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Pregunta y objetivo general de la investigación

Pregunta de investigación ¿Cómo se configuran históricamente los discursos


legitimadores de la cultura capitalista en los think tank ligados
a la élite empresarial durante el acontecimiento estudiantil en
el gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014)?

Objetivo general de la investigación Explorar el devenir histórico de los discursos legitimadores de


la cultura capitalista en los think tank ligados a la élite
empresarial durante el acontecimiento estudiantil en el
gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014)

Revisión bibliográfica
El marco histórico-espacial donde se desarrolla la élite empresarial y los think tank se
extiende principalmente en el periodo de consolidación de la modernización capitalista
neoliberal en Chile (1990-2010). Como desarrollan Ruiz y Boccardo (2015), la transición de
la dictadura a la democracia, tuvo entre ambas experiencias un puente conector, el que sería la
desarticulación definitiva de las fuerzas sociales fortalecidas en la fase histórica nacional-
popular. En esa senda, el caso de la transición chilena fue un proceso de quiebre autoritario
“por arriba”, lo que supone un traspaso del poder por medio de negociaciones efectuadas
entre los dirigentes de los partidos político de oposición y los de la dictadura (Garretón,
1997).

Un soporte político para la transición sería la prolongación de la lógica de libre mercado


en la esfera económica. La dictadura marcó un proyecto societal fundacional, el que erigió
una (contra)revolución capitalista que trajo consigo un plan de modernización neoliberal
(Ruiz y Boccardo, 2015; Gárate, 2016). La directrices del modelo político-económico
,establecido en la fase previa, serán incorporadas con ciertas modificaciones en los gobiernos
venideros de la Concertación. El retorno a la democracia arrastró ademas los discursos
económicos-técnicos y políticos de la matriz burocrática autoritaria, radicalizándolos al punto
de volver tópicos de la época el crecimiento económico y gobernabilidad democrática
consensuada. No obstante, las variaciones en términos de modelo económico son claras, pues
existen divergencia entre los posicionamientos de los discípulos de la Escuela de Chicago
(tecnócratas que conformaron los programas económicos de la dictadura), de orientación
monetarista ortodoxa, y el neo estructuralismo (de perspectiva librecambista heterodoxa y
tímidamente regulacionista) trabajado en el CIEPLAN y que sirvió de directriz económica a
la Concertación (Camargo, 2011; Gárate, 2016). Hay que constatar que si bien existen
intentos de modificación de algunos elementos de la economía heredada, la Concertación
siguió la senda predispuesta, la que se muestra en la avanzada neoliberal de la administración
pública y la economía nacional.
Ante la legitimación del orden social cimentado en acuerdos políticos entre coaliciones
de centroderecha y centroizquierda, comienzan a manifestarse los residuos negativos del
modelo: La desigualdad socioeconómica, que junto a los pesares intersubjetivos de la
modernización neoliberal, se volvieron el flagelo de los gobiernos de la Concertación a
inicios del nuevo milenio. El progresismo tímido de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet se
traduce en un agregado al esquema basal del “crecimiento con equidad”. Este nuevo añadido
será la introducción de un sistema lateral de protección social suplementario, delimitado al
lema “protección para todos (léase clase media), pero limitada (a los productivos)” (Camargo,
2011, p. 259). A pesar de este intento de reformulación económica socialdemócrata,
comienzan procesos de protesta estudiantiles, los que se comprenden como la canalización
juvenil de las frustraciones producidas por las barreras económicas y sociales que impiden el
ascenso social a sectores populares y medios (Ruiz y Boccardo, 2015).

Sebastián Piñera asciende como Presidente de Chile el año 2010, siendo el primer
candidato de derecha en obtener un triunfo electoral desde el fin de la dictadura. Su discurso
de campaña se estructuraba en el canon de la renovación administrativa del aparato público,
resaltando su capacidad de generar un “cambio de ruta” enraizado en la profundización del
paradigma tecnocrático. Esta aspiración se correlacionó a las expectativas de mejoramiento de
la eficacia y eficiencia del ámbito público (Durán, 2012). Tras un 2010 sin grandes
problemas, se enfrentará el gobierno de Piñera al año siguiente a una fuerte oposición social
encarnada en el Movimiento Estudiantil; al pasar del tiempo, este último se ampliará en el
Movimiento Social por la Educación, que agregó diversos actores estratégicos provenidos de
las dirigencias sindicales, de gremios como el Colegio de Profesores, y de elementos de la
ciudadanía (Urra, 2012). La expansión de la conflictividad e impugnación social contra el
gobierno de Sebastián Piñera implicó una modificación de los planes originales, mermando
toda óptima proyección al final del gobierno . Al mismo tiempo, se muestra una fisura en la
hegemonía neoliberal, junto con una activación política de la ciudadanía, que se ve figurada
en diferentes propuestas alternativas a las típicas políticas públicas del régimen postdictatorial
(Gaudichaud, 2015).

Hasta este punto se ha hablado en varias ocasiones de neoliberalismo, pero, ¿de qué se
habla cuando se enuncia tal palabra? Harvey (2007) entrega una definición operativa bastante
eficiente:

El neoliberalismo es, ante todo, una teoría de prácticas político-económicas que afirma
que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no
restringir el libre desarrollo de capacidades y de las libertades empresariales del
individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad
privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio. El papel del Estado es crear y
preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de estas prácticas (p. 8).

En este sentido, la función del Estado queda relegada al mantenimiento externo de las
dinámicas de mercado, las que son generadas por una regulación de los intercambios
mercantiles de los individuos en búsqueda de satisfacer necesidades contingentes1. En este
marco teórico, el derecho natural fundamental es la libertad personal, la que debe ser
defendida de la opresión estatal. La sociedad sería simplemente el agregado de individuos en
interacciones económicas, las que no pueden ser planificadas de antemano, por lo que el
Estado solo tiene un rol de conservación del libre flujo mercantil.

Contreras (2015) define como racionalidad neoliberal el entramado de las tesis


neoliberales. Se pueden añadir otras proposiciones a la racionalidad neoliberal, como que el
desarrollo de los individuos estará en línea a una noción reducida de la selección natural,
radicada en la competitividad de cada persona puesta en el mercado —espacio de intercambio
económico que puede incluir cualquier producto, emoción u objeto—. El orden autorregulado
que correspondería a la significación de sociedad que define el neoliberalismo, estará
desprendida de proyectos colectivos fuera de las lógicas del mercado, forcluyendo cualquier
circunstancia e identidad que no se regule en los parámetros del mismo.

Más que aumentar la productividad, uno de los logros relevantes de los procesos de
neoliberalización ha sido redistribuir la renta y la riqueza. El caso chileno muestra dichas
prácticas redistributivas en la formación de un “capitalismo de servicios públicos”, el que se
arma en la privatización de bienes sociales estatales, amarrándose con esta dinámica “(....)
una expansión del patrón de acumulación que se dirige hacia nuevas esferas de las relaciones
sociales, que privatiza las condiciones de vida con una hondura de gran impacto social” (Ruiz
y Boccardo, 2015, p. 26). Junto con lo descrito, se desmantelan abruptamente una gran gama
de derechos sociales instaurados en el estado popular desarrollista, lo que en la
restructuración capitalista del período autoritario se observa en la baja de los salarios (Fisher,
2017). La desregulación ejercida mediante políticas económicas implementadas desde el
Estado fomenta la ampliación del sistema financiero, el que se instala en el nuevo mercado de
los servicios públicos. En definitiva, el neoliberalismo implica un diseño de reboot del modo
de acumulación capitalista en tiempos de crisis, que permite nuevamente reconfigurar la tasa
de ganancia a los máximos esperados en un inicio por parte de los capitalistas.

Si bien existe una vasta literatura acerca del temática referente al capitalismo, en esta
investigación solo se restringirá a una definición laxa o débil del concepto, sin necesidad de
alinearse con la teorética ortodoxa marxiana. De este modo, Boltansky y Chiapello (xxxx)
caracterizan al capitalismo en la “(...) exigencia de acumulación ilimitada de capital mediante
medios formalmente pacíficos” (p. 35). El incremento de capital presupone la circulación
racionalizada del mismo en un circuito de extracción de beneficios, destinando así lo

1
Se puede agregar lo expuesto por Contreras (2015), con respecto a los tres rasgos fundamentales y
doctrinarios del pensamiento liberal clásico que influyó de manera determinante en el planteamiento neoliberal:
1. Las fuerzas del mercado libre y competitivo son las que se determinan la producción, el cambio y la
distribución.
2. La economía se autorregula y tiende al pleno empleo sin la intervención de los poderes públicos, Por
tanto, el primer principio de la escuela clásica fue el laissez-faire, y el mejor gobierno, el que interviene
menos en la economía.
3. Con la importante excepción de David Ricardo, se presupone y enfatiza la existencia de una armonía de
intereses, Aun cuando sean los más egoístas, cada individuo sirve, sin saberlo o sin quererlo, a los
superiores intereses de la sociedad (p. 34).
acumuladoo a próximas inversiones. El capitalista no se encuentra solo en el mercado, por lo
que entra en competencia dentro de un espacio mercantil donde se disputan los consumidores.
En este sentido, es un axioma la existencia de un libre mercado (aunque en momentos existan
regulaciones por problemas en el flujo de obtención de beneficios). Por último, se necesita un
régimen salarial desigual, pues por una remuneración, el trabajador no porta derecho de
propiedad por sobre lo producido. Además, el asalariado no puede subsistir sin la labor puesta
por el capitalista, principalmente por no detentar capital suficiente para solventar sus
condiciones de existencia. En referencia a los contenidos los dos últimos párrafos, el
neoliberalismo implica una fortalecimiento de la estructura capitalista mediante una
desregulación legal de la relación entre capital y trabajo. Se suman otros elementos, como la
expansión de la economía financiera y la mercantilización de los mecanismos estatales de
protección social. Esto último sin duda afecta a las estrategias de reproducción social de las
unidades domésticas.

El capitalismo, y sus variedades particulares de cada caso nacional, desenvuelven


distintas culturas económicas. Undurraga (2014) retrata este fenómeno desde el concepto de
“cultura capitalista”. Dicha noción involucra una serie de repertorios culturales, en conjunto a
distintos estrategias evaluativas para justificar sus posiciones, y también un set valórico a fin
al sistema económico vigente. Estos elementos van en paralelo a la mantención y acceso a
posiciones de poder por parte de las empresas, sumado a la revisión de variados factores
políticos-estatales, sociales y económicos que pueden afectar a la óptima organización laboral
presupuesta por ellas. En otra arista, la cultura del capitalismo está emparejada con el
depósito de tradiciones políticas y económicas de un país específico. A su vez, también se
incluyen las redes empresariales de alianzas, que permiten la la clausura de la circulación
bienes simbólicos a ciertos grupos de élite.

Siguiendo con Undurraga (2014), en Chile se ha formado una cultura que se expresa en
primer momento en la “limpieza del lenguaje” en los grupos empresariales, los que se
desprenden de posibles signos que puedan connotarse políticamente. Esta modalidad
discursiva también se introduce en un posicionamiento técnico de las labores económicas, lo
que recalca la separación de la economía con la política. Han aparecido también nuevas
tendencias, como sería el managment y la responsabilidad social empresarial, ideas que
encuentran una caja de resonancia en los sectores empresariales. También se percibe un
flamante exitismo, el que ha sido mermado por escándalos de corrupción. En el mismo tono,
con el estallido de los cuestionamientos del modelo neoliberal, estos han empezado a
suministrarse de literatura que tematice tal impugnación. No obstante, el empresariado
mantiene una clara afinidad al libre mercado, la iniciativa privada, y la innovación
empresarial; incluso, se encuentra la intención de extender tales temas en la agenda pública.
Hay que señalar que otros grupos sociales han sido penetrado con dichos discursos,
instaurándose un relato ideológico común y transversal en la sociedad chilena. A su vez,
también han nacido opiniones crítica a tal planteamiento, las que desdibujan la legitimidad del
discurso de los sectores empresariales y las voces de sus gremios.
En este punto puede resultar evidente que si el neoliberalismo chileno trae consigo un
conjunto de individuos fuertemente beneficiados, las nuevas élites empresariales 2 serían aquel
grupo. Según Undurraga (2012; 2014), este grupo ha visto potenciado su poder económico,
político y simbólico durante los gobiernos de la concertación. La élite empresarial se vincula
a través de gremios, con fuertes redes sociales y políticas, lo que se suma un marco cultural e
ideológico común. La élite empresarial actual es la resultante de un proceso social y político
articulado en un inicio en los planes de derrocamiento al proyecto de la Unidad Popular,
consolidándose a través de la privatización de empresas del estado, junto con el
fortalecimiento extensivo de la economía financiera y la apertura del mercado nacional
(Fisher, 2017). Esta conexión de eventos, las que en conjunto se significan en la
transformación radical de la estructura productiva nacional, produce un recambio de élites
económicas, que reemplazaron a las antiguas, ligadas a la industrialización del modelo ISI y
al mundo rural tradicional (Gárate, 2016).

La consolidación de este grupo vino de la mano del régimen posneoliberal de los partidos
de la Concertación, coalición que que desde el comienzo intentó establecer lazos con la élite
empresarial (Undurraga, 2014). Si bien se constatan vaivenes en la relación entre el sector
político y el económico, el creciente énfasis tecnocrático de ambos ayudó a generar
concesiones entre ambas partes (Camargo, 2011; Fisher, 2017). Fue principalmente el cambio
entre el paradigma económico neoestructuralista a un neoliberalismo heterodoxo y
pragmático el que dio chances de gobernabilidad. De esta manera, mientras en la región se
alzaba una oleada de populismos progresistas, en Chile se afincó un relato de éxito local dado
por la notable apertura económico a la globalización —hecho que significó la entrada de
capitales transnacionales al mercado interno—. Cada uno de estos movimientos hicieron que
la élite empresarial fuera la insignia de tal progreso socioeconómico (Fisher, 2017). No
obstante, la élite empresarial igualmente logró presionar a los gobiernos de la Concertación
desde lo gremios, mostrando la fuerza del empresariado en la capacidad de incidir en los
planes de cada gobierno electo.

2
Siguiendo a Pelfini (2012), se evitará tajantemente categorizar a los individuos que integran dicho grupo
social como élite en término singular, a su vez, también se rechazará el uso directo del concepto de “clase
dominante” como si se pudiera agrupar tanto el gran empresariado con las élites políticas o la alta burocracia
estatal. Ante esta aclaración, se opta por las connotación de élites(s) trabajadas por Joignant y Güell (2011), que
la delimita a un:

(...) grupo de hombres y mujeres notables bajo algún aspecto o fundamento: capital económico o
cultural, saber especializado o experto, redes sociales selectas, know-how escaso referido al
funcionamiento de tal o cual actividad —pongamos por caso la política—, explotación de apellidos
socialmente valorados en un determinado momento y en una determinada sociedad— (p. 12).

Se añade, desde los mismos autores, que los “notables” siempre se establecen en un marco de relaciones de
dominación con otros agentes que se posicionan como subalternos o subordinados (Joignant y Güell, 2011). Esto
no significa que sea una interacción coercitiva, ya que la relación asimétrica puede también ampliar el repertorio
de agenciamiento del dominado. Es también una constante que el polo dominante de la relación niegue o
desdibuje su posición, haciendo uso generalmente de una batería de justificaciones socialmente dispuesta. Por
último, las elites también son grupos que se encuentran disponibles para la impugnación habitual o politizada en
lo referente a sus capacidades de llevar en buena senda el desarrollo de los estados y las sociedades.
Según Gárate (2016), así se levanta un grupo empresarial de notables que tendrán un
ethos en común, que exhibe clara sintonía con movimientos religiosos elitistas como el Opus
Dei y los Legionarios de Cristo. Se suma la profesionalización —acorde a las labores del
empresariado, volviendose relevante la certificación profesional cercana al ámbito de
economía y negocios— de dicho sector, la que arma sus estrategias de reproducción social en
un circuito específico de instituciones educacionales particulares y universidades tradicionales
o privadas que siguen los mismos patrones religiosos y normativos (en el caso de instancias
académicas universitarias).

El ciclo político iniciado en el segundo año de gobierno de Piñera (2011 hasta ahora)
muestra una característica importante, la que gira en torno a la entrada de los
cuestionamientos a legitimidad del modelo neoliberal, esta expresada en el fortalecimiento
creciente de los movimientos sociales y las manifestaciones callejeras. El Informe de
Desarrollo Humano en Chile del 2014 del PNUD recalca los efectos en las élites de la
interpelación ciudadana a la capacidad de las primeras de lograr un devenir acorde a las
nuevas demandas que se levantan. En la arista referente a la élite económica, se muestra como
estás consideran que han perdido poder durante la última década. Lo mismo ocurre con la
concentración del poder, el que se representa en los encuestados en una importante baja. Esto
entrega una inferencia que explaya las nuevas dificultades que sienten las élites económicas
en la coyuntura actual. Esto se expresa en su percepción negativa de las manifestaciones
sociales, y una marcada preocupación por el momento del país; incluso, el temor al
populismo, aquel fantasma que recorría América Latina, pero que simplemente omitía a
Chile, se despliega en medio del estudio.

Ante este problema que se le presenta a la élite económica, se puede problematizar acerca
de las estrategias de aquel grupo para lanzar una nueva ofensiva ideológica, en razón a la
defensa del capitalismo neoliberal chileno. Ahí donde probablemente toman lugar los think
tank o centros de pensamiento relacionados a los grupos empresariales3. Gárate (2016) afirma
que estas organizaciones existen desde inicios del siglo XX en Estados Unidos e Inglaterra,
aunque su carácter internacional e ideológico comienza en la década de los ochenta. El
propósito de estas organizaciones no es cumplir funciones de gobierno, tampoco se
desenvuelven en los lineamientos de las organizaciones sin fines de lucro —ya que se
cimentan en la acción social directa—; simplemente buscan, a través de la producción de
diversos estudios, incidir en la formación y discusión de políticas públicas. Entre lobby
político, investigación, y objetivos de influir en los medios de comunicación, los think tank se
desenvuelven como una fuerza política enfocada a la disputa cultural agonística contra
discursos, relatos y actores canónicos de una formación social. En este caso, los centros de
pensamiento apuntarán, usando las armas de los ideologismos propios de la élite empresarial,
al conjunto articulado de elementos significados como adversarios —o, inclusive,
enemigos—.

Concluyendo, se puede situar la problematización central del proyecto de investigación a


elaborar. Más allá del contenido científico de las investigaciones, el rol que desempeñaron los

3
Se propone indagar en este tema en momentos posteriores del proyecto.
think tank relacionados a la élite empresarial, en el momento de irrupción empírica del
acontecimiento estudiantil4 durante el gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014), pudo estar
ubicado en la construcción de enunciados que constituyeron performativamente la realidad
social —lo que Ramos (2014) llama “performatividad legitimadora”, efecto de la producción
de datos programados por agenciamiento sociotécnico y la confección de narrativas que
entran en el interjuego de las gramáticas neoliberales de justificación— , la que produjo un

4
Durán (2012) se refiere al ciclo de protestas del movimiento estudiantil que parte a inicios de la actual
década como un acontecimiento, pues trastornó la deriva de los imaginarios del Chile postdictatorial. También se
puede comprender el acontecimiento desde otro enfoque.
Santiago Castro-Gómez (2015) realiza un importante aporte a los conceptos de antagonismo y
acontecimiento dentro del terreno de la filosofía política actual. Desde Nietzsche, Laclau, Mouffe, y Foucault, el
autor propone que la relación del poder y el conocimiento está en una asimetría en la dimensión ontológica:
Sería el poder que arrastra a la producción de conocimiento, para con ello dar paso a la voluntad tensionada de
saber. El poder hace referencia al espacio donde se ramifica la contienda agonista —“matriz general de
antagonismos”, según el autor—, a una disputa por él mismo o su redistribución en la sociedad, que siempre
resultará ser múltiple y emergente, lo que rechazará de plano una comprensión bipolar del antagonismo (es decir,
su configuración canónica formalizada en el binomio “dominado-dominante”). A razón de lo anterior, la
multiplicidad de fuerzas antagónicas inscribirán la imposibilidad de cierre de la formación social, la que más allá
de su posible suturación discursiva en torno a puntos nodales que inducen la constitución hegemónica-ideológica
de una sociedad dada —en este caso sería la cultura capitalista y la racionalidad neoliberal—-. En tales términos,
se organiza un juego abierto de contrincantes, los que se producen internamente en medio de enlaces de fuerza.
Estas fuerzas en tensión, si bien pueden ser objetivadas o positivizadas mediante dispositivos discursivos
sociotécnicos, siempre se sostienen en un plano ontológico agonista y negativo que disgrega lo nodalizado en la
tarea de traducción de las ciencias sociales.
Aquí entra el término de “acontecimiento”, que implica la des-nodalización del campo simbólico
hegemónico —la hegemonía sería la inscripción de los Quanta nietzscheanos, siendo estos fuerzas organizadas
en grupos que buscan predominio; en correlación a tal pretensión, la hegemonía pretende consensos libres y no
ceñidos necesariamente a centros específicos de poder (como sería el Estado), que estructuran campos posibles
de acción para ejercer una hegemonía sobre ellas, sin sometimiento o servidumbre (lo que vuelve confecciona un
límite poroso para la condición del dominado)—. Un caso que revisa el autor es el levantamiento estudiantil
francés del año 1968, el que fue “(....) la irrupción de un antagonismo que escapa por entero a los esquemas
objetivantes de las ciencias sociales y que no se podía formular todavía en un lenguaje coherente” (Castro-
Gómez, 2015, p. 254). Es relevante afirmar que el acontecimiento no radica en una externalidad a la esfera
discursiva, pues la negatividad devino y deviene según operaciones discursivas antagónicas; lo que ocurre es que
el perímetro de la red de puntos nodales hegemónicos se conecta con un signo fronterizo , lo que con tal
movimiento genera un arrastre de un código externo, que en última instancia desarma la significación canónica
dada por la articulación equivalencial de diferencias. Este suceso trae consigo una transformación retroactiva de
la constelación de sentidos previo a la arremetida del “mediador evanescente”, entendiendo con este la
movilización performativa del “negativo latente de la positividad” que posibilita el cambio en una formación
social (Pueyo, 2012).
Con este argumento, se puede criticar el planteamiento de la gubernamentalidad y de la performatividad de
Ramos (2012), el que reposa en un posicionamiento tecnocrático en lo referente a lo político. Si bien, desde la
ciencias sociales, se puede comprender las disputas del campo en torno a programas opuestos de
gubernamentalidad, no necesariamente los movimientos sociales portan tales proyecciones. La tarea de
traducción concierne a los dirigentes, a los agentes dentro del área de las ciencias sociales, al Estado, y a otros
elementos inmersos en la matriz de antagonismos. Esto sería algo opuesto a la rasgadura del campo simbólico
hegemónico que sería el acontecimiento, el que empíricamente da posibilidad de visibilización a un múltiple no
ingresado al sistema de significación oficial. Hablar automáticamente de disputa de agendas de
gubernamentalidad será una objetivación tecnocrática arbitraria de este momento disruptivo, pues no es
necesario contar con insumos científicos (artículos, por ejemplo) para iniciar momentos empíricos de
eventualidades radicales. Es innegable que el florecimiento de enunciados que performan la materia, derivados
de los procesos internos y externos de traducción la de movilización social, deriva en una producción de
subjetividades políticas, las que se imbrican con las narrativas experienciales del movimiento sociopolítico y de
los relatos-datos diseñados por el sistema de las ciencias sociales (tanto en términos de performatividades
críticas y legitimadoras del orden social); aquella instancia será la del debate acerca de la disputa por distintos
regímenes de gubernamentalidad
moldeamiento que habilite un entramado estabilizador de discursos legitimadores de la
gubernamentalidad neoliberal, e incluso fomentó la cristalización transversal de los
imaginarios del mundo empresarial en la sociedad civil, garantizando con ello la defensa de
una distribución en extrema desigual del poder otorgada en el orden posdictatorial a las élites
empresariales. Así, la pregunta de investigación será: ¿Cómo se configuran históricamente los
discursos legitimadores de la cultura capitalista en los think tank ligados a la élite
empresarial durante el acontecimiento estudiantil en el gobierno de Sebastián Piñera (2010-
2014)? El objetivo del estudio será explorar el devenir histórico de los discursos
legitimadores de la cultura capitalista en los think tank ligados a la élite empresarial durante
el acontecimiento estudiantil en el gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014).

Metodología a proponer
En la dimensión metodológica, el empleo del término “histórico” en la pregunta y
objetivo de investigación es fundamental. El sentido del uso de tal palabra es con la intención
de adjuntarla con una perspectiva historicista genealógica. Castro-Gómez (2015) señala que la
historicidad desplegada en los trabajos genealógicos de Foucault contienen dos niveles de
análisis: (1) el nivel ontológico del poder, que abre a la compresión “(...) la lucha de fuerzas
que constituye nuestra experiencia de la realidad” (p. 247); (2) en el otro, está la diversidad de
“(...) contenidos empíricos que adquieren las relaciones históricas de poder, y que deben ser
estudiadas en cada caso específico, tal como propone la genealogía” (p. 245). Ambos niveles
se imbrican, suponiendo a la base que tales capas se pueden friccionar al momento de la
realización del proyecto de investigación. Junto con lo anterior, no se supone intelectualmente
un punto de origen o una finalidad en el análisis devenir histórico, ya que los anclajes
analíticos del ejercicio genealógico serán en los términos de procedencia y emergencia. Con
esto, el método no estará dado por una concepción de la historia como un registro lineal de
sucesos temporales en nexo a la simbolización de la élite económica (encarnado en los think
tank empresariales) de los del ciclo de movilizaciones a explorar, sino en el registro y las
representaciones impresas en los documentos elaborados por los think tank del empresariado,
en el momento de componer discursivamente la escisión de los imaginarios sociales
neoliberales ligados a la entrada de las fuerzas antagónicas en escenario de la historia.

Con lo anterior dicho, el proyecto se enmarca en una investigación cualitativa. El corpus


barajado serán documentos e insumos de diversa índole hechas por los think tank ligados a la
élite empresarial en el periodo del gobierno de Sebastián Piñera (2010-2011). Es importante
afirmar que seleccionarán posteriormente un grupo determinado de centros de pensamiento de
las características señaladas, al igual que el número total de la muestra. Por último, se
utilizará para el análisis de los materiales discursivos la técnica del análisis crítico del
discurso.

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