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1.

Reseña general de la ética en la administración

La ética gerencial o la ética de la administración, como tema amplio y general, se


relaciona con las situaciones que los gerentes enfrentan en su vida profesional, que
están imbuidas de contenido ético. Por contenido ético se entienden los problemas,
decisiones o actos que contienen temas como el bien frente al mal, la imparcialidad
frente a la parcialidad o la justicia frente a la injusticia. Es decir, estas situaciones
son aquellas en las que pueden surgir discrepancias respecto a cuál es el curso de
acción o decisión correcto, o ético, por seguir.

Cuando se habla de la ética en el campo de la administración también es preciso


distinguir entre lo que se observa que hacen en la actualidad los gerentes y lo que
deberían hacer como gerentes éticos. Lo primero se denomina a menudo ética
descriptiva; es decir, se describe lo que los gerentes hacen efectivamente en función
de su ética o de sus actos y decisiones respecto a su carácter ético. En cambio,
cuando se habla de lo que los gerentes deberían estar haciendo o deben hacer, se
trata de la ética normativa.

9. ¿A que se denomina mitos en la ética de los negocios?

Son aquellas creencias o dogmas que están relacionados con la ética de los
negocios, estos a su vez presentan explicaciones que aclaran y dan sentido a dichas
afirmaciones. Estos mitos según su contenido están clasificados como morales,
puesto que, se encuentran dentro de la ética.

10. ¿Cuáles son los mitos en la ética de los negocios y en qué consisten?

1. El mito de la doble moral

Existe una tajante división entre lo privado y lo público. Falso

En el mundo real, lo privado y lo público se entremezclan, pues el actor de la vida social es


uno. El sujeto porta a donde va, al despacho o a su casa, sus cualidades personales. Nadie
se puede despojar de sus hábitos, positivos o negativos, al momento de administrar
fondos, y luego vestirse con ellos en la reunión con los amigos. El liberalismo es miope. No
ve las continuas intersecciones entre la esfera pública y la esfera privada. Intersecciones
que tienen su raíz en la unidad de la persona. La naturaleza humana es la misma en la
mesa de negociaciones y en la intimidad del hogar.

2. El mito de la argumentación
La ética de los negocios no requiere de fundamentos teóricos. Falso

La ética asume una visión del hombre y una visión de la vida. La ética de los negocios se
inserta, lo quiera o no el consejo de administración, en una determinada tradición
antropológica. Los códigos de deber y de valores, sin un fundamento antropológico,
devienen en un manual de “buenas maneras”. Exigir el cumplimiento del deber en
condiciones adversas requiere algo más que el dictado del Chairman. Exigir al director
jurídico que envíe los asuntos al notario mejor cualificado y no al notario que le ofrece
regalos requiere algo más que un memorándum de la dirección general. El director
jurídico debe admitir una tradición que reconozca que el dinero no es el único regulador
del comportamiento profesional, lo que supone, entre otras cosas, una concepción de la
felicidad humana no reducida a la acumulación de bienes.

3. El mito del saber misterioso

La ética de los negocios no se puede enseñar. Falso

El mito de la intransferibilidad de la ética arranca de un malentendido: suponer que la


ética es una habilidad sin respaldo teórico. La ética de los negocios, como cualquier
aplicación de la ética, no es un conocimiento teórico: es un conocimiento práctico. De
manera semejante, sabe ética quien reparte las utilidades con justicia, no quien conoce el
significado de la palabra justicia. Los saberes prácticos —es el caso de la ética— se
adquieren ejercitándose

4. El mito del prontuario

La ética es un conjunto de reglas. Falso

La ética no es exclusivamente un conjunto de reglas. No es sólo un código de conducta. Es


un conjunto de habilidades que permiten identificar lo correcto aquí y ahora, y obrar en
consecuencia. Los hombres de negocios reclaman de los filósofos libros de ética que les
resuelvan todos los casos posibles. En definitiva, añoran los libros de casuística.

5. El mito de la ingeniería ética

La ética de los negocios es un saber técnico. Falso

La ética no es una habilidad técnica. Las habilidades técnicas, lo mismo las finanzas que la
carpintería, se caracterizan por transformar el mundo exterior. El médico cura enfermos, el
ingeniero programa líneas de producción, el tornero elabora engranes, el analista calcula
riesgos. En todas estas ocupaciones, el objeto transformado es el mundo externo. Por el
contrario, en la ética, el objeto que se transforma es el sujeto. Las habilidades éticas
transforman, ante todo, al sujeto que las ejercita. El hombre austero se perfecciona a sí
mismo con su austeridad y el hombre justo se perfecciona a sí mismo con su justicia.
6. El mito del buen ladrón

Las cualidades éticas o hábitos se pueden poseer aisladamente. Falso

Los hábitos éticos, positivos o negativos, forman un entramado indisoluble. Una cualidad
ética reclama las otras. El carácter ético es una trama de virtudes. Cada cualidad ética da
sostén y consistencia a las otras. Para ser prudente y saber qué es correcto aquí y ahora
hace falta ser sobrio y templado, pues un directivo irascible y alcohólico difícilmente
tendrá la cabeza despejada para decidir con prudencia si debe despedir a los mayores de
50 años en tiempos de crisis.

7. El mito del legalismo

La ética equivale al derecho. Falso por inexacto

No basta cumplir las leyes positivas, como la Constitución, códigos, reglamentos, para ser
ético. La ética va más allá de lo escrito y de los hechos visibles. Las cualidades éticas
engloban las intenciones, los deseos y los pensamientos. El derecho no regula sino lo
mínimo indispensable para mantener la armonía en convivencia social. La ética va mucho
más allá: la ética es el modo de desarrollar positivamente la propia personalidad y, por
ende, la de los hombres circundantes.

8. El mito de la eficacia de la KGB

Los controles excesivos generan actitudes éticas. Falso

Los controles excesivos generan burocracia. A mediano plazo asfixian la iniciativa de los
empleados, y a la larga propician la corrupción. La desconfianza genera desconfianza.
Institucionalizar la desconfianza no produce actitudes éticas.

9. El mito del mitote (organigrama)

La ética es un problema de organización. Ambiguo

El entorno político, social, económico y cultural influye decisivamente en los valores


aceptados por la empresa. A su vez, los valores corporativos influyen en los miembros de
la organización. Sin embargo, hay una fractura entre organización e individuo. El
individuo vive en la organización, pero conserva siempre un margen de autonomía. El
individuo no es un mero agente del sistema, no funciona única y exclusivamente por la
fuerza del sistema. Por lo tanto, no basta una transformación del sistema para transformar
al individuo. El individuo debe querer transformarse y asumir los valores del sistema,
libre y conscientemente.
10. El mito del buen negociante

La ética en los negocios es un valor agregado

La ética no es un “bien” que se agrega al producto. No es una cereza que se agrega a un


pastel. Carece de sentido vender agua mineral “con ética” y agua mineral “sin ética”, como
si se tratara de “gas” o “cafeína”. La ética se encuentra presente a lo largo de todo el
proceso de producción. La ética es un modo de vida, y se manifiesta tanto en el mundo
laboral como en la esfera familiar.

11. El mito puritano

No deben premiarse las actitudes éticas. Falso, por puritano

El empleado no debe ser ético por el premio (“¿qué tal si un día no me dan premio?”),
pero la institución debe facilitar las conductas éticas. No basta castigar al cajero que roba,
hay que premiar a los cajeros que no estafan. La mejor manera de premiar definitivamente
es el sueldo justo y el ambiente de trabajo satisfactorio. Las cualidades éticas no son algo
que pueda comprarse.

12. El mito del Pípila

La ética consiste en un conjunto de prohibiciones

La ética, y por lo tanto, la ética de los negocios, es una norma para el óptimo uso de la
naturaleza humana. Sólo comportándose éticamente los hombres podrán explotar todas
las capacidades de la naturaleza. Es erróneo pensar que la conducta irracional, es decir, el
comportamiento no ético, hace al ser humano. Falso. La ética no es una lápida que aplasta
la personalidad, como la piedra que cargaba el mexicanísimo Pípila. La ética es una
plataforma para desarrollar la personalidad; es un trampolín para un desarrollo pleno.