de cobre de sección cuadrangular y un mazo de piedra, es decir, “un set de herramientas de la minería” (Niemeyer et al. 1996:87), ubicadas al extremo oeste del recinto, en una pequeña cavidad. El resto del espacio no contenía nada más (Castillo op. cit.). Por el extremo este, el espacio se une a un muro, haciendo una divisoria entre lo que se mantiene como “recinto de las cuñas” y una habitación llamada “recinto del felino”, por el hallazgo de un pequeño felino, aún no identificado, que apareció en el relleno de esta habitación (Castillo 1998).

El cincel o cuña1 de Iglesia Colorada pesó 131,3 gramos. Su largo total es de 155,9 mm., y su ancho máximo es de 17,6 mm. Su espesor máximo es de 10,7 mm. Su forma general es triangular alargada, terminando en su extremo inferior en una punta, cuyo ancho fue de 4,6 mm. y espesor 2,8 mm. La sección del cuerpo es rectangular y presenta un estado de oxidación avanzado. En sus caras presenta una canaleta que evidencia el posible uso de moldes en su fabricación.

La fundición de los metales presenta variables que indican la presencia del vaciado de metal líquido a moldes, o trabajo metalúrgico. Los principales indicadores son: la dimensionalidad de los objetos, es decir, si éstos son macizos, es un indicador de uso de molde. Otro indicador, es la presencia de relieves que formen un todo con la pieza (Latorre Ms. 2007). Asimismo, en el informe químico efectuado en la cuña2 de Iglesia Colorada (2003), se sugiere su elaboración a partir de moldes de arena y arcilla (Niemeyer et al. 2003).

El cincel o cuña2 de Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 3), pesó 264,5 gramos. Su largo total es de 156,4 mm., y su ancho máximo es de 16,7 mm. Su espesor máximo es de 17,4 mm. Su forma general es rectangular, terminado en su extremo inferior en punta, cuyo ancho es de 8,4 mm. y espesor de 8,7 mm. La sección del cuerpo es cuadrangular y presenta un estado de oxidación avanzado. Se infiere, al igual que con la otra cuña, su manufactura a partir de molde.

Por otro lado, esta cuña presentó perforación para análisis, no así la anterior, por lo cual se infiere que los análisis publicados en el informe final del proyecto Fondecyt N° 1000037 (2003), fueron efectuados a esta pieza.

El análisis químico se efectuó en Metalquim Ltda. usando absorción atómica para los elementos, Si, Ag, Zn, As, Sb, Bi, Te, Sn, Cd, Pb y Mn y la técnica de volumetría para los elementos Cu y Fe. En los laboratorios de la División El Teniente de Coldeco, se utilizó Leco para los elementos O y S (Niemeyer et al. 2003). La composición química de la muestra de cobre de la cuña (de 6 gramos), arrojó el siguiente

resultado: 98,9% de Cu, 0,366% de Fe, 0,44% de S, 0,0165% de O, 0,30% de Si, 0,116% de As, 0,017% de Sb, 0,01% de Bi, 0,0024% de Zn, 0,01% de Cd, 0,19% de Sn, 0,0036% de Pb, 0,014% de Te, 0,002% de Mn y 0,101% de Ag.

Se destaca en el análisis la presencia de hierro, silicio y arsénico, los cuales afectan la dureza del cobre. Las concentraciones en el rango de 1000 a 4000 ppm de estos elementos, son suficientes para afectar la estructura cristalina e incrementar la dureza del cobre de dos a tres veces. Es importante mencionar, que el endurecimiento del cobre en este caso es fundamental e intencional, lo cual puede corroborar la funcionalidad de este artefacto, ya sea para la minería o para la manufactura de objetos metálicos, en donde la pieza en cuestión siempre tiene que ser más resistente y dura que el material sobre el cual se está trabajando (Angiorama 2005).

Es importante destacar aquí, a propósito de los análisis químicos expuestos, que la única escoria encontrada en el sitio Iglesia Colorada poseía Fe. Además, Cervellino (1994) realizó análisis a 4 piezas del Museo Regional de Atacama, provenientes del mismo sitio, en donde todas arrojaron el mismo elemento químico en su composición interna.

Martillo La Puerta (En Anexo 3 ver Fig. 4): Correspondió a un hallazgo superficial en asociación con el camino del Inca y abundante escoria y material lítico. Su peso correspondió a 1200 gramos. Su materia prima es muy dudosa, ya que podría corresponder a algún tipo de metal, posiblemente plomo, pero esto no es categórico, ya que no presenta análisis químicos. Su forma general es subcircular alargada. Su largo es de 91,4 mm. y su ancho es de 12,3 mm. Su espesor máximo correspondió a 61,6 mm.

En su superficie presenta sectores de “derretimientos” y de gránulos, sobre todo en los bordes, que evidencian posibles trituramientos. Finalmente, presenta un buen estado de conservación, sin oxidación.

Elementos de molienda vinculados a la preparación de los minerales:

Uno de los objetivos específicos de este trabajo estuvo centrado en la revisión completa de la colección del sitio Iglesia Colorada, con el fin de evaluar qué elementos de la cadena operativa del sistema productivo metalúrgico han sido recuperados en las excavaciones arqueológicas y cuáles podrían eventualmente adscribirse a ésta, mediante el análisis en laboratorio.

Uno de los materiales que debían revisarse y analizarse dentro de la colección correspondía a los metates y morteros. Las publicaciones revisadas sobre el sitio Iglesia Colorada señalaban el hallazgo de múltiples molinos y manos en el sitio, específicamente en el sector Potrero El Damasco. Éstos aparecían quebrados y en avanzado estado de agotamiento. Son descritos como piezas de granodiorita, con una cavidad elipsoidal, asociados a manos del mismo material, grandes y rectangulares, con el extremo activo convexo, o de formas circulares más pequeñas. Importante es destacar que en muchos casos presentaban adherencias de pigmento rojo y amarillo (Castillo 1998).

De las 60 cajas pertenecientes a la colección Iglesia Colorada, se seleccionaron 26 por la descripción de los materiales que contenían en el inventario del Museo Regional de Atacama. Primaron los criterios:

cerámica, líticos y óseos, principalmente estos dos últimos, ya que se debía buscar aquellos elementos tales como sopladores y toberas, los cuales han sido descritos como manufacturados a partir de caña u óseo y cerámica u óseo, respectivamente (González 2004). Asimismo, se debían analizar los artefactos de molienda encontrados con lupa binocular, con el fin de encontrar evidencias que eventualmente pudieran adscribirlos a la cadena operativa de la producción de metales.

De estas 26 cajas seleccionadas y revisadas se tomaron algunos materiales para ser analizados en laboratorio, básicamente manos de moler que eran encontradas, ya que no se hallaron en las cajas morteros ni metates, presumiblemente por el peso que poseen. Fueron vistos algunos metates dispersos en el depósito, pero no fueron revisados.

A continuación se detallan las piezas revisadas:

- N° caja depósito 377 C1: Mano de moler

- N° caja depósito 212 C2: Mano de moler

- N° caja depósito 360 C4: Desechos líticos

- N° caja depósito 22 D1: Manos de moler

- N° caja depósito 92 D1: Líticos

De todas las piezas analizadas, no hubo ninguna que pudiera adscribirse con seguridad a la producción de metales. Fue recurrente en las piezas, su asociación a los muros del sitio Iglesia Colorada y las adherencias de pigmento rojo, pero no de mineral, tal como pudiera ser el óxido de cobre u otro tipo. Si bien en el sitio pudieron llevarse a cabo actividades relacionadas a algunas de las etapas de la producción de metales, no necesariamente tiene que estar representada la primera de estas etapas, es decir, la preparación de los minerales en estructuras dispuestas para tal fin, ya sean: plataformas de molienda, morteros o metates. Este punto se discutirá más adelante, por ahora podemos adelantar que las escasas piezas revisadas se asocian más a la arquitectura del lugar que a otras actividades (Por su frecuente asociación a los muros del sitio).

Etapa 2: Fundición de los minerales.

Dentro de esta etapa de la cadena operativa metalúrgica podemos ubicar los siguientes elementos analizados: crisoles, intermediarios, vástagos de intermediarios, escorias y restos de fundición o gotas de cobre. Dentro de esta etapa se adscriben también los sopladores y toberas, las cuales si bien fueron constatadas bibliográficamente para el sitio Iglesia Colorada (Niemeyer et al. 2003), no pudieron ser encontradas durante la revisión de las cajas pertenecientes a la colección Iglesia Colorada.

Las piezas analizadas fueron las siguientes:

Crisol Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 5): Corresponde a un crisol fragmentado a la mitad, de

forma simétrica no restringida y contorno simple. La forma de la sección del cuerpo es ovoide invertido. El tipo de labio es recto y su espesor correspondió a 10,3 mm. Su borde también es recto y tuvo un espesor de 10,4 mm. El espesor del cuerpo fue de 14,4 mm. El alto total del crisol correspondió a 83 mm. y su diámetro máximo de 85 mm. No se pudo determinar el tipo de base, ya que no se encuentra completo, pero al encontrarse parte de ella se tomó el espesor que correspondió a 20,3 mm. La materia prima con

la cual fue manufacturado es cerámica. El peso del fragmento de crisol correspondió a 134,9 gramos.

Con relación a la pasta, se lavó parte del contorno del crisol y se observó con lupa binocular. El aspecto general de la pasta era muy fino, con una densidad alta de antiplásticos y una distribución homogénea. El tamaño de las inclusiones era mediano y de formas redondeadas. Sus colores eran blanco translúcido, negras, blancas opacas, cafés y amarillas translúcidas. La porosidad de la matriz baja y su color plomo.

La superficie exterior presentó trozos de cobre adheridos, óxido de cobre, palitos y metal color rojo, pero sólo en el borde. El tratamiento de superficie de las paredes del recipiente es alisado, tanto por el exterior como por el interior. La superficie interior presentó una gran cantidad de metal adherido, color verde y rojo, junto con fibras y palitos más finos. Importante es destacar la presencia de una sustancia de color blanquecino en una “saltadura” que tenía el crisol, lo cual evidenciaría un evento de contención de metal en estado líquido, ya que es mencionado en la literatura que esta sustancia blanquecina, o eventualmente “carbonato de calcio”, es aplicado repetidas veces en la superficie interior de los crisoles, con el fin de que el metal en estado líquido no se aloje o adhiera en las paredes del recipiente y mantener la durabilidad de la pieza. En algunos crisoles del NOA, ha sido observado la presencia de distintas capas de esta sustancia blanquecina en la superficie interna del los recipientes, lo cual sugiere que esta sustancia era aplicada en distintos eventos de colada del metal (Angiorama 2004).

Finalmente, podemos mencionar que las huellas de uso se concentraban hacia el borde exterior e interior y correspondieron principalmente a huellas de termoalteración producto de la exposición del crisol a las altas temperaturas del metal fundido, o bien, a la exposición directa del crisol sobre el fuego para fundir metal, función específica atribuida a los crisoles. Sin embargo, a partir de las huellas de uso, no podemos corroborar esta funcionalidad, sólo asegurar que el crisol contuvo metal en estado viscoso o líquido.

Intermediario Carrizalillo Grande (En Anexo 3 ver Fig. 6): Esta pieza fue hallada en superficie y de forma aislada por los lugareños del sitio Carrizalillo Grande, en el cual se han encontrado otros materiales tales como un hacha, un par de cinceles y un plato inca negro bruñido, todos hallazgos aislados. El sitio no posee antecedentes de construcciones (Castillo 1998).

La pieza corresponde a un intermediario en estado completo, de forma simétrica no restringida y contorno simple. La forma de la sección del cuerpo es ovoide invertido. El tipo de labio es recto y su espesor máximo correspondió a 20,3 mm. Su borde también es recto y tuvo un espesor máximo de 21,4 mm. No se pudo tomar con pie de metro el espesor del cuerpo, por estar completo. El alto total del crisol fue de 101 mm. y su diámetro máximo de 120,3 mm. El tipo de base es plana y su diámetro correspondió a 52 mm. La materia prima con la cual fue confeccionado el intermediario es cerámica y el peso total de la pieza completa fue de 1200 gramos.

El aspecto general de la pasta era semicompacta, con una densidad alta de antiplásticos y una distribución homogénea. Se observaron inclusiones grandes y medianas, de formas angulosas y de color blanco translúcido, principalmente. La mayoría correspondía a grandes cuarzos de formas angulosas. La porosidad de la matriz era alta y su color café claro.

El tratamiento de la superficie tanto exterior como interior fue alisado. La superficie exterior presentó escasa sustancia o pasta blanquecina adherida, no así la superficie interior que presentó una gran cantidad. Con relación a las huellas de uso, podemos observar que dos tercios de la superficie exterior se encuentran oscurecidas como evidenciando exposición al calor directo. Sin embargo, esto no calza con la función atribuida a los intermediarios, los cuales actúan como “cuchara” o “tapón” para traspasar el metal en estado viscoso a otro tipo de estructura, como un molde por ejemplo (González 2004). La superficie interior presentó pequeñas erosiones por calor y termofracturas en el orificio de la base y parte del cuerpo.

En la publicación de Niemeyer (1979/81) son analizadas tanto la pasta del intermediario de Carrizalillo Grande, así como el recubrimiento de sustancia blanquecina, además de algunos fragmentos de crisoles hallados en Viña del Cerro. Lo primero que se concluye en los análisis, es que la composición de la pasta de los crisoles y el intermediario es distinta a la de la cerámica corriente, ya que más del 50% corresponde a antiplásticos, siendo específicamente cuarzos, feldespatos y mica. En el intermediario de Carrizalillo Grande se observó que la proporción de antiplástico era de un 60-70%, siendo el elemento constitutivo más abundante la mica-biotita, lo cual le conferiría a la pasta su característica refractaria, dejando claro el carácter intencional de la preparación. La sustancia blanquecina correspondió a un compuesto de calcio.

Conjunto de fragmentos de elementos refractarios de Viña del Cerro (En Anexo 3 ver Fig. 7): Están compuestos por cerámica y arcilla vitrificada y en promedio, los cinco fragmentos pesan 12,68 gramos. El aspecto general de la pasta es de una vitrificación completa de la arcilla y restos de cobre adherido. La densidad de los antiplásticos es alta y su distribución homogénea. Las inclusiones eran de tamaños pequeños, medianos y grandes, dependiendo del fragmento. Las partículas eran de formas angulosas y redondeadas y su color blanco translúcido, plomas, rojizas y negras. La porosidad de la matriz, en cuatro de cinco fragmentos, fue alta y su color café rojizo.

Como corresponden a fragmentos es difícil determinar a qué tipo de pieza podrían adscribirse, ya que podrían pertenecer tanto a partes de moldes, así como de intermediarios, crisoles o vástagos. Sin embargo, a partir del análisis con lupa binocular podemos encontrar una gran semejanza entre las pastas

del intermediario de Carrizalillo Grande y las de este pequeño conjunto de elementos refractarios analizados de Viña del Cerro. Esto es aseverado por Niemeyer (1979/81), quien menciona en los análisis hechos tanto a fragmentos de crisoles de Viña del Cerro, como al intermediario de Carrizalillo Grande, una gran semejanza en la composición de las pastas de estos elementos, lo cual permite correlacionar estos artefactos y adscribirlos con seguridad al sistema de producción metalúrgica.

Vástago intermediario Carrizalillo Grande (En Anexo 3 ver Fig. 8): Corresponde a la “barra de

regulación” que complementa el intermediario de Carrizalillo Grande, es decir, el tapón que cubre el orificio de la base del recipiente para regular el metal en estado líquido que será vertido en moldes u otras estructuras (Niemeyer 1979/81). Comenzando por su extremo superior o cabeza, observamos que ésta es de sección rectangular, con un ancho de 18,8 mm., un alto de 14,7 mm. y un largo de 40,8 mm. La sección del cuerpo es rectangular, con un espesor máximo de 20,6 mm. y una longitud total de 87,8

mm. El peso total de la pieza correspondió a 104,3 gramos.

La materia prima con el cual fue confeccionado corresponde a cerámica, al igual que el intermediario que lo acompañaba. Con relación a la pasta, su aspecto general era muy compacto y granuloso, con una densidad de antiplásticos alta y una distribución homogénea. Las inclusiones fueron de tamaños grandes

y medianos, de formas angulosas y de colores blancos opacos y translúcidos. La porosidad de la matriz fue alta y su color plomizo.

El tratamiento de la superficie anterior y posterior fue alisado. Ambas superficies presentaron una gran termoalteración, con varias “saltaduras” y con un recubrimiento de sustancia blanquecina que ya hemos mencionado antes. Presentaron adherencias de mineral de cobre y gotas.

Las huellas de uso identificadas consistieron básicamente en una distribución homogénea de sustancia blanquecina por toda la superficie del vástago, al igual que las huellas de termoalteración.

Vástago Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 9): A partir de su definición funcional, mencionada más arriba, podemos establecer que corresponde al complemento de un intermediario, no de un crisol como es mencionado en la literatura (En Castillo 1998). Fue hallado en el sector Potrero el Damasco del sitio Iglesia Colorada en las excavaciones practicadas en Noviembre de 1993. Corresponde a la mitad de un vástago. Partiendo por la descripción de su extremo superior, observamos que su cabeza es de sección elíptica, con un ancho máximo de 17,6 mm., un alto máximo de 13,6 mm y un largo de 42 mm. La sección del cuerpo es rectangular, con un espesor máximo de 16,4 mm. y una longitud total de 57,6 mm. El peso total del fragmento de vástago fue de 33,7 gramos.

La materia prima de la pieza es cerámica. La pasta presentó un aspecto general muy compacto, con una

densidad alta de antiplásticos y una distribución homogénea. Las inclusiones fueron de tamaños grandes

y medianos, de formas angulosas y de colores plomos y blancos opacos. La porosidad de la matriz fue baja y su color plomizo.

El tratamiento de la superficie anterior y posterior fue alisado. En ambas superficies se observó una capa fundida de cobre oxidado con fierro, posiblemente (Color café rojizo opaco) y algunas adherencias de áridos grandes y blancos.

Con relación a las huellas de uso, debemos destacar la presencia de esta capa fundida que recubre la superficie del vástago, la cual posiblemente corresponde a restos de material durante su uso. La capa interna que está debajo de la fundida es muy porosa.

Escoria Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 10): Corresponde a la única escoria hallada en el sitio Iglesia Colorada. Las referencias contextuales correspondieron al sector A, unidad I, foso 10. Morfológicamente es irregular, con un ancho de 44,5 mm., un largo de 51,2 mm. y un espesor de 34,02

La superficie se observó muy irregular, de distintos colores: café rojizo, plomo y negro vidrioso. Además, presento adherencias de antiplásticos redondeados, grandes y opacos; otros angulosos, de colores blanco, amarillo, negro y café.

Se hizo prueba con imán sobre la superficie de la escoria por sospecha de fierro en su composición. Efectivamente, la prueba resultó positiva, confirmándose la presencia de este metal en la escoria. La explotación del fierro en tiempos prehispánicos no era un antecedente que se manejara para la zona. Los análisis químicos publicados por Cervellino (1994), efectuados a distintas piezas metálicas del Museo Regional de Atacama, incluyéndose 4 piezas del sitio Iglesia Colorada (Hacha, campanita, trozo de metal y aro) incluyeron en su composición química el fierro como elemento secundario más importante, luego del metal de base que era el cobre. Resultaría interesante verificar si el fierro era un elemento intrusivo dentro de las menas explotadas o si su incorporación al metal de base fue intencional por parte de los artesanos metalúrgicos. Sin embargo, dados los bajos porcentajes de este metal presente en las piezas, infiero que correspondió más bien a un elemento constitutivo de las menas explotadas.

La escoria de Iglesia Colorada, el vástago de intermediario y las piezas terminadas analizadas químicamente, poseían Fe en su composición. Estos antecedentes permiten confirmar que en este sitio se realizaron actividades metalúrgicas prehispánicas, estando representada la etapa 2 de la cadena operativa metalúrgica (Fundición de los minerales). Niemeyer y otros (1994) postulan la importancia de Iglesia Colorada como centro de gobernación incaica de la cuenca alta del río Copiapó, en donde los elementos del “complejo de la metalurgia del cobre” y el resto de los materiales arqueológicos recuperados, definen su singularidad entre otros sitios del período Tardío.

Conjunto de escorias del sitio Viña del Cerro (En Anexo 3 ver Fig. 11): Se analizaron 5 escorias extraídas de una de las cajas del sitio Viña del Cerro, en las excavaciones efectuadas en Febrero de 1979. Morfológicamente son irregulares, con un largo promedio de 40,14 mm., un ancho promedio de 27,28 mm. y un espesor promedio de 8,6 mm. El peso promedio de las 5 escorias correspondió a 9,64 gramos (Ver anexo 2 para medidas individuales de las escorias).

En la superficie se observan zonas de arcilla vitrificada y en los espacios en donde no se ve esto, destacan áridos semejantes a las pastas vistas con anterioridad en los fragmentos de elementos refractarios de Viña del Cerro.

Niemeyer (1986) publicó un análisis químico efectuado a una escoria extraída de Viña del Cerro, específicamente de la Unidad C u hornos o huayras. Estos análisis fueron efectuados en 1970 por la ENAMI, en su laboratorio químico de Santiago. La composición de las escorias analizadas fue la siguiente: 2,35% de Cu, 15 gramos por tonelada de Ag, 300 ppm de Sn y 80 ppm de P.

Estas características las diferencian de la escoria analizada de Iglesia Colorada, tanto la composición externa como la interna son bastante distintas. Químicamente no figura el Fe como elemento constitutivo, por lo tanto, no pueden ser asociadas al mismo proceso productivo, y en este sentido, la tecnología metalúrgica de Viña del Cerro y la de Iglesia Colorada no estarían asociadas.

Desechos de fundición (Gotas).

Los desechos de fundición o gotas son excelentes evidencias de actividades metalúrgicas llevadas a cabo en un lugar. Es esperable encontrarlas en los ámbitos en que la manipulación de metal fundido tuvo lugar (Angiorama 2004). Sin embargo, Angiorama (2005) refuta posteriormente este postulado, argumentando que esta afirmación sólo puede ser categórica en la medida que otros elementos de la etapa 2 de la cadena operativa metalúrgica o de la “fundición de los minerales” aparezcan en asociación contextual con las gotas, tales como crisoles e intermediarios. Es posible que una gota sea hallada en un sitio en donde se llevaron a cabo otras actividades que no tuvieron que ver con la fundición de metales, ya que pudo haber sido trasladada de otro lugar para ser utilizada como materia prima para confeccionar

algún artefacto metálico mediante técnicas no metalúrgicas, como por ejemplo martillado (Angiorama op. cit.). Estas ideas serán retomadas posteriormente en la discusión de los resultados.

Gota1 Iglesia Colorada (En Anexos 3 ver Fig. 12): Esta gota fue hallada en el sector B, unidad I del sitio Iglesia Colorada, en una de las excavaciones practicadas en Octubre de 1987. Corresponde a un

desecho de fundición de forma irregular, cuyas medidas arrojaron de largo 19,6 mm., 15,7 mm. de ancho

y 4,6 mm. de espesor máximo. Su peso fue de 2,5 gramos. El estado de conservación de la gota es de un avanzado estado de oxidación.

Gota2 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 13): Las referencias contextuales de esta pieza ubicaban

a la gota en la ampliación N de la unidad S-11 y fue hallada en una de las excavaciones practicadas en Diciembre de 1996. Corresponde a un desecho de fundición de forma irregular, cuyas medidas fueron de largo 16,3 mm., 12,5 mm. de ancho y 4,2 mm. de espesor máximo. Su peso fue de 3 gramos. Su estado de conservación es de una avanzada oxidación.

Gota3 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 14): Esta pieza posee un origen contextual dudoso, ya que no se encontraron referencias de su hallazgo, sin embargo estaba embalada junto con materiales del sitio Iglesia Colorada exclusivamente. Corresponde a un desecho de fundición de forma irregular, con una perforación en el centro para análisis químico. Sus medidas fueron de 31,6 mm. de largo, 25,6 mm. de ancho y de 13,5 mm. de espesor máximo. Pesó 15,2 gramos. Su estado de conservación es de una avanzada oxidación.

Gota4 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 15): Esta gota fue recogida en superficie por Arancibia y González en Marzo de 1988, no se posee más información sobre su asociación contextual. Corresponde

a un desecho de fundición de forma irregular a semicircular, cuyas medidas fueron de 20,1 mm. de largo, 20,4 mm. de ancho y 9,1 mm. de espesor máximo. Pesó 7,8 gramos. Su estado de conservación es de una avanzada oxidación.

Etapa 3: Manufactura de los metales.

La etapa final dentro de la cadena operativa metalúrgica corresponde a la manufactura de los metales. Dentro de esta etapa podemos ubicar los siguientes elementos: moldes, objetos metálicos no terminados

(Llamados también preformas, barritas y posiblemente tejuelas), restos metaliformes y, por corresponder

a la secuencia final de la cadena operativa, serán ubicadas aquí las piezas terminadas que no fueron clasificadas como herramientas en la etapa 1 o extracción y preparación de los minerales.

Molde1 La Puerta (En Anexo 3 ver Fig. 16): Los moldes detallados a continuación son las únicas piezas que no pertenecen a sitios del período Tardío, sino que fueron hallados en el relleno aéreo de un túmulo Ánimas del período Medio, específicamente el túmulo 90 (T-90).

Morfológicamente, corresponde a un molde de tipo abierto, confeccionado a partir de cerámica. El espesor máximo del borde correspondió a 28,3 mm., el espesor máximo del cuerpo a 28,8 mm. y el espesor de la base 27,2 mm. El alto total de la pieza fue de 57 mm. y el ancho total de 71 mm. El molde no se encontró completo, sino que partido a la mitad, por lo tanto, no serán consideradas aquí las medidas del largo total y el peso. Presentó una acanaladura se sección cuadrangular en donde se alojaba el metal fundido, cuyo ancho fue de 22,8 mm., y su largo total no se puede consignar.

Con relación a la pasta, su aspecto general era muy compacto, con una densidad de antiplásticos baja y una distribución homogénea. Las inclusiones fueron de tamaños medianos y la mayoría pequeños seleccionados, de formas redondeadas y de colores negros y blancos. La porosidad de la matriz es alta, con burbujas de aire en los bordes. Presentó algunas cavidades por antiplásticos que se salieron de la matriz, la cual es de color plomizo.

La superficie tanto exterior como interior presentó un tratamiento alisado. Por exterior, y sobre todo en los bordes, la superficie se observó muy termoalterada (Derretida y vitrificada), con partículas de cobre adheridas. La superficie interior, específicamente en la acanaladura, presentó un recubrimiento de sustancia blanquecina mencionada ya en los crisoles e intermediarios analizados. Resulta interesante esta observación, ya que no se tienen antecedentes del uso de esta técnica para períodos anteriores al Tardío, por lo menos en Copiapó. En el NOA, el uso de esta sustancia está documentado previamente a

la llegada de los incas a la zona, como parte de la tecnología de fundición de metales (Angiorama 2005).

Las huellas de uso del molde se concentraron en la acanaladura y en los bordes, consistiendo básicamente en termoalteración de la matriz.

Molde2 La Puerta (En Anexo 3 ver Fig. 17): Morfológicamente corresponde a un molde tipo abierto, confeccionado a partir de cerámica. El espesor máximo del borde correspondió a 11,9 mm., el espesor

máximo del cuerpo a 28,7 mm. y el espesor de la base 20,5 mm. El alto total de la pieza fue de 30,9 mm.

y el ancho total de 30,7 mm. Esta pieza tampoco se encontraba completa, por lo que tampoco serán

consideradas las medidas del largo total y el peso. Presentó una acanaladura en su centro de sección

circular, cuyo ancho fue de 19,1 mm.

El aspecto general de la pasta era muy compacto, con una densidad antiplásticos baja y una distribución homogénea. Las inclusiones se observaron muy finas, bastante seleccionadas, de formas redondeadas y de colores negros y blancos. El color de la matriz fue café.

La superficie tanto exterior como interior tiene un tratamiento alisado. La superficie exterior presentó termoalteración y residuos de sustancia blanquecina. En la superficie interior, específicamente en la acanaladura, también se observaron restos de sustancia blanquecina, partículas de cobre adheridas y termoalteración se la superficie.

Las huellas de uso se concentraron en los bordes y en la acanaladura en donde se alojó el metal fundido, consistiendo básicamente en una gran termoalteración de las superficies.

Molde3 La Puerta (En Anexo 3 ver Fig. 18): Morfológicamente corresponde a un molde tipo abierto, hecho a partir de cerámica, bastante fragmentado por lo que cuesta distinguir sus lados. El espesor máximo del borde fue de 11,9 mm. y el espesor máximo del cuerpo correspondió a 19,2 mm. El alto total fue de 43 mm. y el ancho total 43,7 mm. El ancho de la acanaladura de sección circular correspondió a 25,8 mm.

El aspecto general de la pasta era compacto y de color plomizo, con una densidad de antiplásticos alta y una distribución homogénea. Las inclusiones eran de tamaños grandes, de formas angulosas y de color negro, principalmente se observó mucho carbón. Se observaron cavidades en la matriz producto de materia orgánica que se carbonizó durante la cocción.

La superficie tanto exterior como interior presentó un tratamiento alisado. La superficie exterior presenta algunas zonas en donde la arcilla es de color rojizo. En la acanaladura presentó recubrimiento de sustancia blanquecina y cobre fundido no oxidado.

Las huellas de uso consistieron en termoalteración de bordes y acanaladura.

Comparando estos tres fragmentos de molde, podemos decir que el proceso de producción de estos artefactos no fue estandarizado. Los tres son distintos, dos presentan la sección de la acanaladura circular (Moldes 2 y 3) y uno rectangular, asimismo las pastas se asemejan en dos casos (Moldes 1 y 2). La forma de la acanaladura donde se alojaba el metal fundido no nos habla de una forma específica, sino más bien de una posible lingotera o preforma de metal fundido que después era trabajado mediante técnicas mecánicas o en frío, o bien era refundido en crisoles para constituir aleaciones. Es interesante

destacar nuevamente que la sustancia blanquecina encontrada en las superficies internas de los moldes es una tecnología previa al Inca, al igual que en el NOA.

Preformas o barritas.

Constituyen elementos destinados a ser manufacturados posteriormente a través de técnicas no metalúrgicas, tales como el martillado. Por lo general, quedan en los contextos tal cual han sido extraídas del molde original para ser trabajadas posteriormente (Angiorama 2005).

Preforma o barrita1 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 19): Fue hallada en el sector B, unidad I del sitio Iglesia Colorada. Corresponde a una barrita o preforma rectangular de sección cuadrangular y ligeramente cóncavo, cuyo peso fue de 3,4 gramos. Su extremo superior e inferior son de sección cuadrangular. El largo fue de 28,5 mm., el ancho de 5,03 mm. y el espesor máximo de 4,9 mm. El estado de conservación de la pieza fue de una avanzada de oxidación.

No se puede inferir con seguridad que su manufactura fue a partir de un molde, ya que por características morfológicas, tales como la concavidad de la sección del cuerpo, podría tratarse de un trabajo por laminado (Latorre Ms. 2007). Los indicadores de esta técnica descritos por Latorre (op. cit.) corresponden a: un espesor muy delgado junto a una amplia superficie, la presencia de caras planas, la presencia de pequeños rebordes cóncavos y huellas de la herramienta con la que se trabajó en forma de leves concavidades en la superficie. No obstante, la preforma también podría haberse manufacturado a partir de un molde, ya que dadas sus dimensiones (Existencia de 4 caras) y la existencia de antiplásticos adheridos a su superficie, observados con lupa binocular, podrían graficar la utilización de un molde de arcilla en su fabricación.

Preforma o barrita2 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 20): Fue hallada en el cementerio “El Montículo”, específicamente en la tumba 8, formando parte del ajuar del individuo, en las excavaciones efectuadas en Diciembre de 1995. Corresponde a una barrita o preforma rectangular de sección cuadrangular y extremos curvados y aguzados, cuyo peso fue de 8,6 gramos. El largo fue de 65,34 mm., el ancho de 4,08 mm. y el espesor máximo de 6 mm. El estado de conservación fue de una avanzada oxidación.

Con respecto a las inferencias de manufactura, se tienen las mismas dudas que con la pieza anterior. Podría tratarse tanto de trabajo en metal en frío (Laminado), como de trabajo en caliente o vaciado del metal líquido a moldes, dadas las características de la pieza.

Sin embargo, ciñéndome a la definición aportada por Angiorama (2005) sobre las barritas o preformas, infiero que las piezas descritas más arriba fueron elaboradas a partir de un molde de arcilla y quedaron en el contexto arqueológico de Iglesia Colorada como una preforma destinada a ser trabajada en frio posteriormente, mediante técnicas tales como el martillado y el laminado.

Preforma o barrita3 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 21): El contexto en el cual fue hallada la pieza no es claro, ya que se encontró en un tubo con cuatro elementos metálicos al interior de una caja que contenía elementos extraídos de Iglesia Colorada, sin embargo el tubo no tenía referencias contextuales. Presentaba una extracción para análisis químicos, no obstante, estas referencias no han sido halladas.

Corresponde a una barrita o preforma rectangular de sección cuadrangular y de superficies bastante irregulares. Está constituida por dos partes unidas. La forma de sus extremos superior e inferior es irregular. El peso de la pieza fue de 9,1 gramos. El largo fue de 41,4 mm, el ancho máximo de 7,3 mm. y el espesor máximo de de 6,3 mm. El estado de conservación de la pieza fue de una avanzada oxidación.

Con respecto a las inferencias de manufactura, se consignó como vaciado o metal trabajado, pero como mencioné anteriormente, posiblemente la pieza fue sometida a ambos procesos, primero a un vaciado en molde de arcilla y posteriormente, a trabajo en frío.

Preforma o barrita4 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 22): El contexto de hallazgo de esta pieza tampoco es claro, ya que apareció en el mismo tubo que la pieza anterior, junto con materiales del sitio Iglesia Colorada. Correspondió a una preforma o barra rectangular de sección cuadrangular y extremos inferior y superior de sección en cruz. El peso fue de 3,9 gramos. El largo fue de 21 mm., el ancho máximo de 9,7 mm. y el espesor máximo de 6,3 mm. El estado de conservación fue de una avanzada oxidación.

En inferencias de manufactura se consignó vaciado o metal trabajado, llegándose a la misma conclusión que con el resto de las preformas o barritas.

Restos metaliformes.

Corresponden a pequeños fragmentos metálicos que han sido sometidos a algún trabajo, ya sea en frío o en caliente y que no corresponden a minerales metálicos posibles de adscribir a la etapa 1 de la producción de metales, sino que a pequeños fragmentos más asociados a desechos de la producción, posterior al vaciado de metal en moldes, semejantes a las gotas, pero de contornos más regulares.

Resto metaliforme1 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 23): El contexto de hallazgo de esta pieza no es claro, ya que apareció en tubo con cuatro elementos metálicos, al interior de caja que contenía elementos extraídos del sitio Iglesia Colorada.

Corresponde a un desecho metaliforme de forma ovoidal alargado, cuyo peso fue de 1 gramo. El largo fue de 8,9 gramos, el ancho de 5,8 mm. y el espesor máximo de 4,7 gramos. El estado de conservación es de una avanzada oxidación. Se consignó en inferencias de manufactura el vaciado o metal trabajado, dadas sus semejanzas con las gotas o desechos de fundición.

Resto metaliforme2 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 24.): Fue hallado en el sector monticular, específicamente en el relleno aéreo de tumbas, en las excavaciones practicadas en Diciembre de 1995 en el sitio Iglesia Colorada.

Corresponde a un desecho metaliforme de forma circular, cuyo peso fue de 1,4 gramos. El largo fue de 8,3 mm., el ancho de 8,6 mm. y el espesor de 5,7 mm. El estado de conservación fue de una avanzada oxidación.

Se consignó en inferencias de manufactura el vaciado o metal trabajado, por las mismas razones explicadas anteriormente.

Resto metaliforme3 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 24): Fue hallado en el sector monticular del sitio Iglesia Colorada, específicamente en el relleno aéreo de tumbas, en las excavaciones efectuadas en Diciembre de 1995.

Corresponde a un desecho metaliforme de forma circular, cuyo peso fue de 0,2 gramos. El largo fue de 4,1 mm., el ancho de 4,1 mm. y el espesor de 3.8 mm. El estado de conservación fue de una avanzada oxidación. En inferencias de manufactura se consignó el vaciado o metal trabajado.

Piezas metálicas terminadas.

Conjunto de clavos Iglesia Colorada.

Fueron hallados en el sector Potrero El Damasco, a los pies de un muro (Niemeyer et al. 1994). Fueron definidos como clavos de cobre fundido, idénticos en tamaño y forma a los actuales clavos de hierro para las herraduras. Este hallazgo, confirma según los autores, la hipótesis de que Iglesia Colorada fue el primer poblado indígena al cual acudió Diego de Almagro en busca de auxilio luego de su atravesar la cordillera de los Andes: “Sabido es que en esa travesía los caballos perdieron las herraduras, y aquí en Iglesia Colorada las reemplazaron por herraduras de cobre” (Niemeyer et al. op. cit.).

Clavo1 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 25): La forma general de la pieza corresponde a un clavo de cabeza semilunar y cuerpo de sección rectangular, terminado en punta, cuyo peso fue de 7,3 gramos. El largo correspondió a 48,1 mm., el ancho máximo a 3,3 mm. y el espesor máximo a 3,9 mm. La sección de la cabeza fue redondeada, de 18,3 mm. de largo y 8,3 mm. de espesor. El estado de conservación fue bueno, con una leve oxidación.

En inferencias de manufactura se consignó el posible uso de moldes. Dadas sus características morfológicas y su dimensionalidad (Cuerpo de cuatro caras más cabeza) podría tratarse de un molde bivalvo, en donde la pieza fue manufacturada como un todo, a no ser que la cabeza haya sido fundida al cuerpo posteriormente. En el artículo de Niemeyer et al. (1994) son definidos como clavos de cobre fundido, por ende, se concluye que fueron hachos a partir del trabajo en caliente y del vaciado del metal en moldes.

Clavo2 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 26): La forma general de la pieza corresponde a un clavo de cabeza semilunar y cuerpo de sección rectangular, terminando en roma curvada hacia un lado, cuyo peso fue de 7,2 gramos. El largo correspondió a 44,8 mm., el ancho máximo a 4,1 mm. y el espesor máximo fue de 3,8 mm. La sección de la cabeza fue redondeada, cuyo largo fue de 17,9 mm. y el ancho de 8,5 mm. El estado de conservación fue bueno, con una leve oxidación. En inferencias de manufactura se consignó el posible uso de moldes, por los argumentos más arriba explicitados.

Clavo3 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 27): Corresponde a un clavo de cabeza semilunar y cuerpo de sección rectangular terminado en punta, cuyo peso fue de 7,1 gramos. El largo fue de 49,3 mm., el ancho máximo de 3,5 mm. y el espesor máximo de 3,6 mm. La sección de la cabeza fue redondeada, de 18,4 mm. de largo y 8,5 mm. de espesor. El estado de conservación fue bueno, con una leve oxidación. En inferencias de manufactura se concluye el uso de moldes.

Clavo4 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 28): Corresponde a un clavo de cabeza semilunar, faltándole un extremo, que al parecer ocurrió por una falta de metal líquido en el molde, y cuerpo de sección rectangular, terminado en punta, cuyo peso fue de 5,6 gramos. El largo fue de 48 mm., el ancho máximo de 3,7 mm. y el espesor máximo de 3,2 mm. La sección de la cabeza fue redondeada, de 13,6 mm. de largo y 7,3 mm. de ancho. El estado de conservación fue bueno, con una leve oxidación. En inferencias de manufactura se consigna el uso de moldes.

Aguja Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 29): El contexto de hallazgo correspondió al Sector D, unidad I, foso 14 del sitio Iglesia Colorada, en las excavaciones realizadas en Marzo de 1988. Corresponde a una pieza muy delgada, cuyo peso fue de 1,3 gramos. La sección del cuerpo es plana y la sección del extremo superior e inferior son circulares. El largo fue de 66,9 mm., el ancho de 1,8 mm. y el espesor máximo de 2 mm. El estado de conservación fue de una oxidación avanzada.

Es interesante destacar que en las referencias contextuales que poseía la pieza aparecía escrita la palabra “lumbaga”. Es posible que se trate en realidad de “tumbaga”, aleación compuesta de Cu+Au. Se sometió a la pieza a observación con lupa binocular, comprobándose la existencia de pequeñas partículas de metal amarillo sobre una matriz de Cu oxidado. Esta observación se discutirá más adelante.

Asimismo, se consignó en inferencias de manufactura evidencia de trabajado, sin embargo, si corresponde afectivamente a una aleación, se procedió a fundir el metal para realizar tal mezcla de elementos, a no ser que el Au fuera elemento constitutivo del Cu. Si es así, la aleación no sería intencional, sino que sería consecuencia de las características de la mena original, trabajándose a partir de técnicas mecánicas, no metalúrgicas.

Fragmento de campanilla Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 30): El contexto de hallazgo de la pieza correspondió al sector B, unidad I del sitio Iglesia Colorada, en las excavaciones realizadas en Octubre de 1987. Corresponde a un fragmento de sección laminar y forma irregular que pudo ser identificado como parte de una campanilla, cuyo peso fue de 0,8 gramos. El largo fue de 18,1 mm. el ancho 12,7 mm. y el espesor máximo de 1,5 mm. El estado de conservación fue de una oxidación avanzada y quiebres.

Dadas las características de la pieza, tales como su sección laminar y su espesor muy delgado, se infiere que las evidencias de manufactura podrían haber sido a través de técnicas mecánicas, tales como el martillado y laminado.

Fragmento de pinza Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 31): Las referencias contextuales correspondieron a la ampliación N, unidad S-11 del sitio Iglesia Colorada, en las excavaciones realizadas en Abril de 1996. Corresponde a un fragmento de sección laminar y forma irregular que pudo ser identificado como parte de una pinza depilatoria. Sólo será consignado el espesor, ya que como la pieza correspondió a un fragmento, el peso, ancho y largo no tienen importancia. El espesor máximo fue de 1,5

mm. El estado de conservación fue de una avanzada oxidación y quiebres.

En inferencias de manufactura se consignó evidencias de trabajado a través de técnicas mecánicas, dadas las similares características morfológicas con la pieza anterior.

Tortero Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 32): El contexto de hallazgo de esta pieza es fúnebre, correspondiendo a parte del ajuar de la tumba 7 del Sitio Iglesia Colorada, rescatada en las excavaciones realizadas en Diciembre de 1995. La forma general de la pieza corresponde a una lámina curvada hacia los extremos, con una horadación en el centro, cuyo peso fue de 7,9 gramos. La forma del extremo

superior e inferior es puntiforme y la sección del cuerpo laminar. El largo fue de 50,96 mm, el ancho 15,27

mm. y el espesor máximo de 2 mm. El estado de conservación fue de una avanzada oxidación.

En inferencias de manufactura se consignó el uso de técnicas mecánicas, como el laminado y martillado, dadas las características de la pieza, además de que presenta huellas de recorte, el cual corresponde al orificio central. Siguiendo a Latorre (Ms. 2007), posiblemente fue realizado con un perforador giratorio, el cual deja un agujero siempre circular, tal como fue el caso de la pieza.

Fragmento de artefacto indeterminado1 (En Anexo 3 ver Fig. 33): Las referencias contextuales ubicaron a la pieza en la ampliación N, unidad S-11 del sitio Iglesia Colorada. Corresponde a una pieza de forma rectangular fragmentada, de sección laminar, cuyo peso fue de 1 gramo. El largo fue de 18,3 mm., el ancho de 8,4 mm. y el espesor máximo de 1,5 mm. El estado de conservación fue de una avanzada oxidación. Se consigna el uso de técnicas mecánicas en inferencias de manufactura o evidencia de trabajado.

Fragmento de artefacto indeterminado2 (En Anexo 3 ver Fig. 34): El contexto de hallazgo correspondió al Área 3 (40 cm.) del sitio Iglesia Colorada, en las excavaciones realizadas en Agosto de 1989. Corresponde a una pieza compuesta por una barrita y un cuerpo, cuyo peso fue de 4,9 gramos. El largo fue de 29,5 mm., el ancho máximo de 6,7 mm. y el espesor máximo de 3,2 mm. El estado de conservación es bueno, con una oxidación leve.

Con referencia a las inferencias de manufactura, dadas las características de la superficie, bastante irregulares, es difícil adscribirla a una técnica específica. Se consignó el uso de moldes, sin embargo, por

su superficie laminar, es probable que se haya trabajado por técnicas mecánicas. Además, presentó una perforación para análisis químicos, pero no se han hallado las referencias.

Aros Iglesia Colorada.

Corresponden a dos aros encontrados en el sector fúnebre o cementerio “El Montículo” del sitio Iglesia Colorada, específicamente en la tumba N° 13. Se descubrió un cuerpo decúbito lateral derecho, híper flexionado, orientado de N a S, con el rostro apuntando hacia el E. Sobre la mandíbula, a la altura del oído derecho, fue hallado un adorno de Cu, en muy malas condiciones de conservación, prácticamente pulverizado y un aro de Au. Cuando se levantó el cráneo se descubrió el par, junto con un par de cuentas, posiblemente de crisocola. Se estima que el cuerpo perteneció probablemente a una mujer, que compartió la tumba con un infante, ya que se recuperaron pequeños dientes y restos muy deteriorados de un cráneo (Niemeyer et al. 2003).

La sepultura N° 13 fue la extensión de la sepultura N° 8, trabajada en 1995. En todo este conjunto fueron hallados un objeto cobretizado y una barrita de Cu. Esta última pieza fue descrita más arriba (Niemeyer et al. op. cit.).

Aro1 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 35): Corresponde a un aro compuesto por un cuerpo de sección laminar de forma zoomorfa y un gancho curvado, cuyo peso fue 2,4 gramos. El largo del cuerpo fue de 12 mm., el ancho de 9 mm. y el espesor de 1 mm. El largo del gancho fue de 61 mm. El estado de conservación fue bueno.

Presentó decoración en zigzag sobre el cuerpo, probablemente hecha con un grabador o punzón y sobre la superficie se observa adherencias de pintura roja. Se consignó en materia prima, la posible aleación de Au+Cu, ya que al observarse la pieza con lupa binocular, se observó sobre la matriz amarilla del Au, pequeños partículas de Cu oxidado. Es posible que el aro haya sido fabricado a partir de técnicas mecánicas de trabajo en metales, debido a su sección laminar, y si es que constituyó una aleación intencional, tal como es la tumbaga, se requirió de trabajo metalúrgico previo al trabajo en frío.

Aro2 Iglesia Colorada (En Anexo 3 ver Fig. 35): Corresponde a un aro compuesto por un cuerpo de sección laminar de forma zoomorfa y un gancho curvado, cuyo peso fue de 3,1 gramos. El largo del cuerpo fue de 12 mm., el ancho de 9 mm. y el espesor de 2 mm. El largo del gancho fue de 56 mm. El estado de conservación de la pieza fue bueno.

Presento decoración en zigzag sobre el cuerpo, al igual que su par. Asimismo, se observó en su superficie adherencias de pintura roja. Sobre las inferencias de manufactura, se concluye lo mismo que su contraparte. Es importante destacar que los aros constituyen un par, fueron encontrados en contexto ubicados uno a cada lado cercano al oído del individuo, junto a dos cuentas, que al ser observadas, parecieron ser hechas a partir de turquesa.

Hacha Carrizalillo Grande (En Anexo 3 ver Fig. 36): Fue hallada en el sitio Carrizalillo Grande en superficie, sin asociación y recogida por lugareños del sector. Corresponde a una pieza rectangular, muy maciza, con decoraciones en el extremo superior del mango, cuyo peso fue de 1100 gramos. La forma del extremo superior es rectangular, la forma del extremo inferior es semicircular (Media luna) y la sección del cuerpo es rectangular. El largo fue de 153,3 mm, el ancho máximo de 73,6 mm. y el espesor máximo de 14,3 mm. El estado de conservación fue de una leve oxidación.

Con referencia a las inferencias de manufactura, no se tienen dudas que fue hecha a partir de vaciado de metal líquido en un molde, ya que es una pieza muy maciza y presenta relieves que forman un todo con el objeto (Latorre Ms. 2007), en el extremo superior o mango, en forma de espirales. Además, se observó con lupa binocular la presencia de huellas de martillado en la superficie y dos perforaciones para análisis químicos, sin hallarse las referencias.

Interpretaciones y Conclusiones.

1) Sistema de producción metalúrgico, cadena operativa y funcionalidad de sitios.

Luego del análisis de algunos materiales recuperados en cuatro sitios del período Tardío del valle de Copiapó, pertenecientes a la cadena operativa del sistema de producción metalúrgico, con excepción de los moldes recuperados del componente Ánimas del sitio La Puerta (Sector fúnebre), podemos interpretar lo siguiente:

Iglesia Colorada (1060-1475 d.C.): Ha sido definido como un sitio doméstico-funerario, el cual tiene una ocupación desde el período Intermedio Tardío (Cultura Copiapó) hasta la llegada del Inca a la zona (Castillo 1998). Los materiales analizados permiten postular que en el sitio se realizaron actividades de producción metalúrgica, correspondientes a las etapas 2 (Fundición de los minerales) y posiblemente la etapa 3 (Manufactura de los metales) de la cadena operativa metalúrgica. La etapa 1 no se encuentra representada, ya que la extracción y preparación de los minerales no se efectuó en el sitio. Dadas las características de esta etapa, podría inferirse que las evidencias arqueológicas que deja se encuentran asociadas más frecuentemente a las menas en donde se extrajo el mineral. Las estructuras de molienda para la preparación de los minerales antes de la fundición no fueron halladas, probablemente el mineral llegaba al sitio listo para ser fundido y continuar con el resto de la cadena operativa. Esto debió involucrar una selección cuidadosa de los minerales en los yacimientos y un trabajo de chancado y preparación previo.

La etapa 2 de la cadena operativa se encuentra claramente representada. La producción metalúrgica deja una serie de “desechos”, entre ellos: crisoles, intermediarios, vástagos, escorias y gotas, elementos que fueron hallados en el sitio y analizados en este trabajo, permitiéndose afirmar que se llevaron a cabo tareas de fundición, por lo menos a una escala doméstica o familiar. Las actividades metalúrgicas constituyeron una más de las actividades desarrolladas en el sitio, en donde no se delimitaron espacios exclusivos para la ejecución de este tipo de actividad. Podríamos decir que las actividades artesanales y de subsistencia ocuparon el mismo nivel de importancia, en donde no hubo una jerarquización de espacios específicos para cada tarea, tal como fue el caso de Viña del Cerro, por ejemplo.

Destaca la presencia de un crisol, cuya función está relacionada a la refundición en fogones de preformas metálicas, con las consecuentes escorias de crisol, aunque no en todos los casos. Esto apoya la idea de que en este sitio se realizaron actividades metalúrgicas a escala familiar, en donde grandes estructuras destinadas para tal fin no fueron necesarias, como por ejemplo hornos o áreas específicas de trabajo, sino que pudieron realizarse perfectamente en áreas que no dejan evidencias tan claras de actividad metalúrgica, como un fogón, que puede ser asociado a cualquier otro tipo de actividad, y por ende, no adscribiéndose al sistema de producción metalúrgico.

Con relación a la presencia de la etapa 3 en el sitio se tienen más dudas, ya que si bien está documentada la presencia de moldes (Niemeyer et al. 1994) y se analizaron preformas y restos metaliformes, no se puede asegurar que en el sitio se hayan llevado a cabo actividades relacionadas con la manufactura de objetos metálicos. Algunos de estos elementos, pudieron constituir “reservorios” de metal para ser trabajados posteriormente, ya sea a través de técnicas mecánicas de trabajo en metales (en frío) o bien para ser refundidos en crisoles, constituir aleaciones y ser manufacturados en otros sitios. Si este hubiera sido el caso, deberían haberse encontrado escorias de crisol, aunque el hallazgo de escorias no siempre ocurre, ya que si los minerales se sometieron a un proceso de selección previo, eliminándose las impurezas, no se necesita utilizar fundentes que separen la mena de los elementos no deseados, y por tanto, no quedarán escorias.

Las herramientas encontradas en el sitio, adscritas en los resultados a la etapa 1 de la cadena operativa, tampoco son posibles de encasillar en el acabado de objetos metálicos, en actividades tales como el

martillado o laminado, ya que pudieron haber sido utilizadas en la explotación de yacimientos mineros, tal como fue la funcionalidad atribuida a las cuñas o cinceles de Iglesia Colorada por Niemeyer et al. (2003).

La “escasez” de piezas terminadas en el sector fúnebre de Iglesia Colorada y otras halladas en superficie, permiten postular que el uso de piezas metálicas no fue extendido y que las actividades se enfocaron más en la producción que en la manufactura y consumo de las piezas metálicas. Esta idea será complementada cuando comparemos las evidencias analizadas con las del sitio Viña del Cerro.

Viña del Cerro: Ha sido definido como un sitio cuya función específica la constituyó la producción metalúrgica, a una escala bastante importante y asociado al período de dominación incaica en el valle de Copiapó. De este sitio fueron analizados muy pocos materiales, ya que los objetivos de la práctica apuntaban más a re-estudiar el sitio Iglesia Colorada bajo una perspectiva arqueometalúrgica, y comparar estos resultados con sitios de producción, tal como es el caso de Viña del Cerro.

Viña del Cerro representa la etapa 2 de la cadena operativa metalúrgica, es decir, la fundición de los minerales. Los materiales analizados fueron algunas escorias de fundición y restos de elementos refractarios, siendo las primeras muy distintas a la escoria analizada de Iglesia Colorada, no constituyendo parte del mismo proceso productivo. Dadas las características observadas en las escorias de Viña del Cerro, se pensó en un primer momento que podrían constituir escorias de crisol. No obstante, este sitio destaca por las actividades productivas, específicamente, la reducción de las menas en hornos dispuestos para tal fin. Por lo tanto, los desechos constituían escorias de fundición y habría que evaluarse la posibilidad de que los metales hayan sido refundidos en crisoles y fogones, estudiando la colección de este sitio y buscando estos elementos (Escorias de crisol, crisoles, fogones intrasitio).

Los restos de materiales refractarios poseían en general las mismas características que los crisoles, moldes, vástagos e intermediarios, ya que la tecnología de producción de los elementos refractarios exige ciertos requisitos para que soporten las altas temperaturas a las cuales son sometidos, como por ejemplo una gran cantidad de antiplásticos, sobre el 50% en relación a la matriz arcillosa, en algunos casos el recubrimiento de sustancia blanquecina, entre otras características.

Como se adelantó en la revisión de antecedentes, el sitio Viña del Cerro estaría representando en consecuencia, parte de la segunda etapa del sistema productivo, la reducción de las menas o la “metalurgia extractiva”, cuya evidencia son los hornos o huayras y abundantes escorias, del mismo sitio. Es posible que, luego de la reducción de las menas, los metales fueran enviados a otros lugares para ser posteriormente refundidos en crisoles o continuar con las siguientes etapas dentro de la cadena operativa.

La casi total ausencia de objetos terminados en Viña del Cerro sugiere que los metales que allí se fundían eran transportados hacia otros lugares. En este sentido, la etapa de manufactura de objetos metálicos tampoco se encuentra presente en este sitio, por lo cual se puede postular que la producción de metales a través de la fundición era destinada a un “consumo externo” (Ver Angiorama 2004).

La Puerta (1410-1540 d.C.): Constituye un sitio de importancia fundamental durante el período Medio y Tardío, estando constituido por un componente fúnebre Ánimas y un sector con arquitectura típicamente incaica. En la revisión bibliográfica se consigna la existencia de una pequeña fundición sobre una puntilla de cerro (Castillo 1998), sin embargo, la cantidad de materiales recuperados asociados a la cadena operativa del sistema productivo metalúrgico, son escasos. En este trabajo, se analizaron tres moldes provenientes del componente Ánimas del sitio y un posible martillo recuperado en superficie.

Es importante destacar que si la colección del sitio La Puerta es revisada bajo una perspectiva arqueometalúrgica, al igual que Viña del Cerro, tal vez se encontrarían materiales asociados y no catalogados como parte de la cadena operativa metalúrgica, ya que se tienen antecedentes bibliográficos. Es posible que haya estado representada en el sitio la etapa 2 o la fundición de los minerales, al igual que en Iglesia Colorada, constituyendo una actividad a escala doméstica o familiar. No

obstante, esto debe ser evaluado, teniendo un control cronológico más exacto de las áreas en donde los materiales fueron recuperados.

Es interesante mencionar aquí que han sido recuperados otros moldes en sitios adscritos al período Medio en Finca de Chañaral (Cervellino 1994), de morfología similar a los encontrados en el componente Ánimas de La Puerta, es decir, presentaban la misma acanaladura en el centro, la cual no fue asociada a una pieza o artefacto específico, sino que a una posible preforma, lingotera o barra metálica destinada a ser trabajada posteriormente, a través de técnicas mecánicas en frío o refundiéndose en crisoles. Asimismo, el estudio de estos moldes confirma que la tecnología de recubrir las paredes de los elementos refractarios con la sustancia blanquecina o carbonato de calcio, fue algo previo a lo Inca, constituyendo un estilo local, posiblemente asociado a la tecnología desarrollada en el NOA. Se hace necesario contar con análisis químicos de esta sustancia, con el fin de comparar su composición con la de los crisoles, intermediarios, vástagos y moldes del período Medio y Tardío.

Carrizalillo Grande: Constituye un sitio caracterizado más que nada por sus evidencias superficiales, entre las cuales destacan algunas piezas terminadas y el intermediario con vástago asociado, analizados en este trabajo. No se pudieron efectuar comparaciones entre el intermediario de Carrizalillo y el crisol de Iglesia Colorada, ya que constituyen piezas con una funcionalidad distinta. Los vástagos de intermediario analizados pudieron ser comparados, asemejándose bastante en las pastas, pero siendo morfológicamente distintos, sin embargo, el vástago de Iglesia Colorada no se encontraba completo como el de Carrizalillo, pudiendo esto alterar las observaciones realizadas.

Nuevamente, las escasas evidencias sólo permiten postular que en el sitio tal vez se ejecutaron actividades metalúrgicas relacionadas con la etapa 2 de la cadena operativa, aunque la variable contextual es bastante dudosa, ya que las piezas analizadas no poseen una procedencia clara.

Integrando la información del análisis de piezas arqueometalúrgicas del Museo Regional de Atacama, podemos inferir que el sistema productivo durante el período Tardío constituyó un proceso articulado por sitios con actividades metalúrgicas desarrolladas a escala doméstica o familiar, específicamente caracterizados por la presencia de la etapa 2 o fundición de minerales de la cadena operativa, con escaso consumo de piezas terminadas, ya sea en la manufactura final de éstas como en el uso de las mismas.

En ningún caso, las actividades desarrolladas en estos sitios pueden ser comparadas con las de Viña del Cerro, en donde la producción metalúrgica constituyó un proceso específico, con áreas exclusivas para tal actividad. Es interesante destacar, que tanto en un sitio productivo, como Viña del Cerro, versus otros cuya función ha sido caracterizada como doméstica-funeraria, como Iglesia Colorada, no se encuentren elementos relacionados a la manufactura y uso- consumo de estas piezas.

Si comparamos esta situación con los cementerios de la costa de la III Región (Caldera), esta situación se invierte, existiendo un gran “consumo” de piezas metálicas. No obstante, este tema deberá ser desarrollado posteriormente, con el fin de comparar la situación en que se presenta la cadena operativa metalúrgica del valle, en contraposición a su presencia en la costa. Por ahora, me inclino a pensar que el sistema de producción metalúrgico del valle de Copiapó se caracteriza por las etapas 1 y 2, es decir, las actividades extractivas y productivas.

2) Evaluación arqueometalúrgica del sitio Iglesia Colorada.

Uno de los objetivos específicos de este trabajo apuntaba a evaluar el sitio Iglesia Colorada desde una perspectiva arqueometalúrgica, es decir, analizando los materiales extraídos en las excavaciones y adscribiéndolos cuando correspondiera a alguna etapa de la cadena operativa metalúrgica. Se procedió a seleccionar los materiales que habían sido clasificados ya sea como fragmentos de metal, piezas terminadas, etc., y luego se hizo una selección de cajas pertenecientes a la colección del sitio, fijándose

que en el inventario dijera óseo, lítico y cerámica. Se revisaron en total 22 cajas, con el fin de encontrar entre estos materiales morteros, toberas u otras piezas que pudieran ser asociadas a la producción de metales.

La situación que se dio fue que los materiales que se habían fichado como “metales” o fragmentos de metales, fueron re-clasificados a partir del análisis, asignándoseles una clasificación común (Gota, preforma, vástago, etc.) y adscritos a una determinada etapa de la cadena operativa metalúrgica. La revisión de las cajas no dio los resultados esperados, ya que no se encontraron elementos posibles de agrupar dentro de la producción de metales.

A partir del análisis se concluyó que en el sitio se efectuaron actividades relacionadas con la etapa 2 o la

fundición de los minerales. Se encontró un crisol, un vástago de intermediario, una escoria y gotas o desechos de fundición. Sería esperable, si volviéramos al sitio, encontrar fogones en los cuales se re- fundían las preformas o “reservorios” de metal, sin embargo, sabemos que sólo el contexto de hallazgo de los materiales nos podría afirmar que se fundió en un fogón, ya que éstos pueden ser utilizados para otros tipos de actividades. El antecedente bibliográfico de la presencia de toberas en el sitio (Niemeyer et al. 2003), apoya esta idea, ya que se debe elevar la potencia calórica de un fogón para poder fundir el metal en los crisoles. Además, se esperaría encontrar escorias de crisol, las cuales sólo pueden ser definidas a partir de análisis más especializados.

Junto con esto, el sitio debió contar con combustible disponible, pero no necesariamente éste debió estar aledaño al sitio, lo que sí es importante, es la presencia de una gran cantidad, ya que en las labores de fundición se utiliza bastante cantidad, aunque depende de la potencia calórica del combustible, lo cual debe evaluarse con análisis botánicos.

3) Perspectivas del trabajo arqueometalúrgico.

Quiero comenzar la parte final de este trabajo citando a Angiorama (2005): “Esto alienta a buscar otros contextos productivos en la región, no sólo mediante nuevos trabajos de campo, sino también re- analizando desde una perspectiva arqueometalúrgica los contextos ya excavados” (Angiorama op. cit.:196). Esta cita nos señala la importancia de abordar los contextos desde una mirada previa que tome en cuenta la cadena operativa metalúrgica, con el fin de visibilizar en las excavaciones aquellos elementos posibles de ser consignados como parte del sistema productivo, ya sea en el contexto mismo, como en las piezas que son halladas y pasan a formar parte de colecciones en los museos, posibles de ser analizadas y re-estudiadas desde esta perspectiva.

Es interesante destacar que el análisis de desechos de producción metalúrgica no es una tarea fácil, sobre todo porque requiere de análisis especializados que permitan afirmar lo observado “macroscópicamente”. No obstante, cuando se tienen ciertas agrupaciones de elementos que pertenecen

a una determinada etapa de la cadena operativa, se aclara en cierto modo el tipo de actividad realizada

en un sitio arqueológico, la cual no siempre revistió de características “industriales”, como Viña del Cerro.

Es frecuente que este tipo de actividades no deje una gran cantidad de evidencias en los contextos, ya que perfectamente pudo ser desarrollada a una escala familiar o doméstica, tal como pudo ocurrir en varios sitios del valle de Copiapó.

Por otro lado, la metalurgia es una actividad que requiere de mucho conocimiento tecnológico y práctico, el cual en mi caso, fue apoyado sólo mediante el aprendizaje bibliográfico de autores que se han dedicado profundamente al tema en el NOA, como Luis González y Carlos Angiorama, quienes abordan los contextos desde la arqueometalurgia y postulan inferencias tecnológicas, sociales y políticas a partir de la organización de la producción, en donde el seguimiento de la cadena operativa es fundamental.

Finalmente me gustaría destacar que se hace imprescindible el estudio de otros sitios bajo esta perspectiva, que permita integrarlos al sistema de producción metalúrgico, con el fin de comprender de

manera más amplia cómo se organizaban logísticamente las actividades, tanto a nivel de los sitios, así como entre los sitios excavados. Creo que de esta manera podríamos aventurarnos a postular inferencias de índole más social y política, más allá de lo tecnológico que es una primera entrada, obviamente ineludible. Además de esto, se hace necesario el estudio de los desechos de producción y de las piezas terminadas a partir de análisis químicos, los cuales si son realizados a partir de un problema arqueológico específico, nos pueden proveer de mucha información relacionada a las características de las menas explotadas, producción local versus foránea, relación valle-costa, entre otras preguntas.

Agradecimientos: Al Museo Regional de Atacama y su director Miguel Cervellino por permitirme realizar

mi práctica profesional en esta institución, a través del análisis de colecciones correspondientes a

desechos de producción metalúrgica del valle de Copiapó del período Tardío. Sin la voluntad de Ibar

González, encargado de la colección de esta institución, este trabajo no habría sido posible. Finalmente,

a Elvira Latorre, por sus valiosos aportes bibliográficos, conocimientos y sugerencias.

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